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martes, 18 de febrero de 2020

#libros #iglesia #pederastia | El manual del silencio : la historia de pederastia en la Iglesia que nadie quiso escuchar

El manual del silencio : la historia de pederastia en la Iglesia que nadie quiso escuchar / Miguel Hurtado.
Barcelona : Planeta, 2020 [02-18].
480 p.
/ ES / Crónicas / Abadía de Montserrat / Adolescencia / Andreu Soler / Homosexualidad / Iglesia católica / Pederastia / Testimonios / Violencia sexual
📘 Ed. impresa: ISBN 9788408223320 / 19,90 €

[.es] La historia de pederastia en la Iglesia que nadie quiso escuchar. A los dieciséis años, Miguel Hurtado se apuntó al grupo de scouts de Monserrat por recomendación de una amiga de su madre. Miguel, que acababa de empezar a aceptar su homosexualidad y que lidiaba, día a día, con los eslabones oxidados de una familia disfuncional, se apoyó en esos momentos tan delicados en el ‘germà’ Andreu, el monje de sesenta años que había fundado el grupo scout, un hombre querido y respetado por la comunidad. Creyéndose a salvo en Monserrat, Miguel confesó al ‘germà’ su identidad sexual y este, bajo el pretexto de «ayudarle a curarse», abusó sexualmente de él.

Este libro relata la historia real de Hurtado, de su familia y de su camino para sobrevivir como víctima de abusos sexuales en una sociedad en la que la Iglesia católica todavía tiene un poder desmesurado. Y lo que es más importante: nos cuenta cómo, de adulto, Miguel se ha convertido en uno de los activistas más relevantes en la lucha contra los abusos en la Iglesia católica, en alguien que mantiene la esperanza de una sociedad que destierre para siempre ese «manual de silencio» que, desde siempre, ha servido para encubrir a los pederastas.

#hemeroteca #iglesia #pederastia | Miguel Hurtado: "España es una de las mayores potencias exportadoras de curas pederastas del mundo"

Imagen: El Diario / Miguel Hurtado
Miguel Hurtado: "España es una de las mayores potencias exportadoras de curas pederastas del mundo".
La víctima de abusos en Montserrat y activista antipederastia publica ‘El Manual del Silencio’ (Planeta).
Jesús Bastante | El Diario, 2020-02-18
https://www.eldiario.es/sociedad/Miguel-Hurtado-Espana-exportadoras-pederastas_0_996701210.html

"El secretismo es el caldo de cultivo de la pederastia en la Iglesia". La sentencia de Miguel Hurtado es rotunda. Sabe de lo que habla. A los 16 años, este joven sufrió abusos sexuales por parte del Germá Andreu, el fundador de los Scouts de la Abadía de Montserrat.

En 'El Manual del Silencio' (Planeta), Hurtado narra su experiencia, pero también su trabajo como activista para lograr cambiar las leyes para que los abusos no prescriban y para que la Iglesia asuma su responsabilidad en una crisis que, en su opinión, "es la más grave que ha padecido desde la Reforma de Lutero".

¿Es la Iglesia un nido de encubridores?
Hay una cultura que ha permitido que en docenas de países, en los cinco continentes, durante décadas, los sacerdotes pederastas han actuado con total impunidad. Cuando asistía a reuniones de víctimas de todo el mundo, veía que éramos muy distintos, pero contábamos la misma historia. Y decíamos bromeando: 'Parece que los obispos se hubieran leído el mismo manual'. Y después descubrí que estábamos en lo correcto: que el Vaticano había diseñado, implementado y perpetuado un manual del silencio para encubrir este tipo de delitos, y lo había mantenido durante un siglo bajo siete papas.

¿Cuáles son los objetivos de su lucha?
A mí me gusta mucho el modelo que defiende Naciones Unidas. Cuando hay graves violaciones de derechos humanos: violencia sexual en la Iglesia, crímenes del Franquismo, la dictadura de Cuba o de Pinochet... el modelo que se tiene que aplicar es garantizar el acceso de las víctimas a la justicia, la verdad, la reparación y las garantías de no repetición. Ese es el modelo que tengo en mente. Y eso implica reformar los plazos de prescripción, potenciar mecanismos independientes de investigación, establecer mecanismos de compensación y reformar la ley de encubrimiento para que encubrir a pederastas sea delito.

