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viernes, 2 de mayo de 2025

#hemeroteca #queer #terminologia | Torcer lo ‘queer’, traducir las disidencias

Torcer lo ‘queer’, traducir las disidencias
Lo ‘queer’ es marica, sí, pero también muchas otras cosas. Hay palabras que verbalizan una comunidad. O la generan, hasta cierto punto, al delimitarla desde dentro
Darío Gael Blanco | El Diario, 2025-05-02
https://www.eldiario.es/cultura/torcer-queer-traducir-disidencias_1_12262233.html 

Cartel 'De un plumazo' de La Radi //
Hasta donde tengo constancia, cuando la palabra ‘queer’ llegó a España quedó registrada por escrito por primera vez en un fanzine que se puso en circulación en 1993. El número 666 de ‘De un plumazo’, genial proyecto de La Radical Gai, se titulaba ‘QueerZine’ e incluía una página que reza “Queer against Aids” y su propuesta de traducción: “Maricas contra el sida”.

Lo ‘queer’ es marica, sí, pero también muchas otras cosas. Es bollera, travesti, trans, bi, no binario, asexual, intersex, se emparenta y entrelaza con lo disca, el antirracismo, lo migrante, las luchas obreras. En definitiva, con todo horizonte que sopla aires de liberación y se rebela ante la angostura de la norma y la coacción de sus mandatos. Con esa palabra basta, hay quien sostiene. No hace falta seguir añadiendo siglas, ya lo incluye todo. Todo salvo, quizás, una conexión directa con nuestra tradición disidente anterior a los años 90. Y, más allá del ombligo europeo, mayoritariamente blanco y anglosajón, también con el vocabulario y las resistencias del resto de los países hispanohablantes.

Hay palabras que verbalizan una comunidad. O la generan, hasta cierto punto, al delimitarla desde dentro. O bien reúnen varias ya existentes, evidenciando un espacio compartido que no siempre salta a la vista. Tal vez en mesas distintas, cada uno con su silla, habrá quien prefiera la mesita de los tentempiés, estar a su aire o bien apoyado en la barra del bar. Palabras toldo, más que paraguas.

La palabra ‘queer’ es una de esas palabras. No obstante, despojada de su trayectoria sociolingüística previa al acceder al español como préstamo, se plantea la posibilidad de mantenerla tal cual, de adaptarla ortográficamente o de traducirla asociándola a alguna palabra de nuestro acervo, priorizando su elasticidad a sus usos más habituales. La forma adaptada “cuir” goza de aceptación en algunos entornos académicos y más aún en espacios activistas, pero no creo que el auténtico acercamiento pase necesariamente por la ortografía o deba quedarse ahí.

Creo que, en cierta medida, lo ‘queer’ ha vivido un principio de proceso de higienización que es explícito en el término homosexual, patologizado e institucionalizado desde su primer susurro. Y, posteriormente, según Christo Casas en ‘Maricas malas’, lo gay “ha propiciado un nuevo tránsito de la enfermedad al nicho de mercado”. Aunque lo ‘queer’ sin duda no goza del mismo atractivo comercial, la cruel banalización y burla por parte de muchos sectores reaccionarios (también dentro de los feminismos) ha hecho cierta mella pese a que su intento por convertir en insulto algo tan resignificado resulte casi conmovedor, de tan burdo. Pero para mí la clave es que ‘queer’ se coló en el ‘mainstream’ y llegó a los medios de comunicación en parte gracias al halo de respetabilidad que imprimen la academia y sus muros blandos, que absorben y amortiguan el rumor de las calles. Todo ello a pesar de sus raíces rebeldes y usos políticos, y de lo potente de la metáfora y la desestigmatización en su idioma original.

En nuestro entorno, la palabra ‘queer’ ha llegado a muches, y en especial a quienes más discurso generan al respecto, de una manera muy poco ‘queer’. Pero su uso es reciente y ni ha sido mercantilizado con mucho éxito ni hemos explorado todas sus posibilidades. “Si no incomoda, si no revuelve en el asiento y fuerza la mirada hacia un afuera frondoso, no es ‘queer’”, sostiene Víctor Mora en ‘¿Quién teme a lo queer?’ Coincido con él y creo que precisamente por eso sigue siendo útil y teniendo su lugar en nuestro imaginario y estrategias. Pero hay otras palabras en español que incomodan, revuelven en el asiento y fuerzan la mirada hacia un afuera frondoso. Si es que se lo permitimos.

Igual que conocemos mucho mejor Stonewall que el Pasaje Begoña, repleto de locales de ambiente, y la redada policial del 25 de junio de 1971 en la que se arrestó a más de 100 personas, tendemos a abrazar con más facilidad ‘queer’ que sus posibles equivalencias, a cada cual más sugerente. Tenemos una plétora de insultos LGTBIfóbicos que podemos convertir —y muches ya están convirtiendo— en un traje de escamas irisadas: invertido, desviado, torcido y degenerado son, cada cual con sus flexiones correspondientes, quizás los más evidentes.

En el régimen franquista, ‘invertido’ fue una manera harto frecuente de referirse a los hombres que tienen relaciones con (o podrían desear a) otros hombres, o bien a personas que no eran hombres pero se empeñaban en considerar como tales. Pese a parecerme limitada por estar más apegada a la experiencia marica y travesti que a otras más marcadas por la represión desde el ámbito familiar, la iglesia y la psiquiatría, pongo en valor su asociación con la idea de alterar, modificar o subvertir algo. Dar la vuelta a lo que nos vilipendia tergiversando los renglones que nos apuntalaron contra nuestra voluntad. Algo similar sucede con ‘desviado’, aunque también pueda ser adoptada por toda la comunidad, heredera directa de sus bifurcaciones. Comparte con ‘degenerado’ esa idea de depravación reivindicable que nutre tantos estigmas y violencias que nos afectan, pero también destaco las acepciones que apuntan a rodear o esquivar. A ejercer nuestra agencia evitando activamente la norma.

Todas estas me parecen alternativas perfectamente viables, pero para mí ‘torcido’ es la mejor. Y poco tiene que ver con dos de sus posibles etimologías, ya sea del bajo alemán medio (‘quer’ sería oblicuo) o con el verbo en latín ‘torquere’ (torcer). O con el hecho de que ya en 1998 Ricardo Llamas titulase su libro ‘Teoría torcida’ y Marta Pascua Canelo publicase ‘El ojo torcido, la mirada disidente del feminismo queer’ en 2023. Lo que me interesa es su deliberada ambigüedad, que conecta directamente con el espíritu que ha conseguido que ‘queer’ dinamite fronteras geográficas e idiomáticas.

Lo torcido, lo chueco —que tantísima falta le hace a Chueca— nos conecta con las primeras experiencias de disciplinamiento al aprender a sentarnos y a escribir, con la imperfección física, moral o metafórica, con la supuesta rectitud que deja, al fin, de fingir, con la posibilidad de modificarnos o alterar algo a nuestro alrededor para ser más felices, para ver qué sucede o para sobrevivir. No todo el mundo quiere reconocerse en lo desviado, lo invertido, lo degenerado (y eso es parte del problema), pero creo que la mayoría se sabe hasta cierto punto torcido. “¿Qué ser humano no está torcido?”, se preguntaba con acierto Roberta Marrero. Y yo me pregunto, ¿qué hay más ‘queer’ que desbordar las identidades, que poder acariciar las vivencias de cualquiera con una sola palabra?
Este texto es uno de los contenidos del número 26 (enero de 2025) de la revista trimestral impresa ‘Archiletras’. Conoce nuestro proyecto en archiletras.com Ahí puedes suscribirte a ‘Archiletras’, la revista trimestral impresa de divulgación en torno a la lengua y a la literatura, y a ‘Archiletras Científica’, la revista semestral de investigación académica, o adquirir números anteriores de cualquiera de ellas.

miércoles, 20 de noviembre de 2024

#llibres #lgtbi #memoria | Hiperrevolucionaris i supergais : una historia de La Pluma i la C.C.A.G

Hiperrevolucionaris i supergais : una historia de La Pluma i la C.C.A.G. / João França, Adrià Rodríguez Castelló.

