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jueves, 15 de noviembre de 2018

#libros #gestacionsubrogada | La cigüeña vino de Miami : crónica de un viaje a la paternidad

La cigüeña vino de Miami : crónica de un viaje a la paternidad / Luis Melgar.
Barcelona : Península, 2018 [11-15].
360 p.
Colección: Realidad.
ISBN 9788499427096 / 17,90 €

/ ES / ENS
/ Crónicas / Gais / Gestación subrogada / Matrimonio / Parejas / Paternidad / Progenitura / Testimonios 

Una aproximación a la gestación subrogada a través de una historia real

En agosto de 2016, Luis Melgar y su marido, Pablo, llegaron a Miami dispuestos a informarse sobre el proceso de gestación subrogada, una de las posibles vías que barajaban para cumplir su deseo de convertirse en padres. Casi por casualidad cayeron en el despacho de la entrañable pero caótica propietaria de la agencia que les permitiría hacer realidad su sueño. No se imaginaban que al día siguiente estarían ya en la clínica rellenando un millón de formularios y haciéndose los primeros análisis como paso preliminar para iniciar la aventura más importante de sus vidas. Sin embargo, faltaba encontrar la protagonista de la historia: la gestante.

Sin duda el camino estuvo repleto de obstáculos. Epidemias de zika en Florida. Resultados inesperados en los análisis de sangre. Donaciones de esperma en cuartos de baño de hospitales venezolanos con niños que gritan: «Mamá, este señor está tardando mucho». Aplicaciones en el móvil para elegir a la donante de óvulos. Un sinfín de pequeñas aventuras hasta que al fin conocieron a Salisha, la extraordinaria mujer que estuvo dispuesta a acompañarlos en su viaje.

¿Quién es Salisha? ¿Cuál es su historia? ¿Por qué decidió ayudar a Luis y a Pablo en su afán de ser padres? ¿No temió encariñarse del bebé y no ser capaz de desprenderse de él?

Todo empezó con un pequeño embrión, apenas un puñado de células que se aferraba a la vida allá en su probeta. Salisha lo gestó con ternura durante nueve meses. Esta es la apasionante historia de ese bebé y de las muchas personas que se confabularon para que viniera al mundo.

Luis Melgar (Madrid, 1980) es diplomático, actualmente el primer secretario de la embajada española en Venezuela. Entre agosto de 2013 y julio de 2016 ocupó la segunda jefatura de misión de la embajada de España en Guinea Ecuatorial. Ha sido subdirector general de Diplomacia Pública del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación y profesor en el Instituto Universitario Ortega y Gasset y en la Universidad Pontificia de Comillas. También es autor de numerosas obras de literatura infantil y juvenil, de enciclopedias temáticas y libros de consulta y de ‘Los blancos estáis locos’ (Península, 2017), un relato de sus tres años como diplomático en Guinea Ecuatorial.

viernes, 7 de abril de 2017

#hemeroteca #testimonios | Luis Melgar: “Los derechos LGTB son prioritarios para la Marca España”

Luis Melgar: “Los derechos LGTB son prioritarios para la Marca España”.
El diplomático Luis Melgar, que estuvo con su marido destinado en la Embajada de España en Guinea Ecuatorial, habla para Shangay_com de la situación de España en el mundo en lo que se refiere a derechos LGTB y de la vida gay dentro del cuerpo diplomático.
Nacho Fresno | Shangay, 2017-04-07
http://shangay.com/luis-melgar-los-derechos-lgtb-son-prioritarios-para-la-marca-espana

Luis Melgar nació en Madrid en 1980 y siempre supo que quería ser diplomático. Con su marido, Pablo, se embarcó rumbo a Guinea Ecuatorial a ocupar la segunda jefatura de la Embajada de España en ese país africano. Lejos de esconderse, dieron la cara como pareja gay, por los derechos LGTB, y aseguran que no sintieron el menor rechazo por parte de los guineanos, salvo la primera sorpresa de Yolanda, la joven bubi que se encargaba del mantenimiento de la casa, cuando se enteró de que Pablo no era su hermano ni su amigo, sino su marido. “Los blancos estáis locos”, dijo Yolanda, que luego pasó a asumirlo como algo normal.

