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martes, 9 de febrero de 2021

#hemeroteca #mujeres #cine | Las mujeres masculinas: masculinidad y feminidad a revisión en el western de Nicholas Ray ‘Johnny Guitar’


Las mujeres masculinas: masculinidad y feminidad a revisión en el western de Nicholas Ray ‘Johnny Guitar’.

Nunca una mujer se apoyó así en ninguna barandilla con la intención de no ser sexy, ni de gustar a ningún hombre, ni de mostrarse seductora. Ella es, literal y metafóricamente, la que lleva los pantalones.
Carla Boyera | El Diario, 2021-02-09
https://www.eldiario.es/murcia/cultura/mujeres-masculinas-masculinidad-feminidad-revision-western-nicholas-ray-johnny-guitar_1_7204838.html 

Resulta muy poco previsible que un western, categoría monolítica por excelencia de performatividad sin sorpresas de roles de género y apabullante protagonismo masculino, nos dé la oportunidad de reflexionar sobre la masculinidad y la feminidad como lo hace esta atípica y original propuesta de Nicholas Ray. Con un modesto presupuesto que se ajusta a las películas de serie b, este western nos presenta a un personaje masculino que vuelve tras cinco años de ausencia: la transformación de su identidad no queda sólo en el simbolismo de cambiarse el apellido (herencia patrilineal de tantas cosas machunas), sino que también afecta a su nueva arma de seducción: una guitarra. Johnny Guitar (Sterling Hayden) cambia la violencia fálica y los dedos tensos en el duro revólver por las manos flexibles sobre el mástil de su guitarra sin que eso suponga un quiebro en su masculinidad: vemos que Johnny se las apaña bien para conservar intacta su chulería.

Johnny Guitar entra, en medio de una tormenta de arena, en el local Vienna’s y pregunta por ‘the boss’. El inglés tiene esta cosa maravillosa de no denotar género en prácticamente ninguno de sus sustantivos por lo que, viendo la película en versión orginal, dejamos que el imaginario machista y patriarcal opere en nuestras cabezas asumiendo ya la figura masculina justo cuando Vienna (sublime interpretación de la enorma Joan Crawford) aparece potentísima asomada a la barandilla del piso de arriba: sí, ella es ‘the boss’, la jefa, la dueña del suelo por donde se pisa y desde arriba con los brazos abiertos como un cóndor da las órdenes sin afectación femenina. Nunca una mujer se apoyó así en ninguna barandilla con la intención de no ser sexy, ni de gustar a ningún hombre, ni de mostrarse seductora. Ella es, literal y metafóricamente, la que lleva los pantalones. «Vienna está ocupada. Tendrá que esperar» es la frase que nos avisa sobre qué tipo de mujer está por aparecer; aunque es de las que te hacen esperar, está lejos de ser leída como el cliché que suele ser la ‘femme fatale’.

Vienna es una forastera que quemó sus maletas nada más llegar porque sabía que venía para quedarse. Así de radical se sentía en el far west aquello de que si quieres ser dueña de un pedazo de tierra lo único que tienes que hacer es trabajarla y así fueron las cosas para muchas mujeres que no veían en el matrimonio un futuro deseable. Vienna maneja un lenguaje corporal masculino, usa pantalones y camisa y lleva el pelo corto. No se viste para gustar ni para complacer y los planos contrapicados nos sugieren la posición desde la que los demás la han de ver: desde abajo. «Nunca vi a una mujer que fuera más hombre. Piensa como un hombre, actúa como un hombre y a veces me hace sentir como si yo no fuera uno.» Esta frase para tatuarse pronunciada por uno de los empleados de la casa de apuestas de Vienna me puso los ojos redondos y llorosos como los de un dibujo animado manga.«Nunca me imaginé que recibiría el sueldo de una mujer y que me gustaría», nos dice otro. Desordenado el género y rotas las jerarquías marcadas por el binarismo de arriba y abajo, ya no es humillante trabajar para una mujer, ni acatar sus órdenes. Es lo que casi treinta años más tarde reformularía Monique Wittig en «El pensamiento heterosexual» con aquello de que, si entendemos la categoría ‘mujer’ como algo subordinado, dependiente, obediente y supeditado al deseo del hombre, las lesbianas, consecuentemente, no eran mujeres puesto que no eran subalternas del régimen heterosexual y escapaban de esas lógicas dominación y sometimiento. En esa línea de reflexión está el empleado de Vienna: si mi jefa piensa y actúa como un hombre, entonces quizás yo no sea uno. Interesante y jugoso planteamiento sobre qué comportan la feminidad y la masculinidad. Nada mal para ser un western del año 54 escrito (el guión y también la novela homónima en la que se basa la película) y dirigido por hombres.

