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viernes, 29 de julio de 2022

#hemeroteca #trans #cisexismo | ‘Cisexismo y Salud. Algunas ideas desde otro lado' de An Millet: reflexiones y propuestas sobre la experiencia trans desde el otro lado del consultorio

El Diario / An Millet //

‘Cisexismo y Salud. Algunas ideas desde otro lado' de An Millet: reflexiones y propuestas sobre la experiencia trans desde el otro lado del consultorio.

Otra de las cuestiones fundamentales que me parece que se plantean en este libro es el tema de la accesibilidad que las personas trans y personas no binarias tienen al Sistema de Salud.
Lucía Barbudo | El Diario, 2022-07-29
https://www.eldiario.es/murcia/cultura/cisexismo-salud-ideas-lado-an-millet-reflexiones-propuestas-experiencia-trans-lado-consultorio_1_9206919.html 

An Millet (Buenos Aires, 1990) tiene una identidad amplia. Miembro de la disidencia sexual desde que descifró que nunca fue una chica, lesbiana desde los 16 años y militante de asambleas que propulsan y accionan el cambio social (Asamblea Lésbica Permanente y Serigrafistas Queer, entre otros espacios), se podría decir, citando a Whitman, que Millet es vasto y contiene multitudes. Como muches de nosotres, habita lugares diferentes simultáneamente y vive las contradicciones que resultan de complejizar lo personal y lo político. “Mi nombre es An, no fue el primer nombre que tuve y el costo que significó cambiarlo ha pedido mucho de mí. Soy humano, blanco, flaco, capaz, neurotípico o cuerdo, soy bajito, universitario, caderón, me crié en el conurbano norte de la Ciudad de Buenos Aires. En mí se intersectan una diversidad de privilegios y opresiones que tienen mucho que ver con que esté escribiendo este libro.” Desde la intersección de ser trabajador social y activista lesbiana transmasculina por los Derechos Humanos y, más concretamente, por los derechos de las personas lesbianas y trans, ha escrito su primer libro 'Cisexismo y salud. Algunas ideas desde otro lado', publicado por la editorial independiente argentina Puntos Suspensivos dentro de la colección Justicia Epistémica. “Apostamos por un conocimiento desde nosotres y para todes”, señala la editorial, mostrándose muy consciente del borrado de las personas trans en los campos de producción y difusión del conocimiento.

An Millet viene a expaña* en un momento en el que el feminismo hegemónico sigue insistiendo en su cruzada por el apartheid genital. Este verano está de gira de presentación de su texto, haciendo parada en Barcelona, Girona, Madrid y Menorca. La ruta lo llevará a presentarlo también en portugués en un centro cultural de Oporto para finalmente acabar el tour en Brasil. “Me he encontrado con relatos y trayectorias muy parecidos en territorios muy diferentes. Esto nos da la pauta de que el cisexismo, en tanto que sistema y estructura, opera de maneras muy similares incluso en contextos geopolíticos muy distintos.”, señala An. “Siento que hay una potencia inconmensurable en que textos producidos en el Sur Global puedan ser escuchados, atendidos, usados en otros territorios, sobre todo, en el Norte Global. Esto pone en jaque la historia eurocentrada, traza puentes intercomunitarios y crea una red que me parece preciosa, con una potencia enorme”, reflexiona el autor sobre la acogida de su texto en las distintas presentaciones.

El libro de An nos presenta un texto que está a caballo entre el ensayo político, el diario personal, las memorias laborales y, como siempre pasa con la política, la terapia: “A mí me pasa que darle sentido a mis angustias y encontrarles sus bases sociales me ayuda a sentirme un poco mejor”. Millet aprovecha muy bien este eclecticismo para llevarnos de la mano a través de la búsqueda de su propia identidad (que no es otra que la de encontrar sus propias palabras para nombrarse), compartirnos reflexiones sobre las (siempre) múltiples realidades trans, y cuestionar su propio papel como trabajador social dentro del engranaje del Cistema** en el ámbito de la salud pública. Como buen activista asambleario de fuertes creencias y prácticas en el valor de lo colectivo, podemos leer que An hace en varias ocasiones hincapié en eso de “pensar juntes”. Efectivamente, pensar es un verbo colectivo. El resultado es un texto que nos hace, literalmente, muchas preguntas, nos interpela proponiéndonos participación y diálogo, una herramienta pedagógica en el formato de un libro-conversatorio con el que poder desmantelar las estructuras cisheterosexistas haciendo las preguntas pertinentes; parafraseando al autor: preguntar para aprender a preguntar.

Otra de las cuestiones fundamentales que me parece que se plantean en este libro es el tema de la accesibilidad que las personas trans y personas no binarias tienen al Sistema de Salud. En el momento en el que una persona trans pone un pie dentro de una de sus instituciones, se activan una serie de violencias que las personas con privilegio cis nunca tenemos que soportar. Como describe Millet lúcidamente, el Sistema de Salud te mira sin ojos, y es desde ahí que juzga y discrimina sin entender ni ver lo que tiene delante. Si por algo se ha caracterizado históricamente la ciencia médica es por ser el baremo legitimador de todo tipo de discriminaciones y desigualdades, intentando revestir de Verdad Absoluta, bajo el pretexto de ser indiscutible porque es ciencia, lo que no es más que pura subjetividad ideológica. “Me interesa especialmente saber qué se ve desde nuestro lado del consultorio”, escribe An.

Me parece interesantísimo, desde el punto de vista dialéctico, desde la re-codificación de la violencia y desde la agencia del sujeto trans, el juego de espejos que propone An Millet en el subtítulo de esta primera obra: “Algunas ideas desde otro lado”. Ese otro lado es la otra parte de la mesa de la consulta; es hacia donde apunta el altavoz de la sala de espera que anuncia el nombre equivocado; es el uso del pronombre que ya te han dicho que no es, pero la administración se sigue empeñando en usar; son los formularios desenfocados; son las casillas que faltan. “Les vemos la mirada”, anuncia An mientras sostiene el espejo, “Les vemos las ideas y las prácticas, las preguntas desubicadas, los comentarios que no vienen al caso, ¿no se dieron cuenta de que de este lado del lente también se ve?” La propuesta de An, desarrollada en la segunda parte de su ensayo y que lleva por título “Descisexualización”, es potente, revolucionaria e increíblemente ambiciosa: desaprender las violencias, desgenitalizar las instituciones, desheterosexualizar el Cistema entendido como espacio público, cuestionar (en todos los ámbitos y, más concretamente, en la salud) los códigos relacionales donde opera el género envuelto en la carcasa tramposa y equívoca del aspecto físico. Se hace necesario, para ello, reconocer, en un ejercicio de memoria y justicia histórica, que les profesionales se han formado en toda su trayectoria educativa dentro de unas dinámicas de poder que han sido naturalizadas y asimiladas como “normales” creando espacios de injusticia y desigualdad: “Pienso que el conflicto no radica tanto en la ausencia de formación profesional, sino más bien en el cisexismo imperante en todas las trayectorias educativas.”

La crítica fundamental de Millet al cisexismo se desarrolla en paralelo con la dinamitación de “la normalidad”, entendida como un espacio de producción de lógicas hegemónicas que generan exclusión. Las estructuras cisexistas operan entonces en las personas trans de la misma manera que lo hace el racismo, el patriarcado o el capacitismo sobre otros grupos discriminados, violentados y oprimidos. La normalidad es el glosario sociocultural que explica y desarrolla las normas, lo que es y lo que no, lo que debes ser y lo que no, dónde debes entrar y dónde no. La normalidad es el espacio seguro donde se mueven, de manera automática, privilegiada e irreflexiva, todas las personas que encajan. “El motor de este libro reside en la convicción de que podemos aportar a la producción de procesos de salud-enfermedad-atención-cuidados más justos, de mejor calidad y menos dolorosos”, concluye. Brindemos por eso, An. Gracias por este ensayo imprescindible.

