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martes, 30 de noviembre de 2021

#hemeroteca #lgtbi #bisexualidad | Los 70 años de Chelo García Cortés: del suicidio de su madre a su lucha contra la homofobia

El Español / Chelo García Cortés //

Los 70 años de Chelo García Cortés: del suicidio de su madre a su lucha contra la homofobia.

La gallega celebra este próximo 3 diciembre una vuelta al sol consagrada como una de las periodistas del corazón más icónicas.
Álex Ander | El Español, 2021-11-30
https://www.elespanol.com/corazon/famosos/20211130/70-anos-chelo-garcia-cortes-suicidio-madre-lucha-contra-homofobia/630937206_0.html 

Mantener un perfil bajo en ‘Sálvame’ ha servido para que Chelo García Cortés (69 años) reciba a menudo críticas de compañeros y telespectadores. Aun así, la periodista, a quien sin duda le sobran tablas para lidiar con todos esos ataques y burlas, se ha ganado la simpatía de su fiel grupo de seguidores gracias a su naturalidad a la hora de hablar de su condición de mujer bisexual, su saber estar en un plató, y la discreción sobre su vida privada. La gallega celebra estos días su 70 cumpleaños consagrada como una de las periodistas del corazón más icónicas. Aunque lo suyo le ha costado a la de Orense, que creció en el seno de una familia conservadora y a los tres meses de edad se trasladó a Madrid con su familia.

Con apenas once años, García Cortés tuvo que hacer frente al suicidio de su madre, que llevaba años padeciendo un trastorno mental. "Me afectó mucho. Me hice rebelde sin causa, dejé de estudiar, aunque retomé los estudios a los 25, dejé de creer en la Iglesia, los curas, las monjas, porque mi madre decidió que no quería vivir [...] Cuando mi madre se suicidó mi padre se convirtió en padre y madre, hasta que se casó de nuevo", confesaría años después la periodista a Rosa Villacastín (74).

García Cortés se fue a Barcelona para estudiar Ciencias de la Información, y dio sus primeros pasos como periodista en 1971, en una emisora sindical de su ciudad natal llamada ‘La voz del Miño’. "Hablaba un perfecto castellano y aquella era la época en la que en mi tierra no se podía hablar gallego, estaba prohibido. El director de la emisora me oyó hablar en castellano y me propuso hacer un programa de radio [...]. Me puso ante un micrófono, y parece ser que mi voz gustaba", contaría luego una mujer que en 1974 se topó en un viaje en tren con Marcelino Rodríguez de Castro, quien, para su sorpresa, le ofreció un contrato en la emisora que entonces dirigía en Barcelona, Radio Miramar. La gallega decidió aceptar aquella tentadora oferta y, tras convencer a su entonces pareja (el presentador José Manuel Parada, con quien vivió durante siete años), se marchó a vivir a la Ciudad Condal, donde ambos alquilaron un piso dispuestos a afrontar nuevos retos y ganar experiencia en el mundo del periodismo.

"Nos quedamos en Barcelona, y había allí una compañera que nos venía a pedir a Radio Miramar las entrevistas que nosotros hacíamos, y luego las veíamos publicadas en una revista del corazón. Le dije a Parada: 'Oye, estamos haciendo el tonto. Yo sé hacer fotos, los dos sabemos escribir... ¡vamos a hacerlo nosotros!'. Y así empezamos en la prensa del corazón", relataría años después la periodista, que pudo llegar a comprarse su piso en Barcelona con el dinero que ganó dedicándose a la prensa rosa. "Mi primer reportaje fue para ‘¡Hola!’, pero después me dediqué durante veintidós años a la revista ‘Lecturas’. En mi época de prensa hacía mucha fotografía política e, incluso, fotografié el primer desnudo masculino [el actor catalán Joan Llaneras], para la revista ‘Papillon’", explicaría una vez García Cortés, que llegó a ser acusada por escándalo público tras la publicación de aquellas fotos.

Después de debutar en la televisión catalana a finales de los noventa, la gallega trabajó un tiempo junto a Ana Rosa Quintana (65) en su programa de Antena 3 ‘Sabor a ti’. Luego, adquirió una gran popularidad en el espacio ‘Dónde estás corazón’, antes de fichar en 2011 por Telecinco, cadena de la que no se ha movido desde entonces. Aunque es una mujer algo celosa de su vida privada, su exposición mediática sirvió para que muchos se enterasen de que la periodista descubrió que era bisexual el día que conoció a Bárbara Rey, que en los ochenta tuvo varias 'noches de amor’ con la vedette, o que ya hace tres décadas que comenzó a salir con su actual mujer, Marta Roca, antigua directora de diseño y arte dentro del grupo RBA.

