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martes, 25 de abril de 2023

#hemeroteca #feminismo #censura | Difracciones sobre la censura, el control y el pensamiento hegemónico

Huffpost / Mani 8M en Sevilla //

Difracciones sobre la censura, el control y el pensamiento hegemónico

Un feminismo fosilizado que se resiste a pasar página no es un feminismo comprometido con la emancipación.
Mariano Beltrán y Lucía Barbudo | Huffpost, 2023-04-25
https://www.huffingtonpost.es/opinion/difracciones-sobre-censura-control-pensamiento-hegemonico.html

"Los feminismos son un espacio de disenso" es una de las muchas frases que deja tras de sí Georgina Orellano en su paso por varias ciudades del estado español con motivo de la presentación de su libro 'Puta feminista'. Pero la activista y sindicalista argentina, referente feminista en la lucha de las trabajadoras sexuales, no sólo dejó frases, libros firmados y charlas para enmarcarlas, sino que tuvo espacios de encuentros con trabajadoras sexuales y aliades en los que estuvimos reflexionando y debatiendo sobre todo tipo de cuestiones que atraviesan a los colectivos actualmente.

Todas las personas que hemos militado en espacios activistas sabemos de la importancia de darnos el espacio para hablar, para dialogarnos las dudas, para confrontar ideas, para compartirnos las prácticas políticas. En los espacios donde conversamos es donde crecemos políticamente. Crecer políticamente, muchas veces, lleva implícito cambiar de opinión: ese suceso extraordinario al que se llega después de un periodo de formación y reflexión. Persistir en ideas enquistadas es declararse fósil, petrificarse, que es lo opuesto al movimiento y al avance. Hay muchos ejemplos en los feminismos que nos ayudan a entender cómo se han reformulado o reconfigurado distintas reivindicaciones a lo largo de la historia. La propia categoría ‘mujer’, baluarte histórico de las luchas feministas occidentales y eurocéntricas blancas, que tuvo su sentido y razón de ser a finales del S.XVIII, vino a ser problematizada por el empuje de las luchas cuir que, en nuestro contexto español, tomaban más y más fuerza allá por los dos miles. Un feminismo fosilizado que se resiste a pasar página no es un feminismo comprometido con la emancipación.

Las feministas que se quedaron en las reivindicaciones de la segunda ola hablan, por ejemplo, del ‘borrado de mujeres’ porque en sus polvorientas trincheras dialécticas rechazan la participación de otros sujetos políticos que se abrieron paso en olas posteriores en los feminismos. Y practican la censura contra todas aquellas que disienten de su cosmovisión, muy parecida en las formas y procesos a la que nos impone el androcentrismo.

La censura no solamente es un elemento que afecta a los procesos de decisión o a los debates mismos, sino que contamina también los productos intelectuales que surgen de esos debates: si despojamos la disidencia de las posiciones de partida en debates que nos atraviesan, no estamos haciendo otra cosa que reforzar la norma androcéntrica que dicta que todo lo que queda en la periferia debe ser o bien cancelado o bien regresado al centro de la norma -sexual, social, reproductiva, etc.-, con toda la violencia simbólica y explícita que ello conlleva.

La académica feminista Donna Haraway reflexiona en su 'Manifiesto para Cyborgs' (1991) acerca del poder, la ciencia y el feminismo, y nos plantea oportunas preguntas que conviene poner en el centro: "¿Tienen las feministas algo nuevo que decir sobre las tormentosas relaciones entre conocimiento y poder? La autoridad feminista y el poder de nombrar, ¿darían al mundo una nueva identidad y una nueva historia? ¿Pueden las feministas dominar la ciencia?".

