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jueves, 10 de marzo de 2022

#hemeroteca #lgtbifobia #aborto | Guatemala endurece su legislación contra el aborto y declara a la comunidad LGBTI “incongruente con la moral cristiana”

El País / Alejandro Giannattei (c) participa en un congreso religioso //

Guatemala endurece su legislación contra el aborto y declara a la comunidad LGBTI “incongruente con la moral cristiana”.

En medio de una fuerte presión social por un decreto que aumenta las penas de cárcel por abortar, el presidente Giammattei dijo en la tarde de este jueves que, de llegar a su despacho, vetará la ley.
Carlos Salinas Maldonado | El País, 2022-03-10
https://elpais.com/internacional/2022-03-10/guatemala-endurece-su-legislacion-contra-el-aborto-y-declara-a-la-comunidad-lgbti-incongruente-con-la-moral-cristiana.html

Ana Lanz se muestra alarmada y temerosa después de que el Congreso de Guatemala aprobara un ‘paquetazo’ legislativo que castiga con penas más severas el aborto, prohíbe la educación sexual en las escuelas y echa llave a cualquier iniciativa que incentive el matrimonio igualitario. Esta activista guatemalteca, presidenta de Visibles —una organización que promueve los derechos de la comunidad LGBTI—, describe como peligrosa la nueva legislación, en un país donde hasta octubre pasado se registraron 28 crímenes de odio contra personas sexualmente diversas y sigue siendo uno de los más violentos para las mujeres. “Es una ley intencionalmente violenta, que se aprueba en el marco del Día Internacional de la Mujer, lo que envía un mensaje claro desde el Gobierno. Es una ley de odio, de retroceso de derechos humanos”, afirma, indignada, Lanz. El presidente Alejandro Giammattei ha anunciado la tarde de este jueves que vetará la ley, que ha llenado de júbilo a las iglesias cristianas, firmes promotoras del nuevo decreto legislativo, y que han declarado a este país centroamericano como “Capital Iberoamericana Provida”.

Han sido semanas intensas para las organizaciones que defienden los derechos humanos en Guatemala e intentan frenar la deriva reaccionaria del Gobierno que lidera el conservador Alejandro Giammattei. Estos organismos civiles califican de “talibana” la nueva legislación, porque violenta los derechos de las mujeres y borra de un plumazo el reconocimiento del Estado a personas sexualmente diversas, que desde el texto legislativo son consideradas “grupos minoritarios incongruentes con la moral cristiana”. La ley también golpea con fuerza al Estado laico, al darle un enorme altavoz al mensaje de las religiones cristianas pentecostales, que han avanzado como un tsunami con su prédicas conservadoras en la mayoría de los países centroamericanos. Algunos de estos movimientos satanizan a la mujer, como ocurrió en una comunidad rural de Nicaragua, donde una joven de 26 años fue quemada en una hoguera después de que el pastor del poblado afirmara que estaba “poseída por el demonio”.

A media tarde del jueves el presidente de Giammattei ha respondido al repudio local y la alarma internacional que ha generado el decreto. A través de un mensaje publicado en Twitter, el mandatario ha afirmado que vetará el decreto cuando llegue a su oficina. “Como representante de la unidad nacional, anuncio que de venir a este despacho la Iniciativa de Ley 5272, que da origen al Decreto 18-2022, será vetada porque viola la Constitución Política de la República y convenciones internacionales de las cuales Guatemala ha sido signataria”, ha informado Giammatti, en un giro inesperado a su discurso conservador y contrario al aborto.

“Desde la comunidad [LGBTI] hemos visto como otros países de Latinoamérica, como Colombia y Chile, avanzan con legislaciones que promueven derechos para las mujeres y parejas del mismo sexo. Es una burla para nuestra comunidad que en pleno siglo XXI el Congreso de Guatemala apruebe este decreto legislativo. Es una ley intencionalmente violenta, que nos niega recuperar la autonomía de nuestros cuerpos, el derecho de vivir en libertad e incita al odio”, afirma Lanz.

La arremetida contra los derechos de mujeres y comunidad LGBTI ha encontrado un firme impulsor en el presidente Giammattei, quien participó en un congreso cristiano organizado en la sede del Gobierno, en el que afirmó que “hará todo lo posible por respetar la vida desde su concepción”. El mandatario dijo en el evento que se trataba de un “día especial” para Guatemala. “¿Qué pasaría si nos uniéramos? Hoy este evento es una invitación a unirnos en proteger la vida desde su concepción hasta la muerte natural en sus cinco etapas”, dijo el mandatario. “Mientras en otros países ahorita se están tirando bombas, nosotros aquí le decimos sí a la vida, alto a la guerra, sí a la paz”, agregó en referencia a la ofensiva rusa contra Ucrania.

Giammattei celebraba de esta manera un triunfo legislativo que sella su política conservadora. La ley, que aumenta hasta diez años las penas de cárcel por abortar, fue aprobada por 102 votos, principalmente de la bancada oficialista, Vamos, y sus aliados. En la actualidad, en Guatemala solo está permitido el aborto terapéutico —cuando la vida de la madre está en peligro—. El hecho de que solo ocho congresistas votaran en contra del decreto legislativo da una idea del retroceso que sufre este país, donde además son perseguidos activistas de derechos humanos, fiscales y jueces que encaran la corrupción e impunidad, dos de los cánceres que carcomen a Guatemala. El Procurador de los Derechos Humanos guatemalteco, Jordán Rodas, ha instado al Gobierno a vetar el decreto que considera que viola los derechos humanos y “contraviene lo establecido en leyes y convenciones internacionales aprobadas por el Estado de Guatemala”.

Por su parte, la activista Lanz insiste en que el decreto añade tensión a la comunidad LGBTI. “Se han activado todas las alarmas y también los miedos que tenemos porque históricamente hemos sido rechazados”, afirma. “Es preocupante que desde el Estado se nos etiquete como amenaza y peligro para la paz. Estas narrativas promueven la violencia y crímenes de odio hacia nosotras y principalmente contra las mujeres trans”, agrega.

Los organismos que defienden los derechos humanos en el país centroamericano se movilizan para intentar frenar el último paso para que la ley entre en vigencia, que es el visto bueno de la Corte Constitucional. Tienen pocas esperanzas, porque tachan a los jueces de “corruptos” y de bailar al son que se toca desde la Presidencia. “Vamos a presentar un amparo y una iniciativa por inconstitucionalidad”, dice Lanz, quien además informa que se organizan movilizaciones desde las redes sociales para manifestarse contra la legislación. Si el proceso legal falla en Guatemala, estas organizaciones llevarán el caso a instancias internacionales, como la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). “La lucha no termina, aquí nadie se cansa”, dice Lanz. “No podemos permitirle al Estado que legisle sobre nuestros cuerpos e identidades en nombre de Dios y la familia tradicional. Las familias diversas existimos, quiera o no verlas el Gobierno. Siempre hemos resistido, aunque el Estado trate de invisibilizarlos”, concluye la activista.

miércoles, 24 de marzo de 2021

#hemeroteca #lgtbi #poblacionmigrante | El solicitante de asilo guatemalteco que creó un refugio para proteger a los migrantes gais y transgénero

Imagen: El País / Estuardo (i) con personas acogidas en Rainbow Bridge

El solicitante de asilo guatemalteco que creó un refugio para proteger a los migrantes gais y transgénero.

Estuardo Cifuentes huyó del hostigamiento de la policía en Guatemala por ser homosexual. Atrapado por las políticas de Trump en México, montó un albergue para ayudar a la comunidad LGBT.
Lorena Arroyo | El País, 2021-03-24
https://elpais.com/mexico/2021-03-24/el-solicitante-de-asilo-guatemalteco-que-creo-un-refugio-para-proteger-a-los-migrantes-gais-y-transgenero.html 

Un beso a su pareja un día cualquiera antes de ir a trabajar cambió la vida de Estuardo Cifuentes, un guatemalteco de 32 años. Fue a mediados de 2019 cuando salió a despedir a su novio a la puerta de su casa en Ciudad de Guatemala antes de que abordase un Uber. Una patrulla de policía que vio la escena se le acercó para una supuesta revisión de rutina y uno de los agentes le acabó golpeando e insultando por su orientación sexual. Cifuentes denunció lo sucedido, pero lo único que consiguió fue aumentar el hostigamiento. Según su relato, en la estación policial le retuvieron su documento de identidad y le pusieron vigilancia en su vivienda las 24 horas. Asustado, decidió que lo mejor que podía hacer era huir del país en busca de asilo, aunque eso supusiera dejar atrás su vida acomodada en la capital guatemalteca.

“Pese a que en Guatemala la comunidad LGBT es discriminada, yo había logrado vivir con eso. Tenía a mi pareja desde ocho años atrás y tenemos una empresa de marketing y publicidad que ya tiene siete años. En algún momento fuimos extorsionados por las pandillas y tuvimos que hacer unas modificaciones. Pero habíamos logrado vivir con todas las condiciones malas de Guatemala, nos habíamos adaptado”, asegura Cifuentes. Como hacen muchos de los cientos de miles de guatemaltecos que cada año ponen rumbo a Estados Unidos, contactó a un coyote y emprendió un viaje de 17 días en el que, dice, hubo jornadas de caminatas de más de 12 horas, compartió un tráiler con decenas de migrantes y acabó secuestrado 21 días en Reynosa, en el norte de México.

Cuando consiguió el dinero para pagar el rescate, los secuestradores le volvieron a entregar a los coyotes, que le ayudaron a cruzar el río Bravo para que se presentase ante la Patrulla Fronteriza para pedir protección. Pero la pesadilla no había acabado. Era finales de julio de 2019 y la Administración de Donald Trump acababa de implementar los Protocolos de Protección de Migrantes (MPP, por su sigla en inglés), el programa por el que Estados Unidos regresaba a México a los solicitantes de asilo. Después de siete días detenido, le devolvieron a la ciudad mexicana de Matamoros.

