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martes, 9 de febrero de 2021

#hemeroteca #mujeres #cine | Las mujeres masculinas: masculinidad y feminidad a revisión en el western de Nicholas Ray ‘Johnny Guitar’


Las mujeres masculinas: masculinidad y feminidad a revisión en el western de Nicholas Ray ‘Johnny Guitar’.

Nunca una mujer se apoyó así en ninguna barandilla con la intención de no ser sexy, ni de gustar a ningún hombre, ni de mostrarse seductora. Ella es, literal y metafóricamente, la que lleva los pantalones.
Carla Boyera | El Diario, 2021-02-09
https://www.eldiario.es/murcia/cultura/mujeres-masculinas-masculinidad-feminidad-revision-western-nicholas-ray-johnny-guitar_1_7204838.html 

Resulta muy poco previsible que un western, categoría monolítica por excelencia de performatividad sin sorpresas de roles de género y apabullante protagonismo masculino, nos dé la oportunidad de reflexionar sobre la masculinidad y la feminidad como lo hace esta atípica y original propuesta de Nicholas Ray. Con un modesto presupuesto que se ajusta a las películas de serie b, este western nos presenta a un personaje masculino que vuelve tras cinco años de ausencia: la transformación de su identidad no queda sólo en el simbolismo de cambiarse el apellido (herencia patrilineal de tantas cosas machunas), sino que también afecta a su nueva arma de seducción: una guitarra. Johnny Guitar (Sterling Hayden) cambia la violencia fálica y los dedos tensos en el duro revólver por las manos flexibles sobre el mástil de su guitarra sin que eso suponga un quiebro en su masculinidad: vemos que Johnny se las apaña bien para conservar intacta su chulería.

Johnny Guitar entra, en medio de una tormenta de arena, en el local Vienna’s y pregunta por ‘the boss’. El inglés tiene esta cosa maravillosa de no denotar género en prácticamente ninguno de sus sustantivos por lo que, viendo la película en versión orginal, dejamos que el imaginario machista y patriarcal opere en nuestras cabezas asumiendo ya la figura masculina justo cuando Vienna (sublime interpretación de la enorma Joan Crawford) aparece potentísima asomada a la barandilla del piso de arriba: sí, ella es ‘the boss’, la jefa, la dueña del suelo por donde se pisa y desde arriba con los brazos abiertos como un cóndor da las órdenes sin afectación femenina. Nunca una mujer se apoyó así en ninguna barandilla con la intención de no ser sexy, ni de gustar a ningún hombre, ni de mostrarse seductora. Ella es, literal y metafóricamente, la que lleva los pantalones. «Vienna está ocupada. Tendrá que esperar» es la frase que nos avisa sobre qué tipo de mujer está por aparecer; aunque es de las que te hacen esperar, está lejos de ser leída como el cliché que suele ser la ‘femme fatale’.

Vienna es una forastera que quemó sus maletas nada más llegar porque sabía que venía para quedarse. Así de radical se sentía en el far west aquello de que si quieres ser dueña de un pedazo de tierra lo único que tienes que hacer es trabajarla y así fueron las cosas para muchas mujeres que no veían en el matrimonio un futuro deseable. Vienna maneja un lenguaje corporal masculino, usa pantalones y camisa y lleva el pelo corto. No se viste para gustar ni para complacer y los planos contrapicados nos sugieren la posición desde la que los demás la han de ver: desde abajo. «Nunca vi a una mujer que fuera más hombre. Piensa como un hombre, actúa como un hombre y a veces me hace sentir como si yo no fuera uno.» Esta frase para tatuarse pronunciada por uno de los empleados de la casa de apuestas de Vienna me puso los ojos redondos y llorosos como los de un dibujo animado manga.«Nunca me imaginé que recibiría el sueldo de una mujer y que me gustaría», nos dice otro. Desordenado el género y rotas las jerarquías marcadas por el binarismo de arriba y abajo, ya no es humillante trabajar para una mujer, ni acatar sus órdenes. Es lo que casi treinta años más tarde reformularía Monique Wittig en «El pensamiento heterosexual» con aquello de que, si entendemos la categoría ‘mujer’ como algo subordinado, dependiente, obediente y supeditado al deseo del hombre, las lesbianas, consecuentemente, no eran mujeres puesto que no eran subalternas del régimen heterosexual y escapaban de esas lógicas dominación y sometimiento. En esa línea de reflexión está el empleado de Vienna: si mi jefa piensa y actúa como un hombre, entonces quizás yo no sea uno. Interesante y jugoso planteamiento sobre qué comportan la feminidad y la masculinidad. Nada mal para ser un western del año 54 escrito (el guión y también la novela homónima en la que se basa la película) y dirigido por hombres.

La de Vienna es una heterosexualidad no esclava que la ha dejado seguir con su vida y ser dueña de un futuro propio. Curiosamente, las pocas veces en que Vienna performa su feminidad, vemos que debe desprenderse de sus vestidos, literalmente, si quiere conservar la vida. Entendemos así, todavía hoy, que se puede interpretar la feminidad como un lugar de peligro para las mujeres.

Emma (Mercedes McCambridge) es otra de las grandísimas protagonistas de esta película y es otra mujer masculina. Una de las imágenes más potentes la protagoniza ella cuando entra en el local de Vienna liderando a los hombres del pueblo como si fueran una bandada de aves carroñeras: formando una flecha negra por el luto tras el asesinato de su hermano, ella es la hembra alfa que se sitúa en el vértice del triángulo, altiva y rabiosa.

Bajo el falso pretexto de buscar justicia, Emma esconde una historia de celos y venganza. Mujer económicamente poderosa, lucha por mantener el privilegio de su poder y de sus tierras, pero su rabia de mujer despechada es más grande que el más grande de sus ranchos. Emma también lidera y comanda, alimenta y enaltece las suspicacias. Es manipuladora y tiene bien aprendida la misógina competitividad entre las mujeres cuando se trata de luchar por el hombre entendido como coto privado de caza.

