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sábado, 12 de abril de 2025

#hemeroteca #transfeminicidio | De la belleza al terror: la historia de Sara Millerey, la víctima del asesinato tránsfobo que conmociona a Colombia

Sandra Borja, mamá de Sara Millerey, con algunos retratos de su hija //

De la belleza al terror: la historia de Sara Millerey, la víctima del asesinato tránsfobo que conmociona a Colombia

El crimen, que ocurrió frente a múltiples testigos y a la luz del día, ha dejado atemorizada a la población diversa de Bello, Antioquia, y particularmente a las mujeres trans. La familia exige justicia y pide recordar a Sara por sus valores y su belleza, no por el video macabro que la hizo viral
Camila Osorio | El País, 2025-04-12
https://elpais.com/america-colombia/2025-04-12/de-la-belleza-al-terror-la-historia-de-sara-millerey-la-victima-del-asesinato-transfobo-que-conmociona-a-colombia.html 

Sara Millerey quería ser recordada como una mujer trans hermosa. Cuando se iba a dormir le decía a su mamá que era su hora de “reposar belleza”. Inició su transición de género a los 15 años y escogió Millerey como su nombre porque le encantaban las “mirellas”: las brillantinas, la escarcha, lo que iluminara su pelo y ojos. Una de sus amigas recuerda que la conoció en las calles de Bello, municipio aledaño a Medellín, y se veía preciosa bailando coreografías de Britney Spears. Sandra Borja, la mamá de Sara, quisiera recordar a su única hija así, como la niña más bella de Bello, muy amorosa con su madre. Si pudiera, cuenta, borraría de su mente la imagen por la que Colombia conoció a su hija de 32 años el fin de semana pasado: un video, de 28 segundos, en el que aparece ahogándose en una quebrada sucia, sin posibilidad de nadar porque alguien le había fracturado sus piernas, brazos y manos. “Ahora me voy a quedar con esas imágenes toda la vida”, dice entre lágrimas. “Me la mataron por ser ella”.

Colombia ha estado conmocionada con la crueldad que expone ese video en el que Sara intenta mover su cuerpo roto para buscar aire. El presidente Gustavo Petro ha pedido a las autoridades investigar el caso con urgencia, y en varias ciudades se han hecho eventos para denunciar la transfobia. En el primer trimestre de este año el odio ha asesinado a 13 personas trans. Sebas Zitrus, quien se identifica como persona no binaria y es codirector de la mesa ciudadana para la población LGBT en Bello, cuenta que el de Sara es el tercer asesinato este año contra la población diversa del municipio; los primeros fueron contra dos hombres gay. “Hubo mucha sevicia en el caso de Sara”, dice. “La población está dolida, indignada, nos ha movilizado mucho en el país, pero también hay mucho miedo. En nuestras familias hoy nos preguntan: ¿Y si luego fuera usted?”

Sandra, la madre

Sandra, de 47 años, recuerda que fue casi a las tres de la tarde del viernes 4 de abril cuando una hermana llamó a contarle que Sara se estaba ahogando. Corrió al barrio de Playa Rica, donde una quebrada pasa en medio de casas pobres de ladrillo, atiborradas unas entre otras. En las ventanas, y en un pequeño puente, había un “tumulto de gente” que filmaba, con sus celulares, a su hija que se ahogaba. “Mi primera reacción fue tirarme al río”, recuerda. La multitud le impidió hacerlo, pues la corriente era fuerte, y dos vecinos se lanzaron. “Yo le gritaba: ‘¡Amor amor, agárrese fuerte, agárrese de esa rama!”. Recuerda que Sara la miraba a los ojos desde lejos. La sacaron de la quebrada con hipotermia, los bomberos intentaron estabilizarla, y una ambulancia la llevó a una clínica en el centro de Bello. Sandra y una tía de Sara denuncian que allí las enfermeras la catalogaron en el triaje para el código tres, el de menor urgencia. “Dijeron que porque no llegó abaleada. Por Dios, si su cuerpo estaba roto por todas partes”, recuerda la tía.

“¿Quién la arrojó ahí?”, le preguntó Sandra a su hija. “Ella solo me miraba y me decía ‘mamá, dame agua, mamá, tengo mucha sed”, recuerda. Los médicos le decían que no podía tomar líquidos antes de los exámenes. “Mamita, me voy a morir”, le dijo Sara. “Claro que no mi amor”, respondía Sandra. Pero un pulmón estaba perforado y Sara tuvo un paro cardiaco en la madrugada. En la mañana del sábado ya estaba entubada. Sandra empezó a entender lo inevitable. Le pidió perdón por sus errores, le perdonó los de ella. Sara Millerey González Borja murió el sábado 5 de abril, a las tres de la tarde, tras un segundo paro cardiaco. Su madre fue la última persona en verla.

