Mostrando entradas con la etiqueta FLH. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta FLH. Mostrar todas las entradas

domingo, 29 de junio de 2025

#hemeroteca #lgtbifobia | Surgen críticas desde la propia comunidad LGBT a las desviaciones y excesos del movimiento

Surgen críticas desde la propia comunidad LGBT a las desviaciones y excesos del movimiento
En Francia, el afiche de convocatoria a la Marcha del Orgullo causó polémica y deserciones. En el Reino Unido, un concejal gay anuncia que no habrá bandera arcoíris en su municipio y una activista trans dice que cae el entusiasmo por la Pride y denuncia la “absurda ideología victimaria”. Juan José Sebreli había formulado críticas similares en su último libro, en diálogo con Blas Matamoro
Claudia Peiró | Infobae, 2025-06-29
https://www.infobae.com/opinion/2025/06/29/surgen-criticas-desde-la-propia-comunidad-lgbt-a-las-desviaciones-y-excesos-del-movimiento/

El afiche de la 'polémica' //
Debbie Hayton es una trans británica de 56 años, que se destaca por rechazar la ideología transgénero y la negación de la biología que conlleva. Se opone al concepto de autopercepción de género, a la administración de bloqueadores de la pubertad a los niños -“cambiar de género no es un juego de niños”, advierte- y a la participación de personas trans en los deportes femeninos, entre otras cosas. Ha defendido abiertamente a J.K. Rowling de los ataques del lobby trans de los que ella misma ha sido víctima. Es que en nombre de la no discriminación estos grupos ejercen una feroz censura y cancelación contra cualquiera que manifieste la más mínima disidencia con sus postulados.

Profesora de biología, militante laborista y sindicalista docente, Hayton publica regularmente una columna de opinión en The Spectator, pero artículos suyos han sido también difundidos en The Daily Mail, The Times, The Economist y The Telegraph, entre otros.

En un escenario hegemonizado por un dogma que no admite matices y cancela a cualquiera que cometa el menor desliz de lenguaje, el discurso de Hayton se destaca por su originalidad y el coraje de formularlo.

En un reciente artículo (11/6/2025) en la revista francesa Le Point sostiene que la bandera LGBT ya no despierta el mismo entusiasmo, al menos en el Reino Unido.

“De hecho -escribe Hayton- hace tiempo que la Pride (el Orgullo) ha dejado de lado sus orígenes: una manifestación de gays y lesbianas que protestaban contra la discriminación y el acoso, que antes eran demasiado habituales”.

Actualmente sus derechos están reconocidos e inscriptos en las leyes. Esto es cierto en Europa y, en general, en todo Occidente, dato que parecen desconocer estos movimientos que, como el feminismo, son más extremistas en el discurso en los países donde estos son reconocidos.

Pero, dice Hayton, como todo movimiento necesita objetivos, la Marcha del Orgullo se buscó unos nuevos, lo que explica el crecimiento del acrónimo que los identificaba y que de LGB pasó a ser LGBT para incluir a las personas transgénero. La ampliación no se detuvo allí.

Aunque tiene muchas variantes, podríamos decir que la más frecuente es LGBTQIA+, donde Q es por queer, I por intersexuales (antes hermafroditas), A, por asexuales, y el signo + para dejar la puerta abierta a la imaginación.

“Es difícil entender por qué las personas asexuales —que, según la definición, no sienten deseo ni atracción sexual— tendrían que temer el acoso o la discriminación”, escribe Hayton Y no sin ironía, agrega: “Quizás ahora haya cierto poder en declararse víctima, y la Pride parece haber erigido como prioridad la defensa de quienes se identifican con esta postura”.

Junto con el crecimiento del acrónimo, también asistimos a una inflación temporal: de un día, pasamos a una semana y ahora a un mes.

En referencia al apoyo de las autoridades y de las empresas al Mes del Orgullo, Hayton dice: “La Pride se ha impuesto como un paso obligado del establishment”. Lo mismo sucede entre nosotros y cabe preguntarse, al igual que respecto del feminismo: ¿qué clase de revolución es ésta, tan bien recibida por la élite? No solo la aceptan, la asumen, la promueven, la financian. Como para pensar que les conviene…

En Cuba, por ejemplo, se puede cambiar de sexo, pero no de partido (hay uno solo). Ni mudarse de ciudad sin permiso oficial.