Esa última pregunta, imprescindible si pretendemos problematizar la reproducción, la sexualidad, la maternidad y los géneros en clave feminista, nos debería llevar a un lugar de reflexión más práctico que teórico: ¿dónde situamos a aquella persona que no piensa como yo? ¿Dónde ubicamos a la disidencia? Para algunos planteamientos teóricos y para algunos medios de comunicación generalistas la disidencia es directamente inubicable: no existe, no puede ser, no tiene cabida, está deslegitimada o no se la reconoce como interlocutora válida. La pluralidad se ha convertido en una amenaza, y la disidencia en un animal mitológico.

La feminista Helene Cixous nos dice en 'La risa de la medusa' (1975/1995) que el pensamiento siempre ha funcionado por oposiciones duales, jerarquizadas. Y el androcentrismo tiene claro que debe seguir reforzando las dicotomías, la lógica del amo y del esclavo, para seguir subsistiendo. Trascendiendo la categoría sexo/genérica del término binarista de ‘androcentrismo’, nos gustaría recalcar que lo usamos para señalar una posición de poder y, por lo tanto lo usamos como categoría política, y no estricta o exclusivamente como una categoría genital correspondiente al sexo/género masculino. Lo que queremos decir con esto es que Margaret Thatcher fue funcional al poder machobélico aunque portara vulva y vagina, así como el feminismo institucional o hegemónico se alinea con el patriarcado copiando y reproduciendo sus lógicas punitivistas y sus estrategias de deslegitimación e invisibilización de determinados discursos y prácticas feministas.

De la misma manera que Paul B. Preciado usa el término ‘minoría’ para referirse, no a una cantidad numérica, sino a una posición de subordinación respecto a una ‘mayoría’ dominante, las disidencias quedan relegadas a una periferia mediática mientras que los centros de poder siguen teniendo los altavoces más potentes y, por ende, los medios de producción de (in)formación y difusión de dicho conocimiento.

De la España franquista aprendimos que hace falta un marco garantista de derechos y libertades para democratizar la información y que, sin la libre accesibilidad a la información, difícilmente se construye una sociedad pensante, una sociedad crítica. Que los principales espacios de la prensa generalista estén cerrados a airear ciertos debates habla más de mordazas que de libertad y de democracia. Podríamos establecer un paralelismo entre la falta de independencia del poder legislativo y el ejecutivo (con el resultado catastrófico que esto tiene para con la justicia) con el hecho de que el periodismo en este país esté supeditado a intereses partidistas y a sus agendas ideológicas.

La censura no puede considerarse una estrategia feminista. ¿Se deduce de esto que todas las opiniones son respetables? ¿O que el feminismo aspira a asimilar toda opinión? Nada más lejos de la realidad. Lo que pretendemos exponer en esta tribuna es que, a la hora de problematizar cuestiones como el trabajo sexual o la gestación por sustitución nuestro marco debería alejarse tanto del positivismo como del relativismo radical para adentrarse en lo que Haraway denominó conocimiento situado.

Seguramente a la hora de emitir opiniones y juicios deberíamos difractar más que reflexionar, deberíamos asumir que ningún concepto puede de facto desligarse de la subjetividad de quien lo enuncia. Y esto también es válido para aquellas personas que censuran los puntos de vista contrarios: asumen que la otra opinión es ‘objetivamente mala’ —y por tanto la propia es la ‘objetivamente buena’—, situándonos así, de nuevo, no sólo en una aburrida y limitante polarización, sino en la lógica de colonizar la mirada ajena, de conquistarla o, en última instancia, de exterminarla. Y qué mejor conocimiento situado que escuchar a las protagonistas hablar en primera persona. Nos ahorramos así caer en discursos victimizantes, infantilizadores, en cuestionar la capacidad de agencia de aquelles que se quieren posicionar como sujetos políticos o entrar en dinámicas de tutelaje, tanto en las prácticas políticas como en las discursivas.

