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jueves, 15 de noviembre de 2018

#hemeroteca #trabajosexual #feminismo | Silvia Federici: “El sexo para las mujeres ha sido siempre un trabajo”

Imagen: Google Imágenes / Silvia Federici
Silvia Federici · Activista, historiadora e investigadora feminista: “El sexo para las mujeres ha sido siempre un trabajo”.
Nuria Alabao | ctxt, 2018-11-15
https://ctxt.es/es/20181114/Politica/22841/silvia-federici-el-sexo-ha-sido-un-trabajo-para-las-mujeres.htm

En sus charlas en España o Argentina llega a reunir a miles de mujeres que siguen a esta veterana historiadora y activista, hoy una verdadera referencia del feminismo autónomo. En su último libro publicado este año, 'El patriarcado del salario', Silvia Federici dialoga o más bien actualiza el marxismo a partir de los análisis feministas de la reproducción social. Tema que ya trabajó en la que es probablemente su obra más conocida: 'Calibán y la bruja: mujeres, cuerpo y acumulación originaria' (2004), donde hace una aproximación histórica al despegue del capitalismo poniendo el foco en el trabajo no remunerado de las mujeres.

Durante los años 70, Federici fue una de las principales animadoras del movimiento que reclamaba un salario para el trabajo doméstico como herramienta de lucha y emancipación de las mujeres. Precisamente, su próximo libro es una recopilación de textos sobre esta cuestión que la editorial Traficantes de Sueños sacará a principios del año que viene. Federici dice que vendrá a presentarlo en marzo porque tiene ganas de participar en la manifestación feminista española que ya se ha convertido en una referencia mundial del movimiento de mujeres.

Federici es una de las firmantes del manifiesto “Nunca sin nosotras” que pide la retirada de la denuncia contra el sindicato de trabajadoras sexuales OTRAS. Hablamos con ella por videoconferencia para saber sus razones para firmar y para que comente cómo sus investigaciones pueden alumbrar el tema de la prostitución.

P. En España estamos asistiendo a fuertes polémicas relacionadas con un sindicato de trabajadoras sexuales que el Gobierno quiere ilegalizar y al que han demandado algunas organizaciones feministas. ¿Qué piensa de este debate?

R. Creo que una postura así por parte del Estado y de los grupos feministas que son abolicionistas es muy hipócrita. Claro, yo también soy abolicionista: quiero abolir el capitalismo; quiero abolir el trabajo asalariado; quiero abolir la explotación. También quiero abolir el que las mujeres tengamos que vender nuestro cuerpo y nuestro cerebro para poder sobrevivir. Muchas veces vender tu cerebro es peor que vender tu cuerpo. Entonces, ¿qué abolicionismo queremos? No podemos decir: este tipo de explotación es aceptable y esta no. Eso implica establecer jerarquías entre las mujeres en relación a qué tipo de explotación están sometidas o soportan. Es verdaderamente una forma de moralización que no tiene en cuenta que esas mujeres igual no tiene otra alternativa mejor.

Es una cuestión política fundamental reconocer que la prostitución –sobre todo para la mujer– tiene que ver con una condición estructural, con algo que está enraizado en la posición económica y social de las mujeres desde hace mucho tiempo. Desde el principio del capitalismo las mujeres siempre han tenido que venderse, no solo en el mercado laboral, sino también en el mercado del matrimonio. El matrimonio con la cobertura del amor ha sido un mercado que implicaba la posibilidad de supervivencia económica. Entonces, prostituirse de una manera o de otra ha sido –y sigue siendo– el destino de las mujeres. Pensar que las mujeres únicamente venden su cuerpo en la calle o en un burdel es una ilusión, es una mentira. Las mujeres se venden de muchas formas y usan su cuerpo porque muchas veces no hay alternativa. Por ejemplo, en los Estados Unidos las mujeres que trabajan como camareras no tienen un salario regular sino que dependen de la propina. Cuando se acercan al final de mes, tienen que resultar atractivas y ser amables para buscar propinas más altas. Muchísimas veces en los lugares de trabajo asalariado la mujer ha necesitado utilizar su cuerpo para mantener su salario, para conseguir mejorías o para no ser despedida, porque a veces no puedes decir que no a tu jefe por miedo. Hay que ver esta cuestión como estructural de las mujeres sin recursos que desde hace mucho tiempo han necesitado usar sus cuerpos de muchas formas para sustentarse.

P. Otros argumentos de las abolicionistas giran en torno a los efectos simbólicos de normalizar la prostitución y dicen que legitimar la prostitución es legitimar a los proxenetas y a la industria del sexo.

R. Pensar que solo la prostitución está conectada con la violencia es también una forma muy ciega de ver las cosas. Violencia no es solo violencia física. Cuando tienes que trabajar quince horas seguidas y no puedes ni ir al baño o no puedes descansar hasta que completas tu trabajo; cuando trabajas en un lugar donde se fumigan pesticidas o en una zona tóxica –en la electrónica por ejemplo– eso es violencia. Si hablamos de luchar contra la violencia hay que luchar contra todas las violencias, no vamos a elegir diferencias que son verdaderamente ficticias, porque se muere y se sufre de muchas maneras.

