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jueves, 26 de agosto de 2021

#hemeroteca #generonobinario #lenguaje | Compañeres, no es ninguna moda: la importancia de respetar los pronombres de las personas no binarias

Imagen: ABC / Andra Milla //

Compañeres, no es ninguna moda: la importancia de respetar los pronombres de las personas no binarias.

Usar el pronombre correcto es aceptar y reconocer su existencia.
Marlon Cárdenas | PlayGround, 2021-08-26
https://www.playgroundweb.com/identidad/companeres-no-es-ninguna-moda-la-importancia-de-respetar-los-pronombres-de-las-personas-no-binarias-7235

Desde hace varios días, el nombre de Andra Milla se ha tomado internet, ¿el motivo? Una videollamada donde le exige a uno de sus amigos de clase que le llame «compañere». Milla es una persona no binaria.

Ciertamente, el contexto del video sumado con lo que allí sucede tenía todos los componentes para hacerse viral, y así fue. En internet, puntualmente en TikTok, miles de usuarios se burlaron por la reacción que tomó Andra, al pedir que le llamen por su pronombre correspondiente.

Y es que la aclaración de Andra hacia su compañero, no era necesaria. En su descripción al lado de su nombre en Zoom, Milla tiene estipulado los pronombres por los que prefiere ser nombrade: Elle y Él.

La frustración ante este hecho repetitivo en su vida, sumado con su pesada carga estudiantil, le hizo reaccionar con frustración, como se ve en el video. Así lo dejo saber en su cuenta de TikTok.

En el mismo clip, Andra Milla manifestó que por su condición de persona no binaria ha recibido constantes ataques de discriminación. Incluso, después que su video se viralizara, ha sido víctima de abuso y ha recibido amenazas.

Este es solo uno de los casos que deja en evidencia la discriminación que deben soportar los integrantes de la comunidad LGBTQ+ a diario. Aquí te explicamos por qué es importante llamar a las personas no binarias con su pronombre correspondiente.

Para muchos, el lenguaje inclusivo es un simple capricho de las nuevas generaciones, pero la verdad es que no. Las personas no binarias llevan décadas luchando para que su existencia sea reconocida y respetada.

¿Quiénes son las personas no binarias?
A grandes rasgos, las personas no binarias son aquellas que no se identifican dentro del espectro binario, es decir: femenino y masculino.

Lo cierto es que la existencia de las personas no binarias parece incomodar mucho a quienes definen el mundo por solo dos vertientes: masculino y femenino. De ahí el maltrato que ha recibido en los últimos días Andra Milla.

La importancia de usar el lenguaje inclusivo con las personas no binarias es reconocer justamente su existencia. En el lenguaje que manejamos actualmente, se excluye a este sector de la sociedad y lo que no se nombra, no existe.

Además, nombrarles de la forma en que elles prefieren es una forma mínima de respeto, es una manera de reconocer su existencia. Es por eso que burlarse de una persona que elija ser llamada con el pronombre «elle» no es gracioso. El «elle» es un pronombre neutro que les permite no ser llamades con unos pronombres que no reflejan su identidad.


Y TAMBIÉN..
'Compañere' aclara que su nombre es 'Andra', no 'Andrea'.

Andra Milla, joven que se volvió viral la semana pasada habla sobre la confusión alrededor de su nombre y pronombres pues también se identifica como "él".
Alejandro Rodríguez | ABC [México], 2021-08-30
https://abcnoticias.mx/tendencia/2021/8/30/companere-aclara-que-su-nombre-es-andra-no-andrea-145844.html
«No hay 'mache' ni 'hembre'»: el profesor universitario que expulsará a quien use el lenguaje inclusivo.
«Aquí hay dos géneros, ustedes deben de entender que son dos géneros, masculino y femenino, hay un macho y una hembra en los animales, no hay mache ni hembre», dijo.
ABC, 2021-08-30
https://www.abc.es/recreo/abci-no-mache-hembre-profesor-universitario-expulsara-quien-lenguaje-inclusivo-202108301154_noticia.html

lunes, 15 de octubre de 2018

#hemeroteca #transfobia #transfeminismo | Ampliar el sujeto del feminismo no es traición

Imagen: Twitter - Podemos / Sam Fernández
Ampliar el sujeto del feminismo no es traición.
Eudald Espluga | PlayGround, 2018-10-15
https://www.playgroundmag.net/lit/ampliar-el-sujeto-del-feminismo-no-es-traicion_30927085.html

“El enfrentamiento teórico sobre el sujeto del feminismo no tiene por qué acabar en transfobia. Por ello resulta tan triste que cualquier aportación al debate -incluso cuando está bien argumentada y es respetuosa- sea simplificada, ridiculizada, polarizada y tachada de traición antifeminista.”

"¿De qué manera estamos entendiendo el sujeto 'mujeres' para acabar pensando que una mujer que se dice a sí misma mujer, en realidad, es un hombre que ha venido a usurparte el discurso?"

Se lo preguntaba este sábado Sam Fernández, bióloga e investigadora de la Universitat Rovira i Virgili, en las jornadas organizadas por el Instituto 25M y Podemos, en el marco de una reflexión sobre el llamado feminismo trans excluyente (TERF por sus siglas en inglés), que es aquel que se niega a reconocer a las mujeres trans como mujeres.

Más concretamente, Fernández quería señalar lo dañino que resulta hoy que parte del feminismo hegemónico coquetee con posiciones trans excluyentes, y proponía una revisión sin juicio de aquellas concepciones que tachan al transfeminismo de traicionero y disgregador. "Tenemos que arriesgar el sujeto del feminismo. Y arriesgarlo con un para qué, que es el anclaje. Es lo que va a hacer que no nos perdamos. Tenemos que tener clara nuestra apuesta política del feminismo para la transformación".

En vez de relajar la tensión del debate, el discurso de Fernández funcionó como una profecía autocumplida. En Twitter, los ataques transfóbos contra ella fueron brutales, y todos en la dirección que ella misma había apuntado: además de los muchos insultos, se la acusó de ser antifeminista, antimujeres y de estigmatizar la feminidad.

"¿Ampliar? ¿Ya no somos las mujeres el sujeto político del feminismo? ", se pregunta irónicamente uno de los primeros comentarios al vídeo que enlazó Podemos. "La que está alucinando soy yo. Ahora, ¿hay que incluir a tíos con barba?".

Aunque la cuestión del "sujeto del feminismo" pueda parecer muy teórica, es quizá el eje más polémico de los debates actuales. El feminismo trans excluyente, como teoría que defiende una concepción homogénea de la mujer y se opone a cualquier intento de romper la lógica binaria hombre/mujer, es un credo residual. Pocas feministas suscriben las palabras de Janice Raymond, una de sus principales representantes, que ve lo trans como un ataque contra las mujeres: "los transexuales que se convierten de hombre en mujer intentan neutralizar a las mujeres por medio de hacer innecesaria la mujer biológica".

Sin embargo, desde ciertos sectores del feminismo radical —y también desde el feminismo marxista— se critica duramente al transfeminismo y a la teoría queer, en tanto que consideran que pueden desembocar en un "feminismo sin mujeres" que blanqueé la naturaleza especial de la violencia contra las mujeres, es decir, que olviden que a las mujeres se las oprime por el hecho de ser mujeres, y no por su clase, su raza o su orientación sexual.

"¿Por qué tanto interés en sentenciar que las mujeres no son el sujeto del feminismo?", se pregunta Ana de Miguel en ‘Neoliberalismo sexual’, un libro que ejemplifica perfectamente la virulencia de los ataques contra la teoría queer, hasta el punto que llega a caer en la transfobia cuando, por ejemplo, ironiza sobre los cambios de nombre de Paul B. Preciado. Y en la misma línea van las reflexiones de Alicia Miyares sobre la cuarta ola del feminismo: "desenmascaremos a [Judith] Butler", decía en una conferencia el pasado 6 de octubre, "en ‘El género en disputa’ lo único que hace es decir que el patriarcado no existe" y a continuación leía una cita de Butler en la que la estadounidense cuestionaba la universalidad de la estructura patriarcal —pero no la existencia del patriarcado—.

La metáfora es siempre parecida. A ojos del feminismo radical, la teoría queer sería un caballo de Troya, un infiltrado, un traidor, que estaría saboteando el movimiento desde dentro. Se le acusa doblemente: primero, de convertir la identidad en una quimera discursiva insensible a la realidad biológica sobre la que se asienta el patriarcado; y, segundo, de abandonar el feminismo en manos de la doctrina liberal, porque interpretan la lucha por la abolición del género como una invitación a un paradigma de libertad y elección radical.

Ambas ideas, pues, estarían presentes en la propuesta de "arriesgar el sujeto del feminismo": frivolidad y flexibilidad juntas en una misma idea, el transfeminismo estaría destrozando la base sobre la que el feminismo ha podido levantarse finalmente.

