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domingo, 21 de noviembre de 2021

#hemeroteca #lgtbi #activismo | Rubén Serrano: “He crecido en un modelo social en el que no ser heterosexual era un fracaso”

La Vanguardia / Rubén Serrano //

Rubén Serrano: “He crecido en un modelo social en el que no ser heterosexual era un fracaso”.

El autor de uno de los libros retirados de centros educativos de Castellón, 'No estamos tan bien', habla sobre la heteronormatividad cultural en el documental 'Que sirva de ejemplo'.
Emma Gómez Pastor | La Vanguardia, 2021-11-21
https://www.lavanguardia.com/local/valencia/20211121/7877134/ruben-serrano-he-crecido-modelo-social-heterosexual-fracaso.html 

Si se piensa en una película romántica, probablemente venga a la cabeza una historia entre un hombre y una mujer. Esto es la heteronormatividad: asumir que la heterosexualidad es el modelo a seguir y que todo lo demás se queda fuera. ‘Que sirva de ejemplo’ es un documental dirigido por Sofía Castañón sobre la heteronorma en la cultura. En él, personalidades como Brigitte Vasallo, Elizabeth Duval o Rubén Serrano, entre muchas otras, explican qué supone estar “fuera de la norma” en los productos culturales.

El Festival Internacional de Mediometrajes de València, ‘La Cabina’, proyectó el documental este miércoles en La Nau y ofreció un coloquio con Rubén Serrano después. Rubén, alicantino, periodista y escritor, basa su trabajo en el activismo LGTBIQ+. Su libro ‘No estamos tan bien’ fue uno de los 32 que una jueza ordenó retirar de centros educativos en Castellón hace unas semanas por petición de Abogados Cristianos. Finalmente, la retirada no se llevó a cabo. La Vanguardia conversa con él sobre el documental, su libro y su lucha dentro del colectivo LGTBIQ+.

P. Recientemente, ha habido dos agresiones homófobas en València: a la pareja de artistas falleros y a otra en un autobús de la EMT. ¿Crees que últimamente ha aumentado la lgtbifobia?

Sí y no. Ahora la violencia es más visible porque la denunciamos más, pero también es más explícita. Por una parte, denunciamos más públicamente, pero también ha aumentado el discurso de odio que viene claramente de la extrema derecha.

P. La EMT ha dicho que su conductor, que dejó bajar tanto a los agresores como a los agredidos del bus, actuó correctamente. ¿Qué opinas tú?

Muy bien, ¿no? ¡Qué bien gestionado! Es ironía. No puedes dejar a la víctima con el agresor después de esa situación de violencia. El conductor de autobús no tiene la culpa porque tal vez no esté formado para eso, porque al final es un trabajador más que llevaría no sé cuántas horas currando. Pero deberíamos empezar a formar a la gente que ocupa el espacio público, hay que mirar arriba y reclamar una política pública por la igualdad.

P. En tu trabajo, mencionas frecuentemente la interseccionalidad. ¿Cuál es el punto de encuentro de la reivindicación LGTBIQ+, la feminista, la antirracista, la de clase, la de diversidad funcional...?

Estas luchas van de la mano porque la raíz de la violencia hacia nosotras es la misma: el heteropatriarcado capitalista y opresor. La visión blanca, ‘macha’, colonial y capitalista: todo lo que no se ciña a esa heteronormatividad se queda fuera y ya no es vista solo con diferencia, sino también con rechazo. La política del identitarismo está muy encima de la mesa, es una forma de encontrarnos e identificarnos, pero si miras más allá de la sombra, lo que se proyecta es el mismo patrón heteropatriarcal.

P. Hay corrientes individualistas que no dan cabida a los colectivos. ¿Cómo haces entender que estos sí existen?


Al sistema le funciona muy bien enfrentar a los colectivos. Le interesa desactivarnos, que no haya esta alianza, y eso pasa por anularnos. “Los maricones, las bolleras y los travelos estáis bien”, pues no, no estamos tan bien cuando hace cuatro días que mataron a Samuel y todavía estamos esperando la aprobación de una legislatura LGTBIQ+ digna o incluso que las mujeres puedan abortar libremente, en hospitales públicos y sin ser perseguidas.

Les asusta que hayan dado a un maricón, a una divorciada o a una mujer negra estos espacios, sienten que están okupándolos. Encima criminalizan la propuesta llamándonos ofendiditos, como nos pasa a los millennials: “¿De qué os quejáis, si habéis estudiado lo que habéis querido y tenéis oportunidades?”. Mi protesta es legítima y tengo derecho al mismo bienestar que tú ostentas, porque de eso va la libertad y la democracia.

P. ¿Crees que hace falta una revisión feminista dentro del colectivo LGTBIQ+?

Las que siempre estaban al lado de los hombres gays que morían de VIH eran mujeres lesbianas. Además, las impulsoras del movimiento Queer fueron mujeres trans prostitutas, por lo tanto, son movimientos hermanos. Sin embargo, lo que le hace falta ahora al colectivo LGTBIQ+ es deshomosexualizarse. Hay hombres gays en ciertas posiciones de poder que no ven que todavía queda mucho por conseguir: personas trans, intersex, género no binario... El heteropatriarcado se convierte en un homopatriarcado dentro del colectivo, y cuando surge alguna voz dentro de este: ‘Oh, surprise, bitch. This is white gay men again’.

P. El mensaje que tú quieres transmitir contra la heteronorma, ¿crees que llega a gente del colectivo con menos formación o menos recursos en perspectiva de clase?

Al final mi propio mensaje forma parte de un entramado que es capital. Yo he escrito un libro, he salido en medios de comunicación, me muevo en redes sociales, he participado en este documental que se ve en Filmin… Hay gente que ni tiene redes sociales ni puede pagarse el libro. ¿Quién va a venir hoy a ‘La Cabina’? ¿Va a venir hasta aquí la chica lesbiana obrera de Torrent? Tal vez no pueda ni permitirse el billete de bus. Por eso, aunque yo esté aquí, es muy importante intentar ir hasta allá.

Hay otro tipo de colectivos y de voces más pequeñas, con un poder más local que a mí se me escapa porque yo estoy muy dentro del sistema, al final mi libro está publicado por Planeta. Yo formo parte de esta rueda, pero no podemos perder la perspectiva, porque yo hoy he conseguido conquistar este espacio más visible y cómodo, pero hay mucho más allá. Espero que nunca se me olvide.

P. Desde la izquierda, como algunos llaman, “rojiparda”, hay numerosas críticas a corrientes como la feminista o la LGTBIQ+. ¿Qué opinas de esto?

Que quizás les falta izquierda. Pienso en cuando esta izquierda “rojiparda” entró en el Olympia la semana pasada: una chica del Frente Obrero, en el acto de Nuevas Políticas, gritó que las cinco mujeres allá presentes no eran obreras. Y la respuesta maravillosa que todo el mundo gritó fue: “¡Viva la lucha de la clase obrera!”. Es que no somos tontas, es que sabemos de dónde venimos y reivindicamos estas nuevas corrientes. ¿Por qué crees que es algo posmoderno o cool defender la igualdad de las personas LGTBIQ+, por qué ves en eso un enemigo? ¿Quizás es que hay una fina línea muy cercana al discurso de la extrema derecha porque creéis que amenazamos vuestro espacio de poder? Porque te aseguro que personas obreras LGTBIQ+ hay, “obrerísimas” hasta la muerte.

P. Hay muchas grandes empresas que utilizan el ‘pinkwashing’ y hacen de la lucha LGTBIQ+ una estrategia de marketing más. ¿Crees que hacen un favor o es contraproducente?

Sí y no. No nos beneficia porque es un lavado de cara, y sí porque al final supone visibilidad. Pero el debate aquí es que por lo menos un porcentaje de sus ganancias vayan a un colectivo. Como no lo van a hacer, nuestra responsabilidad como ciudadanos es pensar en qué consumimos el dinero que sudamos trabajando. Puede que no sea tan guay una camiseta reivindicativa de Benimaclet, pero suma más que la que tiene una etiqueta en la que pone que está hecha en Bangladesh, probablemente bajo explotación.

P. En ‘Que sirva de ejemplo’, Brigitte Vasallo dice que la heterosexualidad no se nombra, pero se asume y es todo lo que existe. Teniendo en cuenta esto: ¿lo que no se nombra no existe?

Ella lo explica muy bien en su libro ‘Lenguaje inclusivo y exclusión de clase’. ¿Para quién queremos ser nombradas? ¿Quién queremos que nos reconozca? Para mí fue muy revelador: ¿Quién quiero que me reconozca como maricón: el presidente del gobierno o mis amigas las maricas para encontrar alianzas? Yo he crecido en un modelo social en el que no ser heterosexual era un fracaso. Si te salías de la norma, eras un traidor. Pero ahora, ver a gente más joven hablar de bisexualidad o cuestionarse si el género que le asignaron al nacer es suyo me fascina.

Puede parecer una chorrada como dice la izquierda “rojiparda”, pero igual el hecho de que un niño lleve las uñas pintadas en el instituto ya significa que el debate ha entrado en el espacio y no se ve como algo marginal. Con estas pequeñas conquistas hay que reconocer que sí que hay un progreso y que lo hemos hecho de puta madre.

P. Habláis de una falta de referentes desde la infancia. ¿Cuáles han sido o son los tuyos?

Me ayudó un montón ver a Jesús Vázquez, a Maca y a su pareja en Hospital Central, a Mauri y Fer de ‘Aquí no hay quien viva’… Aunque por debajo hubiera una narrativa de la burla. Pienso, por ejemplo, en Fidel de Aída. Lo veíamos en casa, en familia, y a mí me daba mucha vergüenza porque yo me reconocía en sus maneras. Yo no quería ser una broma, pero ya me servía para saber, por lo menos, que no era el único del planeta. De ahí va muy ligado que exista esta cultura de la diva en el mundo LGTBIQ+: una mujer liberada, que canta lo que quiere, se pone lo que quiere, hace lo que quiere con los hombres… ¡Pero qué persona más chula! De Paulina Rubio a Chenoa, en mi caso, era un camino que se alejaba de una masculinidad que a mí no me funcionaba.

P. En el documental, dices que ser LGTBIQ+ implica un relato del drama impuesto. ¿Crees que los medios de comunicación dan un tratamiento correcto a la información sobre el colectivo?


