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domingo, 3 de mayo de 2026

#hemeroteca #lgtbi #activismo | Dos maricones, tres lesbianas, una bisexual y la importancia de colectivizarse

Una manifestación del Orgullo Crítico de Madrid //

Dos maricones, tres lesbianas, una bisexual y la importancia de colectivizarse

Paco Tomás | Público, 2026-05-03

https://www.publico.es/opinion/columnas/dos-maricones-tres-lesbianas-bisexual-importancia-colectivizarse.html

A Isabel Díaz Ayuso no le gusta que los gais, lesbianas, bisexuales, trans y demás identidades afectivo-sexuales y de género estemos unidas. Ella, que opina que el Orgullo LGTBIQ+ es “un secuestro mediático” que hay que “estar aguantando” durante todo un mes, que ha legislado contra nosotros permitiendo que las torturas de conversión -o sea, curarnos de nuestra homosexualidad o identidad de género- NO sean delito penal, nos anima a que dejemos de colectivizarnos. Que mejor un gay por aquí, una lesbiana por allá, pero nada de ir juntas a ninguna parte. 

Cuando Ayuso, o cualquier otra persona, dice eso lo que está haciendo es lo mismo que hizo la clase empresarial, a principios del siglo XIX, cuando los obreros comenzaron a organizarse en sindicatos para luchar contra las jornadas laborales inhumanas, los bajos salarios y el empleo infantil. Que los obreros se unieran para luchar por sus derechos fue recibido por los empresarios, en los años de la revolución industrial, como una amenaza a sus ingresos económicos, preocupándose ante la idea de que sus trabajadores, a los que consideraban su propiedad, se atrevieran a reclamar derechos y desafiar su autoridad.

Un individuo es más fácil de someter, de asustar, de coaccionar, que un grupo. Colectivizarse no es otra cosa que darle un peso político a nuestra unión para así, juntes, mejorar nuestra vida. Eso hizo el asociacionismo gay y lésbico en los años posteriores a las revueltas de Stonewall. Negar su existencia y su relevancia en la sociedad actual es invisibilizar una lucha histórica.

Otra cosa es que esa lucha tuviera la repercusión mediática que tiene ahora. Que hubiera jóvenes adolescentes maricas, en los años 70 y 80 en España, que supieran de la existencia de estos colectivos y decidieran unirse a su causa, que no era otra que lograr derechos y libertades para todos ellos. Yo mismo, a finales de los años 80, como chico marica de veinte años, ni siquiera tenía conciencia de la existencia de colectivos LGTB. Ni siquiera existía el concepto de comunidades LGTB porque eso llega en los años 90 al procurar hacer más inclusivo el movimiento homosexual de los 70.

En 1970, Francesc Francino y Armand de Fluviá fundan, en la clandestinidad, la agrupación AGHOIS, que dos años después pasaría a denominarse Movimiento Español de Liberación Homosexual (MELH). A mitad de los años 70 ya existían frentes de liberación en diferentes ciudades españolas, como el FAGC, EGHAM [i.e. EHGAM] o FHAR, e incluso ellos se dieron cuenta de la necesidad de colectivizarse para lograr que su voz se escuchase porque, por separado, no tenían tanta fuerza. Y se creó, en 1977, la COFLHEE, la Coordinadora de Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español. Y hasta 1992 no nace la Federación Estatal de Gais y Lesbianas, porque en ese momento aún no se habían sumado las personas trans ni las bisexuales. 

Recuerdo que, a mediados de los años 90, el diputado Jorge Trías Sagnier, que era el interlocutor del PP con las entidades activistas LGTB en la estéril negociación por una ley de parejas de hecho, le dijo a Pedro Zerolo y a Mili Hernández: “Vosotros sois cuatro y os lleváis muy bien con la prensa”. Que es como decir que sois dos maricones y una bisexual, o dos travestis y tres lesbianas, y punto. Hubo que colectivizarse, salir a las calles en el Orgullo, que vieran todos los que éramos, para que dejaran de ningunearnos.

A partir de ahí se inicia un camino en la lucha por los derechos de las comunidades LGTBIQ+ con importantes logros, como el matrimonio igualitario y la adopción, y considerables errores, como permitir que el capitalismo más voraz devore la reivindicación y convierta nuestra historia -no olvidemos nunca que cada 28 de junio estamos celebrando una revuelta contra el orden establecido- en un simulacro de fiesta de interés turístico regional.

Un sindicato, una cooperativa, una asociación, incluso un club de fans, es una manera de colectivizarse, de crear comunidad. Sentir que estás solo en el mundo es una realidad contra la que lucha esa colectivización. Hasta encontrar esa familia elegida, las personas afines con las que creas tu grupo de amigos con los que salir de fiesta, sentarte en un banco, ir al cine o montar una banda de música, es un modelo de colectivización, porque son gente que te protege y te sustenta cuando las cosas van mal. 

Y eso es algo que el liberalismo, que ya sabéis que es el hijo psicópata del capitalismo, rechaza. De ahí que sea un pensamiento filosófico, económico y político que abogue por el individualismo. Que busque cómplices que crean que su exclusivo bienestar es lo único por lo que merece la pena luchar, que su visión del mundo se reduzca a su estricta costumbre, que si ellos no han pasado hambre esa sea una prueba de que no hay hambre en el mundo, que sus privilegios sean incuestionables, que la empatía no les incumba porque eso les hace endebles y que si un fondo buitre te echa de tu casa, la culpa sea tuya por no haberte esforzado lo suficiente para poder comprarte una.

Pensar que formar parte de una comunidad es asumir un pensamiento único es un grave error. De hecho, somos varias comunidades, con realidades muy diversas, incluso dentro de cada comunidad, con las que a veces se discute al confrontar los distintos puntos de vista. Pero también sabemos que solo el colectivo, la comunidad, el grupo, podrá salvarnos. Porque el individualismo responde a la idea de que solo se progresa desde la competencia, despreciando el interés colectivo. Y dos maricones y una bisexual serían invisibles si no tuvieran alrededor a millones de maricones, lesbianas, bisexuales, personas trans, haciendo piña.

domingo, 19 de abril de 2026

#hemeroteca #armarios | Los hombres con los que se enrolla Vito Quiles

Vito Quiles dando la nota en la Universidad Pablo de Olavide //

Los hombres con los que se enrolla Vito Quiles

Paco Tomás | Público, 2026-04-19

https://www.publico.es/opinion/columnas/hombres-enrolla-vito-quiles.html

Cuando tenía veinte años y protegía mi miedo en el armario, no había nada que me jodiera más que la condescendencia con la que otros hombres homosexuales identificaban mi homofobia interiorizada, mi pluma, que creía encubierta, y mis dudas señalando, con cierta gracia, una evidencia que me hería profundamente.

Supongo que esa circunstancia hizo que durante muchos años me posicionase abiertamente en contra del outing, esa polémica costumbre de empujar del armario a las personas que no quieren hacer pública su orientación sexual, pensando que nadie tenía derecho a decidir el momento en el que alguien debía visibilizarse como gay, lesbiana, bi, etc.

La duda siempre ha residido en si ese respetuoso trato de favor, que cada uno decida cuándo y dónde sale del armario, era compatible con una personalidad inmunda que, desde su influencia o esfera de poder, se dedicase a violentar y ridiculizar a las personas LGTBIQ+, sustentando acciones e ideologías que llevan en su adn el odio y desprecio hacia la diversidad afectivo sexual y de género. Y fue el tiempo, las lecturas y el conocimiento lo que acabaron dándome una respuesta: no hay armario posible que esconda la indignidad de quienes, desde su parcela de poder, alimentan la represión contra las personas LGTBIQ+ o toleran las agresiones y discriminaciones cuando vienen de quien les paga.

Lo que debería escandalizar a los defensores de Quiles, y a toda esa generación de gais liberales que defienden el armario con la misma intensidad con la que defienden su propiedad privada, no es que se conozca su orientación sexual. Aquí lo terrible es tolerar a un neofascista acosador que trabaje, cada día, para dinamitar la salud democrática de nuestro país. Eso es lo verdaderamente escandaloso, venga de un hetero, un gay o una lesbiana. Porque no crean que hay muchos grados de separación entre lo que hace Vito Quiles y lo que dice Jaime de los Santos desde una tribuna parlamentaria. Ser gay no te hace mejor persona, ni menos facha, ni más empático con el que sufre. Pensé que eso ya lo teníamos claro desde lo de Rodrigo de Santos. Por eso créanme cuando les digo que no he entendido mucho el jaleo que se ha montado alrededor del tuit de Sarah Santaolalla.

Nunca entendí que algunos artistas pusieran demandas cuando un medio de comunicación contaba, o insinuaba, que eran homosexuales o habían tenido relaciones homosexuales. Como no veía descrédito, ni delito, ni falta o pecado en el hecho, no veía razón para tanta querella. Es como si mañana alguien quiere publicar que soy hetero. Desmentirlo es una pérdida de tiempo. Porque si es verdad, es verdad. Y si es mentira, desmentirlo no aporta ningún prestigio, nada beneficioso ni perjudicial, ni para mí ni para la sociedad. Recuerden cuando se rumoreaba que George Clooney era gay. Jamás lo desmintió. Porque la simple idea de hacerlo ya llevaba implícito un rechazo. Y si encima lo haces con frases casposas del tipo “me gustan las mujeres y además no poco”, que es lo que diría Torrente, pues apaga y vámonos.

Y otra cosa, que estoy cansado de repetir, ya desde antes que Sandra Barneda, Pablo Alborán y María del Monte salieran del armario: nuestra orientación sexual no es nuestra vida privada. Decir que te atraen sexualmente hombres y/o mujeres no pertenece a tu esfera privada. La sexualidad es algo inherente al ser humano, como comer o dormir. Si alguien nos preguntase si nos gusta comer sería absurdo responder que eso pertenece a nuestra vida privada. Ninguna persona heterosexual cree estar exponiendo su vida privada por decir que le gusta el género contrario. De hecho, es de lo primero que nos enteramos las personas LGTBIQ+ cuando llegamos a un trabajo nuevo. Porque los heteros no tienen ningún conflicto a la hora de manifestar, con más o menos sutileza, lo que les gusta. ¿Por qué nosotros seguimos recurriendo a la vida privada? Porque es una gran trampa para mantenernos en silencio. El silencio, otro de los materiales con los que se construye el armario.

Para todos esos que claman que Santaolalla “ha expuesto la vida privada” de Quiles, solo apuntar una cosa. Que me gusten los hombres no es mi vida privada. El nombre y los apellidos de los hombres con los que me acuesto, mi dirección, la identidad de mi pareja, lo que hago o no hago en la cama, eso sí es mi vida privada. Y eso es precisamente lo que Quiles, y todos estos aprendices de camisas pardas, vulneran diariamente, difundiendo información privada para ver si alguna vez pasa algo.

Como explica Javier Sáez en su libro 'Biopolítica del armario', el armario es un régimen político opresor, un dispositivo de control fabricado con miedo. El miedo que la sociedad heteropatriarcal nos inocula, desde bien pequeños, para que entendamos que todo lo que vemos es heterritorio (territorio hetero), que todo ser humano es hetero hasta que se demuestre lo contrario y que, para proteger el 'territorio hetero' de la presencia de las disidencias, es lícito el uso de determinadas dosis de terror (heterrorismo). Ahí tiene cabida un grupo de fascistas gritando “fuera sidosos” en la plaza de Chueca, un juez no viendo homofobia en un machote que le dice a un chico que le va a volver hetero “a hostias” o un grupo de jóvenes asesinando al grito de “maricón de mierda”.