Barcelona : Ajuntament de Barcelona, 2024 [11-20].
184 p.

‎/ CAT / Libros / ENS / Activismo / CCAG / LGTBI+ / Maricas / Memoria histórica / Transgresión / Transición / Travestis

📘 Ed. impresa: ISBN 9788491565987 / 20.00 €
📝 Cita APA-7: França, João, Rodríguez Castelló, Adrià (2024). Hiperrevolucionaris i supergais : una historia de La Pluma i la C.C.A.G. Ajuntament de Barcelona.


Aquesta és la història de la revista 'La Pluma' i de la Coordinadora de Col·lectius per l’Alliberament Gai (CCAG), un col·lectiu que va tenir una vida curta, entre el 1978 i el 1980, però intensa i fonamental per entendre la lluita pels drets dels homosexuals de finals dels anys 70 a Barcelona. Publicació íntegra i original impresa del facsímil dels 6 números de La Pluma (1978 - 1980) respectant el format i les tintes directes de l'època, acompanyat d’un estudi en profunditat per entendre una època, una lluita i una revista. Donem una nova vida a una publicació mig segle després de la seva existència. Aquest testimoni ha quedat tancat als arxius durant 40 anys, i ara hem volgut que pugui ser accessible a tothom a qui li interessi. Alguns aspectes ens semblaran antics o superats, però ens ajudaran a saber d’on venim, i d’altres potser ens fan pensar que fa dècades que donem voltes al mateix.

Hi havia una vegada un grup de maricons i travestis que es revoltaven contra la transició, contra la normalitat, contra l’assimilació; que volien lluitar a la seva manera, amb el convenciment que la seva existència, la seva forma d’expressar el gènere i de relacionar-se eren revolucionàries; que van provocar, van ballar i van follar tant com van poder. Del sotrac que aquest grup va suposar a finals dels 70 potser es recorda poc, però ens en podem arribar a fer una idea resseguint el rastre de les seves plomes.

viernes, 31 de mayo de 2024

#hemeroteca #maricas #musica #testimonios | Txerra Bolinaga, el superviviente de RIP: “Lamento no haber salido antes del armario y no haber hecho de ello una pelea desde el principio”

Concierto de RIP en Orio, segunda mitad de la década de los 80 //

Txerra Bolinaga, el superviviente de RIP: “Lamento no haber salido antes del armario y no haber hecho de ello una pelea desde el principio”

El batería de una de las formaciones clave del punk de los ochenta continúa activo en bandas como Perlata. Este 2024 se cumplen 40 años de ‘Zona Especial Norte’, el disco que les dio a conocer junto a Eskorbuto 
Jaime Lorite | El País, 2024-05-31
https://elpais.com/icon/2024-05-31/txerra-bolinaga-el-superviviente-de-rip-lamento-no-haber-salido-antes-del-armario-y-no-haber-hecho-de-ello-una-pelea-desde-el-principio.html

Zona Especial Norte fue el nombre con el que se conoció a un plan presentado en 1983 por el entonces ministro de Interior del Gobierno de España, José Barrionuevo, para combatir a ETA a través de una serie de medidas represivas de excepcionalidad en el País Vasco y Navarra. También el título de uno de los discos más importantes e influyentes en la historia del punk en castellano, publicado un año después, con cuatro canciones de Eskorbuto y cuatro de RIP. Los primeros habían sufrido en sus carnes la ley antiterrorista a la que dio paso dicho plan, cuando fueron detenidos durante 36 horas por el contenido de sus letras. Y en Madrid, durante la grabación de aquel trabajo conjunto, RIP vivieron una experiencia semejante, recuerda ahora su batería, Txerra Bolinaga (Arrasate, 61 años): “Prácticamente al llegar, yendo con Iosu y Juanma [de Eskorbuto], la Policía Nacional nos detuvo a los RIP y a ellos. Salimos a las tres horas de comisaría y dijeron que no nos habían detenido, sino retenido”.

Era la primera estancia de la banda en la capital. En esas fechas consiguieron también dar un concierto en la sala baja del Rockola, donde les cortaron el sonido en la cuarta canción, Antimilitar. “Es verdad lo que decís, pero no se puede decir así” es la explicación que, según Bolinaga, les dieron. Los percusionistas de ‘Zona Especial Norte’ son los únicos artistas del disco que viven para contarlo: 40 años después, el batería de RIP es el último superviviente de su formación, mientras que por parte de Eskorbuto solo queda Pako Galán. Su trabajo, no obstante, continúa vigente.

“Los RIP siguen siendo un referente para el punk de aquí [por Euskadi], creo que también a nivel estatal y de algunos sitios de fuera, como Chile o Argentina. Está mal que lo diga yo, pero sí que veo que lo que hicimos ha quedado. En todos los conciertos que doy siempre vienen varias personas a decirme lo que le han marcado los RIP. No a la altura de La Polla Records, que trabajó bastante más e hizo muchos más discos, igual que Eskorbuto. Nosotros fuimos un poco vagos”, cuenta por videollamada Txerra Bolinaga, en la actualidad batería de los grupos Perlata, Konpost y Zero.

Bolinaga fecha en 1992 el fin de RIP, con ‘No te muevas!’ (1987) como único álbum propio de estudio, y al margen de reuniones posteriores para conciertos puntuales: “Estábamos fatal, el caballo nos afectó mucho. En 1992 hicimos algunos conciertos sin Karlos [‘Mahoma’, vocalista, fallecido en 2003], mientras él se desenganchaba. Así es como nos fuimos diluyendo, en buena parte por lo enganchados que estábamos. Es una pena no haber podido seguir un poco más. Estoy seguro de que si no hubiéramos estado tan enganchados habríamos tocado más años. Pero tuvo bastante que ver la heroína en nuestros bajones y parones. Los mayores malos rollos que tuvimos entre nosotros tuvieron que ver siempre con el caballo”.

En ese mismo año, el músico abandonó su Arrasate natal para mudarse a Vitoria-Gasteiz, donde reside desde entonces, y tratar también su adicción. Portu, el bajista, murió en 1997, mientras que Jul, guitarrista y hermano de Txerra, falleció en 2014, tras sufrir un desvanecimiento cuando tocaba precisamente una versión de RIP, Condenado, en un gaztetxe.

En Vitoria, además de la heroína, Txerra Bolinaga pudo soltar otro lastre como el de la represión de su sexualidad. Allí en los noventa fue uno de los fundadores de Gaytasuna, asociación por los derechos del colectivo LGTBIQ+. “Me costó mucho salir del armario. Hasta 1987 no se lo dije a mis compañeros de grupo, a mi hermano un poco antes. Yo ya sabía que era marica. No me gusta la palabra ‘homosexual’, prefiero devolver el insulto. Pero en mi época lo llevaba bastante mal, en ese momento no quieres ser diferente”, rememora. “Había mucha homofobia, aunque debo reconocer que no por parte de mis compañeros o de la cuadrilla. Con quien peor lo llevaba era conmigo mismo. Es verdad que el mundo del rock y del heavy era supermacho y generalmente homófobo. Algunas canciones lo dejan claro, no quiero dar nombres. Nosotros también teníamos un par de letras quizás no homófobas, pero sí machistas, que eran telita”.

RIP, como tantos otros grupos de su edad y estrato social, coincidió de lleno con la explosión de la heroína en Euskadi, a la cabeza del consumo en España. “Somos una generación que vio morir a mucha gente joven. Cuando haces un repaso... La heroína causó grandes estragos no solo en las capitales, también en Arrasate, en Bermeo o en Zarautz. Vimos muchas muertes por sobredosis. Más tarde llegó el sida, y no había apenas información”. La última reunión de los cuatro miembros originales tuvo lugar de la mano de la Comisión Antisida de Álava, de la que Txerra Bolinaga formaba parte, con el concierto benéfico HIESari aurre egiten!! en septiembre de 1994, editado como álbum en directo al año siguiente.

