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lunes, 27 de octubre de 2025

#hemeroteca #inmemorian | Muere a los 70 años Björn Andrésen, "el chico más bello del siglo XX", protagonista de 'Muerte en Venecia'

Björn Andrésen //

Muere a los 70 años Björn Andrésen, "el chico más bello del siglo XX", protagonista de 'Muerte en Venecia'

El actor, a los 15 años, fue elegido por Luchino Visconti para interpretar a Tadzio en la adaptación de la novela de Thomas Mann. El papel marcó la vida del actor, que tuvo una difícil relación con la fama.
J. Yuste | El Español, 2025-10-27
https://www.elespanol.com/el-cultural/cine/20251027/muere-anos-bjorn-andresen-chico-bello-siglo-xx-protagonista-muerte-venecia/1003743987331_0.html

El actor y músico sueco Björn Andrésen, célebre por su inolvidable papel de Tadzio en ‘Muerte en Venecia’ (Luchino Visconti, 1971), ha fallecido a los 70 años.

La noticia ha sido confirmada por Kristian Petri y Kristina Lindström, directores del documental ‘El chico más bello del mundo’ (2021), que aborda la vida, la carrera profesional y su difícil relación con la fama. La muerte ocurrió el pasado sábado, pero se desconocen las causas de la misma.

Tras un laborioso ‘casting’, el maestro Luchino Visconti encontró a Björn Andrésen en Suecia para que interpretara a Tadzio en ‘Muerte en Venecia’, adaptación de la novela de Thomas Mann. Con él se obsesiona un hombre mayor, al que da vida Dirk Bogarde en el filme.

Andrésen, nacido en 1955 en Estocolmo, era un chico tímido, marcado por un pasado familiar muy doloroso: su madre se suicidó, nunca supo quién era su padre y fue empujado a un estrellato indeseado por una abuela que soñaba con tener un “nieto famoso”.

Corrían los años 70 cuando Andrésen, a sus 15 años, fue elegido por Visconti, en una época de ruptura social y artística después del mayo del 68 que propició la aparición del punk y de una cultura underground subversiva.

El “bellísimo” Tadzio/Andrésen se convirtió en un emblema contracultural al generar en el espectador una sensación perturbadora, porque se trata de un menor y porque es un chico tan hermoso que podría ser una chica.

El propio Visconti, sin embargo, insistió en que su película, donde más bien parece un ángel, no lo sexualizara para que el enamoramiento del viejo escritor al que interpreta Dirk Bogarde no tuviera un tono grotesco.

No era de la misma opinión el propio Andrésen, que describió su incomodidad con respecto a su papel en ‘Muerte en Venecia’ y su director Luchino Visconti: "Cuando la veo ahora, puedo ver cómo el hijo de puta me sexualizó", llegó a manifestar.

En el momento del estreno de la película, circularon rumores en los Estados Unidos sobre una posible homosexualidad de Andrésen, cosa que él negó enfáticamente. Tras el estreno de la película, Visconti presionó a Andrésen para que acudiera a un club gay, donde se sintió incómodo por las miradas fijas de hombres adultos; Andrésen describió más tarde la experiencia como "un infierno".

Después de ‘Muerte en Venecia’, pasó un tiempo en Japón, donde la película había sido muy popular. Allí trabajó en una serie de anuncios de televisión y grabó dos canciones. Deseoso de disipar los rumores acerca de su sexualidad y de deshacerse de su imagen de "niño bonito", Andrésen rechazó otros papeles de homosexual.

También trabajó en películas como ‘Pelikaanimies’ (2004), Kojan (1992), ‘Smugglarkungen’ (1985) y ‘Midsommar’ (2019).​ Fue, además, músico profesional y tecladista del grupo de dansband Sven Erics.

Residió en Estocolmo y tuvo una hija, Robine con su esposa, la poeta Susanna Roman.​ También tuvieron otro hijo, un varón llamado Elvin, quien murió de síndrome de muerte súbita a los 9 meses de edad.

Andrésen cayó en una larga depresión tras la muerte de su hijo. En una entrevista en el 2020, afirmó que tal vez volvería a encontrarse con su hijo "en el más allá". Tuvo dos nietos, un niño y una niña.

En el documental ‘El hombre más bello del mundo’, conocemos a Andrésen como un sesentón bohemio y desastroso que está a punto de ser desahuciado por su impuntualidad en el pago y por su suciedad, un tipo que por momentos parece que lucha por la vida, pero en otros parece totalmente derrotado y abandonado.


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'El chico más bello del mundo': el juguete roto de Visconti

El documental sobre sobre Björn Andrésen, que interpretó siendo un adolescente a Tadzio en 'Muerte en Venecia', propone una reflexión sobre la explotación sexual de la imagen de los menores
Juan Sardá | El Español, 2021-08-13
https://www.elespanol.com/el-cultural/cine/20210813/chico-bello-mundo-juguete-roto-visconti/603941076_0.html

viernes, 26 de mayo de 2023

#hemeroteca #nobinario | Las personas no binarias como problema

El País / Andrea Speck //

Las personas no binarias como problema

Los paradigmas tradicionales que nos habían servido para definirnos se hallan en descomposición y, como en cualquier época de transición, las tensiones, las dudas y los disensos son inevitables
Octavio Salazar | El País, 2023-05-26
https://elpais.com/opinion/2023-05-26/las-personas-no-binarias-como-problema.html 

Tal y como bien explica en su último e imprescindible libro Paul B. Preciado, vivimos en un mundo “disfórico”, en el que buena parte de los paradigmas tradicionales que nos habían servido para definirnos se hallan en descomposición o, como mínimo, sometidos a una paulatina erosión. En este contexto incierto y complejo, muchas de las referencias que nos servían como espejo y como sostén están saltando por los aires. Estamos viviendo una fase que Almudena Hernando califica como “poshistoria”, un nuevo escenario en el que se están modificando las maneras de definirnos y de relacionarnos. No es solo que el suelo que pisamos se haya ido volviendo líquido, sino que los trajes que durante siglos nos sirvieron para revestir nuestra identidad se nos han ido quedando pequeños. Como en cualquier época de transición, las tensiones, las dudas y los disensos son inevitables. Ahí está como peligro evidente la reacción conservadora que postula el mantenimiento del orden tradicional, de las categorías biológicas y de las esencias que avalen que quienes tienen posiciones de poder no se vean cuestionados por los cuerpos disidentes. En este sentido, el agravio no es solo cosa de hombres.

Una reciente sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía ha abierto una singular brecha que, con suerte, podría ser el punto de partida para que nuestro ordenamiento revise las categorías que siguen siendo prisioneras del sistema sexo/género. Un reto al que, por cierto, no ha respondido la reciente y discutida ley 4/2023, de 28 de febrero, para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI, en cuya tramitación fueron rechazadas las enmiendas que proponían el reconocimiento de las personas no binarias. El tribunal andaluz ha dado la razón a Andrea Speck, una persona alemana afincada en Sevilla, cuya identidad no binaria habrá de figurar en el registro central de extranjería, tal y como consta en su pasaporte alemán. De esta manera, la sentencia abre la puerta para que el Ministerio del Interior amplíe con una tercera casilla la identificación de los sujetos más allá del binomio hombre/mujer. Una opción que ya es posible en varios países europeos, como Alemania, Países Bajos o Austria, así como en Argentina, India o Canadá. La rompedora decisión judicial deja claro que “la Administración, cualquiera que sea su ámbito territorial (local, autonómica o estatal)” ha de disponer “de datos personales de los ciudadanos, incluidos los de países de la Unión Europea, que se correspondan en el presente caso, con los reales de la identidad sexual (o si prefiere la expresión “identidad de género”, emancipada de la realidad meramente biológica de las personas)”.

El caso de Andrea Speck, al que seguramente se sumarán próximamente otras resoluciones judiciales gracias a sujetos que han iniciado esta batalla por el reconocimiento ante los tribunales, nos enfrenta, en cuanto juristas y en cuanto ciudadanos, a una de esas fronteras en las que hoy se mueven los derechos humanos. Me refiero a la relativa a los procesos de identificación con unos esquemas normativos que durante siglos estuvieron petrificados de acuerdo con un orden heterosexista y por supuesto patriarcal, y en virtud de los cuales todas y todos nos hemos sentido obligados a seguir los mandatos de una determinada casilla (que era de salida, pero también a veces trágicamente de llegada). La apuesta revolucionaria que supone hacer saltar por los aires el dualismo que todavía hoy nos encierra en identidades asfixiantes lo es también porque supone cuestionar toda una estructura de pensamiento, y por lo tanto de poder, edificada en torno a lo binario, a los ejes que nos dividen y que dividen la realidad en pares de opuestos, obviando la aplastante realidad de las múltiples aristas, grises y conversaciones que nos definen y que ojalá definieran el universo que habitamos. Tan simple, y tan complejo, como tender puentes en lugar de bombardearlos.