*Digo ‘expaña’ por sentir la patria como algo flácido y minúsculo y por haberme divorciado felizmente de este país y de sus tantas decisiones necropolíticas de fronteras.
**Juego de palabras que hace uso del prefijo –cis para denunciar que el mundo (Sistema) en el que vivimos invisibiliza o excluye a las personas trans.

miércoles, 24 de octubre de 2018

#hemeroteca #transfobia #transfeminismo | Mi problema con las transfóbicas (incluyéndome)

Imagen: Somos Chueca / Octubre Trans en Madrid
Mi problema con las transfóbicas (incluyéndome).
Las lesbianas, las bisexuales, las trans, las personas no binarias como sujetos políticos, no solo luchamos contra la opresión de lo heteronormal y por la libertad sexual, luchamos contra el patriarcado en toda su demencial violencia y racismo.
Gabriela Wiener | El Diario, 2018-10-24
https://www.eldiario.es/zonacritica/problema-transfobicas-incluyendome_6_828427171.html

Cometo transfobia cada dos días. Mi hija me mira mal cada vez que me equivoco y le digo Vania a su amigo Iván. He dado por hecho que una mujer trans era un hombre cis en su propia cara. He sido poco sensible a la disforia de algunes, hablando por ejemplo de mutilaciones, porque ser directa siempre fue mi pistola. Nunca me acuerdo de poner advertencias a mis artículos, aunque hablen sobre temas difíciles y debería. Quizá porque yo misma me abro en carne viva cuando, aunque me advierten que no lo haga, leo los insultos racistas que me dejan los trolls cada día. A mí nadie me advirtió lo que iba a ser la vida.

Me he pasado varios días sin saber cómo resolver el dilema de que alguna trans, solo alguna, no me deje hablar de mi coño, ni de mi menstruación, tras siglos de callarnos la boca sobre nuestros asuntos, que ahora resultan que son privis. No voy a entrar en el ‘challenge’ de las opresiones, pero me ha costado, me cuesta, con todo lo poco privilegiada que me he sentido siempre, mirarme como una privilegiada respecto a otres, pero lo cierto es que lo soy. Y le debo al transfeminismo mirarme así también, sin concesiones. Con esto quiero decir que soy una mujer cis pero por lo menos no soy blanca. Con esto quiero decir que soy consciente de mis propias cagadas porque se me han cagado demasiadas veces encima y sigue pasando.

En un artículo de Alana Portero, al que siempre vuelvo para curarme las fobias de todo tipo, ella está en la manifestación del 8 de marzo, preguntándose si encajará en medio de todas esas mujeres blancas vestidas de morado, cuando le sobreviene una imagen del pasado: el día que se desmoronó ante su psicólogo diciéndole que “lo único que quería era ser una de ellas, una de las chicas”. Y sin embargo, en plena celebración de la huelga feminista, a la que se ha atrevido a ir por fin tras dudarlo mucho, ella está ahí otra vez en medio de la multitud, sintiendo “el miedo de la mujer barbuda, el miedo del hombre elefante”. Solo porque no es, porque no somos exactamente como esas chicas. Y entonces la emoción se torna en cautela o la efusividad en prudencia porque hay algo que no se completa, porque no estamos todes.

Por eso, cuando alguien habla en nombre del feminismo para excluir, para hablar de usurpación en el movimiento, pero ni siquiera puede usar la palabra trans en femenino y esa omisión huele de lejos a transfobia; cuando apela a una criatura biológica llamada mujer para encabezarlo; cuando desliza que el sujeto político “mujer” está en peligro si se expande, si se diversifica, si incluye a más sujetos, me siento como si estuviera bailando en una fiesta, marchando en una manifestación, militando en un movimiento en el que no encajo y me quedan pocas ganas de estar, de hacer el esfuerzo, de seguir adelante.

No, las lesbianas, las bisexuales, las trans, las personas no binarias como sujetos políticos, no solo luchamos contra la opresión de lo heteronormal y por la libertad sexual, luchamos contra el patriarcado en toda su demencial violencia y racismo, porque es con nosotres con las que el patriarcado mejor se ceba. Yo como Alana pienso que es imposible “dejarnos llevar por esa marea mientras una sola mujer sienta que la calle no le pertenece o que sobra en esa comunión femenina”. Mientras sigamos pensando que el sujeto político del feminismo es más Ana Botín que Alana porque la primera es cis y la segunda es trans.

Nada mejor, entonces, que usurpar y contaminar ese sujeto puro y supremo del feminismo, porque el feminismo no es una identidad, el feminismo no es una mujer, el feminismo no es hegemonía, el feminismo es una suma de identidades para la auténtica revolución. Nadie intenta arrebatar el lugar de nadie en esta lucha. Dejemos de entender de una vez por todas el feminismo como una multitud uniforme de chicas en la que muches no encajan y sí como una comunidad diversa que nos abraza.

viernes, 7 de septiembre de 2018

#hemeroteca #trans #interpretacion | Las personas y las historias trans, excluidas del mundo audiovisual

Imagen: Pikara / Elsa Ruiz
Las personas y las historias trans, excluidas del mundo audiovisual.
Los escasos personajes transexuales que se pueden ver en pantalla son interpretados en la mayoría de los casos por actores y actrices cis del género opuesto, hecho que agrava la estereotipación y la exclusión laboral de las personas trans.
Fátima Elidrissi | Pikara, 2018-09-07
http://www.pikaramagazine.com/2018/09/trans-audiovisual/

Los personajes transexuales brillan por su ausencia en el cine y la televisión de todo el mundo, a pesar que, en España, por ejemplo, las personas trans representan el uno por mil de la población. De ahí que su presencia en películas y series todavía genere titulares, tanto por el hecho de existir como por el intérprete que los encarna. Especialmente cuando un actor cisgénero es elegido para meterse en la piel de una mujer trans –como ha ocurrido recientemente con Paco León en la serie de Netflix ‘La casa de las flores’– o una actriz cis hace lo propio con un hombre trans –véase el caso de Scarlett Johansson en ‘Rub and Tug’ y su posterior retirada tras conversar con la comunidad trans y comprender los problemas detrás de su selección. Desde la perpetuación de estereotipos que denigran a las personas trans y niegan su identidad a la exclusión laboral. Porque si los pocos personajes trans del audiovisual recaen en intérpretes cis, parece utópico imaginar que un actor o una actriz trans pueda encarnar a un personaje cis.

Carla Antonelli
, actriz y diputada de la Asamblea de Madrid por el PSOE, explica la cuestión del siguiente modo: “El problema no es de actores o actrices a los que ofrecen un papel. Yo entiendo que para él o ella suponga un reto y no voy a estigmatizar. La falta de concienciación viene de las productoras, los jefes de casting y los directores. Creo que hay cantera suficiente y que no ha habido propósito ninguno de encontrar actores trans para interpretar a personajes trans”. Habla con conocimiento de causa: ella dio vida al primer personaje principal trans de nuestra televisión, Gloria, en ‘El síndrome de Ulises’, cuyas tres temporadas emitió Antena 3 entre 2007 y 2008. “Está muy bien la intención de visibilizar las realidades trans, pero al final no somos protagonistas de nuestra propia visibilización, lo que se convierte en una paradoja. Por muy buena que sea la interpretación, que las ha habido y las habrá, al espectador le quedará en la cabeza que algo falla, que algo no encaja”, añade Antonelli.

En esta línea se expresa también la CISterna Transfemmenista, proyecto para denunciar la transmisoginia en las redes creado por una activista trans, que señala: “Todavía está muy arraigado el concepto de mujer trans = hombre vestido de mujer y ridículamente afeminado, y el de hombre trans = mujer valiente que se corta el pelo y es fuerte”. Y continúa diciendo: “A las mujeres trans nos insultan en masculino, nos llaman maricones, nos pegan por vernos como tíos afeminados que se ponen vestidos. Por mucho que la serie [se refiere a ‘La casa de las flores’] sea una oda a la maravillosidad de las mujeres trans, el espectador seguirá viendo a las mujeres trans como señores vestidos de tía. Y eso es un problema enorme para una comunidad como la trans, que tiene una tasa de suicidio altísima por culpa de este tipo de violencias cotidianas”.

