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jueves, 23 de octubre de 2025

#libros #lgtbi #periodismo | Tratamiento ético de la comunidad LGTBI en los medio

Tratamiento ético de la comunidad LGTBI en los medios / Adolfo Carratalá ; prólogo de Marina Echebarría Sáenz.

Madrid : Tecnos, 2025 [10-23].
200 p.

/ ES / Libros / ENS / LGTBI / Discursos de odio / Diversidad afectivo-sexual / Estereotipos / Estigma / Medios de comunicación / Periodismo / Visibilidad

📘 Ed. impresa: ISBN 9788430993659 / 19.50 €
📝 Cita APA-7: Carratalá, Adolfo (2025). Tratamiento ético de la comunidad LGTBI en los medios. Tecnos.


La manera en que el periodismo narra las realidades LGTBI+ no es neutra: influye, construye, transforma. Este libro propone una mirada crítica para hacerlo con ética, responsabilidad y rigor. En un contexto donde la desinformación, los discursos de odio y los estereotipos siguen afectando a millones de personas alejadas de la cisheteronormatividad, esta obra se convierte en una herramienta imprescindible para periodistas, comunicadores y cualquier profesional de la información con un claro compromiso con los derechos humanos.

Adolfo Carratalá analiza con profundidad los principales desafíos éticos en la cobertura mediática de las realidades LGTBI+, desde la invisibilización y el sensacionalismo hasta la representación estigmatizante. A través de casos paradigmáticos, estudios actuales y un decálogo de buenas prácticas, el autor traza un camino hacia una comunicación más justa, inclusiva y emancipadora.

Con prólogo de Marina Echebarría Sáenz, esta obra no solo examina errores en los que los medios han incurrido en el pasado, sino que propone soluciones concretas para el presente y el futuro. Porque informar con ética sobre la diversidad afectivo-sexual y de género no es solo una cuestión profesional: es una responsabilidad social. Una guía necesaria para quienes creen en el poder de la práctica periodística para construir una sociedad más libre, igualitaria y diversa.

miércoles, 7 de mayo de 2025

#hemeroteca #universidades #diversidad | Universidades por la diversidad: pensar, transformar y actuar desde dentro

Universidades por la diversidad: pensar, transformar y actuar desde dentro
La UOC acoge el sexto encuentro de la Red de Universidades por la Diversidad (RUD), que reunirá a expertas y miembros de más de 40 universidades para abordar los retos de la inclusión y la igualdad en el ámbito universitario. El programa incluye buenas prácticas, marcos legales, políticas interseccionales y el papel de la investigación ante el racismo y la LGTBIQ-fobia.
Andrea Romanos | UOC, 2025-05-07
https://www.uoc.edu/es/news/2025/universidades-por-la-diversidad-pensar-transformar-actuar 

Igualdad de derechos y respeto a la diferencia //
Las universidades son espacios de generación de conocimiento, pero también de reproducción de normas sociales. Desde esta premisa, la Red de Universidades por la Diversidad (RUD) organiza su VI Encuentro los días 12 y 13 de mayo en Barcelona, con la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) como anfitriona. El objetivo está claro: continuar avanzando en la construcción de universidades más justas, igualitarias y representativas de la diversidad sexual, de género, cultural, étnica y funcional presente en la sociedad... La inauguración del evento irá a cargo de Julio del Valle, director general para la Igualdad real y efectiva de las personas LGTBI+ del Ministerio de Igualdad; Eva Menor, consejera de Igualdad y Feminismo del gobierno de Catalunya y Àngels Fitó, rectora de la UOC, y tendrá lugar de 10.30 a 11 h.

El programa incluye ponencias sobre los marcos legales actuales en materia LGTBI, talleres de buenas prácticas y espacios de trabajo para las comisiones que integran la red. También participarán figuras destacadas como Lucas Platero (URJC), Miquel Missé y Marina Echebarría (UVa), y miembros de proyectos como el "Toolkit para una educación antirracista" del grupo Nodes de la UOC.

Las jornadas contarán con la participación del vicerrector de Alianzas, Comunidad y Cultura, Manel Jiménez Morales, quien reafirma "el compromiso de la UOC con los procesos de consolidación de nuestra universidad como espacio inclusivo y respetuoso con la diversidad para toda su comunidad". Y añade: "Tenemos la convicción de que la diversidad ofrece una riqueza necesaria en nuestra sociedad y que las instituciones educativas tienen la responsabilidad de reflejarla y potenciarla". Para él, "el objetivo de encuentros como éste no es sólo abrir espacio a la reflexión, sino también dotar a nuestros equipos académicos y de gestión de herramientas concretas que nos permitan mejorar la implementación de políticas propias de una universidad libre de discriminaciones para todas las personas".

Más allá de la representación: diversidad epistémica y transformación institucional

Para la profesora Adriana Ornellas, de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, hablar de diversidad en la universidad implica cuestionar también qué se enseña y desde qué mirada: "La carencia de diversidad en los espacios universitarios no se manifiesta solo en la ausencia o la poca representación de cuerpos diversos, sino también de 'mentes' diversas, es decir, es latente en los currículums que priorizan determinados autores (mayoritariamente, hombres blancos), teorías y perspectivas eurocéntricas y occidentales, y que obvian las contribuciones intelectuales de otras tradiciones de pensamiento".

Desde su ámbito de experiencia, la profesora defiende que la universidad puede ser tanto una reproductora del statu quo como un espacio de resistencia e innovación: "Como institución atravesada por relaciones de poder, la universidad puede ser tanto un reproductor de las lógicas dominantes como un lugar potenciador de pensamiento crítico y de prácticas de resistencia y transformación".

Es desde esta convicción que celebra la existencia de espacios como la RUD: "Espacios de reflexión y diálogo como los que promueve la RUD deberían ayudar a crear pequeñas grietas dentro del mismo sistema que nos permitan divisar otras posibilidades de saber, pensar y ser".

Una mirada antirracista en la universidad

Las universidades no son ajenas al racismo estructural. Para combatir esta tendencia, la profesora de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la UOC Amalia Susana Creus advierte que hay que actuar desde la investigación y la práctica educativa: "Como espacios de creación e intercambio de conocimiento, las universidades tienen la responsabilidad de poner la inclusión y la equidad en el primer plano de sus concepciones y prácticas educativas, promoviendo la formación de personas sensibles y comprometidas con la igualdad y el respecto a la diversidad".

Creus coordina el grupo de investigación Nodes, desde donde trabaja para identificar y hacer visibles las formas de discriminación sistémica: "Buscamos contribuir, desde la investigación y la transferencia, a identificar y analizar los mecanismos del racismo estructural, así como impulsar la generación de prácticas y políticas antirracistas".

Para Creus, encuentros como este son clave para tejer alianzas y hacer avanzar el compromiso institucional: "Nos permiten compartir experiencias y forjar alianzas para construir una universidad verdaderamente comprometida con la diversidad, la inclusión y la justicia social".

Una universidad al servicio de la convivencia y los derechos humanos
Para Marina Echebarría, catedrática de Derecho mercantil de la Universidad de Valladolid y presidenta del Consejo de Participación LGTBI del Ministerio de Igualdad, la creación de la RUD es una respuesta a un déficit histórico: "La RUD se creó para dar respuesta al reto de integrar la diversidad sexual en la universidad. Su impulso obedecía a la necesidad de acoger a un colectivo creciente de estudiantes que no podían ver reflejada su vida en la vida universitaria".

Según Echebarría, la universidad no puede ignorar su responsabilidad histórica y su potencial transformador: "Nuestra historia es la de la negación y la represión de la diversidad del ser humano, y en esta infame tarea las universidades fueron factores importantes. En una sociedad democrática, plural y diversa, crear la RUD, expandirla y lograr sus objetivos es una necesidad inexcusable." El mensaje es claro: ante las amenazas a la autonomía académica y la convivencia, la universidad tiene que posicionarse como un espacio crítico, abierto y comprometido.

Trabajar desde dentro: políticas institucionales y acción colectiva
El VI Encuentro de la RUD también servirá para avanzar en el desarrollo de políticas universitarias específicas a través de talleres internos organizados por comisiones de trabajo en docencia, investigación, comunicación y cultura institucional. El objetivo es generar herramientas colectivas que permitan a los equipos de las universidades trasladar los compromisos con la diversidad a acciones concretas dentro de sus entornos laborales y académicos. El encuentro cerrará con la elección del nuevo equipo de coordinación de la RUD y la presentación del informe bianual de la red.

El encuentro se celebra en un momento en que los marcos normativos refuerzan la necesidad de integrar la diversidad de manera efectiva en el mundo universitario. El artículo 37 de la Ley Orgánica 2/2023 del Sistema Universitario (LOSU) establece que las universidades deben garantizar que ningún miembro de la comunidad educativa sea discriminado por razón de nacimiento, origen étnico, sexo, orientación sexual, identidad de género, discapacidad o cualquier otra condición personal o social. Esto supone un paso importante hacia la institucionalización de los derechos a la igualdad de trato y a la no discriminación dentro del sistema educativo superior.

A escala europea, iniciativas como los Inclusive Gender Equality Plans (IGEP) –que son requisitos de elegibilidad para acceder a financiación de programas como Horizon Europe– señalan también el rumbo que deben seguir las universidades para avanzar hacia modelos inclusivos e interseccionales.

