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lunes, 14 de julio de 2025

#hemeroteca #lgtbi #mayores | Federico Armenteros, activista: «Los mayores LGTBI son un colectivo abandonado, enfermo y pobre»

Federico Armenteros //

Federico Armenteros, activista: «Los mayores LGTBI son un colectivo abandonado, enfermo y pobre»

El presidente de la Fundación 26 de Diciembre dio a conocer en la provincia el proyecto que impulsa, la primera residencia de mayores LGTBI del mundo, ubicada en Madrid, en el encuentro «Voces Diversas»
J. Hernández | Información, 2025-07-14
https://www.informacion.es/alicante/2025/07/14/federico-armenteros-activista-mayores-lgtbi-residencia-alicante-119607457.html

«Las personas LGTBI nos hacemos mayores» es el título de la conferencia que Federico Armenteros ofreció el Claustro de Alicante. Esta iniciativa podría tener su réplica en la provincia, que este sábado celebra la manifestación del Orgullo en la capital alicantina

P. ¿Cómo surgió este proyecto de residencia para mayores?
Ha costado llegar hasta aquí porque es un proyecto que empezó desde la cabezonería. Había una necesidad social pero solamente lo veíamos ciertas personas. Se nos estaba intentando decir que ya éramos iguales, lo mismo que pasa con el tema de la mujer. Sois iguales ¿desde cuándo? Todavía nos queda un camino. No quiere decir que no estemos en ese proceso pero hay que animar y empujar para que esa igualdad y esa equidad sobre todo sean reales porque se puede hacer.

P. ¿Cuál fue el primer escollo?
El tema de los guetos. Nos decían: ¿queréis hacer guetos? Lo primero, hay que ver qué es un gueto, un sitio donde te meten en contra de tu voluntad. Pero cuando tú te juntas, es algo en común. Los curas lo tienen, el Ejército lo tiene y no le dicen a los curas que se han metido en un gueto. Pues lo mismo que nosotros, tenemos unas necesidades diferentes, distintas. Estamos construyendo una sociedad inclusiva, pero hay que empezar a educar en esa inclusión.

Apartados y solos

P. ¿Por qué existe necesidad de residencias LGTBI?
Porque personas mayores que estamos vivas, con 70, 80 o 90 años hemos tenido una vida como muy al margen. Hemos sido odiados, apartados de la familia, de la sociedad, del trabajo. Todo eso te marca una huella psicológica, social, personal. Nos han educado en la soledad. Al decirte, como cuando eras pequeño, eres tan raro, tan malo, que te vas a quedar solo, ¿quién se va a casar contigo? ¿quién te va a querer? Ya te han metido ese miedo. Entonces, te quedas solo. Y por edad se te van muriendo las personas que están a tu alrededor. Te encuentras con un colectivo de mayores muy abandonado, enfermo y sobre todo pobre. Nos echaban de los empleos cuando se sabía que éramos maricones. Eso no le ha pasado al hetero, no le han metido a la cárcel por amar. Nosotros no podíamos expresar nuestros afectos y eso tiene un precio emocional.
"Nos han educado en la soledad. Al decirte, como cuando eras pequeño, eres tan raro, tan malo, que te vas a quedar solo, ¿quién se va a casar contigo? ¿quién te va a querer? Ya te han metido ese miedo"
P. ¿Es algo que sigue ocurriendo?

Con el VIH y en la pandemia se nos morían nuestras parejas y no hemos tenido derecho ni a enterrarlos porque nos lo quitaba la familia y nos decían: "tú eres el culpable, tú eres el que le has matado», todo eso desde el odio. Tampoco podíamos tener una pensión de viudedad, que no era permitida. Todo lo que hemos luchado. Todavía desde la política no se nos ha restituido. Con la ley de vagos y maleantes y la ley de peligrosidad social hacían cárceles o centros específicos para meternos. Cuando hay represión, rápidamente todo el mundo lo entiende, pero para vivir libres es un gueto. Hay que hacer un poco de pedagogía con la sociedad, cuando se lo explicas la gente lo entiende perfectamente. Tenemos muchas enfermedades mentales que nos han provocado y te provoca la soledad, ese decir no tengo ganas ni de vivir, quiero morir cuanto antes, el suicidio, las depresiones, todo eso. Tienes que estar con personas que realmente eso lo puedan entender, que te acompañen en esos últimos momentos o los últimos años que te quedan y que puedas vivir dignamente. El personal tiene que estar formado en diversidad. Estamos intentando que otras residencias se sumen al carro y que sean inclusivas. No queremos quedarnos solos.

Discriminación


P. ¿Hay discriminación en los geriátricos hacia las personas LGTBI?

Una chica nos contó que en la residencia donde está su tío, que tiene movilidad reducida, se han enterado de que es del colectivo y sus coetáneos están llamándole sidoso, degenerado, pederasta. No solo hay que trabajar con el personal, también con los usuarios, decirles que esto de la heteronormatividad ha terminado. Estamos también y somos parte de esta sociedad, han intentado anularnos o borrarnos, pero somos parte, tan importante como cualquier otra, no somos ni más ni menos. Queremos construir esta sociedad desde el respeto, la oportunidad, la igualdad, la equidad, eso es lo que estamos intentando. Mientras no lleguemos a todo eso, hay que atender a las personas desde una dignidad, y que uno se sienta tranquilo, en un sitio donde se le valore, no en un sitio donde le estén machacando.
"Una chica nos contó que en la residencia donde está su tío, que tiene movilidad reducida, se han enterado de que es del colectivo y sus coetáneos están llamándole sidoso, degenerado, pederasta"
P. ¿En qué momento está el proyecto de la residencia?

Estamos en una fase más burocrática otra vez con los permisos que habían caducado y nos quedan como dos o tres meses para ultimar la reforma, porque ya llevamos 5 años con la obra. Estamos ilusionados y con el compromiso de inaugurarla el 26 de diciembre de este año, va a ser un hito porque han pasado 50 años desde que nos quitaron de ser peligrosos a tener un recurso específico. Es un momento histórico. Tendrá 62 plazas, en el barrio de Villaverde, en Madrid. Con un poquito de todo, personas con demencia, personas dependientes, porque son los primeros que se lo merecen para estar atendidos adecuadamente, con plazas privadas y concertadas.

P. ¿Entrarán personas no LGTBI?
Es un sitio de respeto, donde la diversidad es un valor. El ser hetero tiene que ser considerado también como un valor, pero no único. Dentro de los colores también estás tú. No podemos discriminar como nos han discriminado a nosotros. Luego tenemos padres, madres del colectivo que tienen sus hijos, hijas e hijes. Si han luchado con nosotros, ¿cómo no les vamos a decir este es vuestro espacio? Si queremos cambiar la sociedad no podemos decir que no entren las personas heterosexuales.

Educador social

P. ¿Cuántos años ha trabajado en el ámbito de los servicios sociales?
40 años como educador social, con minorías étnicas, con juventud, con mayores, con infancia, con mujeres, he pasado por todo. Por eso vi que se necesitaba la residencia, que era una realidad a la que no se le estaba dando respuesta. Y ahora mismo tengo ahí 19 personas contratadas, es una empresa que es rentable y la residencia también va a dar como 60 puestos de trabajo.

P. ¿La Comunidad de Madrid les ha dado facilidades?
Sí, la Comunidad nos dio el edificio, una cesión a 30 años, y 2.400.000 en subvenciones. Estoy convencido de que el modelo se extenderá a otras provincias. Nos van a mirar, vamos a estar en el ojo del huracán, pero estamos muy tranquilos porque es romper el hielo.

viernes, 12 de enero de 2024

#hemeroteca #lgtbi #mayores #cine | ‘Un hogar sin armarios’: la primera residencia pública para mayores LGTBI

El Asombrario / Claudia en un fotograma de 'Un hogar sin armarios' //

‘Un hogar sin armarios’: la primera residencia pública para mayores LGTBI

Sol Alonso | El Asombrario, 2024-01-12

https://elasombrario.publico.es/un-hogar-sin-armarios-la-primera-residencia-publica-para-mayores-lgtbi/

Esta es la historia de la construcción –ahora en suspenso– de una residencia pionera en el mundo, una residencia en Madrid gestionada con fondos públicos para personas LGTBI mayores. Una historia contada en el documental ‘Un hogar sin armarios’, dirigido por Eduardo Cubillo y que obtuvo recientemente el Premio del Público al Mejor Documental en el 28º Festival Internacional de Cine LGBTI+ de Madrid, que organiza la Fundación Triángulo.

El documental, que ahora sigue su recorrido presentándose en festivales y próximamente estará disponible en pantallas grandes y en alguna plataforma, es una sucesión de conmovedores testimonios de personas pertenecientes a esa generación condenada a vivir el sexo y el amor dentro del ‘armario’ y a recibir brutales tratamientos, lobotomías y electroshock para curar una ‘patología’ inventada producto de la maldad. Daba igual si el rechazo se daba en el colegio, en casa, en la calle o en la desatención política. El caso era arruinarles la vida por no atenerse a una intransigencia despiadada. Ataques, desprecio, persecución y cárcel. Una existencia digna les era negada por completo. Condenados siempre al disimulo. Esperando la voz que reconociera su derecho a ser lo que son: homosexuales. Hasta el 26 de diciembre de 1978 no se modificó la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, heredera de la Ley de Vagos y Maleantes, que utilizó el franquismo para tratarles como escoria.

Los protagonistas de ‘Un hogar sin armarios’ son un grupo de personas mayores que quieren envejecer dignamente sin desandar un camino que ha sido de todo menos llano. Por eso necesitan un espacio donde apurar sus vidas sin tener que agazaparse otra vez. Con esa idea se puso la primera piedra de la Residencia Josete Massa, proyecto pionero en el mundo, un hogar de carácter público para mayores LGTBI necesitados de techo y cuidados. Detrás del plan está la Fundación 26 de Diciembre –sobra decir por qué eligieron esta fecha para el nombre–, una organización presidida por Federico Armenteros, un educador social de 64 años que fue maricón antes que fraile y precisamente por su ‘pluma’ le invitaron a colgar los hábitos y seguir con su vida fuera del seminario. Federico, Fede, o ‘Antonia’, el nombre cariñoso con el que le suelen llamar sus amigos, vivió su homosexualidad en el universo agotador del “procura que no se te note”. Y esa práctica tan frustrante le llevó incluso a tener novia, casarse y ser padre de una muchacha amorosa y tolerante de 35 años, que es su tesoro y el de su actual marido, Inocente Aguado.