“No le importaba a casi nadie. Como era la enfermedad de las tres haches, homosexuales, heroinómanos y haitianos, pensaban: se lo han buscado”, cuenta el batería. “Conseguir jeringuillas era difícil, había farmacias que ni te las daban. Parte de lo que fue el sida vino por compartirlas, porque no estaban a mano. Luego ya en los noventa empezaron las comisiones antisida con los kit de jeringuilla, algodón y una toallita de alcohol”.
Demasiado punks para el punk

Una de las canciones más célebres de La Polla Records decía desafiantemente “¿Quieres identificarnos? Tienes un problema”, y los grupos de lo que se convino en llamar Rock Radikal Vasco se emplearon bastante a fondo en eso a la hora de rechazar la etiqueta. También RIP. “Nadie quería estar en la etiqueta”, afirma Bolinaga. “Fue a raíz de un festival contra la entrada en la OTAN cuando algunos medios nos englobaron así a grupos bastante diferentes. Por ejemplo, estaba Barricada, con quien teníamos quizá parecido en las letras, pero no en la música. Luego nos dejó de importar, porque es verdad que sí que éramos radicales y sí que éramos vascos. Pero es algo que otros cocinaron, nosotros simplemente tocábamos”. Por rechazarlo todo, en un primer momento, la banda ni siquiera quiso considerarse punk.

“Hoy a mí el punk me parece una filosofía, más allá de una música y unas letras. Pero en aquel momento pasábamos, teníamos una actitud un poco de postureo. La realidad es que todos nuestros referentes lo eran. Nos impactó mucho ver a los Clash en directo, que sigue siendo para mí el grupo que está por encima de todo, o Sham 69, Chelsea, The Business… Después bebimos mucho de The Exploited y, sobre todo, de GBH, nos encantaban esos ritmos rápidos. ¡Los Ramones de repente nos parecían lentísimos! Encima a posteriori he visto letras de los Ramones, porque no entendíamos lo que decían, y me han parecido una absoluta mierda. The Clash eran combativos y tenían conciencia social”, abunda el ex-RIP.

En su disco en directo de despedida, RIP homenajearon a algunos de sus referentes con versiones adaptadas, como ‘Sink with California’, de Youth Brigade, donde tradujeron el “We’ll sink with California when it falls into the sea” del estribillo como “En California no hay Guardia Civil”.

Pese a no verse como un movimiento homogéneo, ¿hacían piña entre los grupos de su época? “Sí, íbamos juntos, la relación era buena, no tuvimos ningún pique con nadie. Con Eskorbuto teníamos muchísima relación, igual que con La Polla, Kortatu o Cicatriz. También es verdad que yo personalmente nunca me he sentido alguien violento ni dado a las broncas, pero éramos bastante macarras y con los heavies no teníamos buen rollo”, admite. De los primeros tiempos de RIP, recuerda que debutaron en el instituto donde estudiaba Jul, su hermano. Nunca vivieron de la banda. “Ni de lejos, estábamos muy mal pagados. La mayoría del dinero de los conciertos se iba en el viaje, y lo que sobraba iba para la vena. Como mucho nos darían 50.000 o 70.000 pesetas en alguno. Yo trabajaba con el camión, Karlos con el autobús... Tampoco nos llevaba nadie, nos llamaban al teléfono de casa de mi madre, que era el contacto que estaba en el disco, y decidíamos ir o no”. 

Nuevos tiempos, mismas luchas
Tras RIP, Txerra Bolinaga y su hermano Jul se unieron a Evaristo Páramos, cantante de La Polla Records, en los proyectos de corta duración The Kagas y The Meas, que publicaron un único álbum respectivamente en 2002 y 2004. Paralelamente, el batería se implicó en diferentes plataformas sociales. “Antes militábamos con la música, por así decirlo, con nuestras letras o yendo a tocar a determinados sitios, porque en los gaztetxes siempre era por una causa. Después vino mi toma de conciencia por otras vías, también por lo que a mí me tocaba”, explica.

Depositario del legado de una época que sigue marcando a muchos artistas emergentes, Bolinaga está concediendo generosas entrevistas retrospectivas este año y, a diferencia de los viejos tiempos, ahora todo lo que gana viene de la música: de las tres bandas en las que toca, los derechos de autor de RIP (“poquísimo”, aclara, porque de las reediciones dice que no le pagan las regalías) y las clases de batería que imparte. Con Perlata, grupo que se define como ‘kuirpunk’ con quien tiene previsto grabar pronto un álbum (el primero con él como miembro, puesto que su andadura empezó en 2015), ha podido resolver una vieja cuenta pendiente: “Tengo la espina de no haber salido antes del armario, lamento no haber dado el paso desde el principio y haber hecho de ello una pelea. Yo era marica y quería que otras personas tuvieran también referentes dentro de la música. Perlata es algo en lo que siempre he querido estar, un grupo que reivindica la diversidad y salir de la ‘heteronorma’. A mí me emociona y me encanta”. “También a veces en Zero o Konpost metemos letras de esa temática”, subraya.

Tanto Zero como Perlata están liderados por mujeres. “Las mujeres están tomando el paso y también el rollo marica, bollo y trans, aunque los hombres sigan copando los festivales. A mí me daba mucha rabia que el mundo del rock fuera tan machirulo. Lo gay antes estaba relacionado con la música disco y eso me rechinaba un poco, ahora afortunadamente existen otras cosas. Pero aún tienen que existir muchas más”, opina. Bolinaga extiende su deseo al género, en su dimensión más reivindicativa: “Lo que hicimos echó raíces y en algunas canciones teníamos mucha razón. El punk sigue vivo, hay gente joven haciéndolo, pero queda trabajo. Viendo cómo está el mundo, con la extrema derecha o lo que está pasando en Palestina, para mí tendría que haber muchísimo más punk y ser todo mucho más contestatario”.

viernes, 27 de octubre de 2023

#hemeroteka #maritxuak | Christo Casas. Kazetaria eta antropologoa: «Eskubide bat edukitzeko maritxu ona izan behar bada, ez da eskubidea»

Christo Casas //

Christo Casas. Kazetaria eta antropologoa: «Eskubide bat edukitzeko maritxu ona izan behar bada, ez da eskubidea»

LGTBI komunitatekoak haien produkzio ahalmenaren arabera errespetatzen ditu sistemak, Casasen esanetan. Adibidez, ezkontzen direnak dira «maritxu onak». Aldarriak despolitizatzen ari direla nabarmendu du.
Amaia Igartua Aristondo | Berria, 2023-10-27
https://www.berria.eus/paperekoa/1886/040/001/2023-10-27/eskubide-bat-edukitzeko-maritxu-ona-izan-behar-bada-ez-da-eskubidea.htm 

‘Homosexuala’ medikuntzak erabilitako berba bat dela dio; ‘gay’, kontsumismoak hauspotutakoa. Hala, ‘maritxu’ eta ‘marikoi’ hitzak hobetsi ditu Christo Casas kazetari eta antropologoak (Henarejos, Espainia, 1991) bere burua izendatzeko. ‘Maricas malas’ liburuan (Maritxu gaiztoak; Paidos, 2023), kritiko ageri da maritxu onen eta gaiztoen arteko bereizketarekin. Larunbatean aurkeztu zuen liburua Bilboko Sinsorga kulturgunean, Zuriñe Rodriguez kazetariarekin batera.

G. Produktibitatearen araberakoa al da tolerantzia?
Bai, erabat. Familia eredu zisheteronormatiboa inposatzen digute ez soilik aberastasuna sortzeko, baita langile klasearen hurrengo belaunaldia erreproduzitzeko ere.

