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| María Guardiola, del PP y Óscar Fernández, de Vox, en la sesión de investidura // |
Prioridad nacional o censura LGTBI
La única hipótesis 'favorable' a la impresentable aceptación por el PP de discursos racistas es que, a su vez, haya exigido a Vox la renuncia de su ataque al feminismo y la diversidad
Javier Caraballo | El Confidencial, 2026-05-05
https://www.elconfidencial.com/espana/matacan/2026-05-05/prioridad-nacional-racismo-xenofobia-acuerdos-pp-vox-1hms_4349736/
Como sabemos, ese pacto de Extremadura fue el primero en firmarse y está considerado como ‘modelo’ para replicarlo en todas las demás instituciones en las que pacten estos dos partidos, a excepción de correcciones y peculiaridades territoriales. Hace tan sólo tres años, en la primera ocasión en la que Vox y el PP se sentaron a negociar, tras las elecciones municipales y autonómicas, fueron frecuentes los acuerdos en los que se incluían apartados concretos al respecto. Por ejemplo: "Sustituir las concentraciones de 'no a la violencia machista' por la de 'no a toda violencia", o este otro de "cumplimiento de la ley de banderas, no colocando banderas LGTBI en balcones y fachadas de instalaciones municipales". Estos dos apartados pertenecen a acuerdos que se firmaron en Valencia, aunque luego se trasladaron a otros puntos de España en los que también figura como inexcusable la aparición de la "violencia intrafamiliar" en sustitución de la "violencia de género". Pues bien, todo eso ha desaparecido ahora de los acuerdos.
Si aceptamos esta variable, la deducción inmediata a la que debe llevarnos es que todo ello es fruto de la negociación previa que tuvo lugar entre dirigentes nacionales de ambos partidos, además de las cúpulas autonómicas. En esa negociación, es lógico pensar que el PP ha sido el partido que ha impuesto que en los acuerdos no haya mención alguna a los asuntos relacionados con el colectivo LGTBI o aquellos que supongan un ataque al colectivo feminista. En el Partido Popular deben de tener muy presente lo que sucedió tras los primeros acuerdos de mayo de 2023: el presidente Pedro Sánchez, hábilmente, disolvió las Cortes Generales porque intuyó que esos acuerdos con la extrema derecha eran un aliciente fantástico para su campaña. Y le salió la jugada, en las elecciones de julio de ese año, el PSOE de Sánchez no ganó en las urnas, pero consiguió que el PP y Vox no sumaran.
Si se repasan muchas de las encuestas de entonces, se verá que ese resultado fue algo extraordinario gracias a la inesperada movilización de una buena parte de electorado de izquierdas que, unos meses antes, se había quedado en su casa. Con este precedente, es lógico pensar que el Partido Popular haya decidido eliminar de los acuerdos aquello que afecta y escandaliza más a su electorado. A cambio, le ha cedido a Vox el concepto de la "prioridad nacional", en el que se sintetiza todo el abanico de prejuicios racistas: desde la ‘violencia de los menas’, como principal problema de la seguridad en España, hasta el colapso de los servicios públicos por la ‘prioridad’ que se concede a los inmigrantes, pasando por el encarecimiento de la vivienda o la dificultad para encontrar un empleo. Cada uno de esos aspectos, constantemente aireados y difundidos por la extrema derecha y ahora asumidos por el PP en los acuerdos, son perfectamente rebatibles, matizables y negables, pero no podemos ocultar que, por desgracia, son creíbles para muchos. Es la cara más amarga de esta era de la posverdad y el engaño masivo.
Dicho de otra forma, los dirigentes del PP han decidido que tenían que elegir a qué valores y principios renunciaban para poder alcanzar acuerdos con Vox y cuáles protegían, y han decidido respetar aquellos que tienen que ver con lo políticamente correcto. También esta segunda variable de la hipótesis tiene un sustento sólido. Hace unos días, El Confidencial desveló que el PP ha encargado una encuesta para conocer qué piensan los votantes de la "prioridad nacional", los suyos y los de los demás partidos.
La sorpresa con la que se han encontrado es que no sólo no provoca escándalo ni desgarro alguno entre los suyos, sino que también entre los votantes del PSOE hay un cuarenta por ciento que comparte lo de la "prioridad nacional". Que nadie tenga la menor duda de que si esa misma encuesta se realiza sobre violencia de género o el colectivo LGTBI el resultado hubiera sido diametralmente opuesto. Por esa razón, según la citada información, en el PP están muy satisfechos con el resultado de la encuesta: "No solo no nos penaliza, sino que nos permite pescar en el votante más centrado del PSOE".
Se decía al principio que esta hipótesis concibe la aceptación de la "prioridad nacional" por parte del PP como una jugada a tres bandas. Serían las siguientes: Primera: en el PP, se resuelve la eterna indecisión sobre si deben gobernar o alejarse de la extrema derecha y aceptan ya, abiertamente, que Vox es su aliado natural. De forma paralela, también Vox gana ante sus votantes al aparecer como autor exclusivo de la ‘prioridad nacional’ y, además, se sacude la imagen negativa de ser un partido que bloquea gobiernos de derecha, en vez de facilitarlos. Segunda: el Partido Popular logra un ‘documento marco’, esta vez sí, que le sirve de modelo para todos los pactos posteriores. Se trata de un documento que no provoca broncas internas ni rechazo entre sus electores. Tercera: a medida que Vox se vaya incorporando a gobiernos municipales, autonómicos y, finalmente, nacional, en el caso de producirse, los dirigentes del Partido Popular confían en que el fenómeno de la extrema derecha en España vaya desinflándose progresivamente.
Como hemos repetido, todo lo anterior es sólo una hipótesis fruto de la deducción y las reacciones habidas tras los acuerdos entre el PP y Vox. Sería, de hecho, la única hipótesis ‘favorable’ para el Partido Popular, desde el punto de la estrategia política. Lo que no es ninguna hipótesis, ni necesita demostración, es que se ha llegado a un acuerdo dejando tirados los principios de aquellos más vulnerables y agitando el inflamable discurso del racismo y la xenofobia en la sociedad española.
Racismo a cambio de feminismo, xenofobia a cambio de respeto a la diversidad. Tras la firma de los pactos de los populares con la extrema derecha, las reacciones de todos los protagonistas dejan traslucir una jugada a tres bandas que, obviamente, no se hace pública, en caso de existir. La hipótesis que sigue a continuación nace de la constatación de que, a diferencia de lo que ha ocurrido en anteriores ocasiones, esta vez ningún dirigente de Vox ha hecho referencia alguna a "los excesos" de la lucha contra la violencia de género ni a "los chiringuitos" que defienden el respeto a la diversidad sexual. Nadie, si se paran a pensarlo, ha sido noticia por algo relacionado con lo anterior y, por supuesto, tampoco figura nada al respecto en los acuerdos firmados por ambos partidos. Las palabras "feminismo", "violencia de género" o "LGTBI" no aparecen ni una sola vez en el acuerdo firmado por el PP y Vox en Extremadura, mientras que "inmigración" o "inmigrante" aparece más de una decena de veces.

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