La objeción contra la teoría queer echa sus raíces en un rechazo más general: el de las mal llamadas políticas de la identidad. Aunque en sus formulaciones originales esta objeción se centraba en los profesores que, desde su privilegio universitario, vomitaban teorías que no podían llevarse a la práctica sin violentar a las personas a las que supuestamente debían ayudar, lo cierto es que las versiones más recientes de este argumento, en la práctica, acaban cuestionando los movimientos sociales que han conseguido hacer de estas ideas una herramienta de lucha.

Es lo que ha pasado en la polémica que siguió a la intervención de Sam Fernández. La investigadora reclamaba una ampliación estratégica del sujeto del feminismo, y llegaba incluso a relativizar el corazón teórico de la disputa, para dejar claro que su apuesta era pragmática y combativa. El "para qué", el "anclaje" que reclamaba la bióloga, era precisamente este acuerdo de mínimos entre feminismo radical y transfeminismo para articular una lucha conjunta contra el patriarcado. Pero el resultado fue que su discurso fue utilizado para demonizar el activismo queer y caricaturizar la teoría como una deslealtad y una injuria, que —en el contexto de las redes— desembocó en ataques contra las personas trans.

Las jornadas organizadas por el Instituto 25M se proponían literalmente "abrir melones", pero su objetivo era sentar las bases para una discusión serena. Y lo hacían precisamente porque el enfrentamiento teórico —más que legítimo— sobre el sujeto del feminismo no tiene por qué acabar en transfobia. Por ello resulta tan triste que cualquier aportación al debate —incluso cuando está bien argumentada y es respetuosa— sea simplificada, ridiculizada, polarizada y tachada de traición antifeminista.

miércoles, 22 de agosto de 2018

#hemeroteca #violencia #homofobia | "Suicidio por policía": las escalas de grises del caso Taib

Imagen: Diario de León
"Suicidio por policía": las escalas de grises del caso Taib.
La policía no ha encontrado ninguna relación entre el yihadismo y el hombre que entró en una comisaría con un cuchillo en la mano, pero sigue considerando el caso como un atentado terrorista.
Margaryta Yakovenko | PlayGround, 2018-08-22
https://www.playgroundmag.net/now/suicidio-por-policia-las-escalas-de-grises-del-caso-taib_30460333.html

Abdelouahab Taib llamó al timbre de la comisaría de Cornellà a las seis de la mañana de este lunes. Allí solo había dos agentes, un sargento a punto de empezar su jornada y una agente a punto de acabar la suya. La que le abrió la puerta a Taib fue esta, que se encontraba en una pecera con cristal a prueba de balas. Según su relato, Taib se acercó a la pecera con la excusa de querer realizar una consulta. Ella tenía la ventanilla de atención al público abierta y, en pocos segundos y en medio de la confusión, Taib sacó un cuchillo, gritó “allahu akbar” (Alá es grande) y se abalanzó sobre la agente a través de la ventanilla con el cuchillo en una mano.

La agente volcó la mesa y se desplazó con su silla hacia atrás. Taib cayó al suelo y para cuando se reincorporó seguía teniendo el cuchillo en la mano. Ella llamó a su compañero y retrocedió por el pasillo de la comisaría, donde asegura que los dos mossos le dijeron que tirara el arma. El episodio acaba con Taib muerto en el suelo por tres disparos. Los encargados de la investigación aseguran que el relato de ambos agentes coincide con lo grabado por las cámaras de seguridad. Todo, eso sí, hasta el momento en el que los tres entraron en el pasillo en el que se produjeron los disparos: allí no hay cámaras.

El caso, que ha conmocionado a la sociedad tan solo unos días después del aniversario de los atentados de Barcelona y Cambrils, ha sido automáticamente tildado de ataque terrorista por los propios Mossos. Su investigación, de hecho, la lleva el Centro de Inteligencia contra el Terrorismo. Pero el contexto en el que se produce, las pruebas recabadas por los agentes y los testimonios recogidos, aumentan las escalas de grises entre las que oscilan los hechos.

La exmujer de Taib y su familia aseguran que su intención no era matar a nadie más que a sí mismo. Según su testimonio, estaban casados desde hace 2 años pero se divorciaron hacía apenas días porque él le confesó que era homosexual. El fin de su matrimonio supuso para él quedarse sin una coartada con la que ocultar su orientación sexual que él sospechaba que no sería aceptada por la comunidad musulmana. Dos horas antes de entrar en la comisaría, Taib escribió a su exmujer un mensaje en el que ponía: "Me voy, inshallá (si dios quiere), al gran sitio que está arriba". También dejó una carta en árabe que era una oración en la que le pedía a dios ser aceptado en su seno a pesar de ese “asunto” que era “una maldición” para él. Ambas pruebas apuntarían más a un suicida que se despide de la vida que a un terrorista que planea un atentado.

La policía no ha encontrado nada que indique que Taib estuviera relacionado con la yihad, el Estado Islámico, los atentados islamistas ni ningún otro tipo de violencia. No tenía antecedentes ni en España ni en Argelia, donde había nacido. No nombra a la yihad en su carta de despedida. Tampoco guardaba armas. Tampoco tenía contactos con personas radicalizadas. Tampoco ISIS se ha atribuido su ataque a la comisaría.

Estos hechos quedan sin embargo diluidos en el enfoque predominante en los medios y en la propia investigación. El País cita que la juez le preguntó a la agente que disparó a Taib si existe algún protocolo policial que indique cómo actuar en caso de que un individuo se acerque a un agente al grito de “Alá” y empuñando un cuchillo. La agente respondió que no. Pero, ¿era importante el distintivo del grito de Alá para el protocolo? ¿no es suficiente tener uno para, simplemente, cuando alguien entra en una comisaría con un cuchillo en la mano?

Otros medios se han encargado de recordar una y otra vez que la exmujer de Taib se convirtió al islam nada más contraer matrimonio. Incluso han pedido a los vecinos que valoraran sus actos recibiendo respuestas como: "se puso el velo enseguida" o "al cabo de un tiempo la veo con el pañuelito, y la verdad me dio mucho disgusto porque era una chica majísima y yo quiero mucho a España y a todos los que están con nosotros en España, viviendo felices y tranquilos", ambos testimonios publicados en una noticia de El Mundo.

La exmujer asegura que lo que Taib pretendía entrando con un cuchillo en la mano era buscar su muerte segura. Llevaba semanas hablando de que iba a suicidarse pero no se había atrevido a hacerlo, quizás porque el suicidio también es uno de los mayores pecados del islam. Según la versión de su exesposa, Taib habría usado la técnica conocida en EEUU como “suicidio por policía” o 'suicide by cop', en la que en países donde los agentes de seguridad tienen el gatillo fácil, las víctimas se acercan a ellos con armas, a veces de juguete, porque saben que les van a disparar.

Pero, ¿tienen los Mossos el gatillo fácil?

En los atentados de Barcelona y Cambrils, la actuación de los Mossos fue criticada porque abatieron -término oficial para las muertes a manos de la policía- a los cinco sospechosos. Y sospechoso muerto es igual a menos información para la investigación. La crispación de las horas posteriores a los atentados es comprensible, pero ¿tuvo en el caso de Cornellà algo que ver que su primer aniversario hubiera sido solo tres días antes? La policía que disparó contra Taib lo hizo cuatro veces. Erró un tiro pero los tres restantes impactaron en un brazo, una pierna y su cabeza. ¿Era este último evitable?

Su familia piensa que sí y por eso mismo se plantea denunciar a los Mossos por una “actuación negligente”. Los agentes por su parte prefieren destacar que el caso ha demostrado una cosa: la vulnerabilidad de sus comisarías. Hace más de un año, un hombre gritó “allahu akbar” y se abalanzó contra la policía con un cuchillo en mano en la frontera de Melilla. Hirió a un policía pero estos consiguieron reducirle y detenerle. Los agentes fueron felicitados por el entonces ministro del Interior Juan Ignacio Zoido y destacaron que “no hizo falta utilizar las pistolas”. El caso no fue investigado como terrorismo y se alegó que el atacante “tenía problemas mentales”.

¿Qué ha cambiado?

jueves, 12 de julio de 2018

#hemeroteca #natalidad #capitalismo | Los surcoreanos se extinguirán en 2750 si no se ponen ya a tener más hijos

Imagen: PlayGround
Los surcoreanos se extinguirán en 2750 si no se ponen ya a tener más hijos.
El país que más horas trabaja del mundo se está quedando sin tiempo ni ganas para engendrar.
Astrid Otal | PlayGround, 2018-07-12
https://www.playgroundmag.net/now/los-surcoreanos-se-extinguiran-en-2750-si-no-se-ponen-ya-a-tener-mas-hijos_30167330.html

A los surcoreanos podría matarles el capitalismo. Dejar de existir -literalmente- en un mundo que continuará sin ellos. En el país no están naciendo suficientes bebés para mantener la población. La gente muere y cada vez son menos los que vienen detrás. Es la consecuencia del llamado milagro económico que vivieron.

Si solo se mira a su economía, se celebran los datos y al resto puede despertarnos incluso cierta envidia: su tasa de desempleo no supera el 3% y el salario medio es de más de 35.000 euros al año. Luego viene el reverso: tener un hijo parece incompatible con la furia del mercado laboral.