Ahora bien, Hayton señala un cambio incipiente en este respaldo. Son varios los municipios que empiezan a relativizar su apoyo. Recientemente, Liverpool anuló su Marcha del Orgullo anual por “dificultades financieras y organizativas de peso”.

Hayton dice que las empresas pueden estar reconsiderando su entusiasmo por el arcoíris debido a que detrás de la “T” “se perfila un movimiento que ha encontrado un eco inquietante en niños con dudas sobre su sexualidad o simplemente angustiados por la idea de crecer”.

Y recuerda que las llamadas “terapias de afirmación de género” incluyen cirugías muy invasivas, irreversibles y mutilantes. Esto sería, dice, “la consecuencia más chocante de la ideología de género”.

El debate también se ha instalado entre nosotros, aunque enturbiado por la mala fe de responder aquello que no se dice. Por caso, acusar a quienes piden prudencia con los menores de decir que se hacen cirugías en niños. En niños no, pero sí en menores. Y, desde los 12, 13, 14 años se suministran bloqueadores de pubertad. Es decir, se frena el desarrollo sexual natural de la persona. No sabemos con exactitud cuántas cirugías se han hecho en menores, porque no se lleva una estadística seria, pero uno de los cirujanos del Hospital Durán, pionero en estas prácticas, dijo haber hecho unas dieciséis, en pacientes de menos de 18 años. Con 16 o 17 -suponemos- no eran niños, pero tampoco adultos. En una reciente entrevista radial, el responsable del servicio de género del Durand hizo una curiosa analogía entre las críticas a estos tratamientos en menores con el rechazo que existía antes a las personas zurdas. Aseguró que se llegaba a atar el brazo izquierdo del niño para obligarlo a usar la mano derecha. Sin duda, una práctica condenable. Pero llama la atención que eso le parezca un escándalo y en cambio considere normal e incluso benéfico, extirpar ambos senos a una adolescente de 16 años.

Hayton evoca la prohibición decretada por el gobierno de Donald Trump de aplicar estos tratamientos a menores. La misma decisión ha tomado el gobierno argentino recientemente a través de un decreto. Curiosamente, los mismos que niegan que los menores sean objeto de estas prácticas han presentado recursos de amparo en varios juzgados del país en representación de estos chicos “privados de derechos”.

“Sea cual sea el destino de los cirujanos que se han enriquecido extrayendo tejido sano de jóvenes angustiados, las empresas harían bien en sopesar más detenidamente sus decisiones en materia de patrocinio de eventos. Su reputación podría verse gravemente afectada”, advierte Hayton.

Son muchos los homosexuales preocupados por el hecho de que sus reivindicaciones sean usadas para introducir un discurso como mínimo imprudente en el tratamiento de los menores con disforia de género, como lo expresaron en su momento algunos de ellos en Infobae.

En el Reino Unido, en las últimas elecciones locales (mayo pasado), el partido euroescéptico Reform UK fundado por Nigel Farage, alcanzó la mayoría absoluta en diez municipios ingleses. Kent es uno de ellos y este año no izará la bandera arcoíris.

Más llamativo resulta el hecho de que el nuevo vicepresidente del concejo deliberante de Durham, Darren Grimes, que es gay vale aclarar, dijo que “enarbolar la bandera nacional junto con la local era una acto federal, pero reemplazarlas con símbolos políticos reservados a algunos es sólo una variante más de una política identitaria tóxica”.

“Personalmente, considero este cambio saludable -escribe Hayton-, y lo digo como persona transgénero. Ese lobby nunca me representó. A veces incluso he tenido la desagradable impresión de que trataba activamente de perseguirme. No comparto su visión de las cosas -por ejemplo, no creo en la identidad de género- y me atreví a expresar públicamente mis convicciones”.

Por ese motivo intentaron destituirla de sus funciones en el sindicato al que pertenece, con el argumento de siempre: “Discurso de odio”. Excusa para no debatir. “Hermosa ilustración de su pretendida inclusión, que evidentemente nunca abarca las diferencias de opinión”, dice Hayton.