Es importante para el movimiento feminista destacar que la violencia no es una cosa uniforme, que la violencia se escribe de formas distintas pero que tiene un elemento común. No nos corresponde a nosotras establecer jerarquías, decir quiénes son las mujeres buenas o las malas o las forma de explotación que podemos aceptar y las que no. Si desde un lugar donde tienes varias opciones le dices a otra mujer: “No debes hacer esto”, estás hablando desde una posición de privilegio. Claro que a ninguna mujer le gusta venderse de esta manera, pero no es la única forma de venderse. ¿Qué vamos a decir de las mujeres que trabajan en los ejércitos o en las cárceles? ¿Es mejor dedicarse a eso? ¿Y las que nos golpean en las manifestaciones cuando protestamos? Entonces, mi filosofía y política feminista es que debemos luchar para expandir las posibilidades de sustentarse de las mujeres, para reducir o abolir la necesidad de venderse, no solamente de vender nuestros cuerpos, sino también de vender nuestros brazos, vender nuestras mentes o nuestros corazones. Pero si a una mujer le permite mayores posibilidades vender su cuerpo que trabajar en una máquina veinte horas al día, yo no voy a ser la que le diga que no puede hacerlo.

También soy contraria a la glorificación del trabajo sexual, ni glorificar ni degradar. Es una forma de trabajo y la lucha está en que podamos organizarnos en todos los trabajos y organizarnos también para que tengamos posibilidades de escapar de todos ellos y no tener que estar obligadas a vendernos de ninguna manera.

P. También se dice que no se puede separar trabajo sexual voluntario y la trata de mujeres con fines de explotación sexual.


R. No hay que negar que la trata existe pero no se puede pensar que todo es trata y que todas las mujeres que se dedican al trabajo sexual son víctimas. Hay miles y miles de mujeres que dicen que están angustiadas porque algunas feministas las degradan así o porque intentan ir contra sus clientes. Pero existe toda una evidencia empírica que demuestra que miles de mujeres ejercen voluntariamente.

P. ¿Qué hacemos con la prostitución en el debate de la legalización?

R. Para mí hay dos caminos diferentes: el camino de la legalización y el de la descriminalización. En el primer caso significa que el Estado pone toda una serie de reglas. En el otro, que el Estado no se entromete, que simplemente es un trabajo que no se considera un crimen. Muchos movimientos de trabajadoras sexuales luchan por la descriminalización y yo estoy con ellas.

P. ¿Cree que las luchas para el reconocimiento del trabajo doméstico de las que ha formado parte en los años 70 y todas las discusiones sobre la consideración de lo que es o no trabajo pueden iluminar algo el debate sobre el trabajo sexual?

R. Este discurso tiene que ver con la discusión sobre la división sexual del trabajo en la sociedad capitalista. La tarea histórica de las mujeres ha sido la de reproducir la fuerza de trabajo –parir y criar a los futuros trabajadores–. Ahí está contenido el significado que ha tenido el sexo para las mujeres: ha sido siempre un trabajo. Esto se puede verificar porque desde el principio del capitalismo la sexualidad de la mujer ha sido regulada por el Estado en todas sus formas con penalizaciones muy fuertes que podían implicar incluso la muerte. Por eso decimos que para las mujeres la sexualidad nunca ha sido un placer, siempre ha sido una obligación. Por ejemplo en el matrimonio era una tarea al mismo nivel que limpiar, cocinar o cuidar de los niños. Si estabas cansada por la noche o no querías no podías decir que no, porque se presumía que cuando te casas, el hombre tiene derecho a tu cuerpo en cualquier momento. Muchísimas mujeres han intentado defenderse. La famosa frigidez de las mujeres debe ser vista como una forma de lucha, una forma de absentismo, una forma de decir “No”, de no participación en una situación en la cual prácticamente nunca puedes controlar las condiciones de tu actividad sexual, que siempre se mostraba muy reglamentada, muy penalizada y muy canalizada de formas que complacían a los hombres pero que no estaban destinadas al placer de las mujeres.

Es importante comprender que cuando se habla de trabajo sexual hay un continuo entre el sexo doméstico de la familia y el sexo que se vende en la calle. En el caso de la familia, la mujer también estaba con un hombre porque él le garantizaba la seguridad económica y eso implicaba –y todavía hoy en según que lugares– la condición de deber copular con él cuando él quería.

Muchas trabajadoras sexuales han dicho que el movimiento de liberación de las mujeres de los años 70 que ha examinado mucho esta condición del trabajo doméstico ha dado poder a las prostitutas para movilizarse y para visibilizarse y poder decir: “somos trabajadoras”. Antes eran siempre las mujeres invisibles detrás de la puerta de los burdeles o en la calle de noche. Eran las mujeres de las cuales no se podía hablar. El movimiento feminista les ha dado la posibilidad de hablar y de decir: “Estamos aquí. Somos trabajadoras, no nos llaméis prostitutas porque tiene connotación degradante, llamadnos trabajadoras del sexo”... El coraje venía del impulso del movimiento feminista que había empezado a contestar la sexualidad que la mujer vive en el capitalismo.

P. No se puede hablar de prostitución sin hablar del régimen de fronteras. Muchas de las que se dedican son inmigrantes, y una buena parte no tiene papeles, es decir casi ningún derecho, están obligadas a la clandestinidad total. ¿Cómo están vinculadas estas dos cuestiones, la de la vulnerabilidad de las mujeres migrantes sin derechos y la prostitución?

