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martes, 29 de abril de 2025

#hemeroteca #homofobia | Virulento ataque homófobo al bailaor Manuel Liñán en redes por bailar en bata de cola y mantón: “Vicioso, enfermo y degenerado”

Manuel Liñán, en una imagen de su espectáculo 'Nómada' //

Virulento ataque homófobo al bailaor Manuel Liñán en redes por bailar en bata de cola y mantón: “Vicioso, enfermo y degenerado”

Un vídeo que recoge un minuto de una actuación del artista el sábado en Madrid se hace viral y acumula decenas de insultos y comentarios vejatorios
Mercedes L. Caballero | El País, 2025-04-29
https://elpais.com/cultura/2025-04-29/virulento-ataque-homofobo-al-bailaor-manuel-linan-en-redes-por-bailar-en-bata-de-cola-y-manton-vicioso-enfermo-y-degenerado.html

“De horror ver a este maromo de esa guisa”. “No jodan, esto es lo último que me quedaba por ver, no se le enreden los hue... en el vestido!”. “¿Esto es en serio o es alguna broma?”. “Prefiero interpretarlo como que fue una reunión de amigos y uno de ellos, el más gracioso con unas copas de más, protagonizó la escena con la bata y el mantón (pobre mantón) prestado de la hermana”. “Vicioso, enfermo, degenerado”. “Para mí, un mamarracho”. Esto son algunos de los 504 comentarios que recibió una publicación de la revista digital Deflamenco.com en la red social Facebook entre la medianoche del pasado sábado, 26 de abril, hasta las 19.00 del domingo, 27, cuando el responsable de la revista, Rafael Manjavacas, decidió borrarla tras la cantidad de insultos y mensajes homófobos que estaba acumulando.

El origen estaba en un vídeo que recogía un minuto aproximadamente de la actuación que el bailaor y coreógrafo Manuel Liñán (Granada, 44 años) ofreció el sábado en los Teatros del Canal de Madrid, dentro del II Festival de la Guitarra. El bailaor, invitado por el guitarrista Manuel Valencia, interpretó unas cantiñas vestido con bata de cola y mantón, una de sus señas de identidad como artista. Ganador del Premio Nacional de Danza en 2017, entre otros muchos galardones, Liñán es reconocido internacionalmente como uno de los creadores más destacados del flamenco contemporáneo.

El vídeo se había hecho viral en Facebook y durante el poco tiempo que estuvo publicado había acumulado 101.000 visualizaciones, según Manjavacas. La revista lo publicó también en sus cuentas en Instagram y TikTok, donde sigue publicado y también ha recibido comentarios homófobos, aunque con menos virulencia que en Facebook. Este lunes por la mañana, la revista ha decidido volver a publicarlo en esta red social y enseguida han empezado a replicarse los insultos.

A lo largo del domingo, Liñán recopiló capturas de los insultos en Facebook y envió algunas de ellas a Manjavacas. “Vi el vídeo publicado y leí los primeros comentarios. Comprobé que una vez más se generaba debate sobre el trabajo que hago, pero dentro de lo normal. Me viene pasando habitualmente y al principio solo le di la importancia justa. Pero seguí leyendo y comprobando que la cosa se ponía muy fea. El vídeo se había hecho viral y, aunque entre los primeros comentarios había algunos que defendían mi trabajo, luego ya eran todos insultos y vejaciones. La situación me desbordó”, explica por teléfono el bailaor. Fue entonces cuando decidió enviar las capturas al director de la revista. “Necesitaba compartir mi asombro y tristeza, Rafael [Manjavacas] es un gran amigo”, comenta.

Al recibir las capturas, Manjavacas tomó la decisión de eliminar la publicación en Facebook. “Me preocupé mucho. No es la primera vez que una publicación de un artista flamenco que abre nuevos caminos en la creación genera debate en nuestras redes sociales, pero rápidamente me di cuenta de que ese vídeo que grabé y subí se había hecho viral y los comentarios se escapaban a nuestro público y seguidores habituales. Eliminé la publicación por cariño y protección hacia Manuel, aunque ahora me arrepiento porque se trata de un reflejo de lo que está pasando. Es increíble. En Instagram y TikTok también pueden leerse comentarios, aunque no con un tono tan elevado como los de Facebook. Afortunadamente, Manuel hizo capturas”, explica Manjavacas.

“Estoy asustado, preocupado”, confiesa Liñán. “¿Y si un día alguna de estas personas que han dejado esos comentarios va al teatro a verme y me espera en la puerta?”.

Liñán viene abriendo nuevos caminos en la danza flamenca, como hacen otros colegas de la creación actual, como Rocío Molina e Israel Galván, desde hace años. Cuenta que es consciente de que la parte más ortodoxa de la profesión cuestiona su trabajo y no empatiza con él. “Pero siempre me he sentido respetado por el público”, apunta. Tan es así que su espectáculo Viva!!, estrenado en 2019, en el que Liñán y seis bailaores más bailan travestidos para cuestionar estereotipos de género, sigue cosechando éxitos, llenos y público en pie por allí por donde pasa.

“Con ese espectáculo, cuando visitamos Nueva York, en 2022, pasó algo parecido. La marca Nike se puso en contacto conmigo para usar una foto donde salíamos los siete bailaores vestidos ‘de mujer’ para una campaña de inclusión que estaban realizando. Los comentarios en la publicación de esa foto también fueron alarmantes. Por eso, en esta ocasión, no he querido dejarlo pasar. Mi deber pasa por denunciarlo para ayudar a que se pueda avanzar”.

Desde 2015, año en el que se estrenó la obra ‘Nómada’ y el bailaor aparece por primera vez con una bata de cola bailando unos caracoles, Liñán viene explorando la identidad de género en el flamenco a través de un sólido discurso que ha ido desarrollando de manera más amplia con obras como ‘Reversible’ (2016), ‘Viva!!’ (2019), el documental ‘Flamenco Queer’, realizado por la revista ‘The New Yorker’, y Muerta de amor (2024), su obra más reciente.

“Este nuevo ataque afecta mucho. Hace que acabes cuestionándote por qué haces lo que haces, cosa que no debería pasar. Sé cuál es mi discurso, quién soy, de dónde viene mi obra. Pero es inevitable. Mi chico también está muy afectado, cómo no lo va a estar. Son delitos de odio, vejaciones, hacia algo que va mucho más allá de que lo que hago en un escenario, que puede gustar o no”, subraya.

Preguntado por si ha denunciado los hechos en la propia red social, Liñán confiesa que aunque esa era su intención, no ha podido hacerlo al haberse borrado la publicación. “Sé que Rafael quiso protegerme al eliminarla. Todo esto es muy grave y a uno le desborda y acaba no sabiendo qué es lo mejor”. Cuenta Liñán que en una ocasión anterior sí pudo denunciar este tipo de comentarios en otra red social. “Fue con la obra Nómada, en YouTube. Ahí bailé por primera vez con bata de cola y también se llenó de insultos. Lo denuncié y la red borró los comentarios”.

“Es inaudito que sigan pasando estas cosas”, añade Manjavacas. “Manuel Liñán baila con mantón y bata de cola cuando quiere, como en su momento Carmen Amaya salió bailando con pantalones y se convirtió en la primera mujer que lo hizo”.

domingo, 12 de febrero de 2023

#hemeroteca #gais | Oliber Nestar, el alma del Carnaval

Oliber en en un ensayo de Eureka //

Oliber Nestar, el alma del Carnaval

De pequeño, este errenteriarra tenía que soportar insultos y lanzamiento de objetos cuando desfilaba; ahora, a la cabeza de Eureka, es uno de los rostros más populares de la fiesta
Néstor Rodríguez | Noticias de Gipuzkoa, 2023-02-12
https://www.noticiasdegipuzkoa.eus/actualidad/carnavales/2023/02/12/oliber-nestar-alma-carnaval-6432147.html 

La comparsa Eureka, tanto por su tamaño como por la habitual espectacularidad que exhibe en sus disfraces y en su carroza, es una de las más aclamadas en el Carnaval de Donostia. Y al frente de la misma está Oliber Nestar, un rostro muy popular de esta fiesta, que vive con especial pasión. Es el alma de los carnavales, en los que participa desde hace 23 años. Es bailarín, coreógrafo y showman, todo a la vez, a lo que añade su particular carisma, que atrae los focos. Pero Oliber dice que “una cosa es el personaje que se expone en el desfile y otra la persona”. Por si alguien quiere conocerle mejor, publicó a finales de este pasado año su autobiografía, 'Lágrimas de brillantina', en la que habla de su trayectoria vital, desde que era un niño hasta ahora, con el Carnaval como hilo conductor. Ahora, a sus 35 años, se siente “fuerte”, pero no siempre fue así.

