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martes, 21 de enero de 2020

#hemeroteca #heteropatriarcado | Cuando el patriarcado es un hecho, la revolución sexual es una obligación

Imagen: El Diario / Beatriz Gimeno
Cuando el patriarcado es un hecho, la revolución sexual es una obligación.
Con su sola presencia, Beatriz Gimeno rompe ese pacto no escrito en el que las mujeres modernas pueden hablar de sexo sin generar escándalo si son jóvenes, bellas, y pueden ser convertidas en objeto de deseo. Pero ella es lesbiana y mayor, además de no adecuarse a una imagen estereotipadamente femenina. Necesitamos muchas más voces como la de Gimeno algunas de ellas en puestos de gobierno y en las instituciones públicas. Porque el cuarto pecado de Beatriz es haber asumido estar en un puesto de poder y abrir caminos al feminismo.
Isa Serra | El Diario, 2020-01-21
https://www.eldiario.es/tribunaabierta/patriarcado-hecho-revolucion-sexual-derecho_6_987311273.html

"Siempre hemos existido, pero nunca hemos hablado".
"No me interesa ponérsela dura a hombres que no me hacen soñar.”
Virginie Despentes

En estos días hemos visto en muchos medios de la derecha ataques brutales a Beatriz Gimeno a costa de algunos de sus escritos sobre sexo, siendo este uno de sus temas de estudio e investigación y sobre lo que ha publicado mucho. Y no me resisto a hacer algunas consideraciones. Resulta que no puede ser el sexo lo que escandaliza a estas alturas. Los medios de comunicación generalistas, muchos de esos que ahora se escandalizan, están llenos de reportajes sobre sexo que se pretenden atrevidos: "Cómo gustarle más en la cama", "Qué les gusta a las mujeres", "El clítoris, ese desconocido" (será para ellos), "Las mujeres también se masturban", etc. Vivimos en un país en el que los niños y adolescentes están viendo porno duro desde los 13 años (según los estudios) y no reciben absolutamente otra educación sexual que esa. Vivimos en un país en el que, como en otros muchos, se vendieron cientos de miles de ejemplares de '50 Sombras de Grey' (escrito por una mujer) y en el que miles de chicas adolescentes hicieron cola para ver la película y en el que tanto uno como otra coparon durante semanas debates mediáticos en los que algunos "expertos" afirmaban que era un libro revolucionario para la sexualidad femenina. Vivimos en una sociedad pornificada y repleta de discursos e imágenes sexuales asumidos con toda normalidad. Discursos que a pesar de parecer transgresores (el sexo siempre necesita su punto de transgresión) no molestan. Será que no son tan transgresores. Así pues creo que el problema de lo que ha escrito Gimeno no es el sexo, sino desde dónde se enuncia y lo que enuncia.

El primer pecado de Gimeno es hablar de sexo desde una posición que no admite equívocos: la de sujeto sexual. Es sujeto sexual, habla de goce, placer y deseo (no consentimiento), exactamente como hacen los hombres desde siempre. Y además, pone a los hombres en una posición en la que ellos siempre ponen a las mujeres, en posición de ser estudiados, juzgados, curioseados, por así decirlo, definidos por quien desea. Y escribe sobre ello, lo hace público, como hacen ellos, como hacen sus novelas, sus películas, sus opiniones. Y eso es rompedor. La gran batalla del feminismo no sólo ha sido que las mujeres nos incorporemos en pleno derecho al espacio público, que tengamos voz ahí, sino que la democracia entrase en el ámbito privado al que las mujeres fuimos relegadas y donde más se nos ha sometido: eso supone conseguir la igualdad en casa y en los cuidados, pero también en las relaciones afectivo-sexuales. Romper la dicotomía misma y ser libres e iguales en ambos ámbitos.