Desde su creación en 2021, la RUD ha crecido hasta reunir más de cuarenta universidades de toda España. Esta red no solo visibiliza la necesidad de entornos educativos libres de discriminación, sino que promueve espacios de formación mutua, apoyo técnico y articulación política entre instituciones. En palabras de sus organizadores, se trata de pasar del compromiso teórico a la transformación efectiva: convertir las universidades en verdaderos agentes de cambio que garanticen la igualdad de derechos, el respeto a las diferencias y la promoción activa de una convivencia justa.

miércoles, 27 de septiembre de 2023

#hemeroteca #trans #transfobia | Marina Sáenz: “Antes de la Ley Trans tenías que ii con un cartelito en el que ponía que eras una trastornada mental”

Diario de Noticias / Marina Sáenz //

Marina Sáenz · Primera catedrática transexual del Estado y activista LGTBI: “Antes de la Ley Trans tenías que ir a registrar el cambio de género con un cartelito en el que ponía que eras una trastornada mental”

Candidata de Sumar al Senado por Valladolid, viaja este jueves a Pamplona para impartir una conferencia a las 19.00 horas en Baluarte sobre la transexualidad y los derechos humanos
Unai Yoldi | Diario de Noticias, 2023-09-27
https://www.noticiasdenavarra.com/fotos/general/sociedad/2023/09/27/ley-trans-tenias-registrar-cambio-7313836.html

A Marina Sáenz (Donostia, 1970) le precede su trayectoria de activismo a nivel estatal e internacional en favor de los derechos del colectivo LGTBI y el hito de haber sido la primera catedrática transexual del Estado, concretamente de Derecho Mercantil en la Universidad de Valladolid. También es presidenta del Consejo de Participación de las Personas LGTBI, cargo desde el que ha tomado parte en la redacción de la Ley Trans, aprobada el pasado mes de febrero, una norma “necesaria y que avanza en derechos”, pero que no ha terminado de ser todo lo ambiciosa que se pretendía. Saénz asegura que el colectivo trans vive “en un combate permanente” ante los ataques de los sectores más reaccionarios del Estado, lo la que la llevó a dar el paso de ser la cabeza de lista de Sumar al Senado por Valladolid.

Este jueves visita Pamplona para participar en una jornada organizada por Naizen a las 19.00 horas en Baluarte, en la que impartirá una conferencia sobre la realidad de la transexualidad y los derechos humanos.

Pregunta: Asegura que la llegada de la derecha al poder implicaría para las personas trans una pérdida de derechos.

–Respuesta: Es lo que está pasando en otros países como Bulgaria o Hungría, donde los transexuales hemos sido borrados y no se nos reconoce legalmente. Lo mismo ocurre en siete estados de Estados Unidos a los que ha llegado la ultraderecha trumpista y en 26 estados se nos prohíbe participar en competiciones deportivas. Esto está pasando en algunos países y en otros se están intentando medidas de este estilo, lo que nos fuerza a tener una actitud de defensa y de reivindicar que no somos el peligro social que se está anunciando. Solo queremos vivir en condiciones de igualdad en sociedad.

¿Perciben discursos en los que se les trata como un peligro?

–Sí y por desgracia es relativamente frecuente. Hace una semana teníamos una portada de ABC con la jugada de fulanito que había cambiado de sexo para pedir el indulto por un delito cometido. Es un bulo. Primero, porque no ha hecho el cambio y aunque lo haga da igual porque está condenado y no existe en el derecho la rebaja o el indulto por cambiar de sexo. Son bulos pero están en las líneas editoriales de grandes medios. Como el bulo del riesgo de que una avalancha de personas se cambie de sexo en las cárceles para conseguir beneficios. No hay nada de eso, desde que se ha aprobado la Ley Trans hay cuatro personas transexuales más en prisión, pero no por cambio de sexo de presos, sino que hay personas trans que han ingresado en la cárcel por distintas causas.

La Ley Trans ha sido positiva para el colectivo, pero no sé si a su vez ha implicado un aumento del rechazo y de los discursos de odio en ciertos sectores de la sociedad...
–Así es. Pero fíjate qué disyuntiva me planteas: o vivimos sin plenitud de derechos y con dificultades para la inclusión social o reivindicamos nuestros derechos y la inclusión pero entonces tenemos que afrontar la agresión y el retroceso que nos quieren ofrecer por habernos atrevido a levantar la voz. Nosotras queremos defender nuestra igualdad, dignidad y libertad y ser tratadas jurídicamente como cualquier otra persona. Si esto conlleva represalias pues tendremos que afrontarlas. Pero entre todos tenemos que tratar de poner en su sitio algunas líneas argumentales, porque hay discursos muy peligrosos que justifican un modelo de sociedad en el que se admite la segregación.

¿Qué implicaciones ha tenido la Ley Trans?
–Antes teníamos unos procesos de cambio de sexo registral que duraban 3 o 4 años, tiempo en el que estás con tu vida en un alero. Cada vez que vas a hacer cualquier gestión, tu documentación no se corresponde con tu aspecto. Entonces vete a buscar trabajo o vete a hacer cualquier gestión y que te digan: “Este no eres tú, no te pareces a Manuel”. Esto no facilita la inclusión. Ahora la Ley Trans acorta los procesos de transición y es una norma ambiciosa porque pone políticas públicas para una igualdad real y efectiva, no son solo declaraciones formales de igualdad.

Otro avance importante es que ha eliminado los requisitos médicos.
–Por supuesto. Yo, por ejemplo, tuve que ir a un registro para que se reconociesen mis derechos civiles con un cartelito en el que ponía que era una trastornada mental; con un diagnóstico de disforia de género en el que ponía que tenía un trastorno. Esto no ayudaba, porque además la gente entiende trastorno mental como: “Uy, esta está loca”, y en esas condiciones a ver quién te contrata para trabajar.

Como presidenta del Consejo de Participación de Personas LGTBI, ¿participaste en la elaboración de la ley?
–Sí, me toco estar en la redacción de los borradores del anteproyecto de ley hasta que fue al Consejo de Ministros.

Ahí hubo cambios, no acabó de ser todo lo ambiciosa que se pretendía.
–Sí, se quedaron muchas cosas en el tintero. Iba a ser una ley más ambiciosa y sobre todo más clara. Nosotras defendíamos el tener seguridad jurídica y el acabar con las diferencias de trato entre comunidades, queríamos que la ley fuese un denominador común para todas. Y lo hemos conseguido en parte, pero como no está bien explicado es probable que en algunas comunidades con gobiernos de PP y Vox tengamos que pelearnos.

Desde sectores de la derecha se airea mucho el riesgo de malas prácticas, de hombres que pueden solicitar el cambio de sexo en su beneficio. ¿Es otro bulo?
–Por supuesto. Pero cualquier ley es susceptible de que alguien promueva un fraude. Pero en este caso es poco rentable: cambiar toda la documentación de tu vida, los contratos, los títulos, las declaraciones fiscales... ¿y para demostrar qué? ¿que estás en contra de la ley? Es absurdo. Además, en el Estado las normas contra el fraude existen y se aplican. Hay mecanismos en el derecho para actuar cuando alguien intenta eludir la aplicación de una ley abusando de otra. Y con la Ley Trans también existe esto. Estos discursos no tienen sustento porque no va a haber una utilización masiva. Va a haber un grupo de gente que estaba en esa espera de 3-4 años y que ahora lo va a conseguir en 4-5 meses, pero no va a ser una avalancha.

Está claro que la transfobia sigue presente en la sociedad, pero se está mejor que hace 20 o 30 años, ¿no?

–No te creas. Se está mejor que hace 25 años pero peor que hace cinco, al menos en cuanto a ambiente social y agresiones. Según el Ministerio del Interior, el incremento de agresiones está siendo muy preocupante, cada año estamos doblando el número de ataques del anterior. Este era uno de los países más seguros del mundo para nosotras y ahora estamos perdiendo esa tranquilidad. Pensábamos que después de la ley iba a haber tranquilidad, pero esto se ha convertido en un combate permanente.

viernes, 9 de abril de 2021

#hemeroteca #lgtbi #politica | Marina Echebarría Sáenz, primera presidenta del Consejo de Participación de las Personas LGTBI

Google Imágenes / Marina Echebarría Sáenz

Marina Echebarría Sáenz, primera presidenta del Consejo de Participación de las Personas LGTBI.

Aquí Madrid, 2021-04-09

https://aqui.madrid/marina-echebarria-saenz-primera-presidenta-del-consejo-de-participacion-de-las-personas-lgtbi/ 

La Ministra de Igualdad, Irene Montero, a propuesta de la secretaria de estado de Igualdad y contra la Violencia de Género, Noelia Vera, ha nombrado a la jurista Marina Echebarría Sáenz primera presidenta del Consejo de Participación de las Personas lesbianas, gais, bisexuales, trans e intersexuales, tras evaluar personalidades de reconocido prestigio en el campo de la promoción de la igualdad de trato, la participación social y la lucha contra la discriminación de las personas LGTBI.

El Consejo de Participación de las Personas lesbianas, gais, bisexuales, trans e intersexuales (LGTBI), fue creado por orden ministerial en junio 2020, con el objetivo de institucionalizar la colaboración y fortalecer el diálogo permanente entre las administraciones públicas y la sociedad civil en materias relacionadas con la igualdad de trato, la no discriminación por razón de orientación sexual, identidad o expresión de género; y de reforzar la participación en todos los ámbitos de la sociedad de las personas LGTBI y sus familias.

Se trata de la primera vez que, en España, se pone en funcionamiento a nivel estatal un consejo de participación de estas características, tal y como ya existen para mujeres o para organizaciones que trabajan contra el racismo.

Marina Echebarría Sáenz es doctora en Derecho y catedrática de Derecho mercantil en la Universidad de Valladolid. Se trata de una activista LGBTI reconocida en España y una de las mayores expertas en derechos de las personas trans. Ha participado en la redacción de diversas leyes autonómicas en materia de identidad de género, así como en la de la Ley 3/2007 de cambio de sexo registral y las líneas de acción exterior LGBTI de la UE. Con frecuencia también se desempeña como asesora jurídica de diversas organizaciones LGTBI.

jueves, 11 de marzo de 2021

#hemeroteca #trans #testimonios | Marina Sáenz, primera catedrática transexual de España: «Emociona ver que a los 83 años una persona cambia de sexo»

Imagen: La Voz de galicia / Marina Sáenz

Marina Sáenz, primera catedrática transexual de España: «Emociona ver que a los 83 años una persona cambia de sexo».