También aclara que no se siente para nada amenazada por el hecho de que estos municipios estén arriando la bandera LGBT. “Para mí, la Pride hace tiempo dejó de ser una marcha de reivindicación de derechos para convertirse en el instrumento de un lobby intolerante, ávido de poder político”, concluye.

El movimiento también está siendo instrumentado partidariamente, como herramienta de la izquierda.

Ejemplo de ello es el afiche con el cual se convocó en Francia a la Marcha del Orgullo este 28 de junio y que despertó críticas incluso en el seno del movimiento. En particular del grupo Beit Haverim, que nuclea a gay y lesbianas judíos.

En particular critican la inclusión de la bandera palestina en el afiche. Los responsables adujeron que en realidad eran los colores de las banderas de Hungría y Bulgaria, países donde estarían prohibidos estos desfiles.

Como puede verse, el nuevo lema de la izquierda es “¡Queer del mundo uníos!” Lo del proletariado es historia.

En el afiche se ve a siete personajes. Llama la atención una mujer con velo, símbolo de países que no son precisamente tolerantes con la homosexualidad ni respetuosos de los derechos de la mujer. Otro personaje sostiene un cartel “Contra la internacional reaccionaria”, que al parecer no incluye a esos países donde la mujer está obligada a cubrirse.

Otra imagen cuestionable es la de un individuo de traje negro derribado que obviamente representa al macho supremacista blanco y heterosexual, que sería el victimario de todas las minorías perseguidas.

El grupo judío LGBT + de Francia Beit Haverim criticó estas “opciones de comunicación irreflexivas”, que podrían provocar “desbordes o actos hostiles”.

La presidente de la región de Ile-de-France, Valérie Pécresse (Les Républicains, derecha, chiraquianos) denunció que el afiche incita “a la violencia con ese cadáver derribado” y dijo que había pedido que se lo retirara en su distrito, así como la subvención. Por otra parte, Sébastien Chenu, de Rassemblement national (antes Frente Nacional, lepenistas), dijo: “Mujer con velo, hombre blanco martirizado y caricaturizado como facho, apoyo a Palestina, cuando los homosexuales, bis y trans son masacrados allí… he ahí las marcas del extremismo”.

Fuentes del Ministerio del Interior, que dirige Bruno Retailleau, denunciaron “la incitación a la violencia” de un afiche que “muestra la extrema izquierdización de las asociaciones organizadoras”. “Si el objetivo era dividir, está logrado”, concluyeron.

Y la asociación FLAG!, que agrupa a policías y funcionarios judiciales LGBT rechazó totalmente el afiche y se apartó de la organización de la manifestación.

Alexandre Schon, presidente de la InterLGBT, es decir la coordinadora de todos los grupos organizadores de la marcha dijo a la agencia France Presse que los símbolos del afiche “representan la convergencia de las luchas a la cual adhiere la InterLGBT”. En su diseño “el artista quiso representar a las personas queer unidas frente a una internacional reaccionaria que mata (sic) a personas LGBT, les impide expresarse, restringe su derecho a existir, amarse y autodeterminarse”, agregó. “Miles de nuestros camaradas están muriendo actualmente”, sostuvo.

Se exagera -se fabula incluso- con las persecuciones. Esto se relaciona también con la manía fundacional de muchos políticos que, con tal de magnificar sus realizaciones, siempre aseguran que antes de ellos fue la nada. O el infierno.

Por eso hay que celebrar la publicación, en 2022, del libro ‘Entre Buenos Aires y Madrid’, que recoge una larga conversación entre dos amigos intelectuales: Juan José Sebreli y Blas Matamoro (con la coordinación de Facundo Guadagno) recorren diferentes temas y sobre todo recuerdos de cómo se vivía a lo largo de (casi) todo el siglo pasado (Sebreli, fallecido en noviembre pasado, era del 30, y Matamoro nació en el 42).

Entre los temas que abordan, está la condición homosexual que ambos comparten.

“Querría empezar por ubicar la homofobia dentro de la sexofobia que existía en esa época en todos los países, salvo tal vez Francia”, dice Sebreli. Recuerda algo que hoy pocos saben: “Se vivía peor [como homosexual] en Londres que en Buenos Aires porque en Buenos Aires el máximo castigo que te daban era treinta días en Villa Devoto y eso si eras un lumpen. Si eras un tipo de clase media, pasabas una noche en comisaría. En Londres te daban penas de varios años, como en la época de Oscar Wilde”.