Oliber, el menor de cuatro hermanos, de padre palentino, madre segoviana y nacido en Errenteria, era un niño “inquieto, nervioso y creativo”, cuenta: “Nunca he jugado a consolas. Prefería pintar y también todo lo que fuera bailar, hacer imitaciones y disfrazarme. Pero siempre a puerta cerrada, en mi casa”. De puertas afuera, intentaba hacer “lo que la sociedad dictaba, porque entonces no era como ahora”: “Lo hacía simplemente por sobrevivir. Por ejemplo, estuve ocho años haciendo natación, entrenando cuatro días a la semana, dos horas diarias. Al menos de ahí saqué la disciplina que tengo”, cuenta a Noticias de Gipuzkoa mientras toma un café, después de una clase en su academia.

Su inquietud por el baile, por los disfraces y por la actuación hizo que se animara a apuntarse a carnavales con Eureka, la misma compañía que capitanea ahora. “Mi primer desfile fue un horror, siempre lo digo. Acabé con mi traje lleno de huevos, refrescos y mil cosas que me tiraron”, cuenta. Lo narra con entereza, pero no es difícil imaginar lo mal que lo tuvo que pasar cuando era un niño de 12 años a quien simplemente le gustaba bailar y que a cambio recibía mofas y lanzamiento de objetos. “Era el único chico de la comparsa. En ese momento quería bailar, pero no sé ni cómo acabé ese primer desfile”, admite: “Saqué fuerzas necesarias, el tiempo ha pasado y ahora estoy aquí. Yo me quería dedicar a eso y bailar, aunque al de enfrente no le gustara”.

Esos malos ratos en los desfiles no acabaron el primer año. “Hubo unos cuantos años más que también fueron igual de complicados. Igual hasta 2010 o 2011 no se empezó a normalizar, al menos en mi caso. Toda la adolescencia y juventud, desde los 12 años, es una época potente, en la que te descubres a ti mismo, tus luchas, y es difícil enfrentarte a situaciones así”.

Difícil etapa colegial
Algunos de esos chicos que se metían con él eran sus propios compañeros en el colegio: “Yo iba con la misma actitud a clase. Cuantas más armas des al enemigo, peor. Ellos no dieron la cara, yo sí porque iba en el desfile. Mi etapa en el colegio no ha sido bonita. Por las tardes pedía salir cinco minutos antes para evitar ciertas situaciones. Mi etapa feliz empieza en el instituto. Saco la valentía y me voy a un instituto al que no fueron ninguno de mis compañeros del colegio. Fue la mejor decisión de mi vida, porque me quité el lastre”. Todo eso fue moldeando su personalidad: “Ahora soy la persona que soy porque me he ido haciendo por el camino”.

Por parte de su familia sí se sintió apoyado: “La parte más dura de mi infancia no la contaba en casa porque quería preocuparles. Soy el pequeño de cuatro hermanos. Mis padres siempre me han apoyado. Mi padre, que murió hace cinco años, era mi mayor fan, pero él tenía que escuchar muchas cosas cuando yo pasaba desfilando. Yo le tenía dicho que no se enfrentara, que no entrara al trapo. Pero entiendo que escuchar algunos comentarios era complicado para él. En casa siempre me han apoyado. De hecho, mis hermanas han participado en el desfile conmigo y mis sobrinos lo siguen haciendo”.

Aquel niño es ahora un joven de 35 años del que se podría decir que es la cara visible del Carnaval donostiarra y también del de Errenteria, donde desfilará el próximo domingo por la mañana. “Yo me quería dedicar a esto”, asegura. Lo tenía claro. Sorprende, por tanto, que durante años trabajara “de contable en un centro médico”. “Pero estar sentado en una silla no es lo que quería”, admite entre risas. Ahora tiene su propio negocio, la academia de baile Oliber Nestar, que abrió en 2015: “Hasta entonces daba clases en polideportivos, asociaciones de mujeres o colegios. Me dedico al espectáculo: fiestas con animación, galas benéficas, coreografías para eventos, clases y exhibiciones de zumba y danza... Siempre intentando que la gente lo pase bien. Y doy clases en mi estudio de lunes a viernes”.

“Comprometido y pasional”
Además de ser el rostro visible de Eureka, Oliber es uno de los más implicados en sacar adelante el trabajo de preparación de una comparsa de casi 200 personas, lo que incluye el baile, los vestuarios, la carroza... “Al final sin querer va un poco unido a mi academia de baile, pero el Carnaval no sale de la escuela, sino de la Asociación Juvenil Eureka. Somos 15-20 voluntarios los que llevamos la organización y sostenemos el equipo humano de la comparsa”.

Además de continuar con su día a día en la academia, de septiembre a febrero Oliber se vuelca en el Carnaval: “En agosto descanso, desconecto y cargo pilas. En septiembre vuelvo reseteado y empiezo a montar la temporada en la escuela y en el carnaval”. Los ensayos comienzan en octubre, con sesiones los sábados y domingos. “Es poco tiempo porque paramos los puentes y Navidad. Normalmente el domingo repetimos lo del sábado. Es para que la gente aprenda y disfrute con los bailes”.

El principal objetivo es pasarlo bien, porque ese es el espíritu de los carnavales, pero Oliber se lo toma en serio y es exigente: “Soy muy disciplinado. Me gusta hacerlo bien, me comprometo mucho. Es mi forma de ser en todo. Soy muy pasional, soy así para todo. Hacemos diseños y coreografías elaboradas. Me da mucho trabajo, pero también mucha satisfacción. El Carnaval me permite crear fantasía, no hay límites, puedes ir hasta donde quieras. Lo que me gusta es la libertad plena. Es mi trampolín a la creatividad”. Los preparativos le hacen sentirse “agotado” en las semanas previas, pero el cansancio se le pasa “en cuanto llega el primer desfile”. Se pone en primera fila, se coloca el micrófono y empieza el show, que incluye bailar e interactuar con el público.

Charlas a adolescentes
Al margen de su participación en el Carnaval, su autobiografía le ha permitido mostrarse tal y como es y contar su historia, por ejemplo, a chavales, ya que le están llamando para dar charlas en colegios e institutos: “El libro lo he hecho por mí, por sanarme yo, recordar algunos episodios ha sido una terapia. Está calando entre la gente y hablar con chicos y chicas de Bachiller está siendo impresionante. Entro en el aula con miedo, porque ponerme delante de adolescentes hace que vuelvan mis viejos fantasmas, pero les voy contando mi historia y estoy seguro de que sus mentes empiezan a trabajar, no pensando en mí, sino en casos que tienen a su alrededor”.

La respuesta de estos chavales está siendo muy positiva: “Les cuento cómo salí del armario, les hablo del respeto, de la diversidad, de la amistad. Yo, por ejemplo, del colegio mantengo dos amigos, el resto me los he ido encontrando en el camino, eso es importante que lo sepan. Si les puedo ayudar un poco, ya estoy contento. Algunos luego me escriben por mail o por las redes sociales contándome sus experiencias y eso me encanta”.

“Mi vida es esa. Me gustaría que la gente no solo se quedara en el personaje, porque la mayoría me conoce del Carnaval. Ese niño diferente, al que le gustaban otras cosas, con el paso del tiempo se ha convertido en lo que soy ahora. Cada persona tiene su brillo. A mí me lo intentaron apagar y sé que, como yo, hay un montón de gente”, concluye Oliber, que avisa de que la creación de Eureka para este año, basada en Memorias de África, es “maravillosa”.

viernes, 24 de junio de 2022

#hemeroteca #queer #flamenco | Fernando López: “Somos incapaces de vislumbrar un mundo no binario”

El Salto / Fernando López con su 'Historia queer del flamenco' //

“Somos incapaces de vislumbrar un mundo no binario”

El bailaor Fernando López presentó en una de las cunas del flamenco, Jerez de la Frontera, su libro ‘Historia queer del flamenco’, que se editará en los próximos meses en Francia y Estados Unidos. El artista madrileño continúa compaginando arte, investigación y activismo en una prolífica carrera por un mundo más diverso.
Alejandro López Menacho | El Salto, 2022-06-24
https://www.elsaltodiario.com/flamenco/entrevista-fernando-lopez-historia-queer-flamenco-incapaces-vislumbrar-mundo-no-binario

La relación entre el flamenco y, concretamente de la danza, con “lo queer” no es un objeto de estudio usual. El artista Fernando López (Madrid, 1990) ha volcado toda una tesis universitaria en un ensayo editado por la Editorial Egales, sello especializado en temática LGTBIQ, que ya va por la cuarta edición y presentó en el Corral de San Antón, en pleno corazón de Jerez de la Frontera.

‘Historia queer del flamenco’ realiza un recorrido por aquello que se escapa de la norma en el flamenco, desde que apareciera la propia palabra en 1847 en el periódico El Espectador hasta nuestros días. Un ambicioso y extenso estudio sobre el que merecía la pena debatir y profundizar.

P. ¿Cómo ha sido recibido el libro en el seno de la comunidad del flamenco y del baile?
En general ha sido una obra bien recibida, tanto por la prensa como por los aficionados porque, aunque el tema pueda generar debate, está escrito y trabajado con seriedad. El estudio se apoya en un gran número de fuentes y, al final, siempre hay información que puede ser valiosa para todo el mundo: también para los aficionados al flamenco no son especialmente afines a cuestiones relacionadas con la diversidad de género y asuntos parecidos.