Un mundo de seres andróginos, en tránsito, nómadas, en permanente construcción y diálogo con las contradicciones, fugas y (des)aprendizajes que nos habitan es el horizonte de posibilidad que ahora se abre. Un ecosistema en el que no tengamos miedo a reconocer el monstruo que cada cual lleva dentro y en el que no haya cuerpos equivocados sino imperfectos y plurales, atravesados todos por las heridas que genera la desigualdad de recursos y de potencias. Emancipados al fin del género y sus mandatos. Un reto que nos obligará, pues, a revisar los presupuestos de la subjetividad jurídica, pero también los éticos y epistemológicos. Sin olvidar, claro, que el desigual reparto de recursos atraviesa siempre nuestros cuerpos frágiles. Todo un desafío para el ensanchamiento del principio de igualdad como reconocimiento de las diferencias, y también para un feminismo que sea capaz de pasar de la rebelión a la revolución, lo cual exige, como bien nos enseñó bell hooks, “destruir el dualismo y erradicar los sistemas de dominación”.

Octavio Salazar Benítez es catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Córdoba y miembro del Comité de Expertos del Instituto Europeo de Igualdad de Género.

jueves, 13 de abril de 2023

#hemeroteca #inmemoriam | Fallece Mary Quant, la diseñadora que popularizó la minifalda y revolucionó la moda femenina

El País / Mary Quant en 1965 //

Fallece Mary Quant, la diseñadora que popularizó la minifalda y revolucionó la moda femenina

La influencia de Quant es inabarcable, no hay firma, grande o pequeña, cara o barata, que no se haya inspirado en su estética, casi la única que viene a la mente en el imaginario colectivo cuando se menciona la estética de los años sesenta.
Leticia García | SModa, 2023-04-13
https://smoda.elpais.com/moda/fallece-mary-quant-la-inventora-de-la-minifalda-que-revoluciono-la-moda-femenina/ 

Mary Quant ha fallecido a los 93 años, según ha confirmado su familia. La diseñadora, que nació en Londres en 1930, revolucionó la moda en los años sesenta desde su boutique Bazaar. Comenzó a diseñar al darse cuenta de que su estilo personal, con prendas de colores vivos y cortes geométricos, tenía mucho más éxito que las prendas de confección que vendía en aquella tienda que abrió en 1955 junto a su marido, Alexander Plunket Greene. El local estaba en King’s Road, el epicentro de la moda urbana londinense, el lugar donde acudían los jóvenes hambrientos de nuevos sonidos y nuevas formas de expresarse a través de la ropa (y el sitio donde, dos décadas más tarde, Vivienne Westwood abrió Sex). Los atrevidos diseños de Quant, medias de nylon, prendas coloridas y bailarinas con pulsera desafiaban la estética estricta y austera de la posguerra y se distanciaban con mucho de las prendas de moda entonces, inspiradas en la majestuosidad de la inaccesible alta costura y, sobre todo, en la silueta voluminosa de cintura estrecha que patentó Christian Dior en 1946 con el nombre de New Look.

“Antes de ella no había ropa moderna para los jóvenes, todos teníamos que vestir como nuestros padres”, contaba Twiggy, la gran musa de Quant, en una columna en el Vogue británico. La primera vez que Twiggy posó con su ropa, un vestido de corte trapecio por la rodilla, tenía 16 años y pesaba poco más de 40 kilos; representaba un modelo de mujer muy distinto al de las maniquís de entonces, mucho más joven, desgarbada y con un corte de pelo andrógino. Quant tuvo la visión de contratarla como embajadora de sus creaciones, cambiando (sin saberlo) el arquetipo de las modelos femeninas; con ella, el imaginario de la moda y de su público potencial rejuveneció varias décadas.

Si bien se le adjudica la invención de la minifalda (título que se disputa con André Courrèges, que realizó una colección de vestidos por encima de la rodilla en 1964) lo cierto es que Mary Quant, como a ella misma le gustaba admitir “recogió algo que ya llevaban las mujeres en la calle”. “Fue un proceso gradual, que se fue gestando desde una década antes, momento en que las faldas se fueron acortando”, explican en el catálogo que acompaña a la retrospectiva que realizó sobre Quant el museo Victoria and Albert. Lo que sí hizo la diseñadora fue arriesgarse; en 1964 sus faldas llegaron a medir 34 centímetros, causando una revolución, para bien y para mal, en la sociedad británica. Pero mientras muchos acudían a Bazaar a protestar a paraguazos, otros viajaban de distintas partes de Europa a comprar sus diseños para atreverse a llevarlos en distintas partes del mundo.

Como la de Chanel, la revolución de Quant fue más social que estética. La primera creó a principios del siglo XX un uniforme para una hipotética mujer activa (eso sí, adinerada) alejado de corsés e incómodas decoraciones indumentarias. La segunda, a mediados, liberó a toda una generación de jóvenes de clase obrera que no tenían acceso a la moda de diseñador y que poco a poco iban rebelándose contra el destino que imponía la sociedad; mujeres que empezaron a tomar la píldora, a entrar en el mercado laboral, a decidir sobre su cuerpo y a expresarlo a través de sus cortes de pelo andróginos (el de Quant, corto y geométrico, era obra de otro gran ídolo de la época, Vidal Sasoon) sus prendas coloridas y cortas, su música y su estilo de vida. La diseñadora no se cansó de decir que la minifalda (llamada así por el coche Mini, no por su longitud) era un símbolo de libertad y no de protesta. Pese a que durante los sesenta, muchas mujeres corrieron grandes riesgos al llevarla en su día a día e incluso llegaron a manifestarse para poder usarla, o lo que es lo mismo, para poder decidir sobre su cuerpo.

Su tienda Baazar se convirtió en el epicentro del llamado ‘Swinging London’, el movimiento que en los sesenta convirtió a Londres en la capital de la modernidad, de una vanguardia real y liberadora muy ajena al naciente prêt à porter que empezaba a manejar la moda parisina. Los jóvenes del ‘Swinging London’ no distinguían entre música, ocio y moda, por eso Quant tampoco lo hacía. Y fue creando poco a poco toda una estética que se asociara a esa unión, de la ropa deportiva para llevar en la calle al ‘oversize’ o una próspera línea de maquillaje (delineador marcado, pestañas voluminosas, sombras de colores) que fue casi tan influyente como sus prendas. “La ropa de trabajo contemporánea, que ahora damos por sentada, fue también uno de los logros de Quant. Diseñaba ropa para mujeres que bailaban, salían, pero también corrían detrás del autobús”, cuenta el diseñador Jasper Conran en el documental sobre su vida, ‘Quant’ (2022). “Los bolsillos son clave en un vestido”, solía decir. Hasta ese punto su visión del diseño era revolucionaria. En el diseño femenino, solo Chanel se había atrevido a usarlos con asiduidad antes.

La diseñadora se retiró en el año 2000 y vendió su empresa a una compañía de inversión japonesa (uno de sus principales mercados) que a día de hoy sigue comercializando su línea de cosméticos. En 2009, su minifalda apareció en una edición especial de sellos que rendían homenaje al diseño británico (junto al plano de metro de Londres y las cabinas de teléfono) y en 2015 recibió el título de Dama de la Orden del Imperio británico. La influencia de Quant es inabarcable, no hay firma, grande o pequeña, cara o barata, que no se haya inspirado en su estética, casi la única que viene a la mente en el imaginario colectivo cuando se menciona la moda de los años sesenta. Cambió la imagen de la moda y acompañó con sus diseños los cambios sociales de su época, y lo hizo siendo mujer en un momento en que apenas había diseñadoras femeninas famosas, es decir, mujeres que pudieran pensar e influir en las necesidades indumentarias de otras mujeres.

* S Moda se puso en contacto con Mary Quant el pasado mes de febrero para entrevistarla y reivindicar su figura, pero su estado de salud no le permitió participar en el reportaje.

martes, 24 de enero de 2023

#libros #lgtbi #literatura | Sobre la influencia de David Bowie en el destino de las jóvenes

Sobre la influencia de David Bowie en el destino de las jóvenes / Jean-Michel Guenassia ; traducción de Juan Carlos Durán Romero.

[De l’influence de David Bowie sur la destinée des jeunes filles. 2017]
Barcelona: Irradiador, 2023 [01-24]
242 p.

/ ES / FR* / Libros / Literatura / NOV / Ambigüedad sexual / Androginia / David Bowie / Juventud / LGTBI

📘 Ed. impresa: ISBN 9788419535009 / 21,85 €
📝 Cita APA-7: Guenassia, Jean-Michel (2023). Sobre la influencia de David Bowie en el destino de las jóvenes. Irradiador.


[.es] “Soy lesbiano, una clase de hombre borrosa, innombrada, sin comentar, poco recordada. Y nada recomendable. Para definirme, el propio calificativo tiene algo de leivmotiv: ambiguo. Algunas dicen equívoco.” Paul es joven. Paul es andrógino. A Paul lo quieren hombres y mujeres. Alex, su mejor amigo es gay. Lena, su madre es lesbiana, ¿su padre? desconocido, y Paul ¿quién es? A ritmo de una divertida banda sonora iremos descubriendo en la novela la personalidad de Paul. ¿Y David Bowie? Pues tendrás que leer la novela para encontrarlo, si es que está.

sábado, 14 de mayo de 2022

#hemeroteca #vih #mujeres | Las mujeres con VIH requieren un tratamiento diferenciado

Menorca.info / Laboratorios de investigación //

Las mujeres con VIH requieren un tratamiento diferenciado.