De la misma opinión es Mar Cambrollé, presidenta de la Federación Plataforma Trans y presidenta de la Asociación de Transexuales de Andalucía-Sylvia Rivera. “Primero, no dan espacio a las actrices trans y nos siguen situando en ese estereotipo que niega la identidad trans como algo natural. Es vejatorio y niega la autenticidad de las identidades trans porque se sigue haciendo hincapié en el sexo asignado al nacer”, señala. Segundo, el hecho de otorgar un personaje trans a un actor cis niega el acceso a un trabajo a las personas transexuales, cuya presencia en el audiovisual es prácticamente nula. En términos generales, Cambrollé recuerda que la exclusión laboral de las personas trans alcanza el 85% de desempleo, según la Organización Internacional del Trabajo, que por consiguiente lo considera uno de los colectivos más vulnerables. “Y después hay un factor añadido y es que, una vez tienen un trabajo, siguen sufriendo discriminación por parte de compañeros, encargados, jefes, el ‘mobbing’ o acoso laboral”, añade Cambrollé.

Abril Zamora, actriz, guionista y directora de teatro y televisión, es la excepción que confirma la regla. “Yo comencé la transición hace prácticamente un año y empecé a trabajar justo después porque tuve mucha suerte. Pero no es lo que pasa”, señala la intérprete, Luna en el drama carcelario de Fox España Vis a Vis. “Yo creo que me benefició haber trabajado antes como actor, sobre todo porque estaba muy metida en el meollo. Cuando me llamó la directora de casting me dijo que el personaje era una chica con un problema con las drogas y una secuencia, que no tenía nombre y que creía que yo podría hacerlo bien. Y como les gustó mucho la prueba la hicieron crecer”, explica. “Nunca se habló de que fuera trans, aunque era obvio porque lo interpretaba una actriz trans en un proceso muy inicial de la transición. Sin embargo, su trama no se centra en la transexualidad: se puede mencionar en algún momento como un rasgo, pero nunca se incide en eso. Creo que eso es la integración”, asegura. Por desgracia, lo más habitual es todo lo contrario.

“El gran tópico al que se reducen prácticamente todos los personajes trans es que sus arcos argumentales, sus historias, siempre giran alrededor del tránsito, normalmente muy medicalizado y a través de operaciones”, explica Pol Galofre, activista trans y coordinador de la iniciativa Cultura Trans. “Normalmente los personajes trans están puestos en la ficción para sorprender al espectador, explicar el proceso de tránsito médico en concreto o hablar de cosas que giren en torno al hecho de que sea trans. Eso genera personajes unidimensionales cuando las personas trans son personas con historias de amor, problemas laborales, problemas familiares y muchas otras historias”, cuenta mientras desgrana los estereotipos que dominan la representación del colectivo trans en el cine y la televisión.

“Siempre que aparece un personaje trans hay un desnudo integral porque parece que el público tiene la necesidad de saber qué tiene entre las piernas”, señala Galofre. “Otro tópico muy utilizado con las mujeres trans cuando no son visiblemente reconocibles como trans es revelarlo para que el personaje heterosexual que se ha sentido atraído por ella tenga un momento dramático donde vomite y llore porque piensa que se ha enrollado con un hombre. Hace referencia a una transfobia clásica que es negarle la identidad de mujer a las mujeres trans no solo cuando aparecen físicamente, sino que es una broma muy recurrente. Piensan que es un hombre y si se ha sentido atraído hacia él entonces será homosexual”, asegura. Y desde esta perspectiva se introduce otro conflicto habitual: si una persona hetero cis puede amar a una persona trans.

Respecto a los hombres trans, “es muy curioso porque hay muy poca representación en el audiovisual”. Y Galofre profundiza en el tema diciendo: “En la Historia del cine, si analizas los personajes masculinos que han aparecido vistiendo ropa de mujer siempre es para denostarlos, reírse de ellos o decir que son psicópatas. En cambio, cuando son mujeres que se visten de hombre suelen ser relatos de empoderamiento. Esas mujeres nunca llegan a transitar y ese proceso es una manera de liberarse, conseguir el amor o tener una vida más libre. Esto me hace pensar en las formas diferentes que tenemos de entender el travestismo y las presiones de género que aparecen sobre la masculinidad y la feminidad, cómo la feminidad es algo de lo que reírse y en cambio la masculinidad está premiada en todos los aspectos”.

Repasando estos tópicos, Zamora advierte: “Si existiera todo eso en la ficción española me daría con un canto en los dientes. Me parecería un avance que hubiera personajes trans, aunque fuera una prostituta que quiere operarse”. Y este será, precisamente, el debut como actriz de la fotógrafa Freyja Autumn en la película independiente de Isaac Ulam Bronko, una crítica a la sociedad normativa cuya presentación está prevista para 2019. “Yo tengo amigas que se están prostituyendo para poder operarse. Sé que no debería mostrarse solo eso, pero es real. Mi personaje quiere cambiar de vida y hace esto porque lo necesita, no porque le guste”, explica. Sobre su producción fotográfica, un medio de expresión donde trabaja temas sobre identidades trans y se utiliza a sí misma como modelo, Autumn señala: “Encuentro necesario y terapéutico hablar de nosotras”. Y reconoce que todavía se encuentra con rechazo en las redes sociales, por lo que añade: “El hecho de salir a la calle ya es hacer activismo para mí. Porque existo y es visibilizarnos: no solo estoy en la noche, también voy al médico, a trabajar o a comprar. Eso nos ayuda tanto a nosotras como al resto de la gente cis”.

Hablando de narrativa trans y de protagonizar su propio discurso, la cómica y humorista gráfica Elsa Ruiz lo tiene claro: “Yo estoy muy cansada de las historias que se cuentan siempre en los medios. Hay que hablar de las personas oprimidas y los problemas que enfrenta el colectivo para ponerlo de relieve, pero también hay que contar historias bonitas”. Como hace ella en sus monólogos y sus cómics. “Yo siempre digo de broma que estoy teniendo una transición tan bonita que ya le hubiera gustado a España porque mi familia, mis amigos, todo el mundo me apoya mogollón. En la ficción hay muy escasos referentes trans y lo que tenemos que hacer como sociedad es como en ‘Españoles en el mundo’. Ahí no te sacan a alguien que está viviendo en Taiwán en un contenedor de basura: sacan a un tipo que vive en un casoplón como la plaza de toros de Las Ventas y que luego tiene las narices de decir yo vine aquí por amor. Necesitamos los casos de éxito”.

Sobre la elección de actores cis para interpretar a personajes trans, Ruiz es tajante: “No es por ser políticamente correcta, ni por ser buenista, ni por la cuota de paridad, es que el sistema audiovisual no es más que una representación especular de la realidad”. En respuesta al argumento, bastante extendido, de que utilizar un actor cisgénero puede ser lo adecuado si el personaje trans aparece antes de la transición, defiende: “No. Hay una cosa que se llama caracterización y encima le vamos a dar más trabajo a otro sector del audiovisual”. Y pone como ejemplo al Brad Pitt anciano de 'El curioso caso de Benjamin Button'. En este sentido, Zamora añade: “El medio audiovisual es algo más que entretenimiento, es cultura y educa a mucha gente. Si no ves algo no existe”.

Todas las personas consultadas aportan algunas soluciones a la escasa representación de la comunidad trans. Mar Cambrollé defiende las políticas de acción positiva que favorezcan el empleo: “Yo pienso que es importante abordar la situación de las personas trans de una forma integral y transversal. Se ha hecho con otros grupos humanos objeto de exclusión: diversidad funcional, mujeres con maltrato de género o personas de edad avanzada. En todas estas situaciones ha habido políticas activas para favorecer el empleo”.

El resto de fuentes consultadas rechazan en general la aplicación de cupos en el audiovisual aduciendo el rechazo que habitualmente generan. Además, Galofre apunta: “Hay cosas que ya se están haciendo. Primero, los actores y actrices tienen que estar formados. En Barcelona la Sala Beckett tiene un proyecto piloto que se llama Espai DebuT, un proyecto formativo dirigido a personas trans para trabajar interpretación, representación, pensarse y pensar qué historias queremos contar y cómo las queremos contar”.

Agencias de modelos y de actrices y actores dedicadas al colectivo trans –en exclusiva o no– y directorios de profesionales trans, son otras propuestas mencionadas. Además, apuestan por la creación y no huyen de la comedia. “Lo que haría falta, y es un proyecto en el que me encantaría participar, es una serie de humor con personajes trans para visibilizar de una manera divertida y accesible esta realidad”, apunta Ruiz. Zamora señala en este sentido: “A mí me parece fenomenal que se frivolice con la transexualidad en la ficción. Hay que quitar el estigma y la comedia no puede ser un campo minado”.