Aunque el título de la película no hace justicia a las personajes más sustanciosas de la trama, esta es, sin duda alguna, la historia de la guerra entre estas dos mujeres. Los hombres que hay detrás (sobre todo de Emma) son parte del decorado, del atrezzo inevitable al hilo narrativo, el marco necesario para que tengamos el duelo más esperado de estos 111 minutos: el duelo final entre Emma y Vienna, donde los hombres son meros espectadores, sus cabezas yendo de una mujer a otra siguiendo (desde abajo otra vez) la trayectoria del partido de balas.

Estas son mujeres que, si bien no se libran de convulsas historias románticas con hombres, nunca leeremos como débiles, desvalidas, dependientes, ñoñas o tristes. Mujeres que no nos importa si quieren o tienen hijos, si saben coser o cocinar, si tienen cuerpo o movimientos canon para atraer hombres y desgracias. Mujeres con fortuna, negocios y armas: mujeres con la posibilidad de ser violentas, agresivas, que no están en la pantalla para dar vida, sino para quitarla. Mujeres vestidas en una película sin seducción de piel desnuda, donde los cuerpos de las protagonistas no ocupan minutos ni atención. Mujeres respetables y respetadas no por custodiar su sexualidad, sino por ser mujeres fuertes y carismáticas: las vemos enseñar los dientes, llenarse de barro y polvo, pasar por debajo de cascadas y mojarse sin hacer un solo comentario a su aspecto ni quejarse.

Como apunta Judith Halberstam en su obra imprescindible «Masculinidad femenina», ‘existen nuevas masculinidades que están siendo producidas por mujeres y la prohibición de masculinidad a las mujeres merece ser analizada’. Quizás mientras se entienda que la masculinidad es un lugar de poder, nos esté vetada. Y quizás desde los feminismos, además de deconstruir al macho, deberíamos construir nuevas feminidades.

martes, 12 de abril de 2016

#hemeroteca #cine | La violé porque era mía

Imagen: El Diario / Paco león
La violé porque era mía.
Una mirada crítica sobre la película ‘Kiki, el amor se hace’.
Santi Fernández Patón | El Diario, 2016-04-12
http://www.eldiario.es/andalucia/enabierto/viole_6_504709537.html

Hace unos días vi en el cine ‘Kiki, el amor se hace’, la última película de Paco León que él mismo dirige, interpreta y cuyo guión ha coescrito a partir de la australiana ‘The little death’. La película comienza con dos escenas insuperables, en las que reí casi hasta las lágrimas, y que demuestran que León no sólo mantiene intacta su capacidad para los diálogos desternillantes, sino que incluso la ha afilado. Ya en esas dos primeras escenas deja clara la pretensión de la película: una mirada libre de prejuicios y humorada sobre algunos tabúes recalcitrantes en torno al sexo, la sexualidad y las relaciones afectivas. No obstante, mucho de lo que sucede a partir de esas dos primeras escenas desbarata el más que loable propósito. Inevitablemente, haré algo de ‘spoiler’ para explicarme.

La película, a medida que avanza, logra que asumamos como naturales muchos aspectos del sexo que habitualmente se nos presentan desde una óptica dramática, enfermiza o incluso asocial. Todo un logro. Sin embargo, en paralelo, se desprende un paradójico tufo conservador, que se acrecienta escena a escena: todo vale para expresar la sexualidad, siempre y cuando se mantenga el orden patriarcal. El "mérito" radica en que Paco León no abandona nunca su mirada amable y comprensiva, en absoluto crítica, sino más bien cómplice.

De ese modo, una de las protagonistas aspira a que su novio le pida matrimonio, con entrega de anillo incluida, durante una cena romántica, por ejemplo. Las mujeres casadas son siempre quienes recogen la mesa mientras los maridos ven cómo lo hacen. Una relación poliamorosa acaba pareciéndose más a otra poligámica, y la película acaba con el hombre de esta relación a tres toqueteando en público el culo de sus dos compañeras, en la peor tradición del "landismo". Son demasiados los ejemplos de este tipo.

El peor y más hiriente, con todo, tiene que ver con la sistemática violación "por amor" que un marido lleva a cabo cada noche con su mujer, después de drogarla hasta que cae inconsciente... para lo que además cuenta con el encubrimiento de otra mujer, que se presta al delito a cambio de un aumento de pecho. Cuando la esposa descubre todo ello, y comprende que ha sido violada cada noche por "amor", consigue incluso levantarse de su silla de ruedas para abrazar, entregada, al propio violador. Si en el ánimo de Paco León estaba arrojar sin más un retrato, no le sale bien: el tono amable y humorístico de todas esas escenas, incluida una larga secuencia final, envían siempre un mensaje claro: el amor lo justifica todo.

Se diría que el propio León se esfuerza contra su propia idea. Es cierto que el cine, como otras artes, nos tiene ya acostumbrados y acostumbradas a las apologías de la cultura de la violación, a la justificación de la sumisión en virtud del amor romántico, a las relaciones de dominación masculinas y a que todo eso parezca inevitable. Si el caso de ‘Kiki, el amor se hace’, me ha llamado más la atención se debe a que tengo a su director por una persona sensible, que se ha mojado en asuntos sociales como pocos de nuestros realizadores, y que además no ha dudado en enfrentarse a la industria cinematográfica, a costa de su propio bolsillo, cuando pensaba que era de justicia hacer las cosas de otra manera.

Con muy poco, con un mínimo asesoramiento, ‘Kiki, el amor se hace’ sería una comedia magistral en su género, y habría conseguido algo tan necesario como esa mirada saludable sobre la manera en que mantenemos relaciones sexuales y, en última instancia, amamos. Al final, Paco León ha hecho su propio giro "gatopardiano", aunque yo esperaré a que en su próxima película corrija todo esto.

martes, 5 de abril de 2016

#hemeroteca #cine #discriminaciones | Tres veces más desnudos femeninos que masculinos en Hollywood

Imagen: The Guardian / Fotograma de 'Batman v Superman'
Tres veces más desnudos femeninos que masculinos en Hollywood.
Un estudio demuestra que las mujeres aparecen muchas más veces desnudas o semi desnudas que los hombres en las películas. Las mujeres latinas y asiáticas representan tan solo el 4% de los personajes en la gran pantalla, pese a que los hispanos son el mayor segmento demográfico en California.
Ben Child · The Guardian / Traducción de Cristina Armunia Berges | El Diario, 2016-04-05
http://www.eldiario.es/theguardian/desnudos-femeninos-probables-masculinos-Hollywood_0_502200733.html

Las mujeres tienen tres veces más probabilidad de aparecer desnudas en las películas hechas en Hollywood que los hombres. El informe anual del ‘Estatus de las Mujeres y Niñas en California’ revela que el 26% de los personajes femeninos aparecieron desnudas o parcialmente desnudas en el top 100 de las películas de 2014. El porcentaje de hombres que apareció desnudo es mucho menor, un 9%.