La discreta pareja, que actualmente vive en la localidad de Castelldefels, se casó en una ceremonia civil en agosto de 2005, y lo cierto es que la periodista se apoyó especialmente en Marta cuando se supo que lo estaba pasando muy mal tras haber contraído una deuda millonaria con Hacienda —la Agencia Tributaria llegó a embargarle mensualmente un buen porcentaje de su nómina, y la periodista aceptó participar en Supervivientes 2019 para poder saldar aquella deuda—.

"Soy bisexual. El amor no tiene sexo, te enamoras de la persona. Defiendo el derecho a que cada uno elija lo que quiera ser", confesó en una entrevista García Cortés, defensora de los derechos de las personas de género no binario, además de icono pop y referente LGTBI para muchos espectadores de ‘Sálvame’. "Una mujer de más de sesenta años (si me apuras, casi más de cincuenta) en la tele, en sí mismo, es algo bastante inaudito. Si encima esa mujer es bisexual, que son probablemente uno de los colectivos más invisibilizados de la comunidad LGTBQ, ¿cómo no va a ser un referente? Que ella diariamente hable de esto, de su mujer, etc., sin hacer una ceremonia ni convertirlo en una excepcionalidad, en una historia extraordinaria, es algo maravilloso y mucha gente lo hemos valorado, comenta a El Español la ilustradora Andrea Galaxina, que el pasado año editó un fanzine (‘Chelo García Cortés. Appreciation Zine’) dedicado a la figura de la periodista del corazón.

Galaxina es de las que piensan que tanto La Fábrica de la Tele (productora de ‘Sálvame’) como algunos espacios emblemáticos de Telecinco han otorgado en los últimos años cierta visibilidad a las personas trans y han contribuido a la normalización de la homosexualidad. "Creo que La Fábrica de la Tele está aprovechando muy bien la buena prensa que da tratar ciertos temas", apostilla la ilustradora. "Por supuesto, me parece fenomenal que se hable de cuestiones como salud mental, violencia contra las mujeres, etc. en un programa con la audiencia que tiene ‘Sálvame’ y que, de alguna manera, sitúe el debate sobre estas cosas que afectan a tanta gente (sobre todo cuando hay tan pocos espacios en los que se pueda hablar de ello). Otra cosa es que la intención con la que estas personas aparecían en estos programas tuviese o no que ver con la visibilidad del colectivo o con luchar por su dignidad, porque, al final, estamos hablando de una empresa privada que lo que busca es ganar dinero".

martes, 23 de marzo de 2021

#hemeroteca ##libros #testimonios | La verdadera historia entre Eloy de la Iglesia y José Luis Manzano: dos desarraigados a quienes el mundo del cine dio la espalda

Imagen: Cinemanía / José Luis Manzano en 'El pico' //

La verdadera historia entre Eloy de la Iglesia y José Luis Manzano: dos desarraigados a quienes el mundo del cine dio la espalda.

El historiador Eduardo Fuembuena publica una nueva versión de su rigurosa investigación sobre el director de 'Navajeros' y su actor fetiche.
Álex Andre | Cinemanía, 20 Minutos, 2021-03-23
https://www.20minutos.es/cinemania/noticias/eloy-de-la-iglesia-jose-luis-manzano-verdadera-historia-4628863/ 

Siete películas. Ni un filme más, ni tampoco uno menos, necesitó el joven actor José Luis Manzano para convertirse allá por los ochenta en todo un icono de la España constitucional. Este mes de marzo, coincidiendo con el 15 aniversario de la muerte del que fuera su mentor, Eloy de la Iglesia, ve la luz ‘Lejos de aquí. La verdadera historia de Eloy de la Iglesia y José Manzano’, la nueva versión de un riguroso y exhaustivo ensayo escrito por el historiador Eduardo Fuembuena donde se relatan sin titubeos las peripecias vitales del director vasco y su pupilo, así como la historia de la generación perdida de los ochenta y sus sorprendentes conexiones con el cine.

Eloy conoció a José Luis Manzano un día de finales de 1978, en unos billares de la madrileña calle Victoria que el vasco solía frecuentar en busca de chicos jóvenes con los que acostarse. José, un humilde chaval heterosexual procedente de una familia desestructurada de la UVA de Vallecas, mantuvo entonces un encuentro íntimo y puntual con Eloy, comunista aburguesado y homosexual.

"Soy un marginado y, como tal, defiendo y analizo la marginación porque, para mí, no deja de ser un hecho cotidiano. Sé lo que es sentir y vivir las contradicciones de una sociedad reaccionaria", explicaría en una entrevista el propio cineasta, un tipo políticamente incorrecto que retrató como nadie la marginalidad y la delincuencia juvenil presentes en la España postfranquista.