Queda mucho para ganar esa batalla al patriarcado; para que seamos sujetos activos, sujetos de derecho, sujetos de deseo, y no objetos sexuales dispuestos a responder al deseo masculino o, con suerte, a sumarnos al mismo. Quienes somos jóvenes hemos decidido sobre nuestros cuerpos de forma totalmente distinta a la generación de nuestras madres. Pero aún queda mucho camino para que quienes queremos vivir una vida con sexo podamos hacerlo disfrutando de nuestros cuerpos/deseos como debiésemos en un mundo libre de machismo. Y como nos explica Cristina Fallarás cuando recorre en su último libro las razones del éxito de 'Cuéntalo': la escasez de los relatos no obedece a una reticencia por parte de las mujeres a contar y narrar, sino al hecho de que la sociedad y sus instituciones públicas nos han negado un espacio donde hacerlo. Y vemos lo que ocurre cuando surge un discurso como el de Gimeno, que se la acalla mediante el escándalo, el falso escándalo que se reservaba para las mujeres que toman la palabra en público para enunciar un discurso que no les pertenece.

El segundo pecado de Gimeno es ser radicalmente feminista y no adecuarse al rol que el patriarcado guarda para las mujeres a las que permite hablar o escribir sobre sexo. Si romper con el monopolio masculino sobre la palabra cuando se trata de sexo -y por tanto de la hegemonía de su visión androcéntrica- es ya rompedor, lo que hace Gimeno y lo que ha hecho estallar el escándalo de estas derechas reaccionarias es desde dónde enuncia sus narraciones u opiniones: por una parte desde una perspectiva claramente feminista que quiebra el pacto según el cual las mujeres modernas pueden hablar de sexo siempre que lo hagan desde un lugar heteronormativo y patriarcal. La sexualidad que enuncia no es androcéntrica ni patriarcal, es extraña al patriarcado. Tercer pecado: ella misma, con su sola presencia rompe ese pacto no escrito en el que las mujeres modernas pueden hablar de sexo sin generar escándalo si son jóvenes, bellas, y pueden ser convertidas en objeto de deseo. Pero ella es lesbiana y mayor, además de no adecuarse a una imagen estereotipadamente femenina.

Hay una revolución sexual pendiente. En los años 60 se dieron muchos pasos, pero también sucedió lo que autoras como Kate Millet alertaron: tanto el avance del neoliberalismo como el hecho de que esa revolución se quedase "a medias" podía suponer una mayor cosificación del cuerpo de las mujeres y por tanto un retroceso en el avance por las libertades sexuales. Y es cierto: a esa revolución le respondió una contrarrevolución que hoy nos pesa. Desde el estallido de esto que hemos llamado Cuarta Ola del feminismo en el mundo entero, hemos hablado colateralmente de esas relaciones privadas que hay que democratizar y también de las libertades sexuales. Lo hemos hecho cuando millones de mujeres en todo el mundo, hemos roto el silencio frente a las agresiones sexuales sufridas a lo largo de nuestra vida con el #MeToo y el #Cuéntalo. El tabú que permanece muy vivo cuando ejercen violencia sexual sobre nosotras tiene la misma raíz que lo que impide que podamos hablar de sexo libremente. Y lo hemos hecho también cuando a raíz de la violación en grupo de la Manada y la sentencia que le siguió gritamos juntas en las calles #SoloSíEsSí. Es decir, somos sujetos activos de deseo y de voluntad cuando practicamos relaciones sexuales.

Estoy segura de que esta conversación abierta en los últimos meses o años en el espacio público ha dado lugar a millones de conversaciones entre mujeres jóvenes, en sus grupos de amigas, y amigos, con sus madres, con sus parejas. Conversaciones que han revolucionado conciencias y que implican un cambio culturan que no somos capaces de calibrar aún hoy. Pero tenemos una revolución sexual pendiente y la prueba es esta respuesta desproporcionada que nos parece también ridícula por lo que vislumbra: simplemente el hecho de que una mujer feminista y no adecuada al rol heteronormativo hable de sexo en el espacio público pone en crisis la masculinidad heteropatriarcal.