Solo el 12% de las películas tienen un personaje femenino destacado y solo el 23% son mujeres trabajadoras (cifra que llama la atención, ya que en Estados Unidos el 46% de la fuerza de trabajo está compuesta por mujeres).

El estudio de la Universidad Mount St. Mary de los Ángeles demostró que más mujeres estaban trabajando detrás de las cámaras, aunque menos de una cada cinco lo hacen como directora, guionista o productora de películas importantes en los últimos 15 años.

Siguiendo la estela de los estudios anteriores, se confirma que Hollywood es más hospitalario hacia las mujeres cuando una de ellas está a cargo de la cinta. "Cuando son hombres los que ocupan los puestos de director y productor, del 7 al 15% de los proyectos tienen mujeres guionistas, montadoras y directoras", señala el estudio. "En comparación, cuando una o más mujeres ocupan esos puestos, se contratan a un 52% de directoras y guionistas, y a un 35% de montadoras; con una mujer a cargo de la producción, el 20% de los proyectos tienen mujeres guionistas, directores y productoras".

El cine sigue luchando por la diversidad para llegar a los niveles de la televisión, según el mismo estudio. En las películas el 30% de los personajes son mujeres, mientras que en la pequeña pantalla la cifra aumenta hasta el 42%.

Tanto el cine como la televisión siguen teniendo niveles bajos de diversidad racial. Tanto es así que el 74% de los personajes en ambos formatos son gente blanca. Las mujeres negras solo protagonizaron el 15% de los papeles, mientras que los actores americanos asiáticos o latinos solo interpretaron el 4% de los papeles. Cifra llamativa si se tiene en cuenta que los hispanos se han convertido en el mayor segmento demográfico de California en el año 2014.

DOCUMENTACIÓN
Desnudos de Hollywood: tres actrices por cada actor.
Según un informe, las mujeres se despojan de su ropa en la gran pantalla tres veces más que los hombres.
Rocío Ayuso | El País, 2016-04-08

miércoles, 23 de marzo de 2016

#hemeroteca #mujeres #cine | Mujeres maduras, hombres jóvenes y cine

Imagen: Jot Down / Fotograma de 'Y tu mamá también'
Mujeres maduras, hombres jóvenes y cine.
Enrique Campos | Jot Down, 2016-03-23
http://www.jotdown.es/2016/03/mujeres-maduras-hombres-jovenes-cine/

Una película cualquiera. Un argumento cualquiera. El protagonista, un varón; quizá abogado, arquitecto, policía. Eso no importa aquí, que continúe la aleatoriedad. En las películas, normalmente, suceden cosas, y a nuestro protagonista le puede suceder de todo. Tiene los «treinta y cinco y pico» de Hugh Laurie cuando vende cremas, o ya es cincuentón, o más allá. Tampoco esto es relevante. En algún momento se nos presentará a su mujer, su amante, su relación complicada (según Facebook), y su mujer, su amante o su relación complicada tal vez sean relevantes en la historia, aunque las probabilidades en este juego azaroso que ahora iniciamos nos inducen a pensar que no, que será el descanso del guerrero, el fiel e incondicional apoyo que acompañará al héroe hasta la meta.

Pero digamos que ella es la piedra angular de todo el cotarro. Sigue sin importar, a efectos empíricos. Ha quedado dicho que al protagonista puede pasarle de todo, no sabemos de qué película estamos hablando, pero esa hipótesis va con matices; puede pasarle de todo y sin embargo las probabilidades de que en su casa le espere una mujer, amante o relación complicada de su misma edad se pagan muy bien en Betwin. Son ínfimas. No, ella no tiene más de treinta, treinta y cinco años. Él le saca media vida, aunque ese dato forma parte de lo accesorio, como aquel semáforo de allí, o los niños que juegan en el parque, o el tren que pasa tronando por Brooklyn. Esa diferencia de edad es un elemento cotidiano, no se subraya en el guion, no se le explica al actor para que le aplique el Stanislavski.

Cambiamos el rollo (en el proyector). Otra película cualquiera. Ahora la protagonista es una mujer que pasa de los cuarenta, quizá incluso ronde los cincuenta si es que se conserva bien. No puede ser mucho más mayor, porque entonces no sería una película cualquiera, sería una película con anciana a bordo. Así que ella tiene entre cuarenta y cincuenta años, y una relación con un hombre bastante más joven. En esta película ese no es un dato accesorio, ese es inequívocamente el único argumento de la obra. La película va de ESO.

Google, enséñame lo que tienes
Clark Gable corría como un tiro para los cuarenta cuando le soltó a Vivien Leigh, que no pasaba de las veintiséis primaveras, aquello de «sinceramente, querida, con tu pan te lo comas», o algo así. A Kirk Douglas lo crucificaron en ‘Espartaco’ con cuarenta y cinco años y desde la cruz dejaba viuda a una Jean Simmons que acababa de llegar a la treintena pero aparentaba veinticinco. Y quince eran también los años que separaban a James Stewart del peinado barroco de Kim Novak en ‘Vértigo’. ¿Hace falta seguir? De acuerdo, podemos venirnos a Europa, aquí nos tomamos las cosas de otra forma, somos los padres de las vanguardias, de la Bauhaus, de las casas de tolerancia… y del cine. Podemos pensar en Michel Piccoli y Romy Schneider, que rodaron juntos media docena de películas. Con ellos nos va a bastar. Claude Sautet los embarcó en dos terceras partes de su trilogía del amor. Schneider fue la puta con derecho a beso en la boca en ‘Max y los chatarreros’, y la segunda mujer de Piccoli en ‘Las cosas de la vida’. ¿Coetáneos? Parece que no. Michel sigue con nosotros y Romy abandonó el edificio a principios de los ochenta, pero había un trecho de trece años entre el icono ‘nuevaolero’ y la criatura más hermosa que se ha paseado por una pantalla de cine. Europa ‘is not different’.

