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jueves, 4 de abril de 2024

#hemeroteca #psiquiatria | Mercedes Navío: «Temo más a los cuerdos que a los locos»

Ethic / Mercedes Navío //

«Temo más a los cuerdos que a los locos»

Elena Herrero-Beaumont | Ethic, 2024-04-04

https://ethic.es/2024/04/entrevista-mercedes-navio/

Mercedes Navío es una reconocida psiquiatra, que hoy dirige los hospitales de la Comunidad de Madrid y coordina la Oficina Regional de Salud Mental. Estudió medicina en Granada, donde se doctoró en Psiquiatría y Neurociencia. Pero ha sido en Madrid donde ha desarrollado su carrera profesional, como jefa de sección de Psiquiatría del 12 de Octubre, entre otros cargos. Ha realizado estancias de investigación en el extranjero para profundizar en fenómenos como la creciente ansiedad, la depresión y el suicidio. Tiene una marcada vocación por la filosofía y la literatura, que impregnan su discurso. Su último libro ‘Felices los normales. Memorias de una psiquiatra’, es una memoria ficcionada y un diálogo entre su historia como terapeuta y la de aquellas personas recreadas que la han marcado. Un libro que pretende, desde la humildad de su autora, revelar una posible respuesta a la eterna pregunta: qué hace que una vida merezca ser vivida.

P. Cuéntanos y descríbenos qué es para ti un normal feliz.

El libro es una invitación desde una ironía tierna y cervantina a reivindicar lo antitético de la felicidad y la normalidad. Es un intento de que el ideal de felicidad imperante hoy, que de alguna forma puede llegar a ser tiránico, no sea el que describen las historias que trato de entrelazar. Yo creo más en la invocación de la especificidad y la singularidad de cada persona, y en el sentido que eso confiere al ser humano, más que en la aspiración inhumana de una felicidad como estado permanente y absoluto de bienestar.

P. Escribes en uno de los capítulos que a veces la muerte social es peor que la física, que no encuentras tu lugar en el mundo, que no hay sitio para ti, que no cabes. Esta experiencia de sentirse al margen, de no ser como los demás, la transmites de una forma u otra a lo largo de todo el libro. ¿No crees, como psiquiatra, que es una experiencia común?

Creo que es una experiencia consustancial a la condición humana, sobre todo en algunas etapas de la vida, en aquellas en las que estamos conformando y construyendo nuestra identidad, en la adolescencia y juventud. Aunque el grado de experimentación en determinados márgenes es especialmente doloroso. Con esto no quiero hacer un planteamiento victimista, porque la gran seducción de los relatos victimistas es una forma de permanecer en una situación de alienación, y de no poder construir un proyecto propio. Creo que el trabajo existencial de la mayoría de nosotros, y particularmente de aquellas personas que han tenido experiencias más cercanas a lo traumático, es la de transitar desde ese lugar en el que perdemos la palabra, que es el lugar de víctima, hasta el lugar de superviviente, que es aquel en el que nos apropiamos del proyecto propio y en el que llegamos a poder construir con los demás un proyecto existencial con sentido.

P. «Estar en los márgenes exige no bajar la guardia, estar siempre vigilante», dices. ¿Has aprendido a vivir en los márgenes y a la vez ser feliz?

Yo creo que vivir o haber vivido en los márgenes te da una hondura en el conocimiento del ser humano y de uno mismo que permite construir un sentido más profundo. Los márgenes, esos lugares híbridos, esos lugares de mestizaje, esos lugares en donde tomas especial conciencia de que no eres un alma bella en el sentido Hegeliano, que habitan en ti claroscuros, que en definitiva también está en ti la fragilidad, es paradójicamente fuente de fortaleza. Desde mi entender creyente (me considero una persona creyente) creo que ha sido un regalo de humildad en un sentido bueno, en un sentido noble, no en el sentido de la falsa modestia. Me ha hecho de alguna forma poder sentir más la bondad, esa que no te coloca en una situación de superioridad moral con respecto a los demás, esa que te permite poder sentir compasión auténtica por el sufrimiento de los demás y por el tuyo propio.

