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lunes, 26 de noviembre de 2018

#hemeroteca #inmemoriam | Muere el maestro del cine italiano Bernardo Bertolucci a los 77 años

Imagen: El País / Bernardo Bertolucci
Muere el maestro del cine italiano Bernardo Bertolucci a los 77 años.
El director de 'El último tango en París' y 'Novecento' fallece en Roma.
Daniel Verdú | El País, 2018-11-26
https://elpais.com/cultura/2018/11/26/actualidad/1543221277_980833.html

Bernardo Bertolucci, última frontera de una generación de directores italianos capaces de transformar el cine universal, ha fallecido este lunes a los 77 años en Roma. Autor de monumentos como ‘El último tango en París’, ‘Novecento’ o ‘El último emperador’, que obtuvo nueve Oscar en 1988, entre otros, a la mejor dirección y al mejor guion, llevaba años en una silla de ruedas peleando contra una larga enfermedad. En las últimas dos décadas, tras el estreno de ‘Asediada’ en 1998, apenas lanzó dos películas: ‘Soñadores’ (2003), una particular visión del mayo del 68, y su último filme, ‘Tú y yo’, de 2012, basado en una breve novela de Niccolò Ammaniti.

Nacido en Parma, en 1940, era hijo del poeta Attilio Bertolucci y la profesora Ninetta Giovanardi. Fue amigo de Pier Paolo Pasolini y defensor empedernido del Partido Comunista. En 2007 obtuvo el León de Oro a la carrera de La Mostra de Venecia y, en 2011, la Palma de Oro de Honor del festival de Cannes. A lo largo de su carrera, filmó una quincena de películas, entre producciones colosales y minúsculas, obras experimentales y más tradicionales, y dejó un sello inolvidable de autor en el cine italiano e internacional. Fue también guionista, productor, poeta y "polemista", como recuerdan los medios italianos.

Bertolucci llamó la atención ganando todavía bien joven el Premio Viareggio por el libro de poemas ‘In cerca del mistero’. De ahí, de la tradición literaria y musical, surgió también el gusto por los textos, la dramaturgia y el cine dramático. Pero Bertolucci siempre reconoció la descomunal influencia sobre su cine de Pasolini, a quien conoció porque su padre le había editado su ‘Ragazzi di vita’ y se había mudado al mismo edificio. El cineasta lo explicaba así en una entrevista con James Franco en ‘Il Corriere della Sera’: “Un día, cuando tenía 21 años me lo encontré delante de la puerta y me dijo: ‘Eh, te gustan las películas, ¿verdad? Porque voy a rodar una y quiero que me hagas de asistente en la dirección. Se llamará Accattone’. Le dije que nunca había hecho de asistente, y él me respondió que tampoco había dirigido ninguna película”. De hecho, la primera cinta que firmó, ‘La cosecha estéril’, partió de una historia del propio Pasolini.

Así nació una carrera que le llevó a dirigir una quincena de filmes y que absorbió también el aroma de las innovaciones de la Nouvelle Vague francesa, que descubrió pegado tardes enteras en las butacas de Cinémathèque parisina en los años sesenta. Allí más tarde vio de cerca el mayo del 68 que retrató, para algunos de forma un tanto frívola, en ‘Soñadores’. No hubo estudios ni aprendizaje técnico. Al principio, como vio hacer a Pasolini, renunció a actores profesionales y flirteó con las corrientes experimentales.

Pero el pasaporte de Bertolucci al olimpo del cine lo expidió ‘El último tango en París’, su película más polémica, con denuncias de violación de Maria Schneider a Marlon Brando, que el director de fotografía, Vittorio Storaro, negó después. Estrenado en 1972, el filme se prohibió en España, y no pudo verse hasta el 16 de enero de 1978. En una entrevista en el diario El País de 1985 el cineasta comentó la importancia de la personalidad de Marlon Brando en la película: "Sí, influyó mucho. Brando es un monstruo prehistórico del cine del pasado. En principio no lo iba a interpretar él. Los actores elegidos eran Jean-Louis Trintignan y Dominique Sanda, pero resultó que Trintignan era un tímido y no se atrevía a hacer las escenas de la casa abandonada y Dominique Sanda estaba preñada, así que tuve que renunciar a los dos".