‘Lo que el viento se llevó’, ‘Vértigo’, ‘Espartaco’, ‘Max y los chatarreros’… Ha llovido mucho desde entonces. Ha pasado toda una era glacial por Tara. Valores, edad de emancipación, las mujeres pueden abrir cuentas corrientes sin el permiso de su padre/esposo. Todo ha cambiado mucho, sí. Ahora existe Google y existe Tinder, ahora Leslie Wilkes, el verdadero amor de Escarlata —o eso decía ella—, no habría tenido que ir a la guerra, ya irían los negros libres en su nombre. Pero, hablando de Google, ¿qué dice el oráculo de Mountain View de todo esto? El ojo que todo lo ve, mucho más sabio que tú, más sabio que yo, al introducir en su buscador y en este orden las palabras «mujer madura hombre joven» inmediatamente invierte los términos como si quisiera alertarnos de un error ortográfico. ¿Quizá quisiste decir «hombre mayor mujer joven»? Quizá, Google, quizá. Enséñame lo que tienes.

Lugar, Google, ya ha quedado dicho. Época, segunda década del siglo XXI. Resultados para la búsqueda «hombre mayor mujer joven», miles. Un vistazo general y hay que volver a fusilar a Gil de Biedma, porque «la verdad desagradable asoma». El grueso de los artículos, las referencias, los comentarios se alojan en webs «femeninas» para mujeres muy «femeninas» que rezuman el progresismo de la Sección Femenina.

«Una de las razones por las cuales las mujeres se interesan por hombres mayores es una mera autoprotección, la belleza de la mujer dura menos que el atractivo del hombre. Para la mujer, la máxima expresión de belleza llega a lo más hasta los treinta y cinco años, la del hombre hasta los cuarenta-cuarenta y cinco», dice una tal Alexandra, en ‘EnFemenino’. «Actualmente observamos que las mujeres prefieren a hombres maduros cuando quieren establecerse en una relación de pareja», leído ‘actualmente’ en ‘Salud180’. Y continúan, siempre pegados a la actualidad: «Estabilidad, apariencia, inteligencia, son profesionales asentados en la vida, tienen mejores modales, respetan tu forma de ser, y tienen mayor experiencia sexual». Sin un cubo a mano en el que poder apaciguar estas arcadas me niego a continuar con la investigación de campo. Le pido, pues, a Google que respete mi error y entrecomillo: «mujeres maduras y hombres jóvenes». No me devuelve ni un cuarto de los resultados que me ofreció antes, pero los que me devuelve son tan ilustrativos como los anteriores. Cambia el tono, eso sí. Ya no hay verdades absolutas sino una cierta clandestinidad, confesiones al amparo de otras que, como tú, salen con ‘yogurines’ y se han acostumbrado a que las miren raro. De vez en cuando el punto de mira se vuelve hacia el hombre; la cuestión no es por qué una mujer madura querría salir con un hombre joven —¿por qué querría hacer eso una mujer?, ¿en qué cabeza cabe?— sino qué lleva a un hombre joven a salir con una madura. Y a partir de esta búsqueda en el ciberespacio se pueden construir todas las sinopsis de todas las películas que encaman a mujeres maduras con hombres en la flor de la vida. Todas las películas que tratan de ESO.

La madura desechable, el rito iniciático
Un Fellini niño sumerge su cabeza entre los pechos abismales de una estanquera como lo habían hecho antes que él todos los críos del barrio. ‘Amarcord’, recuerdos de una infancia entre camisas negras y pan duro. Pero Fellini no se casó con la estanquera. Tampoco se casó con la peluquera Jean Rochefort, no con aquella peluquera original, también turgente y neumática, que observaba sestear desde una esquina del escaparate. Nadie sabe por qué se suicidó antes de que pudiera regalar al pequeño Jean con achuchones erótico-maternales que aplacaran el revoloteo de las hormonas. Sea como fuere, aquello le marcó, por eso decidió que se convertiría en ‘El marido de la peluquera’. De otra peluquera. De una Anna Galiena veinticinco años más joven que él, la típica diosa italiana que sueña con montárselo hasta que la muerte los separe con un protoanciano siempre que la impotencia senil no les juegue malas pasadas.

La mujer madura como figura introductoria a los placeres de la carne no llega para quedarse, es una estación de tránsito desde donde embarcar hacia destinos más adecuados. Estanquera, peluquera, ama de casa, la criada, la prostituta que te lo hace gratis y de camino te invita a ‘El pico’. Son desechables, un bonito recuerdo de juventud. La mayoría de las veces, la fantasía no realizada de un escritor, o de un director de cine.

Tienes que estar muy sola para irte con ese chaval
En Texasville nunca pasa nada. No pasan ni bolas de paja rodando, solitarias, por la única calle del pueblo. Lo mejor que uno puede hacer es salir pitando de allí mientras las piernas te sostengan. Hasta quieren cerrar el cine, pronto estrenarán ‘La última película’ y el edificio se abandonará a la aluminosis y los escombros, como todo lo demás.

Sonny Crawford se acaba de graduar, no es el chaval más brillante de los alrededores pero cree que podrá escapar de ese agujero algún día. No quiere terminar atrapado en una vida de zombi, no quiere ser el entrenador Popper ni casarse con alguien como Ruth Popper, tan gris, tan poco agraciada, tan sola. Ruth ya no cree en esa gran evasión, Texasville será su tumba. Mientras ella se ahoga en el día de la marmota Sonny busca cómo matar el tiempo, y aunque Ruth representa todo lo que no desea los sudores del verano van a hacer el resto. La mirada anhelante de ella, el «¿y por qué no?» de él. Salta alguna chispa, alguien lo confunde con el amor… Pero Sonny no va a quedarse allí para siempre. Las mujeres como Ruth también son desechables, y pecadoras. Ningún remordimiento para él, puñalada en el corazón para ella y el cuchicheo eterno en el colmado del pueblucho.