R. Está muy claro que cuando se ataca a las trabajadoras del sexo sobre todo se ataca a las mujeres que se han dedicado a la prostitución porque tenían menos opciones económicas. En muchos casos porque han decidido que podían ganar más sueldo con el trabajo sexual que en otros trabajos. Este es el caso por ejemplo de muchas mujeres que habían migrado para trabajar como empleadas domésticas o en el trabajo de cuidados y después se han dado cuenta de dos cosas. La primera, que no ganaban casi nada, sobre todo si no tenían papeles legales, pero incluso teniéndolos los salarios son muy bajos. En segundo lugar, que como trabajadoras domésticas o de cuidados en una casa eran vulnerables a muchísimos abusos sexuales que no podían denunciar porque no tenían papeles o porque se podían quedar sin trabajo. Estos trabajos no están libres de violencia. Entonces algunas piensan que es mejor prostituirse porque puedes ganar un poco más, conociendo los riesgos también, claro.

Pero hoy las prostitutas no son solo víctimas, se organizan también. Hoy hay un movimiento, no estamos en el año cero del trabajo sexual, hay un movimiento de mujeres que se organizan, que se movilizan a nivel internacional en Australia, en Bolivia, en India. Por ejemplo cuando se juntan y buscan un lugar donde trabajar y así se pueden proteger si algún cliente intenta abusar de ellas. Lo sé porque he estudiado un poco la situación de las trabajadoras del sexo en Italia, en gran parte de origen africano. Ellas también se organizan pero están sujetas a muchísimos chantajes, es un trabajo de riesgo. Las mujeres que se enfrentan a las formas más violentas de trabajo sexual son las mujeres negras africanas extranjeras de extracción proletaria.

También he visto que estas mujeres rechazaban considerarse mujeres malas o degradadas. Decían: “Bueno, es un trabajo terrible pero mi hermana puede ir a la escuela, pero mi papá y mi mamá ahora tienen una casita; esto les ha permitido no tener que vender la tierra…”. Y se sentían orgullosas porque habían contribuido al bienestar de su familia. Lo que pasa es que ahora en muchas metrópolis las trabajadoras sexuales migrantes son las que ocupan todavía los escalones más bajos, las que trabajan en la calle y las que se arriesgan más.

P. Usted también ha trabajado estas cuestiones en 'Calibán y la bruja', ¿cuál es la relación entre la prostitución y la acumulación originaria que se basó en la expropiación de los bienes comunes?

R. La transición al capitalismo nos da una imagen muy clara de la situación de las mujeres en la sociedad. Por un lado la prostitución se expande. La historia nos dice que había prostitutas en todas las esquinas de muchas ciudades en el siglo XVI y XVII, mujeres jóvenes desplazadas de su tierra y separadas de los bienes comunes. Hay un proceso de masificación de la prostitución. Y por otro lado, el Estado introduce la penalización. Incluso en muchos países europeos llegará a haber pena de muerte cuando antes del surgimiento del capitalismo la prostitución era legal. O sea, se convierte en trabajo ilegal y al mismo tiempo se expande porque es uno de los pocos recursos que la mujer tiene para sobrevivir. Esto da cuenta de toda la hipocresía del Estado. Nace mano a mano con el trabajo doméstico no pagado, con la desvalorización de la reproducción de la vida y de la fuerza de trabajo.

La inquisición por su parte empieza a introducir también torturas: como una en la que ponían a una prostituta atada a una silla y la sumergían en agua para asfixiarla o le cortaban la nariz y las acusaban de inmoralidad sexual, de ser prostitutas. Esta es una de las acusaciones más frecuentes en los juicios contra las brujas –a pesar de que muchas veces eran viejas–. Entonces, la prostituta es la imagen de la mujer que copula con el demonio por dinero. Esa imagen ha sido fundamental en la demonología. La prostituta han sido fundamental en la construcción de la imagen de la bruja: la mujer que pide dinero por sus servicios sexuales, la mujer que pide dinero por la reproducción es la más mala, es la sirvienta del demonio. Esto es muy eficaz para disciplinar a todas las mujeres. Si eres mujer no tienes acceso al trabajo asalariado que es masculino, pero te queda el matrimonio donde el sexo no se puede cobrar pero forma parte del pacto así como el resto de tareas domésticas.

P. Estamos en medio de una oleada internacional feminista, ¿cómo deben ser tratados estos temas? ¿Qué tiene que hacer el movimiento social con el movimiento de prostitutas?

R. El movimiento de las trabajadoras sexuales empieza de forma fuerte en Europa en 1975, después de que algunas de ellas ocuparan una Iglesia en Lyon –Francia–, para denunciar la matanza de prostitutas que era la consecuencia de una nueva ley que ponía límites al ejercicio de la prostitución en hoteles. Muchas fueron asesinadas por trabajar en calles periféricas y desprotegidas. El movimiento feminista no se esperaba algo así. A la Iglesia llegaron muchísimas mujeres y prácticamente en dos meses se creó un movimiento a nivel europeo –en Francia, en Italia– dónde estábamos todas, también las feministas. Estaría bien investigar cómo se ha producido después esa división en el feminismo sobre esta cuestión que yo creo que fue a partir de 1980.

P. ¿Por qué durante esa década?

R. Puede ser porque comienza el discurso de la trata. Está claro que en muchos casos es verdad. Lo sabemos porque en algunos países muchas veces son niñas las que son prostituidas y esto es muy importante verlo. No hay que ignorarlo, hay que luchar contra ello. Muchas veces son las madres que las vendan. En Filipinas o en varios lugares de la India puedes ver que se venden a niños y niñas en mercados donde los compradores de carne humana contactan con los parientes.

¿Y por qué las venden? Las venden porque están endeudados por culpa de las políticas del Fondo Monetario Internacional, de la Unión Europea o del Banco Mundial. Los ajustes estructurales han endeudado a un montón de gente. La política extractivista expulsa a la gente de las tierras de cultivo que se endeudan y venden a sus hijos para tener un poco de dinero. Esta es la situación. Es muy importante, no se debe negar que hay toda una historia de violencia, como existe también en el trabajo asalariado, por ejemplo, en el trabajo de las trabajadoras domésticas.

