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jueves, 18 de abril de 2024

#libros #feminsimo #historia | Mujeres Libres : nuestra historia, nuestras luchas

Mujeres Libres : nuestra historia, nuestras luchas / Deyanira Schurjin Benedetto.

Madrid : Imperdible, 2024 [04-18].
64 p.

/ ES / Libros / ENS / Activismo / Anarquismo / Feminismo / Historia / Mujeres / Mujeres Libres / Segunda República

📘 Ed. impresa: ISBN 9788412776850 / 5.00 €
📝 Cita APA-7: Schurjin Benedetto, Deyanira (2024). Mujeres Libres: nuestra historia, nuestras luchas. Imperdible.


«Mujeres Libres» es sin duda una de las organizaciones más extraordinarias e importantes del siglo xx en el territorio español. Constituida en el seno del movimiento libertario en 1936, abogaron por la unidad de las mujeres de la clase obrera para luchar por su emancipación. El objetivo, acabar con la triple esclavitud: esclavitud de ignorancia, esclavitud de mujer y esclavitud de productora. Impulsoras de la Revolución Social y constituidas en agrupaciones locales, Mujeres Libres elaboró un extenso programa para la capacitación y concienciación de las mujeres de la clase trabajadora y pobres. Y «aunque el número total de agrupaciones de Mujeres Libres está aún por descubrir» -nos dice la autora-, en el presente trabajo podremos encontrar una a una; un total de 166 agrupaciones de Mujeres Libres repartidas por toda la zona republicana. Esta es, luego del pionero trabajo de Mary Nash, la cifra más exacta que se ha alcanzado hasta nuestros días.

martes, 13 de abril de 2021

#hemeroteca #mujeres #historia | El amanecer feminista en la Segunda República

Imagen: El Diario

El amanecer feminista en la Segunda República.

En cinco años trepidantes, las mujeres consiguieron derechos civiles como el matrimonio civil, el divorcio y el voto. Para terminar de conquistar la igualdad, habrían necesitado más tiempo del que tuvieron.
Elena Cabrera | El Diario, 2021-04-13
https://www.eldiario.es/sociedad/amanecer-feminista-segunda-republica_130_7799577.html 

Todas las crónicas recuerdan que el día en el que se declaró la Segunda República era soleado. No se conocían entre ellos pero, a juzgar por sus respectivas memorias, la aristócrata comunista Constancia de la Mora y el periodista catalán Josep Pla, coincidieron al mismo tiempo —entre las tres y las tres y media de la tarde— en la plaza de Cibeles de Madrid, una en un taxi y el otro a pie derecho, mirando embobados los balcones del segundo piso del Palacio de Correos y Telégrafos. Había tanta gente agolpándose en la calzada, que el chófer que llevaba a la joven Constancia a su casa tuvo que frenar en seco. Ella sacó la cabeza por la ventanilla para enterarse de lo que sucedía y pudo ver, con el don de la oportunidad, cómo el personal de la casa desplegaba en el balcón central una bandera de colores rojo, amarillo y morado. Constancia y el taxista salieron del coche y se mezclaron con la multitud, que no paraba de crecer. En el resto de nobles edificios públicos que rodean la fuente de la diosa griega, descendían las banderas monárquicas y "entre aplausos frenéticos de la muchedumbre" se alzaba la tricolor. En esa tarde "clara y magnífica", escribe Pla, "una gran cantidad de gente, más bien pasmada, mira la bandera izada". Podría haber llovido, algo plausible un 14 de abril en Madrid, pero que se recuerde siempre con tanta viveza el clima de aquel día tiene que ver, para algunas historiadoras, con la identificación del sol como símbolo de luz, renacimiento y sabiduría, una escenografía entusiasta para el apasionante momento histórico que oficialmente se decretaba aquel día.

Constancia, que vivía arrullada por el mundo de la alta burguesía del barrio de Salamanca, nieta de ministros, emparentada con los Maura —conservadores hombres de gobierno—, casada con un antirrepublicano, gracias a la República se desclasó como pudo y se divorció en cuanto pudo, aprovechando la primera ley que lo permitió en España, poco menos de un año después de la soleada mañana. La Segunda República fue un periodo de cambios significativos para la vida de las mujeres, tanto en el ámbito público como el privado, en la cuestión del acceso a la igualdad legal y a la ciudadanía política. Pero "debido a lo corto del periodo y a la lentitud con la que cambian las mentalidades y las relaciones de género", según afirma la profesora de la Universidad de Valencia Vicenta Verdugo, no dio tiempo a que estas transformaciones llegaran a todas las mujeres. Entre mayo de 1931 y el verano de 1933, el Gobierno socialista promulgó 17 textos legales que hacían referencia específica a la igualdad entre hombres y mujeres y los derechos cívicos de estas, aunque encontrarían limitaciones posteriores en la práctica.

Lo que aparece en los años 30 es una élite femenina que ha podido disfrutar de estudios superiores, desde el 8 de marzo de 1910 las mujeres estaban autorizadas para matricularse en las universidades públicas. Son cultas, críticas, muchas de ellas feministas y transgresoras. No surgen de la nada: vienen del intenso asociacionismo anterior, como la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME), creada ya en 1918 por la directiva y concejala María Espinosa de los Monteros y la periodista y enfermera —conservadora y católica— Consuelo González Ramos para luchar por el sufragio femenino, la educación y el trabajo digno. La Unión de las Mujeres de España, presidida por la marquesa Lilly Rose Schenrich o la valenciana Liga Española para el Progreso de la Mujer, presidida por Ana Carvia Bernal, se constituyeron también en la década de los diez. En el manifiesto fundacional de la ANME ya llamaban a "la unión de todas las mujeres para formar un partido feminista capaz de imponer el debido respeto a nuestros ideales". "El feminismo de hoy —explica la profesora de Historia Contemporánea de la Universidad Carlos III Rosario Ruiz Franco— es deudor no solo del de la Segunda República sino de todas aquellas iniciativas, propuestas y reivindicaciones históricas anteriores. Durante la Segunda República lo que ocurre es que el contexto histórico favorece que se concreten demandas e impulsen medidas".

Esta élite femenina intelectual, muy presente en la opinión pública, estaba ligada al institucionismo, un proyecto pedagógico que tuvo en la Institución Libre de Enseñanza su máxima expresión. Formaba parte de él la Residencia Internacional de Señoritas, creada por la Junta de Ampliación de Estudios, que ayudaba a los universitarios a estudiar fuera de España, como un Erasmus de la época. Estaba dirigida por María de Maeztu, quien había tenido una formación universitaria tanto en España como en el extranjero, de donde se trajo la idea del 'college' anglosajón. Por la Residencia pasaron las abogadas Victoria Kent y Clara Campoamor, la escritora Margarita Nelken, las pintoras Maruja Mallo y Deli Tejero, la periodista Josefina Carabias, la química Dorotea Barnés González o la meteoróloga Felisa Martín Bravo, por citar solo algunas de las muchas mujeres destacadas que convivieron compartiendo una educación integral que definió el espíritu del momento. De Maeztu dirigía también el Lyceum Club Femenino desde 1926, un espacio de libertad, encuentro y discusión del que formaban parte algunas de las anteriores y muchas otras intelectuales del momento, como María Zambrano, Carmen Conde, Elena Fortún, Ernestina de Champourcin, Zenobia Camprubí o Rosa Chacel.

Tres de esas mujeres residentes se convirtieron en las tres primeras diputadas de las Cortes en España: Kent, Campoamor y Nelken, elegidas gracias al derecho de sufragio pasivo pero en unas elecciones con sufragio universal únicamente masculino. El Congreso constituyente del que formaron parte tuvo la encomienda de aprobar o no el derecho al voto para las mujeres. Es conocida la opinión contraria de Victoria Kent: "creo que no es el momento de otorgar el voto a la mujer española", dijo dirigiéndose a sus señorías, "no es cuestión de capacidad, es cuestión de oportunidad", defendiendo por parte del Partido Radical Socialista una estrategia política por el miedo a que las mujeres volcaran su voto hacia las derechas. Al poco, Alcalá-Zamora le dio un cargo en su Gobierno Provisional, ejerciendo durante un año la Dirección General de Prisiones, materializando así el proyecto de humanización de las insalubres cárceles españolas que ya había iniciado Concepción Arenal. Desarmando el pensamiento en clave electoral de Kent, Campoamor le contestó que no dar el voto a las mujeres sería "un gravísimo error político" y que ella había constatado cómo los mítines congregaban a más mujeres que a hombres. Tras el intenso debate político, las Cortes aprobaron el sufragio activo universal por 161 votos a favor, pero con 121 en contra y 188 abstenciones. Dos años después, las derechas ganaban en las elecciones de 1933. La historiografía posterior adjudicó a la participación electoral —y en particular su abstención— de las mujeres el triunfo de la derecha y no fue hasta el año 2000 que estudios más rigurosos analizaron el comportamiento por sexos y concluyeron que la izquierda hubiera perdido aunque las mujeres no hubieran votado. Ideologías aparte, el reconocimiento del derecho a voto de las mujeres no supuso, en cualquier caso, ni su plena integración en la vida política ni la consecución de la igualdad real, sino un primer paso truncado por culpa de la sublevación militar y la dictadura posterior.

En el mundo laboral, lo que realmente representó un revulsivo no fue la presencia de una amplia mayoría de mujeres trabajadoras de las clases populares, porque ya existía de antes; la novedad fue la incorporación de las mujeres de clases medias al sector servicios, un acontecimiento que según explica Verdugo en su conferencia 'La República de las mujeres', suscitó la opinión entre el sector conservador de que "tendría consecuencias funestas como la desaparición de la familia y la pérdida de la feminidad".

Según las estadísticas oficiales, que por supuesto no visualizan, al igual que hoy en día, la ingente cantidad de trabajo sumergido, en especial en el servicio doméstico, tenían un empleo remunerado solo el 9% de la población femenina. En general, las mujeres suponían el 12% del total de trabajadores y trabajadoras, que en su gran mayoría realizaban el trabajo productivo fuera del hogar y el reproductivo dentro. Las condiciones laborales eran peores para las mujeres que para los hombres. Aunque en 1931 se estableció la jornada laboral de ocho horas, esta tenía algunas excepciones, como por ejemplo en el trabajo doméstico. Y, por supuesto, los salarios también eran inferiores, pues las mujeres ocuparon primero los empleos no cualificados. Otro de los avances del Gobierno Provisional fue el seguro de maternidad. Isabel Oyarzábal, candidata socialista a las cortes, periodista y primera mujer inspectora de trabajo en España, fue de las que lo defendió firmemente, así como la UGT. He ahí otra de las desinformaciones habituales sobre la Segunda República: las mujeres no se sindicaron. No es así, en el año 32 la UGT vió un notable incremento de afiliadas, en parte debido a la efectiva propaganda sobre el seguro de maternidad; en ese año eran casi 42 mil las ugetistas y el sindicato había visto subir sus inscripciones de 277.000 a casi un millón en el primer año de la República.

