Mostrando entradas con la etiqueta Sarah Santaolalla. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sarah Santaolalla. Mostrar todas las entradas

domingo, 19 de abril de 2026

#hemeroteca #armarios | Los hombres con los que se enrolla Vito Quiles

Vito Quiles dando la nota en la Universidad Pablo de Olavide //

Los hombres con los que se enrolla Vito Quiles

Paco Tomás | Público, 2026-04-19

https://www.publico.es/opinion/columnas/hombres-enrolla-vito-quiles.html

Cuando tenía veinte años y protegía mi miedo en el armario, no había nada que me jodiera más que la condescendencia con la que otros hombres homosexuales identificaban mi homofobia interiorizada, mi pluma, que creía encubierta, y mis dudas señalando, con cierta gracia, una evidencia que me hería profundamente.

Supongo que esa circunstancia hizo que durante muchos años me posicionase abiertamente en contra del outing, esa polémica costumbre de empujar del armario a las personas que no quieren hacer pública su orientación sexual, pensando que nadie tenía derecho a decidir el momento en el que alguien debía visibilizarse como gay, lesbiana, bi, etc.

La duda siempre ha residido en si ese respetuoso trato de favor, que cada uno decida cuándo y dónde sale del armario, era compatible con una personalidad inmunda que, desde su influencia o esfera de poder, se dedicase a violentar y ridiculizar a las personas LGTBIQ+, sustentando acciones e ideologías que llevan en su adn el odio y desprecio hacia la diversidad afectivo sexual y de género. Y fue el tiempo, las lecturas y el conocimiento lo que acabaron dándome una respuesta: no hay armario posible que esconda la indignidad de quienes, desde su parcela de poder, alimentan la represión contra las personas LGTBIQ+ o toleran las agresiones y discriminaciones cuando vienen de quien les paga.

Lo que debería escandalizar a los defensores de Quiles, y a toda esa generación de gais liberales que defienden el armario con la misma intensidad con la que defienden su propiedad privada, no es que se conozca su orientación sexual. Aquí lo terrible es tolerar a un neofascista acosador que trabaje, cada día, para dinamitar la salud democrática de nuestro país. Eso es lo verdaderamente escandaloso, venga de un hetero, un gay o una lesbiana. Porque no crean que hay muchos grados de separación entre lo que hace Vito Quiles y lo que dice Jaime de los Santos desde una tribuna parlamentaria. Ser gay no te hace mejor persona, ni menos facha, ni más empático con el que sufre. Pensé que eso ya lo teníamos claro desde lo de Rodrigo de Santos. Por eso créanme cuando les digo que no he entendido mucho el jaleo que se ha montado alrededor del tuit de Sarah Santaolalla.

Nunca entendí que algunos artistas pusieran demandas cuando un medio de comunicación contaba, o insinuaba, que eran homosexuales o habían tenido relaciones homosexuales. Como no veía descrédito, ni delito, ni falta o pecado en el hecho, no veía razón para tanta querella. Es como si mañana alguien quiere publicar que soy hetero. Desmentirlo es una pérdida de tiempo. Porque si es verdad, es verdad. Y si es mentira, desmentirlo no aporta ningún prestigio, nada beneficioso ni perjudicial, ni para mí ni para la sociedad. Recuerden cuando se rumoreaba que George Clooney era gay. Jamás lo desmintió. Porque la simple idea de hacerlo ya llevaba implícito un rechazo. Y si encima lo haces con frases casposas del tipo “me gustan las mujeres y además no poco”, que es lo que diría Torrente, pues apaga y vámonos.

Y otra cosa, que estoy cansado de repetir, ya desde antes que Sandra Barneda, Pablo Alborán y María del Monte salieran del armario: nuestra orientación sexual no es nuestra vida privada. Decir que te atraen sexualmente hombres y/o mujeres no pertenece a tu esfera privada. La sexualidad es algo inherente al ser humano, como comer o dormir. Si alguien nos preguntase si nos gusta comer sería absurdo responder que eso pertenece a nuestra vida privada. Ninguna persona heterosexual cree estar exponiendo su vida privada por decir que le gusta el género contrario. De hecho, es de lo primero que nos enteramos las personas LGTBIQ+ cuando llegamos a un trabajo nuevo. Porque los heteros no tienen ningún conflicto a la hora de manifestar, con más o menos sutileza, lo que les gusta. ¿Por qué nosotros seguimos recurriendo a la vida privada? Porque es una gran trampa para mantenernos en silencio. El silencio, otro de los materiales con los que se construye el armario.

Para todos esos que claman que Santaolalla “ha expuesto la vida privada” de Quiles, solo apuntar una cosa. Que me gusten los hombres no es mi vida privada. El nombre y los apellidos de los hombres con los que me acuesto, mi dirección, la identidad de mi pareja, lo que hago o no hago en la cama, eso sí es mi vida privada. Y eso es precisamente lo que Quiles, y todos estos aprendices de camisas pardas, vulneran diariamente, difundiendo información privada para ver si alguna vez pasa algo.