Para terminar, ninguno rechaza que un actor o una actriz cis interprete un personaje transexual siempre que sea de su mismo género. Como ha ocurrido en la decana ‘Cuéntame cómo pasó’, que en su temporada número 19 introdujo en San Genaro a Angie, una mujer transexual interpretada por la actriz Julia Piera. A diferencia, por ejemplo, de ‘La que se avecina’ y la joven trans Alba Recio, interpretada por el actor Víctor Palmero. Galofre lo explica del siguiente modo: “Si la historia está bien contada y no es para reírse de nadie no tengo ningún problema en que un actor cis lo haga. Me interesa más cómo está explicado el personaje que la identidad del actor. Pero es complicado porque se niega fácilmente la identidad de la persona trans”.

En resumen, la CISterna Transfemmenista concluye: “Las personas trans estamos ganando en visibilización, pero no en normalización. Mientras sigamos haciendo películas sobre personas trans centradas en sus transiciones, en lo mal que lo pasan, en las familias que las abandonan y las rechazan; y estén interpretadas por personas del género contrario, seguirán viéndonos como bichos raros y las personas trans seguiremos sin tener referentes positivos en los que vernos reflejadas. La gran mayoría de contenidos audiovisuales actuales no hacen otra cosa que reproducir y extender estereotipos violentos hacia las personas trans. Basta de gente cis ocupando espacios y explicando nuestras movidas desde su perspectiva dramática, apocalíptica y morbosa. Dejadnos contar nuestras historias y que seamos nosotras quienes lo hagamos en primera persona”.

miércoles, 21 de febrero de 2018

#hemeroteca #transfobia | La muerte de Ekai: en el espejo de la experiencia de los campos de concentración

Imagen: Ecuador Etxea / Concentración en recuerdo de Ekai en Bilbao
La muerte de Ekai: en el espejo de la experiencia de los campos de concentración.
La discriminación, el acoso, los agravios, la violencia y la transfobia institucionalizada han sumergido la vida de las personas transexuales en una existencia que se encuentra por debajo de lo humano o incluso de vidas que se asumen como algo inconcebible e inhabitable.
Juan Gavilán - Filósofo y antropólogo | El Diario, 2018-02-21
http://www.eldiario.es/andalucia/enabierto/muerte-Ekai-espejo-experiencia-concentracion_6_742685762.html

Los campos de concentración alemanes representan uno de los episodios privilegiados de la historia de la infamia. El ingreso del prisionero en estos campos iba unido, según la narración de Primo Levi, a una serie de ritos violentos, gritos, insultos, golpes; una estrategia planificada de rituales siniestros con los que se vencía su resistencia y se anulaba su voluntad. Con la pérdida de su ropa, con el rapado de sus cabellos, dejándolos desnudos a la intemperie, fumigándolos y con los uniformes de rayas conseguían que se derrumbaran, que perdieran lo que los identificaba como individuos, o lo que es lo mismo, que dejaran de ser humanos.

La experiencia extrema de la crueldad logra terminar con la individualidad y la humanidad. La vida de un prisionero ha de consistir en trabajar, dormir, comer, enfermar, curarse o morir. Su vida le pertenece a los carceleros, que se encargan de que tenga una existencia repleta de sufrimiento. De golpe, y sin ninguna razón aparente, la vida del ser humano se introduce en un túnel lleno de zafiedad y horror. Alguien al que le arrebatan sus posesiones, lo separan de sus familiares, sus amigos y su vida cotidiana, se convierte en un ser vacío y sin valor, un ser sin dignidad que ve cómo se destruye su identidad para convertirse en un despojo, en una especie de nada con un número tatuado en su brazo. Como decía Primo Levi, la mirada, solo aquella mirada, con que aquel oficial lo miró en el campo de concentración lo dejó convertido en una piltrafa. Ante la mirada del oficial nazi perdió su valor y su dignidad y se vio despojado de su humanidad.

Lo interesante de la narración que hace Primo Levi de la vida en Auschwitz es que no se restringe solo al relato de los horrores, del sufrimiento generalizado, de la tortura continuada y de la muerte por las condiciones aberrantes en las que viven los prisioneros, sino que se extiende a la denuncia contra la violencia, la intolerancia, la opresión, las perversas manifestaciones del microfascismo en la vida cotidiana y, sobre todo, plantea la necesidad de pensar sobre el sentido de la vida del hombre y de la humanidad.

En el campo de concentración, el prisionero se repliega, ha de vivir bajo mínimos, sometido a las condiciones más duras, el hambre, el barro, el frío y la congelación. La vida se aleja de ellos, se oscurece e imposibilita el más mínimo reflejo de vida interior. Todos han de guardar las fuerzas para resistir al rigor del clima, la violencia, el dominio salvaje y cruel de la bestialidad, la muerte y la podredumbre.

Giorgio Agamben cree que los prisioneros de los campos de concentración y los refugiados que soportan una vida sin los derechos humanos representan el cuerpo despojado de la humanidad. El totalitarismo arrebata a estos hombres su humanidad, reduciéndolos a la vida desnuda, despojándolos de su capacidad afirmativa y creadora, formando así un cuerpo muerto y una negatividad concentrada.

En los campos de concentración, según cuenta Primo Levi, había unos prisioneros que se encogían en un rincón, abrazados a sus tobillos y se balanceaban desde adelante hacia atrás con un movimiento rítmico y pausado hasta que desaparecían. Jorge Alemán relacionaba a estos prisioneros con el fenómeno de la anorexia. El prisionero se encoge, se retrae y se aísla hasta que desaparece sin que nadie lo advierta.

Por lo demás, hay un paralelismo estrecho con la experiencia de todas aquellas personas que han tenido que soportar las condiciones extremas del rechazo, la soledad, la incomprensión, la marginación y la segregación desde edades muy tempranas. A las personas transexuales les pasa algo parecido. Ante los gritos y las amenazas, ante la incomprensión de su familia, se encogen, crean muros de silencio y aislamiento a su alrededor y desaparecen en una prisión invisible que se crea al margen de su voluntad. Son prisioneros y refugiados sin necesidad de salir de su hábitat.

Su vida consiste en sufrir el rechazo, en constatar que su identidad no coincide con lo que se espera de ellos, en desconectar, en retraerse, encogerse y desaparecer. Si los prisioneros del Lager sentían el dolor del exilio, la separación del hogar, la familia y los amigos, las personas transexuales se ven obligadas a excluirse, aislarse, refugiarse en un mundo de soledad y abandono. El poder impone un conjunto de normas que oprimen a las minorías excluidas y las deshumaniza. En realidad, es como si se mantuviera en guettos a la amplia diversidad de personas que asumen identidades sexuales y formas de vida ajenas o contrarias a la heteronormatividad y la cisnormatividad, como si se les encerrara en un apartheid, como si se los mantuviera en calidad de refugiados en el interior de su ciudad y su nación.

La violencia expulsa a las personas transexuales de la sociedad. Los insultos, las coacciones, el acoso y los golpes deshumanizan sus vidas. De la misma forma que en los campos de concentración se destruye al ser humano, la crueldad y la intransigencia terminan destruyendo a unas personas inocentes. El ambiente irrespirable del entorno los lleva a la muerte física o la muerte social. La discriminación, como decía Hanna Arendt, es una forma de matar sin necesidad de derramar sangre.

El ser apaleado por el sufrimiento, ya sea el prisionero o el excluido por motivos sexuales, se desvanece asfixiado, vacío, atrofiado. No basta con resistir, con sobrevivir y adaptarse a los tiempos de penuria y a las condiciones deprimentes de unas normas restrictivas y mutilantes. Hay un momento en que, después de la pesada carga del estigma, el dolor y la humillación, el individuo tiene que inventarse de nuevo desde la ruina y los despojos. Las personas transexuales tienen que reconstruir su identidad, necesitan traspasar las fronteras del dolor y el ostracismo.

En el ambiente asfixiante del zulo se gesta la identidad de la resistencia. El mismo carácter de constricción y subordinación, los límites impuestos a la identidad se convierten en la fuerza que genera la resistencia.

