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domingo, 14 de junio de 2020

#hemeroteca #lesbianismo #testimonios | Mari Trini, el icono lésbico de la Transición que cantó a los hombres "yo no soy esa que tú te imaginas"

Imagen: El Español / Mari Trini

Mari Trini, el icono lésbico de la Transición que cantó a los hombres "yo no soy esa que tú te imaginas".

Enigmática, oscura, culta: la artista se calzó los tejanos y sobrevivió al público misógino que la llamaba "marimacho" y "borracha" cantando que no pensaba ser "tranquila" ni "sencilla".
Lorena G. Maldonado | El Español, 2020-06-14
https://www.elespanol.com/mujer/20200614/mari-trini-lesbico-transicion-hombres-no-imaginas/496700936_0.html 

A Mari Trini (Murcia, 1947) la llamaron “marimacho” porque fue la primera mujer en aparecer en Televisión Española llevando pantalones tejanos, y porque no jugaba a la baza de la sensualidad en escena: vestía sobria, sencilla, casi siempre de blanco y negro, dejando caer sobre los hombros su espesa melena rubia, lisa y recta. La compositora quería que se escuchasen sus canciones, no que a nadie se le fuese el ojo hacia otros derroteros. Siempre ignoró la moda de la chica ye-yé y de la minifalda: su espíritu respiraba más cerca de Juliette Gréco que de Karina. Le gustaban los coches grandes y, decía, esa faldita diminuta “no era práctica”. Ella quería encaramarse al toro y tomar el volante.

No fue pizpireta, no fue tintineante. Fue enigmática, y culta, y algo oscura: daba la sensación de que valía mucho más por lo que callaba. De que dentro de sí tenían lugar eventos, fiestas y entierros sin que saliesen jamás a la superficie. Mari Trini fue, ante todo, dueña de su vida, y para conseguirlo tuvo que tejer con cuidado una muralla de discreción a su alrededor: era fácil que la prensa rosa volviese a poner en el foco del debate los amoríos de una mujer como centro de su personalidad.

Su recato físico es un dato innegable de su manera de ser, una elección muy consciente, a pesar de que le costase que cierto sector misógino del público llegase a decir que era coja o que tenía una pata de palo porque enseñaba poco las rodillas: miren ustedes, Mari Trini tenía dos piernas bellas como dos soles que un día llegó a encaramar a la mesa en una entrevista con Pedro Ruiz, cuando por fin se sentía cómoda y se sentía ella misma, en compadreo con el periodista, a quien apreciaba mucho.

Mucho más adelante, en el 84, llegaría a posar desnuda en la portada de Interviú -en unas imágenes, por cierto, naturales y hermosas, donde tampoco jugó a hipersexualizarse, porque nunca le hizo falta-, aunque también hay quien cuenta que, además de para acallar a las malas lenguas que cuestionaban sus potenciales defectos, lo hizo para superar un momento de dificultad económica. Nada nuevo bajo el sol: siempre el sistema sugiriendo a las mujeres que coticen lo que más interesa de ellas. El cuerpo.

Culta, misteriosa y viajera
Pero Mari Trini no era un cuerpo, o no sólo eso: su osamenta férrea y digna sirvió, sobre todo, para sujetar un cerebro privilegiado y culto que viajó por todo el mundo y que se empapó de músicas y de poemas distintos. La niña nacida en Caravaca de la Cruz compuso a los seis años su primera canción. A los siete, ya tocaba la guitarra; y, a los nueve, padeció una larga enfermedad que la obligó a postrarse en la cama hasta los catorce. "Fue una cosa del riñón. Padecí un foco infeccioso. Tuvieron que operarme varias veces de la garganta, la cabeza, los oídos... Mi boca quedó algo retorcida desde entonces”, contaba la artista. Ese gesto suyo también le valió el insulto de “borracha” por parte de sus detractores machistas.

Muchos apuntaron que esos años encerrada en casa apuntalaron su carácter retraído y algo huraño, pero ella no lo consentía: "Cuentan que soy arisca, solitaria, antipática... Falso. Lo que no me presto es a romances inventados, a trucos publicitarios, como hacen otros colegas”, lanzaba. Muy cierto: durante toda su vida fue una mujer hermética en lo personal y de su amor, de su gran amor -del que hablaremos más adelante- se supo poquísimo. “Mi vida particular es mía”, subrayaba. Tenía algo misterioso, Mari Trini, algo exquisito e inclasificable.