Estoy de acuerdo con Michelangelo Signorile, y con Ramón Martínez que lo citaba la semana pasada en una columna de opinión en 'El Salto', cuando dice que el armario no es un derecho. Uno no tiene derecho a esconderse por miedo. Uno tiene derecho a vivir sin miedo, que es diferente. Pero cuando tu miedo no es tal y simplemente es una conformidad con los modos y maneras del opresor, una comodidad que te permita salir impune cuando vengan a por nosotros, aludir al armario, como dispositivo de supervivencia, es un insulto a todos nuestros muertos.

Aunque me dé completamente igual, me hace gracia imaginar a Vito Quiles como una especie de marica de Schrödinger, una persona que, desde su supuesto armario, es gay y hetero al mismo tiempo. Sin embargo, no llego a imaginar a los tíos con los que se enrolla. Chicos a los que les pone Vito Quiles. ¿Parafilia? Lo que tengo claro es que el deseo es algo políticamente ingobernable.

sábado, 4 de abril de 2026

#hemeroteca #lgtbi #memoria | Cuando la memoria LGTBIQ+ reivindica no solo el sufrimiento sino también los afectos

Exposición del Archivo de memorias afectivas LGTBIQ+ de la Fundación 26 de Diciembre //

Cuando la memoria LGTBIQ+ reivindica no solo el sufrimiento sino también los afectos

El Archivo de Memorias Afectivas LGTBIQ+ de la Fundación 26 de Diciembre recopila documentos, testimonios y objetos que reflejan la historia emocional de la diversidad sexual y de género, al mismo tiempo que desafía las formas en las que el poder ha recordado al colectivo.
Guillermo Urquiza | Público, 2026-04-04
https://www.publico.es/politica/memoria-publica/memoria-lgtbiq-reivindica-sufrimiento-afectos.html

En un edificio del barrio madrileño de Embajadores varias personas descansan en el vestíbulo. El más próximo a la ventana lee un libro sobre su serie favorita, la mujer ubicada en el medio reposa con los ojos cerrados y una tercera persona sonríe como si le acabaran de dar una buena noticia. En la recepción, a un lado de la entrada, una trabajadora social los acompaña. Son usuarias y usuarios de la Fundación 26 de Diciembre, personas mayores LGTBIQ+ que asisten al centro de día con regularidad. Algunos lo hacen con la intención de socializar: planes culturales, yoga, cineforum... Mientras que otros acuden en busca de atención psicológica o asesoramiento burocrático.

Al fondo del vestíbulo, detrás de una mesa familiar en la que las usuarias y usuarios se reúnen en torno a lo que llaman “la comida de las Antonias” un espacio de memoria se levanta, llamando la atención de quienes entran allí, por primera vez. Se trata de la exposición –en fuga consigo misma, itinerante en sus contenidos– que exhibe algunos materiales del Archivo de Memorias Afectivas de la Fundación 26 de Diciembre. Los elementos mostrados participan de un flujo rotatorio que prolonga el trazo de quienes investigan y recuperan –casi como un grupo de arqueólogos– por toda una genealogía.

La memoria histórica LGTBIQ+ se ha construido, en gran medida, como una tarea de exhumación. Este gesto, necesario para denunciar la violencia ejercida por un conjunto de instituciones —la heterosexualidad obligatoria, los grandes artefactos políticos de ficción del género o las leyes represivas de la dictadura franquista—, a veces olvida que detrás de cada testimonio existen personas con experiencias de vida que van más allá de su sufrimiento. Ninguna memoria está completa si no hace espacio a la historia de quienes que fueron mucho más que víctimas.

En este sentido, el Archivo de Memorias Afectivas de la Fundación recopila documentos, testimonios y objetos que reflejan la historia emocional de la diversidad sexual y de género. Al mismo tiempo que desafía las formas en las que el poder ha recordado a las personas LGTBIQ+, incide en los vínculos afectivos como una parte esencial de la memoria.

Fotografías de familia, guías de información sobre salud sexual, poemas, un boletín informativo del Front d'Alliberament Gai de Catalunya (FAGC), retratos de pareja, imágenes que muestran manifestaciones en la lucha contra el VIH/SIDA, cartas. También hay un libro sobre la lucha sindicalista y feminista, un retrato de Lenin, periódicos que recogen el debate de la legalización del matrimonio homosexual, diarios, los fanzines del artista Manuel de Teresa, fotografías escenificadas del 'performer' Javier Santos o un concurso de tortillas entre amigos. El archivo se divide en una multiplicidad de fondos que combinan vida y activismo.

La Fundación 26 de Diciembre nació el 10 de octubre de 2010. Su nombre conmemora la fecha de despenalización de la homosexualidad, incluida en la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social hasta finales de 1978. Los objetivos del centro se orientan hacia la asistencia psicosocial especializada, así como a promover espacios de socialización a personas mayores de la comunidad.

Víctor Mora, escritor, activista y miembro del Área de Formación e Investigación, explica a Público cómo la forma en la que algunas entidades se han acercado a los testimonios de las personas mayores LGTBIQ+ ha generado mucho malestar en ellos: “No quieren un testimonio personal, quieren una persona que les diga lo que quieren oír, que les aplicaron la Ley de Peligrosidad Social, por ejemplo. Y así se sienten utilizados, ya que no hay ninguna reflexión real por la otra parte”. A lo que añade: “Esto también ha sucedido desde partidos políticos. La pregunta siempre es la misma ‘explícame cuánto has sufrido y cómo has sufrido’. No quieren un testimonio real, quieren a alguien que les diga lo que quieren oír”. 

Por ello, desde el Área de Formación e Investigación se puso en marcha un archivo de memoria que atendiera a las condiciones de vida de las personas mayores de la comunidad. Así, quienes desearan compartir su historia podrían hacerlo sin temor a sentirse instrumentalizados ni a que se diera más importancia a unos recuerdos que a otros. “Es injusto que a una persona se le recuerde constantemente por lo que el poder hacía con ella. La vida también es todo aquello que no tiene que ver con el poder”, indica Mora.

El proyecto del archivo se divide, por un lado, en la recopilación de los testimonios orales, un repositorio bibliográfico disponible para ser consultado por cualquiera que lo solicite. Y, por otro, la recuperación de un extraordinario acervo de cultura material, toda una cartografía afectiva inserta en lo cotidiano, elementos que los archivos hegemónicos han considerado prescindibles y desechables. 

Es por ello que el archivo explora las fuentes primarias de todo un legado afectivo y, al mismo tiempo que narra las huellas de una herencia de activismo crítico, expone el sentido de comunidad, amor y familia social.

“Todo aquello que nos permita intervenir en el imaginario sobre el colectivo, que está muy mediado por los procesos de victimización. Porque eso a veces nos condiciona a que solo podamos articular nuestros discursos desde el sufrimiento. Nos limita, no nos permite imaginarnos de otra manera”, explica Mora profundizando en el propósito del Archivo.
La arqueología del archivo

Una breve mirada a la historia de los dos últimos siglos revela cómo el archivo de la memoria LGTBIQ+ ha estado mediado por los intereses del poder. Los discursos médicos y psicológicos, cuyos historiales clínicos reducían a las disidencias a la condición de “desviados”, o sin ir más lejos, los expedientes penales vinculados a la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social durante el franquismo. También hubo quienes, con la voluntad de perpetuar una limpieza social, destruyeron los grandes artefactos culturales de gais, lesbianas y personas trans, como el régimen nazi en Alemania. Todo ello produjo una ausencia de memoria real, y en su lugar, la proliferación de archivos que recordaban la forma en la que los regímenes criminales habían intervenido las vidas queer.

En 'Heterosexualidad obligatoria y existencia lesbiana', la poeta y pensadora feminista Adrienne Rich explica cómo la destrucción de las fuentes sirvió de método para mantener la heterosexualidad como única posibilidad afectiva, limitando el potencial amatorio de muchas mujeres y redirigiendo sus fuerzas emocionales hacia los hombres: "La destrucción de las fuentes (...) que documentan las realidades de la existencia lesbiana ha de ser tomada muy en serio en cuanto sirve de medio para mantener la heterosexualidad como algo obligatorio para las mujeres, porque lo que ha sido mantenido ajeno a nuestro conocimiento es la alegría, la sensualidad, la valentía y el sentido de comunidad", escribe la pensadora.

En consecuencia, este borrado sistemático de archivos reales ha sido especialmente notorio en lo que respecta a la memoria lesbiana.

En la actualidad, no obstante, existen espacios significativos que trabajan por la recuperación de la memoria lesbo-feminista y 'queer', como es el caso del 'Lesbian Herstory Archives' de Nueva York. En su último ensayo, 'Un deseo desmesurado de amistad', la escritora y comisaria de exposiciones Hélène Giannecchini escribe sobre ello y recuerda la extraordinaria labor de Joan Nestle y Deborah Edel y cómo, a partir de los años setenta, fueron tras las huellas de la memoria: “Comenzaron a recopilar los rastros de esas vidas lésbicas cuya suma habría de permitirnos acceder a esa ‘existencia colectiva’. Reunieron libros, fanzines, fotos, pegatinas, folletos, tarjetas de visita, ropa”.

La socióloga y activistas feminista Gracia Trujillo, en '40 años después: la despenalización de la homosexualidad', explica que, en ocasiones, los archivos también pueden ser una forma de activismo. La recuperación de la memoria LGTBIQ+ atraviesa, por un lado, la historia de militancia –lo vemos en los numerosos fanzines y fotografías que documentan la politización de las identidades– y por otro, los recuerdos de la cotidianeidad. Además, “los archivos son herramientas políticas que nos permiten contrarrestar la apropiación de discursos por parte del poder”, comenta en el texto. De este modo, el repositorio LGTBIQ+ se constituye como un dispositivo de trascendencia, cuya fuerza de cambio queda expresada en las formas de representación de las multitudes sexuales.

Desde esta perspectiva, el 'Lesbian Herstory Archives' o el 'Archivo de Memorias Afectivas de la Fundación 26 de Diciembre' no son simples repositorios de memoria, sino auténticos contra-archivos que deconstruyen la alteridad a la que las multitudes sexuales han sido desplazadas por las narrativas hegemónicas.

En este proceso de deconstrucción, sin embargo, expertos como Víctor Mora observan que la recuperación de una historia de militancia, en ocasiones, puede reproducir los recuerdos de la violencia. En consecuencia explica: “Estamos constantemente revisitando la historia del poder”. Es aquí donde la recuperación del afecto constituye una tarea fundamental y desafía el imaginario colectivo: “La memoria del afecto significa precisamente recoger y valorar todos aquellos objetos desechados o poco importantes”, añade Mora. 

Pero al mismo tiempo “los archivos no son –o no pueden ser– simplemente colecciones históricas inertes, sino que mantienen una relación dialógica, activa, con las preguntas que desde el presente le hacemos al pasado”, escribe Trujillo.

