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miércoles, 15 de marzo de 2017

#hemeroteca #mujeres #vestimenta | Burkas, pañuelos y velos en Occidente: una pelea legal que lleva más de una década

Imagen: El Diario
Burkas, pañuelos y velos en Occidente: una pelea legal que lleva más de una década.
A lo largo de los años, los estados europeos han presentado medidas para proscribir el uso de prendas musulmanas en público.
Matthew Weaver | El Diario, 2017-03-15
http://www.eldiario.es/theguardian/Burkas-panuelos-Occidente-cronologia-leyes_0_622588075.html

Hace más de diez años que crecen las restricciones en Europa para que las mujeres usen pañuelos y velos musulmanes, como el burka o el nicab. En su primer fallo relacionado con empleados que visten símbolos religiosos en el lugar de trabajo, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), máximo órgano judicial de los países miembro, acaba de otorgar a los empleadores la potestad de prohibir entre sus trabajadores el uso de pañuelos para cubrirse el pelo.

A continuación, una cronología de las diferentes legislaciones europeas sobre el uso de prendas relacionadas con la religión:

24 de septiembre de 2003
El Tribunal Constitucional Federal de Alemania falla en favor de una maestra de origen afgano que quiere usar un pañuelo islámico en la escuela. A cambio, la corte dictamina que cada Estado federado puede cambiar su legislación al respecto. La mitad de las regiones de Alemania procede entonces a prohibir que las maestras se cubran el pelo con pañuelos.

3 de febrero de 2004
La Asamblea Nacional de Francia comienza a debatir un proyecto de ley para prohibir los símbolos religiosos en las escuelas, entre ellos los pañuelos musulmanes, las kipás judías y las grandes cruces cristianas.

31 de marzo de 2010
Un importante comité de Bélgica vota para implementar la primera prohibición europea en el uso público del burka y el nicab. “Estoy orgulloso de que Bélgica sea el primer país en Europa que se atreve a aprobar una ley de estas características sobre un tema tan delicado”, dice el parlamentario de centroderecha Denis Ducarne. Pero es el gobierno francés el que impone la primera prohibición. En Bélgica, la ley que prohíbe usar el velo no entra en vigor hasta julio de 2011, tres meses después de la prohibición francesa.

11 de abril de 2011
Un decreto del entonces primer ministro de Francia, François Fillon, prohíbe a las mujeres el uso del nicab en lugares públicos. Se trata de la primera prohibición de ese estilo en Europa: salvo el hogar de las mujeres, los velos se vetan prácticamente en todos lados excepto cuando se trata de rendir culto en un lugar religioso o para viajar (como pasajero) en un coche.

1 de julio de 2014
El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ratifica la prohibición del uso de burkas en Francia. Los jueces dicen que la preservación de una cierta idea de “convivencia” es el “objetivo legítimo” de la autoridades francesas.

22 de mayo de 2015
El gobierno holandés aprueba una prohibición parcial de los velos islámicos que cubren el rostro en transportes y zonas públicas. La prohibición no se aplica para los que visten burkas o nicabs en la calle, excepto cuando así lo exijan motivos de seguridad específicos.

18 de enero de 2016
El ex primer ministro del Reino Unido, David Cameron, descarta una prohibición pública completa pero dice que apoyará a las instituciones con “reglas sensatas” acerca de los musulmanes que se cubren todo el rostro con velos.

“En nuestro país, la gente debería ser libre de usar lo que quiere”, dice Cameron. Pero agrega: “Cuando se está en contacto con distintas instituciones, por ejemplo, o cuando se está en el juzgado o cuando es necesario ver el rostro de alguien en los controles migratorios, siempre apoyaré a las autoridades o a las instituciones que establezcan reglas apropiadas y sensatas”.

18 de agosto de 2016
Después de que los alcaldes de las ciudades francesas de Cannes, Villeneuve-Loubet, y Sisco, en la isla de Córcega, impusieran la prohibición de los burkinis en sus costas, el primer ministro francés, Manuel Valls, respalda la postura de los ayuntamientos de impedir el uso de estos bañadores diseñados para mujeres musulmanas.

6 de diciembre de 2016
La canciller alemana, Angela Merkel, respalda una prohibición parcial en el uso de burkas y nicabs. “Los velos que cubren todo el rostro son inapropiados y deberían prohibirse en todos los lugares en que sea legalmente posible”, dice.

30 de enero de 2017
La coalición en el poder en Austria accede a prohibir en escuelas y tribunales los velos que cubren todo el rostro, como el burka y el nicab. También se compromete a analizar la prohibición de los pañuelos que cubren el pelo para empleadas de servicios públicos. Con la medida pretenden apaciguar al Partido de la Libertad, contrario a los inmigrantes, para mantener unida a la coalición de gobierno.

14 de marzo de 2017
La primera decisión acerca del tema de los pañuelos tomada por la Corte de Justicia europea dictamina que los empleadores pueden impedir que sus empleados usen símbolos religiosos visibles. Pero la Corte también dictamina que si la empresa no tiene ninguna política interna que prohíba los símbolos religiosos, los clientes no podrán exigir a los empleados que se los quiten.

viernes, 16 de septiembre de 2016

#hemeroteca #islamofobia | Seguimos con el burkini

Ilustración de Ana Penyas
Seguimos con el burkini.
Hemos hablado de racismo, machismo y homofobia pero, ¿hemos hablado lo suficiente sobre la teofobia?
José Luis Serrano | Pikara Magazine, 2016-09-16
http://www.pikaramagazine.com/2016/09/burkini-teofobia/

A veces leemos, pero no leemos lo que está escrito, sino lo que creemos que está escrito. Les rogaría un ejercicio de esfuerzo para leer lo que escribo en este caso. No estoy hablando del burka. No estoy hablando de la ablación. No se trata de relativismo cultural: hay costumbres bárbaras e inadmisibles en muchas culturas (sí, en la nuestra también). Hay otras costumbres que no son tan bárbaras pero quizá son sexistas, poco saludables, poco higiénicas o poco seguras. Personas de otros países piensan que nosotros tenemos algunas de esas costumbres. Les daría una lista, pero quizá sea mejor que hagan ustedes el ejercicio de repensar cada una de las cosas que hacen desde que se levantan bajo un punto de vista extraterrestre y las apunten (ya les digo: cosas bárbaras, sexistas, poco saludables, poco higiénicas y poco seguras). Verán que risa.