En el relato que construye Primo Levi sobre la experiencia concentracionaria resulta sorprendente que, después de haber conocido la cara del horror y la muerte, de haber vivido en las peores condiciones en que puede vivir un ser humano, cuando los aliados lo liberan, aun estando descalzo, hambriento y desesperado, el novelista descubre que en el fondo de sí mismo se ha mantenido muy débil la llama del sujeto. La vida sigue generando la subjetividad y la conciencia. Cuando menos lo esperaba, durante el largo viaje de vuelta, había renacido con el olor de la hierba del campo, con las ramas de los árboles mecidas por el aire y con la energía salvaje de la naturaleza que sentía bajo sus pies. A pesar del hundimiento, el ser humano mantiene el optimismo al creer que se puede seguir creando un espacio de libertad.

En ese libro impresionante de Primo Levi se nos ofrece la experiencia terrorífica de los campos de concentración, pero también se nos muestra la liberación como una alegría, un motivo de entusiasmo, que se eleva sobre un fondo de angustia y sufrimiento. Abandonar el campo de concentración abre un periodo de sufrimiento tan intenso como el del encierro; enfrenta al prisionero a una marea que amenaza con ahogarlo, lo atenaza la culpa de no haber hecho más, de no haber sido más solidario, de haber sobrevivido en lugar de otro que se lo hubiera merecido más. La dificultad consiste en encontrar la manera de ser humano de nuevo, de conseguir la forma de incorporarse a la vida. Y en esa misma tesitura se encuentran las personas que tuvieron que atravesar el desierto de una infancia y una adolescencia llenas de todo tipo de golpes, insultos, gritos, encierro, dificultades y soledad.

La discriminación, el acoso, los agravios, la violencia y la transfobia institucionalizada han sumergido la vida de las personas transexuales en una existencia que se encuentra por debajo de lo humano o incluso de vidas que se asumen como algo inconcebible e inhabitable. Y aun así, en la propia dinámica social se forma el empoderamiento de los desposeídos y los excluidos que exigen la aceptación de sus cuerpos, el reconocimiento de sus identidades y sus derechos. La multiplicidad de los cuerpos, las distintas formas de enfocar el deseo y las diferentes maneras de concebir las identidades pasan a ser una forma más de concebir la diversidad. Mientras tanto, la persona transexual se ha acostumbrado a vivir en las ruinas de la vida, ha tenido que soportar la existencia de un yo vacío, sin sentido, debilitado y casi destruido en el que se contempla el suicidio como una salida.

martes, 6 de febrero de 2018

#hemeroteca #cisexismo | ¿Es cisexista hablar de ‘campos de nabos’?

Dibujo trans de Mar del Valle
¿Es cisexista hablar de ‘campos de nabos’?
Leticia Dolera ha rectificado después de referirse con esa expresión al protagonismo masculino en la gala de los Goya. El uso por parte del feminismo de símbolos y consignas que identifican el falo con el patriarcado y el coño con la lucha de las mujeres es motivo de debates encendidos en las redes y en las asambleas. Escuchemos a las mujeres trans.
June Fernández | Pikara Magazine, 2018-02-06
http://www.pikaramagazine.com/2018/02/cisexista-campos-de-nabos/

“Os ha quedado un campo de nabos feminista precioso”, ironizó Leticia Dolera en la gala de los Goya, presentada por dos cómicos que habían anunciado que se sumarían “al carro del feminismo”. El uso de esa expresión como ‘zasca’ encendió el debate en las redes sociales. La actriz y directora tomó nota y rectificó con este tuit…

Twitter – Leticia Dolera, 2018-02-04: En la gala de ayer, el chiste de "el campo de nabos" hacía referencia a los hombres cis que presentaban, escribían y dirigían. No pensé en que a su vez invisibilizaba a las mujeres que tienen pene. El lenguaje es poder y está bien pararse a pensar en xq decimos lo que decimos.

…que a su vez provocó reacciones como ésta:

Twitter · Feministas Hartas, 2018-02-04: Leticia Dolera teniendo que pedir perdón por lo del campo de nabos y el patriarcado frotándose las manos de nuevo... Una gala donde se pide "más mujeres" y que al final salga señalada como tránsfoba una mujer feminista y luchadora. Qué triste lo que hacéis...

La escritora y dramaturga Álex Portero es una de las tuiteras trans que ha utilizado esta red social para reprobar el uso de expresiones que emplean el pene como equivalente de los hombres o del patriarcado. “El poder del lenguaje es una gran batalla de las mujeres, se lo decimos a los tíos todo el rato, me parece incoherente no tenerlo en cuenta con nosotras”, argumenta.

En efecto, las iniciativas por un uso no sexista del lenguaje han sido utilizadas por los machistas para caricaturizar a las feministas como unas sectarias que quieren destruir la lengua castellana. ¿Pero qué ocurre cuando a las mismas feministas que cuestionamos la carga misógina de expresiones como “coñazo” se nos pide que reflexionemos sobre expresiones que apuntalan el binarismo de género? Pues que las resistencias—y me incluyo— recuerdan a las de los ‘señoros’:

Twitter · Sara, 2018-02-04: Cuando ante correcciones y clamores por visibilización de mujeres trans y otras minorías reaccionáis ignorándolas o despreciándolas diciendo «qué susceptibles» «qué exageradas» «flaco favor», ¿Sabéis a quién sonáis?

Otras veces, en cambio, los toques de atención llevan a una reflexión y a un debate enriquecedor. Por lo pronto, en Pikara nos proponemos escuchar y rumiar.

Desgenitalizar la identidad de género
Las tres mujeres feministas trans a las que hemos consultado para este reportaje coinciden en considerar que la expresión “campo de nabos” es problemática. Coinciden también en aplaudir a Leticia Dolera por haber tomado nota del toque de atención.

La cantautora Alicia Ramos reconoce que la expresión ‘campo de nabos’ es un recurso metonímico que, aunque simplifica, ha sido eficaz para el feminismo. “No creo que sea como para ofenderse y poner palos en las ruedas a un movimiento que está avanzando, yo misma he podido hablar de ‘campos de nabos’ alegremente”. Dicho eso, explica que romper con la identificación atávica entre genitalidad e identidad sexual es un frente importante de la lucha por la despatologización de la transexualidad. “Utilizar ese tipo de expresiones regenitaliza los conceptos de hombre y mujer, e imagino que no contempla los géneros no binarios. Apuntala una serie de prejuicios que puede ser una fuente importante de dolor. Eso es cisexista”.

La sexóloga Aitzole Araneta ve en estas polémicas una oportunidad para hacer pedagogía. “Cuando escuché a Leticia Dolera decir ‘el campo de nabos feminista’, pensé divertida que yo también soy parte de un campo de nabos. Sé que se lo decía a los presentadores, dos tíos hablando de feminismo, pero lo pensé. Dar un toque está bien para que la gente entienda que no todas las pollas son de hombre”. Eso sí, cree que hay que cuidar las formas y a las interlocutoras, sobre todo en las redes sociales, que se prestan a la confrontación: “No quememos en la pira a grandes aliadas como Leticia Dolera”.

¿Pollas violadoras?
El año pasado, la Plataforma Antipatriarcado —página de Facebook que se adhiere al feminismo radical, abreviado como ‘radfem’—fue señalada como transfóbica por defender la necesidad de espacios no mixtos en los que sólo tengan cabida las mujeres con atributos físicos considerados femeninos. Se referían por un lado a los vestuarios—proponían cabinas individuales como solución para personas no binarias— y por otro lado a las asambleas feministas. En un comunicado posterior, aclararon que no cuestionaban la presencia de mujeres trans siempre que hubieran sometido su cuerpo a hormonación y cirugía, incluida la genital. “Es cierto (aquí no cabe hablar de prejuicios) que millones de mujeres víctimas de violencia machista, acoso y agresiones sexuales, se sienten intimidadas ante caracteres biológicos masculinos”, afirma este colectivo en un post.