Con la tasa de natalidad actual -situada en 1,19 hijos por mujer-, el país perderá 10 millones de habitantes en 2056 y 30 millones para 2100. En 2750, ya no habrá surcoreanos. La simulación del fin la ha realizado la Asamblea Nacional de Corea del Sur.

Más gente está decidiendo posponer el matrimonio, posponer tener hijos. Si es que llegan. Para entenderlo, todos vuelven la vista atrás. En los años 80, el país inició una transformación bestial. No había sindicatos ni derechos laborales porque el dictador militar Park Chung-hee, que asesinaron un año antes, los había prohibido. Pero Chung-hee puso los cimientos para crear un potencia: protegió un oligopolio y empezó a dar crédito a las compañías. Hoy en el mundo entero se tiene móviles Samsung, coches Hyundai y aires acondicionados LG. En poco tiempo, Corea del Sur pasó de una economía poco desarrollada a una potencia.

Las sagas de corrupción tampoco fallan. Casi todos los mandatarios en democracia han estado envueltos en algún escándalo. El más sonado fue el llamado La Rasputina, donde a la expresidenta Park Geun-hye, hija del dictador, fue condenada a 24 años de prisión por abuso de poder, coacción y soborno. Siguiendo los pasos de su padre, la exmandataria concedió favores políticos a los grandes conglomerados surcoreanos -como Samsung- a cambio de decenas de millones de dólares.

Pero los problemas de derechos laborales no están solo en las grandes corporaciones -conocidas como chaebols-, sino que afecta a todos los sectores, incluso más. Los que limpian, cocinan o trabajan en una tienda de ropa. Solo en marzo de 2018, una ley aprobada lograba acabar con la jornada laboral inhumana de 68 horas y pasaban el tope a 52.

La boyante economía que no para de producir impide tener tiempo. Los que quieren tener una familia relegan el deseo. Ahora al país le preocupa extinguirse. Spolier: después de Corea del Sur, unos de los que menos nacimientos ven son los españoles.

jueves, 28 de junio de 2018

#hemeroteca #lgtbi #orgullo | El homopatriarcado y el capitalismo han matado al Orgullo LGTB+

Imagen: PlayGround
El homopatriarcado y el capitalismo han matado al Orgullo LGTB+.
El Orgullo LGTB+ ha permutado en un Orgullo Gay donde manda un homopatriarcado. El capitalismo ha hecho del Pride el producto estrella de un público exponencial: hombres gais blancos de clase media alta con la cartera llena de billetes.
Rubén Serrano | PlayGround, 2018-06-28
https://www.playgroundmag.net/lit/el-homopatriarcado-y-el-capitalismo-han-matado-al-orgullo-lgtb_30004615.html

En junio de 1977 tuvo lugar la primera marcha del Orgullo LGTB+ en España. Fue en Barcelona, donde 4.000 personas recorrieron Las Ramblas para exigir que la Ley franquista de Peligrosidad Social no incluyera a los homosexuales. Aparte de gais, lesbianas, familias, activistas y militantes políticos, la marcha la encabezaron personas trans, que fueron las primeras que se enfrentaron a la policía cuando empezaron a dispersarla. 41 años después, la imagen del Orgullo de Barcelona tendrá unos protagonistas muy diferentes.

Las fotografías que circularán este año serán, siguiendo la tónica habitual, las de hombres gais musculados bailando encima de carrozas. Ellos se han convertido en la cara más visible del Orgullo porque, aunque las siglas LGTB+ queden muy bien juntas y den sensación de hermanamiento, hay una que queda siempre más representada que las otras.

Mujeres lesbianas, bisexuales, personas trans y otras identidades de género y orientaciones sexuales están totalmente eclipsadas por el varón homosexual. El Orgullo LGTB+ ha permutado en un Orgullo Gay donde manda un homopatriarcado calcado a la heteronorma. Consecuentemente, el Orgullo se ha convertido en el producto estrella de un público cada vez más exponencial: hombres gais blancos de clase media alta. Muchos eventos están pensados por y para ellos. En nuestro país sólo hay que pensar en destinos como Sitges, Madrid o Barcelona, cuya población masculina se dispara durante la semana del Pride.

No es de extrañar que la manifestación del Orgullo haya mutado en una cabalgata de marcas luciendo banderas arcoíris para intentar sacar tajada. Los grandes nombres del sector textil y de la informática solo se acuerdan del colectivo durante unos días al año. Muchas de estas firmas que hoy ondean los seis colores tienen fábricas en China, Bangladesh, Pakistán o Marruecos donde los derechos LGTB+ son prácticamente inexistentes, además de patrocinar eventos deportivos mundiales en países donde ser gay te puede costar una paliza y hasta la vida. Pura hipocresía. Se han apropiado de una lucha que no es suya para hacer comercio rosa y lucrarse a nuestra cosa. Y lo peor es que nosotros les estamos dejando.

Que las grandes empresas apoyen al movimiento es una gran noticia, sin embargo, podrían mostrar una implicación real antes de colgarse la medalla. ¿Cuántas de ellas dan a alguna organización o causa LGTB+ al menos una parte de lo que recaudan con sus productos hechos para el Orgullo? ¿Cuántos de sus empleados pueden expresar su orientación sexual o identidad de género con tranquilidad sin tener miedo a ser rechazados? ¿Fomentan espacios inclusivos o es solo un lavado de imagen?

Hemos pasado de ser los marginados del sistema a ser una de las joyas de su corona. El Orgullo LGTB+ nació en Stonewall en 1969 fruto de una protesta ciudadana, liderada por mujeres trans afroamericanas y latinas que decidieron enfrentarse a la represión policial tras soportar años de redadas y porrazos. Si hoy Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera vieran una lucha despolitizada y sumida en el capital, como mínimo, se llevarían las manos a la cabeza. A veces parece que como colectivo hemos olvidado toda nuestra historia o que quizá nunca llegamos a aprender nada.

La fiesta se ha apoderado del Orgullo para celebrar avances y logros legales como el matrimonio homosexual. No obstante, también es ella la causante de que parte del colectivo se haya acomodado. Algunos creen que sus derechos ya han sido lo suficientemente reconocidos y han dejado tiradas en el suelo las necesidades del resto de compañeros.

El colectivo trans es el más vulnerable ahora mismo. Si bien la OMS acaba de eliminar la transexualidad de su lista de enfermedades mentales, todavía hace falta mucha legislación que garantice la igualdad y la protección de las personas trans. Del mismo modo, aunque avancemos en materia legal, la gran asignatura pendiente es conseguir una aceptación real entre la sociedad que impida de una vez los asesinatos de personas trans, los suicidios de menores LGTB+, las palizas por ir cogido de la mano con tu pareja y otros crímenes de odio.

Dentro de la burbuja que supone vivir en España y en Europa, hablamos como colectivo LGTB+ privilegiado. Si ponemos nuestros ojos en Oriente Medio, África o Asia descubriremos que nuestros hermanas y hermanas no corren la misma suerte y ni pueden adoptar, ni casarse o ni siquiera estar protegidos por ley en sus puestos de trabajo. Aparte de bailar, tenemos que salir a la calle para gritar por todos aquellos que no pueden hacerlo: en 72 países del mundo ser homosexual es ilegal y en otros 8 supone la pena de muerte.

Todo esto no implica que no tengamos que celebrar con confeti y música pop todo lo que hemos alcanzado, pero supone que no se nos puede olvidar todo lo que aún nos falta por conseguir. Tenemos que ser solidarios entre nosotros y volver a ser una comunidad. No podemos ser complacientes, subirnos semidesnudos una vez al año encima de una carroza y creer que con eso ya estará todo hecho. El Orgullo tiene que volver a ser político, inclusivo y atento a nuestra diferencia. Todo esto depende única y exclusivamente de nosotros. Si bajamos el puño para levantar un ‘gin tonic’, estamos poniendo en pausa nuestras propias victorias.

jueves, 3 de mayo de 2018

#hemeroteca #mayodel68 | 1968: la verdadera revolución sucedió fuera de París

Imagen: PlayGround
1968: la verdadera revolución sucedió fuera de París.
Alemania, México, Italia y Checoslovaquia: las protestas de 1968 excedieron el mito de la contracultura y supusieron un verdadero desafío para los Estados europeos y americanos.
Eudald Espluga | PlayGround, 2018-05-03
https://www.playgroundmag.net/lit/Asesinatos-golpes-de-estado-y-mucha-violencia-los-otros-mayos-del-68_28973553.html

Cuando hablamos del Mayo del 68 la mirada se nos va hacia Francia, el barrio latino de París y la ocupación Sorbona. Es inevitable. Pero del mismo modo que el "mayo francés" no llegó en mayo, sino en marzo, también es cierto que nunca fue estrictamente francés. Más bien resultó un terremoto global, imposible y contradictorio, con muchos epicentros y réplicas descoordinadas. Las primaveras florecieron a destiempo, y en muchos casos parecieron más bien una larga continuación del invierno.