Federico va explicando los pasos de las obras para acondicionar el espacio, cedido por la Comunidad de Madrid en el distrito de Villaverde, el arranque en 2018 y el parón por culpa de la pandemia de covid. ¿Cómo saldremos de esta? Rota la quietud del confinamiento, no llega la ansiada reanudación de las obras. “Tras una inversión de más de dos millones de euros en rehabilitar el espacio, las obras se paran porque necesitamos 600.000 euros más para que la residencia quede lista”, nos explica Armenteros, que acudió a la proyección de ‘Un hogar sin armarios’, arreglado como merece un estreno. Calcetines blancos altos y una falda negra, ‘brilli brilli’, que había comprado por 1 euro. El orgullo del menos es más, del sí se puede.

La residencia es un edificio de 3.300 metros cuadrados con cuatro aprovechables plantas que llevaba más de 10 años en estado de abandono. No es un lugar barato de acicalar, “especialmente ahora que los materiales han triplicado su precio y los políticos no parecen dispuestos a ayudarnos, sino todo lo contrario. Aprobar leyes y no dotarlas de presupuestos es un brindis al sol. Pero nosotros no vamos a tirar la toalla, porque hay mucha gente que nos necesita”. Concretamente, los 66 residentes que podrían ocupar las plazas disponibles. “Muchos de ellos, ahora en residencias convencionales públicas o privadas expuestos a sufrir muchas situaciones de homofobia”. Regreso al peor pasado.

Nos recuerda Federico Armenteros que en España hay 160.000 personas LGTBI mayores de 65 años. “Los que ya han cumplido los 80 apenas han respirado el aire de la libertad. ¿Tampoco van a tener un final de vida digno?”, se pregunta. “La homofobia no mengua con la vejez; al contrario. Y tener que volver al armario del que tanto costó salir es la peor derrota vital”.

El cineasta canario Eduardo Cubillo conoció la Fundación 26 D un divertido y bullicioso Año Nuevo Chino en el barrio de Lavapiés, (Madrid) y se enteró del parón en las obras de la residencia. Trabó amistad con muchos de los miembros de la fundación y, consciente de la potencia de sus testimonios, organizó un rodaje que se cruzó con los últimos coletazos del coronavirus. Anotó cuidadosamente los nombres que, desde el primer vistazo, superaban el casting. Como Samantha Flores, activista trans mexicana que fundó la primera casa de día para adultos mayores LGTBI en Ciudad de México. Kim Pérez, profesora y activista por los derechos humanos española y primera mujer transexual incluida en una candidatura electoral en España; en 2007, ocupó el número 17 de la lista electoral de Izquierda Unida en las elecciones municipales para el Ayuntamiento de Granada. Nicolás Granda, ese viudo tierno y apocado que acude a la tumba de su difunto esposo para pedirle el visto bueno a la feliz nueva: se ha vuelto a enamorar.

“Nicolás confesó muchas cosas en esta película, detalles que no había contado a nadie. Durante el rodaje sufría constantes ataques de ansiedad, episodios de temblores que le íbamos calmando con abrazos. Un ser absolutamente bueno. Claudia, por ejemplo, la mujer que vive en la calle, tardó muchísimo en confiar en mí. No siempre acudía a las citas y era bastante complicado dar con ella. Luego está José María Chicote, Jose. Otro receloso. Pero, ¿cómo queremos que sea una persona que solo se ha llevado palos en la vida?”, repasa Cubillo, el director. Hablar de Jose es citar desgracias con mayúsculas. Escucharle, admitir la posibilidad de que se puede sonreír ante semejante cúmulo de infortunios y relatarlos con una guasa inusual. “Jose perdió a su pareja, dueño de una floristería. Habían rehipotecado el negocio y, al quedarse solo, el banco le quitó la tienda y la familia del fallecido dejó a Jose en la calle. Le alojamos en uno de los pisos compartidos de la Fundación 26D”, explica Armenteros.

La mayoría de estas personas tienen que vivir con la escasez que permiten las pensiones mínimas no contributivas, explica Eduardo Cubillo, cineasta especializado en documentales sociales, cuya primera producción se tituló ‘Cubillo. Historia de un crimen de Estado’ (2012). Con esa película narró la historia de su propio tío, fundador y líder del MPAIAC (Movimiento para la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario), detallando la trama del atentado sufrido por el activista en su casa de Argel, en 1978, cuando dos sicarios le apuñalaron ferozmente. Antonio Cubillo sobrevivió a las graves lesiones que le obligaron a caminar con muletas hasta su muerte en 2012. Detrás del acto criminal estaban las cloacas del Estado español.

En 2021, Eduardo Cubillo rodó ‘Lolas’, una historia de señoras mayores al poder. “Con esas mujeres aprendí a acercarme a adultos de la llamada tercera edad, algo que me ayudó mucho a entenderme con los protagonistas de ‘Un hogar sin armarios’, una película que para mí es un acto de justicia social. Me conformo con que sirva para cambiar muchas miradas, destruir clichés y que acelere la apertura de la residencia Josete Massa”, explica Eduardo Cubillo.

De momento, uno de los protagonistas del documental, el difunto Jose, cruzará el umbral de la residencia dentro de una urna y, “como el proceso no se acelere, me temo que habrá muchas cenizas en la inauguración”, concluye Armenteros, sin la menor intención de disfrazar el crudo panorama.

Y TAMBIÉN…
'Un hogar sin armarios', el documental sobre la vejez dentro de la comunidad LGTBIQ+

La esperada película documental 'Un hogar sin armarios', del director Eduardo Cubillo, tendrá su estreno nacional en el LesGaiCineMad, este sábado en la Fundación SGAE de Madrid.
Jimmy Cukier | Shangay, 2023-11-16
https://shangay.com/2023/11/16/un-hogar-sin-armarios-el-documental-sobre-la-vejez-dentro-de-la-comunidad-lgtbiq/

sábado, 16 de julio de 2022

#hemeroteca #lgtbi #testimonios | Rejas Rosas para los reclusos LGTBI: “Estamos presos por nuestras causas, no queremos estarlo por los prejuicios”

El Diario / Visibles de Rejas Rosas en Soto del Real //

Rejas Rosas para los reclusos LGTBI: “Estamos presos por nuestras causas, no queremos estarlo por los prejuicios”.

Internos e internas de la cárcel de hombres de Soto del Real crean el primer grupo de trabajo LGTBI, 'Rejas Rosas', en el que construir una red de apoyo dentro y fuera del centro, que quieren exportar a otras prisiones.
David Noriega | El Diario, 2022-07-16
https://www.eldiario.es/sociedad/rejas-rosas-reclusos-lgtbi-presos-causas-no-queremos-estarlo-prejuicios_1_9175278.html

Del escenario del salón de actos del centro penitenciario de Soto del Real, en Madrid, cuelga una gran bandera arcoíris. Al lado, otra más pequeña, con los colores azul, rosa y blanco, que representa al colectivo ‘trans’. En la sala abarrotada, unos 170 internos esperan impacientes que comience un evento histórico. Por primera vez, un grupo de compañeros y compañeras cogerán el micrófono para relatar ante el auditorio sus vivencias como personas del colectivo LGBTI dentro y fuera de la cárcel, reivindicar sus identidades y hacerse visibles.

Este acto no ha surgido de la nada. Retrocedamos unas semanas. 29 de marzo de 2022. Sobre esas mismas tablas, con mascarillas y separados por metro y medio de distancia, una decena de internos se reúnen con el actor y director de cine Jorge Muriel. El cineasta quería documentarse sobre la vida en prisión de una persona homosexual y Ana, una de las trabajadoras sociales del centro, decide organizar una charla-coloquio. Ella vio potencial en aquella experiencia y decidió crea un grupo LGTBI en el centro.

14 de abril. De esa iniciativa arranca un grupo, con 22 personas de diferentes módulos, que no son, ni de lejos, todas las del colectivo LGTBI que conviven en prisión. Se bautizan como 'Rejas Rosas' y, desde entonces, se han reunido en varias ocasiones. “Hoy es la presentación, dándoles visibilidad”, explica Ana unos minutos antes de que empiece el acto, que se celebró este jueves. Los nervios saltan a la vista. Tanto ella como Bea, que es la coordinadora de trabajo social y delegada de igualdad de los internos, van de un lado a otro intentando que todo esté en su sitio, que todo salga perfecto. “Nosotras no somos expertas en organizar estas cosas”, dicen.

Cuando Bea sube al escenario, se emociona por momentos. Tiene que parar de hablar. Se le quiebra la voz: “Me enamoré de la manera que tienen de expresarse, de sentir, de hacerme sentir, del buen rollo, de cómo se respetan y se tienden la mano para seguir adelante, pese a quien pese y paso lo que pase”. Ella conoce las historias que se escucharán en Soto del Real durante las siguientes dos horas.

La primera en tomar la palabra es Catalina, una mujer trans de 35 años que lleva los tres últimos en prisión. “Cuando entré tuve muchos problemas. Un chico me pegó por mi condición sexual. 'Maldito maricón, te tengo mucho asco', me dijo. Pero no me escondí y me he armado de valor”, cuenta en conversación con elDiario.es. Con el tiempo, se muestra orgullosa de haber roto estereotipos y de haber abierto camino a otros internos que llegaron después. “Cinco personas que sintieron asco hacía mí son las que más me apoyan ahora, porque no conocieron al maricón que ellos veían al principio. Me pidieron perdón porque no querían sentarse a comer conmigo”.

Sobre el escenario, Catalina cuenta una parte de su historia. Quizá la parte más dura. Lo hace arropada por el público. “¡Esa Cata!”, la reciben algunos internos entre aplausos. “Mi labor hoy aquí es dar visibilidad a una lacra que crece a pasos de gigante. A un monstruo que destruye cada día a la sociedad y que destruye al colectivo LGTBI. Voy a hablar del ‘chemsex’”, arranca. Esta es la práctica de sexo durante muchas horas, acompañado del consumo de diferentes drogas sintéticas. “Pasé siete años de mi vida esclava de ese infierno, al cual yo me había sometido. Ya metida en ese infierno, mi vida quedó destruida. Perdí mi familia, mi dignidad, el respeto a mí misma, la noción del tiempo”, continúa.