Horrible. Aunque sea un tema que se haya puesto en la agenda mediática, muchas veces no veo una apuesta real por informar sobre ello, probablemente porque el medio de comunicación esté estructurado por hombres con una base de poder y estabilidad heterosexual blanca. No sé ahora, pero a los periodistas no nos formaban hace años con perspectiva feminista ni antirracista, y hubiera sido una luz que nos hubieran dicho que se podía informar así y no desde el poder.

P. ¿Cómo puede participar esa persona privilegiada de la que se habla en ‘Que sirva de ejemplo’ (un hombre blanco cishetero de clase media-alta) en esta lucha? ¿Debe participar en ella activamente o simplemente apartarse y facilitarla?


Lo único que tienen que hacer es escuchar. Hay un discurso del “mi me mí”. No, esto no va de ti porque tú ya lo tienes, esto va de ellas o de “nosotres”. Lo siento muchísimo, pero no nos toca ni como maricones ni como mujeres hacerles el trabajo a los hombres en estos espacios. ¿Hasta los deberes os tenemos que hacer? Que sou majorets, eh! Ya tenemos bastante con nuestras luchas como para pensar cómo ellos pueden sumar. Si de verdad te interesa, piénsalo tú. Asumir que tienen un privilegio es difícil. Deben asumir que igual sí que hay una cultura ‘machaque’ se perpetua sin que se den cuenta, pero hay que darse cuenta. Paseamos la bandera de igualdad y del progreso, pero la paseamos siempre las mismas.

P. ¿Te has autocensurado alguna vez como periodista o como hombre homosexual?


Me he censurado como homosexual muchas veces en espacios académicos y laborales, pasando desapercibido. Y como periodista, me he quitado frases a mí mismo en artículos porque me daba miedo que no me los publicasen. Después hablas y ves que es inseguridad tuya, pero si tenemos que autocensurarnos es porque hay algo que nos hace pensar: “¡Ojo! ¿Me la voy a jugar publicando esto? ¡Quizás este es el último artículo que publico!”.

P. No hace falta que te autocensures cuando otros ya lo hacen por ti. ¿Cómo recibes la noticia de los libros retirados de centros educativos de Castellón?

La recibí por Twitter porque vivimos en una sociedad plataforma y Cyborg. Al principio me molestó, pero la molestia me duró solo esa noche. Pensé: “Joder, algo estamos removiendo si un colectivo cristiano se molesta por libros que hablan de nuestras vidas”. Igual que hay libros que hablan de cristianos y de toros, yo qué sé, ¿por qué les tiene que molestar el de mi vida? ¿Por qué no podemos hablar de la religión si yo he visto cientos de películas diciendo “fusílame al maricón este” o “eres un mariconazo” y ya no es solo que nadie las haya censurado, sino que seguramente tendrán sus cinco Goyas?

¿Qué punto de ranciedad hay aún en este país si una jueza dice que cautelarmente hay que retirar unos libros? A mí como chaval maricón me habría encantado leer un libro de esos que usted considera mierda, porque seguramente no habría llegado a mi casa más de dos días llorándole a mi madre porque se habían reído de mi pluma en clase.

P. Recomienda una película, un libro y una serie fuera de la heteronorma a los lectores y las lectoras de La Vanguardia. Puedes citar el tuyo, ¿eh?

Oh, wow! Hay que citar a las compañeras siempre. Un libro: de Brigitte Vasallo, ‘Pensamiento monógamo, terror poliamoroso’, porque combate la pareja heterosexual en el centro de la vida. Una serie: ‘Euforia’, pienso mucho en Jules. Pero también tengo muy presente ‘The Morning Show’, un caso del #MeToo dentro de la televisión. Y una película: ‘120 pulsaciones por minuto’, que es francesa, va sobre la lucha colectiva contra el SIDA y el VIH y demuestra que la colectivización tiene poder y hace que estemos mejor.

P. Por último, ¿a quién recomendarías ‘Que sirva de ejemplo’?

Ojalá lo vieran todos los hombres heterosexuales de este país. Pero con sus palomitas y con su cigarrito, y después, si quieren, que se pongan el partido del Real Madrid y que jueguen unos “FIFAS”. Pero que gasten una horita de su vida en ver eso: a bolleras, maricones, personas trans super chulas y mujeres inteligentísimas.

miércoles, 30 de septiembre de 2020

#hemeroteca #lgtbi #testimonios | Rubén Serrano: "La discriminación de las personas LGTBI en España es histórica, crónica y sistemática"


Rubén Serrano: "La discriminación de las personas LGTBI en España es histórica, crónica y sistemática".

El periodista y activista LGTBI acaba de publicar 'No estamos tan bien: nacer, crecer y vivir fuera de la norma en España', un recorrido por los espacios vitales donde se sigue discriminando por orientación sexual e identidad de género
Clara Giménez Lorenzo | El Diario, 2020-09-30
https://www.eldiario.es/cultura/libros/ruben-serrano-discriminacion-personas-lgtbi-espana-historica-cronica-sistematica_1_6244176.html 

Antoni Ruiz entró en la cárcel en 1976. Fue denunciado a las autoridades por ser homosexual. Tenía 17 años cuando pasó por tres centros penitenciarios en los que fue torturado y agredido sexualmente. Cuatro décadas después, rememora su historia desde la misma casa de la que fue sacado a la fuerza por la brigada criminal. Lo que ocurrió en 1976 fue el inicio de una larga batalla: en 1995, descubrió que la policía aún lo tenía registrado como delincuente.

No pudo romper su ficha en público y de forma simbólica hasta 2001, después de que la Comisión de Justicia e Interior del Congreso de los Diputados aprobara la eliminación de los archivos policiales de los presos del franquismo por orientación sexual, que pasaron a ser documentos históricos. Ahora, a sus 61 años, continúa inmerso en otras demandas, como conseguir indemnizaciones y el acceso a una pensión digna para los represaliados por su orientación sexual e identidad de género durante el franquismo.

El testimonio de Antoni Ruiz es una de las 33 historias de ‘No estamos bien: nacer, crecer y vivir fuera de la norma en España’ (Temas de Hoy), el primer libro del periodista y activista LGTBI Rubén Serrano, impulsor del movimiento #MeQueer en nuestro país. "Espero que el libro pueda servir de acompañamiento a cualquier persona LGTBI que lo lea, y también como escucha: si crees que nunca has conocido a alguien así porque no estamos en tu círculo cotidiano, esto pasa", explica Serrano por teléfono a eldiario.es. "La discriminación que sufrimos las personas LGTBI en España es histórica, crónica y sistemática, y ha cambiado poco porque ha habido un avance legal pero no social".

"La intención de este libro es que no llegue solo a personas LGTBI", asevera. Por eso, pregunta abiertamente al lector si ha ejercido algún tipo de violencia. "Me gustaría que alguien que no sea LGTBI lea el libro y diga: ‘yo he hecho esto, yo he pegado a alguien, yo he insultado a alguien, yo he pensado que alguien era menos que yo por ser gay o trans’. Creo que hay que abrir este melón, que se sepa que no estamos bien porque nos podamos casar, nos siguen pegando palizas en la calle".

Una visión interseccional de la realidad LGTBI
Ante la sobrerrepresentación de los hombres gais, blancos y cis en los medios de comunicación y en el imaginario colectivo, Serrano intenta trazar un recorrido más diverso: la realidad LGTBI engloba a personas gais, lesbianas, intersexuales, bisexuales, trans, no binarias y ‘queer’, cuya orientaciones e identidades de género muchas veces están atravesadas por el hecho de ser migrantes, mujeres, de clase obrera, racializadas o con diversidad funcional.

"No tenía para mí interés publicar este libro si iba a ser blanco y tratar de hombres gais que viven en una ciudad", señala Serrano, consciente de que él también escribe desde su propio privilegio. "Era necesario poner en la mesa el punto de partida: yo era un chico gay de pueblo, tartamudo y gordo, pero ahora también soy un hombre gay que vive en Barcelona".

Por eso, junto a los testimonios de activistas históricos como Antoni Ruiz o políticos visibles como Luisa Notario y Guillem Montoro, Serrano plasma las vivencias de personas LGTBI refugiadas y migrantes, que se enfrentan a una doble discriminación. Es el caso de Teresa, que tuvo que dejar su peluquería en Ecuador por la violencia que sufría como mujer trans y está intentando regular su situación en España.

O el de Amir, que estuvo encerrado durante un año en un CETI tras cruzar el Estrecho para escapar de la homofobia de su familia. "En Marruecos no podía vivir con plena libertad por ser homosexual, en el país en el que buscó refugio no podía vivir en plena libertad por ser inmigrante", escribe Serrano sobre Amir, dando cuenta de la xenofobia institucionalizada que sufren a menudo estas personas.

Nombrando lo invisible
Casa, escuela, calle, trabajo, instituciones, cárcel, médico, diván. Son los ocho espacios en los que Serrano divide los testimonios, lugares que sirven para trazar un mapa de violencias conocido por cualquier miembro del colectivo LGTBI. Entre ellas, el borrado o la invisibilización de quienes están fuera de la norma. "La escuela es un espacio de socialización, y yo ahí no supe que existía", lamenta Serrano. "Me gustaría que en los los colegios e institutos hablemos de que Lorca era homosexual o de que a Virginia Woolf también le gustaban las mujeres, tenemos derecho a saber que existimos".

La casa, la escuela y la calle son tres de los espacios donde se agrede más activamente a las personas LGTBI, pero la discriminación institucional y médica también sigue a la orden del día. La OMS no eliminó la transexualidad de la lista de enfermedades mentales hasta 2018, y el debate sobre la autodeterminación de género continúa candente en el ámbito político. "Ningún sillón del feminismo académico o partido de extrema derecha tiene el derecho a hacernos callar otra vez", opina Serrano. "Muchas veces no son mensajes de odio, sino de borrado: ‘si existes, no me molestes".

