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martes, 21 de junio de 2022

#hemeroteca #queer #musica | David Bowie: Ziggy Stardust, el disco que inventó el amor moderno

Página12 / David Bowie en la gira de 'Ziggy Stardust' //

David Bowie: Ziggy Stardust, el disco que inventó el amor moderno.

Cumple 50 años el álbum con el que Bowie, como Rimbaud, “fue otro”. Producido por un ingeniero de sonido de Los Beatles, visibilizó la cultura queer en una Inglaterra conservadora.
Nicolás Pichersky | Página12, 2022-06-21
https://www.pagina12.com.ar/430173-david-bowie-ziggy-stardust-el-disco-que-invento-el-amor-mode 

Nada es casual. 'Ziggy Stardust & the spiders from Mars' de David Bowie y piedra angular del rock comienza con “Five years” (5 años). La letra de la canción, narra una distopía: sólo falta un lustro para el fin de la tierra y la humanidad.

Un comienzo oscuro para uno de los discos más esperanzadores, luminosos y vanguardistas de la historia. Un álbum de los 70, como un cuerpo: desnudo y maquillado a la vez (no hay oxímoron). ‘Glam’, fantasía sexual y ciencia ficción se juntaron para derretir con su pistola de rayos laser roquera los nudos de la heteronormatividad en Inglaterra. Ese disco hoy cumple 50 años.

5 años de Rimbaud y de Bowie
Apenas 5 años transcurrieron entre que Arthur Rimbaud, poeta francés, escribió las subversivas 'Cartas del vidente' en 1871 y abandonó para siempre la escritura. En ese texto liminar de la poesía moderna escribió “yo soy otro”. Y también diagnosticó que la escritura debía “alcanzar lo desconocido por el desarreglo de todos los sentidos", la meta de toda creación. En apenas un lustro de fulgor creativo y despedida, Rimbaud vivió un romance con Paul Verlaine, cruzó los Alpes a pie, se enlistó como mercenario del ejército, desertó en la Isla de Java y escribió 'Una temporada en el infierno' e 'Iluminaciones'. Tenía 23 años.

También apenas 5 años transcurrieron entre el álbum debut de Bowie (una gema del brit-folk: ‘David Bowie’, de 1967) y su implosión como estrella mundial en el rock. En ese periodo compuso “Space oddity”, su primer clásico (que el astronauta canadiense grabó en la Estación Espacial Internacional, en 2013), sacó un álbum en que se lo veía andrógino y con un vestido pre-rafaelita, ‘The man who sold the world’ (que signaría muchos años al Kurt Cobain que usaba vestidos en sus shows) y aún, otro álbum extraordinario, ‘Hunky Dory’ que incluye canciones como "Changes", "Oh! You Pretty Things" y "Life on Mars?". En 1972 publicó 'Ziggy Stardust' y declaraba a la prensa inglesa: “Soy gay y siempre lo he sido”. Tenía 25 años.

Ser otro: David Bowie y lxs queers del planeta tierra
Acaso la idea ‘rimbaudiana’ de ser otro para ser más uno mismo siempre estuviera en el ADN de David Bowie. "I could make a transformation as a rock & roll star” canta Bowie en “Star”. 'Trans 'n roll', y de eso se trata el disco, como una autobiografía musicalizada en tiempo real. Pero Bowie se contaba como otro. Un alien hermoso, bisexual y alienígena: 'Ziggy Stardust'.

Y la identificación fue total: los músicos del álbum y el espectáculo teatralizado eran los “Spiders from Mars”. Bowie ya no era ni siquiera David Jones (de nacimiento), era Ziggy (inspirado en su admirado Iggy Pop, con quien tejería una amistad y colaboración fundamental en el rock junto también a Lou Reed).

El disco fue producido por el mismo Bowie y por Ken Scott, que entre otros había sido ingeniero de sonido de los Beatles, Pink Floyd y la Mahavishnu Orchestra. Scott encontró el equilibrio perfecto para las composiciones de Bowie.

Entre su voz —“nunca trabajé con un músico que cantara con ese nivel de perfección, casi todas las canciones fueron primeras tomas”, narra en el documental de la BBC 'David Bowie and the Story of Ziggy Stardust' narrada por Jarvis Cocker— y la guitarra angular y sexuada de Mick Ronson. Éste era un dotadísimo músico que podía unir la dulzura glam de Bowie con la fiereza hard-rock de Led Zeppelin o Black Sabbath.

Ziggy Stardust: para escuchar a máximo volumen y con el cuerpo
El resultado no fue un disco glam. Fue otra cosa. Para Bowie, según confiesa en el libro ‘Bowie por Bowie’, el glam (“padre” del revoltoso punk inglés) debía ser más que, como diría Soda Stereo, cuero, piel y metal; carmín y charol. Para el hombre de la pupila dilatada, el espíritu del glam era “la suma de la obra ‘Cabaret’ con la película ‘Metropolis’”.

Así, Bowie/Ziggy crearon un disco conceptual en que la estrella mesiánica, rockera y sexualmente desprejuiciada terminaba, según las letras del disco, despedazada por los músicos y por el público. Una alegoría que también tomaría Pink Floyd, con ‘The Wall’, pero 7 años después. La estrella que venía de un cuerpo celestial desconocido, invitaba a escuchar el disco desarreglando los sentidos y la sexualidad normada. Es que Ziggy Stardust debe escucharse “a máximo volumen” como reza la contratapa del disco original ("To be played at maximum volume"). O sea, con el cuerpo.

Desde el comienzo, con la percusión y el piano in crescendo de la percusión de “5 Years”, Ziggy palpita. Está vivo, acaba de nacer. Como ese bebé del tamaño de un planeta que observa a la tierra en ‘2001: odisea en el espacio’. Es una batería que marca el ritmo como un latido. Un mundo como una internet pretérita: “teléfonos, óperas, melodías favoritas / niños, juguetes, planchas eléctricas y televisores / mi cerebro duele como un almacén de cosas / y ya sin espacio de sobra / tuve que meter tantas cosas”. Es a las claras, el mundo de un autor único.

Y continúa: “Y toda la gente gorda, flaca / toda la gente alta, petisa / Y toda los ‘nadies’ / Y todos los alguien” canta Bowie. Para terminar, lírico, confesional y humano, demasiado humano: “Nunca pensé que necesitaría tanta gente’’, con ese toque de swing (“so many people”) como si percibiéramos, sin verla (el desarreglo de los sentidos de Rimbaud) la sonrisa amarga de nuestro Pierrot espacial.

Luego, con “Soul love”, el cuerpo de quien lo escuche no podrá evitar moverse al son del ritmo ídem y del solo de Ronson doblado por el saxo de Bowie. “Moonage daydream” es un puro glam-rock a piano (otra vez el genio de Ronson) donde la ambigüedad llega con la primera estrofa. El cuerpo se desdobla: “Soy un lagarto, soy mamá y papá que vienen a buscarte”. Bowie se mete en el cuerpo de otro en “It Ain’t Easy” porque es la única canción que no es de su autoría en todo el disco.

El lado B comienza ya no como Ziggy, sino como "Lady Stardust", una balada brillante para que el cuerpo felino de Bowie descanse. Y nos canta, autorreferencial: “La gente miraba el maquillaje en su cara / se reía de su largo pelo negro, de su gracia animal” y emergen chicos de ‘blue jeans’ y ‘femme fatales’ para ver a esta criatura bella que es Lady Stardust.

