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jueves, 5 de noviembre de 2015

#hemeroteca #educacion | Marina Subirats: “La escuela sigue transmitiendo una jerarquía de géneros”

Imagen: Tiching / Marina Subirats
Marina Subirats: “La escuela sigue transmitiendo una jerarquía de géneros”.
Tiching, 2015-11-05
http://blog.tiching.com/marina-subirats-la-escuela-sigue-transmitiendo-una-jerarquia-de-generos/

Cada vez oímos más casos de violencia entre parejas de adolescentes. ¿Están aumentando los casos?
No sabemos si realmente la violencia está aumentando, porque los recuentos de violencia anteriores son confusos. Lo que sí detectamos es un cambio preocupante en el imaginario de los roles de los adolescentes. Vemos, por ejemplo, en las encuestas, que aunque el porcentaje sea bajo aumenta el número de adolescentes que no consideran demasiado graves las agresiones de los chicos contra las chicas y que en algunos casos incluso los excusan.

¿Por qué sucede esto?
Las chicas jóvenes están aceptando un rol de mujer sumisa, aceptan el papel de objeto sexual. Principalmente es culpa de la publicidad que saca su imaginario de películas pornográficas que presentan a la mujer dominada, una víctima. Eso es ser sexy, y por lo tanto, aceptada e integrada en la sociedad. De esta forma vemos como repunta un machismo agresivo que se está poniendo de moda.

¿Y antes esto no sucedía?
No, antes educábamos a las jóvenes en la precaución: “los hombres son como son, para que no te pase nada debes recatarte, no dejes que te toquen, no llegues tarde”. Esta actitud, como mucho, llevaba a las adolescentes a querer probar aquello que les prohibían, a romper las imposiciones, pero no se exponían como lo hacen ahora. Superar los límites paternales impuestos era transgresor.

¿Es un problema de la educación de las chicas?
¡No! Yo creo que lo estamos haciendo peor en el caso de los chicos. La educación de las niñas ha cambiado bastante, se acepta que sean deportistas, que sean competitivas, que tengan personalidad. En el caso de los niños, seguimos anclados en modelos anteriores.

¿Qué tipo de modelos?
A los chicos se les sigue exigiendo que sean unos triunfadores, que peleen, que sean agresivos, que quieran ganar por encima de todo. Enseñamos a los chicos a imponerse. Este modelo de género está muy vigente y los niños de hoy lo aceptan porque les enseñamos que esto es una condición de su masculinidad, de su superioridad. Cuando de mayores se encuentran en situaciones en las que la mujer no hace lo que ellos quieren, se imponen, porque es lo que han aprendido.

¿Por qué ha sido posible un cambio en la educación de las niñas y no de los niños?
Por una razón muy sencilla. Los grupos oprimidos son los que están siempre más dispuestos a cambiar, porque ello les supone una mejora de su situación. El grupo que domina suele tener miedo al cambio porque, por lo general, con ello tienden a perder. En el caso masculino, este cambio les comportará una pérdida de poder. Los hombres se resisten porque creen que perderán su situación preeminente y sus ventajas, hay más resistencia al cambio por su parte.

Y la sociedad, ¿ha aceptado el cambio?
La sociedad entendió rápido el cambio por la siguiente razón: en el momento en el que se aprueba el divorcio, la gente entiende que la mujer no puede quedarse en casa dependiendo del sueldo del marido. En cualquier momento la pareja se puede romper y ella quedarse sin forma de supervivencia. Esto hace que el modelo tradicional fuera inviable.

¿Qué papel cree que juega la escuela?
La escuela, por lo general, reproduce aquello que existe. No es consciente de los elementos que pueden ser negativos. Hay escuelas donde las mujeres se han concienciado de la situación y han cambiado un poco. En ellas se ha trabajado mucho la coeducación. Pero no ha existido un cambio impulsado por la Administración, más bien depende de cada centro y su sensibilidad.

Cuando hablamos de coeducación, ¿exactamente de qué hablamos?
La coeducación es una idea que va cambiando a lo largo del tiempo. Partimos hace un siglo cuando las escuelas eran segregadas. Las escuelas de niñas tenían contenidos muy limitados: coser, rezar, cocinar… Para que las mujeres pudieran avanzar en la sociedad necesitábamos que las mujeres, como mínimo, tuvieran las misma cultura que los hombres.

De ahí las escuelas mixtas.
Exacto. Pero el problema es que mucha gente se ha pensado que la coeducación era solo eso, mezclar chicos y chicas.

¿Cuál fue el siguiente paso?
Antes de nada, debemos reconocer que las escuelas mixtas fueron un paso muy importante, pero que la escuela sigue transmitiendo una jerarquía de géneros.