Ya se imaginan que todo esto viene al caso del tema del verano: burkini sí, burkini no. No creo que tenga que convencer a nadie de que la prohibición del burkini en playas y piscinas europeas es un ejercicio de machismo y de racismo (de fascismo en el fondo). Como tampoco creo que tenga que convencer a nadie de que es igualmente despreciable la obligatoriedad de su uso. Les repito: no estoy hablando del burka ni de ninguna otra prenda que oculte el rostro, que no solo atenta contra la seguridad sino contra lo que es propio de una persona, lo que la caracteriza sobre todo lo demás. Pero prohibir un bañador que encubra el cuerpo o un pañuelo que tape el pelo, si no se prohíben a su vez otras prendas similares tanto en hombres como en mujeres (gorras, pamelas, camisetas, pantalones, trajes de neopreno), es racismo. Punto pelota. Además, ¿qué atenta más contra los derechos humanos, ir vestido o desnudo bajo el sol en pleno verano, taparse la cabeza o no tapársela?

Si esta preocupación por los derechos de las pobres mujeres musulmanas fuera real, alguien se preocuparía también de gastarse el dinero y contarles a esas mujeres que en un Estado de derecho como el nuestro (perdón por la carcajada) cada uno es libre de ponerse la ropa que quiera y que existen mecanismos para que, si están siendo obligadas a llevar esas prendas, puedan denunciar los malos tratos sufridos. Lógicamente habría que hacer lo mismo con cualquier otra prenda de ropa que sea sexista o que consideremos que no ha sido libremente elegida: pendientes, faldas, tacones, pantalones, sujetadores, calzoncillos, ropa de marca, ropa de Alcampo…

Y ahora es cuando me meto en el jardín, que es lo que a mí me gusta. Porque si bien más o menos hay un consenso entre la gente que me rodea de que la prohibición del burkini es racista, se habla mucho menos de que lo que realmente molesta a los que abjuran de ese tipo de prendas con connotaciones religiosas no es que las mujeres estén oprimidas, sino que sean religiosas. No quieren quitarles el velo, quieren quitarles su religión. Se llama teofobia. No es ateísmo: el ateísmo es un sentimiento lógico y normal, casi se atrevería uno a decir que es lo lógico y lo normal. La teofobia es otra cosa. Y también es otra cosa el laicismo. Y el laicismo no es prohibir el burkini en una playa.

Hay algo que se llama sentimiento religioso que muchas personas tenemos y que forma parte de lo que somos. Otras personas no lo tienen. Yo sería musulmán, hindú, judío, budista, pero soy católico (a mi manera: me quedo con lo que me da la gana y reniego de la jerarquía). Y si ustedes creen que ir a una playa, ir al Mercadona, comer en un restaurante o ir a misa es algo público y yo no puedo hacer “ostentación” de mi sentimiento religioso en un espacio público, entonces tenemos un problema. ¿Se acuerdan de la homofobia liberal, esa que dice que “yo no tengo problema con los homosexuales, siempre que yo no los vea”? Pues es el mismo caso. No hay nada más privado que ir con mi marido por la calle de la mano, ni nada más privado que ir a bañarme a una playa con la ropa que me sale del coño. Y todo el resto es racismo y machismo, homofobia y teofobia.

#hemeroteca #islamofobia | Con el bañador hemos topado

Ilustración de Khalid Albaih
Con el bañador hemos topado.
Brigitte Vasallo | Pikara Magazine, 2016-09-16

http://www.pikaramagazine.com/2016/09/con-el-banador-hemos-topado/

Una buena parte de los feminismos se han enmarañado en alimentar la serpiente con debates fuera de lugar sobre el mal llamado burkini, en vez de articularse con las compañeras agredidas. ¿Por qué hemos empleado tantas horas en analizar a las agredidas y a sus cuerpos? Voy a intentar explicar por qué el debate forma parte de la agresión misma.

La serpiente del verano son noticias que aparecen sobre dimensionadas en momentos de poca actividad periodística en los que aún es necesario llenar periódicos y magazines. Noticias que desaparecerán, como una tormenta cualquiera, al final del estío cuando las cuestiones “serias” retomen la actualidad.

Este año la serpiente ha sido especialmente venenosa pues ha puesto en el centro del chascarrillo internacional los cuerpos y las vidas de las compañeras musulmanas que utilizan para bañarse una prenda de cuerpo entero denominada, con muy poco acierto, “burkini”. A partir de la prohibición de usar dicha prenda por parte de algunos alcaldes conservadores franceses y la consecuente expulsión del espacio público de algunas mujeres, el ruido ensordecedor ha saltado a la escena.

A cada quien le duelen sus cosas, y a mí me duele el feminismo. Y en el Estado español, una buena parte de los feminismos se han enmarañado en alimentar la serpiente con debates fuera de lugar en vez de articularse con las compañeras agredidas. Tan preocupadas hemos estado en tomarle el pulso a “la cuestión” que la hemos perdido de vista totalmente y el debate feminista mayoritario no se ha centrado en la agresión ni en las libertades, sino en la prenda. La sempiterna obsesión por el velo. ¿Por qué nos ha costado tanto, en general, denunciar la agresión sin paliativos, sin peros, sin dudas? ¿Por qué hemos empleado tantas horas en analizar a las agredidas y a sus cuerpos? Voy a intentar explicar por qué el debate forma parte de la agresión misma.

La responsabilidad de la propia ignorancia
Aclarémoslo desde el principio: el denominado burkini es un hiyab, es la ropa que usan en la playa las compañeras que llevan velo en la calle. Todos los análisis sesudos e hiperventilados equiparando el nombre comercial burkini con un burka o un niqab son, simplemente, ridículos. Ya se sabe que a río revuelto ganancia de pescadores, así que cada quien ha usado la técnica del caos conceptual como mejor le ha venido. Y las feministas que tantas veces hemos reclamado a los hombres que se formen en feminismo, que tantas veces hemos dicho que no es responsabilidad nuestra educarlos, seguimos perdidas en cosas tan sencillas como distinguir un hiyab, un burka y un niqab, con toda la carga política que esas denominaciones conllevan, y con toda la confusión que genera nuestra ignorancia. No podemos saber de todo, cierto. Pero sí que podemos no opinar de cosas que ni siquiera hemos buscado en el diccionario.

¡A ver si ahora no podremos opinar!
Lo afirmo: en un contexto de desigualdad y violencia, las no-musulmanas no debemos seguir cuestionando las estrategias de las musulmanas para sobrevivir en esa desigualdad y violencia. Nadie nos está pidiendo la opinión, sino que estamos ejerciendo nuestro poder para exigir a las demás que se justifiquen ante nosotras, que nos pidan permiso para así poder decidir, regiamente, si lo otorgamos o no. Sin embargo, somos las primeras en reclamar a los hombres que se revisen los privilegios antes de opinar sobre las estrategias de las mujeres. ¿Cómo nos resuena cuando, ante una agresión machista, salen algunos hombres a cuestionar la ropa de las mujeres, que si la falda era muy corta o, por el contrario, que si con esas pintas es “normal” ser agredida? Pues echad cuentas a cómo resuenan nuestros debates sobre los cuerpos ajenos.