Mientras se normalizaba la presencia femenina en la esfera pública, la sociedad se preguntaba cómo debería ser una mujer, qué es ser una mujer. El Gobierno podía laicizar las relaciones familiares pero el patriarcado tiene sus propios tiempos y maneras. Para Rosario Ruiz es "el ámbito privado y la vida cotidiana la gran desconocida" en los estudios sobre la historia de las mujeres en la Segunda República —o historia de las relaciones de género, como prefiere llamarla la profesora Luz Sanfeliú—, "por dos razones: la falta o dificultad de las fuentes y el interés prioritario por lo público y la participación política como novedoso de esa época". El cuestionamiento amoroso es otro pequeño paso en la emancipación de las mujeres de los años 30. Desde el "amor plural" enraizado en el anarquismo y que ya había propuesto Teresa Claramunt, como una predefinición del poliamor, a la discusión en torno a una nueva idea de maternidad como la que expuso públicamente la anarquista Lucía Sánchez Saornil: "antes que la madre, debe estar la mujer".

El debate sobre los entornos no mixtos ya estaba sobre la mesa durante la Segunda República. Mientras Federica Montseny era contraria a ellos, la poeta, activista y empleada de Telefónica Sánchez Saornil se separó de la CNT para crear la muy reivindicada —en la actualidad— asociación y revista Mujeres Libres, que alcanzaría las 20.000 afiliadas tras la sublevación militar. Saornil, junto a la abogada Mercedes Comaposada y la médica Amparo Poch, recogieron el legado cultural del movimiento libertario y lo reformularon para abordar el tema central de la autonomía de las mujeres. Saornil fue expulsada de la Compañía Telefónica por sus actividades anarcosindicalistas en 1931, puesto que fue una de las impulsoras de las huelgas que tuvieron lugar en la empresa en los años anteriores. A partir de ahí, se dedicó a la militancia, a la lucha de clase con una decidida defensa de la emancipación femenina, diseñando espacios para la capacitación laboral, y la organización de las mujeres de la clase obrera.

La disidencia política y sexual
La reconocida historiadora de origen irlandés Mary Nash se ha dedicado a estudiar a las mujeres de este periodo durante toda su carrera. De muy joven, en los años 70, localizó la documentación de Mujeres Libres en un infierno, las salas donde se escondían los materiales prohibidos por el franquismo. A partir de ahí, tuvo la oportunidad de entrevistarse con algunas de las mujeres que habían participado en esta organización feminista. Tuvo que ser el lenguaje corporal de ellas, y no la palabra, lo que le dio a entender cuál era la orientación sexual de Lucía Sánchez Saornil. El lesbianismo era un tema absolutamente tabú. Desde 1919, Lucía publicaba poemas en las mejores revistas de la vanguardia literaria, en los que hablaba del deseo sexual lésbico, pero lo hacía oculta tras el pseudónimo masculino Luciano de San-Saor. No era raro que las escritoras de la época se escondieran tras la máscara de la masculinidad, como María de la O. Lejárraga tras la creación teatral firmada con el nombre de su esposo, Gregorio Martínez Sierra. La investigadora Laura Vicente, experta en Mujeres Libres, dice que Lucía nunca ocultó su lesbianismo ni la relación con su pareja, América Barroso, en la organización que dirigía. Aunque el silencio sobre ello se impuso hasta los años 80, porque la historia de las lesbianas está "marcada por los silencios, la marginación y los eufemismos" como dice María Jesús Fariña, profesora de la Universidade de Vigo. Una de las socias del Lyceum madrileño fue la escenógrafa Victorina Durán, quien dejó constancia del Círculo Sáfico, un grupo de lesbianas entre las que estaba Victoria Kent, quien a diferencia de Victorina ocultaba su orientación celosamente, y la propia María de Maeztu, a quien se suponía amante de la chilena Gabriela Mistral. Ni siquiera en tiempos de la República es fácil la disidencia sexual para las mujeres: "en general la mirada sobre la homosexualidad en esos años ya era complicada y desfavorable, no se veía con normalidad, a pesar de los círculos modernos y liberales como el del Lyceum Club", explica Luz Sanfeliú. Victoria Kent y el socialista Luis Jiménez de Asúa impulsaron que en la reforma del Código Penal de 1932 se eliminara la homosexualidad como agravante de la delincuencia. Un año después, la Ley de Vagos y Maleantes eliminó las relaciones entre personas del mismo sexo como delito, excepto entre militares.

Quienes siguieron siendo consideradas criminales fueron las prostitutas. Las fuerzas políticas y sociales más progresistas del momento eran abolicionistas. En los primeros meses de República se sustituyó el Patronato para la Trata de Blancas por el de la Protección de la Mujer. "La ley no puede reglamentar un vicio", declamó Clara Campoamor en el hemiciclo durante el debate sobre la abolición de la reglamentación de la prostitución, que imperaba en España desde mediados del siglo XIX. Para la diputada, uno de los argumentos era que "las víctimas de la prostitución son, en un 80 por ciento, mujeres menores de edad" y carecía de sentido ser garantistas con la protección del menor por un lado y, por otro, permitir que ejercieran trabajo sexual. Finalmente, la abolición se consumó en 1935 aunque la República procuró defender los derechos de las prostitutas suavizando durante ese tiempo "el sesgo misógino de la reglamentación", como señala la profesora de la Universidad Rey Juan Carlos Mercede Rivas: eliminando la prohibición de las mujeres prostitutas de frecuentar espacios públicos y la inscripción forzosa en el registro de las prostitutas, así como el desarrollo de numerosos programas sanitarios de difusión de propaganda antivenérea y de educación sexual.

La genealogía —la fuerza de tiempos pasados con la que los seres colectivos dominamos nuestro presente— es importantísima para entender la mirada que desde hoy tenemos a la historia de las mujeres y en especial a la exhaustiva atención que se le ha puesto para reparar los olvidos históricos de este periodo del siglo XX. Aunque no está todo dicho. Para Luz Sanfeliú, "ningún periodo está nunca suficientemente estudiado. Hay mucho aún por conocer del siglo XX y, por supuesto, de la Historia de las Relaciones de Género (que comprende un análisis de los contextos, de las ideologías, de las identidades masculinas y femeninas, de todo el aparataje cultural, símbolos, imágenes, ritos, etc.). Hay millones de mujeres que se implicaron en la construcción de su tiempo, también mujeres obreras o de clases populares, de las que estamos ahora empezando a saber alguna cosa".

  • Clara Campoamor 1888-1972. Diputada por Madrid en las Cortes Constituyentes, fue una de las tres que consiguieron escaño cuando las mujeres podían ser elegidas pero todavía no podían votar, un derecho que Clara tomó por bandera y del que convenció a gran parte del hemiciclo.
  • Lucía Sánchez Saornil 1895-1970. Feminista anarcosindicalista, fue una de las líderes de la influyente organización y revista Mujeres Libres. Antes de eso y mientras trabajaba en Telefónica, Lucía estudiaba pintura y publicaba poesía en revistas del movimiento ultraísta.
  • María Teresa León 1903-1988. Escritora de la Generación del 27, María es hija de la Institución Libre de Enseñanza y licenciada en Filosofía y Letras. Durante la República, escribió numerosos cuentos y un drama proletario de apoyo a las insurrecciones obreras.
  • María de la O Lejárraga 1874-1974. Maestra y dramaturga, publicó gran parte de sus libretos con el nombre de su marido, Gregorio Martínez Sierra. Fue la autora de 'El amor brujo', con música de Falla. Además, se dedicó al activismo feminista y fue diputada por Granada.
  • Maruja Mallo 1902-1995. Poderosa, divertida, atrevida, apasionada, gustosa del maquillaje vistoso y extravagante, como buena pintora surrealista, 'Marúnica' es una figura de culto internacional a la que Dalí definió como "mitad ángel, mitad marisco".
  • Margot Moles 1910-1987. Atletismo, natación, esquí, capitana del Athletic Club (actual Atlético de Madrid) de hockey, campeona de España de lanzamiento de disco y plusmarquista mundial de martillo. Fue la primera española en acudir a unos Juegos Olímpicos invernales.

lunes, 11 de noviembre de 2019

#libros #lesbianismo #mujeres #historia | Preciadas cartas (1932-1979) : correspondencia entre Gabriela Mistral, Victoria Ocampo y Victoria Kent

Preciadas cartas (1932-1979) : correspondencia entre Gabriela Mistral, Victoria Ocampo y Victoria Kent / edición de Elizabeth Horan, Carmen de Urioste Azcorra y Cynthia Tompkins.
Sevilla : Renacimiento, 2019 [11-11].
668 p.
Colección: Biblioteca de la Memoria. Serie Menor ; 77.
ISBN 9788417950378 / 29,90 €

/ ES / Correspondencia
/ Exilio / Franquismo / Lesbianismo / Mujeres - Historia / Segunda República / Sexilio / Testimonios

La presente colección de cartas representa la amistad de tres mujeres excepcionales a lo largo de cinco décadas. Comienza poco después de los primeros encuentros de sus protagonistas en el Madrid de la Segunda República y termina en 1979 con la muerte de Ocampo. Las autoras del epistolario son Gabriela Mistral (1889-1957), Victoria Ocampo (1890-1979) y Victoria Kent (1882-1987). Proceden de tres distintos países, pero encarnan un mismo interés común en el desarrollo político y social de las sociedades que transitaron. La correspondencia supera las barreras del tiempo y del espacio debido a la distancia física sufrida como resultado de guerras, enfermedades, exilio y encarcelamiento. La relación de amistad transatlántica evidenciada a lo largo de las cartas abarca un amplio recorrido. Un libro imprescindible para establecer la historia LGBTQ y revelar cómo el género y las identidades sociales se entretejieron en las redes humanitarias durante la Guerra Civil española y el posterior franquismo.

Gabriela Mistral. Se consideró «mestiza de vasco». Maestra desde los 14 años en escuelas rurales de Chile. Colaboró en la reforma educacional de México. Poeta, periodista y diplomática, fue galardonada con el Premio Nobel de Literatura en 1945. Sus escritos incluyen todo el mundo hispanoparlante y sus seductivas cartas revelan la astucia política y la eficaz conciencia moral detrás de las maniobras para salvar vidas y proteger niños.