P. Vivimos en momentos donde las políticas de la identidad han ganado un protagonismo frente a la responsabilidad personal, la autonomía, la libertad en clave liberal. Desde la perspectiva de la salud mental, ¿cómo dirías que esta obsesión por la identidad de las víctimas está afectando al bienestar de las nuevas generaciones?

Vivimos un momento en el que nadie quiere ser una víctima, pero todos quieren haberlo sido por el prestigio social que esta identidad ha adquirido. Yo creo que es muy dañino por cuanto es epidérmico, impostado, es algo que no se arraiga profundamente en quién eres y en el sentido de tu propio propósito. En los ejercicios de memoria victimista nos olvidamos de una frase de Saramago: «Somos memoria, sin memoria no seríamos, pero sin responsabilidad no merecemos ser». Yo soy una defensora de la tradición clásica liberal, que nos hace autónomos, pero también nos hace profundamente responsables de nuestra propia existencia. No existe libertad sin responsabilidad, y la gran trampa que han dado estas identidades epidérmicas es una trampa muy seductora pero completamente vacía. Esto a las nuevas generaciones les está haciendo especialmente daño. Hay muchos sucedáneos, muchos falsos profetas que son como una especie de gran hermano en el que te miras permanentemente, porque las redes sociales han traído una mirada tiránica, una mirada que te obliga a la aspiración de un ideal falso y completamente tirano, de perfección, de belleza... esa mirada del otro, de la que somos tan dependientes, sobre todo en las etapas en que nos estamos conformando, está haciendo mucho daño. No soy pesimista en absoluto, creo que cada generación tiene sus amenazas, sus retos y también sus fortalezas. Y estoy convencida de que también esta generación encontrará de manera personal sus proyectos.

P. En el capítulo «El mundo de ayer» expresas tu resistencia a pertenecer a colectivos y subrayas de alguna forma no explícita tu carácter liberal, que te acerca a todos, pero sin pertenecer a ninguno. Sin embargo, ahí siempre se trasluce un dolor, ¿es ese sufrimiento del que tanto queremos huir consustancial a esa libertad?

El dolor existencial es un dolor consustancial a una vida que tiene límites. Negar el dolor es lo que genera más sufrimiento. Cuando yo digo que no pertenezco a ningún colectivo y que en ese sentido reivindico la visión liberal del mundo, me siento identificada con la tradición liberal de la Tercera España de Unamuno o Marañón, por poner solo dos ejemplos de nuestra herencia específica. Somos seres humanos que necesitamos de los demás. No me considero una persona perteneciente a la religión del individualismo, tampoco me siento en el lugar en el que terminas siendo rehén de aquellos que dicen haberte salvado. Soy ‘arendtiana’ y, como Hannah Arendt, el único amor en el que creo es el amor a las personas o la amistad entre las personas. Mi planteamiento no es individualista y tampoco es colectivista. Es un planteamiento que reconoce la dignidad del ser humano y la necesidad de vincularse significativamente con el resto de personas porque ninguno de nosotros es autosuficiente. Ninguno de nosotros somos un falso dios, si vale la expresión o la metáfora.

P. John Stuart Mill, hablando de liberales, confesó que su gran asignatura pendiente era poder relacionarse mejor con sus emociones. Cuando hablamos de bienestar o de felicidad, ¿qué camino te parece a ti más efectivo para alcanzar una mayor felicidad, para alcanzar un mayor bienestar? ¿El de la filosofía y el pensamiento, la psicología, o la espiritualidad y el silencio?


En mi camino personal no he renunciado a ninguna forma de exploración, y he bebido de lecturas filosóficas, y también psicológicas y psiquiátricas que en absoluto son mutuamente excluyentes. El legado de Aristóteles y la sabiduría de la prudencia en la articulación de lo racional y lo emocional es un camino transitable, que recoge la riqueza del ser humano en su dimensión más racional, en su dimensión emocional y también espiritual. Este sentido de la trascendencia, que en mi caso es confesional, es una fuente de sentido que a mí me ha salvado. Adela Cortina hablaba de la razón cordial, yo creo que es una evolución muy sugerente de transitar desde el racionalismo kantiano a la incorporación de la emoción. No me resigno a tener que elegir entre razón y emoción. Me quedo con un maridaje de ambas que te dé norte pero que no renuncie a la dimensión sensible de la vida y a esa fuente también de riqueza.