Y nada ya podrá detener el cuerpo con las imparables “Star”, “Hang on to yourself” y la canción que da título al disco. Hay pocos comienzos como esta canción en la historia de la música. El gemido de “Je T'aime,... Moi Non Plus” de Serge Gainsbourg, el terrorífico “Right! now ha, ha”, preámbulo de “Aanarchy in the Uk” de los Sex Pistols. Bowie gime, guita e implora al mismo tiempo: “Oh!… oh yeaaaaaa!” y es lo más furioso del disco y allí la mejor frase de rock que Freud jamás escribió: “Hacer el amor con su ego”. Todo finaliza con una metáfora de mitología de crecimiento, madurez y transición: “cuando los niños mataron al hombre, tuve que disolver la banda”

Ziggy: esa estrella era mi lujo
Haciendo historia, Ziggy / Bowie, la estrella rockera, luminosa y ambigua, fue el catalizador de la reprimida sexualidad británica. Bowie como un ‘Zeitgeist’ Stardust de una Inglaterra de buenas costumbres, victoriana y (aún) de posguerra. El disco se lanzó en 1972 y, nuevamente, apenas habían pasado cinco años desde que en 1967 en Gran Bretaña la homosexualidad había dejado de ser prohibida por la ley y despenalizada mediante la ley de delitos sexuales (‘Sexual affences act’). Léase: se podía ser gay, trans, queer, pero sólo en privado. ‘What a surprise!’

Y Bowie (¿o Ziggy?) mostró en público, en el mismo país que prohibió durante años la película ‘La naranja mecánica’, a un personaje o persona que era gay (“siempre lo fui” había dicho) que era hombre y que era mujer. O poco menos que un extraterrestre. Durante la promoción del disco Bowie se presentó en el programa que ningún adolescente se perdía, ‘Top of the Pops’, e interpretó “Starman”. Basta ver a Bowie, vampiro diurno coloreado de todos los colores primarios, coquetear con Mick Ronson. Lo mira, le pasa la mano por el hombro, se sonríen. ¿Pueden dos hombres heterosexuales hacer eso? ¿Hacen eso los amigos?

'Podemos ser héroes' cantaría Bowie unos años más tarde, pero en ese momento de la TV inglesa fue un semidiós (un semi-alien) con un mensaje para un millón de chicos y chicas. Bowie sonríe, señala y (nos) mira a cámara. Para peor (¡para mejor!) en un recital en el que Bowie se agachó para tocar la guitarra de Ronson con su boca, una fotografía lo captó en el justo ángulo en el que parece que el cantante le hiciera una felación al guitarrista. Es una de las imágenes más perfecta del rock. Lo que se dice un guitar héroe.

El legado y el lenguaje de Ziggy Stardust
Cada generación, cada país, cada cultura (que es un mundo) descubre y se descubre en y con canciones. Patti Smith narra en sus memorias que nunca escuchó a nadie decir una frase tan real como Bob Dylan al comienzo de su canción “Positively 4th street”: “Hay que tener cara para decir que sos mi amigo / cuando yo estaba hundido te quedaste ahí, sonriendo”.

Muchos argentinos supieron gracias a una canción sutilmente transgresora y de aroma a secreto como “Algo contigo”, que un amigo podía ser, justamente, mucho más que un amigo. Inglaterra (y luego el mundo) halló en ese avatar llamado Ziggy, alter-ego de Bowie, que toda máscara podía quitarse incluso usando maquillaje. No hacía falta pintarse un rayo en la frente o teñirse el pelo de furioso naranja mermelada.

Bowie, antes de ser el protagonista de ‘Laberinto’, condujo (sin ser ‘Hamelin’ ni bajar línea), a través del caos y la confusión de la vida cotidiana. Viajó de la contracultura de sus comienzos hacia la subversión estética y sexual. Más que "camaelónico", fue queer antes de queer. Fue muchas cosas y todas difíciles de clasificar. Y lo que no es simple de ordenar, causa un terror. Como una cosa de otro mundo.

Hoy el 20% de los millenials se autoperciben queer. Es una lucha simbólica y política. Y adolescentes de Buenos Aires, Londres o Tucumán lucen igual a Ziggy Stardust: uñas de negro y el pelo naranja mermelada. O lila, o verde manzana con zapatillas y bolsos con logos de ‘Hello Kitty’.

Bowie pudo ser otro. Para ser más sí mismo. Y con Ziggy inventó, además de una música contra las prohibiciones de turno, una gramática nueva. Que terminó convirtiéndose en materia. Se hizo alienígena para conquistar, con amor moderno, el terreno de lo simbólico en las relaciones en este mismo planeta tierra. Para toda la gente, alta o baja, en la calle o en las aulas. Una acción (política) a todo color.

Hay que celebrar entonces los 50 de ‘Ziggy Stardust’. En todo el mundo, sí; pero aún más aquí. Porque aunque su apellido se pronuncie y se exprese correctamente como “ba-güi”, termina al fin con la vocal “-e”. La mejor manera de expresar a toda la gente.

domingo, 20 de febrero de 2022

#hemeroteca #intersexualidad #cine | La primera película que abordó en España la identidad de género

Cadena SER / José Luis y Julieta en 'Mi querida señorita' //

La primera película que abordó en España la identidad de género.

Se cumplen 50 años del estreno de 'Mi querida señorita', dirigida por Jaime de Armiñán y con José Luis López Vázquez como protagonista.
Elio Castro / Antonio Martínez | Cadena SER, 2022-02-20
https://cadenaser.com/2022/02/20/la-primera-pelicula-que-abordo-en-espana-la-identidad-de-genero/ 

Fue la película española más taquillera de 1972. Casi dos millones de españoles acudieron a las salas a ver ‘Mi querida señorita’, atraídos por el morbo de ver al popularísimo José Luis López Vázquez caracterizado como una mujer. Pero superada la sorpresa de ver al actor como una señora, lo que el espectador se encontraba era una historia seria y muy sentida sobre la inadaptación y la soledad.

Jaime de Armiñán y José Luis Borau escribieron a medias el guion que se alejaba completamente del cine popular del que ellos venían y que abordaba una historia muy arriesgada para su tiempo. Una historia sobre un conflicto de identidad de género. “¿Quién puede ser doña Adela?”, se preguntaba Jaime de Armiñán. “Alguien que el público se lo crea”, se respondía. “Alguien que sea un actor dramático, porque la historia es un drama, pero que al mismo tiempo tiene algo de cómica. Y entonces nos dijimos: José Luis López Vázquez”.

Y, efectivamente López Vázquez aceptó el encargo mientras Armiñán y Borau reescribían una y otra vez la historia para conseguir que la censura aprobara el guion. “Hicimos hasta siete versiones distintas de ‘Mi querida señorita’”·, recuerda Armiñán. El guion fue finalmente aprobado, pero poco antes de comenzar el rodaje se encontraron con que López Vázquez se echaba para atrás. No se atrevía a hacer una película vestido con falda, tacones y peluca. “Le entró miedo y 8 días antes del rodaje decidió que no iba a hacer ‘Mi querida señorita’. Y si él no la hacía, era imposible rodar la película porque ya no se podía cambiar. Pasados tres o cuatro días José Luis cambio de opinión y nos llamaba por teléfono, pero entonces éramos nosotros los que no nos poníamos al teléfono”, dice Jaime de Armiñán. Para acabar de animarle, Armiñán le pidió que se vistiera como el personaje y que fuera con él a tomar un café a un bar. Cuando el camarero no le reconoció, el actor se convenció definitivamente de que aquella señora tan poco agraciada que veía en el espejo podía dar el pego.

