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jueves, 30 de enero de 2020

#hemeroteca #documentales | El loco, loco universo de El Palmar de Troya llega a la tele

Imagen: Vanity Fair
El loco, loco universo de El Palmar de Troya llega a la tele.
Antes de que se pusiera de moda tener dos papas, en la España de los 70 y 80 ya convivían el de Roma y el del Palmar de Troya. Ahora, una serie documental repasa la historia de esta peculiar organización religiosa.
Edu Bravo | Vanity Fair, 2020-01-30
https://www.revistavanityfair.es/cultura/entretenimiento/articulos/el-palmar-de-troya-historia-papa-gregorio/43136

El próximo día 6 de febrero a las 22 horas, Movistar+ estrenará ‘Bendita tú eres', el primer episodio de ‘El Palmar de Troya’, serie dirigida por Israel del Santo, que supone una nueva apuesta de la cadena de pago por las producciones de no ficción, después de la buena acogida de ‘ETA, el final del silencio’.

Con periodicidad semanal y a lo largo de cuatro capítulos de cincuenta minutos, los espectadores conocerán la historia de Clemente Domínguez y Manuel Alonso, de sus visiones marianas y del fenómeno religioso, inmobiliario y empresarial que crearon alrededor de ellas. Una aventura que comenzó como congregación religiosa, se convirtió en iglesia, protagonizó un sonado cisma en el catolicismo y acabó mutando en una secta.

Para ello, el equipo de las productoras 93 metros y 100 balas, liderado por el director Israel del Santo y el subdirector Daniel Boluda, han pasado tres años recopilando materiales que hasta el momento nunca había sido vistos ni oídos. Desde entrevistas a testigos presenciales, pasando por fotografías de archivos privados, películas domésticas de Super-8 y grabaciones de los éxtasis de varios de los videntes que afirmaban ver a la virgen, mucho antes de que Manuel y Clemente hicieran aparición en esta historia y la acaparasen en exclusiva.

Las niñas primero
Todo comenzó en 1968, cuando cuatro niñas que jugaban en un campo de El Palmar de Troya –pedanía de Utrera, provincia de Sevilla– afirmaron haber visto un toro con las astas verdes, un hombre ahorcado y una mujer de extraordinaria belleza. La noticia no tardó en extenderse por los alrededores, como tampoco tardaron los curiosos en acudir al lugar con el deseo de tener las mismas visiones que las niñas. Los más afortunados decían entrar en éxtasis, ver a la virgen, hablar con ella y, en ocasiones, sufrir estigmas.

A medida que pasaban los meses, las niñas que tuvieron las primeras visiones fueron desplazadas por esos nuevos videntes adultos, que acudían al lugar a cualquier hora del día o de la noche, acompañados de curiosos, místicos y periodistas, que comenzaron a prestar atención a las apariciones. Entre esos curiosos que llegaron en la tercera hornada se encontraban Clemente Domínguez y Manuel Alonso, dos amigos que, si se atiende al testimonio que Nazario Luque da en su libro de memorias ‘Sevilla y la Casita de las pirañas’, tenían otros intereses además de la religión. A mediados de los sesenta, el dibujante de Anarcoma no podía imaginarse que “aquel culo orondo” de Clemente, “que en los jardines de Murillo, a altas horas de la madrugada, asomaba entre unos pantalones bajados hasta las rodillas y una gabardina recogida por delante cuya abertura trasera se abría como las cortinas de un escenario ofreciéndose al viandante, llegara un día a posarse sobre el almohadón que cubría la silla gestatoria del papa Gregorio XVII”.

Además de los parques de Sevilla, Clemente y Manuel comenzaron a frecuentar el lugar de las apariciones y a grabar los mensajes que la virgen daba a otros videntes. Unos mensajes que, convenientemente transcritos con una máquina de escribir e impresos en octavillas, eran posteriormente comercializados por la pareja, que obtenía interesantes beneficios por la venta. A esos documentos se sumaron más tarde estampitas y otros recuerdos hasta que, un día, Clemente también comenzó a entrar en éxtasis y ver a la virgen.