P. Ahí es donde veo un movimiento que se ha impuesto, desde la psicología y desde la autoayuda, que ahonda mucho más en la cuestión emocional que en el pensamiento y la racionalidad, y que también tiene sus peligros...

Yo ahí tengo una visión pragmática. Lo que pueda ser útil, bienvenido sea, pero se queda corto porque no desciende a la fundamentación, a la base, a la raíz, a la complejidad del ser humano. Se queda en lo epidérmico y de alguna forma se convierte demasiadas veces en un bien de consumo. Los seres humanos no podemos ser reducidos a ser objeto de consumo. Por eso es importante descender a las bases de fundamentación de arraigo más profundas, no descartando lo que puede aportar en un momento dado una autoayuda, pero sabiendo que lo que estás abordando es un síntoma y que muchas veces lo que nos estamos jugando es algo mucho más profundo. En este sentido, cuando escribía el libro, recuerdo decir, «este no es un libro de autoayuda».

P. «Siempre me han dado más miedo los cuerdos que los locos», dices, y citas la teoría de la banalidad del mal de Hannah Arendt, donde el mal brota no de la locura, sino de la falta de pensamiento. ¿Puedes elaborar un poco más la idea de que el mal y la enfermedad mental tienen existencias independientes?


Cuando digo que temo más a los cuerdos que a los locos, lo que estoy diciendo es que allí donde hay certezas absolutas, allí donde hay visiones unidimensionales del ser humano y del mundo, allí donde podemos encontrarnos maximalismos, sectarios o fanáticos, allí muchas veces lo que hay no es cordura. Es una expresión sociológica de una locura colectiva. Cosa diferente es el concepto de enfermedad mental, y está basado en datos y hechos que las personas con problemas de salud mental, la mayoría de las veces, lejos de ser victimarios, son víctimas.

P. La dialéctica, la contradicción, la duda son otros temazos del libro que están muy presentes. ¿Cómo mantenemos esa duda permanente, Mercedes, sin caer en el actual relativismo moral que lo permea todo?

Antes existían valores de referencia que llegaban a ser, de alguna forma, de un imperativo, incluso de un represivo, que no dejaban brotar la singularidad del ser humano. En ese ejercicio de deconstrucción moral hemos abandonado el justo medio, y hemos llegado a un relativismo moral que desnorta, porque si todo vale no hay nada en donde apoyarse. Hay una nostalgia de esas grandes referencias, y soy la primera en reivindicar lo valioso de las herencias que hemos recibido para poder hacerlas nuestras y entregar el testigo a las nuevas generaciones. Pero hay que ser especialmente prudente con esa nostalgia, porque detrás de épocas de relativismo moral se prepara el retorno de nuevos fundamentalismos que históricamente han demostrado ser semilla de barbarie y de deshumanización.

P. Tenías 20 años cuando en 1989 Mecano lanzó la famosa canción ‘Mujer contra Mujer’, y tenías 21 cuando la OMS excluyó la homosexualidad de su listado de enfermedades mentales. En esa época el 50% de la población española no aceptaba la homosexualidad, ¿nos estamos yendo ahora al otro extremo?

La discriminación del ser humano en función de una condición no elegida ha vivido afortunadamente una evolución en la que se han ido pudiendo reparar injusticias. Dicho esto, los agravios que se han sufrido, que han generado mucho dolor en muchas personas, no deberían ser la excusa para articular algo que pudiera parecerse a la venganza y el resentimiento. Igual que la represión es muy dañina porque deshumaniza, los planteamientos epidérmicos pueden ser fuentes de confusión, y sobre todo en determinadas edades en las que estás construyendo tu propio proyecto existencial. Es responsabilidad de todos que nadie sienta que no cabe o no pertenece. Pero también es responsabilidad de todos que nadie pueda confundirse en esa etapa y pueda asumir de alguna forma ideales que no son propios y que a la vuelta del tiempo puedan ser vividos también como dolorosos y dañinos. La represión daña, ha dañado y seguirá dañando, pero a veces se puede hacer daño por omisión, que supone guardar silencio en ese momento de transición a la edad adulta donde hay confusión.