“Hace tres años entré en prisión. Yo pensé que había tocado fondo, pero ha sido todo lo contrario. Estos tres años me han servido para cambiar mi vida, empezar de cero y comenzar a construir lo que el chemsex destruyó. A día de hoy me he planteado luchar por mi vida, recuperar mi familia y todo aquello que dejé atrás”, explica.

A su espalda, aparece proyectado el logo del grupo, que representa la vida que sus miembros viven en este momento. En el dibujo, una gran rosa germina entre unos barrotes rosas que no son capaces de contenerla. “Aquí estamos presos y presas por nuestras causas, pero no queremos estar presos y presas por nuestro entorno, prejuicio y desconocimiento”, reivindican.

“Sentí miedo”

Cuando Jose llegó a Soto del Real, hace nueve meses, también tuvo miedo. Miedo a qué se encontraría, cómo sería tratado o si su orientación sexual supondría un factor de vulnerabilidad. Él fue a parar a un módulo en el que ya convivían bastantes personas del colectivo LGTBI, lo que hizo que su integración fuera “bastante fácil”. “He notado en la calle más homofobia. Aquí no siento homofobia con nadie, en cambio fuera sí”, explica. “La gente llega hacia ti y te acogen como una familia. Te hacen sentir en casa. Yo soy colombiano y no tengo familia acá, así que sentir el apoyo de estas personas es súper importante”, explica este hombre de 31 años, en un mensaje que hace extensible a otros internos heterosexuales con los que tiene relación.

En una situación similar se encontró Mauricio, que lleva 20 meses en prisión preventiva. “Sentí miedo, no me imaginaba cómo iba a ser. Tenía una imagen de la cárcel como en las películas”, recuerda. En estos casi dos años, ha dejado de beber y ha hecho un gran amigo, José Luis. “Pese a lo doloroso que es perder la libertad, me quedo con lo positivo. Me voy con más de lo que vine”. Los dos suben al escenario, pero es José Luis quien toma la palabra. “Yo no había tratado con muchas personas que me hubiesen dicho que eran gais, aunque lo fuesen”, reconoce.

El centro penitenciario Madrid V se inauguró el 14 de marzo de 1995 y su estructura es la que se ha ido replicando desde entonces en el resto de cárceles españolas que se han levantado: edificios de ladrillo con tejados verdes, pasillo aireados y grandes cristaleras en los edificios principales desde los que se accede al interior. En la actualidad, aloja a unos 1.170 internos, la mayoría de ellos -en torno al 60%- en prisión preventiva, y en ella trabajan 530 funcionarios. Cuenta con 14 módulos residenciales, otro de ingresos, la enfermería y el departamento de régimen cerrado, donde se encuentran los internos de primer grado.

“Entre todos los profesionales nos dimos cuenta de que había aumentado el colectivo homosexual y empezaron a entrar internas trans. En un medio hostil como este, notábamos que estaban un poquito no defendidas, siempre atacadas por el resto de los internos, entonces pensamos que este era el momento de intentar reivindicar que estas personas puedan defenderse por lo que son”, explica el director del centro penitenciario, Luis Carlos Antón, sobre una iniciativa en la que se han involucrado trabajadoras sociales, psicólogos y miembros de la Fundación 26 de diciembre. “Lo que hicimos fue juntarnos, hablar y compartir las experiencias que han tenido, porque muchas veces cuando entran no sabemos qué les pasa”, indica.

Cuando Ana puso en marcha Rejas Rosas, con el objetivo de “ser una red de apoyo dentro y fuera y que a medida que [los internos y las internas] vayan saliendo tengan referentes”, consideró que necesitaría ayuda. “Aquí tiene que venir una asociación y llevar este grupo”, pensó. Inmediatamente, envió correos a diferentes organizaciones. En menos de 24 horas ya había obtenido respuesta de una de ellas.

“Nosotros llevamos trabajando con Instituciones Penitenciarias más de ocho años y teníamos intención de poder entrar, así que cuando Ana nos dijo que había un grupo, nosotros dijimos: ¡Aquí estamos las abuelas!”, explica Federico Armenteros, 'la Antonia', que es el presidente de la Fundación 26 de diciembre, que lleva años trabajando por el bienestar de las personas mayores LGTBI. “Es maravilloso que estén abriendo tantas barreras y estén dando un ejemplo para la sociedad en un mundo que parece que es homófobo, pero no, siempre hay grises”, defiende sobre los Rejas Rosas. “Son ciudadanía, y nos olvidamos que tienen sus sentimientos y sus derechos. No quiero saber porqué están aquí, solo les pregunto cuál es su nombre. Ya está”, reclama.

“Su intervención es vital porque suponen un puente con la realidad y un apoyo en el sentido más amplio que se puede tener estando en prisión siendo un agente de reinserción social que les puede acompañar en los itinerarios vitales, sociales y laborales para su salida en libertad y su futuro”, le reconoce Ana desde el escenario. También se dirige a los miembros de Rejas Rosas, que han demostrado “que se pueden hacer cosas importantes para la institución penitenciaria durante la estancia en prisión”, y a sus mujeres. “Sois un referente para todas nosotras, porque habéis demostrado que se puede vivir en prisión y entre los hombres con gran dignidad, fortaleza y resistencia, consiguiendo el respeto a pesar de que sus historias de vida con respecto a su identidad de género son las más dificultosas y muchas veces las más terribles”.

La historia en Soto del Real de Salomé se remonta 42 meses atrás. “La edad de una mujer no se pregunta”, abronca a quien escribe estas líneas. Entre risas desliza un 29. “Mi entrada fue complicada. Nadie sabe lo que pasa una mujer trans cuando entra en la cárcel. Es el mismo abuso, rechazo y marginación que en la calle, pero triplicado”, explica. Durante ese tiempo ha notado un cambio positivo, del que se hace responsable: “Me tocó educar a muchas personas que desconocían lo que yo era, me di a conocer”. En sus palabras hay un claro tono de firmeza ante las dificultades, que por momentos trata de desdramatizar. “Es normal que una mujer tan guapa reciba muchas propuestas decentes e indecentes, pero el respeto me lo di yo, lo produje yo y así lo recibí”, explica.

Salomé tiene ahora pareja en prisión y no quiere ser trasladada a un módulo de mujeres en otro centro. Tampoco Catalina se lo ha planteado. “En la primera entrevista, cuando ingresan, nuestro cuerpo técnico habla con ellas. Primero, si quieren ir a una cárcel de mujeres, porque nuestra legislación nos lo permite, o si quieren quedarse en un módulo de hombres”, explica el director del centro. “Si deciden quedarse, lo que hacemos es conseguirles un trabajo, un destino, para que muchas de ellas, que no tienen otros medios, no se dediquen a la prostitución, que es lo que han hecho muchas veces en la calle”, continúa.

Ante el resto de internos que han asistido al acto de este jueves, Salomé recuerda a las personas trans con VIH y a “esa mayoría de transexuales que por exclusión social terminan en círculos de marginación, drogas y prostitución”. No en vano la 'T' es la sigla más maltratada del colectivo LGTBI. Son estas personas las que sufren mayores tasas de suicidio e ideación suicida. Según la 'Investigación: Personas trans y educación no formal', elaborado por la Federación Estatal de LGTBI (FELGTBI) en 2021, el 61,11% ha pensado en quitarse la vida y hasta un 16,6% lo ha intentado.

“Me siento muy orgullosa de ser quien soy y eso es lo que hace que yo me sienta más tranquila y más segura conmigo misma”. Salomé tiene que parar ante los aplausos. Después, continúa: “Si hubiese dejado que las personas que no entendieron mi situación desde un principio llevasen las riendas de mi vida, hoy me sentiría más humillada y no sería una mujer transexual”, explica tras relatar situaciones de bullying por parte de sus compañeros, que la agredían cuando iba al instituto según su expresión de género. Una violencia que, por suerte, no sufrió en casa. “Mis padres entendieron que tenían que apoyarme”.

Ariel nació en 1997. Lo cuenta, micro en mano, vestido con una camiseta de Rejas Rosas customizada, sombra de ojos de colores y brillos alrededor de los ojos. Ha titulado su relato: “Una vida oscura a pasos de brillo y luz. Por fin conseguí ser valiente”. Durante su testimonio, cuenta su paso por el psicólogo desde que era un niño por sus “comportamientos extraños” a vista de sus padres, una infancia “dura y llena de conflicto”, castigos, control y acoso escolar. “Mi padre era consciente de mi situación, pero nunca quiso aceptar mi forma de ser”, lamenta de aquella época de su vida.

“Gracias a mi tía, me vine a España. Mis padres no estuvieron de acuerdo con la noticia. Más mi madre, que éramos como mejores amigos”, explica para reivindicar “esa valentía de dejar todo atrás”. “Aproveché al máximo el tiempo perdido, gracias a Dios una diversión sana, alejado de todo tipo de dependencias y adicciones”, explica. Pero no todo fue fácil. “Nunca olvidaré entre lo más duro de mi vida, cuando tuve que pasar algunos días en el parque entre la lluvia y el frío, en época de invierno, pero lo más duro estuvo por llegar”, cuenta. “Abusaron de mi sexualmente, una mancha que a día de hoy me cuesta un poco, pero que gracias a Dios voy superando”, explica.

Ese fue el peor momento de su vida. Más, que su entrada en prisión, hace cinco meses. “Me costó mucho integrarme”, explica a este medio. En su caso, sí vivió episodios de rechazo en el centro, que le hicieron dudar cuando se enteró de que Ana se proponía crear un grupo de personas LGTBI. “Mi miedo era dar pasos, porque si había sufrido rechazo por parte de algunos compañeros antes de que me cambiaran de módulo, pero ahora estoy más suelto, no estoy atado a nada”, se alegra.