Madre de dos hijos y defensora de la ley trans, esta experta en Derecho Mercantil pone luz sobre una norma que, asegura, beneficiará a un colectivo que sufre mucho. «En España no se va a hormonar ni a operar a ningún niño. Hay que deshacer bulos».
Sandra Faginas | La Voz de Galicia, 2021-03-11
https://www.lavozdegalicia.es/noticia/yes/2021/03/13/emociona-ver-83-anos-persona-cambia-sexo/0003_202103SY13P8991.htm 

Marina Sáenz es la primera catedrática transexual de España, es experta en Derecho Mercantil en la Universidad de Valladolid y forma parte del equipo que está trabajando para sacar adelante la conocida como ley trans. Defensora de una norma que, en su opinión, se adapta a los estándares de derechos fundamentales europeos, pone luz sobre el debate que estos días se ha originado alrededor de un colectivo que ha sufrido, y sufre, el rechazo social. Madre de dos hijos, Marina tuvo que pelear muy duro para ser aceptada por su entorno y ha sido testigo del dolor de una «generación perdida» que ha dejado muchos muertos.

-¿En qué mejora la ley trans?
-En muchas cosas, la ley del 2007 nos permitía el cambio de sexo registral tras presentar dos certificaciones médicas, una en la que nos obligaban a declarar que teníamos un trastorno mental y en otra en que exponíamos que habíamos pasado dos años de hormonación. En la ley actual se incorporan un montón de temas muy necesarios: medidas de apoyo laboral, de inserción en el entorno educativo, medidas que buscan la inclusión social, que es una asignatura pendiente. Y se intenta poner orden en el caos sanitario, porque cada comunidad autónoma ofrece o no tratamientos a los transexuales, a veces no son los mismos, y finalmente se eliminan estos requisitos de certificaciones médicas para que no tengamos que declararnos personas trastornadas porque no lo somos. Y que no haya un itinerario único en el que sea necesaria la hormonación, porque se reconoce que también existe identidad de género en los menores.

-La polémica ha surgido porque de pronto tú puedes registrarte como hombre o mujer sin ningún papel.
-Sí, la gente no entiende esto, ¿pero quién va a certificar mi identidad mejor que yo? ¿Por qué terceros van a saber más sobre mi identidad de género? Los diagnósticos no tenían una base científica porque al final la única prueba que hay es la declaración y las vidas de las personas identificadas.

-¿Se pone el límite en los 16 años?

-Sí, porque en el Estado español es la edad para el consentimiento informado, la edad a la que puedes consentir tener relaciones sexuales, a la que puedes empezar en el matrimonio, a la que puedes ingresar en una cárcel de adultos, en la que decides si recibes o no un tratamiento médico, en la que puedes abortar sin consentimiento. Si tenemos madurez para todo eso, cómo no la vamos a tener para decidir quiénes somos.

-Por tu experiencia, ¿a qué edad se suele manifestar esa identidad?
-Los estudios de la asociación de pediatría americana sobre niños transgénero indican, y nuestra experiencia también, que las primeras manifestaciones son a partir de los 4 o 5 años. Luego, dependiendo del entorno, se reafirma o se inhibe. Y por supuesto, tenemos manifestaciones mucho más fuertes en la etapa prepuberal. El entorno y la cultura condicionan mucho, al igual que el grado de aceptación o rechazo de esas manifestaciones. En mi generación, a los 4 o 5 años, las cosas estaban muy claras: si te manifestabas, como la reacción de todo el entorno y de las personas que te querían era mala, intentabas inhibir eso hasta que en la adolescencia aparecía como un torrente que no podías detener.

-¿Tú que edad tienes?
-Uf, ya soy de las de y taytantos, tengo la edad de la invisibilidad, ja, ja. La cincuentena, vamos.

-¿Te pudiste tratar en España? ¿Cómo era entonces?
-La mía fue una generación perdida, la mayoría de las personas trans tuvieron una vida muy difícil. O asumieron unas vidas marginales o inhibieron su manifestación de personalidad o recibieron unas situaciones emocionalmente muy duras. En nuestra época, no había tratamientos médicos accesibles, había mucha automedicación que mató a mucha gente, y una exclusión laboral y familiar en cuanto te manifestabas. Hay muchísima gente de mi edad que nunca ha expresado su identidad y ha hecho una vida bastante triste.

-«Se inhibe» no quiere decir que desaparezca esa identidad. ¿Una persona trans siempre quiere hacer ese cambio?
-Claro, quiere decir que no se manifiesta públicamente. Una persona trans es lo que es: una mujer es una mujer. Cuando vives sin poder manifestar tu identidad, algo te va secando la vida. En mi caso, iba consiguiendo logros familiares, sociales, tenía una vida muy satisfactoria y, sin embargo, era como si todo hubiera perdido el sabor, el olor, porque tú no estabas ahí. Al final fue absolutamente necesario dar el paso pagando el precio que fuera. No se puede vivir con la negación de una misma.

-¿Has tenido que explicarte delante de tus alumnos?

-Esto es quizás lo más fantástico de todo. Ellos lo entendieron a la primera, hubo en los grupos de WhatsApp algunos que hicieron comentarios, pero los primeros que les callaron la boca fueron sus compañeros. Estamos ante una generación que lo vive con otro conocimiento, con otro sentimiento y otra cultura.

-Esta generación de jóvenes hablan con normalidad de género fluido, no binario, es otro mundo.
-Es una generación que ha sido educada, no en la tolerancia, que es una palabra que no me gusta, sino en el respeto y en la diversidad del ser humano. Nos están dando muchas lecciones a las personas que teóricamente somos más adultas. De eso deberíamos estar muy orgullosos porque somos un país en el que la aceptación de la diversidad es norma general.

-¿Cómo es ese proceso de hormonación? ¿Cuánto puede durar?
-Lo primero es que hay que deshacer los bulos. La ley trans no va a operar a ningún menor. En este país está prohibido. Tampoco vamos a hormonar a niños porque los niños no necesitan hormonaciones. En aquellos casos en los que se ve con claridad que el menor manifiesta una identidad de género y le viene un desarrollo hormonal que no desea, le proponemos un tratamiento de bloqueadores hormonales para ver si se mantiene firme esa manifestación. Es el plazo que recomienda la sociedad de endocrinología internacional. No más de dos años, con un control médico que la ley garantiza que será con personal formado.

-¿Hay mucha gente que empiece con bloqueadores y luego se arrepienta?
-Los informes que tenemos dicen que más de un 95% de las personas que empiezan y piden un tratamiento no vuelven atrás. Lo que no tiene sentido es que no atendamos a la mayoría.

-¿Qué pasa después?
-Si tiene una identidad firme, hacemos una hormonación cruzada. Para una mujer transexual se le aportan estrógenos y antiandrógenos, así el desarrollo físico se corresponde al que esa persona tiene. Esto puede durar toda tu vida. Tenemos experiencia de más de 35 años de tratamientos, no es algo experimental.

-¿Para programar una operación hay que ser mayor de edad?
-Sí, no puede ser antes. Queremos que esto se haga con personal formado y especializado y en todas las comunidades por la Seguridad Social. Porque ahora todo depende de si la comunidad ampara los tratamientos o si voluntariamente decide prestarlos. No podemos depender de la caridad de los extraños.

-Hay un sufrimiento corporal, ¿el emocional es mayor?
-Cuando a la gente se le reconoce su identidad y socializa, la tensión y la urgencia por la adaptación física es menor. El aspecto físico es muy importante por la presión ambiental, te urge dar una imagen que el público acepte. Estamos intentando que las personas puedan manifestarse con la menor presión posible. Y que no haya un itinerario único o sean las presiones sociales las que determinen un cambio importante.

-Hay discusión por ese cambio de nombre sin más. Porque de pronto, sin ningún requisito, yo puedo ser oficialmente un hombre.
-Hay una sensación muy policial, lo normal es que una persona pueda ser denominada como quiera salvando los efectos de seguridad jurídica. Nuestro sistema es muy garantista, el DNI es un sistema de control de las identidades perfecto, con nuestra huella registrada. Hay un control de quiénes somos, así que el hecho de que una persona cambie le va a dar problemas, de tus tarjetas, tus contratos, tus títulos, pero es una decisión que una persona adopta no de manera frívola, si no, lo va a pagar.

-¿A qué edad te pudiste llamar Marina?
-Uy, ya ni me acuerdo. No quiero darle importancia porque yo empecé a ser Marina tan pronto me di cuenta de quién era y empecé a hacer mi vida con independencia de mis papeles. Yo hice el salto mental directamente y fue a los veintitantos.

-Hay un sector feminista que está en contra de esta ley. Dicen que no se defiende el género femenino.
-Hay una minoría que nos está manifestando un rechazo y nos pone como uno de los problemas para la mujer y para el feminismo. Al parecer, nuestra propia existencia borra a todas las mujeres, somos unos agentes del patriarcado. Hay evidentemente una incomprensión fuerte, se ve que no han conocido a menores y familias trans. Esa banalización de nuestra identidad es de desconocimiento total. Y se nos hace responsables de los estereotipos de género, como si los hubiéramos iniciado nosotras, cuando a nosotras se nos ha rechazado hasta el punto de meternos en la cárcel o en los psiquiátricos.

-Se ha discutido mucho también sobre vuestra inclusión en el deporte.
-Lo que me están diciendo es que tengo que vivir en un apartheid, al final, si yo no puedo entrar en el váter o en el vestuario contigo, ¿dónde se supone que tengo que estar? ¿En el vestuario masculino? ¡Anda que ahí estaré segura y muy cómoda! ¿O es que me van a hacer un tercer váter o un tercer vestuario? Si a mí se me reconoce como mujer, pero en cada espacio tengo que ser segregada, pues me convierten en los negros de Alabama en el año 50.