‘Mi querida señorita’ cuenta la historia de una mujer de mediana edad que vive en una pequeña ciudad de provincias. Toda la vida ha creído que su soltería era producto de su fealdad hasta que un día un viejo amigo le propone matrimonio. Es entonces cuando decide enfrentarse a las dudas que la han acompañado desde siempre y viaja a Madrid para consultar con un médico. A partir de entonces decide asumir su verdadera identidad y comenzar una nueva vida lejos de su ciudad.

En 1972 el franquismo vivía sus últimos años, pero todavía estaba vigente algo que se ve claramente en la película: la férrea organización social, la represión sexual o el papel poco relevante reservado a la mujer en la sociedad. El cine español abordaba por primera vez un conflicto de identidad de género y lo hacía con gran delicadeza y respeto, con un López Vázquez que se alejaba del clásico papel histriónico y afectado que los personajes travestidos solían representar en las películas.

Borau y Armiñán consiguieron evitar la censura a base de sobriedad. Al final solo tuvieron que cortar un plano de una escena con Mónica Randall. “Era un momento en que López Vázquez se está desnudando; se quita los calcetines sin atreverse a mirar y por detrás está Mónica Randall, a unos 4 o 5 metros, que se quita el sostén y se le ve el pecho 5 segundos. Es el único plano que cortó la censura”, explica Armiñán.

Toda la película se basa en la fuerza interpretativa de José Luis López Vázquez que compuso uno de los papeles más hondos de su carrera. Y eso que, durante el rodaje, el actor no se sentía del todo confiado. “Se negaba a todo. No quería tocar el piano con sus manos porque decía que las manos tenían que ser de una mujer, no las suyas. Pero lo hizo todo divinamente", rememora Jaime de Armiñán. Además, estaba el problema de la barba. José Luis López Vázquez tenía una barba muy dura. Al llegar al rodaje le afeitaban a fondo, pero a las 4 o 5 horas ya le había vuelto a salir y había que afeitado otra vez.

Flanqueando a López Vázquez nos encontramos con un reparto muy competente de grandes secundarios. Julieta Serrano da vida a la criada de la "señorita" por la que ésta parece sentir algo más que afecto, todo ello contado con una gran sutileza. Antonio Ferrandis interpreta al viudo que le pide en matrimonio. Mónica Randall es la vecina de la pensión a la que el protagonista se va a vivir cuando adopta su nueva identidad, y Lola Gaos y una joven Chus Lampreave las dueñas de esa pensión.

‘Mi querida señorita’ fue un éxito inesperado de público y fue nominada al Oscar a la mejor película de habla no inglesa, Oscar que ese año ganaría Luis Buñuel con la producción francesa ‘El discreto encanto de la burguesía’. En Hollywood Armiñan conoció a Frank Capra, a Billy Wilder o a George Cukor que se deshicieron en elogios hacia la película y en especial hacia el trabajo de José Luis López Vázquez. “Cukor me dijo que nunca había visto una interpretación como ésa y que José Luis López Vázquez era el mejor actor del mundo", dice Armiñán Estaba tan entusiasmado con él que propuso al actor que se quedara en Hollywood para iniciar una carrera en el cine americano. Pero López Vázquez no aceptó y volvió a Madrid. Cukor al menos pudo darle un pequeño papel al año siguiente en su película ‘Viajes con mi tía’, protagonizada por Maggie Smith. Eso sí, López Vázquez rodó sus escenas en Madrid y en español.

‘Mi querida señorita’ se ha convertido en un clásico imprescindible de nuestro cine, una película adelantada a su época que cuenta además con uno de los mejores finales que se recuerdan en el cine español. No os lo contamos. Os animamos a que lo descubráis vosotros mismos viendo esta película que 50 años después de su estreno todavía emociona y nos hace pensar.

viernes, 20 de noviembre de 2020

#hemeroteca #trans #inmemoriam | Muere Jan Morris, la periodista que anunció la conquista del Everest

Imagen: El Periódico / Jan Morris

Muere Jan Morris, la periodista que anunció la conquista del Everest.

Inventó un código para que su diario supiera la noticia antes que la competencia.
El Periódico, 2020-11-20
https://www.elperiodico.com/es/internacional/20201120/muere-jan-morris-la-periodista-que-anuncio-la-conquista-del-everest-8214393 

La periodista británica Jan Morris, que dio al Times la exclusiva sobre la conquista del Everest, murió el viernes a los 94 años, anunció su hijo en un comunicado.

"Esta mañana a las 11H40, la autora y viajera Jan Morris comenzó su viaje más largo. Deja atrás a su compañera de toda la vida, Elizabeth", declaró Thomas, citado por la BBC.

Morris, que cambió oficialmente de género en 1972, saltó a la fama por haber transmitido a su redacción la histórica exclusiva de la conquista del Everest en 1953, gracias a un mensaje cifrado. En aquel entonces, existía una feroz competencia entre diarios pero el Times era el único que tenía a un periodista en la expedición, el exsoldado James Morris, que a sus 27 años, descubría el alpinismo.

Mensajeros locales se encargaban de llevar a pie sus mensajes a través de la montaña, pero temiendo que sus artículos fuesen interceptados por su competencia, la reportera transgénero inventó un código: "Malas condiciones de nieve" quería decir "se venció al Everest". "Viento aún molesto" significaba "el intento de vencer al Everest ha sido abandonado". Cada alpinista tenía igualmente su nombre en código.

Hillary y Tenzing llegaron
Así, el 31 de mayo de 1953, Morris enviaba un mensaje en apariencia anodino: "Malas condiciones de nieve, por lo que la expedición ha abandonado el campo avanzado el 29 y espera mejoras si todo va bien". Para los iniciados, el mensaje cobrara otro sentido: "Everest, vencido el 29 de mayo por Hillary y Tenzing".

Al día siguiente por la mañana, la gran multitud que esperaba la coronación de Isabel II conocía en la primera edición del Times que dos hombres habían plantado la bandera británica en el "techo del mundo".

Varios años después de esta exclusiva, Jan Morris abandonó el periodismo para dedicarse a la literatura. Escribió más de cuarenta libros, incluido obras de historia del imperio británico y, sobre todo, mucha literatura de viajes.

Y como mujer transgénero, la escritora oficializó su transición en 1972, adoptando definitivamente el nombre de "Jan", en una época en la que la transición no era menor hazaña que la de Hillary y Tenzing. Plasmó su trayectoria vital en la obra autobiográfica 'Enigma'. Además de su compañera de toda la vida, Elizabeth, con la que se casó y divorció siendo hombre, y se volvió a casar siendo mujer, deja a cinco hijos.

jueves, 20 de agosto de 2020

#hemeroteca #testimonios | Violette Leduc, una escritora descarnada que rasga las entrañas

Imagen: The Objective / Violette Leduc
Violette Leduc, una escritora descarnada que rasga las entrañas.

Saioa Camarzana | The Objective, 2020-08-20

https://theobjective.com/further/violette-leduc-la-bastarda-escritora-descarnada-rasga-las-entranas 

“Me iré como he llegado: intacta y cargada con los defectos que me han torturado. Hubiera querido nacer estatua y soy babosa en mi propio estercolero”. Con estas palabras nos recibe Violette Leduc en ‘La bastarda’, una autobiografía seca y sin tapujos que quedó finalista del Premio Goncourt en 1964 y que Capitán Swing recupera con prólogo de Simone de Beauvoir. La suya es una pluma herida y que hiere, aturdida y que aturde y, sobre todo, que no deja indiferente. Leduc ha sido una de esas escritoras olvidadas y es preciso recuperar pues ya en su tiempo, a pesar de la censura, se granjeó la admiración de escritores como Albert Camus o Jean-Paul Sartre.

