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martes, 3 de febrero de 2026

#hemeroteca #queer #cine | ‘Jaripeo’, el documental que descubre la cultura ‘queer’ bajo la hipermasculinidad vaquera

Efraín Mojica y Rebecca Zweig //

‘Jaripeo’, el documental que descubre la cultura ‘queer’ bajo la hipermasculinidad vaquera

La primera película de Efraín Mojica y Rebecca Zweig, estrenada en el festival de Sundance, desmonta arquetipos en la tradicional monta de toros mexicana
Ana Vidal Egea | El País, 2026-02-03
https://elpais.com/us/entretenimiento/2026-02-03/jaripeo-el-documental-que-descubre-la-cultura-queer-bajo-la-hipermasculinidad-vaquera.html

El artista visual mexicano Efraín Mojica creció en Penjamillo (Michoacán) asistiendo al jaripeo, una tradición popular vinculada al mundo rural que consiste en resistir el mayor tiempo posible montando un toro bravo sin silla. Es similar al rodeo estadounidense, pero en el jaripeo no hay límite de tiempo y se vive como una celebración comunitaria. Hay siempre una banda de música tradicional mexicana amenizando el evento, que suele organizarse durante la Navidad, la época en la que muchos mexicanos de la diáspora regresan con sus familias de origen.

Existen pocas actividades que se consideren más masculinas en la cultura mexicana que la monta de toros. Durante la preadolescencia, Mojica, que no se sentía representado por la hipermasculinidad asociada a aquellos ‘cowboys’ y a la cultura vaquera, dejó de ir a estos eventos. Cuando volvió unos años después con amigos, ya sabiéndose ‘queer’, quedó fascinado al encontrar un mundo oculto de miradas y deseo, del que antes no se habían percatado.

“Empecé a notar que había correspondencia, una subcultura que uno no nota si no presta atención”, explica por videoconferencia desde Park City, Utah. La poeta mexicana Rebecca Zweig pasó unas Navidades en el pueblo de Mojica, al que le une una amistad de más de una década, y tuvo una experiencia similar, quedando entusiasmada con el jaripeo. “Me interesó mucho el invento de masculinidad, la masculinidad performativa. Tomé muchas notas y sabía que quería hacer algo, pero aún no sabía qué forma darle”, cuenta ella.

Tras cuatro años de colaboración, Mojica y Zweig han entrado en el mundo del cine por la puerta grande. Su primer documental, ‘Jaripeo’, acaba de tener su estreno mundial en el festival de Sundance, dentro de la categoría Next, dedicada a apuestas innovadoras, híbridas y experimentales. En febrero la cinta podrá verse por primera vez en Europa, dentro de la Berlinale y en marzo en el Glasgow Film Festival.

‘Jaripeo’ es pura poesía. No es una película narrativa, sino ambiental. El documental combina la música tradicional con la electrónica-punk y el cine verité con el Super 8, utilizado como lupa para ahondar más de cerca en las historias queer que se viven en un entorno tan tradicional como los ranchos mexicanos: los detalles más sutiles, los roces entre hombres.

“Hemos crecido con unos determinados estándares de belleza y atracción, influenciados, por ejemplo, por la publicidad de Marlboro. Y pensábamos que o se era gay o masculino, como si hubiera que elegir. Pero los protagonistas de ‘Jaripeo’ desmontan los arquetipos de lo que es ser ‘queer’ o hetero, masculino o femenino”, matiza Mojica, enfatizando que lo ideal es que cada cual consiga ser libre en su propia piel.

Para Zweig es crucial vivir las propias contradicciones y dejar que otros vivan en las suyas, sin necesitar nombrarlo e identificarlo todo. En este sentido, el documental se centra en dos personajes ‘queer’ que viven su sexualidad de una forma muy diferente. Noé, musculado y atraído por hombres igualmente masculinos; y Joseph, afeminado, que trabaja como maquillador. A lo largo de la cinta conversan con Mojica, que además de codirigir también aparece en cámara, aunque no había sido la intención inicial del proyecto. “Buscábamos una vulnerabilidad difícil de conseguir con alguien a quien conocíamos de hace pocos meses”, explica. “Al mostrarme vulnerable con ellos y compartir mi experiencia personal en cámara, conseguimos ganarnos su confianza, que era necesaria para conseguir una conversación sincera”.

‘Jaripeo’ ha funcionado también como una salida del armario para Mojica, que hasta ahora no había hablado abiertamente de su sexualidad con su familia, presente en el estreno en Sundance y ajena a que el documental ahondaba en la cultura queer dentro del universo vaquero. De ahí que la acogida fuera no solo calurosa, sino profundamente emocional, cuando la madre del director tomó el micrófono para expresar públicamente su apoyo incondicional.

Mojica y Zweig, que quieren seguir explorando la vía de los documentales pero sin prisa, esperando a tener algo significativo que contar, aspiran a proyectar ‘Jaripeo’ en las fiestas navideñas de Penjamillo para compartir la película con la comunidad. Confían en que el pueblo reciba el documental desde la inclusión y que vea la unión de la cultura mexicana, aunque en algunos contextos tradicionales es difícil determinar las reacciones de los espectadores.

Hace 21 años, el estreno de la primera película en la historia del cine que narra una historia de amor homosexual entre dos cowboys, Brokeback Mountain, causó un gran revuelo. Ganó tres premios Oscar, obtuvo el aplauso de la crítica y medios como ‘The New York Times’ o ‘The Wall Street Journal’ la señalaron como la mejor película del año, pero la crítica conservadora se le echó encima porque irrumpía de forma desestabilizante en entornos tradicionales y arquetipos. Y más recientemente, en 2019, se dispararon las protestas masivas ante el Museo del Palacio de Bellas Artes de México por la inauguración de una exposición dedicada a Emiliano Zapata que incluía el cuadro ‘La revolución’, de Fabián Chairez, en el que presentaba al revolucionario afeminado, desnudo, con tacones y un sombrero rosa. La familia del icono mexicano llegó incluso a anunciar que emprendería acciones legales.

‘Jaripeo’ (que empezó a rodarse gracias a que su productora, Sarah Strunin, creyó desde un principio en el proyecto) fue pronto respaldado por instituciones como el SFFILM Documentary Fund, el (Egg)celerator Lab de Chicken & Egg Pictures, The Points North Institute, el Sundance Institute, ITVS y ARTE France. “No me podía creer que un proyecto hecho con mis mejores amigos pudiera crecer de esta forma”, dice Mojica. “El mayor premio para nosotros es que llegue al mayor número de personas posible y poder representar a aquellos que querían que alguien contara su historia”.

lunes, 12 de enero de 2026

#hemeroteca #masculinidad | Cómo los hombres perdieron el miedo al s3x0 anal: “Que te guste ser penetrado hace que algunas mujeres te miren de otra forma”

Desnudo masculino de Patrocolo, de Jacques-Louis David (1780) //

Cómo los hombres perdieron el miedo al sexo anal: “Que te guste ser penetrado hace que algunas mujeres te miren de otra forma”

El auge del ‘pegging’, la penetración anal a un hombre con ayuda de juguetes sexuales, rompe el último tabú para los varones heterosexuales
Marita Alonso | ICON, El País, 2026-01-12
https://elpais.com/icon/2026-01-12/como-algunos-hombres-perdieron-el-miedo-al-sexo-anal-que-te-guste-ser-penetrado-hace-que-algunas-mujeres-te-miren-de-otra-forma.html

En 1998, José María Cano escribió una canción de Mecano en la que un personaje masculino, convencido de que el alcohol lo había vuelto gay, cantaba: “Por otro lao/Por el lao de atrás/No debe estar tan mal/Pruébalo y verás”. Su letra es recordada como una de las más sonrojantes del pop español. Salto a 2020: el Urban Dictionary recogió el término pegging, que es definido como el acto en el que “una mujer usa un arnés con dildo y penetra a un hombre por detrás”. El neologismo nació en realidad entre ambos hechos: en 2001 y de la mano del popular columnista sexual Dan Savage, que organizó un concurso para encontrar una palabra coloquial que describiera el acto. Desde entonces, se ha introducido en la cultura pop de diferentes maneras. “El pegging no es nuevo para mí, pero sí para Disney”, dice Ryan Reynolds, rompiendo la cuarta pared al hacerlo, en Deadpool. Y si lo sabe es porque en la primera parte de la saga, ya hay una alusión a la práctica.

Desde Cara Delevingne en la gala MET de 2021, donde lució un diseño de Dior que rezaba “Peg the Patriarchy” (una frase de la educadora sexual Luna Matatas) hasta el capítulo To peg or not to peg de la serie The Bold Type, en el que el novio de una de las protagonistas le propone poner en marcha la práctica que nos ocupa, pasando por la película de Paul Thomas Anderson Una batalla tras otra, en la que una escena insinúa que Teyana Taylor emplea un arma para hacérselo a Sean Penn, el pegging, o sea, ese acto en el que una mujer penetra a un hombre, se encuentra cada vez más asentado en la cultura popular y en los vídeos pornográficos consumidos por hombres heterosexuales.

Tanto, que según el último informe de la aplicación de citas Feeld, llamado Feeld Raw, el interés por el pegging ha aumentado un 200 % entre los hombres cisheterosexuales. “El pegging ha pasado de ser un tabú a una preferencia generalizada. Los datos de Feeld muestran que los hombres cis están impulsando este auge, una señal de la disminución del estigma en torno al placer anal, independientemente del género y la sexualidad”, explica a ICON el doctor Luke Brunning, que supervisa un departamento de amor, sexo y relaciones en la Universidad de Leeds y colabora en el informe. Para él, la tendencia refleja la expansión de las definiciones de masculinidad y la creciente curiosidad por el placer más allá de las vías tradicionales.

“Cada vez más personas saben lo que significa y sienten curiosidad por el pegging. Su simbolismo cultural también está cambiando, y el debate abierto sobre el asunto ahora es compatible con diversos tipos de masculinidad positiva o con conversaciones sobre bienestar y positividad en torno al placer”, asegura.

Pero como escribió Henry Giardina en un artículo de la web Queerty, a causa de la presencia de la práctica en un episodio de Broad City hasta ser un chiste recurrente en Deadpool, “los heterosexuales se preguntan si no es un poco gay dejar que tu novia te meta algo por el culo”. “Ese, al menos, era el miedo de ciertos aficionados al pegging”, continúa. “Y si algo sabemos de los heterosexuales es que a menudo les paraliza el miedo a ser o incluso a parecer gais. Lo cual es una pena, porque el pegging puede ser divertido para todos, pero especialmente para los hombres heterosexuales que experimentan orgasmos prostáticos intensos, interminables y a veces agotadores”.