La mayoría de datos que recoge el libro pertenecen a ONG y estudios académicos, casi nunca a organismos gubernamentales. La invisibilización o la falta de interés hacia la realidad de las personas LGTBI también implica a menudo la ausencia de estadísticas oficiales. O el desconocimiento total, como es el caso de la intersexualidad. Una de las historias más estremecedoras es la de José, que nació con cariotipo masculino y "genitales ambiguos", por lo que le fue asignado el género femenino. Con diecisiete meses fue sometido a una reasignación de sexo encubierta, convirtiendo las bolsas testiculares en una vagina artificial que era preciso dilatar una vez al año. "Fue una violación", afirma Clara, su madre.

A los 12 años, José, que ahora tiene 17, se negó a someterse a más intervenciones y a seguir identificándose como mujer. Hasta ese momento, su madre desconocía la palabra intersexualidad, solo había seguido las instrucciones de los médicos. "Hay miles de vidas destruidas en el mundo simplemente porque un médico quiso satisfacer su deseo de que los genitales de un bebé sean como él quiso o porque se guardaron el derecho a informar de que el bebé es intersexual", señala Clara en el testimonio recogido en el libro. "Necesitamos cambiar las miradas sobre los cuerpos y necesitamos dar espacio a cuerpos más diversos", sentencia Serrano.

"El libro trata de reconocer lo que hemos pasado y hablarlo. Tras sufrir violencia, muchas veces nos callamos. Tenemos que reconocerla para cortarla de raíz", concluye el autor de No estamos tan bien. "Aunque parezca que hay un cambio generacional, tenemos que asegurarnos de que muchas cosas no se vuelvan a repetir". Veteranos como Antoni Ruiz advierten: "Vayan con cuidado. Luchen por lo que crean que debe lucharse, diviértanse cuando se tengan que divertir, pero siempre vigilantes. Siempre vigilantes".

martes, 22 de septiembre de 2020

#libros #lgtbi #testimonios | No estamos tan bien : nacer, crecer y vivir fuera de la norma en España

No estamos tan bien : nacer, crecer y vivir fuera de la norma en España / Rubén Serrano.
 
Barcelona : Temas de Hoy, 2020 [09-22].
224 p.
Serie: Temas de Hoy.

/ ES / ENS / Libros / Activismo / Interseccionalidad / LGTBI / Testimonios / Visibilidad
📘 Ed. impresa: ISBN 9788499988061 / 17,90 €

[.es] Un gran reportaje sobre la violencia que aún nos acompaña. A Andrés le dieron una paliza a la salida de una discoteca. Salima tuvo que huir de su casa cuando le dijo a sus padres que pensaba en aquella chica como algo más que su amiga. A Sonia los abusos le llegaron desde sus propios compañeros de trabajo. Simon abandonó su país porque besar a su pareja allí era algo impensable. No comparten barrio, ni ciudad, ni orígenes ni empleos. Solo el dolor de saber que hay violencias que llegan a todos los rincones.

De cada uno de esos lugares parte esta gran investigación sobre crecer y vivir siendo queer en la España actual. Desde el colegio a la oficina, del hospital a los juzgados y de la calle a la intimidad del hogar, los protagonistas de este libro ven cómo estos espacios siguen condicionados por un mundo que juzga sus posiciones sobre género, amor y sexualidad.

Rubén Serrano es periodista especializado en cultura, género, LGTBI+ y VIH y la persona que impulsó el movimiento #mequeer en España. Durante semanas, recogió centenares de testimonios de episodios de violencia cotidiana a través de Twitter; una investigación que completa ahora con entrevistas a quienes no encontraron en Internet la vía para denunciar. De sus palabras nace este libro, una cruda prueba de lo que implica vivir fuera de la norma.

jueves, 12 de diciembre de 2019

#hemeroteca #literatura #lgtbi #queer | Los 'anormales' sois vosotros: cuentos de "maricas, trans y bolleras" que pedir a los Reyes

Imagen: El Español
Los 'anormales' sois vosotros: cuentos de "maricas, trans y bolleras" que pedir a los Reyes.
'Asalto a Oz' es una antología reveladora de nueva narrativa queer con firmas como Alana Portero, Aixa de la Cruz u Óscar Espirita.
Lorena G. Maldonado | El Español, 2019-12-12
https://www.elespanol.com/cultura/20191212/anormales-cuentos-maricas-trans-bolleras-pedir-reyes/451206067_0.html

Este es un libro para los expulsados de la literatura hegemónica, para los considerados -por largos y terribles años- una anomalía sentimental en la ficción que acostumbraba a acabar en tragedia; una rareza, un exotismo, una etiqueta en las librerías.

Educados como estamos en una cultura binaria y cishetero, la lectura de ‘Asalto a Oz. Antología de relatos de la nueva narrativa queer’ (Dos Bigotes) se vuelve fundamental para todes: para identificar, para abrazar, para entender, para ampliar, para derribar mitos absurdos, para que los protagonistas de las historias tomen la palabra y sus vidas no sean más narradas por otros, por los que las fabulan -mal- y jamás las experimentan. También para zarandear a la industria y recordarle que las puertas que empujaron tras el franquismo autores como los Moix, Juan Goytisolo, Vicente Molina Foix, Eduardo Mendicutti o Carme Riera necesitan dejar pasar más luz. Más voces. Más identidades.

"Nosotras, nosotros, nosotres, los maricas, las bolleras, las personas bi, trans, no binarias, de género fluido, queer, los viciosos, la aberración del sistema, los enfermos, quienes estamos al margen, quienes no somos tan importantes, quienes somos la mierda para muchos, quienes recibimos palizas en la calle, a quienes nos insultan en el colegio, a quienes nos echan de casa, a quienes medicalizan sus cuerpos, a quienes aún nos someten a terapias de conversión, a quienes nos hacen sentir vergüenza, a quienes aún nos persiguen, asesinan y torturan. Nosotros también somos literatura”, escribe el periodista especializado en realidad LGTBIQ Rubén Serrano en el prólogo del libro.

Gais guapos jugando a la disidencia
El reparto es de excepción: de Alana Portero a Aixa de la Cruz pasando por Gema Nieto, Rodrigo García Marina, Elisabeth Duval o Vicente Monroy, entre muchos otros. Uno de los más delicados y hermosos, en clave poética e íntima, quizá sea 'El lomo de un dragón', de Óscar Espirita: “El día que me muera me meterán en una caja marrón como a un hetero más. He pedido que me incineren para que todo el mundo vea cómo las llamas se vuelven violetas. Espero que me lleven claveles. Me gustan los claveles porque son las rosas de los pobres. A mí nunca me faltó el dinero, pero me siento cercano a su escasez”, arranca. Casi nada.

El relato esboza el mundo sentimental de un adolescente que vive en un pueblo diminuto cerquita de Guadalajara, un lugar de esos donde a los niños como él los llaman “maricones”. Está enamorado de su mejor amigo, Andrés, a quien no se parece en nada, porque su amor es flaco y atractivo y estudia Bellas Artes y es un activista cool cuando visitan la ciudad y seguro que cuando tiene sexo con otros hombres suda mucho y los caracolillos del cabello se le quedan pegados a la frente como al montar en bici.

Nuestro protagonista, dice él, es “grueso relinchón”: “Tengo el culo grande. La cadera sobredimensionada (...) Nadie habla de los maricas heavies con coleta que se están quedando calvos, de los blancuchos y espigados estudiantes de ingeniería, de los funcionarios de provincias, de los ancianos casados, de las trans con sombra de barba que se maquillan con mano temblorosa y no saben combinar los colores. Nadie nos llama hermanas ni aliados. Nadie nos escribe poemas. Nadie nos tiende la mano. ¿No os dais cuenta de que os miramos y sólo vemos chicos guapos jugando a la disidencia?”, lanza.

Y continúa: “Alguien debería hablar sobre el privilegio de la belleza. Hemos deconstruido el género, el amor, la alimentación y bla, bla, bla. Está claro que con la belleza algo no ha funcionado. El mundo de ‘los osos’ no es más que un espejismo porque yo me quiero follar a Andrés, tener una celda en su enjambre relacional y sus novios no pesan más de 60 kilos (...) Tengo 23 años y nunca he tenido novio. Creo que lo verdaderamente rompedor sería deconstruir el deseo. Si queremos liberar el amor tendremos que hacérselo accesible a todos los cuerpos”.

Es un alegato valiente contra la extrema normatividad del cuerpo en el mundo homosexual, que ha copiado el peor canon, el más cruel y exigente, del hetero. “Odio mi cuerpo. No me representa. Mi alma es antisistema (...)”. En ‘La mierda’, otro relato valioso, Rodrigo García Marina sacude a las letras pájaros negros abordando temas tan complejos como el chemsex, las drogas, el VIH, los hombres gais víctimas de violación o la prostitución. Elisabeth Duval -una jovencísima joya intelectual y una de las pensadoras que más va a dar que hablar en los próximos años, recuerden su nombre- reflexiona filosófica y lingüísticamente en ‘Onomástica o doce catalinarias’; Lluis Mosquera escribe sobre ‘El niño que le miraba el coño a las barbies’ y Aixa de la Cruz, en 'Nodriza', explora la maternidad, la lactancia y el deseo lésbico.

El 'carné de mujer'

Especial mención a ‘Fragmentos, glitches y batas de cola’, el relato de Alana Portero, donde intercala pesadillas, traumas infantiles, encuentros eróticos y conversaciones con su médico. Deja sentencias aplastantes:

“-La disforia no es una cuestión de sustituir piezas como si fuéramos Mr. Potato. Ni someterme a una vaginoplastia completa o deja de completar nada. Es lo que yo necesito, nada más, no es la carta de feminidad sellada, con esa ya nací o ya he pasado las suficientes pruebas como para habérmela ganado. Probablemente ni exista. Me inquieta qué y cómo sentiré, qué baches emocionales me encontraré, no sé, me preocupa un mundo entero, ustedes hacen esto continuamente, sabrán darme una aproximación. Esto es ciencia, no espiritismo. Necesito una conversación más larga.

-La preocupación por la líbido es un rasgo muy masculino, lo sabes, ¿no?

-Pero, doctor, yo no he dicho que…

-Si necesitas repetir alguno de los procesos psiquiátricos, no hay problema. Puede que no estés lista.

-No, perdón, déjelo, es que estoy nerviosa, siga contándome sobre la sensibilidad, la profundidad y la estética, por favor".