Un estudio realizado en Menorca concluye que padecen mayor interacción entre fármacos.
Sonia Marquès | Menorca.info, 2022-05-14
https://www.menorca.info/menorca/local/2022/05/14/1733755/mujeres-vih-requieren-tratamiento-diferenciado.html 

Gabriel Mercadal, doctor en farmacia y miembro del Servicio de Farmacia Hospitalaria del Hospital Mateu Orfila, es el principal impulsor de un estudio publicado en la revista «Aids Care» (cuidados del sida) sobre mujeres seropositivas de Menorca, en el que demuestra una mayor presencia de interacciones entre fármacos. El estudio pone de manifiesto la necesidad de que las mujeres infectadas por VIH sean abordadas de manera especial y se seleccione de acuerdo a sus características el tratamiento antirretroviral más adecuado.

El estudio se inició en 2020 junto a las farmacéuticas Julia Font y Marta Pons, comprobando que las mujeres de la Isla con esta patología presentan mayor comorbilidad, presencia de varias patologías y prescripción de más fármacos. La carga de medicamentos implica diferentes interacciones y mayor carga colinérgica, con efectos secundarios a distintos niveles, incluido el sistema nervioso central (mareo, sedación, confusión o demencia) y periférico (visión borrosa o estreñimiento).

Los hombres, más estudiados
Detrás del estudio está la necesidad de una medicina cada vez más personalizada, que tenga en cuenta los factores asociados al perfil de la mujer. Las conclusiones del trabajo contribuyen a la visión menos androgénica de la salud, puesto que las investigaciones y tratamientos médicos históricamente han sido más estudiados en la población masculina.

El doctor Gabriel Mercadal destaca esta falta de diferenciación entre sexos, que se ve también en la prescripción de antirretrovirales o medicación específica para VIH, sin tener en cuenta las particularidades distintas entre hombre y mujeres, que hacen que la respuesta a los medicamentos sea diferente, y que ahora empiezan ya a considerarse.

El Servicio de Farmacia Hospitalaria del Mateu Orfila, a través del seguimiento de los pacientes mediante una aplicación informática, «Naveta», con el seguimiento periódico y mediante encuestas sobre el estado de salud, trabaja en esta medicina cada vez más personalizada que pueda adaptarse a cada paciente y detectar de forma rápida cualquier anomalía o interacción no deseada entre fármacos.

sábado, 4 de diciembre de 2021

#hemeroteca #homosexualidad #masculinidad #cine | ‘El poder del perro': la masculinidad atormentada

Público / Fotograma de 'El poder del perro' //

‘El poder del perro': la masculinidad atormentada.

Octavio Salazar Benítez | Público, 2021-12-04

https://blogs.publico.es/otrasmiradas/54322/el-poder-del-perro-la-masculinidad-atormentada/ 

Phil es uno de esos hombres que, con cada gesto, con cada paso, con cada palabra, con cada actitud, parece estar queriendo dejar claro que es un hombre de verdad. Un fiel cumplidor de las expectativas de género y, por tanto, un magnífico actor de la puesta en escena que acaba siendo la masculinidad. Los mandatos de dureza y de autocontrol hacen de él un individuo en guerra contra sí mismo y, por tanto, también en parte, con los demás. El poso de sensibilidad que en él cuesta tanto trabajo adivinar, por más que tengamos el dato de su formación clásica –tal vez les hable a las reses en griego o en latín, cuentan de él para burlarse- y por más que intuyamos que su mirada puede ver lo que otros no ven, es una suerte de remolino interior que lo mantiene siempre en tensión. Ocultando y ocultándose.

Armarizado en su cuerpo de cowboy que encuentra en la suciedad y en la soledad una especie de disfraz con el que protegerse de los otros. El personaje de Phil es un heredero de John Wayne atravesado por los pulsos que un día leímos en la obra ‘En terreno vedado’ de Annie Proulx. El que necesita de la manada. El macho que cabalga y que lucha por huir de los deseos que le bullen por dentro. El que cubre su piel con barro y, al sol, a solas, es capaz de sentir lo que el resto del tiempo se niega. La servilleta sobre su cuerpo de hombre herido que se niega a reconocer su fragilidad. El placer hecho carne en el cuerpo hiper viril que no se permite ni la más mínima quiebra. El que ve en las montañas el animal que le devuelve, como un espejo cruel, su propia rabia. El poder del perro. El tormento de la masculinidad. A la que no le queda más remedio que agujerearse cuando hay otra, la que representa el jovencito Peter. El chico sensible que hace flores con papel, que se esmera en los cuidados y que es la diana de la homofobia con la que los hombres de verdad, como si fueran lobos, marcan su territorio. El de los tipos duros que no bailan, el de quienes cuentan siempre con mujeres en la cocina o en la cama para satisfacer sus necesidades, el de a quienes parecen solo gustarles los colegas de fratría. La homosocialidad frente a la negación de las mujeres como personas. Las criadas, las viudas, las que sufren "un mal que no tiene nombre". La sufriente Rose, la madre hacia la que Peter siente un débito que pareció dejarle en herencia el ‘pater familias’: "Al morir mi padre, yo solo quería que mi madre fuera feliz. ¿Qué hombre iba a ser si no la ayudaba? Si no la salvaba".

Phil y Peter, Peter y Phil, como una especie de renglón perdido de la historia que hace ya años nos contó ‘Brokeback Mountain’, como si fuera casi el reverso, profundo y dramático, de aquel pastiche romántico llamado ‘Call me by your name’. Jane Campion, al igual que hizo en ‘El piano’, vuelve a hablarnos de deseos, represión, sexo e identidad. Y lo hace con la extrema delicadeza de quien va abriendo despacio, sin prisas, la puerta de una casa, para descubrir los tesoros, y también las telarañas, que esconde cada habitación. Con unas imágenes de extrema belleza, un tiempo que discurre con la lentitud propia de un lugar al margen y con una música que a veces nos da punzadas y otras nos lame el rostro, como si fuera un perro juguetón, la guionista y directora nos cuenta una historia de hombres en el precipicio y de emociones que, de tanto hervir en la olla, provocan digestiones dañinas y temblorosas. La furia contenida y la violencia latente, y a tanto explícita, de una virilidad que se alza negando lo que su opuesto, la feminidad, construye en un espacio donde solo cabe sostener la vida. Aunque para ello sea necesario tener una botella de alcohol bajo las sábanas.

‘El poder del perro’, que es una de esas películas que cada vez más de tarde en tarde me reconcilian con el cine con mayúsculas, se ubica a en los años 20 del pasado siglo en Montana. Estamos ante un lugar que podría ser un no-lugar, un escenario creado a lo ‘Dogville’, marcado por una naturaleza que se mueve entre la belleza y el desasosiego, en el que los personajes parecen danzar una coreografía que les obliga a mantener el equilibrio entre lo correcto y lo deseado. Una tensión febril para los hombres que en ese oeste de polvo y sangre, pero también en el presente siglo de olas feministas y agravios masculinos, tratan de cumplir con su papel. Y en el que un joven como Peter, que quizás quiera convertirse en médico para dominar algo más el arte de la curación y los cuidados, además de para ser parte de alguna manera del pacto que lo une al padre, viene a ser como un animalillo salvaje que escapa de los insultos y desafía, a su pesar, a quienes fueron educados para ser depredadores. El delicado tapiz que teje Campion, basándose en la novela de Thomas Savage, es posible y creíble gracias a las espléndidas interpretaciones de todo el reparto y muy especialmente de esos dos hombres condenados a entenderse, interpretados por un impresionante Benedict Cumberbatch y un Kodi Smit-McPhee que bien podría ser la encarnación de la androginia soñada en una sociedad sin géneros. Lo más hermoso de la historia es que esas dos masculinidades, ambas disidentes, acaban encontrándose, reconociéndose, tocándose. La cuerda trenzada que pasa de Phil a Peter. El hombre atormentado que da paso a un hombre nuevo. La emoción, y la imaginación, como testigos. El poder de la ternura. El perro que lame en lugar del que airado ladra como si fuera una montaña a punto de reventar. La mejor manera de darle la vuelta al western como necesario sería dársela a una virilidad que no se atreve a hablarle a los animales en griego o en latín.

lunes, 19 de julio de 2021

#hemeroteca #androginia #glam | Transmúsica: así se adelantaron Lou Reed y David Bowie a una tendencia de la que todo el mundo habla

Imagne: La Razón / David Bowie //
Transmúsica: así se adelantaron Lou Reed y David Bowie a una tendencia de la que todo el mundo habla.

Los dos artistas se adelantaron con sus canciones y con la actitud adquirida en los escenarios y que los convirtió en pioneros del movimiento “trans”.
Sabino Méndez | La Razón, 2021-07-19
https://www.larazon.es/cultura/20210720/4ucxx44ub5cqne34ooryr4xzmi.html 

Durante su primera gira por el medio oeste de la América profunda, unos todavía jóvenes Rolling Stones protagonizaron una curiosa anécdota. Al día siguiente de una actuación en un pequeño estadio de provincias estaban bañándose en la piscina de su motel cuando ésta fue invadida por agentes de la policía local. ¿Había llegado acaso hasta sus oídos la escandalosa fama de consumidores de estupefacientes que arrastraba la banda? ¿Venían a protegerlos de un posible secuestro o ataque de fans? Ni lo uno ni lo otro. Sencillamente, habían recibido una llamada de un lugareño denunciando que un montón de chicas estaban bañándose sin sujetador en la piscina.