Como explica Javier Sáez en su libro 'Biopolítica del armario', el armario es un régimen político opresor, un dispositivo de control fabricado con miedo. El miedo que la sociedad heteropatriarcal nos inocula, desde bien pequeños, para que entendamos que todo lo que vemos es heterritorio (territorio hetero), que todo ser humano es hetero hasta que se demuestre lo contrario y que, para proteger el 'territorio hetero' de la presencia de las disidencias, es lícito el uso de determinadas dosis de terror (heterrorismo). Ahí tiene cabida un grupo de fascistas gritando “fuera sidosos” en la plaza de Chueca, un juez no viendo homofobia en un machote que le dice a un chico que le va a volver hetero “a hostias” o un grupo de jóvenes asesinando al grito de “maricón de mierda”.

Estoy de acuerdo con Michelangelo Signorile, y con Ramón Martínez que lo citaba la semana pasada en una columna de opinión en 'El Salto', cuando dice que el armario no es un derecho. Uno no tiene derecho a esconderse por miedo. Uno tiene derecho a vivir sin miedo, que es diferente. Pero cuando tu miedo no es tal y simplemente es una conformidad con los modos y maneras del opresor, una comodidad que te permita salir impune cuando vengan a por nosotros, aludir al armario, como dispositivo de supervivencia, es un insulto a todos nuestros muertos.

Aunque me dé completamente igual, me hace gracia imaginar a Vito Quiles como una especie de marica de Schrödinger, una persona que, desde su supuesto armario, es gay y hetero al mismo tiempo. Sin embargo, no llego a imaginar a los tíos con los que se enrolla. Chicos a los que les pone Vito Quiles. ¿Parafilia? Lo que tengo claro es que el deseo es algo políticamente ingobernable.

jueves, 16 de abril de 2026

#hemeroteca #outing #armarios | “No existe el derecho al armario”

Vito Quiles //

“No existe el derecho al armario” 

El ‘outing’ ha vuelto a ocupar un espacio en la compleja tribuna de las redes sociales. En esta ocasión, la discusión tiene su origen en el enfrentamiento entre el tristemente célebre Vito Quiles y la periodista Sarah Santaolalla. 
Ramón Martínez | El Salto, 2026-04-16
https://www.elsaltodiario.com/lgtbiq/no-existe-derecho-al-armario

Una vez más, una nueva generación ha de enfrentarse con antiguos debates. El 'outing' —la práctica de sacar del armario de las identidades LGTBI+ a quien no desea ser visible, a la fuerza y contra su voluntad— ha vuelto a ocupar un espacio en la compleja tribuna de las redes sociales. En esta ocasión, la discusión tiene su origen en el enfrentamiento entre el tristemente célebre Vito Quiles y la periodista Sarah Santaolalla, que, harta ya de la persecución a la que la somete el ultra, publicaba el pasado sábado un mensaje en lo que una vez se llamó Twitter: “Sé dónde vive Vito Quiles y jamás lo filtraría ni iría a su casa. Sé los hombres con los que se enrolla Vito Quiles y jamás les acosaría”.

La polémica estaba servida: durante horas, todo tipo de cuentas —algunas de veracidad más que dudosa, otras de credibilidad más que cuestionable— vertieron a la red sus reflexiones sobre el suceso: una periodista 'progre' había revelado la supuesta sexualidad secreta de otra persona. Hubo quien dijo que se trataba de un caso de homofobia mientras, por otra parte, algunas personas consideraron que, en este caso concreto, el perfil de Quiles legitimaba esa exposición pública. Merece la pena, una vez más, detenerse un momento a reflexionar sobre el problema.

Hace más de treinta años, el periodista estadounidense Michelangelo Signorile publicó 'Queer in America: Sex, The Media, and the Closets of Power', un ensayo fundamental para la elaboración del discurso activista en torno a la idea del armario. En sus últimas páginas, resumen de su contenido y propuesta ideológica a un mismo tiempo, el escritor comparte 'A Queer Manifesto', un texto atrevido, polémico y muy sugerente donde se recogen algunas afirmaciones que nos invitan a una reflexión profunda sobre el tema. “El 'derecho' al armario no existe —dice Signorile—. Si estáis dentro del armario no es por elección. Habéis sido forzados a meteros en él desde la infancia, y habéis sido presos de una sociedad hipócrita y homófoba”.