G. Liburuan diozu asko aldatu direla aldarriak trantsiziotik gaur egun arte. Zer gertatu da bidean?
Espainiako Estatuko lehen LGTBI manifestazioa 1977an egin zuten, Bartzelonako Rambletan. Dekalogo bat egin zuten, eta ez zuten aipatzen ezkontza igualitarioa. Kontrara, familia abolitu nahi zuten harreman eta ekoizpen eredu moduan. Baina GIBaren eta hiesaren epidemian, LGTBI pertsona asko bakarrik hil ziren. Estatuak aitortutako harreman eredu bat nahi izatera bultzatu zituen, agian. Baina 2006an [i.e. 2005], ezkontza igualitarioa lortu zenean [Espainian], ematen zuen kolektiboak eskakizun guztiak lortu zituela.

G. Alde materiala galdu da, sinbolikoaren mesedetan?
Materialismo historikoaren arabera, sinbolikoa beti dator materialetik. Uztartuta daude, marikoia eta langile klasekoa izatea bezala. Ez banintz langile klasekoa, ez nintzateke marikoia izango, gay baizik; hau da, kontsumo eredu bat.

G. Eskubideak izateko, baldintza batzuk daudela diozu: kontsumitu beharra, esaterako. Baldintzatuta badago, eskubidea al da?
Eskubide bat edukitzeko maritxu ona izan behar baduzu, ez da eskubidea. Sari bat da, men egitearen trukean emana. Errespetagarriak izateak ez ditu baldintzatzen gure eskubideak: zikinak, gaiztoak izan arren, eskubide berberak merezi ditugu.

G. ‘Maritxu gaiztoa’-ren eraikuntzan, gakoetako bat sexualitatea da. Tximino baztangaz mintzo zara: gizon homosexualen sexualitatea kriminalizatzeko erabili zen.
Instituzio medikoek sexualitate disidenteak kriminalizatzeko duten ahalmenaren hamaikagarren eredua da —noski, GIBarena eta hiesarena izan zen argiena—. COVID-19rekin, OMEk alfabeto greziarra proposatu zuen aldaerak izendatzeko, eta ez jatorria, estigmatizatzailea eta arrazista baitzen; bada, tximino baztanga heldu zenean, OMEko idazkari nagusiak [Tedros Adhanom Ghebreyesu] eskatu zien gizonei uzteko sexu harremanak edukitzeari beste gizonekin. Heteroek har ditzaketen gaixotasunetan, ordea, konponbidea sendagaiak dira, profilaxia...

G. Halako diskurtsoak behin eta berriro azaleratzen dira?
Maritxu onen eskakizunak onartzen direnean —zuriak, aberatsak, familiak sortzen dituztenak...—, gogorragoa egiten da LGTBIfobia maritxu txiro, arrazializatu, elbarri edo zerrientzat. Estatuak, enpresa pribatuek eta are eskuin muturrak onartzen dutenean maritxu ona, jada haien indarkeria ez da LGTBIfobia: izan ere, normala izatekotan, onartzen dute, baita babestu ere, hari erasotzera etorriko den musulmanaren aurrean. Ezkontzak nazioaren parte bihurtu gaitu, eta hori da ondorioetako bat.

G. Estatu batzuk ere eredugarritzat aurkezten dira eskubideei dagokienez, eta beste batzuk barbarotzat jotzen dituzte. Kolonialismo kontua ere bada?
Eskubideak instrumentalizatu egiten dira diskurtso arrazistak justifikatzeko. Adibide bat da Gazako genozidio potentzialarekin gertatzen ari dena: Israel LGTBI paradisu bat da, Mendebaldeko herrialdeen antzekoa, eta, Gazan jendea hiltzen dutenean, LGTBI pertsonak defendatzen ari dira; horrek ezkutatu egiten du arabiar herrialdeetan ere badagoela LGTBI jendea eta, sarritan, emantzipazio estrategia propioak dituztela. Ezkontza igualitarioa esportatu egiten dute, halaber.

G. Punitibismoaz ere mintzo zara. Askotan, gorroto delituen aurrean Polizia aldarrikatzen da. Zuk uko egiten diozu, ordea.
Definizioz, Poliziak ezin du deliturik eragotzi, beti ondoren esku hartzen baitu; erakunde punitibista bat da, ez pedagogikoa, ez prebentiboa. Gainera, berriro biktimizatzen du. Sarri, esaten da gertuagoko Polizia bat behar dela, hezi behar dela, eta horrek konponduko dituela arazoak. Baina Alex S. Vitaleren azterketen arabera, Polizian LGTBI komunitateko agenteak, agente arrazializatuak edo emakumezko agenteak daudenean, korporatibismoa gailentzen da: prestago daude agentea defendatzeko, haren biktima baino.

martes, 17 de octubre de 2023

#libros #maricas #copla | Querer como las locas : pasiones maricas ocultas en la copla de Rafael de León

Querer como las locas : pasiones maricas ocultas en la copla de Rafael de León / Jesús Pascual.
Córdoba : Cántico, 2023 [10-17].

170 p.
Serie: Culpables.

/ ES / Libros / ENS / Copla / Disidencia sexual / Franquismo / Maricas / Memoria sentimental / Queer / Rafael de León

📘 Ed. impresa: ISBN 9788419387622 / 17,95 €
📝 Cita APA-7: Pascual, Jesús (2023). Querer como las locas : pasiones maricas ocultas en la copla de Rafael de León. Cántico.


[.es] Esta obra, ganadora del I Premio de Teorías Queer y Crip Sonia Rescalvo Zafra, está firmada por Jesús Pascual, una de las voces jóvenes más potentes del panorama queer español, y constituye una rica e innovadora reflexión sobre las pasiones maricas ocultas en la copla andaluza durante el franquismo. El discurso se articula en torno a la figura de Antonio, "la Palomita", cuyas fotografías y vivencias vertebran el libro. La intimidad de Antonio queda ligada a las coplas de Rafael de León mediante el lúcido análisis del autor, que nos ofrece una mirada cálida y muy necesaria sobre la pasión, la expresión del deseo y la disidencia sexual durante la dictadura. Un libro absolutamente necesario y actual, que supone al mismo tiempo un diálogo entre generaciones y un reconocimiento a las figuras valientes y anónimas que mantuvieron viva la pulsión queer en España.
 
DOCUMENTACIÓN
>
Una lectura queer de las coplas de Rafael de León
Arte Compacto, Radio 5, RTVE, 2023-10-07

lunes, 2 de octubre de 2023

#hemeroteca #maricas | Christo Casas: "Hay maricas malas, sucias, de clase obrera que nos resistimos a ser domesticadas"

 Christo Casas, autor de 'Maricas malas' //

Christo Casas: "Hay maricas malas, sucias, de clase obrera que nos resistimos a ser domesticadas"

María Cabré Solé | Revista Mercurio, 2023-10-02

https://www.revistamercurio.es/2023/10/02/christo-casas-maricas-malas/

No sé si es que Christo Casas (Cuenca, 1991) ha echado a volar para tomar distancia y ver con claridad, o es que cuenta desde siempre con esta mirada perspicaz. Pero 'Maricas malas' (Paidós, 2023) no es solamente un ensayo que desvela cosas que pueden comprenderse desde la distancia, sino que también está dotado de la cercanía de quien lo ha vivido. El autor ha aparecido justo a tiempo para presentar promesas orgullosas, autoafirmativas y desafiantes que ponen en jaque la mirada colonizadora. Un incentivo emancipador directo en vena. Que revisa la idea del trabajo como chantaje, del matrimonio igualitario, del VIH y de los prejuicios sobre las maricas, las migrantes, las tullidas, las racializadas, montado sobre la idea, o al menos así lo interpreto yo, de que lo prestablecido no siempre tiene una orientación profunda. Que, a veces, solo es forma sin relieve: una costumbre a revisar.

Este es el ensayo de un nuevo edén: el del mundo tal y como lo conocemos, pero al revés. Más compasivo, más libre y más colorido. El de un lugar que rescata las diferencias de las «maricas malas», las marginadas desde siempre, para darles su lugar.