Portero hace las preguntas correctas. Apunta y dispara: ¿qué es un coño ‘de verdad’; en qué consiste ser una mujer; por qué hay cosas que no podemos contar a nuestras madres; por qué relacionar genitalidad y deseo es tránsfobo? “Yo también he aprendido que la carta de presentación de género son los genitales. Yo también llevo un concejal de Vox en la conciencia jodiéndome la vida”, escribe la autora. Revelador. Franco. Grave; fresco también. Salpicado de imágenes poéticas y políticas: imperdible relato.

domingo, 13 de octubre de 2019

#hemeroteca #gais #misoginia | Tocamientos, insultos y actitudes misóginas: en las fiestas LGTBI+ también hay machismo

Imagen: El Diario / 'Futuroa', en 'Sarao Drag'
Tocamientos, insultos y actitudes misóginas: en las fiestas LGTBI+ también hay machismo.
Manoseos a mujeres por parte de hombres bajo la excusa de "soy gay" o frases despectivas como "cuánto chocho suelto" no son poco habituales en espacios LGTBI. "No entras a una fiesta LGTBI+ y el patriarcado no existe", pero quienes organizan estas fiestas piensan "que aquí nadie es machista" porque los asistentes "son todos gais", explica Alba Medrano, del colectivo La Sal. "Cuando lo dices, estás loca, te lo estás inventando o debías ir muy borracha y no te enteraste bien", cuenta la activista Elena Longares.
Rubén Serrano | El Diario, 2019-10-13
https://www.eldiario.es/sociedad/Tocamientos-insultos-actitudes-misoginas-LGTBI_0_951205331.html

"Una vez un chico me cogió el cuerpo por detrás y me tocó entera bailando. Mis amigos lo empujaron y le dijeron que eso no lo hiciera. La última vez me enfadé mucho. Yo estaba bailando, había un tío bastante borracho y llegó un momento en que me dio un azote en el culo. Entonces me giré y le dije: '¿qué cojones acabas de hacer? ¿Te das cuenta de lo que has hecho?'. Al final por muy gay que seas no tienes derecho a pegarme en el culo".

Estas dos situaciones las vivió Carlota, una joven de 30 años de Barcelona, mientras estaba en la fiesta Churros con chocolate. No sucede siempre y no les pasa a todas las mujeres que acuden a espacios de ocio LGTBI+, pero estos comportamientos, comentarios y actitudes machistas y misóginas existen. Manoseos por parte de hombres bajo la excusa de "soy gay" o frases despectivas como "qué asco, qué olor a pescadería" son situaciones que tanto Carlota como Lluc, Alba, Elena y Berta han vivido y presenciado.

"No sé si lo considero agresión o violencia, pero a mí me genera violencia por todo lo que sufrimos las mujeres. Me da igual si eres hetero o gay, yo no quiero que me traten como si pudiesen hacer lo que quieran con mi cuerpo. No hace gracia que te den un azote como si yo fuera un decorado de la discoteca para su diversión. Supongo que para muchos hombres yo allí no pinto nada si no soy una de sus amigas que lo acompañan de fiesta", narra Carlota, que explica que esa segunda vez se marchó a casa porque ya no estaba cómoda. "Yo no sé cuáles son sus intenciones pero el cuerpo tiene memoria. Si a mí me tocan el culo en cualquier sitio eso me puede recordar a cada vez que me lo han tocado por la calle o a cada vez que me siento en el metro y un tío me ha tocado las piernas", relata.

Tanto Elena Longares, miembro del grupo LesBiCat, y Alba Medrano, del colectivo lesbofeminista no mixto La Sal, coinciden en considerar estas vivencias como "violencia machista". "El marco teórico de violencia machista enmarca cualquier violencia motivada por una desigualdad de género, por la cosificación y por la visión de un género como algo sumiso y objeto de cualquier actitud sin necesidad de consentimiento porque se entiende que el cuerpo de la mujer es público. Nosotras conocemos desde intentos de violación, acoso directo y tocamientos no consentidos a insultos muy habituales como 'cuánto chocho suelto'. Muchas de nosotras hemos vivido casos en primera persona en sitios LGTBI+", cuenta Longares.

"Pero cómo voy a ser machista si soy gay"
"Hemos confundido espacio LGTBI+ con espacio seguro", apunta Lluc Francés, una joven alicantina de 24 años que vive en la capital catalana. Francés recuerda una noche en la que estaba en Arena Madre –una famosa discoteca LGTBI+ de la ciudad– y que un chico se le acercó. "La primera cosa que me dijo fue 'hola, te he visto, me has parecido muy guapa y he pensado que te gustaría acostarte conmigo'. Le dije que no estaba interesada, entonces empezó a insistirme y para justificarse dijo que era bisexual. Nadie debería tener el poder de acercarse, cosificarme y hablarme de esa forma. En un lugar seguro no suceden estas actitudes", remata.

"Es violencia patriarcal que está sistematizada e invisibilizada. Por eso tampoco fui al personal de seguridad. Yo misma lo dejé pasar porque como no había habido una agresión física como tal, explícita y visible para el resto del mundo, no lo hice saber pero para mí fue una agresión porque me hizo sentir violentada e incómoda", señala. Como ella, Carlota tampoco lo denunció: "No le veo el sentido. Quizá lo hubiesen echado pero en el momento en el que no hay un riesgo real, no sé si me tomarían en serio. Entre que él estaba borracho y que era gay, de alguna forma queda justificado".

Medrano expone que en Arena "dos chicos le tocaron el culo a una amiga" y que terminaron en una discusión porque ellos se escudaban en que "la habían dejado colarse" y en que "no pasaba nada" porque no eran heterosexuales: "Entiendo esa justificación de 'soy gay, no soy una amenaza' pero yo no sé si eres gay y que no seas una amenaza no te da derecho a saltarte mis límites".

"Al final estos emplazamientos reproducen lo que hay fuera. Quiero decir que no entras a una fiesta LGTBI+ y el patriarcado no existe. Hay una ocupación del espacio muy clara. En estas fiestas normalmente los hombres gais ocupan podios y el centro de la pista, mientras que las mujeres lesbianas estamos más en los márgenes. En general, son sitios súper masculinizados", describe Medrano, que ha analizado en su trabajo de final de máster la masculinidad en los espacios no mixtos de Barcelona. "No creo que [quienes organizan estas fiestas] se planteen la existencia de lesbianas en estos establecimientos. [Piensan que] aquí nadie es machista y que cómo va a haber machismo en nuestra fiesta si son todos gais, aquí no hay peligro. Y no es verdad", puntualiza.

"Esto aquí no pasa"
"Que seas gay no significa que seas feminista y que no puedas ejercer violencia machista, que es algo que está muy asumido", repunta Longares. La activista catalana recalca que hay un "imaginario" que sostiene que esas actitudes machistas "no pasan en estos lugares y cuando lo dices estás loca, te lo estás inventando o debías ir muy borracha y no te enteraste bien. Cuando les dices que están ejerciendo su privilegio sobre otros colectivos, hay cosas que empiezan a temblar y no se quieren escuchar".

Berta Jiménez, una de las tres ‘djs’ que conforma el colectivo Sororitrap Sound Antisystem que realiza fiestas feministas, matiza que "como todos los espacios, los espacios LGTBI+ no son seguros ni para mujeres ni para nadie, pero podemos poner de nuestra parte para hacerlos más seguros". Para Jiménez, "si algo te violenta hay que verbalizarlo y poner sobre la mesa esa gravedad". Esa es línea que siguen en Sarao Drag, una "fiesta de liberación LGTBI+"que se celebra en la Sala Apolo y que cuenta con un protocolo contra cualquier tipo de agresión que se lee al principio de la fiesta porque, como señala Julia Yolanda, una de las organizadoras, "lo queer no te quita ni lo machista ni lo racista".

Desde el departamento de marketing y comunicación del Grupo Arena lamentan si alguna persona se ha sentido incómoda y confirman que están adscritos al protocolo "No callamos" impulsado por el Ayuntamiento de Barcelona y que se aplica en todas las salas. "Tenemos tolerancia cero contra agresiones en cualquier discoteca del grupo. Hay carteles en la entrada, tenemos un compromiso con el colectivo LGTBI+. Si hay gente conflictiva se la echa pero, si no nos los dicen, nosotros no podemos actuar. Queremos que Arena sea un zona segura", aseveran. Ante los testimonios que denuncian haberse sentido "violentadas" en la sala responden: "¿En Arena Madre? Imposible. Es raro que en una discoteca gay haya acusaciones machistas porque no hay público hetero".

Por su parte, desde la Sala Apolo también ratifican que están adheridos al "No callamos", que se aplica en todas las áreas del recinto –Churros con chocolate incluida–, y que todo el personal está formado para prevenir e intervenir porque "están determinados a luchar contra la violencia sexual". Luis Alcalá, promotor de la fiesta, remarca que se ciñen al protocolo y que "nunca" les "ha ocurrido una experiencia así". Sobre el relato de Carlota, cuenta que no tenía constancia de estos hechos y puntualiza que cualquier persona que vaya a la barra tiene asegurada la activación del "No callamos".

Entonces, ¿a dónde vamos?
Al no sentir los lugares LGTBI+ libres de violencia, muchas mujeres deciden marcharse de allí para buscar y crear sus propios puntos de encuentro. "Tendemos a buscar espacios que estén altamente feminizados. Vamos a sitios definidos como LGTBI+ cuando somos jóvenes y después desaparecemos. Nos tendríamos que preguntar por qué desaparecemos. Seguramente porque hemos sufrido situaciones de violencia desagradable, como las que sufrimos en locales que no son espacialmente LGTBI+", explica Longares.

Jiménez también pone como condición indispensable para que un lugar sea seguro que haya "conciencia feminista y transfeminista": "Los espacios no mixtos en los que he pinchado y en los que me muevo están nombrados por mujeres, bolleras y trans y también transmarikabollos". Además, añade que para que sea seguro, "el ocio debe generarse fuera del capitalismo". "Las empresas quieren ganar dinero y esto implica generar un consumo desde lo gay, lo lesbiano o lo bi y que la gente se deje pasta. Esto no es activismo. Al final es el idioma del pinkwashing. El ocio puede hacerse en fiestas y zonas alternativas y que el dinero vaya a un colectivo para generar tejidos disidentes", incide la dj.