Quizá lo único claro sea que en 1968 no hubo un solo sujeto revolucionario, como tampoco un único enemigo. Ese año se produjeron asesinatos masivos, intentos de golpes de Estado, huelgas obreras. La violencia sobrepasó en mucho la emocionante confusión que se respiró en las calles de París, y la etiqueta de "contracultura", que tan bien funciona para Estados Unidos, apenas nos sirve para aproximarnos a lo que pasó en otros lados.

Mayo del 68 fue mucho más que protestas libertarias de unos estudiantes pijos y un poco aburridos: la mirada global nos impide resumir ese año como una frivolidad sobredimensionada. Para ver más allá del mito, recuperamos algunos libros clásicos y publicaciones recientes que buscan entender qué pasó ese 1968 en sitios como México, Checoslovaquia, Alemania e Italia.

México: la noche de Tlatelolco
Empecemos por el final. La matanza que se produjo en México fue uno de los episodios más brutales de 1968, y permite entender la imposibilidad de ofrecer una explicación coherente y global de las revueltas. En su origen no hay reivindicación alguna. Como explica Elena Poniatowska en ‘La noche de Tlatelolco’ (Escolar y Mayo ediciones), todo empezó con una bronca estudiantil entre pandillas, que terminó con cargas policiales contra los universitarios. Los hechos se produjeron en julio, y durante todo el verano siguieron manifestaciones antirrepresivas, a las que se sumaron amplios sectores de la población.

Sin embargo, ese mismo octubre iban a celebrarse los Juegos Olímpicos en México, por lo que el presidente Gustavo Díaz Ordaz ordenó una intervención militar para acabar con las protestas. En agosto comenzaron las agresiones, las detenciones y las desapariciones. El ejército intentaba limpiar las calles con la bayoneta en la mano, pero los estudiantes respondían con cócteles molotov. Los enfrentamientos se sucedieron hasta que el día 2 de octubre unas 5.000 personas se concentraron en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco para asistir a un mitin del Consejo Nacional de Huelga, evento que el gobierno mexicano aprovechó para culminar la "estrategia de contrainsurgencia" con la que pretendía poner fin a las revueltas.

Con francotiradores apostados en los edificios y los tanques preparados para tomar la plaza, las fuerzas del Estado dispararon contra hombres, mujeres y niños. Es difícil saber cuántas personas murieron, se calcula que unas 400. El recuento fue imposible porque, para evitar la identificación de las víctimas, los militares robaron los cadáveres y los quemaron. Como explica Antonio Elorza en ‘Utopías del 68: de París y Praga a China y México’ (Pasado y presente), Tlatelolco fue un laboratorio de experimentos represivos a gran escala en el que triunfó la barbarie: los estudiantes regresaron a las clases y el Comité Nacional de Huelga votó su autodisolución. Se suspendieron las protestas y los Juegos pudieron celebrarse sin problemas. 

Praga: primavera antisoviética
El origen simbólico de la "primavera de Praga" también lo encontramos en unos Juegos Olímpicos. En febrero de 1968 se estaban celebrando en Grenoble los Juegos Olímpicos de invierno, y la selección checoslovaca de hockey sobre hielo ganó por 5 a 4 a la Unión Soviética. Era un resultado sorprendente que no hubiera podido darse si el secretario general del partido en Checoslovaquia, Antonin Novotny, hubiese seguido en el poder. Esa pequeña victoria encaraba las esperanzas de una sociedad que quería librarse de la tutela soviética.

Como explica González Férriz en 1968. ‘El nacimiento de un mundo nuevo’ (Debate), Novotny había renunciado unas semanas antes debido a las exigencias de apertura de los checoslovacos: sin querer cambiar el modelo socialista por el capitalista, la juventud exigía una tercera vía, "un socialismo democrático compatible con instituciones libres, respetuoso con las libertades individuales y las metas colectivas". Alexander Dubcek, su sustituto al frente del secretariado, despertó la ilusión: aunque era un ‘appartchick’, pertenecía al ala reformista del partido y estaba dispuesto a dar respuesta al malestar social. Las manifestaciones fueron parapetadas por Dubcek, que creía que podría canalizarlas: estudiantes y obreros se acogieron a discursos poco ortodoxos; los diarios, radios y televisiones retransmitían el malestar; y figuras como Vaclav Havel empezaron a pedir públicamente la legalización de los partidos de la oposición.

A medida que la llamada "primavera de Praga" tomaba forma, la amenaza de una intervención soviética se volvía más evidente. El 17 de mayo, el Ministro de Defensa ruso se desplazó junto a un destacamento militar hasta Checoslovaquia, si bien el viaje se presentó como una "muestra de amistad". Desde el ‘Pravda’, el periódico oficial del partido comunista, se invitaba a los sectores más conservadores a realizar un golpe de Estado. Con el paso de los meses, la presión era cada vez mayor, hasta que el 20 de agosto Checoslovaquia fue invadida por 250.00 soldados y más de 2.000 tanques. Hubo resistencia civil, pero no militar: "los praguenses levantaban barricadas o volcaban autobuses para impedirles el paso. [...] se produjeron muertes checoslovacas desde el primer día de la invasión".

La derrota fue total. Dubcek tuvo que aceptar las medidas impuestas por la Unión Soviética y los miembros del Pacto de Varsovia. Anunció que se limitaría nuevamente el alcance de la democracia y las libertades. En septiembre, la Asamblea Nacional checoslovaca aprobó las medidas que reinstauraban la censura, restringían la libertad de reunión y prohibían la actividad política fuera de los partidos de la oposición.

Alemania occidental: los hijos de Hitler
El rechazo al comunismo soviético no siempre llevó al anticomunismo. 1968 también fue el año del "gran salto adelante", en el que la revolución cultural china haría "florecer cien flores", y la retórica de Mao Zedong cuajó entre la juventud europea. Frente al estalinismo, el ‘Pequeño libro rojo’ parecía ofrecer una verdadera doctrina revolucionaria que recuperaba la esencia del marxismo. Así lo entendieron en la Alemania occidental: Andreas Baader, Gudrun Ensslin y Ulrike Meinhof fundarían la Fracción del Ejército Rojo (RAF), una organización revolucionaria que durante los años 70 perseguía sus objetivos mediante la acción armada.

La formación del RAF consolidaba la radicalización de unas protestas que habían empezado en abril de 1968, tras el intento de asesinato de Rudi Dutschke, uno de los líderes de la Federación Socialista Alemana de Estudiantes. Hasta ese momento, el caso de Alemania no era tan distinto del francés, con la salvedad de un fuerte sentido generacional, que contraponía "los hijos de Hitler" a todo lo que representaban sus padres. Como explica González Ferriz, también la preocupación por la relación entre sexo y política fue muy pronunciada: los miembros de la Kommune 1, una "comuna maoísta que promovía la promiscuidad como una forma de liberación, se fotografiaron desnudos en clara analogía con las imágenes de los campos de concentración, identificando su liberación sexual con la liberación del nazismo".

Sin embargo, después del intento de asesinato de Dutschke se elevaría la tensión en todo el territorio. Alemania Occidental se convirtió en una gran batalla campal: en la semana posterior al atentado, 400 persones resultaron heridas y hubo más de 1.000 detenciones. Desde entonces el movimiento estudiantil se debatió entre rechazar la violencia o abrazar la lucha armada, hasta que el 4 de noviembre se produjo "la batalla de Tegeler Weg", en la que estudiantes y obreros se enfrentaron a las fuerzas del estado lanzándoles adoquines: más de 130 policías resultaron heridos. En un artículo para la revista Konkret, Ulrike Meninhof lo dejaba claro: "la protesta es cuando digo esto y aquello no me gusta. La resistencia cuando me encargo de que esto y aquello que no me gusta no vuelva a suceder".

Italia: "la violencia, la violencia, la violencia"
En Italia, la violencia estuvo presente desde el primer momento. Si bien las manifestaciones estudiantiles contra la reforma educativa habían empezado en 1967, la radicalización de las protestas se produciría tras la batalla de Villa Giulia, el 1 de marzo de 1968, después de que 2.000 policías cargaran brutalmente contra 3.000 manifestantes, dejando cientos de heridos a su paso. El movimiento estudiantil tomaría impulso más tarde, el 12 de abril, tras los disturbios en protesta contra el intento de asesinato de Rudi Dutschke en Alemania.

Los revolucionarios italianos tenían claro que era necesario contestar a la violencia con más violencia. Y, de hecho, "la violencia" fue el himno estudiantil que sintetizó sus aspiraciones revolucionarias. "Hoy he visto en la marcha / tantas caras sonrientes, / la compañera, quince años, / los obreros con los estudiantes. [...] He visto el coche blindado / volcado y ardiendo, / tantos y tantos policías / con la cabeza abierta. / La violencia, la violencia, / la violencia, la revuelta; / quien ha dudado esta vez / luchará con nosotros mañana".