“Que a los hombres les deje de dar vergüenza hablar de que les da placer el sexo anal debería ser algo que ya hubiéramos conseguido, pero las cosas no son así”, admite Alex Robles, licenciado en Filosofía y profesional de la comunicación. “Por muy deconstruido que uno esté todavía hay mucha carga simbólica sobre nosotros. Al hablar con una mujer sobre que te podría dar placer ser penetrado, las cosas suelen ser todavía complicadas y tienes que elegir muy bien con que mujer y cuando hablarlo. Por mi experiencia, si estoy con una mujer que también sea bisexual o que haya explorado su sexualidad un poco más allá del misionero, no suele haber mayor problema, pero cuando surge el tema te puedes dar cuenta de que la mujer que creías superfeminista y pro LGTBQI, te empieza a mirar de otra forma. Una, de hecho, me hizo ghosting justo al día siguiente de hablar de esto tras estar un mes hablando y quedando. Parece que para algunas mujeres cis (voy a obviar que para la mayoría de los hombres también), el que te guste ser penetrado te hace menos hombre o que en algún momento vas a necesitar que alguien más te penetre, como si no existieran los arneses o los dildos“.

Paulita Pappel, fundadora de Lustery, considera interesante que algunos hombres estén empezando a cuestionar una masculinidad rígida que durante décadas les ha prohibido explorar su propio cuerpo y su placer. “Es el síntoma de algo más profundo: una masculinidad que se abre a la vulnerabilidad, a la comunicación y a la idea de que el placer no está ligado a dominar, sino también a confiar y dejarse llevar”, explica a ICON. “Seguimos viviendo en una cultura profundamente homófoba y falocéntrica, donde el placer anal masculino se ha asociado erróneamente con la orientación sexual. A muchos hombres se les ha enseñado que su identidad heterosexual depende de no cruzar ciertas líneas, cuando en realidad la orientación sexual no tiene nada que ver con las prácticas, sino con a quién deseas. El miedo viene de la vergüenza, del estigma y de la presión social por cumplir con una idea muy limitada de lo que significa ser un hombre”, remata la autora de Sin sexo no hay feminismo (Bellaterra Edicions, 2025).

Valérie Tasso, escritora, sexóloga y embajadora para España de LELO, coincide en señalar que el miedo persiste porque durante décadas se ha asociado erróneamente el placer anal masculino con una orientación sexual concreta. “A muchos hombres se les ha educado en la idea de que ceder el control en la interacción sexual con su pareja o explorar zonas erógenas no normativas cuestiona su identidad. El problema no es el acto, sino el peso del estigma y de una masculinidad aprendida que castiga cualquier ‘desviación’ de lo establecido en nuestra sociedad heteropatriarcal”. Para Tasso, prácticas como el pegging no hablan de una “inversión de roles”, sino de una ampliación del mapa erótico masculino.

Ally Iseman, coach de relaciones, consultora de estilo de vida erótico y fundadora de la plataforma de educacion de relaciones Passport2Pleasure, hace una recomendación práctica. “No empieces con un arnés, un consolador, ni ningún otro accesorio. Si tienes curiosidad por probarlos, tendrás que ir adaptándote a ese nivel. Existen kits de entrenamiento anal que puedes comprar para que el esfínter se expanda con más comodidad con el tiempo”, dice. “Sinceramente, empezaría con un dedo, envuelto en un condón y lubricándolo (siempre con bastante lubricante), antes de introducir cualquier juguete. De todos los posibles insertos, los dedos son sobre los que tenemos mayor control, y pueden ser una introducción segura a cómo se siente para ambos jugadores a medida que el esfínter interno y externo se vuelve receptivo. Una vez que te sientas cómodo con un dedo y estés listo para ir más allá, puedes ir probando con juguetes. Busca siempre un diseño con un mango con una forma que evite que se resbale o que se introduzca completamente y se pierda”, recomienda. Lo que ha observado en su trabajo con parejas heterosexuales, explica, es que a medida que la autonomía de la mujer aumenta en la sociedad, el rol de su pareja cambia, pues ya no necesita al hombre para su estatus social o acceso a las finanzas. “Como sociedad, estamos acostumbrados a relacionar la figura masculina con la de proveedor, pero estamos viendo un cambio: hoy en día las parejas masculinas deben ser capaces de aportar algo más. Este algo más es la clave para que la relación se considere una verdadera colaboración, en lugar de una cuestión de propiedad: el placer puede situarse en el centro, como algo que ambos pueden proporcionar. De esta manera, él descubrirá nuevas maneras no solo de dar, sino también de recibir placer, fuera de los viejos esquemas que ya no les sirven”, dice.

Tim Lagman, educador sexual de pjur y miembro del podcast Sex Ed With Tim, explica que las aplicaciones de citas y la disminución del estigma social en torno al placer anal han abierto el camino para que más hombres heterosexuales sientan curiosidad por el placer al recibir sexo anal. “Personalmente, me alegra que los hombres heterosexuales estén explorando esta faceta del placer. Sin embargo, espero que esto también abra la conversación sobre el privilegio heterosexual; es decir, ¿por qué el placer anal, una actividad sexual que desde hace mucho tiempo forma parte de la comunidad queer, ahora se acepta simplemente porque los hombres heterosexuales son más receptivos a él?”, se pregunta. Además, para él la práctica normaliza la curiosidad y el consentimiento. “Los hombres se avergüenzan de sentir curiosidad. Normalizar la curiosidad reduce el drama y abre espacio para la exploración sin pánico. Tranquiliza con límites y pruebas graduales. Fomenta pequeños experimentos, como masturbarse con un plug anal o jugar con la superficie del ano, para generar confianza. Deja claro que está bien probar algo y que no te guste, y que el consentimiento siempre es primordial. La homohisteria ofusca la orientación sexual y los actos sexuales: en pocas palabras, que te guste el sexo anal no te hace necesariamente gay. Simplemente significa que te gusta el sexo anal”, concluye.

viernes, 21 de marzo de 2025

#hemeroteca #ideologiadeodio | Un alcalde del PP elige a los Legionarios de Cristo para realizar un curso de nuevas masculinidades

Ayuntamiento de Zarzalejo, Comunidad de Madrid //

Un alcalde del PP elige a los Legionarios de Cristo para realizar un curso de nuevas masculinidades

Dos educadores vinculados a los Legionarios de Cristo son los encargados de un taller dirigido a los hombres de Zarzalejo
Jacobo García | El País, 2025-03-21
https://elpais.com/espana/madrid/2025-03-21/un-alcalde-del-pp-elige-para-realizar-un-curso-de-nuevas-masculinidades-a-los-legionarios-de-cristo.html 

Dos personas vinculadas a los Legionarios de Cristo, una organización religiosa fundada por un sacerdote con más de 60 casos de abuso sexual, imparten un curso en Zarzalejo (Madrid) de nuevas masculinidades dirigido a policías, profesores, agentes sociales y hombres, en general. Aunque a muchos en el pueblo no les parezca la mejor idea. Sin embargo, Rafael Herranz, el alcalde de este pequeño municipio de la sierra madrileña, pensó lo contrario y decidió que debían ser ellos, coordinadores educativos de los Legionarios de Cristo, quienes dieran una charla a medio camino entre la motivación y la autoayuda para que las familias del pueblo se quieran más, sigan unidas y se hablen con respeto aceptando los cambios de humor del adolescente.

Zarzalejo, 1800 habitantes, 400 vacas y más de 2.000 gallinas, en el límite con Ávila y muy cerca de El Escorial, da pocas noticias. Una de las pocas veces que Zarzalejo apareció en este periódico fue hace 15 años cuando este mismo alcalde, del Partido Popular, transformó su gallinero en un hermoso chalet de dos plantas, levantado en una zona de especial protección por sus gamos y castaños. “Si el juez dice que la tire, pues la tiro y ya está”, respondió entonces cuando le preguntaron por la ilegalidad. Y ahí sigue el chalet y el paraje. Más recientemente el diario Público recogió en su web que este mismo alcalde tiene una bandera franquista en el restaurante de su propiedad que tiene en el pueblo. Al margen de que el pollo en pepitoria salga más o menos duro, pocas noticias más.

Hasta que el alcalde se metió en esto del Plan Corresponsables del Ministerio de Igualdad destinado a que los hombres sean menos brutos. El mes pasado la charla se tituló ‘¿Quién debe liderar la familia?’, y este viernes es el turno de ‘¿Me quiere, no me quiere?’, que se celebrará en el colegio del pueblo.

La convocatoria del Ministerio y de la Comunidad de Madrid dejaba claro que el curso estaba destinado a realizar algo muy concreto: “Acciones de formación y sensibilización en corresponsabilidad y cuidados destinadas a impulsar modelos de masculinidades corresponsables e igualitarios. Dichas acciones podrán tener un espectro amplio y se dirigirán, preferiblemente, a agentes clave en la transformación social que trabajen con hombres (fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, profesionales del sector educativo, ámbito judicial, penitenciario, profesionales de la intervención social, etcétera.), si bien podrán desarrollarse actuaciones dirigidas específicamente a hombres o al conjunto de la sociedad si se considera oportuno. En cualquier caso, las acciones enmarcadas en esta categoría de proyectos deberán tener siempre el objetivo de promover la implicación y sensibilización de los hombres en materia de corresponsabilidad y cuidados, bien sea de forma directa o indirecta”.

Así que para tal misión, el Ayuntamiento eligió en concurso público a Educazón, una empresa dedicada al ‘coaching’ y el ‘mentoring’ educativo dirigida por dos de los encargados de coordinar la formación humanística de los colegios de los Legionarios de Cristo en España.

En medio del escándalo contra otro Legionario de Cristo, el padre Marcelino, capellán del colegio Highlands de El Encinar, detenido el pasado 6 de marzo tras ser denunciado por abusos sexuales contra niñas de Primaria del colegio, muchos padres pusieron el grito en el cielo.

La primera charla, a finales de enero, fue impartida por Javier Luna, coordinador Nacional durante cuatro años de los Colegios Regnum Christi de España y profesor del Departamento de Formación Humanística en la Universidad Francisco de Vitoria. La segunda ponente, Cristina García, es psicóloga experta en niños, adolescentes y familias, además de coordinadora del Departamento de Orientación Psicopedagógica en otro colegio de los Legionarios de Cristo, reconvertidos tras el escándalo de su fundador, Marcial Maciel, en Regnum Christi. En su página web, Educazón, no parece dedicar mucho tiempo a cómo repartir las tareas en la crianza de los hijos, aprender a poner y quitar la mesa o participar en las tareas domésticas, sino en “orientar y acompañar a las familias que están en una encrucijada con respecto a la educación de sus hijos”.

Según Martín Rodrigo González, concejal del opositor Ahora Zarzalejo, una especie de Podemos local, denunció que la propuesta de Educazón llegó fuera de plazo y se quejó por el enfoque de un curso “que no tiene nada que ver con nuevas masculinidades, sino con charlas de autoayuda”, dijo. “El curso no tiene nada que ver con el objetivo para el que fue creado. Como puede verse en su CV [curriculum vitae] público, sugiere una orientación educativa alineada con instituciones tradicionalmente alejadas de los valores de igualdad de género y equidad social que promueve el Ministerio de Igualdad”, dijo Rodrigo.

Por el momento, han puesto el grito en el cielo dos asociaciones de padres de alumnos, la oposición y hasta la dirección general de la mujer de la Comunidad de Madrid, que ha preguntado al Ayuntamiento por la relación entre la convocatoria y el taller impartido.