El contra-archivo es, en este sentido, un artefacto que se encuentra entre el pasado y el presente, el activismo y los afectos, la vida privada y la vida pública, el poder y la libertad. Y en el medio de todo esto subyace una interpelación entre los materiales susceptibles de ser archivados y aquellas y aquellos responsables de la tarea. De esto habla precisamente Hélène Giannecchini: “Si me empeño en hurgar en los archivos es porque tengo la sensación de que cada vida que allí descubro se suma a la mía y me da fuerzas para tenerme en pie mientras hago lo posible para evitar su olvido”. 

Impulsados por la misma responsabilidad, los expertos del Área de Formación e Investigación de la Fundación 26 de Diciembre trabajan en el archivo. Papeles del Frente Homosexual de Acción Revolucionaria mexicano, una placa dedicada a Mercedes por sus “amigas de la petanca”, las zapatillas de Emilio antes del 'sexilio', una imagen del antiguo Pasaje Begoña en Torremolinos, en cuyo reverso se puede leer “jaula de pájaras enloquecidas”, la historia de amor de Ralf y Éric, Lorenza y Carmen, Mariquilla y sus amigas. Y así, cada material se convierte en un fragmento de una filiación simbólica entre las vidas que son recordadas y todas aquellas personas que se niegan a olvidar.

miércoles, 4 de marzo de 2026

#hemeroteca #cine #gais #bdsm | 'Pillion', una historia con sexo de dominación, humor, ternura y transgresión

El actor Alexander Skarsgård y el director Harry Lighton en la Seminci //

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Pillion', una historia con sexo de dominación, humor, ternura y transgresión
Harry Lighton firma, sorprendentemente, una tierna y dulce comedia dramática con sexo gay y prácticas BDSM, protagonizada por Harry Melling y Alexander Skarsgård. La película es una ópera prima reconocida en Cannes, Seminci y los premios del cine independiente británico.
Begoña Piña | Público, 2026-03-04
https://www.publico.es/culturas/cine-tv/pillion-historia-sexo-dominacion-humor-ternura-transgresion.html

Sexo kinky y ternura parecían no encajar de ninguna manera en la misma frase hasta que el debutante Harry Lighton rodó 'Pillion', una película sorprendentemente dulce, con sexo gay, prácticas de dominación y sumisión, cero prejuicios y mucho amor. "Me niego a separar la vida romántica y amorosa del mundo BDSM (bondage, disciplina/dominación, sumisión/sadismo, masoquismo)", sentencia el joven director y guionista, que no ha parado de recoger premios con su ópera prima.

Mejor guion en el Festival de Cannes en 'Un Certain Regard,' mejor película británica independiente, guionista debutante, vestuario y maquillaje en los British Independent Film Awards, y mejor actor para Harry Melling en la Seminci, 'Pillion' es una "comedia dramática" que cuenta la historia de un joven gay, Colin, hechizado por Ray, el líder de una banda de moteros, que le toma como sumiso en una relación que cambiará su vida para siempre.

Todo parece improbable al comienzo de esta película. El romance entre Harry Melling, conocido por su participación en 'Harry Potter', donde interpretaba a Dudley Dursley, un niño con sobrepeso y malcriado, y Alexander Skarsgård, poderosamente atractivo aquí, no es fácil de imaginar. Como tampoco lo es que la ternura y el afecto afloren en una relación de dominio y sumisión o que la pareja viva su encuentro en un mundo en el que hay espacio para la familia, los amigos y el amor. Y, a pesar de ello, todo es felizmente auténtico en esta ficción.

"Yo quería integrar todo eso, enseñar que puedes ir de una orgía a tener un almuerzo con tu padre y con tu madre. Eso sucede en la realidad ¿no? Y puede ser gracioso, pero es la vida real. He intentado que el público sienta ternura por todos los personajes y que se sorprenda de toda la ternura que puede llegar a sentir por ellos", dice el director que reparte provocación y al mismo tiempo honestidad en esta atrevida película.

Políticamente complicado
Inspirada en el libro de Adam Mars-Jones, 'Pillion' no es una propuesta fácil. Muchos espectadores huirán de ver una historia de la subcultura BDSM, otros no querrán acercarse a nada que contenga sexo bastante explícito… y sin embargo, la gran victoria de esta película es arrasar con cualquier prejuicio. Consciente de todos los recelos que puede provocar este relato, Harry Lighton se ha curado en salud, evitando herir algunas sensibilidades.

"Cuando escribí la película sí considere que sería diferente si el sumiso fuese una mujer o una persona negra. Cuando hay una historia de sumisión, creo que la relación natural se convierte en algo más políticamente complicada", confiesa el cineasta, que investigó mucho el tema antes de rodar. "Hablé con muchas parejas que estaban en relaciones de dominación y sumisión, como parejas heterosexuales o interraciales, que encontraron la manera de llevar esa relación de manera consistente. Pero para mí, como hombre blanco, era importante no poner una mujer o una persona negra en el rol sumiso de la relación".

Sexo, humor y transgresión
Sin duda, las escenas de sexo son otro de los elementos 'delicados' de 'Pillion'. Lighton no se ha acobardado y ha rodado encuentros bastante explícitos entre los personajes. "Sé que son las partes más controvertidas, pero creo que si entras en la primera escena sexual… si ésta no te expulsa, creo que ya te quedas dentro", dice y vuelve a insistir en que su intención era "invitar a los espectadores a entrar en este mundo con cierta calidez. Diseñé los primeros diez minutos de la película para seducir al espectador y que disfrutara con lo que estaba viendo".

Y lo que se ve es una hermosa historia que, además, tiene un gran sentido del humor. "Siempre describí la película como una comedia dramática, siempre pensé que tenía que ser divertida y graciosa. Y es algo muy importante ya que la risa te acerca al personaje. El humor es la pastilla dulce que te ayuda a tragar, te permite poner material transgresivo o explícito delante del público porque éste todavía está riéndose y les parece gracioso lo que siguen viendo, aunque sea transgresor. Y me encanta escuchar cómo la gente se ríe".

martes, 13 de enero de 2026

#hemeroteca #homofobia #deportes | El futbolista Josh Cavallo acusa de homofobia a su anterior equipo: "Este era exactamente el miedo que tenía al salir del armario"

El futbolista Josh Cavallo acusa de homofobia a su anterior equipo: "Este era exactamente el miedo que tenía al salir del armario"
El australiano acusa al Adelaide United de frenar sus oportunidades en el equipo por su orientación sexual: "Era la homofobia interna la que me mantenía en el banquillo".
EFE | Público, 2026-01-13
https://www.publico.es/sociedad/futbolista-josh-cavallo-acusa-homofobia-anterior-equipo-era-exactamente-miedo-tenia-salir-armario.html

Josh Cavallo y Leighton Morrell, su novio //
El futbolista australiano Joshua Cavallo, quien en 2021 se convirtió en uno de los primeros jugadores en activo de alto nivel en declarar públicamente su homosexualidad, aseguró este martes que su salida del equipo al que pertenecía entonces, el Adelaide United, obedeció a la "homofobia interna" del club.

"Salir del club no tuvo nada que ver con el fútbol. Se tomaron decisiones por parte de personas con poder que bloquearon mis oportunidades, no por mi talento, sino por a quién elijo amar (...). Fue difícil de aceptar cuando me di cuenta de que mi propio club era homófobo", escribió Cavallo, de 26 años, en su cuenta de Instagram.

El futbolista jugaba como lateral izquierdo en el Adelaide United, equipo de la A-League -primera división australiana-, cuando anunció abiertamente su homosexualidad: "Hay algo personal que necesito compartir con todo el mundo. Soy futbolista y soy gay", aseveró entonces, con 21 años, en un emotivo vídeo difundido en redes sociales.

Su pronunciamiento suscitó muestras de apoyo entre compañeros de equipo y deportistas de élite internacionales, entre ellos los españoles Gerard Piqué y Pau Gasol, y el francés Antoine Griezmann.

En una publicación este martes, Cavallo, que recientemente se unió al semiprofesional inglés Stamford AFC, donde espera "poder reenamorarse" del fútbol, afirmó: "Me enfadaba que la gente pensara que estaba apartado por lesiones, cuando en realidad era la homofobia interna la que me mantenía en el banquillo".

"Por mucho que rindiera o mejorara, mis aportaciones eran constantemente ignoradas (...). Este era exactamente el miedo que tenía al salir del armario: ver cómo el prejuicio afectaba a mi carrera en pleno siglo XXI. Por primera vez, llegué a preguntarme si debería haber mantenido mi sexualidad en secreto", lamentó.

El exfutbolista alemán Thomas Hitzlsperger se convirtió en 2013, un año después de retirarse, en el primer futbolista internacional en proclamar su homosexualidad, marcando un hito en el mundo del fútbol masculino. 

domingo, 27 de julio de 2025

#hemeroteca #tamarismo | Revisando el ‘tamarismo'

Revisando el ‘tamarismo'
Paco Tomás | Público, 2025-07-27

https://www.publico.es/opinion/revisando-tamarismo.html

Yurena en 'Bake off: famosos al horno' //
El revisionismo es la segunda oportunidad de la Historia. No porque cambie nada del pasado pero altera la historiografía, o sea, cómo se contó esa Historia. Por eso quienes la relataron, desde una atalaya significativa, suelen rechazar que vengamos los vencidos, los ridiculizados, los condenados, a completar la información con todos aquellos datos y vivencias que ellos se encargaron de omitir u ocultar. Pero cuando el revisionismo se adultera, cuando no se busca completar la verdad con el paso del tiempo y se permite que las filias o fobias del que relata -incluso la ideología, en términos políticos- interfieran en esa labor, se corre el riesgo de acabar contribuyendo al negacionismo. 

El ‘tamarismo’ vuelve a estar de moda incluso entre aquellos que debían tener diez años cuando la de Santurtzi se peleaba en el plató de ‘Crónicas Marcianas’. Todo gracias a que Nacho Vigalondo ha creado ‘Superestar’, una serie que, según la propia Yurena, es un disparate pero logra que, por primera vez en el relato, ella no se sienta atacada. Eso ya es justicia histórica. 

Celebro las trazas de revisionismo con las que coquetea la serie, que vuelve a colocar a la sociedad española ante su propia mezquindad, pero me escama la moda reciente de encumbrar como santas, iconos y referentes a todas esas celebridades que nos gustan. Como si necesitásemos un estatus que justifique nuestro interés. Yo no lo necesito. Pero hay un revisionismo que sí lo busca y dudo de que el efecto no acabe siendo la negación de la evidencia. 

Eso se percibe especialmente en ‘Sigo siendo la misma’, el documental que acompaña a la ficción, porque ahora las plataformas disfrutan con el pack, como si fueran champú y acondicionador, unidos por un celofán. Creo que solo hay un testimonio, el de Mariola Cubells, que reconoce que no había talento artístico. Hay incluso alguien que apunta que España "entendió la propuesta artística" de ese grupo de buscavidas, que formaban Paco Porras, Tony Genil, Loly Álvarez y Arlequín, actuando como si fueran el reflejo en el que se miraban Max Estrella y Don Latino en ‘Luces de Bohemia’, de Valle Inclán. Ojalá, en aquel momento, España hubiese llegado a ese nivel de análisis que el revisionismo ahora quiere adjudicarle. Porque eso significaría que España se estaba riendo de sí misma. Pero España es especialista en reírse de los demás. 