Nos oponemos frontalmente a la censura y al punitivismo. Mirarnos en la mirada de la otra y reconocernos como diferentes debería ampliar nuestra propia cosmovisión, no achicarla. El miedo al disenso y los intentos de cancelación solo significan una cosa: el androcentrismo ha hecho muy bien su trabajo en los espacios políticos, en los medios de comunicación. El andrós y sus procesos siguen conquistando inevitablemente el sistema, el poder y la retórica que lo acompaña.

martes, 26 de julio de 2022

#hemeroteca #lgtbifobia #transfobia #terf | La 'agenda queer' no existe, es el miedo a la diversidad

Huffpost / Visibilidad arcoíris en el Orgullo LGTBI 2022 //

La 'agenda queer' no existe, es el miedo a la diversidad.

Desde un tiempo a esta parte, el feminismo cultural y la extrema derecha han acuñado un nuevo término.
Mariano Beltrán | Huffpost, 2022-07-26
https://www.huffingtonpost.es/entry/la-agenda-queer-no-existe-es-el-miedo-a-la-diversidad_es_62df7e8de4b03dbb991c7d65 

El lenguaje configura los parámetros con los que interpretamos nuestro universo, nuestra realidad. Cuando pretendemos deformar o reformar la realidad, el lenguaje se convierte entonces en la principal herramienta para dicha empresa: el lenguaje penetra en nuestro proceder, modela nuestras atribuciones, limita o expande nuestras expectativas.

Desde un tiempo a esta parte, el feminismo cultural y la extrema derecha han acuñado un nuevo término: agenda ‘queer’. Un término que recuerda a la infamia de ‘ideología de género’: el primero pretende señalar al colectivo LGTBI (y no solo) como enemigo del feminismo, el segundo pretende señalar la lucha feminista como perniciosa para la sociedad. Ambos términos pretenden presentarnos una realidad quimérica y problemática que debemos combatir; por eso se hace necesario señalar estos intentos de deformación de la realidad como falaces y peligrosos para los cuerpos y las vidas de las personas a las que señala.

¿Pero existe eso de la agenda ‘queer’? Quien refiere esa supuesta agenda presume que el ‘lobby queer’ está infiltrado en todos los organismos de la gobernanza internacional. Por ejemplo, la filósofa argentina María José Binetti (2021) indica que ‘la generosa financiación filantrópica de enormes corporaciones como Open Society Foundation, Arcus Foundation, Bill y Melinda Gates Foundation, Ford Foundation, Rockefeller Foudation, Children’s Investment Fund Foundation, etc., fluye hacia agencias de la ONU a través de planes o acciones específicos como el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA), ONUSIDA, UNESCO y ONU-Mujeres, todos ellos promotores de la agenda ‘queer’. Estos intentos de teoría de la conspiración los podemos ver también cuando la ultraderecha habla de los fondos que recibe la lucha contra la violencia de género. Lo preocupante de estas aseveraciones no es tanto el argumento delirante de ‘lo queer gobierna el mundo’ como el empleo del término agenda ‘queer’, que homogeniza y contribuye a la deshumanización de determinados grupos humanos.

Para el feminismo cultural, la supuesta agenda ‘queer’ defiende los siguientes postulados, sin matices y en bloque: trabajo sexual, gestación por sustitución, pornografía, identidades trans. La fascinación que tienen los dogmas por asumir que los de enfrente defienden otro dogma nunca dejará de sorprenderme. Conozco a personas que defienden la despenalización del trabajo sexual pero no apoyan la gestación por sustitución —y al contrario—; conozco a personas con diferentes puntos de vista sobre la hormonación en —menores— trans, y conozco a personas con diferentes enfoques sobre pornografía, BDSM y tantas otras cosas. Y todas ellas entrarían dentro del paraguas de personas ‘queer’ —que diría el feminismo cultural—.