Afirmar que no debemos cuestionar, ni debatir sobre el velo y ni siquiera sobre el niqab, no es una cuestión de exquisitez activista, como diría Itziar Ziga. Al contrario, los debates forman parte de la violencia racista que ejercemos y, en este caso en concreto, creo que ha sido la verdadera agresión, más allá de la intervención real de la policía en las playas. Los debates en las redes, ensordecedores, han demostrado una vez más quién creemos que es el sujeto y quién el objeto, a qué voces no damos valor alguno, y a qué mujeres no reconocemos como mujeres, sino como puras sombras inertes de hombres manipuladores. Si el feminismo no nos ha enseñado que las mujeres somos sujetos de nuestras propias vidas y no solo apéndices, no entiendo qué nos ha enseñado.

El problema no es el velo: es el racismo
Uso el término “islamofobia de género” por haber sido acuñado y desarrollado por la feminista musulmana Jasmin Zine, entre otras. Un término, por lo tanto, que surge de la comunidad interpelada y que infinidad de mujeres musulmanas están utilizando para autoidentificar su opresión. Con él se apunta a la intersección entre la islamofobia y el machismo. La interseccionalidad, más nombrada que aplicada, surge del pensamiento del colectivo feminista negro y lesbiano Combahee River Collective para analizar de qué manera las opresiones no se suman simplemente, sino que interactúan entre ellas. Es decir: que la islamofobia de género no es por un lado machismo y por otro islamofobia, sino un eje de discriminación y violencia específico surgido del cruce entre ambos. No se puede analizar, por lo tanto, la situación de las mujeres musulmanas en Europa atendiendo solamente al machismo (o a una forma de machismo), porque están también en situación de violencia racista (la islamofobia es una forma de racismo, como han desarrollado ampliamente personas como Ángeles Ramirez o Ramón Grosfoguel, entre otras).

Las feministas blancas tampoco somos solo mujeres, también somos blancas. Como afirma Lucas Platero, todas las identidades son interseccionales, así que cuando analizamos el hiyab (o el bañador de cuerpo entero) no lo hacemos solamente como mujeres: también opera en el análisis el hecho de ser blancas (y entiendo aquí la palabra blanca como no-musulmana). Y ésta es la parte que no se ha tenido en cuenta en la mayoría de análisis. Y es, en mi opinión, la parte esencial, porque es la que apunta a la violencia que ejercemos nosotras y que podríamos parar al instante. Pero que no paramos.

La mirada sobre el hiyab de los feminismos blancos tiene paralelismos con la lucha por el aborto en Estados Unidos en los años 70, una lucha encabezada por blancas y que apenas encontró repercusión en las mujeres negras y portorriqueñas, según cuenta Angela Davis en Mujeres, Raza, Clase, y que eran, sin embargo, las que más sufrían abortos ilegales y, por lo tanto, debían ser las más interesadas en su legalización. La cuestión radicaba en que el feminismo blanco se centró en el derecho a abortar, mientras que las mujeres negras y portorriqueñas, que venían de una historia de esclavitud y de esterilizaciones forzosas, no reivindicaban el derecho a abortar, sino al control de la natalidad, cosa que incluía la resistencia a las prácticas eugenésicas.

En los feminismos hegemónicos nos llenamos la boca con las libertades, pero hacemos agua ante el primer bañador que nos cruzamos. Porque seguimos ancladas en la universalización de la propia experiencia, y una experiencia central en el feminismo blanco es la desnudez como práctica de libertad frente a un entorno que nos imponía taparnos. Pero ¿qué sucede cuando esa desnudez deviene imposición? Es más, ¿qué sucede cuando esa imposición conlleva una restricción identitaria? En el documental ‘Al Nisa’, algunas compañeras lesbianas y musulmanas explican que llevar hiyab es para ellas una forma tan importante de visibilidad como pasear de la mano con su novia.

No podemos opinar sobre las decisiones desde subjetividades y experiencias diferentes a la propia. Menos cuando parte de la opresión sobre esas subjetividades la construye, precisamente, nuestros prejuicios. Si alguna cosa puede unirnos es el derecho al propio cuerpo y que cada cual lo defina en el marco que le sea más adecuado a su subjetividad y sus experiencias. Pero defender la libertad como práctica y no defender un objeto como resultado contenedor de esa práctica de libertad es complicado. Porque el resultado de la práctica no siempre nos gusta. Así que preferimos sacrificar la libertad aunque disfracemos ese sacrificio y acabemos incluso nombrándolo libertad. Y lo es. La propia. Pero solo la propia.

En esos “otros” cuerpos interactúan opresiones que no vivimos las blancas. Como explica Jasmin Zine, en la era post 11 de septiembre, “la islamofobia de género ha revitalizado tanto los tropos y representaciones de mujeres retrasadas, oprimidas y políticamente inmaduras que necesitan liberación y rescate a través de intervenciones imperialistas, así como los retos del extremismo religioso y los discursos puritanos que legitiman narrativas limitantes de la feminidad islámica y dificulta los derechos humanos y las libertades de estas mujeres”. Así, ante un caso flagrante de islamofobia de género como ha sido la expulsión de algunas musulmanas de las playas, los análisis del feminismo blanco se centran obsesivamente en denunciar el “patriarcado musulmán” y no al policía blanco, representando de paso a las mujeres musulmanas como víctimas sin agencia y sin entendimiento siquiera de su propia situación. Estos análisis que silencian el hecho de que las musulmanas en Europa están bajo violencia racista no se sitúan en un lugar opuesto al patriarcado que pretenden denunciar, sino que forman parte de la misma opresión interseccional.

Así, la serpiente de este verano ha sido un ejercicio desmedido de purplewashing: hombres claramente machistas y también mujeres feministas utilizando una supuesta preocupación por las mujeres para legitimar la exclusión y la deshumanización de esas mismas mujeres. Los artículos que hemos visto circular este verano utilizando contra las musulmanas los análisis de feministas árabes seculares descontextualizados, dando por hecho que no los conocen y hay que mostrárselos, o asumiendo que aquellas feministas no son sus compañeras de lucha, forma parte de la infantilización racista y machista. No sumadas, sino cruzadas.

En contra de la prohibición, pero
Hay una línea discursiva que resurge cada vez que el colectivo de mujeres musulmanas en Europa recibe una agresión, como son leyes restrictivas dirigidas específicamente hacia ellas. El discurso consiste en demonizarlas, convertirlas en amenaza latente y, finalmente, hacer que las agredidas sean las potenciales agresoras contra las que nos debemos proteger.