España, en los años noventa, estaba en las antípodas de todo eso. Tendemos a intelectualizar los fenómenos sociológicos para darles un empaque académico que ya tendrían simplemente por el hecho de haber sido fenómenos. Lo único que diferencia al ‘tamarismo’ del impacto que tuvo Rodolfo Chikilicuatre, los concursantes de la primera edición de Gran Hermano o los personajes de Callejeros, es que todo lo que rodeó a ese clan se sostuvo durante más tiempo del que se esperaba. Pero quien logra eso es ‘Crónicas Marcianas’, un programa que revolucionó la televisión humillando y ridiculizando a seres humanos a cambio de dinero. La situación no dista mucho de esas personas con acondroplasia a las que no les importa que Lamine Yamal las contrate como camareros de su cumpleaños para que lleven colgado el cartel de mini bar. Disocian humillación del derecho legítimo al trabajo y a recibir una remuneración económica por ello. Todo el clan del ‘tamarismo’ no estaba innovando la forma de hacer televisión. Estaban buscándose las habichuelas. Y aprovecharse de eso para hacer audiencia es miserable. 

Que se nos olvida que ese programa tenía de colaborador a Javier Cárdenas, que se encargaba de colocar en un escaparate, para burla y escarnio popular, a personas como Carmen de Mairena, Manolito Reyes (Pozí) o Carlos Jesús. ¿Eso les dio popularidad y pudieron ganar mucho dinero? Sí, pero ¿era ético? ¿Hasta qué punto la persona que necesita dinero, o que le atrae la fama, debe aceptar la humillación a la que le somete la productora televisiva, que se enriquece aún más que ellos con las audiencias? 

Temo cuando alguien afirma que no se está riendo "de", que se está riendo "con", porque el tiempo suele demostrarme que miente. La línea es tan fina, la mayoría de las veces transparente, que lo que uno cree que es "con" es "de". Y cuando eso sucede solo hay una víctima: la persona a la que se le hace creer algo que no es. "Es que ella quiere canciones a lo Whitney Houston y no entiende que lo suyo es otra cosa", me dijeron, en aquel momento, personas cercanas a la grabación del álbum ‘Superestar’. 

Es verdad que el ‘No cambié’ fue número uno, desbancando a Alejandro Sanz, pero ningún artista consagrado se tomaba en serio a Tamara. Ella, en aquel contexto, era un fallo del sistema. Como Chikilicuatre en Eurovisión. Para mí era un fallo maravilloso pero resultaba evidente que Tamara no iba a actuar en un escenario junto a Estopa, Rosana o La Oreja de Van Gogh. Y hubo muchas personas interesadas en hacerla creer que sí. Por eso me alegra este renacer de Yurena, como celebrity, porque ahí es donde reside todo su potencial. 

El revisionismo que nos permite la serie Superestar nos coloca directamente frente a dos preguntas: qué seríamos capaces de hacer por dinero, o por hacer realidad nuestro sueño, y de qué nos reímos, como país. 

Ante la primera pregunta, hay dos respuestas. Una, personalizada en Paco Porras, Tony Genil y Arlequín. Y otra, representada por Yurena y Leonardo Dantés, las dos buenas personas de la historia. Por cierto, creo que lo que hace Secun de la Rosa metiéndose en la piel de Dantés es de una humanidad y de una generosidad interpretativa con el personaje que debería asegurarle todos los premios del año. 

Respecto a la segunda pregunta, el humor, además de estar ligado a la identidad cultural de un pueblo, es una herramienta de educación. Un país también es aquello de lo que se ríe. Desde la Grecia clásica, la risa ha estado provocada por la superioridad o la denigración. Cambiemos eso. Que la identidad de seres humanos, su físico, sus carencias, no sea gracioso. Que ese chiste no sea rentable. No hablo de convertir a la sociedad en un cliché mojigato y ultrasensible. Hablo de progresar. También en lo que nos hace gracia.

viernes, 25 de julio de 2025

#hemeroteca #lgtbi #violenciaintragenero | Carlos Pulpón: "Me repatea que el 'chemsex' se use para atacar al colectivo LGTBIQ+ como si los heteros no follaran drogados"

Carlos Pulpón //

Entrevista a Carlos Pulpón, intérprete y 'performer': "Me repatea que el 'chemsex' se use para atacar al colectivo LGTBIQ+ como si los heteros no follaran drogados"

Público conversa con el autor de ‘Bob o Nunca nadie. La questione del consenso’. Una obra editada por Holográfica Editorial que parte de su vivencia personal con la violencia sexual a manos de otro hombre.
María Martínez Collado | Público, 2025-07-25
https://www.publico.es/sociedad/me-repatea-chemsex-use-atacar-colectivo-lgtbiq-heteros-follaran-drogados.html

"En algún momento, todo se torció". Carlos Pulpón describe así, sin demasiados adornos, lo que le ocurrió: "A día de hoy no sé cómo referirme a aquello, típica experiencia que se mueve en una gama de grises". Y es justo en ese lugar incierto —de lo que no sabemos entender— donde nace su obra 'Bob o Nunca nadie. La questione del consenso'. Una pieza que es testimonio de un tema algo que a muchas les suena de cerca. 

—Esto me pasó. 
—Esto no sé cómo nombrarlo. 
—Esto necesito compartirlo. 

La obra, una mezcla de performance, conferencia y vivencia real, nació de un proceso profundamente personal, que el autor sufrió en primera persona. "Sentí una necesidad imparable de contar lo que me había pasado. De contárselo a mis amigas, en femenino, y a veces hasta a chicas a quienes apenas conocía. Buscaba entender", escribe Pulpón en el libro que resultó del proceso creativo, editado en Holográfica Editorial. No parece casualidad que las primeras orejas que le escucharon fueran femeninas. 

Él mismo reconoce con franqueza que esas conversaciones no solo fueron un modo de procesar lo suyo, sino también de abrir los ojos a lo que quizá no se había aproximado con tanta crudeza y consciencia antes: la violencia sexual. En su piel, la violencia sexual intragénero que vivió a manos de otro hombre a pesar de que al principio "la cita iba a pedir de boca". "Me sorprendió mucho ver que a todas las chicas con las que hablaba les había pasado algo así o peor", recuerda en las primeras páginas del texto. Y, así, lo que comenzó como un intento de entenderse fue, poco a poco, convirtiéndose en algo mayor. 

"Para mí lo importante no es lo que me pasa a mí, ni lo que me ha pasado a mí, ni cómo me siento yo con esto, sino que te pasa a ti. ¿Qué te ha pasado a ti? ¿Qué has hecho tú? ¿Que nos has hecho y qué nos pasa en conjunto? Eso es lo más importante. Una pregunta que se repite mucho, es: ¿qué nos pasa? Y es aposta. Es lo que me interesa", expresa el intérprete en conversación con Público. En este punto es cuando mejor se puede comprender en qué medida la cultura pop, muy presente en la obra de teatro de la mano de Twin Peaks, emerge como salvavidas para Pulpón. "A mí la cultura pop me ha salvado la vida", dice sin dudarlo. Entre otras razones debido a que ofrece la posibilidad de preguntarse: ¿por qué nos gusta lo que nos gusta? "No para cambiarlo necesariamente, sino porque te gusta realmente o porque es lo que se supone que tienes que hacer o lo que tú crees que se supone que tienes que hacer". 

Ese cuestionamiento se vuelve especialmente interesante en el contexto de lo marica, donde las prácticas sexuales —desde el BDSM hasta el ‘chemsex’— están atravesadas por códigos muy propios. "Un amigo me dijo una vez que nunca había visto el consentimiento mejor aplicado en la vida real que en una sauna", cuenta Pulpón. Si bien matiza que eso no significa ignorar que no hay violencias. Solo considerar que igual que no es oro todo lo que brilla, tampoco es homogéneo o un pozo sin fondo. Ejemplifica: "Conviene distinguir entre el uso problemático y el no problemático del ‘chemsex’, porque hay quien lo considera otra práctica sexual no normativa" y "me repatea que se use para atacar al colectivo como si los heteros no follaran drogados también". 

El lector o, en su caso y si se volviera a representar el espectador, no encontrará en la propuesta de Pulpón algo parecido a un ajuste de cuentas, sino abrir un espacio donde todo el mundo pueda mirarse a un espejo con muchas asperezas. Un espacio de generosidad donde las categorías fijas de víctima y victimario no tienen por qué ser las únicas, y que propone el gesto arrojador de asumir que las violencias sexuales son, como mínimo, un flujo continuo lleno de dolor, ambivalencias, dudas e inseguridades. 

Una de las frases más desarmantes del libro es cuando Bob Palmer, una de las interlogistas —el texto recoge una pluralidad de voces por el deseo de ampliar la perspectiva—, menciona: "Me violaron y no cambió mi vida. Me violaron y supe ponerme a salvo". Por muchos motivos. Uno, porque significa asumir que la marca de la violencia se inscribe en su caso en un cuerpo que, por ser leído como hombre, por ser marica, por estar atravesado por ese privilegio, pudo —de algún modo— flotar: "Parte de mis privilegios masculinos y de mi subjetividad marica me subieron a flote tras aquel invisible naufragio". No como provocación, más bien como una difícil reflexión sobre el lugar que cada quien ocupa. Sobre lo que protege y lo que vulnera, y cómo a veces esas dos cosas también conviven: "Ojalá poder socializar esta suerte no elegida de ser hombre, y poder lanzar certeros salvavidas a tantas y tantas agresiones que han sufrido las mujeres alrededor del mundo". 

Dos, porque da cuenta de la importancia de sentirse acuerpadas a la hora de amortiguar las violencias: "En ese momento formaba parte del Movimiento Marika de Madrid y esto a mí también me ayudó a crear mis cimientos políticos y los cimientos políticos de la pieza, porque la pieza tiene un posicionamiento político muy claro, como el antipunitivismo o la no esencialización de las personas". 

El propio proceso de buscar ayuda institucional fue, para él, un aprendizaje sobre todos los vacíos que existen en los abordajes de la violencia intragénero. Lo que le salió fue llamar a un teléfono de atención a mujeres víctimas de violencia sexual: "Fueron muy majas, pero también era un poco raro en una situación un poco violenta que llamara yo, que tampoco es que sea yo un hombre, ¿sabes? Pero entiendo que no es lo habitual". Los servicios asistenciales no siempre saben qué hacer con quien rompe los esquemas previstos, más en un tipo de violencia que por diferentes motivos, como es la influencia de modelos de masculinidad patriarcales aprehendidos y la homofobia, no está especialmente visibilizada. Así que pone el foco en las calles: "El trabajo que vale la pena no está ocurriendo en las bases, como siempre". 

Bajo el punto de vista de Pulpón, conviene tener en cuenta que "todas hemos mamado el machismo". De modo que dentro de las relaciones LGTBIQ+, especialmente las relaciones maricas, también se reproducen "roles más masculinos y otros más feminizados". Es decir, también existen asimetrías derivadas de la socialización de género que haya desarrollado cada quien. "En 'The Brutalist' se ve esto, ¿no? Hay una escena en la que el rico viola al protagonista para vengarse de él, para escarmentarlo. Tiene que ver con lo que se relaciona con lo femenino y con el machismo", piensa el artista. 