Al cabo de un año de aquel fortuito encuentro, Eloy volvió a buscar a José Luis para pedirle que protagonizase su siguiente película, 'Navajeros' (1980). Como no tenía muchas oportunidades y debió pensar que había poco que perder, el joven lumpen aceptó esa propuesta para debutar en el mundo de la interpretación.

“Como Eloy había buscado a Manzano solo unas semanas antes de comenzar a rodar 'Navajeros' y no se podía cubrir el tiempo mínimo de su formación, el joven memorizó el guion de la película con alguien próximo al director que se lo hacía repetir. Llegó al rodaje con el texto aprendido, incluidos los diálogos de los otros personajes. Concluido aquel rodaje, Eloy le puso una profesora privada que consolidó su alfabetización en menos de cuatro meses", señalaría Fuembuena en una entrevista concedida a nuestra revista el pasado año.

José Luis Manzano, actor fetiche
Tras filmar 'Navajeros', José pasó a ser el actor fetiche de Eloy, que gracias a sus películas —a menudo criticadas por su supuesto estilo efectista y truculento— se convirtió en el cineasta más comercial del momento. Además, el vallecano se erigió también en uno de los máximos exponentes de eso que llaman cine quinqui —gracias a su trabajo en melodramas sociales como 'El pico', la película más taquillera del año 1983—.

Según cuenta el escritor zaragozano, Eloy y José Luis mantuvieron durante años una relación tan intensa como imposible de etiquetar. "José y Eloy suscribieron un pacto personal y artístico", explica ahora a Cinemanía. "José se ponía siempre al servicio de Eloy y realizaba cualquier labor cotidiana que el adulto necesitara, pero también se situaba delante de la cámara en los rodajes y encarnaba retratos de la juventud de la Transición política española. Eloy elevó el nivel intelectual y social de Manzano y le dio algo que hacer en la vida: ser actor. Funcionó, con todas las contradicciones que provocan las carencias afectivas y de personalidad y la marginación social que los dos sufrían, hasta que la droga dura lo jodió todo".

En este sentido, ambos comenzaron fumando porros y tomando cocaína, pero, al cabo de un tiempo, acabaron enganchados también a la heroína. Eloy empezó entonces a perder rápidamente el interés por aquel joven, a la misma velocidad que su carrera cinematográfica se iba al garete. De hecho, tras el rodaje de ‘La estanquera de Vallecas’ (1987), pasaría más de tres lustros sin ponerse detrás de las cámaras.

Entrevistas para conocer la historia
Aunque muchos lo desconocen, ‘Lejos de aquí’ es fruto de años de esfuerzo y sacrificio en los que Fuembuena tuvo que ganarse la confianza de numerosos familiares y allegados a Eloy y José para escribir la historia definitiva del dúo. "Todos son personas extraordinarias. Creo que entendieron enseguida que mis intenciones eran idealistas y buenas, y me hace muy feliz haber mantenido su respeto y aprecio a lo largo de los años", asegura el historiador, quien por distintas razones acabó tomando la decisión de autopublicar su obra.

"Antepongo mi independencia y mi integridad personal y carezco de ambición, por lo que he escrito el libro que hacía falta escribir sobre Eloy y Manzano, no el comercial y luciferino que se podría haber fabricado sobre su historia. Además, la de ellos, y la mía como escritor, son realidades que se encuentran muy alejadas de los planes y los intereses de los editores tradicionales y, desde luego, de los de los grandes grupos de comunicación. Luego se da una cuestión que ha pesado más que el rechazo. Esta es el silencio editorial, que he terminado aceptando como algo inevitable en esta sociedad por una cuestión práctica: la mayoría de los editores no saben que yo y mi obra existimos. Dicho esto, Eloy, como cualquier persona que cuestiona el sistema de poder y no se arrastra ante este, es siempre incómodo".

De todas las personas a las que pudo entrevistar para su proyecto, Fuembuena recuerda con especial afecto a Pedro Cid Abarca, "un humanista y la persona más grande que he conocido. Fue un sacerdote salmantino que cuidó de Manzano durante sus últimos dos años y medio de vida, y que es el tercer vértice de un triángulo que era necesario mostrar". No en vano, Pedro acogió al actor madrileño en la casa de su parroquia entre junio de 1989 y abril de 1990, consolidando su alfabetización, pagándole también unos estudios de producción audiovisual y, sobre todo, dándole el calor humano que tanto necesitaba.