P. Has hablado de condición no elegida. ¿Uno elige o no su sexualidad?

La homosexualidad no se elige, al menos en mi experiencia no la he elegido. Pude elegir, y no sin dificultad, la posibilidad de dejarme ser quien era, de poder adueñarme de quién era. Y ese camino no fue sencillo, pero afortunadamente fue. Probablemente aquí hay un planteamiento de diferencia generacional que de alguna forma se me pueda escapar. Pero las elecciones autónomas y responsables requieren un nivel de autoconciencia y de proceso de maduración que sí puede ser universal. Me parece difícil que pueda haber un planteamiento impuesto que logre efectivamente que una persona sea quien no es. Los planteamientos represivos hicieron daño, pero no lograron convertir a una persona en lo que no era ni podía ser. Estoy pensando ahora en Álvaro Pombo, cuando hablaba de su propia experiencia y de un orgullo incluso teológico, decía él, en una dimensión creyente de cristiano sin Iglesia.

P. Quería terminar esta entrevista preguntándote si puedes compartir con nosotros tus tres pensadores o pensadoras de referencia.

Hannah Arendt, y si nos vamos al pensamiento más español, Ortega, Zubiri… Y pensando en pensadores relativamente recientes, María Zambrano.

lunes, 9 de abril de 2018

#hemeroteca #bibliotecas #historia | Los archivos de Hannah Arendt se abren al público

Imagen: La Tercera / Hannah Arendt
Los archivos de Hannah Arendt se abren al público.
La Biblioteca del Congreso de EEUU digitalizó 25 mil ítemes documentales fechados entre 1898 y 1977. Ensayos, borradores de libros, conferencias y cartas permiten reperfilar a la autora de ‘Los orígenes del totalitarismo’.
Pablo Marín | La Tercera, 2018-04-09
http://www.latercera.com/cultura/noticia/los-archivos-hannah-arendt-se-abren-al-publico/127175/

Una manera de saber si las reflexiones de alguien han calado en las sociedades, se lea poco o mucho a ese alguien, pasa por la recurrencia con la cual volvemos a ellas. Aunque sea como enunciados con cara de lugar común. Tal es el caso de Hannah Arendt (Hannover, 1906 – Nueva York, 1975).

Sea por el uso o el abuso de la expresión con que definió la dimensión rutinaria del sistema nazi de exterminio (“la banalidad del mal”); por la película de Margarethe von Trotta que la muestra como testigo del juicio a Adolf Eichmann en Israel (Hannah Arendt, 2012), o por el alza inopinada en las ventas estadounidenses de ‘Los orígenes del totalitarismo’ (1951) tras la elección de Donald Trump, suele haber razones para que el presente nos traiga de vuelta a esta intelectual pública y polémica. Y en esta línea, 2018 marca un hito.

Quien quiera, por ejemplo, darle vuelta hoy al manido ítem de la “posverdad”, cuenta desde hace poco con material inédito con el cual apertrecharse, gentileza de una Hannah Arendt que llega casi a asomar como visionaria. Desde fines de febrero hay disponible en la Biblioteca del Congreso de EE.UU. un texto mecanografiado, con correcciones de puño y letra de la autora. Se trata de una conferencia de título decidor: ‘El rol de la mentira en la política’.

El documento no tiene fecha, pero queda claro que se ha escrito poco después de que se hicieran públicos los Archivos del Pentágono, en 1971. Igualmente, lleva el título que lleva, pero a lápiz se consignan otros posibles (‘¿Cómo pudieron?’, ‘Qué falló en EE.UU.’). Aclara su autora, al inicio, que escogió su tema mucho antes de que se destaparan los Pentagon Papers y que este es tan viejo como la política. “La mentira no se coló accidentalmente en la política a causa de la maldad humana”, expone Arendt, “y la indignación moral no la hará desaparecer”. Por entonces no se hablaba de posverdad, sino de “brecha de credibilidad”, que ella considera un eufemismo que no da cuenta de lo vulnerables que son los hechos frente al engaño sistemático.