Sin embargo, a pesar de la canción, estudiantes y obreros no fueron siempre de la mano. Como explica Javier Noya en ‘Mayo del 68. Las críticas de la izquierda a las revueltas estudiantiles’ (Catarata), intelectuales como Pier Paolo Pasolini se alejaron del movimiento y se mostraron muy críticos con él: "me he pasado la vida odiando la moral de la vieja burguesía y, por coherencia, debo odiar también a sus hijos. La burguesía levanta barricadas contra sí misma: los 'hijos de papá' se levantan contra sus 'papás'. El objetivo de los estudiantes no es la Revolución, sino la Guerra Civil".

Pasolini acertó: el movimiento estudiantil languideció pronto. Los obreros, en cambio, convocaron una oleada de huelgas a lo largo de 1969, que culminarían finalmente en el llamado "otoño caliente", con la ocupación de grandes complejos industriales. El escritor y activista Nanni Balestrini participó en las revueltas, y en ‘Lo queremos todo’ (Traficantes de sueños) resumió lo que esos años implicaron para los trabajadores: la quiebra del dominio del capital sobre el obrero, "no con la formación de una nueva conciencia de clase, ni con el nacimiento de una nueva ideología, sino directamente sobre la base de exigencias materiales". En cierto modo, el caso italiano desmentía el relato general del mayo del 68. No supuso una transición hacia la izquierda posmaterialista, sino todo lo contrario: un reagrupamiento del marxismo de vieja escuela.

miércoles, 18 de abril de 2018

#hemeroteca #queer | Judith Butler: “no voy a decir a los niños que vistan de rosa ni a impedirles jugar con camiones”

Imagen: Ara_cat / Miquel Missé y Judith Butler en CCCB de Barcelona
Judith Butler: “no voy a decir a los niños que vistan de rosa ni a impedirles jugar con camiones”.
Butler ha venido a Barcelona para llevar a la práctica aquello por lo que en Brasil la acusaron de “pederasta” y “bruja”. La pensadora estadounidense se ha reunido con más de 300 estudiantes de secundaria para explicarles sus teorías sobre género y sexualidad.
Eudald Espluga | PlayGround, 2018-04-18
https://www.playgroundmag.net/lit/Judith-Butler-Barcelona-genero-institutos_29079525.html

Judith Butler fue agredida en el aeropuerto de Congonhas, en Sao Paulo, hace apenas unos meses. Después de que una petición anónima recabara hasta 370.000 firmas contra la visita de la pensadora, más de un centenar de personas se manifestaron frente a la Universidad con crucifijos en la mano, y quemaron un muñeco con la cara de Butler. En las pancartas podían leerse acusaciones de pedofilia y zoofilia, y por las calles la llamaron "bruja", "exterminadora de familias" y "promotora mundial de la ideología de género". Su acusación era firme: Butler quería corromper la sociedad brasileña, destruir la tradición, pervertir y confundir a los niños.

Ahora, la filósofa estadounidense ha venido a Barcelona para llevar a la práctica aquello por la que la insultaron en Brasil. Se ha reunido con 300 estudiantes de secundaria —de 12 a 18 años— para exponer sus teorías sobre género y sexualidad, repitiendo así el gesto filosófico más radical: corromper la juventud.

"Corromper a la juventud" fue la acusación que se lanzó sobre Sócrates, el primer gran pensador. "Sócrates es culpable", rezaba la denuncia, "porque fisgonea las cosas del cielo y de debajo la tierra / hace parecer buena la mala causa / y enseña todo esto a los demás". Como al filósofo griego, a Butler se le achaca que haga preguntas impertinentes en público, que cuestione la gramática moral de nuestros hábitos, que se atreva a preguntar "por qué" incluso cuando hablamos de los dioses de la ciudad.

Son muchos los que la ven como un peligro, y temen invitarla a escuelas o institutos. El solo hecho de hablar de género en términos políticos incomoda: "piensan que voy a obligar a los chicos a vestirse de rosa o que les impediré jugar con camiones". Pero Butler no quiere desmaquillar a las adolescentes ni obligar a los chicos a vestir con falda. Ni siquiera desea un mundo en el que las categorías de género no existan: eso sólo funciona en la ciencia ficción. Por el contrario, lejos de crear nuevas prescripciones y atenazar las diferencias en nuevas identidades, aspira a relajar el binarismo normativo hegemónico para evitar así el sufrimiento y la exclusión de todas aquellas personas que no encajan perfectamente en los ideales de "hombre" o "mujer".

Teoría queer para niños
Para hacer comprensible su teoría, Butler ha lanzado la siguiente pregunta: "cuando nacisteis, ¿qué es lo primero que quisieron saber de vosotros? Exacto, si eráis niños o niñas". Hoy, la asignación de sexo se produce incluso antes del parto. "Nadie llega al mundo siendo una 'persona'. Los humanos sólo somos reconocidos como personas cuando tenemos género". Pero el género no tiene nada que ver con nuestra anatomía: "el género son los significados sociales de la asignación de sexo". Así que más que con los genitales o las hormonas, el género tiene que ver con todas aquellas expectativas que son trasladados al cuerpo del bebé en forma de nombre, colores, juguetes, ropa, comportamiento, hábitos, etcétera.

El problema, sin embargo, no es la existencia de una taxonomía que nos divida —"no podemos abolir las categorías"—, sino que su rigidez nos obligue a vivir con miedo y vergüenza. "Tenemos que pensar el género como un espacio de libertad", y entender que hay muchas maneras de ser hombre y mujer, o de no ser ninguna de las dos cosas. Pero, a diferencia de lo que piensan sus críticos, Butler no tiene ningún problema con aquellos que se sientan cómodos con el género que les ha sido asignado.

Para explicarse, Butler ha recorrido a su experiencia personal. Desde pequeña veía como su madre utilizaba la expresión "ponerse la cara" para referirse al maquillaje. Se situaba ante el espejo e intentaba que su rostro se acercara al ideal de mujer que había aprendido en Hollywood. Era literalmente una performance, una actuación: no iba a salir a la calle hasta que se hubiera "puesto la cara".

De esa epifanía arrancan sus provocativas ideas, y así se lo ha contado a los estudiantes que llenaban el teatro del Centro de Cultura Contamporània de Barcelona. Butler no se considera hombre ni mujer. Literalmente le da igual: "no estoy interesada en tener una identidad, sino en tener afiliaciones". Porque su rechazo del género es un rechazo político de las estructuras de dominación que subordinan a las mujeres y a todos aquellos que no encajan en el paradigma: el "marica" de la clase, la "puta" o la "marimacho". Y habla de "afiliaciones" porque entiende que la resistencia frente a la heteronormatividad patriarcal tiene que ser comunitaria: la lucha trans no es solamente la de aquellos que aspiran a una resignación de género, sino también la de todos aquellos que habitan en la indefinición de los márgenes; incluso —y quizá especialmente— de las personas cisgénero que no quieren que su identidad sirva para vehicular la opresión de sus iguales.

El género en disputa y la brecha generacional
Judith Butler había accedido a realizar esta charla en el marco de su proyecto para adaptar ‘El género en disputa’ a un público juvenil. Una iniciativa previsiblemente polémica que llevaba un paso más allá la idea de "corrupción de la juventud". ¿Un manual para escuelas en la que se enseñara que el género es una construcción social? Paradójicamente, el encuentro ha demostrado que quizá no son esos adolescentes quienes más necesitan este tipo de corrupción filosófica.

Frente a las palabras de Butler, nadie ha reaccionado con estupor. Tampoco con sorna. Más que sentir que su edificio conceptual se tambaleaba, sus preguntas revelaban que por primera vez podían dar salida a algunas de sus preocupaciones más íntimas. Si interrogaban a la pensadora, no era tanto para cuestionar sus premisas sobre el género, como para entender de qué modo podían conjugar estas ideas con el feminismo o para saber cómo podían trasladarlas a la escuela.

La brecha generacional respecto a la sensibilización con temas como la LGTBIfobia resultaba evidente cuando los estudiantes preguntaban cómo podían ellos hacer pedagogía en casa o con sus profesores. Miquel Missé, sociólogo y activista trans que dirigía el acto, lo ha resumido perfectamente: "no sois lo que los profesores y profesoras hacen de vosotros. También vosotros los hacéis a ellos. Tenéis el poder de cambiar cómo se explica una cosa en clase".

Como ejercicio de corrupción de la juventud, el encuentro ha sido claramente un fracaso. Pero un fracaso esperanzador, que invita a pensar que una versión adolescente de ‘El género en disputa’ ya dispone de unos lectores preparados para entenderlo.

viernes, 2 de febrero de 2018

#hemeroteca #plumafobia #homonormatividad | Contra la plumofobia

Imagen: GCN
Contra la plumofobia.
“Tratan lo femenino como algo inferior y negativo porque, por encima de todo, son hombres que disfrutan de los privilegios que eso les ofrece, como estar económica, política, social y culturalmente por encima de las mujeres.”
Rubén Serrano | PlayGround, 2018-02-02
https://www.playgroundmag.net/lit/plumofobia_27616185.html

Salir de fiesta gay por Barcelona se ha convertido en una jungla de bíceps y abdominales. Al mismo tiempo, quedar con un chico es toda una odisea. Antes de la cita, tienes que cumplir unos requisitos casi siempre imprescindibles: “Busco machos”, “Solo tíos que se comporten como tíos”, “No quiero locas ni princesas”. Y yo frente a este panorama —con cara de niño, cuerpo endeble y un poco de amaneramiento— me doy cuenta de que formo parte de una espectáculo en el que ni estoy invitado ni soy bienvenido.