Francés apunta que opta por acudir a "sitios más disidentes, que están posicionados políticamente como espacios no mixtos, fiestas autogestionadas, colectivos okupas o fiestas de barrio que, aunque no sean LGTBI+, hay más presencia feminista con protocolos y puntos lila". En esto también está de acuerdo Medrano que sostiene que la clave para encontrar emplazamientos libres de violencia para mujeres LBTI+ "no es tanto si es no mixto, sino la politización" y cita fiestas como las que se realizan en Can Batlló, las de la Escola Bollera y las del Centro Social Okupado (CSO) La Vaina.

Entonces, ¿cómo acabar con las actitudes machistas dentro de espacios LGTBI+? "Me estás preguntando cómo acabar con el patriarcado", responde la activista de La Sal. Tanto ella como Francés, Jiménez y Longares consideran que, aparte de haber una deconstrucción a nivel personal, estos lugares deben contar con puntos de atención a las mujeres y protocolos contra cualquier agresión. Sin embargo, la solución final tiene una raíz estructural, concluye Longares: "Para terminar con todas las violencias machistas hay que acabar con el sistema patriarcal, lo que haría además que terminaran todas las violencias LGTBIfóbicas. Dentro de la comunidad LGTBI+ siempre ha faltado una revisión feminista y una responsabilidad a la hora de reconocer privilegios para poder trabajar el género, el racismo, la diversidad funcional… Esto está poco o nada reflexionado dentro del colectivo. Tocar privilegios siempre es complicado".

lunes, 19 de agosto de 2019

#hemeroteca #lgtbifobia | El colectivo LGTBI analiza el aumento de las agresiones homófobas

Imagen: El Confidencial
El colectivo LGTBI analiza el aumento de las agresiones homófobas.
El Observatorio Contra la Homofobia denuncia que este año han recibido el doble de denuncias en Barcelona que en 2018 y 2017.
Alba Losada | Metrópoli, 2019-08-19
https://www.metropoliabierta.com/el-pulso-de-la-ciudad/colectivo-lgtbi-aumento-agresiones-homofobas-barcelona_19051_102.html

La madrugada del pasado 28 de junio un hombre increpó a Albert Lago en un McDonald's de Barcelona. El hecho de que vistiera unos ‘shorts’ y un ‘top’ bastó para lanzarle ofensas como “te voy a hacer heterosexual a ostias” o “a mí me estás faltando al respeto por vestir así en público y encima hay niños pequeños”. Ante esa batería de agravios y el inmovilismo del personal de seguridad del establecimiento, el joven de 22 años no tuvo más opción que defenderse y llamar a la policía.

“Mis padres tenían miedo de que denunciara la agresión, pero lo hice. Y más que hacerlo por mí, lo hice por todos aquellos que no pudieron hacerlo en su día. Ahora el caso está en manos de la policía”, cuenta en una conversación con Metrópoli Abierta. Esta agresión es solo una de las muchas que aún sufren personas LGTBI en España y en todo el mundo. Y según el Observatorio Contra la Homofobia (OCH) de Cataluña, el territorio catalán está viviendo un repunte.

“Desde el 1 de enero del 2019 hasta el 31 de julio del mismo año se han registrado en Cataluña 102 incidencias (denuncias), es decir, un 40% más que el año anterior”, dijo a principios de agosto Eugeni Rodríguez, el presidente el OCH. También indicó que en ese mismo lapso recibieron 44 denuncias en Barcelona (“33 de estas fueron agresiones”), lo cual significa el doble que el mismo periodo de 2018 y 2017.

Una muestra de la repercusión de estas infames cifras es que los organizadores Circuit Festival, Matinée Group, han incluido el teléfono del OCH en su folleto de programación para que los asistentes tengan donde acudir en caso de agresión verbal o física. Este diario se ha puesto en contacto con OCH para obtener más información sobre estos datos pero no ha respondido a sus requerimientos.

Razones dispares
La subida de las cifras no tiene una respuesta única. Mientras la web del OCH habla de “un incremento de la LGTBI-fobia en Catalunya respecto al 2018”, Rodrigo Araneda, presidente de Asociación Catalana para la Integración de Homosexuales, Bisexuales y Transexuales Inmigrantes (ACATHI), apunta que “una cosa son las agresiones que acontecen y otras las que se denuncian. Existe la posibilidad de que no haya habido un aumento real y que la causa sea que ahora la gente se atreve más a denunciar porque hay más conciencia, información y visibilidad de la realidad LGTBI”.

Una opinión similar al discurso de Araneda es la de Rubén Serrano, periodista e impulsor del movimiento #MeQueer y de la campaña #LeyLGTBIya. Para él, no se puede determinar si el número de incidentes registrados por un ente como la OCH es mayor porque se formulan más denuncias o porque se dan un mayor número de agresiones, ya que se trata de “la gran incógnita que siempre habrá”.

Pero sea por la razón que sea, considera que el hecho de cada vez más personas se atrevan a señalar a aquellos que atentan contra sus derechos y libertades, es un claro reflejo del empoderamiento del colectivo LGTBI. “Que las cifras hayan subido significa en parte que nos sentimos más fuertes, valientes y, sobre todo, más seguros para denunciar y para decir lo que sucede”, dice Serrano y añade: “Yo no soy menos que tú y quiero que tú conozcas la violencia que ejerces contra mí”.

Los espacios públicos
Los espacios de ocio y el transporte público son, de acuerdo con OCH, los principales escenarios donde la LGTBIfobia denigra a otros por su forma de sentir y querer. Una particularidad que el presidente de ACATHI destaca al hablar del panorama LGTBIfóbico actual. En su opinión, una mayor presencia de los discursos de odio en nuestro día a día es una de las razones por las que ahora es más común que algunos increpen a personas LGTBI en espacios públicos.

“Estos mensajes están dando a entender a muchos que las personas LGTBI estamos abusando de nuestra ‘libertad’ cuando, en realidad, solo luchamos por la libertad que nos corresponde”. O, lo que es lo mismo, para que por ejemplo, un simple beso en la calle entre dos personas del mismo sexo deje de ser blanco de agravios.

Para Serrano no se puede hablar de discursos de odio sin hablar de los actuales discursos de “odio institucional”. Aquellos que apunta que promueve Vox, “validan” los 2,6 millones de votos que obtuvo el partido en el 28A y no hace más que avalar la violencia y las agresiones. Él sostiene que el odio de los agresores nace de sentir que van a perder sus privilegios heterosexuales “al ver a personas LGTBI”.

“Con su actuación los agresores dicen: ‘tú no tienes que estar aquí. Tu sitio en un espacio público, en la calle, el metro o el trabajo es esconderte, que no se te note. No alteres mi sistema de privilegios y supremacía heterosexual que viene creado desde hace siglos’”, dice el periodista y, acto seguido, agrega: “Eso es lo que hace la LGTBIfobia en espacios públicos: minarnos y hacernos sentir vergüenza de lo que somos”.

A Lago le habían llamado despectivamente “maricón” y “bujarra” en numerosas ocasiones, pero asegura que nunca se habían ensañado con él en público como esa noche en el McDonald's. Aunque cree que actualmente hay menos homofobia que años atrás, “los cuatro o cinco que aún son homófobos se han embrutecido”. Y no solo por un auge de los discursos de odio, también porque “se sienten amenazados” ahora que hay una mayor visibilidad, aceptación y normalización de la realidad LGTBI en el imaginario colectivo. Digan lo que digan, él no dejará de ser quién es.

Y TAMBIÉN…
Aumentan un 30% las agresiones homófobas en Cataluña durante las noches de ocio.
L'Observatori Contra l'Homofòbia denuncia las 70 agresiones homófobas producidas en 2019 y propone un servicio de ayuda a las víctimas a través de un número de WhatsApp.
EFE | El Confidencial, 2019-06-03
https://www.elconfidencial.com/espana/cataluna/2019-06-03/aumentan-agresiones-homofobas-cataluna-noche_2050266/

viernes, 16 de agosto de 2019

#hemeroteca #drags #queer | 'Sarao Drag', un concurso inspirado en 'RuPaul' como excusa para crear un espacio de libertad

Imagen. El Diario / 'Sarao Drag' en Barcelona
'Sarao Drag', un concurso inspirado en 'RuPaul' como excusa para crear un espacio de libertad.
El certamen, que recuerda al famoso reality de televisión ‘RuPaul: Drag Race’, celebra en Barcelona su séptima edición con la diversidad como principal seña de identidad. A diferencia del programa, participan mujeres y cuenta con un protocolo de obligado cumplimiento contra discriminaciones: "Lo queer no te quita ni lo racista ni lo machista", explica Julia Yolanda, parte del colectivo organizador Futuroa. "Cuando acabó, la gente se acercó a decirnos 'esta es la vez en la que más libre y cómodo me he sentido'. No es solo una fiesta LGTBIQ+, sino de liberación personal", señala Estel Díaz.
Rubén Serrano | El Diario, 2019-08-16
https://www.eldiario.es/sociedad/Sarao-Drag-queer-racista-machista_0_931956981.html

A un lado una pancarta que proclama "Chenoa es género neutro" y al otro, un juego de palabras que anuncia "Maxi rulos ‘go home’". En la pista de baile, el público se mueve cubierto de purpurina, pelucas cardadas, manicuras tan afiladas como la de Rosalía, bigotes y vello postizo en el pecho. Se atisba un elfo, una monja con un arnés debajo del hábito y hasta un alien. Arriba, sobre el escenario, se encuentra Licorka Fey que, con cigarrillos a modo de uñas y su singular humor ácido y deslenguado, da la bienvenida a "todoas" a Sarao Drag: un certamen de ‘drags’ que revisa el género y sus restricciones y celebra lo ‘queer’, término anglosajón que significa 'raro' o 'desviado' y se utiliza para denominar prácticas, identidades y expresiones contrarias a la norma.

El club Apolo de Barcelona es la sede de esta fiesta que arrancó en marzo de 2018 en su sala más pequeña, La 3. Casi dos años después, la acogida popular que ha cosechado es tan inmensa que ahora tomará la sala principal. "El concurso es la excusa que nos sirve para crear un espacio de libertad y de seguridad para todo el espectro ‘queer’ de la ciudad", explica Alvie, cuyo alter ego es Licorka Fey. Julia Yolanda (Luna León como ‘drag’) apunta: "Es una celebración, pero también un lugar de lucha, de reivindicación y de sentirse en comunidad". Tanto Alvie como Yolanda forman parte de Futuroa, el colectivo ‘queer’ artístico que organiza este evento, que el próximo 14 de septiembre celebra su séptima edición.