P. El flamenco ha sido un compartimento estanco durante muchos años, tratado como un género artístico sobrio, con unos códigos muy masculinizados y heteropatriarcales, como analizas en los primeros capítulos del libro; sin embargo, algo parece estar cambiando. ¿Consideras que esta masculinidad tan latente ha lastrado la libertad creativa del flamenco durante décadas?
Es verdad que el flamenco tiene esa parte conservadora. Lo curioso es que, al menos hasta la Guerra Civil, el flamenco era mucho más abierto de lo que ha llegado hasta nuestros tiempos. No es casualidad que tengamos todavía la imagen del flamenco como una cosa rancia, conservadora y heteropatriarcal, porque así fue su propia evolución en la dictadura franquista.

Pero lo cierto es que el flamenco, especialmente en las grandes ciudades, cafés cantantes y demás, antes de la Guerra Civil, era un género mucho más abierto de lo que ahora parece. Se mezclaba con otras músicas, otros bailes, había transformismo y artistas que cantaban canciones con contenido feminista. Todo aquello desapareció por completo durante la dictadura y el flamenco acabó convirtiéndose en algo muy binario en cuestiones de género y que respondía a los ideales de género y estéticos del Nacionalcatolicismo. El flamenco contemporáneo y el flamenco ‘queer’ son una reacción a ese tipo de flamenco.

P. ¿Cuál es el nexo de unión entre lo ‘queer’, un concepto todavía mutante, y el flamenco?
Hay puntos en común que tienen que ver con la marginalidad. Un espacio común fuera de la norma. El flamenco siempre tuvo ese carácter marginal, aunque luego fue un arte que se institucionalizó y sirvió para exportar la identidad española al extranjero y atraer turistas al país. Pero obviando este lado comercial, ambas comunidades tienen ese punto en común de poder acoger a personas que no tienen un lugar donde guarecerse; son los raritos, los pobres, los marginados, los que no tienen recursos…

P. ¿Crees que sigue habiendo un estigma sobre el hombre que se dedica al baile y la danza en el sentido de que deben bailar de un modo muy viril, potente y rudo?

El flamenco es un arte muy masculino incluso para las mujeres. Para ellas, el hecho de que pudieran tener códigos que socialmente se consideran masculinos no suponía tanto problema porque era algo bien recibido, estéticamente aceptable. Esto no sucedía con los hombres afeminados. Lo afeminado era siempre lo débil, lo inferior y lo rechazable: algo que estéticamente no gustaba. Precisamente por eso los bailaores y los cantaores que se vestían de una forma más afeminada o se movían de otra manera, eran rechazados. De hecho, esto sigue ocurriendo y es uno de los puntos que todavía no hemos superado. Por ejemplo, en el caso de bailaores travestidos o que visten bata de cola que, lo hacen a menudo desde un baile con mucho tecnicismo y virtuosismo, un baile con un acompañamiento musical potente, que hace que su forma de bailar no sea considerada en absoluto afeminada, porque está construido desde una fuerza considerada como muy masculino, y que resulta atractiva para los espectadores. Son hombres vestidos de mujer, que portan accesorios femeninos, pero que bailan de un modo muy fuerte, muy masculino y muy intenso. Por tanto, son bien recibidos a pesar de llevar ropa de mujer. Hay pocos bailaores que hayan bailado de un modo femenino o afeminado (no es lo mismo) y hayan sido bien recibidos por el público, incluso hoy en día.

P. Hablas del baile de personas con diversidad funcional, es un capítulo muy interesante en el que abogas por una inclusión real.
El flamenco ha sido muy especial a la hora de acoger a personas con diversidad funcional o neuro-divergencia a lo largo de su historia. Al ser un arte que se desarrollaba, en parte, en comunidades marginadas, tenía la posibilidad de acoger a todo el mundo, porque no tenía ínfulas de alta cultura o cosas por el estilo. Pero es cierto que han sido casos excepcionales.

Ahora existen varios proyectos como los que nombro en el libro en el que se acogen a todo tipo de personas, cuerpos y bailes. El siguiente paso sería que no tuvieran que formar parte de un proyecto específico de inclusión sostenido por un discurso de apoyo social, sino que fueran artistas que pudieran desarrollar sus carreras en cualquier tipo de compañía y estilo.

P. Dices en el libro, en relación a un espectáculo de Israel Galván en el que se traviste de mujer, que “la comunidad flamenca del baile es una comunidad activamente reflexiva, capaz de plantearse preguntas con jondura”, ¿es positivo para el flamenco la eliminación de estereotipos ligados al género?
No es que sea positivo, es que es urgente, y no para el flamenco sino para la sociedad en general. Somos poco conscientes de cómo esos binarismos atraviesan nuestras vidas en todos los aspectos: la manera de vestirnos, cómo nos movemos, los espacios en los que podemos mear y los que no, los espacios en los que nos cambiamos en los gimnasios, las profesiones que podemos ejercer, las actividades de ocio, el tipo de música, nuestros roles sexuales… Todo pasa por ese filtro binario de género, y, por supuesto, el flamenco como parte de la cultura, también. Creo que aún no somos capaces de vislumbrar un mundo sin esa categorización binaria tan básica y al mismo tiempo tan presente en nuestro día a día.

P. ¿Queda algo de los cafés cantantes de antaño en España? ¿Qué es lo más parecido que tenemos en la actualidad?
Lo más parecido a los cafés cantantes que existe actualmente, y esa es mi apuesta fuerte, es lo que se llama flamenco contemporáneo, no los tablaos. Los tablaos realizan un tipo de espectáculo que se creó y gestó a lo largo de las décadas de los 30, 40, pero especialmente en los 50, espectáculos muy específicos destinados a los turistas que luego se han llevado a los grandes teatros, pero que no conservan el germen de experimentación, de espectáculo y de revista de mezcla que sí están siendo recuperado, de manera actualizada, por el flamenco contemporáneo. Sobre todo el tema de la hibridación, de la experimentación, del tipo de artista, que hoy llamaríamos multidisciplinar y que se veía cada día en los cafés cantantes. El proyecto estético está más presente en el flamenco contemporáneo y las performances que en los actuales tablaos.

P. Hablas de un activismo LGTBIQ-F (f de flamenco) en el libro. ¿En qué momento se encuentra?, ¿se ve amenazado por la deriva política en España?

Creo que la deriva de la ultraderecha en España y en Europa es un efecto de boomerang que se genera cuando se ha vivido un periodo de gran apertura y de conquista de derechos. Forma parte de la propia dinámica de los avances. Supongo, espero y deseo que sea un paréntesis, y que seamos capaces de dar el salto y seguir avanzando. Las perspectivas no son muy halagueñas y quizás hayamos tocado un máximo, un techo donde podemos llegar desde el activismo hasta dentro de un tiempo.

P. ¿Puede ganarse la vida un artista flamenco que rompa los patrones de género o está destinado a la marginalidad?

Hablo desde el privilegio más absoluto porque soy un artista que, paralelamente, tengo una carrera académica. Me puedo permitir dar clases en la universidad y compaginar la investigación con la creación, y esto me ayuda en mi trabajo artístico. Pero lo que veo en la comunidad del arte queer no es alentador: una enorme precariedad como la veo en la danza, y en general en las artes escénicas.

La gente joven que empieza tiene la sensación de una gran frustración, de no tener espacio, de que no se les permite el acceso. Hay pocos espacios y los que existen están ocupados por grandes estrellas que, de alguna manera, lo fagocitan todo y les impiden ir escalando, aunque sea poquito a poco, para poder dedicarse al baile de manera digna. La gente lo acaba haciendo porque la creatividad a menudo es pura necesidad, y sigue creando porque lo necesita y forma parte de su vida, pero muchas veces hay que compaginarlo con otra vida laboral.

martes, 13 de abril de 2021

#hemeroteca #trans #television | Freddy, el chico trans que emociona al jurado de 'The dancer'

Imagen: La Vanguardia / Ion Aramendi y Freddy

Freddy, el chico trans que emociona al jurado de 'The dancer'.

Lola Índigo lo quiere en su equipo mientras Rafa Méndez le da las gracias por normalizar su situación.
La Vanguardia, 2021-04-13
https://www.lavanguardia.com/television/20210413/6646853/the-dancer-freddy-chico-trans-lola-indigo-rafa-mendez.html 

'The Dancer' emocionaba a sus espectadores en su segunda entrega en La 1 de TVE con la actuación de Freddy, un chico ‘trans’ de 14 años que sueña con llegar a ser bailarín y coreógrafo. Su historia dejó sin palabras al jurado del programa, especialmente a Lola Índigo que no pudo evitar emocionarse.

Macarena y David, los padres de Freddy, contaron cómo habían vivido durante el último año el cambio de sexo de su hijo: "Creía que no iba a tener ningún apoyo, con lo cual se equivocó bastante porque aquí tiene a sus padres para apoyarlo en todo lo que podamos", dio su padre.