Con sólo 15 años conoció en Madrid a Nicholas Ray, cineasta de películas míticas de Hollywood como Rebelde sin causa: quedó encandilado con su talento, se convirtió en su representante y la convenció para trasladarse a Londres a seguir formándose -al principio fue con la idea de rodar un filme, pero no llegó a hacerse-. Allí conoció a Roman Polanski, Paul McCartney, James Mason y Marlene Dietrich, y empezó a coquetear con la canción francesa, por lo que acabó en París grabando sus tres primeros EP.

Yo no soy esa: himno feminista
A su regreso a España, cantó por Aute y por Patxi Andión, hasta que se hartó de interpretar las voces de otros y buscó incansablemente la propia: un trabajo, ustedes lo saben, que le lleva a uno toda la vida. Como le dijeron que las mujeres no sabían componer, se enrocó, como cuenta Miguel Ángel Bargueño en su libro ‘Las chicas son rockeras’.

Por eso fue que en su siguiente álbum, ‘Escúchame’, se consagró como una de las cantautoras fundamentales de habla castellana, fichada por Hispavox. Porque le dijeron “no puedes”. Aquí su ‘Yo no soy esa’, un auténtico himno feminista lanzado en 1971, con Franco vivísimo, con un nacionalcatolicismo implantado hasta la médula.

Yo no soy esa que tú te imaginas
una señorita tranquila y sencilla
que un día abandonas y siempre perdona
esa niña sí, no
esa no soy yo.
Yo no soy esa que tú te creías
la paloma blanca que te baila el agua
que ríe por nada, diciendo sí a todo
esa niña sí, no
esa no soy yo


Como diría la maravillosa Bette Davis en ‘Eva al desnudo’: “Abróchense los cinturones. Ésta va a ser una noche movidita”. Mari Trini vino a desvincularse, con esta letra inolvidable, de la concepción que el españolito medio tenía de la mujer de al lado: manifestaba, desafiante, que no pensaba ser complaciente ni dócil, que no iba a estar esperándole ni disculpándole sus escarceos con otras, que no iba a reírle las gracias tan fácilmente. Es mucho más interesante porque esta canción surge como una respuesta envenenada al ‘Yo soy esa’, la copla entonada por Juanita Reina -más tarde, también por Isabel Pantoja- y compuesta por Quintero, donde el mensaje era el opuesto:

Yo soy... esa
esa oscura clavellina
que va de esquina en esquina
volviendo atrás la cabeza.
Lo mismo me llaman Carmen
que Lolilla que Pilar
con lo que quieran llamarme
me tengo que conformar.
Soy la que no tiene nombre
la que a nadie le interesa
la perdición de los hombres
la que miente cuando besa.


No era su caso: Mari Trini sí tenía nombre, tenía autoría, tenía palabra, y no se refugió nunca en el arquetipo de femme fatale. No quería ser la “perdición” de nadie ni ir “de esquina en esquina”. Mucho esfuerzo ya era no perderse ella misma y dejarse llevar por la moral imperante. No se pensaba “conformar”. Por eso su canción continúa así, disparando al aire:

No podrás presumir jamás
de haber jugado
con la verdad, con el amor
de los demás
Si en verdad me quieres, yo ya no soy esa
que se acobarda frente a una borrasca
luchando entre olas encuentra la playa
esa niña sí, no
esa no soy yo.


Lo dejaba claro: nadie iba a jugar con ella, nadie iba a torearla. No tenía miedo. Pero sí tenía ganas de vivir y se mostraba poderosa, emancipada, incluso temible, como cuando al final, remata: “Pero si buscas tan sólo aventura / amigo, pon guardia a toda tu casa / yo no soy esa que pierde esperanzas”. Cuidado con ella.

Triángulos amorosos
Entre otros hits, como el celebérrimo 'Una estrella en mi jardín', resalta 'Ayúdala', que fue censurada en Argentina por tratar un triángulo amoroso, en un ejercicio de fraternidad -o lo que hoy llamaríamos sororidad-:

Ayúdala
no la lleves la contraria
pon sus pies sobre la tierra
sin que apenas se de cuenta
pero no quiebres sus alas
hoy teñidas de esperanzas
Ayúdala
que yo existo, no le digas
es tu amante, es tu amiga
la elegiste libremente
(…)
Yo te ruego que la quieras
y la aceptes como es. 

Más segura aún, y más reveladora, se muestra Mari Trini en 'Diario de una mujer':
 
Con un diario de mujer me encontré
lo recogí, lo leí y lloré
un imposible fue su vida
su decepción llegó hasta el fin
eso y mucho más leí.
Por un amor en igualdad
apostó y perdió
y sin embargo lo dejó.
Fingía ser feliz en su entorno familiar
y en un duelo interno escribió:
“Oh, dios… oh, no… puedo más”.
Voy a salir de esta prisión, del mundo al que me uní
no soy feliz, voy a alcanzar mi libertad, que está esperándome
sin temor.