Al menos políticamente, el pueblo no puede estar más dividido. Solo 50 votos separaron a la izquierda y a la derecha y en las últimas elecciones y, según el alcalde, los que se quejan “son los ‘hippies’ de siempre que están revolviendo el pueblo”, dijo a este periódico. “Decir que son pederastas es un invento y es algo que ellos han sacado de internet”. “Si creen que estos señores son violadores o pederastas, que vayan a un juzgado y los denuncien”, dijo. El curso de cinco charlas tiene un coste de 9.000 euros, es decir, más o menos a 1.000 euros el consejo.

El asunto ha llegado al pleno del Ayuntamiento que se celebra cada semana en una pequeña sala del Ayuntamiento donde unos y otros se tienen a pocos palmos de distancia. Pero el nuevo modelo de confrontación que respiran las administraciones madrileñas llega incluso a donde a veces no lo hacen los servicios públicos. La concejala responsable del curso, Carolina Herranz, ha hecho suyo esa nueva forma de hacer política que consiste en elevar a nivel nacional cualquier tema por ajeno que sea. “Ustedes critican este curso, pero no dicen nada de Errejón y Monedero”, acusó el miércoles a la oposición. Un día después, la misma concejala llamó para descalificar a este periodista y este texto antes de ser publicado. Ni siquiera escrito. Al margen del precio y el enfoque del taller, nadie podrá decir que la polémica ha enfrentado al pueblo. A la última sesión asistieron dos personas. Una de ellas era la concejala. Este viernes tendrá una nueva oportunidad.

lunes, 28 de octubre de 2024

#libros #gais #masculinidad | Masculinidades gays y maricas : en la cultura española contemporánea

Masculinidades gays y maricas : en la cultura española contemporánea / Iker González-Allende (ed.).

Barcelona [etc.] : Egales, 2024 [10-28].
382 p.
Serie: G.

/ ES / Libros / ENS / REC / Cultura gay / Gais / Homonormatividad / Homosexualidad / Identidades / Interseccionalidad / Mariconeo / Masculinidad

📘 Ed. Impresa: ISBN 9788419728654 / 21,95 €
📝 Cita APA-7: González-Allende, Iker (2024). Masculinidades gays y maricas : en la cultura española contemporánea. Egales.

«¡A Dios pongo por testigo! ¡A Dios pongo por testigo que ni yo ni ninguna otra mariquita volveremos a sufrir humillaciones!»
Este libro analiza la diversidad de masculinidades de los hombres gays y maricas en la cultura española desde 1975 hasta la actualidad. Se exploran las múltiples formas en que los hombres gays y maricas encarnan y entienden la virilidad, desde posiciones cómplices con la masculinidad hegemónica hasta las masculinidades alternativas alejadas del comportamiento normativo. Los once capítulos de este libro cubren diversos géneros literarios y audiovisuales como la narrativa, la poesía, el teatro, la televisión y el cine. Se abordan distintos tipos de masculinidades gays como la disidente, la hedonista, la intelectual, la homonormativa, la seropositiva, la basada en los afectos y la de los hombres con diversidad funcional. Se estudian diversos escritores y directores, algunos distinguidos en el canon gay español (Rafael Chirbes, Vicente Molina Foix, Dionisio Cañas) y otros reconocidos más recientemente (Roberto Pérez Toledo, Héctor Lozano, Juanjo Olasagarre, Ángelo Néstore). Los capítulos indagan en las masculinidades desde una perspectiva interseccional, considerando múltiples aspectos identitarios como la clase social, la edad, la raza, la diversidad funcional y la identidad nacional.

lunes, 17 de junio de 2024

#hemeroteka #generoa #transfeminismoa | Zergatik sentitzen duzun

Unsplash / Hulki Okan Tabak //

Zergatik sentitzen duzun

Iñi Etxezarreta · Militante transfeminista | Erria, 2024-06-17

https://erria.eus/sinadurak/zergatik-sentitzen-duzun

Baina ez da sentimendu bat. Generoa ez da sentimendu bat, sexua ez den bezala (finean, gauza bera direlako). Ez duzu modu primario eta esentzialen sentitzen, ez dago zure gizontasuna sortzeko hormonen aliantza eta prozesu kimiko antolatu eta primitiborik. TERFen (euskaraz muturreko feminista transbaztertzaileak) aldarri ere bihurtu da hau, haiek, esentzialismotik, guk, ordea, transfeminismotik.

Alderatu hau zuria izatearekin, errazagoa zaigu identifikatzen zuriak eta beltzak sortuak izan diren kategoria batzuk direla, ez direla sentimendu bat, baizik eta munduarekin harremantzeko, munduan egoteko eta batak bestea azpiratzeko gorputz batzuei eta besteei ezartzen zaizkien aldagai ezberdinen pilaketa, hain zuzen ere.
“Generoa ez da izan, baizik eta egin. Jaio aurretik sexuaren diagnostikoa egin eta segidan ezartzen diren rol, espektatiba, desira, jarrera eta ikuskerak dira, antzeztu egiten direnak, hau da, egin egiten dira”
Baina sentitzen duzu, kontrara, ile motzarekin hobeto ikusten zarela, eta futbolarekin bene-benetan disfrutatzen duzula eta emozioak aztoratzen zaizkizula, eta azkarrago korritzen zara ipurditik zakila sartzen baduzu alutik beharrean (ez da penetrazioa analaren kontrako aldarri bat hau), eta berdin zaizula benetan besteak zer esango duen zuk arrazoia duzula uste duzulako, benetan uste duzu. Ez duzu sentitzen sostengatu behar duzunik, beste batzuek sostengatzen ez badute beste inork egingo ez duela sentitzen duten bezala. Ez duzu sentitzen ez zaintzearen kulpa. Baina zergatik sentitzen duzu, orduan, ez bada sentimendu bat?

Performatu eta errepikatzen duzulako (Butler, 1990). Generoa ez da izan, baizik eta egin. Jaio aurretik sexuaren diagnostikoa egin eta segidan ezartzen diren rol, espektatiba, desira, jarrera eta ikuskerak dira, antzeztu egiten direnak, hau da, egin egiten dira. Horiek errepikatzeren ondorioz barneratzen dugu, inkontzienteki, irrazionalki, automatikoki, eta horrela sortzen da genero identitatea.

Horregatik sartzen gara askotan kontraesanean politikoki egin behar duguna eta antzematen dugunaren artean, gorputza aldarazia izan delako modu zehatz batean funtzionatu dezan. Gizontasunari aurre egiteko, beraz, kategorietara joan behar gara, ez jarrera zehatz edo neurrietara. Horiek estrategikoak izango dira testuinguru, espazio, antolakunde edo komunitate batean, baina gizontasunaren gatazkatsuena, propio, izana bera da, identitatea, gizonen izaerak eta pertsonalitateak, alegia.

Hortaz, gizontasunetik deslotzeko bidea ez da izango jarrera batzuk aldarazteko neurrietatik, baizik eta munduan egoteko tokia aldatzetik. Nola egin dezakegu hau? Bada, ditugun desira heteroarautu (ez soilik erotikoak, baizik eta bizi-ereduari lorturikoak) batzuk ez materializatzeko erabakiak hartzen. Gai izan gara indarkeria matxista eta LGTBIfobikoaren gaineko etika feminista bat sortzen, eta horrek (beste gauza askorekin batera), desira batzuen eta horiek materializatu bitarteko prozesu batzuk moztu ditu.
“Gizontasunetik deslotzeko bidea ez da izango jarrera batzuk aldarazteko neurrietatik, baizik eta munduan egoteko tokia aldatzetik. Nola egin dezakegu hau? Bada, ditugun desira heteroarautu batzuk ez materializatzeko erabakiak hartzen”
Hortaz, desira batzuk ez materializatzearen ardura kolektibizatu egin behar da, ezin da soilik ekarpen indibidual moduan proposatu, baizik eta urrats kolektibo eta kualitatibo moduan antolatu behar da. Hori, eta zaindu, gizona bazara, zaindu. Baina ez hitzaren esanahi erromantikotik, baizik eta bizitza sostengatzeko eta aurrera eraman ahal izateko egin behar den lana, denbora eta ardura hartzen, beste batzuek egiten dutelako zuregatik orain, doanik edo oso egoera prekarizatuetan.

Finean, gizonak eta emakumeak desagerrarazteaz ari gara. Baina lasai, izan ere, tamalez, hau oraindik ez da pasako. Bitartean, generotik deslotu ahal izateko egitura zehatzak sortu behar dira (Goikoetxea, 2021) ezin delako soilik erabaki indibidualetik pasa eta, horretarako, Euskal Estatu Feminista behar dugu ezinbestean.

sábado, 9 de marzo de 2024

#hemeroteka #gizontasuna | Egoitz Arbiol Albeniz: «Ohartu behar dugu bizi garen jendartea dominazioaren kultura batean oinarritzen dela»

Egoitz Arbiol Albeniz //

«Ohartu behar dugu bizi garen jendartea dominazioaren kultura batean oinarritzen dela»

Hiruki Larroxako kide Egoitz Arbiol Albenizek 'Gizonak eta herri mugimendu parekide(ago)ak' hitzaldia eman zuen asteazkenean Baionako Biltxoko elkartean. Genero eraikuntza, parekidetasuna, eraldaketa tresnak eta abar izan zituen hizpide.
Julene Muruaga Hiriart | Berria, 2024-03-09
https://www.berria.eus/bizigiro/ohartu-behar-dugu-bizi-garen-jendartea-dominazioaren-kultura-batean-oinarritzen-dela_2121952_102.html

Gizontasunaren azterketa, pedagogia feminista, talde gatazken ebazpenen inguruko ikerketak, esku hartzeak, diagnostikoak eta dokumental lanak egiten dituen kooperatiba bat da Hiruki Larroxa LGTBQI+. Egun, ikus-entzunezkoetan ere ari dira bertako kideak, dokumental bat sortzen ari baitira Hernaniko (Gipuzkoa) LGTBI historiari buruz. 2020. urte bukaeran sortu zuten kooperatiba, Hernanin, eta Egoitz Arbiol Albeniz (Hernani, 1988) izan zen sortzaileetako bat. Biltxoko elkartean antolatutako mintzaldi baten kari, Baionan izan zen asteazkenean. «Inportantea da gizonak ardura hartzea gai honetan eta hastea gu geure burua deseraikitzen eta geure inguruak errotik eraldatzen», adierazi zuen.

Gizonak eta herri mugimendu parekide(ago)ak tailerra eraman zenuen asteazkenean Baionara. Nolatan?
Egiten ditugun hitzaldi guziak bezala, dinamikoa eta parte hartzailea izan zen tailer hau ere. Guk uste dugu horrelako hitzaldi formatuek ez dutela eskatzen pertsonen inplikaziorik, baina, eraldaketa pertsonalak eta kolektiboak egiten direnean, ezinbestekoa da inplikatzea.

Zeintzuk dira helburuak?
Gure helburua da birpentsatzea zer harreman sortzen diren militantzia arloan, generoa kontuan hartuta; hau da, gizon eta emakumeen, edo gizon eta gizon ez direnen arteko botere harremanak zeintzuk diren irudikatzen hastea edo identifikatzea da helburua. Tresnen inguruan ere pentsa dezaten nahi dugu, eta haiek nola garatu zehazten hasi nahi dugu guzion artean. Hori guzia nahi dugu harreman orekatu eta simetrikoak lortzen saiatzeko.