‘Novecento’ es un monumento desde todos los puntos de vista. Una descomunal crónica de las primeras cinco décadas de la Italia del siglo XX, partiendo de la muerte de Giuseppe Verdi, en 1901. Justo el día que nacen los dos amigos que protagonizan el filme y que representarán por tanto tiempo después dos italias que, en cierto modo, todavía se cruzan hoy cada mañana en la calle. La del comunismo y el fascismo; la de la izquierda revolucionaria, y la burguesía democristiana mucho más tarde. La del cierre de los puertos y la que hoy, lamentablemente, ha quedado silenciada.

La gran epopeya (314 minutos), producida por Alberto Grimaldi con estrellas de Hollywood como Robert De Niro o un Donald Sutherland que ponía rostro a un fascismo con algunos tics no tan lejanos, tuvo influencia hasta en los registros de recién nacidos, donde toda una generación de padres de la progresía italiana inscribió a su vástagos con el nombre de Olmo: como el personaje con el que Gerard Depardieu dio vida al combatiente obrero.

‘Novecento’ fue la afirmación definitiva de la transversalidad de Bertolucci, también a un lado y otro del Atlántico. Pero el reconocimiento en Hollywood llegó con ‘El último emperador’ (1987), la trágica y novelesca historia de Pu Yi , el último representante de la dinastía manchú, quizá una de sus obras menos lucidas, pero la única que le ha valido a un director italiano el Oscar por la mejor dirección.


Y TAMBIÉN…
Bernardo Bertolucci: “Con el cine busco la poesía”.

Autor de obras fundamentales como ‘Novecento’ y ‘El último tango en París’, está fascinado por la tecnología y la frescura de los jóvenes.
Pablo Ordaz | El País, 2013-07-01
https://elpais.com/elpais/2013/06/27/eps/1372349249_394288.html 

viernes, 15 de enero de 2016

#hemeroteca #inmemoriam | Franco Citti, el rostro de Pasolini

Imagen: El País / Franco Citti en 'Acatonne'
Franco Citti, el rostro de Pasolini.
El actor que proyectó el cine del director italiano en todo el mundo fallece a los 80 años.
Carlos Gámez | El País, 2016-01-15
http://cultura.elpais.com/cultura/2016/01/15/actualidad/1452863612_853611.html

“No sabíamos que aquel hombre tímido y educado acabaría cambiándonos la vida a mí y a mi hermano Sergio”. Con estas palabras recordaba el actor Franco Citti en su libro autobiográfico, ‘Vita di un ragazzo di vita’ (1992) su encuentro decisivo con Pier Paolo Pasolini, el realizador que haría de él el rostro y símbolo de su cine poético y realista. Franco Citti (Roma, 1935) formaba parte de ese paisaje humano que el creador y escritor había descrito en sus novelas ‘Ragazzi di vita’ (1955) y ‘Una vita violenta’ (1959). Una vida marcada por una adolescencia difícil como tantos otros jóvenes de “borgata”-el suburbio romano- que se transforma cuando él y su hermano Sergio Citti conocen al futuro director recién llegado a Roma para ejercer de maestro. Los hermanos Citti, alumnos de Pasolini, entablan una fuerte amistad con el intelectual de izquierdas descubriéndole la Roma que no aparece en las postales turísticas ni la “Ciudad eterna” de las comedias de Hollywood de la época.