P. ¿Cómo surgió la idea de escribir ‘Maricas malas’?
La imagen que se tiene de lo que ha de ser un gay o un homosexual desde la sociedad es la de una persona de clase alta, que vive en barrios pijos, que tienen un gusto excelente y exquisito por la decoración carísima, y una cantidad de estereotipos en los que me era bastante imposible encajar por mi condición de clase. Si tenemos en cuenta que, por mera probabilidad estadística, la inmensa mayoría de personas LGTBI son personas de clase obrera, estaba bastante convencido de que las ‘Maricas malas’ éramos mayoría dentro del colectivo, y que había llegado la hora de desmontar ese estereotipo, y es que hay maricas malas, sucias, de clase obrera que nos resistimos a ser domesticadas de alguna manera.

P. ¿Qué hay detrás del concepto de ‘marica’? ¿Es una realidad o una propuesta?

La palabra «marica» tiene muchísima tradición en el idioma español. Viene del siglo XIX, y hacía referencia a aquellos hombres que, como eran afeminados y no podían reproducirse, formaban parte de una clase social inferior, como lo eran los adolescentes, los niños o las mujeres que, aunque fueran de clase obrera, tampoco eran consideradas como trabajadoras porque lo que ejercían eran los cuidados. Mi propuesta es recuperar la perspectiva previa a lo que en los estudios ‘queer’ se llamaría «el giro sexo-centrado». Y es que en los años 70-80, con la revolución sexual, pasamos a construir nuestras identidades a través de con quién nos acostamos, y es aquí donde irrumpe la etiqueta «gay».

En «Ames a quien ames no importa» o «Love is love», el amor está en el centro del discurso, pero realmente la discriminación, el acoso, el insulto o la agresión a las personas LGTBI no se hace por con quién se acuesten, sino por cómo somos. Por la pluma que tenemos, nuestra estridencia, porque molestamos. Por eso propongo recuperar el término «marica», porque vuelve a poner esto en el centro.

P. ¿Basta identificarse con lo marica para serlo?
Esto es quizá lo más controvertido del libro. He querido hacer una propuesta poco identitaria, es decir, que lo que define nuestras identidades no es quiénes somos ni de dónde venimos, sino qué hacemos y hacia dónde vamos. Y aunque esto es un poco ‘spoiler’ del libro, lo que vengo a decir es precisamente eso, que marica es quien quiera serlo. Porque lo que debe unirnos, y configurarnos, es el destino hacia el que nos dirigimos, la propuesta que tenemos, el horizonte que perseguimos. Para mí cualquier persona que persiga el mismo horizonte de emancipación de clase, el mismo horizonte igualitario, el mismo horizonte de libertades, de respeto y de dignidad para todas las personas, independientemente de si son maricas o heteros, blancas o negras o racializadas, de si son capacitadas o discapacitadas… todas las personas que busquen el mismo horizonte son maricas como yo.

P. ¿Y hacia qué horizonte debe mirar lo marica?

Creo que la definición de un horizonte marica es la indefinición. Una queja que hago en el ensayo es que la sociedad cishetero nos obliga a establecer categorías estancas y encajonarlo todo de manera muy definida. Para mí lo más ‘queer’, lo más LGTBI, lo más marica, lo más punk, es romper con ese encasillamiento, esos cajones estancos. Como Víctor García Mora creo —y lo cito en el libro si no me equivoco— que lo ‘queer’ es aquello que se desborda, es aquello que mira hacia un afuera frondoso, dice él; es decir, hacia un mundo abierto de posibilidades infinitas, y que nos permita escoger a cada persona lo que nos acomoda. Aquello que nos haga más felices, individualmente, aunque en el camino hacia allá luchemos de manera colectiva.

P. ¿Y hacia dónde quieres llevarnos con este ensayo?
El activismo LGTBI se ha centrado mucho en destacar el sufrimiento, el dolor, la persecución que padecemos, las discriminaciones, y esto hace parecer que ser una persona LGTBI o ser una persona marica se explica exclusivamente a través del dolor; cuando ser una persona LGTBI es también una fuente de felicidad y de posibles alternativas a lo heterosexual, y también tenemos una vida plena. Hacia donde quiero llevar es a la idea de que los modelos de las personas LGTBI también puedan plantearse imitar los modos de vida o la cultura marica, la bollera, la trans, imitar otras realidades subalternas que les pueden dar también alegría, que pueden ser fuentes de placer para ellas en sus proyectos vitales.

P. En tus perfiles de Instagram y Twitter te defines como maricón de clase obrera. ¿Por qué no lo haces como antropólogo, activista o periodista?

Tengo bastante conflicto con estas definiciones, porque mi sensación es que tendemos a definirnos muy rápidamente por nuestro oficio. Al final, lo que hacen es trasladar en primera instancia cuál es nuestro estatus socioeconómico. Explicar claramente que tenemos una profesión respetada, una profesión con altos ingresos.

Esto me facilita mucho contar una anécdota que me gusta. Cuando me licencié en periodismo, hace ahora 11 años, durante los primeros tres o cuatro años después de terminar la carrera trabajé como camarero. Y lo curioso es que, mientras lo hacía, decía que era periodista, pero realmente era camarero. El hecho de identificarnos con una profesión a menudo nos pone también en un cajón que nos impide establecer relaciones horizontales y de reciprocidad con gente que se dedica a otras profesiones. Creo que nos divide como clase, y en este sentido prefiero mucho más identificarme como maricón o como clase obrera, que son identidades transversales, que pueden interpelar a más gente y que pueden construir puentes.

P. En el ensayo optas por el uso del lenguaje femenino.

Opto por el plural femenino como una apuesta política por el lenguaje. Creo que es necesario un lenguaje inclusivo, un lenguaje que no esté marcado por el género para respetar todas las identidades. Cuando tendemos a utilizar lenguaje sin marca de género, se desvanece esa reivindicación política. Porque podría decir «el alumnado» en lugar de decir «los alumnos y las alumnas», o decir «las alumnas». Pero en el momento en que digo «el alumnado», aunque sea la palabra más correcta para incluir a todos, y una forma que en español ya está aceptada, lo que hago es invisibilizar que estoy rechazando el uso del masculino genérico. Entonces, cuando apuesto por el femenino plural lo que hago es poner sobre la mesa o evidenciar que tenemos un problema con la lengua española desde el momento en que no incluye y no respeta a todas sus hablantes. Además, marica es un término femenino.

P. Criticas eslóganes como «Love is love» o «Ames a quien ames, Madrid te quiere» como ejemplos de ‘pinkwashing’. ¿Cómo podrían desarrollarse políticas más eficaces o reales hacia el colectivo LGTBI?
Yo no tendría ningún problema con el ‘pinkwashing’, siempre y cuando llevara también consigo actuaciones de calado. Por ejemplo, si cada 28 de junio una marca saca ropa con arcoíris o banderas, o saca anuncios con los colores o mensajes como «Love is love», y también realiza políticas activas de defensa de los derechos LGTBI en su plantilla laboral, para mí no hay ningún problema porque hay coherencia. El problema es cuando las empresas usan esto como lavado de cara pero siguen discriminando a sus trabajadoras LGTBI.

Ya que me preguntas por hacer propuestas activas, y ahora aquí viene otro punto del ensayo, considero que las personas LGTBI hemos de ser aliadas del resto de personas que se encuentran en situación de opresión o persecución, incluida, por supuesto, toda la clase trabajadora en su conjunto. Yo creo que seguiría siendo ‘pinkwashing’ si esa empresa tiene un anuncio LGTBI e implementa políticas inclusivas pero fabrica en Bangladesh explotando a la población local de un país del sur global.

P. Afirmas que el matrimonio igualitario es una derrota, porque alimenta esa idea de gay arquetípico.
Este es otro de los temas controvertidos del libro. Es indudable que este ensayo ha sido publicado en un momento en que el clima de opinión y la esfera política española están teniendo un giro hacia la derecha, y estamos normalizando discursos que desplazan el marco de cómo percibimos las políticas y la opinión pública hacia el conservadurismo.