Medidas que no sólo afectan a las víctimas de pederastia en la Iglesia, sino a todas...
Muchas veces nos echan en cara que solamente criticamos a la Iglesia cuando hay abusos en otros ambientes e instituciones, pero quienes nos critican no están haciendo nada para cambiar las leyes. Después de cuatro años, el Gobierno dice que va a hacer una mínima reforma, y las víctimas van a tener 12 años más para denunciar. Esto no se hubiera conseguido sin nuestras denuncias, y beneficia a todas las víctimas: en la familia, en las iglesias, en la escuela, en los clubes deportivos....

¿Por qué se pone tanto el foco en la Iglesia, y no en otras instituciones?
Hay una falta de coherencia moral y una hipocresía, pero también otro elemento importante. Pocas instituciones hay en el mundo que tengan tantas herramientas para proteger a los pederastas como la Iglesia católica, por una sencilla razón: no se han limitado a moverlos de parroquia en parroquia, sino que los han movido de país en país. España es una de las mayores potencias exportadoras de curas pederastas del mundo, hemos mandado a miles de curas pederastas a Latinoamérica, que han hecho verdaderas barbaridades. ¿Qué otra institución puede hacerlo? Yo tengo un empleado pederasta y lo puedo mandar a Chile, a Perú, a Ecuador...

¿Qué está haciendo la Iglesia para atajar esta lacra?
Están haciendo los mínimos cambios posibles para que deje de haber presión mediática, de las víctimas, política.... Y además, la jerarquía reacciona ante estos escándalos negándolos, minimizándolos, hablando de campañas contra la Iglesia, mientras se perpetúa el secreto. Y el secretismo es el caldo de cultivo de la pederastia en la Iglesia. Si no hubieran defendido a capa y espada el secreto pontificio durante décadas, si no hubieran adoptado una postura tan oscurantista, a estos pederastas se los hubiera detectado antes, hubieran entrado en prisión y hubiéramos ahorrado miles de víctimas. Lo más triste es que han adoptado el secretismo para proteger a la Iglesia, y ni han protegido a la Iglesia, ni han protegido a las víctimas.

Se cumple un año de la cumbre antipederastia. ¿Cuál es tu balance?
Es una nueva oportunidad perdida, porque no basta con hacer protocolos, hay que cumplirlos. Y cambiar la cultura. Tiene que haber una cultura de la transparencia, del cumplimiento íntegro de la ley y de la rendición de cuentas. Pero el Papa, a día de hoy, sigue sin haber establecido un mecanismo ágil, que funcione, para que los encubridores pierdan su puesto de trabajo por encubrir.

¿Es el Papa, es el sistema? ¿Quiénes son los culpables?
Puedes buscar diferentes explicaciones. Yo creo que los culpables de que esto no se haya erradicado, y puede sonar un poco duro, es de los católicos.

¿Por qué?
Porque no están pidiendo profundas reformas en su Iglesia. Es que en el nombre de Dios, sus obispos han protegido a depredadores sexuales que han violado a sus niños. Y lo que pasa es que los católicos, en vez de indignarse y exigir reformas profundas, están o bien buscando conspiraciones externas, o bien queriendo creer de nuevo en los cuentos infantiles, de que hay un Papa bueno que dice cosas bonitas, y que a partir de ahora todo puede ir bien.

¿Y hay alguna posibilidad de que todo vaya bien?
Yo creo que el sistema actual es insostenible. Es una cuestión de calendario cuánto va a tardar en desmoronarse. Le han destrozado la vida a tanta gente que esto no puede acabar bien.

domingo, 16 de febrero de 2020

#hemeroteca #iglesia #pederastia | Miguel Hurtado: “Comenzó a pasarse a mi cuarto por las noches”

Imagen: El País / Andreu Soler
“Comenzó a pasarse a mi cuarto por las noches”.
Miguel Hurtado, víctima de abusos, cuenta en primera persona la historia de pederastia en la Iglesia “que nadie quiso escuchar”.
El País, 2020-02-15
https://elpais.com/sociedad/2020/02/15/actualidad/1581795077_830091.html

Concha tenía razón. Me gustó. El monasterio de Montserrat, perdido en medio de la montaña, es un lugar majestuoso e imponente. Sobre todo para mí, que, con dieciséis años, comenzaba a distanciarme de mis padres. El grupo ‘scout’ estaba formado por adolescentes y jóvenes.