Mientras esperaba su turno en la corte, Cifuentes trabajó de taxista, de mesero y de limpiador hasta que, en marzo de 2020, el Gobierno de Trump cerró la frontera y puso en pausa indefinida las audiencias para los solicitantes de asilo. “Estando en esa situación me di cuenta de que era una persona privilegiada y que había otras personas que necesitaban más ayuda y aproveché un poco de lo que tengo para ayudar”, afirma. Junto con el Centro de Recursos de Matamoros, una ONG que le había ayudado a buscar casa y le había dado asistencia legal a su llegada a México, el guatemalteco creó Rainbow Bridge, una organización para asistir a otros migrantes de la comunidad LGBT.

La doble discriminación de los migrantes LGBT
En sus meses en Matamoros, Cifuentes se había dado cuenta de que los gais y transexuales que estaban en el programa MPP sufrían una doble discriminación: por migrantes y por su orientación sexual, que los hacía más vulnerables a ataques violentos. La situación era especialmente dura para los que vivían en el campo de refugiados erigido a la orilla del río Bravo que llegó a tener más de 2.000 personas antes de la pandemia y donde se registraron amenazas y agresiones a mujeres transgénero.

En Rainbow Bridge empezaron ofreciendo asistencia médica y legal a los migrantes que lo necesitaban. También ayudaron a una solicitante de asilo transgénero que estaba siendo obligada a prostituirse por los cárteles del narcotráfico en el campamento. Atemorizada y sin saber cuándo volverían a abrir la frontera para casos como el suyo, la mujer les pidió que le ayudaran a regresar a su país, El Salvador. Tras conocer esa experiencia, la organización de Cifuentes decidió crear un albergue para proteger a la comunidad LGBT y ofrecerles refugio hasta que pudieran encontrar un trabajo con el que pagarse un alquiler en la ciudad mientras esperaban una respuesta de la justicia estadounidense. “Creamos un plan integral donde nos encargamos de salud, vivienda, alimentación, seguridad, salud mental y recreación para mantenerlos entretenidos hasta cierto punto y que puedan tener un proceso más fácil”, explica Cifuentes.

El albergue tiene capacidad para nueve migrantes. En una visita al refugio a finales de febrero, había tres mujeres transgénero, dos hondureñas y una cubana que habían sido perseguidas en sus países de origen por su identidad, y cinco hombres homosexuales de Cuba, Nicaragua y Venezuela. Para todos ellos, el refugio fue una especie de salvavidas frente a la discriminación y la inseguridad que tuvieron que enfrentar cuando vivían en el campamento o en otras zonas de la frontera.

“Nosotras no hemos hecho nada malo, pero por ser como somos nos tratan mal. Por ser como somos no nos quieren ver”, afirma Valery, una mujer transgénero hondureña que llegó a Matamoros en marzo de 2020. “Estuardo ha sido conmigo una persona muy buena. Me sacó del campamento cuando ya me había rendido, cuando yo le dije que no podía más estar en el campamento, que no sabía qué hacer. Me trajo para aquí y él siempre está pendiente de nosotras”. “Ha sido como un ángel para todos nosotros. Es una pieza fundamental en todo esta situación. Con lo que uno gana acá no da para alquilar un apartamento, comprar comida”, coincide Noel, un migrante nicaragüense que dice estar lidiando con el trauma tras haber sido secuestrado en Matamoros.

En las últimas semanas, algunos de los migrantes que estaban en el albergue ya han podido cruzar a Estados Unidos gracias al programa implementado por Joe Biden para recibir a los solicitantes de asilo que fueron enviados a México por Trump. El propio Cifuentes también se ha beneficiado del plan y el pasado 3 de marzo cruzó a Texas. Aunque su idea inicial era ir a Las Vegas con un familiar mientras prepara la defensa de su caso de asilo, el guatemalteco ha decidido quedarse en la ciudad fronteriza de McAllen para poder seguir asistiendo en la gestión del albergue de Matamoros y ayudando a otros migrantes que cruzan a EE UU.

“Queremos continuar asesorando con el grupo de asistencia legal y estando pendientes de que se presenten a sus Cortes, que entreguen los documentos necesarios y seguirles apoyando en la asesoría que necesiten”, asegura. Y aunque reconoce que empezar de nuevo otra vez no está siendo fácil, Cifuentes quiere seguir usando su voz para que se conozca la realidad que viven los migrantes que, como él, se quedaron casi dos años varados en la frontera. “Quiero que las personas puedan conocer lo que ha sucedido aquí porque la anterior Administración bloqueó el proceso de asilo. El expresidente de EE UU, Trump, no pudo, pero quiero enseñar todo el daño que se creó por sus programas”.

domingo, 31 de mayo de 2020

#hemeroteca #lgtbi #matrimonio | El matrimonio igualitario de Costa Rica, objetivo para toda Centroamérica

Imagen: BBC / Manifestación del Orgullo LGTBI en Costa Rica, 2019
El matrimonio igualitario de Costa Rica, objetivo para toda Centroamérica.
La fuerte tradición católica no ha podido frenar la legalización del matrimonio igualitario en Costa Rica, un avance que lo ha convertido en el primer país centroamericano en reconocer ese derecho y en un referente para toda la región.
Asier Vera Santamaría 1 Naiz, 200-05-31
https://www.naiz.eus/es/hemeroteca/gara/editions/2020-05-31/hemeroteca_articles/el-matrimonio-igualitario-de-costa-rica-objetivo-para-toda-centroamerica

Nicolás Rodríguez y José García ya no viajarán desde El Salvador a Ámsterdam para contraer matrimonio, tal como tenían previsto después de tres años de relación. Desde el pasado martes, podrán hacerlo mucho más cerca, en Costa Rica, después de que este país se haya convertido en el primero de Centroamérica en aceptar el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Sin embargo, ambos quieren esperar ahora a que El Salvador siga los pasos de su vecino, aunque su presidente, Nayib Bukele, ha dejado claro que «como concepto, no apoyo el matrimonio gay, porque el matrimonio es la definición del casamiento entre un hombre y una mujer». Al igual que en Costa Rica, donde un fallo de la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia derogó en 2018 la disposición del Código de Familia que prohibía el matrimonio igualitario, en El Salvador también aguardan la inminente respuesta de la Sala de lo Constitucional a dos demandas aceptadas el pasado año para modificar los artículos del Código de Familia que hablan del matrimonio entre hombre y mujer.

«Con lo sucedido en Costa Rica pueden abrirse, de alguna manera, las puertas porque supone una esperanza», confía José García, integrante de “El Salvador G”, un periódico digital sobre diversidad sexual, fundado por su pareja, Nicolás Rodríguez. No obstante, García recuerda que, en El Salvador, la prioridad de la comunidad LGBTI es aprobar la Ley de Identidad de Género, que es una «lucha que ha abanderado desde siempre el colectivo transexual», aunque no tiene demasiadas esperanzas de que se vaya a lograr teniendo en cuenta que «la mayoría de diputados tienen una tendencia muy religiosa».

En el vecino país, Guatemala, Aldo Dávila es el único diputado que se declara abiertamente homosexual y comparte espacio en el Congreso con posiciones tan antagónicas como la del también diputado Aníbal Rojas, quien defiende que «el matrimonio debe ser únicamente entre hombre y mujer, como lo es el diseño original y natural». Así, Dávila recalca que Costa Rica «nos está dando una lección de derechos humanos a toda Centroamérica, pero sabiendo que siempre ha ido un paso por delante de los demás países de la región atendiendo a las altas inversiones en educación y salud».

Mientras, denuncia que, en Guatemala, «se legisla más con la Biblia que con la Constitución» y, por ello, «siendo honestos, la perspectiva de que suceda algo similar a Costa Rica no es a corto plazo, porque sigue habiendo más diputados antiderechos que diputados que busquen las mejoras para la ciudadanía». Dávila recuerda, además, que el Observatorio de Muertes Violentas por Orientación Sexual e Identidad de Género muestra un alto número de homicidios debido al «estigma y la discriminación», hasta alcanzar la cifra de 26 crímenes en Guatemala entre 2014 y 2019.

Proteger la vida
«El matrimonio igualitario es importante para la diversidad sexual de Guatemala, pero en este momento se pide al Congreso y a las instituciones del Estado que protejan la vida y la dignidad de la población LGBTI porque es de vital importancia que nos dejen de asesinar y perseguir», remarca Dávila. Así, augura que a medio o largo plazo se conseguirá el matrimonio igualitario, pero, en su opinión, primero va la Ley de Identidad de Género con la que «no pedimos derechos nuevos, sino únicamente la equiparación de derechos que gozan el resto de ciudadanos».

Mientras, en Costa Rica, Enma A. Chacón Alvarado, coordinadora de la Colectiva Lésbica Feminista Irreversibles celebra el «avance» registrado en su país, si bien precisa que «no es que adquirimos un derecho nuevo, sino que es un derecho que existía, pero que no lo reconocía el Estado». A este respecto, recuerda que el Código de Familia tenía un inciso que prohibía el matrimonio entre personas del mismo sexo y que fue declarado inconstitucional después de una lucha de «más de cuatro décadas».

Chacón es optimista respecto al resto de países de Centroamérica, que «tarde o temprano –asegura– también lo van a conseguir, porque esto es un avance que no se detiene en el mundo». No obstante, es consciente de la «dificultad» para lograrlo, dado que «algunos sectores súper conservadores de iglesias fundamentalistas lograron imponer en algunos de estos países centroamericanos que sus respectivas constituciones políticas recogieran que el matrimonio es entre hombre y mujer así nacidos».

Augura, además, que en los próximos días medio centenar de parejas del mismo sexo regularizarán su situación en Costa Rica, 33 de las cuales se habían casado ya en el extranjero y otras 17 estaban casadas ante notario a la espera de poder inscribir su matrimonio.

domingo, 1 de diciembre de 2019

#hemeroteca #lgtbi #cine | Una lección cinematográfica sobre los derechos LGTB+ en el mundo

Imagen: El Asombrario / Fotograma de 'And Then We Danced'
Una lección cinematográfica sobre los derechos LGTB+ en el mundo.
Carlos Asensio | El Asombrario, 2019-12-01
https://elasombrario.com/leccion-cinematografica-derechos-lgtb-mundo/

LesGaiCineMad, el festival de cine de temática LGBT+ con mayor reconocimiento internacional de los países de habla hispana, ha clausurado recientemente con éxito su 24ª edición. Más de 100 películas, entre largometrajes, cortos y documentales, fueron proyectadas en las más de 20 sedes del festival en Madrid. La cinta ‘And Then We Danced’, representante sueca en los Óscar 2020, se alzó con el premio a la mejor película tanto por parte del jurado como del público. El cineasta argentino Marco Berger, uno de los grandes exponentes del cine queer latinoamericano, fue homenajeado con el Premio Honorífico. La denuncia a la opresión de la Iglesia, en sus diversas variantes confesionales, fue uno de los ejes en las películas con más proyección.