P. Aquí las discusiones dentro incluso del movimiento son muy virulentas. ¿Por qué cree que es un tema que divide de forma tan brutal al feminismo?

R. Creo que muchas feministas deben reflexionar sobre las consecuencias de su conducta porque profundizan divisiones que han sido muy útiles al capital y al Estado para romper la lucha de las mujeres. Siempre nos han dividido: la buena y la mala o la madre y la prostituta. Cuando te sales de la norma una de las primeras cosas que hacen para disciplinarnos es decir: “te estás comportando como una puta”.

Basta de divisiones. Primero, yo creo que es un peligro para el movimiento. Lo vemos con la prostitución y también en la cuestión de los y las trans. Hay que preguntarse a quién vamos a beneficiar. Segundo, el movimiento feminista debe comprender que no se puede cambiar el mundo solo cambiando nuestras identidades, se deben cambiar las condiciones materiales de nuestra vida. Entonces, ¿quieres abolir la prostitución? Bueno, pues luchemos para que todas tengamos recursos materiales, luchemos para apropiarnos de la tierra y para reapropiarnos de los servicios para que las mujeres no tengan que venderse. Luchemos, no solamente por el aborto, sino contra la esterilización, contra los intentos de los Estados de prohibir a las mujeres ser madres. El aborto es solo una parte del control sobre nuestros cuerpos, debemos luchar también contra todas las medidas que nos impiden decidir si queremos o no ser madres.

viernes, 22 de septiembre de 2017

#hemeroteca #mujeres #movilidad | Pamplona quiere que las mujeres se empoderen enseñándoles a montar en bicicleta

Imagen: ABC
Pamplona quiere que las mujeres se empoderen enseñándoles a montar en bicicleta.
La concejal de igualdad, Laura Berro, considera que la bicicleta «nos emancipa y nos da autonomía».
Pablo Ojer | ABC, 2017-09-22
http://www.abc.es/sociedad/abci-pamplona-quiere-mujeres-empoderen-ensenandoles-montar-bicicleta-201709220911_noticia.html

A la concejal de Igualdad y LGTBI del Ayuntamiento de Pamplona, Laura Berro (Aranzadi-Pamplona en Común), se le ha ocurrido una nueva manera de empoderar a las mujeres: enseñarles a andar en bicicleta. Para ello, dentro del Mes de la Movilidad, el Consistorio pamplonés ha organizado para los próximos días dos cursos de ciclismo exclusivo para féminas bajo el título “Empoderamiento sobre ruedas”. Los cursos están “destinados tanto mujeres que no saben montar en bici o que no lo hacen habitualmente como a aquellas que sí que la utilizan como medio de transporte pero solo por la acera”, según el Ayuntamiento de Pamplona.

El primer curso es de iniciación y el segundo es de habilidad. Cada uno de los cursos se impartirá en cuatro días durante el próximo mes, una hora cada día. Eso sí, las mujeres tendrán que acudir con su propia bicicleta y, se recomienda, con su propio casco, ya que “lo recomendable es que aprendan en sus propias bicis”, reza el cartel de los cursos.

La concejal Laura Berro animó a que las pamplonesas se inscriban en el curso porque “la bici es un medio de transporte muy importante para las mujeres. Nos emancipa y nos da autonomía”, decía un mensaje que subió a una red social.

Según los datos del Servicio de Movilidad del Ayuntamiento de Pamplona, los hombres ganan por mayoría a la hora de desplazarse por la ciudad en bicicleta. El 64% de los ciclistas son hombres mientras que tan sólo el 36% de quienes se mueven en este medio de transporte son mujeres.

Además, tanto los cursos como el Mes de la Movilidad coincide con una reorganización de la circulación en Pamplona que el Ayuntamiento ha iniciado este verano. A partir de ahora se dará prioridad a la movilidad por la ciudad en bicicleta o en transporte público con carriles específicos para esta forma de desplazamiento. Para ello se han reducido notablemente los carriles de las carreteras destinados a los coches y a partir de octubre se impedirá el acceso al centro de la ciudad en vehículo de motor privado. “Se trata de desincentivar el uso del coche particular”, aseguró el concejal de Movilidad, Armando Cuenca. Para comienzos de año, este plan se extenderá del centro de Pamplona a otros barrios más exteriores.

sábado, 11 de marzo de 2017

#hemeroteca #mujeres | Una mujer desafía al machismo en Irak sobre una bicicleta

Imagen: El Diario / Marina Jaber en su bici roja
Una mujer desafía al machismo en Irak sobre una bicicleta.
Marina Jaber, conocida como 'la chica de la bici', ha inspirado a otras jóvenes a moverse en bicicleta en Irak, donde está mal visto que las mujeres la utilicen. La idea, que surgió como parte de un proyecto artístico, la enfrentó a su padre y hermanos y recibió multitud de ataques y mensajes de apoyo en las redes sociales. "La gente me dice que ahora Bagdad se ve mucho mejor, que les hago sentir en los setenta, cuando era habitual que las mujeres montaran en bici".
Maribel Hernández | El Diario, 2017-03-11
http://www.eldiario.es/desalambre/Irak-feminismo-bicicleta-mujeres_0_620488357.html

Las chicas no montan en bici. En Irak no hay ninguna ley que lo prohíba pero es así. Todo el mundo lo sabe. También Marina Jaber, la joven artista de 25 años que ha roto esa norma. La historia comenzó hace un año como un proyecto para una instalación en un festival de arte en el que trató de responderse a la pregunta: "¿Y qué pasa si lo hago?".