La primera parte de este discurso usa la comparación con Arabia Saudí, Irán, o Afganistán. Lo interesante de este movimiento dialéctico es que compara a sujetos subalternizados en Europa, mujeres y racializadas en tanto que musulmanas (ya no añadimos la cuestión de clase o de estatus administrativo por no ser homogéneas dentro del colectivo) y, lejos de comparar su situación con otros sujetos subalternizados en Arabia Saudí, Irán o Afganistán, las comparamos con el poder en esos lugares. Es decir: a nuestros ojos, bajo la mirada de Occidente, que diría Mohanty, las musulmanas en Europa no son esas mismas musulmanas bajo los regímenes teocráticos sino que estas musulmanas pasan a ser, mágicamente, hombres legisladores que ostentan el poder. La creadora (australiana) del burkini le debió poner el nombre por comercial y simpático. Pero no ha tenido en cuenta la ignorancia europea, capaz de confundir un burka afgano con ese traje de licra de colores vistosos que supone una auténtica pesadilla para cualquier extremista religioso que se precie. Y de ahí, ya tenemos la demonización consumada: las compañeras que bajan a la playa con el correspondiente playero al hiyab se han visto llamadas wahabitas, salafistas, terroristas y no sé cuántas cosas más. Incluso por personas que han dicho claramente que con el velo no tienen problemas, pero que esto es demasiado. Con el bañador hemos topado. Habíamos dado “permiso” para el velo, no para la libertad sobre el propio cuerpo.

Una vez que los términos wahabita y salafista se han puesto a circular, además como sinónimos descarados de musulmán y musulmana, han saltado todas las alarmas y las compañeras expulsadas del espacio público han pasado a ser una amenaza latente que, a pesar de la fealdad de esas imágenes de policías desnudándolas en Cannes, deben ser controladas por el Estado pues representan una amenaza para las libertades de todas (y el Estado patriarcal, parece ser, es de pronto el garante de las libertades). Y vuelta a la casilla de salida.

La lucha por las libertades en Arabia Saudí, Irán, Afganistán, Francia o Alemania son la misma lucha, con objetivos contextuales distintos. ¿La libertad es abortar o poder tener criaturas? Pues depende de si te obligan a tenerlas o te esterilizan para que no las tengas. ¿La libertad es velarse o desnudarse? Pues, de nuevo, la libertad es poder tomar las propias decisiones, en un sentido o en otro. Y lo que hacemos desde los feminismos es generar espacios de resistencia a los poderes donde las posibilidades de elección se vayan ampliando.

Esa forma de deshumanización según la cual las musulmanas dejan de ser personas para convertirse en objetos de análisis, de legislación, de debate en las redes y de opinión, congeladas en el tiempo a la espera de que “nosotras” entendamos la cuestión y decidamos sobre ella, y por tanto les concedamos estatus de humanidad o no, es la estructura básica del racismo, fijada ya por Frantz Fanon en los años 50.

Poco importa que en esta ocasión el racismo se esconda bajo el eslogan “todas las religiones son iguales”. La frase de por sí no tiene consistencia alguna. ¿Qué tienen en común el zoroastrismo y el culto yoruba? Una frase de ese tipo responde solamente a la universalización de la experiencia particular, propia del etnocentrismo y la colonialidad, así como al racismo culturalista que define la cultura Occidental no como una deriva cultural particular entre otras muchas, sino como la mejor. Y entre los movimientos de resistencia europeos (feminismos, comunismos, anarquismos, etc.) el ateísmo es constitutivo y central. Un ateísmo que no ha sabido distinguir entre las instituciones del poder religioso, la filosofía y la espiritualidad de las personas, y que acaban igualando al obispo Cañizares con Malcom X o con Muhammad Ali, a la teología de la liberación cristiana con Daesh. ¿Todos son iguales? De esa manera y bajo la excusa de la lucha contra “las religiones” lo que se promueve es una lucha civilizacional al más puro estilo Huntington, una versión contemporánea del moros y cristianos. La dialéctica de la lucha contra el terror de Bush ha atrapado también, de manera muy clara, a los movimientos que se piensan antiimperialistas. Si hay movimientos occidentales que consideran que la lucha contra lo que ellos entienden por religiones es su prioridad, van a tener que formarse mucho en religiones y mucho en colonialidad y racismo para poder hacer realmente una lucha limpia y justa con las personas. Y van a tener que estar muy atentos a las articulaciones y a los privilegios que se nos señalan constantemente, mientras estamos mirando hacia otro lado.

Y encima, el feminismo islámico…
En ese espacio tan infinitamente incómodo y tan cruzado de violencias que es la intersección entre la islamofobia y las lecturas patriarcales y coloniales del islam se sitúan una serie de movimientos: los feminismos islámicos, la perspectiva decolonial del islam, el islam ‘queer’…

Siempre me he negado a hablar, escribir o enseñar sobre ellos, ya que forma parte del privilegio blanco usurpar tranquilamente el trabajo de los y las compañeras: al racismo siempre le resulta más creíble escuchar a una atea que atender al conocimiento situado. El espacio de explicar su trabajo es para las personas que están produciendo el conocimiento. Mi espacio, si es alguno, es combatir la islamofobia entre personas que, como yo, hemos sido construidas en ella. Sin embargo, a fuerza de no hablar, se ha ido generando un bulo que necesito, por una vez, aclarar. El feminismo islámico no es un movimiento unívoco ni uniforme. De hecho, tenemos que nombrarlo en plural: feminismos islámicos. Y es un movimiento que se da en todo el planeta (el islam no es un país): hay feministas islámicas europeas, americanas de norte a sur, árabes, indonesias, sudafricanas, nigerianas… Y sus opiniones sobre el hiyab son múltiples. Los feminismos islámicos tienen sus místicas de la feminidad, claro, pero es algo que tenemos en el feminismo blanco y nadie lo considera invalidante. Esa dicotomía según la cual las feministas seculares árabes están contra el hiyab y las feministas islámicas están a favor es falsa e interesada: feministas islámicas como Amina Wadud, Asma Barlas, Leila Ahmed o Azzizah Al Hibri no lo consideran una prerrogativa religiosa. En el documental ‘The Noble Struggle of Amina Wadud’, ésta explica, mientras la peinan en la peluquería, que sus antepasadas, llevadas como esclavas a América, no podían escoger cómo vestirse y a menudo eran obligadas a mostrarse desnudas. Así que, como negra estadounidense, cubrirse es para ella un reivindicación. El hiyab, explica, la hace reconocible como musulmana y eso le gusta, pero le incomoda no ser reconocida claramente como afroamericana. Así que alterna: se cubre para ocasiones más formales, y se descubre para su día a día. Sin más.

En Red Musulmanas, donde tengo la suerte de participar desde hace años, muchas compañeras no lo usan, y otras muchas sí. Y esa cuestión no genera problema alguno. Pero todas las que cito están a favor de la libertad de las mujeres en todos los espacios donde esa libertad se intenta restringir.