Para su debut como realizador, ‘Accatone’ (1961), una pelicula que contiene muchos aspectos biográficos relacionados con esos ‘Ragazzi di vita’ que los hermanos Citti representan, Pasolini busca el rostro de un actor no profesional para el papel protagonista, la historia de un joven proxeneta romano. A pesar de su inexperiencia su elección recae en Franco Citti. El amateurismo de Citti y su tartamudez hacen que el productor de la película Alfredo Bini opte por doblarlo a pesar las protestas de Pasolini. La fuerza del rostro de Citti acabará imponiéndose al doblaje sellando a partir ahora la imagen del cine del director. Pasolini vuelve a reclamarlo para su segunda pelicula, ‘Mamma Roma’ (1962), otra vez en el papel de un proxeneta, un nuevo canto poético a ese mundo de la periferia romana que representa Citti con una pletórica Anna Magnani que volvía a renacer en la pantalla.

Franco Citti rueda a las órdenes de directores como Valerio Zurlini, Elio Petri, Carlos Lizzani y otros realizadores del cine italiano de los años sesenta y setenta aunque sus interpretaciones más recordadas quedarán ligadas al cine de Pasolini como ‘Edipo rey’, una de sus interpretaciones más celebradas o su participación en la llamada Trilogía de la vida, ‘El Decamerón’, ‘Los cuentos de Canterbury’ y ‘Las Mil y una noche’. Figura al margen de la industria del cine y de las escuelas de interpretación. “Me di cuenta que si trataba de hablar un italiano correcto o intentaba ser o imitar un actor de conservatorio o de escuela teatral, no sería yo, sería una falsificación” había dicho en alguna ocasión sobre su forma de actuar en la pantalla.

Junto a sus colaboraciones con Pasolini, Citti será recordado por el gran público por su participación en las entregas de 'El Padrino II' y 'El Padrino III' como el guardaespaldas de Al Pacino. Por su parte Bernardo Bertolucci le ofrece el papel de un maduro gay en ‘La luna’ tratando de seducir al joven protagonista, una colaboración que el actor detestaba cuando se le preguntaba en las entrevistas. A las ordenes de su hermano Sergio Citti protagoniza ‘Cuentos de Pasolini’ donde vuelve a coincidir con Ninetto Davoli, el otro simbolo del cine de Pasolini y ‘Il ministrone’, que los vuelve a reunir. A raíz de la muerte de Pasolini, los hermanos Citti le rinden homenaje con la pelicula ‘Cassoto’ rodada en la playa de Ostia, el lugar de la tragedia. También participa en el documental ‘Pier Paolo Pasolini e la ragione di un sogno’ realizado por la actriz y amiga del director asesinado, Laura Betti. El propio Citti será el autor del corto ‘Vergogna’ que denuncia el abandono del paisaje donde había sido asesinado Pasolini transformado en un vertedero de basura.

Los últimos años de su vida Franco Citti, alejado del cine y con problemas de salud y económicos, los vive retirado en la localidad marítima de Fiumicino. La noticia de su muerte el pasado 14 de enero la comunicaba su amigo Ninetto Davoli. “Con Franco he compartido muchas cosas gracias a nuestra relación Pasolini. Creo que con Franco se muere aquel mundo que Pasolini buscó y que ahora poco a poco se cierra”.

domingo, 12 de diciembre de 2004

#hemeroteca #cine #mayodel68 | Del cine como una enfermedad transmisible: ‘Los soñadores’, de Bernardo Bertolucci

Imagen: Tiempo de Cine / Fotograma de 'Los soñadores', de Bernardo Bertolucci
Del cine como una enfermedad transmisible: ‘Los soñadores’, de Bernardo Bertolucci.
Juan Carlos González A. | Revista Universidad de Antioquia, 278 (2004-10/12) 133-136.
Recogido por: Tiempo de Cine, 2004-12-12
http://www.tiempodecine.co/web/del-cine-como-enfermedad-transmisible-los-sonadores-de-bernardo-bertolucci/

A diferencia del resto de su filmografía, para los créditos iniciales de ‘Besos robados’ (‘Baisers volés’, 1968) François Truffaut introdujo una dedicatoria y una referencia visual que se relacionan directamente con los hechos que se vivían en París durante el rodaje de su filme. La dedicatoria, escrita de su puño y letra, se ofrece a Henri Langlois, fundador y director de la Cinemateca francesa, mientras la referencia visual es al portón de la misma entidad en el palacio de Chaillot, donde se lee en un aviso que se encuentra cerrada hasta futuras noticias.