"Pedro inició un trabajo con Manzano para que este recuperase una dignidad personal y para que naciese en él la persona consciente. El resultado final no cambió por ello, pues la fatalidad tan propia de Jose, la desmemoria crónica, por no decir otra cosa, del cine español y el mal que lo ensombrece todo en este mundo pesaron mucho", cuenta.

La caída de José Luis Manzano

En cierto modo, José Luis era un chico contradictorio e infeliz. Pero Eloy le hizo creer que podía ganarse la vida como actor y, quizás por eso, él se entregó en cuerpo y alma a la misión. Pero el mundo del cine le acabó dando la espalda sin contemplaciones y eso terminó de hundirle. En junio de 1991, José Luis fue detenido junto a otro joven por asalto con intimidación. Aquello condujo a que terminara cumpliendo condena en régimen abierto en la antigua prisión de Yeserías.

Tras su periplo carcelario, el muchacho intentó esquivar la muerte ingresando diez días en el Sanatorio Esquerdo e iniciando después un programa de reinserción para expresos con problemas de drogodependencia en una asociación religiosa. Tristemente, no encontró la fuerza necesaria para conseguirlo. En febrero de 1992, apenas un día y medio después de abandonar el programa, murió de una sobredosis de droga con solo veintinueve años.

El libro de Fuembuena ahonda en cómo Eloy descubrió el cuerpo sin vida de José Luis en su apartamento, con una jeringuilla hipodérmica clavada en la rodilla izquierda. Un episodio bastante dramático y sórdido que, en el fondo, funcionaba como la perfecta crónica de una muerte anunciada. "A partir de 1987, José vivía en un estado de ansiedad prolongado frente a la incertidumbre de su situación vital y sin alcanzar a comprender que el mundo del cine le había dado la espalda", relata el autor. "En cambio, Eloy sí era consciente del ostracismo alrededor de su persona y también de un estatus profesional perdido o negado por la profesión del cine".

El escritor piensa que "José nunca entendió el valor ni el significado de la muerte, a pesar de estar sumergido en un proceso de destrucción personal como politoxicómano que era, aunque, por otra parte, manifestó en ocasiones que deseaba morir, ya que sentía que su juventud y belleza física se le escapaban de las manos. Por lo tanto, la muerte fue un punto final consecuente y liberador para el joven. Eloy aceptó este hecho como inevitable cuando se produjo. Y creo que debió de sentirse liberado de la amenazadora presencia de su exactor, que lo maltrataba en la última época".

Diez años después de su muerte, los restos de José Luis fueron incinerados y esparcidos en un cenicero común por impago de la renovación de la sepultura. Tampoco le fue mucho mejor a Eloy, que no acudió ni a su funeral ni a su entierro y, además, vio cómo varios de sus proyectos cinematográficos eran bloqueados administrativamente. En 2006, tres años después de rodar su última película, falleció en Madrid tras someterse a una operación de cáncer de riñón. Un dramático final, el de ambos, a la altura del mejor guion de filme de temática social rodado jamás en nuestro país.
 

Y TAMBIÉN…
40 años de 'Navajeros', la película que convirtió a José Luis Manzano en un icono quinqui.

Fue la película más emblemática del cine quinqui y la que impulsó el mito de José Luis Manzano. Hablamos con el experto Eduardo Fuembuena sobre 'Navajeros'.
Álex Ander | Cinemanía, 20 Minutos, 2020-10-07
https://www.20minutos.es/cinemania/noticias/navajeros-eloy-iglesia-jose-luis-manzano-icono-quinqui-160915/ 

miércoles, 3 de febrero de 2021

#hemeroteca #gais #memoria | Ocaña, un mito cultural contestatario y exhibicionista

Ocaña, un mito cultural contestatario y exhibicionista.

José Pérez Ocaña, icono de la resistencia antifranquista, era un culo inquieto. Desplegaba con encanto sus dotes de «homosexual estrafalario que pintaba cuadros» aunque, a veces, su obra quedaba eclipsada por su histrionismo.
Álex Ander | Pikara, 2021-02-03
https://www.pikaramagazine.com/2021/02/ocana-el-contestatario-y-exhibicionista-mito-cultural/ 

Esté donde esté, el artista plástico y ‘performer’ Ocaña debió liarla parda tras escuchar que el Pleno del Ayuntamiento de Sevilla había aprobado dedicarle una calle. Un reconocimiento merecidísimo porque el andaluz, icono de resistencia de la dictadura franquista, fue siempre un gran embajador de su tierra a pesar de lo regular que muchos se lo hicieron pasar en su pueblo natal.