La de Vienna es una heterosexualidad no esclava que la ha dejado seguir con su vida y ser dueña de un futuro propio. Curiosamente, las pocas veces en que Vienna performa su feminidad, vemos que debe desprenderse de sus vestidos, literalmente, si quiere conservar la vida. Entendemos así, todavía hoy, que se puede interpretar la feminidad como un lugar de peligro para las mujeres.

Emma (Mercedes McCambridge) es otra de las grandísimas protagonistas de esta película y es otra mujer masculina. Una de las imágenes más potentes la protagoniza ella cuando entra en el local de Vienna liderando a los hombres del pueblo como si fueran una bandada de aves carroñeras: formando una flecha negra por el luto tras el asesinato de su hermano, ella es la hembra alfa que se sitúa en el vértice del triángulo, altiva y rabiosa.

Bajo el falso pretexto de buscar justicia, Emma esconde una historia de celos y venganza. Mujer económicamente poderosa, lucha por mantener el privilegio de su poder y de sus tierras, pero su rabia de mujer despechada es más grande que el más grande de sus ranchos. Emma también lidera y comanda, alimenta y enaltece las suspicacias. Es manipuladora y tiene bien aprendida la misógina competitividad entre las mujeres cuando se trata de luchar por el hombre entendido como coto privado de caza.

Aunque el título de la película no hace justicia a las personajes más sustanciosas de la trama, esta es, sin duda alguna, la historia de la guerra entre estas dos mujeres. Los hombres que hay detrás (sobre todo de Emma) son parte del decorado, del atrezzo inevitable al hilo narrativo, el marco necesario para que tengamos el duelo más esperado de estos 111 minutos: el duelo final entre Emma y Vienna, donde los hombres son meros espectadores, sus cabezas yendo de una mujer a otra siguiendo (desde abajo otra vez) la trayectoria del partido de balas.

Estas son mujeres que, si bien no se libran de convulsas historias románticas con hombres, nunca leeremos como débiles, desvalidas, dependientes, ñoñas o tristes. Mujeres que no nos importa si quieren o tienen hijos, si saben coser o cocinar, si tienen cuerpo o movimientos canon para atraer hombres y desgracias. Mujeres con fortuna, negocios y armas: mujeres con la posibilidad de ser violentas, agresivas, que no están en la pantalla para dar vida, sino para quitarla. Mujeres vestidas en una película sin seducción de piel desnuda, donde los cuerpos de las protagonistas no ocupan minutos ni atención. Mujeres respetables y respetadas no por custodiar su sexualidad, sino por ser mujeres fuertes y carismáticas: las vemos enseñar los dientes, llenarse de barro y polvo, pasar por debajo de cascadas y mojarse sin hacer un solo comentario a su aspecto ni quejarse.

Como apunta Judith Halberstam en su obra imprescindible «Masculinidad femenina», ‘existen nuevas masculinidades que están siendo producidas por mujeres y la prohibición de masculinidad a las mujeres merece ser analizada’. Quizás mientras se entienda que la masculinidad es un lugar de poder, nos esté vetada. Y quizás desde los feminismos, además de deconstruir al macho, deberíamos construir nuevas feminidades.

domingo, 15 de diciembre de 2019

#hemeroteca #homofobia #franquismo #memoria | Los mitos y realidades de Tefía, la prisión de vagos y maleantes de Fuerteventura durante el franquismo

Imagen: El Diario / Misa en el exterior de la Colonia Afrícola de Tefía
Los mitos y realidades de Tefía, la prisión de vagos y maleantes de Fuerteventura durante el franquismo.
Sobre la Colonia Agricola de Tefía se han creado una serie de ideas erróneas, basadas en interpretaciones equivocadas, datos exagerados y alguna invención que, en aras de la verdad histórica, hay que aclarar.
Víctor M. Ramírez | El Diario, 2019-12-15
https://www.eldiario.es/canariasahora/sociedad/realidades-Tefia-maleantes-Fuerteventura-franquismo_0_973952604.html

En el año 1953 se crea, con sede en Las Palmas de Gran Canaria, el Juzgado Especial de Vagos y Maleantes del Archipiélago Canario con el objetivo de juzgar y aplicar las medidas de seguridad previstas en la Ley de Vagos y Maleantes a aquellas personas consideradas peligrosas sociales en virtud de la misma. Esta ley, aprobada en el año 1933, tenía como objetivo rehabilitar a personas cuyas conductas tuvieran inclinaciones delictivas. No obstante, la norma se aplicó con frecuencia como instrumento de represión y control social y político, uso este último que el régimen franquista dio a la ley sin complejos hasta su derogación y su sustitución por la Ley de Peligrosidad Social de 1970. En el año 1954, se creó la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, con el fin de aplicar el oportuno tratamiento de vagos y maleantes, según la propia Orden de constitución. La Colonia estuvo ubicada en las instalaciones, en ese momento abandonadas, del antiguo aeropuerto de Fuerteventura, en el pueblo de Tefía, ubicado en el centro de la isla majorera, a 20 kilómetros de Puerto del Rosario.