En esa misma época y a ese mismo portón parece estar encadenada Isabelle, una de las protagonistas de ‘Los soñadores’ (‘The Dreamers’, 2003), del maestro italiano Bernardo Bertolucci. Ella, su hermano mellizo Theo y un joven norteamericano que conocen allí, Matthew, hacen parte del enorme grupo de cinéfilos que en febrero de 1968 se agolpó alrededor de la cinemateca para protestar por la destitución de Langlois, desencadenada por una lucha de poderes en la que estaban involucrados Pierre Moinot, presidente de la cinemateca, André Holleaux, cabeza del Centro Nacional de la Cinematografía y el propio ministro de cultura, André Malraux.

Truffaut interrumpió el rodaje de ‘Besos robados’ para participar activamente en las protestas, que llegaron a un punto culminante el 14 de febrero, cuando la policía se enfrentó a los cerca de tres mil manifestantes agrupados alrededor del palacio de Chaillot. Mayo del 68 se había anticipado unos meses para la comunidad del cine, que, por medio de presiones, cartas de solidaridad de directores y de actores alrededor del mundo, y las virulentas denuncias del grupo de ‘Cahiers du Cinéma’ en otros medios periodísticos, logró que se restituyera a Langlois en su cargo a finales de abril. El inicio de las protestas y huelgas sindicales en mayo coincidió con la apertura del Festival de Cannes, obligado a cancelarse en solidaridad con el movimiento gestado en París.

Bertolucci ha querido capturar esa época en su filme con una combinación de elementos: ser joven, ser cinéfilo, estar en París y vivir en 1968. Pero ‘Los soñadores’ no es una película histórica. El asunto Langlois subyace sólo como telón de fondo, como motivo que da inicio a la relación entre Isa (Eva Green, en su debut en el cine), Theo (Louis Garrel, precisamente el hijo del director Philippe Garrel) y Matthew (Michael Pitt), que es el verdadero tema del filme. El director hace, sin duda, un homenaje a la época y a la intoxicación de cine en la que muchos vivían. Como si de un alucinógeno se tratara, las imágenes de la gran pantalla los excitan, los hacen volar, los transportan. Isa afirma que nació en 1959 y que sus primeras palabras fueron “New York Herald Tribune”, las mismas que Jean Seberg vocifera en los Campos Elíseos en ‘Sin aliento’ (‘A bout de souffle’, 1960) de Godard. Le creemos. Muchas mujeres nacieron a la vida con esa imagen libérrima y misteriosa de la Seberg, que proponía para ellas un nuevo modelo de vida.

Un modelo. Eso era el cine para ellos, que en su cinefilia no veían otra representación válida. Buscaban transgredir lo establecido por la realidad dominada por sus mayores, querían ser como los actores y estrellas que admiraban, recrear las escenas de sus películas favoritas, discutir de cine, pensar en el cine, comer cine, emborracharse de celuloide. No eran personas, eran personajes de un filme interpretando un rol. Víctimas del contagio de una enfermedad transmisible por contacto ocular, los tres no tienen remedio. Bertolucci se solaza en mostrarnos ese frenesí en que deambulan, intercalando al trío protagonista con clips de las películas que evocan, en un bello montaje donde alcanzamos a vislumbrar que tanto tenían tatuado el cine en la piel. Son gente rara, freaks como el filme homónimo de Tod Browning que se cita en la película.

