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sábado, 11 de abril de 2015

#hemeroteca #cine | Pride: ¿Diversidad contra el thatcherismo?

Imagen: Zoozobra
Pride: ¿Diversidad contra el thatcherismo?
Eduardo Nabal | Zoozobra, 2015-04-11

http://zoozobra.com/pride-diversidad-contra-el-thatcherismo/

Se acaba de estrenar en las áridas carteleras burgalesas una película resultona y valiente pero, en algunos sentidos, insatisfactoria. “Pride” -basada en un hecho real poco recordado pero realmente memorable- narra cómo unos jóvenes manifestantes el Día del Orgullo Gay toman la decisión de unirse a las protestas de los mineros y huelguistas contra el austericidio del gobierno liderado Margaret Tatcher, en plenos años ochenta, un gobierno que se hizo con los medios de producción y también con los de comunicación. Algunos comentaristas, sin mucho tino y bastante pereza mental, han visto ecos de filmes como “Billy Elliot” o “Full Monty” pero la historia es bien distinta y esta simpática y, a ratos, conmovedora película va por otros derroteros y queda como un delicioso testimonio. La propuesta fílmica resulta en principio estimulante para los que hemos vivido la despolitización del movimiento LGTB, las luchas sindicales y por la libertad sexual pero también resulta algo cargante al insinuar que, a priori, gays militantes y mineros pertenecen a dos esferas públicas y laborales bien diferentes, que “por primera vez aúnan fuerzas”.

Es decir, que no hay gays mineros sino mineros machistas que ven como los jóvenes gays se ponen en primera línea de fuego con ellos, al lado de su causa y contra la violencia y la brutalidad policial. Una premisa hermosamente desarrollada, con mucho humor , dosis de ironía, sentido del ritmo y un montaje ágil – es difícil aburrirse a lo largo de sus dos horas aunque algunos giros argumentales sean previsibles- y aunque matiza al final este dualismo con una serie de secundarios mayores algo perdidos y confusos la película resulta, a pesar de su cálida inmediatez, menos natural que la visualmente algo relamida “Ginger and Rosa” de la también británica Sally Potter , En “Ginger y Rosa” la joven protagonista se une como una más a las manifestaciones contra el armamento nuclear en la Inglaterra de los sesenta.

“Pride” está hecha por un director que se apoya en actores y actrices jóvenes con mucha fuerza aunque, a mi entender, falla un punto clave. ¿Por qué los gays deben aguantar ideas preconcebidas, entonces y ahora? ¿Nos imaginamos el movimiento contrario, o sea los sindicalistas se solidarizan o son gays con ganas de lucha? Resulta algo impreciso. Como se cuenta en el prólogo del libro colectivo “El eje del mal es heterosexual” de ese tiempo a esta parte seguimos en las mismas, poco a cambiado o solo algunas cosas.

¿No pueden ser ellos también lesbianas y gays explotados/as laboralmente, por no hablar de las personas transexuales y más en esa época? Su toma de conciencia se topa con los prejuicios de algunos huelguistas machirulos, unos más que otros, y la vitalidad de los principales personajes logra salvar los prejuicios instituidos en el conjunto de la sociedad del momento, sin distinción de clases sociales, y donde los líderes de cualquier movimiento se presentan como héroes viriles. Pero esta separación entre activismos lleva a una escisión simbólica entre los trabajadores de la calle que salen a la calle y los gays y lesbianas concienciados políticamente. Ciertamente en los años ochenta en Inglaterra como reacción a la derecha religiosa y el desmantelamiento del estado del “bienestar” el movimiento LGTB era más punki y combativo (Outrage, Derek Jarman, Act-Up, Communards, Morrisay, Peter Tatchell y el “outing” ) pero no era una suerte de limbo que de pronto se topa con la injusticia social, que ya estaba a su alrededor. Hermosa la toma de conciencia compartida y algunas escenas donde se mezcla la tensión y el humor inglés pero no acaba de convencer en su exposición, heredando elementos del “free cinema” en versión amable y para “todos los públicos”. La experiencia es que el cuento de amor, rabia, justicia y solidaridad que nos narran con soltura Mathew Varchus, el director (venido del teatro británico de calidad) y su guionista no suele ser tan bonito ni tan superficial , los prejuicios son más sutiles y ya hay gays y lesbianas entre los huelguistas, el problema es el precio de hacerse visibles o llamar a otras casusas, las causas del género y la el derecho a la subjetividad transformadora No vienen de otro planeta.