La llamada plumofobia, o el rechazo a hombres que muestran actitudes o comportamientos femeninos, ha infestado la comunidad gay de arriba abajo. Según un estudio de la revista gay británica Attitude, el 41% de los encuestados piensa que los chicos femeninos dan una mala imagen del colectivo LGTB+ y un desolador 71% ha afirmado que un hombre con maneras del sexo opuesto no les excita lo más mínimo.

Al contrario de lo que muchos piensan, la plumofobia no tiene nada que ver con homofobia entre gais, sino con los conflictos que generan los roles de género dentro del colectivo.

Partiendo de esa base, en la cultura popular a los gais todavía se nos representa como chicos delgados, con poca vergüenza, afeminados y con dotes para el entretenimiento. Para acabar con este estereotipo, parte del colectivo homosexual está forzando y exagerando actitudes varoniles para demostrar que también son masculinos, a pesar de besarse y acostarse con hombres. ¿Cómo estamos llevando esto a la práctica? Copiando los roles normativos propios de un hombre heterosexual y adaptándolos al mundo gay.

El primer paso es la apariencia física. Construir una imagen de macho alfa requiere de incontables horas en el gimnasio y de un fondo de armario donde reinen la ropa deportiva y complementos que sexualicen nuestra masculinidad, como arneses de cuero.

Esa estética de macho bruto inspirada en Tom of Finland debe traducirse en un comportamiento viril, dominante, autoritario y violento; una fachada que después lucen, sobre todo, en ciertos locales de ambiente gay donde las pelucas y la purpurina no están permitidas. Allí solo son admitidos como miembros del selecto club aquellos homosexuales que hagan gala de una hombría ibérica.

Por inercia, cada vez que vemos a un gay con ciertas formas femeninas asociamos que posee características tradicionalmente vinculadas a las mujeres: son sensibles, sumisos, débiles y frágiles. Para plantar cara al desafío que la pluma supone para nuestra frágil masculinidad, algunos han optado por menospreciarlos con insultos sexistas como “marica loca” o “esta es una pasiva”, usando siempre el femenino de forma peyorativa.

Si hay miembros del colectivo gay que humillan a otros homosexuales que expresan libremente su feminidad en lugar de respetarlos es porque se identifican antes con el patriarcado que con el colectivo LGTB+. Tratan lo femenino como algo inferior y negativo porque, por encima de todo, son hombres que disfrutan de los privilegios que eso les ofrece, como estar económica, política, social y culturalmente por encima de las mujeres.

Siguiendo este juego de jerarquías un gay afeminado está peor considerado que un gay que ha asumido las reglas patriarcales y que hace gala de su poder. Y así, al convertirnos en replicantes del heteropatriarcado, que censura todo lo que no exuda masculinidad, nos contagiamos del machismo que gobierna nuestra sociedad. Por ese motivo cada vez escucho más entre mis amigos perlas misóginas como “este local está lleno de chochos, qué asco” o “no me gusta que haya tías aquí, no me siento cómodo”.

Qué curioso querer destruir un estereotipo construyendo otro hipermasculino que tampoco representa a toda la comunidad homosexual. Qué curioso que ahora los gais penalicemos a lo femenino cuando de pequeños con quien más seguros nos sentíamos era con mujeres. Qué curioso que nos exijamos entre nosotros comportamientos masculinos, que era justo lo que nos pedían en el colegio antes de darnos un empujón o de llamarnos “maricones”. Qué curioso que pidan esa actitud los mismos hombres que en su infancia guardaban su sexualidad en el armario para evitar ofensas y humillaciones.

Muchos argumentarán que se trata de gustos; no obstante, hay que ir a la raíz y ser conscientes de que esas filias esconden tintes discriminatorios. Si pones en tu Grindr “negros no” estás siendo racista, si pones “no me van chinos” o “paso de latinos” estás siendo xenófobo, si tienes escrito “solo delgados” estás siendo gordófobo. Por tanto, dar de lado a un chico porque sea femenino es plumofobia aderezada con machismo y trazas de misoginia.

Esta apología de la masculinidad me ha provocado debates internos. La presión social por aparentar “ser un hombre de verdad” me hizo llegar a adoptar actitudes varoniles, como apuntarme a un gym para muscularme o comprarme un chándal de Nike para salir de fiesta. Sin embargo, toda esa apariencia se traducía en citas frustradas o en lágrimas al salir de la discoteca a las 6 de la mañana porque yo no estaba siendo yo; yo estaba siendo otro para complacer a unos robustos hombres con los que deseaba estar y demostrarles que también soy masculino. Había caído en la trampa.

¿Por qué un colectivo tan discriminado como el gay imita los patrones que tanto daño nos han hecho? ¿Por qué nos estamos convirtiendo en opresores con miembros de nuestra propia comunidad? Han sido esos gais con vestidos de lentejuelas y tacones los que han salido a la calle a visibilizarnos y a reivindicar nuestros derechos. Si ahora estos gais convertidos en Popeyes y anuncios de Calvin Klein se pueden casar, adoptar o besarse en medio de la calle es por el trabajo que esos “gais femme” han hecho.

¿Qué harán por la comunidad LGTB+ estos gais cómplices del machismo? No podemos dejar que un rol de género condicione nuestros sentimientos y defina nuestro día a día. Tenemos que ser inclusivos con nosotros mismos. Si algo he aprendido tras estos meses intentando clonar actitudes "masc4masc" es que la pluma es inofensiva, la masculinidad tóxica no.

viernes, 30 de junio de 2017

#hemeroteca #lesbianismo #poblacionromani | Ser lesbiana en el mundo gitano: 'Cuestionan si eres más o menos gitana por ser lesbiana'

Noelia Heredia
Ser lesbiana en el mundo gitano: 'Cuestionan si eres más o menos gitana por ser lesbiana'.
Las mujeres romanís lesbianas se están empoderando para hablar de su homosexualidad sin tabús.
Anna Pacheco | PlayGround, 2017-06-30
http://www.playgroundmag.net/cultura/Lesbianas-gitanas_0_2000799950.html

Noelia Heredia estuvo pedida con un chico casi seis meses. A los 13 o 14 años. Él era mayor. Fueron seis meses, pero a ella le parecieron, qué sé yo, seis años. “Se me hicieron larguísimos, eterno”. El tiempo pasaba lento porque ella, en realidad, no quería casarse. Ella era lesbiana y lo sabía desde siempre. “Antes no había la información que hay ahora, no estaba tan informada, me costó comprender qué me estaba pasando y darme cuenta de que yo no era cómo el resto de mis amigas”, explica.

Pero en su caso, la presión y el temor de saberse ‘distinta’ fue doble, porque Noelia es lesbiana y también gitana. “Me costó y me sigue costando. Me costó como mujer, pero también me costó como gitana. Y no por mis padres, sino por el resto de la gente, el entorno. Te juzga, te sacan del ‘gitanometro’, como yo le digo, te ponen en tela de juicio. Cuestionan si eres más o menos gitana por ser lesbiana”.

A sus 37 años, Noelia ahora viaja por todo el mundo. Es cantaora y percusionista de flamenco, su nombre artístico es ‘La Negri’, y es una conocida activista por los derechos LGBTQ+. Algunas de sus canciones de flamenco hablan de amores lésbicos, ha actuado en el Orgullo dos años seguidos y habla abiertamente de su sexualidad. Sin tapujos. “No quiero ser el referente de nadie, eso es mucha responsabilidad”. Pero, en parte, lo es. Según el Secretariado Gitano, se estima que hay en España alrededor de 750.000 gitanos. Pero aún hay muy pocos referentes gitanos visibles dentro de la comunidad gay o transexual. No es fácil dar con ellos. Mucho menos con ellas. Hay pocas que quieran aparecer en la prensa o contar su experiencia a título personal. Uno de los pocos testimonios extensos sobre lesbianas gitanas es esta entrevista a Sheila y Carmen, dos gitanas casadas hace siete años en España.

"Con respecto a estos temas estamos muy escaldados con el tratamieno que se hace desde algunos medios y los enfoques, que suelen ser dirigidos a remarcar lo malos e intolerantes que son los gitanos", advierte Demetrio Gómez, fundador de la Asociación Verperipen, espacio formado por personas romanís y no romanís que lucha por diversidad. De ahí tanto silencio.

Noelia no para de recibir mensajes y llamadas de chicas y chicos jóvenes que exploran su sexualidad, descubren su lesbianismo o sufren malos tratos o abusos por culpa de eso. Noelia intenta ayudarles como puede, pero admite que no es fácil. “La realidad del pueblo gitano es muy variada. Cada historia es un mundo. Hay una tendencia a estereotipar, a pensar que todos somos iguales, pero eso no es cierto".