Y esa frase, ‘Los blancos estáis locos’, fue precisamente el título que Luis escogió para el libro que acaba de publicar Ediciones Península, en el que narra su experiencia –y la de su marido– en Guinea Ecuatorial. País en el que, por otro lado, llevaron a cabo la primera experiencia de visibilizar la vida LGTB de allí, y que este año, si todo va bien, tendrá continuidad.

Hoy Luis ya no está en el país africano, actualmente es el primer secretario en la Embajada de España en Venezuela. Charlamos con él y con su marido en una escala que hicieron en Madrid. En la entrevista no omiten ningún tema: desde los derechos LGTB en España, África o en su actual destino caraqueño, hasta sus deseos de ser padres y la situación actual de la reivindicación de la causa homosexual.

Shangay: Guinea Ecuatorial, Venezuela... Destinos complicado, especialmente para el mundo LGTB.
Luis Melgar: Como diplomático español, tengo que decir que siempre hay un apoyo muy grande por parte del ministerio para que nosotros podamos pedir el destino que queramos. Dicho esto, Guinea Ecuatorial nos sorprendió mucho, porque cuando llegamos Pablo y yo todo el mundo pensaba que iba a ser una situación un poco más delicada. Y no hubo ningún tipo de problema. La primera que nos preguntó fue la protagonista del libro, Yolanda, nuestra empleada doméstica. Cuando le dijeron que éramos dos hombres, preguntó: “¿Son hermanos?”. Cuando supo que estábamos casados, respondió con “Los blancos están locos”. Mi teoría es que como el concepto de familia es tan amplio en Guinea Ecuatorial, una vez que se lo explicamos Pablo y yo, dijeron: “Bueno, pues fenomenal”. A partir de entonces, fuimos a un montón de actos sociales, incluso con el Gobierno, y nunca hubo problema, ni con las acreditaciones ni a nivel personal. Venezuela tampoco plantea problemas en ese sentido.

S.: Pero igual es porque hay una especie de ‘inmunidad diplomática’, un por ser vos quien sois, porque son países en los que no resulta fácil ser homosexual...
L.M.: Aquí hay dos cosas: efectivamente, la situación de un diplomático es distinta y podemos ir a cualquier país del mundo porque sí tenemos esa inmunidad, y siempre se acepta el tipo de familia que uno tenga, igual que nosotros tampoco analizamos cómo son las familias de cualquiera que venga a aquí. Pero en el caso de Guinea resultó sorprendente, porque fue un paso más allá, y se aceptó con una normalidad total. En Venezuela, a Pablo no lo reconocen como cónyuge sino como acompañante. En Guinea Ecuatorial, África, Pablo era cónyuge de la segunda jefatura; en Venezuela, como “acompañante permanente”, que conlleva todas las inmunidades diplomáticas para él, pero no como marido. En Venezuela aún hay que hacer muchas mejoras en el ámbito legislativo para regularizar la situación; no así en el social, donde sí hay una normalidad en las calles. En Guinea, a nivel legislativo, no hay nada, es un tema que no se trata, pero hemos vivido una gran aceptación social. Esa fue la sorpresa.

[Interviene Pablo, su marido]

Pablo Martín: Guinea es, por decirlo de esta manera, el tardofranquismo: sigue con la misma legislación, se han quedado con el cuerpo legal franquista, por lo que tienen la ‘Ley de Vagos y Maleantes’ vigente. Lo que ocurre es que no la aplican, a diferencia de Camerún, donde sí estamos perseguidos. En Venezuela hay una ley de ‘no discriminación’, donde sí que puedes denunciar una agresión o un insulto.

S.: ¿Fuisteis los primeros ‘gays oficiales’ en Guinea?

L.M.: La primera pareja abiertamente gay, casada y que llegó como matrimonio, sí. Allí no hay ningún personaje público abiertamente gay.