José Pérez Ocaña nació en el sevillano municipio de Cantillana en marzo de 1947 y tuvo la mala fortuna de verse obligado a crecer en la España rural en los duros años de la posguerra. Es obvio que la sociedad heteronormativa y de valores pacatos que le rodeaba no casaba bien con sus ademanes femeninos y su gran creatividad. «Desde que tenía como cinco años, estaba siempre dibujando», recuerda Jesús, su hermano mellizo. «Nuestro maestro en la escuela, como muchos maestros de la época, le pegaba una hostia a Ocaña cuando se ponía a dibujar en vez de estar escuchando lo que él le decía. La primera vez, yo igual me contenía, pero ya la segunda mandaba a tomar por culo al maestro, y entonces el hombre salía detrás de los dos. Eso era así casi a diario».

Algunos vecinos de Cantillana se burlaban habitualmente de Ocaña. De niño solía hacer el amor con amiguitos suyos en algún pajar del pueblo y perdió a su padre siendo un crío. «Mi pueblo era entonces rico en algodón y mi hermano, con diez años o así, solía salir a cogerlo. Los campesinos se metían con él y entonces Ocaña [a modo de venganza] se meaba en las garrafas de agua que ellos tenían para beber cuando daban de mano», explica Jesús. Así se las gastaba aquel muchacho tímido y sensible que adoraba a los niños y se comportaba habitualmente con bastante madurez. «En mi pueblo había un cura que era un elemento y que abusaba de los niños. Una vez, con quince años, Ocaña cogió a ese cura y le dijo ‘Si yo me entero que vuelves a abusar de un niño, vas a ver lo que es bueno’. Y ya entonces se acabó aquello», recuerda nítidamente su hermano.

Lo cierto es que Ocaña lidió como pudo con aquella incomprensión y con la educación represiva que presidía entonces su vida pueblerina. Sin embargo, tras hacer la mili en Madrid, cogió un día sus bártulos y huyó de Cantillana con destino a Barcelona, donde ya se había instalado su hermano Jesús. Allí, como muchos otros jóvenes españoles de la época, se topó con una ciudad relativamente moderna que, al menos para él, supuso un auténtico oasis de libertad donde poder desarrollarse plenamente como persona y artista. «Desde 1972 hasta 1976, estuvo pintando con brocha gorda, y ganaba mucho dinero. Una parte se la mandaba a mi madre y el resto se lo quedaba él para sobrevivir”.

Ocaña vivió durante años en una pequeña buhardilla que alquiló en la Plaza Real, en el llamado Barrio Gótico, donde tenía un altar con una imagen de la Virgen de la Asunción llena de flores en el balcón. Por otro lado, ya prácticamente desde que aterrizó en la Ciudad Condal se puso a pintar cuadros sin parar. Empezó pintando paisajes, escenas costumbristas y vírgenes sevillanas, trasladando a menudo a sus coloridos lienzos los fetiches de la religión andaluza. Al poco, fue también incorporando a su repertorio imágenes de todos aquellos personajes que conformaban la escena marginal barcelonesa que empezaba a observar a diario.

Un día de diciembre de 1975, para darse a conocer, Ocaña se encasquetó un traje de ángel, colocó un lienzo frente al Liceo y se puso a pintar. Se pueden imaginar que no pasó mucho tiempo antes de que el 'showman' se convirtiera en un personaje esencial de la escena underground barcelonesa. Su buen amigo el dibujante de cómic Nazario recuerda sus llamativas performances callejeras y ha sido incapaz de olvidar sus duros enfrentamientos con la policía franquista de la época. Cuenta que, en una ocasión, para celebrar una verbena de San Miguel, Ocaña y él salieron del brazo y travestidos camino del lugar donde se celebraba la juerga. Como aún no había público, decidieron darse una vuelta por la zona de las Ramblas y el Café de la Ópera, cuya terraza —según Nazario— estaba «siempre llena de maricones, intelectuales y artistas». Aquel día actuaba de señorita de compañía, mientras que su amigo improvisaba o recitaba poemas de García Lorca, consiguiendo atraer rápidamente la atención de los allí presentes: «De pronto, [Ocaña] me pegó un fuerte tirón del brazo diciéndome ‘¡Nena, la Urbana!, e hizo amago de quitarse de en medio. Yo sentí que me cogían del brazo y me pedían que lo acompañara. Era un guardia urbano y cuando otro quiso hacer lo mismo con Ocaña, él huyó Rambla abajo perseguido por otros urbanos. A mí me metieron en el coche que tenían por allí aparcado y, poco después, trajeron a rastras a Ocaña, que se resistía gritando. Lo esposaron y lo metieron en el mismo coche donde yo estaba».