“En la cultura gitana tenemos ese respeto hacia los mayores muy inculcado, por lo que yo tampoco voy a perder mucha fuerza en hacer que entiendan una cosa para que yo sea más feliz. Cuando yo me fui de casa a hacer mi vida, ellos lo respetaron y para mí esa ya es una forma de aceptarme”. Los problemas que ha enfrentado Noelia, dice, no son muy distintos a los que se puede topar una chica lesbiana en el seno de una familia católica o con valores muy arraigados.

Noelia nunca ha presentado abiertamente a sus novias en su familia. Ella prefiere llamarlas “amigas”, aunque su madre siempre sabe qué amiga es más importante que otra. “Las madres siempre saben estas cosas”. Además, en su casa, el apoyo incondicional que ha recibido siempre ha sido por parte de su madre. Gracias a su ayuda ha logrado “calmar los ánimos” en su casa y la incomprensión o el ‘shock’ inicial del padre o del resto de la familia.

Más que por parte del entorno familiar, la discriminación llega de parte de la sociedad: “Con los payos siempre eres la gitana, siempre pesa esa estigma”. Y con la otra gente, a veces, eso se amplifica. “Para algunos soy la gitana lesbiana. A veces te sientes un poco como en tierra de nadie. Tienes que tener un poco de personalidad para que todo eso no te afecte. Yo vivo mi vida y no hago daño a nadie”, explica.

La Asociación de Gitanas Feministas por la Diversidad es uno de los colectivos de mujeres gitanas que más está luchando por visibilizar esta realidad para muchos ignorada: la de las gitanas homosexuales. El colectivo sostiene que uno de los principales obstáculos es que desde una parte del movimiento LGTBQ se ha ignorado sistemáticamente otras experiencias distintas a la blanca.

“Las luchas LGTBQ no incluyeron a las mujeres gitanas lesbianas, se nos sigue viendo incluso como algo estrambótico y curioso. Todas las campañas o luchas van dirigidas a una parte muy específica de la población”, critican. Ejemplo: “En una ocasión nos acercamos a una ONG LGTB y su primera frase fue: ‘Qué arte, gitanas lesbianas’. No hubo más preguntas. Seguimos siendo algo folklórico, divertido”, rechazan.

También denuncian que otras asociaciones les derivan directamente casos de abusos y violencia contra mujeres gitanas, pero que ellas no disponen de los recursos ni las subvenciones necesarias para atenderlas. “Nos parece extraordinario que nos quieran consultar, pero lo ideal sería que formaran equipos interculturales y que la pertenencia étnica fuera un valor añadido a la hora de contratar personal”. Recientemente este colectivo participó en la primera edición del Festival VISIBLEs, en Barcelona, un evento de tres días para promocionar la diversidad de las culturas lésbicas y dar voz a colectivos discriminados.

Desde esta premisa, también están surgiendo fuera de España creaciones literarias y nuevas formas de activismo que tienen que ver con el empoderamiento de la mujer romaní . La autora Vera Kurtic ha publicado un libro titulado 'Džuvljarke' —un neologismo inventado por ella misma que sirve para denominar a las lesbianas en lengua gitana—. Hasta entonces no había nombre ni forma de denominarlas. Y ya se sabe que lo que no se nombra no existe. El libro se puede leer online y en inglés aquí.

Por su parte, la artista lesbiana Sandra Salimovic, de origen serbio, es artista y performer y ha participado en varias creaciones que promueven la diversidad sexual y reivindican la tolerancia y la libertad en el pueblo gitano. Su obra más reciente es 'Mind Panther' ('vagina de pantera)', un rap cantado en serbio y romaní que desde una perspectiva feminista canta a la diversidad y al antirracismo.

Mari Carmen Cortés es abogada y técnica del Departamento de Igualdad de la Fundación Secretariado Gitano. Ella también es lesbiana. En su caso nunca tuvo ningún problema, en su casa siempre lo supieron. No hubo ninguna conversación específica para anunciarlo. “No dije, mamá, papá, soy lesbiana. Pero siempre lo supieron porque estas cosas se saben”, explica.

“Creo que también es importante visibilizar experiencias positivas como la mía. Parece que la comunidad gitana tiene que ser más machista o más homófoba, pero eso también es por culpa de los estereotipos. No siempre es así”, recalca. También es importante recalcar que ella, según explica, no tiene una “apariencia típicamente gitana”, por lo que algunas veces “si ella no explica que es gitana, nadie tiene por qué saberlo”.

Ahora, gracias a su carrera artística, lo tiene más fácil: tanto en lo que se refiere a su condición de gitana como a la hora de vivir libremente su sexualidad. De ahí que desde esa posición resulte mucho más fácil hacer activismo. Noelia sabe que no es igual de fácil para otras compañeras suyas. “Muchas viven su sexualidad en silencio, sobre todo, en el trabajo. Pero eso no solo pasa en el entorno gitano”.

Más allá del trabajo, Noelia recibe por los dos lados en su día a día: “Me lo encuentro tanto por ser lesbiana como por ser gitana”. Me explica que hace un par de días, en la pescadería, alguien aparcó un coche de lujo en la puerta y uno de los dependientes dejó caer la coletilla racista: “Seguro que es de un gitano”. Lo dijo sin plantearse nada, sin preguntarse nada. Por inercia y delante de ella, una gitana. “Yo le pregunté que cómo podía estar tan seguro. Si no estás cien por cien seguro no puedes decir una afirmación así. Estas cosas molestan mucho. Cabrean”.

Luego, otra anécdota reciente: en un bar de hombres gais, en Chueca, con amigos. “Me llamaron lesbiana de mierda y que si me iban a pegar. A veces los más machistas son los homosexuales”. O el otro día, en Lavapiés, otro hombre la insultó.

Pese a todo, 'La Negri' no quiere hacerse la víctima. Ya no. “Me fastidia la gente que dice que nos tenemos que integrar. Nosotros no. Nosotros llevamos más de 600 años de persecución. Yo no voy a llorar más. No me voy a lamentar. Yo ha he sufrido mucho. He nacido en el seno gitano y pienso tirar adelante con ello. Y quiero intentar romper los muros para las futuras gitanas”.

No es el caso de ‘La Negri'. Su tono de piel moreno y su apellido, Heredia, dejan al descubierto su raíces. Ella, por supuesto, se enorgullece. Pero admite que esto mismo le ha traído problemas, sobre todo antes de dedicarse al mundo del arte. “Yo he trabajado en pescaderías, floristerías, poniendo copas. Y cuando no me querían contratar me preguntaban si yo era del sur. Luego, me pedían el DNI y ya cuando leían mi apellido, Heredia… Ya te llamaremos”, recuerda.

lunes, 5 de junio de 2017

#hemeroteca #lgtbi #mayores | Samantha Flores: "Los ancianos heterosexuales están olvidados. Pero los LGTBI somos invisibles"

Imagen: PlayGround / Samantha Flores
"Los ancianos heterosexuales están olvidados. Pero los LGTBI somos invisibles".
Samantha Flores tiene 85 años, vivió indocumentada como mujer transgénero durante más de 40 y ahora lucha por abrir un asilo para los ancianos LGTBI en su México natal.
Alba Losada | PlayGround, 2017-06-05
http://www.playgroundmag.net/noticias/actualidad/ancianos-heterosexuales-olvidados-LGTBI-invisibles_0_1984601556.html

En los años setenta, Vicente Aurelio Flores García se convirtió en Samantha Aurelia Vicenta García. Se despojó de la identidad que le habían dado sus padres como un polluelo que deja atrás su frágil cascarón, pero hasta 2017 no pudo recibir una documentación que reflejara su verdadero yo. Como si no hubiese existido durante más de cuarenta años. "Solo yo sabía que era Samantha. Era mi palabra contra la de los demás. Pero era feliz", explica a PlayGround.

Ahora, con 85 años, lamenta que para la sociedad los ancianos LGTBI no existan, "como si fueran invisibles". Para acabar con esta exclusión, Samantha se ha propuesto crear un hogar para todos aquellos de los que nadie habla. Se llamará  'Lateus Vitae' y será el primer centro público de México destinado al colectivo LGTBI de tercera edad. "Las personas de la tercera edad heterosexuales están olvidadas, abandonadas. Pero las LGTBI somos invisibles, nadie sabe que existimos. Sin embargo, yo estoy viva y sigo trabajando. Con este centro recordaremos que estamos aquí. ¡Que nos dejen brillar!", sostiene Samantha.

En un país en el que la homofobia y la transfobia habitan en las entrañas de la sociedad, la tarea de Samantha no es fácil. Como explica a PlayGround Alex Orel, el coordinador nacional de la organización que defiende los derechos del colectivo LGTBI en el país, 'It Gets Better Mexico', a día de hoy se perpetran con demasiada regularidad crímenes de odio que, en la mayoría de las ocasiones, las víctimas no denuncian por temor a sufrir represalias de la policía.