La madre admitía que no había sido fácil, lo hacía entre lágrimas: "Aquello me hundió porque yo no me lo esperaba. Pero después de amargarme un tiempo me dije: '¡Venga, arriba! De aquí tenemos que salir y algo tenemos que hacer. Él está aquí, me lo ha mandado Dios y yo tengo que apoyarlo, porque no tiene a nadie más que a mi marido y a mí'", siguió diciendo la madre.

Freddy también contaba el miedo que tenía a que le hicieran "la vida imposible" y a que le rechazaran. Y al salir al escenario confesaba que iba a ser la primera vez en que iba a actuar como chico: "Voy a ser yo mismo, como siempre he querido ser".

Su número, que mezcló ‘hip hop’ y ‘funky’, gustó especialmente a Lola Índigo, que no podía evitar bailar desde su asiento. El público, además, le apoyó con un 75% de los votos. Con lo que el espejo de ‘The dancer’ se abrió para Freddy entre los aplausos del jurado y de sus padres.

Lola Índigo hablaba con el chico tras su actuación y le decía que "yo necesitaba algo así en este programa ya... La danza urbana es lo que me flipa". Además se acordó de su amiga Jedet, actriz que "ha conseguido cumplir su sueño y espero que tú puedas conseguir el tuyo".

"Yo no sé qué va a pasar esta noche y qué más va a pasar aquí, pero a mí me encantaría que estuvieras en mi equipo", dijo para alegría de Freddy. "Lo que ha hecho me ha parecido increíble... Personas como tú nos hacen mucho mejores a todos los que tenemos la oportunidad de conoceros", decía Miguel Ángel Muñoz mientras que Rafa Méndez le preguntó: "¿Eres libre hoy?". Freddy dijo que sí y se echaba a llorar. "Escúchame, mírame a la cara. Quiero que me mires. Gracias por mostrarte tal y como eres, gracias por llorar...".

"¿Sabes qué? Eres un hombre y nosotros te respetamos como tal. Y es hora de que nos olvidemos de este tema, que se normalice. Desgraciadamente ahora hay gente en casa que lo estará pasando como tú y este momento para ellos también es libertad. ¡Gracias!", concluyó el coreógrafo.

lunes, 5 de octubre de 2020

#hemeroteca #queer #flamenco | Manuel Liñán, coreógrafo: "La homofobia existe en el flamenco porque existe en el mundo"

Imagen: El Diario / Manuel Liñán
Manuel Liñán, coreógrafo: "La homofobia existe en el flamenco porque existe en el mundo".
El creador granadino, premio Max del público por '¡Viva!', trasviste a sus bailaores para que el espectador "no vea a hombres ni mujeres en escena, sino a seres humanos".
Alejandro Luque | El Diario, 2020-10-05
https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/manuel-linan-coreografo-homofobia-existe-flamenco-existe-mundo_1_6268547.html

Manuel Liñán recuerda que el origen de ‘¡Viva!’, su último espectáculo, se remonta a su más temprana infancia, cuando a escondidas se vestía con la falda de su madre, se ponía flores en el pelo y se maquillaba. Hasta que este bailaor y coreógrafo granadino de 40 años decidió convertir el recuerdo en propuesta escénica; aunque no esperaba que fuera a convertirse en una de las sensaciones de la temporada en el ámbito flamenco, o que fuera a conquistar el premio Max del Público.

"Todo nace de un anhelo", explica. "Pretender recuperar algo que se convirtió en privado por miedo a las represalias familiares, sociales o artísticas. Y reivindicar el derecho a elegir cualquier prenda o movimiento que a uno se le antoje, sin necesidad de preguntarse a cada momento si es de hombre o de mujer. Esa es la razón por la que, donde unos ven una propuesta transgresora, yo digo que es regresora: es volver a aquel momento, desde el respeto, la formalidad y la seriedad con que siempre he entendido el travestismos".

Siete bailaores sobre las tablas, con el atuendo y los movimientos que se atribuyen a las bailaoras. Así comenzó el desarrollo de un espectáculo que la compañía acogió desde el primer momento como algo especial. "Algunos de los bailaores habían tenido experiencias similares a la mía, y desde luego todos aceptaron entrar en el juego desde el minuto cero. Nos hemos reído y nos hemos emocionado mucho, tanto en escena como en peluquería, maquillaje... Lo más difícil para mí ha sido mantenerme en el papel de director, cuando en realidad lo que me pedía el cuerpo era hacer travesuras con ellos", sonríe Liñán al recordar los ensayos.

Enmascararse para desnudarse
Estrenado en febrero del año pasado en Madrid, en los Teatros del Canal, '¡Viva!' no es, evidentemente, el primer montaje en que un varón se viste de mujer. En la mente de todos los aficionados están esos personajes femeninos –los lorquianos especialmente– que han sido defendidos por bailaores. Lo singular en el trabajo de Manuel Liñán es que en este caso el elenco no representa a ningún personaje. "Queríamos mostrar a la sociedad que seguimos siendo nosotros, no representamos a nadie más. Hasta cierto punto nos enoja que nos sigan preguntando, ¿tú de qué te vistes, quién eres? Ante eso solo puedo responder una cosa: soy yo mismo. Con el travestismo he llegado al fondo de mi alma", afirma.

En efecto, el creador granadino define la transformación a la que se someten los bailaores como "enmascararse para desnudarse". Además de usar peluca, todos emplean en abundancia maquillaje y complementos, "porque nos encanta, es la manera de recuperar esos momentos tan íntimos", asevera. Pero también hay un reto de fondo: cuestionar lo que las convenciones llaman ropa o baile "de mujer" y "de hombre".

"Queríamos desafiar los roles", prosigue Liñán. "Desde que empecé a bailar, me dejaron claro que había una forma de mujer y otra de hombre. Pero yo nunca he compartido esa distinción. Recuerdo que veía a mujeres que no cumplían esas normas estéticas, y me encantaban. Y siempre me costó mucho encajar esa separación por sexos: mi búsqueda, a lo largo de mi carrera, ha tenido mucho que ver con encontrar un lenguaje que no se encasillara en ninguna de las dos formas. Por supuesto, he tenido que aguantar críticas contra mi baile afeminado, amanerado o poco viril".

La andadura de '¡Viva!' ha sido hasta la fecha más que exitosa, especialmente en el Festival de Jerez, donde fue aclamada por crítica y público. ¿Significa esto que ya nadie se escandaliza por ver a hombres bailando vestidos de mujeres? "Eso nunca falta", responde Liñán. "Hemos seguido viviendo ataques e insultos en redes sociales, nos dicen que lo que hacemos es una falta de respeto... Pero por otro lado ha habido una gran aceptación, no nos esperábamos que fuera tan buena".

"El público no ha visto a hombres ni mujeres, sino a seres humanos bailando", celebra. "Mi madre tenía mucho miedo antes del estreno, ¿cómo vais a hacer eso? Estaba muy nerviosa pero luego lo disfrutó un montón, se ha vuelto fanática del montaje. Y es curioso, cuando le pregunté si le había gustado el vestuario, me confesó que no recordaba qué llevábamos puesto. Es lo que más me gustó".

Llegó la Covid-19
Cuando estalló la crisis de la Covid-19, Liñán y su compañía estaban a punto de viajar a Estados Unidos para realizar una gira que les llevaría hasta México, y el mismísimo New York Times les dedicó un amplio reportaje lleno de piropos. Y aunque la pieza especificaba la homosexualidad del creador, él asegura que el dato no tiene importancia: "Mis trabajos nunca han hablado de con quién me acuesto ni con quién no. De hecho, creo que la homosexualidad debería desligarse del travestismo, porque la orientación sexual no tiene nada que ver con la estética. Conozco a bailaores heteros a los que les habría encantado trabajar aquí. Ojalá algún día el hombre pueda vestirse con cualquier ropa en escena".

Por último, sobre la vieja polémica de si hay homofobia o no en el flamenco, Liñán zanja el asunto con elegancia: "La hay, la hemos vivido. Pero no me gustaría responsabilizar al flamenco. El flamenco no es homófobo, pero hay gente homófoba, individuos, en él. La homofobia existe en el flamenco porque existe en el mundo, y nuestro arte no viva aislado de aquél".