Contrariamente, no había ninguna mujer en los alrededores. Las supuestas chicas eran los Stones, que habían provocado un espejismo en el escandalizado testigo local porque nunca había visto en aquel pueblo a hombres con el pelo largo. Cierto es que, en el Romanticismo y el siglo XIX, el hirsutismo había sido moneda común entre los varones, pero hacía ya muchas décadas que los hombres no llevaban el cabello largo. Desde principios de los años sesenta, una buena manera de discutir los esquemas culturales del momento, aceptados por todo el mundo, fue practicar esos pequeños gestos: dejarte crecer el pelo más de lo que era normal entonces, escoger adrede vestimentas connotadas como lumpen y practicar los comportamientos que el rígido canon social consideraba incorrectos.

La irrupción del andrógino
Ese crecimiento de la longitud capilar provocó enseguida varios divertidos resultados involuntarios: en primer lugar, la dificultad entre muchas personas para distinguir fácilmente chicos de chicas a primera vista; en segundo, la constatación de que, en virtud de sus particularidades fisiológicas individuales, había muchachos a quienes estéticamente les sentaba muy bien los rasgos supuestamente femeninos y viceversa. La figura del andrógino empezó a ponerse entonces de moda y, durante unos años, los muchachos con una imagen de más éxito eran lánguidos y delgados –escasamente musculados– y las estrellas populares femeninas eran mujeres agresivas que reivindicaban el poderío de su apetito sexual con bailes agresivos y músicas vociferantes. Es el Glam-Rock del año 1973.

Cuando hoy se habla de la valentía de la cruzada transgénero para encontrar su lugar en el mundo, uno no puede evitar pensar que, efectivamente, se necesita un acopio de decisión para ir contra los lugares comunes y las ideas aceptadas de tu propio tiempo. Pero si eso ya se hace difícil hoy en día, imagínense lo que podía ser hace cincuenta años, cuando ni los gobiernos ni las leyes te apoyaban como lo hacen ahora para emprender ese viaje o travesía.

Eso fue lo que sucedió exactamente en el rock de 1973. Como al rock ya se le suponía de entrada la obligación de ser extravagante, fue el refugio perfecto para que un montón de artistas inquietos (unos más rudimentarios, otros menos) ensayaran sus experimentos de transgénero. ¿Puede haber algo más «trans» que el álbum «Transformer» de Lou Reed aparecido por aquellas fechas? La jugada habilísima de los «glam-rockers» fue que en álbumes como ese aparecieron canciones inolvidables, de gran calidad compositiva, que superaron varias generaciones y trasladaron su mensaje más allá. El productor del disco citado se llamaba David Bowie y también posaba con vestimentas andróginas nunca vistas, consiguiendo que no se supiera muy bien si era chico o chica.

Durante los siguientes años, nombres como los de Marc Bolan, Gary Glitter, Suzy Quatro, The Runaways, Joan Jett, Lita Ford y la sueca Ann-Margret usaron, para dar a conocer su rock, el impacto visual que provocaba en las convenciones de entonces la ambigüedad de su presentación andrógina. Fueron tan impactantes en su momento que incluso durante décadas posteriores aparecieron grupos como los también suecos Hanoi Rocks que mantenían viva la llama de ese estilo. Podría decirse que los glam-rock de ayer fueron los transgénero de hoy. Y como el fenómeno de la apropiación cultural es común hoy en día, aquellos que sobrevivieron entre los rockeros glamourosos se alegran del cambio de costumbres, pero miran con desconfianza a los políticos que se apuntan ahora masivamente al carro. No pueden olvidar que les prometieron legalizar la marihuana y, cuando llegaron al poder, solo legalizaron la mentira.

lunes, 18 de enero de 2021

#hemeroteca #queer | Tilda Swinton confiesa que forma parte del colectivo LGTBI: "Para mí ser 'queer' tiene que ver con la sensibilidad"

Imagen: 20 Minutos / Tilda Swinton
Tilda Swinton confiesa que forma parte del colectivo LGTBI: "Para mí ser 'queer' tiene que ver con la sensibilidad".

"Siempre he sentido que era 'queer'. Solo estaba buscando mi circo queer y, al encontrarlo, vi que es mi mundo", declaró. La actriz ha protagonizado recientemente 'La voz humana', un cortometraje de Pedro Almodóvar.
20 Minutos, 2021-01-18
https://www.20minutos.es/noticia/4547653/0/tilda-swinton-colectivo-lgtbi-queer/ 

Aunque muchas personas ya consideraban a Tilda Swinton un icono ‘queer’ por alejarse de los conceptos comúnmente asociados al género y por su ‘look’ adrógino, la actriz ha confirmado ahora que se siente parte del colectivo LGTBI.

En una entrevista con la edición británica de Vogue, la protagonista de 'La voz humana', de Pedro Almodóvar, ha revelado que siempre se ha sentido ‘queer’. La actriz de 60 años ha sido vista en otras ocasiones luchando por los derechos de la comunidad LGTBI, pero ahora ha explicado lo que para ella significa ser ‘queer’.

"Para mí, ser ‘queer’ tiene que ver con la sensibilidad", contó en la entrevista. "Siempre he sentido que era ‘queer’. Solo estaba buscando mi circo ‘queer’ y lo encontré. Y al encontrarlo, vi que es mi mundo".

De este modo, la actriz de ‘Doctor Strange’ se ha desmarcado de la idea de que el colectivo LGTBI se relacione simplemente con una sexualidad. "Ahora tengo una familia con Wes Anderson, Bong Joon-ho, Jim Jarmusch, Luca Guadagnino, Lynne Ramsay, Joanna Hogg...", añadió Tilda Swinton, quien hasta el momento solo se la ha relacionado con hombres como el dramaturgo John Byrne, con quien tiene gemelos, y con Sandro Kopp.

viernes, 6 de marzo de 2020

#hemeroteca #trans #testimonios | Aitzole Araneta: "La sociedad no tiene integrado que pueda haber mujeres y hombres con otros genitales"

Imagen: Huffpost / Aitzole Araneta
"La sociedad no tiene integrado que pueda haber mujeres y hombres con otros genitales".
Aitzole Araneta, Técnica de Igualdad, sexóloga y activista responde a las últimas críticas hacia las personas trans en el feminismo.
Carlota E. Ramírez | Huffpost, 2020-03-06
https://www.huffingtonpost.es/entry/aitzole-araneta-sexologa-y-activista-transfeminista-espanola_es_5e626d17c5b647a5bd313946

“Mi colectivo ha sido históricamente echado de su casa, ha abandonado los estudios por acoso, ha tenido una alta tasa de desempleo o ha sufrido el tener que pasar por un psiquiatra y que te certificase una enfermedad mental si querías ser reconocido en los papeles. Y eso no son privilegios”.

Son palabras de Aitzole Araneta, técnica de igualdad, sexóloga, portavoz de Podemos en el Ayuntamiento de San Sebastián y activista por los derechos de las personas trans, aunque ella prefiere el término de “personas en situación de transexualidad”. Responde así a aquellos que argumentan que ha tenido “privilegios por el hecho de ser un hombre” parte de su vida.

En los últimos meses ha resurgido una polémica —“sobre todo en redes sociales”— sobre si las mujeres trans forman o no parte del sujeto del feminismo. Hay quien dice que no es así, como Lidia Falcón argumentaba a este mismo medio. Porque, entre otras cosas, al haber nacido con otros genitales, no han sufrido la misma opresión que las mujeres ‘cis’ (no transgénero) y su lucha es otra.

“Es una polémica que cuando salió el autobús de HazteOír que decía ‘las niñas tienen vulva, los niños tienen pene’ no estaba en el aire”, señala Araneta a ‘El HuffPost’. Para ella, el problema es que hay un discurso en un “pequeño sector del movimiento feminista que defiende algo parecido a la extrema derecha” con las personas “en situación de transexualidad”. Ella prefiere utilizar este término porque “se trata de una situación, como ser rubia o alta”. Defiende que “nadie cambia de sexualidad” y que ellas siempre han sabido quiénes eran. “Pero en la sociedad no tenemos integrado que pueda haber mujeres y hombres con otros genitales diferentes”, asegura.

El discurso de las personas transexcluyentes, según la activista, “viene a decir que las mujeres que hemos nacido con pene no somos mujeres, sino hombres que nos apetece vestirnos con ropas femeninas o que queremos dinamitar el movimiento feminista por dentro. Es decir, niegan quiénes somos”.

Entiende que “es muy difícil ponerse en el lugar de alguien que haya estado en situación de transexualidad”, pero siente una continua sensación de “que te dicen quién eres”. “Hay poca gente que lo haya vivido y es difícil empatizar con algo tan complicado de explicar”

Y cree que estos discursos van “en contra de determinados discursos feministas”: “Si convierte a aquellas mujeres con capacidad de gestar en las verdaderas mujeres, va a haber muchas que no lo serán. Y no me refiero solo a las que están en situación de transexualidad”.