La censura francesa de los años 50 consideró que las primeras páginas de su novela ‘Ravages’ eran un escándalo. En ellas se recreaba en la pasión lésbica de dos jóvenes, un tema tabú que chocó con los ideales de la época. No obstante, varias de esas páginas las recuperó años más tarde para dar forma otra novela y ahora las podemos leer al completo en ‘La bastarda’, una obra confesional que no escatima en detalles sexuales y aborda temas como el aborto, la homosexualidad o los encuentros íntimos.

La escritora tuvo una vida complicada: era la hija de un burgués que no quiso aceptar su paternidad, confiesa que no sintió el cariño de su madre (“mi madre nunca me dio la mano”, confiesa en estas páginas) y vivía atormentada por su apariencia física. Tanto que escribió: “mi fealdad me aislará hasta la muerte”. Sin embargo, todo ese dolor lo volcó en novelas, siempre de tintes autobiográficos, con una pluma intelectual que nos deja frases bien meditadas. No obstante, no todas sus obras han sido traducidas al castellano de modo que esta se convierte en la ocasión perfecta para acercarnos a Leduc y a su historia.

Sus relaciones personales
“Dices que a veces te odio. El amor tiene innumerables nombres”, escribe. La relación con su progenitora fue un tanto tormentosa y conservada en la pobreza y en la enfermedad. Todo eso afectó a su personalidad y, sobre todo, a la relación que establecía con los hombres. Entre algunas idas y venidas la joven Leduc acabó estudiando en un internado en el que tuvo un escarceo con otra alumna. “Yo la acariciaba, prefiriendo el fracaso a los preparativos. Hacer el amor en la boca me bastaba: tenía miedo y pedía auxilio con mis muñecas”, escribe sobre su relación con Isabelle. No obstante, cuando Isabelle abandona la localidad en la que viven su intercambio de cartas fue más bien escaso.

Poco después Violette tuvo un romance con Hermine, su profesora de piano. Estas fueron sorprendidas, la profesora despedida y Leduc expulsada del colegio por “malos hábitos”. Su madre no fue a buscarla sino que hizo que la joven viajara a París. Esta relación, con sus más y sus menos, con su convivencia en varios apartamentos, duró años. A pesar de los lamentos por su aspecto físico Leduc acumuló otros amantes, como Gabriel o Maurice Sachs, de los que nos habla a lo largo de las casi 500 páginas de confesión.

“Violette Leduc no quiere agradar, no agrada y hasta aterroriza», escribe Simone de Beauvoir en el prólogo de ‘La bastarda’. Como decíamos, su vida no fue precisamente asfaltado y a través de este relato “desciende a lo más secreto de sí misma y se explica con una sinceridad intrépida como si no hubiera nadie para escucharla”, reconoce la autora de ‘El segundo sexo’. Y si bien su madre la moldeó para conservar un sentimiento de culpa (por nacer, por costar dinero, por ser mujer) fue su abuela quien le proporcionó el cariño necesario convirtiéndose, en más de una ocasión, en su salvavidas.

Uno de los golpes que Leduc se llevó fue cuando en 1920 su madre se casó con un hombre (con el que tuvo un hijo), algo que la escritora vivió como una traición. Desde ese momento decidió refugiarse en el “narcisismo, el egocentrismo y la soledad”, comenta la filósofa. Aunque de adolescente no sintió curiosidad por los libros (su madre tampoco) en cierto punto comenzó a interesarse por ellos. Esto hizo que entre 1928 y 1932 consiguiera trabajar en la editorial Plon y más tarde como telefonista para un empresario de cine al que proponía guiones. El azar quiso que tres años más tarde Maurice Sachs apareciera en su vida. Este tuvo un papel crucial en su devenir pues fue quien la alentó a dejar por escrito los recuerdos de su infancia. De aquel consejo surgió ‘L’Asphyxie’, novela que publicó Albert Camus en la editorial Gallimard.

“Inmediatamente comprendió que la creación literaria podría servirle de salvación”, recuerda Simone de Beauvoir en el prólogo que nos acerca a Leduc al tiempo que nos insta a leer a esta autora olvidada. Su estilo directo chocaba con los ideales de la época y en 1955 Leduc se vio obligada a borrar algunas escenas lésbicas de ‘Ravages’, en la que también habla de su matrimonio con Gabriel en 1939 y sus comienzos, sus éxtasis, sus dramas y también su separación y su falso intento de suicidio, como recuerda en las páginas de ‘La bastarda’. Sin embargo, aquella novela pasó desapercibida en Francia y Leduc, presa de la locura, ingresó en una clínica en 1956. Fue durante su recuperación cuando empezó a pensar en ‘La Bastarda’, cuya publicación en 1964 se convirtió en un éxito de ventas.

No obstante, Leduc era obstinada y aunque tuvo que transcurrir algo más de una década en 1966 reunió las páginas censuradas de ‘Ravages’ y las convirtió en una nueva novela a la que tituló ‘Thérèse et Isabelle’ (tan solo dos años después fue llevada al cine por Radley Metzger).

Durante sus últimos años gozó del favor del público y, sin embargo, tras su muerte en 1972 cayó en el olvido. Y aunque Leduc creyera que “envejecer es perder lo que se ha tenido”, es posible que estemos ante la recuperación de una escritora olvidada. Pero nadie mejor que Simone de Beauvoir para dar un consejo: “Quisiera haber convencido al lector de entrar en ella: encontrará mucho más de lo que le he prometido”.

lunes, 8 de junio de 2020

#hemeroteca #testimonios | Bastarda, fea y extrema: buscando a Violette Leduc, la escritora olvidada

Imagen: El Confidencial / Violette Leduc

Bastarda, fea y extrema: buscando a Violette Leduc, la escritora olvidada.

Capitán Swing edita en español la obra cumbre de esta escritora francesa, radical e irreverente, olvidada a pesar de haber conseguido el aplauso de Beauvoir, Camus o Sartre.
Marta Medina | El Confidencial, 2020-06-08
https://www.elconfidencial.com/cultura/2020-06-08/violette-leduc-la-bastarda-capitan-swing_2620627/ 

"Mi fealdad me aislará hasta la muerte", se lamenta Violette Leduc en su segunda novela, 'L'Affamée', escrita en 1948. "Hubiera querido nacer estatua y soy babosa en mi propio estercolero", prosigue en 'La bastarda', su obra más afamada, por la que ganó el premio Goncourt en 1964 y que ahora reedita en castellano Capitán Swing, como una labor de memoria de una escritora incómoda que, a pesar de haber sido ensalzada y reconocida por Albert Camus, Simone de Beuvoir, Maurice Sachs, Jean Genet y hasta Sartre se perdió en el desierto del ostracismo desde su muerte en 1972 hasta que el cineasta Martin Provost la recuperó en 2013 en su película 'Violette'. Leduc no escribe: vomita. En cada una de sus líneas queda plasmada la rabia, el desprecio por sí misma, la desesperanza.

"Se dice que ya no existen autores desconocidos: poco menos que cualquiera podría hacerse editar", escribió Beauvoir en el prólogo original. "Pero, justamente, la mediocridad abunda y la buena semilla se ahoga bajo la cizaña. El éxito depende, en la mayor parte de los casos, de un golpe de suerte. La mala suerte, a su vez, tiene sus razones. Violette Leduc no quiere agradar, no agrada y hasta aterroriza". Ella fue a quien le entregó el manuscrito de 'La asfixia' en 1945 y, en gran parte su descubridora.