Solas están también Kate Winslet en ‘El lector’ y Maribel Verdú en ‘Y tu mamá también’. La primera, que por vicisitudes de la vida se ha unido a las SS, se encapricha de un caballerete de quince años que le lee libros, le lleva flores y folla con el apasionamiento torpe pero encantador de la adolescencia. La segunda anda por México huyendo de un marido poco atento y (sobre todo) de sí misma y se encuentra en medio del fuego cruzado de testosterona de Gael García y Diego Luna. Ninguna de las dos repararía en esos niñatos si no fuera para llenar el hueco que otros, o la propia vida, les han taladrado en el pecho. En condiciones normales, la mujer adulta no se fija en los ojos verdes de un Gael de veinte años, y si lo hace piensa que ese trozo de pastel no le conviene, no es para ella. Necesita un motivo de peso, y el cine, por su parte, necesita que las mujeres mayores sean como la Winslet o la Verdú para aplicarles la doctrina del porno: ‘MILF’ a los treinta, ama de casa desesperada a los cuarenta, abuelita cachonda a los cincuenta. Si no, el personal masculino, el ‘target’ de esos sueños húmedos, se levanta y se va. Punto.

Porque son muy malas…
«¿Por qué mataste a madre, padre?», pregunta Antonio Resines al venerable Ciges en ‘Amanece, que no es poco’. «Pues porque era muy mala. Es duro decirle esto a un hijo, pero tu madre era muy mala». Y a dormir. Respetándose, porque un hombre en la cama es un hombre en la cama, pero a dormir.

La mujer es mala, es mala en general, no solo la madre de Resines. Eva era mala, Lilith era peor, tanto que la sacaron de la Biblia. Y la maldad es otra de las variables que intervienen en las relaciones entre maduras y jovencitos inocentes. Hay que ser muy mala para tratar de levantarle el novio a tu hija. Sí, señora Robinson, la estamos mirando a usted y a lo que hizo con ‘El Graduado’ Hoffman. Cómo jugaba con la ingenuidad de aquel chiquillo, qué barbaridad.

—Benjamin, no intento seducirte
—Lo sé pero, por favor, señora. Robinson, esto es complicado…
—¿Es que te gustaría que te sedujera?
—¿Cómo?
—¿Es eso lo que me estás intentando decir?

Por supuesto que no, señora Robinson. Es usted una viciosa, se le va la mano con los martinis en las fiestas de la alta sociedad, y es mala. Mala gente, un súcubo. Se ha olvidado de que «Jesús la quiere más de lo que usted nunca llegará a saber». Su par masculino podría ser el conde Drácula, pero el hombre a cuyo paso no quedaba ni un turco sin empalar no puede evitar ser lo que es; lleva océanos de tiempo buscando a Mina. Lo de la sosias de Anne Bancroft es una elección. Elige hacer la puñeta para regocijo propio.

Debe de ser cosa de las mujeres ricas. Como la marquesa de Merteuil, que atrae a su cama con dosel al caballero Danseny, al que le saca diez cabezas en edad pero también en picardía. La marquesa se aburre, vive por y para joder. En su conducta subyacen los proverbiales manejos maquiavélicos de las féminas, aunque Maquiavelo tuviera pene. Retorcida, más inteligente que el hombre; nunca utiliza esa inteligencia para nada bueno. Y el amigo Danseny, enloquecido por los requiebros maléficos de su amante-maestra termina ensartando con su florete al vizconde de Valmont, otra víctima de la viuda alegre. ‘Las amistades peligrosas’, eso son las mujeres. Palabra de cine.

Desequilibradas, pervertidas
Louis Malle se llevó por delante con la potencia de Ben Johnson (circa Seúl 1989) todas las líneas rojas que pudo en ‘La pequeña’. Metió en la cama a Keith Carradine y a Brooke Shields cuando ella no pasaba de los doce. Tranquilidad en las masas, esto es solo ficción. La realidad siempre es mucho peor; la madre de Brooke cedió a su hija con diez años para una sesión de fotos cuanto menos poco decorosa. Ningún problema. Todo por un sueño. Por favor, volvamos al cine. A ese en el que están echando ‘Harold y Maude’. ¿Qué hay en ‘Harold y Maude’? Nada. No hay nada, mentes calenturientas al margen, que haga sospechar que entre el adolescente Harold y la septuagenaria Maude se descorchan los botes de lubricante en cuanto las luces se apagan, pero aquí estamos, hablando de esa película en un reportaje sobre relaciones sexuales entre mujeres mayores y hombres jóvenes.

Alguien decidió que ‘Harold y Maud’e también iba de ESO, e IMDb, que no ve tantas cosas como Google pero casi, bendice la unión con el ‘tag’ «relación entre mujer mayor y chico joven». ¿Y si fuera así? En ese caso Harold seria para Maude lo que Lolita para Humbert Humbert, pero sin mentiras. Sin matar a nadie. ‘Lolita’ es un clásico, ‘Harold y Maude’ una rareza, la película que encuentran en el zulo de un asesino en serie entre una primera edición del ‘Mein Kampf’ y discos de Heino. Puras aberraciones.

Sigamos con Humbert. A él no le preocupaba tanto la ley como que su mujer, la mamá de Lolita, la apartara de su buen nombre y de aquella piruleta con forma de corazón. Por eso la mata. Cate Blanchett tuvo que escribir el ‘Diario de un escándalo’ porque ella sí que se jugaba una visita a los juzgados y el ostracismo general liándose con un alumno de dieciséis años. Cate vivía como un calvario lo que para Humbert era un paseo por el lado salvaje —¿qué hombre no soñó con Sue Lyon?— o lo que para Joaquin Phoenix es poco menos que el pan suyo de cada día: llevarse al huerto a la pupila Emma Stone en ‘Irrational Man’, la enésima vez que Woody Allen pone sobre la mesa sus querencias personales. Según el cine, siempre según el cine, los profesores varones tienen un cierto derecho de pernada sobre las alumnas. Es algo entendible e incluso aceptable. Pero ellas… Ellas, otra vez, necesitan motivos contundentes para hacer lo mismo: la profunda soledad, ninfomanía, trastornos psico-afectivos.