Aquí la cantautora se refiere a la complejidad de la vida de una mujer cualquiera, que, en realidad, era la crudeza de la vida de todas. Esfuerzos, decepciones, lucha por un amor igualitario y digno, hipocresía familiar, guerras civiles dentro de ella misma. Y siempre, siempre, la búsqueda de la libertad.

Icono lésbico (en secreto)
Al respecto de una de sus grandes versiones, ‘Ne me quitte pas’, Mari Trini dijo que era un tema “inmenso” por la “humildad del hombre ante la mujer”: “No es normal que un hombre diga cosas así, cosas como ‘déjame ser la sombra de tu sombra, la sombra de tu mano o la sombra de tu perro’, no es normal. Es el colmo de la debilidad”, alegó, en referencia a la supremacía machista. Ella sabía mucho de amor. Pensaba que “el amor es cuestión de inteligencia”, de capacidad para “dominar el carácter”: “Para enamorarse hay que ser inteligente, lo otro es como estar en celo. Y digo que para enamorarse hace falta ser inteligente, no ser culto, que es distinto”.

Su amor, su gran amor, fue Claudette Loetitia Lanza, una mujer francesa que había dejado a su marido por la cantante y que pasó con ella toda su vida -fue su secretaria personal 40 años-, aunque siempre lo llevaron con discreción porque la familia de Mari Trini era muy conservadora y católica.

También se sabe que la mismísima Gloria Fuertes se enamoró de ella y que intentó cortejarla, sin éxito, pero se convirtieron en grandes amigas. Hasta le dedicó un poema inédito. A pesar de que nunca hizo pública su condición sexual, Mari Trini fue un icono lésbico en su época. Así lo contaba Mili Hernández, activista LGTB y librera de Berkana: en las primeras reuniones lésbicas en los estertores del franquismo, las canciones de esta artista eran muy escuchadas porque para ellas “estaba muy claro todo”.

El 8 de marzo de 2008 recibió el premio "Lucha por la Igualdad" concedido por la Comunidad Autónoma de Murcia, donde había nacido, "por retratar a través de sus melodías las carencias, problemas y desigualdades de la mujer”. Fue uno de los últimos eventos a los que asistió. Falleció un año después, víctima de un cáncer de pulmón.

lunes, 15 de abril de 2019

#hemeroteca #lesbianismo #musica | Diez años sin Mari Trini: la verdadera historia de una mujer escondida detrás de la artista

Imagen: El Cierre Digital / Mari Trini
Diez años sin Mari Trini: la verdadera historia de una mujer escondida detrás de la artista.
En sus últimos años se sintió engañada por el mundo musical pero siempre tuvo a su lado a su pareja, la francesa Claudette.
David González | El Cierre Digital, 2019-04-15
https://elcierredigital.com/cultura-y-ocio/555331155/Mari-Trini-cantente-muerte.html

Hace diez años fallecía Mari Trini, la cantautora más famosa de los 70. La artista acabó sus días apartada del mundo de la música después de sentirse engañada en la grabación de su último disco. Siempre estuvo a su lado, en la sombre, Claudette, la mujer de la que se enamoró a principios de los años setenta y que fue su sombra durante casi cuatro décadas.

En el panorama musical español, Mari Trini siempre ocupó un lugar sin definir y que, unido a su discreción, han hecho que injustamente se la recuerde menos de lo que debería. Tenía algo de francesa y de hecho fue la respuesta ibérica a la ‘chanson’ del país galo y, claro, también tenía algo de existencialista. En la era de la minifalda y lo ‘ye-ye’ ella apostaba por la maxi-falda y el tono un tanto lánguido en sus declaraciones. Estaba más cerca de Juliette Grecó que de las ‘Karinas’ que triunfaban en la España del desarrollismo.

María Trinidad Pérez-Miravete Mille, su verdadero nombre, nació el 12 de julio de 1947 en Caravaca de la Cruz (Murcia) en el seno de una familia no vinculada al mundo artístico. Desde pequeña vivió en Madrid y estudió en un colegio religioso. Su familia pertenecía a la nobleza ya que su madre era, Duquesa Viuda de la Torre, aunque tampoco es que nadasen en la abundancia.