Muchos casos han acabado en asesinato. Según el informe de la Comisión Ciudadana contra Crímenes por Homofobia (Ccccoh), entre 1995 y 2015 se cometieron 1.310 homicidios contra los que no tienen una "sexualidad convencional", 265 de ellos eran personas transgénero. A pesar de que, según Orel, las personas de las tercera edad pertenecientes al colectivo no corren los mismos riesgos que el resto de ser agredidos por el simple hecho de ser ancianos, se encuentran en una situación extremadamente vulnerable.

Aquellos que cuentan con un apoyo familiar que les lleve a un asilo ordinario viven un entorno hostil en el que están rodeados de personas de su generación que no aprueban ni la homosexualidad ni la transexualidad. Los que no tienen familia o han sobrevivido a sus parejas suelen pasar sus últimos días en soledad. "De repente dejas de verlos. Muchos fallecen en casa solos sin que nadie se percate de su ausencia hasta pasados los días", relata Orel.

Antes de convertirse en la activista que lleva 22 años luchando por los derechos de la comunidad LGTBI y por ofrecer una mayor calidad de vida a personas con VIH, Samantha también sufrió discriminaciones en una época en la que la intolerancia era mucho más terrible que ahora. Pero al cambiar su identidad a los 36 años, se dio cuenta de que la vida podía sonreírle. "Nunca me había sentido mujer. Pero en aquel momento empecé a sentirme feliz. Veía que era bonita, que los chicos me cuidaban, que mis novios me halagaban... Vivía en un sueño".

En esa época, el sueño de sentirse integrado podía explotar como una burbuja de jabón en cualquier momento. Los transgénero se exponían al riesgo de que su familia les diera la espalda, de que sus amigos les rechazaran y de quedarse con la prostitución como única opción para ganarse la vida. Pero Samantha reconoce que tuvo suerte.

Nadie se apartó de su lado y sus amigos se ocuparon de que nunca le faltara trabajo. Siendo relaciones públicas de una revista gay y de varias discotecas, sobrevivió. "Así es como llegué hasta aquí. El 50% de lo que soy se lo debo a mis padres y el otro 50% a mis amigos. Creo que si no llegué a ser del todo invisible fue gracias a ellos".

Samantha recuerda los abusos policiales en los que los transgénero eran arrestados por cometer "faltas contra la moral" o por pasearse públicamente con un atuendo "femenino o de mariquita". También fueron muchos los pandilleros que se beneficiaron de su vulnerabilidad haciéndose pasar por agentes de policía. Para librarse de unos y otros no quedaba más opción que pagarles sobornos. Untos para no ser encerrados en una celda. "Fui afortunada al estar protegida por mis amigos y no tener ninguna experiencia de este tipo. Pero el miedo siempre estaba allí".

Ahora, Samantha quiere que aquellos que se sintieron discriminados por la sociedad o apartados por sus familias en algún momento de sus vidas encuentren en 'Lateus Vitae' un faro de esperanza . Un hogar en el que se sientan protegidos siendo ellos mismos. "Lo que hago es luchar para que mis hermanas transexuales estén mejor". Aunque asegura que también aceptarán ancianos que no pertenezcan al colectivo LGTBI, ya que el rechazo al otro no tiene cabida entre las paredes del futuro asilo. "Fuimos discriminados toda la vida. Así que nosotros nunca haremos lo mismo".

Hoy su sueño está más cerca que nunca de hacerse realidad mientras acaba de recaudar fondos, bajo el lema 'Let's Them Shine Again' ('Déjalos brillar de nuevo'), a partir de una campaña crowfunding. De momento llevan el 38% de los fondos que necesitan.

El centro será un proyecto piloto que ha cogido como referente otros similares de España, Argentina o Alemania y que aspira derrumbar el mito de que son un colectivo inexistente. "Es una semilla de la cual espero que en 10 o 15 años broten hogares similares en otras ciudades. Estoy segura de que detrás de mí vendrán otras personas para ayudar a los ancianos invisibles".

domingo, 7 de mayo de 2017

#hemeroteca #lgtbi | Fiestas, homosexualidad y libertad: breve historia política de la noche en París

Imagen: PlayGround / Le Pulp, París, 1999, por Nan Golding
Fiestas, homosexualidad y libertad: breve historia política de la noche en París.
O cómo combatir el fascismo y la homofobia desde la pista de baile.
Antonio J. Rodríguez | PlayGround, 2017-05-07
http://www.playgroundmag.net/cultura/Fiestas-homosexualidad-historia-politica-Paris_0_1969603024.html

A comienzos de los dosmil había en París un club de música electrónica muy popular llamado Le Pulp. No era un sitio que tuviera muchos medios, pero todo el mundo quería tocar ahí, en el único club de la ciudad dirigido por mujeres; un espacio punk, libre, experimental, donde la interacción social se fundía con nuevos proyectos políticos. En Le Pulp precisamente nació Kill the DJ, sello de música electrónica con sede en el 3e arrondisement, donde nos encontramos con dos de sus integrantes, Fanny y Estefania, para hablar sobre la historia política de la noche en París y el papel del feminismo en estas elecciones.

—En general —dice Fanny— los franceses siempre están metidos en política. Creo también que ha pasado con la comunidad LGTB: en los años 80 y en los 90, el movimiento era realmente fuerte. París cuenta con toda una historia queer detrás: Foucault, Deleuze y todos estos nombres no son una coincidencia.

Otro nombre cuyos ecos resuenan detrás de esta historia es el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria, conocido por sus siglas FHAR y el hecho de haber dado visibilidad al movimiento homosexual en los setenta, siguiendo los pasos del activismo surgido en el sesenta y ocho.

—Cuando Le Pulp comenzaba en Francia, no había mucha cosa. La comunidad lesbiana en Estados Unidos tenía un montón de espacios y nosotros buscábamos lo mismo: queríamos rock and roll, motos, tatuajes… Fue nuestra primera inspiración de la mano de nuestra conciencia política. Para nosotras, es imposible imaginar lo que es ser gay o lesbiana sin tener conciencia política.

Pero aunque París pueda parecer la clase de ciudad-burbuja alejada de toda clase de comportamientos homofóbicos y retrógrados, no lo es. Una muestra:

—Con el tema del matrimonio homosexual —dice Estefania— tuvimos un debate realmente duro. Salieron un montón de homófobos.

Aunque aprobado en 2013, Francia decidió hacer las cosas a su manera: mientras en el grueso de Europa el matrimonio homosexual se aceptaba sin más, Francia creyó oportuno llevar a cabo un debate público sobre el tema. ¿Resultado? La que salió del armario fue la homofobia…

—Los medios de comunicación empezaron a llamar a gente que estaba en contra y que salía en la tele diciendo barbaridades —cuenta Fanny—. Daba audiencia. Es lo mismo que estamos viviendo hoy con el racismo. Sin embargo, la reacción de la vida nocturna fue salir con más y más energía para luchar contra todo aquello.

Puede que una consecuencia de aquello fuese la derechización de cierta comunidad LGTB , que en estas elecciones ha dado pie a numerosos artículos sobre los gays que apoyan al Frente Nacional. Sin ir más lejos, Florian Philippot, número dos del Frente Nacional, es homosexual.

—No es lo mismo cuando eres negro y gay —dice Fanny—. Si te sientes parte de una minoría, no te pones a excluir a otra gente. Pero sí, es verdad que ahora sí hay gays que participan en los privilegios y la dominación masculina.

Una de las críticas más frecuentes que suelen hacerse a candidatos liberales es que el apoyo a la comunidad gay no significa más que una táctica para hacer creer a la gente que son modernos, aunque no lo sean. Fanny y Estefania son conscientes de que, electoralmente, la comunidad gay se ha convertido en una diana, así sea para apoyarla o para socavarla.

—Cuando Fillon estaba en lo más bajo de las encuestas por sus escándalos, contraatacó con una visión de la familia conservadora y horrible.

Añade Fanny:

—Lo bueno de todo esto es ver que la comunidad queer representa un verdadero peligro para la sociedad conservadora.

¿Es entonces Francia un país machista?

—Totalmente —dicen.

De ello hay pruebas en el mundo de la cultura —como en España, aluden a que el grueso de la programación de festivales es masculina—, pero también en el mundo de la política: ahí están los casos de Strauss Kahn o de Dennis Baupin, diputado de Los Verdes acusado de abuso sexual y acoso —de él se decía que mandaba a sus compañeras parlamentarias mensajes del tipo ‘me gusta cuando cruzas las piernas de esa forma’.

Hablando con la gente de Kill The DJ me viene a la cabeza una idea de Virginie Despentes sobre la masculinidad y el estilo de los candidatos: «[Hammon] —decía la escritora cuando la entrevistamos— tiene una masculinidad híbrida; no tiene esta cosa de: ‘camino con la polla fuera’; no. Él va con su pollita bien metida en los pantalones».

¿Y bien?

—Por eso tuvo los resultados que tuvo —ironiza Fanny.

¿Es Francia un país machista?, decíamos.

Enigma zanjado.