Sobre la Colonia Agricola de Tefía se han creado una serie de ideas erróneas, basadas en interpretaciones equivocadas, datos exagerados y alguna invención que, en aras de la verdad histórica, hay que aclarar, hecho que me propongo con este artículo.

Si Tefía se ha hecho conocida ha sido gracias a la difusión que de su existencia realizó el escritor Miguel Ángel Sosa y su novela 'Viaje al centro de la Infamia', en la que narra con escalofriante crudeza las experiencias de algunos presos de ese centro. El libro estuvo inspirado por los testimonios de dos homosexuales, Juan Curbelo y Octavio García, que contaron a Sosa la dura experiencia de haber estado recluidos en la colonia en los años 50 por haber sido considerados peligrosos sociales por su disidencia sexual. Aunque Sosa explicó en su momento, de manera clara, muchos de los errores que ahora intentamos disipar, algunos mitos creados en los últimos años alrededor de la Colonia se han ido reproduciendo de diversa manera en textos periodísticos, obras artísticas e incluso en más de una obra académica. Vamos a intentar desenredar algunos de esos mitos.

Tefía ¿un centro para recluir homosexuales?

Uno de los principales errores que se cometen al hablar de la Colonia de Tefía es considerar que el centro se creó para recluir en él exclusivamente a homosexuales. En Tefía fueron internados no solo homosexuales sino también condenados por otras categorías de las previstas en la Ley de Vagos y Maleantes. Esta conclusión es obvia a partir de varias premisas, la primera es la fecha de la aprobación de la Orden que crea la Colonia Agrícola, 30 de enero de 1954, ya que la homosexualidad no era una categoría de peligrosidad social en ese momento, ya que la reforma de la Ley de Vagos para incluirla como tal fue de 15 de julio de ese mismo año y, por tanto, posteriormente a la creación de la Colonia. Asimismo, la Orden de 30 de enero indica expresamente que se instituye una Colonia Agrícola para el tratamiento de Vagos y Maleantes, en Tefía, sin indicar expresamente una categoría específica, mucho menos la de homosexuales en tanto, en esa fecha, ni siquiera existía. Una última prueba que ratifica lo anteriormente dicho es el estudio de los expedientes de vagos y maleantes que hemos analizado y que obran en el Archivo Histórico Provincial Joaquín Blanco de Las Palmas de Gran Canaria. En dichos expedientes encontramos diversas categorías de peligrosos sociales, así como, presos comunes e incluso, según algunos testimonios, presos políticos.

¿Fueron tan duras las condiciones de reclusión como cuentan?

En este punto nos debemos atener a los testimonios de quienes estuvieron presos en la Colonia, Juan Curbelo y Octavio García. La crudeza de sus recuerdos y la vívida memoria que mantenían de su experiencia no nos permite dudar lo más mínimo de su veracidad. Los presos de Tefía estuvieron sometidos a duros trabajos forzados, a un riguroso régimen disciplinario por el que cualquier mínima infracción era objeto de una duras sanciones, entre las que se incluían terribles palizas. Asimismo, la escasa alimentación que se les suministraba les hacía pasar un hambre atroz, hasta el punto de buscar comida en las basuras o, incluso, de prostituirse con algún funcionario a cambio de comida, como cuenta Juan Curbelo. Sin embargo, según expone Octavio Garcia, este duro régimen no se mantuvo durante toda la existencia de la Colonia. Octavio recuerda cómo, tiempo después de finalizar su encierro se encontró con algún otro preso que estuvo en Tefía con posterioridad a él. Así lo exponía:

"Yo cuento lo mío, mi época. Después los chicos cuando nombraron a este director nuevo (...) Don Prudencio, que era buena persona, era humano, Dios lo bendiga (...). Ese señor dicen que abrió el economato, quitó todos los castigos, todos los castigos los quitó. Las comidas, hacían las perolas de comida, el que quería dos platos le daban dos platos, el que quería tres, tres, daba el pan. Lo que era nuestro, de los presos. Ya yo había salido, afortunadamente".