"Construir esta pieza fue difícil. Simplemente, creo que levanté un relato sincero de mi proceso de sanación o un testimonio de cómo hacerse una misma justicia por su mano, si puede hablarse de tal cosa. Esto es lo que yo necesité y supe hacer. Existen tantos relatos como árboles en un bosque (...) Confío en que le sirva de algo a alguien", termina el libro.

sábado, 19 de julio de 2025

#hemeroteca #lgtbi #lgtbifobia | Lo que hay fuera de nuestra pequeña y preciosa burbuja

Una manifestación del Orgullo LGTBI+ //

Lo que hay fuera de nuestra pequeña y preciosa burbuja

Andrea Momoitio | Público, 2025-07-19

https://www.publico.es/opinion/columnas/hay-fuera-nuestra-pequena-preciosa-burbuja.html

Fuimos a Logroño a celebrar el cumpleaños de una amiga. A celebrar su cumple y al Morrete Fest, sí. Es un festival gratuito que, cada verano, trata de inundar Logroño de música y cultura. ¿El objetivo concreto? Visibilizar el talento LGTBQIA+. Tocaba Jimena Amarillo y, claro, aquello estaba lleno de lesbianas. Es fácil que un grupete de gente queer de Bilbao en Logroño caiga en la tentación de creer que nuestra vida, en una ciudad más grande, es más amable. Las personas LGTBQIA+ tendemos a huir de nuestros lugares de origen. Sobre todo, si son pequeños. Hemos llamado a esos movimientos sexilio. 

En Armarios de paja, un especial de Pikara Magazine sobre el tema, decíamos que el sexilio "son movimientos a las grandes ciudades en busca de libertad, anonimato, tolerancia y afecto". Lo cierto es que este mismo monográfico, así como en otros trabajos después, cuestiona también que la ciudad sea siempre, per se, un lugar de mayor libertad. En las urbes, sobre todo las más grandes, la sensación de libertad y anonimato es mayor. Pero, claro, también nuestros agresores son más libres y anónimos. Óliver Solano explicaba para el reportaje Identidades rurales LGTBI: los tonos grises de Extremadura que "en el pueblo prima la identidad del hijo de la Emilia o el nieto de, en lugar del Óliver gay". Entonces vivía en uno de los núcleos con mayor población de Extremadura y ahí, en ese municipio más grande, había sufrido agresiones verbales directas que no había vivido nunca en su pequeño pueblo: "En mi pueblo, si alguien me agrede, sé quién es y le voy a señalar". 

El caso es que, a pesar de saber todo esto, es fácil que un grupete de gente queer de Bilbao en Logroño caiga en la tentación de creer que nuestra vida, en una ciudad más grande, es más amable, que tenemos más herramientas, más opciones, más libertad, más de todo. Es cierto que, en mi caso, salir de mi pueblo fue la mejor decisión que he tomado en mi vida, pero Bilbao no ha sido nunca el paraíso soñado. No lo es tampoco Logroño, por supuesto. Aunque, eso sí, mientras Jimena Amarillo cantaba eso de «cuando me tocas siento que floto», el pequeño parking en el que se organiza el Morrete Fest sí se parecía mucho a la gloria. 

Y nos fuimos contentas de Logroño, pero, de pronto: la realidad. Unos días después, el 28J, en Logroño, varias personas LGTBQIA+ sufrieron agresiones físicas y verbales. Dos mujeres trans terminaron en Urgencias. Una de ellas con lesiones que necesitaron de una cirugía reconstructiva facial. Varios activistas de la asociación GYLDA fueron increpados por un grupo de hombres, aparentemente en una despedida de soltero. Uno de ellos, disfrazado de plátano y en actitud violenta, intentó agredir a una de ellas mientras gritaba "putos maricones a Gaza" [qué casualidad que también sea sionista, vaya] o "iros con las banderitas a vuestra puta casa". En Fuenmayor, un pueblo a 15 minutos de Logroño, una vecina recibió un huevazo contra la bandera que tenía colgada en su balcón. 

Parece que querían recordarnos que da igual cuánta música pongamos, cuánta alegría llevemos, cuántas veces gritemos "aquí estamos". El peligro sigue ahí. Y sí: somos muchas. Y sí: ocupamos las calles cuando nos dejan. Pero fuera de nuestra pequeña y preciosa burbuja, todavía hay quien se cree con el derecho a señalarnos, a insultarnos o a pegarnos dos hostias. Porque sí. Durante el festival me fijé muchas veces en una chavala trans que estuvo sola toda la noche. Tuve la tentación de acercarme, pero no lo hice. ¿Sería alguna de las agredidas? 

Es fácil caer en la tentación de creer que ya hemos atravesado todos los dolores que nos toca atravesar por ser quienes somos, pero, de repente, así, sin previo aviso, vuelve a inundarnos esa sensación de rabia y miedo. ¿Hasta cuándo? Es innegable que aquí, aquí y ahora, existen mecanismos que pueden ayudar a defendernos de la violencia, pero ¿hasta cuándo vamos a tener que ponerlos continuamente en marcha? No es solo que te insulten, que te den un puñetazo, que lancen un huevo a la bandera o que te chisten por la calle. Es el silencio que viene después, es la sensación de estar continuamente expuesta, en riesgo. En Fuenmayor, en Logroño o en Bilbao. Da igual. Porque, en todos lados, nuestra existencia parece una mera provocación. 

Será que el paraíso, para nosotras, está en construir redes sólidas, en no normalizar lo insoportable, en no callarnos y, por qué no, en saber callar cuando el peligro es evidente. En señalarnos entre nosotras y decir: "Yo te veo", "yo te creo", "yo te cuido". En seguir levantando festivales, casas, espacios, proyectos y memorias en los que arroparnos entre nosotras. En hacerlo juntas: con miedo y sin él, claro. 

Un abrazo larguísimo a las compañeras de GYLDA, a las víctimas de las agresiones, a la vecina de Fuenmayor y a todas las que lo necesitéis.

viernes, 4 de julio de 2025

#hemeroteca #lgtbi | Paco Tomás: "Si algún partido empieza a repetir tu discurso, es que te está capitalizando"

Paco Tomás en Madrid, el 2 de julio de 2025 //

Entrevista a Paco Tomás, periodista y escritor: "Si algún partido empieza a repetir tu discurso, es que te está capitalizando"
Público conversa con el presentador del "programa LGTBIQ+ más longevo de España", Wisteria Lane (RNE), en vísperas de que se cumplan 1.000 episodios.
María Martínez Collado | Público, 2025-07-04

Paco Tomás se presenta prácticamente solo. Es un referente intergeneracional, especialmente entre las comunidades LGTBIQ+. El escritor y está a punto de grabar el episodio número 1.000 de , el "programa más longevo" del país. Llega a la entrevista como casi todas en estas semanas de Orgullo, con calor y cierto sabor agridulce. Es una sensación generalizada esa que nos hace percibir que solo durante las vísperas del día internacional por los derechos LGTBIQ+ se habla de los problemas, necesidades y logros de estas comunidades. Y, ciertamente, eso ya dice mucho del punto en el que nos encontramos como sociedad, pero también como medios de comunicación. Lo menciona justo antes de empezar con las preguntas.

Paco Tomás no se corta a la hora de opinar y en esta conversación nos ofrece algunas de sus impresiones sobre el panorama sociopolítico que nos ha tocado vivir, la escalada bélica a nivel mundial, las decepciones para con respecto a algunos supuestos referentes LGTBIQ+, y la necesidad de cuidarnos y acuerparnos desde los márgenes frente al ascenso de los discursos de odio.

P. ¿Cómo fue tu aproximación al activismo por los derechos LGTBIQ+ desde tus primeros pasos como guionista, columnista y comunicador hasta tu labor actual al frente de Wisteria Lane? ¿Qué papel ha jugado la visibilidad en tu recorrido, y cómo has visto evolucionar la relación entre medios y comunidad LGTBIQ+ en estos años?

A mí me interesaba el periodismo y fue lo que estudié. Nunca me planteé que mi orientación sexual fuera determinante en mi carrera. Llegó un momento en que yo estaba haciendo La transversal, un programa los domingos por la noche en Radio Nacional de España. Entonces me propusieron hacerme cargo del programa LGTBIQ+ que había en RNE en ese momento. Lo había empezado Leopoldo Alas, creo, en la primera legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero. Luego lo hizo Luis Antonio de Villena. Y en ese momento me dijeron que si quería hacerlo yo.

Creo que también su idea era quitarme La transversal y pensaron: "Vamos a darle algo a este chiquillo porque le vamos a quitar el programa". Así que me dieron este otro programa, que salió adelante. Empecé a hacer Wisteria Lane y, realmente, ahí es donde empiezo a tomar conciencia de muchas cosas que hasta ese momento para mí eran muy difusas. Empiezo a tomar conciencia de mi orientación, de la lucha, de lo importante que es estar unidas en esta pelea, de las reivindicaciones de cada una de las comunidades.

Aunque yo no me considero activista —dentro de los grupos activistas dicen que sí soy parte de ese entramado—, para mí una activista es alguien que se sube a un barco rumbo a Gaza, que golpea la mesa de un ministerio para ser escuchada, como la gente de ACT UP con sus bolsas de sangre frente a las farmacéuticas. Eso es activismo. Yo soy un comunicador que está ahí en medio. Eso fue lo que me llevó, no solo dentro del espacio de Wisteria, sino también fuera, a empezar a reivindicar lo que iba aprendiendo en el programa. Porque todo lo que yo sé, me lo han aportado les invitades que han pasado por Wisteria Lane. De todo ese magma he aprendido.

Últimamente siento —y lo he comentado mucho— que eso, de alguna manera, ha perjudicado mi carrera periodística. Siento que solo puedo hablar de lo LGTBIQ+. Que a mi alrededor se ha creado una especie de "Paco habla de este tema", cuando he estudiado una carrera y puedo hablar de política, de Gaza, de la ley de autónomos… Pero solo se cuenta conmigo para hablar de lo LGTBIQ+. Siento que las personas LGTBIQ+ que no se visibilizan, que no hacen bandera de su orientación o identidad, tienen más posibilidades laborales. Aunque sean abiertamente LGTBIQ+, si no lo mencionan, parece que tienen más opciones que quienes sí lo hacemos. Y de eso me estoy dando cuenta ahora.

P. ¿Cuál ha sido la entrevista que más ilusión te ha hecho, de la que más has aprendido o que recuerdas con más cariño?

Es que son muchas entrevistas con las que he aprendido. He aprendido muchísimo del activismo: de escuchar a Boti García Rodrigo, a Beatriz Gimeno, a Miguel Ángel Fernández… Toda esa gente que estuvo en el activismo que nos ha llevado a celebrar ahora los 20 años de matrimonio igualitario. He aprendido mucho de escuchar a las disidencias: al Orgullo Vallekano, al Orgullo Crítico, a la gente de Proyecto Chueco. Y también a ensayistas, escritores, cantantes… No es una persona concreta. Y eso es bonito, porque demuestra la importancia de la comunidad, de cómo tejemos una red que entre todes nos salva.