En todo el comunicado, esta plataforma no hacía la menor mención a la violencia sexual a la que están expuestas las mujeres trans, independientemente de su anatomía. Según la Encuesta Estadounidense Trans de 2015, el 47% de las personas trans entrevistadas había sufrido una agresión sexual en algún momento de sus vidas. La consecuencia es reforzar un imaginario que relaciona a las mujeres trans con la violencia sexual, no como víctimas potenciales sino como una presencia intimidante para las únicas víctimas que mencionan: las mujeres cis. Además, que el criterio de admisión de una mujer trans en un espacio no mixto sea su anatomía, recuerda a vejaciones como los controles de sexo a los que se ha sometido a las deportistas. Más aún, la lucha por la despatologización trans cuestiona un enfoque médico en el que, para ser reconocidas, las personas transexuales tienen que acreditar la llamada “disforia de género”, con síntomas como la aversión hacia el propio cuerpo. Una mujer que se siente cómoda con su pene lo tendrá difícil para ser reconocida como tal. Otro motivo importante para romper la relación entre pene y masculinidad.

Lo recuerdo cuando Álex Portero dice que hablar de ‘campos de nabos’ o de ‘polla violadora a la licuadora’ supone “demonizar una parte de nuestra anatomía”. “No es sólo una expresión, se está construyendo un imaginario, una narrativa de la que quedamos fuera. Y es durísimo”. ‘Polla violadora a la licuadora’ es una de las consignas habituales en las manifestaciones feministas que ha sido cuestionada por cisexista. Portero y Aitzole Araneta consideran importante recordar que no violan las pollas sino los hombres y abogan por una expresión más certera, como ‘hombre violador al triturador’. Alicia Ramos, en cambio, corea ese lema alegremente en las manis: “Me siento ajena a esa controversia. Cuando grito ‘polla violadora’, es evidente que no estoy hablando de mí”.

Trajes con coño
En una asamblea para preparar la Huelga del 8 de Marzo, se plantea la duda: el símbolo del triángulo que se dibuja con las manos en alto en las manis, ¿es transexcluyente? El colectivo Artemisa así lo indicaba mediante un cartel publicado en Twitter el pasado marzo, que también desaconsejaba el ‘polla violadora’ y el aparentemente ‘queer’ ‘La virgen del Rocío era un tío’: “¿Símbolo del coño? ¡No! Recuerda que no todas las mujeres tienen coño”. El movimiento feminista adoptó el triángulo como un ejercicio de reapropiación del símbolo con el que el régimen nazi marcaba a lesbianas, gais y prostitutas, aunque en el imaginario colectivo se asocia al útero o a la vulva. A Alicia Ramos le parece que es positivo que en una asamblea feminista surja esa duda y se debata, “independientemente de la conclusión a la que lleguen”.

Las representaciones de la vulva son un elemento fundamental en la iconografía feminista: pensemos en las procesiones del coño insumiso o en consignas como “el papa no nos deja comernos las almejas” y “contra el Vaticano, placer clitoriano”. Citada por Mithu M. Sanyal en el imprescindible ‘Vulva. La revelación del sexo invisible’, Harriet Lener expresa la trascendencia de la invisibilización de la vulva: “Nosotros [se refiere a la cultura estadounidense] no hacemos el trabajo no con el cuchillo sino con el lenguaje: el resultado es, si se quiere, una mutilación genital psíquica. El lenguaje puede ser tan afilado y veloz como un bisturí quirúrgico. Lo que no se nombra no existe”.

Álex Portero afirma que es una leyenda urbana que las mujeres trans se sientan incómodas ante la representación del coño. “Lo del triángulo no me molesta, es un símbolo que ha servido, que no me invisibiliza ni me agrede. Comparto y hago mía la reivindicación del coño, porque su invisibilización y demonización ha sido una herramienta de opresión brutal por parte del patriarcado durante siglos. Si alguna compañera trans no está por esa labor, necesita revisárselo”. Lo que propone es “celebrar el cuerpo, campo de batalla de todas las mujeres, cis y trans, sin dejar otras anatomías fuera. Vivan las vaginas y vivan los penes de chica”.

Sin embargo, iniciativas como la de los trajes diseñados por Ernesto Altillo que lucieron como reivindicación feminista varios actores y actrices en los Premios Feroz, así como un concursante de Operación Triunfo, han sido cuestionadas por representar a las mujeres sólo con una anatomía determinada.

Twitter · Maltita, 2018-01-29: Más panoja y menos trajes feos, cutres y cissexistas.

Aitzole Araneta se remonta a la Grecia antigua para explicar lo arraigado que está el ‘locus genitalis’ —mis genitales determinan quién soy— en nuestra cultura. “Asociar unos genitales a una identidad no es un error sólo porque pueda ser doloroso a las personas trans; es un error porque es mentira. Hay chicas con pene o chicos con vulva, hay personas con genitales intersexuados y personas que tienen accidentes que afectan a sus genitales, que no dejan de ser las personas que eran”.

La solución no pasa por dejar de nombrar los genitales, sino, al contrario, por nombrarlos más en su diversidad. “Supone romper un tabú, porque a la vez que se ha dicho que definen nuestra identidad, se nos ha enseñado que son innombrables”. Como Portero, la sexóloga aboga por celebrar nuestros genitales y nuestros cuerpos diversos. No se trata de dejar de corear odas a la tijereta, sino de incorporar consignas que incluyan a las lesbianas con pene. Recordando un artículo de Pol Galofre, tal vez se trate de dibujar en trajes “la maravilla de los cuerpos ambiguos, de las tetas con pelo, los coños con polla, los cuerpos fofitos con caderas pero sin tetas, musculados y con tetas pequeñas, naturales o postizas. La maravilla de los cuerpos diversos que no llevan asignado un género”.

Una huelga feminista inclusiva
Cuando topa con iconos de váter geométricos que remiten al dimorfismo sexual —espalda ancha en el baño de hombres y cadera ancha en el baño de mujeres—, Alicia Ramos entra al que se identifica socialmente con las mujeres. “Mi espalda es más ancha que la cadera, pero sé que esos iconos esquematizan una abstracción”. Una abstracción que la excluye, pero como tantas otras que no se cuestionan tanto. “Colaboro con cantautoras andaluzas que se denominan como “del Sur”. Como canaria, pienso: ¡Del sur soy yo, soy de mucho más al sur!” Por ello, apela a una reflexión más amplia sobre el sujeto ‘mujer’: “Me parece flagrante que, en esa abstracción de ‘la mujer’ en singular tampoco se incluya a las gitanas o a las gordas“.

El lenguaje, textual o iconográfico, es sólo uno de los canales por los que se refuerzan las discriminaciones y las exclusiones. ¿Pero qué otros elementos tenemos que revisar para que una movilización feminista como la huelga del 8 de marzo sea transinclusiva? En su contexto de militancia feminista en Madrid, la cantautora afirma que siempre se ha sentido incluida y escuchada cuando ha planteado reivindicaciones de la agenda trans: “Creo que las bases, en la lucha en la calle. Estar dentro del movimiento, trabajando codo con codo con las compañeras ya es transinclusivo”. La vivencia de Álex Portillo es distinta: “Con no echarnos es bastante, porque eso yo lo he visto”. Pero llama también a la hermandad y el entendimiento: “Acogernos, dejarnos estar juntas, vosotras y nosotras, que somos la misma cosa, sólo que hemos partido de lugares diferentes, como ocurre con la clase social, el origen geográfico o la etnia. Con unos mínimos, estaremos todas a gusto, nos haremos fuertes y pondremos otro palo en la rueda del patriarcado”.
 
Twitter · Mar del Valle, 2018-01-22: Dibujito para dejarlo claro: las mujeres trans son nuestras hermanas. Si no es interseccional, no es mi maldito feminismo.

jueves, 11 de mayo de 2017

#hemeroteca #binarismo | El sexo de las estatuillas: ¿benefician los premios neutros a la igualdad?

Imagen: El Diario / Emma Watson, primer premio MTV 'libre de género'
El sexo de las estatuillas: ¿benefician los premios neutros a la igualdad?.
Emma Watson ha sido la primera en ganar un premio a la interpretación que no divide a los nominados por su género, y el debate está servido.
Mónica Zas Marcos | El Diario, 2017-05-11
http://www.eldiario.es/cultura/cine/Suprimir-genero-premios-solucion_0_642186080.html

Imaginemos por un momento que mañana dividen el Premio Nobel por género. Obras, investigaciones y grandes avances científicos serían destacados por partida doble, unos capitaneados por hombres y otros por mujeres.

Así se garantizaría un tardío equilibrio en el galardón más prestigioso del planeta, que ha reconocido la labor de 47 mujeres frente a los 815 hombres premiados. ¿Sería la solución?