Puñetazos y patadas
La Guardia Urbana los condujo entonces hasta la comisaría y los metió en una celda. «Al rato», continúa explicando Nazario, «trajeron a dos más que nos contaron cómo todo el público que había en la terraza de la Ópera y alrededores había comenzado a tirar botellas, sillas y mesas a los otros coches de la Urbana cuando vieron que nos llevaban detenidos. Pronto, lo que llamaron motín, se había convertido en una pelea cuerpo a cuerpo con los policías. No tardó en irrumpir en la celda un grupo de guardias que se calzaban guantes de cuero y comenzaron a ensañarse con nosotros dándonos puñetazos y patadas. Su blanco favorito fue Ocaña, al que no habían quitado las esposas, como si hubiera sido el causante de la revuelta. Nos dejaron maltrechos tirados por los suelos, doloridos y cagados de miedo. Poco después, se nos saltaron las lágrimas a todos cuando se comenzaron a oír los gritos de una manifestación que pedía la libertad de Ocaña, Nazario y José [otro chico detenido, al que llamaban Osito]. Pasaron debajo de la ventana de la celda en donde estábamos encerrados. Luego nos enteraríamos que la manifestación se había formado espontáneamente por el público que estaba en la Ópera, al que se habían añadido muchos maricones y travestis que hacían la carrera por Santa Mónica. Casi de madrugada, nos condujeron a la célebre comisaría de Vía Layetana, en donde la policía nos fichó y nos encerró en un calabozo con otros presos. Poco después, volvieron y nos cogieron a Ocaña y a mí y nos metieron en otra celda. Por la mañana, nos llevaron al Palacio de Justicia, donde el hermano de Ocaña nos trajo ropa de ‘paisano’. Decían que había un motín en la cárcel Modelo, por lo que retrasaron nuestro traslado. Cuando llegamos a la galería, tenían a todo el mundo encerrado en sus celdas y aún se podía oler la peste de las colchonetas que habían quemado. Allí estuvimos tres interminables días. No sabíamos que serían tres. Fuimos juzgados por ataque a la autoridad y condenados. Por ahí conservo la sentencia».

A pesar de que los palos y las detenciones se convertirían en el pan suyo de cada día, Ocaña fue siempre un tipo contestatario y provocador que defendía a través de sus performances los derechos de las personas homosexuales, en una época en la que hacerlo era más que atrevido. «La desinhibición y absoluta falta de prejuicios de las que gozaba Ocaña no sólo se hacían patentes en sus 'shows', performances y esos escandalillos que tanto le gustaban, sino también en sus relaciones con la gente. Quiso y respetó (y fue querido y respetado, por ende) tanto al íntegro y prestigioso abogado comunista Josep Solé-Barberà, quien le sacó de más de un apuro legal, como a María de las Ramblas, una deslenguada, vivaracha y desdentada exprostituta a quien mimó y protegió todo lo que pudo, que fue mucho”, explica el artista y guionista de cómics José Miguel González Marcén, más conocido por su alias Onliyú.

El madrileño comenta que Ocaña participó con entusiasmo en las Jornadas Libertarias celebradas en Barcelona en julio de 1977. La celebración de las primeras elecciones democráticas tras la dictadura franquista, apenas unas semanas antes del mencionado acontecimiento, creó un dilema al sevillano, que no tenía claro si realmente merecía la pena votar o no. “Nadie del entorno de Ocaña habíamos votado”, explica Onliyú. “Algunos procedíamos de lo que llamábamos la extrema izquierda (que considerábamos que lo de votar no hacía sino perpetuar el poder de la burguesía); otros, se tenían por anarquistas de pro (que no iban a votar nunca porque el poder era asambleario); y, unos terceros, no se habían enterado de que había habido elecciones. Entre estos últimos se hallaba Ocaña, que estaba en otras cosas el día ese. Pero a él eso de votar le parecía bien, estaba en un sinvivir y no entendía por qué estábamos tan en contra. A pesar de que confundiera UCD, bien con una marca de galletas, bien con el acrónimo de alguna cadena de televisión extranjera que seguro le iba a entrevistar cualquier día, seguía pensando que eso de la democracia estaba bien”. En este sentido, Nazario también apunta que el comportamiento «descaradamente homosexual, su travestismo y su cohorte de maricones y chulos conformaban una especie de militancia gay que estaba muy lejos de proponerse. Ninguno de nosotros pensamos jamás militar en el recién nacido FHAR [Frente homosexual de acción revolucionaria], teniendo muchos amigos que sí lo habían hecho, como tampoco se nos ocurrió militar en la CNT, aunque todos nos considerábamos libertarios».