P. Habiendo participado en proyectos como Wisteria Lane o habiendo seguido otros de cerca como es de la Berkana, has podido ser testigo de la importancia que tienen estos espacios como generadores de genealogías queer, comunidad, conocimiento o incluso archivo... 

Total. Y, además, creo que los medios tienden a equivocarse en cómo plantean los temas LGTBIQ+. Hace poco hubo una pregunta parlamentaria al presidente de RTVE sobre Wisteria Lane, que es un programa de dos medias horas semanales. Preguntaban si no sería importante darle más presencia o mejor horario. Y desde la presidencia contestaron que no tenían claro si era buena idea hacer programas específicos para la población LGTBIQ+, porque era mejor tratarlo de forma transversal.

La transversalidad, que es una idea utópica muy interesante, no es real. La mayoría de temas que tratamos en Wisteria, los libros que están en Berkana, no aparecen en los programas de mañana, de tarde o de fin de semana. Tampoco en los mainstream. Llevar a Pablo Alborán o a Vanesa Martín no es hacer contenido LGTBIQ+. Son personas visibles, sí, pero hacer contenido LGTBIQ+ es hablar de ensayos sobre identidad de género, sobre familias queer, sobre maternidades queer. Eso no está en los programas generalistas.

Ahí empiezo a ver la trampa de la transversalidad. Esa idea de "no crear guetos". Para nosotras esos espacios no son guetos, son espacios seguros. Y eso hay que potenciarlo. Ahora que vamos a cumplir 1.000 programas de Wisteria Lane, la gente nos dice: "Gracias por darnos la oportunidad de contar nuestros proyectos en un espacio que normalmente no tenemos". Si eso sigue pasando después de 16 años, significa que la transversalidad no es real. Se habla del asesinato de Samuel Luiz, pero no de ensayos sobre la violencia hacia las comunidades LGTBIQ+.

P. Una idea, la de transversalidad, que además no es nada nueva. Volviendo un poco atrás... Pienso en cómo nos vendieron los años 80. ¿Realmente crees que se rompieron tantas barreras como a veces se recuerda? ¿O pasa como con la trasversalidad y hay más mito que realidad?

Casi todo es mito. Los 80 están brutalmente sobrevalorados. Muy bien sobrevalorados, porque funcionó la estrategia: la Movida Madrileña, valenciana, gallega… Todo eso sirvió para no contar lo que pasaba realmente. Lo real era que el PSOE abría las puertas al neoliberalismo con políticas parecidas a las de Thatcher o Reagan. Y el activismo LGTBIQ+ vivía un adormecimiento total. Líderes como Jordi Petit lo han reconocido: hubo un parón, una sensación de conformismo, hasta que llegó la pandemia del VIH/sida.

Al principio, ese activismo del VIH fue rechazado dentro de los colectivos, especialmente gays, porque creían que coartaba la libertad sexual. Ir a un local gay con condones era como ir de monja. Y los colectivos pensaban que eso era cosa del Ministerio de Sanidad, no suya. Ahí jugaron un papel fundamental activistas de Radical Gai o LSD. Además, muchas lesbianas que se habían ido del movimiento por el machismo del hombre homosexual regresan para apoyar a sus hermanos maricas y a sus hermanas trans. Eso fue muy potente.

Pero pasó mientras estábamos muriendo. Generaciones desaparecieron. Y hoy se habla del VIH como algo de los 90, pero en los 80 ya moría muchísima gente. Los 80 no fueron un parque temático de color y fantasía, fueron durísimos. Para mí, como adolescente marica en un barrio, fueron durísimos.

P. Precisamente una compañera a la que he pedido consejo de cara a esta entrevista me sugería que te preguntara cuál fue tu relación con colectivos como Radical Gai o las LSD en los años 90. ¿Qué opinas de los colectivos actuales que beben de aquellos referentes, como el Movimiento Marika Madrid (MMM), Bloque Bollero, Trans En Lucha o ARROASEX?

Las disidencias hacen un trabajo fundamental. Desde el margen están ampliando el centro, y son necesarias. Es cierto que no tenemos por qué estar de acuerdo con todo lo que cada colectivo defiende —somos muy diversas—, pero necesitamos esas voces críticas. Si no las hay, estamos jodidas. Porque nos aburguesamos, nos adormecemos, y pensamos que el Orgullo son 27 carrozas con marcas haciendo pinkwashing. Eso es peligroso.

Lo que pasó en Budapest tiene que hacernos ver que el enemigo es el mismo para todes: para el MADO, para el Orgullo Crítico, el Orgullo Vallekano, el del pueblecito más pequeño, los colectivos rusos, ucranianos, estadounidenses… Es el mismo. Y cada vez más fuerte. Cuando entendamos eso, nuestro Orgullo no necesitará carrozas ni a Sonia y Selena cantando (que está fenomenal porque es una manera de de divertirnos). Pero nos vamos a dar cuenta de que no es determinante. De que eso es una celebración y que cuando nos juntemos todas a reivindicarnos y a protegernos, no vamos a necesitarlo. Las disidencias hacen ese trabajo, y hay que tenerlas presentes, incluso para criticarlas.

La última convocatoria del Orgullo Crítico recibió críticas, por ejemplo, por plantear abolir la psicología. Y me parece que es muy interesante que, además, dentro del Orgullo Crítico escuchen esas críticas. La psicología ha hecho mucho daño, sobre todo a las personas trans, sí. Pero también nos ha salvado la vida. Hay psicólogas ahora con un enfoque completamente distinto, que nos han dado herramientas.

O, por ejemplo, que haya bloques no mixtos… yo creo que necesitamos ser más mixtas que nunca. No que los maricas vayan en un sitio, las lesbianas en otro, las personas trans en otro… No. Necesitamos ir juntas. Pero bienvenida sea siempre la crítica y la disidencia. Porque nos hace crecer.

P. Es muy pertinente ese tema que mencionas de los bloques no mixtos, viendo la gran brecha que se está abriendo en la orientación ideológica de mujeres y hombres. Hace unas semanas salió el Informe de Juventud en España 2024, donde había un dato muy revelador: el 63 % de las mujeres jóvenes decían estar comprometidas con esos derechos, mientras que entre los hombres jóvenes apenas se alcanzaba el 40 %. Esto se repite con muchos otros posicionamientos, como el reconocimiento de la violencia machista o el feminismo. ¿Qué está ocurriendo?

Si lo piensas, mientras el enemigo es el que aparece en esos datos que comentas y vemos que chicos entre 18 y 24 años llegan a decir cosas como que prefieren un régimen duro a una democracia... Si ese es el caldo de cultivo al que nos enfrentamos, no sé si estamos en un momento para pelearnos entre nosotras, discutiendo quién representa a quién, o diciendo que si eres gay y blanco ya eres el enemigo.

Creo que todo el activismo que se ha hecho, y toda la permeabilidad que hemos tenido respecto a lo aprendido del feminismo, ha transformado también a las comunidades LGTBIQ+. Es cierto que el colectivo gay ha tenido actitudes misóginas y machistas, pero creo que hay una nueva generación que ha dado un giro muy importante, igual que ha ocurrido en otras comunidades. Tenemos que darnos cuenta de que juntas somos invencibles y que fragmentadas estamos jodidas. El mensaje del Partido Popular el 28 de junio fue muy claro. Su lema era: "Orgullo y punto", con el punto del PP. Quitaron lo de LGTBIQ+, borraron directamente las identidades. Y luego decían: "Ante quienes pretenden colectivizar, viva la libertad". 

No nos quieren colectivizadas, no nos quieren juntas. Nos quieren separadas porque separadas somos más frágiles. Por eso creo que este es el momento de reivindicar nuestras diferencias, sí, pero también nuestra unidad. Porque no somos una única comunidad LGTBIQ+, somos muchas comunidades. Y dentro de cada letra hay otra inmensa pluralidad. Claro que hay diferencias de enfoque, pero ante el enemigo tenemos que ser una piña. Si no, pasan estas cosas: una cantidad de gente joven que no se siente interpelada.

Eso ha pasado porque muchos medios de comunicación han dado alas a ese discurso. Pensaban que no era tan peligroso, que el lobo no era tan fiero, y ahora ahí lo tienes: con altavoz, con consignas, con poder simbólico. En el fondo, muchos de esos discursos se basan en proteger el privilegio. La norma es el privilegio. Si opinas así es porque sientes que no te interpelan, y no te interpelan porque estás en un lugar privilegiado. Muchas reacciones responden a eso. Entonces sientes que el feminismo pone en peligro tu lugar, y en lugar de cuestionarte tu privilegio, decides atacar al movimiento feminista. Porque es más cómodo. Sentarte a deconstruirte es un trabajo duro, requiere compromiso.Hay quien prefiere decir: "Mira, esto me da pereza, mejor voy contra el feminismo, el movimiento LGTBI, el racializado…". Es más fácil atacar que cuestionarse. Porque a lo mejor pensabas que tu privilegio era poder entrarle a una tía en un bar porque llevaba escote, como si eso fuera una invitación a tocarle las tetas. Y no, no lo es. Hay que cuestionarse eso.

P. Y, ¿no crees que hay algo más? ¿No crees que hay un asunto relacionado con la identidad? Pienso en los hombres, en cómo se ha cuestionado su masculinidad blanca, occidental, etc. Pero también en algunas mujeres que atacan los discursos trans. Su malestar va más allá del privilegio... Alguien les está diciendo que hay muchas maneras de ser, que no hay una prescripción, un manual... ¿Qué te parece?

Totalmente. Se dan la mano. Esos hombres que sienten que su masculinidad hegemónica está en peligro, que dicen que ahora lo que se lleva es el "hombre blandengue" —como decía el Fary—, se dan la mano con el feminismo transexcluyente que decide qué es ser una mujer. Esos machirulos dictan lo que es un hombre, y las feministas transexcluyentes deciden qué es una mujer. Y lo hacen para excluir a otras personas. Eso me parece peligrosísimo. No hay diferencia entre lo que hizo el Partido Popular saliendo a la calle con los obispos —que creo que solo han salido una vez en la historia— para quitar derechos a otras personas, y una manifestación transexcluyente que hace exactamente lo mismo: ejercer una discriminación.

Manifestarse para quitar derechos a otros seres humanos tiene consecuencias históricas, y estoy convencido de que esas consecuencias llegarán. Como decías, todo esto tiene que ver con desde dónde han vivido esas personas su privilegio. En el caso de los hombres está clarísimo. Pero en el caso de esas mujeres transexcluyentes que lideran ese discurso, yo no he visto a ninguna que venga de los márgenes. Ni una. Son mujeres privilegiadas. Esto pasa también en el feminismo de siempre. Las sufragistas eran mujeres muy privilegiadas, que salían a pedir el voto mientras otra mujer —negra, pobre, esclava, migrante— cuidaba de sus hijos y limpiaba su casa. Entonces, ¿realmente estaban reivindicando también los derechos de esa otra mujer? ¿O solo los suyos?

P. ¿Qué posición crees que deberían tener las disidencias sexuales ante la escalada bélica de la que estamos siendo testigos? Bajo este contexto internacional es imposible no plantearse esta pregunta... 