-¿En el deporte cómo se resuelve?
-Es complejo. Primero, por qué no hablamos de deporte escolar, en donde podemos educar en igualdad y en lugar de que los niños y las niñas jueguen separados, podrían jugar mezclados. Segundo, la ley trans no regula las competiciones internacionales, que se rigen por los comités olímpicos y la ley internacional, y ahí desde el 2015 ya se admite a atletas transexuales con un control de niveles hormonales que se aplica a otras mujeres. A los hombres no, porque curiosamente se les empezó a hacer y se descubrió que muchos atletas tenían perfiles muy femeninos e inmediatamente se dejaron. Mientras que con las mujeres es el pretendido mal que lo justifica todo. Pero bueno, ahora nos encontramos que a las mujeres se les está prohibiendo el acceso a la competición porque tienen niveles de testosterona muy altos de manera natural. O se les están imponiendo tratamientos para bajar esos niveles, y esto me parece que vulnera mucho su personalidad. Y un pequeño detalle, no hay ninguna transexual que haya llegado al top 25 de ninguna disciplina. No estamos robando los podios. Se nos permite competir, pero no ganar, porque va a ser considerado un robo.

-Después de estos años, ¿sigues sintiendo rechazo?
-Yo soy feliz porque soy quien soy, trabajo, soy madre, y mi vida tiene problemas como los de todo el mundo. Pero me levanto con otra satisfacción, con una conformidad conmigo misma que antes no tenía. Merece la pena afrontar ese riesgo frente al riesgo de no ser, que es mucho peor.

-¡Conoces ahora a gente más feliz!
-Si sigo peleando por esto es por la generación que viene, porque no quiero que tengan las vidas que hemos tenido nosotras. He asistido a cosas que te dan moral. La transición de la persona más mayor que conozco comenzó a los 83 años, cuando ya tenía bisnietos, es una persona profesionalmente muy reconocida. Cuando ya pensaba que solo le quedaba esperar a la muerte no pudo evitar decir: ‘Quiero que me entierren con el nombre que me corresponde'. E inició la transición a mujer. Yo hablé con ella cuando tenía 79 años y le dije: ‘Hazlo, aunque sea solo por darte la satisfacción un día de ser tú', se lo pensó unos años y al final se decidió. Hoy en día, con 86, por fin es feliz.

viernes, 6 de marzo de 2020

#hemeroteca #trans #universidades | Marina Sáenz, primera catedrática trans de España: «La igualdad se pelea, pero se va a conseguir»

Imagen: El Norte de Castilla / Marina Echebarría Sáenz
Marina Sáenz, primera catedrática trans de España: «La igualdad se pelea, pero se va a conseguir».
La profesora de Derecho Mercantil en la UVA juzga que aún no se ha logrado el éxito de las políticas sobre la mujer, pero ve avances en su lucha y su visibilización.
Samuel Regueira | El Norte de Castilla, 2020-03-06
https://www.elnortedecastilla.es/valladolid/marina-saenz-primera-20200306211547-nt.html

El pasado jueves, 27 de febrero, Marina Echebarría Sáenz logró acreditarse como catedrática en Derecho Mercantil tras treinta años de experiencia profesional en la Universidad de Valladolid. Su hazaña es mayor si se atiende a su colectivo: es la primera mujer trans en lograr esta categoría docente en España. En un momento de cisma del feminismo, donde algunas mujeres cuestionan la presencia de esta identidad de género en sus filas, Sáenz reflexiona sobre este debate, además de sobre la universidad, la extrema derecha o los puentes que pueden tender las mujeres para hallar espacios de lucha común de cara al 8M, que este año se presenta dividido en Valladolid por primera vez.

-¿Es un logro para el colectivo trans este nombramiento?
-Estoy atendiendo a varios medios por ello y me han llamado varias madres de niñas trans llorando para darme las gracias. Supongo que sí. Lo que tengo claro es que he contraído una deuda con la generación que viene; nos ponen una serie de barreras pero las vamos saltando. Con perseverancia: la igualdad se pelea, pero se va a conseguir.

-Ha habido un 'boom' con el activismo feminista estos años.
-Los cambios se van larvando, y es cierto que el primer 8M pilló a los políticos con el pie cambiado. Les reventamos la agenda, si bien detrás había muchos años de movimiento y de justicia combativa. También las redes sociales hicieron que el llamado llegara a muchas. Creo que nuestro principal logro fue pasar de las reivindicaciones concretas a evidenciar la necesidad de cambio en el esquema de pensamiento.

-¿Cabe hablar ya de éxito?
-Quizá no. Pero sí de lucha y de avances. De que en la agenda se mencione el aborto, la brecha de género, la reproducción asistida, los cuidados o que pongamos en cuestión un modelo económico que se sustenta en más de un 50% de la población trabajando gratis en casa.

-Este 8M el feminismo se presenta por primera vez dividido.
-Yo pienso ir a ambas convocatorias. Los debates en el feminismo han existido siempre: el de la abolición de la prostitución tiene más de cuarenta años y ya en los setenta se confrontaban posturas radicales e institucionales. La lástima es que a veces resulten innecesariamente agrios.

-Uno apela frontalmente a la presencia de las mujeres trans.
-He conocido a gente muy respetable e inteligente con posturas trans excluyentes. Creo que experimentan una respuesta visceral, que nace de las entrañas, y la visten con un ropaje dialéctico. Es homofobia intelectual.

-Dicen que las mujeres trans nacen con privilegios de varón.
-Pero renunciamos conscientemente a todos ellos. Yo me he puesto al final de la fila y he podido percibir cómo se iban perdiendo: te atienden menos cuando hablas, te tienes que explicar tres veces más, se te juzga de otra forma, añades un baremo estético. Se filtra hasta en lo cotidiano: en el orden que te sirven la comida o la cantidad que te ponen en el plato. Son pequeñas cosas que esconden grandes cuestiones.

-¿Qué pasa con el hombre trans?
-Siempre está en cuestión si son hombres o no. Aunque comparados con nosotras su inclusión es más fácil, tienen menos paro y menos dificultad para encontrar pareja; pero eso no quiere decir, insisto, que no estén en riesgo. Las personas trans excluyentes ignoran su masculinidad, y eso es ofensivo para ellos.

-¿Es posible una unidad, un entendimiento entre feministas?
-Sí. Habrá distintas concepciones y formas de entendernos, pero tenemos en común que podemos unirnos por la inclusión social y la lucha de nuestros derechos. Al final nuestro enemigo es el mismo para todas las mujeres: el heteropatriarcado.

-Frente a toda acción surge, en sentido opuesto, una reacción.
-Había una maldición china que decía: «Ojalá te toque vivir tiempos de Historia». Por desgracia, es un poco lo que está pasando en este momento. Hay extremos políticos que están consiguiendo que la gente se vuelva a sentir legitimada para ser agresiva. Es una tendencia que vemos desde hace un par de años, y temo que ni este nivel ni estos ánimos vayan a dejan de subir.

-Ante este odio, ¿qué hacer?
-Mucha educación y conciencia. Y sobre todo no aceptar el discurso del miedo: hay una minoría que se quiere hacer sentir mayoría provocando la inhibición de la gente que no quiere líos, aunque sea dar una charla o un taller de sexualidad. Por eso es importante que entendamos que la igualdad es cuestión de todos. Como decía Martin Luther King, lo que debería preocuparnos es el silencio de los buenos.

-¿Ha habido aceptación en la esfera laboral?
-En ese sentido también he sido muy privilegiada, me muevo en un entorno muy civilizado, pero dentro de mi colectivo hay gente muy marginal y mujeres que viven de un modo brutal. En cualquier caso, la Universidad ya no es una institución clasista, su imagen de reino de taifas pertenece al pasado: se ha modernizado, las mujeres hemos saltado el techo de cristal y la institución ha ganado en transparencia.

-¿Qué margen de mejora tiene?
-Entender que tiene más funciones aparte de dar empleabilidad a los alumnos: es un foco cultural, un núcleo de pensamiento.

-En el ámbito del derecho, ¿son las leyes también machistas?
-Lo es cuando se legisla con una perspectiva androcéntrica. Conseguir pensar de otra manera exige un esfuerzo, aunque no deja de ser llamativo que haya hombres que reaccionen con inquietud o a la defensiva ante la aprobación de leyes como la de la libertad sexual. Es muy revelador.

jueves, 26 de diciembre de 2019

#hemeroteca #transexualidad #transfobia | Marina Echebarría Sáenz: “Si barren a las transexuales, después irán a por las feministas”

Imagen: ctxt / Marina Echebarría Sáenz
Marina Echebarría Sáenz · Doctora en derecho: “Si barren a las transexuales, después irán a por las feministas”.
Nuria Alabao | ctxt, 2019-12-26
https://ctxt.es/es/20191225/Politica/30268/Nuria-Alabao-Marina-Echebarria-Saenz-LGTBI-Universidad-de-Valladolid-feminismo-Fundacion-Triangulo.htm

Marina Echebarría Sáenz es doctora en derecho, profesora de la Universidad de Valladolid y activista del movimiento LGTBI. Ha participado tanto en el proceso de elaboración de la Ley de Cambio de Sexo Registral del 2007 como en la elaboración de diversas leyes autonómicas. Echebarría ha sido vicepresidenta de la Fundación Triángulo, donde también coordinó un grupo de personas transexuales dentro de la Fundación que tenía fines asistenciales y de representación política.

P. Más allá del surgimiento de partidos de ultraderecha como Vox, estamos asistiendo a una emergencia de posiciones que, dentro del feminismo, se oponen al avance en derechos de las transexuales, ¿por qué se está produciendo esto?