Genero botereen (des)eraikitzea, gizonek parekidetasunerantz egin beharreko urratsak, militantziaren barneko ohiko indarkeria sinboloak...

Horretara heltzeko, inportantea da nondik gatozen jakitea; ohartu behar dugu bizi garen jendartea dominazioaren kultura batean oinarrituta dagoela, eta dominazio horrek gurutzatzen gaituela guziok: edozein genero, edozein pertsona arrazionalizatu... eta klaseak ere kontuan hartu behar dira. Hori ikusten saiatzen hasita, ohartzen gara dominazio kultura oinarritzen dela patriarkatuak sortzen dituen bi identitate edo nortasun nagusitan, eta haien artean badela harreman asimetria bat; alde horretatik, gizona da subjektu pribilegiatua. Hortaz, zer egin gizon gisa horrelako espazioak hartzen ditugunean? Zer egin gizon gisa herrigintzan aritzen garenean? Ziurrenik, ohartu beharko genuke gure genero eraikuntzaz. Beharbada, agerikoa den zerbait da, baina gizonok ere badugu genero bat, eta genero hori ikasia da; ikasi ditugu hainbat rol, hainbat jarrera, ikasi dugu gorpuzkera jakin batzuk hartzen... eta jakin behar dugu nola eraiki ditugun, horiek desegiten hasteko.

«Gizonek gizonei hitz egingo ez badiegu, nork hitz egingo die?»,erran zenuen elkarrizketa batean.
Badago elementu zentral bat gizontasunean: gizonen arteko anaidia. Adibidez, Olatz Gonzalez Abrisketak ‘fratiarkatuaz’ hitz egiten du. Zer da ‘fratiarkatua’? Bada, gizonen artean izaten den boterekeria; hau da, gizonen artean ere erregulatzen gabiltza, behin eta berriro, boterezko harreman horietan. Eta, batez ere, ikerketa feminista askok esaten dute gizonak gizonekiko aritzen direla sozializatzen denbora guzian; adibidez, nerabezaroan oso argia da nola ‘ligoteoak’ hasten direnean gizonak gizonekiko dabiltzan ligatzen emakumeekin, heterosexualitateari dagokionez. Orduan, inportantea da gizonak gizonei hastea solasean, ziurrenik badaukagulako intragenero begirada bat; eta nik hitz egiten badiot gizon bati gizonen arteko dinamikaz edo pribilegioez, jakingo du zertaz ari naizen.

Eta emazteei dagokienez?
Emakume batek aipatzen diolarik gizon bati eraldaketa, adibidez, beti dago erresistentzia bat; eta hori oso injustua da, baina hala da, egituraz horrelakoa baita jendartea. Badago ardura kontu bat ere: ikusten dut emakumeak ari zaretela feminismoan, jendartearen eraldaketa sustatzen eta patriarkatua amaitzen saiatzen, eta gu inguruetan ibili gara beste gauza batzuk egiten eta beste gauza batzuetan pentsatzen. Uste dut inportantea dela gizonek ardura hartzea gai honetan eta hastea gu geure buruak deseraikitzen eta gu geure inguruak errotik eraldatzen.

Gizontasunari begira, nola ikusten duzu Euskal Herria?
Interesgarria da Euskal Herrian zer gertatzen ari den gizontasunaren kontuarekin; ezker mugimenduko gizonezkoak deseroso dira gai horren inguruan, eta hori oso interesgarria da. Horrek esan nahi du horri, behintzat, buelta bat eman diotela. Baina uste dut badagoela kezka bat gai horren inguruan, eta interesgarriena izango litzateke kezka utzi eta ekiten hastea. Ez geratzea kezka teoriko, emozional eta sentimentaletan, baizik eta ekitea.

  • LOTSABAKO
  • Hiruki Larroxa deskribatzeko bi hitz? Maitasuna eta borroka.
  • Erreferente bat? Nire anaia.
  • Kantu bat? ‘Inor begira izanda ere’, Micerena.

miércoles, 21 de febrero de 2024

#hemeroteca #homofobia #masculinidad | “La nueva masculinidad no resuelve la homofobia”: Germain Louvet, bailarín estrella

“La nueva masculinidad no resuelve la homofobia”: Germain Louvet, bailarín estrella
El bailarín de la Ópera de París, imagen de la primera colección masculina de Antik Batik, debate sobre cómo está cambiando la industria de la moda y las tendencias
Sandra Arbat | La Vanguardia, 2024-02-21
https://www.lavanguardia.com/magazine/moda/20240221/9523761/antik-batik-germain-louve-opera-paris.html 

Germain Louvet para Antik Batik //
Decía la bailarina y coreógrafa Martha Graham, mundialmente conocida por sus innovaciones en danza moderna, que “el movimiento es un lenguaje y el cuerpo es el vocabulario”. Una fórmula perfecta capaz de expresar emociones, ideas y narrativas a través de algo tan puro y genuino como el propio ser. Así entiende su profesión Germain Louvet, bailarín estrella de la Ópera de París, quien se convierte en el protagonista de la primera colección masculina de Antik Batik.

Gabrielle Cortese, fundadora y directora creativa de la marca, comparte esa sensibilidad por la belleza de la danza y se enzarza en la búsqueda de una moda inclusiva que abrace el cuerpo sin limitarlo. Con este fin, camisas y chalecos bordados, estampados y tejidos a mano, pantalones cortos surfistas, kurtas indias e incluso unos elegantes pantalones de pescador chinos se enmarcan en un viaje inmersivo que empieza en la Ópera de París.

P. ¿Por qué decidió trabajar con Antik Batik?

Me gusta la estética del universo de la marca. La calidad de sus tejidos, cómo estos se deslizan por el cuerpo, las siluetas... Todo esto me inspira y creo que caza muy bien con mi personalidad.

P. La moda también es muy relevante en su trabajo como bailarín

Todo es relevante hasta cierto punto y es importante tocar con los pies en la tierra. Bailar es mi vida y es a lo que dedico 6 o 7 hora diarias pero, en resumidas cuentas, es solo bailar. No soy un doctor que está salvando vidas, ni estoy luchando por mi supervivencia. Pienso lo mismo de la moda. Es una industria muy importante, por supuesto, y da trabajo a muchísimas personas. La moda tiene el superpoder de crear belleza y aportar personalidad y seguridad, pero no me parece algo vital. Yo la percibo como una manera más de expresarme, de jugar. Además me ayuda a ser más creativo en mi trabajo y esto me divierte mucho.

P. ¿Cómo definiría su estilo?

Tengo muchos estilos, creo que mi armario se compone entre una gran variedad de posibilidades de jugar. A veces me encanta vestir como super chic, con abrigos oversize, fulares y botas de cuero. Y al día siguiente me encanta vestirme en chándal con una sudadera y unas sneakers gigantes. Además comparto mi armario con mi novio porque tenemos exactamente la misma talla. Excepto en los zapatos. Siempre que llego al vestidor me encuentro con una prenda nueva, un accesorio diferente...

P. ¿Sigue las tendencias?

A mí las tendencias me aportan una visión muy amplia sobre cómo piensa la gente. Ante una guerra como la de Ucrania o un conflicto como el de Israel y Palestina, el público debate y se crean, de alguna manera, algunas tendencias. Es muy interesante ver cómo la moda reacciona ante las crisis mundiales. Que ahora la gente vuelva a vestirse con una estética muy ‘trash’, parecida a la de los noventas y los dos mil, no es casualidad. Al final es una manera de escapar de cierto estilo aburguesado, aunque todas esas grandes marcas y firmas de moda se dirijan precisamente a esa élite.

Yo que trabajo en la Ópera de París, un lugar muy frecuentado por gente adinerada, a veces voy a la gala vestido en chándal para provocar un poco. Es mi manera de decir: ‘¡hola! El mundo no solo está aquí en esta preciosa ópera’. Están ocurriendo cosas terribles ahí fuera y reflejarlo a través de tu vestuario me parece algo muy interesante.

P. ¿Se identifica con la nueva masculinidad liderada por Harry Styles o Timothee Chalamet?

No me identifico con ellos como individuos, pero sí con la manera en la que expresan otro aspecto de cómo puede ser la masculinidad. Y es algo que a mi especialmente me interesa como bailarín, porque desde hace 20 años practico algo que no está considerado un ideal de la masculinidad. El balet se ve como algo muy femenino y desde que era un niño se burlaban de mí cuando decía que practicaba esta danza.

Me parece muy interesante ver cómo juegan con los códigos de género, pero esto no resuelve la homofobia, ni todo ese bullying que tiene que soportar alguien gay o no, por ser considerado demasiado femenino. Ser queer no significa solo llevar vestidos y faldas o brillos en tus outfits. No puede quedarse en una fotografía. Tiene que haber un discurso detrás orquestado por alguien que esté en la misma situación de vulnerabilidad que el colectivo.

Con esto no quiero decir que ellos no estén haciendo suficiente por la causa pero, ocurre algo parecido con el racismo. Si no eres negro, nunca habrás experimentado realmente lo que es el racismo. Yo soy un hombre blanco y por esta razón siempre voy a darles apoyo pero respetando que no está en mi posición decir qué es o no lo correcto para ellos.

lunes, 8 de enero de 2024

#libros #masculinidad | Perforar las masculinidades

Perforar las masculinidades / Alfredo Ramos Pérez ; prólogo de Miquel Missé ; epílogo de Roy Galán.
Manresa, Barcelona: Bellaterra, 2024 [01-08]
276 p.
Serie: Biblioteca Ciudadana.

/ ES / Libros / ENS / Cuidados / Masculinidad / Vulnerabilidad /

📘 Ed. impresa: ISBN 9788419160379 / 16,00 €
📝 Cita APA-7: Ramos Pérez, Alfredo (2024). Perforar las masculinidades. Bellaterra.

«Yo controlo», nos dice la ficción de autonomía por excelencia. La masculinidad no es un problema de los hombres, sino una norma social, un asunto colectivo. Ha dejado de ser vista como una cosa o un atributo que los hombres poseen, para convertirse en un conjunto de prácticas insertas en las relaciones de género. El éxito es la brújula biográfica de la masculinidad, paradójicamente, los hombres se pasan buena parte de sus vidas fracasando, muy lejos de las trayectorias que proyectan los modelos normativos. El presente libro pone sobre la mesa la necesidad de ‘perforar las masculinidades’ para que sean más vulnerables, para que sean más dependientes, para que se dejen afectar. Es por eso que propone reordenar nuestras instituciones sociales para que la vulnerabilidad sea una prioridad, ya que los cuidados pueden ser uno de los ámbitos de mayor potencialidad para practicar otras masculinidades. Para ello vamos a tener que construir sociedades más habitables para todas las personas. Este libro es una conversación imprescindible entre la masculinidad, el futuro y la esperanza, una invitación a pensar itinerarios colectivos más libres.

