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miércoles, 22 de abril de 2020

#hemeroteca #antifeminismo | Phyllis Schlafly, la furibunda antifeminista que frenó los derechos de la mujer mientras los disfrutaba

Imagen: El País / Phyllis Schlafly
Phyllis Schlafly, la furibunda antifeminista que frenó los derechos de la mujer mientras los disfrutaba.
"Demasiado conservadora hasta para los ultraconservadores", Phyllis Schlafly ganó votantes defendiendo que las mujeres debían permanecer en el hogar mientras ella, esposa y madre, recorría Estados Unidos inculcando sus ideales. Ahora Cate Blanchett la interpreta en la serie 'Mrs America'.
Lucía Lijtmaer | SModa, El País, 2020-04-22
https://smoda.elpais.com/moda/actualidad/phyllis-schlafly-serie-mrs-america-cate-blanchett/

En el apogeo de su poder, cuando marcaba el teléfono de Ronald Reagan en la Casa Blanca, Reagan jamás dejaba pasar la llamada. El presidente de los Estados Unidos sabía que tenía que atender el teléfono a Phyllis Schlafly, es más: le gustaba hacerlo. Los dos se habían hecho grandes amigos durante la primera campaña de Reagan como presidenciable, que Schafly había apoyado desde el inicio.

He aquí Phyllis Schlafly, una de las mujeres más influyentes del Partido Republicano de EE UU, a la que FX dedica ahora la serie ‘Mrs America’, emitida por HBO en España y protagonizada por Cate Blanchett. Para aquellos no familiarizados con la tradición política estadounidense fue prácticamente una desconocida, pero ha determinado una gran parte de los valores del movimiento ultraconservador norteamericano: la centralidad de la familia, el repudio al feminismo, al aborto, al matrimonio homosexual y, sobre todo, ha sido la principal valedora de la recuperación de la idea de que la mujer es por encima de todo cuidadora y madre antes que trabajadora.

La vida, el trabajo e incluso la imagen de Schafly parecen ideadas por un experto en imagen conservadora: atractiva, madre de seis hijos, en un matrimonio estable y defensora de valores tradicionales, Schafy era la postal perfecta para una campaña orquestada por los republicanos para recuperar una centralidad perdida. Así podría ser leída, pero sería un error: Schafy no fue una estratagema, sino una líder política fundamental, una brillante estratega y, sobre todo, una ideóloga popular que consiguió un gran calado entre el votante medio americano.

Su origen explica en gran parte su trayectoria ideológica. Phyllis Stewart fue el producto de una familia sureña de Missouri castigada por la depresión económica de los años treinta. Se crió en un ambiente católico que le inculcó la idea del esfuerzo y el trabajo. Durante la Segunda Guerra Mundial, apenas con veinte años, Phyllis contaría orgullosa después, estuvo empleada como técnica de balística en la planta de municiones más grande del mundo. Fue una universitaria destacada: obtuvo un máster en política gubernamental en la prestigiosa college de Radcliffe –cuando Harvard todavía no aceptaba mujeres– y poco después conoció y se casó con el abogado John Fred Schlafly Jr, de una adinerada familia de Saint Louis. Años más tarde se doctoraría en leyes.

La historia oficial dice que Phyllis Schlafly se retiró tras su matrimonio a ejercer el papel de madre de familia y ama de casa mientras criaba a sus seis hijos, pero eso contradice de plano la realidad. Lo cierto es que a Schlafly le picó el bicho de la política en seguida: trabajó en campañas para la elección de gobernadores republicanos durante finales de los cuarenta y escribió panfletos anticomunistas durante el macartismo. En 1952 fue candidata republicana al Congreso y perdió. Contrariamente a lo que más tarde defendería, muchos de sus partidarios la recuerdan, deleitados, haciendo campaña embarazada o amamantando a alguno de sus hijos.

Poco a poco –“como un hobby”, se disculparía ella– Phyllis Schlafly se convirtió en un valor en alza. Su libro ‘A Choice Not an Echo’, que exhortaba al partido republicano a alejarse del “’establishment’ del este” –como Henry Kissinger, a quien detestaba–, vendió tres millones de copias, y le dio la plataforma que necesitaba. En los años sesenta comenzó a recorrer el país en favor de las ideas ultraconservadoras que comenzaban a emerger en un sector del partido. Pese a ser una de las más férreas defensoras del candidato Barry Goldwater, y hacer campaña por él en todo el país, tuvo detractores entre sus filas y no obtuvo más que su confianza: era demasiado conservadora hasta para los ultraconservadores.

Pero Schlafly pasó a la historia sobre todo en 1972, cuando encabezó la campaña contra la llamada Enmienda de la Igualdad de Derechos (ERA, en sus iniciales en inglés), una iniciativa para adoptar una enmienda a la Constitución que garantizase la igualdad de hombres y mujeres. Lo que parecía una batalla ganada desde el inicio por los demócratas se convirtió en un debate que se eternizó hasta los ochenta y murió por hastío. Para entonces, la mayoría de los estadounidenses asociaban la enmienda con el servicio militar obligatorio para las mujeres, los aseos mixtos y los derechos LGTB. ¿Por qué? Porque Schlafly se había encargado de que fuera así. Ambiciosa, inteligente y muy seductora, Phyllis había recorrido todo el país y se había convertido en el azote de las feministas. Su discurso populista de tradición y estabilidad familiar, exhortando a las mujeres a elegir la felicidad en el matrimonio y en el hogar, creó un movimiento de base que hizo virar a varios estados y la convertiría en el arma secreta del partido. Por el camino se llevó algún tartazo mediático y el odio encarnizado de los defensores de los derechos civiles.