El proyecto, por el momento, se encuentra en una fase muy embrionaria, pero nadie oculta sus ganas de que florezca y pueda extenderse a otras prisiones. “La iniciativa tiene mucho valor por sí misma. Personas de estos perfiles las tenemos en todos los centros”, reconoce la coordinadora de tratamiento y gestión penitenciaria de la secretaría general de Instituciones Penitenciarias, Lourdes Gil. “Hay que contarlo bien, explicarlo bien y decirle a los profesionales qué significa generar grupos y espacios para estas personas. Lo que es importante es que encuentres alguien a favor que impulse los proyectos, por eso es muy importante que desde la secretaría general se implique a los equipos directivos, que hablen con Soto, que lo cuenten y que se vayan generando redes”, explica.

El acto lo cierra Isa. Enfundada en un top geométrico, sobre unos tacones brillantes, aparece en el escenario escoltada por Rafa y Alvin, vestidos con camiseta blanca y vaqueros ajustados. Un “let's go” da el pistoletazo de salida a ‘Slomo’ y los tres arrancan a bailar. Las rejas son una ventana: es la primera vez que esta joven brasileña de 22 años, que lleva un mes y medio en Soto del Real, se presenta ante sus compañeros como lo que es: una mujer.

miércoles, 6 de julio de 2022

#hemeroteca #lgtbi #mayores | Federico Armenteros y el sueño cumplido de abrir la primera residencia de mayores LGTBI+

La Razón / Federico Armenteros //

Federico Armenteros y el sueño cumplido de abrir la primera residencia de mayores LGTBI+.

El presidente de la Asociación 26 de Diciembre explica que el nuevo centro dará asistencia a 65 mayores del colectivo.
Elena Magariños | La Razón, 2022-07-06
https://www.larazon.es/madrid/20220706/3t3bfh24uvh25g27quwsirq424.html

Si bien a día de hoy sigue siendo importante la reivindicación por los derechos del colectivo LGTBI+, lo cierto es que, socialmente, pertenecer a este es algo que está infinitamente más normalizado de lo que estaba hace apenas unas décadas. Venimos de momentos en los que ser homosexual era delito, y, aunque los más jóvenes no hayan nacido en aquel contexto, aún es lo suficientemente reciente como para que muchos ancianos aún tengan el recuerdo de haber crecido en un mundo que, desde que nacieron, les hizo pensar que «había algo mal» en ellos. Así lo define Federico Armenteros, presidente de la Asociación 26 de Diciembre, la cual presta ayuda asistencial a mayores del colectivo y que en septiembre concluirá las obras de la primera residencia de mayores LGTBI+ de Madrid.

«Queremos dar esta atención residencial al colectivo de forma preferente», dice, consciente de que están «muy cerca de conseguirlo». Después de que finalicen las obras, el siguiente paso es burocrático, tanto con el Ayuntamiento como con la Comunidad de Madrid, por lo que la apertura de la residencia Josete Massa. «Por nosotros nos pondríamos en marcha cuanto antes, porque tenemos muchísimas personas que ya estarían dentro y que ahora mismo se encuentran en otras residencias», explica. A estos mayores que están en espera, se les hará el traslado una vez se inaugure el centro, y serían los primeros en entrar.

La residencia dará servicio de alojamiento a 65 personas, además de a otras 15 que serán atendidas en el centro de día. Para Armenteros, esto es «un hito dentro del colectivo», ya que han conseguido «que la diversidad sea visible» también en las generaciones más longevas. «Son personas que han sufrido, que han sido o se han sentido excluidas», dice, por lo que se les va a ofrecer «un espacio de tranquilidad, un espacio seguro para ellas y para que puedan seguir teniendo un proyecto de vida, una ilusión, porque, aunque uno sea mayor, puede seguir teniéndolos».

Cuando Armenteros llegó al cargo de presidente de la asociación, reconoce que, realmente, «no éramos capaces de entender hasta qué punto, dentro de la historia del colectivo, salíamos de un momento muy en contra de nosotros, y de cómo esto había dejado su huella en cada una de estas personas». Y es que «ellos han vivido leyes como la de peligrosidad social o la de vagos y maleantes. Esas personas, que aún están vivas, figuraban en el código penal desde su nacimiento». Además, Armenteros recuerda que, a pesar de que estas leyes han sido derogadas, «no se nos ha reconocido esa situación injusta, así como tampoco se han reparado sus consecuencias». Son personas, dice, «que han nacido y crecido en la exclusión, creyendo que son personas no gratas, que no sirven, y eso ha generado casos claros, incluso, de estrés postraumático, y nadie les ha acompañado aunque hayan sido víctimas, como sí se ha hecho con otras».

En cuanto a la necesidad de crear una residencia para personas LGTBI+, Armenteros señala que se trata de un colectivo en el que las personas no suelen querer ir a residencias normalizadas. «Tendrían que volver al armario, porque nuestras generaciones no han sido educadas sino en la heteronormatividad», asegura. Del mismo modo, recuerda los testimonios de muchos de estos mayores, «muchos de ellos han llegado incluso a planear que, cuando llegue el momento de ser dependiente y necesitar cuidados, acabarían con su vida con tal de no ir a una residencia donde pudieran volver a sentirse así. Eso me puso en alarma, y fue cuando surgió la idea, por ver el estado de soledad en el que incluso hoy se encuentran».

De esta manera, la residencia nace con la intención de ser de titularidad pública, esencialmente, por el perfil al que va a estar dirigida: «Muchos de ellos son pobres debido a que tienen pensiones no contributivas, ya que, en muchas ocasiones, al descubrir que eran homosexuales les echaban de los trabajos». Y es que, con 426 euros, «difícilmente van a poder pagar una residencia privada». Pero, además, pretenden darle al centro un factor diferencial: «que sean los mayores quienes tengan voz, a través de la atención psicológica, la terapia ocupacional y las actividades colectivas e individuales, para hacerles partícipes activos de su proceso de envejecimiento».

lunes, 21 de marzo de 2022

#hemeroteca #vih #mayores | Soledad, fragilidad, desconocimiento: la realidad de los primeros mayores con VIH

El País / Luis: 'Me diagnosticaron VIH en 1987' //

Soledad, fragilidad, desconocimiento: la realidad de los primeros mayores con VIH.

¿Cómo es envejecer con VIH? La primera generación de supervivientes de la infección se ha hecho mayor, está llegando a los servicios de Geriatría y demanda una atención global que vaya más allá de la clínica y atienda sus necesidades socioemocionales.
María Corisco | El País, 2022-03-21
https://elpais.com/sociedad/vihda-positiva/2022-03-21/soledad-fragilidad-desconocimiento-la-realidad-de-los-primeros-mayores-con-vih.html 

“Me diagnosticaron VIH en 1987. Durante 10 años, pasé cada día de mi vida sin saber si me moriría esa semana o la siguiente. En 1998, mi médico me dijo: ‘Luis, tú ya no te vas a morir de esto’. Pero yo tenía ya 49 años. ¿Y cómo te pones a buscar trabajo a esa edad?”. Luis tiene 72 años, una pensión no contributiva de 422 euros y una vida marcada por el VIH.

Él es un ‘supervihviente’. Así se conoce a aquellos pocos que lograron, nadie se explica cómo ni por qué, sobrevivir a los años más duros del VIH. Unos años en los que, sin tratamientos eficaces, el virus solía evolucionar a sida y, en la inmensa mayoría de los casos, terminaban falleciendo de alguna enfermedad oportunista. Nadie podía sospechar que habría unos cuantos que llegarían a viejos.

En 1996, la llegada de las nuevas terapias antirretrovirales marcó un antes y un después en su pronóstico: alargaron la supervivencia, cronificaron la enfermedad y, con ello, abrieron el camino a la primera generación de personas que están envejeciendo con VIH. Y cada vez son más: en estos momentos, la mitad de las personas con VIH tienen más de 50 años -hace una década, este porcentaje era solo del 8%- y los modelos de predicción señalan que, en 2030, la cifra alcanzará el 75%.

“Es una realidad, un hecho objetivo. En nuestras consultas, más de la mitad de los pacientes son mayores de 50 años”, explica la doctora Matilde Sánchez Conde, infectóloga del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid. “Y es una proporción que va a ir aumentando, lo que hace que sea necesario estudiar e investigar cómo va a ser su vejez”.

Ella lo está haciendo: en colaboración con la doctora Fátima Brañas, jefa de Geriatría del Hospital Universitario Infanta Leonor, de Madrid, coordina un grupo de trabajo sobre envejecimiento y VIH. “¿Personas VIH en las consultas de Geriatría? Eso era impensable décadas atrás. Pero ahí están”, explica la doctora Brañas. y añade: “Hacerse mayor es un éxito para cualquiera, pero si tienes VIH el éxito es aún mayor. Y será total si conseguimos que estas personas envejezcan con calidad de vida”.

Una población deteriorada psíquica y emocionalmente
De eso se trata, de calidad de vida y de todo lo que este concepto engloba. Porque el objetivo inicial, el de llegar a conseguir que las personas con VIH tuvieran su carga viral indetectable y lograran equiparar su supervivencia a la del resto de la población, ya se ha conseguido. “Pero ahora queda todo lo demás”, demanda Federico Armenteros, presidente de la Fundación 26 de Diciembre (26D). “Se ha avanzado muchísimo en los aspectos clínicos, pero no tanto en los emocionales. Es una población muy deteriorada psíquica y socialmente”.

Uno de los objetivos de esta fundación, creada en 2010 para dar visibilidad y apoyo a los mayores LGTBiQ+, es afrontar las necesidades de los mayores de 50 años con VIH. “Queremos que estas personas puedan tener una vida más digna. Han pasado lo peor de la pandemia de VIH, muchos de ellos están vivos de casualidad, han estado cuidando de los que se morían, sin apenas capacidad para hacer su propio duelo. Y ahora afrontan su vida en soledad”, enfatiza Armenteros.

En esta soledad vive Luis desde que, hace año y medio, falleciera su madre. “Ella fue mi gran apoyo a lo largo de toda mi vida. Durante años, nos decíamos: ‘Solo nos tenemos el uno al otro’. Cuando ella murió, mi hermano me obligó a irme de la casa”. La fundación 26D le ha facilitado un piso tutelado en el que vivir, “porque con mi pensión no me llega para nada”.