Victoria Ocampo. Gran mecenas argentina, es reconocida por la fundación de la revista y la editorial Sur y los textos autobiográficos publicados en Testimonios y Autobiografías. Su correspondencia permite entrever la relación con los intelectuales y el funcionamiento de Sur. Estas cartas constituyen un cambio de paradigma al iluminar su intimidad con Mistral y Kent y sus intervenciones políticas.

Victoria Kent. Fue una distinguida abogada y política durante la II República. Ocupó el cargo de Directora General de Prisiones y trabajó activamente en favor de los presos republicanos durante la Guerra Civil. En el exilio fue editora de Ibérica, revista para los republicanos exiliados. Su correspondencia con Mistral y Ocampo muestra su preocupación por los derechos humanos.

lunes, 26 de agosto de 2019

#hemeroteca #mujeres #historia | Me llamo Isabel Oyarzábal y fui embajadora, periodista y escritora

Imagen: ctxt / isabel Oyarzábal
Me llamo Isabel Oyarzábal y fui embajadora, periodista y escritora.
Susana Hernández | ctxt, 2019-08-26
https://ctxt.es/es/20190821/Culturas/27650/Susana-Hernandez-retrato-sonoro-Isabel-Oyarzabal-biografia-Kollontai.htm

Isabel Oyarzábal (Málaga, 1878 - Ciudad de México, 1974)
Me llamo Isabel Oyarzábal y vengo de una familia bien. Eso me ha facilitado las cosas. Como mi madre era escocesa, desde muy pronto me familiaricé con el movimiento sufragista de su país y me di cuenta de que la mujeres teníamos que luchar por nuestros derechos. De mi padre, de raíces vascas, tal vez me viene la fortaleza de carácter. Soy obstinada, terca, tozuda, cabezona, testaruda. Jamás estuve dispuesta a recibir un no como respuesta, así que cuando quise ser actriz fui actriz, y terminé subida en un escenario. En el mundo en el que me tocó hacerme mayor, ya lo he dicho, me volqué en la lucha feminista. No había otra salida que pelear. Como lo habían hecho otras. Por ejemplo, Aleksandra Kollontai, aquella mujer que estuvo al lado de Lenin en el Sóviet de Comisarios del Pueblo durante la Revolución de 1917. Dicen que fue la primera mujer en ocupar un puesto de gobierno en un país. Ella también procedía de un ambiente sofisticado, era de una familia aristocrática, y me atrajo tanto que escribí su biografía. Todo era posible mientras te empeñaras, ésa fue su lección. Así que en 1936 cuando estalló la guerra me empeñé, me hice una gira de conferencias por EE.UU. y Canadá, 42 ciudades en 53 días para recabar apoyos a la República. Un día de 1937 me encontré haciendo las maletas camino a Estocolmo. No creo que tenga demasiada importancia en el mundo de la política y las letras esa carrera de obstáculos para llegar en primer lugar. Así que si lo digo, que fui la primera embajadora de España, lo hago para celebrar a la República, que también en eso rompió moldes, y para que entiendan que el diplomático al que fui a sustituir, un caballero de aquellos casposos que se pasó al bando de Franco, cerró las puertas de la delegación como si acabara de llegar el demonio. Mujer y republicana, eso para muchos era entonces lo peor. Y, encima, actriz y diplomática. Y periodista y escritora: si tuviera que decantarme, si de cuanto hice fuera obligado elegir algo, yo me inclinaría por las palabras. La primera aventura grande en la que me metí cuando nos instalamos en Madrid con mi madre a principios de siglo fue fundar la revista ‘La Dama y la vida Ilustrada’. Luego trabajé para una agencia de noticias inglesa y terminé de corresponsal de ‘The Standard’ y haciendo colaboraciones para un montón de medios. Elegí firmar como Beatriz Galindo, la humanista que le enseñó latín y gramática a Isabel la Católica y fue preceptora de sus hijos. Quería decir así que hay una conexión. Y que una mujer viene de otra mujer. Y que supimos elegir el saber, los valores humanistas, la República, la lucha feminista. Y no nos rendimos nunca.

domingo, 18 de agosto de 2019

#hemeroteca #federicogarcialorca | Federico García Lorca, rojo y maricón

Imagen: El Salto / Federico García Lorca
Federico García Lorca, rojo y maricón.
Un día como hoy, 18 de agosto, fusilaron a Federico García Lorca. En un ejercicio de revisionismo histórico consciente, algunos especialistas lorquianos, de un tiempo a esta parte, se empeñan en desligar la implicación política y la orientación sexual del poeta, de las causas de su asesinato.
Francis Reina Corbacho | El Salto, 2019-08-18
https://www.elsaltodiario.com/guerra-civil/federico-garcia-lorca-rojo-y-maricon

Un día como hoy, 18 de agosto, fusilaron a Federico García Lorca. En un ejercicio de revisionismo histórico consciente, algunos especialistas lorquianos, de un tiempo a esta parte, se empeñan en desligar la implicación política y la orientación sexual del poeta, de las causas de su asesinato. Sin embargo, los hechos impugnan este empeño en blanquear y despolitizar el fusilamiento del poeta, tan comprometido con los parias por esa “comprensión simpática de los perseguidos. Del gitano, del negro, del judío… del morisco que todos llevamos dentro”. Veamos, más allá del contenido social de sus obras -que, de por sí constituyen un claro ejemplo de implicación política para con la sociedad de la época-, algunos ejemplos:

En el año 1924, Lorca ya había formado parte de un sector que escribió a Primo de Rivera para defender el catalán como "idioma hermano" ante las medidas dictatoriales del Gobierno: "Es el idioma la expresión más íntima y característica de la espiritualidad de un pueblo, y nosotros ante el temor de que esas disposiciones puedan haber herido la sensibilidad del pueblo catalán, siendo en el futuro un motivo de rencores imposible de salvar, queremos con un gesto afirmar a los escritores de Cataluña la seguridad de nuestra admiración y respeto por el idioma hermano".

En 1928, escribió Romance de la Guardia Civil española, que le costaría una denuncia años más tarde. El poema, defensa del pueblo gitano y denuncia de la persecución criminal a un pueblo, definía así a los guardias civiles:“Tienen, por eso no lloran, de plomo las calaveras. Con el alma de charol, vienen por la carretera (...) Jorobados y nocturnos, por donde animan ordenan, silencios de goma oscura y miedos de fina arena”. Lorca, insisto, acabó denunciado por ello en 1936. No fue el único poema donde Lorca criticó el abuso de poder, en Reyerta, describe a la Guardia Civil como meras comparsas de la (in)justicia. En Romance sonámbulo: “Guardias civiles borrachos, en la puerta golpeaban”. En Prendimiento aparecen como máquinas de destrucción y muerte, símbolo de fuerza bárbara, “que arrasa las torres de canela y las inocentes alegrías”.

Mucho más conocidas, en 1932, destacan La Barraca y sus Misiones Pedagógicas en el marco de la II República. Escuelas ambulantes para fomentar la cultura en los pueblos de España. Música, literatura, teatro, poesía, con el granadino a la cabeza y la financiación del Ministerio de Educación que dirigía el socialista Fernando de los Ríos, amigo íntimo del poeta.

En el 33, más manifiestos, esta vez contra las encarcelaciones de los poetas alemanes, en mitad de la efervescencia del nazismo, alineándose al lado de los que no han "cometido más delito que defender al proletariado y unirse a él".

En junio del 36, Lorca reconocía en una entrevista a Luis Bagaría -cofundador de la española Asociación de Amigos de la Unión Soviética [1933] en la cual participó adhiriéndose a sus manifiestos- que Granada tenía la "peor burguesía de España". También aprovechó para sincerar su odio "al que es español por ser español nada más. Yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista abstracta por el solo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos".

En julio del mismo año, también en clave internacional, clamaba contra la dictadura de Salazar, a través de otro manifiesto político, criticando que "llenando de trabajadores y de hombres de izquierda las cárceles, no consigue destruir los motivos de la protesta popular". Por si fueran pocos ejemplos, ya en los meses previos al alzamiento franquista, Lorca se sincera con un gran amigo: "El Frente Popular se disgrega y el fascismo toma cuerpo (...), yo soy del partido de los pobres".

Parece evidente el compromiso político del poeta universal. Sin embargo, algunos ponen en cuestión el mismo de igual forma que discuten la relevancia de su homosexualidad para explicar su final. Pongamos algunos ejemplos de la homofobia incuestionable contra Federico, (otra) causa insoslayable de su asesinato.

9 de agosto, 1936. Una amiga de la familia, en 1966, confesó lo que ocurrió aquella tarde, estando el poeta en busca y captura por los sublevados: "A Federico le dijeron allí dentro "maricón", le dijeron de tó. Y le tiraron por la escalera y le pegaron (...) Yo estaba dentro (...) y le dijeron "maricón". Al padre no le hicieron ná. Fue al hijo". Es cuando Lorca pide auxilio a los Rosales. Se queda en su casa, supuestamente protegido. Pocos saben que Benet, un barbero falangista, reveló que "a Lorca le torturaron, sobre todo en el culo; le llamaban maricón y ahí le golpearon. Apenas si podía andar".

Madrugada del 18 de agosto. Hoy, en 1936. El final que todos tristemente conocemos. José Luis Trescastro, militante de Acción Popular, esa misma mañana, lo anunciaba con alegría por Granada: "Acabamos de matar a Federico García Lorca. Yo le metí dos tiros en el culo por maricón”. Tiempo más tarde, seguía vanagloriándose: “Yo he sido uno de los que hemos sacado a Lorca de la casa de los Rosales. Es que estábamos hartos ya de maricones en Granada".

El Lorca "socialista", "amigo de Fernando de los Ríos", "masón", y ejecutor de "prácticas de homosexualismo y aberración", tal y como señalaba un informe policial fechado el 9 de julio de 1965, había sido asesinado. Informe donde el poeta estaba conceptuado como "socialista por la tendencia de sus manifestaciones y por lo vinculado que estaba a Fernando de los Ríos, como también por sus estrechas relaciones con otros gerifaltes de igual signo político".