Más de 20 días de festival, a lo largo del recién terminado mes de noviembre. Un total de 125 películas visionadas en 23 sedes repartidas por toda la Comunidad de Madrid. Cientos de personas llenando las salas de cine proyección tras proyección. Estas son las optimistas cuentas de este año del LesGaiCineMad, el festival de cine LGTB+ más relevante de los países de habla hispana, tanto en espectadores como en número de películas proyectadas.

Impulsado por la Fundación Triángulo Madrid para dar voz al colectivo LGTB+ en el séptimo arte, el LesGaiCineMad se ha convertido ya en un acontecimiento cultural de referencia. La labor incansable de sus organizadores ha transformado este evento cinematográfico no solo en una cita imperdible para todo tipo de cinéfilos, sino también en un exitoso escaparate del cine LGTB+ en español para distribuidores, productores y programadores de festivales de todo el mundo.

Durante los últimos años, y en paralelo a un crecimiento imparable de espectadores, el festival se ha ido profesionalizando cada vez más, llegando a programar contenidos audiovisuales de primer nivel que compiten en foros tan importantes como Cannes, San Sebastián, Sundance o Berlín. Además, el festival cuenta con un fondo digital formado por más de 3.000 películas, una de las mayores colecciones sobre diversidad afectivo-sexual y realidad LGTB+ de España y de los países hispanohablantes.

El jurado de la Sección Oficial de este año, formado por el guionista y director de cine Salvador García Ruiz, la actriz y cantante Lluvia Rojo, y el coordinador cultural del Instituto Francés Romain Ruchaud, ha confeccionado el siguiente palmarés: Mejor Película: ‘And Then We Danced’, de Levan Akin. Mejor Dirección: Patricia Ortega, por ‘Yo, imposible’. Mejor Intérprete: Levan Gelbakhiani, por ‘And Then We Danced’. Mejor Guion: Jayro Bustamente, por ‘Temblores’.

El estado de los derechos LGTB+ en el mundo
Si una cosa queda rotundamente clara tras visionar las películas de la Sección Oficial de esta última edición del LesGaiCineMad es la complicada y desesperanzadora situación de las personas LGTB+ en el mundo. Comenzando por la gran ganadora del festival, la coproducción sueca-georgiana ‘And Then We Danced’, y sin olvidar las películas guatemaltecas ‘Temblores' y 'José’, queda patente que la mayoría de países del mundo aún son un territorio inseguro para la población LGTB+. Países donde el machismo, la lgtbfobia y la religión siguen imponiendo su reducida visión al resto de la sociedad.

La inolvidable 'And Then We Danced' cuenta la historia de Merab (Levan Gelbakhiani), un bailarín de la Compañía Nacional de Danza de Georgia cuya vida da un enorme vuelco al conocer al recién llegado Irakli (Bachi Valishvili). La relación que se desarrolla entre ambos le hará enfrentarse a la opresión de un ambiente extremadamente conservador y homófobo, donde cualquier demostración de afecto entre personas del mismo sexo puede acabar en violencia y ostracismo social.

La película, estrenada en Cannes, galardonada en la Seminci y el Festival de Sevilla, y nominada a los Premios de Cine Europeo, muestra de una forma bella y poderosa la vida de un joven homosexual en Tiflis, la capital de Georgia, y las complicaciones que la población LGTB+ tiene para vivir con normalidad en un país de arraigada tradición religiosa.

Como triste muestra de lo que refleja la cinta, el estreno de la película en Georgia fue boicoteado por grupos ultraconservadores, pertenecientes a la Iglesia Ortodoxa, que entraron a la fuerza en varios cines de la capital, quemaron banderas arcoíris e incluso atacaron físicamente a los activistas y espectadores que querían ver la película.

Por su parte, 'Temblores' es una impactante cinta guatemalteca sobre las terapias de conversión, dirigida por Jayro Bustamante y estrenada en la Berlinale de este mismo año. La película narra la historia de Pablo (Juan Pablo Olyslager), un hombre de clase alta, casado y padre de dos hijos, cristiano evangélico practicante, cuya vida aparentemente perfecta comienza a resquebrajarse cuando se enamora de otro hombre, Francisco (Mauricio Armas Zebadúa), por el que acaba abandonando a su familia cuando el secreto sale a la luz.

Los intentos de Pablo por llevar una vida libre y abierta y normalizar su relación con Francisco chocarán pronto con sus propias creencias y con la intolerancia de su familia, que hará lo posible para “curar” la enfermedad de Pablo. Para ello acudirán a la Iglesia Evangélica, donde el protagonista se verá forzado a seguir un programa de reconversión y a aprender a reprimir sus impulsos mediante terapia, en la misma línea que la historia contada por Garrard Conley en ‘Identidad borrada’, de la que hablamos hace un tiempo.

Marco Berger, Premio Honorífico de LesGaiCineMad
Marco Berger (Buenos Aires, 1977), uno de los máximos representantes del cine LGTB+ argentino y latinoamericano, ha sido reconocido con el Premio Honorífico del festival por una carrera cinematográfica de calidad y comprometida con los derechos del colectivo LGTB+. En palabras de los organizadores: “El Premio Honorífico se lo entregamos a este director que a lo largo de su carrera supo crear un universo de significante sensibilidad, a través de relatos sencillos, de silencios adecuados, reproduciendo situaciones de alta carga sexual, invitando al espectador a introducirse en un mundo de amistad e intimidad homoerótica”.

Este director y guionista se ha convertido en uno de los más atrevidos realizadores a la hora de mostrar el sexo, el amor, la amistad y el afecto entre hombres, reflejando con naturalidad y originalidad las experiencias homoeróticas y la ruptura con el sistema heteronormativo impuesto.

Para celebrar el galardón, el festival LesGaiCineMad le ha dedicado la Retrospectiva 2019, proyectando una selección de sus premiadas películas, entre las que se encuentran la muy interesante 'Un rubio' (2019), su última cinta, además de ‘Plan B’ (2009), ‘Ausente’ (premiada en la Berlinale en 2011), ‘Hawaii’ (2013), ‘Mariposa’ (premiada en el Festival de San Sebastián en 2015), y ‘Taewkondo’ (2016).

domingo, 3 de marzo de 2019

#hemeroteca #trans | Ser indígena y mujer trans en una comunidad maya de Guatemala

Imagen: El Diario / Kristel Mendoza
Ser indígena y mujer trans en una comunidad maya de Guatemala.
Esta es la historia de Kristel Mendoza, una mujer trans e indígena tz’utujil de la aldea Santiago Atitlán. Cuando era adolescente, fue rechazada y encerrada durante cuatro meses por su familia, se marchó de casa y se prostituyó para sobrevivir. "Nuestros antepasados se dieron cuenta de que no solo había entonces personas gays, sino que mucho antes ya había. Pero siempre va a ser un problema".
Rosario Marina | El Diario, 2019-03-03
https://www.eldiario.es/desalambre/indigena-travesti-conservador-Kristel-Mendoza_0_873162992.html

Panajachel es un pueblo turístico a orillas del lago Atitlán, en el departamento de Sololá, Guatemala. Durante 2017, unos 857.000 turistas llegaron al departamento para admirar los volcanes de San Pedro, Tolimán y Atitlán, y pasear por las calles antiguas donde hay, a cada paso, un puesto de venta de artesanía y ropa tradicional indígena. Lanchas conectan Panajachel con las aldeas mayas alrededor del lago. Una de ellas se llama Santiago Atitlán.

Maximiliano Mendoza tenía 14 años. Una cadena de unos siete metros lo retenía en su cama, dentro de una casa en Santiago Atitlán. Si se estiraba al máximo solo llegaba hasta el salón. Su familia lo mantenía dentro, como un perro que muerde o tiene rabia.

Le dolía. Pensaba en sus pechos, en que tenía que esperar bastante para hacerlos como quería, como se los imaginaba cada día. Soñaba con maquillarse, delinearse las cejas, depilarse. "Ser una mujer completa".

Tenía que tener cuidado si iba a inyectarse algún líquido que aumentara sus pechos. Poco después supo que es peligroso, que le podían poner aceite de avión, y que así se moriría antes que su padre. Entonces, no podría recibir la herencia para ponerse los implantes, que salen unos 15.000 quetzales –alrededor de 1.700 euros–en un hospital o una clínica. Con eso fantaseaba: con que, algún día, sus pechos se transformaran en mamas.

"Me siento una mujer atrapada en este cuerpo de hombre. Yo me quiero ver linda, me quiero ver bonita. Quiero llamar la atención. Y no ocultar lo que soy, mi identidad", pensaba Maximiliano. Pero todavía no era posible.

Durante los cuatro meses que permaneció encerrado, atado, fueron muchos los días en los que La China lo esperaba afuera. Esperaba al amigo con el que jugaba de pequeño a las muñecas o a que hacían tortillas en ollas de barro y las vendían con frijoles y salsa, machacando ladrillos. Con el que salían por la playa a buscar verduras y cocinar. Pero Kristel, a quien su familia y casi todo el pueblo le dice Max o Maximiliano, no salía. Y cuando lo hizo, le prohibieron juntarse con La China.

Un día, cuando todavía podían verse, cuando aún eran pequeños niños indígenas caminando por su pueblo, La China le notó una cicatriz en la espalda y le preguntó. Kristel le contó que su papá le había pegado con el alambre del cordón de la radio porque no quería que se juntara con ellos. Ese ellos, hasta ese momento, eran sus amigos homosexuales.