Más allá de RuPaul
Entrar por las puertas del 'Sarao' supone sumergirse en el mundo de las ‘balls’ del ‘underground neoyorkino’, que tan bien retratan la serie ‘Pose’ y el multipremiado documental ‘Paris is burning’. Sin embargo, recuerda sobre todo al famoso ‘reality’ de televisión ‘RuPaul: Drag Race’, en el que varias ‘drags’ compiten en pruebas y ‘performances’ por ganar el concurso y llevarse el título de la próxima Drag Superstar de Estados Unidos. "A ver, no podemos mentir en que 'RuPaul' nos ha inspirado porque nos viciamos hace un par de años a ver todas las temporadas. El formato estaba ahí", confirma Alvie entre risas.

Sin embargo, fueron conscientes de sus "carencias" para levantar su propio certamen y darle cabida a cuerpos no normativos y a ‘drag kings’ (mujeres que hacen ‘drag’), algo que el programa incluye en contadas ocasiones. "Si ves RuPaul quizá nunca te apuntarías porque hay una exigencia por cumplir ciertos cánones. Hicimos la fiesta porque queríamos decirle a cierto público que no pasaba nada si esta maravilla de ‘drag’ tiene pelo donde quiera tenerlo o si es una mujer", revela Alvie.

Como añade Yolanda, muchas no se sentían "representadas" por RuPau y querían alejarse del binarismo ‘drag queen’ y ‘drag king’. "Eso no nos interesa. Cualquiera que performe el género [cambiar, experimentar] a su manera puede subirse al escenario, como Elité Crepé Gymnova, que está inspirada en una gimnasta rusa que lleva crepes en el pelo y que es muy inclasificable. No queríamos de ninguna manera que fuese un show del Gayxample", nombre con el que se conoce popularmente al barrio gay de Barcelona. Entre los y las casi cuarenta artistas que han concursado también han dejado su huella Marina, Madame Hiroshima, Las Vichys, Shirley Diamante y Paprika Dramasiado.

Un sarao, pero también un hogar
"Tras terminar el primer 'Sarao', se acercó gente con los ojos desorbitados a decirnos 'es esta fiesta, esta es la vez en la que más libre y cómodo o cómoda me he sentido'", recuerda Alvie con emoción. Y es verdad, 'Sarao Drag' ha creado un hogar seguro para todos los asistentes. A ello contribuye el protocolo de obligado cumplimiento que a modo de ritual se lee nada más empezar, con la música apagada y al que cada vez le han ido sumando más palabras por necesidad: "En este espacio no se aceptan comentarios machistas, homófobos, lesbófobos, tránsfobos, plumófobos, bífobos, discáfobos, gordófobos, putófobos, racistas, clasistas, edadistas, misóginos, ni ningún tipo de agresión dirigida a cualquier colectivo".

"Estos ataques es algo que todes* en mayor o menor grado hemos sufrido [en lugares de ocio]. Hacemos hincapié en ello porque el público [que pueda venir] es el más susceptible de pensar que no lo está haciendo y es algo que sabemos que ha sucedido", cuenta Alvie. Julia Yolanda va directa al grano: "Lo ‘queer’ no te quita ni lo racista, ni lo clasista, ni lo machista. Crees que todo vale por estar en una celebración y porque todes somos ‘queer’ y no pasa nada, pero sí que pasa. Faltan más protocolos de agresión y tenerlos guardados a fuego como usuaria y como sala organizadora. En reuniones hemos hablado de los sitios donde nos han tratado mal con actitudes homófobas o sexistas. Siempre discutíamos sobre cómo podíamos hacer que esta situación cambiase y al final ha sido haciendo nuestra propia fiesta".

¿Qué tiene que ver el Gayxample con el 'Sarao'? Se hace un silencio. "¿Nada?", responde Alvie susurrando para acto seguido matizar: "Decir que no tiene nada que ver es ‘esnob’. Hay muchas ‘drags’ que han vivido toda su vida en el Gayxample, que incluso tienen shows mensuales y que vienen, participan, caben en el 'Sarao' y coinciden con el conjunto de artistas". "Claro", interviene Yolanda, que remarca que "cuando vas, te lo pasas bien pero como comunidad necesitamos mil espacios". Estel Díaz, que también forma parte del colectivo, se une a la conversación y remata: "Viene gente que no acudiría al Gayxample. Hay público distinto. No es solo una fiesta LGTBIQ+ sino de liberación personal. Se ha convertido en eso".

"No es un pasatiempo ni una afición"
'Sarao Drag' también funciona como una plataforma que otorga visibilidad a artistas locales –recién iniciadas o con más trayectoria– a través de la que se les pueden abrir puertas laborales. Es el caso de Queer That, que se define como una ‘boy band’ hetero gay inspirada en los años 80 formada por cinco ‘drag kings’ de entre 22 y 26 años que se llevaron el primer premio a casa. A raíz de su victoria, han empezado a actuar en más lugares, les siguen lloviendo ofertas, darán un taller para aprender a "montarte" como ‘drag’ y han protagonizado sesiones de fotos. Según explica Ken Pollet (Elena), "sin este espacio nunca hubiera salido a hacer ‘drag’. Nos ha visto nacer y crecer. Futuroa son como nuestras madres. Han permitido que a mucha gente de esta ciudad les salgan las alas con las que ahora vuelan".

El grupo se formó para participar en el certamen movido por un "impulso personal" y lo que recogió fue una sensación de "liberación tremenda". "Venimos de que nos llamen ‘marimachos’. En toda nuestra infancia ha habido una especie de rechazo hacia esa parte que teníamos y performar ha sido como reconciliarse con ella", relata Romeo Roneo (Camille). "También supone romper los estereotipos en los que la gente te encasilla y encontrar personas que son como tú. En el 'Sarao' no tienes que presentarte de ninguna forma para cumplir una expectativa", subraya Pollet, que anota que uno de los motivos que les animó a hacerlo era la "falta de visibilidad de referentes ‘drag kings’" y la necesidad de "hablar de ellos en España".

Personaje Personaje (Juan Diego) lleva tiempo trabajando como ‘drag’ y ya se conoce todo lo que sucede entre bambalinas: "No sé si me dará más oportunidades laborales porque el tema del trabajo en el transformismo o en el mundo del espectáculo siempre es delicado. No está pagado muchas veces o está mal pagado. El medio aún no es permeable a nosotras como profesionales. Lo que yo hago no es un pasatiempo ni una afición, no es esa figura del capitalismo". A pesar de ello, coincide con la ‘boy band’ en que participar le ha permitido ponerse en contacto con similares con quien comparte "posiciones políticas, estéticas y afectos". "Participar me ha servido para tener una presencia más visible en la comunidad de la que me siento parte y que estoy construyendo a mi alrededor", concluye.

De procedencia ecuatoriana, se presentó al concurso con ‘La gran tirana’, un tema de la artista cubana La Lupe, porque considera "importante renunciar a la excesiva preferencia de las voces anglosajonas en la cultura ‘drag’". Del mismo modo, también valora como algo esencial que los sitios de ocio "hagan explícitas sus posiciones ideológicas y sus principios": "Esta es una fiesta inclusiva que parte de ideas que hablan sobre la ética del consentimiento, la diversidad y el encuentro. Funciona para bajar un poco las defensas, pero no hay que bajarlas del todo porque queda mucho por hacer fuera de los lugares seguros".

'Sarao Drag' está en pleno apogeo. Su siguiente paso será subirse a un autobús y salir de gira por la geografía española. De hecho, ya han comenzado: hace unas semanas inauguraron la primera edición en Málaga y avisan que tienen más localidades marcadas en el mapa. "Queremos ir a conocer y a hacer intercambio, no a que nos conozcan ni a profetizar", expresa Díaz. "Otra fantasía es hacer un 'Sarao Kids' (Infantil) a modo de taller y después ya vendrá el ‘reality show’", suelta Alvie entre carcajadas. No es una locura: un RuPaul a la española pero con ‘drag kings’, ‘queer’, no normativo y diverso suena a sueño de muchas y muchos. O como dirían en 'Sarao', al sueño de "todoas".

*Se ha decidido mantener el uso de la 'e' como género neutro en la palabra todes porque es el lenguaje que usan los testimonios.

martes, 14 de mayo de 2019

#hemeroteca #eurovision #pinkwashing | Pinkwashing, desahucios ilegales y censura: así utilizan los Estados el festival Eurovisión

Imagen: El Salto / Miki, representante español en Eurovisión 2019
Pinkwashing, desahucios ilegales y censura: así utilizan los Estados el festival Eurovisión.
Eurovisión 2019 pasará a la historia como un ejemplo de propaganda política. Pero esta instrumentalización no es marca únicamente de Israel. Rusia, Ucrania y Azerbaiyán ya utilizaron el festival para favorecer sus intereses.
Rubén Serrano | El Salto, 2019-05-14
https://www.elsaltodiario.com/global/pinkwashing-desahucios-censura-eurovision-israel

El pasado 4 de mayo, es decir, a diez días de que arrancara Eurovisión y tras un ataque de Hamás en el que murieron cuatro civiles israelíes, Israel bombardeó Gaza y acabó con la vida de 21 ciudadanos palestinos.

Ese mismo día, a escasos 71 kilómetros, en Tel Aviv, empezaron los ensayos de Eurovisión 2019. La llamada al boicot por parte de figuras políticas, partidos y artistas de Reino Unido, Irlanda, Suecia e Islandia se quedó en nada: ninguno de los 41 países participantes ha cancelado su estancia allí y los preparativos han seguido su curso con total normalidad.

Eurovisión 2019, que celebra este martes 14 de mayo su primera semifinal, pasará a la historia como un ejemplo descarnado de propaganda política por el uso que Israel ha hecho del certamen para lavar su imagen pública y blanquear la ocupación de Palestina ante los ojos de todo el planeta.

Sin embargo, esta instrumentalización no es únicamente propia del país de Oriente Próximo: Rusia, Ucrania y Azerbaiyán hicieron lo mismo cuando acogieron el festival. Es una tendencia clara: en los últimos años, el país organizador de Eurovisión ha utilizado el festival a su servicio, para vender al mundo una versión afín a sus intereses, poderes e influencias.