Alfredo Ramos Pérez es doctor en Ciencias Políticas por la UCM y Máster en Gestión Cultural por la UOC-UdG. Sus áreas de interés son los estudios de masculinidad, la teoría democrática y la gestión cultural. Promotor del Laboratorio de pensamiento, cultura y género Un Estudio Propio, ha cooperado con diferentes universidades y centros de investigación, tanto en el Estado español como en Portugal, Brasil o Francia. Durante años participó en diferentes iniciativas de economía social y fue asesor de Podemos en la Comunidad de Madrid (2015-2019). En los últimos años investiga especialmente sobre el cruce entre prácticas artísticas y masculinidad, en colaboración con diferentes artistas, como Artor Jesus Inkero o Albert Potrony.

domingo, 13 de agosto de 2023

#hemeroteca #trans #masculinidad | R.W. Connell, la Honoris Causa trans que rompe barreras: "Los jóvenes nos enseñan que las tradiciones son negociables"

Raewyn Connel //

R.W. Connell, la Honoris Causa trans que rompe barreras: "Los jóvenes nos enseñan que las tradiciones son negociables"

La socióloga australiana lleva cuarenta años estudiando las masculinidades y cómo los cambios sociales y económicos han afectado a los roles de género
Sandra Vicente | El Diario, 2023-08-13
https://www.eldiario.es/catalunya/r-w-connell-honoris-causa-trans-rompe-barreras-jovenes-ensenan-tradiciones-son-negociables_128_10294768.html 

Raewyn Connel (Sydney, Australia, 1944) es una socióloga australiana que ha dedicado su carrera a las masculinidades, la estructura de las clases sociales y su relación con las desigualdades de género. Además, es una mujer trans que salió del armario estando ya su investigación iniciada. Su carrera la ha hecho merecedora de diversos reconocimientos, el más reciente ha sido ser nombrada la primera persona trans Honoris Causa en Catalunya, título que le ha sido concedido de la mano de la Universitat Pompeu Fabra (UPF).

P. Ha habido muchos progresos en la causa LGTBI, pero usted es la primera persona trans en ser investida Honoris Causa en una universidad catalana. ¿Por qué?

Las posiciones queer o no binarias son más aceptadas entre los jóvenes porque la situación ha cambiado. Pero mucha gente trans de mi edad no ha podido completar su educación y, si lo han hecho, en muchos casos ha sido a costa de no salir del armario. Por eso hay mucha ratio de educación interrumpida, pobreza y paro entre transexuales.

Si, además, se combina con hostilidades en la familia, las consecuencias pueden ser catastróficas. Hablamos incluso de suicidio. Por fortuna, hoy hay mucho más apoyo a la comunidad LGTBI, porque hablamos más y somos más visibles. Pero eso también tiene consecuencias malas: al estar más expuestos, la hostilidad aumenta. Y eso es preocupante porque los trans son un pequeño grupo de personas, minoría en la minoría, muchos de ellos pobres y con pocas posibilidades de defenderse. Un blanco fácil. Y siempre lo han sido. Muchos movimientos reaccionarios llevan desde los años 70 atacando a trans o lesbianas para ganar notoriedad.

P. Empezó a investigar sobre masculinidades hace cuarenta años. ¿Qué ha cambiado?

Las masculinidades son una cuestión muy compleja. Están determinadas por la posición social, las prácticas y los roles de poder y eso hace que cambien a medida que cambia la sociedad. No encontramos las mismas masculinidades hoy que hace cincuenta años, por razones bastante obvias. Han cambiado los medios de comunicación; ahora tenemos Internet, que facilita la circulación de información y material cultural; la configuración política es distinta...Y, sin duda, el feminismo ha sido un elemento elemental.

Empecé a trabajar sobre masculinidades poco después del nacimiento de los movimientos de liberación de la mujer de los 70 y en ese momento ya surgieron hombres que apoyaron a esas mujeres y se beneficiaron de algunos de sus logros, tales como unos roles de género menos definidos.

P. ¿De la misma manera que el feminismo derivó en masculinidades menos tóxicas, también conllevó la radicalización de una parte de ellas?

A finales de los 70 se dio un movimiento, con tracción política en regímenes conservadores y autoritarios de todo el mundo, liderado por hombres que creyeron que la liberación de la mujer amenazaba sus posiciones y privilegios. Fue un momento de contradicciones, porque debido a este movimiento reaccionario, en algunos lugares la lucha por la emancipación femenina supuso que los derechos de las mujeres se recortasen, en lugar de crecer. Es algo que sucede hoy también. La oposición al lenguaje inclusivo y las comunidades machistas de Internet son las que sustentan los regímenes autoritarios de Hungría, Rusia o Polonia.

P. Menciona Internet, ¿cómo ha cambiado las reglas del juego?

Ha sido una montaña rusa. El movimiento más radical contra el feminismo se ha dado online. La manosfera [espacios de la red en que se congregan hombres con actitudes misóginas] anima a tratar a las mujeres con brutalidad, asegurando que les deben atención e intentando destruir el clima de opinión favorable al feminismo. El problema de estos espacios es que no se quedan en Internet, sino que acaban llegando a la política institucional, con resultados desastrosos como hemos visto en Estados Unidos, donde se ha derogado el derecho nacional al aborto.

Lo que me da esperanza es que haya muchas mujeres, sobre todo jóvenes, que rompen con los caminos marcados por el patriarcado. Y muchos hombres también, que están descubriendo que la igualdad es un camino que puede mejorar sus propias vidas, no solo las de las mujeres.

P. Al principio de sus investigaciones hablaba de una masculinidad hegemónica. ¿Sigue habiendo una?

No hay más tipos de masculinidad que antes, lo que ha sucedido es que las vemos y somos capaces de reconocerlas. Y de contestarlas. El feminismo ha sacudido el género y lo que entendíamos por tradición. El conservadurismo intenta evitar los cambios sociales, pero las nuevas generaciones nos han ayudado a entender que las tradiciones son negociables. Ante esa nueva realidad, muchas masculinidades han abrazado la violencia como vía para conservar las tradiciones, y eso asusta. Hablamos de masculinidades que se alinean con la extrema derecha, el racismo, el fascismo... Y el resultado puede ser una masacre, como la que se dio en Utoya [Noruega] en 2011, donde un hombre joven mató a 77 personas.

P. El asesino de Utoya cometió el ataque en nombre del nacionalismo noruego, para “proteger” a su país. Pero en sus textos había también referencias misóginas hacia su madre. ¿Por qué el fascista tiende a odiar a las mujeres?

Ha habido siempre una asociación entre un cierto tipo de masculinidades y la violencia. Desde la Antigua Grecia hay representaciones culturales en las que los 'hombres de verdad' son brutales. El asesinato es cosa de hombres, así que ¿a quién le toca, si no a las mujeres, ser asesinadas?. Pero esa es solo una de las maneras de ser hombre. El género siempre ha sido complejo en lo referente a los símbolos, las identidades y los roles. También en la Antigua Grecia. Pero la derecha tiende a negar esta complejidad mientras intenta recuperar una supuesta tradición que, en realidad, nunca ha existido. Porque el universo nunca ha sido homogéneo, en ningún periodo histórico que se me ocurra.

P. ¿Usted cree que un hombre puede ser feminista o es de las que piensa que, por el contrario, lo máximo que puede ser es un aliado?

No veo ninguna contradicción en que un hombre sea feminista, pero es cierto que es un debate desde los años 70. Y depende de cómo entendamos el feminismo. Hubo quien lo entendió como una revolución cultural de las mujeres y, por lo tanto, era imposible que los hombres formaran parte de aquello. Debían tener otro rol. Y se llamaron a sí mismos 'aliados'. Pero había otras feministas que no veían nada malo en que los hombres se identificaran como feministas, porque ayudaban a difundir el mensaje de la igualdad. Sea como sea, deben tomar responsabilidad de sus acciones políticas. Llamarse feminista es una fuerte declaración de intenciones que se debe cumplir.

P. La ministra y vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díaz, dijo hace unos meses que los hombres de izquierdas “son un peñazo”, precisamente por llamarse feministas y mantener actitudes machistas. ¿Comparte su opinión?

No me gustan las generalizaciones y creo firmemente que en la izquierda hay mucha más predisposición a la igualdad de la mujer que en la derecha. Precisamente porque a un hombre de izquierdas se le puede -o se debería poder- confrontar y hacerle repensar sus actitudes. Dicho esto: seguro que la ministra tiene sus motivos. En la izquierda hay patriarcado y violencia de genero. No he investigado mucho sobre este aspecto, pero no tengo necesidad de hacerlo para que se me vengan a la cabeza ejemplos muy claros.

P. ¿La clase social determina el tipo de masculinidad?

No se pueden predecir las prácticas de género de una persona en base a su clase, pero tus ingresos, posición social y rango profesional afecta a cómo construyes tu masculinidad. Si tienes buen estatus, es posible que tengas poder sobre otras personas. Y que tengas más tiempo libre. En algunos países y épocas, definiría tu sexualidad. Todo ello conforma una masculinidad colectiva que representa un imaginario de clase y reproduce los ejercicios de poder que te han inculcado.

La economía es muy determinante para entender los roles de género. Hace años, los países se levantaban gracias a la industria y su mano de obra, formada por hombres. Por eso, la cultura ha definido la masculinidad como algo sucio, peligroso, rudo, fuerte... En el último medio siglo ha habido un gran descenso de la industria pesada y los obreros son distintos. Por eso, ahora vemos otros patrones de masculinidad, no tan ligados a atributos físicos sino al estatus social y comportamiento.

P. ¿La precariedad agrava la masculinidad?

Hoy vemos nuevas formas de masculinidad basadas en la precariedad. Pero no necesariamente tienen que ser peores. En un sentido, la precariedad podría llevar a los hombres a buscar una cooperación más cercana con las mujeres. Podría ser una manera de acabar con las desigualdades de género. Pero, por otro lado, una mayor inseguridad financiera podría llevar a un aumento de la violencia. Esto se ve mucho en la manosfera -conformada mayoritariamente por jóvenes trabajadores blancos-, que es un espacio misógino que insta a dominar a las mujeres para recuperar esos privilegios que han perdido, no por hombres, sino por precarios.

P. ¿En qué momento vital se definen los roles de género?

Ni la masculinidad ni la feminidad tienen una única definición, sino que son un espacio por el que puedes transitar. Hay una investigación muy interesante ['Gender Play', de Barrie Thorne] sobre el comportamiento de los niños en la escuela primaria. La autora vio que muchas veces los niños y niñas juegan juntos, intercambiándose roles de género independientemente de su sexo. Pero en otras ocasiones, sí que hay divisiones marcadas. Los pequeños cruzan las barreras del género constantemente, pero de adultos perdemos esa capacidad.

P. ¿Cree que se podría acabar con las masculinidades tóxicas en la escuela?

Las escuelas segregadas fueron las responsables, en gran parte, de que haya generaciones con roles de género tan diferenciados entre hombres y mujeres. La educación es importante, no sólo como institución, sino como herramienta política. En muchos momentos de la historia las mujeres han estado alejadas de la escolarización y eso les restaba autonomía, las expulsaba de ciertas actividades económicas y potenciaba los trabajos segregados.