Agenda ‘queer’ es un intento —poco elaborado— de señalar los cuerpos y las vidas de las personas LGTBI (y no solo) como enemigas del feminismo. El primer paso para deshumanizar esas vidas es insinuar que tienen un plan, una agenda oculta con la que pretenden reforzar, en este caso, al patriarcado. Teorías de la conspiración aparte, ¿alguien nota como la historia de la infamia a lo largo de los tiempos utiliza idénticas herramientas? Señalar como sospechosos y enemigos de ‘lo ético’ a uno —o varios— grupos humanos, homogeneizando su pensamiento o los repetidos intentos de ridiculización —¿nos acordamos de la frase de Alicia Miyares de “digo que las mujeres trans son tíos porque son tíos” y las risas subsiguientes en la Escuela Rosario Acuña?— son estrategias que la historia de la infamia aplica con diligencia para finalmente, ejercer sobre esos grupos violencia verbal y/o física explícita.

En cualquier caso, los intentos de introducir en el imaginario colectivo lo de agenda ‘queer’, además de tener por objetivo el señalamiento del colectivo LGTBI como enemigo del feminismo, tienen otro objetivo: apropiarse de la agenda feminista. Por eso, creo oportuno diferenciar entre ‘agenda feminista’ y ‘agenda del feminismo cultural’: la primera busca generar espacios de seguridad donde podamos encontrarnos todas, la segunda busca señalar la discrepancia como enemiga del feminismo. Lo que debería preocuparle al feminismo cultural es por qué lleva compartiendo agenda estratégica con la extrema derecha desde los años 70 del pasado siglo XX: recordemos las ‘Sex Wars’ y cómo se tejieron alianzas entre feministas culturales y el partido republicano norteamericano para ir contra la pornografía, alianza que después fue utilizada por la derecha para volver más agresiva su campaña anti-aborto. Recordemos cómo ahora Giorgia Meloni defiende lo mismo que Amelia Valcárcel sobre las personas trans, o cómo Salvini o Macarena Olona defienden las mismas tesis sobre gestación por sustitución que Alicia Miyares.

A veces, el feminismo cultural señala lo ‘queer’ como un invento neoliberal que sirve a los intereses del patriarcado, otras veces dicen que lo ‘queer’ es una identidad, otras que el ‘queerismo’ es una ideología contraria al feminismo. No consiguen acertar en su diagnóstico: a veces es identidad, otras es ideología, otras es una pata accesoria del patriarcado, otras es el elemento que más desestabiliza la lucha feminista. Múltiples intentos para opacar el verdadero diagnóstico: les molesta el disenso, los cuerpos no normativos, las vidas que no encajan en su cosmovisión de ‘lo-que-debería-ser-el-sexo’. Y pretenden imponer esa ‘agenda del feminismo cultural’ utilizando las herramientas del amo: la violencia, el señalamiento y la ridiculización.

Lo peor es que sus teorizaciones y conspiraciones tienen repercusión directa sobre los cuerpos y las vidas de las personas. La pinza entre la extrema derecha y el feminismo cultural empieza a ser asfixiante para todas, más allá del colectivo LGTBI. El marco teórico que proponen es tan estrecho y violento que cada vez cabe menos gente. Y parece que han encontrado un chivo expiatorio perfecto para seguir en este camino de señalamiento: el ‘queerismo’ —aunque nadie sepa exactamente qué es eso—.

No me cansaré de repetir que todas las vidas importan y que las estrategias de señalamiento, ridiculización y censura en los debates no son estrategias feministas, más bien al contrario, son las herramientas clásicas que el androcentrismo ha utilizado para reforzarse a lo largo de la historia. Si para defender tus posiciones necesitas aplastar las vidas de otras y tus alianzas se tejen con la extrema derecha, revisa tu marco teórico.

A modo de conclusión, algunas píldoras sobre epistemología popular: Los Reyes (o Santa Claus) no existen, son los padres; la ideología de género no existe, es la ultraderecha y la ‘agenda queer’ no existe, es el miedo a la diversidad.