Estos aspectos psicosociales son esenciales a la hora de valorar el envejecimiento, entienden las doctoras Brañas y Sánchez Conde. “Es cierto que el estado inflamatorio propio de las personas con VIH se asocia a un envejecimiento precoz y a la aparición adelantada de comorbilidades, como cardiopatías, problemas renales... Pero hay una visión novedosa: hacer un abordaje más global en el que también tengas en cuenta la situación mental y social de los mayores con VIH”.

¿Y a partir de qué edad se considera que se es mayor con VIH? “De momento, hablamos de los 50 años. Algún día, no muy lejano, esto cambiará. Pero, en este momento, vemos que es así: las personas mayores de 50 muestran menos respuesta, y más lenta, al tratamiento. Y muchas tienen un envejecimiento acelerado”.

Ser mayor con 50 años y no con 80
A Teresa García no le hace mucha gracia esta consideración. Ella tiene precisamente 50 años y no se considera mayor, aunque entiende que “son los baremos que manejan los médicos”. Diagnosticada en 1999, sufrió “la toxicidad de aquellos tratamientos. Es verdad que nos permitieron vivir, pero tenían muchísimos efectos secundarios. Yo llegué a tomarme 18 pastillas diarias, fue durísimo”.

Con tres hijas, y a punto de ser abuela, se ve fuerte. Pero sabe que la suya no es la situación habitual. Trabaja en Médicos del Mundo como mediadora intercultural con personas en riesgo de exclusión. Y señala: “Es cierto que nuestra población [con VIH] sin hogar está mucho más envejecida, pero no solo por ser seropositivos, sino por mil cosas más”.

La doctora Brañas ratifica la percepción de Teresa García: “Lo importante es la edad biológica. Es el punto clave de la hipótesis de nuestro estudio: en VIH, quienes tienen un envejecimiento mayor son los frágiles. Es en la fragilidad donde hay que fijar la atención, es lo que hay que detectar”.

Brañas hace mención a la puesta en marcha, junto a Sánchez Conde, de la Cohorte Funcfrail, es decir, el estudio en un conjunto de personas con VIH mayores de 50 años de su fragilidad y función física. Con él pretenden hacer una foto de la realidad, una valoración global y holística de cómo son estas personas ahora mismo y cómo serán en años sucesivos. Y los primeros resultados ya están rompiendo estereotipos e ideas preconcebidas. Porque muchos médicos piensan que los que sobrevivieron a los primeros años del VIH son los que tienen mayores problemas de salud y un envejecimiento precoz más acusado… pero no es así.

“Hemos visto que las personas diagnosticadas antes del 96, los Long Time Survivors [supervivientes de larga duración], pueden tener algunas características peculiares, pero no son más frágiles. No sabemos por qué”, explica la doctora Sánchez Conde. La doctora Brañas sugiere una hipótesis: “Es posible que aquella fortaleza que les hizo resistir al VIH contra todo pronóstico sea la misma que ahora les está haciendo envejecer mejor”.

Luis es un ejemplo de ello. El diagnóstico de VIH vino acompañado de otros cuantos más: de herpes zóster, de hepatitis B, de tuberculosis renal, de sífilis secundaria... Y, como él mismo cuenta, en estos 35 años, “he tenido de todo, incluso una insuficiencia renal ya controlada. Ahora, además del tratamiento para el VIH, solo tomo una pastilla de ácido fólico y otra para el colesterol”.

Cada seis meses, puntual, va a sus revisiones. Es en esas revisiones entre toda la población con VIH en las que los expertos esperan identificar qué personas mayores con VIH tienen más riesgo de envejecer peor. Para la doctora Brañas, una de las claves es “que no haya discriminación por edad. Es posible tanto que tengas 55 años y debas recibir una valoración geriátrica integral especializada, como que tengas 80 y no la necesites”.

Otra clave, apuntan, es un abordaje multidisciplinar centrado en la detección del riesgo y en la calidad de vida. Con respecto al riesgo, uno de los hallazgos es que, con un diagnóstico precoz, “se puede revertir la fragilidad. Y la mejor herramienta es un programa de ejercicio físico. No solo caminar o moverse, sino pautas concretas individualizadas”. Y, en cuanto a la calidad de vida, “ya no nos preocupa tanto el VIH, sino todo lo demás: el estigma, la soledad no voluntaria, los trastornos del estado de ánimo, la depresión...“.

Llegar a la meta en condiciones muy adversas
Es también la base del trabajo de Federico Armenteros en la Fundación 26D. “Tenemos que ayudarles en sus derechos y necesidades, pero no desde el paternalismo sino desde la comprensión, el apoyo y el cariño. Nos encontramos con personas aterradas y que muchas veces tienen rabia ante el mundo. Así están. Son personas que se han construido desde el rechazo y ello ha llevado a muchos suicidios, tanto activos como pasivos: se han abandonado, se han dejado caer en el alcohol…”.

Y ahora, en la vejez, llegan otros miedos, advierte Tere García: “Los médicos que nos han estado atendiendo también envejecen, se van jubilando, y hay mucho temor acerca de quiénes les sustituirán, de cómo nos van a atender. Las personas con VIH más mayores lo hablan todo con su doctor, con su doctora, y ahora preguntan: ‘¿Y quién me va a atender ahora a mí?”.

domingo, 17 de enero de 2021

#hemeroteca #lgtbi #mayores | ¿Mayores LGTBIQ+? Sí, existen, pero muchos siguen «condenados a ocultarse como las ratas»


¿Mayores LGTBIQ+? Sí, existen, pero muchos siguen «condenados a ocultarse como las ratas».

Poder ser lo que uno es. Algo tan sencillo como eso ha sido imposible para muchas generaciones en nuestro país. Un armario generacional que airea el episodio del podcast ‘¿Puedo hablar!’.
Silvia Nanclares | SModa, El País, 2021-01-17
https://smoda.elpais.com/placeres/mayores-lgtbiq-si-existen-pero-muchos-siguen-condenados-a-ocultarse-como-las-ratas/

Al final, estando ya en paliativos, Josete no quería morirse. En el último tramo de su vida, después de vivir casi veinte años aislado, prácticamente sin hablar con nadie, encontró en la Fundación 26 de Diciembre a personas que lo acompañaron a morir con dignidad. Nunca antes lo habían cuidado ni casi tratado con cariño y respeto. “Él pudo morir a gusto, sin odio”, recuerda Federico Armenteros: presidente y fundador de la Fundación 26 de diciembre. “Nosotros, por nuestra parte, pudimos experimentar la alegría de ver que una persona se va de este mundo con dignidad y acorde a su deseo. Él quería morir en su casa, con sus cosas, sus recuerdos”. Y la Fundación fue garante de cumplir su voluntad. ¿Cómo quieres morir? ¿Cómo quieres que te cuide? Qué preguntas tan inusuales y necesarias. Hoy, la residencia para mayores LGTBQ+, pionera en España y levantada en un edificio cedido por la Comunidad de Madrid en el barrio de Villaverde, lleva su nombre: Josete Massá, quien después de toda una vida anulado, pudo morir con alegría.

Pocas veces un podcast se convierte en imprescindible, en memoria histórica viva, en un abrir puertas y ventanas de casas donde han vivido personas escondidas, historias sin contar, sin derecho a existir. ¿Quiénes se encargan de esta bendita ventilación? Por un lado, Perra de Satán (Beatriz Cepeda) y Esnorquel (Enrique Aparicio) entrevistan largo y tendido a Federico Armenteros, memoria viva de la lucha LGTBQ+. ¿Dónde? En el episodio #52 del podcast '¿Puedo hablar!', un espacio donde se puede hablar de todo. Todo aquello que interesa, atraviesa e interpela a sus anfitriones e invitadas.

¿Dónde están las personas mayores LGTBQ+? “Estaban guardados en el armario, y todavía lo están”, afirma rotundo y sin trazas de victimismo Federico. Edadismo y homofobia, dos filtros de nuestra mirada social tan interiorizados que nos hacen ya no discriminar sino convertir en invisibles a este colectivo de mayores. ¿Existen? Sí, pero muchas veces están solos, armarizados otras tantas, y otras muchas en pareja sin formalizar, lo que les deja desamparados frente a situaciones de viudedad de facto pero no de derecho. Duelos y viudedades sin reconocer, sin poder vivirse en lo público. Generaciones que en su juventud fueron injustamente apresadas, torturadas, perseguidas, maltratadas o sometidas a tratamientos de choque (el nombre de la Fundación hace referencia al 26 de Diciembre de 1978, dia en que se derogó la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, antes de Vagos y Maleantes), “simplemente por tener una orientación sexual o una identidad sexual o de género, que no encajaba con la que quería el régimen”, se ven ahora abocadas a un nuevo castigo social: la invisibilidad y la soledad no deseada. “Condenados a ocultarse como las ratas, después de una vida sin poder expresar sus afectos, de no poder ser ellos y ellas mismas”.

¿Quién cuida a quién en estas situaciones de aislamiento, un aislamiento no elegido, en muchas ocasiones habiendo sido defenestrado por sus propias familias biológicas? ¿Y qué ocurre cuando hay deterioro cognitivo? ¿O enfermedades terminales? Personas en los límites, desheredados de una sociedad cis heteronormativa que invisibiliza a todo aquel que no entra en las limitadas normas de nuestro juego social. Desde la Fundación 26 de diciembre, el trabajo de acompañamiento a estas realidades es prioritario. Sin paternalismos, convirtiéndose en familia, atendiendo a los deseos de quiénes son cuidados. Porque la comunidad LGTBQ+ es diversa. Y atender esta diversidad amorosamente es otra de las premisas de las personas que trabajan y quienes realizan voluntariado en la Fundación. En una sociedad en la que estamos derribando constantemente barreras relacionales por un lado y haciendo culto a la eterna juventud por otro, parece que no queremos mirar a un horizonte al que sí o sí estamos abocados: ¿quién nos cuidará cuando seamos mayores? Es un interrogante que nos deberíamos plantear, sobre todo aquellas que vivimos nuestra vida en cierto margen de la familia nuclear y cisheteronormativa. Como dice Esnorquel: “A la comunidad LGTBQ+ no se nos ha enseñado a ser mayores. Al menos en la comunidad marica”. Así, al llegar a una determinada edad se genera así una doble invisibilidad dentro de la propia comunidad elegida.