Puesto al frente del ensayo que escribió a este respecto para ‘The New York Review of Books’ (‘Lying in Politics: Reflections on The Pentagon Papers’, de noviembre de 1971), las similitudes son varias. Pero el texto es distinto y ahora está a disposición del público junto a otros 25 mil ítemes documentales (parte de ellos disponibles en línea), donde hay otras conferencias, además de ensayos, correspondencia personal y profesional, borradores de libros, contratos editoriales, notas de clase y un vastísimo etcétera. Material de sobra para reperfilar al personaje y para repensar una era.

Antes de nacer, después de morir
“Entrar al mundo de Hannah Arendt supone enfrentar las catástrofes políticas y morales del siglo XX”, plantea a modo de presentación Jerome Kohn, director del Hannah Arendt Center de la New School University, entidad neoyorquina en cuyas salas de lectura los investigadores pueden acceder al material recién liberado (los otros son la mencionada Biblioteca del Congreso en Washington, y el Hannah Arendt-Zentrum en la U. de Oldemburgo, Alemania). Y agrega que la digitalización y la puesta a disposición del público es un acto político y filantrópico, que preserva un legado al tiempo que lo hace accesible para un público mucho mayor del que había sido previamente posible.

Entre los archivos, que van de 1898 a 1977, hay anteriores a su nacimiento y posteriores a su muerte, aunque el grueso del material arranca en 1948, tres años antes de que se convirtiera en ciudadana estadounidense (y siete años después de huir de un campo de detención en Francia con rumbo a España, luego a Portugal y finalmente a Nueva York, manejando entonces poco o nada el idioma inglés). La colección documental está dividida en nueve secciones: Archivos familiares, Correspondencia, Archivo Adolf Eichmann (asociado a su libro más polémico, ‘Eichmann en Jerusalén’), Archivo de temas, Archivo de discursos y escritos, Recortes y tres secciones de complementos o añadidos.

Lo relativo a la primera parte de su vida incluye unos pocos escritos y libretas de notas, registros oficiales sobre la historia familiar y sobre el divorcio de su primer marido, así como las cartas con su segundo esposo, Heinrich Blücher. Y en lo que sigue, lo más enjundioso, hay de todo un poco: tesistas en busca de orientación, programas académicos, ensayos sobre algunos de sus temas predilectos (totalitarismo, pluralismo, revolución) y correspondencia con poetas como W. H. Auden y Robert Lowell, miembros de la Escuela de Frankfurt como Theodor Adorno y Walter Benjamin, historiadores como Joachim Fest y Carl J. Friedrich, y escritores como Dwight Macdonald y Philip Roth. Las misivas que pueden consultarse en línea de este último, datadas entre 1973 y 1975, son elocuentes respecto de su admiración por Arendt, a quien felicita por una edición de escritos del mencionado Benjamin y envía ejemplares de una colección de autores de Europa Oriental de la que se ha hecho cargo.

Con el paso de los años, Arendt amplió sus campos de interés a ítemes como la “búsqueda de la felicidad”, consagrada en la Declaración de Independencia del país que la acogió por más de 30 años y que figura en uno de sus escritos de 1960, hoy digitalizado: ‘Action and the pursuit of happiness’ (“¿No es acaso un axioma entre nosotros que el fin último del Gobierno, y la primera ley de toda acción política, sea la promoción de la felicidad de la sociedad?”). Otro tanto, y he acá un tema que la ocupó largamente, es la reconsideración de Karl Marx y del marxismo, cuestiones donde a su juicio campearon la porfía ideológica y una cierta pereza intelectual consistente en no ir a las fuentes originales.