Mariano Beltrán. Doctorando en Psicología y activista por los Derechos Humanos.

sábado, 7 de marzo de 2020

#hemeroteca #transfobia | No son seres extraños, Lidia

Imagen: RTVE / Manifestación 8M en Madrid
No son seres extraños, Lidia.
El Partido Feminista está causando sufrimiento a seres humanos con estas y otras declaraciones.
Mariano Beltrán | Huffpost, 2020-03-07
https://www.huffingtonpost.es/entry/no-son-seres-extranos-lidia_es_5e6292ddc5b6670e72f7d68f

“Son seres extraños”. Eso es lo que piensa Lidia Falcón sobre las mujeres trans, tal como lo refleja en la entrevista que ha concedido recientemente a El HuffPost . La transfobia del Partido Feminista, que considera a la mujer un ser mitológico con características atlantes, se vuelve cada día más furibunda, se revuelve más ante la diversidad.

Lidia se refiere a las mujeres trans como un ‘lobby’, un grupo de presión. Cuánta irresponsabilidad, cuánto despropósito. Y sobre todo, cuánto daño causado intencionadamente. Las personas trans sufren más de un 80% de paro, vejaciones e insultos; se me hace difícil pensar cómo alguien pueda defender que un colectivo objetivamente discriminado hasta el extremo como las personas trans podría ser en algún caso un grupo de presión. La fijación del Partido Feminista con las mujeres trans, que desafían su concepto canónico y bíblico de mujer, es digno de estudio.

Lidia también comparte formas argumentales con la extrema derecha: afirma que las personas LGTBI lo son por decisión propia. En la entrevista dice que las mujeres trans sufren doble discriminación porque “ellas han escogido ser leídas como mujer, es una opción”. Es decir, afirma sin pudor que las mujeres trans no son mujeres, sigue insistiendo en la tesis de que son hombres que afirman ser mujeres. Es terrible e irresponsable. E indigno.

Naciones Unidas, ONU Mujeres, ONU SIDA, además de las principales ONGs del mundo no tienen duda al respecto de que las mujeres trans son mujeres y de que los hombres trans son hombres. Pero este feminismo religioso del Partido Feminista parece que tiene serios problemas con el progreso, y con la dignidad de las personas LGTBI. Las personas trans no merecen soportar tanto odio.

Cada vez que Falcón afirma que las mujeres trans no son mujeres o que los hombres trans no son hombres atenta contra los derechos de estas personas, les niega su identidad, se la cuestiona. Las afirmaciones acerca de que las personas trans se mutilan cuando se operan asevera más su ignorancia y su dogmatismo. Me producen auténtica repulsa estas declaraciones, este pensamiento y la defensa de un tipo canónico de mujer que solo existe en la cabeza de Lidia y del Partido Feminista.

Si usáramos un distorsionador de voz y nos tapáramos los ojos no podríamos distinguir si las frases lesivas sobre la dignidad de las personas trans vienen de Santiago Abascal o de Lidia Falcón, de Vox o del Partido Feminista de España. Comparten tesis y retórica. Ambos usan términos como lobby gay o lobby trans. Ambos dicen que los niños tienen pene y las niñas tienen vulva. Y ambos están lesionando la dignidad de las personas transexuales.

Afortunadamente, la mayor parte de la sociedad no tolera estas afirmaciones. Afortunadamente, la mayoría tenemos claro el concepto de respeto y de diversidad. Y callar no es la solución, callar nunca es la solución. Las personas trans no están solas ni lo estarán: somos muchos los que estamos a su lado, y no daremos pasos atrás ni a un lado. Su dignidad tiene que ser defendida colectivamente por toda la sociedad. El Partido Feminista está causando sufrimiento a seres humanos con estas y otras declaraciones, menoscabando la dignidad de las personas trans de un modo consciente y gratuito.