La operación de menores, otra de las críticas
Otra de las críticas que insiste en contestar Arendeta es la de las operaciones de los menores trans. “Dicen que se opera a niños de 4 ó 5 años por capricho de los padres y eso es mentira, no hay ningún niño de esa edad al que le suceda. Primero, porque es ilegal. Y segundo, porque a un niño que no se ha desarrollado se le introduciría hormonación exógena en balde, no se puede operar a los niños”, asegura.

Defiende que los niños y las niñas “quieren que se les reconozca y se les acepte y, si eso, para que los demás los vean como chicos o chicas, pueden recurrir a un bloqueo hormonal, que no son hormonas y que también se les da a otras personas como las atletas”. Aunque seguirá sin ser para los más pequeños “porque para eso tiene que haber una prepubertad o una pubertad que se pueda bloquear”.

Los puntos comunes
Araneta coincide con las mujeres que tienen un discurso transexcluyente en que hay “que abolir las normas de género no escritas que nos imponen una forma concreta de ser mujeres”. Y añade algo: “Una forma concreta también es ser una mujer femenina con ciertos genitales y apariencia”, dice.

Pero para ella, “otra cosa es que mi identidad sea algo que me venga impuesto de fuera”. La activista le dijo a su madre que era una niña cuando aprendió a hablar: “Es algo que nadie puede elegir, sino que se siente y se vive. Y no hay forma de abolir algo que tú sabes que eres”.

“No puedo ser un hombre, eso es así. Luego cada uno toma la decisión de cómo gestionarlo. Hay quien lo hace viviendo una vida que no es la suya, haciendo activismo o recurriendo a modificar sus caracteres sexuales”, señala. Pero hace énfasis en que hay personas trans que no recurren a cirugía ni hormonación: “Es una cuestión de saber quién eres y que los demás lo reconozcan”.

Los obstáculos que se encuentran
Araneta explica que esto se suma a los obstáculos que se encuentran las personas trans durante su vida: “Cuando te educan diciéndote que eres un hombre y no lo eres, el esfuerzo extra que tienes que hacer en la escuela, los estudios, el trabajo, legalmente, sanitariamente, en los aeropuertos... Todo ello tiene una serie de implicaciones que han derivado en que las mujeres como yo hayamos sido marginadas y maltratadas”. Este maltrato, según cuenta, se debe a “la negación de quiénes somos y sus derivadas de ‘mobbing’, ‘bullying’ o exclusión laboral”.

“Yo en su día sufrí un acoso brutal porque era una niña y para todo el mundo era un niño. En mi adolescencia porque tenía un aspecto muy adrógino y la gente cuando me miraba veía a una chica y luego les decían que no lo era. Yo no tengo la percepción de haber sido hombre nunca”, cuenta.

Ella coleccionó matrículas de honor en la universidad. “Pero hasta que me cambié los papeles estuve dos años en paro porque cuando me iban a dar de alta en la seguridad social veían que tenía nombre de hombre y mágicamente ya no había puesto”, lamenta.

¿Una doble opresión?
Araneta cree que el apellido “trans” hace que estas mujeres sufran otros tipos de opresión: “Si ya ser mujer supone tener unas condiciones de vida más difíciles, si le añadimos el apellido es peor”. Pone de ejemplo cuando una mujer trans entra como reclusa en una cárcel de hombres: ”¿Va a vivir ahí bien o va a ser amenazada y violada en una cárcel de hombres como mujer?”

Tiene una cosa clara. Y es que queda un “largo camino por recorrer para derribar estos estereotipos que nos afectan a todas las mujeres pero también a las mujeres en situación de transexualidad”. Le gustaría que “dentro de décadas o lustros” haya una sociedad “donde el ser mujer no arrastre una mochila de tanta lucha y tanto sufrimiento y que las mujeres, sea en situación de transexualidad o no, puedan desarrollarse en libertad y vivir lo más seguras posibles”.

miércoles, 8 de enero de 2020

#hemeroteca #machismo #lgtbifobia | Machismo y LGTBIfobia en la políticas pública

Imagen: Pikara / Ilustración de Emma Gascó
Machismo y LGTBIfobia en la políticas públicas.
¿La diversidad sexual y de género debe estar asociada a igualdad de género o es conveniente ubicarla con las políticas de inmigración, discapacidad u otras? ¿La lucha contra la violencia de género debe incluir a la LGTBIfobia o no debe hacerlo?
Teresa Maldonado | Pikara, 2020-01-08
https://www.pikaramagazine.com/2020/01/machismo-y-lgtbifobia-en-la-politicas-publicas/

El feminismo nos enseña muchas cosas; por ejemplo, esta: que la construcción social del género en las sociedades patriarcales consiste, entre otras cosas, en la adjudicación sistemática de unas características psicológicas muy concretas a los seres humanos en función de que sean reconocidos (1) al nacer como hembras o como machos. Es el famoso “no se nace mujer, llega una a serlo” con el que arranca el segundo volumen de ‘El Segundo Sexo’, publicado por Simone de Beauvoir hace ahora setenta años. A partir de unos datos definidos como “naturales” (los genitales, que a su vez pueden coincidir completamente o no con el sexo cromosómico) los géneros masculino y femenino se encarnan en las personas concretas produciendo hombres y mujeres (2). El sistema sexo-género (o patriarcado) es una estructura social de distribución binaria de las personas en compartimentos estancos y excluyentes que las clasifican o bien como hombres, o bien como mujeres. A cada una de estas categorías se asocian luego una serie de características psicológicas complementarias que deberán conformar la estructura psíquica de los individuos para que puedan ser aceptados socialmente y considerados “normales”. Dicotomías muy variadas (como los pares pensamiento/emoción, actividad/pasividad, agresividad/docilidad, abstracción/practicidad, objetividad/subjetividad, espíritu/materia y un larguísimo etcétera) se encabalgan y combinan entre sí definiendo unos contornos muy identificables que delimitan con nitidez qué-debe-ser-un-hombre y qué-debe-ser-una-mujer (3).

Se trata, por tanto, de una organización binaria de la rica e inabarcable variedad humana, que tiene muchas consecuencias. La primera es que no existe en el patriarcado la posibilidad de que ningún ser humano quede fuera de una de esas casillas clasificadoras, o que transite de una a otra, o que se instale en algún punto intermedio, o que pueda ocupar las dos, o que pueda crear una tercera. Las personas andróginas, las sexualmente ambiguas o indefinidas son percibidas en el patriarcado como sospechosas e inquietantes. Por ello, aquellas cuyo sexo biológico no es evidente o claro en el momento del nacimiento son forzadas inmediatamente a ocupar una casilla o la otra, a veces incluso mediante intervenciones quirúrgicas que eliminen lo que se interpreta como insoportable ambigüedad anatómica. Esta es ya una primera forma de violencia LGTBIfóbica que obliga a las criaturas intersexuales a introducirse en uno de los compartimentos binarios, interviniendo médicamente en el mismo cuerpo si ello es considerado preciso por el ‘establishment’ médico al servicio del orden patriarcal.

Pero el orden patriarcal no se limita a establecer la obligatoriedad de unas identidades y sus correspondientes expresiones de género binarias, dicotómicas y complementarias. Añade una normatividad igualmente estricta en relación a la correcta orientación del deseo. Por eso se habla también de “heteropatriarcado”, porque la norma heterosexual, junto con la concepción de la homosexualidad, el lesbianismo y la bisexualidad como desviaciones de lo-que-debe-ser son ingredientes fundamentales para el mantenimiento del estado de cosas.

En esa construcción que divide a la humanidad en varones-hombres y hembras-mujeres, que obliga (o por lo menos empuja) a unas y otros a la heterosexualidad (y en la que las personas trans, por definición, no existen) las mujeres son siempre la parte desfavorecida. Una distribución más o menos inflexible de espacios, tareas y —como he apuntado ya— hasta conductas y modos de ser (4) establece que unos son femeninos y propios de las mujeres y otros masculinos y propios de los hombres. La desigualdad y la injusticia de género se manifiestan y afectan a las mujeres de múltiples maneras. La violencia machista que algunos hombres ejercen sobre las mujeres y que llega en los casos más extremos a la violación o al asesinato son algunas de sus expresiones más crudas.

Pero la violencia machista no se reduce a la que sufren las mujeres por parte de los hombres, a pesar de que esta es cuantitativa y cualitativamente una buena porción de aquella. La violencia patriarcal se ceba también con todas a aquellas personas que de una forma u otra desoyen e incumplen el llamado mandato de género: los hombres femeninos, las mujeres masculinas, las personas identificadas al nacer como hombres que se auto-identifican y/o expresan como mujeres (o al revés) y quienes tienen un deseo orientado hacia las personas de su mismo sexo/género. La violencia machista en su versión de violencia LGTBIfóbica también llega muchas veces al asesinato o a la inducción al suicidio, como sucede en el caso de muchas criaturas trans, gais, lesbianas, bisexuales o intersexuales que son sometidas a ‘bullying’ y acoso en sus centros educativos.