Dice el Popol Vuh, el libro sagrado del pueblo maya, que los tz'utujiles llegaron a la región del lago Atitlán en el siglo XIII. Venían con los quichés y kaqchiqueles, otros pueblos mayas, para fundar sus ciudades. Según el censo oficial de la población guatemalteca del año 2002, los tz'utujiles son casi 80.000 en todo el país y viven aún en la región sur del lago de Atitlán. Se estima que Guatemala tiene seis millones de habitantes indígenas. El último censo habla de que el 45% de la población es de algún pueblo originario, pero otros informes elevan el número al 60%.

Kristel es una mujer trans tz’utujil.

Encerrada por su familia
La Justicia indígena tiene dos objetivos claros: que las cosas vuelvan a su lugar y retribuir a la víctima. Para eso, hacen que quien ha robado, por ejemplo, devuelva o pague. En ocasiones, lo hacen con golpes y encierros. En algunos pueblos, intentan que los homosexuales no sean homosexuales, y las trans vuelvan a ser hombres. Algunas veces, como resultado, las personas se reprimen hasta el punto de casarse con una mujer y tener hijos. El mandato es muy fuerte, sobre todo para quienes no logran irse a la capital.

"Nuestros antepasados se dieron cuenta de que no solo había entonces personas gais, sino que mucho antes ya había. Pero siempre va a ser un problema. No toda la gente indígena acepta eso. Algunos son católicos", dice Kristel.

En su caso, el pueblo no se reunió para ver cómo el alcalde o algún juez indígena la golpeaba con una vara. No la hostigaron. La encerró su familia.

Antes de los golpes y del encierro, Kristel limpiaba la casa con su mamá. Después se sentaba a mirarla bordar, le encantaba. Cuando tenía unos diez años le pidió si podía aprender ese oficio reservado para las niñas y mujeres indígenas. Su mamá le compró una tela, le hizo un dibujo de estelas mayas y miró atenta cómo su hijo pequeño temblaba al intentar seguir la línea marcada.

Pero un día, se terminó. La encerraron cuatro meses atada con una cadena a su cama. No entendían que su Maximiliano quisiera ser mujer, ni que le gustaran los hombres, ni que se juntara con otros amigos que querían lo mismo. Esas cadenas, dice Kristel, la hicieron más fuerte. La empujaron a tomar la decisión de irse de casa. No está muy claro si tenía 16 o 18 años.

Lo que sí asegura es que se prostituyó para sobrevivir. Lo hizo durante unos años en un prostíbulo llamado Cervecería. Ahí, dice, la respetaban y ganaba bien: cobraba 60 quetzales –alrededor de siete euros– por 15 minutos de sexo, más 10 de caja, que había que pagarle a la dueña. Por aquel entonces era un dineral.

Los domingos a la tarde, Kristel y La China tomaban cerveza con la dueña, a la que conocían desde que eran esos niños indígenas jugando con barro como solían hacerlo las niñas. En ese bar su amiga se mostró como mujer. Tenía 14 años.

La dueña de esa "cervecería" era doña Francisca. Hubo un tiempo en que las mujeres trans la conocieron y la admiraron. Murió a los 88 años y sigue viva en los relatos de las mujeres que pasaron por el prostíbulo y eran como ella. Doña Francisca fue la primera mujer trans indígena de Santiago Atitlán. Ella y su hermana, las dos primeras trans en el pueblo que empezaron a los 10 años a vestirse de mujer.

El primer prostíbulo, Cervecería Francisca, fue suyo. Antes le pegaron, mucho. Ella y su hermana se escondían en los tiempos de la guerrilla, porque las buscaban para matarlas. Pero, cuentan quienes la recuerdan, doña Francisca terminó dándole de comer a los guerrilleros.

"Había hecho dinero, construyó una casa de tres niveles. En el primer nivel tenía un salón y cinco cuartos para las muchachas, en el segundo eran 17 cuartos y el tercero otro salón y cinco cuartos. Y se llenaba. Era el único", dice Kristel.

Con el último desastre natural que azotó la zona, cuando doña Francisca estaba viva, llevó a las muchachas del prostíbulo con ollas a la plaza central para dar café y comida a la gente afectada. A sus 40 años, vivía como una reina. Andaba de acá para allá con el traje típico en el pueblo. Por ella, nadie mata a las trans en Santiago Atitlán.

"Peleamos por la necesidad de que nos respeten. Yo insulto cuando a mí me insultan. Pero doña Francisca nos dijo que no teníamos que responder a esa gente, que teníamos que ser educados", recuerda Kristel. Dice que "aprendió mucho" con Francisca, pero un día tuvo que volver. Su hermana la llamó y le dijo: "Mamá está en el hospital".

Hasta ese momento, Kristel solo la veía en el mercado y la extrañaba. Decidió, entonces, que no se iría más.

Miss Elegancia y representante en comités locales
En Xela, a unas ocho horas de la capital, Kristel Mendoza logró una mención como Miss Elegancia. Ese día se puso huipil con tocoyal, uno azul con pájaros bordados, y un corte multicolor. El traje típico indígena. El huipil es una blusa bordada, el corte una falda y el tocoyal, una gran canasta en la cabeza.

A Kristel le gustan los concursos de belleza. Participó en tres: Miss Gay Maya en Xela, Miss Gay Costa Sur en Mazate, y en Miss Gay Trans en la capital. Adora ir a esos concursos. Pasar horas y horas pensando el traje, el maquillaje, preparándose para el momento de salir a la pasarela y sonreír.

También le gusta la política. Con el alcalde anterior, participaba en los comités locales de los vecinos que se organizan para poder llevar las demandas o solicitudes que tienen en una localidad hacia el Gobierno municipal. Lo llaman el Cocode. Es una forma de resolver más rápido los problemas de las comunidades, que a veces están muy alejadas.

En cada cantón la gente está organizada en un Cocode para proteger el territorio. No es fácil estar ahí. Todos tienen que analizar cuál es el rol de la persona, cuál es su papel en el pueblo. Pero ese mundo en que las travestis, las trans y los gais de Santiago Atitlán participaban en el Cocode se terminó. Cambió el alcalde, y con él la apertura a la comunidad LGBT.

En octubre del año pasado hubo una huelga en Santiago Atitlán. La gente pedía que el nuevo edil rindiera cuentas de los gastos desde que llegó al poder. Ahí estaba Kristel, exigiendo transparencia.

Ahora es la única hija en la casa. Su padre va a la tienda y le pregunta si quiere algo. Por ese gesto ella siente que la respetan. Ya no está atada a la cama. Tiene 31 años, se maquilla como quiere, se delinea las cejas, se depila. Lo único que no puede hacer es vestirse de mujer. "Mi papá me aceptaba con el fin de que no quería verme vestida de mujer. Por eso me acepté siendo un chico gay travesti. Me visto en ocasiones, pero me considero una chica trans", asegura.

Abusos sistemáticos
Una gran parte de la comunidad gay en Santiago Atitlán borda. También hay quienes trabajan en el Gobierno municipal o en tiendas de teléfonos, pero esos están "enclosetados" [en el armario], dice Kristel. Quienes ya decidieron mostrarse como son, solo pueden coser o trabajar en bares. "Mejor bordar que estar allá. Trabajar en un bar o cantina es peligroso, porque los hombres empiezan a golpearse. Aquí sí hay bolos [borrachos] mañosos", cuenta la mujer.

En el pueblo ahora hay entre 10 y 12 chicas trans. También había dos gais que se suicidaron porque su familia no los aceptaba.

Sus casos no son una excepción. Hay un informe, hecho por mujeres trans de Latinoamérica y el Caribe, que se llama ‘Esperando la muerte’, donde hablan de la situación de la población LGBT en Guatemala, un país que la única diputada lesbiana del Congreso define como conservador, machista y racista.

En él reflejan la diversidad de la comunidad trans: mujeres que tenían el cabello corto, que trabajaban en bananeras, que no hablan el castellano. Otrans Reinas de la Noche, quien llevó a cabo el informe, es la primera organización trans del país. Fundada en 2004 como un colectivo de "trabajadoras sexuales trans" del centro histórico de la ciudad de Guatemala que decidieron organizarse por la ola de violencia que se vivía en ese entonces: los asesinatos constantes, el VIH, la falta de respuesta institucional. Ahora componen su asamblea 150 mujeres trans.

Según el censo propio de esa organización, son, como mínimo, 7.000 las trans en Guatemala. Calculan que como máximo son 22.000. No lo saben. Lo estiman a partir de una encuesta que hicieron en ciertos municipios. No hay datos oficiales de mujeres trans. Mucho menos de indígenas trans.

A Andrea González, directora de Otrans Reinas de la Noche, le hubiese gustado que el informe se llamara 'Esperando políticas públicas', o 'Esperando la aprobación de la ley de identidad de género', 'Esperando cupo laboral para las mujeres trans', 'Esperando matrícula estudiantil para las mujeres trans'.

"No, pero lamentablemente se llama ‘Esperando la muerte’. Porque ves la hipervulnerabilidad en que nos encontramos. La violencia sistemática e institucional es la que este informe marca. Hay asesinatos. Hay violaciones a derechos humanos", dijo en septiembre de 2018. Hasta ese momento ya tenían registro de 18 mujeres trans asesinadas en el país solo en ese año.

Sentada en el pasto, a orillas del lago, un hombre le grita en tz'utujil. Kristel contesta: "Mush, mush". "Mush" significa vagina. Le estaba preguntando a Kristel si ella tenía. "Me quiere agarrar la vagina", dice la mujer entre risas. Luego, dice bajito: "Todavía no, estoy en proceso".

Al rato, otro hombre se acerca: tiene bigotes y una pose que intenta imponerse. Mira cómo Kristel maquilla a La China. Pero lo que ve él son dos hombres gais disfrazando sus rostros con colores. No dice nada. Solo mira desafiante hasta que pregunta si tienen permiso. Kristel no deja de poner la base a La China mientras dice sin mirarlo: "Este es un homófobo porque tiene un hijo que es gay y no lo quiere, y también un cuñado que es gay".

El hombre abre su teléfono y llama a alguien para que las saque. Camina por el césped de esa porción de tierra a orillas del lago Atitlán donde no las quiere dejar estar. Insiste a alguien con poder para que las eche. Al otro lado, cientos de turistas de todo el mundo pasean y compran bordados típicos indígenas.