Pero enseguida insiste: “No se trataba de la persecución a los gays. Se trataba también de la persecución a los amores ilegítimos”; claro que, “dentro de esa sexofobia, la homofobia la pasaba peor”.

“La sexualidad libre se conoció recién en los ochenta en la Argentina”, dice Sebreli. O sea, mucho antes de la ola de “ampliación de derechos”.

Por si no quedó claro, resume: “Me parece importante subrayar que el homosexual lo pasaba peor, pero no distinto a lo que era la moral de la época, enemiga de toda libertad sexual”.

En la semblanza que hace de su amigo Sebreli, en la introducción del libro, Blas Matamoro incluye un recuerdo común: “En 1971, en mi casa, se fundó el Frente de Liberación Homosexual (FLH) por iniciativa de Héctor Anabitarte, gremialista del sindicato de correos. Nos juntamos con él Sebreli y los escritores Juan José Hernández y Manuel Puig”.

En los actos del peronismo en aquellos años, se veían los carteles de ese Frente y se escuchaban consignas como: “¡Los p… con Perón!”

Volviendo a Matamoro, éste agrega: “Se formaron pequeños núcleos (del FLH) que funcionaron con autonomía hasta que la persecución de la nueva dictadura obligó a su disolución”.

Lo más interesante de esta parte de la charla es el rechazo que ambos expresan al particularismo o la “guetoízación” de los homosexuales.

“Creo que por lo único que hay que luchar es por la igualdad del homosexual y del heterosexual, como entre la mujer y el varón. No que el homosexual tenga particularidades, como las feministas que creen que la mujer tiene cualidades especiales que hay que defender y exaltar. No creo eso”, dice Sebreli, categórico.

Recuerda que estuvo “en alguna manifestación de orgullo gay en Buenos Aires” y no le gustó ese “acto de carnaval” con “personajes sacados de un sainete”.

No volvió. Considera que esas vestimentas extravagantes expresan una “concepción particularista de la homosexualidad”, mientras que “en la concepción universalista” que él defiende, “el gay tiene que vestir igual que un varón heterosexual”.

Blas Matamoros agrega que esos disfraces hasta pueden ser “ofensivos para la mujer, porque es una caricatura de la mujer”. “El homosexual no renuncia a su sexualidad fisiológica. No quiere que le arranquen los testículos ni nada por el estilo”, agrega, diferenciando al gay del trans.

El coordinador del diálogo explica que el movimiento queer consiste en “la discrepancia sexual como forma de posicionarse frente a la sociedad de manera disruptiva”.

Y Matamoro replica: “Estamos tratando de evitar esa idea de la comunidad homosexual. De lo contrario, estamos rearmando el gueto, el que habíamos resuelto evitar”.

“Como ex miembros del FLH ¿no creen que el cuerpo es político?”, pregunta Guadagno.

“El cuerpo es político, pero no por homosexual. Es político porque se compran y se venden las horas de trabajo y la fuerza de trabajo”, responde Matamoro, recordándole de paso a la izquierda las banderas que parece haber olvidado.

“No tiene por qué haber agrupaciones homosexuales -dice por su parte Sebreli-. El homosexual es escritor, pintor, músico, obrero, médico, político, es veinte mil cosas antes que homosexual, y tiene que tomarse en esa pluralidad, no en una de sus particularidades como el sexo. Estoy en contra del queer”.

El wokismo se ha defendido de las críticas diciendo que sólo es un movimiento de sensibilización ante las injusticias. En realidad, actualmente, el wokismo es esencialmente una corriente que promueve el identitarismo extremo y en consecuencia una fragmentación de la sociedad. En nombre del antirracismo, del feminismo, de los derechos de las minorías, se promueven los guetos. Así como algunos son víctimas por el solo hecho de pertenecer a determinado género, etnia o minoría sexual, otros son victimarios por el mismo motivo. Es casi como un delito de autor. Es contrario al principio que inspiró los derechos humanos: todas las personas, todos los habitantes de este mundo, compartimos una misma condición, una misma esencia.