La educación es poderosa, ya sea para mantener o cambiar los patrones sociales. Por eso todos los regímenes intentan controlarla. El ejemplo más reciente y claro lo encontramos en Afganistán, donde se ha negado la educación a las mujeres. Pero también hay casos algo más sutiles, como en Estados Unidos, donde se ha intentado interferir en los libros disponibles en las bibliotecas, en los contenidos del currículo y se ha intentado eliminar ciertas carreras universitarias como los estudios de género.

viernes, 9 de junio de 2023

#hemeroteca #literatura #trans | Alana S. Portero: “Tenemos derecho a la fantasía de la transformación y el brillo”

El Salto / Alana Portero //

Alana S. Portero: “Tenemos derecho a la fantasía de la transformación y el brillo”

La autora debuta en novela con ‘La mala costumbre’, una cálida fábula femenina, trans y obrera, es decir, con vocación universal.
Ignacio Pato | El Salto, 2023-06-09
https://www.elsaltodiario.com/literatura/entrevista-alana-portero-novela-mala-costumbre

Para quienes procedemos del secano, como la escritora Alana S. Portero (Madrid, 1978), existe una imagen del verano que podemos ver con los ojos cerrados. No suenan las olas del mar. Sí la radial, la cucharilla contra el vidrio templado de un plato apurando el helado del súper y la chicharra como artista residente. Se romantiza fácil esa postal costumbrista. En ella, la picadora de emociones que hoy aturde con varias últimas horas al minuto y momentos históricos con vitaminas fugadas en días nos da una tregua. Es un escenario de relax tramposillo.

Pensemos primero en esas radiales. No descansan porque, como recuerda Portero, en determinados barrios siempre hay algo estropeado o que amenaza jubilación pendiente de arreglar. Son calles y bloques donde se conoce bien el sudor y el reloj. Dice la leyenda que los inuits tienen 'nosécuántas' palabras para la nieve. Pues a golpe de ventilador, abanico y un Hola! enrollado no se les caerían la calufa, flama, calda, torraera y el resistero de la boca. Sus habitantes también dominan a Cronos supliendo el carbono 14 con intuición: el año de la polca, la pera, la picor, la quica, maricastaña, catapún o la tos pueden ser a veces dataciones que despiertan recuerdos de lo más concreto.

Sigamos con el helado. Quien dice un corte de vainilla y chocolate, dice una tajá de melón. De momento, ni uno crece en el congelador ni otro en el cuenco frutero. Hay que ir a comprarlos, pero antes de eso hay que pensarlos; hay que preverlos para después proveerlos. A ese cuidado de tareas nunca tachadas del todo, el ingrediente del cariño no le quita su condición de trabajo no pagado. Cuando atardece en esas cocinas, lo sabe Portero, la certeza de que habrá un mañana, una mesa, un plato y un “¿te parto más pan?” huele a guiso cociendo a fuego lento para el día siguiente.

La pobre chicharra tiene mal nombre. Su canto de caja arenosa es reclamo de apareamiento pero en la ciudad de interior también puede actuar como recordatorio de una cárcel estival, asfalto borroso. Un sonido de sonajero como el que lleva en el mandil una madre fusilada. Holgazana de fábula, hablar como una chicharra es hacerlo en exceso según los académicos de la lengua. La expresión, sin pruebas ni dudas, descarga su peso más en las mujeres. Dramáticas, metomentodo y con un palique excitado por cuernos y enfermedades ajenas, así se las ha pintado mientras se arrancaba de la Historia una página más incómoda y verídica. La de las que tuvieron que empezar a llamar “colorado” al “rojo”. Las de la voz dormida. Las acusadas de no callar como justificación para empujarlas, ya sí, al silencio sin mordaza, el que verbaliza mil agobios cotidianos negados de conformar uno suficientemente existencial con un “voy tirando”.

En su primera novela, 'La mala costumbre' (Seix Barral, 2023), Alana S. Portero construye el viaje de crecimiento de una niña de barrio obrero atrapada en un cuerpo que no sabe habitar. Lo hace, la escritora, con muñeca de baterista de jazz: cálida, firme y un poco médium. Con los pies en la dirección y guardia que se necesitan lo mismo para escapar de la tormenta que para pausar el desastre y marcarte un musical. Instintivamente apretamos y soltamos la mano de su protagonista según sus necesidades. Nuestros ojos son su arnés. Descubrimos que las fábulas están para pervertirlas. La mala costumbre es uno de esos libros que te hacen llegar tarde a los sitios, pero a la cita con una reina se viene puntual.

El libro tiene una dosis equilibrada de ternura y crudeza. No te hunde en un sofá. Contagia ganas de comprender radicalmente al mundo y a las personas.

Es un libro en el que pasan cosas tristes, pero que no tiene intención de serlo. Es la historia del crecimiento de una vida y en ella se juega todo el tiempo con las ideas de resistencia, de soportar la oscuridad y de búsqueda incesante de la luz. La protagonista nunca se rinde a la imposibilidad de hacer material lo que imagina y siente para sí misma. Pelea. Esta es la historia de alguien que lo tiene bastante difícil pero tira para adelante. Está escrito con esa intención. En esas vidas de las que se dice que están en los márgenes, que no creo que sean los márgenes de nada, sino el centro de mucha gente, hay espacio para vivir, soñar y ser feliz.

¿Hasta dónde estabas dispuesta a buscar dentro de ti al escribir?

Hasta el final. La novela no es una autobiografía, pero sí está tejida con elementos que tienen que ver conmigo, del mismo modo que lo está gran parte de la ficción que leemos. Personalmente, no concibo escribir sin exponerme. Me gusta que la escritura y la lectura consiguiente sean un acto íntimo entre una y otra parte y esa intimidad se consigue más fácilmente si estás dispuesta a poner algo de ti. Eso me viene del teatro. Si no vas a ir hasta el final, no lo hagas. Lo contrario me parece hasta burgués, fíjate lo que te digo. Un poco meterse en el agua sin querer mojarse. Crea con todas las consecuencias.

Reivindicas tu derecho a la ficción, un concepto interesante que puso sobre la mesa la escritora argentina Camila Sosa Villada. Las etiquetas de literatura feminista, LGTBI, autoficción o confesional estrechan el marco creativo. Para los hombres queda reservado lo universal y, no menos importante, la imaginación.

Es una manera de empequeñecer nuestro trabajo. Todo lo que escribe una mujer, si además ella tiene unas condiciones políticas o socioeconómicas concretas, sea lo trans o la clase, no tiene por qué ser confesional o autoficción, que son etiquetas que se suelen utilizar para dejar caer que no hubiera otra cosa que contar. Como si tus condiciones materiales fueran tu única vida y no pudieras imaginar y tener derecho a contarlo. Como si no tuvieras derecho a ir más allá de lo que te pasa, que es lo que hace cualquier persona que fabula. Que tengamos que estar encerradas en coordenadas de hiperrealidad me parece horrible y está calculadísimo contra quién se hace. ¿Por qué los relatos decimonónicos o de principios de siglo pasado son universales y la historia de una mujer de clase obrera no? ¿Por qué eso último tiene que estar en una cajita de música para chicas y para llorar entre nosotras? Creo que lo que le pasa a la protagonista de 'La mala costumbre' es más universal que lo que, por ejemplo, le ocurre a Arthur Schnitzler en 'Relato soñado'.

Uno tiene la sensación de que la novela está escrita por alguien que aprendió a la fuerza a saber mirar y descifrar el mundo desde muy pequeña. ¿Marcó eso tu inclinación a escribir?

Hay un momento que sí comparto con la protagonista. Estar en la vida pero no vivirla. Ser siempre espectadora de todo y protagonista de nada. Ver pero no tocar. Eso te da una perspectiva inigualable y crea un mundo interior gigantesco que por algún lado tiene que salir. Estás obligada a leer, a intentar buscar referentes, historias que te apelen porque lo que tienes alrededor no lo hace. Tu mundo es el de las palabras, la imaginación, de aquello que se desea pero no se lleva a cabo. Eso, creo, te convierte en una observadora más o menos sagaz.

En el libro, la protagonista aprende desde niña a controlar la ilusión. En un momento concreto, que debería ser solo de felicidad, se le aparecen fantasmas que parecen recordarle que nunca merecerá del todo algo bonito.

Es un aprendizaje muy duro. Entiendes que quienes son como tú reciben correctivos durísimos. Desde cualquier vida condenada a habitar una zona violenta de la existencia hay una pertenencia silenciosa a una genealogía del dolor, el miedo y la derrota que está llena de fantasmas. Piensas en personas que has llegado a conocer o historias que te han contado y eso no te abandona nunca.

Un viejo principio horizontalista recomienda “matar a tus ídolos”. Leyéndote pensaba que quizá eso no es tan fácil cuando tu propia existencia no tiene referentes. Entran entonces en juego Madonna, Morrissey o Eugenia la Moraíta. ¿Cómo de importante es la genealogía para las vidas trans?

Fundamental. Suele además ser una genealogía secreta, clandestina, que nadie te enseña ni es obvia. En la búsqueda del referente pop hay dos cuestiones. Una es la falta de narrativas en las que poder proyectarte. Todo niño o niña puede hacerlo en un héroe deportivo o una actriz, pero ciertas vidas, sobre todo en la época en la que sucede la novela, solo existían para la burla. Ese mundo de divas y estrellas cumple una función un poco religiosa. Necesitas una potencia superior a la que encomendarte. Quizá los referentes que viven en tu barrio acaban machacados y tú no quieres acabar así. Quieres la fantasía de la transformación completa y del brillo absoluto. Tienes derecho a quererlo. Por otra parte, el imaginario pop actúa como una sublimación de tus necesidades que a la vez está impoluta, que nadie puede tocar ni quitar de tu pared. No sabes nada de estas estrellas, solo conoces esas fotos superproducidas y es ahí, mirando la foto de Prince, por ejemplo, donde vuelcas todos tus silencios. No se diferencia en nada de cualquier fantasía infantil o juvenil de escapar de tu vida o de imaginar algo grande para ti. Luego la vida ya te va colocando en tu sitio, pero todo el mundo tiene derecho a fantasear.

Sobre sus encuentros con Lorraine Hansberry, la primera dramaturga afroamericana en estrenar una obra en Broadway, la cantante Nina Simone dijo “nunca hablábamos de hombres o de ropa, sino de Marx, Lenin y la revolución: charla de chicas de verdad”. Quizá para ciertas vidas en barrios obreros hablar de chicos o de moda también es político.

Claro. Es que si hablar de eso fuese hacer el tonto, que no lo es, todo el mundo tiene derecho a hacer el tonto. Ser obrera no significa que tengas que estar preocupándote todo el día por entender cuánto hay de político en tu situación, cómo se enfrenta aquello y que eso ocupe tu ocio y tus sueños. Es importante saber de dónde vienes, pero es que eso se aprende enseguida. Luego puedes formarte, pero yo no tardé nada en entender la importancia de la asociación vecinal porque les veía. Claro que es político que las chicas obreras reclamen su parte de la fantasía, su conversación exenta de peso. Eso también tiene que ver con evitar la profecía autocumplida de la tristeza. Tu existencia ya es política, así que respira, que es importante.