S.: También fuisteis los primeros en organizar, en 2016, unas jornadas por la visibilidad LGTB…
L.M.: Sí, y estamos muy orgullosos. Fue la Primera Semana de Expresión Cultural LGTB de Guinea Ecuatorial. Hasta ese momento no se había hecho ningún evento relacionado con la comunidad LGTB en el país. Nunca en la historia, no existía nada. Los guineanos tienen un concepto de la familia por el cual todas las personas están avocadas a una relación heterosexual y tener hijos. Eso es una presión enorme en la familia: ser madre en el contexto, lógicamente, de relaciones heterosexuales. Luego, como la moral sexual es muy amplia, no está especialmente mal visto que tú tengas ‘tus cosas’, siempre que seas debidamente discreto. Es un tema del que no se habla, pero que se practica, en la clandestinidad, siempre que no seas problemático. Quisimos dar un paso más, y hacer algo para visibilizar al colectivo, para que pudieran ver que tienen derecho a expresarse. Porque algo también muy extendido allí es que la homosexualidad es ‘cosa de blancos’, que es un invento europeo, que está exportado a África.

S.: ¿Tuvisteis o sentisteis oposición?
L.M.: El primer paso, como es lógico, fue contar con el permiso de mis superiores en Madrid. La Agencia de Cooperación Internacional estuvo completamente de acuerdo, porque también hay que decir que la no discriminación por razones de orientación sexual es uno de las prioridades de derechos humanos de la política exterior de España. Es algo que nosotros estamos obligados a defender en nuestras embajadas y centros culturales, etcétera. Está en la página web del ministerio. Los derechos LGTB son prioritarios en la actividad diplomática de la Marca España, en la acción exterior de nuestra embajada. Entonces empezamos a organizar el acto y contamos con la ayuda indispensable de bastantes asociaciones españolas que se implicaron. Tengo que mencionar, por supuesto, a la Federación Española de Gays y Lesbianas, que se implicó muy activamente, a la Fundación Triángulo, el Festival Zinegoak de cine LGTB de Bilbao, y a dos activistas como Mili Hernández –que fue a Guinea– y Marc Serena. Me acuerdo perfectamente que leí lo que publicasteis en ‘Shangay’ y os lo agradezco muchísimo. Se formó este grupo de activistas y dieron el paso, valiente, de viajar a Guinea. Luego yo hice mis contactos con el Gobierno guineano para tantear hasta qué punto podía ser un problema o no. Y recibimos todo el apoyo desde el principio, eran conscientes de que eso nunca se había hecho y les alegraba que fuera España quien diera el paso. También contactamos con otras embajadas, como las de Estados Unidos, Francia o Alemania, que se unieron. La respuesta fue fantástica: la sociedad civil se implicó y hubo también muchas empresas que colaboraron, porque los presupuestos que manejamos son bastante modestos y nos quedábamos cortos.

S.: ¿Va a tener continuidad?

L.M.: El gran logro de esa semana es que salió la primera asociación LGTB de Guinea Ecuatorial, que no existía hasta ese momento, y que sigue existiendo: un grupo de jóvenes donde hay lesbianas, gays, bisexuales y transexuales, un éxito, las cuatro letras iniciales están representadas. Ellos siguen reuniéndose, y la vocación es de continuidad. No tiene por qué seguir siendo una semana de expresión cultural, igual es Semana de la Diversidad. Las otras embajadas ya lo han metido también en la programación, no solo el Centro Cultural de España.