(...) Los 'escoltes' llegábamos al monasterio el viernes por la noche o el sábado por la mañana en coche, en autobús, en tren cremallera o en el aéreo de Montserrat. El sábado hacíamos actividades de ocio y formativas, además de preparar y distribuir las tareas para la eucaristía del día siguiente, y el domingo colaborábamos en la celebración de la misa. Después de comer, volvíamos para casa. Se respiraba un ambiente de compañerismo y respeto.

(...) Desde hacía cuatro décadas, el grupo ‘scout’ lo dirigía el monje Andreu Soler, el ‘germà’ Andreu. Había formado ya a varias generaciones de jóvenes y era respetado tanto por los chavales como por sus padres. Aparentemente, era un adulto de confianza. Pero la verdad era otra.

Se ganó mi confianza al servirme de apoyo durante las crisis que estaba viviendo, tanto en mi familia como personalmente. Los problemas con la relación entre mis padres, el conflicto que me generaba asumir mi realidad sexual, el complicado paso por el instituto... (...) Me mostraba a menudo claramente angustiado, así que el ‘germà’ Andreu se acercó a mí.

—Te veo triste, Miguel. ¿Te pasa algo? ¿Tienes algún problema? Sabes que, si necesitas hablar, estoy aquí para escucharte.

Y empezamos a hablar. Al principio, de temas algo más neutros, como mi familia o los estudios, y lo hacíamos siempre en zonas comunes como el comedor, después de cenar. Pero, poco a poco, la relación empezó a cambiar.

Comenzó a pasarse a mi cuarto por las noches y a hablarme de temas sexuales como la masturbación. (...) Hasta que un día cruzó una línea que rompió mi adolescencia, que me quebró por dentro.

—Esto mejor no lo toques demasiado, no es bueno para ti.

Eso dijo mientras metía su mano debajo del pijama y empezaba a manosear mis genitales.

(...) Ese día mi vida dio un vuelco para siempre. Los abusos se prolongaron durante todo un año. Yo tenía solo dieciséis años. Recuerdo la profunda confusión que me embargó. (...) Montserrat era un lugar venerable, tierra sagrada para los catalanes. Estaban abusando de mí a los pies de la Moreneta, la virgen patrona de Cataluña. En teoría era un lugar seguro para niños y adolescentes.

(...) Todo aquel año, eterno, viví en dos realidades paralelas y contradictorias. Mientras los sábados por la noche el ‘germà’ Andreu abusaba de mí, el domingo por la mañana, junto con el resto de mis compañeros, ayudaba en la celebración de la misa. Observaba la devoción de los fieles.

(...) Mis padres me habían repetido en innumerables ocasiones el clásico: “Miguel, ni se te ocurra subirte en el coche de un extraño”. (...) Pero ¿quién me había prevenido de los conocidos, de la gente de mi entorno de confianza: familiares, profesores, sacerdotes, monitores, amigos de la familia? Es el perfil de las personas que cometen la mayor parte de los abusos a menores.

(...) El ‘germà’ Andreu era el típico pederasta con piel de cordero. Como hacen la mayoría de los abusadores, no me había agredido inmediatamente, nada más conocerme. Los abusos fueron la culminación de un largo proceso, planificado y ejecutado a sangre fría durante meses, que tenía como objetivo identificar a víctimas vulnerables y vencer sus resistencias para, acto seguido, explotarlas sexualmente.

(...) Viví paralizado durante muchos meses, sin saber cómo reaccionar, funcionando de forma automática. Continuaba asistiendo al instituto, quedando con mis amigos y yendo a Montserrat una vez al mes. No era capaz de asimilar lo que estaba pasando y negué la realidad, por más obvia que fuera. A fin de cuentas, si no había habido violencia ni me había violado, ¿podía considerarlo un abuso?

Quizás estaba siendo malpensado. El ‘germà’ Andreu se preocupaba por mí, le importaba, me escuchaba. A diferencia de mi padre, a él le podía contar cosas sabiendo que me prestaría atención. ¿Y si realmente solo quería ayudarme? Porque ¿cuál podría ser la explicación alternativa? (...) ¿Que me estaba traicionando? (...) Y si rompía la relación con él, con mi padre sustituto, ¿qué alternativa tenía para encontrar algo de apoyo ante mis problemas?

¿Retomar la relación con mi verdadero padre? Esto último no era una opción. Así que reaccioné como solemos hacer los seres humanos, tanto los menores como los adultos: decidí creerme una mentira reconfortante, engañarme a mí mismo.