A menudo, los medios de comunicación, algunas oenegés que trabajan la diversidad sexual o el antirracismo y determinadas campañas institucionales asocian la violencia que sufren las personas LGTBI por el hecho de serlo a formas de rechazo o intolerancia cultural, étnica o religiosa que están en el origen de otros delitos de odio como los racistas. Pero la violencia LGTBIfóbica, los delitos de odio contra gais, lesbianas, bisexuales, personas trans o contra personas que simplemente tienen un comportamiento o una actitud que desde los parámetros patriarcales no se considera apropiada es una violencia esencialmente patriarcal, que tiene el mismo origen que la que sufren las mujeres a manos de hombres por el solo hecho de serlo. Es una violencia correctiva y punitiva contra quien no cumple con lo que el sistema sexo/género, el patriarcado, como sistema de poder que es, establece como obligatorio.

Cierto que las palabras ‘homofobia’, ‘lesbofobia’, ‘transfobia’, ‘bifobia’ o ‘LGTBIfobia’ muestran un evidente paralelismo semántico con ‘xenofobia’ (5). En los comportamientos que todas esas palabras señalan hay componentes de rechazo, odio y temor hacia el otro, hacia el diferente. Y cierto también que es necesario garantizar el respeto a los derechos humanos de todas las personas al margen de origen, etnia, cultura, creencias, religión, ideas políticas, sexo, expresión de género u orientación sexual, edad, situación administrativa u otras circunstancias. Especialmente en un momento en el que están aflorando en diversas partes del globo síntomas que indican que podríamos estar ante una involución, con el auge a escala mundial de las ultraderechas que ponen el foco, precisamente, tanto en la igualdad de género y la diversidad sexual, como en las personas migrantes. Sin embargo, podemos afirmar —no sé si añadir ‘todavía’—que las actitudes racistas, sexistas, xenófobas o LGTBIfóbicas son consideradas de forma mayoritaria como indebidas en una sociedad que se quiere (o se jacta de ser) abierta, plural, respetuosa con la diferencia e inclusiva de la diversidad humana. Hay que recordar también que los derechos de las mujeres son derechos humanos, como lo son los derechos de las personas migrantes y/o racializadas, o los derechos de gais, lesbianas, bisexuales, personas trans e intersexuales.

De acuerdo. Pero todo ello no debe hacernos olvidar que, a diferencia de lo que ocurre con la xenofobia, que puede ir asociada o no a machismo y misoginia, en la LGTBIfobia hay siempre una gran dosis de ambos, de misoginia entendida como rechazo no sólo a las mujeres sino a todo lo considerado femenino, de desprecio por el “hombre” que se comporta como una “mujer”, de reprobación contra la “mujer” que se comporta como un “hombre” y, en definitiva, de repudio hacia quien desobedece los mandatos de género y se sale de la cuadrícula.

La necesidad de defender los derechos humanos de todas las personas no debe llevarnos a malinterpretar la génesis de la LGTBIfobia ni a ocultar su vínculo con la misoginia, el machismo y la opresión de las mujeres en las sociedades patriarcales. La pareja de gais blancos que recibe una paliza callejera “por” no ocultarse (6) está sufriendo la homofobia igual que todas las personas negras sufren el racismo de forma cotidiana. Y si se tratara de una pareja de lesbianas negras que son agredidas por el hecho de serlo (obviamente, por el hecho de ser ‘todo lo que son’ a la vez) sería ridículo poner a funcionar el bisturí analítico para discernir cuántos de los golpes responden al racismo y cuántos se explican por la lesbofobia de los agresores (estoy pensando en un caso que en el que los agresores son varones heterosexuales blancos, a la vez lesbófobos y racistas). Se da además la circunstancia de que con una altísima frecuencia los individuos y los colectivos racistas son también homófobos (lesbófobos, transfobos, etc.), y al revés. Todo ello lleva a la constatación, como ya he señalado, de que es necesario intervenir para perseguir esas vulneraciones de derechos y re-educar a esos individuos de una forma integral desde una perspectiva general de derechos humanos (también lleva a insistir por parte de las instituciones en un mensaje de respeto a la diversidadd y a perseguir policial y judicialmente a colectivos expresamente racistas o LGTBIfóbicos).

Pero no por ello deja de tener sentido un ejercicio de análisis que ubique cada vulneración de derechos humanos en el lugar correspondiente, evitando el ‘totum revolutum’. Un análisis que revele a qué responde cada una de esas vulneraciones. Hacerlo es fundamental a la hora de establecer un diseño institucional u otro en el organigrama de los departamentos de las instituciones públicas. ¿La diversidad sexual y de género debe estar asociada a igualdad de género o es conveniente ubicarla con las políticas de inmigración, discapacidad u otras? ¿La lucha contra la violencia de género debe incluir a la LGTBIfobia o no debe hacerlo? ¿Las estrategias que puedan diseñarse para combatir el machismo (y en particular la violencia machista) en los centros educativos deben incluir como objetivo erradicar el ‘bullying’ homofóbico o es mejor que no lo hagan y se limiten a considerar la violencia que sufren las chicas por parte de algunos chicos?

En los contextos institucionales, ubicar la defensa de los derechos humanos de las personas LGTBI junto con la defensa de los derechos de las mujeres o, en cambio, identificarlos más bien con la lucha contra el racismo (o con la defensa de los derechos de las personas con discapacidad) no es una disquisición teórica y abstracta sin más implicaciones, sino que tiene consecuencias prácticas. Bien: las feministas no somos unánimes al respecto. Algunas, por las razones que vengo señalando, defendemos que las políticas LGTBI deben ser una parte de las políticas de género, y que la lucha contra la violencia de género debe incluir a la LGTBIfobia (7).

Otras feministas manifiestan cierta prevención ante este planteamiento. Temen que las políticas LGTBI (siglas en las que la “G” es o ha sido mucho tiempo el referente predominante) puedan fagocitar o detraer recursos y atención a la igualdad de género centrada en las mujeres. Señalan que poner el foco en la violencia que sufren las criaturas LGTBI podría eclipsar la que sufren todas las niñas, o muchas de ellas. Otras veces, ante el enfoque que vincula estrechamente las políticas de igualdad de género con las de diversidad sexual, aflora el reparo de que esa perspectiva podría ocultar la misoginia y/o el machismo de algunos hombres gais (8).

En mi opinión esos peligros existen. Por eso es imprescindible hilar fino para que sean posibilidades que no lleguen a materializarse: que la diversidad sexual y de género esté incluida en o estrechamente vinculada a la igualdad/desigualdad de género no debería suponer nunca detraer recursos ni atención de las políticas de igualdad de género que buscan acabar con la desigualdad entre mujeres y hombres. Tampoco en lo que toca a la lucha contra la violencia machista de hombres hacia mujeres (9).

Reconocer la existencia de esos peligros y, a la vez, defender la vinculación de la igualdad de género con la diversidad sexual y de género pone de manifiesto dos cosas: la complejidad del mundo en el que vivimos y la necesidad de afinar mucho la acción política institucional.

Notas de la autora:
  1. Otras feministas dirían aquí “identificados” o “catalogados”, pero yo prefiero decirlo como lo he puesto.
  2. He utilizado los términos “hembras” y “machos” para remarcar que se trata de identificar unas características fisiológicas, aunque en castellano es común también usar el sustantivo “varón” para designar a los machos de la especie mamífera que somos. Pero, en realidad, se designa a los bebés como niños o niñas, es decir, futuros hombres y futuras mujeres. Además, con las últimas tecnologías de imagen prenatal, esta identificación se lleva a cabo antes del nacimiento, lo que implica que la maquinaria de producir género también se pone en marcha antes de ese momento.
  3. Convendría hacer aquí un comentario sobre el planteamiento de Judith Butler y sus seguidoras, según el cual no sólo el género sino también el sexo sería una construcción social. No puedo extenderme ahora en ello, pero no quiero dejar de apuntar que, en todo caso, sexo y género no pueden ser construcciones sociales en el mismo sentido. Todo dato biológico se inserta en una retícula interpretativa previa, para los animales humanos no hay acceso directo a la naturaleza, sino siempre una relación mediada, interpretada. Pero eso no lleva inevitablemente a concluir que “no hay hechos, sólo hay interpretaciones” como hace Nietzsche, o Foucault siguiendo sus pasos, o que tan construcción social es el sexo como el género, como hace Butler en la estela de ambos. Me he referido a ello en alguna ocasión como excesos hiperconstructivistas del feminismo, cfr. por ejemplo: Teresa Maldonado, “Ciencia, religión y feminismo”, Isegoría/45 (2011).
  4. Una distribución de tareas, espacios y modos de ser que es inflexible en distintos grados en función de las condiciones sociohistóricas y las coordenadas geográficas concretas en las que se inserte el patriarcado en cada momento.
  5. Cuando hago referencia a la LGTBIfobia o a la violencia LGTBIfóbica estoy incluyendo en ella todas las formas odio y rechazo contra lesbianas, gais, bisexuales, transexuales, transgénero e intersexuales y, en general, contra lo que a veces se llama disidencia sexual y/o de género. Por supuesto, no pretendo que nada de lo que digo se sustraiga al debate y a la discusión colectiva como, según Amelia Valcárcel sucede cada vez que se utilizan palabras que acaban en “fobia” (lo defendía en un artículo el 20 de julio en ‘El País’ titulado “Cuidado con las palabras que terminan en fobia”). Al margen del profundo desacuerdo que mantengo con ella y con otras feministas en relación a su consideración de la transexualidad, coincido en que asistimos a una inflación del sufijo que puede ser muy problemática.
  6. Las comillas responden a que ese “por” sólo puede apuntar al ‘motivo’, no —obviamente— a ninguna ‘razón’ por la que serían agredidos. El motivo explica lo que ha ocurrido; la razón, en cambio, lo justificaría.
  7. Y la violencia intragénero, añadiría también (o a una parte de la violencia intragénero, al menos, dependiendo de la definición de la misma que asumamos), pero esto precisaría de matizaciones en las que no puedo entrar ahora.
  8. Hay otro tipo de reparos que vendrían de la mano de lo que se viene llamando feminismo terf (de ‘Trans-Exclusionary Radical Feminists’, es decir, feministas radicales que excluyen a las personas trans), con las que no es el caso entrar ahora a polemizar. Son planteamientos que hasta hace muy poco eran bastante minoritarios en nuestro entorno, por lo menos de forma pública, pero que en los últimos meses han ocupado, por desgracia, un gran espacio en redes sociales y medios feministas. A pesar de que otras teóricas los defienden, uno de los locus classicus de tales posiciones es ‘La herejía lesbiana’, de Sheila Jeffreys. En algunos lugares ha llegado a haber incidentes de cierta gravedad en relación con esta postura, como los del orgullo de 2018 en Londres. No es mi objetivo con este artículo terciar en ese debate, pero, obviamente, está presente de forma tangencial.
  9. Siendo conscientes de que no es equiparable la situación concreta de todas las mujeres, ni la de todos los hombres (ni, por lo demás, la de todas las lesbianas, o los gais, o las personas trans, o intersexuales) y que por ello las políticas de género deben tener en cuenta la posición concreta de los grupos en situación de mayor vulnerabilidad y los cruces de las múltiples discriminaciones.