Sin duda, su compromiso político, social, cultural y su condición sexual fueron claves para entender el motivo de su fusilamiento. Bastaba ver, antes del asesinato, cómo trataba la prensa fascista a Lorca. Por ejemplo, Gracia y Justicia, órgano extremista del humorismo nacional, fundada en 1931 por Manuel Delgado Barreto, director de La Nación, difundía titulares como “Federico García Lorca o cualquiera se equivoca”. Lorca, por su homosexualidad. La revista ultraderechista El Duende, en su caso, acusó a La Barraca de ser “una pandilla de sodomitas”, denunciando que “También el Estado da dinero para La Barraca (...) ¡Qué vergüenza y qué asco!”. En junio de 1934, el órgano falangista FE recoge el testigo y acusa a La Barraca de estar pervirtiendo a los honrados campesinos españoles con “costumbres corrompidas propias de países extranjeros”, con “su promiscuidad vergonzosa” y su obediencia a los dictados del “marxismo judío”.

Pararé aquí. Hay muchas más evidencias igual de incontestables, sólo hay que buscar y, sobre todo, no querer tapar bajo el manto de las mentiras premeditadas la verdad irrebatible de que Lorca fue asesinado por motivos ideológicos y políticos, lo que, sumado a su condición sexual y a las rencillas familiares, hicieron del poeta crisol de todo lo que el franquismo quería destruir: disidencia, homosexualidad, cultura, libertad. Por cierto, sus verdugos murieron en paz. Algunos incluso ascendieron de rango y fueron condecorados con honores por sus servicios. Franco goza de un monumento en su honor sostenido con dinero público, franquistas tienen calles y Lorca sigue en una cuneta.

A mi juicio, Lorca fue asesinado por llorar cuando le daba la gana. Por ser un niño vencido en el colegio y el vals de la rosa herida. Por gemir como un pájaro con el sexo atravesado por una aguja, enemigo del sátiro, enemigo de la vid y amante de los cuerpos bajo la burda tela. Por tener la barba llena de mariposas. Por bordar en la bandera de la libertad el amor más grande de su vida. Hoy, 83 años después, su mirada verde, el forcejeo aniquilante entre el ser y la externa presión del parecer y aquel matiz que no era la verdad de su corazón son legado. Su trágico final, impulso. Le pese a quien le pese.

lunes, 1 de julio de 2019

#hemeroteca #lesbianismo | El amor lésbico (y frustrado) de Ana María Martínez Sagi: pionera, atleta y republicana

Imagen: El Español / Ana María Martínez Sagi
El amor lésbico (y frustrado) de Ana María Martínez Sagi: pionera, atleta y republicana.
Fue una mujer excepcional que cultivó todas las artes, todos los pensamientos, todos los deportes -hasta los oscuros, los de la rebeldía y el desafío-.
Lorena G. Maldonado | El Español, 2019-07-01
https://www.elespanol.com/cultura/20190701/frustrado-ana-maria-martinez-sagi-pionera-republicana/409710155_0.html

“Hoy me da pena todo: los árboles desnudos, / la calle solitaria, la tarde tan callada, los sollozos del viento que pasa enloquecido, / la canción melancólica de la fuente lejana. / La feliz inocencia de aquel niño que ríe, / la pureza inefable de sus pupilas claras, la belleza infinita de su corazón limpio / que ha de saber tan pronto todas las cosas malas”. Lo escribió una poeta. Una sindicalista. Una “virgen del stadium”, como la definió César González Ruano. Lo escribió una periodista, una lesbiana feminista, una atleta, una republicana. Lo escribió Ana María Martínez Sagi (1907-2000), una mujer excepcional que cultivó todas las artes, todos los pensamientos, todos los deportes -hasta los oscuros, los de la rebeldía y el desafío-.

Fue molesta desde temprano, la niña lúcida que nació en un nidito apacible de la burguesía catalana. Ana María era la tercera de cuatro hermanos y sin embargo fue la primera en revolverse contra la ‘figura de la dama’ que sus padres esperaban de ella. Él era un acaudalado empresario textil y tesorero del Fútbol Club Barcelona: su hija contaba que “se desvivía por auxiliar a sus obreros cuando les sobrevenía alguna desgracia y era frecuente que los visitase, en barriadas misérrimas, para aprovisionarlos de víveres”.

Ella, una señora convencional que intentó inculcar a sus crías un espíritu hogareño que no convencía en absoluto a Ana María: así lo explica Juan Manuel de Prada en el prólogo de ‘La voz sola’ (Fundación Santander), que ahora recoge su obra fundamental. Toda su vida nuestra escritora arrastró una relación espinosa con su madre.

El cuerpo
Era muy pequeña aún cuando, trasteando un día en casa, encontró en un armario un gorrito de marinero con una cinta azul sobre la que su madre había bordado con letras doradas "Alejandro": fue así como descubrió que habían deseado que naciese niño. En su hogar no se hablaba en catalán. Sus progenitores lo consideraban "lengua de payeses". Fue su niñera Soledad la figura más relevante en su infancia: con ella aprendió "la música y los giros del catalán, aprendió a rezar y a soñar, a exorcizar sus miedos y a alimentar su fantasía", con ella aprendió "a montar en los tranvías atestados y a desenvolverse entre el bullicio de la Rambla" -escribe De Prada-.

La chavala vestía moderna y su madre amenazaba con desheredarla. Ligó con su profesor de la Escuela de Artes y Oficios. Tenía problemas para menstruar: luego el mismísimo doctor Gregorio Marañón diagnosticó que sus ovarios y su matriz habían quedado atrofiados. Por recomendación médica, comenzó a hacer deporte y pronto empezó a batir récords: lo mismo le daba el esquí, que la natación, que el tenis. Llegaría a ser campeona nacional de lanzamiento de jabalina. A los 27 años se convirtió en la primera mujer miembro de la junta directiva del FC Barcelona y en la primera gran directiva futbolística.

La mente
Martínez Sagi concebía el deporte como un trampolín para que la mujer alcanzase la modernidad; una forma de enlazar cuerpo y mente para tomar conciencia de una misma y volverse poderosa -lo que algunas feministas contemporáneas llaman ‘empoderarse’-. A pesar del valor que colocó en el músculo y en la carne, Ana María era esencialmente una intelectual. Y una punki. Lo dejó claro ya a los 19 años, cuando empezó a publicar en el suplemento femenino del diario ‘Las Noticias’. Sus artículos periodísticos miraban el mundo con clarividencia, con arrojo, con vanguardia.

Hablaba con todo el mundo, bebía de todas las fuentes de la sociedad. Entrevistaba a un mendigo y a una prostituta y les trataba con los mismos honores que a un político catalán: porque era horizontal, porque entendía de dignidad, porque quería conocer la realidad pieza a pieza, asumiendo que ‘todas eran igual de importantes’.

Se arrancó el último pelo de la lengua y empezó a escribir -o a disparar- en prensa sobre el sufragio femenino, dejando en pañales a esa izquierda hipócrita que quería tutelar a las mujeres -no fuese que no votasen lo que ellos querían, influenciadas por sus maridos o por la Iglesia-. En el contexto de su activismo feminista, fundó el primer club de trabajadoras de Barcelona, que pretendía impulsar la alfabetización de la población femenina. También arremetió dialécticamente contra la aristocracia y la monarquía. Su exposición política -tan obvia- le jugó malas pasadas, y decidió rebajar levemente el tono.

La poesía
A finales de 1929, Ana María publico ‘Caminos’, su primer poemario; una obra "amorosa y triste que busca por caminos espinosos, que arañan y muerden -caminos de dolor- ese dulce sufrir, esa ansia ácida, creadora de los héroes inmortales del poema y la novela, que se llama amor", como dijo entonces la prestigiosa Sara Insúa. En ese libro se desviste, se derrama, se confiesa. Se observa en ‘Luz y barro’, uno de sus poemas más memorables, en el que revela lo mucho que le repugna el hombre sátiro: "No te acerques pues, hombre. Tú estás hecho / de carne y de deseo... El aliento que sale de tu boca / abrasa. / Me asquean tus caricias. Cuando besas, / me dejas en los labios una mancha".

Ahí asomaba ya, de alguna manera, su inclinación lésbica. Fue ese poemario el que elogió locamente la escritora Elisabeth Mulder, otro ser brillante como ella, y al tiempo acabarían conociéndose y entablando una relación íntima "que para Mulder, seguramente, no significó lo mismo que para nuestra autora", precisa De Prada. Lo cierto es que Elisabeth ya era poeta consagrada, había enviudado joven y tenía un hijo pequeño, de siete años. Ana María no era su prioridad.

A Mulder le dedicó ‘El encuentro’: "Me encontré frente a ti. Me miraste. / Pude yo aún balbucir una frase banal. / Fue tu sonrisa lívida... Más tarde te alejaste. / Después nada... La vida... Todo ha seguido igual". Sería su musa recurrente -y maestra literaria- en ‘Inquietud’, su siguiente obra, y en ‘Amor perdido’, y, una vez más, en el libro inédito ‘La voz sola’, que es el que hoy nos ocupa. "Todos esos poemas son constantes referencias a unas vacaciones que ambas autoras pasaron juntas en Alcudia (Mallorca) durante la Pascua de 1932 y que tal vez fueron la culminación de su problemático e intenso idilio, también el embrión o detonante de una posterior ruptura".

Mujer-esfinge,
misteriosa, enigmática, compleja.
Abismo de inquietud, sima profunda,
captadora de estrellas.


De Prada llega a sostener que a Mulder acabó resultándole "algo embarazosa" la veneración que Ana María le tributaba. Se sintió agobiada, le cogió tirria: tenía pánico de que su relación homosexual acabase calando su literatura. Es más, de que la ‘transparentase’. Hubiese sido un escándalo que podía haber acabado con su carrera. Tampoco el entorno de Ana María lo hubiese entendido.

Al terminar la guerra civil, nuestra poeta se exilió a Francia, donde formó parte de la Resistencia. En la década de los cincuenta, se fue a EEUU a dar clases de francés en una universidad. Volvió a España en 1975, con Franco ya muerto, y quiso pasar desapercibida: no agitó más los lugares de sus buenos recuerdos. Detestó siempre en bajito al país que nunca entendió sus ansias de igualdad y de libertad. El país que no entendió que ella era todas las mujeres.