La película plantea una visión de una izquierda heterosexista y desinformada que ve caer sus prejuicios ante el apoyo beligerante de unos manifestantes gays y lesbianas orgullosos de serlo, en su mayoría jóvenes de esos mismos barrios devastados por la recesión, esa recesión que deja en la calle a sus vecinos mineros/as. Podemos disfrutar el encanto juvenil y la ocasional poesía de “Pride”, de la ternura y coraje de todos casi todos sus personajes, pero su mensaje social es igual de esquemático que el de otros filmes, quedando por debajo de las propuestas sociales de Stephen Frears sobre la batalla perdida por los sindicatos (“Mi hermosa lavandería”, “Sammy y Rosie se lo montan”) ante un gobierno conservador dispuesto a hacerle pagar los platos rotos a los trabajadores al tiempo que legisla de la mano de la Iglesia anglicana contra la entrada de información antihomofóbica en las escuelas, promoviendo el inmovilismo en cuestiones de género, trayendo ideas feudales y recortando derechos civiles. A pesar de estar basada en un episodio histórico más que destacable la película no deja de ser un bonito cuento de hadas donde se presenta al mundo del activismo gay separado del activismo socioeconómico algo que hoy chirría bastante. y no acaba de resultar creíble. Con todo es un regalo en las áridas carteleras de esta ciudad donde las luchas suelen ser escasas, invisibles, y la mordaza precede a las personas. Parece ser que el cine social inglés tiene muchas vertientes y dentro de lo dramático de la situación “Pride” opta por la sátira, la ironía, la desinhibición y la comedia costumbrista. Pero yo acabo está crítica con una pregunta incómoda ¿donde están estos chicos/as, esta avanzadilla de los activismos queer en el cine de, por ejemplo, Ken Loach?

jueves, 9 de abril de 2015

#hemeroteca #cine | ‘Pride’: Orgullo gay y mineros

‘Pride’: Orgullo gay y mineros
María Castejón Leorza | Pikara Magazine, 2015-04-09

http://www.pikaramagazine.com/2015/04/pride-orgullo-gay-y-mineros/

Presentada como la comedia británica del año, destaca por visibilizar entre el gran público la lucha LGTB y animar a las alianzas entre colectivos sociales aparentemente contrapuestos. El tono almibarado y naif se compensa con momentos épicos que funcionan y emocionan.

“Pride” (“Orgullo”), dirigida por Matthew Warchus, ha sido definida como la comedia británica del año y está cosechando un notable éxito de crítica y público. Cuenta una historia real y francamente desconocida, la alianza entre el movimiento de gays y lesbianas y la lucha minera de los mineros ingleses, una lucha que mantuvo un duro y cruel pulso con el Gobierno de Margaret Tatcher entre 1984 a 1985. Este contexto histórico sirvió de fondo de otras películas como “Billy Elliot” (Stephen Daldry, 2000), a la que la publicidad de “Pride” apela como referente.

“Pride” se basa en un hecho real, la nada fácil ni sencilla alianza entre gays, lesbianas y mineros, para visibilizar dos acontecimientos que muchas personas no conocíamos: el papel del colectivo “Lesbianas y Gais Apoyan a los Mineros” (LGSM) –de hecho fue el que más dinero recaudó- y la participación posterior de los sindicatos mineros en la Marcha del Orgullo de 1985. Esta comedia dramática maneja de forma brillante los códigos del género para construir una película comercial que funciona y que emociona. Y éste es uno de los puntos fuertes de “Pride”, que, dirigida al gran público, consiga visibilizar y cotidianizar la lucha LGTB sin perder garra, aunque en ocasiones pueda caer en un tono almibarado e ingenuo.

Extremos que se entienden
Pride contrapone dos comunidades, la de gays y lebianas y la minera, que en apariencia nada tienen que ver. El rechazo a la alianza viene por dos frentes. Por un lado, los propios gays afirman que los mineros no les han ayudado nunca, que eran de los que pegaban a los gays a la entrada y la salida del colegio y que no tiene ningún sentido luchar por su causa. Por otro, el sindicato de mineros no acepta la ayuda de gays y lesbianas. Así, tras la presentación de diversos personajes, –Mark (Ben Schnetzer), el gay implicado con todas las causas; Jonathan (Dominic West) el que está de vuelta de todo, Joe (George Mackay) el joven que acaba de salir del armario, Gethin (Andrew Scott) el homosexual que lleva dieciséis años sin ver a su familia o Sthep (Faye Marsay) la lesbiana que convive con todos–, la trama surge de la llamada a un pequeño pueblo de Gales en el que aceptan, de forma casual claro, la ayuda. Nótese la preponderancia de presencia masculina en los personajes.