Matamoro apunta contra esta tendencia a la victimización: “Hay una actitud paranoide. [Es] la necesidad de que me persigan para que yo cobre una identidad. Yo, para ser judío, necesito que me persigan los antisemitas; como mujer, necesito que me persigan por ser mujer. Entonces, a pesar de que me han dado todos los derechos, necesito que haya una figura patriarcal persecutoria. Como homosexual, necesito que haya una policía que me persiga y que me amenace”.

Sebreli insiste en reivindicar “la universalidad contra la particularidad”. “No hay particularidades femeninas, homosexuales, negras ni judías. El hombre es universal. Debe tender a serlo”.
 
Y TAMBIÉN...
>
Lesbianas musulmanas, bandera palestina y un blanco colgado en el cartel del Orgullo Gay de París

El cartel de la marcha del Orgullo Gay de este año ha encendido una tormenta política y ha dividido a la misma comunidad LGBT+.
Percepcions, 2025-06-06
https://percepcions.cat/es/lesbianas-musulmanas-bandera-palestina-y-un-blanco-colgado-en-el-cartel-del-orgullo-gay-de-paris/
>
Cartel «antifascista» para el desfile LGBT desata escándalo
ACN, 2025-06-10

https://acnmex.com/cartel-antifascista-para-el-desfile-lgbt-desata-escandalo/
>
Pride 2025: la radicalité queer effraie les réacs, et c’est pas plus mal

Les débats autour de l’affiche jugée « trop violente » de la Marche des fiertés parisienne tendraient à nous faire croire que la radicalité n’a pas sa place dans la politisation queer. Pourtant, l’histoire des luttes LGBTQ+ prouve le contraire.
Pacha Hadziavdic | Urbania, 2025-06-19
https://urbania.fr/article/pride-2025-la-radicalite-queer-effraie-les-reacs-et-cest-pas-plus-mal-2
>
Mes del Orgullo: No todo es color de rosa dentro del arcoíris
Ana Sánchez de la Nieta | Aceprensa, 2025-06-26

https://www.aceprensa.com/sociedad/homosexualidad/mes-del-orgullo-no-todo-es-color-de-rosa-dentro-del-arco-iris/
>
La extrema derecha se cuela en el Orgullo en París con el beneplácito del Ministerio del Interior francés

Un colectivo homonacionalista intenta montar un golpe mediático para participar en la marcha del Orgullo de París. El entorno del ministro Retailleau ha pedido a los organizadores que garanticen su seguridad durante la manifestación.
Marie Turcan · Mediapart | InfoLibre, 2025-06-26
https://www.infolibre.es/mediapart/extrema-derecha-cuela-orgullo-paris-beneplacito-ministerio-interior-frances_1_2021236.html

lunes, 15 de noviembre de 2021

#hemeroteca #gais #testimonios | Blas Matamoro, el francotirador que jamás se sintió un escritor maldito

El País / Blas Matamoro //

Blas Matamoro, el francotirador que jamás se sintió un escritor maldito.
El narrador argentino, cofundador del Frente de Liberación Homosexual en 1971, acaba de reeditar ‘Las tres carabelas’, dos ‘nouvelles’ sobre educación sentimental gay, la dictadura y el exilio.
Raquel Garzón | El País, 2021-11-15
https://elpais.com/cultura/2021-11-15/blas-matamoro-el-francotirador-que-jamas-se-sintio-un-escritor-maldito.html 

Septiembre de 1976. La dictadura argentina, que lleva seis meses en el poder, censura 'Olimpo’, del periodista y escritor Blas Matamoro (Buenos Aires, 79 años), e inicia una siniestra tradición. “Incautaron la edición oficial de dos mil ejemplares. Pero la editorial Corregidor había tirado tres mil y los primeros ya se habían distribuido; esos se salvaron”, cuenta el autor 45 años después en Madrid, convencido de que el contenido del libro era lo de menos. “Fue una forma de terrorismo para asustar a la gente que escribía, pero sobre todo a la que publicaba”.