El libro desnuda tanto los mecanismos estructurales de la desigualdad como la responsabilidad cotidiana de perpetuarlos. Incluso acuñas un concepto elocuente: el piquete machista, cordón formado por hombres que pretende aislar a agresores protegiéndoles. ¿Algunos no paran de decir lo que les gustan las mujeres cuando en realidad las detestan?

Sí. Hay un tipo de masculinidad que se retroalimenta de sí misma y que basa su existencia y su poder en huir de lo femenino y en que las mujeres sean seres pasivos y sometidos. Eso está clarísimo. No hay nada que le guste más a esa masculinidad brutal que otro hombre que se comporta igual al que poder seguir.

'La mala costumbre' pone el acento en esos detalles que hablan de vidas obreras tanto como la plusvalía. Por ejemplo, ese grupo de atención e intervención comunitaria formado por vecinas adjetivadas como cotillas. O los garbanzos en remojo que de noche garantizan que hay un mañana, arte menor hasta que llegaron los cocineros estrella. Dos tareas empequeñecidas asociadas a las mujeres.

El empequeñecimiento de la presencia de las mujeres es una de las tradiciones primeras y últimas de la cultura patriarcal predominante. Los barrios mantuvieron su pegamento gracias a las vecinas. Los hombres hacían su trabajo, muchos podían ser maravillosos y estaban dispuestos a partirse la cara para defender los derechos de todo el mundo. Pero el pegamento eran las mujeres. Eran quienes estaban pendientes unas de otras, de la casa, quienes preguntaban al marido enfermo qué tal estaba y a las vecinas qué necesitaban de la compra, las que se preocupaban de si había algún niño solo por la calle. Las mujeres han sido el gran pegamento obrero que no aparece en los relatos épicos de lucha. Sin un plato de comida encima de la mesa no vas a ningún sitio. Eso hay que planificarlo y más con recursos limitadísimos. Es un trabajo ímprobo. Compartir la comida es algo que también sucedía mucho. Los cuidados y el alimento, en este sentido, han sido un buen ejemplo de redistribución. Uno a partir del cual se puede escribir otro 'El capital'.

El trabajo, hoy en expansión de horarios, roba tiempo a la vida, uno precioso en el caso de mujeres como la protagonista de la novela. El pan y las rosas, sí, pero también sería bonito fantasear, o necesario exigir, el tiempo para no tragar el pan sin masticar y cuidar las rosas con la calma que merecen.

Esta era una idea central del libro. La mala gestión de la comunicación verbal pero la maravillosa gestión de la simbólica que hay en esa familia tiene que ver con el tiempo que robó a nuestros padres y madres el hecho de haberse matado a trabajar. Quizá no supieron aprender a comunicar los detalles de las cosas, sin embargo tienen un amor en bruto que lo sustituye. Pero sí, nos quitaron la capacidad de comunicarnos con eficiencia y de pasar tiempo compartido, que es clave para conocernos. Nuestros padres no nos conocen tanto porque estaban trabajando. Me interesaba hacer literatura con esa comunicación sin comunicación: cómo se gestionan esos silencios, que son consecuencia de una extracción de tiempo y energía, cómo se sustituyen por un lenguaje simbólico con el que se hace lo que se puede.

En tu novela hay una de las declaraciones de amor a Madrid más emocionantes y honestas que he leído, y no será por que últimamente no se hable de ella. De San Blas al Figueroa, una ciudad con verdades esquivas y múltiples. “Una muere madrileña del mismo modo que muere trans”, reconoce la protagonista. Supongo que te duele ver la ciudad convertida en una especie de partida de Los Sims que un sociópata ha dejado a medias.

Me duele mucho. Amo Madrid. Es mi casa. La ciudad se ha convertido en un franquiciado, un lugar hecho no para quien lo vive sino para quien lo visita desde unas condiciones muy concretas. Madrid no está en venta; ya está vendida. Es hostil, invivible, a excepción de algunos barrios. Me da mucho miedo porque es terreno conquistado, pero también creo que Madrid tiene una enorme tradición de resistencia. Confío en ese espíritu.

Quizá alguien no espere que en tu novela haya fútbol. Los aficionados críticos deberíamos aceptar que fue una puerta de entrada a la extrema derecha para muchos críos. Y reconocer que el patio, ocupado a balonazos contra toda compañera o compañero que quisiera jugar a otra cosa, es uno de los primeros espacios en que aprendemos a socializarnos en desigualdad.


El fútbol, en tanto ha sido entendido como el gran catalizador de ocio y pasiones masculinas, está impregnado de toda esa masculinidad impuesta. Es un lugar que ha sido y sigue siendo hostil para muchas personas. Sigue siendo impensable que un jugador de primera división salga del armario. Estamos en 2023 y eso sigue yendo muy despacio. Siempre lo he vivido como la masculinidad imponiendo sus criterios sobre aquello que te tiene que apasionar o no. Lo que significó para mí es quedarme con menos hueco allí donde tenía que jugar o ser ridiculizada por no tener la habilidad que había que tener. Es complicado para mí verlo con otros ojos. Además, políticamente el fútbol fue una trituradora en los años 90. Chavales del barrio que empezaban en el gallinero y terminaban en el fondo sur. Sé que hay otras narrativas sobre el fútbol y no hay que perder la esperanza con nada.

Al patio, y a los 80 y 90, décadas en las que transcurre la novela, se ha mirado a menudo con nostalgia. Veíamos a Laura Winslow a la hora de comer, pero a Lucrecia Pérez, que no era un personaje de ficción, la mataron por ser migrante y precaria. Fue solo un año después del asesinato de Sonia Rescalvo, mujer trans. En este país el lema nostálgico de mayor calado no es “la insumisión acabó con la mili”, “recuperamos las calles frente a la extrema derecha” o “hicimos huelgas generales”, sino “Yo fui a EGB”. Algo obligatorio, meramente descriptivo y en singular. Quedan olvidadas vidas como la de la protagonista de 'La mala costumbre'.

Me resulta ridículo el discurso de la nostalgia. Los 80 fueron la puerta de entrada al liberalismo más brutal y la década del aplastamiento obrero. Es como si Reagan te estuviera dictando de qué seguir hablando. Solo se puede hacer ese discurso desde el privilegio de quien entonces tenía una vida tranquila. Es una manera absurda de no hacer el mínimo esfuerzo por comprender el tiempo que te ha tocado vivir, pero ni el del pasado ni el del presente, porque eso implica un desdén por el hoy y la gente joven. Solo puedo sentir una especie de lástima intelectual por una persona que ha hecho del símbolo de sus mejores recuerdos el bollycao. Pues vale. Un bollo industrial hecho de mal chocolate y peor pan. Si nos vamos a poner así, acuérdate mejor de tu madre poniéndote un trozo de chocolate. Incluye lo humano. Es que tengo la sensación de estar viendo publicidad con toda esa nostalgia basada en productos. Retropublicidad, un concepto ridículo.

Hablemos del precio del armario. Un aislamiento, un estado de tensión que fomenta, leemos en la novela, puerilidad e inseguridad en relaciones próximas, quizá incluso desconfianza. “El armario me había hecho egoísta”, llega a decir la protagonista. ¿Una sociedad auténticamente preocupada por el bienestar emocional y la salud mental colectiva debería ser una sociedad radicalmente igualitarista en cuestiones de género?

Absolutamente. Pensaba que estábamos en ese camino y me he dado de bruces con una realidad que no es tan así. Se ha retrocedido mucho. El punto de partida es que deberíamos ser iguales y que nadie debería vivir encerrado o encerrada en sí misma sea cual sea su condición más allá de lo identitario y lo sexual. El precio del armario nunca vas a poder pagarlo. Compromete la salud mental para siempre. Muchos aspectos de la vida no se van a desarrollar con el desparpajo necesario. No entender eso es no entender nada. Que una persona tenga que callar aquello que es más importante para ella, aquello que constituiría la base de sus relaciones personales, es una tortura socialmente aceptada que sigue existiendo.

¿Cómo ves el presente en estos términos?

Lo veo frágil. Hemos empeorado en un espacio muy corto de tiempo. Se han vuelto a poner conversaciones encima de la mesa que estaban ya apagadas. Está la basura evangélica importada que infecta el mundo de una manera peligrosísima. He entendido que las conquistas eran frágiles y yo no las tenía porque lo fueran tanto. Pero creo que hay esperanza, hay muchas personas muy comprometidas con seguir adelante.

¿Se recordará en unos años este Ministerio de Igualdad como un oasis de normalización democrática?

Si la Historia es justa sucederá que entenderemos el valor político de este ministerio y unas acciones transformadoras que son de las más importantes en este país en mucho tiempo. Por su enfoque, las dificultades que ha afrontado y el correctivo tan descomunal al que se le ha sometido. Hay que recordar que Bibiana Aído ya se llevó lo suyo en su día. El ataque a base de infantilización e insultos de clase, físicos y políticos contra Irene Montero y su equipo es diario y cruza todas las fronteras a la vez.

¿El verdadero éxito de este libro es que acompañe a quien abra sus páginas en busca de refugio, que sirva de empujón hacia un futuro mejor?

Me encantaría que fuese así. Que contribuyera a una narrativa de esperanza, que llevase magia a vidas que quizá no la tienen. Había muchas intenciones en el libro, pero para escribir una ficción que me satisfaga tengo que intentar despojarme de las intenciones. Tengo que concentrarme en lo que quiero que les pase a los personajes. Y cuando escribes con honestidad, no puedes esconder las intenciones.

Tu primera novela se va a traducir como mínimo a ocho idiomas. ¿La mala costumbre te ha cambiado la vida?

Del todo. Ha cambiado mis condiciones materiales drásticamente. Me permite dedicarme solo a escribir. Estoy muy contenta y abrumada, y un poco asustada también. Lo que está pasando con la novela era algo impensable, no tenía imaginadas estas coordenadas vitales. Por la edad que tengo, me había puesto el piloto automático de seguir sobreviviendo hasta que fuera. Me ha cambiado la vida por completo.

lunes, 8 de mayo de 2023

#hemeroteca #cine #homoerotismo | La mirada homoerótica en el cine antes de los tiempos de Instagram y Onlyfans

'The Rocky Horror Picture Show', clásico de culto homoerótico //

La mirada homoerótica en el cine antes de los tiempos de Instagram y Onlyfans

Alberto Mira analiza en el ensayo 'Entre la cámara y la carne. El cine homoerótico en 25 películas' cómo los directores han mirado y creado erotismo a través del cuerpo masculino
Javier Zurro | El Diario, 2023-05-08
https://www.eldiario.es/cultura/libros/mirada-homoerotica-cine-tiempos-instagram-onlyfans_1_10185621.html

Una de las clásicas preguntas del quesito rosa del Trivial es qué película ganó el primer Oscar de la historia. Cualquier cinéfilo respondería rápidamente que ‘Alas’, la película de William A. Wellman sobre dos jóvenes que comparten interés romántico por la misma chica y que acabarán alistados juntos para convertirse en pilotos de combate. Lo que no suele preguntar el Trivial y muchos no saben es que ‘Alas’, estrenada en 1927, ya incluía el que se considera el primer beso gay de la historia del cine. Esos dos hombres, rivales por el amor de una mujer, acababan compartiendo una amistad que con el paso de los años ha sido estudiada como una de las primeras representaciones homosexuales en pantalla.