Dicho esto, Didier Eribon, uno de los antropólogos que cito en el ensayo (y que en su caso defiende el matrimonio igualitario porque Francia es un país donde ha costado mucho más conseguirlo e incluso hoy, diez años después de su aprobación, se sigue cuestionado ampliamente), explica que el matrimonio igualitario debe ser un derecho para todos mientras el matrimonio a secas también sea un derecho. Pero una vez esto haya sido aceptado socialmente, hay que exigir un desplazamiento y ser autocríticos con lo que se ha planteado. Es precisamente este desplazamiento lo que plantea mi ensayo. Afortunadamente, en España no estamos en una situación como la de Francia y creo que formamos parte de una sociedad suficientemente madura como para analizar y debatir las consecuencias que ha tenido la perpetuación del matrimonio instrumentalizando a la gente LGTBI; o, remitiendo a la pregunta previa, hablar del ‘pinkwashing’ que se ha hecho del matrimonio instrumentalizando a la gente LGTBI, cuando era una institución criticada por los feminismos o la izquierda en los 80 y 90.

P. Después de leerte me surge la duda de si te gustaría que lo marica absorbiese lo gay, si quieres que lo lidere o simplemente que se acepten como narrativas distintas.
Creo que lo gay nos obliga a las personas LGTBI españolas, concretamente a los maricas, a los hombres que tienen sexo con hombres, a observarnos a nosotros a través de la óptica de Estados Unidos, de la óptica anglosajona. Por el tipo de ocio que consumimos, por el tipo de cultura que nos llega, los productos culturales, las series, las películas, la narrativa ‘bestseller’. Digamos que el eje de las personas que viven en Europa está desplazado hacia Estados Unidos. Entonces, sí que creo que reivindicar la palabra marica es, de alguna manera, volver a conectar un poco con la realidad cultural local. Todas las personas tienen el derecho a definirse desde el lugar y desde la etiqueta que les sea más cómoda, o incluso a deshacerse de todas las etiquetas si les resulta mejor, pero soy de la opinión de que ha llegado el momento de reivindicar lo marica y exigirle respeto, lo cual no tiene por qué desplazar ni absorber lo gay.

P. Comentas que la LGTBIfobia y el clasismo están entrelazados, que son el mismo problema. ¿Pero cómo persuades a quienes poseen ciertos privilegios a renunciar a ellos en beneficio de la igualdad?
La solución más fácil que te daría es «eat the rich». Pero también entiendo que hay otras formas que no requieren de comerse a nadie, a menos que sea una parafilia de la persona que desea ser comida. En todo caso, yo creo que hay herramientas de redistribución que demuestran que aquellas sociedades más igualitarias, o aquellas sociedades donde hay mayor igualdad de oportunidades, redundan en el beneficio común y son positivas para todas. Estoy bastante seguro de que hay gente que tiene tantísimo dinero que no va a saber qué hacer con él en su vida y que va a morir sin haberlo gastado. Realmente hay un fetichismo de la acumulación de riqueza, de la acumulación material. Entonces, se trata más bien de un cambio cultural y de percibir que no necesitamos tanto dinero, ni acumular tanto como creemos, y que redistribuyéndolo tendríamos una sociedad mejor, incluso para las personas que acumulan. Bibliotecas del tiempo, bibliotecas de objetos, modos colectivos de poseer… Es difícil de conseguir, porque como explicaba antes, nos han convencido de que la acumulación y el éxito son sinónimos. Pero estoy seguro de que podemos llegar a este cambio cultural.

P. ¿Puedes compartir ejemplos personales de privilegios a los que hayas tenido que renunciar y las ventajas que has encontrado al hacerlo?
A través de este ensayo, lo que planteo es que hay que cuestionar también el concepto de privilegio, porque hemos llegado a un punto en que se está llamando privilegios a derechos básicos. Tú tienes una casa, ¡qué privilegiado eres! Tú no has estado nunca en el paro, ¡qué privilegiado! Tú tienes derecho a voto y yo no, ¡qué privilegiado! Y no. Estamos llamando privilegios a cosas que son derechos. La diferencia entre un privilegio y un derecho es que el privilegio no debería tenerlo nadie y el derecho debería tenerlo todo el mundo. En el momento en que llamamos privilegio a trabajar, tener un hogar o votar, estamos diciendo que no habría que tenerlo, cuando en realidad se trata de derechos que habría que garantizar.

En mi caso, la experiencia que tengo como hombre blanco ocupando espacios me ha hecho darme cuenta de que en muchas ocasiones había gente que no es que no tuviera opinión o no quisiera expresarla, es que no lo hacía porque mi presencia, por una tradición cultural, les lleva a callarse, como es el caso de mujeres que no expresan su opinión en espacios masculinizados o personas racializadas que no expresan su opinión en espacios muy blancos. ¿Y qué es lo que yo he ganado? Pues simplemente el hecho de escuchar una experiencia diferente a la mía, y la maravillosa sensación de cambiar de opinión me parece ya un motivo para callarse de vez en cuando.

P. En el ensayo haces notar la diferente percepción social entre la prevención del embarazo y la prevención del VIH. ¿Cómo podríamos desafiar los estereotipos de género y las normas sociales para promover una visión más equitativa de ambas formas de prevención?
Sí, en el ensayo hago esta afirmación partiendo del contexto del análisis de lo que viene a ser el discurso médico. En un primer lugar, para conseguir superar estos estigmas que hay hacia la prevención del embarazo o hacia la prevención del VIH, que presento como diferenciados. Incido mucho en que las mujeres que son responsables de su salud sexual y reproductiva son estigmatizadas y tratadas de putas, de zorras o de guarras. Y lo mismo nos pasa a los maricones. Lo que creo que hay que hacer es reformar en primera instancia el discurso médico. ¿Por qué? Porque la medicina, incluso en 2023, está diseñada desde el punto de vista del hombre cisheterosexual. Por poner un ejemplo, los testeos de medicaciones o de tratamientos médicos se siguen haciendo sobre cuerpos de hombres cis y occidentales, y esto ignora por completo la diversidad fisiológica que hay en todos los cuerpos del planeta. En consecuencia, vemos que hay efectos secundarios no previstos, o desdeñados, en los cuerpos de las mujeres o de las personas de otros orígenes que no sean europeo o estadounidense. Creemos que el discurso médico es neutro porque es ciencia, pero lo cierto es que está atravesado por los prejuicios de las personas que hacen la ciencia.

Esto obviamente tendrá también una incidencia en el discurso social porque los médicos, los doctores, los estudios sobre salud, los ministerios, son instituciones que percibimos como autoridad, son personas cuyos discursos respetamos. En el momento en que veamos a una persona que entendemos como autoridad en una materia cuestionar el machismo o el prejuicio homófobo que hay dentro de la medicina, creo que la sociedad en general comenzará a cambiar su perspectiva sobre estos tratamientos.

P. Está claro que hay que seguir combatiendo la homofobia, pero ¿hay otras maneras de hacerlo que no sea desde lo LGTBI?
De hecho, la única manera de hacerlo es no haciéndolo desde allá, porque cuando decimos que la homofobia debe ser combatida por las personas LGTBI, lo que estamos haciendo es obligarlas a llevar la carga de su propia defensa. Y, de algún modo, esto tiene una cara B muy fea. Cuando decimos que las personas LGTBI son las responsables de educar y de evitar la homofobia, lo que estamos asumiendo es que al recibir una agresión homófoba, es también culpa de ellas porque no han sido suficientemente pedagógicas o no han sabido explicarse para evitar esa agresión. Por tanto, yo creo que la mejor manera de combatir la LGTBIfobia es que las personas que no son LGTBI se den cuenta de ella y la combatan entre ellos. Es decir, si tú eres un tío heterosexual y escuchas a un amigo tuyo, o lo ves en el grupo de WhatsApp, diciendo barbaridades sobre las personas LGTBI, intervén.