sábado, 20 de julio de 2019

#hemeroteca #moda #androginia | ¿Chico o chica? La espectacular imagen del hijo de Elizabeth Hurley en una campaña de cosmética

Imagen: El País / Damian Hurley
¿Chico o chica? La espectacular imagen del hijo de Elizabeth Hurley en una campaña de cosmética.
El cabello cardado y el look andrógino han hecho evidente el parecido con su madre en una campaña que juega con el género.
SModa, El País, 2019-07-20
https://smoda.elpais.com/celebrities/hijo-elizabeth-hurley-campana-cosmetica/

No es el primer “hijo de” cuyos benditos genes han propulsado una carrera en el mundo de la moda: ahí tenemos a Lily-Rose Depp, la hija de Johnny Depp y Vanessa Paradis, o a Kaia Gerber, la espectacular hija de la supermodelo Cindy Crawford, cada vez más habituales y presentes en desfiles y campañas de grandes firmas. El caso de Damian Hurley, el hijo de 17 años de la actriz y modelo Elizabeth Hurley, podría ser uno más de tantos hijos de los ricos, guapos y famosos que conocemos, de no ser porque su imagen –absolutamente andrógina– y su perfil –tan sorprendente como disruptivo– representan una refrescante novedad dentro del mundo de los maniquís.

Prueba de ello es la campaña para la nueva línea de bases de maquillaje de Pat McGrath, llamada Sublime Perfection, y que protagoniza junto a otros talentos emergentes como la 'youtuber' de belleza Sonjdra Deluxe, la 'drag queen' Violet Chachki –famosa por su participación en RuPaul’s Drag Race–, y el modelo pekinés Zhengyang Zhang. Fotografiados por Steven Meisel y vestidos por el estilista John McKenna, lo más asombroso del look de Damian Hurley es el increíble cardado que hace que recuerde al aspecto físico de su madre.

Hurley lleva dejándose ver en compañía de su progenitora en diversos estrenos y eventos desde hace años, pero fue a mediados de 2018 cuando firmó con Tess Management, la agencia de modelos a la que también pertenece Elizabeth Hurley y otros hijos de ‘celebrities’ como Adwoa Aboah o Georgia May Jagger. El joven plantea un futuro en el que combine el mundo de la moda con la interpretación, siguiendo los pasos de la protagonista de ‘Remando al viento’, según informaban en un artículo en El País.

Madre e hijo están muy unidos, tal y como demuestran en sus fotos compartidas en Instagram. El padre de Damian es el productor estadounidense Steve Bing, cuya paternidad tuvo que establecerse con demanda judicial de por medio ante las dudas del padre. A pesar de que después de la denuncia Bing dijese que quería comportarse como un progenitor responsable, Elizabeth Hurley siempre se ha definido como madre soltera. Damian creció junto a ella en una granja en Inglaterra. ¿Cuál será su siguiente paso en el mundo de la moda?

martes, 2 de julio de 2019

#hemeroteca #trans #musica | La cantante negra y trans que resiste a Bolsonaro

Imagen: El País / Liniker
La cantante negra y trans que resiste a Bolsonaro.
Las letras combativas de la banda brasileña de Liniker y Os Caramelows son un fenómeno musical y social.
María Martín | El País, 2019-07-02
https://elpais.com/cultura/2019/06/10/actualidad/1560185450_964589.html

En el Brasil de Bolsonaro no hay lugares nobles reservados a mujeres negras, transexuales y pobres. Lideran los ranking de víctimas de violencia antes que los de éxitos, pero Liniker de Barros Ferreira (São Paulo, 23 años) ha roto el molde, con la ayuda de su madre y de Internet. Sus videoclips acumulan más de 40 millones de visualizaciones en YouTube, llena conciertos en media Europa y la aplauden como uno de los rostros de la vanguardia de la música brasileña. “La música negra brasileña”, puntualiza siempre. Ella, criada en un país en el que se asesina a un joven negro cada 23 minutos, quiere dejar de dar las gracias por estar viva.

Liniker y su banda Os Caramelows nacieron en un garaje en 2015, con un puñado de cartas de amor nunca enviadas y 34 euros para pagar billetes de autobús y comprar bocadillos. Sus tres primeros videoclips se grabaron en el salón de la madre del guitarrista, se viralizaron y en cinco días eran un fenómeno. “Hoy los más jóvenes no escuchan música, ven música, y eso es algo importante para entender nuestro éxito”, ilustra Liniker antes de su concierto en junio en las Naves Matadero, en Madrid. Su estética andrógina, con carmín en los labios, perilla, grandes pendientes y vestidos de lentejuelas quiebra el muro de los prejuicios de Brasil, el país donde mueren más transexuales asesinadas de todo el mundo. Sus letras y su música, una combinación de soul con ritmos tropicalistas, son en sí mismas una reivindicación política.

Con apenas tres canciones, sin disco ni discográfica y sin saber muy bien qué hacer, la banda salió de gira a los dos meses de lanzarse en Internet. La Red ya había catapultado a otros fenómenos como Rico Dalasam, negro y gay, que conquistó el mundo machista y homófobo del rap. Y ese mismo año, 2015, la artista drag Pabllo Vittar comenzaba en YouTube una ascensión que la convertiría en estrella y niña bonita de patrocinadores como Adidas o Avon. Algo estaba cambiando en Brasil.

“Vivimos en un país muy difícil. Empezamos a reconocernos y a querer salir porque no teníamos representatividad. Queríamos entrar en los espacios en los que hasta ese momento no teníamos acceso”, cuenta Liniker en su camerino. La llegada del ultraderechista Jair Bolsonaro a la presidencia del país ha supuesto una decepción para la banda, defensora de todas las causas que el mandatario desprecia. “Con Bolsonaro en el poder, tenemos miedo, estamos expuestos”, lamenta.

Hace cuatro años, Liniker no tenía un centavo en el bolsillo. Ni siquiera pasaporte. Estudiaba teatro y comenzaba a redescubrirse. Apareció por primera vez en su ciudad, en el interior de São Paulo, con ropa de mujer y comenzó la catarsis. Mientras parte de su familia la observaba con recelo, su madre, Ângela, profesora de baile y su mayor inspiración, la animaba. “Si mi madre, que me había criado, estaba tranquila, estaba todo bien. Al resto, que le den”, contó a El Paíz en 2015, cuando apenas salía del cascarón.

Hoy la banda tiene dos discos, se mantiene como un grupo independiente y va por la quinta gira internacional. Ha visto a fans con su cara tatuada en el brazo y se ha convertido en una referencia, un papel agotador también. “A veces, tengo la sensación de que me colocan de una forma masticada para que la gente entienda etiquetas como el no-binarismo. Pero este proceso que yo he vivido es algo complejo, que necesita tiempo”, asegura. “Hay una exigencia demasiado fuerte para que explique las cosas”.