Es en mi sangre en mi cuerpo
donde me dueles España.
En mi pensar libre y limpio.
En mi alma.
Como una cruz
clavada.
(...)
¿Qué hiciste de Fray Luis
de Cervantes de Quintana
de Quevedo de gracián
de la fabulosa hazaña
que Colón preso insultado
ofreciera a tus monarcas?
(...)
Destierras. Persigues. Odias.
Condenas. Calumnias. Matas
la flor de la inteligencia
de la entereza y la gracia.
Desagradecida tierra.
Intolerante. Iletrada.
La que desterró a Unamuno.
La que asesinó a mansalva
a aquel poeta inocente
que a los gitanos amaba.

sábado, 27 de abril de 2019

#hemeroteca #mujeres #memoria | Cuando se quemaban libros también se asesinó a la bibliotecaria Juana Capdevielle

Imagen: El Salto / Juana Capdevielle (i) en el Ateneo de Madrid
Cuando se quemaban libros también se asesinó a la bibliotecaria Juana Capdevielle.
La primera jefa de biblioteca de la universidad española, que estaba embarazada, fue asesinada en una cuneta el mismo día que fusilaron a García Lorca en Granada.
Félix Población | El Salto, 2019-04-27
https://www.elsaltodiario.com/los-nombres-de-la-memoria/cuando-se-quemaban-libros-tambien-se-asesino-a-la-bibliotecaria-juana-capdevielle

Recientemente se celebró un año más la llamada Fiesta del Libro, que en Cataluña se acompaña de rosas, y la ocasión se presta a rememorar la importancia que el libro, la escuela y las bibliotecas tuvieron durante la República. También se presta para recordar que procedemos de una larga autarquía cuya primera y marcial andadura, al paso alegre de la paz, no sólo consistió en llevar a cabo una en extremo cruel y vengativa oleada de represión con numerosas ejecuciones, encarcelamientos y destierros de todos aquellos ciudadanos comprometidos en la defensa de la segunda República, sino en quemar miles de libros que se consideraban peligrosos para la salud y pervivencia del nuevo Estado nacional-católico.

A imagen y semejanza de lo ocurrido en la Alemania nazi, aliada de Franco en la Guerra de España, en nuestro país hubo quemas de libros a cargo de las tropas golpistas en muchas de las ciudades ocupadas. Recomiendo a este propósito el interesante artículo de Francesc Tur ‘El bibliocausto en la España de Franco (1936-1939)’. Cuenta Tur que la primera quema pública de libros tuvo lugar en La Coruña el 19 de agosto de 1936. Ardieron en varias hogueras prendidas en la dársena del puerto, frente al Club Náutico. Se trataba de la biblioteca personal de quien había sido fugaz presidente del Consejo de Ministros ese año, Santiago Casares Quiroga, y de la biblioteca del centro de estudios sociales Germinal. Se calcula que más de un millar de volúmenes fueron pasto de las llamas. La selección había sido obra, como en El Quijote, de un cura apellidado Maseda y la gacetilla periodística fue redactada de este modo en el diario El Ideal Gallego: “A orillas del mar, para que el mar se lleve los restos de tanta podredumbre y de tanta miseria, la Falange está quemando montones de libros y folletos de criminal propaganda comunista y antiespañola y de repugnante literatura pornográfica".

Pero no sólo se quemaron libros nocivos para la salud e integridad del viejo régimen. También fueron asesinadas, y precisamente en Galicia, algunas de aquellas personas que llevaron a cabo una importante labor social y educativa al frente de editoriales y bibliotecas, como son los casos del director de la editorial gallega Nos, Anxel Gasol, y el de Juana María Capdevielle San Martín (Madrid, 1905-Rábade, Lugo, 1936), una joven pedagoga y bibliotecaria cuyo nombre tiene una especial significación, pues se trata de la primera mujer que fue jefa de una biblioteca en la universidad española, en concreto, de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Madrid. Accedió al cargo en 1933, compatibilizando esa función, además, con una labor no menos destacada como jefa técnica de una de las más importantes bibliotecas del país, la del ateneo de Madrid.

Cuenta Clara Herrera Tejada en ‘Juana Capdevielle, bibliotecaria del Ateneo de Madrid (1933-1936)’ que por los años treinta la biblioteca de ese centro era un hervidero de ideas y de jóvenes ávidos de conocimiento. En un artículo firmado en la revista Crónica el 1 de julio de 1934 por la periodista Josefina Carabias se refiere al ambiente femenino que se respiraba en aquellos salones, en los que suponíamos mucho más consistente la presencia y prestancia masculinas: "Hoy en día en el ateneo se ven casi tantas mujeres como hombres -escribe Carabias-. Las jóvenes estudiantes están en mayoría, y las viejas sabihondas que alternaban con Unamuno han desaparecido por completo".

El 6 de diciembre de ese mismo año, en el diario Ahora se publica un artículo del ateneísta José Pérez Bojart en el que aparece una fotografía de "la bella y culta bibliotecaria" trabajando en su despacho. El autor define a Juana Capdevielle como una bibliotecaria "asectaria, amplia e integral, en que la han nutrido su espíritu todos los izquierdistas y derechistas españoles que tienen algo en la cabeza".

También sabemos, a modo de muestra fehaciente de la actividad cultural que fomentaba la joven bibliotecaria en la prestigiosa institución madrileña, que por petición expresa de Capdevielle el grupo de teatro ambulante La Barraca, tan querido y unido a la memoria de Federico García Lorca, realizó en el ateneo la última representación antes de la Guerra Civil de la obra de Lope de Vega ‘El caballero de Olmedo’, en la primavera de 1936, según hace constar la actriz María de Carmen García Lasgoyti en el libro de Luis Sáenz sobre La Barraca. Es una pena que de aquella representación no queden testimonios documentales en los archivos del centro, del que se hizo socio y voraz lector de su biblioteca García Lorca a su llegada a Madrid, según cuenta en una carta a sus padres en 1919. El poeta sería elegido en 1934 vicepresidente de la Sección de Literatura, por lo que cabe colegir su amistad con Juana.

Fue en ese ambiente de gran pujanza cultural e intelectual donde Capdevielle conoció al que luego sería su marido, Francisco Pérez Carballo, militante de Izquierda Republicana y socio del ateneo madrileño desde 1926, en el que llegaría a ocupar importantes cargos. Fue en la biblioteca de ese centro donde estudió la carrera universitaria y preparó sus oposiciones para oficial letrado del Congreso de los Diputados. Juana y Francisco se casaron en marzo de 1935, siendo ya oficial letrado de las Cortes de la República, cargo que dejaría al ser nombrado en abril de ese mismo año gobernador civil de La Coruña, por lo que su esposa pidió un permiso de tres meses sin sueldo para trasladarse a la capital gallega.

Una vez en marcha el golpe militar en julio de 1936 y habiendo caído de inmediato Galicia en manos de los facciosos, el marido de Juana quiso que se refugiara en la casa de unos conocidos mientras él permanecía en la sede del gobierno civil. Al cabo de unos días, al no tener noticias suyas, Juana llamó al gobierno civil para saber el paradero de su marido, según cuenta Clara Herrera en la aludida comunicación. Obtuvo como única respuesta que se la recogería para ser conducida a su lado. De este modo fue detenida y encarcelada, sabiendo entonces que su marido había sido fusilado el 24 de julio en Punta Herminia, cerca de la Torre de Hércules. Antes de ser asesinado a lo veinticinco años de edad, Francisco tuvo tiempo para escribir una breve carta de despedida a su esposa, en la que le decía que era lo más hermoso que tenía en la vida y que mientras pudiera pensar, pensaría en ella. En los primeros días de agosto fue liberada con la prohibición de que siguiera residiendo en A Coruña. Fue recogida en Culleredo en casa del diputado de Izquierda Republicana Victorino Veiga y allí recibió la orden de deportación que no le dio tiempo a cumplir. La noche del 17 de agosto fue a buscarla la Guardia Civil para correr la misma fatal suerte que su marido. Fue asesinada a los treinta años en el kilómetro 526 de la carretera N-VI, cerca de Rábade.

Ese mismo día había sido fusilado en Granada su amigo Federico García Lorca, con quien compartió los años en que el ateneo de Madrid fue un hervidero de ideas y La Barraca dio su última función. Es seguro que el poeta se espantaría de dolor y rabia ante el cadáver de Juana, en cuyo vientre se gestaba una nueva vida, como la de aquella República a la que no dejaron crecer.

martes, 23 de abril de 2019

#hemeroteca #teatro #memoria | María Lejárraga, la autora de éxito que escribía las obras que firmaba su marido

IMagen: El Diario / Ensayo de 'Firmado Lejárraga'
María Lejárraga, la autora de éxito que escribía las obras que firmaba su marido.
El Centro Dramático Nacional estrena una pieza de Vanessa Montfort sobre una de las escritoras españolas más importantes y desconocidas del siglo XX. Eclipsada por la sombra de su marido, el director Gregorio Martínez Sierra, la prolífica autora de ‘Canción de cuna’ simboliza la discriminación de las mujeres en la cultura. "He querido aportar mi perspectiva de ella, no sólo como mujer sino también como dramaturga. He mirado a María Lejárraga de autora a autora", señala Montfort.
Miguel Ángel Villena | El Diario, 2019-04-23
https://www.eldiario.es/cultura/teatro/Maria-Lejarraga-autora-escribia-firmaba_0_891361099.html

La desconocida para el gran público María Lejárraga (La Rioja, 1874-Buenos Aires, 1974) fue sin duda la dramaturga española más prolífica de todos los tiempos y una de las mujeres más sobresalientes de la cultura española del siglo XX. Pero lamentablemente la gente no supo de su talla ni de su maestría hasta que se confirmó, en fechas bastante recientes, que la autora de ‘Canción de cuna’, del libreto de ‘El amor brujo’ o de docenas de obras teatrales y de libretos musicales había escrito en realidad esas piezas que firmó su marido, el director y productor teatral Gregorio Martínez Sierra.

Descubierto poco a poco el fraude literario, la inmensa figura de Lejárraga se ha ido abriendo paso en la historia cultural, pero restaba que la fascinante vida de la dramaturga subiera a escena. Por ello, el Centro Dramático Nacional (CDN) encargó a la escritora Vanessa Montfort (Barcelona, 1975) ‘Firmado Lejárraga’, una pieza que se ha estrenado este 23 de abril en el teatro Valle Inclán, de Madrid.

En un descanso de los ensayos de la obra, Montfort no vacila al afirmar, en charla con eldiario_es, que nunca se había encontrado con un personaje tan fascinante como la escritora y política feminista María Lejárraga. "Soy consciente", comenta la dramaturga y también novelista, "que el legado de ella permite que mi nombre aparezca hoy en un cartel del CDN. Por ello, el equipo que ha estrenado ‘Firmado Lejárraga’ ha querido que el apellido de esta autora aún sumergido, fuera visible desde el mismo título".