S.: ¿Quieres, queréis, continuar en Venezuela con esa dinámica de organizar cosas para la causa LGTB a nivel institucional, utilizando tu posición dentro del cuerpo diplomático?
L.M.: Sí, pero mi situación es diferente. En Guinea Ecuatorial yo era la segunda jefatura, por lo tanto tenía un trabajo que era transversal. Además, durante el último año tuve la suerte de ser el director del Centro Cultural, con una enorme libertad para programar actividades. En Venezuela soy el primer secretario, encargado de Asuntos Políticos y Derechos Humanos. Eso significa que mi trabajo no tiene nada que ver con la cultura, desgraciadamente, pues me gusta mucho. Sin embargo, en derechos humanos sí que trabajo y es una prioridad para España, que ha defendido los derechos de la comunidad LGTB en el Examen Periódico Universal de las Naciones Unidas –al que se acaba de someter Venezuela– con una pregunta específica sobre el tema, por una iniciativa mía. La principal problemática que hay en Venezuela sobre este tema, y sobre la cual preguntó España en este examen periódico es, por un lado, un tema de lenguaje: muchos líderes políticos están utilizando expresiones insultantes que tienen que ver con la homosexualidad para referirse a miembros de oposición política. Y por otro lado, está el tema del ejército: ahora mismo, formalmente, una persona abiertamente homosexual no puede ser miembro del ejército. Esto está en la legislación de la República Bolivariana de Venezuela hoy en día. Por otro lado, hay una gran demanda de la regulación legal de las parejas, un tema que en un país como Venezuela tiene muchas implicaciones, puesto que hay muchos subsidios para que una gran parte de la población tenga acceso a cosas tan básicas como la alimentación. Las parejas del mismo sexo, al no estar reconocidas, no tienen acceso a ello. Y esto, en un país que depende tanto de los subsidios, para cosas tan básicas como el acceso a la vivienda, crea situaciones dramáticas. O para bienes higiénicos, todas las parejas LGTB están excluidas porque su situación no está regularizada. Va más allá de lo que pasó en España cuando pedíamos aquí el matrimonio. En Venezuela, este hecho, tiene un impacto en la vida social diaria.

S.: Y en el día a día cotidiano, en una ciudad como Caracas, ¿como es la vida gay?
L.M.: En general, como en un 80 por ciento, la sociedad es muy abierta. Hay presencia en la sociedad. De hecho hay una diputada de la Asamblea Nacional que es transexual. Ahora bien, en ciertos ámbitos, todavía se ve con mucha extrañeza, parece que no se puede decir. Y esto a nosotros nos ha sorprendido.

S.: Cambiamos de tercio y volvemos a España. Parece que el mundo diplomático y el mundo gay han ‘relajado’ las formas y todo es más visible. Siempre ha existido, pero ahora, por poner un ejemplo, hemos tenido a tres embajadores de países muy importantes que son gays. Primero Francia, luego Estados Unidos [ambos ya en otros destinos] y, ahora, Italia…
L.M.: Varios comentarios al hilo de esto. Respecto a la tolerancia que existe en nuestro país con respecto al mundo LGTB, creo que esto ya se ha convertido en un elemento de la Marca España, es uno de los temas que nos dan buena reputación a nivel mundial: la tolerancia de la sociedad española y el avance de nuestra legislación. Se nos considera internacionalmente uno de los países más avanzados en el tema LGTB. Hay estudios que lo demuestran. Y eso es parte de lo que nosotros, como diplomáticos, tenemos que vender. España sorprendió al mundo con la ley de matrimonio homosexual de Zapatero, y con cómo se aceptó. Todos los que dijeron que esto iba a ser una barbaridad, al final, ¡normal!. Y por eso este año está aquí el WorldPride. España se ha convertido en un ejemplo para el mundo. Esto es bueno, un ejemplo de tolerancia. Segundo, en la carrera diplomática española siempre ha habido fama de que había un porcentaje muy elevado de homosexuales. Esto, antiguamente, era por otros motivos: hablamos de hace muchas décadas, cuando la situación no era la que es hoy, era una salida muy sencilla para los hijos de las familias de buena posición social y que eran gais alejarse de la presión social que podía existir, porque, además, en aquellos años las mujeres raramente accedían a la carrera diplomática. De ahí viene la fama de que en el cuerpo diplomático había muchos homosexuales: era un buena salida, desaparecías de tu círculo, de tu madre, tus tías que te estaban preguntando si te casabas o no, y hacías tu vida. Y volvías con un amigo, de otro país, que no se sabía muy bien cuál era su papel. Hoy, la situación es completamente diferente. Pablo y yo, por ejemplo, somos un caso más de cómo la situación se ha normalizado. Cuando a José Manuel García Margallo lo nombraron ministro, enseguida me propuso que trabajara con él como subdirector de Diplomacia Pública y le dije que sí, pero que en unos meses me casaba y tenía la luna de miel. Al preguntarme cómo se llamaba mi mujer, le dije: “No es mujer, va a ser marido y se llama Pablo”. Inmediatamente quiso conocerlo, y hoy día nos seguimos llevando fenomenal con él y con su mujer, jamás puso el menor problema. Al contrario. Unos meses después nos casamos, yo vestido de uniforme, como es tradicional en los matrimonios de diplomáticos, y con muchos compañeros, con altos cargos, como invitados. Nosotros somos solo un ejemplo. Hay muchos más, que pueden optar por otras vías, pues no todo el mundo quiere casarse.