Según Octavio, el cambio del director de la Colonia hizo que la nueva dirección suavizara el régimen disciplinario de manera importante. En todo caso, el tipo de trabajo a los que forzaron a los recluidos, el nivel de maltrato, el hambre y, en general, las duras condiciones del encierro fueron muy específicas del centro majorero y, según los testimonios, no tuvieron tan rígido carácter en el resto de centros de reclusión canarios, sin quitar por ello importancia al hecho de ser condenados simplemente por su homosexualidad.

¿Colonia Agrícola o Campo de Concentración?

En numerosas ocasiones se habla de la Colonia Agrícola como un campo de concentración, a menudo comparándola con los centros de reclusión del nazismo. Si nos atenemos estrictamente al concepto de Campo de Concentración como aquel establecimiento instalación en la que son recluidas personas por pertenecer a un determinado colectivo (grupo étnico, religioso, político, sexual, etc.) y no por haber cometido algún crimen o delito, difícilmente podemos aplicar este concepto a la Colonia Agrícola. En sentido estricto, las colonias agrícolas eran uno de los tipos de instalaciones previstas en la Ley de Vagos y Maleantes de 1933 que, junto con los establecimientos de trabajo y otro tipo de centros, estaban destinadas a la rehabilitación de los peligrosos sociales mediante el aprendizaje de tareas agrícolas, en el primer caso, o de diversos artes y oficios en el segundo, según establecía el Reglamento de la ley. A la confusión también ayuda el hecho de que también desde el régimen franquista fuera usual utilizar la expresión “campo de concentración” al referirse a la instalación de Tefía, tanto en artículos de prensa como en documentos oficiales que constan en los expedientes de vagos y maleantes.

Sin embargo, en la práctica, la colonia de Tefía se convirtió en un auténtico campo de trabajos forzados y la dura experiencia de Octavio García y de Juan Curbelo les llevó a comparar el centro con los campos de concentración nazis. Aquello era un campo de concentración. Ponlo así, contaba Curbelo en una de las entrevistas a la prensa. Asimismo, Octavio confesaba a Miguel Ángel Sosa en sus conversaciones: "He visto hacer de todo, lo más horrendo que te puedas imaginar...: hambre, palos patadas, vejaciones... El mismo trato que recibieron los judios en los campos de concentración... Solo faltaban las cámaras de gas. Solo eso. Sigo sin conseguir quitarme de la cabeza todo aquel horror..."

Sin lugar a dudas, la dureza de las condiciones en que vivieron los presos durante los primeros años de funcionamiento del centro de Fuerteventura soportan de manera clara esa comparación con los campos de concentración del nazismo.

¿Cuántos homosexuales fueron recluidos en Tefía?

En algunos textos se habla de decenas o de cientos de homosexuales los que cumplieron medidas de seguridad en la Colonia Agrícola. Sin embargo, estas cifras son notablemente exageradas. La colonia estuvo abierta entre los años 1953 y 1966. Es difícil de concretar el número exacto de presos que cumplieron medidas de seguridad o condenas en la colonia majorera. Habría que analizar todos y cada uno de los expedientes de vagos y maleantes de ese periodo para determinarlo claramente, cosa que aún no se ha realizado. Por otro lado, las estadísticas de las Memorias de la Dirección General de Prisiones no recogen todos los años el número exacto de reclusos de Tefía, pues en algunas de ellas este dato no aparece.

Pero de las cifras de altas de presos en el centro y de las medias anuales que se recogen en dichas memorias, podemos deducir que, durante los años de funcionamiento, la colonia agrícola acogió entre 300 y 350 presos. Sin embargo, solo 20 de ellos lo fueron por su disidencia sexual, según los expedientes de vagos y maleantes analizados, un número notablemente inferior al resto de reclusos. Obviamente, el número de expedientes abiertos por homosexualidad durante la vigencia de la ley fue superior. Durante la investigación en el Archivo Histórico, se revisaron un total de 1096 expedientes pertenecientes a los legajos comprendidos entre los años 1954 y 1970. De ellos 192 expedientes fueron abiertos en virtud de la presunta homosexualidad del procesado, de los cuales 68 fueron considerados peligrosos sociales por su homosexualidad y condenados a las correspondientes medidas de seguridad y 120 fueron absueltos. En cuatro expedientes no se llegó a la sentencia por diferentes motivos.

Por lo tanto, en Tefía fueron recluidos algo menos del treinta por ciento de los condenados por el juzgado especial del archipiélago canario por su homosexualidad, y un porcentaje mucho menor del total condenado en la colonia agrícola. El resto fue recluido en las prisiones de Tenerife, La Palma y Gran Canaria.