Beauvoir hoy se sorprendería, sin duda, del panorama editorial. Y Leduc, probablemente, lo hubiese intentado dinamitar todavía con más énfasis. La mayor parte de la obra de Leduc es autobiográfica. Pero 'La bastarda' lo es más. Porque ahonda en las raíces de su personalidad y su pluma extremas, nacidas, precisamente, de su condición de bastarda en Arrás, una pequeña ciudad al norte de Francia, en 1907. La escritora entremezcla el relato de su familia y su infancia con el proceso de escritura, con duras sentencias y autoflagelaciones, con lo que crea una sensación de presente continuo, de borbotón de ideas, de un intento desesperado de tomar aire. Por un lado, siente que nunca ha sido amada. Por otro, considera difícil poder amar. Cuando una la lee, uno piensa en la capacidad de ordenar y desordenar ideas al mismo tiempo. "Tengo miedo de morir y me desgarra estar en el mundo", comienza 'La bastarda'. Y esa sensación de vivir en la perpetua contradicción impregna la prosa de Leduc.

La historia de Violette comienza mucho antes de su nacimiento. Empieza con el matrimonio de su abuela Fidéline, su verdadero referente materno: la relación de Leduc con su madre es tormentosa y determinará las que la escritora tenga a lo largo de su vida. Después, el relato de las visicitudes de una familia que sufre tanto de pobreza como de enfermedad. Trabajos mal pagados, estancias con las monjas, tisis y embarazos fuera del matrimonio en una sociedad extremadamente conservadora. "Es en tu vientre donde vivo la vergüenza de antaño, tus pesares. Dices que a veces te odio. El amor tiene innumerables nombres", le dedica a su madre Bérthe. Ella, joven, se había quedado embarazada de un joven de la alta burguesía de la ciudad cercana de Valenciennes y él se había negado ya no solo a reconocer, sino tan solo a conocer a la niña.

La bastarda. Así se define. La bastarda, la losa que pesa desde el nacimiento. Desde el apellido. Leduc nació temiendo al sexo masculino, porque su madre solo contaba 'historias de terror' sobre ellos. Todas las mañanas me ofrecía un terrible regalo: el de la desconfianza y la sospecha. Todos los hombres eran unos canallas; ningún hombre tenía corazón. Me miraba con tanta intensidad durante su exposición que me preguntaba a mí misma si yo era o no un hombre. No había ninguno que compensara a los demás. Abusar de una: he ahí su finalidad. Yo tenía que comprender y no olvidarlo nunca. Unos cerdos, todos unos cerdos". Cuenta Leduc que vivió en permanente temor al mañana. Que hasta la forma de alimentarse tenía que ver con las carencias de su madre y los miedos que esta le había inoculado. "Morir de hambre es lo más difícil del mundo", escribe.

En la obra de Leduc también está muy presente su sexualidad. Tanto que tuvieron que censurar varios pasajes explícitos de 'Ravages', su novela de 1955, por subidos de tono. Era demasiado obscena y precisa. Había que suprimir el erotismo y mantener la afectividad. Descripciones de penes. De abortos. Y, sobre todo, escenas lésbicas altamente inapropiadas para la época. Aquel rechazo lo tomó como una afrenta personal. Sentía, que tras aquello, no volvería a escribir. Sin embargo, a su muerte en 1972, había publicado una decena de libros. Y otro más se publicaría después de su muerte.

En 'La bastarda', la autora desvela sus primeros amores, mayoritariamente con mujeres, entre los que se encuentra Hermine, un amor que le costó la expulsión del colegio en 1926 por "malos hábitos", como dicen en los periódicos. "Hay seres que son nuestro mayor riesgo: Hermine era ya mi riego y mi dureza", describe Leduc uno de los primeros encuentros con la maestra.

Leduc es la marginalidad hecha persona. Bastarda, pobre y fea, amante de mujeres y de hombres homosexuales y proabortista. Pero también parte de ese paisaje del París nocturno donde se puede encontrar azarosamente con Robert Bresson, "la sombra, de tamaño mediano, que venía todos los días con su abrigo de paño beis"; la montadora Denise Batcheff, "morena, bajita, elegante, femenina, impecable" y, sobre todo, el hombre que le cambió la vida y la empujó a publicar: el escritor Maurice Sachs. Leduc lo describe como un hombre con boca de mujer, una barbilla como la bolsa de un campesino de Brueghel, llena y dadivosa, un hombre risueño y agudo, pero también inalcanzable.

Las conversaciones sobre arte y literatura, entrelazadas con encuentros en las tascas parisinas, borracheras, casas de moda, hoteles y bohemia. Y también soledad. Y luego, la vuelta al campo. La sensación perpetua de fracaso. "Siempre seré una exiliada. Envejecer es perder lo que se ha tenido. Yo no he tenido nada. Fracasé en lo esencial: mis amores, mis estudios. Amar la luz. Tenía 16 años y preferí el resplandor de la vela sobre un libro. Tengo 37 y prefiero el sol sobre un acantilado de tiza". Poco a poco, Leduc vuelve al catálogo y al imaginario colectivo. Su malditismo, siempre atractivo, su 'punkismo' vigente y su proximidad a Beauvoir, Sartre y compañía la rescatan, casi medio siglo después, del ostracismo de los insumisos.

miércoles, 22 de abril de 2020

#hemeroteca #antifeminismo | Phyllis Schlafly, la furibunda antifeminista que frenó los derechos de la mujer mientras los disfrutaba

Imagen: El País / Phyllis Schlafly
Phyllis Schlafly, la furibunda antifeminista que frenó los derechos de la mujer mientras los disfrutaba.
"Demasiado conservadora hasta para los ultraconservadores", Phyllis Schlafly ganó votantes defendiendo que las mujeres debían permanecer en el hogar mientras ella, esposa y madre, recorría Estados Unidos inculcando sus ideales. Ahora Cate Blanchett la interpreta en la serie 'Mrs America'.
Lucía Lijtmaer | SModa, El País, 2020-04-22
https://smoda.elpais.com/moda/actualidad/phyllis-schlafly-serie-mrs-america-cate-blanchett/

En el apogeo de su poder, cuando marcaba el teléfono de Ronald Reagan en la Casa Blanca, Reagan jamás dejaba pasar la llamada. El presidente de los Estados Unidos sabía que tenía que atender el teléfono a Phyllis Schlafly, es más: le gustaba hacerlo. Los dos se habían hecho grandes amigos durante la primera campaña de Reagan como presidenciable, que Schafly había apoyado desde el inicio.

He aquí Phyllis Schlafly, una de las mujeres más influyentes del Partido Republicano de EE UU, a la que FX dedica ahora la serie ‘Mrs America’, emitida por HBO en España y protagonizada por Cate Blanchett. Para aquellos no familiarizados con la tradición política estadounidense fue prácticamente una desconocida, pero ha determinado una gran parte de los valores del movimiento ultraconservador norteamericano: la centralidad de la familia, el repudio al feminismo, al aborto, al matrimonio homosexual y, sobre todo, ha sido la principal valedora de la recuperación de la idea de que la mujer es por encima de todo cuidadora y madre antes que trabajadora.

La vida, el trabajo e incluso la imagen de Schafly parecen ideadas por un experto en imagen conservadora: atractiva, madre de seis hijos, en un matrimonio estable y defensora de valores tradicionales, Schafy era la postal perfecta para una campaña orquestada por los republicanos para recuperar una centralidad perdida. Así podría ser leída, pero sería un error: Schafy no fue una estratagema, sino una líder política fundamental, una brillante estratega y, sobre todo, una ideóloga popular que consiguió un gran calado entre el votante medio americano.