¿En qué sentido?
Por ejemplo, los libros de texto continúan hablando más de hombres que de mujeres. En la práctica, inferiorizan a las mujeres.

¿Y esto cómo se revierte?
Pues para empezar, hay que cambiar la percepción de que las cosas de mujeres, como el cuidado de las personas (de niños, ancianos, etc.), es una cuestión de género. Hay que universalizar estas actividades.

De todas formas, aunque la escuela trabaje una serie de mensajes en esta clave, cuando los niños y niñas salgan a la calle se encontrarán publicidad sexista. ¿Cómo deben afrontar esta contradicción?
La sociedad no va a cambiar de un día para otro. Pero el colegio tiene una ventaja, y es que los chicos y chicas saben que la escuela es lo normativo, lo correcto, y todo lo que vaya en contra de ese mensaje que viene del colegio debe ponerse en cuarentena. La escuela debe transmitir ese mensaje y explicarles que ese comportamiento prevalece por encima de los otros.

¿Debemos darles herramientas para que sean críticos con los mensajes que contradicen lo que se les enseña en clase?
Sí, debemos enseñarles a detectar los sexismos, los comportamientos aberrantes. De la misma forma que en la escuela te enseñan a comer con cubiertos y luego en la calle vemos gente que come con las manos, en clave de género debemos trabajar igual.

Si pudiera cambiar tres cosas de la educación ¿Cuáles serían?
Para empezar, eliminaría el currículum tal y como existe ahora. Yo haría que el hilo conductor no fuera el aprendizaje de las materias instrumentales, sobre todo en el caso de Primaria. A edades tan tempranas, lo que deberíamos trabajar es el aprendizaje de valores, de hábitos, de actitudes. Debemos enseñar a los alumnos a vivir mejor, comer de forma saludable, relacionarse correctamente con las personas, desarrollarse, ser solidarios… La escuela debería priorizar aprender a vivir más que aprender cosas instrumentales a las que se puede acceder hoy en día de forma fácil.

¿Las asignaturas, tal y como se conciben hoy en día no son útiles?
Lo que es evidente es que hay que aprender a leer, a escribir, hay que saber matemáticas, historia… Pero este aprendizaje debe ser la excusa para desarrollar al individuo, para que aprendan a decir lo que piensan, a argumentar, a racionalizar. El contenido no debe ser el fin en sí mismo.

¿Qué otra cosa cambiaría?
Eliminaría los exámenes, eso seguro, y los libros de texto también. Los niños han de saber que necesitan aprender a escribir para poder explicar lo que han visto en una excursión, y a leer para saber qué es lo que han descubierto los compañeros en otra salida, por ejemplo. Pero les inculcamos que deben estudiar y aprender para pasar pruebas, para aprobar exámenes. Creo que esto es un grave error.

Y, ¿por último?
Efectivamente, cambiaría el tema de los géneros. Creo que la escuela debería transmitir otro tipo de valores. Hay que universalizar e integrar todo lo que se pueda considerar como cultura femenina. Hay que universalizar la empatía, la proximidad, la valoración de la vida. Y hay que fomentar la antiviolencia.

sábado, 3 de octubre de 2015

#hemeroteca #feminismo | Marina Subirats: "A los hombres hay que explicarles que una sociedad sexista les perjudica también a ellos"

Imagen: El Diario / Marina Subirats
Marina Subirats, exdirectora del Instituto de la Mujer: "A los hombres hay que explicarles que una sociedad sexista les perjudica también a ellos".
Marina Subirats, catedrática emérita de Sociología y exdirectora del Instituto de la Mujer, considera que "la coeducación, cuando se da, se ve aniquilada por esos modelos que pretenden perpetuar los roles tradicionales y a los que estamos sobreexpuestas a través de la publicidad". "Entre los dos y los tres años los niños y las niñas han adquirido ya una serie de estereotipos y no solo esto, han adquirido la idea de que los niños son superiores a las niñas". "No hay una opinión general en la sociedad de respaldo sin fisuras hacia las mujeres que sufren violencia de género".
Natalia González de Uriarte | El Diario, 2015-10-03
http://www.eldiario.es/norte/euskadi/hombres-explicarles-sociedad-sexista-perjudica_0_437106614.html

Marina Subirats, catedrática emérita de Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona, es especialista en sociología de la educación y sociología de la mujer. Este año ha sido la encargada de inaugurar el cuarto curso de la Escuela para la Igualdad y Empoderamiento de las Mujeres de Vitoria. En su conferencia "Nada está escrito" Subirats, que fue directora del Instituto de la Mujer, repasa la evolución de las conquistas de las mujeres, resaltando los logros y pero sobre todo remarcando los retrocesos. Advierte en su discurso de los peligros que entraña la 'hipersexualización' de las niñas para sus propias expectativas e insiste en que "una sociedad sexista perjudica a ambos sexos, a las mujeres pero también a los hombres en muchos sentidos". La llave del cambio, según Subirats, la tiene la coeducación.