El choque entre ambos mundos es evidente y funciona muy bien cinematográficamente. El pueblo minero les recibe o con un rechazo visceral que muestra odio, prejuicios, miedo e ignorancia, o con sorpresa y curiosidad. Destacan jugosos diálogos como “sois los primeros gays que conozco”, “al menos que tú sepas”, “tú eres el primer minero que conozco”. O el mitin cuando llegan al pueblo: “Hemos pasado cosas similares a las vuestras. Si una quinta parte de la gente es gay, una quinta parte de los mineros lo es, y seguro que se alegrará de vernos”. Y los alarmantes comentarios que Gwen (Menna Trusller) ha escuchado en el mercado, como que las lesbianas son todas vegetarianas. Escenas como los niños y niñas que hacen coletas a uno de los protagonistas o las señoras enseñando fotos de sus hijos e hijas en un bar de ambiente, nos remiten a un buen rollo general. Transmiten una visión idílica de la vida en una pequeña comunidad rural y el mensaje “pon un gay en tu vida que así habrá alegría”.

Mujeres en la intendencia. Lesbianas radicales
Las referencias generales “Pride” a las mujeres no son muy optimistas. Para romper el hielo en el bar gay, Dai (Paddy Considine) apela a una idea compartida en el imaginario patriarcal que asume que las mujeres de comunidades pequeñas no son femeninas: “Sólo hay una diferencia entre este bar y los bares de Gales del Sur. Las mujeres parecen mucho más femeninas”. Existe también otro comentario muy significativo referente a la hombría de los mineros y que justifica el rechazo a la alianza gay y las burlas: “Son hombres, les están manteniendo sus mujeres y ahora esto”. Esto es la ayuda gay y lesbiana claro…

La función y el papel de las mujeres en la industria minera es mínimo: mantener la moral de los huelguistas y capitanear los diversos comités de resistencia. Y si bien estos trabajos les permiten trascender de algún modo el ámbito doméstico con trabajos que en parte suponen una extensión del mismo, son coyunturales. Como afirma el personaje de Siân (Jessica Gunning) tras la huelga, “soy esposa y madre. Mi vida volverá a la normalidad”. En el concierto que se organiza para recaudar fondos van entre otras cosas ¡a planchar!

El modelo mayoritario es el de esposa y ama de casa y pilar de la comunidad, esos pilares que poseen una gran autoridad moral pero siempre y cuando ésta se ejerza desde lo privado. Aún así, hay cabida para las reivindicaciones sexuales: cuando una de las habitantes del pueblo se emborracha, se lamenta de haberse casado con dieciséis años y de que el sexo es para los hombres y no para las mujeres. No es descabellado pensar que el viaje físico y mental que realiza tanto ella como sus compañeras les sirva para dinamitar de algún modo los límites de los mandatos de la feminidad tradicional. Eso sí, quizá habría que apuntar que el momento “señoras riéndose polla artificial en mano” está ya un poco manido.

Existen diversos registros a la hora de representar a los personajes de lesbianas. Sthep, la L inicial de LGSM, se mimetiza con el grupo de chicos, que son parte de su familia. Otros dos personajes finalmente se escinden con el objetivo de crear un grupo sólo de mujeres que trate temas exclusivos de mujeres en un entorno seguro. Puro dilema feminista.

Estrategias de lucha por una hermandad global. Pros y contras
“Pride” nos hace reflexionar sobre las alianzas, sobre esas redes de solidaridad y de lucha que trascienden las diferencias y los límites de los grupos. Los y las integrantes de LGSM empatizan con los mineros sin dejar de preocuparse por los gays que están muriendo todos los días por el SIDA, uno de los ejes temáticos de la película. Pero en ese momento en concreto priorizan la alianza con un colectivo que incluso les rechaza. Así, “Pride” habla de la lucha contra un enemigo mucho más fuerte que tú y de descubrir un amigo o amiga que no presuponías determinante en tu lucha. Y eso es de una grandeza brutal. Se apela a una hermandad global que está por encima de los puntos que unen. De brazo con brazo y hombro con hombro. Por ejemplo, para el personaje de Mark, no defender a los mineros sería como defender a los obreros y no a las mujeres. Identificando enemigos comunes, la película nos ofrece un ejemplo y una referencia que tendríamos que tener presente. Vale, la realidad no es una peli, y el camino es duro, pero en algún momento tendremos que empezar.