S.: Hablas de la situación que se vive en España, pero ¿crees que sigue siendo necesario reivindicar?
L.M.: Yo creo que el activismo LGBT siempre ha mantenido dos reivindicaciones, que aparentemente son opuestas, pero que en realidad son las dos caras de la misma moneda: la igualdad y la diferencia. Hay veces que tenemos que reclamar nuestro derecho a ser iguales a los demás, a tener los mismos derechos y a no sufrir discriminación a causa de nuestra orientación sexual. Pero hay otros momentos en que lo hay que reivindicar es precisamente nuestro derecho a ser diferentes, a no obedecer ciegamente los dictados de una norma preestablecida, sino a buscar nuestra propia forma de ser felices... Y la verdad es que no creo que estas dos reivindicaciones sean exclusivas del colectivo LGBT sino de todas las personas, todos tenemos derecho a ser tratados como iguales y al mismo tiempo a ser diferentes, únicos. Pablo y yo creemos mucho en ambas ideas, tanto en la igualdad como en la diferencia. No nos sentimos diferentes a los demás por ser gais, todos somos diferentes porque somos únicos, y eso es precisamente lo que nos hace iguales. Por otro lado, creo que la comunidad LGTB de hoy está donde está, y ha conseguido lo que ha conseguido, gracias a la lucha de todos los que han estado antes de nosotros. Para mí, haber podido conocer durante la semana de Malabo a gente como Mili Hernández, una luchadora de toda la vida, es un privilegio. Creo que tenemos que estar eternamente agradecidos a estas personas que han hecho que tengamos una vida mucho más fácil. Hay que reconocerlo y hay que reivindicarlo.

S.: Vosotros, como matrimonio, ¿queréis formar una familia?
L.M.: Desde nuestra primera cita, la primera vez que cenamos juntos, hablamos de lo que queríamos en el futuro. Y ambos dijimos que queríamos tener hijos, sin especificar el método, dependiendo de cómo fuera el desarrollo de las cosas. Conforme fue consolidándose nuestra relación, y tras casarnos, decidimos hacer una gestación subrogada. Ese fue uno de los motivos por los que decidimos irnos a Venezuela, porque hay varios vuelos diarios a Miami, y allí es más fácil iniciar este proceso. La verdad es que estamos superilusionados. Es la mayor aventura de nuestra vida. Estamos en las fases iniciales, pero si todo va bien, para más o menos dentro de un año se produciría el nacimiento.

S.: ¿Os ha supuesto algún problema moral o ético el tema de gestación subrogada?
L.M.: La verdad es que no, además, cuánto más lo conoces, más claras tienes las cosas. Y una de las cosas buenas de hacerlo en Estados Unidos es que todo está muy medido y el aspecto legal perfectamente claro, y nos quedamos muy tranquilos con todas las partes implicadas: la donante de óvulos, una mujer anónima, a través de un banco de óvulos; por otro lado, la mujer gestante, y Pablo y yo, que somos los padres.

S.: A nivel profesional, ¿has notado algún problema o rechazo en el ministerio?
L.M.: En absoluto. La mayoría de mis compañeros saben que estamos metidos en este proyecto, y lo apoyan y se alegran por nosotros. Nada más allá del reto de cualquier padre o cualquier madre que tiene que enfrentarse a conciliar la vida laboral con la personal.

Y TAMBIÉN…
Un rayo de esperanza gay en Guinea Ecuatorial.