Las intenciones que tenía Israel con el concurso se hicieron evidentes desde que Netta le dio la cuarta victoria al país el año pasado. Tras recoger el trofeo, espetó en directo: “Muchas gracias por aceptar las diferencias entre nosotros. Gracias por celebrar la diversidad. Amo mi país”. El llamado ‘pinkwashing’, el uso de un discurso de respeto e igualdad hacia la causa LGTBI para ser percibido como un actor moderno y tolerante, había empezado inmediatamente. Dos días después de su triunfo, el Ejército israelí asesinó a 58 manifestantes palestinos en vísperas del 70 aniversario de la creación del Estado de Israel.

El presidente Benjamín Netanyahu hizo campaña para que el festival se celebrara en Jerusalén, ciudad históricamente divida entre Israel y Palestina, con el objetivo de dejar claro a quién pertenece la ciudad. Preocupada por una posible espantada, la Unión Europea de Radiodifusión (UER), responsable del certamen, avisó a Netanyahu : “Si los países se niegan a participar, Eurovisión no se realizará en Jerusalén”. Finalmente, la jugada maestra de Netanyahu se frustró pero la televisión pública del país, KAN, supo aprovechar este giro de guion.

Israel sabe que su imagen está en juego. El año pasado 186 millones de espectadores en todo el mundo conectaron con Lisboa para ver el festival. Así, KAN ha reunido a sus iconos patrios para recordarle al público el valor y la impronta israelí: la modelo Bar Refaeli presentará la gala, la estrella de Hollywood Gal Gadot hará acto de presencia, el multimillonario Sylvan Adams ha pagado un millón de dólares para que Madonna actúe en la final y ha aprovechado que Tel Aviv es el paraíso del gaycapitalismo europeo para promover su marca turística, lo que se ha traducido en un sobrecoste del precio de las entradas que no todos los eurofans han podido pagar.

En un texto que sigue más vivo que nunca, el politólogo y sociólogo francés Sami Naïr escribía en 2006 que Israel ya había conseguido su propósito de legitimarse como estado. “Es posible tratar de destruir un pueblo con la complicidad silenciosa del mundo entero [...]. Delante de nuestros ojos, el pueblo palestino es aplastado bajo las bombas. Los sucesivos gobiernos de Israel han ganado. No frente a los palestinos, ya que estos siguen resistiendo, sino frente a los gobiernos del mundo entero y frente a la opinión pública internacional”, remarcó.

Israel busca ahora revalidar esa legitimidad.

Expropiaciones y vetos
Pero Israel no es el único que se ha servido de Eurovisión para presentarse al mundo en todo su esplendor. En 2012, Bakú (Azerbaiyán) acogió el certamen y las autoridades del país realizaron “desahucios ilegales, expropiaciones y demoliciones de edificios” para construir el estadio donde se celebró Eurovisión, tal y como denunció Human Rights Watch. El resultado que se vio en las pantallas fue un impactante recinto que se iluminaba por fuera con la bandera de cada país. Una ambición de una magnitud equiparable al descomunal escenario que levantó Moscú en 2009, uno de los más inmensos que se recuerdan.

Las maniobras de ambos países responden a la táctica de demostrar el poder blando que tienen. El catedrático Joseph Nye explicó este concepto en su libro ‘Bound to lead’ (1990) en el que se refiere a la capacidad de un actor político de convencer y atraer a los otros hacia su bando. Así, lejos de usar herramientas militares o económicas (poder duro), los países usan las herramientas culturales y las políticas exteriores para levantar admiración y erigirse como ejemplos a seguir. De ese modo, se entienden las superproducciones a nivel escenográfico y las propuestas musicales con un marcado cariz internacional que envían al festival países del Este europeo como Ucrania, Armenia, Azerbaiyán y Rusia.

La anexión rusa de la península de Crimea —hasta 2014, de Ucrania— también evidenció en el certamen el poder blando de ambos países. Tras una apretada votación entre los dos Estados, Jamala consiguió finalmente la victoria por Ucrania en 2016 con “1944”, una canción que denunciaba la deportación de los tártaros de Crimea durante el estalinismo. Al año siguiente, Kiev se convirtió en la sede del festival y consiguió que Rusia no participara al prohibirle la entrada al país a la representante rusa.

El último capítulo surgido del enfrentamiento de Crimea se ha vivido este mismo año: Ucrania se vio obligada a retirarse de Eurovisión después de que su representante, Maruv, se negara a firmar el abusivo contrato que le imponía la televisión pública nacional. Según expuso la cantante de ascendencia rusa, firmar suponía convertirse en una “esclava”, ya que el canal la obligaba a cancelar los conciertos que tenía programados en Rusia, ceder los derechos de la canción y le prohibía hablar con la prensa sin autorización previa.

La politización de Eurovisión en Ucrania dio un giro radical cuando Jamala sometió a examen a Maruv en la gala de selección nacional y le preguntó con un evidente enfado: “¿Crimea es Ucrania?”. La nerviosa repuesta la dejó satisfecha: “Es Ucrania, por supuesto”.

Territorios sin derecho a estar
Eurovisión también ha servido para dejar claras las líneas rojas territoriales y establecer a quién se le considera un Estado y a quién no. Una forma de sustentar esa legitimidad es a través de las banderas que se ondean en el estadio. En 2016, Estocolmo (Suecia) albergó el certamen y publicó una lista de banderas prohibidas dentro del recinto, entre las que se encontraban tanto la del Estado Islámico como las locales y regionales de cada país (Crimea, Kosovo, Palestina y la ikurriña). Los suecos sí que permitieron el acceso de las banderas de los países participantes, de países no participantes pero miembros de la ONU, de la Unión Europea y la LGTBI.

Ese mismo año, la intérprete de Armenia, Iveta Mukuchyan, ondeó en directo una bandera que la organización vetó, la de la República de Artsaj (también conocida como la región de Nagorno-Karabaj), un territorio con mayoría de población armenia pero que pertenece a Azerbaiyán y que aún es motivo de disputa entre ambos países. La UER no tardó en responder: condenó “firmemente” el uso de la bandera y anunció que sancionaría a Armenia por “dañar” la imagen del certamen. Por otro lado, Turquía, que lleva años sin participar, canceló a última hora la emisión de la edición de 2013 debido al beso lésbico que tenía lugar durante la actuación de Finlandia. Se desconoce si la UER tomo medidas contra el país.

Según el sociólogo alemán Max Weber, el afán de tener poder se debe al honor social que provoca. En ese sentido, participar en el certamen otorga identidad como nación, repercusión a nivel global y reconocimiento de que existes y de que formas parte de algo colectivo. En 2007, al año siguiente de que Montenegro votara en referéndum su independencia, Serbia debutó en solitario en Eurovisión y ganó. En cuestión de meses había pasado de aceptar la separación a presentarse a una competición de más de 40 países y alzarse con la corona. Ese ejemplo de éxito nacional es el que buscan Kosovo y Escocia. Sin embargo, no lo tienen tan fácil. La provincia serbia declaró su independencia del país balcánico en 2008 pero no cuenta con el reconocimiento de todos los estados de la ONU —España se lo niega— y eso dificultaría su participación en el concurso. Respecto a Escocia, la BBC se opone a que cada año la televisión de cada una de sus cuatro naciones constituyentes (Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte) elija al o a la abanderada británica y se reserva para ella esa decisión.

El tablero geopolítico europeo está repleto de conflictos abiertos y no todas las piezas que hay en él disponen del mismo poder y capacidad de decisión. Por eso, no es de extrañar que aprovechen cualquier oportunidad que se les presente, como la celebración del festival, para poner encima de la mesa su agenda e intereses. Eurovisión nació en 1956 para unir a una Europa devastada y dividida por la Segunda Guerra Mundial. Un certamen cuya naturaleza es tender puentes entre los diferentes estados (y no estados) que lo conforman siempre será político, aunque venga revestido de música y televisión. Eurovisión es una celebración anual y, como señala Paul B. Preciado en ‘Un apartamento en Urano’ (2019), “una celebración sirve para recordar lo que de otro modo sería olvidado y para olvidar lo que debería recordarse”.

jueves, 28 de junio de 2018

#hemeroteca #lgtbi #orgullo | El homopatriarcado y el capitalismo han matado al Orgullo LGTB+

Imagen: PlayGround
El homopatriarcado y el capitalismo han matado al Orgullo LGTB+.
El Orgullo LGTB+ ha permutado en un Orgullo Gay donde manda un homopatriarcado. El capitalismo ha hecho del Pride el producto estrella de un público exponencial: hombres gais blancos de clase media alta con la cartera llena de billetes.
Rubén Serrano | PlayGround, 2018-06-28
https://www.playgroundmag.net/lit/el-homopatriarcado-y-el-capitalismo-han-matado-al-orgullo-lgtb_30004615.html

En junio de 1977 tuvo lugar la primera marcha del Orgullo LGTB+ en España. Fue en Barcelona, donde 4.000 personas recorrieron Las Ramblas para exigir que la Ley franquista de Peligrosidad Social no incluyera a los homosexuales. Aparte de gais, lesbianas, familias, activistas y militantes políticos, la marcha la encabezaron personas trans, que fueron las primeras que se enfrentaron a la policía cuando empezaron a dispersarla. 41 años después, la imagen del Orgullo de Barcelona tendrá unos protagonistas muy diferentes.

Las fotografías que circularán este año serán, siguiendo la tónica habitual, las de hombres gais musculados bailando encima de carrozas. Ellos se han convertido en la cara más visible del Orgullo porque, aunque las siglas LGTB+ queden muy bien juntas y den sensación de hermanamiento, hay una que queda siempre más representada que las otras.

Mujeres lesbianas, bisexuales, personas trans y otras identidades de género y orientaciones sexuales están totalmente eclipsadas por el varón homosexual. El Orgullo LGTB+ ha permutado en un Orgullo Gay donde manda un homopatriarcado calcado a la heteronorma. Consecuentemente, el Orgullo se ha convertido en el producto estrella de un público cada vez más exponencial: hombres gais blancos de clase media alta. Muchos eventos están pensados por y para ellos. En nuestro país sólo hay que pensar en destinos como Sitges, Madrid o Barcelona, cuya población masculina se dispara durante la semana del Pride.