“Me arrodillé en su cama, la abrazaba, le daba picos, le decía que la amaba mucho. Le dije que se fuera donde Dios, porque en el cielo nadie me la va a humillar ni discriminar por ser ella”. Recordó que su hija le pidió un día que, si fallecía, la vistiera de blanco. Entonces salió a comprar una sudadera blanca nueva, unos pendientes con perlas y una corona de hojas rosáceas. Pero el cuerpo de su hija estaba tan deteriorado que los servicios funerarios pidieron no vestirla sino despedirse de ella en un ataúd cerrado. Nadie pudo ver a Sara como ella quería, hermosa y de blanco, en su velorio.

A la misa de entierro, el martes 8 de abril, llegaron decenas de vecinos de Bello. “Queremos pedir que se haga justicia, esto no puede pasar por alto, hoy fue ella y mañana puede ser cualquiera”, dijo un tío de Sara en el altar. Funcionarios de la Alcaldía fueron criticados por no usar el nombre de Sara Millerey en sus comunicaciones, sino uno masculino. No pasó así con el sacerdote que lideró la misa. Sara Millerey se sentía mujer, dijo el padre, “como cualquier mujer. ¿Qué le quitaba el mundo? ¿Qué le arruinaba al mundo? ¿Qué cambiaba en el mundo? Miren, muchos de aquí viven así, y con miedo, porque acá hay mucho homofóbico”. Sandra, la madre, cuenta que se le infló el corazón con las palabras del cura, quien le pidió a Dios, en su sermón, “que el dolor de Sara llegue hasta este momento”.

Ginna, la amiga
Ginna, una mujer trans de 38 años, pide no dar su nombre real. El asesinato de Sara la ha llenado de pánico. Cuando una conocida le envió el video, el domingo 6 de abril, recuerda entrar en shock y llorar, por horas, al ver el cuerpo quebrado de su amiga. Perdió el apetito, está tomando pastillas para poder dormir, no quiere salir a la calle. Ellas compartieron novios, desamores, fiestas, consejos. Miró el video varias veces: “sé que es muy amarillista, pero si no hubiera sido viral, la gente no hubiera sabido todo lo que nos sucede realmente: cosas así pasan a cada rato con las maricas, que nos dan unas ‘pelas’ que son pa’ no pararse”. Guarda en su celular otro video de Sara, en el que se le ve cantando y bailando una canción de Amanda Miguel: “No quiero flores cuando muera, las quiero ahora en mi jardín”. Así prefiere recordarla.

Ginna no descarta que algún tipo de “limpieza social” esté detrás del asesinato de Sara —en la guerra colombiana ha habido varios momentos en los que grupos armados se han ensañado con la población diversa—. Y en Playa Rica hay muchos “combos”, como se les dice a las pandillas. Ginna es trabajadora sexual, como lo fue Sara desde sus 17 años. Cuenta que su amiga tuvo desde entonces una difícil adicción a las drogas, que la llevó a ser habitante de calle en varios periodos. Dice que no sabe si la mataron por ser una mujer trans, por mendigar, por su adicción, o por ser trabajadora sexual. Todo esto la hacía particularmente vulnerable.

“Algo raro está pasando. Ahora me da miedo atender clientes”, cuenta Ginna. “Después de lo que le pasó a Sara, me han escrito al WhatsApp más de 30 hombres para que los atienda, y me parece sospechoso, porque estos días son fríos en el puteo. Yo soy una trans muy visible, y ahorita soy de las que más se tiene que cuidar”. Dice que no ha recibido amenazas, pero sí otras compañeras, por WhatsApp y por redes sociales: “les dicen ‘cuídense maricas hijueputas, ya vieron lo que le pasó al otro cacorro y eso mismo les va a pasar a todas”. Ginna prefiere trabajar estos días como ‘Webcammer’: si los asesinos querían asustarlas, lo lograron.