Una de las manifestaciones más sutiles es, según el bailaor, que los elogien como algo cómico. "Qué gracioso, qué aje, estáis sembrados", les decían. "Pero no por travestirnos tenemos que caer en la comicidad. Claro que eso ha sido también desde siempre un refugio para el homosexual. Cuando yo era chico y en una fiesta me vestía de mujer, también me decían que era muy gracioso. Uno iba de Batman, otro de Superman, y yo con una falda de lunares. Pero yo iba en serio", apostilla.

lunes, 24 de agosto de 2020

#hemeroteca #queer #flamenco #memoria | Transformismo, ‘voyeurismo’ y género fluido: la estrecha relación del flamenco con lo ‘queer’

El País / La Paquera de Jerez, 'la reina de la bulería' //

Transformismo, ‘voyeurismo’ y género fluido: la estrecha relación del flamenco con lo ‘queer’

El bailaor Fernando López publica un libro sobre esta conexión tan fértil como pocas veces explorada. “Mi objetivo era el de reinterpretar algunos aspectos de la historia del flamenco, en relación con las cuestiones de género y de sexualidad, que habían quedado desatendidos”
Abraham Rivera | El País, 2020-08-24
https://elpais.com/elpais/2020/08/21/icon/1598004664_329736.html

El flamenco no es tan rancio y cerrado como nos lo han intentado vender. Esto es algo que podía intuirse a poco que rascáramos en su superficie. Sin embargo, en ocasiones es necesario tener certezas. Pruebas. Y eso es lo que nos ofrece Fernando López. Este madrileño, bailaor, coreógrafo e investigador, además de doctor en Estética, Ciencias y Tecnologías de las Artes por la Universidad París 8, ha escrito uno de los libros más brillantes sobre la periferia del cante y el baile. “Mi interés por las cuestiones de género empieza en el mismo momento en que decido bailar, a los 11 años, siguiendo los pasos de mi hermana mayor y sintiendo que haciéndolo rompía con unos patrones de comportamiento establecidos para los niños de mi edad, que no bailaban porque la danza era para niñas y para mariquitas”, cuenta el autor de 'Historia queer del flamenco: desvíos, transiciones y retornos en el baile flamenco (1808-2018)', un recorrido transversal por figuras, momentos y lugares que en origen quedaron al margen del discurso oficial.

“La danza fue un refugio, pero también un lugar de coerción, ya que la manera de moverse estaba muy fijada en función de su género, tanto para hombres como para mujeres, lo cual hizo de mis años de aprendizaje, y hasta convertirme en bailaor profesional, una experiencia a veces muy insatisfactoria”, continúa para justificar su interés por llevar a cabo una investigación de este calado. “Necesitaba entender de manera precisa qué cosas se nos había permitido hacer a los bailarines a lo largo de la historia y qué cosas, de manera más o menos velada, se nos habían prohibido”.

El libro no tiene miedo a hablar de prostitución masculina en el tablao, transformismo femenino, ‘voyeurismo’ y artistas de genero fluido en el siglo XIX. Temas que han formado parte del adn del género desde su creación pero que habían sido ocultados, olvidados o borrados. “Mi objetivo para el periodo entre 1808 y 1975 era el de releer, reinterpretar e incluso reescribir algunos aspectos de la historia del flamenco, en relación con las cuestiones de género y de sexualidad, que habían quedado desatendidos dentro de la bibliografía clásica”, recuerda López, que comienza trazando una certera genealogía de cómo la danza nace “macho” en contraposición al afrancesamiento de ciertos bailes, y lentamente se va feminizando hasta emprender un viaje sin retorno.

Sara Lezana (que protagonizó en 1963 'Los tarantos') y Paco España //

Una de las partes más acertadas del ensayo, publicado por la editorial Egales, especializada en literatura LGTBIQ+, es aquella que pone de relieve el valor de artistas en principio marginales. Es el caso de Mr. Artur, Paco España, Carmen de Mairena, Ocaña, Enrique El Travesti Cojo, La Otra Pantoja o Las Folclóricas Gaditanas, un cuadro flamenco formado enteramente por transexuales que tuvo un enorme éxito en los setenta y ochenta, llegando a firmar un contrato para actuar en Miami, donde estuvieron dos años. “Este grupo de gente rara incluye feministas, travestis, machorras y afeminados, pero también a gitanos, personas con diversidad funcional e intelectual, guiris y artistas incomprensibles empeñados en hacer las cosas de otra manera”, destaca el autor.

Las historias y anécdotas que López narra se acercan a todo tipo de perfiles y mundos. Del Torremolinos de los sesenta, cuna del movimiento gay y donde el bar Tony’s hizo furor, hasta el Copacabana barcelonés, emblema del travestismo y hogar del bailaor Margarita. La obra concluye con una mirada al incierto presente, tocado por la crisis de 2008, y en el que se describen valiosas iniciativas como ‘Sueños reales para cuerpos posibles’, espectáculo protagonizado por Lola López, bailaora con diversidad funcional, o ‘Flamenco inclusivo’, un proyecto de José Galán en el que se investigan algunos de los referentes tullidos de la historia del género. Sobre si ve con optimismo el futuro del flamenco queer, responde: “No tengo ni esperanza ni falta de ella, aunque sí una cierta curiosidad por ver lo que nos depara a mí y a mis compañeros artistas este nuevo periodo que se abre. En cualquier caso, estoy conforme con haber aportado mi granito de arena, tanto en la universidad como en los escenarios, y el efecto de ello solo el tiempo podrá determinarlo”.

lunes, 4 de mayo de 2020

#libros #queer #flamenco #memoria | Historia queer del flamenco : desvíos, transiciones y retornos en el baile flamenco (1808-2018)

Historia queer del flamenco : desvíos, transiciones y retornos en el baile flamenco (1808-2018) / Fernando López Rodríguez.
Barcelona [etc.] : Egales, 2020 [05-04].
377 p.
Colección: G Ensayo.
/ ES / ENS / Tesis / Artistas / Baile / Danza / Flamenco / LGTBI / Memoria histórica / Queer
📘 Ed. impresa: ISBN 9788417319977 / 20,00 €

[.es] Si este libro lleva el título de ‘Historia queer del flamenco’ es, al menos, por dos razones. En primer lugar, porque una de mis motivaciones fundamentales como investigador y artista ha sido buscar, analizar y reivindicar figuras y espacios «marginales» del flamenco que no aparecían en los manuales habituales sobre este arte y cuya ausencia daba, a mi entender, una imagen distorsionada sobre quiénes, dónde y cómo han hecho «flamenco» —y por qué— a lo largo de su reciente historia. Este grupo de gente «rara» incluye a feministas, travestis, machorras y afeminados, pero también a gitanos, personas con diversidad funcional e intelectual, guiris y artistas «incomprensibles» empeñados en hacer las cosas «de otra manera» sin renunciar por ello a la categoría de flamenco. 

En segundo lugar, lo queer de esta Historia es mi mirada, que intento desviar para hablar del cuerpo y desde el cuerpo, abandonando debates bizantinos sobre purezas e impurezas, anécdotas sobre la vida de los artistas que se hallan completamente desligadas de los procesos de creación; mitologías sobre «genios» que parecen más profetas que artistas y que parecen hacer arte en solitario y completamente desligados de sus colaboradores y del momento histórico, social, económico y artístico en el que vivieron.

martes, 14 de abril de 2020

#hemeroteca #queer #flamenco | Palmas para el flamenco marica

Imagen: Clarín / La compañía de Manuel Liñán
Palmas para el flamenco marica.
La centenaria danza surgida en Andalucía es una nueva vía que encontró la comunidad ‘queer’ para afirmar su identidad. Mujeres y hombres hoy intercambian los roles de baile, antes férreos, sin distinción de género.
Marina Harss | Clarín, 2020-04-14
https://www.clarin.com/revista-enie/escenarios/flamenco-queer-marica-viva-rol-genero-_0_FRQL_9s7D.html

Una bailarina con vestido rojo y largo, sola en la oscuridad, desvía su mirada del público. Se escucha una voz de lamento y los brazos de la bailarina aletean ligeramente, como si despertaran ante ese triste sonido. “Eres una rosa”, dice la canción. El cuerpo de la bailarina se balancea ligeramente, como reuniendo energía antes de girar hacia los espectadores con un movimiento rápido.

Lo que el público ve es a la vez esperado e inesperado: una bailarina de flamenco peinada y vestida a la usanza tradicional, de mirada fiera, concentrada. Pero hay un viraje: la bailarina es un hombre, Manuel Liñán, creador y estrella del espectáculo ‘¡Viva!’.

Siendo el flamenco lo que es –una música y danza centenaria desarrollada a partir de un choque de culturas en el sur de España–, lo que continúa es tan sorprendente como refrescante. Una actuación enteramente travestida a cargo de Liñán y seis extraordinarios bailarines masculinos, con vestidos de colores y mantones con flecos, el pelo arreglado con peinetas y flores. Mientras uno de ellos baila, los otros lo acompañan con cantos, exhortaciones y baten palmas en rítmico aplauso.

El espectáculo, que iba a presentarse a principios de abril en el Festival de Flamenco de Nueva York en el histórico teatro City Center –el encuentro ha sido pospuesto debido al coronavirus– representa algo nuevo para el público flamenco mayoritario: una exposición franca y alegre de la identidad queer en el marco del baile flamenco. Para Manuel Liñán, que es gay, el baile se ha convertido en una forma de expresar quién es. Como él mismo dice, “mis bailarines y yo bailamos lo que somos”.

‘¡Viva!’ ha sido muy bien recibida por el público y la crítica desde su estreno en Madrid en 2019. El crítico del diario español El País, Roger Salas, describió el show como “una de las mejores cosas que tienen lugar en este momento crucial del flamenco y la danza española”. Semejante recepción parece inimaginable incluso 20 años atrás.