Su origen explica en gran parte su trayectoria ideológica. Phyllis Stewart fue el producto de una familia sureña de Missouri castigada por la depresión económica de los años treinta. Se crió en un ambiente católico que le inculcó la idea del esfuerzo y el trabajo. Durante la Segunda Guerra Mundial, apenas con veinte años, Phyllis contaría orgullosa después, estuvo empleada como técnica de balística en la planta de municiones más grande del mundo. Fue una universitaria destacada: obtuvo un máster en política gubernamental en la prestigiosa college de Radcliffe –cuando Harvard todavía no aceptaba mujeres– y poco después conoció y se casó con el abogado John Fred Schlafly Jr, de una adinerada familia de Saint Louis. Años más tarde se doctoraría en leyes.

La historia oficial dice que Phyllis Schlafly se retiró tras su matrimonio a ejercer el papel de madre de familia y ama de casa mientras criaba a sus seis hijos, pero eso contradice de plano la realidad. Lo cierto es que a Schlafly le picó el bicho de la política en seguida: trabajó en campañas para la elección de gobernadores republicanos durante finales de los cuarenta y escribió panfletos anticomunistas durante el macartismo. En 1952 fue candidata republicana al Congreso y perdió. Contrariamente a lo que más tarde defendería, muchos de sus partidarios la recuerdan, deleitados, haciendo campaña embarazada o amamantando a alguno de sus hijos.

Poco a poco –“como un hobby”, se disculparía ella– Phyllis Schlafly se convirtió en un valor en alza. Su libro ‘A Choice Not an Echo’, que exhortaba al partido republicano a alejarse del “’establishment’ del este” –como Henry Kissinger, a quien detestaba–, vendió tres millones de copias, y le dio la plataforma que necesitaba. En los años sesenta comenzó a recorrer el país en favor de las ideas ultraconservadoras que comenzaban a emerger en un sector del partido. Pese a ser una de las más férreas defensoras del candidato Barry Goldwater, y hacer campaña por él en todo el país, tuvo detractores entre sus filas y no obtuvo más que su confianza: era demasiado conservadora hasta para los ultraconservadores.

Pero Schlafly pasó a la historia sobre todo en 1972, cuando encabezó la campaña contra la llamada Enmienda de la Igualdad de Derechos (ERA, en sus iniciales en inglés), una iniciativa para adoptar una enmienda a la Constitución que garantizase la igualdad de hombres y mujeres. Lo que parecía una batalla ganada desde el inicio por los demócratas se convirtió en un debate que se eternizó hasta los ochenta y murió por hastío. Para entonces, la mayoría de los estadounidenses asociaban la enmienda con el servicio militar obligatorio para las mujeres, los aseos mixtos y los derechos LGTB. ¿Por qué? Porque Schlafly se había encargado de que fuera así. Ambiciosa, inteligente y muy seductora, Phyllis había recorrido todo el país y se había convertido en el azote de las feministas. Su discurso populista de tradición y estabilidad familiar, exhortando a las mujeres a elegir la felicidad en el matrimonio y en el hogar, creó un movimiento de base que hizo virar a varios estados y la convertiría en el arma secreta del partido. Por el camino se llevó algún tartazo mediático y el odio encarnizado de los defensores de los derechos civiles.

Durante años y hasta su muerte en 2016, gracias al lobby fundado por ella Eagle Forum, defendería los valores ultraconservadores del partido republicano. Pero no estaba exenta de contradicciones: la autodenominada ama de casa que exhortaba a las mujeres a quedarse en el hogar a cuidar de sus hijos recorrió durante décadas Estados Unidos, escribió más de una docena de libros y tuvo una ama de llaves que se encargó de la crianza de sus seis hijos. En palabras de su oponente, la feminista Karen DeCrow, “era una mujer extremadamente liberada”.

domingo, 3 de noviembre de 2019

#hemeroteca #gais #justicia | Cristóbal Balenciaga: de la Reina Fabiola al expolio de su legado por parte de un alcalde del PNV y su amante cubano en busca y captura

Imagen: El Mundo / Mariano Camio
Cristóbal Balenciaga: de la Reina Fabiola al expolio de su legado por parte de un alcalde del PNV y su amante cubano en busca y captura.
Mariano Camio regaló prendas de la colección, asignó a dedo a su amante cubano -arquitecto sin título oficial- la construcción del museo, etcétera. Camio devolvió con manchas trajes del museo tras celebrar una fiesta de disfraces 'vintage' que dio en Miami.
Beatriz Miranda | LOC, El Mundo, 2019-11-03
https://www.elmundo.es/loc/famosos/2019/11/03/5dbb1035fc6c83bd498b468e.html

Si hay alguien que ha pisoteado el buen nombre de Cristóbal Balenciaga no ha sido el actual director creativo de su etiqueta, Demna Gvasalia, subido a sus famosas y feísimas zapatillas de deporte con plataforma de dos pisos que sorprendentemente tienen tanto éxito. Quien ha mancillado con peor suerte la figura del modista vasco, el más importante de la historia de la moda española hasta la fecha, ha sido este señor: Mariano Camio Uranga.

Ex presidente de la Fundación Balenciaga y ex alcalde de Guetaria por el PNV, ha sido condenado a cuatro años y medio de cárcel por su máxima implicación en el caso de delitos -y faldas- en torno a la construcción del museo del genio de la moda en su localidad natal, un proyecto que se presupuestó en cinco millones de euros y terminó costando 30, seis veces más.

Se trata de una sentencia bastante ‘light’ teniendo en cuenta todo lo que se acusaba inicialmente a Mariano Camio y se lee en el informe elaborado por la Ertzaintza. Un texto digno de novela de Danielle Steel que articula una instrucción que ha durado más de 12 años y en el que no faltan fiestas de disfraces gais y declaraciones de amor por email a la vasca.

Pues bien, el ex alcalde de Guetaria finalmente sólo ha sido declarado culpable de administración desleal y falsificación continuada en documento mercantil y se ha librado de los cargos de malversación de caudales públicos y del delito societario de impedir a un socio el ejercicio de los derechos de información objeto de acusación. ‘Pecata minuta’ si siguen leyendo.

Los ocho años de prisión que solicitaba la fiscalía finalmente se han reducido a la mitad, aunque Camio ha recurrido la sentencia a la Audiencia Provincial de Guipúzcoa. "Pisará la cárcel, pero sin antecedentes y esa condena tan corta lo hará por poco tiempo. Le ha compensado", confirma a LOC una fuente de su entorno, que desliza que en Guetaria se dice que Camio huyó del pueblo al morir su madre anciana, cuyos bienes también embargó, algo que le enfrentó a su familia. Hoy gestiona un negocio de agroturismo en Navarra.

El caso Balenciaga es, sin duda, uno de los más complicados que ha tratado el juzgado número 2 de Donostia, acostumbrado a procedimientos penales de menor envergadura. Terminología jurídica aparte, les contamos la (triste y vergonzosa) historia:

Cristóbal Balenciaga, como bien sabrán, fue el español que vistió a las reinas y damas de la alta sociedad internacional más elegantes del siglo XX. Su talento y glamour atraen al público desde siempre, de hecho el Thyssen acaba de clausurar una exposición sobre su obra con una cifra nada desdeñable de 154.234 visitas.

El ‘couturier’, que murió sin descendencia en 1972 en Jávea, dejó un valioso legado diseminado entre sus mejores clientas que, años más tarde, el también guetariano Mariano Camio, reunió, explotó y expolió.