Así, en ‘Karl Marx and the tradition of political thought’ (1953), inscribe al autor de ‘El Capital’ en una línea occidental de pensamiento y lo libera del cargo de inventor de la lucha de clases, aunque también lo lee de cara a la instalación de los totalitarismos nazi y comunista: por de pronto, escribe, “el hecho es que hay una conexión más directa entre Marx y la dominación bolchevique -y sus movimientos totalitarios en países no totalitarios- que entre el nazismo y cualquiera de sus así llamados predecesores”.

martes, 7 de febrero de 2017

#hemeroteca #filosofia #liteartura | La narración que somos

Imagen: El País / Hannah Arendt
La narración que somos.
Un libro analiza la importancia de la literatura en la obra filosófica de Hannah Arendt.
Manuel Cruz | El País, 2017-02-07
http://cultura.elpais.com/cultura/2017/02/06/babelia/1486396167_470171.html

Los colaboradores convocados en este libro por Nuria Sánchez Madrid para reflexionar sobre uno de los registros fundamentales de la obra de Hannah Arendt, su relación con la literatura, lo hacen visitando a los autores más relevantes con los que en algún momento de su obra dialogó, implícita o explícitamente, nuestra pensadora: de Homero a Isak Dinesen, pasando por Lessing, Kafka, Proust, Brecht y Hermann Broch (sin olvidar a Auden, al que la compiladora dedica atinadas consideraciones en su introducción). Del encuentro con dichos autores extraen aquellos el destilado correspondiente, pero, más allá de la dimensión que cada colaborador pueda destacar, el denominador común, el hilo conductor de los diferentes textos, es el reconocimiento de la enorme importancia atribuida por nuestra autora a las narraciones literarias, hasta el punto de que podría llegar a afirmarse que ahí reside una de las más fértiles claves de lectura de la totalidad de la obra de Arendt.

Calificamos de enorme la importancia de lo narrativo porque va más allá de la mera constatación de su relevancia gnoseológica, asunto sobre el cual las manifestaciones arendtianas son de una inequívoca rotundidad (“ninguna filosofía, análisis o aforismo, por profundo que sea, puede compararse en intensidad y riqueza de significado a una historia bien narrada”), para adentrarse en el terreno en cierto modo más básico, constituyente, de la definición del ser humano en cuanto tal (así, al comienzo de su trabajo sobre Rahel Varnhagen, destaca Arendt la significativa afirmación: “¿Qué es el hombre sin su historia? Un producto de la naturaleza, nada personal”). Pero tampoco esta última dimensión consigue agotar la formidable potencia de las narraciones, que, finalmente, deben ser consideradas también a la luz de la relación que son capaces de establecer con la vida de los hombres y, más en particular, con su sufrimiento (“todos los sufrimientos se hacen soportables si se ponen en una historia o se cuenta una historia sobre ellos”, escribe en ‘La condición humana’, haciendo suya una frase de Isak Dinesen).

martes, 6 de diciembre de 2016

#libros #filosofia #literatura | Hannah Arendt y la literatura

Hannah Arendt y la literatura / Nuria Sánchez Madrid (ed.).
Barcelona : Bellaterra, 2016 [12-06].
200 p.
ISBN 9788472907836 / 13 €

/ ES / ENS / REC
/ Filosofía / Literatura / Literatura – Historia y crítica

Siempre en las caceras de la reflexión de Hannah Arendt, la literatura ocupa un papel destacado para esta pensadora sobresaliente del atribulado siglo xx. No en vano, Arendt considera a la escritura el artefacto más libre de todas las obras mundanas, por cuanto una vez materializada continúa inspirando a los agentes y revelando sentidos insospechados bajo lo que parecía bien conocido. La poesía, el teatro y el relato reconcilian de manera natural la libertad de la acción con los límites de la narración y hacen de la palabra una insondable fuente de sentido. Este volumen se propone obrar como juego de ganzúas frente a los diálogos que Arendt mantuvo a lo largo de su vida con la literatura de Homero, Lessing, Kafka, Proust, Broch, Brecht y Dinesen —y la memoria del mundo que dibujan—, sobre los que se escucha el bajo continuo emitido por Kipling, Faulkner y Auden, quizás los autores que motivarán los más profundos pensamientos arendtianos sobre la condición humana, el tiempo, la acción y la verdad.