No “defiendo” el feminismo islámico, el islam ‘queer’ o el islam decolonial: son movimientos que yo no necesito en tanto que no soy musulmana, aunque aprendo infinitamente de ellos. Lo que sí defiendo es su posibilidad de existencia y los entiendo necesarios para muchas otras personas. Y lo que sí necesito es su existencia. Porque me pienso feminista y creo que el feminismo es un movimiento liberador allí donde se inscriba, porque el feminismo me ha dado la vida y me ha hecho entender el mundo, porque me ha enseñado a articularme, y me ha enseñado a desear articularme con otras mujeres, feministas o no, y con otras personas feministas, mujeres o no. Porque me ha hecho entender mis heridas y también las heridas ajenas a partir de las mías. Porque me ha enseñado de opresiones y de privilegios, también de los míos. Y porque yo necesito un mundo donde sea posible ser diferente y donde la diferencia no sea un conflicto sino un espacio de descubrimiento, de aprendizaje y de alegría.

En el feminismo hegemónico estamos muchos más preocupadas por el relativismo cultural que por el racismo. Acostumbradas al privilegio de opinar de todo, y a opinar desde la universalidad, nos parece que quedarnos calladas es un ejercicio de debilidad y cobardía. Pero es una trampa. Si hay alguna cobardía es la de escondernos en ese privilegio para infantilizar, humillar, justificar violencias y excluir a las demás. Es urgente dejarnos de peroratas mientras las compañeras están sufriendo una agresión racista y machista, y posicionarnos sin fisuras a su disposición, para lo que ellas necesiten y como lo necesiten. Porque hacer resistencia al propio privilegio no tiene nada de relativismo: es lo que yo denomino una práctica feminista de primer orden.

viernes, 19 de agosto de 2016

#hemeroteca #mujeres #vestimenta | "Llevo burkini porque soy libre y porque me da la gana"

Imagen: El Mundo / Hallar Abderrahaman
"Llevo burkini porque soy libre y porque me da la gana".
Isabel F. Lantigua | El Mundo, 2016-08-19

http://www.elmundo.es/sociedad/2016/08/19/57b61029e2704e2a4c8b4631.html

La controversia que ha ido creciendo hasta llenar el debate en todos los ámbitos arrancó hace unas semanas, con la cancelación de una jornada exclusiva para mujeres con burkini, que una ONG había organizado en un parque acuático cerca de Marsella. Tras este episodio polémico, dos localidades de la Costa Azul, Cannes y Villeneuve-Loubet, prohibieron el uso de esta prenda en sus playas y las autoridades de Sisco, en Córcega, también lo vetaron tras un enfrentamiento en el que resultaron heridas cinco personas y que se originó cuando un chico quiso fotografiar a una mujer en burkini. En total, el veto ya se extiende a una docena de municipios galos.

Pero para las mujeres musulmanas esta historia comenzó mucho antes, "porque el interés por entrometerse en el cuerpo de la mujer es recurrente desde hace siglos", declara a El Mundo Laure Rodríguez Quiroga, miembro de Red Musulmanas, que afirma que lo único que ellas quieren es "libertad para poder decidir". Ha escuchado muchas veces el argumento de que el burkini es un símbolo de la opresión de la mujer, pero "si la intención es liberarnos no tiene sentido hacerlo prohibiéndonos algo. Es contradictorio. Y sea patriarcal o no esa forma de vestir, prohibirlo atenta contra nuestros derechos".

Rodríguez Quiroga, que abrazó el islam hace 14 años "por decisión propia, después de haberme documentado mucho·, considera que ·quien usa burkini lo hace porque quiere, porque forma parte de una filosofía de vida. Lo hacemos porque decidimos por nosotras, porque queremos ir así y, también, tiene que ver con el pudor", dice quien en su casa practica nudismo.

Más tajante es Hallar Abderrahaman, musulmana y activista, que afirma: "Yo uso burkini porque me da la gana. Porque soy libre para llevarlo. Es una tela de bañador, es higiénico y me gusta". Nacida en Ceuta, Abderrahaman vive en Barcelona y veranea en Menorca, donde baja con esta prenda a la playa. "Algunos me ven y se asustan, pero es por fobia, por desconocimiento. Nadie me ha prohibido ir así, pero es verdad que mi pareja se ha llegado a sentir incómoda porque no dejaban de mirarnos y hemos tenido que cambiar de playa".

Hasta la fecha, 10 mujeres han sido multadas en las costas francesas -con 38 euros- por ir a la playa con burkini, pese a la prohibición. En los decretos lanzados para regular esta vestimenta se apela fundamentalmente a la "laicicidad" del Estado y a "motivos de seguridad" y se alega que "una prenda que manifiesta de forma ostentosa una pertenencia religiosa, cuando Francia y los lugares de culto religioso son actualmente objetivo de ataques terroristas, puede provocar disturbios del orden público". El alcalde de Sisco, Ange-Pierre Vivoni, ha afirmado que "la gente aquí se siente provocada por cosas como ésta". El director general de servicios del Ayuntamiento de Cannes, Thierry Migoule, fue aún más lejos al afirmar en Francetv info que el burkini es una "señal de adhesión al yihadismo" y plantea además "problemas de higiene".

Abderrahaman considera estos argumentos "injustos". "La prohibición de algo tiene que estar acorde al problema que se quiere resolver. Y prohibir el burkini no va a acabar con el terrorismo, eso está claro. El burkini no lo impone el islam ni el Corán, lo llevamos porque queremos. Esta prenda no tiene nada que ver con los terroristas, pero todo lo relacionado con la barba (salvo que seas un hipster occidental) o con el velo lo relacionan con el yihadismo. No puede ser. Es una norma islamófoba", sentencia, para luego añadir que "la medida es contraria a la diversidad cultural y sólo sirve para invisibilizar a la mujer musulmana".

La situación en España

Lejos de aminorar, la polémica en torno a este bañador crece. El propio primer ministro francés, Manuel Valls, se ha pronunciado al respecto y ha apoyado los vetos que se han dictado en varias localidades del país, pero ha descartado que el Gobierno vaya a lanzar una legislación al respecto. La polémica se ha extendido a Marruecos, donde este traje de baño está prohibido en algunas piscinas de hoteles y clubes privados; y a Bélgica, donde la diputada de origen marroquí, Nadia Sminate, miembro del partido separatista Nueva Alianza Flamenca (N-VA), ha pedido su prohibición en todo el territorio bajo el argumento de que "es absolutamente necesario evitar que las mujeres se paseen en burkini por Flandes. No creo que quieran, en nombre de la fe, caminar con semejante horror en la playa".

Tampoco queda exenta del debate España, donde no existe una regulación al respecto en las playas pero algunas piscinas y parques acuáticos sí imponen limitaciones.

Por ejemplo, el parque Aquabrava de Roses (Girona) prohíbe el burkini en sus instalaciones. Su directora comercial, Maribel López, asegura en declaraciones a Europa Press, que se trata de motivos "estrictamente de seguridad", ya que las prendas anchas pueden conllevar accidentes con las diversas atracciones y se ha mostrado sorprendida por la polémica generada, pues tampoco permiten el baño con pareos, camisetas anchas o bañadores integrales.