Todos reconocemos la condición de víctima de Lidia Falcón a manos del fascismo. Pero ser víctima no te da licencia para convertirte en verdugo, ser víctima del fascismo no te da carta blanca para arremeter contra las personas trans, uno de los colectivos más vulnerables y discriminados de la historia. Por el contrario, quienes, desde su posición de privilegio intentan menoscabar la dignidad de otros están más cerca del totalitarismo que de la democracia. Y no merecen mi respeto. Las personas trans son mis hermanas.

lunes, 8 de julio de 2019

#hemeroteca #transfobia | La transfobia más allá de HazteOír y Vox

Imagen: YouTube / Ángeles Álvarez, Elena de la Vara y Amelia Valcárcel
La transfobia más allá de HazteOír y Vox.
Hay un sector dentro del feminismo que ya no esconde su rechazo a las personas trans.
Mariano Beltrán | Huffpost, 2019-07-08
https://www.huffingtonpost.es/entry/la-transfobia-mas-alla-de-hazte-oir-y-vox_es_5d2236c7e4b0f3125685cf65

Hay veces que la indecencia penetra en foros de pensamiento, instituciones o estructuras de poder que a priori deberían apostar por el progreso. Llevamos tiempo asistiendo a una normalización del discurso de odio hacia las personas trans, hacia su legítimo (y reconocido) derecho a la identidad, y lo peor es que hay un sector dentro del feminismo que ya no esconde su rechazo a las personas trans. Y ya es hora de terminar con esta espiral del silencio que solo lleva a que se siga inoculando este discurso de odio a mayor velocidad.

La XVI Escuela Feminista Rosario Acuña, de Gijón, tuvo a bien reunir a distintas personalidades para disertar sobre lo poco mujeres que son las mujeres trans. Entre estas opinadoras tenemos a Ángeles Álvarez Álvarez, exdiputada del PSOE, a Amelia Valcárcel y a Bernaldo de Quirós, miembro del Consejo de Estado. En estas jornadas podemos escuchar con total claridad cómo doña Amelia hace bromas sobre la “menarquía de las mujeres trans” y sobre la necesidad de usar un “fresador de pollos para que en el parto diga si esto va a ser pollo o gallina”. También expone que la realidad trans es una suerte de “tecnología de género” o que las mujeres trans “son señoras que deciden que prefieren pertenecer al siguiente sexo, que lo que cuenta es la apariencia, tener barbita y tal, incluso hay algunas que se quedan embarazadas y quieren ser el padre”.

Es triste comprobar cómo el progreso es tan frágil y cómo las posiciones de la ultraderecha, de Vox, de HazteOír o del Foro de la Familia consiguen surgir victoriosas también en foros de debate aparentemente feministas. Prueba de ello es el discurso que hizo la señora Álvarez. Álvarez expuso, ufana, que las mujeres trans remarcan la imagen estereotipada de las mujeres o que “el feminismo (así, en mayestático) pone cada vez más de manifiesto que la inconformidad de género no implica transexualismo”. Por supuesto no podían faltar aquí las bromas y los chistes hacia los hombres que tienen la capacidad de gestar, todo esto aderezado con las risas cómplices de un público entregado al señalamiento de las personas trans como una realidad aberrante. Álvarez dice incluso que “las personas que han realizado un cambio de género podrían acudir a casas de acogida de mujeres, con lo que esto supondría”.

Álvarez también, poniendo como ejemplo un caso de Oaxaca, México, alerta: “cuidado, pueden darse casos de que haya hombres que se cambien el género para entrar en listas de paridad”; para acto seguido hacer bromas sobre las “mujeres sin vagina”. Todo esto, repito, con un público entregado, sin una sola mano levantada para frenar esta ignominia, este atropello a los Derechos Humanos de las personas trans, esta normalización del discurso de odio. Pero no terminaba aquí; Álvarez seguía, bajo la mirada aprobadora y atenta de Valcárcel, citando a la feminista Adichie para decir que las mujeres trans son mujeres trans, no son mujeres (sic). Pero sin duda, lo más ofensivo fue cuando se cita la “Declaración de los derechos de la mujer basados en el sexo”, un texto de un grupo de activistas extranjeras, para seguir señalando a las mujeres trans afirmando cosas como que “la identidad de género amenaza la supervivencia de servicios, incluidos apoyo a la víctima y el alta médica exclusiva de mujeres (no mujeres trans), lo que dificulta la eliminación de la violencia machista” o que “las niñas deben asociarse en función de su sexo biológico”, o que “los estados deben garantizar medidas especiales de igualdad, aplicables solo a las personas de sexo femenino y no deben discriminar mujeres con la inclusión de hombres que afirman tener identidad de género femenina”.