Para Ginna hay algo extraño en el asesinato de su amiga: fue a plena luz del día, cuando usualmente a las trans asesinadas “les ponen trampas para que lleguen a lugares privados, o las montan en carros y les hacen de todo donde nadie vea”. Hace dos años, por ejemplo, varios hombres gay fueron invitados a cuartos de hotel a través de la aplicación Grindr, para ser asesinados. Ginna recuerda que a Luna, habitante de calle y amiga de Sara, la mataron a puñaladas una noche, en la calle, cuando dormía. Algo parecido pasó con La Juana y La Tita, asesinadas en su casa. A La Javi la mataron en una peluquería. Hace 8 años fue Susana Fonnegra, en un parque de madrugada. Son múltiples casos en la impunidad. “A Sara no solo es que la asesinaron, sino que querían mostrarle a todo el mundo lo que hicieron, no querían esconder su crueldad”, dice Ginna.

Otra cosa le impresiona: varios vecinos de Playa Rica vieron a los culpables. “Supe que mucha gente intentó ayudar a Sara cuando la estaban golpeando, los vecinos gritaban para que pararan. Pero los hombres les respondieron que, el que se metiera, también le daban. Se la fueron llevando a la quebrada. Ella quería huir pero ellos iban detrás, pegándole. Hasta que la botaron al agua”, dice. La policía ha estado interrogando a los habitantes del barrio, según pudo confirmar El País con uno de los vecinos, pero no ha detenido a nadie. Aunque las autoridades han ofrecido una recompensa de 100 millones de pesos (unos 23.000 dólares) por información sobre los victimarios, si los vecinos tienen miedo de los combos, como sospecha Ginna, es probable que prefieran el silencio.

Sara, la autora

Sara Millerey escribió su propia historia. La tituló ‘Mi autoría’ y se la compartió a su mamá en varios cuadernos que Sandra quiere publicar. En esas páginas, Sara cuenta ahí que su padre maltrataba a su madre. “No me quería” porque “era demasiado femenina y mis delicadezas me hacían ver la vida como bebita y no como bebito”, escribe. Entonces, “mi mamá lo dejó”, y la cuidó con ayuda de una de sus abuelas. En su adolescencia, Sara tenía claro que ella se veía “como una mujer”, y alguna vez se escapó de casa para poder participar en un reinado, de sus amigas “las maricas”, donde sería coronada por ser la más bella.

Sara era muy religiosa. En esas memorias, cuenta que sus principios “siempre estaban con Jesucristo”, y que la primera vez que se enamoró fue de un cura. Se lo confesó. “Me excomulgaron, y ya no me permitían participar en las misas”, dice. Explica que se alejó de la iglesia católica, pero no de su fe en Cristo: “me conformaba sintiendo su presencia siempre”. Sara guardaba un cuaderno con “oraciones, rituales y hechizos”, en el que inventó un rezo para varios santos y para su mascota, el perro Nicolás. “Que jamás lo maltraten, y ni mucho menos sea golpeado”, pide. “Yo, Sara Millerey González Borja, afirmo que lo amo y acepto como un miembro más de mi familia”. Otro de sus rezos se titula ‘Oración para romper adiccione’s. En él, le dice a Jesús que él la conoce bien, con “mis vicios, mi adicción”, y le pide liberarla de “aquello que turba mi vida”. Hace unos cinco años, cuenta Ginna, Sara se enamoró y redujo su consumo de drogas. Empezó a vender dulces y decidió volver a estudiar bachillerato. En 2019 se graduó. Sandra le decía a su hija que estudiara Peluquería, ya que le gustaba tanto la belleza.

La muerte está muy presente en los escritos de Sara. En una página pide “mil gracias señor por darme un año más de vida”, en otra cuenta que “ha pasado muchos miedos y asechos”. Ruega por que nada le suceda: “preocupada grandemente por pasarme algo malo”, “que sean defraudados y humillados los que desean mi muerte”, “sea para mi el valor para vencer los muchos y demasiados peligros terrenales que me rodean”. No identifica quién la amenaza, ni hay fechas que indiquen cuándo escribió cada palabra. Pero pide recurrentemente por su vida. “Aleja de mi señor toda maldad, toda mala actitud y toda mala acción, toda idea en contra mi, sobre todo el hecho de violencia que me dañe o me deje sin vida”, escribe. “Si alguna vez se suceda, acompáñame con tu preciosa luz”. Termina uno de esos ruegos con un beso pintado en labial rosa, y otro con un “Amén, amén, amén”.

miércoles, 9 de abril de 2025

#hemeroteca #transfeminicidio | El transfeminicidio de Sara Millerey conmociona a la sociedad en Colombia

Sara Millerey //

El transfeminicidio de Sara Millerey conmociona a la sociedad en Colombia

Maximiliano Pérez Gallardo | France 24, 2025-04-09

https://www.france24.com/es/am%C3%A9rica-latina/20250409-el-cruel-transfeminicidio-de-sara-millerey-conmociona-a-la-sociedad-en-colombia 

Durante el fin de semana circuló en redes sociales un escalofriante video que muestra a Sara Millerey González, mujer trans de 32 años, arrinconada en las orillas de un río a las afueras de Medellín, momentos antes de morir ahogada tras ser brutalmente golpeada por un grupo de personas, aún prófugas. El crimen ha provocado indignación en diferentes esferas de Colombia, donde ya van 25 asesinatos contra la población LGBTIQ+ en 2025.