Pero lo cierto es que algunas musulmanas han encontrado dificultades para acceder a determinados recintos en España. Es el caso de Fatima Aatar El Achouch, que desde un pueblo rural del norte de Marruecos cuenta su experiencia. "Tuve problemas para acceder a la piscina municipal de mi barrio y también al parque acuático Water World (en la Costa Brava)". Aatar explica que "en ambas situaciones me prohibieron hacer uso del servicio pero con argumentos ambiguos y débiles. Que si por higiene, que si por llevar el cabello cubierto, que si por mi propia seguridad, etc. En el parque acuático, cualquier queja tenía que pasar por el juego burocrático (rellenar una hoja de reclamación, llevarla a comisaría, etc.) y no me apetecía. En la piscina opté por aguantarme, pero ese mismo día que la socorrista me prohibió entrar, vi a una chica que llevaba un pantalón de calle. Se lo dije, ya que su argumento era que yo no llevaba ropa de baño. Le comenté que era muy curioso que a la otra persona sí la dejase y a mí no. No supo responder".

Aunque todas reconocen que en España el problema no es como en Francia. "Aquí se es más cuidadoso en materia de asuntos religiosos, porque con la Iglesia hemos topado", afirma Quiroga. Esta activista de Red Musulmanas indica que "a la gente se le llena la boca con que respetan las libertades, pero si no cumples el canon occidental entonces no es así. Consideran que una mujer se cubre por obligación, pero eso es sólo en Irán. Es falsa la concepción de que una mujer cuanto más se desnuda más libre es".

Fatima añade otro elemento al debate: "A las personas que nos cubrimos nos obligan a destaparnos y a las personas transexuales las obligan a cubrirse. Este doble rasero muestra que el problema de fondo no es la higiene ni la seguridad sino la aversión hacia lo diferente".

Quiroga zanja el asunto con una cuestión que lanza al aire: "Lo islámico responde al pudor, a algo personal sobre lo que no se puede legislar. ¿Otra vez vamos a regular sobre el cuerpo de las mujeres para garantizar las libertades?"

DOCUMENTACIÓN
Burkini, patriarcado y prohibición. ¿Cuál es el debate?.
Sonia Vaccaro | El Mundo, 2016-08-19

http://www.elmundo.es/sociedad/2016/08/19/57b5f0b3e2704ea5658b466f.html
Sobre burkinis, represiones y privilegios de señorita blanca.
Loola Pérez | El Mundo, 2016-08-19

http://www.elmundo.es/sociedad/2016/08/19/57b5efb0e2704e97218b466e.html

jueves, 18 de agosto de 2016

#hemeroteca #islamofobia | 'Burkini' e islamofobia

'Burkini' e islamofobia.
El peculiar traje de baño supone una burda ostentación y sobreactuación del hecho religioso musulmán.
Said El Kadaoui Moussaoui · Psicólogo y escritor | El Periódico, 2016-08-18
http://www.elperiodico.com/es/noticias/opinion/burkini-islamofobia-5329763

En el verano del año 2009 estuve alojado unos días en el apartamento de un amigo en Cabo Negro, Tetuán, Marruecos. Un apartamento confortable situado en una zona confortable, con vistas privilegiadas al Mediterráneo y con dos grandes piscinas comunitarias. En una de ellas presencié una discusión entre dos bañistas mujeres que querían acceder a la piscina con pantalón y camisa impermeables y un pañuelo en la cabeza y el resto de bañistas, que protestaban airadamente, especialmente algunas mujeres.

No había ninguna mujer ni ningún hombre extranjeros, todas y todos eran marroquís. Recuerdo bien lo que una mujer, quizá la que más enfado mostraba, espetó a las dos bañistas trajeadas: «Todos somos musulmanes. ¿Por qué vamos a permitir que el islam se reduzca a la opresión de la mujer?».

Recuerdo esta discusión mientras leo la noticia de la batalla campal habida en la localidad de Sisco, en el norte de Córcega, entre algunos partidarios del burkini y algunos detractores. A raíz de esta batalla, leo, el alcalde del municipio, el socialista Ange-Pierre Vivoni, ha decidido prohibir esta pieza de ropa que cubre todo el cuerpo de la mujer y el Colectivo Contra la Islamofobia en Francia (CCIF) ha criticado dicha prohibición.

Un discurso más riguroso
Que la islamofobia adquiere cada vez más vigor en Europa es un hecho doloroso, y trabajo tenemos para intentar aportar algo más de juicio en este clima propenso al prejuicio y las bajas pasiones. Un primer paso -a mi juicio uno de los más importantes- es que los propios musulmanes y las asociaciones que combaten la islamofobia se formen, estudien y elaboren un discurso más riguroso sobre lo que su religión es. Hay mucho fariseo ignorante denunciando islamofobia sin una mínima noción histórica de su religión.

La discusión que relataba al principio muestra una tensión interna en el islam de hoy entre los que somos partidarios de una religión espiritual que cohabite con un modelo laico de la sociedad y aquellos que abogan por una religión fiscalizadora que se apodere del espacio público imponiendo rituales y formas de vestir. Una religión que ejerce un control especial sobre la sexualidad de la mujer. El archiconocido temor a la sexualidad de la mujer de las ideologías más recalcitrantes.

«Si los reaccionarios en el mundo musulmán quieren agredir a la mujer, que lo hagan directamente, que no busquen excusas en el profeta», afirmaba hace unos cuantos años con ironía la ya fallecida socióloga y escritora marroquí Fátima Mernissi.

Un fanatismo oscurecedor
Hace algo más de un mes estuve en Marruecos, esta vez en Nador, en pleno mes del Ramadán. Apena ver el espacio que ocupa la religión en la sociedad. Una religión que cada vez más, y ya es decir, ejerce el rol de control social, de promulgadora de las normas de urbanidad que se deben guardar. Percibí una ostentación de los ritos religiosos que a mi juicio es muy preocupante. Nos habla de una sociedad sometida, vendida al pensamiento único. Por supuesto que debajo de esta primera capa hay otras mucho más interesantes, ricas, subversivas incluso, pero el miedo a hablar claro se percibe por doquier. Como antaño se hacía cuando se quería criticar al rey Hassan II, antes de hablar se mira a un lado y a otro para cerciorarse de que nadie escucha, y entonces sí, se critica el islam ideológico que se está apoderando del país.

El escritor argelino Boualem Sansal decía que el fanatismo religioso lo oscurece y lo dogmatiza todo. «El pueblo mismo, nosotros mismos, somos nuestro propio enemigo», añadía.

Estudiar el islam
El burkini es una burda ostentación del hecho religioso. Un intento, entre otras cosas, de sobreactuar la religiosidad y que denota claramente que son una parte de los musulmanes los principales enemigos de la emancipación y el pensamiento racional e histórico en el islam.