Algunos han comparado el espectáculo con Les Ballets Trockadero de Monte Carlo, una compañía de ballet estadounidense totalmente formada por varones y especializada en parodiar clásicos como 'El lago de los cisnes'. Pero '¡Viva!' no es tanto una sátira como una declaración de amor por el flamenco, pura y simple. Los bailarines del señor Liñán interpretan alegrías, tarantos y bulerías tradicionales, bailes colmados de pasos rítmicos, excitantes, brazos que se curvan, palmadas en los muslos, chasquidos de dedos y giros bruscos, al igual que bailes de la más académica escuela bolera, con sus temperamentales pasos de ballet.

El Nuevo Flamenco, que domina la escena desde los años 80, se ha alejado de los vestidos con volados, los mantones y los peinados apretados que llevan las bailarinas de Liñán en ‘¡Viva!’. Y también del formato tradicional de las canciones y bailes que la obra pone en juego. Pero para Liñán, esta mirada hacia atrás representa algo intensamente personal, una forma de ver su propio despertar al flamenco. “Es lo que crecí viendo desde que tenía 11 o 12 años”, comenta en una entrevista telefónica desde Madrid, donde vive, a sus 39 años.

En su aprendizaje de danza le enseñaron a bailar “como un hombre”. Al igual que en la mayoría de las formas tradicionales, el ballet y el tango entre ellas, la técnica del flamenco se ha enseñado históricamente con matices diferentes para hombres y mujeres. A los hombres se les enseña a mover menos las manos y las caderas y a sostener la parte superior del cuerpo más rígidamente; a las mujeres, a hacer movimientos más curvilíneos y ornamentales con los brazos y el torso.

Desde edad temprana, recuerda Liñán, se sintió restringido por esas normas: “Mi cuerpo no podía reprimir determinados impulsos, y pronto empecé a mover las manos como quería, y las caderas. Empecé a moverme entre los géneros”.

La pelvis hacia adelante y hacia atrás
Rocío Molina, otra artista que traspasa los límites de lo que se puede mostrar en el flamenco, también recuerda que le enseñaron del mismo modo. “Yo solía cambiar la manera de bailar, incluso cuando era estudiante joven”, contó en una entrevista telefónica. Rocío ha bromeado en el escenario sobre lo antinatural que le parece mover las caderas de un lado a otro, como se les enseña a las mujeres, y sobre cómo prefiere mover la pelvis hacia adelante y hacia atrás, como un hombre.

Dentro de una actividad en la que la homosexualidad femenina sigue estando mayoritariamente bajo inspección, Rocío es lesbiana. También ella es una intérprete famosa, y vehemente. “Mi baile siempre ha sido muy físico, muy extremo”, dice. “He recurrido al dolor para alcanzar estados de trance”. Molina se toma su tiempo, atrae al espectador a su mundo y luego explota en pasajes sostenidos de pasos ardientes, impulsando el cuerpo al frente con singular vigor.

El baile de Molina es como una profunda inmersión en su inconsciente. En 2018, durante su embarazo, bailó una obra, ‘Grito Pelao’, sobre su deseo de ser madre y su decisión de someterse a una inseminación artificial. En su pieza solista ‘Caída del Cielo’, que iba a ser presentada en la primavera neoyorquina durante el Festival de Flamenco, se mete dentro de una tinaja llena de una sustancia viscosa y luego procede a dejar una mancha de color rojo sangre detrás de ella mientras se arrastra por el escenario. Para la época en que estaba creando la obra, dice, temía no poder concebir un hijo (ahora tiene una nena). “Cada vez que la interpretaba, ese momento era como perder la criatura que tanto deseaba”.

Hacia un giro cultural
De ambos, Molina es la intérprete más transgresora, pero tanto a ella como a Liñán los une el interés de exponer su ser más íntimo a través de la danza. Hasta no hace mucho, los temas de la identidad de género y la orientación sexual por lo general se dejaban en los márgenes. El artista y teórico del flamenco contemporáneo Fernando López Rodríguez ha rastreado la existencia de artistas drag en un libro próximo a aparecer, Historia queer del flamenco.

A través de un correo electrónico desde Madrid, López Rodríguez explica que el flamenco siempre ha tenido un componente queer. A principios del siglo XX había cafés y salas de música donde los artistas travestis se mezclaban con intérpretes de flamenco más tradicionales. Pero bajo la dictadura de Francisco Franco, el travestismo pasó a la clandestinidad hasta los años 60, cuando comenzó a hacer su reaparición, “en el ámbito de fiestas y espectáculos gay, exclusivamente para artistas travestidos”.

Al travestismo masculino se lo consideraba algo peligroso. La crítica de flamenco Estela Zatania escribió en un mail que en los últimos años del gobierno de Franco y durante un tiempo después, España tenía una ley –la Ley de la Peligrosidad Social– que daba lugar a persecución y encarcelamiento por comportamiento inmoral, y que principalmente se utilizaba para perseguir a los homosexuales. Bailar travestido no solo era inusual sino también peligroso.

Para las mujeres la situación era algo diferente. Las artistas, como la gran estrella de los años 30 y 40 Carmen Amaya, podían salirse con la suya usando pantalones y bailando los llamados bailes masculinos, repletos de zapateo, porque no infringían las normas heterosexuales. La sexualidad de estas creadoras simplemente no se cuestionaba. Los pantalones, que permitían que los espectadores les vieran más las piernas, pueden incluso haber aumentado su sex appeal, en especial para los hombres del público.

España ha cambiado. Han pasado 15 años desde que el país se convirtió en uno de los primeros del mundo en legalizar el matrimonio gay, pese a la fuerte oposición de la Iglesia Católica Romana. El espectáculo de Liñán es producto y expresión de este giro cultural. Lo cual no significa que sus actuaciones no hayan contrariado a algunas personas. Liñán puede ser un artista flamenco famoso y premiado, pero afirma que sus bailarines y él han sido por igual objeto de burlas homofóbicas tanto en la profesión como en Internet.

Y, sin embargo, no hay duda de que '¡Viva!' es una celebración del arte del flamenco, una afirmación de su belleza y su capacidad de conectarse con un vasto público. Cuando el show se llevó a cabo en el Festival de Jerez el mes pasado, un crítico dijo que “es una de las mejores cosas que se han visto en el festival en sus 24 años de historia”. El mundo del flamenco, al parecer, está preparado para Manuel Liñán.

Traducción: Román García Azcárate

miércoles, 25 de marzo de 2020

#hemeroteca #queer #flamenco | Un show de flamenco queer revoluciona el género.

Imagen: Clarín / Manuel Liñán (3i) y su compañía flamenca
Un show de flamenco queer revoluciona el género.
El “¡Viva!” de Manuel Liñán representa algo nuevo para el público flamenco: una expresión franca y alegre de la identidad gay.
Marina Harss | Clarín, 2020-03-25
https://www.clarin.com/new-york-times-international-weekly/show-flamenco-queer-revoluciona-genero_0_eOnaDI9ry.html

Una bailaora en un largo vestido rojo está sola de pie en la oscuridad, de espaldas al público. Una voz melancólica resuena y sus brazos aletean ligeramente, como si despertaran por su sonido acongojado. “Eres una rosa”, entona el cantaor. El cuerpo de la bailaora se mece ligeramente, como si tomara fuerzas, antes de darse la vuelta con un movimiento rápido.

Lo que el público ve es esperado y, al mismo tiempo, inesperado: una bailaora de flamenco peinada y vestida en el estilo tradicional, con mirada resuelta y concentrada. Pero la bailaora es un varón, Manuel Liñán, creador y protagonista del espectáculo “¡Viva!”.

Con el flamenco siendo una música y danza de siglos de antigüedad que se desarrolló a partir del choque de culturas en el sur de España, lo que sigue es tanto sorprendente como refrescante: un show travesti por Liñán y seis bailaores varones, luciendo vestidos coloridos y los chales con flecos conocidos como mantones, y el cabello decorado con peinetas y flores.

Mientras uno baila, los otros lo acompañan con canciones, exhortos y batiendo las palmas al ritmo de la música.

El espectáculo es algo nuevo para el público del flamenco tradicional: una exposición sincera y animada de la identidad queer. Para Liñán, quien es gay, bailar se ha convertido en una forma de expresar quién es él.

“Mis bailaores y yo nos interpretamos al bailar”, comentó.

“¡Viva!” ha sido ampliamente aceptado por el público y la crítica desde su estreno en Madrid, en 2019. Roger Salas lo describió en el diario español El País como “una de las mejores cosas que suceden en este momento crucial en el flamenco y la danza española”.

Los bailaores de Liñán ejecutan alegrías, tarantos y bulerías tradicionales, bailes llenos de pasos rítmicos, arqueo de los brazos, golpeteo de las manos en los muslos, chasquidos con los dedos y giros pronunciados; así como danzas de la escuela bolera más académica, con sus pasos veloces tipo ballet.

Siendo un niño en Granada, Liñán anhelaba usar los vestuarios coloridos de sus ídolos femeninos, bailarinas y estrellas glamorosas del cine. “Me escondía en un cuarto en mi casa, probándome faldas y maquillándome”, recordó.