Todo esto no es ni más ni menos que transfobia financiada con el dinero público de todos los gijoneses y gijonesas. Transfobia revestida de debate, de librepensamiento, pero transfobia a fin de cuentas. La misma transfobia, el mismo discurso que ya paseó por las calles aquel autobús de la infamia de los ultracatólicos de HazteOír. En este caso, Valcárcel nos habló de fresadores de pollos y de menarquías, y Álvarez nos cita a Adichie para decirnos exactamente lo mismo que Hazte Oír, que los niños tienen pene y que las niñas tienen vulva.

Guardar silencio ante unas jornadas de este calibre solo contribuye más a la inoculación del odio hacia las personas trans, que no tienen que ser cuestionadas ni señaladas. Naciones Unidas en su conjunto, los Principios de Yogyakarta, la campaña Free and Equal, los propios tribunales de justicia españoles y europeos, ya han dejado claro infinidad de veces que los derechos de las personas trans son derechos humanos y que, como tal, tienen que ser protegidos y defendidos; disfrazar discursos de odio bajo supuestos foros intelectuales no sirve para ocultar lo que se piensa, más bien evidencia más la elaboración del mismo discurso de odio.

Rechazo cualquier tipo de acto en el que se cuestione la identidad de las personas trans. Condeno las actitudes de cualquier persona o institución que pretenda seguir incidiendo en el sufrimiento de seres humanos. Señalo que foros como la XVI Escuela Feminista Rosario Acuña contribuyen a que se perpetúe el estigma de las personas trans, y que el Ayuntamiento de Gijón es también responsable al financiar actos que promueven estos discursos.

Seguiré denunciando a cualquier persona o institución que se burle, se mofe o cuestione a mis hermanas, las personas trans. Valcárcel o Álvarez deben revisar sus tesis y pedir perdón por esta contribución a la ceremonia del estigma. El feminismo no es odio, es libertad; no es exclusión, ni hostigamiento. Me avergüenzo de la XVI Escuela Feminista Rosario Acuña y soy profunda y radicalmente contrario a las intervenciones de Álvarez y Valcárcel: las personas trans son mis hermanas.

“Las personas trans corren un riesgo mucho mayor de sufrir acoso y agresiones y de ser asesinadas. Cuando los medios de comunicación y los líderes comunitarios y políticos tratan el tema con un tono incendiario, el entorno se vuelve aún más hostil”. – Oficina de Derechos Humanos. Naciones Unidas

Mariano Beltrán. Psicólogo. Activista y Observador de Derechos Humanos. Miembro del Consejo Consultivo d la Fundación Internacional de Derechos Humanos.

lunes, 13 de mayo de 2019

#hemeroteca #lgtbi #derechoshumanos | Los derechos LGTBI son derechos humanos

Imagen: Huffpost / Celebración del Orgullo en Madrid
Los derechos LGTBI son derechos humanos.
Mariano Beltran | Huffpost, 2019-05-13

https://www.huffingtonpost.es/entry/los-derechos-lgtbi-son-derechos-humanos_es_5cd897dbe4b0705e47de2fe4

Los derechos LGTBI son derechos humanos. Y se hace cada vez más necesario repetirlo y explicar bien el fundamento de esta afirmación. Asistimos en España y en la mayoría de países de nuestro entorno a un retroceso en la promoción y defensa de los derechos LGTBI; tenemos que aguantar las afirmaciones de los líderes de la extrema derecha que están en contra de “enviar al colectivo LGTBI a la Casa de Campo en Madrid el Día del Orgullo” y también defienden “limpiar lo ensuciado”. Tenemos que empezar a explicar con desinhibición que detrás de esta afirmación hay una convicción profunda de odio: si pudieran enviarnos a un gulag o a un campo de concentración (otra vez), lo harían sin titubeos. La extrema derecha nos volvería a marcar con el triángulo rosa de nuevo sin pensárselo dos veces.