Activismo político a un lado, también resulta evidente que Ocaña fue ignorado por buena parte de la crítica y el público durante años. Con el tiempo, sin embargo, su trabajo fue despertando el interés de varios galeristas, quienes le dieron la oportunidad de exponer algunas de sus obras y propiciaron un sustancial aumento de sus ingresos. «Ocaña estaba convencido de que, para vender su obra, primero tenía que ser conocido por la sociedad a la que pretendía vendérsela», explica Nazario. «Utilizó su histrionismo, su gracejo andaluz, sus ocurrencias y su versatilidad como hombre/espectáculo, para atraerse al público de su entorno, en general (público de las Ramblas, del mercado de la Boquería, del Café de la Ópera), y a ese público a cuyas fiestas era invitado, como si de un cuadro flamenco se tratara, para amenizarlas. Allí desplegaba sus dotes de homosexual estrafalario que pintaba cuadros. Algunos de aquellos ‘burgueses’ de la zona alta de la ciudad mostraban curiosidad por conocer la obra de aquel sevillano tan divertido; acudían a su casa para conocer de cerca la guarida del artista y, de camino, el artista los enredaba para que adquirieran alguna de sus obras. Para cuando hace su gran exposición en la galería Mec-Mec, ya los medios, algunos artistas y parte de aquella burguesía a la que había pretendido engatusar, acudieron en tropel para contemplar la exposición como si de una performance se hubiera tratado».

El histrionismo de Ocaña
La espera había merecido la pena para el de Cantillana, que acabó mostrando sus singulares cuadros en galerías de distintas ciudades españolas, aunque obtuvo su mayor éxito de público —más de sesenta mil visitas— con la exposición ‘La primavera’, patrocinada por el Ayuntamiento de Barcelona y exhibida en la capilla del Hospital de la Santa Cruz. Según Nazario, Ocaña sostenía la teoría de que «no sólo su extravagancia atraería a los espectadores/posibles compradores, sino el envoltorio con que procuraba mostrar su obra». Y fue esto lo que le llevó a incluir con frecuencia en sus creaciones «referencias andaluzas en forma de angelotes y viejas realizados en papel maché y pintados, cruces de mayo, velatorios, farolillos y una tal cantidad de flores y oropeles que atiborraban la galería y entorpecían la visión de lo que realmente deseaba que fuera visto: su obra». En otras palabras, su trabajo quedaba muchas veces eclipsado por su histrionismo. «Así, las cámaras solo tenían ojos para retratar sus disfraces, sus bailes, sus cantes, sus muñecos y sus decorados como si aquellos fueran realmente su obra artística (que lo eran) y no sus pinturas».

Los amigos de Ocaña comentan también que el sevillano no tenía horario para trabajar. «Era incansable, y a veces llegaba por la mañana a casa mostrando lo que había pintado la noche anterior», afirma Nazario. «Una mañana, se presentó con la cabeza de un angelito que había modelado con su propia mierda (a la que luego había dado varias capas de barniz para disimular el olor). Podía pintar con la cama repleta de chulos; con el gato arañando el lienzo; vestida con un roquete de monaguillo; con el disco de Lole y Manuel o de Édith Piaf a toda pastilla, o con la comida pegándose en la cocina. Su gracia, sus bromas y socarronería atraía a los hombres que, en muchas ocasiones, se dejaban trajinar cayendo en sus redes. Decía que ligaba más por pesada que por sus encantos. Pero no era verdad: sus encantos hacían que los chulos no solo no le cobrasen, sino que, enviados a hacerle favores a alguna amiga ‘intelectual’ rica, volvían con el dinero conseguido y lo invitaban a comer en un restaurante».

Nunca le faltaron los amoríos a Ocaña. Aunque, tal y como señaló en alguna que otra entrevista el propio artista, las relaciones de pareja monógamas no estaban hechas para un espíritu libre como él. «Siempre estoy libre. Las relaciones de dependencia son muy enajenantes. Odio el contubernio. Mis amores son de semanas o meses. Soy totalmente infiel», dijo una vez a un periodista. Era un culo inquieto y atrevido que siempre estuvo buscando crecer personal y profesionalmente. Por eso, aceptó encantado la oferta de la revista ‘Party’ para posar desnudo en sus páginas interiores. O esa otra del barcelonés Ventura Pons, que le propuso protagonizar ‘Ocaña, retrato intermitente’ (1978), un documental de culto —que fue seleccionado en el Festival de Cannes— donde el director de cine mostraría la realidad de la Barcelona de la transición, al mismo tiempo que daría a conocer al público a la persona detrás del transgresor artista, y otorgaría visibilidad a cuestiones como la identidad queer, el travestismo o la hipocresía burguesa. “De que Ocaña era ambicioso no cabe la menor duda”, apunta Onliyú. “Él mismo contaba a quien quisiera oírle que se proponía ser ‘la reina más reina de todas las reinas’, quiera decir eso lo que sea. Le encantaba que le fotografiaran, que le adularan y hasta que le veneraran. Pero había, como si dijéramos, una cierta ciclotimia en su ambición. Y, a veces, le daba todo lo mismo”.