La Escuela para la Igualdad y Empoderamiento de las Mujeres, cuyo curso ha inaugurado usted, es una entidad muy valorada y aplaudida por la sociedad aunque su mera existencia evidencia la desigualdad imperante. Esta realidad es reconocida de forma generalizada, pero parece que las aspiraciones de cambio de las mujeres escuecen todavía a ciertos sectores. ¿Por qué esta resistencia?
Las resistencias de los hombres al avance de las mujeres responden al miedo. Los hombres temen perder esa preminencia que la sociedad les ha dado históricamente por un conjunto de razones cuando las mujeres tengamos una igualdad. Hay que explicar mucho más que una sociedad sexista perjudica a las mujeres pero también perjudica a los hombres en muchos sentidos. Me he dedicado bastante a estudiar porqué los hombres mueren más que las mujeres en edades muy tempranas. Está muy relacionado con la idea de masculinidad que transmitimos a los hombres. El modelo de masculinidad les obliga continuamente a la competición, a asumir riesgos a veces letales para ellos, a demostrar de continuo que no tiene miedo pero les impiden la conexión con las otras personas y conocerse a sí mismos en términos de emotividad. No tendría sentido hacer cursos de empoderamiento para los hombres porque desde que nacen les empoderamos en exceso incluso, pero sí detenerse a explicar esto mucho más. Se les niega desarrollar aspectos que se les adjudican a las mujeres también en exceso como el dedicarse a los demás, ponerse al servicio de, la empatía…Tendríamos que hacer escuelas para ellos, para enseñarles a desarrollar la sensibilidad y la capacidad de sentir emociones.

La Ley de Igualdad se calificó como muy buena pero no así su aplicación. De lo que queda pendiente por desarrollar ¿qué es lo prioritario?
Queda pendiente muchísimo. Le Ley solo pone el marco pero no cambia las cosas por sí sola. En el ámbito educativo, por ejemplo, en las universidades se han creado unidades de igualdad pero ha desarrollado poquísimo su actividad en conjunto. En términos laborales, la Ley establecía muchos aspectos para que la mujer pudiera progresar hasta llegar a tener igual salario, las mismas responsabilidades …Todo esto no se ha desarrollado. A veces se dice que esta Ley ha fracasado y eso es un error. Lo que ha fracasado es la sociedad y sobre todo los gobiernos, que son los que deben implementar las leyes y hacer lo necesario para que la transformación se produjera.

El balance sobre las medidas establecidas para luchar contra la violencia de género tampoco es positivo...
En esta legislatura del PP se ha retrocedido enormemente en recursos. Y esto se nota en que las mujeres denuncian mucho menos. Este año han muerto seis mujeres solo en Cataluña. Ninguna había denunciado. ¿Por qué? Probablemente porque los servicios no las atienden suficientemente bien y también porque no hay una opinión general en la sociedad de respaldo sin fisuras hacia ellas. No hay una voz unánime de apoyo incondicional. Incluso se han lanzado sospechas sobre las acusaciones hechas con mala fe, cuando son poquísimos los casos. Algunos hombres promueven este tipo de dudas. Las mujeres, ante esto, se sienten incapaces de denunciar y defenderse y regresan a posiciones de justificar esos ataques. Se tratan de convencer a sí mismas y se repiten internamente: “bueno, solo lo ha hecho un día, no lo va a repetir …”. Esto está dando como resultado unas cifras de muertes de mujeres a manos de los hombres que son terroríficas.