‘La pianista’ Isabelle Huppert reunía las tres condiciones anteriores —cambiemos ninfomanía por masoquismo— y su relación con Benoît Magimel, veinte años menor, es traumática, dramática, grotesca. Todo el bagaje y la represión que ella trae en su mochila y los sentimientos encontrados que le provocan el saberse objeto de deseo de un hombretón de veintisiete tacos, alto, guapo, listo. ¿Cómo puede ser que esté interesado en ella? Ella, que todavía vive con su madre porque nunca encontró a su media naranja y se quedó para vestir santos, solterona, mirando la lluvia golpear el cristal de la ventana. Tal vez Betsy Blair, harta de mirar las gotas de la ventana también se echó a la ‘Calle Mayor’ para entregarse a un Magimel cualquiera y, católica como era, también acabaría flagelándose. Prohibido, prohibido, prohibido.

Irse de putos, esto no es digno de una dama
William Holden fue uno de los primeros putos oficiales de la gran pantalla. No cobraba en dinero, cobraba en especie y en la promesa del futuro mejor que le ofrecía Gloria Swanson. Por supuesto, Swanson/Norma Desmond estaba más para allá que para acá, una vieja-vieja gloria de Hollywood (de cincuenta años) afrontando ‘El crepúsculo de los dioses’. El puto acaba boca abajo en la piscina y Norma hace su último paseíllo triunfal… rumbo al psiquiátrico.

Pervertidas, amargadas, disfuncionales. Solo mujeres así pagan por sexo o por compañía. Probablemente por esto último. Si hay algo a lo que el ‘mainstream’ no quiere ni puede renunciar es al cliché y si hay un cliché grabado a fuego en lo tocante a mujeres y sexo es que ellas siempre prefirieren el romance al polvazo. Eso es lo que buscaba Lauren Hutton en aquel ‘American Gigoló’ con la estampa de Richard Gere; no quería un empotrador profesional, quería cariño. Y no es un puto lo que Nathalie Baye encuentra entre el ‘pecholobo’ de Sergi López durante ‘Una relación pornográfica’, pero persiguiendo la carne encuentra el romance. Las películas que van de ESO también suelen ir de esto.

¿No puede haber sexo y si te he visto no me acuerdo? Por supuesto. Es lo que obtiene una señora austriaca, gorda y divorciada, que para más inri representa, dentro de la trilogía ‘Paraíso’, algunas de las miserias de Occidente. Ulrich Seidl pudo haber elegido a un belga de viaje de negocios por Tailandia pero optó por la señora austriaca, la que somete a un chapero keniata a humillantes maratones sexuales compartidas con un par de amigas. En el cine, no conviene olvidarlo, los negros parecen más dispuestos a bajar al pilón de las maduras que los delicados blanquitos. Se ofrecen incluso a un trío en la playa de ‘La noche de la iguana’ con una Ava Gardner de cuarenta años o a alegrarle la vida a Charlotte Rampling cuando pone rumbo ‘Hacia el sur’. Todas ellas, la señora austriaca, Ava, Charlotte, andan perdidas en la vida, como vacas sin cencerro, y es por eso y solo por eso que se compran a un mulato. Prejuicio más racismo. Viva el cine.

Y en otra película cualquiera…
Ella es abogada, arquitecta, policía. Es la protagonista. Ronda los cincuenta años y en su casa le esperan Michael Fassbender o el Brad Pitt del que Thelma/Geena Davis recelaba por ser la friolera de seis años más joven que ella. Otra película cualquiera. Próximo estreno… en la dimensión desconocida.

En esta dimensión que habitamos, lo que más se acerca a la normalización de las relaciones entre mujeres de vuelta y hombres en edad de merecer es ‘The Mother’. Anne Reid, que rebasa los sesenta, que no es demasiado guapa, ni es rica, ni posee un magnetismo fuera de lo común, llama la atención del futuro 007 Daniel Craig. Y bien que lo gozan. Ambos. Aun así, cabeza adentro de Anne, existe un sentimiento de culpa, una duda razonable; la culpa y la duda que le han tatuado en el hipotálamo los convencionalismos sociales. ‘The Mother’ trata de normalizar, sí, pero no se olvida de la realidad, de lo interiorizado por ellas, por los siglos de los siglos. No se puede malgastar la virilidad desbordante de los veinte, de los treinta, de los cuarenta años satisfaciendo a cuerpos femeninos que ya han cedido a la gravedad.

Esto es lo que el cine te cuenta, porque esto es lo que la sociedad le pide al cine que cuente: que las leyes de la física no se pueden contravenir si no media un pastillón de Viagra. Y no nos engañemos: el cine es la oferta, no la demanda, y, salvo en Telecinco, ninguna oferta determina la demanda. No hay que matar al mensajero.

jueves, 2 de octubre de 2014

#hemeroteca #libros #cine | Entrevista al escritor y crítico de cine Eduardo Nabal con motivo de la publicación impresa de su ensayo "Lejos de la montaña"

Entrevista al escritor y crítico de cine Eduardo Nabal con motivo de la publicación impresa de su ensayo "Lejos de la montaña"
Diario Progresista, 2014-10-02

http://www.diarioprogresista.es/entrevista-al-escritor-y-critico-de-cine-eduardo-nabal-con-motivo-56674.htm

Entrevista a Eduardo Nabal (Burgos 1970) crítico y escritor sobre cine y literaturas. Con motivo de la publicación en papel del ensayo "Lejos de la montaña. Cine europeo y mediterráneo desde una perspectiva de género" (ed. United PC, Mallorca 2014) "Algunas cinematografías son sesgadas sobre sus realidades sociales, otras van por delante de los avances en cuestiones de género, raza, políticas o diversidad sexual. No podemos generalizar en ningún sentido"

Diario Progresista: Cuéntanos algo, para los no iniciados, sobre tu última publicación. Bueno la segunda tras “El marica, la bruja y el armario” (Editorial Egales, 2007).
E.N.: Bueno en mi primera publicación, bastante mas iracunda y menos documentada que “Lejos de la montaña”, yo intenté dar la vuelta a estereotipos sexistas a partir de películas mas o menos conocidas. No sentó muy bien algunas de mis críticas a películas intocables como “Brokeback mountain” (que tiene algo que ver con el título) ni el que no ensalzara el cine español reciente. Pero es que veía cambios mucho más interesantes en cinematografías cercanas de países cambiantes desde Francia a Palestina pasando por Marruecos, Italia o Turquía. Tenía una deuda con un tipo de cine que no se produce en los grandes estudios.