Matamoro, uno de los fundadores hace 50 años del clandestino Frente de Liberación Homosexual (FLH), espacio pionero en la lucha por los derechos gay en el que participaron, entre otros, los escritores Manuel Puig, Juan José Hernández y Juan José Sebreli, acaba de reeditar dos 'nouvelles’ de los años 80, reunidas en ‘Las tres carabelas’ (Blatt & Ríos). En ellas, la prosa elegante e incisiva de quien dirigió la revista ‘Cuadernos Hispanoamericanos’ entre 1996 y 2007 recrea la educación sentimental en tiempos de deseo silenciado, para los que no se ajustaban a la norma hetero, y pinta una Argentina cruzada por la efervescencia política, el psicoanálisis y las esquirlas del miedo que desencadenó la dictadura.

“Te tenés que ir, Blas”, lo convenció su hermana cuando escuchó por radio el decreto de prohibición. “Yo no había sufrido amenazas”, recuerda Matamoro, “pero poco antes a mi compañero lo habían tenido desaparecido una semana por un error policial, junto a gente que había estado presa. Primero eran siete, al día siguiente eran seis, al día siguiente cinco... Cuando salió y durante años, no podía oler carne quemada sin ponerse mal. A su lado habían aplicado la picana y ese olor le recordaba aquel infierno”, cuenta el escritor con acento argentino inconmovible.

Temiendo por su vida, Blas Matamoro se exilió el día después de la prohibición de ‘Olimpo’, censurado por “atacar las tradiciones del ser nacional y la moral cristiana”. La portada de esa colección de ensayos sobre personajes que trenzaron hechos y mitología (de Perón a Drácula, pasando por Carlos Robledo Puch, el asesino en serie con cara de ángel) definía el talante de francotirador intelectual que aún distingue a su autor: el rostro sensual de Isabel Sarli, la bomba porno de la época, se sobreimprimía sobre la cúpula de una iglesia de Bahía en Brasil, invitando a zambullirse en las páginas.

¿Cómo se meten 34 años en una sola maleta? ¿Qué se lleva? ¿Qué se pierde para siempre? Matamoro llegó a Madrid con una máquina de escribir Olivetti Lettera, un par de libros, algo de ropa y 300 dólares en cheques de viajero. Nada más. “¿Está eso en las novelas?”, pregunta. Sí, aunque no recuerde haberlo escrito. El olvido, a veces, protege de lo que arde.

La experiencia de emigrar
De los primeros años madrileños recuerda la libertad (“existían ya clubes para gays y no había restricciones en las calles, en los parques ni en los lugares de reunión”), la estrechez económica y los trabajos variopintos: escribía para ‘La Opinión’ de Buenos Aires, hacía traducciones, colaboraba donde podía y fue, incluso, el ‘negro’ literario de las memorias de un peluquero cuyo nombre no dará. En diciembre de 1979, empezó a trabajar como redactor en ‘Cuadernos Hispanoamericanos’ y mejoraron los vientos.

Madrid trajo también el amor de Fernando y una pareja de más de 40 años (“es mucha vida compartida”). ¿Nunca quiso tener hijos? “Tengo sobrinos, que me dicen a veces: ‘Sos anticuado, tío’. Pero a mí sí me gustaría que hubiera alguien que me llamara ‘padre’, eso es algo que le falta a mi vida. Nunca se planteó”.

‘Las tres carabelas’ reúne dos ‘nouvelles’: la que da título al volumen, en la cual el protagonista recuerda desde España su infancia y juventud, la sensación de “ser distinto”, los primeros amores y discusiones filosóficas y políticas, y ‘La canción del pobre Juan’, que narra el regreso y apasionado encuentro entre un prestigioso escritor y Daniel Dávila, joven estrella del ballet. “El origen de ambas es la necesidad de contar la experiencia de la emigración. Los dos personajes tienen eso en común: rememoran algo que pasó, pero que al ser visto nuevamente no se reconoce”, reflexiona.

Como autor de una treintena de libros (‘Nietzsche y la música’, ‘Novela familar’ y ‘El pasadizo’, entre ellos) sorprende escucharle decir que jamás pone “escritor” en los formularios preguntones que indagan cómo se gana uno la vida. “Con lo que he cobrado por mis libros siempre me alcanzó para cigarros, pero no para los fósforos con los que los encendía”, bromea.