Durante años y hasta su muerte en 2016, gracias al lobby fundado por ella Eagle Forum, defendería los valores ultraconservadores del partido republicano. Pero no estaba exenta de contradicciones: la autodenominada ama de casa que exhortaba a las mujeres a quedarse en el hogar a cuidar de sus hijos recorrió durante décadas Estados Unidos, escribió más de una docena de libros y tuvo una ama de llaves que se encargó de la crianza de sus seis hijos. En palabras de su oponente, la feminista Karen DeCrow, “era una mujer extremadamente liberada”.

martes, 6 de septiembre de 2016

#hemeroteca #fundamentalismos | Phyllis Schlafly, la mujer que luchó contra la igualdad de sexos en EE UU

Imagen: El País / Phyllis Schlafly
Phyllis Schlafly, la mujer que luchó contra la igualdad de sexos en EE UU.
Fallece a los 92 años la activista que lanzó un movimiento conservador en la década de los 70 en nombre de los valores familiares más tradicionales.
Cristina F. Pereda | El País, 2016-09-06
http://internacional.elpais.com/internacional/2016/09/06/estados_unidos/1473176235_813511.html

La igualdad de derechos de las mujeres en Estados Unidos sufrió una derrota definitiva en los años 70 gracias a la campaña de una mujer, Phyllis Schlafly. Esta madre de seis hijos defendía que la igualdad de sexos podría perjudicar a las amas de casa y terminaría obligando a las mujeres a unirse al Ejército. Schlafly, líder de la iniciativa que puso la semilla a un movimiento conservador con ecos en la actualidad, falleció este lunes a los 92 años en su residencia en St. Louis.

Desde entonces, ningún político ha logrado sacar adelante la enmienda que escribiría la igualdad de derechos en el texto de la Constitución de EE UU. “En el mundo de la ultraconservadora Phyllis Schlafly, los hombres son hombres y las mujeres son amas de casa, incluso cuando trabajan”, escribió ‘Los Angeles Times’ en un reportaje sobre los debates que celebró la activista en 1989 contra una defensora del derecho al aborto. Habían pasado ya varios años de la victoria más importante de su carrera, pero Schlafly seguía afianzando los cimientos de una maquinaria conservadora que sigue rodando hoy.

Schlafly defendía que el deber del gobierno era proteger los derechos de los bebés prohibiendo el aborto y que “todos los niños deberían ser niños deseados y todas las madres debían desear ser madres”. La activista provocaba a las líderes del movimiento feminista de los años 70 con declaraciones en las que intercambiaba el término abortar por “arrancar bebés” o preguntaba “¿por qué vamos a dejar que las madres maten a sus hijos porque quieren?”

Con declaraciones como ésta Schlafly también demostró ser una gran conocedora del poder de la retórica, la atención de los medios de comunicación y del rechazo a un objetivo concreto como eje de organización de un movimiento. La activista había irrumpido en la escena política a mediados de los 60 al publicar independientemente un libro que acabaría vendiendo tres millones de copias y convirtiéndose en el manifiesto no oficial de los conservadores.

Una década después, Schlafly ya era la líder del movimiento en contra de la enmienda que garantizaría la igualdad de hombres y mujeres ante la ley y prohibiría la discriminación por sexo. Aunque casi llega tarde. Cuando Schlafly se pronunció contra la ERA, la ley ya había sido aprobada por el Congreso, en 1972. Pero un año después, el movimiento feminista celebraba una importante victoria con la sentencia del caso Roe v. Wade, que supuso la regulación del derecho al aborto por parte del Tribunal Supremo.

Schlafly había encontrado la palanca para motivar a toda una generación de mujeres —fue apodada “la primera dama de la mayoría silenciosa”— en contra de la enmienda que reconocería la igualdad de derechos y logró que la enmienda nunca fuera ratificada por suficientes Estados como para entrar en vigor. Gracias a su experiencia en campañas anticomunistas del Partido Republicano, logró movilizar a las mujeres conservadoras en contra de una ley que, aseguraban, era contraria a los valores de familia, perjudicaba a las amas de casa, provocaba más abortos y en un futuro derivaría en el reconocimiento del matrimonio igualitario.

“Ya que las mujeres son quienes pueden tener hijos y no hay nada que podamos hacer al respecto nuestras leyes y tradiciones deben obligar a los hombres a proporcionar el sustento económico”, argumentó en 1973. “Es la obligación del hombre y solo de él. Por eso perderemos si se aprueba esta enmienda”.

Schlafly fundó y presidió el Eagle Forum, una organización en defensa de los valores familiares más conservadores y, tras derrotar la enmienda por la igualdad de géneros, centró sus esfuerzos en limitar el acceso de los menores a guarderías al considerar que “esos cuidados podían perjudicar a los niños”. Sin embargo, nunca escondió que en su casa trabajaba permanentemente otra mujer que ayudó a cuidar de sus seis hijos.

Si las feministas vieron en Schlafly una mujer “liberada” por su amplia dedicación al activismo y la política, ella respondía siempre que era “un hobby” y que nunca daba ningún paso sin la autorización de su marido. “Quiero dar las gracias a mi esposo, Fred, por dejarme estar aquí”, repetía al comienzo de sus discursos; dirigiéndose a las feministas afirmaba que “el único permiso que necesito es el de mi marido” y después reconocía que le gustaba pronunciar esa frase porque sabía que “irritaba a las progresistas más que ninguna otra cosa”.