R. Ni la homofobia ni la transfobia son modernas, son muy antiguas y siempre ha habido una forma de homofobia que es la homofobia intelectual, la que intenta racionalizar el rechazo que sienten algunas personas. Es muy curioso ver cómo construyen una especie de revestimiento intelectual para no asumir de frente ese rechazo. Ese discurso teórico es bastante fácil de desmontar y de rebatir, pero tampoco hay una verdadera oportunidad de diálogo, porque no es un debate intelectual, sino que se ha convertido en una discusión de trolls en la que parece que gana la que es más grosera y la que más grita.

Siempre ha habido en muchos partidos personas que dicen no ser homofóbicas pero que tienen ese sentimiento de rechazo. Lo que pasa es que ahora se está dando una confluencia extraña: la del integrismo religioso y la ultraderecha nacionalista con gente que, teóricamente, va de progresista o de feminista. Es un maridaje muy raro pero tampoco es desconocido. En Estados Unidos está dando unos frutos tremendos porque estas feministas están proporcionando, de alguna manera, la vestidura intelectual para justificar leyes de discriminación legal: las de objeción de conciencia religiosa –por las que te pueden excluir de servicios públicos porque consideran que no eres un ejemplo de vida conforme a sus sentimientos religiosos–; o las que sirven para excluirte de los espacios comunes –váteres, vestuarios– utilizando el argumento de que al ser en realidad “un hombre” eres una potencial agresora de mujeres. Con estos argumentos se legitima la exclusión y la discriminación de las leyes, que acaban pasando gracias a esta convergencia rarísima de gente, que presuntamente es feminista, con gente de la ultraderecha más antifeminista que puede existir.

Es un despropósito que un montón de gente se esté centrando en atacar a las mujeres trans, en perseguirlas por redes pensando que eso es el movimiento feminista y que eso es activismo. Es extraño que estén centradas en atacar al 0,01 de la población mientras, que yo sepa, la sociedad patriarcal está ahí enfrente. Supone una distracción brutal del objetivo –que forma parte de una especie de reacción–, porque habíamos identificado el auténtico problema, que era la conceptualización del patriarcado, la definición de la estructura machista de la sociedad. Y cuando empezamos a centrarnos no solo en logros parciales, sino en el problema de base, que es todo el sistema que justifica todas estas discriminaciones, aparece esta cuestión. A mí me parece una distracción, como el tema de la prostitución: divide y vencerás. Divide entre las buenas y las malas mujeres o las que ni siquiera se reconocen como mujeres. A mí me parece que es un intento de segregación y de crear polémicas envenenadas que no puede ser casual. Esto obedece a una estrategia bien pensada y defendida con medios.

P. Respecto al reconocimiento del derecho a la identidad que estos discursos atacan, ¿puede explicar qué implicaciones tiene para una persona transexual cambiarse el nombre y sexo en el DNI?

R. Yo he pasado varios años de mi vida con un documento de identidad que tenía un nombre y un aspecto que lo desmentía totalmente. Y te puedo asegurar que cada vez que vas a hacer un contrato, a pagar con una tarjeta o a hacer cualquier gestión, terminas teniendo que dar explicaciones o con sospechas y dudas y llamando la atención. En realidad no nos damos cuenta, pero este es un país muy policial. ¿Cuántas veces a la semana tienes que presentar tu DNI para realizar una gestión? ¿Cuántas veces se te pide que justifiques quién eres? Vivir con la documentación que no se corresponde con tu identidad es un obstáculo diario para las personas transexuales.

P. ¿Cómo se cambia la identidad registral de una persona trans ahora mismo y cuáles son las demandas que están sobre la mesa?

R. Hoy, para cambiar tu identidad, tienes que tener un certificado psicológico o psiquiátrico que diga que tienes disforia de género y haber pasado dos años de tratamiento hormonal –o acogerte a alguna de las excepciones porque estabas operada de antes, etc.–. Esta es una situación peculiar porque se te pide un diagnóstico que tiene dos fallos. Primero, no tiene ninguna base científica. De hecho, como diagnóstico de una supuesta enfermedad, ha sido abandonado ya, tanto por los redactores del manual de DMS –de diagnóstico de los trastornos mentales– como por la Organización Mundial de la Salud. En segundo lugar, porque un diagnóstico se está utilizando como baremo de derechos civiles de las personas. ¿Desde cuándo tiene que ver tu condición médica o clínica –si lo quieres ver así– con el ejercicio de tus derechos como persona, como mujer en este caso?

Para cambiar esta situación ha habido varios intentos de reforma. En la legislatura pasada hubo tres propuestas. La del PSOE, intentando enmendar la ley del 2007 para despatologizarla. Es decir, que no hicieran falta los certificados médicos para cambiar tu nombre y género en el DNI. Luego había dos proyectos de Podemos que tenían contenidos prácticamente similares: una ley general LGBTI contra la discriminación, que también regulaba la identidad de género, y otra que era más específicamente una Ley de Identidad de Género, pero que también contenía otros elementos. Básicamente tenían el mismo objeto con concepciones distintas. Sin embargo, ninguna de las dos estaba destinada a salir porque, para empezar, hace más de dos legislaturas que no hay una mayoría social clara para regular algunos aspectos de esas leyes que necesitan mayoría de ley orgánica y nadie está haciendo las gestiones para conseguir esa mayoría. Desde luego, Podemos, en la legislatura pasada, se hizo la foto con colectivos pero no demostró ninguna seriedad en la gestión. El PSOE también intentó quedar bien con los activistas y, además, introdujo enmiendas a última hora sobre el no binarismo [las personas que declaran no encajar en las categorías hombre o mujer] pero tampoco hizo los esfuerzos necesarios para sacar su propio proyecto de ley. Al final, los partidos quieren hacerse la foto –hasta el PP cuando nos dice aquello de que no le podemos dar lecciones de derechos humanos–, pero están demostrando una voluntad bastante nula en la implementación de estos principios.

P. ¿Cuáles son los aspectos más destacados de estas leyes que se están discutiendo en el Congreso?

R. Como he comentado, la despatologización es uno: el hecho de que yo no tenga que pasar ante un médico para justificar mi feminidad porque yo ya sé quién soy. Lo único que podría tener sentido, y no sé exactamente porqué, es demostrar que no tengo una patología por la que no esté esquizofrénica o delirante, pero a las demás personas tampoco se les pide para confirmar su estado civil. La segunda sería que por fin diéramos una solución a los problemas de los menores que se quedaron fuera en la ley del 2007. Los menores también tienen su identidad y eso significa que hay que atender a esas situaciones. Además estamos hablando de menores en una situación de especial necesidad de protección y tutela. La cuestión de las extranjeras también es importante. Somos tierra de acogida a la que viene mucha gente que en su país no puede hacer ningún tipo de cambio y que huye para salvar la vida porque están perseguidas por ser trans. Tenemos que acogerlas y darles también un tratamiento a su identidad. Algo más que es necesario trabajar es la no discriminación. Estamos hablando de un colectivo que tiene un nivel de discriminación laboral brutal. Así como hacen falta intervenciones culturales y educativas.

P. ¿En qué otros países hay leyes de identidad no patologizadoras?

R. Hay ya varios que han adoptado leyes en este sentido como puede ser Argentina, Suecia, Malta o Irlanda. Y hay varios que están en camino de hacerlo, no seríamos los primeros. En su día la ley del 2007 fue novedosa porque quitó los tribunales médicos y el requisito de la operación genital para poder hacerse el cambio de sexo registral, pero nos hemos quedado bastante atrás en este tema –todavía hace falta el diagnóstico y la hormonación–. Por supuesto hay todavía muchos países en los que estos temas ni si siquiera son planteables, y lugares en los que todavía se nos criminaliza o se nos mete en la cárcel o incluso se llega a aplicar la pena de muerte. No vivimos en un mundo precisamente acogedor para las manifestaciones de diversidad sexual.

P. ¿Es suficiente el poder cambiar de un género a otro? ¿Qué queda por avanzar, por ejemplo para los que dicen no encajar en ninguna de las dos casillas?

R. Hoy en día una ley ya no tendría que limitarse a facilitar el cambio de sexo, tiene que ir más allá por el hecho de que hay gente que efectivamente no encaja en las dos categorías –hombre-mujer–. Y esto puede ser por cuestiones biológicas: existe el mundo de la intersexualidad [una persona que nace con una combinación de características biológicas masculinas y femeninas al mismo tiempo] del que estamos descubriendo más cosas, para empezar qué es más común de lo que pensábamos. Por otro lado está el tema de la gente que por su psicología no encaja en ninguna de las dos categorías. En Alemania lo han resuelto reconociendo el no binarismo, pero solo el biológico –no el autopercibido–, lo que es una forma de etiquetado también, porque ya está señalando a una persona que tiene una constitución sexual o genética distinta. En otros sitios se está intentando plantear precisamente el reconocimiento de estas identidades no binarias, por la sencilla razón de que no hace falta que el Estado se meta en nuestra ropa interior. Qué sentido tiene esta clasificación estricta, por qué es tan doloroso o peligroso que exista gente que decida no jugar a este sistema de clasificación. Estamos hablando del respeto del derecho a la personalidad que está en la Constitución Española.

P. Uno de los argumentos que se utilizan para agitar el pánico moral es el de “la infancia amenazada” por las leyes de identidad de género. Se dice que se van a resignar quirúrgicamente a niños.

R. Nadie ha pedido que se opere a menores de edad, que de hecho está prohibido por una ley orgánica, la de protección a la infancia y la adolescencia. Estamos hablando de atender a la identidad de los menores y de retrasar la intervención hormonal hasta que esté perfectamente clara su manifestación de identidad. Desde luego nadie ha planteado hacer operaciones quirúrgicas en menores de edad, no hay ninguna ley que proponga esto, con lo cual es un pánico infundado.