Las comunidades LGTBIQ+ sabemos lo que es la violencia porque la hemos sufrido en nuestras propias carnes. Sabemos lo que es que te esperen en la puerta del colegio para pegarte, que te tiren una botella a la cara. Por eso, de forma natural, somos pacifistas y antibelicistas, y debemos tener una postura clara. Si empezamos a decir cosas como "Israel tiene derecho a defenderse", estamos traicionando nuestra historia. Estamos dándole la mano al enemigo. A esa cultura heteropatriarcal que usa la violencia como herramienta de poder. La misma cultura que te pegaba en el colegio y ahora bombardea Gaza.

En Palestina hay maricas, lesbianas, personas trans. Y sí, también están en peligro allí, como aquí, como en EEUU, como en Helsinki. Pero eso no justifica que un Estado extermine a una población. Yo estuve en Israel, me invitaron al Orgullo de Tel Aviv. Vi el cartón desde el minuto uno. Tel Aviv es un parque temático diseñado para parecerse a Occidente. Pero sales de allí, vas a Jerusalén, a Belén… y como marica, lesbiana o persona trans te apedrean. Tel Aviv acoge a quienes escapan de otras ciudades israelíes. Y lo que hace el Estado de Israel con las personas LGTBIQ+ palestinas es cruel: las usan para espiar a su propio pueblo, y si no colaboran, las denuncian ante sus familias. por respeto a nuestra historia, a nuestro relato, no tenemos otra opción que posicionarnos claramente en contra de eso. 

P. Y en el plano nacional, ¿crees que una figura que ha sido premiada por ser un supuesto referente LGTBIQ+, como Fernando Grande-Marlaska, ha cumplido con las expectativas que se depositaron sobre él cuando fue nombrado ministro del Interior?

Claramente no. Aunque él pensará: "No tengo por qué cumplir con vuestras expectativas". Y tiene razón, en parte. Porque las comunidades LGTBIQ+ somos muy diversas. Dentro de ellas, también hay quienes anteponen su privilegio a la memoria histórica colectiva. Pero siento que con Marlaska ha habido una oportunidad perdida. No sé si volveremos a tener un ministro del Interior abiertamente gay. Era una ocasión para entrar en temas que siguen pendientes desde la democracia.

Por ejemplo: ¿quién hay en los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado? ¿Qué ideología hay? ¿Qué actitud tienen hacia las comunidades gays, trans y demás? Porque si para perseguir la droga consideran que deben acosar a la comunidad gay, eso es discriminación. El líder de la oposición fue en un barco con un narcotraficante. No he visto redadas en la sede del Partido Popular. Consideran que la comunidad gay y drogas va a la par, y entonces hay un hostigamiento, una persecución y una criminalización de la comunidad gay que es absolutamente discriminatoria y que responde a un prejuicio. Esto no sucede en otros lugares y zonas de ocio donde también hay drogas. En la calle Ponzano seguro que las hay. No sé si hacen redadas, pero que las hay, seguro. 

P. Además, cuando se ha tratado de visibilizar esto ante el propio Ministerio, la respuesta ha sido: "Denuncia los presuntos abusos de la Policía ante la Policía"...

Es como decirle a una mujer maltratada que le diga a su maltratador que lo va a denunciar. Eso es inconcebible, y un ministro del Interior no puede permitirlo. Necesitamos mecanismos seguros para denunciar sin poner en riesgo nuestra integridad. Porque entrar a una comisaría a denunciar a un policía… no quiero ni imaginarlo. Es cierto que hay colectivos dentro de las fuerzas de seguridad que trabajan por el cambio, pero son minoría. Y cada vez les cuesta más que sus compañeros acudan a formaciones. Van 4, 10, 20 personas… pero los cuerpos son miles. Y la mayoría no está en ese lugar tan necesario para la convivencia democrática.

domingo, 15 de junio de 2025

#hemeroteca #lgtbi #orgullo | Nos están robando el Orgullo LGTBIQ+

Nos están robando el Orgullo LGTBIQ+
Paco Tomás | Público, 2025-06-15

https://www.publico.es/opinion/columnas/robando-orgullo-lgtbiq.html

Sevilla Pride //
Empezaron hace años. Poco a poco. Con la sonrisa del avaro que cuenta sus monedas. Con la complicidad de empresarios que defendían su negocio aceptando las reglas del pagador. La propia historia se volvió contra nosotras y forjó alianzas con el opresor.

Porque si bien es cierto que el Orgullo LGTBIQ+, potenciando las alianzas entre activismo y empresa, fue una de las grandes apuestas de Pedro Zerolo, hoy sentimos que se nos escapa de las manos. Es verdad que ese Orgullo empezó a reunir en la calle a tantas personas de las comunidades LGTBIQ+ que los políticos advirtieron que no éramos dos o tres. Y esos políticos comenzaron a vernos de dos maneras: unos nos vieron como votos en las urnas —y potenciaron su compromiso con nuestras reivindicaciones y derechos— y otros nos vieron como símbolos de dólar —y favorecieron las alianzas lucrativas necesarias para quedarse con nuestro dinero—. Ojo, porque los segundos están aplastando a los primeros. ¿Y qué estamos haciendo mientras? Botellón y bailar a Sonia y Selena. Cuidado.

¿Recuerdan cuando ese partido político, hoy cadáver, llamado Ciudadanos, llevó a la Asamblea de Madrid una Proposición para declarar el Orgullo LGTBIQ+ ‘fiesta de interés turístico’? Eso fue en 2019. Fue una señal de alarma que ignoramos demasiado pronto. Ese partido ultra liberal inició una batalla infame para despolitizar un evento, que era naturalmente político, y convertirlo en una verbena. Y para ello, jugó a la provocación, asistiendo a la manifestación como quien se pasea por la pradera en San Isidro. Ni eslogan reivindicativo llevaban en la pancarta. Y eso después de haber pactado con la ultra derecha lgtbifóbica. Esos ultraliberales se dieron cuenta de que lo nuestro era político cuando les echamos de la manifestación. Pero eso no les gustó. Porque a ellos solo les gustamos cuando sonreímos a su condescendencia, cuando estamos calladitas, cuando no exigimos, cuando nos conformamos con las migajas, cuando nos dejamos pisotear por miedo a las represalias, cuando se nos pasa el berrinche porque Melody está haciendo el helicóptero sobre un escenario.

Ese vertido tóxico que fue Ciudadanos contaminó gran parte de la celebración del Orgullo LGTBIQ+ hasta el punto de que hoy, cuando ya no existen, el interés de los ayuntamientos por pretender apropiarse de nuestra celebración, para despolitizarla y usarla para sus propios intereses, es cada vez mayor. El primer paso consiste en reducir a la mínima expresión la presencia e intervención de las entidades activistas LGTBIQ+. O al menos, que no den guerra. Y si se manifiestan, o montan una cacerolada contra la tránsfoba de Lidia Falcón, como hizo Orgullo Vallekano, la Junta Municipal reacciona negándoles aquello que les había dicho que tendrían para organizar el TetaFest (escenario, iluminación, sonido, baños...). El castigo se ha ampliado a negarles la posibilidad de hacer un concierto al cierre de la manifestación del Orgullo Vallekano del 21 de junio.

El segundo paso se basa en contratar a algún hombre gay —lo siento, pero casi siempre somos nosotros— con empresa de eventos y actitud amable, de esos que no han gritado jamás una consigna, que nunca sujetaron una pancarta, y encargarle una fiesta de ‘celebrities’, “que eso gusta mucho a los maricones”. Porque claro, para esta gente, el Orgullo sigue siendo mayoritariamente gay. Y ya no es solo que alimenten un estereotipo de homosexual, sino que el interés por los gustos del resto de comunidades brilla por su ausencia. Algunos de esos empresarios crearán sus propios premios LGTBIQ+, como son los premios Diversa, para recompensar a gente que hace política contra las comunidades LGTBIQ+. Os recuerdo que el año pasado, Diversa premió a PP y Vox en Valencia. El tercer paso lo damos nosotrxs, apuntándonos a la fiesta sin cuestionar qué intereses hay detrás.

Si bien Madrid es un claro ejemplo de lo que expongo, Sevilla se ha convertido en otra ciudad que, en los últimos años, organiza un Orgullo sonrojante e insultante. El año pasado, su Ayuntamiento, del Partido Popular —los del recurso en el Constitucional al matrimonio igualitario que cumple 20 años—, lanzó una cuña publicitaria del Orgullo en la que no se mencionaba, ni una sola vez, las siglas LGTBIQ+. Se hablaba de orgullo por tus calles, por tu río, por tus bares, pero sin gais, sin lesbianas, sin bisexuales, sin personas trans, sin ninguna de las comunidades protagonistas de lo que se reivindica.

Y este año lo han vuelto a hacer. Confieso que no esperaba menos desde el momento en el que los vi en Fitur, vendiendo sus fiestas del Orgullo. El cartel de este año incide en la lgtbifobia condescendiente de convertir nuestra lucha y reivindicación en unos símbolos absurdos que nos convierta en personas abstractas. Lo mismo que hizo Almeida en Madrid, el año pasado, y que, con seguridad, volverá a hacer.

Nos están robando el Orgullo LGTBIQ+ en nuestra puta cara y ¿qué estamos haciendo? Poco. Muy poco. Nos desprecian, nos quitan nuestra bandera, dicen que adoctrinamos, desvirtúan nuestra lucha y ¿qué hacemos nosotres mientras? Celebrar a Belén Esteban. Porque “la princesa del pueblo” es quien va a leer el pregón del Día del Orgullo en Sevilla. ¿Qué más necesitamos para reaccionar? Ojo, que Belén Esteban no tiene la culpa. A ella la llaman, ella pide 26.000 euros, ellos se los pagan y todo para adelante. Para Belén Esteban es trabajo. Para nosotros, es nuestra lucha y nuestra conquista. Es la sangre y las lágrimas de nuestros muertos, de quienes nos precedieron en terapias de conversión, en cárceles, en exilios, en lobotomías y en psiquiátricos. Lo voy a decir: el pregón del Orgullo tiene la obligación de recaer siempre en personas LGTBIQ+, en nuestras vidas, relatos y memoria. Con las personas aliadas a nuestro lado, pero nunca delante. De la misma manera que sería inconcebible que el manifiesto de un 8 de marzo lo leyese un hombre.

Mientras unos nos desprecian, otros nos usan. Y o nos rebelamos ante eso, en nombre de nuestras antepasadas, o nos van a reducir a un acto carnavalesco. Si vuestro respeto es a costa de nuestra docilidad, estamos aquí para incomodar. No para aplaudir vuestros “orgullos”, concebidos como una gala de “Murcia, qué hermosa eres”, ni vuestros carteles, pensados para que no molesten a la mirada hetero. Deberíamos plantearnos, como personas LGTBIQ+, si es digno aceptar y asumir esta situación mientras nuestras hermanas, hermanes y hermanos, en Hungría, van a salir a la calle, poniendo en peligro su vida, para reivindicar su orgullo de ser LGTBIQ+ en un país, y frente a un gobierno, que se lo ha prohibido.