El ataque a Beatriz Gimeno es proporcional al miedo que tienen algunos a perder sus privilegios y el control como sujetos deseantes y activos sobre los cuerpos pasivos y sometidos de las mujeres. Y a que hablemos de lo que a nosotras nos interesa para avanzar en nuestros derechos y nuestra libertad sexual reduciendo la capacidad de la extrema derecha para imponernos debates que quieren hacernos retroceder. Han montado una guerra al feminismo y nosotras no vamos a renunciar a darla, porque como dijo Audre Lord, "¿quién dijo que era fácil?". Necesitamos muchas más voces como la de Gimeno algunas de ellas en puestos de gobierno y en las instituciones públicas. Porque el cuarto pecado de Beatriz es haber asumido estar en un puesto de poder y abrir caminos al feminismo.

viernes, 11 de agosto de 2017

#hemeroteca #justicia #patriarcado | Juana y el derecho de las mujeres a la desobediencia

Imagen: El Diario / Concentración en apoyo de Juana Rivas
Juana y el derecho de las mujeres a la desobediencia.
Beatriz Gimeno / Isa Serra | El Diario, 2017-08-11
http://www.eldiario.es/tribunaabierta/Juana-derecho-mujeres-desobediencia_6_674792538.html

Este artículo es una respuesta al texto escrito por Elisa Beni, titulado 'Juana no está en mi casa', publicado en este medio.

“En Estados Unidos y en otros países capitalistas, las leyes contra la violación fueron originariamente formuladas para proteger a los hombres de las clases altas frente a las agresiones que podían sufrir sus hijos e hijas. Habitualmente, los tribunales han prestado poca atención a lo que pudiera ocurrirles a las mujeres de clase trabajadora, y por consiguiente, el número de hombres blancos procesados por violencia sexual infligida a estas mujeres es extraordinariamente reducido”.
Ángela Davis. 'Mujeres, clase y raza', 1981.

La situación a la que se enfrentan Juana y sus hijos no es un caso aislado. Hay muchas mujeres que se encuentran en una situación similar: en algunos casos sus ex parejas y padres de sus hijos son maltratadores, en otras son abusadores sexuales. Sabemos que la Justicia no responde protegiéndolas sino, en demasiadas ocasiones, priorizando los derechos de estos. Y no se trata únicamente de cuestionar la ley actual, que desde luego necesita ser cambiada. Es un avance que desde 2015 la ley contemple a los hijos de mujeres maltratadas como víctimas directas, pero no es suficiente: cinco niños han muerto en lo que va de año en manos de sus padres maltratadores. En algunos casos, como el de un niño en A Coruña de sólo once meses, la madre había interpuesto dos denuncias. En otros casos, como en el caso de Ángela González eran más de 30 las denuncias. No surtieron ningún efecto y el padre mató a la niña durante una de sus visitas.

En la creación de las leyes y en la aplicación que se hace de ellas operan mecanismos ideológicos y sociales que favorecen siempre a los poderosos. En este caso, mecanismos patriarcales que consideran que un niño o niña es un objeto de protección, antes que un sujeto de derechos. Y con el argumento de protegerles sucede más bien lo contrario.

El hecho de que ni los jueces ni el personal que trabaja en los juzgados tengan formación suficiente en derechos de la infancia y machismo, es algo que les impide comprender por qué las mujeres actúan de una manera y no de otra, o a qué tiene que enfrentarse una mujer cuando decide poner una denuncia por maltrato, o cómo opera el machismo en cada circunstancia. Esa falta de formación (y falta de perspectiva feminista) hace difícil comprender que un maltratador no es un buen padre, nunca y que los niños están en peligro con un maltratador, siempre. Y les impide comprender que cuando una niña dice que su padre abusa de ella, esa declaración hay que tomársela muy en serio y actuar siempre en función del “interés superior del menor”. Esa falta de formación y recursos por ejemplo provoca que, a día de hoy, los equipos psicosociales encargados de emitir los informes que son determinantes en la decisión final de jueces, apliquen el Síndrome de Alienación Parental, aunque ahora le hayan cambiado el nombre.

Hay tribunales y hay técnicos que consideran que un niño o niña que dice que su padre le viola está siempre mintiendo y que exigen que esa niña siga viendo al padre. Muchas madres siguen pensando que si denuncian que su ex pareja abusa sexualmente de sus hijos, lo que va a ocurrir es que le quiten los hijos a ella y se los den a él. Y lo terrible es que tiene razón, eso pasa. Porque la ley no es neutral, ni es justa con las mujeres, ni con los niños y las niñas.