Sin embargo, sí que hemos constatado que los menores a los que no se atiende su identidad tienen problemas de escolaridad, de integración e incluso de autolesiones; están más inclinados hacia un posible suicidio y desgraciadamente tenemos bastantes ejemplos. Mientras que aquellos a los que se les permite socializar según su género autopercibido pues tienen una socialización perfectamente normal –si no son atacados u objeto de ‘bullying’–. Quiero recordar que hace poco ha muerto una chica jovencita que ha sufrido siete años terapia de reconversión para dejar de ser lesbiana. Estos siete años de terapia de reconversión le han conducido a la muerte.

En definitiva, no atenderles también es una forma de conducir al desastre a muchos menores. El pánico moral deberíamos sentirlo por aquellos que están dispuestos a discriminar a menores, a fomentar que sean atacados en las escuelas, que finalmente abandonen el sistema escolar y terminen así pronto en una vida de marginalidad como ha ocurrido históricamente.

P. Otro de los argumentos que estamos oyendo en esos ataques es el de que las transexuales pueden ser una amenaza para las mujeres en baños o vestuarios.

R. Hay una estadística que dice que en los sitios que se sigue encarcelando a las mujeres transexuales en prisiones de hombres, hasta un 76% de ellas reciben abusos sexuales. Sin embargo solo conozco un precedente de que una mujer transexual agrediera a sus compañeras en la cárcel. Estamos hablando además de una mujer gravemente psicótica que estaba encarcelada por asesinar a tres o cuatro personas en Gran Bretaña. La agresión se produjo por estos problemas, no porque fuese transexual. Es algo irregular, estamos hablando de un caso. Además, vender la idea de que una mujer transexual por tener o haber tenido en algún momento pene es un agresor potencial... ¿Qué es esto? ¿Dónde está la presunción de inocencia? Al revés sí que ha habido muchos casos de mujeres que han atacado a mujeres transexuales en los baños porque consideraban que no tenían que estar ahí.

Además, ese miedo no tiene sentido, si un hombre quiere agredir en un baño eso puede hacerlo ahora mismo sin declararse nada. Los violadores y los agresores sexuales no necesitan un cartelito para realizar los actos que quieren hacer.

P. ¿Cuáles son los otros argumentos que se usan para este discurso que pretende frenar derechos?

R. Hay varias capas. En una está la desinformación: por ejemplo ese comunicado [del Partido Feminista] hablando de operaciones quirúrgicas a menores, de leyes que legalizan los vientres de alquiler o que atacan la identidad femenina... Pero resulta que en los borradores de ley a los que hacen referencia o los que se han aprobado –y que parece que no conocen– no hay nada de eso. Por un lado hay mucha desinformación y muchos bulos que aparecen primero en canales como 4Chan que es desde dónde salen las mentiras de la ultraderecha y luego se replican.

Luego está en un segundo plano la deformación de los argumentos. Por ejemplo, el coger a la parte por el todo. Usas a una persona no binaria que se manifiesta de una manera muy radical y lo conviertes en el discurso colectivo de todo el movimiento. Eso implica sacar a esa persona de su propio contexto y pretender que sea representativa de todas las transexuales. En un tercer plano está la apelación a la emoción, la apelación a los sentimientos antitrans que están ahí, lo que conecta con el hecho de que mucha gente de repente se siente reconfortada porque alguien se los está revistiendo de argumentos “intelectuales”.

P. Estos discursos contra las personas transexuales y sus derechos –ya sean emitidos desde la extrema derecha o desde el feminismo– ¿pueden aumentar un clima social de odio y por tanto, las agresiones?

R. Estamos constatando día a día un empeoramiento. Estamos comprobando cómo están aumentando los incidentes, los insultos y las agresiones y esto es porque se está excitando a la gente. Se está echando gasolina al fuego de manera insensata por parte algunas dirigentes y de algunos medios, los que está provocando que algunas mujeres se sienten amenazadas, o con ira y legitimadas para hacer cosas, como atacar a las trans, que de otra manera normalmente no habrían hecho. Está subiendo el tono social y nosotras somos una capa muy frágil desde el punto de vista social y lo estamos notando. Claro que sí.

Ha habido incidentes como la expulsión de transexuales de espacios feministas, aunque también se han dado casos de solidaridad perfecta. Hay grupos que se están conformando como auténticos grupos de odio. Estamos viendo plataformas que sueltan exabruptos, chistes, que son verdaderamente terroríficos, como las que dijeron en la Escuela Feminista Rosario de Acuña en Gijón este año. Es un auténtico discurso troll. Y hay gente que inmediatamente encuentra una justificación para ejercer violencia. Es como cuando los dirigentes religiosos te señalan como el pecador, el perverso. Efectivamente no han dicho que te peguen, ni que te maten, pero claro, tienen incidencia en la comunidad a la que se dirigen. Hay un principio de responsabilidad social en el discurso. Y aquí hay gente que está diciendo: “Solo estoy haciendo un discurso teórico”. Bueno, pues las implicaciones sociales de tu discurso teórico se llaman discriminación, se llaman exclusión, se llaman más agresiones. Tienes que responsabilizarte de lo que dices y sus consecuencias, no te puedes quedar enquistada en tu torre de marfil.

P. ¿Hay peligro de división en el movimiento LGTBI por este nuevo clima social?

R. Siempre ha habido peligro de división en el movimiento, entre la L, la G y la T o la I. Siempre ha sido un movimiento que ha tenido tendencias centrífugas. Pero yo creo que todos somos conscientes de que estamos afrontando un movimiento de regreso del péndulo hacia lo conservador. Conseguimos una serie de derechos –tampoco todo lo que pretendemos ni mucho menos-, y ahora viene la reacción. Y somos conscientes de que nos jugamos mucho en esta revancha porque aquí hay un intento de constituir una nueva legalidad que nos pueda discriminar, o de volver a crear una presión social para que no nos podamos manifestar abierta y públicamente. De alguna manera nos ha tocado estar en la primera línea del frente, y en especial a las mujeres transexuales. Y si a nosotras nos barren, pues después irán las feministas, a por el aborto, etc. y continuarán hasta que regresemos a ese modelo social tradicional que tanto gusta a algunos nostálgicos del franquismo.

Nuria Alabao. Es periodista y doctora en Antropología. Es miembro de la Fundación de los Comunes.

martes, 9 de julio de 2019

#hemeroteca #transfobia #universidades | Transfobia, ideología de género y Universidad

Imagen: ctxt / Orgullo Trans en MADO 2019
Transfobia, ideología de género y Universidad.
En pocas instituciones como la universitaria se representa con tanta viveza la lucha ideológica por el predominio social.
Marina Echebarría Sáenz | ctxt, 2019-07-09
https://ctxt.es/es/20190703/Politica/27246/Marina-Echebarria-Saenz-transfobia-ideologia-de-genero-universidad-lucha-ideologica.htm

Para cualquier persona que viva una identidad de género no normativa, o sea, para cualquier persona trans, la Universidad ha sido durante décadas un centro hostil. Cualquier imputación de trastorno, diagnóstico, justificación de restricciones de derechos o, sin más, cualquier infamia sufrida, ha tenido como respaldo una obra universitaria y a un insigne catedrático como defensor. Nuestras bibliotecas están llenas de monstruos y son famosas las alegaciones de psiquiatras académicos como el Sr. Polaino, que explicaba lo nuestro apelando a padres alcohólicos, malos tratos en la infancia y figuras paternas “femeniles”, o el ilustre “renovador” de la psiquiatría española, el Dr. López Ibor, a quien algunas de mis compañeras conocieron cuando les aplicaba descargas con electrodos para curarlas de su “desviación”.

La universidad es una institución que crea pensamiento, forma profesionales de prestigio y realiza investigación para el progreso de la ciencia, pero también es –no pocas veces– vestimenta de los prejuicios sociales asentados y factor de inmovilismo y defensa de las estructuras de poder establecido. Durante más de cien años, todo estudio sobre la diversidad sexual ha tenido como única base empírica “la opinión del experto”, como ambiente una academia homofóbica, y como destinatarios, instituciones destinadas a disciplinar y reprimir la peligrosidad social de los diferentes. En pocas instituciones se representa con tanta viveza la lucha ideológica por el predominio social.

No es de extrañar por ello que la identidad de género como campo de batalla tenga un capítulo destacado en el ámbito universitario. El debate sobre el reconocimiento de una identidad de género no necesariamente binaria y cerrada ha tenido su reflejo en los estudios científicos médicos, psiquiátricos, jurídicos y he de decir que ha sido todo menos un debate suave, aunque sí mayormente “educado”. Sin embargo, los tiempos en que un académico podía defender cómodamente sentado en su sillón que las personas transexuales fuéramos ciudadanas con derechos restringidos, internadas en un psiquiátrico o desvalorizadas como sujetos capaces de tener opinión, han pasado a la historia. Primero llegó el activismo, después los investigadores que no se limitaron a aceptar la verdad de los auto-proclamados expertos y finalmente, para perturbación de todos, llegaron las redes sociales y la manipulación política.

En un momento en el que la ultraderecha y los integristas religiosos han desatado una guerra contra las “ideologías de género”, en el que el Vaticano llama a una ofensiva educativa, en el que un sector, proclamado feminista, manifiesta una obsesión enfermiza contra la presencia de las mujeres transexuales, uno en el que la sociedad ha entrado en eclosión en la manifestación de la diversidad sexual y en el que, tras décadas de lucha, las personas trans hemos logrado voz, derechos y visibilidad, pretender la permanencia en la torre de marfil académica es una aspiración pequeño burguesa y cobarde. Nos guste o no (y no nos gusta) las personas trans tenemos claro que se nos ha puesto en un frente de batalla en el que se juega, primeramente nuestras vidas, pero a continuación el modelo social y la concepción que tenemos de nosotros mismos como personas, cuerpos, sujetos políticos, relaciones de pareja y familia... Quisiera representar todo esto en varios capítulos.