La respuesta fue descubrir que la bicicleta podía convertirse en un símbolo de libertad y emancipación, una herramienta para enfrentar a la sociedad con sus propias tradiciones y reclamar los derechos de las mujeres.

Marina Jaber siempre quiso tener una bicicleta roja, cuenta a El Diario desde su casa en Bagdad. Y hubo un momento en su vida en el que estuvo cerca de cumplir su sueño. Su primo tenía una, que solían compartir. Cuando, a consecuencia de la guerra, en 2004, parte de su familia se marchó del país, él le regaló la bicicleta pero su abuelo nunca se la dio. La vendió. Las chicas no montan en bici.

Marina tenía unos once años, como Wadja, la protagonista de 'La bicicleta verde', la película en la que Haifa Al Mansour retrató el peso de los prejuicios sobre este tema en la vecina Arabia Saudí.

Hace un año y medio pedaleó por fin sobre una bicicleta roja. Fue en Londres. "La familia de mi prometido vive en Reino Unido y fuimos a visitarles. Él sugirió que alquiláramos unas bicis. Eran todas rojas, parecían regalos de Navidad, muy bonitas", recuerda.

—Pero yo no sé montar en bici –dudó.

—Me dijiste que solías hacerlo de pequeña.

—Sí, pero lo he olvidado.

—Hay ciertas cosas que nunca se olvidan, prueba.

Aquella experiencia la turbó, fue contradictoria. "Por un lado me sentí feliz, muy orgullosa de mí misma conduciendo una bicicleta pero al mismo tiempo no me gustó ese sentimiento. Era solo una bici, debería sentirme así con cosas importantes, no eso, y me preguntaba por qué no podía hacer lo mismo en mi país, por qué no está permitido. ¿Realmente es algo que no se acepta o es que simplemente hemos dejado de hacer estas cosas?", se preguntaba.

"Sentí miedo, como si estuviera haciendo algo malo"
Jaber se graduó en Biotecnología y ha trabajado como nutricionista pero desde hace un tiempo se dedica a las artes. Fue en un seminario impartido por el artista alemán Fabian Knecht donde surgió la idea de recorrer las calles de Bagdad en bicicleta. Ese sería su proyecto, una instalación de fotografías y vídeo para mostrar el impacto social de la acción que se expuso en abril del año pasado en el Festival de Arte Independiente Tarkib.

El proyecto se pergeñó a escondidas de su familia. "Ni mi padre ni mis hermanos hubieran estado de acuerdo, tuve que mentirles. Ellos pensaban que yo me iba a trabajar y en realidad había dejado el trabajo para montar en bici", cuenta.

Al principio recorrió las calles del centro, como Abu Nuwas, y de ahí fue hasta barrios más populares y conservadores donde la experiencia no fue tan positiva. Comentarios desagradables, miradas, empujones… "Sentí miedo, como si estuviera haciendo algo malo y empecé a cuestionarme qué estaba haciendo. Me decía a mí misma que no era necesario. El corazón me latía con fuerza", recuerda.

Entonces se topó con un soldado que estaba cerrando la calle con unas vallas. Ahí reconoce que estuvo a punto de darse la vuelta, instalada en esa idea de que estaba haciendo algo malo, pero el hombre cogió la valla y le abrió el paso. "¡Sí! Eso es', me dije. 'Tengo que forzarme en esta sociedad, cómo voy a querer que las chicas se rebelen por sus derechos si yo no me atrevo a ir en bici". Aprendió la lección.

"Tuve esa idea de cambio, que puedes hacer cosas nuevas, que una persona puede hacer cualquier cosa aunque esta no sea común. La gente tiene que acostumbrarse", como el tendero que la miraba fijamente con gesto de desaprobación, una fotografía que se hizo viral en internet. "Después de un rato dejó de mirarme y siguió con su trabajo, yo toqué el timbre y ya no volvió a mirarme más".

"Mis hermanos dejaron de hablarme"
Su familia no visitó esa primera exposición pero en octubre hubo una segunda muestra ampliada, con más fotografías en otros lugares. Algunas se compartieron en Instagram bajo el hashtag en árabe #Iamsociety. "Al día siguiente mis fotos estaban en todo internet". El impacto en las redes sociales fue masivo. Marina recibió cientos de mensajes de apoyo pero también numerosas agresiones. "Mis hermanos se enteraron y dejaron de hablarme. Piensan que es como insultarles, como si los estuviera poniendo en riesgo".

Lo que más le sorprende es la diferencia entre el mundo virtual y la vida real. "En las redes sociales todo es tan diferente. La gente real, en la calle, no tiene ningún problema pero en las redes hay tanta gente mezquina. Incluso amigos que se burlan de mí, que comparten fotos diciendo lo estúpida que soy. Eso me entristece, gente que no dice nada a la cara pero lo hacen en internet", lamenta.

En la balanza han pesado más los apoyos. Otras chicas se han animado a usar la bicicleta, mucha gente le ha escrito expresándole su deseo de unirse a ella y, desde entonces, se organizan periódicamente paseos en bici por las calles de la ciudad. "La gente me dice que ahora Bagdad se ve mucho mejor, que les hago sentir en los setenta, cuando era habitual que las mujeres montaran en bici".