La ‘primera Semana por la expresión cultural LGBT’ celebrada hace unos días en Malabo ha supuesto una acto pionero en el país africano en lo que a visibilidad se refiere.
Joaquín Gasca | Shangay, 2016-07-15
http://shangay.com/un-rayo-de-esperanza-gay-en-guinea-ecuatorial

martes, 28 de marzo de 2017

#hemeroteca #testimonios | Luis Melgar, diplomático: «Guinea es puro surrealismo mágico»

Imagen: La Razón / Luis Melgar
Luis Melgar, diplomático: «Guinea es puro surrealismo mágico».
En el libro «Los blancos estáis locos» relata sus peripecias vitales durante sus tres años en la antigua colonia española como diplomático.
Goyo G. Maestro | La Razón, 2017-03-28
http://www.larazon.es/cultura/libros/luis-melgar-guinea-es-puro-surrealismo-magico-KN14800813

Luis Melgar (Madrid, 1980) se instaló en 2013 como segundo secretario de la embajada de España en Guinea Ecuatorial dispuesto a vivir la aventura africana. Durante tres años fue acumulando lo que él llama «perlas», vivencias y anécdotas cotidianas de su vida junto a su marido Pablo de las que emerge un fresco de un país «asombroso» que vive en constante «surrealismo mágico». Al contrario que otros diplomáticos que escriben sus memorias cuando se retiran, Melgar no pudo aguantarse las ganas de contarlo, y con humor. De ahí ha salido «Los blancos estáis locos» (editorial Península).

–Usted dice que Guinea Ecuatorial es un manicomio.
–Guinea es puro surrealismo mágico. Tiene una cultura muy parecida a la nuestra, pero por otro lado es muy diferente. Este choque es lo que más llama la atención. Me explico. Lo primero que sientes al llegar es que estás en un lugar muy familiar, donde se habla español y donde la cultura y la actualidad españolas son muy seguidas. Pero poco a poco te encuentras con fuertes contrastes. Son católicos, pero existe la poligamia. Y la brujería está muy presente en todo, les sirve para explicar la salud, el clima, cualquier cosa. A ellos les da vergüenza hablar de esto a los europeos, pero creen firmemente en ella. Nadie cuestiona la brujería.

–¿Es un buen destino para un diplomático Guinea Ecuatorial?
–Es el destino perfecto para un diplomático que empieza, pero también para cualquier diplomático español en general, porque es un país que mantiene unas relaciones con España muy intensas a pesar de ser pequeño. La embajada tiene una actividad frenética. Desde luego, no se lo recomiendo a un diplomático vago.

–¿En qué consiste el magnetismo de África?
–África te cambia la perspectiva, es una experiencia muy enriquecedora, recomiendo a cualquier europeo que viaje al menos una vez en su vida a África. Guinea tiene la facilidad de que es una África en castellano, ya traducida, pero aun así, el cambio de perspectiva es total, y sobre todo desde el punto del materialismo. Te das cuenta de hasta qué punto en Europa acabamos preocupados por cosas que no son importantes y que no proporcionan felicidad cuando ves cómo los guineanos viven con menos y pueden ser más felices que nosotros. Eso es el magnetismo de África, el hecho de que ser feliz es algo mucho más sencillo de lo que pensamos.

–¿Cómo asumieron en Guinea su matrimonio?
–Lo vivieron con naturalidad. Jamás tuvimos un problema. Ellos tienen claro que los blancos estamos locos, así que cualquier cosa que haga uno les parece normal. Además, la moral sexual en Guinea Ecuatorial es muy relajada. La homosexualidad no está perseguida ni penalizada, pero socialmente no existe porque no se habla de ella, aunque obviamente también hay homosexualidad en África. Lo que existe es una represión familiar para que el homosexual se case y tenga hijos, pero una vez hecho esto, tus divertimentos van por otro lado. Yo organicé una semana temática sobre LGTB allí. Mis compañeros de la embajada me decían que estaba loco. Antes hablé con ministros guineanos, tenía permiso de Madrid y puedo decir que fue un éxito total.

–¿Ser homosexual dentro de la comunidad diplomática le ha supuesto algún problema?
–Nadie se sorprende de algo así. Se dice –aunque cada vez sucede menos– que hay un alto porcentaje de homosexuales dentro de la carrera diplomática española y en general. Pablo y yo nos hemos sentido completamente acogidos.

–¿Les interesa a los políticos españoles Guinea Ecuatorial?
–Bastante más que a la sociedad española. Hay un cierto cariño de los políticos y funcionarios españoles hacia Guinea. Lo que ocurre es que es un tema delicado.