Un tipo de fiar
Según explican varios testimonios incluidos en 'Bendita tú eres', Clemente rebosaba bonhomía, empatía y resultaba una persona fiable. Además, tenía una memoria prodigiosa para las fechas, los nombres y las situaciones pasadas, lo que le facilitaba su relación con los creyentes que asistían a sus éxtasis y que difícilmente dudaban de la veracidad de sus visiones, entre las que estuvo una que anunciaba curaciones milagrosas a las personas que bebieran o se bañasen un determinado día con el agua de un pozo cercano. La noticia llegó a ser publicada en los periódicos y, el día de la fecha indicada por la virgen a través de Clemente, mas de 40.000 personas fueron pasando por el lugar para probar ese agua milagrosa a cambio únicamente de la voluntad. Al finalizar la jornada, se contabilizaron varias curaciones y muchos miles de pesetas lo que, lejos de alegrar a Manuel y Clemente, les sumió en una gran inquietud.

Los terrenos en los que se venían produciendo las visiones desde 1968 eran privados y, en cualquier momento, el propietario podía poner fin a tan pío y rentable negocio. Por esa razón, Manuel y Clemente decidieron comprarlos. A pesar del alto precio solicitado por el dueño, los dos amigos pudieron hacerse con ellos gracias a la donación de 18 millones de pesetas realizada por una baronesa. A partir de entonces, dueños ellos del lugar, expulsaron del predio a los demás videntes y se quedaron en exclusiva con las visiones.

Como explicaban Israel del Santo y Daniel Boluda en la presentación de la serie, El Palmar de Troya no se entiende sin la coyuntura sociopolítica. Los movimientos de derechos civiles, el antibelicismo surgido por la guerra de Vietnam, el feminismo y otras demandas sociales provocaron que la Iglesia católica abordase una modernización que, entre otras cosas, cambió parte de la liturgia para hacerla menos solemne y más humana. Por ejemplo, oficiar las misas en el idioma del país y no en latín, hacerlo de frente a los fieles en lugar de dándoles la espalda, incorporar canciones populares a la misa y no comulgar directamente de la mano del sacerdote. En definitiva, unos cambios que, si se atiende a los mensajes de la virgen recibidos por Clemente, no convencieron demasiado a la Corte Celestial. Esta situación fue utilizada por la pareja para captar a los fieles más conservadores y retrógrados y dar un paso más allá en su estrategia: si la Iglesia católica estaba traicionando sus principios, no era la iglesia verdadera. Por tanto, se les abría la posibilidad de presentarse ante la sociedad como la única iglesia que defendía las esencias católicas.

De este modo y ayudados por un obispo vietnamita descontento con el trato que le había dispensado el Vaticano, Manuel y Clemente consiguieron ser ordenados sacerdotes católicos. Unos días más tarde, fueron promovidos a obispos, lo que les habilitaba para nombrar sacerdotes ellos mismos. En el plazo de unas semanas, El Palmar de Troya tenía sacerdotes y obispos suficientes como para extender su estructura por todo el mundo. De hecho, aprovechando que habían sido denunciados por la jerarquía religiosa sevillana, Clemente y Manuel se marcharon a Francia y Suiza donde, entre otras cosas, aprovecharon para recaudar fondos para la Congregación de los Carmelitas de la Santa Faz, que es como oficialmente se denominaron dentro de la Iglesia. Sin embargo, mientras regresaban de Francia por carretera, sufrieron un accidente de tráfico, a consecuencia del cual Clemente perdería la visión de los dos ojos.

El 'Wild Wild Country' cañí
En ese punto álgido es donde concluye el primero de los cuatro capítulos de El Palmar de Troya. Los otros tres narran la autoproclamación papal de Clemente, el cisma, el esplendor de la organización, su decadencia, las acusaciones de abusos sexuales y los últimos acontecimientos en los que se ha visto en vuelta la secta. Entre ellos destacan las tribulaciones de Gregorio XVIII, tercer papa palmariano, que se enamoró de una de las monjas de la congregación, se escapó con ella y, cuando se les acabó el dinero para vivir, decidió saltar el muro de la basílica y atracarla. Una acción que desencadenó una reyerta en la que se vieron implicados sacerdotes del Palmar y el antiguo papa, que acabó pasando una temporada en prisión.

De hecho, hasta que no fue liberado, el equipo de 93 metros y 100 balas no pudo entrevistar a Sergio Ginés María, antiguo Gregorio XVIII, que participa en el documental junto a otros adeptos que han abandonado la organización y que son las voces que mejor conocen lo que sucede dentro de la Basílica del Palmar. A pesar de que Israel del Santo y su equipo visitaron el templo, asistieron a algunos de los oficios y se entrevistaron con Pedro III, actual papa, la organización declinó participar en el documental.