Paco Tomás
· Escritor y director de Westeria Lane en RNE

sábado, 24 de mayo de 2025

#hemeroteca #iglesia #mujeres | El lugar "subalterno" e "invisible" de las mujeres en la Iglesia: "No vamos a seguir calladas"

Una concentración del colectivo Revuelta de las Mujeres en la Iglesia //

El lugar "subalterno" e "invisible" de las mujeres en la Iglesia: "No vamos a seguir calladas"

"Es necesario que toda la Iglesia cambie, no solo las jerarquías", afirma la Asociación de Teólogas.
Raúl Bocanegra | Público, 2025-05-24
https://www.publico.es/sociedad/lugar-subalterno-e-invisible-mujeres-iglesia-seguir-calladas.html

Los techos de cristal para la mujer en la Iglesia católica podrían estar hechos perfectamente de un material más resistente, por ejemplo, de mármol, como el que se ha utilizado históricamente para algunas de las emblemáticas estatuas que adornan la Basílica de San Pedro, en el Vaticano. La situación de la mujer dentro de la institución es hoy completamente "subalterna", expone a Público Margarita Pintos de Cea-Naharro, teóloga feminista.

"Las mujeres ocupan un lugar subalterno, invisible. No toman decisiones a ningún nivel. Ni eligen al párroco ni [son escuchadas] sobre cuestiones teológicas ni sobre leyes morales que afectan a su cuerpo. Por tanto, no son sujetos teológicos ni legales: no toman ningún tipo de decisión", expone Pintos.

La teóloga pone un ejemplo muy gráfico al respecto. En el cónclave, 100% masculino, que eligió al nuevo papa, León XIV, la teóloga cree que quienes "hacían la comida y lavaban la ropa" a los cardenales, eran "mayoritariamente" mujeres que estaban "trabajando para esos hombres". "Ese es un elemento muy claro de cómo la Iglesia utiliza a las mujeres. Trabajan para ellos y además las invisibilizan", reflexiona.

El catolicismo tiene en España una base social compuesta mayoritariamente de mujeres. El 64,3% de las mujeres se declaran religiosas —un 33,9% afirma no ser una persona religiosa— por un 53,4% de los hombres —el 44,4% dice no ser religioso—.

"El porcentaje de mujeres que se consideran religiosas es notablemente más alto que de hombres para todos los grupos de edad. Las mayores diferencias entre los sexos se dan en el ateísmo, con mayor representación de los hombres, y, en el grupo de los que son considerados practicantes del catolicismo, con mayor presencia de mujeres", recoge la Fundació Ferrer i Guàrdia, en su último informe llamado Laicidad en cifras 2025.

Las mujeres no pintan hoy apenas nada en la jerarquía y la toma de decisiones es cosa de hombres. Para la filósofa y teóloga Montserrat Escribano, presidenta de la Asociación de Teólogas Españolas, es necesaria "una Iglesia que no vaya ligada siempre a varones y a varones ordenados".

"Es necesario —añade Escribano, en conversación con Público— que toda la Iglesia cambie, no solo las jerarquías, que es lo evidente. Si queremos tener una Iglesia que sea mucho más representativa, no se pueden seguir estableciendo esas separaciones en cuanto a toma de decisiones y de entender la propia religiosidad".

"Debemos caminar hacia una total representatividad dentro de la Iglesia, los derechos eclesiales no están conseguidos. En el último de los sínodos, ha sido la primera vez que las mujeres han podido votar. Estamos en 2025 y debería ser una cuestión habitual que en cualquier lugar que la Iglesia tome una decisión importante, debe haber mujeres", agrega Escribano.

Durante el pontificado de Francisco, se produjeron algunos gestos, pero claramente "insuficientes", a juicio de Escribano. "Planteó cambios muy significativos por su propia manera de ser, pero también porque él era un hombre acostumbrado a trabajar con mujeres. Eso hizo que tuviera una relación distinta con las mujeres y puso mujeres en lugares más destacados de la jerarquía vaticana".

Escribano señala a Público que el nuevo papa, León XIV, va a seguir los pasos de Francisco en una cuestión que considera relevante: "La Iglesia ha heredado algo que Francisco puso sobre la mesa, la Iglesia sinodal, esto es, todas las personas tenemos que ser escuchadas, tenemos la capacidad de iniciar un diálogo y de abordar las cuestiones que sean necesarias. Es una gran revolución si nos lo tomamos de verdad en serio".

"No es únicamente —abunda— que tengamos que conseguir determinadas cuestiones, desde perspectivas feministas, sino cómo caminar de un modo sinodal sobre esas cuestiones, que nos mueven a muchas personas. Si en el feminismo social ya es complicado, también lo va a ser dentro de la Iglesia".

Derechos de la mujer
"El papel de la mujer en la Iglesia debe ser el que ella quiera. No tenemos que esperar a que nos digan: ‘Ya puede ordenarse’", afirma Pintos. "Las mujeres —remacha Escribano— estamos en otros espacios ya. Si no tenemos espacios, veremos qué es lo que sucede. No estamos dispuestas a seguir callando. Hay una afirmación de San Pablo, que ha tenido mucho éxito: que las mujeres en la Iglesia callen. Pues ya no estamos dispuestas a seguir [así]. Está sacada de contexto, no lo justifico para nada, se ha utilizado esa afirmación paulina como [argumento de autoridad], pero las mujeres no estamos dispuestas a callar".

Hay debates hoy, como el del aborto, que en la Iglesia están prácticamente cerrados en una dirección que afecta directamente a los derechos de las mujeres. "Quiero que mi manera de hacer teología influya y si hablo sobre el aborto, no me silencie. Eso, la visión sobre el aborto, forma parte de la doctrina del derecho canónico. La única manera de cambiar eso o por lo menos quitarlo es en un concilio", argumenta Pintos.

"Es un tema muy complicado de abordar, porque [la jerarquía] mantiene una postura de que el aborto es algo no deseado", expone Escribano. "En el mundo en que vivimos —reflexiona— es necesario atender al propio hecho del aborto y abordar las razones que transitan hacia esas opciones, atender a las razones sociales, cómo vivimos en este sistema que mata la vida. Si mata la vida, significa también que muchas mujeres no tienen espacio, ni un trabajo decente, ni viviendas. Las mujeres son las que están también en espacios de trata, de prostitución, habitan entornos muy complicados. Tiene que haber un debate mucho más profundo".

"Aborto, sí, aborto, no, es una simpleza. [Ahí tenemos] el propio hecho de las maternidades. No es lo mismo la maternidad en algunos espacios de Europa que en Uganda, con la guerra o en la Franja de Gaza. La Iglesia es universal y también tiene que ver diferentes formas de comprensión acerca de todas", señala Escribano.

En los últimos tiempos han surgido movimientos, aún incipientes, y que tienen que coger vuelo, como la Revuelta de Mujeres en la Iglesia. "Teniendo ese papel subalterno que quieren dar a las mujeres desde la cúpula de la Iglesia, hay toda una corriente subterránea que trabaja y hace sus cosas a nivel internacional y esto en algún momento va a emerger, primero porque no va a haber sacerdotes", expone Pintos. En efecto, en el seminario hay ahora menos de mil, según los datos de la Conferencia Episcopal, y la Iglesia católica está en un proceso, sostenido en el tiempo de pérdida de efectivos.

"La revolución se hace desde abajo, No creo en una Iglesia piramidal, en una Iglesia de varones o mujeres debidamente ordenados. Creo en una comunidad de personas seguidoras de Jesús que organizan su manera de vivir en torno al evangelio. Es una visión personal, muy en consonancia de comunidades de base", afirma Pintos.

"La revuelta —analiza Escribano— se establece de una manera muy asamblearia y tiene conexiones con grupos europeos y se van haciendo en cada ciudad. Somos Iglesia y queremos aportar otro tipo de espacios y formas. Se reivindica también eso, la falta de acceso a todos los sacramentos a los que pueden acceder los varones. Por primera vez, las mujeres están movilizándose y eso hace que ellos también se tengan que movilizar. Y no es siempre de arriba para abajo: creemos en esos movimientos asamblearios, una manera sinodal de poder hacer las cosas".

El patriarcado en la Iglesia católica tiene hondas y profundas raíces, en parte relacionadas con la representación de la divinidad como un hombre. "No siempre dios ha sido varón", zanja Pintos. "Desde el Antiguo Testamento, hay distintos nombres de dios, que dependen mucho del momento histórico en el que se escribe el texto y por eso varía el nombre de dios". Luego, cita a Mary Daly, filósofa feminista y teóloga, que ya discutió estos planteamientos machistas y patriarcales y ya planteó la idea a combatir de que "si dios es varón, el varón es dios".

Otras maneras de pensar se van abriendo paso: "La teología feminista le ha dado la vuelta [a esa representación de dios como hombre] y se ha puesto en evidencia que sea la mayoritaria o la única. Se ha tratado de entender por qué ha sido así: respondía a patrones culturales y formas androcéntricas. Las mujeres teólogas producen teologías distintas. También tiene que ver cómo se han entendido los textos, se ha hecho una interpretación muy sesgada sin tener en cuenta ningún criterio de género", afirma Escribano.

"Esto pasa —agrega Escribano— en el mundo artístico y también pasa de igual manera en el mundo litúrgico. Lo hemos visto incluso en las celebraciones, en el entierro cómo se ha acompañado al cuerpo de Francisco, cómo ha sido la misa de inicio del pontificado de León XIV, las mujeres solo acompañan, no están al mismo nivel ni en el mismo espacio litúrgico".

Lucha contra la cultura patriarcal
Hay una cuestión que emerge, a la vista de la evidente discriminación: ¿Tiene el Estado algo que decir, algo que legislar, habida cuenta de que la Iglesia católica es una institución que, en parte, se financia cada año con impuestos? Entre las juristas se ha planteado, en efecto, el debate.

Así lo plantea, por ejemplo, la profesora María José Guzmán Parejo, en un trabajo —publicado en la revista de Derecho de la UNED—titulado ‘¿Mujer, pluralismo religioso e igualdad de género?: desafío jurídico en el siglo XXI en España’: "Los conflictos entre las religiones y los derechos de las mujeres no son recientes. Es más, la lucha por el reconocimiento de los derechos de las mujeres es, en sí misma, una lucha en contra de la cultura patriarcal que domina todas las sociedades y la mayor parte de las religiones del mundo y es por ello que las contradicciones entre lo que se observa en las prácticas religiosas y los reclamos por los derechos de las mujeres han sido, son y seguirán siendo una constante".

Sin embargo, hoy, "la mayoría considera que, como regla general, el Estado habida cuenta la autonomía institucional de la Iglesia católica, no puede inmiscuirse en la infraestructura y gestión de esta sobre el acceso de la mujer a cargos eclesiásticos en condiciones de igualdad al hombre, y por tanto no están obligadas a organizarse de modo democrático salvo, y de ahí viene la excepción, que por una necesidad social imperiosa, el Estado debiera revertir esa situación. En esa reversión excepcional se sitúan quienes pretenden una modificación legislativa que evite prácticas discriminatorias, y en ese deseado marco normativo debe reconocerse, respetar y proteger la dignidad de la mujer". Así lo recoge la misma Guzmán Parejo, citando a la profesora de Derecho Eclesiástico del Estado, Paz Fernández-Rivera González en otro estudio, posterior, este llamado ‘La mujer y su posible discriminación en el contexto de la diversidad religiosa del postsecularismo español desde el punto de vista jurídico’ y publicado en la revista de Ciencias de las religiones de la Complutense.