La principal acción de la Fundación del 26 de diciembre es el acompañamiento: lo que no hacen las familias biológicas lo hace esta familia elegida que cumple ya diez años desde su creación. La homofobia interiorizada es otra de las barreras que apuntalan la soledad del colectivo. Durante la pandemia de covid-19, desde la Fundación se han asistido a casos donde, ante la posibilidad del matrimonio in articulo mortis, “la vergüenza de que el juez sepa que te estás casando con alguien de tu mismo sexo ha sido a veces mayor que la necesidad de dejar formalizada tu situación de convivencia. ¿Y cómo queda la otra persona? Sin pensión, en el limbo administrativo”, cuenta de primera mano Federico.

Si vives en Madrid quizá te suene Viola, 66 años, mujer que hasta hace poco vivía en situación de calle con un deterioro cognitivo fuerte. Tal vez la hayas visto alguna vez por las inmediaciones de la Gran Vía, una mujer muy alta, de grandes zapatillas, una persona muy conocida. Tan visible y tan invisible a la vez. Porque al edadismo y a la homofobia se suma la misoginia. ¿Resultado? Lesbofobia y transfobia. La invisibilidad de la comunidad lesbiana y trans entre mayores es aún más rampante. La Fundación se puso a trabajar con ella hasta poderla tutelar y así poder tramitar su acceso a residencias y pasar días fuera con ella. “Parece que nos toca bailar con lo más feo de la sociedad, pero para nosotros es lindísimo”. Así se vive el acompañamiento en la Fundación. Gracias ‘¿Puedo hablar!’, por facilitar este necesario (y no es el enésimo tópico) podcast, por dejarnos hablar y escuchar.

martes, 17 de diciembre de 2019

#hemeroteca #lgtbi #mayores | “Los mayores LGTB nos quedamos más solos”

Imagen: El País / Lorenza Machin y Federico Armenteros (de pie) y Pedro Antonio Berguería (sentado)
“Los mayores LGTB nos quedamos más solos”.
Los homosexuales denuncian el rechazo que padecen en las residencias y piden centros específicos.
Miguel Ángel Medina | El País, 2019-12-17
https://elpais.com/sociedad/2019/12/16/actualidad/1576509128_886751.html

“Los mayores LGTB [lesbianas, gais, transexuales y bisexuales] nos quedamos más solos al envejecer, porque añadimos el extrañamiento de la familia y del lugar de origen, ya que muchos emigramos a las grandes urbes para vivir con más libertad y fuimos apartados de nuestras familias”, explica Pedro Antonio Beguería, de 71 años. “Ingresar en una residencia nos produce el temor de tener que regresar al armario, porque somos rechazados con posturas poco tolerantes”, añade.

La Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB) ha presentado este lunes un estudio sobre personas LGTB mayores de 55 años que, aunque solo abarca 145 entrevistas —ha sido difícil conseguir más—, muestra que un 50% de ellos mostraron públicamente su condición sexual durante gran parte de su vida, pero la mitad de ellos decidieron volver a ocultarla al cumplir esa edad. Los síntomas de depresión afectan a un 30% de ellos, lo que triplica los datos de la población general, y un 39% ha tenido pensamientos suicidas. Manuel Martínez, director del Imserso, ha acudido a la presentación del estudio y coincide en el análisis: “Hay que avanzar en el mejor trato de las personas mayores en general, pero sobre todo de aquellas que puedan tener más vulnerabilidad, como son las LGTB”.

Federico Armenteros, presidente de la Fundación 26 de Diciembre, explica que su ONG recibe muchas llamadas de personas ingresadas en centros de mayores que no pueden mostrar su homosexualidad. Pese a ello, no existe ningún recurso específico en España para ellos, aunque la fundación está trabajando para poner en marcha la primera residencia de España para mayores LGTB. “Según mi experiencia, una persona de orientación sexual diferente que entre a una residencia siempre se va a encontrar recelos. Pero para eso estamos los trabajadores sociales, para apoyar y respetar y hacer que la situación no sea tan grave que dificulte la convivencia”, dice Gustavo García, de la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales.

Beguería vivió en sus carnes la temida ley de vagos y maleantes franquista. “Nos consideraba enfermos y nos causó mucho miedo. Yo siempre fui muy cauto, pero a un compañero lo pillaron, le dieron una paliza y le obligaron a realizarle una felación a un sargento”, denuncia. Desde entonces, este zaragozano ha visto crecer sus derechos y su mentalidad ha ido cambiando. “Estuve 33 años con mi pareja, Eusebio. Nos casamos en 2006. Murió hace siete años y nunca llegamos a ir de la mano por la calle”, lamenta. Hace tres años conoció la asociación Cogam y desde entonces es un activista por los derechos de los mayores. “Mayores sin armarios. ¡Historia, lucha y memoria!” fue el lema de la pasada edición del Orgullo para visibilizar esta problemática. “He puesto mi cara para salir en esa campaña”, dice, orgulloso.

No es el único ejemplo. Lorenza Machín, de 73 años, se casó con un hombre, vivió con él hasta los 58 y tuvo dos hijos. “Mi padre era muy estricto y nunca pensé en otra cosa que en cuidar a mis hijos. Cuando me divorcié una amiga me dijo que fuéramos al hogar del pensionista a bailar. Un señor me dijo si quería bailar. Lo primero que me dijo fue ‘¿Tu marido te deja venir?’. Le dije que estaba separada. ‘¿Entonces vienes a buscar marido?’. Eso muestra la mentalidad que traemos”, relata la canaria. “Con 60 años empecé a hacer teatro y una muchacha se me insinuó. Ahí descubrí que por primera vez en la vida estaba enamorada y por qué nunca había estado satisfecha con mi vida”. Lleva dos años con su pareja, Carmen, y se casó hace tres meses. “Mi boda fue activismo puro, para que las señoras mayores a las que les ha pasado como a mí pero que no se atreven a dar el paso lo den”.

Armenteros, de 60 años, también tuvo una infancia difícil: “Me inculcaron la homofobia desde pequeño. Con cuatro años, mi tío me regaló una muñeca y luego me la quitó y la tiró encima de un armario y me gritó ‘maricón’. Y he vivido toda la juventud adaptándome a una sociedad represiva que no me dejaba ser yo mismo”. También se casó “como dios manda” y tiene una hija. Pero con 36 años, y tras tres de terapia, salió del armario. “Era eso o suicidarme”. Desde entonces, no hay quien lo vuelva a encerrar: “Llevo 14 años con mi pareja y nos vamos a casar. Vamos de la mano y nos damos un beso cuando nos apetece”.

No todo el mundo ha podido completar este proceso. Armenteros conoce muchos casos de personas que no se aceptan. “Un hombre de 74 años no permitía que fuéramos a atenderlo para que sus hermanos no supieran que era gay. El otro día fuimos a dar una charla en una residencia en A Coruña. Los pocos que entraron, cuando empezamos a decir que éramos gais, se levantaron y se fueron. Si no pueden ni escucharlo, ¿cómo te van a aceptar en una residencia?”.

La fundación pide recursos específicos para este colectivo. “El Ayuntamiento de Madrid tiene 90 centros de atención a personas mayores, pero los LGTB no van porque no se sienten atendidos. Hay que crear recursos específicos para nosotros”, dice. Coincide Machín: “Tiene que haber residencias específicas para que entremos con dignidad, y para que haya profesionales que sepan atendernos. Que no nos separen a mi mujer y a mí de habitación”.

El primer centro específico llegará el año que viene
La Fundación 26D impulsa la primera residencia para mayores LGTB en Villaverde (Madrid). “Estamos esperando la licencia de obras y queremos abrirla el año que viene, a ser posible en el Orgullo”, dice su presidente, Fernando Armenteros. “Será una residencia pública de la Comunidad de Madrid gestionada por nuestra ONG y con plazas para todo el colectivo LGTB. La iniciativa surge de la Ley regional contra la LGTBifobia que dice que tiene que haber recursos especializados para las personas vulnerables. Los trabajadores tendrán formación específica en diversidad”, añade.

viernes, 29 de noviembre de 2019

#hemeroteca #lgtbi 3mayores | Los veteranos del arcoíris, una cuestión de memoria

Imagen: La Opinión A Coruña / Federico Armenteros y Noelia mellado
Los veteranos del arcoíris, una cuestión de memoria.
Las jornadas 'Mayores sin armarios' reivindican la existencia de la vejez LGTBI y buscan concienciar sobre su situación de desamparo.
Marta Otero | La Opinión A Coruña, 2019-11-29
https://www.laopinioncoruna.es/coruna/2019/11/30/veteranos-arcoiris-cuestion-memoria/1456579.html

Hay quien cree, todavía, que la lucha por los derechos del colectivo LGTBI, o incluso, los propios integrantes de las siglas son realidades surgidas hace pocos años. Las personas gais, bisexuales, lesbianas y transexuales existen desde el principio de los tiempos, y pretenden, tras años de silencio, reivindicar su memoria y su historia. Este es el objetivo que persigue la Asociación por la Libertad Afectivo Sexual, ALAS A Coruña, con la puesta en marcha de las jornadas ‘Mayores sin armarios: Historia, lucha y memoria’, que comenzaron ayer con la intervención de dos activistas.

La coordinadora de Políticas bisexuales de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales, Noelia Mellado, y el fundador de la Fundación 26 de diciembre, Federico Armenteros, aportaron ayer su visión sobre el tema en la Casa Museo Casares Quiroga. Hoy lo harán de nuevo, ante un auditorio de edad elevada, en la residencia de mayores Torrente Ballester, a las 11.30 horas.

Federico Armenteros, educador social y homosexual, lo hará para predicar con el ejemplo. Desde la Fundación 26 de Diciembre, que debe su nombre a la fecha de la derogación, en 1978, de la Ley de Peligrosidad Social, asiste a personas LGTBI de la tercera edad a las que el sistema desampara. Con ellos, tienen la oportunidad de envejecer dignamente sin pasar por el trago de volver al armario. "Viven en la invisibilidad y en el sufrimiento. No se ven comprendidos y no tienen recursos que impliquen no volver al armario. Van a residencias cuando no hay otra alternativa, muchos prefieren suicidarse antes que ir", explica Federico Armenteros.