¿Fue la colonia dirigida por un sacerdote?

En sus declaraciones, Octavio García se refiere al director de la colonia como un ex-carmelita descalzo llamado Prudencio de la Casa de Dios, al que atribuye las terribles condiciones durante el tiempo en el que estuvo recluido. Esto ha llevado a considerar que la colonia estuvo dirigida por un sacerdote, hecho del todo incierto. Es posible, si nos atenemos a las declaraciones de Octavio, que efectivamente esta persona fuera un ex-carmelita y, por tanto, en el momento de ejercer las funciones de dirección estuviera fuera del ámbito religioso. Hemos intentado confirmar este dato a través de los archivos de la Orden de los Carmelitas Descalzos en Italia desde donde, mediante correo electrónico, se nos aconsejó que nos pusiéramos en contacto con la Provincia Ibérica, ya que ellos conservan los catálogos con todos los datos de los frailes de la Provincia. Tras remitir sendas solicitudes de información a dicho contacto, a través de la página web y de correo electrónico, nunca recibimos respuesta.

Sin embargo, sí podemos acreditar que Prudencio de la Casa de Dios, antes de incorporarse al cuerpo de funcionarios de prisiones, fue militar de graduación. Así, en el Boletín Oficial del Estado de 24 de junio de 1937 se publica su ascenso a Alférez, destinado en agosto de ese año al Regimiento de Infantería de Toledo. En julio de 1938 es ascendido a Teniente. Tras la guerra civil, en el año 1940, es nombrado con carácter provisional oficial del Cuerpo de Prisiones.

Del análisis de los expedientes de vagos y maleantes podemos deducir que Prudencio de la Casa estuvo destinado en Tefía al menos entre los años 1955 y 1959. En enero de este último año es nombrado administrador de la Central del Puerto de Santa María. Durante su destino en Tefía ocupó los cargos de administrador, entre los años 1955 y 1957 y, a partir de julio de este último año, el de director de la colonia hasta el año 1959. Asimismo, la casualidad hizo que otro Prudencio –Prudencio Lafuente–, fuera director durante los tres primeros años de funcionamiento de dicha instalación - probablemente de febrero de 1954 a julio de 1957–.

Todos estos datos nos vienen a aportar la siguiente información. La primera que Prudencio de la Casa de Dios no era sacerdote cuando realizaba sus funciones en Tefía, sino Oficial de Cuerpo de Prisiones. Y por otro lado, nos pone en duda sobre quién pudo ser el responsable de la dureza del régimen de Tefía durante la reclusión de Octavio García en este centro (entre marzo de 1956 y abril de 1957) y de Juan Curbelo (septiembre de 1955 y mayo de 1958), puesto que durante el encierro del primero, Juan de la Casa fue administrador y sólo durante los últimos diez meses de la reclusión de Curbelo actuó como director.

Nos encontramos aquí, por tanto, con cierta incongruencia entre el relato de los testimonios, específicamente el de Octavio García, que da a entender que durante su reclusión, entre los meses de marzo de 1956 y abril de 1957, la dirección de Tefía estaba en manos de Prudencio de la Casa cuando de los expedientes se infiere que durante ese tiempo el director del centro fue Prudencio Lafuente, y el primero ejercía las funciones de administrador.

Octavio García ofreció su testimonio cuando habían transcurrido más de cincuenta años de los hechos por lo que es posible que hubiera confundido nombres o cargos. De esta manera podemos plantear dos hipótesis, la primera que la personalidad y el poder de Prudencio de la Casa de Dios, aun siendo administrador, fueran lo suficientemente destacables como para imponer tan riguroso sistema en la colonia y marcar tan negativamente el recuerdo de los reclusos. Y la segunda, que quien realmente impuso una disciplina tan severa fuera Prudencio Lafuente, por entonces director, y este régimen fuera suavizado por Prudencio de la Casa al sustituirlo en el año 1957, cuando Octavio ya había sido liberado. El fallecimiento de los testigos hace imposible confirmar alguna de las hipótesis.

¿Condenados sin juicio?

Más allá de su reclusión en Tefía u otra prisión, es habitual, y así lo manifiestan muchas de las personas procesadas, creer que la aplicación de la Ley de Vagos y Maleantes se realizaba sin juicio, es decir, sin la aplicación del procedimiento judicial previsto en la legislación correspondiente. En este sentido hay que anotar que tanto la Ley de 1931, en su Título II, como su Reglamento de desarrollo, regulaban el procedimiento judicial destinado a indagar y hacer constar el estado peligroso de vagos y maleantes, según el artículo 78 de la norma reglamentaria. Durante la tramitación de dicho procedimiento, el encausado tenía legalmente derecho a proponer pruebas en su descargo y a designar Procurador que lo represente y Letrado que lo defienda o pedir al Juez que nombre uno de oficio, según el artículo 13 de la ley.