En este lado, Kristel le pide a La China que cierre los ojos. Con esmero, le termina el delineado.

viernes, 1 de marzo de 2019

#hemeroteca #cine #homosexualidad | ‘Temblores’, un acercamiento al tabú de la homosexualidad en Guatemala

Imagen: El País / Fotograma de 'Temblores'
‘Temblores’, un acercamiento al tabú de la homosexualidad en Guatemala.
La nueva película de Jayro Bustamante, director de ‘Ixcanul’, continúa su recorrido por festivales internacionales.
Andrés Rodríguez | El País, 2019-03-01
https://elpais.com/cultura/2019/03/01/actualidad/1551406670_423443.html

Pablo se enamora de Francisco y deja a su devota familia evangélica en la Ciudad de Guatemala. Sus familiares, sin embargo, ponen su fe y la familia por encima de todo y se aferran a la idea de poder curarlo de “la enfermedad que lo ha acechado”. Esta es la sinopsis de 'Temblores', la nueva película de Jayro Bustamante, director de ‘Ixcanul’. Basada en testimonios reales y con una investigación a fondo, el realizador plantea un acercamiento al tabú de la homosexualidad en su país natal. El filme, que tuvo su estreno mundial en la sección Panorama del Festival de Cine de Berlín, prolonga su recorrido por citas cinematográficas internacionales.

El segundo largometraje de Bustamante nació después de terminar el rodaje de 'Ixcanul', la película guatemalteca más galardonada en la historia de ese país centroamericano –más de una decena de premios–, cuando el realizador conoció a “un Pablo”, un hombre homosexual que decía ser homofóbico. Al director le pareció interesante esa dicotomía del personaje. Le llamó aún más la atención cuando se dio cuenta de que este hombre utilizaba a una mujer como un pretexto para no asumirse como gay. Es en ese momento en el que empezó su investigación para conocer las historias de otras personas que estuvieran viviendo igual. Pensó que la investigación le iba a llevar mucho más tiempo del que le tomó, pero encontró a “un montón de Pablos” en la sociedad guatemalteca.

“Encontré entre ellos a muchos que habían hecho terapias reparativas, que es como le llaman. Me metí a una terapia para ver cómo funcionaba y me metí a una iglesia para ver qué proponían. Después hubo un fenómeno raro, porque mi primera película se volvió famosa en el país, entonces descubrieron que yo no estaba ahí por voluntad, sino haciendo algún tipo de investigación y ya me pidieron que me retirara de la iglesia y del tratamiento”, explica el director a El País.

Uno de los trabajos más complicados de la filmación, admite Bustamante, fue la realización de las escenas de las terapias reparativas para homosexuales. Su reto principal fue hacer que estos momentos parecieran reales para un público que no las conociera. “Cuando me confronté a ese tipo de terapias y descubrí que eso existía, pensé que estaba viviendo 70 años atrás en el tiempo. La idea fue tratar de reconstruir un tratamiento que al público no le pareciera tan irreal, porque había cosas que vi en mi investigación que no parecían reales”, agrega el cineasta.

Lo que más le sorprendió a Bustamante fue la concepción de “cuidado” y “amor” que manejan las familias que buscan estas terapias para sus seres queridos que, según el director, siguen una lógica de “te hago daño por tu bien o te hago sufrir por amor”. Dice que era importante dar una mirada a través del cine a los convencionalismos de la sociedad que habla mucho del amor, pero que realmente no lo entiende y que no tiene capacidad de análisis crítico personal. “La importancia de las iglesias va más allá de la mera necesidad de las creencias, está más arraigado a un país que no tiene un Estado que le ofrezca a sus ciudadanos ningún tipo de beneficios, entonces las iglesias vienen a cubrir un servicio psicológico que no es un servicio psicológico, sino más bien un adoctrinamiento”, afirma el realizador.

Levantar cuestionamientos
La película, que estará en el Festival Internacional de Cine de Miami, pone al espectador en un constante estado de tensión, tratando de hacerle vivir lo que Pablo siente en cada circunstancia. Bustamante dice que lo que quiso lograr con el filme fue generar una sensación de apnea, sumergiendo al público en un mundo donde no tendría que vivir naturalmente: “No puedes respirar [en esa sensación], te toca zambullirte y aguantar la respiración todo lo que puedas hasta que notes que no formas parte de ese mundo. Conseguir esa tensión fue lo más importante y en lo que nos guiamos”.

El actor guatemalteco Juan Pablo Olyslager dice que ponerse los zapatos de Pablo fue un trabajo duro, arduo e intenso. El elenco pudo prepararse meses antes del rodaje. Afirma que Bustamante es un director de actores, que se preocupa por sus intérpretes y sabe la importancia que tienen en una obra. Por ese motivo, dice, se optó por recurrir al método del actor y pedagogo teatral ruso Konstantin Stanislavski, un sistema que hace énfasis en que el actor no represente un personaje, sino se convierta en él y viva sus sentimientos y pasiones.

“Fue una película muy difícil de filmar. Traté de encarnar al personaje tal como es y eso lo hizo más doloroso, porque era como que me estuviera pasando a mí. Ellos [el resto del elenco] también se metieron en este método para poder llegar al nivel de intensidad que cada personaje tuvo en la película. Fueron ensayos larguísimos, dolorosos, terapéuticos, fue un proceso bastante desgastante, sin embargo, valioso para el producto final”, precisa Olyslager.

El equipo de producción tuvo los mismos problemas que 'José' (2018), otra película que también aborda el tema de la homosexualidad en Guatemala, al momento de buscar actores que estén dispuestos a interpretar a un personaje gay. Bustamante dice que el 80% de hombres que asistieron a las audiciones se negaron a interpretar a un personaje homosexual. “Mi tarea es encarnar papeles en los cuales yo creo que hay sustancia y que creo que van a apoyar a la discusión de algún tema específico”, añade el actor.

Olyslager señaló que en Guatemala la ley y las personas no hacen una verdadera diferencia entre la homosexualidad y la pedofilia. Espera que la película pueda levantar muchos cuestionamientos de cómo se está manejando el tema. “Es necesario hacerle ver a la población que sus miedos personales, sus prejuicios, que el pensar que ser homosexual se equipara con ser pedófilo, es algo aberrante, es por falta de información. El derecho de cualquier persona, independiente de su identidad sexual, debe ser respetado”, finaliza el protagonista.

sábado, 22 de diciembre de 2018

#hemeroteca #homofobia #cine | ‘José’, una historia de amor y descubrimiento en una Guatemala conservadora

Imagen: El País / Fotograma de 'José'
‘José’, una historia de amor y descubrimiento en una Guatemala conservadora.
La película de Li Cheng continúa su recorrido internacional tras ganar el Queer Lion en el Festival de Venecia.
Andrés Rodríguez | El País, 2018-12-22
https://elpais.com/cultura/2018/12/22/actualidad/1545492421_575091.html

José, de 19 años, vive con su madre en Guatemala, quien dedica su vida a la iglesia y vender sándwiches. El joven se dedica a viajar entre los buses urbanos llenos y a trabajar en la calle vendiendo comida. Alejado y resignado a las cosas como son, llena sus momentos libres con su celular, mientras busca relaciones sexuales casuales por medio de aplicaciones de citas. A través de una de esas app conoce a Luis, lo que lleva a José a un plano de pasión, dolor y autoreflexión previamente inimaginable. El segundo largometraje del director chino Li Cheng es una historia sobre diferentes tipos de amor y descubrimiento, del dolor, de la pérdida, de la identidad, del desprendimiento dentro de una Guatemala en la que, como en muchos países de la región, aún predomina el conservadurismo religioso, el machismo y la homofobia.

‘José’, el segundo filme de Cheng y George Roberson —productor y coguionista—, dio un salto astronómico después de ganar el premio Queer Lion en el Festival de Venecia, galardón otorgado a la mejor película con temas LGBTI (Lesbianas, Gais, Bisexuales, Trans e Intersexuales) y la cultura de ideas sobre el género y la sexualidad. En este evento, se impuso a otras películas como ‘La Favorita’, ganadora de varios premios esta temporada, y ‘The Other Side Of The Wind’, el filme póstumo de Orson Wells. A este reconocimiento le siguió un recorrido por distintas citas cinematográficas, con dos menciones especiales del jurado en su paso por los certámenes de Bratislava, Eslovaquia, y el de Nantes, en Francia.

Cheng y Roberson recorrieron más de 12 países latinoamericanos en los que escucharon distintas historias y vivencias de jóvenes en diferentes ciudades. Sin embargo, cuando llegaron a Guatemala ambos se dieron cuenta que ese era el lugar donde debía desarrollarse la trama. "Nos encontramos con muchas historias de vida sorprendentes y conmovedoras. Recuerdo que un joven le dijo a su madre que era gay y ella respondió: 'Bien, bueno, ¿sabes qué? Nunca sabrás lo que es el verdadero amor'. Es un gran problema que estos jóvenes no puedan lidiar con eso, el sufrimiento y la lucha a veces se quedan con ellos durante mucho tiempo", explica Cheng en una entrevista realizada por correo electrónico.

Tuvieron muchos desafíos para hacer la película. Apostaron por un elenco y equipo de producción guatemalteco para que sea más realista y auténtico. Roberson explica que la industria cinematográfica es pequeña en esa nación. La poca gente del rubro con la que hablaron, les dijo que era imposible hacer el filme en Guatemala, ya que ningún actor besaría a otro hombre. "Contratamos gente y construimos un equipo. Nos preguntábamos si la gente se iba a rehusar a participar cuando les contemos la historia, nadie lo hizo. Conseguimos mucha gente talentosa y ambiciosa. Gente joven que tiene una visión diferente para el país y que sintieron que la película era una oportunidad para eso", afirma Roberson vía telefónica.

El actor Enrique Salanic, que interpreta a José, es consciente del machismo y la intolerancia hacia el colectivo LGTBI que predomina en Guatemala, por lo que considera que la película hace una gran labor reflejando la temática y las situaciones que presenta. "Esta película viene a hacer visibilizar a personas que tratan de vivir como ellos quieren. Es algo que siempre ha existido en nuestra sociedad, solamente que hasta ahorita se está haciendo visible y tal vez en Guatemala no estén tan dispuestas de aceptarlas de un solo [de repente]. Siento que José viene a plantar esa semilla para que futuras generaciones puedan vivir más tranquilas", afirma el también coprotagonista de 'Días de luz' en una entrevista realizada vía telefónica.