En su formación en la danza se le enseñó a bailar “como un hombre”. A los varones se les enseñaba a no mover tanto las manos y las caderas y mantener más rígida la parte superior del cuerpo; a las mujeres se les instruía usar movimientos más voluptuosos y ornamentales para los brazos y el torso.

Liñán explicó que se sintió limitado por estas reglas: “mi cuerpo no podía evitar estos impulsos, y pronto empecé a mover las manos como me gustaba, y mis caderas. Comencé a moverme entre sexos”.

Fernando López Rodríguez, artista y teórico del flamenco, ha trazado el origen de la existencia de los artistas travestis en un libro próximo a ser publicado, “Historia Queer del Flamenco”.

En un correo electrónico desde Madrid, señaló que el flamenco siempre ha tenido un componente queer. A inicios del siglo XX, había cafés y salones de música donde artistas travestis convivían con ejecutantes de flamenco más tradicionales. Pero bajo la dictadura de Francisco Franco, los travestis quedaron en la clandestinidad hasta los 60, cuando empezaron a reaparecer.

España ha cambiado. Han transcurrido 15 años desde que se convirtió en uno de los primeros países del mundo en legalizar los matrimonios gais. El espectáculo de Liñán es producto de este cambio cultural.

No obstante, Liñán reveló que él y sus bailaores han sido blanco de burlas homofóbicas, en la profesión y en línea. “Por supuesto, es doloroso, pero así es el mundo en el que vivimos”, afirmó.

Y, sin embargo, no hay duda de que “¡Viva!” es una celebración del arte del flamenco y su habilidad para conectar con un amplio público. Cuando se presentó en el Festival de Jerez el mes pasado, un crítico lo elogió al afirmar que “es algo de lo mejor que se ha visto en el festival en sus 24 años de historia”.

Parece que el mundo del flamenco está listo para Manuel Liñán.

sábado, 29 de febrero de 2020

#hemeroteca #lgtbi #voguing | El baile que salva vidas de la comunidad LGTBQI en Ciudad de México

Imagen: El País / Fotograma de 'La categoría es... Ciudad de México'
El baile que salva vidas de la comunidad LGTBQI en Ciudad de México.
La miniserie documental ‘La categoría es... Ciudad de México’ se adentra en la explosión del 'voguing’ en la capital del país.
José Pablo Criales | El País, 2020-02-29
https://elpais.com/television/2020-02-28/el-baile-que-salva-vidas-de-la-comunidad-lgtb-en-ciudad-de-mexico.html

Cuando Dani Torres camina en un salón de baile se hace llamar ‘Negraconda’. “Es mi alter ego punk con el que por fin le digo al mundo: esta soy yo”, afirma. Bernardo, alias ‘La Bacha’, admite que más de una vez se quedó sin hogar por discriminación contra su homosexualidad, pero que sus compañeros de baile siempre le dieron un hogar. ‘Pony’, a secas, dice que el baile lo salvó de la depresión. “Cuando bailo, creo que le hago el amor a la música”, dice sonrojado, pero no se refiere a una pareja ni a la fricción de la disco. El amor que define —y que resume lo que sus compañeros están diciendo— es hacia el ‘voguing’, un estilo de baile que le permite a amplios sectores de la comunidad LGTBQI desplegar la identidad que muchas veces tienen que ocultar durante el día.

Negraconda, La Bacha y Pony son ‘voguers’ en Ciudad de México. La miniserie documental ‘La categoría es...’, estrenada este mes en la plataforma Revry, se adentra en ‘House of Mamis’, la casa en la que vivieron como familia durante 2017 y que demuestra cómo esta cultura se ha expandido en toda América Latina con México como puerta de entrada. En un país donde, en los últimos cinco años, 473 personas LGTBQI fueron asesinadas y solo el 10% de estas muertes fueron investigados como crímenes de odio, el documental recorre momentos en las vidas de los integrantes de esta casa, desde escenas hipnóticas de baile hasta lo peligroso que es caminar por la calle para tomarse un taxi cuando se va vestido de ‘drag queen’.

Concebido en los ochenta por la comunidad gay latina y negra de Harlem, el barrio más conflicto de Nueva York, el ‘voguing’ nació como una competición de baile que ironizaba con el canon de belleza y sensualidad blanca que perpetraron las revistas de moda de la época. El baile, vistoso por las poses, los trajes, los salones y los personajes caracterizados en cada categoría, fue esencial en los inicios del ‘voguing’, pero no era todo: lo realmente importante era que el salón de baile funcionase como espacio seguro para la comunidad gay de Harlem, y que cada grupo vivía como una familia en una sola casa, con una “madre” a cargo. El ‘voguing’, desde sus inicios, funcionó como válvula de escape para proteger de la marginalidad a las personas azotadas por la homofobia y el racismo de los Estados Unidos de la época.

“Nuestra venganza es ser felices, y somos felices bailando”, dice a El País Omar Feliciano —conocido en la escena como Franka Polari—, fundador de la casa Apocalipstick, nacida en 2015 como pionera del movimiento en México. Para Feliciano, la esencia del ‘voguing’ tiene mucho que ver con la política: “En un mundo que busca inculcarnos odio a nosotros mismos, ya sea a por nuestra homosexualidad, nuestros cuerpos no hegemónicos o nuestra belleza que no encaja en la industria del glamour, elegimos ser felices y estar unidos”.

La unión se demuestra en su casa, por la que pasan alrededor de 70 personas. Franka Polari, como madre de Apocalipstick, no solo coordina eventos y bailes, sino redes de apoyo y cuidado contra la marginalización, los abusos e incluso el suicidio. “Lo que se ve en los salones es la punta del iceberg”, dice y continúa: “lo realmente importante es la convivencia; nuestras cenas, cumpleaños, discusiones por pagar la renta”. Según su relato, el ‘voguing’ mexicano comenzó como prácticas de baile en La Purísima, una de las discotecas más importantes del corredor gay del centro de la capital mexicana, y en cuatro años se consolidó como un circuito de cinco casas solo en la capital y eventos que han ido naciendo desde las playas de Mérida hasta el valle de Toluca.

El ‘voguing’ saltó al ‘mainstream’ en 1990, cuando Madonna popularizó el baile con un sencillo, también llamado 'Vogue'. La escena vio la luz en 1991, con el documental 'París está ardiendo', en el que la cineasta Jennie Livingston capturó años de recorrido por el circuito de Harlem. Para Eduardo Mendoza, alias “La Mendoza”, fundador de House of Mamis, ambos son influencias esenciales del movimiento, aunque este ha ido perdiendo el sentido de casa por el de la competencia de baile. “Conocí lo peor y lo mejor del Vogue”, dice a este periódico.

Su casa, que le abrió las puertas a las cámaras en 2017, se disolvió unos meses después de finalizada la filmación. “Todo lo que vivimos durante ese tiempo fue real y hermoso. No éramos un ‘crew’ de baile, éramos familia”, cuenta. “Lo que nos unía es que estábamos todas rotas, todas con problemas, y la convivencia 24 horas era agotadora, pero la familia también es trabajo. Ahora estamos trabajando para que vuelva”.

jueves, 27 de febrero de 2020

#hemeroteca #musica #lgtbi #memoria | Cómo ‘I will survive’ ganó hace cuarenta años un premio que nunca más se volvió a entregar

Imagen: El País / Gloria Gaynor en 1978
Cómo ‘I will survive’ ganó hace cuarenta años un premio que nunca más se volvió a entregar.
El clásico de Gloria Gaynor convirtió la música disco en un género masivo, pero también fue uno de los clavos de su ataúd. Un día como hoy de 1980, en la gala de los Grammy, ganó en una categoría que existió por primera y última vez esa noche.
Guillermo Alonso | Icon, El País, 2020-02-27
https://elpais.com/elpais/2020/02/27/icon/1582811086_707871.html

Hay muchas particularidades que podrían destacarse de ‘I will survive’, el clásico disco de Gloria Gaynor (Nueva Jersey, 1949) publicado en 1978. Es una de las pocas canciones del género, por ejemplo, que no tenía coros. Todo, de principio a fin, lo canta Gloria Gaynor, algo inaudito en un tipo de música pensada para el éxtasis de baile en el que se premiaba el coro épico y la textura espesa como subidón final. Es, también, una de las canciones más íntimamente unidas a la comunidad LGTB no solo por su ritmo pegajoso, sino por su letra que habla de superar la adversidad, de comerse el mundo aunque –como dice la letra– “al principio estaba solo, estaba petrificado”.

Por cierto, como nota adicional, ese “solo” conecta de forma directa con el motivo principal por el que la música disco fue asociada irremediablemente con lo gay: en los años sesenta y setenta todavía se prohibía en muchas discotecas de Estados Unidos que parejas del mismo sexo bailasen juntas. La música disco fue la respuesta: no se necesitaba un compañero. Uno podía bailar solo y hacerlo durante toda la noche porque el pinchadiscos mezclaba una canción tras otra y la fiesta no terminaba nunca. Además, frente al rock, en ese momento considerado heterosexual y blanco, la música disco abrazaba minorías: casi todas sus estrellas (Donna Summer, Diana Ross, la propia Gaynor) eran mujeres negras. Mientras el mundo normativo reinaba fuera, homosexuales y afroamericanos eran los reyes paganos de la pista de baile.