"Bien hecho por comenzar una revolución", le comentaban hace unos días en uno de sus perfiles en las redes sociales. Marina Jaber comparte ahí su día a día con la bicicleta, que se ha convertido en su medio de transporte. El pasado domingo, por ejemplo, subió una fotografía de su bicicleta, a la que ha bautizado como "the iron horse" (el caballo de hierro), en un aparcabicis que había instalado el dueño de una cafetería el día después de que ella le comentara que tenía problemas para dejar la bicicleta allí. Pequeños cambios cotidianos.

"Con la guerra estábamos ocupados en lo grande"
Esta experiencia ha hecho que la joven artista se plantee por qué "hay tantas cosas con las que las mujeres están de acuerdo", por qué no es común ver a una chica haciendo deporte en público, corriendo por la calle, en las gradas de los estadios… "Pero esto no lo he hecho solo por las mujeres sino por todo lo que hemos dejado de hacer", y admite que la guerra ha sido una de las principales razones.

"Con la guerra estábamos ocupados en lo grande, sobrevivir, tratar de mantenernos a salvo, con explosiones, con gente muriendo frente a nosotros, eso nos hizo olvidar las pequeñas cosas. Habrá quien piense que es estúpido, que no es relevante, pero son las pequeñas cosas lo que verdaderamente importa. En otros países es normal y por eso no se aprecia. Aquí en Irak sí lo apreciamos porque no es tan fácil", destaca.

A Marina Jaber la llaman "la chica de la bici". La popularidad también le ha abierto los ojos sobre otros problemas a los que se enfrentan las mujeres. "Empecé a recibir muchos mensajes de chicas diciéndome lo fuerte que era, y me contaban sus vidas, cómo habían sido maltratadas por sus padres, hermanos, maridos, diciéndome que necesitaban una solución, que no sabían qué hacer".

A una de ellas la acogió en su propia casa, donde vive con su marido. "Me he dado cuenta de que tengo que hacer algo más grande. Estoy pensando en crear un refugio para mujeres maltratadas. En Bagdad necesitamos refugios seguros. Las mujeres en esta situación no pueden huir. Sé que me tomará tiempo pero voy a trabajar en ello, tengo que ofrecerles un lugar seguro", promete con la misma certeza con la que hace un año se dijo: "Tengo que montar en bici".

jueves, 2 de marzo de 2017

#hemeroteca #mujeres #historia | «Mujer que sabe latín…»

Imagen: Campusa / María Ascensión Martínez Martín
«Mujer que sabe latín…».
Una muestra recoge el camino recorrido hacia la emancipación femenina desde el siglo XIX.
Campusa, UPV/EHU, 2017-03-02
http://www.ehu.eus/es/web/guest/preview-campusa/-/asset_publisher/1O7v/content/n_20170303-expo-emancipacion-femenina

"Mujer que sabe latín, ni encuentra marido ni tiene buen fin". Este dicho, fruto de una forma de pensar de antaño (…o no tanto), abre la exposición sobre ‘El largo camino hacia la emancipación femenina' que se puede ver en el edificio de Magisterio del Campus de Álava. Una visión, desde una perspectiva histórica y didáctica, sobre las bases que han hecho posible ese camino: Educación, derechos políticos y trabajo.

La Facultad de Educación y Deporte, en su sección de Magisterio, acoge una exposición que lleva por título ‘El largo camino hacia la emancipación femenina'. Situada en el pasillo de la primera planta del edificio, la muestra recoge una parte de la historia de las mujeres en Donostia, la que va desde finales del siglo XIX hasta la actualidad, en ámbitos como la educación, el trabajo y los derechos políticos. Su objetivo, visibilizar y dar a conocer la historia de las mujeres, sus aportaciones y, como indica el título de la misma, mostrar unas pinceladas "del largo camino hacia la emancipación femenina".

La exposición se podrá visitar hasta el 30 de junio, pero para el 7 de marzo, a las 12.30, se ha organizado una visita guiada a cargo de la responsable de la misma, la historiadora y documentalista María Ascensión Martínez Martín. Doctora en Historia por la UNED, es autora de diversas monografías y artículos sobre la historia de las mujeres y las políticas sociales. Ha sido también columnista en el periódico El Mundo y colabora en el Fórum Feminista María de Maeztu y en el Foro Mujeres y Ciudad del Ayuntamiento de Donostia/San Sebastián. El diseño de la exposición es obra de la artista guipuzcoana Concetta Probanza.

A principios de siglo XX el analfabetismo femenino era abrumador. El derecho a la educación reglada fue un objetivo a alcanzar, abrirse paso en el mercado laboral requería un nivel adecuado de estudios: educación primaria, media y superior (hasta 1910, las mujeres no pudieron acceder a la Universidad en igualdad con los hombres). Por otra parte, los derechos políticos son los que permiten reclamar la igualdad, por eso la lucha por el sufragio femenino fue tan importante. Así, el derecho a la educación, al trabajo y al sufragio se convirtieron en los carriles de ese "largo camino". "A veces tenemos la impresión de que el tiempo presente en el que vivimos es lo único que importa, lo cual es cierto, pero siempre que no olvidemos lo que nos ha precedido. Y en lo que respecta a las mujeres, es fundamental saber lo que costó a nuestras antepasadas alcanzar lo que tenemos ahora en los países de nuestro entorno. Por eso hablamos de "camino" y nos servimos de fotografía, como fuente histórica, y de textos explicativos", comenta María Ascensión Martínez sobre la exposición.