Aunque no podemos obviar el tono naif, la intención didáctica de la película no está reñida con momentos épicos como el baile de Jonathan (ese Jimmy Macnulty de “The Wire”); la secuencia entre Cliff (Bill Nighy) y Hefina (Imelda Staunton) en la que hablan de la homosexualidad del primero mientras untan sandwiches de mantequilla; la marcha de Joe del hogar paterno y materno con la cabeza muy alta, o la manifestación final. Yo lloré y todo.

lunes, 9 de marzo de 2015

#hemeroteca #cine | Mineros y gays contra Thatcher

Imagen: El Diario
Mineros y gays contra Thatcher
En 1984, los militantes LGTB se sumaron a la última gran batalla del movimiento obrero británico. La película “Pride” (estreno: 20 de marzo) recrea el apoyo de los gays a la Gran Huelga de Mineros, un paro que duró un año. Durante los 80, la música pop sirvió para divulgar la lucha de los sindicatos y las asociaciones LGTB contra la primer ministro.
Yago García | El Diario, 2015-03-09
http://www.eldiario.es/cultura/cine/Mineros-gays-Thatcher_0_364663606.html

“Contra Thatcher vivíamos mejor” es una frase que podrían hacer suya algunos nombres de la cultura pop británica. Porque, durante sus casi once años y medio en el poder, la primer ministro del Reino Unido se las apañó para poner de acuerdo a sectores muy alejados entre sí, cuyo único punto en común era su deseo de hacerle la puñeta. Un buen ejemplo lo proporciona “Pride”, la película que se estrena en España el 20 de marzo, y que ganó el premio BAFTA 2014 al Mejor Debut recreando una alianza tan real como improbable: aquella que unió a los sectores más progresistas del movimiento gay británico con los mineros, enfrascados estos últimos en un paro que duró doce meses y que llegó a presentar las trazas de una auténtica batalla campal.

¿Resultaba inesperada dicha coalición? Desde luego: Gran Bretaña sólo había despenalizado la homosexualidad en 1967, tras un caldeado debate en el que, irónicamente, Thatcher había sido uno de los pocos parlamentarios del Partido Conservador en votar “sí”. Y, pese a dicha medida legal, y por mucho que David Bowie o Elton John hubieran lucido plumas en el “Top of the Pops”, la homofobia seguía imperando en las islas, especialmente en los entornos de clase obrera. Pero, cuando hay un enemigo común, olvidar las diferencias es fácil, y resultaba que, entonces, tanto gays como mineros tenían grandes razones para odiar al thatcherismo.

Carbón, sida y tabloides
Para empezar, hay que referirse a la Gran Huelga, un conflicto que ha quedado como la última batalla del movimiento obrero británico. En 1983, con unas cifras de paro que superaban los tres millones de personas (el 12,5 por ciento de la población activa), el Canciller de la Hacienda Nigel Lawson había anunciado las intenciones del gobierno Conservador: convertir al Reino Unido en una economía de servicios. Uno de los blancos preferentes de dicha ofensiva había de ser la minería de carbón, un sector fuertemente subvencionado (el gobierno laborista de Clement Atlee había procedido a su nacionalización en 1974) y que, además, gozaba de un poderoso sindicato: la National Union of Mineworkers, vinculada históricamente al Partido Laborista y presidida, en aquellos años, por Arthur Scargill, sujeto muy peleón al que no le dolían prendas en pactar con el diablo (o con la Libia de Gadafi) en busca de apoyos para su causa. Un blanco de primera, pues, para una administración deseosa de demostrar quién mandaba en las islas.

En marzo de 1984, las autoridades anunciaron su decisión de cerrar 20 pozos mineros, algo que suponía la pérdida de 20.000 puestos de trabajo y que condenaba a la extinción a pueblos enteros, sobre todo en áreas como Yorkshire, Gales del Sur y Escocia. Películas como “Billy Elliott”, “Big Man”, “Tocando el viento” y la inédita en nuestro país (Still) “The Enemy Within” han recreado el subsiguiente conflicto, en el que no faltaron ni los piquetes, ni las cargas policiales a porrazo limpio, ni las muertes violentas. Pretextando el impago de multas, el gobierno se incautó de los fondos de la NUM, obligando a los huelguistas a recurrir a donativos privados. Es entonces cuando los activistas LGBT entran en escena.

Mark Ashton (Ben Schnetzer en Pride), un irlandés de 23 años que residía en Londres, tenía buenas razones para poner a Thatcher en su lista negra, tanto por su pertenencia a la Young Communist League, como porque su condición de gay le situaba en el punto de mira de la Primera Ministro y sus aliados. Mientras que los diagnósticos de infección por VIH en el Reino Unido alcanzaban los tres millones anuales, medios afines al gobierno, como el diario “The Sun”, articulaban un discurso de homofobia virulenta.