Nacida en una familia acomodada y liberal que le facilitó una educación de élite para una mujer de fines del XIX y principios del XX, Lejárraga comenzó a destacar desde muy joven. A partir de su matrimonio con el director, escritor y productor teatral Gregorio Martínez Sierra, la pareja se convierte en un tándem de éxito, en una marca cultural cuyas obras triunfan en los escenarios y renuevan el panorama teatral con las nuevas corrientes modernistas.

En el ambiente de las élites culturales del primer tercio del XX, el matrimonio entabla amistades y relaciones profesionales con la flor y nata del teatro, de la música y de la literatura de la época como los músicos Manuel de Falla y Joaquín Turina o los escritores Juan Ramón Jiménez o Federico García Lorca. Pero María siempre aparece públicamente a la sombra de su marido porque escribe en la intimidad de su domicilio las obras, libretos o cuentos que firma Martínez Sierra.

"Hoy en día", sostiene Montfort, "ya no cabe ninguna duda de que ella era la autora y él quien dirigía y producía las obras. Es cierto que resultó una fructífera colaboración, pero autor es quien escribe y nadie más. Está también descartado por los investigadores que escribieran a cuatro manos como hicieron en el teatro los hermanos Álvarez Quintero".

La dramaturga y narradora catalana, que acaba de publicar la novela ‘El sueño de la crisálida’ (Plaza&Janés), ha reunido una amplísima documentación, ha hablado con familiares de Lejárraga y ha entrevistado a historiadores, como Patricia W. O'Connor, expertos en la autora de ‘Canción de cuna’, una obra muy famosa que ha sido llevada al cine en varias ocasiones.

Además, Montfort se ha servido de la autobiografía de la dramaturga, ‘Gregorio y yo, medio siglo de colaboración’, que sorprendentemente no fue publicada en España hasta el año 2000 y donde se desvela la verdadera autoría. Para responder a la incógnita de si María Lejárraga fue autora, coautora o una colaboradora ocasional de su marido, el montaje del CDN sitúa en escena a cuatro investigadores que representan las distintas posturas de quienes la estudian y cuyos personajes se desdoblan también en Falla, Turina, Juan Ramón Jiménez o el propio Martínez Sierra. Todos ellos en contraste con el fantasma de la mismísima María Lejárraga en una fantasía metateatral que permite los saltos entre el presente y el pasado en un espacio escénico formado por un despacho-biblioteca repleto de libros, documentos, muebles y objetos personales del matrimonio.

Más allá de las asombrosas peripecias vitales de una escritora que llegó a centenaria, ‘Firmado Lejárraga’ supone un viaje por la situación de las mujeres en nuestro país. Fundadora de instituciones clave en el progreso de las mujeres como el Lyceum Club en los años veinte, María Lejárraga se implicó en la política y en el feminismo a partir de la instauración de la República, ya separada de su marido, hasta el punto de que se afilió al PSOE y fue elegida diputada por Granada en 1933.

El comienzo de la Guerra Civil la sorprendió en el extranjero y el Gobierno republicano la nombró para cargos diplomáticos en Suiza. A partir del final de la contienda, Lejárraga marchó camino del exilio en Francia, México, Estados Unidos y finalmente Argentina, donde falleció en 1974.

Durante la Guerra Civil y los años cuarenta, la escritora cesó en su actividad literaria que retomaría en los cincuenta con dos relatos autobiográficos, el citado ‘Gregorio y yo’ y ‘Una mujer por los caminos de España’, ya firmados con su nombre.

Entretanto, su marido había fallecido en Madrid en 1947 tras años de convivencia con la actriz Catalina Bárcena, con la que tuvo una hija. "Nunca antes", explica Vanessa Montfort, "he escrito una obra teatral en la que fuera tan importante construir el contexto del personaje".

Los tres exilios de Lejárraga
"Al feminismo actual podría parecerle contradictorio el discurso político y de igualdad de Lejárraga con la forma en que vivió. Ahora bien, hay que situarse en aquella época y ni he querido ocultar las contradicciones de la escritora ni tampoco demonizar al marido, que fue un excelente productor teatral, en juicios maniqueos. Como siempre ocurre hay más preguntas que respuestas", añade la dramaturga.

En cualquier caso, ‘Firmado Lejárraga’ supone la primera obra de ficción sobre aquella escritora en un montaje que ha sido dirigido por Miguel Ángel Lamata e interpretado por Cristina Gallego, Eduardo Noriega, Jorge Usón, Alfredo Noval y Gerald Fillmore, que permanecerá en cartel entre el 23 de abril y el 5 de mayo en Madrid con la posibilidad de una gira posterior.

A la hora de preguntarle a Vanessa Montfort por una palabra que defina la intensa y agitada vida de su personaje no duda en señalar la de exilio. "La autora", señala su contemporánea colega, "vivió tres exilios. El emocional en Niza, adonde se retira para huir de los rumores sobre la crisis de su matrimonio; el de la guerra que la obliga a recalar en varios países hasta que se asienta en Argentina y mientras sus libros y su firma son prohibidos en España; y, por último, el exilio de la memoria, ese limbo que tanto me interesaba y en el que ha permanecido injustamente hasta ahora. Pero creo que María Lejárraga ha vuelto por fin para quedarse".

martes, 26 de marzo de 2019

#libros #politica #identidades | Indalecio Prieto: la nación española y el problema vasco : textos políticos

Indalecio Prieto: la nación española y el problema vasco : textos políticos / Ricardo Miralles Palencia.
Bilbao : UPV/EHU, 2019 [03-26].
364 p.
ISBN 9788413190136 / 24 €

/ ES / ENS
/ España / Historia – Siglo XX / Identidades / País Vasco / Política / PSOE / Segunda República

Indalecio Prieto Tuero (1883-1962), ‘socialista a fuer de liberal’, como se intituló él mismo, fue un reformista, que entendió el socialismo como la culminación del liberalismo. Le importó siempre el carácter político del régimen existente y se preocupó por movilizar a la opinión pública y por vocear su estado de espíritu en el ámbito máximo de la soberanía nacional: el Congreso de los Diputados, donde concebía que se hallaba ‘la fuente de toda energía política’.

Si se le compara con sus compañeros de organización, el PSOE, íntimamente preocupados por el crecimiento ‘orgánico’ del Partido Socialista, a la espera de la revolución, Prieto fue un dirigente activo, dispuesto a usar de la política parlamentaria y/o gubernamental para transformar la realidad de España. Por ello, para Prieto, ni la divisoria fue nunca la clase, sino el carácter político del régimen existente, ni el interés nacional coincidió con el interés de clase. De ahí que este socialista ‘político’, ‘reformista’, de raíz liberal, hiciera siempre imperativa la presencia del Estado, como instrumento de cambio y modernización de España.

En relación a la llamada ‘cuestión vasca’, Indalecio Prieto la vivió en primera persona desde que amaneció a la vida pública en 1911, aunque su aportación fundamental a la resolución de dicha ‘cuestión vasca’, la hizo durante la II República. Fue entonces cuando Prieto situó el ‘problema vasco’ en una dirección ‘constituyente’, al concebir el Estatuto de autonomía otorgado al País Vasco por la República como formando parte de la ordenación constitucional española, incardinada, por tanto, en un mismo proyecto de democratización y modernización de España.

martes, 19 de febrero de 2019

#hemeroteca #mujeres #historia | Halma Angélico, la anarquista repudiada por la República

Imagen: El País / Halma Angélico
Halma Angélico, la anarquista repudiada por la República.
El CDN rescata la figura de esta escritora, única mujer que estrenó en el Teatro Español durante la guerra civil.
Rocío García | El País, 2019-02-19
https://elpais.com/cultura/2019/02/19/actualidad/1550570698_116430.html

Fueron sus propios compañeros anarquistas los que acabaron con ella. Halma Angélico, una escritora católica y militante de la CNT, una rotunda y temperamental feminista, fue tachada de contrarrevolucionaria por ensalzar, en plena guerra civil, los valores de la educación y el amor frente al horror de la batalla. Fue la única mujer que en plena Guerra Civil estrenó en el Teatro Español, en una ciudad asediada y bombardeada. Fue en agosto de 1938 con la obra ‘Ak y la humanidad’, un montaje basado en un cuento ruso en el que Angélico añadió el personaje de un fantasma que denunciaba lo absurdo de la guerra y el odio desatado –“hay que mejorar la humanidad, no destruirla”, decía-. Tenía entonces 50 años, estaba separada y era madre de dos hijos, uno de ellos en el frente. Fue acusada de provocar el desaliento en el frente y, a las dos semanas del estreno, tras una campaña de acoso febril por parte de la prensa y de responsables del sindicato anarquista, la función fue prohibida. “Si yo fuera un hombre no estaría en esa situación”, denunció Halma Angélico, seudónimo de María Francisca Clar Margarit, que envió una carta de renuncia como militante de CNT. Fue el final de esta creadora y ensayista incansable. Ya no volvió a escribir más. Encarcelada unos meses nada más acabar la guerra, murió en silencio y en la ruina catorce años más tarde.

El Centro Dramático Nacional recupera la figura de esta mujer con la obra ‘Halma [En letra grande]’, escrita y dirigida por Yolanda García Serrano (Madrid, 1958) y protagonizada por Ana Villa y Enrique Asenjo. La sala El mirlo blanco, en el Teatro Valle Inclán, será testigo desde el 19 de febrero hasta el 3 de marzo, de la rabia y la desesperanza de una mujer, presidenta del Lyceum Club Femenino durante la República, incapaz de derribar el muro de odio que se alzó contra ella. “Los buitres acechan la destrucción de la humanidad”, denunció.

“Ha llegado la hora de hacer lo que ella no pudo”, se propuso Yolanda García Serrano, Premio Nacional de Literatura Dramática en 2018 por ‘¡Corre!’, fascinada por una mujer que nunca debió de caer en el olvido. No ha sido tarea fácil. La dramaturga, que apenas encontró un par de fotos de ella, ha pasado muchos meses en la Biblioteca Nacional empapándose de todas las obras escritas por Angélico, ensayos, novelas, artículos o teatro, e investigando en la prensa de la época. Ha descubierto a una mujer moderna, luchadora feminista, que defendía la maternidad sin padre y que abogaba por la enseñanza como la clave de la humanidad. “Sus artículos los podría escribir yo hoy mismo. Me sentí como una alma gemela. Pienso como pensaba ella. Me llamó mucho la atención el hecho de que nunca más volviera a escribir y de que decidiera quedarse en España a pesar de las ofertas que tuvo para exiliarse”, explica la dramaturga, que apenas encontró un par de fotos de ella.