Del examen de los expedientes del juzgado canario se observa que, efectivamente, los procesos están documentados, incluyendo en ellos tanto las declaraciones que se toman a los inculpados como su firma en las diligencias en las que se les informa de su derecho a designar abogado y procurador. Asimismo se les permitía designar representación procesal y presentar escritos de alegaciones y proponer pruebas documental y testifical en su descargo. Una vez dictada sentencia, era posible interponer el correspondiente recurso ante la Audiencia Provincial. No obstante, el hecho de que no existiera juicio oral, sino que el expediente se tramitara fundamentalmente por escrito, produjo la sensación generalizada de que no se les había realizado juicio alguno.

Por otro lado, encontramos un número notable de procesados que no hicieron uso de tales posibilidades de defensa –elección de abogado o solicitud de uno de oficio, presentación de alegaciones o prueba– y en otros expedientes no se garantizaron plenamente de los derechos procesales. Sin extendernos en exceso, en estos expedientes podemos encontrar que la reforma de la Ley de Vagos y Maleantes de 1954 se aplicó en los primeros expedientes de manera retroactiva, a personas que fueron detenidas antes de su entrada en vigor, e incluso antes de que la misma ley estuviera vigente. También existen expedientes en los que no se concedió abogado de oficio a algunos procesados que lo solicitaron.

A todo lo anterior debemos añadir los abusos sexuales y malos tratos en las instalaciones policiales y las torturas con los que, en ocasiones, se intentaba extraer información de los procesados durante su estancia en comisaría o la policía armada. La conjunción de estas circunstancias nos ofrece un panorama en el que, a pesar de la tramitación del procedimiento judicial, de estos es fácil deducir en muchos casos la vulneración de los derechos de los inculpados, una situación de notable inseguridad jurídica y la ausencia del respeto a los más elementales derechos humanos.

Más allá de mitos y exageraciones, la realidad de Tefía nos remite a un momento de extrema represión hacia quienes osaban retar al sistema cis-heterosexista del nacional-catolicismo franquista. La Colonia Agrícola de Tefía se ha convertido en un necesario símbolo de esta represión, un espacio que se debe convertir en lugar de encuentro, reflexión y memoria que permita que generaciones futuras conozcan la historia de una comunidad secularmente marginada y cuyas vidas merecen el adecuado reconocimiento.

Víctor M. Ramírez Pérez es activista LGTB e investigador de la memoria histórica de la comunidad del colectivo en Canarias. Acaba de publicar el libro ‘Peligrosas y revolucionarias. Las disidencias sexuales en Canarias durante el franquismo y la transición’, editado por Tamaimos.

miércoles, 26 de junio de 2019

#hemeroteca #lgtbi #orgullo #memoria | "No éramos nadie", el infierno de homosexuales y trans en Canarias

Imagen: Cadena SER / Marcela
"No éramos nadie", el infierno de homosexuales y trans en Canarias.
El experto en memoria histórica LGTBi en Canarias, Víctor Ramírez, recuerda el infierno que vivieron muchos homosexuales y trans en Tefía. Marcela, histórica activista LGTBI, rememora la represión que vivió en los últimos estertores del Franquismo.
Javi Rodríguez | Cadena SER, 2019-06-26
https://cadenaser.com/emisora/2019/06/26/ser_lanzarote/1561568270_702289.html

Se han cumplido cuarenta años del primer acto público de reivindicación LGTBi celebrado en Gran Canaria. El año pasado se cumplieron cuatro décadas de la primera manifestación del Orgullo en Tenerife, fuertemente contestada. La vida de lesbianas, gais, trans, bisexuales y otras sexualidades diversas no ha sido fácil en las islas. Así lo certifica, por ejemplo, el testimonio de quienes estuvieron en la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía durante el Franquismo. Un campo de trabajo y tortura que inauguró la dictadura en Canarias para aplicar plenas de peligrosidad social a quienes consideraban vagos, maleantes, delincuentes o corruptores de menores. Su único pecado era ser homosexuales, transexuales u otras sexualidades diversas.

Picaron piedras en una cantería, construyeron muros y caminos inútiles con el único objetivo de aplicar sobre ellos una cruel tortura. Padecieron un régimen disciplinario estricto. Recibieron más de una paliza y pasaron hambre. "Comían sopas y potajes llenos de gorgojos", así lo contaron Octavio y Juan, dos presos de la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía y lo recuerda Víctor Ramírez, investigador de la memoria histórica LGTBi en Canarias. "Eran considerados pecadores y enfermos y su enfermedad era contagiosa, por eso se les consideraba peligrosos sociales", explica Víctor.