Tras el pase del primer capítulo, ‘El Palmar de Troya’ es lo más parecido a un ‘Wild Wild Country’ español. No obstante, las diferencias entre ambas producciones son notables. La primera de ellas, de carácter presupuestario. Como puntualizaba su director Israel del Santo, la complejidad de la historia palmariana y sus cincuenta años de existencia son difícilmente resumibles en cuatro capítulos –dos menos que ‘Wild Wild Country’– que no llegan a los sesenta minutos. Ampliar la duración de la serie hubiera sido una buena solución para, por ejemplo, dar cabida a muchas de las entrevistas que se han quedado fuera del montaje final. En palabras de Daniel Boluda, solo se ha incluido un 1% del material disponible y, aunque esta cifra tal vez sea una exageración, hubo entrevistas que tuvieron que ser eliminadas en su totalidad. La segunda diferencia principal es que, en contra de lo que sucede con ‘Wild Wild Country’, ‘El Palmar de Troya’ no apuesta por el documental puro y duro, sino que opta por incluir dramatizaciones que, a pesar de su buena factura, no enriquecen la historia, al tiempo que restan fuerza (y metraje) a los testimonios personales, mucho más creíbles y potentes que cualquier explicación o apostilla visual.

En todo caso, desde el primer capítulo de ‘El Palmar de Troya’ queda claro que la serie marca un antes y un después a la hora de abordar este tema. Los trabajos posteriores que se hagan sobre el Palmar serán deudores de este proyecto no solo por la calidad de los materiales sino por el tacto al presentarlos y al tratar a los entrevistados. Como explicaba Del Santo, a diferencia de lo que han hecho los medios de comunicación en este medio siglo, el equipo de 93 metros y 100 balas no ha ido al Palmar a rodar todo lo posible en una mañana, sino que ha permanecido en el lugar tiempo suficiente como para que algunas entrevistas se hayan alargado durante días. Unas charlas rodadas con naturalidad y en las que los implicados, independientemente de lo increíble de aquello que cuentan, están tratados con absoluto respeto. En palabras de Daniel Boluda, “mucha de la gente que participa lo ha hecho venciendo la vergüenza que les provocaba que sus vecinos o sus parejas se enteraran de que habían creído en las visiones o habían estado dentro de El Palmar de Troya durante años”. No obstante, recordaba, “si se dan las circunstancias adecuadas, cualquier persona en un momento dado de su vida puede acabar formando parte de una secta de este tipo”. Amén.

domingo, 8 de julio de 2018

#hemeroteca #mariconeo #testimonios | «La palabra ‘maricón’ no me resulta ofensiva»

Imagen: El Correo de Andalucía / Nazario Luque
«La palabra ‘maricón’ no me resulta ofensiva»
El pintor Nazario publica la segunda entrega de sus memorias, ‘Sevilla y la casita de las Pirañas’ en Anagrama.
Alejandro Luque | El Correo de Andalucía, 2018-07-08
https://elcorreoweb.es/cultura/la-palabra-maricon-no-me-resulta-ofensiva-KD4342963

Tras inaugurar sus memorias con 'La vida cotidiana del dibujante underground', Nazario Luque (Castilleja del Campo, Sevilla, 1944) da a la imprenta una segunda entrega, 'Sevilla y la casita de las pirañas' (Anagrama), esta vez evocando sus años juveniles en Sevilla y Morón, sus escapadas a Torremolinos –que empezaba a ser importante centro de peregrinación gay– o a la isla de Ibiza, pero sobre todo el florecimiento de su sexualidad y su formación como artista.

Entre sus hazañas sexuales, está la de haber sido amante ocasional del papa Clemente del Palmar de Troya, aunque le quita importancia. «Eso lo vivimos todos allí en Sevilla, donde lo conocimos por los váteres públicos y privados de los bares, como un homosexual más. Hasta que empezó a salir en la prensa hablando de aquella especie de visiones que tenía, y luego la creación de la Iglesia del Palmar...»

«Todo eso lo seguíamos porque un amigo mío pintor mantenía también relaciones con el que sería el segundo papa después de Clemente, Manuel Alonso Corral, a quien llamábamos El Monjo. Le daban ataques de arrepentimiento por su homosexualidad y se iba a un monasterio de Ávila a apartarse de todo, pero siempre volvía. Este fue un poco el cerebro gris de aquella iglesia, ya que Clemente era un patán. Me río recordando esto porque mi amigo y yo estamos santificados», evoca.