Los premios de la MTV Movie & TV Awards no lo creen así. De hecho, en la última gala han optado por eliminar las categorías de Mejor actriz y Mejor actor para aunarlas en una sola de Mejor interpretación. Emma Watson estrenó orgullosa el primer premio "libre de género" por su papel en ‘La bella y la bestia’ y reconoció su bol de palomitas rojo como un triunfo para el feminismo.

"El primer premio a la interpretación en la historia que no separa nominados según sus sexos dice algo de cómo percibimos la experiencia humana", dijo una de las caras más reconocidas en la lucha de la igualdad de género en Hollywood. "Pero para mí, indica que la actuación es sobre la habilidad de ponerte en los zapatos de otro. Y eso no es necesario separarlo en dos categorías diferentes. La empatía y la habilidad para usar tu imaginación no deberían tener límites", continuó emocionada.

Watson suscribía las palabras de la columnista de The New York Times Kim Elsesser, que en 2010 afirmó que la separación "simplemente insulta a las mujeres, porque sugiere que ellas no saldrían victoriosas si la categoría fuese conjunta". En su artículo ‘Y el Oscar de género neutral es para...’, la experta en igualdad establecía una parábola como ejemplo de lo nociva que puede ser esta duplicación en la lucha feminista. "Imaginemos que la Academia presentase premios distintos para actores blancos y negros. A todas luces serían tachados de intolerantes y desfasados", escribió hace siete años.

Así ocurre en otras categorías cinematográficas como la dirección o el guión. Claro que en ellas, como en los Nobel, el premio Cervantes, los Priztker e incluso los Grammy, las mujeres son siempre el peso ligero en la balanza. El hecho de que la categoría neutra acepte a profesionales de ambos sexos no significa que tengan las mismas oportunidades. Pero también es cierto que separar los premios en 'Mejor actriz' y 'Mejor actor' solo maquilla una desigualdad enquistada en la industria del cine.

Nadie imaginaba que este debate fuese capaz de dividir así a la opinión pública. Los premios, en cuanto a escaparate del gremio para lucir su trabajo, ofertan su mejor mercancía en primera fila para facilitar el trabajo a los productores. O al menos la que les interesa vender. Por eso, perder un hueco seguro en el palmarés no es plato de buen gusto para los actores ni para las actrices.

"Es arriesgado porque nos enfrentamos a desaparecer, como desaparecemos de los guiones", opina Berta Ojea, actriz y secretaria de Igualdad de la Unión de Actores. El sindicato comprende la relevancia que tienen los premios para los intérpretes, sobre todo para las actrices, que se encuentran en una trinchera continua para demostrar la valía de su trabajo.

"Las cuotas para que las mujeres estén más representadas son necesarias. Pero en seguida nos dicen que favorece a la mediocridad, y eso no es cierto", dije Ojea. Para la portavoz, eso provoca que la sociedad reciba un espejo distorsionado de su vida cotidiana. Mientras que en la realidad hay tantas mujeres como hombres, en las ficciones ellas desaparecen casi siempre a la sombra de un héroe masculino.

"Apenas existen personajes de mujeres con una vida profesional, independencia o algo que decir en el libreto. Se reduce a ser la enamorada del protagonista", se lamenta la actriz.

Por esto último, la Unión de Actores no cree que la segregación de premios incida aún más en los estereotipos, en contra de uno de los argumentos esgrimidos a favor del género neutro. "Ayuda a perpetuar el estereotipo de que las diferencias entre hombres y mujeres son tan grandes que los dos sexos no pueden ser evaluados con igualdad en sus profesiones", escribía Elsesser en su columna de The New York Times.

El otro motivo que señalan los antiseparatistas es el de la concepción binaria del género per se. Este año, con la preselección de Kelly Mantle en los Oscar en ambas categorías, 'Mejor actriz' y 'Mejor actor', el debate alcanzó un nuevo grado de complejidad. También enlazó directamente con los próximos premios Emmy, donde la serie Billions suena muy fuerte y su protagonista, Asia Kate Dillon, no se siente identificada con ningún género. "¿Cómo no cuestionar esta concepción binaria en un mundo en plena revolución sobre la concepción del género?", se preguntaron en Vanity Fair.

Berta Ojea responde que "siempre hay que escuchar las peticiones de todos los colectivos, pero las mujeres no somos un colectivo, somos más de la mitad de la población". La actriz considera que comparar la lucha racial o LGTBI con la representación femenina es un error, porque "las mujeres (de cualquier raza u orientación sexual) somos la parte que falta para que los ciudadanos se sientan representados en el audiovisual".

Antes que la MTV fue Aragón
No hace falta cruzar el Atlántico y meterse entre las bambalinas de la MTV para encontrar unos premios que usan el género neutro. La Academia de Cine de Aragón hizo lo mismo en su última edición de los premios Simón. La ganadora a 'Mejor interpretación' fue la actriz Laura Contreras. "Intentamos minimizar el número de premios y pensamos que se entendía de una forma un poco sexista", explica José Ángel Guimerá, vicepresidente de la Academia aragonesa.

"Si se plantea desde el punto de vista de la igualdad, estamos valorando la interpretación como tal", explica en defensa de la decisión. Los premios Simón partían de un escenario paritario en el que la mitad de las nominadas eran mujeres. Pero esa no es la norma y, según creen los separatistas, tampoco animaría a los altos cargos del sector a cambiar la situación para las mujeres.

¿Qué pasa entonces con las directoras, las guionistas o las productoras? ¿No sería injusto para ellas? Por ejemplo, el 81% de las candidatas a mejor película de los Goya han sido dirigidas y escritas exclusivamente por hombres. Dividir el talento también en estas categorías supondría un trampolín para muchas cineastas y guionistas que están invisibilizadas en la industria. Pero el responsable de la Academia aragonesa lo considera "un disparate".

"Las galas serían eternas si empezamos a separar todos los premios entre hombres y mujeres, tendrían que durar hasta dos días", reflexiona Guimerá. Según él, habría que aplicar la discriminación positiva desde la raíz, no al final del proceso. "No me parecen tan importante los premios como los puestos de responsabilidad, es ahí donde se demuestra que vivimos en un mundo machista", argumenta.

Una forma de analizar la industria radicalmente opuesta a la Berta Ojea. Según ella, los premios y lo que aparece en la pantalla es "donde se asoma el trabajo". La opción neutra que se plantea la secretaria de Igualdad es un premio especial que valorase ficciones "que no estén sesgadas por los patrones sociales", como la discriminación por edad, la sexualización de las mujeres o la diferencia salarial entre actrices y actores. Entonces sí que aceptaría un premio a la interpretación "libre de género".

Quizá, con el cebo de un jugoso galardón, las productoras se animasen a financiar películas comprometidas con la igualdad y faltas de estereotipos. Una quimera que se debe gestar desde la médula del sistema, como coinciden tanto en la Unión de actores como en la Academia aragonesa. Ahí es donde tienen el poder y el dinero para crear un campo de juego igualitario, en el que, con suerte, las discusiones sobre el género de los premios no tendrían cabida.

jueves, 25 de febrero de 2016

#hemeroteca #transfobia | La transfobia de 'La chica danesa'

Imagen: El Diario / 'La chica danesa'
La transfobia de 'La chica danesa'.
Mar Cambrollé | El Diario, 2016-02-25
http://www.eldiario.es/andalucia/enabierto/transfobia-chica-danesa_6_488261198.html

Cuando están quedando obsoletas las prejuiciosas formas de entender y vivir la transexualidad fuera del contexto de la condición humana, desde el momento en que el activismo trans ha "herido de muerte" al discurso "biomédico" que se encargó de patologizar las identidades trans, ahora que el empoderamiento de las personas trans parece tomar fuerza, ganando espacio y creando un discurso propio, que está posibilitando la gran visibilidad de una nueva generación e incidiendo en el derecho internacional, instituciones gubernativas y no gubernativas, en la defensa de la dignidad, diversidad y la libre autodeterminación del género, como un derecho humano fundamental.