Al final del filme, con uno de los jóvenes a punto de morir, el otro le besará en la boca mientras le acaricia el pelo consolándole en sus últimos instantes. No es un beso pasional, y muchos consideran que ahí solo hay una amistad, pero en un momento en el que la representación del amor y la pasión entre personas del mismo sexo estaba oculta o prohibida, aquella escena se convirtió en algo liberador y erótico para muchos hombres que veían su propia fantasía plasmada en una sala de cine. ¿Hay algo homoerótico en aquella escena? ¿Puede alguien sentir deseo al ver aquel beso que hoy nos parece inocente?

Hollywood siempre ha usado a la mujer como reclamo erótico, como mercancía para vender fantasías sexuales y fetichistas a los consumidores y fruto de la mente de los directores. El cine crea un lenguaje que está basado en esas fantasías. La mirada de arriba a abajo, el plano corto de las piernas... También narrativamente. Pero en algún momento, el deseo homoerótico entra en juego. Ya no son solo ellas las que se convierten en objetos mirados, sino que son ellos los que lo son. Un deseo homoerótico que también avanza con el paso del tiempo y que se va despojando de ataduras según se consiguen derechos para la comunidad LGTBI. Aquel beso de 1927 hoy no se rodaría así. Hoy el deseo homoerótico puede estallar en pantalla en obras como 'El poder del perro' o incluso en una escena aparentemente nimia como el juego de vóley playa en Top Gun y su secuela o en películas que son clásicos entre el público heterosexual como ‘Le llaman Bodhi’.

Visto ahora, aquella escena es timorata. En una época donde todo se mira y se vende es difícil construir un deseo basado en el misterio, en el suspense cinematográfico. ¿Qué es deseable en tiempos de mostrar el culo en Instagram? ¿Qué hay de misterioso cuando todos los cuerpos adolescentes salen sin camiseta en cualquier serie en ‘prime time’? ¿Qué puede excitar las bajas pasiones cuando el cuerpo es algo que se observa en Onlyfans pagando un módico precio? Todas esas preguntas son las que se hace Alberto Mira en su ensayo ‘Entre la cámara y la carne. El cine homoerótico en 25 películas’ (Editorial Egales).

Lo erótico nos posiciona

No es solo un compendio de películas con escenas homoeróticas, sino un ensayo concienzudo y minucioso sobre la evolución en la construcción del deseo homoerótico a través de la historia del cine y si ese concepto tiene algún sentido en el momento actual. Lo hace, primero, preguntándose qué es el erotismo y dejando claro que todo depende de la mirada y que toda mirada está “invadida de ideología”. “Aunque el deseo es personal y fluido, la ideología hace que se prefieran ciertas manifestaciones y actualmente la ideología que determina las formas del deseo en el arte comercial occidental es capitalista. Otras tradiciones eróticas en torno al hombre implican otras preferencias. Lo erótico siempre nos posiciona. Están quienes contemplan y está lo contemplado. El espectador es el vértice de un triángulo; los otros dos son la cámara y el cuerpo representado”, dice el autor en su libro.

La evolución del cuerpo masculino deseado también es clara. Poco tienen que ver Paul Newman o Robert Redford con aquellos años 80 donde el cuerpo culturista de Arnold Schwarzenegger o Sylvester Stallone era el que se ponía como centro de la mirada homoerótica. Y nada tienen que ver ellos con el gusto por la figura griega y cercana a los efebos que se ve en series como ‘Élite’ o en el éxito de actores como Timothée Chalamet, aunque la tónica dominante siempre responde a la belleza grecolatina que hemos visto desde tiempos inmemoriales en cuadros y esculturas.

25 películas que van desde aquella 'Alas' que dio comienzo a todo a ‘Beachrats’, la más reciente, pero pasando por ejemplos capitales como el cine de Almodóvar, ‘The Rocky Horror Picture Show’, Pasolini o Eloy de la Iglesia. Un trabajo que es la condensación de décadas de lectura sobre “representaciones del cuerpo masculino como objeto erótico”. De esas lecturas salió una idea que provocó este libro. “Todos estos libros sobre cine gay, incluyendo los míos, muestran que el deseo, nuestras obsesiones eróticas, muchas veces en lugar de liberarnos nos esclavizan”, asegura el autor, que cree que hablar sobre “la cuestión erótica como fantasía” era algo que no había sido tan transitado. Especialmente en el cine.

“Esto en parte es porque durante mucho tiempo no se podía representar el cuerpo masculino como objeto erótico en el cine. Tú podías ver objetos eróticos, podías ir al cine y ver a William Holden, o quien fuera, como algo erótico, pero la cámara no hacía nada al respecto. Me interesaba mucho ver cómo, en realidad, aunque no se hacía mucho, sí que había un montón de directores que fueron buscando esto y a veces hay algunos casos muy sorprendentes. Por ejemplo, me di cuenta de que quien hace esto mucho es Andy Warhol, que tenía una gran fama de ser alguien como muy distante, de ser alguien que no hablaba mucho de carne, y sin embargo realmente fue de los primeros que miró el cuerpo masculino erótico de una manera explícita, era el objeto de la mirada”.

La mirada del director
Ese deseo homoerótico no tiene que ver con la trama, ni con la imagen positiva o negativa de la homosexualidad, sino que tiene que ver con cómo el director rueda y transmite el cuerpo masculino al espectador y qué provoca en ellos. “El cine sí que establece miradas, y estas miradas pueden ser miradas de placer que no siempre son liberadoras y no siempre son políticamente correctas”, apunta Alberto Mira, que cuenta cómo cuando inició su investigación y compartía sus dudas en Facebook muchos acusaban al cine de erotizar “siempre a los mismos cuerpos”. Algo que “es verdad” y que une al cine con las esculturas griegas, donde también hay siempre “el mismo tipo de cuerpo”. “El mismo que está en las pinturas del Renacimiento, el mismo que hay en los anuncios de Calvin Klein, el mismo tipo de cuerpo en el cine. El cuerpo erotizado masculino tiene unas determinadas características. Entonces me interesaba mucho cómo la cámara lo captaba, qué aporta el cine a esto”.

Cuando se habla de la ‘mirada’ en el cine siempre se menciona a Laura Mulvey, la teórica que mostró cómo siempre responde a una mirada masculina y machista. ¿Ocurre lo mismo cuando esa cámara patriarcal trata a otro hombre como objeto de deseo? Para Alberto Mira, el simple hecho de que sea un hombre quien es mirado ya supone “un cambio” y “un gesto radical”. “Esta sería mi respuesta personal. Que sí, que tiene algo radical, que va a contracorriente, que va un poco a contrapelo. Ahora bien, al dedicarnos a ensalzar la figura del hombre como como objeto de deseo, en realidad estamos dando más poder al hombre”.

En ‘Entre la cámara y la carne’, el autor esboza en su introducción y conclusión los cambios en el homoerotismo en la actualidad, donde en las series “los hombres son bellos y tienen más protagonismo en series como ‘Élite’” donde “suelen ser hombres cis que, generalmente, tienen unos cuerpos privilegiados”. Pide tiempo para valorar si lo que está pasando es bueno o malo, y serán otros los que lo juzguen, pero para él tiene una parte positiva que “de repente haya cuerpos a los que se puede mirar sin tener que pedir permiso y sin tener que pagar consecuencias”. Pero también piensa en la parte negativa. “Tener ahora 20 años tiene que ser muy, muy complicado, porque hay un énfasis en el cuerpo que en mi época no estaba. En mi época se nos decía aquello de ‘el hombre y el oso, cuanto más feo, más hermoso’. No teníamos ninguna obligación de ser guapos y ahora para hacer cine y televisión hay que serlo, y eso tiene que generar una competitividad muy grande dentro de los chavales”.

Esa liberalización del erotismo ha hecho que también pierda parte de su atractivo y su misterio el hecho de mirar desde la butaca del cine. Un momento en el que “sin ningún tipo de fantasía, todo se exhibe y no tiene nada que ver con el lugar donde tú estás” como espectador. Antes era como “mirar a través del ojo de la cerradura”. “Esto sería una cuestión para sociólogos, pero es verdad que ha habido un cambio y que estos nuevos fenómenos, como Onlyfans, son una cosa muy distinta a la elaboración de la fantasía por parte del espectador. Antes había una mirada de la cámara sobre el cuerpo de los actores. Ahora, de repente, lo que tienes es que los propios chavales se miran al espejo y hacen sus propios vídeos sobre su propio cuerpo. Esto es una dinámica totalmente nueva y totalmente distinta a la del libro”.

“En el libro hablamos de películas donde alguien mira un cuerpo y lo introduce en una narrativa. Ahora es alguien que exhibe un cuerpo y lo emite por todas partes. Estamos en un nuevo periodo, pero yo creo que esto sí que sería otro libro, porque este nuevo periodo no tiene narrativas. Para mí es muy importante que la mirada conduzca hacia una narrativa. Ahora no hay ningún obstáculo, y por lo tanto toda la teoría que yo tengo de que había que vencer ciertos obstáculos para ejercer una mirada democrática, toda esa teoría se va a pique con el momento actual”, subraya.

Cuerpos fascistas y proletarios
Entre los 25 ejemplos, algunos rompen con lo establecido. Alberto Mira cuestiona también esa fascinación por el cuerpo obrero que muchos artistas burgueses han tenido a lo largo de la historia. La que tenía Gil de Biedma y la que tenía Eloy de la Iglesia cuando captaba con su cámara el erotismo del cuerpo de José Luis Manzano en películas como ‘Navajeros’ o ‘Colegas’. Un capítulo donde el autor muestra “que el deseo a veces no tiene corrección política en absoluto”. “Casi todos los artistas homosexuales eran burgueses que utilizaban cuerpos proletarios para sus fantasías porque al proletario se le podía pagar. Y entonces había un tema que era y es incómodo, pero me gusta entrar en terrenos incómodos y Eloy de la Iglesia lo es. Me parece que es un gran cineasta y me parece que no es incompatible el hecho de que sea alguien radical, el hecho de que sea alguien claramente de izquierdas en sus películas, y que al mismo tiempo estuviera ejerciendo un tipo de mirada que el activismo contemporáneo lo ve problemático, porque es problemático”.

También dedica un artículo a ‘300’, donde califica lo que hace Zack Snyder como “fascismo corporal”. Aquí se demuestra que “cierto tipo de películas, a pesar de nuestra fascinación, están hechas desde una ideología que es muy reaccionaria y muy conservadora”. “En esta película, la frase clave que creo que está citada en el artículo es cuando el director dijo que puso este tipo de cuerpos porque esta película era para adolescentes y a un adolescente nada le da más pánico que alguien le penetre. Quería que estuviera toda la fantasía de la penetración para un adolescente y que esto le diera terror o que se tratase de imponer a esto. Entonces sí que es verdad que esa película para mí ideológicamente es muy problemática. Otra cosa es que cuando la veo estéticamente me parece muy interesante”, zanja. 25 formas de mirar el cuerpo masculino que sirven para entender cómo una cámara puede provocar los deseos más salvajes en el espectador.