También cuenta sus años en Morón de la Frontera, cuando esta localidad era una de las mecas del flamenco, y en especial el magisterio de Diego de Morón a la guitarra, instrumento que Nazario acabaría abandonando. «Diego era uno de los intérpretes máximos de la guitarra, equivalente a Ravi Shankar en la india o a cualquier gran instrumentista iraní», asevera. «Además, era un creador, no de los que se dedican a repetir lo que hacen otros. Sonaba su guitarra diferente a todos, incluidos sus sobrinos, que tocaban muy bien pero no llegaban al alma».

También conoció a Fernanda y Bernarda, otras grandes artistas de aquel tiempo, y que llevaban su lesbianismo en relativo secreto. «Como ocurría con La Paquera, Fernanda y Bernarda eran superfamosas y llevaban esa conducta semioculta, aunque había voces que decían que mantenían relaciones con Fulanita o Menganita», dice Nazario. «En general no se comentaba nada de eso, todo era en voz baja. No solo en el caso de ellas, sino de cualquier lesbiana. Era algo incomprensible por parte de muchos machos, no se entendía que hubiera relaciones sin penetración por medio. Otro tipo de sexo no existía para ellos», añade.

Sea como fuere, Morón supuso para el joven artista un baño de jondura que acabó haciendo de él un purista, por más que a él no le guste la etiqueta. «Que me guste María Callas y no Elisabeth Schwarzkopf no es purismo, es conocimiento. Si conoces, puedes decir ‘este me gusta más, este menos’. No me considero purista porque me gusten Proust o Celine. Hay montones de obras que son superfamosas y me gustan, y otras no. Que me guste Diego del Gastor, Juan Talega o Borrico, y que Menese, Curro Malena o El Lebrijano no me hicieran gracia, es una forma de ver el arte como otra cualquiera», comenta.

«Yo antes de conocer a Diego y a los flamencos de Morón odiaba el flamenco, porque lo identificaba con Valderrama y Antonio Molina. Me gustaban solo los fandangos, porque soy casi de Huelva, pero no lo consideraba un arte superior. Cuando me meto a fondo, veo que como cantaba Rosalía de Triana o La Piriñaca no ha salido nadie que valga la pena. ¿Dónde está el Bambino de hoy? No hay nadie ni con la garra ni con la calidad de su voz. Y no niego el valor que puedan tener Camarón u otra gente, pero no me compraría un disco suyo. No es mi música».

Pero sobre todo, 'Sevilla y la casita de las pirañas' recuerda su biografía homoerótica sin escatimar pelos y señales. «Eran los años 60, estábamos en plena Ley de Peligrosidad Social. Los maricas descarados acababan en cárceles de Huelva, de Badajoz. Eso genera tanto miedo que no vas por la calle soltando plumas como hoy. Incluso había un argot para que no se enteraran de lo que hablábamos. Había que esconderse en estudios de amigos, de artistas... Y también era de dominio público que en cines como el Coliseo o el Trajano había relaciones entre hombres en el gallinero, en los asientos y en los váteres. También en los jardines», recuerda.

Y los baños públicos: «Un váter es el mejor sitio para ver la mercancía. Es una forma de tomar contacto. En el libro cuento que había muchos que no querían ir a estos sitios. Pero yo nunca lo consideré así, me atraían los meaderos lo mismo que me encantan los mercados, allá donde iba tenía que visitarlos, echar un vistazo».

La doble moral imperaba. «Mira el Rocío, era un mariconeo horroroso, toda aquella gente que se hartaba de follar aprovechando las borracheras. Siempre se hablaba de La Chester, un homosexual que tenía un puesto de tabaco en La Campana, y luego en el Rocío tenía una tienda de campaña en la que había colas de tíos para follar. Y no solo la Chester, cualquier maricón de pueblo se hartaba de follar en el Rocío, se desinhibía».

En sus páginas, usa con naturalidad el término maricón, sin connotaciones negativas. «Si me lo llaman por la calle a gritos en plan agresivo no me gusta, claro, pero en sentido coloquial me resulta más entrañable que gay. Maricona sí es ofensivo, pero me parece un insulto sin connotación sexual, no quiere decir que el insultado sea homosexual, sino una persona no legal o algo así. No tiene nada que ver».