Pero la canción es también uno de los pocos himnos gais que cruza cómodamente el umbral hacia el público generalista y heterosexual: si suena ‘I will survive’ todo el mundo se la sabe. Si suena ‘I will survive’, la discoteca se viene abajo, haya en ella gais, lesbianas o heterosexuales de todas las edades. Eso no ocurre con otros clásicos de baile que han sido enormes éxitos, pero que el público generalista recibe de forma más fría: ahí están 'Vogue' de Madonna, ‘Go west’ de Pet Shop Boys o ‘Believe’ de Cher. Sí, un padre de familia se las puede saber, pero no le hablan de forma tan directa y pura como ‘I will survive’. En este sentido, la canción de Gloria Gaynor figura en una pequeñísima lista de himnos LGTB que el público heterosexual también ama, junto a ‘I want to break free’ de Queen. De hecho, en 1996 los Cake se apuntaron un gran éxito con una versión ‘indie rock’. Y la banda holandesa Hermes House Band popularizó en el año 2000 otra versión a medio camino entre el ‘eurodance’ y el ‘ska’ que arrasó en las discotecas y que hacia el final incluía unos “lololo” que se han convertido, casi, en una cómica representación del orgullo hetero.

Pero tal vez la cualidad más sorprendente (y menos conocida) de ‘I will survive’ es una que hoy tiene especial significancia porque cumple 40 años. Un 27 de febrero de 1980 tuvo lugar la edición número 22 de los premios Grammy, y esa noche Gloria Gaynor (y los productores Dino Fekaris y Freddie Perren) recogió un premio que solo ella tiene, porque se entregó por primera y última vez. Era el Grammy a la mejor grabación disco.

¿Cómo fue esto posible? Básicamente, la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Grabación, que otorga estos premios, invirtió demasiado tiempo en pensarse si debía existir una categoría disco, un subgénero que había conquistado a la fauna nocturna gracias a tomar las discotecas y se había hecho masivo gracias al gran éxito de ‘Fiebre del sábado noche’ (1977). Tanto tiempo se tomaron que para cuando se decidieron a entregar un premio en esa categoría, el género ya había pasado de moda. Junto a ‘I will survive’ estaban nominadas aquella noche ‘Don’t stop til you get enough’ de Michael Jackson, ‘Boogie Wonderland’ de Earth, Wind & Fire, ‘Dim All the Lights’ de Dona Summer y ‘Da Ya Think I’m Sexy?’ de Rod Stewart.

La muerte de la música disco entre 1979 y 1980, que tiene tanto de cultural como de reaccionario, racista y homófobo, paró en seco carreras ascendentes y obligó a cerrar algunas discográficas. La Academia no podía mantener una categoría en la que no había canciones para nominar, porque de repente nadie quiso adscribirse a ese género. Muchos que lo habrían practicado siguieron adelante, claro (por ejemplo Blondie, Michael Jackson, Rod Stewart, David Bowie o Earth, Wind & Fire) pero tocando otros estilos o poniendo a los ritmos disco un disfraz que protegiese a sus canciones ante la aristocracia de la moral y los guardianes del buen gusto. En las postrimerías de la música disco uno podía decir que hacía electrónica, ‘synthpop’, ‘dance-rock’ o ‘house’, pero autodefinirse como disco era como quemarse a lo bonzo en la plaza del pueblo.

Gloria Gaynor fue fiel ejemplo de ese camino: tuvo después de ‘I will survive’ un par de éxitos menores, pero ha seguido desde entonces cantando su mayor éxito por todo el mundo, a menudo en España. La letra, además, le viene al pelo (perdió a tres de sus hermanos y vivió un doloroso divorcio). Siempre podrá presumir, frente a otros artistas que coleccionan Grammys, que ella tiene uno que no tiene absolutamente nadie más. Y por si eso no fuera poco, cuarenta años después de ganarlo, el pasado enero, le dieron otro, esta vez a mejor álbum góspel por ‘Testimony’. De todas las rendiciones posibles ante los excesos de los setenta la música disco, la más radical fue encontrar a Dios.

martes, 26 de noviembre de 2019

#hemeroteca #queer #baile | Tango 'queer': un baile feminista y LGTBI

Imagen: El Periódico
Tango 'queer': un baile feminista y LGTBI.
Aquí el hombre no dirige siempre los pasos de baile sino que pueden dirigir ellas, y también bailar dos chicas o dos chicos juntos.
Abel Cobos | El Periódico, 2019-11-26
https://www.elperiodico.com/es/onbarcelona/a-la-ultima/20191126/tango-queer-feminista-lgtbi-barcelona-inusual-project-7750572

Un hombre se pone a unos centímetros de una mujer y se abrazan con más fuerza que Pablo Iglesias y Pedro Sánchez. Suena la sensual música del tango y, con la misma firmeza, transforman ese abrazo en un baile. El hombre dirige los pasos, conduciendo a la mujer por la pista. Pero apenas unos minutos después, ella se planta y, como si estuviera poseída por el espíritu de Simone de Beauvoir, toma las riendas. Junto a ellos, hay más de tres parejas, con mujeres dirigiendo a hombres, hombres bailando con hombres y también mujeres con mujeres.

Como cada lunes, este grupo de bailarines está practicando el tango ‘queer’ en Inusual Project (Paloma, 5), un baile que nace en Sudamérica para revertir los roles patriarcales del tango tradicional. "Es una revisión feminista y LGTBI, bailar con libertad y sin prejuicios", explica Andrés, promotor del colectivo Tango Queer Barcelona, cuyo objetivo es desmarcarse de la tradición, que indica que una mujer no puede ir a la pista si no la saca un hombre a bailar, que es el hombre quien dirige los pasos, o, incluso, que solo pueden bailar parejas hombre y mujer. Lo único hetero que tiene el tango queer, en cambio, es lo heterogéneo.

"Las parejas de baile van intercambiándose el rol de coordinador de los pasos, independientemente del género. Por eso, pueden bailar mujeres haciendo de líderes, u hombres con hombres y mujeres con mujeres", añade Israel, también organizador, mientras señala la pista para reafirmar su tesis: una pareja de mujeres baila pegada, con una que dirige los pasos. Rápidamente, la otra empieza a tomar el rol de coordinadora, con mucha naturalidad. "Es cuestión de comunicarse y leer bien el cuerpo de tu pareja de baile para entender cuándo quieren el rol de coordinador".

La clase la dirige Dafne, la profesora. "Esta es para principiantes. Luego tenemos la de más expertos, cada una de una hora y media de duración", explica. Cada clase cuesta 7€, "aunque hay bonos", y están preparadas para todos los niveles. Tampoco hace falta que vengas acompañado, porque todos bailan con todos: llevan 15 minutos de clase, y Dafne grita que cambien de pareja. Como si fuera un 'speed dating', se separan entre ellos y buscan un nuevo compañero, sin importar el género, se saludan y se colocan el uno cerca del otro, listos para bailar.

"Ofrecemos libertad y baile sin prejuicios"
"Ofrecemos libertad y baile sin prejuicios y diversificar las opciones de bailar. Pero, al final, lo más importante de este baile es lo empoderador que resulta. Muchas mujeres se replantean cosas que tienen normalizadas, y cómo pueden cambiarlas". Es un trabajo que asemejan al activismo feminista y 'queer', ya que, a través del baile, intentan sacudir los principios del machismo social que tan interiorizado tenemos. Por supuesto, los beneficiados de este discurso no son solo mujeres. "Una vez un hombre me dijo que al principio le molestaba que una mujer le enseñase el rol del hombre en el baile, pero que con el tiempo se dio cuenta y reflexionó sobre su propio machismo y cómo no quería esos pensamientos y que lo había animado a cambiar", recuerda Dafne.

Fiestas mensuales
Va enseñando algunos pasos y corrigiéndolos con una atención casi personalizada, lo bueno de ser apenas una docena de asistentes. "Es muy importante que ambos bailarines sepan bien los movimientos porque, aunque se suela pensar que el que es 'llevado' es una figura pasiva, no lo es. También hace mucho trabajo y debe salir perfecto", añade Andrés.

La finalidad de aprender a bailar tango 'queer' es, además de como 'hobby', las milongas, unas fiestas mensuales donde se reúnen todos los adeptos de esta danza para, como si fuera el programa '¡Mira quién baila!', sacar a relucir sus habilidades. Aunque el colectivo organiza las milongas ‘queer’ ("donde se traduce este ambiente feminista e inclusivo de las clases para que todos bailen con todos sin impedimentos patriarcales", matiza Andrés), también van a milongas de otros colectivos. "Donde intentamos llevar nuestra misión, porque también es nuestro objetivo 'queerizar' espacios fuera de nuestra asociación y hacer la ciudad más acogedora para todas", concluye Israel.