Para el periodista ese dispositivo que denominamos 'armario' no es un sencillo instrumento que asegura la autonomía para gestionar nuestra intimidad, sino una herramienta que emplea la cultura de la homofobia —la cultura en la que aún nos movemos, aunque en ocasiones se nos olvide— para impedir nuestra visibilidad, esto es, nuestra libertad para expresarnos como quienes realmente somos. Signorile entiende el armario como una forma de opresión y, a partir de esa idea fundamental, defiende que la visibilidad es una responsabilidad ética individual y, al mismo tiempo, colectiva. Hay que salir del armario y, en caso de que sea imposible en este momento —son muchas las excusas posibles, muchas las familias intolerantes, muchos los entornos laborales opresivos—, cada cual debe elaborar su propio plan para librarse cuanto antes de la prisión del 'closet'. El escritor también recuerda “a los 'armarizados en el poder' su responsabilidad y con tono firme y amenazador advierte de que pueden ser desenmascarados”.

La publicación del texto de Signorile provocó largas e intensas reflexiones en todo el tejido asociativo. En nuestro país, a grandes rasgos, el debate sobre sobre el armario y la práctica del 'outing' se cerró con una conclusión certera: es necesario respetar el plan de liberación personal de cada individuo, pero también es legítimo denunciar la hipocresía de un sinfín de mandatarios y figuras públicas que disfrutan de su sexualidad en secreto mientras en público defienden posturas represivas. Así se ha venido haciendo durante las últimas décadas y, precisamente por eso, sorprende ahora —o debería sorprender a quienes conocen nuestra historia reivindicativa— que tantas voces se levanten condenando las declaraciones de Santaolalla. Quiles, cuyas simpatías políticas son de sobra conocidas, cuyas actuaciones abusivas han sido señaladas públicamente de forma reiterada, es el perfecto ejemplo de persona susceptible de ser desenmascarada de manera legítima, de acuerdo a la filosofía que venimos o veníamos defendiendo hasta ahora.

No cabe duda de que en múltiples ocasiones su comportamiento ha puesto en peligro el avance de los derechos de las personas LGTBI+ en nuestro país, de que colabora de forma activa con los poderes que insisten en cercenar cualquiera de nuestras libertades. Así, en caso de que realmente se sienta atraído por otros varones y haya mantenido prácticas que sus afines denominarían “sodomíticas” —confieso que desearía una negativa, por una pura cuestión de higiene moral en nuestras filas—, la información sobre la orientación sexual de Vito Quiles no puede mantenerse en secreto al amparo del respeto a la intimidad. En primer lugar, porque ha demostrado con sus prácticas que es un agente que colabora con la opresión, no un militante de la libertad, y, por otra parte, porque la orientación sexual no forma parte de la intimidad, es decir, que como aseguraba Signorile, “no existe el derecho al armario”.

La polémica a la que nos enfrentamos tiene mucha más profundidad de la que puede desgranarse en los pocos caracteres que se admiten en las redes sociales. Como digo, el quid de la cuestión no reside en el respeto a la privacidad, sino en la propia consideración de la orientación sexual como un elemento que se sitúa en la esfera de lo íntimo. Sucede que defender el derecho al armario implica aceptar veladamente la idea de que la sexualidad no normativa es un rasgo de la personalidad que puede llegar a convertirse en un estigma. Defender el derecho al armario significa claudicar ante una forma de pensar que contraviene de forma directa las bases fundamentales del que debería ser nuestro pensamiento reivindicativo: que la sexualidad, heterodoxa o no, de ningún modo puede adquirir connotación alguna, ni un valor positivo que nos presente como personas mejores, ni, por supuesto, una significación negativa que sirva como punto de partida para construir una discriminación.

Esa es la clave fundamental del que debería ser nuestro pensamiento, la piedra de toque que habríamos de utilizar para guiarnos entre las polémicas que provoca el contexto discursivo en el que nos situamos, cada vez más complejo, cada vez más inhabitable. En ningún caso podemos plantear que la sexualidad es parte de la intimidad, pues vendrá siempre alguien que nos invitará —amablemente o como siempre— a relegar nuestras identidades al armario, a cercenar nuestra personalidad porque alguno de sus componentes resulta incómodo a la supuesta mayoría supuestamente biempensante. En cambio, con quién te acostaste el fin de semana, qué prácticas realizaste con esa persona, etcétera, esto es, el propio ejercicio de la sexualidad, sí es una información que puede —y debe— mantenerse en el espacio de la privacidad, siempre respetable, siempre necesitado de protección.

Signorile afirmaba que “la sexualidad no es una opción. Es una orientación natural e inmutable. Todo aquello que no elegimos no puede considerarse privado, porque forma parte intrínseca de quienes somos. Alcanzar y mantener nuestras libertades exige saber diferenciar entre lo público y lo privado, para evitar las trampas a las que nos enfrentan los nuevos tiempos, los nuevos discursos de la represión. Con la excusa de un supuesto derecho al armario se nos invita de forma implícita a retrotraer nuestra libertad, pero el principio fundamental de nuestra reivindicación es la visibilidad, el único camino eficaz para transformar el mundo que habitamos. Es tan necesario como éticamente defendible condenar y exponer la hipocresía y, al mismo tiempo, es tan necesaria como éticamente defendible la invitación a la libertad. “Todos debemos salir del armario”. Palabra de Signorile.