Todo empezó en 1964. Camio tenía 11 años y visitó por primera vez la tienda de Balenciaga en París. Quedó prendado por el maestro, no valorado lo suficiente en España por haber huido de la posguerra y desarrollar su carrera en la cuna de la Alta Costura. Ve el filón.

1983. Comienza la carrera política de Mariano Camio, que gana las elecciones por el PNV a la Alcaldía de Guetaria, donde también nació Juan Sebastián Elcano. Camio se siente todopoderoso.

1993. El alcalde mitómano consigue fondos y subvenciones para montar el Museo Balenciaga. En un viaje a Barcelona conoce al cubano Julián Argilagos y arrancan una "intensa relación sentimental", según el ministerio público. Argilagos, casado con una mujer y padre de un niño, se va a vivir con su familia a casa de Camio en Guipúzcoa, que consiente el noviazgo y juntos gestionan un hotel en Biarritz.

1999. Camio abandona la Alcaldía y es nombrado responsable de la construcción del museo, financiado a medias por el Gobierno de España y el Gobierno Vasco en tiempos de Aznar, cuando el PP y el PNV partían peras. También le encumbran vicepresidente de la Fundación Balenciaga (cuyo presidente es Hubert de Givenchy, amigo de Balenciaga), sociedad pública que luego cambió de nombre a Berroeta-Aldamar y de cuya gestión también comenzó a encargarse.

2001. Después de declarar unilateralmente a su amante custodio de las piezas donadas al museo (por parte de la condesa Mona von Bismarck, las herederas de la marquesa de Llanzol, las millonarias Bunny Mellon y Meye Maier, etcétera), Camio le asignó también a dedo al cubano la proyección del edificio donde se ubicaría el museo, un anexo al palacio de Aldamar de Guetaria, otrora propiedad de la marquesa de Casa Torres, madre de Fabiola de Bélgica. Le contrató por medio millón de euros, honorarios que acabaron triplicándose y se cobraron con facturas falsas.

Intrusismo
El cubano (imputado en el proceso, pero en busca y captura internacional) era arquitecto y se comparaba con Frank Gehry, pero su título no estaba homologado para trabajar en España. Tampoco el de Rolando Paciel González, tercer encausado y contratado por Argilagos, cuyo trabajo tuvieron que acabar otros profesionales cualificados. Paciel ha sido absuelto de intrusismo y Argilagos, de forma insólita, ha cobrado ayudas para inmigrantes por parte del Gobierno Vasco hasta hace poco.

2007. Se destapan las primeras irregularidades. Gastos de viajes, reparaciones y repostaje del coche personal de la pareja, billetes a Dallas, Nueva York y San Francisco con cargo a la visa oro de la Fundación... Givenchy pide explicaciones, se le niegan y expulsa a Camio.

Por si fuera poco, Miren Arzalluz, hija del fallecido líder del PNV Xabier Arzalluz y conservadora del Museo Balenciaga entonces (hoy es directora del Palais Galliera), denuncia la desaparición de varias piezas valiosísimas de los fondos. Ese año, Camio y Argilagos se llevaron a Miami prendas para una supuesta exposición de Balenciaga, pero éstas regresaron manchadas tras la ¿celebración?, dice el informe, de una fiesta de disfraces vintage.

También consta que Camio regaló a las mujeres de sus concejales pares de guantes, incluso medias, de la colección. Incluso láminas que hoy están también desaparecidas.

2019. Camio, lleno de embargos, tendrá que abonar casi medio millón a la Fundación Balenciaga, que nunca recuperará este patrimonio perdido de valor incalculable.

sábado, 22 de junio de 2019

#hemeroteca #homosexualidad #memoria | Terenci Moix y el Gay Power

IMagen: La Vanguardia / Terenci Moix
Terenci Moix y el Gay Power.
El autor barcelonés fue pionero en proclamar abiertamente su homosexualidad.
Sergio Vila-Sanjuán | La Vanguardia, 2019-06-22
https://www.lavanguardia.com/cultura/culturas/20190622/463010050014/terenci-moix-y-el-gay-power.html

En 1972, Terenci Moix se encuentra en Nueva York acompañando a Núria Espert en la gira que la actriz y su grupo –al que pertenece el compañero de Terenci, Enric Majó– están realizando por el país.

El ya muy conocido, y joven, escritor barcelonés encuentra una mañana de octubre la Quinta Avenida cortada a la altura del Rockefeller Center. Se trata de una manifestación del colectivo homosexual, que avanza hacia la catedral de Saint Patrick para denunciar “la marginación poderosísima que la moral judía y cristiana ha sabido fomentar hasta extremos alucinantes”.

Terenci se mezcla entre los manifestantes, chicos y chicas de aire entre hippy y revolucionario, que comentan con él sus ideas.

En el recuento del episodio, el escritor consigna que el Frente de Liberación Homosexual americano había surgido en 1969, se celebran ahora cincuenta años, tras una redada policial en un bar de Greenwich Village. Pronto cobró auge y también empezó a dividirse en subgrupos a menudo enfrentados: unos, por ejemplo, estaban a favor del matrimonio, otros lo consideraban una trampa del enemigo, el establishment socio-cultural.

En cualquier caso, por encima de las contradicciones ideológicas del Gay Power, sus interlocutores “siempre insistían en la necesidad de ganar, de una vez, el derecho de ser considerados personas”. Así estaban las cosas hace medio siglo.

El episodio se halla recogido en ‘Terenci als USA’, que publicó Moix en Editorial Proa en 1974 y recupera ahora L’Avenç con prólogo de Borja Bagunyà. Es uno de los libros de viajes del autor, junto con el de Egipto que reelaboró una y otra vez, sus ‘Crónicas italianas’ –a mi gusto, el mejor- y el “romántico” que dedicó a Grecia, Túnez y México.

En ‘Terenci als USA’ la lucha gay por la despenalización y la asimilación, combinada con la de otros movimientos de vanguardia, los Black Panthers o el Women’s Lib, reaparece en capítulos como el dedicado a su estancia en San Francisco.

Con su inmensa simpatía, su pasión y su carácter arrollador, Terenci Moix fue probablemente el primer escritor español en proclamar sin complejos, y a los cuatro vientos, su homosexualidad. Lo hizo antes de la revuelta del Stonewall Inn, en libros pioneros como ‘La torre dels vicis capitals’ y ‘El dia que va morir Marilyn’, cuyo co-protagonista, Jordi, encarna toda la problemática de un muchacho gay crecido bajo el franquismo.

Terenci (1942-2003) era claro en su posicionamiento: “Nací a los años sesenta asumiendo que el amor entre hombres es una bendición y no el nefando delito que castiga la religión de los curas”, recapitularía en su libre de memorias ‘Extraño en el paraíso’.

Esta conciencia la elaboraría no solo como material autobiográfico sino también cultural en ‘Nuestro virgen de los mártires’, ‘No digas que fue un sueño’ (premio Planeta 1986) y otras narraciones ambientadas en la antigüedad griega o egipcia, en las que desarrolla estereotipos temáticos o iconográficos asociados al mundo homosexual.