No es sólo que la ley sea injusta al no prohibir taxativamente que un hombre condenado por violencia machista siga teniendo acceso a sus hijos e hijas, sino que es muy preocupante también la manera en que aquella se aplica por parte tanto de jueces como de todo el entramado judicial. Es muy preocupante que Elisa Beni piense que en el caso de “Juana es evidente que existe un conflicto, puesto que sus razones y las de Francesco sobre sus hijos comunes divergen”. No existe un conflicto entre partes iguales, ante el que hay que tomar equidistancia. Lo que existe es una relación de desigualdad social sostenida por una ideología (en forma de ley y en forma de costumbre) que sigue defendiendo que los maltratadores de mujeres pueden ser buenos padres. Y es preocupante que una feminista no tenga en cuenta que cuando existe una condena por maltrato no debería hacer falta probar nada más.

La convivencia con un maltratador es ya un riesgo cierto, para los niños y para la sociedad en su conjunto (más de un 50% de los niños van a reproducir ese comportamiento, además de otros riesgos). “Sólo un juez puede acercarse a la verdad”, sigue diciendo Beni, y de nuevo, lo que falla es que ella da por buena la ideología que subyace a todo esto. El ex marido de Juana ya está condenado por maltrato, no debería haber más verdad que esa. Decir, como dice Beni, que Juana aceptó a los jueces italianos cuando se casó con un italiano, es perverso. Es como decir que todas las maltratadas aceptaron su suerte al casarse con un maltratador, ¡pues que no se hubieran casado con ellos! O que apele a la neutralidad de los jueces en los casos de violencia machista. Ni las leyes son neutrales, ni lo son los jueces, ni existe un conflicto. Lo que existe es una legislación patriarcal y una tremenda injusticia.

Y la sociedad ha conseguido avances de justicia porque algunas personas han desobedecido las leyes. Siempre ha sido así. Dice Elisa Beni que los actos individuales, cuando devienen en masivos, pueden tener consecuencias. Efectivamente, y en la mayor parte de los casos las consecuencias son socialmente positivas. Desobedeció la ley Rosa Parks, desobedecieron las leyes contra el aborto todas las mujeres que abortaron, y las que se autoinculparon de haberse practicado uno; desobedecieron las leyes las mujeres que se matricularon en la universidad cuando lo tenían prohibido; desobedecen las leyes los activistas de la PAH que consiguieron poner los desahucios en la agenda política. Todas estas desobediencias y todas esas leyes se daban en democracias.

Claro que sabemos que Juana lo tiene muy difícil. Pero lo que hay que denunciar es el machismo de las leyes y del sistema judicial en su conjunto y no las decisiones de Juana. Hay que aprovechar el caso para abrir un debate fundamental y exigir cambios. Pero esos cambios no van a venir voluntariamente de la mano de los jueces ni del gobierno del Partido Popular, sino de un movimiento feminista que distinga entre legitimidad y legalidad, que sea crítico con la Justicia y que apoye la desobediencia y se solidarice con quienes la practican. Negar esto es no comprender la historia.

Juana es una mujer que conociendo las consecuencias de su huida ha decidido proteger a sus hijos antes que dárselos a su padre maltratador. Juana sabe lo que hace, sabe a lo que se enfrenta y sabe también que la Justicia no le ofrece ninguna salida mejor que esta para evitar que sus hijos acaben con un hombre condenado por violencia machista. Si Angela Gonzalez en lugar de poner 30 denuncias hubiera escapado del país, su hija estaría hoy viva. Juana no es la única. Hay otras madres que están también en paradero desconocido. No luchan por su vida únicamente, sino por la de sus hijos y, lo sepan o no, por la de tantas otras mujeres y otros tantos niños y niñas. Lo menos que podemos hacer es apoyarlas y por eso esta vez todas hemos dicho #JuanaEstáEnMiCasa.

Y TAMBIÉN…
Juana y la justicia machista.
Andrea Momoitio | Público, 2017-08-09

http://blogs.publico.es/otrasmiradas/9906/juana-y-la-justicia-machista/