Es por eso por lo que decidió fundar la entidad, que, si los plazos se cumplen, abrirá su primera residencia de mayores LGTBI en junio del próximo año. "De esta forma tendrán un lugar donde sentirse atendidos y empoderados. Les cambian las expectativas, han sido educados para pensar que no sirven para nada", señala.

Desde la Fundación ofrecen, además de alternativa residencial y atención domiciliaria, acompañamiento y asistencia psicológica. Comidas, excursiones, actividades y ocio educativo son algunas de las iniciativas que promueve la fundación, con el fin de atenuar la soledad que sufre el colectivo de los veteranos de la bandera arcoíris. Atienden, diariamente, a unas 250 personas, y aunque por ahora funcionan en Madrid, es cuestión de tiempo que se expandan a otras comunidades, ya que la demanda de este servicio no deja de crecer. Recuperar la memoria es otra de sus prioridades. "Han borrado nuestra historia, la han ocultado, por eso ocurren las cosas que pasan ahora", explica el fundador de la entidad.

Noelia Mellado, por su parte, instruirá sobre la importancia de saber reconocerse como bisexual en una sociedad que niega la existencia de la letra B del colectivo. "No hay referentes bisexuales de la tercera edad. Solo una, Rosa Araúzo. Esto lleva a que muchas personas hayan vivido toda la vida cohibidas", explica Mellado. Como coordinadora de Políticas LGTBI, una de sus funciones es la de medir en qué momento se encuentra el discurso bisexual en cada una de las entidades pertenecientes a la Federación Estatal.

Su condición sexual es una de las más invisibilizadas. En su opinión, esta discriminación ha influido en que muchas personas no sepan ponerle nombre a lo que son o a lo que sienten. "Hay muchos ejemplos en la historia de personas bisexuales que se han resignado a estar con personas del género opuesto por temor a represalias. No daban explicaciones por miedo", relata.

jueves, 18 de julio de 2019

#hemeroteca #lgtbi #mayores | Armenteros, sobre los mayores LGTBI: "Nos han machacado muchas veces"

Imagen: El Apurón / Federico Armenteros
Armenteros, sobre los mayores LGTBI: "Nos han machacado muchas veces".
D. Sanz | El Apurón, 2019-07-18

https://elapuron.com/noticias/sociedad/129619/armenteros-los-mayores-lgtbi-nos-machacado-muchas-veces/

La situación de las personas mayores LGTBI tuvo un lugar destacado en la Convención Política y Social del Love Festival que se celebró esta mañana en el Museo Arqueológico de Los Llanos de Aridane. Y nadie mejor que Federico Armenteros, presidente de la Fundación 26 de Diciembre que trabaja para gestionar recursos residenciales y mejorar la atención y la calidad de vida del colectivo de mayores LGTB, para abordar la situación de la llamada “generación silenciada”.

“Me parece muy interesante que hayan incorporado a las personas mayores al programa del Love Festival. Que tengamos voz, que tengamos presencia, porque es parte de nuestra historia, que hasta este momento estaba olvidada”, comentó Armenteros.

Y es que detrás de la lucha actual por el reconocimiento de los derechos y libertades del colectivo LGTBI, hay una historia muy dura de castigo y persecución. “Parecía que habíamos nacido en Chueca pero hemos estado mucho tiempo aquí, conservando nuestra identidad, en los peores momentos. Por eso, que en este festival seamos protagonistas, nos da alegría para que nuestra lucha siga”.

Una especie de doble discriminación sufren las personas mayores de este colectivo. “En esta sociedad, en general, las personas mayores estamos muy apartadas”, lamentó Armenteros, quien defiende que “es importante que seamos un poco referentes y pongamos a nuestra historia delante”.

“Es hora de que seamos visibles, que se hagan programas y proyectos para las personas mayores, porque hemos vivido otra historia que nuestros compañeros heteros. Hemos vivido historia, educados en el odio y nos han machacado muchas veces y en este momento necesitamos comunicarnos de nuevo”, agregó.

viernes, 5 de julio de 2019

#hemeroteca #lgtbi #orgullo #lgtbifobia | Ser minoría dentro de una minoría

Imagen. El País / Carrera de Tacones en Chueca
Ser minoría dentro de una minoría.
El colectivo LGTBIQ no escapa a la realidad social: dentro de su comunidad también existen grupos discriminados y oprimidos.
Marta Villena / Pablo León | El País, 2019-07-05
https://elpais.com/ccaa/2019/07/05/madrid/1562355913_142305.html

Los disturbios de Stonewall, en Nueva York, celebran este año medio siglo de historia: por eso la metrópoli acoge el World Pride 2019, justo después de que Madrid fuese anfitriona de la cita. Esa revuelta contra los abusos policiales al colectivo LGTBI marcó la lucha por los derechos y estuvo liderada por dos mujeres trans racializadas: Marsha P. Jonshon y Sylvia Ray Rivera. Paradójicamente, aquellas que iniciaron el movimiento son hoy por hoy las más invisibilizadas del colectivo.

A la vez que la comunidad LGBTI ha ido normalizándose, se ha marginado a grupos que forman parte de la misma. A las mujeres trans se suman los mayores, las personas racializadas, los refugiados, o los gitanos. “Siempre ha predominado la visión del hombre blanco cis homosexual”, apunta Federico Armenteros, presidente de la Fundación 26 de Diciembre, centrada en los mayores LGTBI: “Como la sociedad es machista y patriarcal, se replican valores asociados a esa masculinidad tóxica”.

Mayores. “A nosotros nos han obligado a ser una minoría dentro de la minoría”, explica Armenteros, de 60 años. Esos pioneros en la lucha son los reivindicados este año en el Orgullo de Madrid. “Como en la sociedad, se nos discrimina. A los mayores LGTBI quieren encerrarnos en residencias especializadas en las que no encajamos". Armenteros lamenta el desprecio con el que ha tratado la historia a esa generación. “Nadie ha estudiado cómo ha influido la homofobia en nosotros, qué consecuencias nos ha provocado el maltrato y la exclusión de manera continua”, relata. Entre los problemas de los mayores identifica la exclusión, la soledad o la precariedad económica: “No hemos podido cotizar porque éramos maricones y no nos contrataban; no hemos tenido pensión ni viudedad y tampoco nos hemos podido casar”. Reclama un estudio para conocer el estatus de “nuestras mayores”; también, un congreso para estudiar su situación.

Mujeres trans. “Si los gais blancos va en el primer vagón de los derechos; las mujeres trans estamos en el último”, apunta la periodista y escritora Valeria Vegas, autora del ensayo ‘Vestidas de azul. Análisis social y cinematográfico de la mujer transexual en los años de la transición española’ (Dos bigotes). o de la biografía de La Veneno (‘Digo. Ni puta ni santa’). “A todas las siglas [LGTBI] nos une la discriminación, pero como nosotras no hemos tenido una identidad propia, nos hemos tenido que unir al hermano mayor [los gais]“, agrega.

Refugiados. Karla Avelar es salvadoreña. También mujer trans y racializada. Vive como refugiada política en Ginebra (Suiza) y es el epítome de la discriminación. “La persona que huye de su país cree que al salir ya tiene garantizados sus derechos por el país de acogida, pero no es así”, dice Avelar que huyó de El Salvador porque su vida “corría peligro”. “Al llegar a Ginebra me metieron en un módulo de acogida de hombres porque así lo decía mi DNI, me retiraron mis documentos, me prohibieron la libre circulación y me quitaron mi derecho a trabajar”. Casi 80 países en el mundo penalizan por ley a las personas LGTBI; 11 de ellos con pena de muerte. “Las personas refugiadas LGBTI sufren mayor discriminación: en su país de origen; durante el viaje, por parte de sus propios compatriotas; y en ocasiones incluso en el país donde piden asilo político”, explica Juan Carlos Arnáiz desde la conferencia de derechos humanos Madrid Summit, que se celebró ayer en la sede del Parlamento Europeo en la capital y donde se abordó la cuestión.

Racializados. “El plástico de mis uñas de gel me representa mejor que mi DNI”. Putochinomaricón (nombre artístico de Chenta Tsai, que acaba de publicar el libro Arroz tres delicias. Sexo, raza y género) denuncia la doble discriminación que sufren los miembros del colectivo que no son blancos. “La gente se piensa que somos una comunidad unidimensional: a muchos les parece incomprensible que una persona racializada pueda ser otra cosa más”.

Plumofobia. A los mayores que homenajea el Orgullo de Madrid siempre les han descrito como “maricones, invertidos o afeminados”, apunta Armenteros. “Todo el mundo tiene pluma —la hetero se expresa tocándote los huevos o haciendo ademanes—, pero solo se castigan las que no encajan en la supuesta norma”, agrega.

La icónica Carrera de Tacones de la calle Pelayo justamente reivindica la pluma. A pesar de esos intentos por vindicarla, en redes sexuales, como Grindr, algunos la censuran: “Abstenerse chicos con pluma”, anuncian algunos perfiles. "Los que nos hemos sentido minoría, deberíamos de cuidar mucho no tener ningún tipo de mirada excluyente", avisa Jaime de los Santos, consejero de Cultura de la Comunidad de Madrid. De pequeño le gustaba jugar a las Barbies con su hermana pequeña —"Me sigue gustando", apunta—; en el colegio le llamaban "maricón". "No entiendo un gay plumofóbico como no comprendo que una mujer sea machista", agrega De los Santos. "El colectivo es reflejo de la sociedad, donde, desgraciadamente, sigue habiendo atropellos a lo diferente. Eso nos indica que aún tenemos mucho trabajo que hacer”.

martes, 2 de julio de 2019

#hemeroteca #lgtbi #mayores | Mayores LGTB: Sin pensiones de viudedad y con 420 euros al mes

Imagen: Facebook / Federico Armenteros
Mayores LGTB: Sin pensiones de viudedad y con 420 euros al mes.
Servimedia | Qué, 2019-07-02

https://www.que.es/ultimas-noticias/mayores-lgtb-sin-pensiones-de-viudedad-y-con-420-euros-al-mes.html

Los mayores del colectivo LGTB han comenzado una campaña para exigir que se blinden las pensiones en la Constitución y que se eleve la cuantía de las no contributivas, ya que muchos de ellos, según denuncian, carecen de pensiones de viudedad por no haber podido casarse nunca con sus parejas y apenas han cotizado porque “no nos querían contratar”.