El objetivo de Roberson con la coescritura del guion fue ser preciso y mostrar algo que no se haya visto antes en películas de temática LGTBI. El productor quería contar una historia honesta y dignificante, capaz de hacer sentir empatía, a pesar del machismo, la homofobia y la religiosidad latente de ese país. Lejos de lugares comunes y algunos estereotipos. "Queríamos enfocarnos más en personajes comunes y que la mayoría de la gente no los perciban como parte de este colectivo. La comunidad y las películas LGTBI muestran mucho a personajes blancos, por eso queríamos ser más precisos y realistas y honestos acerca de Latinoamérica".

Una de las influencias para Cheng a la hora de filmar José, fue el trabajo del cineasta taiwanés Hou Hsiao Hsien en 'The Boys from Fengkuei'. El trabajo de dirección en José logra una relación íntima y muy orgánica entre sus dos actores, Salanic y Manolo Herrera, sobre todo en la secuencia que muestra a ambos durante un paseo en moto. Los intérpretes logran una intimidad delicada, sensible y muy orgánica. "La naturalidad es a lo que aspiro en las historias. Hicimos muchos ensayos y vimos muchas de las mejores películas con personajes similares", afirma Cheng.

La película no toca directamente temáticas y problemáticas sociales del país (política, religión, violencia, pobreza). Hay un juego y una complicidad entre la composición de la imagen y la intencionalidad de la historia. De ese modo el contexto y subtexto en el que vive José, son iguales de importantes que los personajes. "Queremos mostrarlas realísticamente, honestamente y dejar al espectador verla, sentirla y que la piensen y debatan entre ellos y decidan por ellos mismos acerca de estos problemas", precisa Roberson.

Tanto para Cheng y Roberson era importante mostrar diferentes tipos de amor, en su simplicidad, pero también en su complejidad. Como la relación del personaje principal con su madre. "Hay como una dependencia entre José y su mamá, es un poco como una relación toxica, pero al mismo tiempo se ayudan y yo pienso que es una situación que se da en muchas familias. Ella piensa que puede solucionar la sexualidad de José a través de la religión. Actúa homofóbicamente de una manera muy sutil. Es muy complicado, pero a veces el amor de una madre es algo que va más allá de nuestra comprensión", finaliza Salanic.

lunes, 27 de noviembre de 2017

#hemeroteca #lgtbifobia | México da la espalda a los refugiados LGBTI que huyen de Centroamérica

Imagen: Público
México da la espalda a los refugiados LGBTI que huyen de Centroamérica.
Un informe realizado por Amnistía Internacional revela el "peligroso viaje" al que se enfrentan las mujeres trans y los hombres gais refugiados que huyen debido al vertiginoso aumento de los niveles de discriminación y violencia en El Salvador, Guatemala y Honduras por parte de las bandas criminales y de miembros de las fuerzas de seguridad.
Público, 2017-11-27
http://www.publico.es/internacional/mexico-da-espalda-refugiados-lgbti-huyen-centroamerica.html

La vida y la seguridad de las personas lesbianas, gais, bisexuales, transgénero e intersexuales (LGBTI) de El Salvador, Guatemala y Honduras están expuestas a un "peligro cada vez mayor", ya que las autoridades de sus países no las protegen, dejándolas sin otra opción que huir y enfrentar más peligros en México, ha declarado Amnistía Internacional en un nuevo informe publicado este lunes.

Un informe realizado por la organización, bajo el título Sin lugar que me proteja, revela el "peligroso viaje" al que se enfrentan las mujeres trans y los hombres gais refugiados que huyen debido al vertiginoso aumento de los niveles de discriminación y violencia por motivos de género en El Salvador, Guatemala y Honduras por parte de las bandas criminales y de miembros de las fuerzas de seguridad. El estudio también acusa a las autoridades mexicanas de no proteger a estas personas frente a las violaciones y los abusos que sufren durante su viaje a través del país y hace hincapié en las insoportables experiencias que viven cuando son recluidas en el marco de la detención prolongada y sistemática de personas migrantes en Estados Unidos.

"En Centroamérica hay personas que sufren una terrible discriminación por su identidad de género, y no tienen absolutamente ningún sitio al que huir en busca de seguridad", afirma Erika Guevara-Rosas, directora para las Américas de Amnistía Internacional.

La directora subraya que estas personas viven aterrorizadas y, cuando tratan de hallar refugio en el extranjero, sufren abusos. "Se cuentan actualmente entre las personas refugiadas más vulnerables de las Américas. El hecho de que México y Estados Unidos estén dispuestos a seguir mirando mientras estas personas son objeto de violencia extrema es, sencillamente, criminal", alerta.

El Salvador, Guatemala y Honduras tienen unas de las tasas de homicidio más altas del mundo: 81,2 por cada 100.000 habitantes en El Salvador; 58,9 en Honduras, y 27,3 en Guatemala, según cifras oficiales.

La mayoría de las personas refugiadas y solicitantes de asilo contactadas por Amnistía Internacional dijeron que la discriminación constante y los niveles de violencia que sufrían en sus países -tales como agresiones físicas y extorsión económica a manos de bandas criminales, y asesinatos- les hicieron sentir que no tenían más opción que huir.

Los elevados niveles de impunidad y corrupción en sus países hacen improbable que las autoridades castiguen a los responsables de crímenes contra las personas LGBTI, sobre todo cuando las fuerzas de seguridad están detrás de los ataques.

Amnistía Internacional recoge que, según la ONG hondureña Cattrachas, 275 personas LGBTI fueron asesinadas de forma violenta en el país entre 2009 y 2017. En la mayoría de los casos, no se llevó a las personas responsables ante la justicia.

Carlos, de Honduras, se vio obligado a huir a México tras ser agredido violentamente y amenazado de muerte por pandilleros por ser gay. "Nunca intenté poner denuncia por lo que anteriormente les había pasado a unos amigos. De hecho, mi amigo fue a poner una denuncia, y ni bien había terminado de poner la denuncia que ya estaban en su casa de él, por esta razón se vino a México; otro amigo fue a poner la denuncia y en el camino lo mataron, después de poner la denuncia", comenta.

La violencia no cesa en México
Amnistía Internacional constató en los casos documentados que la brutalidad sufrida por los hombres gais y las mujeres trans en Centroamérica no termina cuando salen de sus países.

La mayoría de las personas entrevistadas para el informe afirmaron haber seguido sufriendo discriminación y violencia -incluso por parte de funcionarios públicos- en México, donde se tiene noticia de elevados niveles de violencia contra las personas LGBTI en general. Asimismo, muchas de estas personas dijeron sentirse inseguras en el país, ya que muchas de las maras y pandillas que las amenazaban en sus países de origen también actúan tras la frontera sur de México.

Según un estudio del alto comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados, dos tercios de las personas refugiadas LGBTI de Centroamérica con las que habló en 2016 y 2017 habían sufrido violencia sexual y de género en México, recoge la organziación.

Muchos hombres gays y mujeres trans también contaron a Amnistía Internacional que en ningún momento se los informó adecuadamente sobre su derecho a pedir asilo en México, pese al extremo "peligro" al que se enfrentarían en caso de ser devueltos a sus países. También se quejaron de que las autoridades mexicanas no los informaron sobre ningún avance relacionado con las investigaciones tras denunciar haber sufrido abusos contra los derechos humanos en ese país.

Carlos contó a Amnistía Internacional que, estando en México, unos agentes de inmigración trataron de disuadirlo de presentar una solicitud de asilo. A pesar de ello, finalmente la presentó y sigue a la espera de la decisión.

Varias mujeres trans que lograron sobrevivir al "peligroso" viaje a través de México y cruzar la frontera de Estados Unidos se quejaron del trato recibido bajo custodia. Otras fueron deportadas desde Estados Unidos y México y devueltas a sus países, a la pesadilla de la que desesperadamente trataban de escapar.

Cristel, una mujer trans salvadoreña de 25 años, cuenta a Amnistía Internacional que la recluyeron en régimen de aislamiento en un centro de detención de inmigrantes en Estados Unidos tan pronto cruzó la frontera entre México y ese país, en abril de 2017.

Una semana después, la pusieron en una pequeña celda con ocho hombres. Al final, Cristel no pudo obtener asilo y fue devuelta a El Salvador, donde las maras siguen amenazándola. “No quiero ser ilegal. Solo quiero vivir y estar segura”, recoge Amnistía Internacional.

"Cuanto menos actúen las autoridades de El Salvador, Honduras, Guatemala, México y Estados Unidos para proteger a algunas de las personas más vulnerables de América, más manchadas de sangre tendrán las manos", apunta Erika Guevara-Rosas.

"Estos gobiernos deben tomar urgentemente medidas decisivas para abordar los niveles epidémicos de violencia contra las personas LGBTI en la región y mejorar las políticas y las prácticas para garantizar que todas las personas que necesitan protección internacional pueden acceder a ella", sentencia la directora para las Américas de Amnistía Internacional.

viernes, 9 de junio de 2017

#hemeroteca #feminismo #testimonios | Lorena Cabnal: La indígena desterrada por feminista

Imagen: El País / Lorena Cabnal
La indígena desterrada por feminista.
Lorena Cabnal, maya-xinka de Guatemala que fue expulsada de su comunidad por denunciar la violencia sexual y los femicidios.
Jaime Giménez / Esteffany Bravo Sánchez | El País, 2017-06-09
http://elpais.com/elpais/2017/06/06/planeta_futuro/1496756692_101038.html

A Lorena Cabnal le gusta hablar en plural. No dice realidad, sino realidades. No cree que haya un solo feminismo, sino muchos. Sin abandonar su cosmogonía indígena, la estructura de sentimiento y pensamiento que ha guiado a los pueblos originarios desde hace milenios, se autodenomina, entre otras cosas, feminista. Pese a ser un término ajeno, y en muchos casos rechazado por las mujeres indígenas, esta inspiradora maya-xinka de 44 años empezó a declararse como tal desde el año 2006 tras iniciar una lucha contra la violencia sexual en la comunidad de la montaña de Santa María de Xalapán. Después de haber sufrido la violencia en su propio cuerpo durante su infancia, Cabnal se organizó junto a otras indígenas para concienciar a niñas y mujeres de la necesidad de frenar los abusos.