Sara Millerey González pasó sus últimos momentos en medio de las turbulentas aguas de la quebrada 'La García', en el municipio de Bello, ante la vista de algunos transeúntes y vecinos que grabaron la terrorífica escena.

La mujer trans de 32 años fue víctima de una brutal golpiza antes de ser lanzada al riachuelo. Los agresores le rompieron los brazos y las piernas antes de arrojarla al agua, con el objetivo de que Millerey no pudiera nadar hasta la orilla y pedir auxilio en tierra firme.

Según las autoridades, Millerey alcanzó a ser rescatada del agua por los cuerpos de bomberos y la Policía local en la tarde del 4 de abril, para después ser transportada a un hospital cercano. Sin embargo, los daños irreversibles en su cuerpo y las lesiones provocaron que muriera el 5 de abril.

“Fue víctima de un acto atroz y cargado de odio. A Sara la violentaron, le quebraron los brazos y las piernas y la arrojaron al río, y duele profundamente pensar que ocurrió ante la indiferencia de muchos”, dijo Lorena González Ospina, alcaldesa de Bello, a través de sus redes sociales.

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De igual manera, la alcaldesa anunció una recompensa de hasta 50 millones de pesos colombianos – unos 11.000 dólares – a las personas que tengan información que lleve a la captura de los responsables del crimen, quienes aún siguen libres.

"Violencia sistemática" contra la población LGBTIQ+ en Colombia
Fuera de las recompensas o los detalles terroríficos, el crudo asesinato de Millerey se suma a la preocupante lista de delitos mortales en contra de personas LGBTIQ+ en Colombia.

Según Caribe Afirmativo, organización defensora de los Derechos Humanos, en lo que va del año se han registrado 25 asesinatos en contra de miembros de esta población, de los cuales 15 eran personas trans.

"Este hecho no es aislado. Hace parte de una ola de violencia sistemática que enfrentan las personas LGBTIQ+ en el país, en especial las personas trans, quienes siguen siendo blanco de ataques que no solo buscan silenciar sus cuerpos, sino también borrar sus existencias", apuntó la oenegé Caribe Afirmativo.

Ya dentro de Colombia, la violencia en contra de las personas LGBTIQ+ se ha recrudecido en el departamento de Antioquia, que aloja Medellín y sus alrededores. De los 25 asesinatos registrados en 2025 en toda Colombia, 13 de ellos han sido perpetrados en Antioquia.

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Las organizaciones civiles por los derechos de la población LGBTIQ+ en Antioquia reconocen un patrón de violencia recurrente dentro del departamento.

Harley Córdoba Rodríguez, codirector de Derechos Humanos de la Alianza Social LGBTI, reveló para la revista colombiana 'Semana' que la organización emitió una alerta para la localidad de Bello en febrero, después de haber detectado "dinámicas de limpieza social dirigidas a población trans".

Antes del asesinato de Millerey, ya se habían dado dos casos similares de violencia en contra de personas trans dentro del municipio.

"Esto que pasó en Bello se llama fascismo": Petro reacciona al asesinato de Millerey
El vídeo que muestra los últimos minutos de vida de Millerey se viralizó a los pocos minutos de haber salido a la luz en redes sociales.

Uno de los primeros organismos en reaccionar a la noticia fue el Ministerio de Igualdad y Equidad, que convocó una mesa de casos urgentes con el Ministerio de Interior para impulsar un seguimiento cercano al caso, además de urgir a las autoridades locales en Bello y Antioquía para actuar prontamente en el esclarecimiento del suceso.

En sus redes sociales, el presidente colombiano, Gustavo Petro, lamentó la muerte de Millerey, mencionando que su asesinato fue un acto de "fascismo".

"Me critican que hable de nazismo. Sé perfectamente que el fascismo es la eliminación violenta de las diferencias del ser humano: políticas, religiosas, étnicas, de libertad sexual. Esto que pasó en Bello se llama fascismo, porque hay nazis en Colombia”, escribió el mandatario en su perfil de X.