P. ¿Qué les dirías a las infancias de hoy para que sean más maricas el día de mañana?
La clave no está tanto en qué decirles a las infancias, porque las infancias son tremendamente maricas. Lo que quiero decir es que los niños, las niñas y les niñes, antes de ser educadas en sociedad, hacen cosas tremendamente maricas. Si un niño ve a su hermana jugando con una Barbie y le apetece, lo dice sin ningún complejo a los tres, a los cuatro, a los cinco años. Pero deja de decirlo conforme crece. Los vamos desamariconando conforme los educamos, en el momento en que decimos: «No, tú no puedes jugar con una Barbie porque eso es de niñas»; «No, tú tienes que ir al fútbol y no puedes ir a ‘ballet’»; «No, tú tienes que llevar pantalones y no puedes llevar falda». No se trata tanto de qué le diríamos a las infancias, se trata de desencasillar la infancia en el sentido que antes decía de un horizonte ‘queer’ sin límites. Yo entiendo que le tienes que poner límites como a qué hora se tiene que ir a dormir, pero no aceptar que un niño quiera hacer una cosa que tú consideras de niña, o que una niña quiera hacer una cosa que tú consideras de niño, no es un límite, es un prejuicio que estás imprimiendo en esta niñe, niña o niño, que va a crecer creyendo que aquello que no hacía daño a nadie, jugar con una muñeca, es algo tremendamente malo y perverso. Las infancias, para que sean más maricas, tienen que tener paternidades y maternidades más maricas.

P. «Amariconad el mundo», dice en imperativo el último capítulo, al que luego siguen unas páginas que rebosan de cuidados y ternuras. A quienes puedan pensar que tienes intención de ‘queerizar’ lo cishetero, ¿qué les dirías?
Que sí, que absolutamente tengo la intención de ‘queerizar’ lo cishetero. Creo que durante todos estos años de activismo, aunque se ha pretendido que lo LGTBI parezca más cishetero, nos han llevado algunas frustraciones dentro del colectivo. De alguna manera parece que teníamos que recortarnos nosotros aquellas estridencias, como decía en la pregunta previa de aquel niño que tiene que evitar jugar con una muñeca. Lo mismo ocurre cuando llegas a ser adulto, resulta que tienes que evitar hacer cosas con mucha pluma para evitar llamar la atención en el trabajo. O tienes que evitar especificar en un contrato de alquiler que tu pareja es del mismo género. Todas estas cosas están imbricadas en la deriva de los últimos años que nos ha llevado a parecer más cishetero para ser aceptados. Lo cual me lleva a preguntarme si hoy en día hay menos LGTBIfobia porque la gente es más respetuosa o porque las personas LGTBI parecemos menos LGTBI que antes.

En cuanto a ‘queerizar’ lo cishetero, quiero decir que en el momento en que las personas cishetero desdibujen sus límites, sean estridentes, tengan pluma y encuentren alegría en ello, porque han tenido que renunciar a muchas cosas que les harían felices para llegar a ser cishetero, ya no habrá la posibilidad de que te digan en un contrato de alquiler que no puedes acceder a la vivienda porque «tienes demasiada pluma y aquí buscamos una familia normal»; porque lo normal no existirá, no habrá una persona cishetero con la que compararte para decir «ella es más normal que tú y, por tanto, le vamos a dar el alquiler o el contrato de trabajo a ella».

P. ¿Harry Styles es marica mala o no?
Pues voy a romper una lanza por él porque todo el mundo está cuestionando su sexualidad por cómo va vestido. Y llevar la ropa que te dé la gana como lo hace él, independientemente de cuál sea su género, su orientación afectivo-sexual, es de marica mala.

P. ¿Rosalía?
Pues depende. Por ejemplo, Rosalía con Tokischa es una marica malísima, de las mejores. Me encanta, porque es un videoclip y un tema que habla sobre la sexualidad femenina, la sexualidad entre mujeres. Lésbica o sáfica, totalmente desacomplejada, reivindicando ser tremendamente guarras, cerdas y estar orgullosas de ello. Eso es supermarica. En cambio, Rosalía con Rauw Alejandro, la ruptura… está teniendo una narrativa tremendamente cisheterosexual, de marica buena, de se ha acabado una relación romántica y está supertriste y hay que hacer un drama de ello. Cuando yo creo que lo reivindicativo de una marica mala es que aunque se acabe el vínculo puedes tener una relación maravillosa, alegría, felicidad y promiscuidad con tu expareja.

P. ¿Samantha Hudson?
Es lo más marica mala que existe ahora mismo en el panorama español. Su voluntad férrea de ser estridente, de llamar la atención, de no pasar desapercibida y de decir siempre lo que le dé la gana sin pedir perdón ni permiso, es el modelo de marica mala por antonomasia.

P. ¿Almodóvar?
En el ensayo digo que marica mala no se es, sino que se hace. Y la filmografía de Almodóvar es tremendamente marica mala, y como castellano manchego y maricón, me he educado con ella.

viernes, 29 de septiembre de 2023

#hemeroteca #maricas | Christo Casas, autor de 'Maricas malas': “Reivindico luchar desde la perspectiva colectiva por la vivienda, trabajo y vejez digna”

El Diario / Christo Casas //

Christo Casas, autor de 'Maricas malas': “Reivindico luchar desde la perspectiva colectiva por la vivienda, trabajo y vejez digna”

El autor conquense presenta su primer libro de no-ficción y explica: “Puedes sacar al marica de Cuenca pero no a Cuenca del marica”
Francisca Bravo | El Diario, 2023-09-29
https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/social/christo-casas-escritor-activista-reivindico-luchar-perspectiva-colectiva-vivienda-trabajo-vejez-digna_1_10553285.html

Maricón. Una palabra “cubierta de crímenes, insultos, semen, sangre, silencio, soledad e intemperie”. 'Maricas malas' es el primer ensayo del escritor conquense Christo Casas (Henarejos, 1991) en el que la principal propuesta es “construir un futuro colectivo desde la disidencia”. Lo colectivo, frente a lo individual, lo extravagante frente a lo normativo. Esta es la propuesta del escritor que abandonó su pueblo en Cuenca para poder desarrollarse profesional y personalmente, primero en València y ahora en Barcelona. 'Maricas Malas' (Paidós, 2023) es su primer trabajo de no ficción tras 'El Power Ranger rosa', una novela en la que contaba la historia de un “niño que nace siendo marica en la España rural”.

“No necesariamente hablo de mi pueblo”, reflexiona Casas, sino que se trataba de una manera de abrir la puerta a exponer las dificultades por las que pasa una persona del colectivo LGTBI. “Especialmente cuando eres el único del pueblo”. Dificultades que también se viven en la ciudad, pero que son diferentes. “Los pueblos tienen su propia LGTBIfobia, igual que las ciudades. Son caminos distintos, no mejores ni peores”, señala. Casas rechaza de este modo la perspectiva que ve generalmente en los medios de comunicación cuando se produce una agresión homófoba en alguna localidad más pequeña. “Tristemente llevan a la España rural a ser un lugar de homofobia. Y a la vez construimos Madrid y Barcelona como una meca, como un lugar al que debemos migrar porque la vida ahí es mejor. Pero no necesariamente es así”, explica.

'El Power Ranger rosa' fue un paso adelante, explica. “Mi familia ya conocía cuál era mi posicionamiento. Es una suerte que siempre hayan respetado mi orientación sexual, mi identidad de género y todo el acercamiento que he vivido ha sido desde los cuidados y el cariño. Pero eso no quita que yo haya sufrido situaciones LGTBIfóbicas”, recalca. Su ensayo busca exponer un planteamiento transversal, desde la perspectiva 'queer', hasta la lucha de clases. Nació, recuerda, en un pueblo en el que todavía no hay fibra óptica. Desde ahí parte todo.

¿Por qué decides entrar en el género de la no-ficción?