D.P.: En tu libro abordas también el tema de las mujeres y las sexualidades en los países árabes ¿Te has informado y documentado mucho?
E.N: He leído algo pero es dificil pretender no ser subjetivo. Bueno, como decía Remi Lange (uno de los protagonistas del libro con su filme “Tarik el Hob” y entrevistado hace poco en este mismo periódico) yo no soy un experto en las sexualidades magrebíes y no creo que nadie lo sea del todo. Intenté echar mano de aquellos autores y autoras que han reflejado cambios en sitios o momentos puntuales como la Nadine Labaki de “Caramel” (ambientada en el Líbano, una zona muy especial) o el Ozpetek de “El baño turco”. La situación sigue siendo dificil pero existen feminismos islámicos, voces nuevas o grupos de música como Mashrou Leila, que introducen temas como el matrimonio forzoso, la libertad sexual o el peso de la familia patriarcal.

Diario Progresista: Cuéntanos algo de cómo conseguiste que este libro viera la luz en papel impreso. ¿Por que hoy día no es fácil?
E.N.: Bueno nunca ha sido fácil publicar. “El marica, la bruja y el armario” era un libro oportuno porque había muy poco sobre cine LGTB en aquel momento. Aún así las ganancias fueron irrisorias. Nadie compra libros de cine sin haber visto las películas o ser un interesado en la materia. En esta ocasión tuve que recurrir a una editorial mucho más limitada y poco generosa que Egales pero estoy contento de que este impreso y haya suscitado curiosidad, a pesar de todo.

D.P.: Dedicas, creo, un capítulo a las mujeres realizadoras ¿No es algo pasado de moda que contribuye a separar o crear género?
E.N.: Eso lo he pensado muchas veces pero en esta ocasión tenía un sentido. Porque para que una directora de cine llegue a ser considerada “autora” tiene que tener una trayectoria sólida a sus espaldas y eso hoy en Europa es cada vez más dificil. Un director es enseguida considerado un “autor” como en el caso de Ozon, querido en todos los festivales, pero Marta Balletbó Coll ha dejado el cine tras su estupenda “Sevigné” y las mujeres de la nouvelle vague se podían contar con los dedos de una mano De esa época intento rescatar a una directora experimental como Chantal Akerman cuyos trabajos rompen la lógica y el placer narrativo. Hoy Akerman es conocida pero no mucha gente ve sus arriesgados filmes.

D.P.: Presentas directores de diferentes generaciones. ¿Cuál ha sido el cambio en sus países en cuestiones de cine y género?
E.N.: Bueno Téchiné, por ejemplo, es un gran heredero de la “nouvelle vague” que ha conseguido hacer algunas obras maestras con temas recientes el racismo, el sexismo, la homofobia o la inmigración. Películas como “Los testigos” fueron pioneras en tratar de forma seria temas el VIH y su evolución social en Francia, un país donde el cine va muy por delante de una sociedad marcada por los retrocesos, el avance de la extrema derecha y la hipocresía. Algo de lo que se hacen eco directores como Ozon o en menor medida actrices que triunfan tras las cámaras como Valeria Bruni Tedeschi.

D.P.: En tu libro privilegias las lecturas de género y los directores y directoras que toman un posicionamiento al respecto no ¿es esto algo sesgado o provocado?
E.N.: Tan sesgado como no hacerlo. Durante años la crítica, y no solo española, ha sido masculina o heterocentrada ninguneando que cuestiones como la raza, la clase social, el género o la orientación sexual no son capítulos aparte sino que todos ellos son fruto de la evolución histórica y la situación geopolítica. Así, el surgimiento de un cine LGTB catalán, las primeras películas a favor de la diversidad sexual en los países árabes o la emigración-inmigración son temas muy importantes a la hora de valorar las películas y su dimensión estética y alcance humano.

D.P.: Llegas hasta Palestina-Isarel. ¿No crees que ya es entrar en un terreno muy conflictivo?

E.N.: Oriente Medio es un terreno de guerra, marcado por el imperialismo pero eso no me impide disfrutar de películas que, como las de Eytan Fox, han abierto una brecha en sociedades homófobas o militaristas. Aunque no digan toda la verdad. Es cierto que es delicado, porque el pueblo palestino no tiene medios ni tiempo para hacer cine político pero hay coproducciones que mienten y otras que son eficaces herramientas de denuncia como “La sal de este mar” de la directora palestina Annemarie Jacir o algunos trabajos del israelí izquierdista Amos Gitai. No todo el pueblo israelí quiere la guerra ni todos están a favor de la ocupación aunque las políticas internacionales refuercen este estado de enfrentamientos continuos. Hay mucho cine contradictorio.

D.P.: El Mediterráneo es muy amplio. ¿Qué países has tenido que dejar en el tintero y porqué?
E.N.: Bueno. He intentado centrarme en algunos autores/as porque era imposible abarcarlo todo. Me di cuenta de lo colonialista y atrasado que estaba en cuestiones geopolíticas, al menos en algunos casos concretos. No obstante creo que al introducir cosas como Túnez, Cataluña o el Magreb no doy una imagen excluyente ni minorizadora. Estos países siguen, como alguno de los autores que menciono haciendo películas, en imposible abarcarlo todo. Hay países que por su situación no pueden desarrollar una cinematografía firme y hacia ellos también he mirado. Aunque si te das cuenta de la de países de aquí y allí baña el mediterráneo es inconmensurable. Este libro se empezó antes de la llamada “crisis”. Ahora sería mas combativo.