Si queremos denunciar la islamofobia con credibilidad, lo primero que debemos hacer es huir de las ideas de los fariseos y estudiar un poco más lo que el islam fue y lo que el islam es hoy. Tal como afirmaba en unas jornadas celebradas en el Institut Europeu de la Mediterrània hace casi un año Rachid Benzine, profesor de la Facultad de Teología Protestante de París, quizá el mejor discípulo de Mohamed Arkoun, debemos aproximarnos al islam con una perspectiva histórica, contextualizada y científica. Con la razón debemos vencer tanto a los fanáticos como a los bienintencionados que confunden islamofobia con los límites que nos impone una sociedad laica.

lunes, 15 de agosto de 2016

#hemeroteca #islamofobia | El ‘burkini’ reabre el debate del velo en el espacio público

Imagen: El País
El ‘burkini’ reabre el debate del velo en el espacio público.
Los municipios españoles no regulan el uso de la prenda, que ha llegado a los tribunales en Italia o Alemania.
Alfonso L. Congostrina / Ana Teruel / Itxaro Arteta | El País, 2016-08-15
http://politica.elpais.com/politica/2016/08/15/actualidad/1471283341_352199.html

La reciente prohibición del burkini en las localidades francesas de Cannes y Sisco ha reabierto en Europa el debate sobre el uso del velo en el espacio público. El uso de esa prenda de baño de manga larga que cubre desde la cabeza hasta los tobillos —pero no el rostro— ha llegado incluso a los tribunales en algunos países, como Alemania e Italia. En España, donde la prenda ya se ha podido ver en algunas playas,no se ha regulado al respecto. En su día, varios municipios legislaron sobre el uso del burka en espacios públicos.

Al menos treinta municipios catalanes votaron desde 2010 mociones contra el uso del burka en equipamientos públicos, aunque esa decisión fue cuestionada por el Tribunal Supremo al considerar que los ayuntamientos carecen de competencias para limitar el derecho a la libertad religiosa. No se planteó, sin embargo, el uso en la calle, en la playa o en las piscinas, como en otras localidades de la Unión Europea e incluso de Marruecos, donde en algunos clubes privados no se considera ropa de baño y, por tanto, se prohíbe la entrada en piscinas con este traje de baño.

Este fin de semana, los bañistas pudieron ver una mujer que vestía un burkini en la playa de la localidad barcelonesa de Montgat. “En España, el uso de esta prenda es excepcional y no existe ningún tipo de debate al respecto”, asegura Gloria García Romeral, socióloga y experta en diversidad religiosa e investigadora en religión en la Univesidad Autónoma de Barcelona (UAB). García Romeral entiende que no existe ningún tipo de normativa en todo el Estado que pueda prohibir esta prenda en España y asegura que “con toda probabilidad las bañistas de Montgat sean turistas”.

De hecho, las principales comunidades turísticas no regulan el uso de esta prenda. No lo hacen Cataluña, Baleares, Andalucía o Canarias, aunque al final el uso del velo en el espacio público lo han acabado fijando los municipios. Y la mayoría de los que lo han hecho, han obviado el nombre de la prenda y han prohibido, de forma genérica, la entrada en esos lugares con el rostro cubierto. En Vitoria, el alcalde Javier Maroto sí prohibió en verano de 2014 bañarse vestido, ya sea en ropa interior, deportiva o con velo, en las piscinas municipales. La normativa que aprobó obligaba a los socorristas de las piscinas municipales a expulsar a cualquier persona que vulnerara esa norma. Sin embargo sí permitió el uso de neoprenos y camisetas de licra, es decir el burkini sí era, y sigue siendo, una opción posible. “El que quiera bañarse vestido que vaya al pantano”, dijo entonces.

La polémica que alumbró la nueva y restrictiva normativa arrancó con una foto que se propagó por las redes sociales en la que se podía ver a una mujer musulmana, completamente vestida y portando hiyab, dándose un baño junto a sus hijos. En Bilbao la normativa es similar y en las piscinas tampoco se puede bañar con ropa. En San Sebastián el burkini sí está autorizado en las playas.

Noruega y Alemania, a favor del uso
Ningún país de Europa ha regulado legalmente el uso del burkini, pero algunas escuelas o piscinas privadas sí han adoptado decisiones después de la controversia por su uso. Noruega adoptó la postura favorable al bañador islámico. La Administración de Oslo declaró en 2009 que las mujeres podían ir a las piscinas municipales con burkini porque era importante que quien viva en la ciudad pueda usar estos centros. La regulación de la capital solo dice que para entrar al agua se debe llevar ropa limpia y diseñada para bañarse.

En septiembre de 2013 la justicia alemana se inclinó a favor del burkini. Todo empezó por el caso de una niña marroquí de 11 años en Fráncfort. Sus padres querían evitar que fuera a clases de natación y conviviera con chicos en la piscina y presentaron un recurso legal cuyo principal argumento era que por su religión, una mujer no puede dejarse ver otra cosa que la cara y las manos. La escuela dio entonces la opción del burkini, y aunque la familia la rechazaba, dos años después el máximo tribunal del país señaló que esa prenda es la mejor opción para las niñas musulmanas y sentó un precedente legal.

La alcaldía de Sisco, localidad a una decena de kilómetros de la capital corsa Bastia, anunció este lunes que prohíbe el uso del burkini en sus playas, al igual que ya hicieron Cannes y una localidad vecina de la Costa Azul. La decisión está motivada por unos violentos incidentes que durante el fin de semana enfrentaron a unas familias de origen magrebí y vecinos de la ciudad en una cala, dejando cinco heridos y se produce en plena conmoción del país tras los últimos atentados islamistas. La fiscalía de Bastia ha abierto una investigación para determinar las causas de la pelea. El domingo, 500 personas se manifestaron en un clima tenso en la capital de la isla para denunciar la violencia.

Prohibición tras una violenta pelea en Sisco
El alcalde socialista de Sisco, Ange-Pierre Vivoni, indicó que el veto se decidió el domingo por la noche, tras reunir en urgencia al consejo municipal. Se ampara en el modelo de las órdenes municipales dictadas este verano por la alcaldía de Cannes y de Villeneuve-Loubet, en el sur de Francia, validadas este sábado por la justicia. Las autoridades tomaron esta decisión como consecuencia de una violenta pelea que se registró el pasado sábado en una de sus playas y que ha crispado el ambiente en la isla durante el fin de semana.

El sábado por la tarde, tres familias de origen magrebí, entre las que se encontraban varias mujeres que llevaban velo —algunos testigos hablan de burkini— y con niños pequeños, se encontraban en una cala de Sisco. Residentes de un barrio popular de la capital Bastia, habían acudido a pescar, según los bomberos citados por la prensa local. Un turista que sacaba fotos de la zona, fue increpado por uno de los hombres magrebíes, de unos 40 años, que le acusó de estar fotografiando a su esposa, según detalla Le Monde en base a los testimonios de vecinos. Un adolescente de Sisco, que se encontraba con una decena de amigos, tomó a su vez una foto de la escena y el hombre se dirigió a él y le golpeó en la cara. Los chavales llamaron entonces a sus padres, que llegaron a la playa con unos 40 vecinos de la localidad.