Movida por una doble indignación, frente al machismo en las comunidades y frente al racismo sufrido por los pueblos indígenas, alzó una voz que retumbaría por toda Abya Yala –nombre ancestral que engloba todo el continente americano. El feminismo comunitario, promovido no solo desde Guatemala sino también desde Bolivia y otros lugares, se convirtió en una forma de reivindicación de la autonomía de las mujeres indígenas frente al patriarcado ancestral originario, el sistema de opresión que las somete en sus comunidades. Así, Cabnal y sus compañeras luchan por defender tanto el “territorio cuerpo” como el “territorio tierra”. No conciben, dicen, que la lucha de sus pueblos contra el despojo de sus territorios esté separada de la lucha contra la violencia machista que abunda en ellos.

“Lo que a mí me mueve desde hace muchos años y me sigue moviendo hoy es la indignación”, afirma durante una entrevista en Quito, adonde viajó para participar en un foro sobre feminismos. “Creo que tener un cuerpo indignado por experimentar en mi historia personal múltiples formas de violencia y opresión, tanto en lo urbano como en lo rural, me mueve a hilar con otras la propuesta feminista comunitaria desde lo territorial”, explica en “castellano colonial”, la lengua ajena que utiliza para criticar las estructuras de opresión que estableció la colonización sobre los pueblos originarios.

Cabnal se crió en un asentamiento urbano marginal a las afueras de la capital durante los años más oscuros de la guerra civil guatemalteca. Su familia paterna había tenido que huir de su territorio maya q´eqchí en Alta Verapaz tras ser expulsada por terratenientes, en el marco de la guerra contrainsurgente, que condenó al desplazamiento forzado a decenas de miles de indígenas. Mientras el gobierno militar de Rios Montt torturaba, violaba y masacraba a los pueblos mayas, Cabnal crecía en una comunidad desarraigada, alejada de las milpas y los lugares sagrados. “Mi herencia ancestral fue negada tras el desalojo que sufrieron mi abuela y abuelo maya”, confiesa. Nacida en un clima de violencia, la violencia no tardaría en llegar a su vida.

“Yo era una niña sumamente empobrecida que había tenido mucha dificultad para ir a la escuela”, cuenta. “Había naturalizado la violencia sexual. Creía que era parte de la vida cotidiana”, revela con aplomo. Fue unos años más tarde cuando se dio cuenta de lo que sucedía. “En la escuela, una amiga me abrió los ojos. Le conté las cosas que mi padre hacía conmigo y ella asustó y me dijo: ‘Pero eso no puede hacer tu papá’. Yo me enojé mucho y dejamos de ser amigas”. Tras esa traumática revelación, Cabnal inició un camino que le ha llevado a ser quien es hoy. A los 15 años huyó de su casa y a los 25, tras haber estudiado medicina y psicología en la universidad, decidió seguir las huellas de su abuela materna, de quien heredó su mitad xinka. “Yo quise irme a una comunidad indígena lo más alejada posible. Y así fue como llegué a la montaña de Xalapán un 14 de noviembre de 2002”, recuerda con orgullo. “Allí me quedé y enterré mi corazón”.

Fue en Santa María de Xalapán donde empezó a trabajar contra la violencia sexual. “Mi intención era hablar con las niñas y los niños, porque yo quería aportar a que no siguiera habiendo más violencia sexual contra ellas a partir de mi historia”, expone la activista, quien pagó caro su desafío a la estructura de poder que regía al gobierno xinka. “A mí me habían enseñado que mucha de la vida de los pueblos indígenas en comunidades todo era en paz y amor, que vivíamos en armonía. Pero luego fui cuestionando mi mundo y reconociendo formas propias del machismo, lo que más tarde llamé patriarcado ancestral originario”, desvela Cabnal, madre de una hija de ocho años. Fue entonces cuando empezó a hacerse preguntas, tratando de comprender lo que para ella eran incoherencias en la vida actual de estas comunidades.

“¿Por qué el gobierno xinka está formado por 357 señores y no hay ninguna mujer? ¿Por qué solo hay hombres guías espirituales, que son los que hacen las grandes ceremonias, y las mujeres estamos a la orilla? ¿Por qué las mujeres somos las más empobrecidas? Y entonces llegó el interrogante clave que atravesaba toda su historia personal. “Si los indígenas somos de paz y amor, el enunciado que yo tenía desde pequeña bien internalizado, ¿por qué mi papá hacia violencia sexual conmigo? ¿Por qué?”

De aquellas preguntas surgieron respuestas que fue completando junto a un grupo de mujeres que compartían sus inquietudes en la montaña. Así fue como dieron a luz al feminismo comunitario territorial, que no partió de la teoría, sino de la práctica cotidiana de violencias y discriminación sufrida en sus propios cuerpos indignados. “Fueron demasiadas coincidencias de violencia sexual que se fueron encontrando al dialogar con las mujeres”, recalca Cabnal.

Pese a haber jugado un rol muy activo en la defensa del territorio xinka contra los numerosos proyectos mineros y en la revitalización de este pueblo, que muchos creían extinto, Cabnal fue obligada a abandonar la comunidad a la que había entregado su corazón. “Uno de mis mayores atrevimientos fue nombrarme feminista. Esa fue una de las transgresiones más fuertes y, además, levantó una ola muy fuerte de estigmatizaciones”.

La negativa a aceptar lo que ella llama “fundamentalismos indígenas”, las costumbres patriarcales originarias consideradas inamovibles, la llevó a una situación límite. En algunas asambleas, los líderes llegaron a cuestionar que siguiera siendo lo que era, acusándola de haber sido contaminada por feministas blancas extranjeras. Además, le exigieron que volviera a quedarse embarazada, dado que la única hija que tenía Cabnal no era suficiente a ojos de los hombres y la comunidad.

"Los hijos son la vida y la garantía de existencia de nuestros pueblos", le dijeron. "Y una hija no es nada. Si quieres volver a trabajar con las mujeres, te tienes que volver a embarazar".

Pero ella no cedió. El destierro cayó sobre ella como el sol implacable cae sobre la piel campesina. Cabnal partió junto a su hija, que por aquel entonces apenas tenía un año. “Me desterraron de mi comunidad por declararme feminista comunitaria”, sentencia con nostalgia.

Su delito fue denunciar a agresores sexuales y redes de trata en la montaña, así como señalar a funcionarios públicos y posicionarse abiertamente contra la minería. No obstante, Cabnal continúa sintiéndose parte de la comunidad, manteniéndola como una parte vital de sus reivindicaciones territoriales.

“Mis historias del destierro vienen por abrir los ojos de las mujeres, por enseñarles a leer escribir y a usar métodos anticonceptivos para evitar embarazos forzados”. Pese al dolor que para ella y su hija supuso la condena al exilio, cree que actuó como debía. “No me volvería a quedar callada contra la misoginia, la violencia sexual y el femicidio”, asevera con voz firme esta mujer a la que el feminismo comunitario territorial le sirvió como una forma de sanación de las secuelas provocadas en su cuerpo por la violencia patriarcal.

A lo largo de la última década, la práctica de los feminismos comunitarios se ha extendido por países como Bolivia y Guatemala, los dos estados con mayor porcentaje de población indígena del continente. Desde Iximulew, nombre utilizado por Cabnal para referirse a Guatemala que significa 'Tierra del maíz' en maya, lanzaron “la propuesta emancipadora de la Recuperación y Defensa del Territorio Cuerpo-Tierra”. Se trataba de sacar a relucir la necesidad de tejer las luchas contra los proyectos extractivistas con la erradicación de la violencia ejercida por los hombres contra los cuerpos de las mujeres en esas mismas comunidades en resistencia. “Si hablamos de defender el territorio tierra, ahí van los grandes líderes y las grandes movilizaciones, pero si no nos indigna que las niñas estén siendo violadas y que las mujeres que estén siendo asesinadas dentro de la tierra que defendemos, eso es una incoherencia cosmogónica y política”, subraya Cabnal, quien se distancia de los feminismos occidentales por ser demasiado teóricos, eurocéntricos y no tomar en cuenta a las mujeres indígenas y afrodescendientes.

Para esta tejedora del feminismo comunitario, la consolidación de los hábitos machistas en los pueblos originarios tuvo lugar mucho antes de la invasión europea de América. La gestación del patriarcado ancestral originario ocurrió varios milenios antes y supuso, según Cabnal, “la primera gran desarmonización de la Red de la Vida en Abya Yala”. La segunda, que también se mantiene hasta nuestros días, llegó con los barcos cargados de hombres blancos desde el otro lado del Atlántico. “Hace 525 años nos vino la colonización, que trajo una interpretación de la vida totalmente diferente: un patriarcado occidental, con la religión, el pecado, la virginidad, el matrimonio; un modelo económico con la propiedad privada y la mercantilización de los cuerpos y la naturaleza; y el racismo, con el idioma castellano que ahora hablo”, enumera. En ese tiempo se incubó, de acuerdo a Cabnal, el caldo de cultivo propicio para la aparición del racismo. “Por primera vez el hombre indígena va a sentir la subordinación, que viene del hombre blanco, colono y heterosexual”, esgrime.

Llevando siempre consigo el circular y colorido calendario lunar xinka, Cabnal no deja de reivindicar la doble lucha que articula su vida como mujer indígena y feminista. Durante su estancia en Quito, que coincidió con la muerte de 41 niñas por un incendio en un “hogar seguro” de Guatemala, Cabnal acudió a manifestarse para denunciar lo ocurrido al grito de “no fue el fuego, fue el estado”. Pese a la violencia sufrida a lo largo de su vida, esta impetuosa maya-xinka ha sabido levantarse una y otra vez para continuar su camino de resistencia frente a las múltiples opresiones a las que se enfrentan cotidianamente las mujeres originarias. Gracias a la fuerza que le ha otorgado el “acuerpamiento” —apoyo mutuo físico y espiritual— con sus compañeras de lucha, Cabnal tiene clara su identidad y fortaleza. “Nunca voy a dejar de ser mujer indígena”, proclama esta transgresora.

viernes, 7 de abril de 2017

#hemeroteca #feminicidio | La impunidad, principal refugio del feminicidio en América Latina.