La función teatral imagina, con datos reales, el encuentro, en un escenario poblado de libros, de Halma Angélico y el director y actor de ‘Ak y la humanidad’, Manuel González, en medio de la campaña de acoso que sufrió la autora. “Nunca la perdonaron que denunciara que el derramamiento de sangre no tenía justificación, que los dos años de guerra no conducían a nada”, lamenta García Serrano que guarda primorosa en el móvil una nueva imagen de Halma, que le ha enviado la bisnieta de la escritora, feliz y orgullosa cuando se enteró de que, por fin, su bisabuela iba a salir del injusto agujero de silencio.

viernes, 6 de julio de 2018

#hemeroteca #federicogarcialorca | IU lleva al Congreso la solicitud para conceder el Nobel de Literatura a García Lorca

Imagen: El Diario / Federico García Lorca en la Residencia de Estudiantes de Madrid
IU lleva al Congreso la solicitud para conceder el Nobel de Literatura a García Lorca.
Izquierda Unida propone a la Academia Sueca "la modificación de sus normas" para permitir el galardón al poeta granadino. Según el manifiesto de la iniciativa, de esta forma se daría respuesta "al terrible asesinato de un ciudadano que legítimamente luchó por la Segunda República".
El Diario, 2018-07-06
https://www.eldiario.es/cultura/politicas_culturales/IU-Congreso-Academia-Sueca-Literatura_0_789871332.html

Izquierda Unida, a través de sus tres diputados andaluces Alberto Garzón, Miguel Ángel Bustamante y Eva García Sempere, ha registrado una iniciativa para que el Congreso inste al Gobierno a "solicitar y promover ante la Academia Sueca la modificación de sus normas o, en su defecto, la excepcionalidad de este caso", para así permitir el premio Nobel de Literatura a título póstumo para Federico García Lorca.

Esta proposición no de Ley coincide con el 120 aniversario del nacimiento del autor en la localidad granadina de Fuente Vaqueros, donde desarrolló gran parte de sus reconocidas obras de poesía, teatro y narrativa que le convirtieron en una de las figuras más destacadas de la Generación del 27 de la que formó parte. "Una época dorada para la cultura española", según destaca IU.

Sin embargo, la entrega de premios a título póstumo es una práctica que actualmente no contempla la organización de los Nobel, motivo por el que el partido de izquierdas hace un "llamamiento específico al Ejecutivo español para que actúe ante los responsables suecos" para reconocer, según estos, " la trayectoria de una persona excepcional, símbolo inmortal del diálogo entre la literatura y la sociedad civil".

Unos restos todavía en paradero desconocido
En el manifiesto, Garzón, Bustamante y García Sempere recalcan que se trata de "un poeta y dramaturgo universal, no tanto por su muerte trágica a manos de los rebeldes franquistas en agosto de 1936, cuanto por la calidad de su obra y su repercusión general". De esta manera, añaden los diputados, se daría una respuesta " al terrible asesinato de un ciudadano que legítimamente luchó por la Segunda República y por las ideas de progreso".

Asimismo, IU también hace referencia al paradero todavía desconocido de García Lorca, que "asesinaron hace más de 80 años, pero sus restos aún no han aparecido" aunque sus obras sí que estén "en todas las universidades, institutos y escuelas del mundo".

Por otro lado, los firmantes del manifiesto consideran que tampoco "podemos olvidar el innegable compromiso de García Lorca con la causa de la liberación de las mujeres, su apuesta por la igualdad entre sexos en una época y un país dominado por el patriarcado, el clero y la reacción", motivos por los que, según los políticos, "en estos tiempos de despertar del movimiento feminista", el poeta debe ser merecedor de dicho reconocimiento.

"No hay conversación alguna que se inicie en cualquier rincón de España sobre García Lorca que no concluya con la seguridad que de haber vivido habría alcanzado el Premio Nobel de Literatura", concluye la iniciativa de IU, no sin antes hacer referencia a otros cuatro escritores que sí fueron elegidos por la Academia Sueca: Juan Ramón Jiménez, Vicente Aleixandre, Gabriel García Márquez y Pablo Neruda.

Y TAMBIÉN…
Un Nobel de Literatura para García Lorca.
IU lleva al Congreso la solicitud a la Academia Sueca para que conceda el Nobel de Literatura a García Lorca a título póstumo.
Cuarto Poder, 2018-07-06
https://www.cuartopoder.es/cultura/literatura/2018/07/06/un-nobel-de-literatura-para-garcia-lorca/

miércoles, 4 de julio de 2018

#hemeroteca #memoria | La continua tergiversación de la República española y de la Generalitat republicana en Catalunya

Imagen: El País / Juan Negrín, Presidente de la República, en el frente del Ebro en 1938
La continua tergiversación de la República española y de la Generalitat republicana en Catalunya.
Vicenç Navarro | Público, 2018-07-04
http://blogs.publico.es/vicenc-navarro/2018/07/04/la-continua-tergiversacion-de-la-republica-espanola-y-de-la-generalitat-republicana-en-catalunya/

El olvido de la memoria histórica ha permitido la continuación de una versión tergiversada de la historia de este país promovida por los partidos conservadores (que, a nivel de calle, se conocen como las derechas) que presenta la República como un periodo oscuro, liderado por unos políticos y partidos incompetentes e instrumentalizados por la Unión Soviética –tales como Juan Negrín- y por los comunistas –como el PSUC en Catalunya-, todos ellos responsables de un enorme dolor que se impuso a la población y muy en especial a los combatientes de la Guerra Civil. La última versión de tal tergiversación se ha reproducido en amplios sectores conservadores del nacionalismo catalán, conocidos por su profundo anti-izquierdismo. Sus máximos enemigos fueron los llamados nacionales –los golpistas fascistas- y, al mismo nivel de responsabilidad, los gobiernos republicanos progresistas españoles –como el presidido por Juan Negrín-, así como el gobierno de izquierdas de la Generalitat de Catalunya presidido por Lluís Companys. Esta visión se presenta en varias versiones. Pero lo que considero también preocupante es que algunos sectores del socialismo español –pertenecientes a la sensibilidad largocaballerista- también consideraron que el fin de la República fue determinado o acelerado por las políticas del gobierno republicano de Juan Negrín, el cual es presentado como un mero títere en manos de la Unión Soviética liderada por Stalin.

Cómo estas tesis aparecen en una de las obras de teatro más exitosas en Catalunya: “In Memoriam. La Quinta del Biberón”

Un ejemplo del primer tipo de tergiversación, consecuencia de su profundo anticomunismo, es la obra que lleva tal nombre, que ha sido un gran éxito esta primavera en el Teatre Lliure de Barcelona, que termina cada noche con una ovación a cuerpo levantado de la audiencia (de clase media de renta media-superior), que llena a rebosar el teatro. La obra parece a primera instancia un merecido homenaje a los soldados de la Quinta del Biberón (llamada así por estar compuesta por soldados muy jóvenes) que lucharon duramente en el frente del Ebro, defendiendo un territorio que, según el narrador de la obra de teatro, “todos sabían que perderían”. En definitiva, se les asignó un objetivo inalcanzable: batallar en una guerra en la que no podían vencer.

El escenario de tal obra de teatro es la presentación por parte de un grupo de soldados pertenecientes a la Quinta del Biberón del sufrimiento que padecieron y de la inutilidad de su sacrificio. La tesis del autor de la obra teatral, Lluís Pasqual i Sánchez (director también del Teatre Lliure), es que los causantes de tanto sacrificio (que incluye también el sacrificio que sufrieron los combatientes en los dos bandos de la Guerra Civil) fueron los gobiernos de estos dos bandos, tanto el del bando fascista –definido también en la obra teatral como el bando nacional- como el del bando republicano. Esta equidistancia de responsabilidades es un elemento clave en la obra. A cada personaje, a cada frase retórica, a cada canción de un bando que aparece en la pantalla que hay en el escenario, hay otra del otro bando. Así, en la lista de culpables aparece no solo Franco, sino también Negrín, el presidente del Gobierno español, y Lluís Companys, el presidente de la Generalitat; no solo Queipo de Llano, sino también el general Líster, y no solo los nazis y fascistas italianos, sino también los comisarios soviéticos y sus aliados comunistas. En realidad, cada vez que aparece un dirigente fascista, en la pantalla grande (que sirve para describir el contexto histórico) aparece inmediatamente después un dirigente republicano: cada vez que aparece una frase del lado golpista aparece también críticamente una frase del lado republicano. Esta equidistancia requiere poner a los republicanos del gobierno Negrín y a los comunistas al mismo nivel que los fascistas. Su anticomunismo -que satisface a las derechas conservadoras y a los socialistas largocaballeristas por igual- aparece constantemente en la obra, al atribuirles gran responsabilidad por el enorme sufrimiento.

La equivalencia del comunismo con el fascismo

Esta tesis de equidistancia y equivalencia entre fascismo y comunismo es una característica del pensamiento dominante hoy en España y en gran parte de Europa. Esta equidistancia es esencial para sostener la tesis central de esta obra teatral, que es la tesis de un humanismo pacifista muy atrayente, que denuncia la insensibilidad del poder –los gobiernos tanto fascistas como comunistas y/o republicanos- hacia la vida de los jóvenes a los que envía al frente y a la muerte. Es un mensaje poderoso, muy bien presentado, que moviliza al público que llena el teatro noche tras noche, aplaudiendo al final de pie.

La única vez que la obra se adentra en el contexto político de lo que está presentando, analizando la naturaleza del conflicto, es cuando aparece descrita la causa de dicho conflicto militar como el conflicto del Estado fascista en contra de Catalunya. Y aun cuando ello corresponde a una realidad, no existe ningún intento de explicar tal conflicto más allá del eje nacional, ya que nunca se hace referencia a que este conflicto era predominantemente (y a nivel de toda España) una clara lucha de clases entre la estructura de poder económica y política que había dominado siempre la vida del país por un lado, y las fuerzas representantes de las clases populares por el otro, las cuales, con sus reformas, afectaron los intereses de las clases pudientes, que apoyaron el golpe militar y el conflicto que se llama Guerra Civil. La República Española, ante el golpe militar, tenía el derecho de tomar las armas, y los errores que hubieran ocurrido en el campo militar no pueden borrar tal realidad y con ello hacernos ahora pacifistas. El Réquiem y el coro casi religioso del final, con el que la obra termina, presentan un acento humanista que, en voz de uno de los soldados, define todas las guerras –la Guerra Civil incluida- como inútiles, crueles y carentes de sentido, lo que parece negar tal derecho.