Fue el inicio de unos duros enfrentamientos, que se saldaron con cinco heridos en ambas partes; entre ellos una mujer embarazada. Todos habían recibido el alta el domingo por la noche. Uno de los padres de los adolescentes fue herido con una flecha de arpón y uno de los chicos fue golpeado con el mango de un machete. Los vecinos incendiaron a su vez los coches de las familias de origen magrebí. Unos 100 efectivos de seguridad tuvieron que intervenir. La fiscalía de Bastia ha abierto una investigación por “violencia en grupo” para determinar el origen exacto de la palea.

El altercado amenaza con atizar la crispación en la isla, donde el pasado mes de diciembre se vivieron episodios de violencia antiárabe, a pesar de los reiterados llamamientos a la calma de las autoridades. Unas 500 personas se manifestaron el domingo en Bastia para denunciar la violencia, en un ambiente tenso. Al grito de “a las armas, vamos a demostrarles que estamos en nuestra casa”, la multitud se dirigió al barrio de Lupino, donde las familias de origen magrebí que participaron en la pelea dijeron residir. Las fuerzas de seguridad bloquearon la entrada a la zona.

viernes, 12 de agosto de 2016

#hemeroteca #islamofobia | Cannes prohíbe el burkini en sus playas

Imagen: El País
Cannes prohíbe el burkini en sus playas.
La ciudad francesa de la Costa Azul prohíbe la prenda en nombre de la laicidad y para evitar posibles altercados.
Ana Teruel | El País, 2016-08-12
http://internacional.elpais.com/internacional/2016/08/12/actualidad/1471003957_038249.html

En pleno debate sobre la relación del Islam con la República, atizado por los recientes atentados yihadistas en suelo francés, y apenas unos días tras el anuncio de cancelación de un acto privado con burkini en el sur de Francia, el bañador islámico vuelve a ser objeto de polémica en Francia. La alcaldía de Cannes, en la costa Azul, ha prohibido en sus playas esta prenda que cubre el cuerpo y el cabello, en nombre de la laicidad y para evitar posibles altercados. El veto, que no menciona directamente el bañador islámico, está en vigor desde finales de julio. Había pasado desapercibido hasta este jueves, en el que varias asociaciones han iniciado una campaña de denuncia en las redes sociales. Consideran la decisión ilegal y amenazan con recurrir ante la justicia.

La orden, en vigor hasta finales de agosto, prohíbe el acceso a las playas y el baño “a toda persona que no respete las buenas costumbres y la laicidad, las reglas de higiene y de seguridad” para poder bañarse en el mar. “Llevar ropa durante el baño con una connotación contraria a estos principios está también prohibido”, añade el texto, como puntualización. A continuación indica que una prenda que “manifiesta de forma ostentosa una pertenencia religiosa, cuando Francia y los lugares de culto religioso son actualmente objetivo de ataques terroristas, puede provocar disturbios del orden público (tumulto, altercados, etc)”. La infracción se puede sancionar con una multa de 38 euros. En las dos semanas que lleva en vigor, no ha sido necesario aplicarla.

“He tomado esta orden para garantizar la seguridad en mi ciudad en un contexto de estado de excepción”, decretado tras los atentados de noviembre de 2015 y todavía en vigor, ha explicado este jueves el alcalde de la ciudad, el conservador de Los Republicanos, David Lisnar, al diario local Nice Matin. “No prohibimos el velo, ni la kipá (el gorro judío), ni las cruces. Simplemente prohíbo un uniforme que es el símbolo del extremismo islamista”, ha añadido. El director general de servicios del ayuntamiento, Thierry Migoule, ha calificado la prenda de “señal de adhesión al yihadismo”, en declaraciones a la web de Francetv info.

El veto ha provocado un revuelo en las redes sociales desde este jueves, donde la portavoz de la Federación de musulmanes del sur, Feiza Ben Mohamed, ha denunciado “un nueva etapa en la islamofobia” y la ilegalidad de la decisión. El Observatorio de la laicidad, organismo oficial dependiente de la oficina del primer ministro, ha recordado en su cuenta Twitter que “si se deciden restricciones de vestimenta, estas no se pueden fundar en el principio de laicidad”.

“¿Para cuándo una milicia de buenas costumbres como en los países de los ‘mollahs’?”, ha reaccionado por su parte la antena local de la Liga de los Derechos Humanos (LDH), en un comunicado, en el que anuncia su intención de recurrir a la justicia. Para su presidente, Hervé Lavisse, el alcalde asume el papel de “reclutador perfecto para la radicalización”, quien con sus “actitudes tan exclusivas y represivas” fomentaría el sentimiento de exclusión de parte de la población. “Ha llegado la hora para los cargos electos de esta región de calmar los ánimos discriminatorios y de defender el espíritu de la República”, concluye.

Con esta prohibición, la alcaldía atiza en el debate sobre la laicidad en Francia y los signos religiosos. Este se ha centrado ampliamente en torno a las prendas musulmanas desde los años ochenta. La ley de separación de Iglesia y Estado, de 1905, consagra tanto la neutralidad estatal como la libertad de culto. La legislación en vigor prohíbe los signos religiosos “ostentosos” en las escuelas e institutos –no en los centros de educación superiores como universidades- y al personal de la administración pública con contacto con el público. Solo el burka, oficialmente por motivos de seguridad, dado que cubre el rostro y dificulta la identificación, está vetado en todo el espacio público desde 2011.

En una entrevista este jueves a la publicación conservadora Valeurs Actuelles, el expresidente y probable candidato a las primarias de los conservadores de noviembre, Nicolas Sarkozy, al origen de la ley contra la burka, aboga por extender la prohibición del velo islámico a las empresas y las universidades.
Y TAMBIÉN…
La polémica en Francia por un acto con ‘burkini’ fuerza su cancelación.

El alcalde de la localidad había amenazado con prohibir el evento.
Ana Teruel | El País, 2016-08-09
http://internacional.elpais.com/internacional/2016/08/09/actualidad/1470742913_261792.html
El 'Día del Burkini' en una piscina francesa genera polémica sobre la libertad de la mujer musulmana.
La asociación que había organizado el evento lo ha borrado de Facebook tras el debate suscitado.
María Sánchez Sánchez | Verne, El País, 2016-08-05
http://verne.elpais.com/verne/2016/08/05/articulo/1470390181_774425.html?rel=mas
Las escolares musulmanas tendrán que nadar aunque sea en ‘burkini’.
La Justicia alemana sentencia que las creencias religiosas no exoneran a las chicas de participar en la clase de natación.
Juan Gómez | El País, 2013-09-11
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/09/11/actualidad/1378919839_830148.html