La infancia de la artista estuvo marcada por la enfermedad que la obligó a pasar seis años en cama. "Fue una cosa del riñón. Padecí un foco infeccioso. Tuvieron que operarme varias veces de la garganta, la cabeza, los oídos… Mi boca quedó algo retorcida desde entonces” contaba la cantante en una entrevista. Esos años sin poder salir de su cuarta perfilaron su carácter lago retraído y uraño. "Cuentan que soy arisca, solitaria, antipática... Falso. Lo que no me presto es a romances inventados, a trucos publicitarios como hacen otras colegas", afirmaba. En ese tiempo que pasó en cama se aficionó a leer y escribir y a tocar la guitarra.

Con la llegada de la adolescencia también lo hizo el choque generacional. Comenzó a frecuentar el pub Nika’s que tenía en la capital el cineasta americano Nicholas Ray. El director de cine estaba instalado en nuestro país a expensas del productor Samuel Bonston que había hecho de España su plató particular y que contó con los servicios de Ray para filmes como ‘55 días en Pekín’ o ‘Rey de reyes’. Ray le animó a Mari Trini a rodar cine, pero el proyecto no llegó a buen puerto. Lo que sí hizo fue irse con él a Londres. Allí hizo teatro para la BBC a las órdenes del histórico actor y director Peter Ustinov. En sus años londinenses llegó a coincidir con Paul McCartney.

De Londres pasó a París y allí coincidió con el ‘pope’ de la música existencialista: Jacques Brel. Allí es donde se enamora de la música con aire melancólico y letras poéticas. A su vuelta a España a finales de 1968 ya poco tenía que ver con el resto de jovencitas que querían cantar. Era mucho más culta y había viajado más que cualquiera de sus coetáneas. Probó suerte en la multinacional discográfica RCA, cantando composiciones de Aute y Patxi Andión, pero el disco no funcionó.

Fue en 1970 cuando realmente comenzó su carrera de éxitos. Sus primeros números 1 fueron versiones de canciones francesas como Ne me quitte pas de Jacques Brel. Con su álbum ‘Amores’ (1971) se confirmó en el mundo de la música. A partir de ahí comenzó a acumular clásicos durante los siguientes 15 años con títulos como ‘Yo confieso’, ‘Si no te vas con la tarde’, ‘Ayúdala’, ‘Mi tercer amor’, ‘Cuando me acaricias’, ‘Mañana’, ‘Vals de otoño’, ‘Yo no soy esa’, ‘Un hombre marchó’ o ‘Una estrella en el jardín’.

Su carrera comenzó a pasar a un segundo plano cuando la artista murciana intentaba ampliar su registro sin que la compañía de discos le dejara. Estaba harta de su imagen melancólica. En esos años, a mediados de los 80, protagoniza un sonado desnudo en ‘Interviú’ para intentar romper con su imagen de mujer excesivamente seria. También en esa época se supo que durante años había participado como piloto de Fórmula 1 en plan ‘amateur’.

En los 90 intentó buscar nuevos estilos en la discográfica catalana Divucsa sin éxito. Su último trabajo discográfico fue en 2001 y sería su remate final. Se trataba de un disco donde se unía a Rafael Basurto y Los Panchos. Un periodista le convenció a la artista para que aportara dinero y lo que es más importante sus derechos de autora. Denunció a aquel ocasional socio porque se sintió estafada. Así lo denunció, ganando finalmente el juicio, aunque sólo recuperó los derechos de sus canciones, pero no sus ahorros. Fue en ese momento cuando decidió poner fin a su carrera musical.

Quien siempre ha acompañó a la artista, tanto en el éxito como en los momentos de frustración fue su pareja Claudette, una mujer francesa años mayor que ella que dejó a su marido por la cantante. Rosa Villacastín en un reciente libro, ‘Los años que amamos locamente’, narra como ella acabó ligando con el marido de Claudette y, gracias a ello, pudo acceder a entrevistar a la artista y a conocer una parte de su vida que siempre mantuvo resguardada. Nunca quiso hacer pública su condición sexual y muchos creen que en ese cierto ocultismo se encuentra la raíz de esa tristeza que parecía acompañarla siempre. Cuando murió víctima de un cáncer de pulmón en 2009, Claudette ni siquiera apareció en la esquela de la artista. No quería molestar a la familia de Mari Trini que era muy tradicional. Sólo esta mujer francesa tuvo acceso a conocer a la mujer detrás de la artista que se presentó en los 70 como un icono feminista. Con todo, la activista LGTB Mili Hernández, relató como en las primeras reuniones lésbicas en los estertores del franquismo, la música de Mari Trini era un ‘must’ porque para ellas “estaba muy claro todo”. Este ocultismo evitó que Mari Trini hubiese acabado siendo reivindicada por el público gay algo que le hubiese servido en sus últimos años. También en esto fue distinta.