Sufragistas y feministas
Las grandes protagonistas en esos logros fueron las sufragistas y las feministas, pero aquí no hubo un movimiento sufragista similar al de los Estados Unidos e Inglaterra. Solamente algunas mujeres como Emilia Pardo Bazán, María de Maeztu o Benita Asas defendieron posturas feministas y sufragistas frente a la oposición de los hombres. "Sí que hubo, y me temo que todavía la hay, oposición de los hombres en este proceso. Virginia Woolf expresó muy bien la ira que producía ese hecho: ante "la afirmación del profesor sobre la inferioridad mental, moral y física de las mujeres. Mi corazón había dado un brinco. Mis mejillas habían ardido. Me había ruborizado de cólera". Por eso afirmaba que: "La historia de la oposición de los hombres a la emancipación de las mujeres es más interesante quizá que el relato de la emancipación misma" (‘Una habitación propia'). Pero eso no significa que no haya habido hombres que apoyaran las reivindicaciones femeninas a lo largo de la historia", explica la responsable de la exposición.

El triunfo de Franco cortó de raíz los avances que se habían producido durante la República. El trabajo específicamente femenino debía ser realizado en el hogar, ocupándose de los hijos y del marido. Pero el cambio de ciclo económico, tras el Plan de Estabilización de 1959 y los Planes de Desarrollo (1964-1971), fue la espoleta para la incorporación masiva de las mujeres a la educación y al trabajo. Aunque hubo oposición de los sectores más conservadores, fue un proceso imparable.

"Ahora que la educación, la libertad, el derecho a trabajar en las más amplias actividades humanas -todos los caminos por los que los hombres han llegado a su plena realización- están abiertos para la mujer, únicamente la sombra del pasado, conservada religiosamente por la mística de la feminidad, impide a la mujer encontrar su camino", escribía la Premio Pulitzer Betty Friedan (1921-2006) en su obra ‘La mística de la feminidad' en 1963. La llegada de la democracia supuso un gran paso adelante, ya que la Constitución de 1978 estableció la igualdad de derechos de hombres y mujeres. Fue un resurgir del feminismo y diferentes asociaciones feministas presionaron para suprimir antiguas leyes y alcanzar otras (como la ley del divorcio en 1981 y la despenalización del aborto en 1985).

Como se ha mencionado, desde una perspectiva histórica y didáctica, la exposición muestra los avances alcanzados en el campo de la igualdad jurídica y, en particular, de los avances en materia de derechos laborales y de acceso a la educación desde finales del siglo XIX hasta la actualidad. Pero ‘El largo camino hacia la emancipación femenina' no ha terminado. "Con las mujeres asesinadas por sus parejas en lo que llevamos de 2017, lo primero que hay que conseguir es acabar de una vez por todas con esa violencia contra las mujeres. Luego están la igualdad real de salarios, el techo de cristal que existe para alcanzar ciertos trabajos en las empresas privadas… Sin olvidarnos de todas esas mujeres de otros lugares que carecen de los más mínimos derechos, ni tan siquiera el de poder dar de comer a sus hijos. Por eso, decimos que "todo ha cambiado… pero no tanto". Aún nos vale el verso de Machado: "Caminante, no hay camino, se hace camino al andar", y en eso estamos", concluye María Ascensión Martínez.

viernes, 3 de febrero de 2017

#hemeroteca #feminismo | Creaciones culturales que empoderan a las mujeres

Imagen: El Diario / Marcha de las Mujeres contra Trump en Washington
Creaciones culturales que empoderan a las mujeres.
Las mujeres, además de vivir desigualdades y violencias, también luchan por desactivarlas. La otra cara de la opresión es la emancipación.
Rosa Cobo Bedia - Socióloga y especialista en Género | El Diario, 2017-02-03
http://www.eldiario.es/tribunaabierta/Busquemos-alternativas-estatua-mujer-arrodillada_6_608649149.html

El Ayuntamiento de Zaragoza ha colocado en una plaza de la ciudad una escultura como homenaje a las mujeres víctimas de la violencia machista. Sin embargo, las buenas intenciones del ayuntamiento se han frustrado porque la escultura –una mujer arrodillada– en realidad representa la imagen de una mujer vencida y arrasada por el dolor. El movimiento feminista de Zaragoza ha protestado por el significado simbólico que entraña esa imagen.

En efecto, los sectores de población discriminados –las feministas lo hemos dicho una y otra vez– necesitan representaciones que pongan de manifiesto su opresión. La sociedad debe entender la compleja situación de las mujeres: en una gran parte del mundo viven sin derechos y expuestas a múltiples violencias diarias; y en otras, como en Occidente, tienen los derechos formales, pero no los materiales. Y también son objeto de la violencia masculina. Desde el punto de vista formal, tienen el derecho a ejercer los derechos de los que son titulares, pero en la práctica existe un conjunto de mecanismos simbólicos y materiales que hacen imposible el ejercicio de esos derechos. La inacabable cadena de agresiones cotidianas, que en algunos casos acaban en asesinatos, es una muestra rotunda de que las mujeres viven en condiciones de desigualdad y de violencia.

Para decirlo de otra forma, las mujeres son algo más de la mitad de la población y están sometidas a estructuras que las subordinan y oprimen, aunque no a todas de la misma forma. La pertenencia racial, cultural, sexual o de clase introduce elementos que potencian la opresión. Sin embargo, las mujeres, además de vivir desigualdades y violencias, también luchan por desactivarlas. La otra cara de la opresión es la emancipación. Las mujeres han luchado por derechos y se han convertido en un sujeto político de liberación. El feminismo es básicamente eso: un movimiento social y una tradición intelectual que desde hace tres siglos lucha para que las mujeres sean consideradas seres humanos con los mismos derechos y libertades que tienen los varones.