“Es un sector de la población enormemente desprotegido y que sufre la precariedad en sus condiciones de vida, con pensiones de miseria y en muchos casos sin pensión por no haber podido cotizar, precisamente por la marginación que han sufrido por su orientación sexual o por ser transexuales”, explicó el responsable de la Fundación 26 de diciembre, Federico Armenteros, en declaraciones a Servimedia.

Por esta razón, muchos de ellos carecen de ingresos más allá de las pensiones no contributivas, que rondan los 420 euros al mes. Asimismo, hay muchos viudos por la pandemia de VIH que, al no haber podido beneficiarse del matrimonio igualitario -se aprobó en 2005-, no pueden optar a pensión de viudedad.

“Algunos están en situación de calle; otros, compartiendo piso”, explicó este activista LGTB, cuya fundación cuenta con pisos para tratar de dar cobijo a estos mayores. “Cuanto más mayores son, más perseguidos han estado y más dificultades han tenido para encontrar trabajo”, relató Armenteros.

Por ello, mayores del colectivo LGTB se concentrarán mañana, miércoles, en la Plaza de Callao para exigir un blindaje del sistema de pensiones junto a la Mesa Estatal por el Blindaje de las Pensiones (MERP), con quienes recogerán firmas para la causa.

La presidenta de la Federación Estatal LGTB, Uge Sangil, señaló por su parte que estas personas del colectivo están una “situación de bastante vulneración”, ya que sus cotizaciones han sido muy bajas y “están en situaciones de pobreza bastante importantes”.

Mañana aprovecharán para “unir reivindicaciones” con la MERP y buscar que se blinden lals pensiones en la Constitución, así como que se eleven las cuantías de las no contributivas y se ponga especial atención en los mayores LGTB que, por su invisibilidad, no ha tenido reconocido sus derechos como el matrimonio o un trabajo digno.

martes, 19 de marzo de 2019

#hemeroteca #mayores #lgtbi | Los mayores LGTB, esos grandes olvidados por la sociedad y por su propio colectivo

Imagen: 65 y más / Federico Armenteros
Los mayores LGTB, esos grandes olvidados por la sociedad y por su propio colectivo.
La Fundación 26 de diciembre vela por los derechos de los mayores LGTB.
Pablo Recio | 65 y más, 2019-03-19
https://www.65ymas.com/sociedad/asociaciones-de-mayores/mayores-lgtb-fundacion-26-diciembre_1535_102.html

La Fundación 26 de diciembre, creada en 2010 con el objetivo de defender los derechos de las personas mayores LGTB, un colectivo que se cifra en torno a las 800.000 personas en toda España, es hoy un referente en la lucha contra el edadismo. La organización debe su nombre a una fecha histórica simbólica para el colectivo: el 26 de diciembre de 1978, cuando se modificó la Ley 16/1970 sobre Peligrosidad y Rehabilitación (anteriormente conocida como la Ley de Vagos y Maleantes) que penalizaba la homosexualidad, así como el consumo de droga, la prostitución, la venta de pornografía o la inmigración ilegal.

Para llegar a buena parte de los mayores que actualmente forman parte de la fundación, abrieron, en 2014, una sede en el barrio madrileño de Lavapiés que sirve como centro de día. En él, se organizan actividades de todo tipo enfocadas al público de más edad como charlas, talleres, cine fórum o grupos de discusión. Para conocer más en profundidad el proyecto y las reivindicaciones de sus integrantes, 65Ymás conversa con su presidente y fundador, Federico Armenteros, un educador social que con 50 años se quedó en el paro y decidió dar un giro a su vida y crear la ONG, que hoy asiste a unas 700 personas.

“Veía que los mayores no estaban en ningún sitio”, comenta el presidente cuando se le pregunta por la razón para crear la fundación. En el pasado, había participado en alguna asociación LGTB como la madrileña COGAM, pero no sentía que se le diese la suficiente visibilidad a las personas mayores. Por ello, en 2008 empezó a planear cómo sería la fundación y, en 2010, decidió dar el paso y la creó.

Desde entonces, no ha parado de crecer el número de mayores que se acercan a su local para participar en sus actividades o, simplemente, para conocer el proyecto. “Funciona por el boca a oreja”, explica. Pero el camino no ha sido fácil. “Nuestro colectivo ha nacido cojo. Los miembros que iban más avanzados entendieron que se podrían recuperar derechos si dejábamos de lado las miserias”, critica. “Muchos mayores se encuentran en un mundo de exclusión y de vulnerabilidad, pero eso no vende”, denuncia.

Para Armenteros, la imagen que se tiene del mundo gay, “que no LGTB”, no responde a la realidad. “Compramos que ese colectivo es joven, divertido, consumidor, guapísimo, atleta...”, explica. Según el presidente de la fundación, la culpa la tienen “los medios y ellos mismos” que han alimentado ese estereotipo. “Nos han educado en el hedonismo”, explica.

En su opinión, los mayores no se encuentran en la misma situación que las personas de menor edad. “Un joven está dentro de la sociedad. Es evidente que hay homofobia, pero no tienen una Ley de Peligrosidad a sus espaldas. Podrán caer mejor en sus familias o en el colegio, pero hay leyes que nos defienden”, apunta. Y añade que, para él, el resultado de esto es que, al final, “sólo se habla de los LGTB en el Orgullo”.

Asimismo, según Armenteros, se ha vendido el mito de que las personas homosexuales son ricos. “Muchos de los que vienen a la fundación no tienen un duro. La realidad del colectivo es igual que la del resto de la población. Hay mayores con dinero y otros con menos. Algunos viven con 400 euros de pensión”, comenta. Y denuncia: “El colectivo no lo quiere ver. Dicen, nosotros apoyamos la fiesta y la visibilidad, pero todo lo que es feo, no”.

Una residencia para personas LGTB
Uno de los caballos de batalla más importantes de la fundación ha sido tratar de conseguir un espacio hecho para ellos en el que poder envejecer. En 2010 lo intentaron con el Cohousing, pero no fue posible por motivos financieros. “Creíamos que los homosexuales éramos ricos. Tienes que poner una inversión de 110.000 euros. Los mayores te decían: ‘No voy a vender mi casa para meterme en algo que vete a saber si sale’”, recuerda.

Unos años después, se enteraron de que la Comunidad de Madrid les podía ceder un edificio para tal fin en el barrio de Villaverde por 30 años, siempre y cuando la restauración y acondicionamiento corriese por cuenta de la fundación. Se presentaron y les cedieron el espacio. Actualmente, trabajan para que el proyecto salga adelante.

“Me sentía como Juana la Loca o Clara Campoamor, porque el colectivo no me ha acompañado en esta reivindicación”, rememora. Para él, lo importante es tener capacidad de elegir. “El Estado tiene residencias pero ni se ha formado al personal ni se han hecho para el colectivo. Además, en ellas están los mayores, que son los más crueles porque hemos vivido juntos y han sido educados en la homofobia. Es como si metemos a las mujeres maltratadas con su maltratador”, explica. Y se pregunta: “¿Por qué tengo que ir con personas con las que no me une nada?”

Repensar el colectivo
“El movimiento ha ofrecido a la sociedad en su conjunto unas libertades que no existían”, apunta por una parte. Pero matiza: “No obstante, la gente está muy cansada. Hay que implicar a todos al igual que hace el movimiento feminista que quiere vincular a toda la sociedad. Ellas han sido nuestras madres”. En las discusiones entre miembros del colectivo suelen sacar a menudo este tema a colación. “Hablando con las mayores, les digo: ‘Vosotras erais una mierda pero nosotros peor aún. Éramos una deshonra, invertidos”, cuenta.

Pero, si una parte del colectivo mayor LGTB ha sufrido discriminación, estos han sido las mujeres y los hombres trans. Según el dirigente de la ONG, los hombres trans no pudieron hacer el tránsito y “si una mujer afirmaba que se sentía hombre, la mandaban al psiquiátrico”. “Tienen una esperanza de vida de 54 años. Muchos han muerto por la drogodependencia, automedicación, siliconas en mal estado y, sobre todo, por la exclusión social”, explica.

Derecho a la compensación
“Las legislaciones son un brindis al sol. No tienen dotación presupuestaria, es como la Ley de Dependencia”, critica el presidente de la fundación. A su parecer, hay cosas que se han conseguido como que les cedan la residencia, pero la iniciativa “no salió del Estado”, sino que fueron ellos los que tuvieron que luchar por ella, cosa que, en su opinión, no le pasa a la Iglesia a la que sí ofrecen directamente estas cesiones.

Aunque el factor edad está integrado en la Ley LGTB de 2016 de la Comunidad de Madrid, Armenteros piensa que hace falta que las instituciones den un paso más y compensen de alguna manera el daño hecho a los mayores que forman parte del colectivo. “No ha habido un reconocimiento público”, apunta. Según él, queda aún mucho por hacer. Prueba de ello, fue que hubo que esperar a los 90 para que “nos quitaran del catálogo de enfermedades”, recuerda.

Por último, el fundador de la organización por los derechos de los mayores LGTB, se muestra pesimista por el poco músculo que tiene el colectivo. “Sólo nos han enseñado a sacarlo en la fiesta del Orgullo”, afirma. Armenteros ve con preocupación el aumento de la extrema derecha. Según constata, mucha gente empieza a decir cosas como: “Teniendo tanto cáncer, ¿tenemos que operar a ésta?”. Además, “están machacando a las clínicas de aborto y nadie hace nada”, denuncia.

Al presidente de la fundación no le parece tan fácil luchar contra un posible regreso de las políticas del pasado. “¿Cuántos homosexuales han votado a Vox? Un montón. ¿Cuántas personas están en los colectivos? Muy pocas, pero pasa lo mismo con las asociaciones de vecinos”, apunta. Y concluye: “El colectivo se tiene que unir al movimiento feminista”, porque, según él, por sí mismo no tiene la fuerza suficiente.