Según explica Ramírez, la Colonia se creó mediante la Orden del Ministerio de Justicia de 15 de enero de 1954, “se instituye una Colonia Agrícola para el tratamiento de Vagos y Maleantes, en “Tefía”, de la Isla de Fuerteventura” (BOE núm. 30, de 30 de enero de 1954), y los primeros años fueron los más duros para quienes allí estuvieron. Sin embargo, la represión continuó en los últimos estertores del régimen, "detenciones por parte de la policía que acaban en multas, en comisaría, en ocasiones se dieron palizas y abusos sexuales", explica Ramírez.

Marcela es incapaz de recordar la cantidad de veces que fue detenida junto a sus compañeras por "sospechas" en las comisarías de Tenerife. Marcela organizó las primeras marchas del Orgullo que se celebraron en Tenerife y nunca dejó que el miedo venciera la homofobia social e institucional. "Llegaron a hacer redadas y a detener a quince en la bombona de la policía, como ganado, como una pila de cochinos", recuerda Marcela. "Acabábamos 72 horas detenidas en la comisaría por el solo hecho de ser transexual", lamenta.

"Nos llegaron a llamar escoria, el hecho de salir a la calle mirando para todos lados para que no te detuviera la policía era la Ley de las transexuales y muchos homosexuales también", explica Marcela. "No éramos nadie, éramos menos que nadie", lamenta. Marcela transmite su preocupación por el rumbo cada vez más homófobo que han tomado algunos partidos de derechas en España, "por favor, no permitan que nos vuelvan a arruinar la vida, si nos quieren ayudar de verdad, no les voten, porque nos amargaron la vida y lo quieren volver a hacer", pide Marcela, que se emociona al hacer esta petición, recordando todo lo que vivió.

viernes, 2 de noviembre de 2018

#hemeroteca #memoria #franquismo | Un campo de concentración para aislar a los gais del turismo

Imagen: La Marea / Recuerdo a los represaliados en Tefía, Fuerteventura
Un campo de concentración para aislar a los gais del turismo.
La Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, en Fuerteventura, fue creada para encerrar a los homosexuales.
Eduardo Robaina | Rutas de la Memoria, La Marea, 2018-11-02
https://rutasdelamemoria.lamarea.com/un-campo-de-concentracion-para-aislar-a-los-gays-del-turismo/

Tefía, Fuerteventura (Canarias). Estado de conservación: Las instalaciones están perfectas y la zona está cuidada, debido a que ahora cumple funciones de albergue. Se han construido nuevos edificios alrededor, pero el principal sigue igual. Esta ruta fue realizada en septiembre de 2018.

“Desierto es esta solemne y querida tierra aislada de Fuerteventura”, escribió Miguel de Unamuno durante su destierro a la isla en 1924. Allí lo envió Primo de Rivera por sus continuos ataques a él y al rey. Casi un siglo después, el paisaje que dibujó el escritor a través de sus letras se mantiene inmutable. A medida que se avanza hacia el interior, los campos se vuelven cada vez más áridos, y las paradisíacas playas de arena dorada desaparecen de la vista. El verano, que araña sus últimos días de protagonismo, se hace notar con gran temperatura. La humedad, que no pide permiso, contribuye a que el ambiente sea aún más agobiante. En Fuerteventura las carreteras no abundan. Y llegar a Tefía no entraña gran complicación. Estamos en un modesto pueblo de apenas 200 habitantes situado a 20 kilómetros de la capital, Puerto del Rosario –por entonces Puerto de Cabras–, que acabó siendo el lugar elegido para la llamada Colonia Agrícola Penitenciaria.

Ahora es necesario continuar la carretera que atraviesa el pueblo. Lo primero que puede verse es un Ecomuseo, principal atractivo turístico de la zona. En la parte derecha, continuando la andadura por la FV-207, queda al descubierto un gran tablón de madera: “Albergue de Tefía”, anuncia. La carretera asfaltada desaparece y el camino se vuelve salvaje. A lo lejos, un molino, como tantos de los que pueblan la isla. Tras él, el centro juvenil que adelantaba el cartel. Las puertas están abiertas. Unos cuantos edificios, un gran patio, y un modesto observatorio astronómico completan el lugar. Sobre estos metros cuadrados, cientos de personas fueron recluidas por la dictadura franquista con el fin de “proteger la paz social y la tranquilidad pública”. Ahora es un lugar de encuentro para la diversión. Antes lo era del sufrimiento.