Imagen: Público / Cari Álvarez con el retrato de su sobrina Siona Hernández, asesinada en el Hogar Seguro de Guatemala

La impunidad, principal refugio del feminicidio en América Latina.
Nueve de cada diez casos de violencia machista quedan sin ser juzgados en la zona con más casos de feminicidio del mundo.
Asier Vera | Público, 2017-04-07
http://www.publico.es/sociedad/feminicidio-impunidad-principal-refugio-feminicidio.html

Miles de hombres campan a sus anchas en América Latina después de haber asesinado a sus parejas, ex parejas o mujeres con las que no mantenían ninguna relación sentimental. En esta región del mundo la Justicia va lenta o directamente no va quedando en la impunidad el 98 por ciento de los casos de violencia hacia las mujeres, según datos de las Naciones Unidas.

Lo ocurrido en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción de Guatemala el pasado 8 de marzo donde murieron 41 niñas calcinadas es una muestra más de la ineficacia de la justicia en materia de protección hacia la mujer. Desde hacía años se habían presentado denuncias de violaciones e incluso de la existencia de una red de trata de menores, si bien el centro, gestionado por el Gobierno de Guatemala, continuó funcionando sin que ningún órgano judicial obligara a cerrarlo. Como nadie hacía nada, el 7 de marzo unas 60 menores, hartas de abusos, maltratos y comida en mal estado, decidieron escapar de lo que calificaron como un “infierno”.

En lugar de investigar las razones por las cuales estas niñas, en teoría protegidas por el Estado, habían decidido fugarse, la Policía las reintrodujo en el centro donde fueron encerradas en una sala tal y como llegó a reconocer el propio Presidente de Guatemala, Jimmy Morales. Las menores exigieron que las dejaran libres, pero nadie las escuchó, así que una de ellas decidió prender fuego a uno de los colchones para provocar que les abrieran la puerta. Sin embargo, el aula comenzó a arder y pese a la desesperación de las niñas que trataban de salir como fuera, nadie las abrió dejándolas arder durante diez minutos.

En el lugar perecieron calcinadas 19 menores, de entre 13 y 17 años, mientras que otras 22 murieron en los hospitales, la última la semana pasada en un centro sanitario de EEUU a donde fueron trasladadas nueve niñas, de las cuales siete permanecen ingresadas y una ya ha sido dada de alta. Ha pasado cerca de un mes de esta tragedia y sólo están encarceladas tres personas: el ex secretario de Bienestar Social del Gobierno, Carlos Rodas; la ex subsecretaria de Protección y Abrigo de la Secretaría de Bienestar Social (SBS), Anahí Keller, y el ex director del Hogar Seguro, Santos Torres.

Sin embargo, sigue en libertad la persona que encerró a las menores y que se negó a liberarlas de las llamas, así como todos aquellos monitores que las sometían a abusos y violaciones. Ello es solo un ejemplo de la violencia endémica que sufren las mujeres en América Latina y, concretamente, en Guatemala donde cada año son asesinadas 700 mujeres víctimas de feminicidio, tal como señala en declaraciones a ‘Público’ la Defensora de la Mujer de la Procuraduría de los Derechos Humanos, Gabriela Tuch. Sólo en el mes de enero de este año, fueron asesinadas 66 mujeres, de las cuales 12 eran menores de edad, según datos del Instituto Nacional de Ciencias Forenses.

Así, Guatemala, con 2,7 feminicidio por cada 100.000 mujeres, es junto a República Dominicana (3,6), El Salvador (5,7), y Honduras (13,3), uno de los países con el índice más alto de asesinatos de mujeres, a pesar de que desde el 2008 cuenta con la Ley contra el Feminicidio, que considera como delito la violencia contra la mujer. Nuevamente, la normativa legislativa choca con la realidad y es que el 90 por ciento de las agresiones queda impune, tal como reconoce Tuch. “A diferencia de otros países, Guatemala ha ido especializando la Fiscalía y los Juzgados para luchar contra esta violencia que se produce en el marco de una sociedad machista, patriarcal y conservadora”, explica. Al mismo tiempo, lamenta el hecho de que nueve de cada diez casos queden sin ser juzgados, debido a que los procesos judiciales “no son ágiles”, a causa de los recursos que presentan los agresores.

América Latina aglutina la mitad de feminicidios de todo el mundo
Esta situación se repite en el resto de países de América Latina y el Caribe, que sufre una de las tasas más altas de feminicidio en el mundo, hasta el punto de que registra cerca de la mitad de los 65.000 homicidios de mujeres que se contabilizan cada año en el planeta, según datos de la ONU. Así, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas (CEPAL) revela que al menos 12 mujeres son asesinadas diariamente por el mero hecho de ser mujeres, lo que representa una media de 4.380 muertes al año. Mientras, la Organización Mundial de la Salud apunta que tres de cada diez mujeres en esta región han sufrido violencia física y/o sexual durante su vida.

Detrás de estos fríos datos hay una historia de “relación desigual de poder entre hombres y mujeres”, tal como señala Tuch, quien recalca que uno de los factores que provoca que la violencia sea cíclica en el país es la “dependencia económica y psicológica”. “Se deben generar más oportunidades de trabajo para las mujeres, con el fin de evitar que la dependencia económica a sus parejas las mantenga amarradas a una situación de violencia”, defiende.

Más allá de ello, la Defensora de la Mujer en Guatemala asegura que la violencia extrema que sufren las féminas en América Latina, donde muchas de ellas son descuartizadas tras ser asesinadas, responde a las “prácticas machistas y a los sistemas patriarcales” que se mantienen constantes históricamente en estos países. Así, indica que siempre se repite el mismo patrón: “es el hombre el que decide, el que cuida, el que protege y el que da”, algo que, según recalca, debe ir cambiándose a través de la educación desde la infancia.

En este sentido, Tuch recuerda que las leyes que penan la violencia contra la mujer y que desde el 2008 al 2015 entraron en vigor en 16 países latinoamericanos, no están frenando esta lacra, aunque sí están sirviendo no solo para que las mujeres pierdan el miedo a denunciar, sino también para concienciar a la sociedad sobre la necesidad de no dar la espalda a estos crímenes. Otros países carecen de una ley de feminicidio, como Cuba y Uruguay, país este último en el que la normativa está estancada en el Senado desde el 2015.

Casos emblemáticos de feminicidio
Han transcurrido más de 20 años desde que en 1993 fuera asesinada una niña en Ciudad Juárez, en el estado mexicano de Chihuahua, siendo éste el primer caso de feminicidio que se contabilizó en este lugar, ubicado en plena frontera con EEUU. Así, Ciudad Juárez se hizo tristemente famosa por la desaparición y asesinato de cientos de mujeres, lo que atrajo la atención de medios de comunicación de todo el mundo. Un símbolo para no olvidar a las víctimas son las cruces de color rosa que colocaron las madres de estas mujeres por distintos puntos de la ciudad.

Sin embargo, pese a la aprobación de leyes que persiguen estos delitos, la sangría no ha parado en México, que contabilizó cerca de 20.000 asesinatos de mujeres solo entre 2007 y 2015, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía de ese país. Solo cuando ocurren casos emblemáticos de violencia contra niñas y mujeres se vuelve a situar el foco internacional sobre el feminicidio endémico que sufre América Latina.

Así ocurrió con el asesinato de Lucía Pérez, de 16 años, quien en octubre de 2016 fue drogada, violada y empalada en la ciudad argentina de Mar del Plata. Ello reavivó las protestas del movimiento ‘Ni una menos’ con una masiva manifestación en la que participaron miles de personas para denunciar los 200 crímenes contra mujeres que se registran cada año en Argentina, según el Registro Nacional de Feminicidio elaborado por el Poder Judicial.

También cobró repercusión internacional el secuestro, la violación y el asesinato en diciembre de 2016 de Yuliana Andrea Samboní, una niña de siete años residente en un barrio popular de Bogotá, en Colombia, por lo cual fue detenido Rafael Uribe Noguera, un acaudalado arquitecto de 38 años, quien confesó haber sido el autor de los hechos.

Precisamente, la pasada semana fue condenado a 51 años y 10 meses de cárcel como “autor responsable de las conductas punibles de feminicidio agravado, acceso carnal violento agravado y secuestro simple agravado”. Solo entre 2014 y 2016, fueron asesinadas 3.000 mujeres en este país, según el Instituto Colombiano de Medicina Legal, que precisa que se desconoce si todas ellas fueron víctimas de feminicidio o de otro tipo de delitos.

Migración para huir de la violencia
Una de las consecuencias de esta violencia que los hombres ejercen sobre las mujeres es la migración de muchas de ellas desde Centroamérica a México o EEUU huyendo de sus parejas y escapando a una muerte segura. Este es el caso de Ana María Romero, hondureña de 22 años, quien con su hijo de cinco años huyó de su país después de que su pareja quisiera asesinarla. “Me escapé por la noche, porque me andaba buscando para matarme y me vine como pude sin dinero”, afirma esta joven desde uno de los albergues para migrantes que hay en la ciudad de Tapachula, al sur de México. Romero se remanga el pantalón y muestra el balazo que le disparó su pareja y que le atravesó las dos piernas. “Me maltrataba, disparaba tiros en la casa y golpeaba al niño”, señala.

“El sentido de la propiedad que tiene el hombre hacia la mujer nos coloca en estas situaciones de violencia”, lamenta la defensora de la Procuraduría de los Derechos Humanos de Guatemala. No obstante, Gabriela Tuch se niega a caer en el pesimismo y aboga por “involucrar” a los hombres para ir “transformando” la sociedad, con el fin de “romper esas falsas creencias de que la violencia hacia las mujeres es algo normal”. “Sí que vemos que la población joven está mucho más alerta y consciente”, destaca, a la vez que apuesta por que el Estado se centre en prevenir las agresiones y crímenes machistas, en lugar de abordar este problema desde un “enfoque castigador” de meter a los autores a la cárcel. Ello está provocando, según denuncia, que la Justicia esté “sobrepasada de casos” lo que, a su juicio, facilita la impunidad.