Desde el máximo individualismo y sin querer representar más que a sí mismo, Moix actuó en la práctica como portavoz privilegiado del colectivo en los batalladores años setenta, y hasta su muerte en abril del 2003, en libros, artículos y programas de radio y televisión, combatió y polemizó con humor y con vigor por la libertad de costumbres, la dignidad LGTB y el respeto. Una herencia a reivindicar especialmente ahora que la intolerancia vuelve a asomar sus feas patas entre nosotros.

domingo, 12 de agosto de 2018

#hemeroteca #memoria #franquismo | Massiel, la antifascista que cantó a la libertad y fue censurada en Televisión Española

Imagen: El Diario / Massiel en 1968
Massiel, la antifascista que cantó a la libertad y fue censurada en Televisión Española.
Sus ideales le valieron un enfrentamiento con la dictadura por no querer ir al Pardo y sacarse una foto con Franco, así como la censura en la cadena pública. Declaró públicamente ser antifascista y estar a favor del divorcio, lo que le costó un asalto a su casa por parte de dos militantes ultraderechistas.
Carmen López | El Diario, 2018-08-12
https://www.eldiario.es/cultura/fenomenos/Massiel-antifascista-nego-fotografiarse-Franco_0_802119915.html

Hace semanas, RTVE público en su página web un documento que hasta ahora había permanecido en un rincón oscuro de sus archivos. Se trata del capítulo piloto del programa presentado por José María Íñigo ‘La gente quiere saber’, en el que un grupo de personas del público preguntaba al personaje invitado sobre su vida, su carrera o lo que fuese.

En ese episodio de prueba, la protagonista fue Massiel y sus respuestas no pasaron la censura franquista ni de lejos. Declarar públicamente ser antifascista y estar a favor del divorcio no estaba muy en la línea del régimen.

Aunque esa grabación de 1972 no llegó a emitirse, las ideas políticas de la artista no eran ningún secreto. Antes de ganar Eurovisión hace precisamente 50 años, ya se había hecho muy famosa con canciones como ‘Rosas en el mar’ o ‘Aleluya’, firmadas por Luis Eduardo Aute. Versos como "Voy pidiendo libertad y no quieren oír/ Es una necesidad para poder vivir/ La libertad, la libertad/ Derecho de la humanidad/ Es más fácil encontrar rosas en el mar", la metieron inmediatamente en el saco de la canción protesta.

Puede que si Joan Manuel Serrat no se hubiese empeñado en cantar la versión en catalán de ‘La La La’ para representar a España en el festival de Eurovisión, la carrera de la cantante hubiese sido diferente (y viceversa). Pero evidentemente a la dictadura ni se le ocurrió la posibilidad de que otra lengua que no fuese el castellano representase al país, así que tuvieron que llamar a una sustituta. Massiel estaba en aquel momento en México dando conciertos, así que se tuvo que coger el primer avión que encontró y plantarse en el Royal Albert Hall de Londres.

Según cuenta en un reportaje de Jesús Ordovás en la 2 de TVE, todo fue una estratagema del mánager del Dúo Dinámico Lasso de la Vega. Sus representados son los autores de la canción, así que pensó que si se quitaba a Serrat de en medio actuarían ellos, pero en Televisión Española dijeron que querían a una chica y su estrategia se fue al garete.

"Yo no sabía ni cómo era la canción, pero pensé que si era buena para Serrat, sería buena para mí, porque por aquel entonces cantábamos cosas comprometidas. Yo cantaba de negro, sólo tenía un traje y al ganar un poco de dinero en México me lo copié en morado y rojo, que son mis colores. Iba con bota larga, vestido largo, muy existencialista, melena y un colgante de plata. Al llegar y escuchar la canción, me dije 'Hay que hacer un estilismo. Ponte moderna, que esto va de pop'. Me fui a París y me encargué un traje en Courrèges que pagué con todo el dinero que había ganado en México. Menos mal que gané el festival y me lo pagaron".

Tan pegadizo es el estribillo de la canción, que Massiel no se ha podido desprender de él. Manolo de la Calva, uno de los dos compositores, la avisó de que iba a llevar la canción con ella toda la vida. Y, de hecho, en cada entrevista que le hacen declara que está harta de hablar de lo mismo una y otra vez. Ya se lo había soltado a Miguel de los Santos en el programa ‘Retrato en vivo’ en 1979 y apenas habían pasado diez años. El tiempo no la ayudó en ese aspecto.

"Pintaban una cruz con patas, señorita"
Aunque ganar el festival la catapultó a la fama, ni su carácter ni sus ideales cambiaron. De hecho, le valieron un enfrentamiento con la dictadura por no querer ir al Pardo a recoger el Lazo de Dama de Isabel la Católica y sacarse la foto con Franco. Se lo mandaron por correo meses después y estuvo vetada en Televisión Española durante un año, según ha contado.

En 1970 se subió a los escenarios teatrales junto a Fernando Fernán Gómez para interpretar ‘A los hombres futuros, yo, Bertolt Bretch’, dirigida por Antonio Díaz Merat y estuvo de gira por todo el país (el disco con las canciones se publicó dos años después). Ese trabajo le otorgó el "carnet de roja", al menos por parte del P.E.N.S (Partido Español Nacional-Socialista).

‘Agente Provocador’, de la editorial La Felguera, ha rescatado un reportaje de la revista Triunfo en el que se cuenta el asalto a la casa de Massiel por parte de dos integrantes de la organización ultraderechista. Un ataque que más bien fue una astracanada y que, sobre todo, sufrió la pobre criada que se llamaba Adelina, tenía 18 años y era de León.

Los asaltantes la amordazaron y la ataron a una silla para poder hacer pintadas por toda la casa. Entre otras cosas, dibujaron cruces gamadas (incluso en el famoso abrigo de chinchilla de la cantante) y escribieron "Roja", "PENS" o "Beethoven, sí!".

Cuando la artista llegó a casa, acompañada por la portera y un técnico de televisión, se encontró con ese panorama y los dos delincuentes, que no debían de tener ni 20 años y que, según declaró a la publicación: "estaban más nerviosos que nosotros". Le pidieron que no llamase a la policía hasta pasados 20 minutos y dijeron "no estamos de acuerdo con lo que hemos escrito, pero nos han obligado y pueden obligarte a ti también".

Al final Massiel les metió prisa y se fueron, dejando a la pobre Adelina "obligada a estar atendida en un hospital psiquiátrico, víctima de un shock psíquico con traumas delirantes". Repetía la frase: "Pintaban una cruz con patas, señorita, una cruz con patas".

Genio y figura
De Massiel se ha dicho de todo: que era una niña del régimen, que era más roja que la sangre, que se bebía hasta el agua de los floreros (esto se ha cansado de desmentirlo), que es una malhablada, que es divertida y un torbellino. Como poco. De todo esto lo que está claro es que tiene temperamento, lo que le ha servido para sobrevivir a muchas cosas, entre ellas al machismo imperante en su profesión. Así lo contó en ‘Retrato en vivo’:

"Soy muy luchadora, muy trabajadora, bastante profesional y entonces chocas con la gente que se cree que por tu condición femenina pueden abusar. Y se creen que esto no se puede hacer en serio, que es la niña que quiere cantar, que es un ‘hobby’… entonces es cuando vas y pones encima de la mesa todas las cartas y dices 'no señor, esto es una profesión, este es mi ‘modus vivendi’, esto hay que tomárselo en serio' y no te dejas avasallar. Ahí es cuando dicen que vas a protestar. Y no, simplemente exiges en la misma medida en la que te entregas en tu profesión. Yo procuro no pasar por nada por lo que no tenga que pasar".

Massiel grabó 14 álbumes, actuó en cuatro películas y en numerosas obras de teatro. Se casó tres veces, tiene un hijo y un perro llamado Lenin. Detrás de su nombre artístico vive María de los Ángeles Félix Santamaría Espinosa, una mujer que tiene una carrera que va mucho más allá de aquel ‘La La La’ que la hizo famosa y a la vez la eclipsó. Ella misma lo dice cada vez que le preguntan: "50 años hablando de lo mismo, qué aburrimiento".