Y como todo en la historia del genuino Ocaña ha de ser espectacular, cabe señalar que ya solo el episodio de su temprana muerte daría para una película tragicómica. En el verano de 1983, el artista regresó a su pueblo para descansar unos días. Estando allí, se animó a participar en un desfile infantil organizado por la Asociación de la Semana de la Juventud. Ocaña apareció en el evento disfrazado de sol, con un elaborado vestido de papel y tela que él mismo había fabricado. Ya al final del recorrido, las bengalas que adornaban el disfraz se incendiaron accidentalmente y prendieron el traje, causándole quemaduras de primer y segundo grado. «Los tratamientos para curar las quemaduras no tuvieron en cuenta la fragilidad del hígado a consecuencia de la hepatitis [que había tenido] (él no dijo nada y los médicos no lo descubrieron), por lo que se sucedieron las complicaciones, muriendo a los pocos días en el hospital [García Morato] de Sevilla», apostilla Nazario. «El fotógrafo que había hecho un seguimiento de la comitiva que había recorrido el pueblo con chicos disfrazados con gigantes y cabezudos, al visitar a Ocaña, que estaba en su casa a la espera de que llegara una ambulancia que lo condujera al hospital de Sevilla, fue increpado por el artista mitómano diciéndole: ‘¿Me has hecho fotos cuando estaba ardiendo?’. El chico le respondió que había tirado la cámara y había corrido a auxiliarle. La gran diva, frustrada, respondió: ‘Pues chico, ¡te has perdido la foto de tu vida!’. Ella debió querer decir ‘de nuestras vidas’ pero, discretamente, omitió el plural».

lunes, 9 de noviembre de 2020

#libros #testimonios | Divine : la historia de la mujer más hermosa del mundo (casi)

Divine : la historia de la mujer más hermosa del mundo (casi) / Álex Ander ; prólogo de Valeria Vegas.

Barcelona [etc.] : Egales, 2020 [11-09].
291 p. 
Serie: Colección G.
/ ES / ENS / Libros / Artistas / Biografías / Gais / Divine / Drags / Mariconeo / Testimonios / Trash
📘 Ed. impresa: ISBN 9788418501135 / 20€

[.es] Divine es mucho más que aquello que sabemos de él. Su historia es la de un chaval de Baltimore acosado por otros niños que tuvo la suerte de toparse un día con otros marginados (el cineasta John Waters y su ‘troupe’ cinematográfica) que le aceptaron y le quisieron sin condiciones. También es el relato de alguien que consiguió tirar de disciplina y sentido del humor para exagerar todo aquello que los demás odiaban de él y proyectar su ira contenida en los revolucionarios e inolvidables personajes a los que dio vida durante su carrera. Pero, sobre todo, es la historia de un artista serio y perseverante que deseaba con todas sus fuerzas ser famoso y lo logró, revolucionando por completo la cultura pop del siglo XX.

«La figura de Divine, en todo su concepto, sigue siendo hoy un revulsivo, más aún si tenemos en cuenta que una parte del colectivo LGTBQ camina hacia lo puramente normativo. Su imagen, con la lengua fuera o guiñando un ojo, nos sigue diciendo que se puede ser bella con más de cien kilos. Que el exceso de maquillaje nunca es exceso y que la libertad no debería tener límites. Le bastaron tan solo una decena de largometrajes y unas cuantas canciones para dejar huella. Una huella imborrable que ahora Álex Ander logra reivindicar con cariño y meticulosidad. No lo duden, Divine es inmortal.» Valeria Vegas

Álex Ander (Almería, 1988) se define a sí mismo como «el defensor de las causas perdidas». Es licenciado en Periodismo por la Universidad de Málaga y máster en Comunicación Institucional y Política por la Universidad de Sevilla. Escribe de forma habitual sobre cine y televisión en la revista Cinemanía, y ha colaborado también en otros medios de comunicación como Vanity Fair, Esquire, Mine o The Objective. Compagina el periodismo con la docencia, los partidos de tenis con las películas de serie B y la crónica parlamentaria con la social. Este es su primer libro publicado.