Capítulo 1: Se acabó la torre de marfil.


En Gran Bretaña, donde en estos momentos se discute la despatologización del cambio de identidad legal, es decir, que dicho cambio sea libre, autoproclamado y no dependa de un diagnóstico médico, ‘The Guardian’ recogía las quejas de una insigne académica feminista, Rosa Freedman, opositora a la despatologización, sobre el nivel de presión social que estaba recibiendo ella y quienes –como ella– defienden el statu quo de control médico y legal sobre las personas trans. Presión que, apreciaba, había supuesto en algún caso la anulación de alguna conferencia, la enfrentaba a un discurso activista en redes muy agresivo e incluso le hizo sentirse en “riesgo físico” cuando una estudiante la llamó “nazi transfóbica”. Quiero dejar bien claro, que personalmente rechazo toda violencia o presión hacia quienes piensan distinto a mis ideas, y que defiendo que la universidad debe ser un foro abierto a la discusión civilizada. Y dicho esto, sólo me restaría decirle a la Sra. Freedman y a quienes han sacado un texto hablando de “derechos transtóxicos”, ¡bienvenida al barco! Sucede que quienes hemos defendido que la diversidad sexual es un derecho y una condición humana nos vimos excluidos de cualquier foro universitario durante décadas. Todavía esta semana pasada compartía mesa con el profesor Bernini de la Universidad de Verona, experto en teoría queer, quien, por pretender realizar un debate sobre el derecho de asilo por motivos de diversidad sexual, recibió un ataque furibundo del partido fascista italiano, una interpelación parlamentaria de la Liga Norte por su actividad académica y la respuesta de su rectorado de que frente a los “extremismos de todo tipo” optaba por anular la jornada.

Algunas recordamos que los primeros investigadores en materia de diversidad de nuestro país sufrieron presiones para que sus estudios no se publicaran, fueran despedidos, no se les promocionara o, sin más, fueron sometidos al vacío académico y convertidos durante años en parias que trataban asuntos “inconvenientes e intrascendentes”. Respecto al troleo en redes, sí: por desgracia, cualquiera de nosotras ha recibido discursos furibundos y ataques crueles, públicos o amparados en el anonimato de internet, y las activistas trans normalmente atesoramos amenazas físicas y virtuales provenientes de grupos de odio muy creíbles. Recuerdo la sorpresa y la esperanza que vivimos cuando hace unos quince años los salones de la universidad se nos abrieron y algunos profesores empezaron a plantear investigaciones basadas en estudios empíricos. Recuerdo igualmente la ausencia de profesores en nuestros primeros actos y el embarazo con el que eludían manifestar su mera presencia en cualquier debate sobre diversidad sexual. Y, sin embargo, hoy los talleres y seminarios sobre diversidad sexual se llenan, los trabajos de investigación proliferan y muchos profesores llaman para tener la oportunidad de poder unir su voz al debate. En este bando hace mucho que hemos aprendido que las convicciones se forjan frente a la presión y que los derechos se conquistan, nunca se regalan.

Capítulo 2: El discurso experto.

Desde que a principios del siglo XX la transexualidad comenzara a atraer la atención de investigadores pioneros como Magnus Hirschfeld, el discurso se ha dividido entre quienes intentaron honestamente hacer un abordaje del tema basado en los hechos y en la experiencia y quienes se han limitado a aportar su “opinión experta”. El mejor ejemplo lo representan los manuales de diagnóstico médico que nos han marcado y limitado durante más de tres décadas, DMS y CIES. Cuando por primera vez se me aplicó un protocolo de diagnóstico, como muchas otras personas trans, yo confiaba en el saber médico y en que detrás del protocolo habría uno o varios sesudos estudios clínicos y análisis a los que confiar mi salud. En realidad, no era así. Basta con leer el prólogo del manual para comprobar que diagnósticos como el DMS III, que se han convertido en el baremo de nuestros Derechos civiles, carecían de cualquier estudio de respaldo y fueron solamente el producto de la opinión de un experto, Robert Spitzer, que durante decenios ofreció en su clínica la cura de la homosexualidad y transexualidad hasta abandonar esta línea de terapia en 2012 y reconocer que en toda su carrera no había conseguido una curación...

Capítulo 3: Experto es quién y lo que nos conviene.

Sesión en el U.S. House Judiciary Subcommittee on Crime, Terrorism, and Homeland Security. La comisión discute la ley de violencia contra la mujer y de paso la conveniencia de dictar una definición legal de hombre y mujer basada en la genitalidad del nacimiento, que tendría la virtud de eliminar el concepto de transexualidad y cualquier uso del mismo con efectos legales (reconocimiento, derechos, subvenciones, asistencia médica...). Comparece Julia Beck, una famosa activista feminista lesbiana, contraria a la transexualidad, como “experta en identidad de género”, a pesar de que no se le conoce ninguna aportación más allá de solicitar la expulsión de las mujeres trans en foros feministas. Obviamente defiende la oportunidad de la medida y respalda las famosas “leyes de váteres” (leyes de seguridad y privacidad en las instalaciones públicas) tramitadas por dieciséis estados y bloqueadas por la administración Obama, en las que se defendía que toda persona transexual ha de ir a los váteres y vestuarios de su sexo de nacimiento, sin importar el cambio legal de identidad, so pena de ser arrestada por exhibicionismo indecente. Sutilmente, la medida implica una expulsión de las personas trans de los espacios públicos, el desconocimiento de su identidad, la criminalización encubierta de suponer que son agresoras potenciales y el sometimiento de las personas trans a un espacio de riesgo, esta vez real y constatable, por el número de agresiones. Terminada su intervención varios senadores se apresuran a felicitarla y agradecerle su “valiosa contribución”; son el promotor de la ley de aborto más restrictiva de los EEUU, un conocido senador homófobo y un impulsor de las leyes estatales de “objeción de conciencia por motivos religiosos”, amparadas en la sentencia Mullins-Craig contra Phillips (junio 2018), en la que se ampara el derecho a no atender, comerciar o admitir a servicio a personas que por su diversidad sexual resultan incompatibles con tus creencias religiosas.

Si yo como activista feminista recibiera los abrazos de estos señores me apresuraría a darme una ducha y desde luego me plantearía qué he hecho mal para tener como aliados al enemigo tradicional, pero al parecer hay un sector del feminismo académico al que esta compañía no le incomoda. Como cualquier persona trans, llevo sufriendo en los últimos años la discusión inacabable y normalmente agria sobre la “identidad femenina”, el “sujeto político del feminismo”, las “luchas paralelas pero separadas” o simplemente la condescendencia del “lo vuestro da mucha pena pero no es cosa nuestra”. A estas horas ya tengo claro que no es una discusión real o en la que importen los hechos; a los argumentos sobre el sujeto político se contesta explicando la sucesiva ampliación del feminismo a todas las mujeres y la paulatina incorporación de las mujeres pobres, de las mujeres racializadas, de las lesbianas y finalmente de las trans, todas ellas inicialmente excluidas de un movimiento que nació burgués, blanco y heterosexual.

A esto se contesta con argumentos biologicistas y se responde con el hecho de que la biología tampoco es precisamente binaria del todo, que la diversidad es un hecho natural, que las personas trans parecen tener en los escasos rasgos dimórficos por sexo del cerebro una configuración propia del sexo deseado, que la genética ahora sabemos que no es concluyente por la variedad de rasgos del genoma “Y” o la proliferación de intersexualidades genómicas (es más fácil encontrar a una persona genéticamente intersex que a un pelirrojo), etc. Dará igual, después se apelará a la defensa de la “mujer biológica y dotada de vagina gestante” como si las demás no fuéramos “biológicas”, no hubiera mujeres que nacen sin útero, con vaginas oclusas, sin capacidad reproductiva, como si nosotras no conociéramos la maternidad y la crianza, o sin más, como si la lucha feminista no fuera una lucha social por la igualdad y contra el patriarcado, sino una sesión de reconocimiento ginecológico en una sauna. No es sino el consabido círculo de transfobia intelectual, en el que se salta de un argumento a otro hasta el infinito y agotados los argumentos, se recurre a la personalización (tu aspecto, tus genitales, tu voz, tu lo que sea), al ridículo y a la ofensa como término final.

Capítulo 4: ¡Luz y taquígrafos!

Este mes concluyó la fase de estudio del proyecto ADIM promovido por la Comisión Europea en el que han participado ocho Universidades españolas y portuguesas. Por primera vez se ha hecho un cuestionario a 53.667 empleados de los que respondió un 16% dándonos un diagnóstico del estado de la diversidad en la Universidad y la empresa. Ahora sabemos, sin suposiciones, que un 13,4% de nuestras plantillas son personas LGBTI, que entre un 8 y un 12% manifiesta actitudes claramente homofóbicas, que un 36% escucha a menudo rumores, chistes, y comentarios maliciosos sobre las personas LGBTI, que un 7% ha visto discriminaciones en ascensos o cómo su condición sexual le perjudicaba, que un 2% ha visto a personas despedidas por ser gais, lesbianas o transgénero o que la mayoría de las personas que trabajan en una Universidad esconden su condición y vuelven al “armario” en su centro de trabajo, por asumir que esto puede ser motivo de incomodidad, cambios en la valoración profesional o discriminación. Por primera vez también, doce universidades españolas se han aliado para promover una actitud de inclusión de la diversidad sexual en sus currículos, sus líneas de investigación, sus políticas de personal y sus declaraciones institucionales. Más de siete Universidades españolas reconocen la identidad de género de sus alumnos y empleados y en la práctica totalidad de las Universidades españolas se discute en estos momentos cómo y dónde incluir las políticas de diversidad y aquí, sutilmente, se reproduce el debate, pues en algunos casos la diversidad sexual se aparta de los órganos de igualdad para evitar conflicto con figuras históricas del feminismo, que ven bien a los recién llegados mientras estén aparte en otra sección. La Universidad llega tarde a esta pelea, que comenzó como poco hace cincuenta años, pero al menos ha dejado de omitir la cuestión por un falso pudor que sólo escondía la fea cara del prejuicio. Sin excluir a nadie ni ningún discurso, hágase la luz y que la ciencia y el respeto a todos los seres humanos iluminen nuestros pasos.