–Antes de Guinea, barajaron irse a Kabul, un destino peligroso. ¿Tenía ganas de acción?
–Al final es más peligroso un destino que en principio tú crees que no es peligroso. Si vas a Kabul, estás siempre rodeado con grandes medidas de seguridad. No haces vida normal, pero no estás tan expuesto. Pero si estás en Londres y sales un día a pasear, puedes ser víctima de un atentado como el del otro día en Westminster. Para nosotros son más peligrosos los sitios de gran criminalidad, como puede ser Caracas. De hecho, Caracas es mucho más peligroso que Kabul porque te confías, haces vida normal y puedes acabar teniendo un problema. Yo barajé Kabul porque quiero una carrera intensa, un destino donde pueda aportar y aprender mucho.

–¿Cómo es su trabajo como diplomático en Venezuela?
–En Venezuela estoy encargado de derechos humanos y llevo también política interior. Como diplomático, Caracas es uno de los sitios ahora mismo para estar, porque es un punto focal de las relaciones internacionales. Allí se están dando una serie de acontecimientos que van a determinar el futuro del socialismo en América Latina. Lo que pase en Venezuela en los próximos años va a tener consecuencias para toda la región.

–¿Los diplomáticos son buenos anticipando acontecimientos?
–Cuando estuve en El Cairo, todas las embajadas daban por hecho que Mubarak se moriría en el cargo. Unos meses después vino la Primavera Árabe. Nadie lo supo anticipar, pero una vez ocurrió todos corrimos a explicar por qué había sucedido. Los diplomáticos metidos a profetas se equivocan. Estamos ahí para observar y cuando suceden las cosas, las explicamos.

viernes, 24 de marzo de 2017

#hemeroteca #testimonios | “¡Quieren convertir en gais a nuestros hombres!”

Luis Melgar (d) y su marido Pablo
“¡Quieren convertir en gais a nuestros hombres!”.
El diplomático Luis Melgar recoge en un libro tres años de anécdotas en Guinea Ecuatorial junto a su marido, Pablo.
Natalia Junquera | El País, 2017-03-24
http://politica.elpais.com/politica/2017/03/23/actualidad/1490283792_376361.html

“Los blancos estáis locos”, respondió Yolanda cuando le dijeron que los nuevos inquilinos de la casa en la que trabajaba, la residencia de la segunda jefatura de la Embajada española en Guinea Ecuatorial, eran un matrimonio formado por dos hombres. La respuesta de la carismática asistenta da título al libro, editado por Península, en el que el diplomático Luis Melgar resume tres años de disparatadas anécdotas en el país africano junto a su marido, Pablo.

“Allí la homosexualidad no está perseguida, pero no es visible y hay una represión familiar total, así que lo que suelen hacer es casarse y luego tener su vida aparte. En Guinea y en África en general piensan que la homosexualidad no existe, que es un invento, un vicio de los blancos”, explica Melgar, de visita en Madrid antes de regresar a su nuevo destino, Venezuela, desde donde han iniciado el proceso para ser padres por gestación subrogada.

“Íbamos juntos a las fiestas de cumpleaños de Teodoro Obiang —donde se servían tartas de diez pisos con la cara del presidente antes de cantarle “porque es un muchacho excelente”— y no tuvimos ningún problema de discriminación”, relata, pero sí se produjeron algunos malentendidos. Por ejemplo, un ministro ecuatoguineano con su mejor intención homenajeó a Melgar ofreciéndole un grupo de mujeres despampanantes que rápidamente se sentaron en sus rodillas. “Me fui discretamente en cuanto pude”, recuerda. En otra ocasión, al organizar un taller de periodismo dirigido por la periodista Ana Borderas, decidieron que uno de los amigos de Melgar, activista gay de visita en Malabo, ofreciera una rueda de prensa a los alumnos. Los chicos en general reaccionaron bien. Ellas no tanto. “¡Vienen a quitarnos a nuestros hombres! Con la poligamia ya teníamos que pelear con otras mujeres más jóvenes. ¿A cuántos hombres quieren convertir en gais?”, decían.