1971: el FLH y la militancia gay
Ensayista punzante y crítico musical exquisito en ‘Scherzo’ y ‘Revista de Occidente’, Matamoro fue uno de los intelectuales que iniciaron el Frente de Liberación Homosexual (FLH), creado hace medio siglo en su apartamento porteño (“La Rioja 169, 5to B, en el barrio de Once”, precisa mientras bebe una caña, tras haber dictado una conferencia en la Fundación Ortega y Gasset).

La pujanza actual del colectivo LGTBI+ contrasta con la situación que se vivía entonces en Buenos Aires, donde el Edicto 2 H prohibía que un varón estuviera en el espacio público junto a otro varón menor de edad; la norma —de 1932— sirvió en no pocas ocasiones para la persecución policial de minorías sexuales. “En 1971, en plena dictadura de Lanusse, los objetivos que se fijó el FLH fueron dos. Ir a los medios y ganar visibilidad, porque de homosexualidad no se hablaba (lo hicimos, ocultando nuestras verdaderas identidades), y lograr que se derogara el edicto policial por el cual te podían llevar preso por ser homosexual”, sintetiza Matamoro, que no tenía militancia, pero que se había comprometido como abogado de familiares de presos políticos. El final de los edictos policiales llegó mucho después, en 1998, con la sanción de un nuevo código contravencional para la ciudad.

¿Cómo surgió el FLH? “Nos convocó Héctor Anabitarte, un dirigente del gremio de correos que había intentado organizaciones previas y que conocía a Juan José Hernández. Nos reunimos en casa, a principios de agosto de 1971, porque los demás vivían con sus familias. No éramos más de 15 o 20 ese día. Se formaron distintas células; no había una dirección formal y nuestro grupo que se venía reuniendo pasó a llamarse Grupo Profesionales. Héctor había sido comunista y se había ido del PC tras un viaje a la URSS, donde le hablaron de la homosexualidad como enfermedad y degeneración pequeñoburguesa. Los demás simpatizábamos con cierta izquierda, aunque ¿con cuál? Digamos que con la visión de un código de libertades más elástico. En eso todos estábamos de acuerdo. Para los políticos no era un problema a tratar”, analiza.

Algunas discusiones internas partían aguas. “Debatíamos, por ejemplo, si se tenía que normalizar o no la condición homosexual. Néstor Perlongher, un poeta que se sumó después, entendía que no, que había que ocupar una marginalidad dorada, seguir siendo anómalo. Yo nunca coincidí con ese malditismo; para ser maldito se requiere que alguien te maldiga y sacralizás al represor. Nuestro grupo aspiraba a que la homosexualidad fuera una más entre diversas opciones sexuales”.

En ese tiempo de “renacimiento peronista” el FLH reflejó las disidencias ideológicas. “Aparecieron distintas tendencias, anarcoides y peronistas que resultaron mal, porque el peronismo no quería saber nada con el tema”. El Frente se disolvió antes de la nueva dictadura, afirma Matamoro. “Ya no había actividad visible, aunque la gente que se seguía juntando “.

En 2018 la Academia Argentina de Letras premió ‘Con ritmo de tango’ (Fórcola), un diccionario personalísimo en el que Matamoro reflexiona sobre la argentinidad, y comenzó una merecida revalorización de su obra. Además de ‘Las tres carabelas’, en 2021 se reeditó en España ‘Los cuentos de Hegel’ (Taugenit) y el sello Blatt & Ríos anticipa la publicación de una novela inédita, ‘Fundido a negro’, y una reedición de ‘El pasadizo’. “Me han propuesto incluso publicar los diarios que escribo desde 1995. No sé. Pero en cualquier caso, me emociona porque son lectores jóvenes, con formaciones ligadas a lo digital, al pop, nada que ver conmigo que me siento más bien clásico”.

¿Dónde radica la clave de ese interés? “Mis editores dicen que hay cierta ansiedad por una ‘literatura bien escrita’ frente a una línea dominante que no aspira a estarlo (he escuchado a Aira en esa tesitura, hablando del derecho a escribir mal). Puede ser. Pero me parece que incide también la nostalgia de una épica perdida: la noción de que lo que te pasa significa algo y se puede contar como si fuera fatal, necesario, explicable o no, misterioso, frente a la pura eventualidad que no deja rastros. La épica sí deja rastros”.