La gran pantalla con una gran operación de marketing nos ha vendido, como si de un producto se tratara, la historia inspirada en la vida de Lili Elbe, una mujer transexual de los años 1930, dándole carácter real; lejos de ello, es una "burda" adaptación de la novela de David Ebershoff, "La chica danesa", publicada en el año 2000, no exenta de prejuicios, donde el director Ton Hooper y la guionista de Lucinda Coxon, nos traslada a través del lenguaje y las ideas actuales a un drama donde quedan patente los mensajes subliminales que sólo desde una "óptica" cisexista es posible.

La trama reproduce todos los conceptos "médicos" y tópicos asociados a la transexualidad que nos anclan en la discriminación y desnaturalizan la condición trans, utilizando mecanismos de cosificación, control político de los cuerpos y de la sexualidad humana, sirviéndose del drama como herramienta, que soslayadamente sirve de instrumento para "imponer" sobre las personas trans y la sociedad conceptos cisexistas y binarios.

Lili, enamorada de Gerda, mantenía una relación de complicidad, atracción, deseo y una vida sexual plena y satisfactoria. En cuanto Lili se empieza a reafirmar en su identidad sentida, el "guionista" nos implanta el primer correctivo: a las mujeres trans no les pueden gustar las mujeres, imponiendo el "heterosexismo" y reconduciendo la orientación sexual de Lili, quien empieza a "coquetear" con hombres. Podría ser bisexual, pero no, el guionista se empeña en reforzar que la conducta "normal" es la heterosexualidad. Aún va más allá. Cuando Lili empieza a gustar a los hombres, no le es posible mantener relaciones sexuales con estos; se afianza el " odio a los genitales", supeditando el sexo y el género al genitocentrismo; "no eres mujer sin vagina", y si mantiene relación con hombres, es homosexualidad. El discurso genitocentrista reduce a las personas: mujer/femenino/vulva y hombre/masculino/pene.

Todo ello intensificado con frases que se repiten a lo largo del film, no casuales: "Quiero ser una mujer de verdad y completa" , "la naturaleza ha cometido un error que la medicina puede corregir". Un descarado e interesado discurso biomédico que se resiste a perder las ganancias que les proporciona la "patología" de las identidades trans y el "calzador" de la cisnormatividad, viendo como una amenaza la expresión de cuerpos diversos y la ruptura genital/cuerpo/sexo/género.

La Trans-revolución es un hecho que no tiene retroceso, la aportación social que hacemos desde lo trans nos liberará a todas y todos de corsés de falsas feminidades y masculinidades que se han forjado desde el sexismo, machismo, patriarcado, cisexismo y el genitocentrismo.

La revolución será trans o no será.

lunes, 4 de enero de 2016

#hemeroteca #transfobia | A todos los Alan y en especial a ti

Imagen: El Diario / Concentración en recuerdo de Alan, Sevilla, 2015-12-27
A todos los Alan y en especial a ti.
Mar Cambrollé | El Diario, 2016-01-04
http://www.eldiario.es/andalucia/enabierto/Alan-especial_6_470063001.html

El 'asesinato' social de Alan no es algo puntual. Diariamente nos 'asesinan' a muchas personas trans, menores y adultas, en el peor de los casos con la perdida de ese bien preciado que es la vida, pero en la mayoría de las ocasiones en situaciones cotidianas, familiares, entorno social e institucional.

María, Sonia, Lorena, David, Alex, Sergio, Gadiel, ¿sabéis de qué hablo verdad? Como yo tuve que soportar en mi adolescencia el desprecio de mi padre por mi condición de niña que no se ajustaba a las expectativas sociales y familiares, recibiendo a modo de jarabe "amargo" por fuerza, los correctivos que me recordaban que no era una "niña", ¿cuántos de ustedes lo han vivido y aún viven?

El desprecio y las burlas de compañeros del colegio, del trabajo, tener que mostrar un DNI que no se ajusta a tu imagen y que provoca las miradas indiscretas y risas de aquellos que han tenido el privilegio de no ser cuestionados en su identidad y mucho menos tener una identidad legal que no se ajusta a su imagen.

Carla, Paula, Marco, Alex, Matías, vosotros que sufristeis el destierro familiar, teniendo que emigrar no a otro país, sino a un entorno hostil, a una sociedad pensada, normativizada y estructurada en el binomio excluyente y genitocentrista, que castiga la disidencia del género y las identidades no cisnormativizadas, rompiendo cual si de una figura de cristal se tratara vuestras ilusiones y esperanzas en mil pedazos, adolescentes, rotos, maltratados y exilados del amor y protección de sus familias, carne de cañón del mercado laboral, teniendo que aceptar situaciones de desigualdad o recurriendo para subsistir a profesiones "moralmente" no aceptables por los que imponen las normas desde el privilegio cisexual. Adiós a la posibilidad de estudiar. ¿Éramos torpes? No, teníamos que vivir y subsistir.

Mientras, el activismo trans no ha parado de buscar su espacio, compartir nuestras experiencias de vidas, análisis y reflexión teórica. Hemos tenido que hacer frente a la patologización de nuestras identidades por parte de un discurso biomédico, a la influencia de este en la clase médica, en las propias entidades LGTB y en la sociedad en general.

Ante la falta de referentes y por ser una minoría, nos vimos dentro de un conglomerado de siglas, todas haciendo referencia a la orientación y sin tener nada que ver con la identidad. Ello ha marcado de forma determinante el avance en todo el mundo de derechos para gays y lesbianas, dejando atrás y postergando las demandas relacionadas con la identidad sexual y/o de género, y al mismo tiempo ha perpetuado la confusión entre orientación e identidad, siendo de facto, una "negación" de la identidad, un "secuestro" de la VOZ de las personas trans y un "borrado" de nuestra participación en la historia del movimiento por la libertad sexual y de nuestra realidad.

Esta lucha de una comunidad identitaria por alcanzar la igualdad en derechos sociales y civiles y por desarrollar un discurso propio para combatir la discriminación, ha generado una información y referencia para las nuevas generaciones y sobre todo para las familias, que ha obtenido una fuente de información y formación y ha hecho posible la racionalización y naturalización de la realidad trans como parte de la condición humana y de la diversidad, deconstruyendo un discurso biomédico y unas normas binarias de los roles de expresión de género y de representación corporal basadas en el genitocentrismo.

Solo espero que la repercusión mediática y el gran apoyo social que ha suscitado la pérdida de nuestro 'hermano' Alan, no sea una vida más que se cobra una sociedad que fracasa cada vez que alguna persona tiene que pagar con su vida el ser diversa. Que su muerte no sea utilizada para 'justificar' la inacción de colectivos LGtB en lo relacionado con la transexualidad, que las promesas de las instituciones ante la presión del momento mediático no caigan en saco roto y que algunos no caigan en la bajeza de aprovechar la coyuntura para tener gratis una campaña de 'marketing'.

Miren, los niños a los que nos robaron nuestra identidad, los adolescentes a los que se les venden falsas expectativas cisexistas, las y los adultos trans, no queremos ser un 'ocio' o un 'negocio'. Queremos ser protagonistas de nuestras luchas, marcar cuáles son nuestras prioridades, hablar en primera persona, ser referentes para nuestros iguales. ¿Saben por qué? Porque lo contrario es perpetuarnos en la discriminación, es secuestrar nuestra voz. Cuando se habla desde el privilegio cisexual, es hablar para que no se arregle nada. Sólo quienes sufrimos la transfobia, podemos hablar para ganar; ganar leyes que nos garanticen ser iguales y que nos protejan de la discriminación.

Si verdaderamente hay voluntad y empatía, hay que cambiar las sinergias. Escuchen nuestras voces, apoyen nuestras demandas, papas y mamas estén de nuestro lado, acompañando y comunicando al mundo que ser madres y padres de hijos trans es una experiencia enriquecedora y que vuestros hijos han de tener los mismos derechos que los demás niños. Colectivos LGtB, es hora del encuentro desde la fraternidad, respetando nuestra autonomía, estando codo a codo, sin 'pecar' de querer ser nuestros interlocutores, apoyando nuestra 'mayoría de edad'.

A las instituciones: sin nuestra participación activa en las estrategias y políticas que nos conciernen, no será posible alcanzar esa igualdad transversal de la que tanto hablan en sus discursos, así como es el momento de reparar la deuda histórica con este grupo humano que conformamos la comunidad de mujeres y hombres trans.

Los derechos trans son derechos humanos. Que estos sean reconocidos, no pueden costar más vidas.