Y es que el odio llevó a condenar a Oscar Wilde por sodomía en 1895, llevó a los nazis a quemar por completo la biblioteca del Instituto de las Ciencias de la Sexualidad en Berlín o llevó al senador estadounidense McCarthy a realizar una verdadera persecución contra las personas homosexuales en la administración americana en la década de los 50 del pasado siglo XX. Fíjense que las leyes que penalizaban la sodomía en Reino Unido fueron abolidas en 1967, hace poco más de 50 años.

Todos tenemos en mente agresiones físicas y verbales a personas LGTBI, todos recordamos o vivimos episodios violentos por razón de orientación sexual y/o identidad de género. No me cansaré de repetir que los estados, las organizaciones, los tribunales de justicia y los ciudadanos tienen una poderosa herramienta en materia de derechos LGTBI, un marco imprescindible para la erradicación de la discriminación: los Principios de Yogyakarta. Los defensores de los derechos humanos tenemos la obligación de difundir y explicar estos principios, valiosos en tanto y en cuanto son una garantía en la lucha contra la violencia ejercida por orientación sexual o identidad de género.

En el marco de Naciones Unidas, quizá el primer reconocimiento del término legal de orientación sexual e identidad de género se dio en 1994, con la decisión del Comité de Derechos Humanos de la ONU en el caso Toonen vs. Australia, indicando que los estados tienen la obligación de proteger a las personas en contra de la discriminación por motivo de orientación sexual. Pero no fue hasta julio del 2011 cuando el Consejo de Derechos Humanos emitió la primera declaración condenando la violencia y la discriminación por motivo de identidad de género u orientación sexual. Sería ingenuo pensar que en materia de defensa de derechos LGTBI está todo ganado, incluso es ingenuo pensar que las personas LGTBI no son discriminadas en Europa o Norteamérica.

Sin ir más lejos, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos tuvo que condenar a Irlanda del Norte en 1981 (caso Dudgeon) o a Austria en 2003 alegando que la prohibición total o parcial de las relaciones homosexuales atentaba contra los artículos 8 y 14 respectivamente del Convenio Europeo de Derechos Humanos. Parecidas sentencias ha emitido también el mismo tribunal en materia de identidad de género, apoyándose en los mismos artículos del Convenio Europeo.

Hay un discurso de odio latente contra las personas LGTBI también en suelo europeo. Y, por supuesto, hay un odio manifiesto e institucionalizado en buena parte del mundo, con legislaciones que persiguen, condenan o asesinan a personas LGTBI. Es por esto que banalizar esta realidad, querer “enviar” a las afueras de una ciudad a un colectivo, hablar de “ideología LGBTI” o poner en cuestión leyes que amplían derechos, nos debe alertar del peligro, las consecuencias y el sufrimiento que genera en millones de seres humanos esta potencial involución, esta sensación de inminente peligro.

Los derechos LGTBI son derechos humanos. Y son a prueba de torturas, de odio, de violencia, de acoso. Nunca será suficiente la lucha por la dignidad del colectivo LGTBI. Nunca me cansaré de repetir que nos están matando, insultando y discriminando. También a nuestras familias. Por eso tenemos que gritar alto y claro que los derechos LGTBI son derechos humanos, porque sólo así nuestra voz será, una vez más, la tumba del odio.

Mariano Beltran. Psicólogo. Activista y Observador de Derechos Humanos. Miembro del Consejo Consultivo de la Fundación Internacional de Derechos Humanos.