Capítulo final: Escenas cotidianas.

 Mientras prosigue el debate florentino en la academia, Marcos espera a que este martes, otro grupo de expertos, el Tribunal Constitucional, falle sobre la admisión del cambio de sexo registral en menores de edad. Daniela, mujer trans brasileña acogida como víctima de trata en España, visita a su abogado para intentar paralizar una orden de expulsión a un país que tiene el récord de asesinatos de mujeres trans. Kelly y su familia cierran su casa en uno de los Estados del sur profundo americano y se mudan a Nueva York buscando un colegio en el que su niña trans no sea discriminada. Belén se dispone a un encuentro para hablar de su niño, que a todas luces ha resultado ser una niña. Sara prepara sus papeles para pedir que le reconozcan como mujer en su Universidad y mi compañera Susana, un día más, irá a su trabajo con su disfraz masculino, ya que no se siente con valor para decirle al mundo y a sus compañeros quién es. Y, sin embargo, avanzamos.

Marina Echebarría Sáenz es doctora en Derecho, Profesora acreditada a Cátedra. Universidad de Valladolid. Desertora de género.

jueves, 9 de julio de 2015

#hemeroteca #lgtbi #politica | Marina Sáenz: «No somos los ganadores del 24-M, pero dejar atrás un Ayuntamiento símbolo de la homofobia es una victoria»

El Norte de Castilla / Marina Sáenz
«No somos los ganadores del 24-M, pero dejar atrás un Ayuntamiento símbolo de la homofobia es una victoria».

Marina Sáenz, vocal de Fundación Triángulo Valladolid y responsable nacional del colectivo transexual de la organización, defiende que el cambio de gobierno municipal es una buena noticia para avanzar en la igualdad de gais, lesbianas y transexuales.
José María Cillero | El Norte de Castilla, 2015-07-09
https://www.elnortedecastilla.es/valladolid/201507/09/marina-saenz-somos-ganadores-20150709101057.html 

Sábado, 27 de junio. Manifestación del Orgullo Gay en Valladolid. La marcha, presidida por primera vez por un alcalde, deja Doctrinos para enfilar María de Molina, cafetería Molinero a un lado, sede regional del PP al otro, y allá a su frente, un convento escenario de exorcismos. Muchas emociones para Marina Sáenz, vocal del patronato de la Fundación Triángulo, que sujeta la pancarta que abre el recorrido, que lanza un grito. «¡¡¡¿Dónde está?, no se ve, a la gente del PP!!!». «Sí, sí, estamos aquí», se aprestan a contestarle desde atrás Carlos Fernández y María Victoria Díez Arce, concejales del Partido Popular, ahora en la oposición, en la marcha en representación de la dirección provincial del partido. Y es que como canta el bardo de Minessotta, los tiempos están cambiando. De estos cambios, recibidos con un optimismo no desbordado, habla la autora de ese grito.

¿Fue el colectivo de gais, lesbianas, transexuales y bisexuales el gran triunfador del 24-M?
No diría tanto. Fue más que todos los colectivos que durante veinte años no estuvimos en ese Ayuntamiento ganamos las elecciones, pero sin monopolio. Hay muchas organizaciones sociales que han apoyado el cambio en Valladolid.

Valladolid pasó de tener un alcalde que se negaba a celebrar bodas gais a otro que propone una fiesta del orgullo gay para 2016. Un cambio radical...
Nuestro ayuntamiento se convirtió en un símbolo de la homofobia, con un alcalde que rechazó sistemáticamente nuestras propuestas y que hizo manifestación pública de rechazo de la diversidad y es un cambio fundamental que agradecemos.

Incluso acusan a la anterior Corporación de hacer trampas para excluirles de las ayudas municipales.

Estamos en fase de recurso. A 23 organizaciones se nos sacó del Registro justo cuando había que fallar las ayudas municipales y se nos reincorporó fuera de plazo, ya sin acceso a la convocatoria. La notificación de rechazo fue la víspera de las municipales, un de regalo de despedida.

Pero, ¿cómo se materializó esa exclusión?

Mediante un correo electrónico que la mayor parte de las organizaciones afectadas no recibimos, donde argumentaban, en nuestro caso, que no habíamos notificado el domicilio, cuando desde hace meses nuestras comunicaciones se hacían desde esta dirección. Una interpretación abusiva, había que modificar los estatutos cada vez que se producía un cambio de domicilio.

Y ahora, ¿se sienten utilizados por unos políticos ávidos de conectar con la sociedad?
No somos un colectivo que sume votos, pero tal vez sí los restamos, sí hay un coste social de imagen cuando hay un rechazo. A la gente no le gusta la discriminación ni los detalles rancios. Quizá es verdad que ahora los políticos están en un cambio de turno, pero agradecemos este cambio, sea interesado o no. Ésta al final es una cuestión de derechos humanos y no de política de partidos.

Gestos como el del izado de la bandera arcoíris en la Diputación tiene un simbolismo especial.
El medio rural de Castilla y León es un campo de batalla muy duro. Que la Diputación presidida por el PP se plantee un cambio y apoye políticas de educación y diversidad es fundamental. Todos los días recibimos mensajes de gente que vive en el ámbito rural y que lo está pasando muy mal.

Demandan una Ley de Igualdad Social, pero ¿qué reivindica y a quién?
Tocaría las competencias autonómicas con la transversalidad de lo LGTBI; un reconocimiento de la no discriminación y del derecho a la identidad de genero frente a la administración autonómica. Políticas en educación, protocolos frente al acoso homofóbico o para la atención de los menores transexuales. En sanidad, la no discriminación de las mujeres no casadas en la reproducción asistida, derecho a tratamiento médico de los transexuales. En política laboral, integración de quienes sufren mayor grado de marginación. Es una ley autonómica porque la mayor parte de nuestros derechos fundamentales se ejercen hoy en día frente a la comunidad autónoma.

¿El nuevo parlamento autonómico permite ser optimista?
Es una incógnita. Tenemos el compromiso de todos los partidos de la oposición y hemos recibido algún mensaje poco concreto del PP de revisar las políticas de igualdad, que veremos en qué se concreta. La legislatura anterior solicitamos entrevistas con el presidente de la Junta y con la consejera de Igualdad, pero al final no fuimos recibidos. Tenemos la esperanza de que cambie.

Estos cuatro años de gobierno nacional del PP, ¿han sido de parón o de regresión para sus demandas?

Claramente de regresión. Privar de reproducción asistida a las mujeres no casadas, la disolución del plan nacional del sida, la disminución de la cooperación en LGTB, paralización del protocolo de atención a la transexualidad, son muchos gestos que han pasado desapercibidos para la opinión pública, pero que para el colectivo han supuesto un paso atrás.

Las dos legislaturas de Zapatero dejaron leyes como la 3/2007, de Rectificación Registral relativa al nombre y al sexo de las personas que el PP ha respetado.

Es difícil retirar una ley que otorga derechos de igualdad a la gente. Con el matrimonio igualitario recurrió ante el Constitucional y fracasó. Pero también hay que decir que en las dos últimas leyes autonómicas aprobadas que afectan al colectivo, la de transexualidad de Andalucía y la de igualdad LGTB de Extremadura, el PP ha votado a favor, también en ese partido se están moviendo las cosas.

La educación ha de contribuir a acabar con los estereotipos y con la marginación pero, ¿a qué edad?

Desde niños. Estereotipos y homofobia se absorben desde la infancia. Hay que educarles en un modelo que acepte la diversidad, necesitamos educación en derechos humanos y educación sexual con visión amplia. Todos los estereotipos que generan discriminación y odio los adoptamos en la infancia y los fortalecemos en la adolescencia.

Complicado que se recurra a la docencia cuando la sexualidad convencional tampoco suele ser materia lectiva en los colegios.
Es que nosotros pedimos una educación sexual general, no específica nuestra. No estamos pidiendo que solo se eduque en este tema, no queremos una asignatura de adoctrinamiento, no nos interesa.

Vd. defendió el otro día que ha de pasar una generación completa para que sea posible una integración total. Es una optimista.
Quiero ser optimista. Nos encantaría no ser necesarios como organización. Nuestra lucha va muy rápida, aún recordamos cuando no podíamos salir a la calle y hoy hemos conquistado las alamedas y eso nos hace concebir esperanzas de que el cambio social vaya al ritmo adecuado. Aún así seríamos un isla de un planeta que está muy mal. En otros países viven una auténtica persecución...

...que a veces llega a la muerte.
Por desgracia algunas compañeras con las que hemos tenido trato han sido asesinadas, otros, encarcelados en condiciones extremas que les han llevado a la muerte. Es duro pensar que tratas con gente que no tenía derecho a la vida.

El fallo en EE UU a favor del matrimonio igualitario, ¿puede ser un aldabonazo para la normalización en otros países?
Va a tener un efecto arrastre en los 132 países en los que no estamos ilegalizados pero no se han regulado los derechos de igualdad en familia. Esperamos también que en los 77 países en los que estamos criminalizadas haya un cambio.

Estos diez años de matrimonio homosexual en España, ¿han contribuido a mejorar la situación?
Tiene un efecto de normalización social enorme. Ha tenido impacto de respaldo del poder público, no eres ciudadana de segunda, estás en paridad con las demás.