En consonancia con esta idea, es necesario mostrar los múltiples rostros de la opresión, pero también hay que destacar los de la emancipación. Las mujeres no son seres pasivos que aceptan con fatalidad un destino que no han elegido. No están vencidas. No son solo víctimas. También luchan y participan en la vida política y económica.

Las mujeres se han organizado colectivamente para defender sus derechos, colaboran con otras organizaciones y partidos no feministas, militan en partidos y sindicatos, sacan adelante a sus familias, investigan en la universidad, trabajan en maquilas, fábricas u oficinas, algunas ocupan puestos muy cualificados… Han movilizado a grandes sectores de la sociedad para que no se recortase el derecho al aborto y para que se hagan políticas que acaben con la violencia patriarcal. El feminismo se ha convertido en un movimiento de masas, signo inequívoco de que las mujeres no se dejarán arrasar por el sufrimiento y el dolor de la violencia. Es un mensaje de que no están solas.

Precisamente por eso es necesario que las representaciones sobre violencia machista muestren a mujeres activas, luchadoras, que no aceptan resignadamente la humillación y la violencia. Es preciso enviar el mensaje de que las mujeres no están solas frente a la desigualdad y las agresiones. Se necesitan representaciones que nos empoderen y que sean reflejo de las luchas por cambiar las estructuras de desigualdad.

Hay muchas imágenes que pueden servir de inspiración para crear representaciones, pero para eso es necesario conocer la historia de las luchas de las mujeres: las marchas de las sufragistas reclamando el derecho al voto o las recientes movilizaciones de masas que se han hecho en España en estos últimos años. La emancipación se construye con luchas políticas pero también con luchas culturales que incluyen la creación de representaciones que muestren que las mujeres estamos oprimidas, pero no vencidas.

jueves, 15 de octubre de 2015

#hemeroteca #mujeres #historia | Mujeres contra el patriarcado: la lucha de las republicanas por la emancipación

Imagen: Público / Milicianas de CNT-FAI, fotografía de Agustí Centelles
Mujeres contra el patriarcado: la lucha de las republicanas por la emancipación.
El Ateneo de Madrid acoge este viernes y sábado las jornadas 'Mujeres libres y feminismo en tiempos de cambio' que combinan debates, exposiciones y documentales sobre la emancipación de la mujer.
A. Torrús | Público, 2015-10-15
http://www.publico.es/politica/mujeres-patriarcado-lucha-republicanas-emancipacion.html

El franquismo se esforzó en reprimir a la mujer. Sobre ellas recaía la responsabilidad de “regenerar la patria” y sobre ellas se ejerció una represión múltiple para devolver a la mujer al ámbito doméstico y a la sumisión al hombre. La dictadura exigió a las mujeres un exceso de virtud que encarnara un modelo de decencia y castidad que limpiara la degradación moral republicana.

La represión fue tan dura, porque antes, durante el período republicano, las mujeres habían comenzado a organizarse y a extender la idea de la emancipación de la mujer frente a la relación jerárquica que sufrían tanto en la sociedad como en el matrimonio. Una de estas organizaciones, quizá la más importante, fue ‘Mujeres Libres’, una organización anarquista vinculada a la CNT, que llegó a tener cerca de 20.000 afiliadas, que hizo especial hincapié en la preparación de la mujer para el mundo del trabajo. La independencia económica era una cuestión vital y para ello la mujer debía estar formado y tener un trabajo decente.

"Mujeres libres fueron las primeras a escala mundial en comenzar a plantear que había que terminar con la relación jerárquica que asumían las mujeres dentro de la pareja. Pretenden modificar la relación hombre/mujer y defienden el amor libre, es decir, planteaban que las relaciones entre seres humanos debían ser libres por lo que se situaban en contra del matrimonio y de la familia, a la que consideraban el origen de la opresión", señala a Público Pilar Arias, miembro de la junta directiva de la Fundación Andreu Nin.

Para recuperar el pensamiento de estas mujeres y de otras tantas organizaciones, como el Secretariado Femenino del POUM y su revista ‘Emancipación’, la Fundación Andreu Nin ha organizado este viernes y sábado en el Ateneo de Madrid las jornadas ‘Mujeres libres y feminismo en tiempos de cambio’, que combinan la exhibición de documentales como ‘Indomables. Una historia de mujeres libres’, de Juan Felipe, con la exposición ‘Desenterrando a las olvidadas’ y diversas mesas redondas en las que participarán, entre otras, la poeta Isabel Escudero; Marta Brancas, de la Coordinadora Estatal de Organizaciones Feministas; y Laura Sánchez, profesora de Historia Moderna de la Universidad de Salamanca.

"Creemos que estas jornadas son importantes porque necesitamos recuperar y enlazar con el pensamiento de estas mujeres. Los problemas que ellas plantean siguen estando vigentes en la sociedad y prueba de ello es la violencia de género, que parte de hombres que se creen los dueños de las mujeres", explica Pilar Arias, organizadora de las jornadas, que apunta que en relaciones de género España ha "avanzado más bien poco": "Nos siguen viendo como un objeto sexual y esto es una denuncia permanente de las mujeres libres".

En este sentido, Arias destaca la lucha que estas mujeres mantuvieron contra la prostitución (también contra los revolucionarios que acudían a ella), por la libertad de la mujer para decidir cómo y cuándo quería ser madre y por la igualdad en el trabajo. "Son reclamaciones que están presentes hoy día y por eso consideramos oportuno celebrar estas jornadas", sentencia Arias.