Antes de cambiar de destino, Melgar organizó una semana LGTB —charlas, proyección de películas para sensibilizar contra la discriminación...—. “Era la primera vez que se hacía algo así en Guinea. Yo me la estaba jugando, por eso lo planeamos con mucho cuidado. Hablé con varios ministros guineanos porque no quería molestarles. Dentro de la Embajada había compañeros que no lo veían claro. Uno me dijo que no era una prioridad para España. También hubo empresarios que tenían miedo porque pensaban que aquello podía cabrear a las autoridades guineanas y perjudicarles en sus negocios, pero al final salió todo fenomenal”, recuerda. De hecho, durante esa semana vivió “lo más bonito” que le pasó en el país africano. “Un alto cargo guineano me pidió consejo porque acababa de enterarse de que su hijo adolescente era gay y había reaccionado mal”. De aquella iniciativa suya surgió, además, la primera asociación LGTB de Guinea Ecuatorial.

Melgar también relata en el libro lo difícil que era explicarle a los guineanos residentes en España que solo podían llevarse a una de sus tres o cuatro mujeres, que tenían que elegir. Gestionaba unas 10.000 peticiones de visados al año solo desde Malabo. Rechaza la poligamia, pero el diplomático explica que en Guinea hay algunas diferencias con la de la cultura musulmana. "Allí las mujeres se pueden divorciar de sus maridos y no son estigmatizadas socialmente, aunque el hombre se queda con la dote y los niños".

Los visados eran de ida y vuelta. “También era muy frecuente que un español de cierta edad viniera por negocios, se enamorara de una guineana exuberante y luego quisiera ‘repatriarla’. En el 2% de las pasiones eran viudos, solteros o divorciados. En el otro 98% había una esposa española que no sabía nada”.

Yolanda, la asistenta de etnia bubi con la que terminaron siendo uña y carne, los introdujo en la cultura del país y es el hilo conductor del libro. A veces tenía que ausentarse del trabajo porque había entrado en su casa una boa gigante. En otra ocasión porque debía cumplir con el luto bubi, que recluye a la viuda en una cabaña durante varias semanas y le rapa la cabeza al cero para que “al espíritu del difunto no le dé por acercarse”. Ahora siguen en contacto por Facebook y WhatsApp. “Seguro que en Venezuela no habéis conocido a nadie como yo”, les dice Yolanda. “La verdad es que no”, admite Melgar.

martes, 21 de marzo de 2017

#libros #testimonios | Los blancos estáis locos : un diplomático español en Guinea Ecuatorial

Los blancos estáis locos : un diplomático español en Guinea Ecuatorial / Luis Melgar.
Barcelona : Ed. Península, 2017 [03-21].
376 p.
Colección: Odiseas.
ISBN 9788499425870

/ ES / Crónicas
/ Embajadas / Gais / Guinea Ecuatorial / Homofobia / LGTBI / Matrimonio / Persecuciones sociales / Testimonios / Visibilidad

Cuando en agosto de 2013 la segunda jefatura de la embajada de España en Guinea Ecuatorial queda libre, Luis Melgar lo tiene claro: va a ser suya. Las intensas relaciones con la penúltima colonia española, que sigue mirándose en muchos sentidos en su antigua metrópolis, hacen de Malabo un destino apetecible para el joven diplomático, su marido Pablo y su perro ‘Churchill’, que esperan poder vivir su propia aventura africana.

Los preparativos para la mudanza, sin embargo, pronto se convierten en un curso acelerado de guinealogía, una ciencia en la que lo imprevisible es la norma, con contenedores llenos de muebles que tardan meses en llegar a su destino, trámites interminables regidos por el caos, peticiones de visado en cada esquina y una consigna que Luis pronto hará suya: en Guinea lo fácil es difícil, lo difícil es muy sencillo y lo imposible se consigue sin pestañear.

Una vez en África, el surrealismo se sucede en la embajada, igual que las visitas sin freno de los familiares de ambos, y una figura se erige como protagonista absoluta de la vida cotidiana de Luis y Pablo: Yolanda, la joven bubi que se encarga de su casa, fuente inagotable de sentido común y oráculo de usos y costumbres de la isla, para quien todas las actividades de los recién llegados son motivo de la más absoluta perplejidad.