Precisamente por haber crecido como la marica del pueblo, cuando llegas a la ciudad y empiezas a conocer a otros maricas, reconoces que la diversidad del colectivo es precisamente la de clase. Yo nunca había conocido a una marica rica, que son las protagonistas en los medios, o en los parlamentos, que es lo que ocurre cuando políticos o políticas del colectivo LGTBI llegan a posiciones de poder. Llego a la ciudad y veo a amigos maricas de distintos orígenes de clase y cómo nuestras necesidades están marcadas por nuestras condiciones materiales.

Es por eso que propongo un análisis de perspectiva de clase de la identidad marica y exponer cómo estas personas más aceptadas y respetadas, ya sea porque tienen familia, hipoteca, un jardín o una piscina, estas maricas ricas se desentienden de las maricas pobres.

¿Exactamente qué es una 'marica mala'?

Es dejar de dar explicaciones por tu modo de vivir y reivindicar que es tan válido como el de las personas no maricas. Que nuestro modo de vivir y sentir es válido. Siento que todo el mundo tiene la necesidad de abrazar lo peor de sí mismas y mucha necesidad de verse en ello. Y me alegro mucho de poner mi piedra en este camino para ser menos exigentes y actuar desde la ternura y los cuidados.

Villano Antillano es un claro ejemplo de marica mala. Es una persona que se resiste a dar una imagen limpia e higienizada de lo que es ser una persona LGTBI y quiere reivindicar desde la rebeldía el no ser respetable pero a la vez tremendamente deseable. Lo que transmite es ambicioso, para que otras personas se vean en ella y vean que no hay nada malo en ser estridente. Y eso también es lo que yo reivindico. Ser deseables, promiscuas, sucias, trabajadoras y colectivas. Es decir, que dejemos de dejar de luchar por una superación individual y lo hagamos desde una perspectiva colectiva, como las necesidades de vivienda, de trabajo, o de disfrutar de una vejez digna y con gente que cuide de nosotras.

Has planteado que desde el colectivo LGTBI se han olvidado luchas como de la vivienda en favor de otras como el matrimonio igualitario. ¿Esto qué significa?

Un sindicato de inquilinas es tremendamente LGTBI. Cualquier defensa de clase es LGTBI y al revés, cualquier política LGTBI también es defensa de clase. Y es que si analizas los datos de las condiciones de clase que nos atraviesan, como la vivienda, es especialmente violento con las personas LGTBI. Ocurre también con el sinhogarismo, porque muchas personas son expulsadas de su casa al salir del armario. Y es frecuente que vas a una inmobiliaria y se te niegue el alquiler de una casa por tener demasiada pluma.

Cualquier política de vivienda como construir vivienda pública, las de 'housing first' o los sindicatos pueden dar una respuesta a nuestro colectivo, y son innegablemente de clase. Este es uno de los puentes que establezco. Pero también, por ejemplo, la soledad que pueden sufrir las personas de clase obrera, especialmente las mujeres. Una mujer rica puede pagar una asistenta, pero las que viven solas se encuentran sin nadie que las cuide en su tercera edad. Esta también es una realidad del colectivo LGTBI, que tienen tendencia a perder lazos afectivos y familiares precisamente por su identidad afectiva y sexual. Existe estadística al respecto. Cualquier iniciativa que ayude a los cuidados es una política LGTBI y también de clase.

Y volvemos a los pueblos. En estos lugares no se dan los casos de mujeres que mueren solas porque son acompañadas por sus vecinas. Todo el mundo se conoce. Y es cierto que hay una fobia especialmente violenta, porque cuando eres marica te sientes señalada por todo el pueblo. Pero en paralelo, hay redes afectivas muy densas y tienes a mucha gente pendiente de ti. Si se pasan tres días sin verte, se preguntarán qué pasa contigo. Quizás podamos recuperar estas dinámicas en red de los pueblos de la España vaciada para cuidar las unas de las otras.

Has vivido personalmente la necesidad de abandonar tu lugar de nacimiento para desarrollar tu vida, este exilio. ¿Cómo has vivido este proceso?

Yo tuve que irme de mi pueblo para encontrar un proyecto de vida, pero en mi generación también había más personas de mi edad que eran heterosexuales y se identificaban como cis y también tuvieron que irse. No sólo se trata de LGTBIfobia, ni sólo del llamado 'sexilio', sino que es toda una generación la que tuvo que abandonar la España vaciada porque no tiene a su alcance servicios mínimos como un ambulatorio, una farmacia o un hospital a menos de una hora. Pero efectivamente, el colectivo LGTBI es mayormente de clase obrera y esto siempre se solapa.

Imagina que desde mi pueblo la manera más rápida para llegar al hospital es en helicóptero. Entonces, todo esto que burocratiza lo que en la ciudad te puedes encontrar andando, complica mucho la vida en la España vaciada. Las estrategias deben ser de fijar población, con los servicios, y la población aumentará. Otra política nos favorecería a todos.

¿Qué es lo que buscas al escribir 'Maricas malas'?


Espero que todas las personas que cargan con un estigma de lo que les han dicho de su persona se den cuenta de que lo que les han hecho creer es lo peor de sí mismas es realmente lo mejor que tienen. No sólo las maricas somos corregidas. Muchos hombres heteros son corregidos y por tanto han renunciado a cuidar, a ser cuidados y eso construye una fuente de frustraciones. Me gustaría que pudiésemos pensar en todo aquello que podemos hacer y que lo hagamos sin vergüenza.

¿Qué sientes al lanzar un trabajo de este tipo en un momento en el que la extrema derecha ha irrumpido en la política española?

Precisamente porque vivimos en un tiempo en el que han resurgido estos discursos de extrema derecha, siento que es el momento de dar el golpe en la mesa y tirar hacia otro lado. Creo que la extrema derecha es muy hábil en mover discursos de odio y hacer más ruido del que representa. Son muy pocos pero hacen mucho ruido. Las latas vacías hacen más ruido que las llenas y tienen la capacidad de llamar la atención, aunque su discurso esta hueco. Es por eso que debemos construir alianzas y hacer frente a este clima reaccionario. Si empezamos a hablar de vivienda o soledad, de ley de extranjería, derechos laborales, y si lo enfocamos desde la perspectiva LGTBI, es una manera de encontrar alianzas entre colectivos minorizados. Y esta es la manera de hacer frente a esto.

¿Qué diferencias ves entre la realidad en Barcelona y en pueblos como el tuyo en este frente del que hablas?

Se había hecho un retrato falaz y torpe de que la extrema derecha era algo eminentemente rural. Pero irrumpió en las ciudades. Y hay una nueva etapa política en la que tendremos que debatir ideas que creíamos enterradas. Barcelona, donde vivo, tiene un tejido tan reivindicativo que seguramente va a resistir mejor el envite de la extrema derecha que aquellos lugares que no tienen una personalidad histórica como la de la ciudad.

Pero también pongo en duda de que lugares como Castilla-La Mancha no tengan tejido asociativo. Las abuelas de mi pueblo que salen a tomar el fresco... Eso también es tejido asociativo. Puede que no tengan un NIF, desde luego. Pero dependen de unas y de otras. Saben qué necesidades tienen y lo que ocurre con sus vecinas. Son asociativas igual que el sindicato de inquilinas. Son estructuras análogas, en los que se ofrece un espacio de cuidados. Y estoy segura de que si una mujer entre las amigas de mi abuela saliera del armario como bollera, el resto de sus amigas la cuidaría y nunca le darían la espalda. Esto tiene un potencial tremendo.

¿Cómo trabajas esta construcción de una identidad fuera de tu lugar de origen?


Aunque el marica salga de Cuenca, Cuenca no sale del marica. Efectivamente, hay dinámicas urbanocentristas que no contemplo. No se me pasan por la cabeza o que, finalmente, no entiendo. Y veo, efectivamente, una ausencia de perspectiva rural en muchas problemáticas que se plantean en las ciudades. Pero igualmente invito al desarraigo. Porque es una manera distinta de abrazar quién eres. Tener identidades cambiantes o mutantes es muy enriquecedor.