El grueso de personas que fueron encerradas en aquel lugar eran “maricones”, apelativo empleado por los policías y resto de funcionarios. No habían cometido ningún delito. Se castigaba a los que hubiesen realizado “actos de homosexualidad”, tal y como figuraba en la modificación del 17 de julio de 1954 de la Ley de Vagos y Maleantes, aprobada por el dictador Francisco Franco. Tefía se convirtió, así, en el centro al que fue a parar la mayor parte del colectivo LGTBI de las islas.

La idea de su creación llevaba tiempo en mente. El 30 de agosto de 1947, el periódico Falange publicó una entrevista con el entonces director general de prisiones, Francisco Aylagas Alonso, quien afirmó que su visita a Canarias se debía a la búsqueda de unos “magníficos terrenos” en los que establecer “una Colonia Agrícola Penitenciaria Modelo”. No se supo más del proyecto hasta el 17 de julio de 1953, cuando en el mismo medio, el nuevo encargado de prisiones, José María Herreros de Tejada, ya hacía directamente alusión a Fuerteventura, y particularmente a Tefía. Y así fue. Mediante una orden ministerial, el 15 de enero de 1954 se creó la Colonia. El Ministerio del Aire había cedido un aeródromo convertido en cuartel de la Legión tras la guerra civil.

Como atestigua la memoria de instituciones penitenciarias, en su primer año ya había 43 internos y 6 funcionarios. En sus inicios era capaz de albergar a 200 individuos, pero su capacidad fue aumentada hasta los 300, cifra jamás lograda. El objetivo, más que cumplido según afirmaban, resolvía el grave problema “que preocupaba a las autoridades, pues habida cuenta de la importancia del turismo en las islas, se hacía preciso aislar a los nocivos elementos que con sus ademanes hacían desmerecer el magnífico concepto que al arribar a aquellas tierras adquirían tanto los extranjeros como los nacionales en el momento de desembarcar”.

En su construcción colaboraron la Dirección General de Prisiones, autoridades civiles y militares de Las Palmas y el Cabildo de la isla, quien dio todo tipo de facilidades y “costeó materiales y utensilios”, señalan documentos oficiales. Fue un campo de concentración, como destacan los que lo sufrieron; pero no fueron los únicos en usar esa definición. El presidente de la Audiencia Territorial, en unas declaraciones recogidas por el diario del régimen, tampoco dudó en llamarlo así. Otros lo denominaban campo de trabajo. Un término que hacía referencia a la realidad a la que se enfrentaban los presos, obligados a tareas más allá de las relacionadas con la agricultura.

Fueron usados como peones en muchas de las obras que hoy pueden verse; cargaban piedras y agua; o se les obligaba a explotar una cantera de piedra de cal de la zona, como atestiguan periódicos de la época. Las obligaciones también pasaban por practicar la instrucción militar con sesiones de gimnasia.

Muchos presos guardaron silencio. Unos por miedo, otros por vergüenza. El transcurso de la vida se ha ido llevando, sin posibilidad de retorno, todos esos testimonios. Otros, sin embargo, sí decidieron alzar la voz. Octavio García jamás se calló nada de lo que vivió en aquel lugar. Nació en 1931 en Las Palmas de Gran Canaria, y a los 23 ya fue encarcelado. Fue uno de los primeros de Tefía, donde pasó 16 meses. Octavio falleció el pasado agosto. Tenía 87 años y un sinfín de horrorosos recuerdos. En varias de las entrevistas que concedió a lo largo de su vida, relató las palizas que les propiciaba el personal, las humillaciones verbales y físicas. “Te transforma; te quita la mente”, dijo en una de ellas. Su intención al dar la cara siempre era la misma: “Para que la juventud sepa lo que fue la homosexualidad, cómo la reprimían”. Tras casi tres años encerrados volvió a Gran Canaria, a su hogar, del que había sido desterrado por las autoridades isleñas.

Fueron 11 los años que permaneció en funcionamiento la Colonia. Su clausura llegó por orden del Ministerio de Justicia el 21 de julio de 1966 debido al casi inexistente número de reclusos. Quedaban siete personas que fueron derivadas a la prisión de Barranco Seco en Las Palmas de Gran Canaria, hoy usada como Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE). Una placa fijada en 2008 por el Cabildo de Fuerteventura reconoce el horror y la injusticia que por esos caminos de tierra y escasa vegetación se perpetuó durante más de una década. Una isla asociada como destino de sol y playa forma parte de la historia que nuestro país no debe olvidar.