No es de extrañar que la manifestación del Orgullo haya mutado en una cabalgata de marcas luciendo banderas arcoíris para intentar sacar tajada. Los grandes nombres del sector textil y de la informática solo se acuerdan del colectivo durante unos días al año. Muchas de estas firmas que hoy ondean los seis colores tienen fábricas en China, Bangladesh, Pakistán o Marruecos donde los derechos LGTB+ son prácticamente inexistentes, además de patrocinar eventos deportivos mundiales en países donde ser gay te puede costar una paliza y hasta la vida. Pura hipocresía. Se han apropiado de una lucha que no es suya para hacer comercio rosa y lucrarse a nuestra cosa. Y lo peor es que nosotros les estamos dejando.

Que las grandes empresas apoyen al movimiento es una gran noticia, sin embargo, podrían mostrar una implicación real antes de colgarse la medalla. ¿Cuántas de ellas dan a alguna organización o causa LGTB+ al menos una parte de lo que recaudan con sus productos hechos para el Orgullo? ¿Cuántos de sus empleados pueden expresar su orientación sexual o identidad de género con tranquilidad sin tener miedo a ser rechazados? ¿Fomentan espacios inclusivos o es solo un lavado de imagen?

Hemos pasado de ser los marginados del sistema a ser una de las joyas de su corona. El Orgullo LGTB+ nació en Stonewall en 1969 fruto de una protesta ciudadana, liderada por mujeres trans afroamericanas y latinas que decidieron enfrentarse a la represión policial tras soportar años de redadas y porrazos. Si hoy Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera vieran una lucha despolitizada y sumida en el capital, como mínimo, se llevarían las manos a la cabeza. A veces parece que como colectivo hemos olvidado toda nuestra historia o que quizá nunca llegamos a aprender nada.

La fiesta se ha apoderado del Orgullo para celebrar avances y logros legales como el matrimonio homosexual. No obstante, también es ella la causante de que parte del colectivo se haya acomodado. Algunos creen que sus derechos ya han sido lo suficientemente reconocidos y han dejado tiradas en el suelo las necesidades del resto de compañeros.

El colectivo trans es el más vulnerable ahora mismo. Si bien la OMS acaba de eliminar la transexualidad de su lista de enfermedades mentales, todavía hace falta mucha legislación que garantice la igualdad y la protección de las personas trans. Del mismo modo, aunque avancemos en materia legal, la gran asignatura pendiente es conseguir una aceptación real entre la sociedad que impida de una vez los asesinatos de personas trans, los suicidios de menores LGTB+, las palizas por ir cogido de la mano con tu pareja y otros crímenes de odio.

Dentro de la burbuja que supone vivir en España y en Europa, hablamos como colectivo LGTB+ privilegiado. Si ponemos nuestros ojos en Oriente Medio, África o Asia descubriremos que nuestros hermanas y hermanas no corren la misma suerte y ni pueden adoptar, ni casarse o ni siquiera estar protegidos por ley en sus puestos de trabajo. Aparte de bailar, tenemos que salir a la calle para gritar por todos aquellos que no pueden hacerlo: en 72 países del mundo ser homosexual es ilegal y en otros 8 supone la pena de muerte.

Todo esto no implica que no tengamos que celebrar con confeti y música pop todo lo que hemos alcanzado, pero supone que no se nos puede olvidar todo lo que aún nos falta por conseguir. Tenemos que ser solidarios entre nosotros y volver a ser una comunidad. No podemos ser complacientes, subirnos semidesnudos una vez al año encima de una carroza y creer que con eso ya estará todo hecho. El Orgullo tiene que volver a ser político, inclusivo y atento a nuestra diferencia. Todo esto depende única y exclusivamente de nosotros. Si bajamos el puño para levantar un ‘gin tonic’, estamos poniendo en pausa nuestras propias victorias.

viernes, 2 de febrero de 2018

#hemeroteca #plumafobia #homonormatividad | Contra la plumofobia

Imagen: GCN
Contra la plumofobia.
“Tratan lo femenino como algo inferior y negativo porque, por encima de todo, son hombres que disfrutan de los privilegios que eso les ofrece, como estar económica, política, social y culturalmente por encima de las mujeres.”
Rubén Serrano | PlayGround, 2018-02-02
https://www.playgroundmag.net/lit/plumofobia_27616185.html

Salir de fiesta gay por Barcelona se ha convertido en una jungla de bíceps y abdominales. Al mismo tiempo, quedar con un chico es toda una odisea. Antes de la cita, tienes que cumplir unos requisitos casi siempre imprescindibles: “Busco machos”, “Solo tíos que se comporten como tíos”, “No quiero locas ni princesas”. Y yo frente a este panorama —con cara de niño, cuerpo endeble y un poco de amaneramiento— me doy cuenta de que formo parte de una espectáculo en el que ni estoy invitado ni soy bienvenido.

La llamada plumofobia, o el rechazo a hombres que muestran actitudes o comportamientos femeninos, ha infestado la comunidad gay de arriba abajo. Según un estudio de la revista gay británica Attitude, el 41% de los encuestados piensa que los chicos femeninos dan una mala imagen del colectivo LGTB+ y un desolador 71% ha afirmado que un hombre con maneras del sexo opuesto no les excita lo más mínimo.

Al contrario de lo que muchos piensan, la plumofobia no tiene nada que ver con homofobia entre gais, sino con los conflictos que generan los roles de género dentro del colectivo.

Partiendo de esa base, en la cultura popular a los gais todavía se nos representa como chicos delgados, con poca vergüenza, afeminados y con dotes para el entretenimiento. Para acabar con este estereotipo, parte del colectivo homosexual está forzando y exagerando actitudes varoniles para demostrar que también son masculinos, a pesar de besarse y acostarse con hombres. ¿Cómo estamos llevando esto a la práctica? Copiando los roles normativos propios de un hombre heterosexual y adaptándolos al mundo gay.

El primer paso es la apariencia física. Construir una imagen de macho alfa requiere de incontables horas en el gimnasio y de un fondo de armario donde reinen la ropa deportiva y complementos que sexualicen nuestra masculinidad, como arneses de cuero.

Esa estética de macho bruto inspirada en Tom of Finland debe traducirse en un comportamiento viril, dominante, autoritario y violento; una fachada que después lucen, sobre todo, en ciertos locales de ambiente gay donde las pelucas y la purpurina no están permitidas. Allí solo son admitidos como miembros del selecto club aquellos homosexuales que hagan gala de una hombría ibérica.

Por inercia, cada vez que vemos a un gay con ciertas formas femeninas asociamos que posee características tradicionalmente vinculadas a las mujeres: son sensibles, sumisos, débiles y frágiles. Para plantar cara al desafío que la pluma supone para nuestra frágil masculinidad, algunos han optado por menospreciarlos con insultos sexistas como “marica loca” o “esta es una pasiva”, usando siempre el femenino de forma peyorativa.

Si hay miembros del colectivo gay que humillan a otros homosexuales que expresan libremente su feminidad en lugar de respetarlos es porque se identifican antes con el patriarcado que con el colectivo LGTB+. Tratan lo femenino como algo inferior y negativo porque, por encima de todo, son hombres que disfrutan de los privilegios que eso les ofrece, como estar económica, política, social y culturalmente por encima de las mujeres.

Siguiendo este juego de jerarquías un gay afeminado está peor considerado que un gay que ha asumido las reglas patriarcales y que hace gala de su poder. Y así, al convertirnos en replicantes del heteropatriarcado, que censura todo lo que no exuda masculinidad, nos contagiamos del machismo que gobierna nuestra sociedad. Por ese motivo cada vez escucho más entre mis amigos perlas misóginas como “este local está lleno de chochos, qué asco” o “no me gusta que haya tías aquí, no me siento cómodo”.

Qué curioso querer destruir un estereotipo construyendo otro hipermasculino que tampoco representa a toda la comunidad homosexual. Qué curioso que ahora los gais penalicemos a lo femenino cuando de pequeños con quien más seguros nos sentíamos era con mujeres. Qué curioso que nos exijamos entre nosotros comportamientos masculinos, que era justo lo que nos pedían en el colegio antes de darnos un empujón o de llamarnos “maricones”. Qué curioso que pidan esa actitud los mismos hombres que en su infancia guardaban su sexualidad en el armario para evitar ofensas y humillaciones.

Muchos argumentarán que se trata de gustos; no obstante, hay que ir a la raíz y ser conscientes de que esas filias esconden tintes discriminatorios. Si pones en tu Grindr “negros no” estás siendo racista, si pones “no me van chinos” o “paso de latinos” estás siendo xenófobo, si tienes escrito “solo delgados” estás siendo gordófobo. Por tanto, dar de lado a un chico porque sea femenino es plumofobia aderezada con machismo y trazas de misoginia.

Esta apología de la masculinidad me ha provocado debates internos. La presión social por aparentar “ser un hombre de verdad” me hizo llegar a adoptar actitudes varoniles, como apuntarme a un gym para muscularme o comprarme un chándal de Nike para salir de fiesta. Sin embargo, toda esa apariencia se traducía en citas frustradas o en lágrimas al salir de la discoteca a las 6 de la mañana porque yo no estaba siendo yo; yo estaba siendo otro para complacer a unos robustos hombres con los que deseaba estar y demostrarles que también soy masculino. Había caído en la trampa.

¿Por qué un colectivo tan discriminado como el gay imita los patrones que tanto daño nos han hecho? ¿Por qué nos estamos convirtiendo en opresores con miembros de nuestra propia comunidad? Han sido esos gais con vestidos de lentejuelas y tacones los que han salido a la calle a visibilizarnos y a reivindicar nuestros derechos. Si ahora estos gais convertidos en Popeyes y anuncios de Calvin Klein se pueden casar, adoptar o besarse en medio de la calle es por el trabajo que esos “gais femme” han hecho.

¿Qué harán por la comunidad LGTB+ estos gais cómplices del machismo? No podemos dejar que un rol de género condicione nuestros sentimientos y defina nuestro día a día. Tenemos que ser inclusivos con nosotros mismos. Si algo he aprendido tras estos meses intentando clonar actitudes "masc4masc" es que la pluma es inofensiva, la masculinidad tóxica no.