Según afirmaba Kelvin MacKenzie, director por entonces de dicho tabloide, altos cargos de la Administración thatcherista se planteaban usar la pandemia como pretexto para recriminalizar la homosexualidad, apuntándose la idea de crear campos de concentración para gays y lesbianas. Sir James Anderton, jefe de policía en Manchester, no se cortaba en describir a los enfermos de sida como “desechos humanos”, y a los mineros como “terroristas” y “mafiosos”.

Ante tal estado de cosas, Mark Ashton y varios compañeros de militancia fundaron Lesbians and Gays Support the Miners (LGSM), una organización destinada a recaudar fondos para los mineros en huelga. Su premisa: “No puedes ser gay y pensar sólo en lo que les ocurre a los gays”. Su campo de acción: el sur de Gales, un territorio que (a juicio de los activistas) estaba siendo postergado por el sindicato de mineros en favor de los frentes de Yorkshire y Kent. Sus resultados: alrededor de 10.000 libras (cerca de 26.000 euros, ajustados a la inflación) recaudadas sólo en Londres.

Hermosas batallas perdidas
Según recuerda “Pride”, y según apunta también el comunista Peter Frost, uno de los miembros originales del colectivo, el punto álgido de la campaña fue bautizado (involuntariamente) por el mismísimo “The Sun”: “Los pervertidos apoyan a los mineros”, proclamó el tabloide. Y, apropiándose del insulto, los responsables de LGSM emplearon el nombre “Pits and Perverts” (“Pozos [mineros] y pervertidos”) para un concierto celebrado el 10 de diciembre de 1984, con Bronski Beat como cabezas de cartel. Convertida y ajustada a la inflación, la recaudación del sarao rondó los 18.500 euros, y eso que las entradas ofrecían un descuento especial a los parados sin derecho a subsidio. Porque, cuando mostrar tu conciencia de clase implica bailar al son de “Why?” o “Smalltown Boy”, resistirse debe ser difícil.

La historia que relata Pride es, pues, hermosísima: la campaña de LGSM supuso el fin de la homofobia en el movimiento obrero británico, hermanando a dos colectivos distantes a priori tanto en entorno como en metas. Pero no debe olvidarse que, en último extremo, quien ganó el combate fue Margaret Thatcher. En julio de 1985, cuando representantes de los mineros abrieron el desfile del Orgullo Gay en Londres, la Gran Huelga era ya agua pasada: ese mismo año se inició una sucesión de clausuras que disparó las cifras de paro, y las de pobreza, en muchas comarcas.

Por otra parte, cabe recordar que no sólo los colectivos gays intervinieron en apoyo a los huelguistas: desde el mundo de la música pop, artistas como The Clash, Robert Wyatt y The Style Council (el grupo de Paul Weller tras la disolución de The Jam) también hicieron lo suyo, tanto ofreciendo las recaudaciones de sus conciertos como componiendo temas que llamasen la atención sobre el conflicto. Paul Weller, precisamente, fue uno de los miembros fundadores de Red Wedge, un colectivo de músicos anti-Thatcher al que también se sumó Mark Ashton: el promotor de LGSM anduvo involucrado en esta nueva alianza con la que, en un momento u otro, colaboraron Madness, Bananarama, Elvis Costello y unos The Smiths arrastrados, para variar, por la fobia de Morrissey hacia la primer ministro. Cuando Ashton falleció a causa del sida en 1987, sus amigos de Communards le dedicaron “For a Friend”, una canción que llegó al número 26 en las listas británicas.

En política, la nostalgia es un arma de doble filo: idealizar el encuentro del movimiento LGBT y los mineros en huelga, así como la lucha contra el neoliberalismo de la Red Wedge, puede llevarnos a perder de vista un presente cargado con sus propias lacras. Pero también puede recordarnos que, ahora mismo, el hermanamiento de causas dispares sigue siendo una necesidad. Y también a rememorar el hecho de que los músicos pop pudieran granjearse grandes cotas de popularidad pese (o gracias) a llevar sus posturas políticas por bandera, sin sermones, pero con ritmo e ideas claras. Una vez que “Pride” haya llegado a los cines españoles, habrá que ver quiénes se aplican el cuento.

Y TAMBIÉN...
‘Pride’, la unión hace la fuerza
Luis Martín | hoyesarte, 2015-05-11
http://www.hoyesarte.com/cine/pride-orgullo-la-union-hace-la-fuerza_195394/