Los esfuerzos en coeducación, cuando se hacen, quedan contrarrestados por esos mensajes centrados en perpetuar diferencias entre géneros difundidos mediante la publicidad. Es muy difícil para familias y la comunidad educativa combatir esta sobreexposición a esos modelos que nos invaden a través de la televisión, las redes sociales y otras vías. ¿Debería intervenir la Administración?
Por supuesto que debería intervenir la Administración. Sin ninguna duda. Por una parte no se han hechos los esfuerzos suficientes en educación y quien diga lo contrario, falta a la verdad. Con la LOMCE ha desaparecido la Educación para la Ciudadanía, que impartía esos contenidos sobre la igualdad entre hombres y mujeres. Ahora no hay ninguna materia que llegue sistemáticamente al alumnado exponiendo el tema de la igualdad. Ha habido experiencias pero aisladas. Hay muy pocas zonas en España donde haya habido un plan diseñado desde las consejerías de Educación para ir cambiando la cultura. Esto ha provocado y las experiencias que tenemos de trabajo en las escuelas así lo reflejan, que entre los dos y los tres años los niños y las niñas han adquirido ya una serie de estereotipos y no solo esto, han adquirido la idea de que los niños son superiores a las niñas. A esa edad eso está jugado. Y por otra parte, lo que puede hacer la escuela queda aniquilado por esos modelos que fomentan los roles tradicionales absolutamente obsoletos y negativos para sus vidas: la agresividad y competitividad entre los niños y la hipersexualización en las niñas. Esto tiene que solucionarlo la sociedad cambiando y bajo la dirección de las políticas públicas porque si no la sociedad por sí sola no cambia.

En el caso de las niñas, se les transmite que la seducción es una de sus bazas. Esto puede resultar muy peligroso, ¿no?
Sí. Antes, para que las mujeres acataran su papel de permanecer siempre en segundo término, sumisas, se utilizaba la represión. Esto provocaba una reacción de rebeldía en nosotras. Pero ahora los mecanismos han cambiado. Nos venden que las mujeres pueden hacer de todo pero a su vez nos proponen ese modelo hipersexualizado. Y se ha adelantado mucho en edad, porque antes la propuesta se lanzaba en la adolescencia. Ahora desde muy temprano, desde que la niña tiene uso de razón. Con cuatro o cinco años se ponen a su alcance juegos para maquillarse, se les introduce en este mundillo de cuidar su aspecto de un modo muy divertido. Con lo cual las posibilidades de rebelión ante algo que se presenta como tan jovial y entretenido son escasas. Es mucho más difícil cambiar la mentalidad en estas condiciones.

Directamente se convierte a las niñas en potenciales consumidoras en vez de en personas...
Eso es. Sufren toda una serie de presiones desde que son pequeñas para convertirse en mujeres objeto pero las aceptan con gusto porque se presentan no como algo represivo sino como algo divertido. Y acaban convencidas de que lo más importante es ser supersexy y superguapa. Es otra manera de volver a lo tradicional pero por el camino de la diversión no de la represión. Y no ven los problemas que comporta elegir esa dirección de la seducción, es peligroso para sus propias expectativas pero todo esto se camufla bajo esa apariencia de diversión.

Todo se complica más si la mujer decide ser madre. La conciliación laboral y familiar es otra asignatura pendiente.
Las mujeres ahora no pueden arriesgarse a no trabajar. Esto no tiene retroceso. Pero la entrada de las mujeres en el ámbito laboral necesitaba de un reequilibrio, que ellos entraran en casa. Esto no se ha dado. La mujer está fuera y dentro y él permanece solo fuera. Los hombres se resisten a compartir en igualdad el trabajo doméstico y familiar. Ahí tenemos un problema no resuelto. Las mujeres, en la plenitud de su vida laboral, tienen una sobrecarga brutal. No llegan a todo. Viven angustiadas y con sensación de culpa porque no hacen las cosas como quisieran respecto a su familia y tampoco pueden avanzar en el trabajo. Hay que compartir mucho más y esto pasa por las políticas públicas. Pero para mí la solución definitiva sería que trabajáramos todos, hombres y mujeres, menos horas. En este momento que hay tanto desempleo, hay que repartir el trabajo. Y esto no pasa porque las mujeres volvamos a casa, no lo haremos, pasa porque ambos trabajemos menos horas y podamos compartir la vida doméstica y familiar.

El lenguaje no inclusivo, dirigirse a un auditorio mixto en femenino, se está imponiendo en ciertos foros. Pero otros sectores consideran esta práctica como un ejercicio forzado. Hay quien la califica de ridícula y dice incluso que va en contra de las reglas del lenguaje. ¿Usted cómo lo ve?
Lo mismo que cambian las sociedades cambia el lenguaje y la gramática, que es variable en función de las necesidades de expresión. Esto forma parte de las resistencias masculinas al cambio. Se excusan en que lo masculino es universal y engloba a ellas y ellos pero si lo hacemos al revés se muestran ofendidos. Entonces yo como mujer podría entenderlo también como una ofensa el hecho de que se me incluya en el genérico masculino, aunque no es el caso. Pero sí lo entiendo como una exclusión, se nos ignora. Y el hecho de nombrarnos es la forma de visibilizarnos. Tiene su pleno sentido. Para nada estamos forzando.