D.P. Supongo que ver y escribir sobre estas películas (algunas nada comerciales) ha sido todo un desafío. También distinguir unas culturas de otras.
E.N.: Si, sobre todo porque hablar de cine y género en Castilla y León sigue siendo casi marciano. El feminismo (que también entra en mi libro junto con el estudio de las masculinidades en distintos lugares) ha conquistado más espacios en países anglosajones que en los nuestros. He tenido que apoyarme en gente muy conc-reta, en festivales especializados como el Zinentiendo de mis colegas de Zaragoza o en gente que ha estado muy cerca como mi madre, Socorro, o la correctora Rosa García Andrés, que también conoce el mundo francófono, porque aquí en Burgos el interés por el cine a nivel académico es, el mejor de los casos, meramente cosmético o crematístico. Pero hay que ser paciente, como lo son estos países que todavía soportan visiones estereotipadas, prejuicios, bloqueos o invasiones.

D.P.: ¿Dónde se puede adquirir tu libro? Sobre todo para aquellos que prefieran leerlo en papel.

E.N.: Bueno de momento solo en Amazon. Yo solo tengo un ejemplar. Este tipo de editoriales deberían darse cuenta del esfuerzo de autoras y autores por escribir algo y contribuir a difundirlo en lugar de situarlo en espacios meramente virtuales o intentar aprovecharse del escritor/a deseoso de que lean su ensayo. No sé si mi tercer libro llegará a salir algún día pero algo he aprendido sobre como seducir a los lectores/as y no solo con conocimientos sino, sobre todo, con la forma de transmitirlos para llegar hasta ell@s.

domingo, 31 de agosto de 2014

#libros #cine | Lejos de la montaña : cine europeo y mediterráneo desde una perspectiva de género


Lejos de la montaña : cine europeo y mediterráneo desde una perspectiva de género / Eduardo Nabal Aragón
United P.C. : Palma de Mallorca, 2014 [08]
248 p. : il.
ISBN 9788490397770 [2014-08]
Homosexualidad en el cine
Rol según el sexo en el cine
Sexualidad en el cine
TEXTO COMPLETO | DOC
Hartza | Lejos de la montaña : el celuloide fuera del armario
http://www.hartza.com/montana.doc
Hartza.com / QUEER / Eduardo Nabal
http://www.hartza.com/QUEER.html

Una mirada crítica de las cuestiones de género y disidencia sexual en el cine de países distantes pero bañados por un mismo mar. Tras la publicación de “El marica, la bruja y el armario” (Editorial Eagles), en este nuevo ensayo el autor analiza la obra de nuevos, y no tan nuevos, realizadores/as que a través de sus películas reflejan los cambios socioculturales producidos en las sociedades europeas y en los países situados a ambas orillas  del mar Mediterráneo. Directores como François Ozon, André Téchiné, Chantal Akerman, Ferzan Özpetek  o Amos Gitai, son algunos de los autores cuyas películas sirven para profundizar en  los avances y retrocesos en diferentes sociedades marcadas por conflictos distintos y por diversos  legados culturales. Un ensayo que nos habla del cine y del mundo cambiante en el que surgen los filmes.

¿Es posible para los realizadores y realizadoras del cine de nuestros días bajar de la montaña donde se encontraron los vaqueros americanos enamorados, perderse en las playas de la costa francesa, bañarse en los hammanes turcos o caminar sobre las aguas en la orilla oriental del Mediterráneo y descubrir que en torno al mar que vio nacer nuestra civilización aún se vive con timidez, cuando no con dolor, la libertad de los cuerpos y las manifestaciones de los sentimientos y del sexo, si no se ajustan a los patrones establecidos por los que temen las disidencias? ¿Pretende el autor responder a estos interrogantes o sólo colocarnos ante ellas para que, sirviéndonos de sus reflexiones, construyamos nuestras propias respuestas?

Eduardo Nabal Aragón (Burgos, 1970) es Diplomado en Biblioteconomía y Documentación por la Universidad de Salamanca, ha seguido cursos de cine en la Cátedra de Historia y estética de la Cinematografía de la Universidad de Valladolid y de crítica literaria y cinematográfica en la Wake Forest University de North Carolina (USA). Datan de edad muy temprana sus primeros escritos de crítica y comentario de cine para televisión, revistas y periódicos, tanto de España como de otros países de lengua hispana. Fue programador y organizador del Aula de cine de la Universidad de Burgos y en sus Servicios culturales coordinó talleres de Introducción a la Historia del Arte Cinematográfico. De forma continuada ha programado Cine-Forum y talleres de Cine y Literatura en las Bibliotecas de la ciudad de Burgos. En sus publicaciones ha conectado sus conocimientos de teoría cinematográfica con su interés por temas relacionados con cuestiones de género y disidencia sexual lo que le llevó a publicar en 2007 el ensayo "El marica, la bruja y y el armario" (Egales) y a la redacción del presente libro en el que recorre el tratamiento de los mismos temas por parte de directores de cine vinculados a diferentes países de la cuenca mediterránea. Lleva a cabo en la actualidad trabajos de investigación que documenten futuras publicaciones sobre temas de carácter social y humano enfocados desde su presencia en las pantallas.

DOCUMENTACIÓN
Lejos de la montaña. Desayunamos con Eduardo Nabal
elputojacktwist | Dos Manzanas, 2014-10-10
http://www.dosmanzanas.com/2014/10/lejos-de-la-montana-desayunamos-con-eduardo-nabal.html 
Entrevista al escritor y crítico de cine Eduardo Nabal con motivo de la publicación impresa de su ensayo "Lejos de la montaña"
Diario Progresista, 2014-10-02
http://www.diarioprogresista.es/entrevista-al-escritor-y-critico-de-cine-eduardo-nabal-con-motivo-56674.htm 
Nabal analiza la mirada del cine europeo a las distintas sexualidades
Angélica González | Diario de Burgos, 2010-08-07
http://www.diariodeburgos.es/noticia.cfm/Vivir/20100807/nabal/analiza/mirada/cine/europeo/distintas/sexualidades/4976B195-C6D6-76C4-10698563AF065E3B