Los tres corren por el Louvre tratando de romper el récord establecido por el trío de ‘Bande à part’ (1964), pelean por la preeminencia entre Chaplin y Keaton en el reinado de la comedia muda o se trenzan en adivinanzas imposibles que involucran a ‘Top Hat’ (1935), ‘Queen Christina’ (1933), ‘Blonde Venus’ (1932) y ‘Scarface’ (1932). Más que vivir, imitan, representan, sueñan. Lo decía Eric Rohmer recordando su época como escritor de cine: “No vivíamos. La vida era la pantalla, eran las películas, era discutirlas y escribir sobre ellas”.

Pero toda filia tiene su lado perverso y Bertolucci lo sabe. Desde su nombre, ‘Los soñadores’ es una obra escapista y por eso los personajes deciden huir de la realidad en que viven y entregarse a unos juegos privados y perversos a los que el cine acaso los ha llevado, o a los que -por lo menos- ha convocado. Con la cinemateca cerrada parecen haber perdido el cable que los ha unido al mundo y se encierran en sí mismos, dentro del enorme apartamento que los padres de Isa y Theo dejan al cuidado de estos. Bertolucci suelta las amarras y el lastre, y el globo en el que los tres viajan empieza a elevarse hasta el infinito. Como mencionábamos, el episodio de las protestas alrededor de la cinemateca era sólo una disculpa (pero no por eso menos lograda; incluso Bertolucci consiguió que los actores Jean Pierre Léaud y Jean Pierre Kalfon recrearan la activa figuración que tuvieron en esos días). El director quiere mirar de cerca sus personajes, estudiarlos, saber hasta dónde son capaces de llegar en ese juego sexual perverso en el que van descendiendo en una espiral peligrosa.

Muchos han criticado a Bertolucci por haber perdido la oportunidad de mostrarnos su versión de lo ocurrido en esa primavera del 68, pero igual ocurrió con Truffaut: ‘Besos robados’ no es una obra políticamente comprometida. Antoine, su protagonista, es enamoradizo e indeciso y trabaja como portero de un hotel y luego como detective. Nada de declaraciones políticas, nada de toma de conciencia, ni de manifiestos filosóficos. El cine refleja el mundo de su director, no necesariamente el mundo real. Bertolucci no desea hacer una crónica sobre Langlois, quiere hacerla sobre tres personas que vivían allí y que compartían un nexo tan especial como complejo.

Como en ‘El último tango en París’ (1972), el aislamiento de los personajes es el detonante que los lleva a explorarse, en un juego perverso que conduce a Isa y a Theo hasta los límites del incesto, iniciando a Matthew en un obligado despertar sexual que al principio lo embriaga, pero que después rechaza, cuando las cosas van tomando rumbos menos diáfanos. Sin embargo -a diferencia del filme con Marlon Brando y María Schneider- la actitud del director hacia la conducta de los personajes de ‘Los soñadores’ es muy compasiva, por completo idealizada, sin juzgarlos o criticarlos. Y esa misma actitud es la de su mirada: la cámara de Fabio Cianchetti, con su paleta sensual, embellece sus actos a un grado en el que hay más una complacencia estética que un acercamiento fiel a lo real, despojando a las imágenes de todo lo que indique qué tan bajo van cayendo en su degradación personal. Lo que en realidad ocurre sólo lo vemos cuando los padres de los mellizos vuelven a casa y los encuentran a los tres dormidos, entrelazados en medio del caos en que han convertido al apartamento y que sólo ahora parecemos percibir, despertados todos del ensueño hipnótico en que estábamos.

A eso nos condujo Bertolucci: a imaginar que todo era posible, que las utopías eran viables y que la revolución estaba cruzando la calle. Que sexo, política y cine eran una combinación precisa. Cuando en realidad andábamos desnudos y no lo sabíamos: “Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales”, nos recuerda el texto bíblico. El director nos despierta del sueño juvenil que teníamos. Ahora somos adultos, ahora las calles están llenas de manifestantes. Nos unimos a ellos sabiendo que ya nada volverá a ser igual, que lo que soñábamos terminó. La película llegó a su fin. El proyector se apagó, alguien prendió las luces del teatro. Es hora de irnos: la vida nos aguarda.