Por otro lado, la congresista independiente, Jennifer Pedraza, condenó el asesinato de la mujer en el pleno colombiano, criticando también a las autoridades de Bello por haber utilizado el nombre de nacimiento de Millerey para referirse a ella después de su muerte.

"Es absolutamente indignante el transfeminicidio de Sara y la Alcaldía de Bello la revictimiza negando que era una mujer trans. Esa misma violencia que niega su identidad es la que permite y perpetúa estos crímenes. Este país le falló en vida y ahora también en su muerte. ¡Justicia para Sara!", expresó la congresista.

martes, 8 de abril de 2025

#hemeroteca #transfeminicidio | La tortura y el asesinato de una mujer trans en Antioquia pone en evidencia la transfobia en Colombia

BBC / Velatón en recuerdo de Sara Millerey //

La tortura y el asesinato de una mujer trans en Antioquia pone en evidencia la transfobia en Colombia

Sara Millerey González murió ahogada a las afueras de Medellín, mientras era grabada en video. El asesinato se suma a decenas de crímenes contra las personas trans en lo que va de 2025
Daniela Díaz | El País, 2025-04-08
https://elpais.com/america-colombia/2025-04-08/la-tortura-y-el-asesinato-de-una-mujer-trans-en-antioquia-pone-en-evidencia-la-transfobia-en-colombia.html 

La violencia quedó grabada y se hizo viral en redes sociales. Solo ante tal crudeza la sociedad colombiana, las autoridades nacionales y regionales han reaccionado con fuerza por la tortura y el asesinato de una mujer trans. Ella murió en un centro médico tras ser ahogada el fin de semana, en una quebrada en Bello, municipio vecino a Medellín, mientras era grabada en video. Nadie la auxilió. Su nombre era Sara (32 años) y era conocida como “La Millerey”. Las autoridades han detallado que a Sara le rompieron las piernas y los brazos antes de ser arrojada al agua, y ante las fracturas no pudo nadar.

De acuerdo con el Observatorio de Derechos Humanos de la oenegé Caribe Afirmativo, en lo corrido del 2025 se han registrado 25 asesinatos contra personas LGBTIQ+ en los que hay indicios que fueron víctimas por su orientación sexual o identidad de género. De esos, 15 eran personas con experiencias de vida trans.

Wilson Castañeda director de la oenegé, expresó su dolor por el hecho. “Nos angustia el nivel de sevicia, crueldad y dolor, la constancia de una práctica sistemática de querer aniquilarla”, dice vía WhatsApp. Señaló que 2025 ha sido un año muy violento para la población LGBTIQ+ en Colombia, a pesar de que el Gobierno de Gustavo Petro ha creado una oficina dedicada a temas de diversidad sexual y de género en el Ministerio de la Igualdad. Ni así cesa la violencia contra esta población. “La diversidad nos está costando la vida”, afirma el experto.

Luego de que el vídeo de la tragedia se hiciera viral en redes sociales entre este lunes y martes, varias instituciones públicas se han pronunciado. La primera fue la Defensoría del Pueblo, que alertó que en los primeros tres meses del año esa entidad de defensa de los derechos humanos ha identificado 13 transfeminicidios. Luego, la Alcaldía de Bello anunció que iniciaría las investigaciones para dar con los homicidas, de los que no se tiene información hasta el momento pese a la existencia de la filmación. Este martes también intervino el presidente Petro, quien compartió el vídeo y escribió: “(...) Esto que pasó en Bello se llama fascismo, porque hay Nazis en Colombia”.

Castañeda resalta que, si bien, las agresiones contra las identidades de género y sexualmente diversas se viven a lo largo y ancho del país, las tasas de más altas de esa violencia se dan en el Valle de Aburrá —la zona urbana que rodea a Medellín— y el distrito de Agua Blanca de la ciudad de Cali. Por ello, hace un llamado para que las autoridades locales de las dos zonas tomen decisiones efectivas. También subraya que es urgente que la sociedad se posicione activamente en contra de los discursos de odio que derivan en este tipo de graves agresiones. “La indiferencia social frente a nuestro dolor es altísima. Esa indiferencia es lo que permite a los victimarios aniquilar las vidas de la población LGBTIQ+”. Varias oenegés han convocado a una jornada de “velatones” en ciudades como Bogotá y Medellín, en las que exigirán justicia para Sara y las otras víctimas de la transfobia en Colombia.