Los silencios y falsedades de las tesis centrales que se reproducen en la tergiversada historia de España y Catalunya, y en “In Memoriam”

Ni que decir tiene que la obra hace una buena labor en presentar los horrores de cualquier guerra en general y de la Guerra Civil en particular. Y presenta también información de la brutal represión que siguió a la victoria fascista, estableciendo una de las dictaduras más sangrientas que haya habido en el siglo XX, aunque podría haber añadido más datos, como por ejemplo (tal como ha documentado uno de los mayores conocedores del fascismo europeo, el profesor Malefakis de la Universidad de Columbia de Nueva York) que por cada asesinato político que hizo Mussolini, Franco hizo 10.000 (¡!). En la descripción de la represión, como hijo de maestros represaliados por el fascismo, me sorprendió agradablemente el reconocimiento que hace la obra de la represión contra los maestros republicanos (apenas conocida) que ocurrió durante la dictadura.

Ahora bien, el problema que tiene la obra es que en ninguna parte hay una explicación del porqué la Guerra Civil ocurrió. En su intento de responsabilizar a los dos bandos por la violencia en el frente, jamás cita qué significaban y representaban cada uno de los bandos. En tal mensaje se demoniza a la República y a su gobierno, el cual había sido responsable de algunos de los cambios más significativos que tuvieron lugar en España y en Catalunya en la primera mitad del siglo XX. La República, a pesar del poco tiempo que tuvo, instauró la escuela pública, la seguridad social, dos reformas agrarias, el divorcio, el voto femenino, reforzó a los sindicatos, y una larga lista de reformas, todas ellas medidas que estaban cambiando la correlación de fuerzas en España, incluyendo en Catalunya, y que causaron el golpe militar fascista. Es más, se estaba configurando una nueva visión de España, rompiendo con el Estado monárquico jacobino uninacional que había sido el mayor responsable del enrome retraso económico, político, social y cultural de España y de Catalunya.

Ni que decir tiene que hubo muchos errores, pero estos no pueden ocultar los grandes logros que se habían alcanzado para las clases populares de los distintos pueblos y naciones de España. Poner a los gobernantes republicanos en la misma categoría que los golpistas fascistas (que habían interrumpido aquel período democrático en defensa de sus intereses) es profundamente ofensivo para todos los participantes en aquellos eventos, incluyendo a los que dieron su vida en defensa de la República, entre ellos los miembros de la Quinta del Biberón. El hecho de que la Quinta del Biberón fuera derrotada no convierte su muerte en inútil. Y es criticable que los autores de la obra utilicen el enorme dolor y sacrificio de los combatientes para promover su mensaje pacifista humanitario, sin nunca explicar las consecuencias que habría tenido para la República abandonar las armas.

La supuesta atribución de alargar la guerra a la Unión Soviética y a su supuesto títere, el presidente Negrín

Este argumento, reproducido ad nauseam por las derechas en España, incluyendo en Catalunya, y también por algunas izquierdas anticomunistas, que atribuye el desastroso final de la República al supuesto dominio del Gobierno de Negrín por parte de la Unión Soviética, ha sido cuestionado extensamente en la historiografía actual, señalando su falta de veracidad. Durante la dictadura (1939-1978) y durante la democracia que se estableció como consecuencia de una transición inmodélica (debido al enorme dominio que las derechas herederas del fascismo tuvieron en el proceso de transición y en la democracia que le siguió) tal versión del fin de la República fue la dominante en amplios círculos del establishment político-mediático del país. Repito que la evidencia que se ha ido acumulando y que alcanza dimensiones considerables muestra, sin embargo, la enorme falsedad de este argumento.

La obra de teatro culpabiliza a Negrín de la política de continuar la resistencia (“resistir y resistir”), el mismo Negrín que la historiografía dominante hoy en España considera un mero instrumento de la Unión Soviética. Esta tesis se ha basado en una serie de supuestos cada uno de los cuales han sido mostrado como una falsedad por la evidencia que se ha ido produciendo (ver, entre otros, los libros del historiador –que no puede presentarse como filocomunista y/o filosoviético- Ángel Viñas ‘El escudo de la República. El oro de España, la apuesta soviética y los hechos de mayo de 1937’, publicado en 2010, y ‘La República en guerra. Contra Franco, Hitler, Mussolini y la hostilidad borbónica’, publicado en 2012, del mismo autor).

A la luz de esta evidencia, acusar a la Unión Soviética y a los comunistas de ser responsable de gran número de los males descritos en ‘In Memoriam’ es injusto. Quisiera aquí aclarar, para protegerme de la mala leche y manipulación muy común en las tertulias y en la vida política española (incluyendo la catalana), que mis libros (y muy en particular mi libro crítico con la Unión Soviética y su evolución bajo Stalin –que escribí durante mi largo exilio-) estuvieron prohibidos en la Unión Soviética, siendo yo una persona declarada non grata por la URSS de Breznev. Tengo, pues, credenciales suficientes para no ser puesto en la categoría de prosoviético. Pero negar que la Unión Soviética jugó un papel determinante en la derrota del nazismo durante la II Guerra Mundial –como tuvo que reconocer Winston Churchill-, o que la Unión Soviética fue el único poder que ayudó a la República en su lucha contra el fascismo por motivos de solidaridad es, repito, injusto. Y esto último es lo que no reconoce ‘In Memoriam’. Pero lo peor no es la falsedad que comunica, sino los silencios que mantiene. En realidad, los silencios ensordecedores son también culpables. En ninguna parte aparece la enorme pasividad de las llamadas democracias en apoyo de la República Española. Aparecen Hitler y Mussolini en la obra, pero nunca aparecen los dirigentes de las democracias occidentales que negaron su apoyo a la República. Franco ganó debido a la ayuda que recibió de Hitler y Mussolini, y la República perdió por la falta de defensa recibida de las supuestas democracias. En realidad, la esperanza de Negrín era que la predecible II Guerra Mundial, provocada por la expansión del nazismo, forzaría a tales gobiernos, por fin, a defender a la República. Tal esperanza, compartida por la Unión Soviética, fue un error, como bien se mostró cuando la II Guerra Mundial se inició. Ahora bien, presentar este error como una inmoralidad me parece injusto. Es más, parte del deseo de resistir era retrasar la enorme matanza que se sabía que ocurriría, dando tiempo para que se salvaran tanto los bienes como las personas que garantizarían la continuidad de la República, una vez terminado el conflicto militar. Los intentos fallidos de rendición pactada que ya habían ocurrido habían mostrado el error de la alternativa, ahora promovida en ‘In Memoriam’.

Negrín no fue un títere de la URSS

En realidad, hubo desacuerdos entre Negrín y Stalin. Y como documenta, entre otros, Ángel Viñas, Negrín era plenamente consciente que el gobierno soviético también respondía a sus intereses geopolíticos en el diseño de su agenda. Pero no es justo minimizar que un componente importante de tal agenda fuera expresión de una muy necesaria solidaridad que la URSS dio y que las supuestas democracias occidentales, sin embargo, no dieron.

Ni que decir tiene que la Unión Soviética y el partido comunista cometieron actos sectarios (como el asesinato de Nin por el que Negrín protestó y que desaprobó, protegiendo a la dirección del POUM) y otras intervenciones denunciables. Pero ello, aunque diluye, no invalida el gran papel –más positivo que negativo- que tuvieron durante la Guerra Civil tanto la URSS como el Partido Comunista –PSUC en Catalunya-, partido este último que destacó claramente más tarde durante la dictadura fascista en la resistencia antifascista. Nada de ello aparece en la obra. Lo único que aparece críticamente es la actitud de los comisarios rusos y de los comunistas disciplinando a las tropas, haciendo la vida imposible a los soldados de la Quinta del Biberón.

El humanismo pacifista es también una posición política muy rentable de sostener en la España de hoy, en la que se vende el mensaje de que todos eran culpables

Que hubo errores militares, entre muchos otros, no hay duda. Pero utilizar estos errores para culpabilizar al gobierno de la República y al gobierno de la Generalitat (diciendo que enviaban soldados a la muerte sabiendo que no servía para nada) es profundamente erróneo, además de ser injusto y ofensivo para todos los que sufrieron y murieron defendiendo la República, incluyendo a los que lucharon en el frente del Ebro que incluyó, además de la Quinta del Biberón, otras fuerzas del Ejército Republicano y de las Brigadas Internacionales. Decir que la pérdida de sus vidas fue inútil, por no haber conseguido lo que deseaban (la libertad, la justicia y la democracia), al haber perdido la guerra, es absurdo. Bajo este criterio solo los vencedores pueden justificar su sacrificio.

El folleto de promoción de la obra termina con la frase “de que muchos de los combatientes de la quinta del biberón creyeron que luchaban por la libertad”, frase que casi aparece con un tono irónico a la vista del contenido de la obra de teatro, que transmite el mensaje de que, en realidad, su sacrificio no sirvió para nada. Perder una batalla o incluso una guerra, sin embargo, no es el fin de una causa. Y la lucha por la libertad, por la democracia y por la justicia social se ha ido construyendo a lo largo del siglo XX a base de la continuidad en las luchas para conseguirlas. El sacrificio de muchas personas ha inspirado a otras, que han continuado su lucha. Incluso hoy la bandera republicana aparece frecuentemente en las movilizaciones frente al Estado borbónico español. De ahí que las fuerzas que se oponen al cambio hayan hecho todo lo posible para que no se conozca el enorme sacrificio que hicieron nuestros antepasados. La desmemoria histórica que existe en España, incluyendo Catalunya, no es casual o inocente. Ha tenido un propósito: olvidar lo que fue la República.

Aunque esta no es su intención, ‘In Memoriam’ niega a las víctimas el significado de su sacrificio. Me parece legítimo que se haga una crítica de una estrategia militar (la de resistencia) y de los errores que hubo en ella. Pero que se haga una crítica de esta estrategia, supuestamente errónea, utilizándola no solo para ignorar y ocultar lo que fue y representaba el gobierno republicano que estableció dicha estrategia (homologándolo al gobierno fascista) sino también para promover una postura “humanitaria pacifista”, me parece una manipulación que, por mucho que se esté haciendo hoy en los fórums intelectuales dominantes, debe ser denunciada por lo que fue: la aceptación y resignación sin más del terror fascista.

Vicenç Navarro. Catedrático emérito de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universitat Pompeu Fabra 
 
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https://elpais.com/cultura/2013/12/13/actualidad/1386963269_009093.html