Los viajes los conciertos, la batalla por hacerse un hueco lejos de lo mainstream han moldeado al grupo. “Creo que hemos conseguido crear nuestra firma. Es un sonido poco procesado, donde escuchas el ambiente, los detalles. Es también nuestra forma brasileña de expresarnos. Hemos creado un sonido tropical, vivo, muy conectado con lo que ocurre”, ilustra la cantante. “Ahora no consigo verme más creando rápido, en eso también he madurado”.

miércoles, 26 de junio de 2019

#hemeroteca #influencers #gais | Fin de un ‘youtuber’ de 19 años: sería hasta gracioso si tanta imbecilidad no diese directamente miedo

Imagen: El País / James Charles en la gala Met
Fin de un ‘youtuber’ de 19 años: sería hasta gracioso si tanta imbecilidad no diese directamente miedo.
El vídeo que cargaba contra el 'influencer' James Charles alcanzó los 40 millones de visitas en un visto y no visto. Miley Cyrus y Kylie Jenner dejaron de seguirle. Su caída merece una reflexión.
Elsa Fernández-Santos | Icon, El País, 2019-06-26
https://elpais.com/elpais/2019/06/26/icon/1561562099_644484.html

Siempre he envidiado a los periodistas de belleza, rodeados de olores agradables, coloretes sin estrenar y eternas sonrisas. En los días malos, darme una vuelta por la planta de cosmética de un gran almacén amaina mi desánimo. Quizá por eso me cuesta creer que en el paraíso de las bases de maquillaje exista también el barro. Pero existe.

James Charles, celebridad del sombra aquí y sombra allá, protagonizó recientemente uno de esos culebrones cibernéticos con juicio sumarísimo tan sintomáticos de este delirante tiempo. Yo, la verdad, es que no sabía nada de este gurú de la belleza de 19 años hasta ahora, cuando se ha precipitado al vacío desde su olimpo de influencer millonario. Su fama empezó en Instagram, donde sus trucos para transformarse (ojos de gato, ceja perfecta) empezaron a causar furor.

Su canal de YouTube le catapultó al estrellato con vídeos que alcanzan hasta 20 millones de visitas. Con 17 años se convirtió en el primer chico que era rostro de una marca de maquillaje, Covergirl. También lanzó su propia firma. Con su aspecto andrógino, los vídeos de Charles empiezan siempre con un histérico “¡Hola, hermanas!”, emblema de la casa. Vivió su minuto de verdadera gloria global en la pasada gala Met, dedicada al camp, donde con maquillaje que transfiguraba su rostro de niño se codeó con la élite de la moda. Aquel día tocó techo.

Lo que vino después es un escándalo que intentaré resumir. Todo empezó cuando su vieja amiga y mentora Tati Westbrook, otra videobloguera, de 37 años, colgó un monólogo de 43 minutos titulado Adiós, hermana. En él, con tono de dulce gatita (“querido, lo hago por tu bien”), lo acusaba de no ser el mismo por culpa del dinero y la fama. Le seguía una interminable retahíla (“soy una influencer, una creadora, y tengo que hablar alto y claro”) que recoge una serie de malas prácticas entre videoblogueras (en su mayoría indescifrables para alguien ajeno a ese negocio) hasta llegar al meollo del asunto: en la fiesta de cumpleaños de Westbrook, James acosó a un hombre heterosexual. “Delante de todos, de mis hijos, tuve que disculparme al día siguiente... y eso no se hace... necesitas ayuda, James... Y, que quede claro, yo no odio a James Charles, le querré siempre”. Lo que no dijo es que se sentía traicionada porque Charles había promocionado las vitaminas de una marca rival.

En pocas horas, tres millones de usuarios se dieron de baja en el canal del maquillador, las acusaciones de presuntos acosos afloraron, las firmas asociadas a él empezaron a rescindir sus contratos y famosas admiradoras como Miley Cyrus y Kylie Jenner apretaron al botón de “dejar de seguir”. La debacle estaba en marcha. Charles respondió con otro vídeo, dramático, sin maquillar, con gafas y aire destruido. Pidió disculpas (falsas según el análisis facial realizado por otro canal) con el mismo sentimentalismo barato de su mentora: “Ella ha sido una madre para mí, su familia solo me ha dado amor y oportunidades, un hombro en el que llorar...”.

En el minuto final (esta vez la cosa, por fortuna, apenas duraba nueve), el maquillador se dirige a su madre y, bañado en lágrimas, remata la actuación: “Mamá, sé que quieres defenderme, estoy tan agradecido a ti y a todo lo que haces por nosotros, necesito que lo sepas”. Nada de esto debería hacernos perder ni un minuto de nuestro tiempo, pero es que solo el vídeo de Tati Westbrook recibió en poco tiempo 40 millones de visitas. Sería hasta gracioso si tanta imbecilidad no diese directamente miedo. Personalmente, seguiré confiando en las bondades de la planta de oportunidades de una gran superficie.

martes, 19 de marzo de 2019

#hemeroteca #generonobinario | ¿Qué es el género no binario con el que se define Sam Smith?

Imagen: El País / Pau Eloy-García, trans no binario, y Leo Mulió, hombre trans
¿Qué es el género no binario con el que se define Sam Smith?
Ni cómo vistas ni con quién te acuestes te identifica como tal.
Héctor Llanos Martínez | Verne, El País, 2019-03-19
https://verne.elpais.com/verne/2019/03/19/articulo/1553014834_316987.html

"No soy masculino ni femenino; fluyo en una posición que está entre los dos extremos. A veces pienso como una mujer y por eso siempre he vivido una pequeña guerra entre mi cuerpo y mi mente". Así es como Sam Smith se ha identificado como persona de género no binario en una entrevista para Instagram publicada el viernes 15 de marzo.

Es muy poco común que se defina así una personalidad pública de tal magnitud. Smith ha vendido 10 millones de discos en los últimos cinco años y ha ganado un Oscar y cuatro Grammys.

El término no binario designa a las identidades de género que se identifican con aspectos masculinos y femeninos y, por tanto, no lo hacen con uno de sus dos términos absolutos: hombre o mujer. Tampoco tienen por qué definirse como homosexual o heterosexual.

Mon tiene 23 años y trabaja atendiendo a jóvenes LGTBI+ y sus familias en el colectivo madrileño COGAM. Comenzó a tener dudas a los 19 años. "Un año antes comencé a salir con una chica y al poco tiempo empecé a preguntarme sobre mi identidad. Fue un proceso lento. Me tomé mi espacio para explorar y en 2018 ya empecé a mostrarme como una persona no binaria", cuenta a ‘Verne’ por teléfono.

"Que el género no binario se encuentre en el espectro entre masculino y femenino no significa que esté en un lugar intermedio; solo está en un punto distinto de esos dos extremos", recuerda Mon.

Es decir, el aspecto de una persona no binaria no tiene por qué ser necesariamente andrógino. Así ocurre con Sam Smith. En la entrevista en la que ha declarado su identidad de género mantiene un aspecto más cercano al estereotipo masculino mientras explica que tiene comportamientos y sensaciones que no son siempre atribuidas a los hombres.

¿Cómo podemos mostrar respeto ante una persona de género no binario? "Llamarlo por el nombre elegido en vez de por el asignado es primordial, porque es lo que canaliza tu identidad. Cuando mis amigos de la universidad empezaron a llamarme de forma cariñosa Mon en vez de Mónica, decidí que me identificaba más con ese nombre y ahora deseo que todo el mundo se dirigía a mí con él", recuerda desde la oficina de COGAM.

El pronombre es otro punto de inflexión para el colectivo. El neutro terminado en -e (elle/elles) es la forma más común en castellano.

Sin referentes populares
"A mi familia le estoy dando un tiempo para que se acostumbre y lo entienda. Con amigos es más sencillo, por cuestiones de edad y porque me dan más pie a explicarlo. Pero nosotres también sentimos rechazo dentro de la comunidad LGTBI+. Y eso que es un asunto cada vez más visible gracias a las redes sociales", dice Mon.

Elle recuerda que hay muy pocos referentes públicos en la cultura popular como Sam Smith. "Los hay en webseries y en YouTube y también en el ámbito del activismo, como Pau Eloy-García".

García, de 27 años, forma parte de Transdiversa, entidad social que trabaja en España por la diversidad de género. Apunta que, aunque el término ‘no binario’ es correcto, quizá es más completo el de ‘trans no binario’ "al ser también un colectivo de personas que no se identifican con el género que se le ha asignado en el nacimiento", explica a ‘Verne’ por teléfono.

"Como trans no binario, uno de tus retos principales es el de luchar contra la presión social que te obliga a que te definas con una etiqueta determinada con la que el resto del mundo pueda identificarte. Es cierto que las etiquetas ayudan a ordenar el mundo, pero lo ideal en este caso es que nadie tenga la necesidad de encerrarse en un cajón", admite Pau Eloy-García.

Reconocimiento social
En otros momentos de la historia, las personas no binarias han forman parte de algunas sociedades con total normalidad. Es el caso de muxes en México o los dos espíritus, pertenecientes a los pueblos amerindios de América del Norte.

En los últimos años, varios países han modificado sus leyes para reconocer de un modo u otro el género no binario. Alemania, Austria, Dinamarca, Países Bajos y Reino Unido lo han hecho en Europa, pero también existen avances en el resto del mundo: Uruguay, Nepal, Nueva Zelanda, Australia y Canadá son algunos de esos países. En casos como en el de Canadá y Alemania, ya puede quedar registrado en los certificados de nacimiento.

En España, el Congresó abrió la puerta en febrero de 2019 a adoptar una medida similar, pero de momento solo se ha pedido al Gobierno un estudio de impacto que dé pie a reconocer la identidad de aquellos que no se identifican con el género masculino o femenino.