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domingo, 3 de mayo de 2026

#hemeroteca #lgtbi #activismo | Dos maricones, tres lesbianas, una bisexual y la importancia de colectivizarse

Una manifestación del Orgullo Crítico de Madrid //

Dos maricones, tres lesbianas, una bisexual y la importancia de colectivizarse

Paco Tomás | Público, 2026-05-03

https://www.publico.es/opinion/columnas/dos-maricones-tres-lesbianas-bisexual-importancia-colectivizarse.html

A Isabel Díaz Ayuso no le gusta que los gais, lesbianas, bisexuales, trans y demás identidades afectivo-sexuales y de género estemos unidas. Ella, que opina que el Orgullo LGTBIQ+ es “un secuestro mediático” que hay que “estar aguantando” durante todo un mes, que ha legislado contra nosotros permitiendo que las torturas de conversión -o sea, curarnos de nuestra homosexualidad o identidad de género- NO sean delito penal, nos anima a que dejemos de colectivizarnos. Que mejor un gay por aquí, una lesbiana por allá, pero nada de ir juntas a ninguna parte. 

Cuando Ayuso, o cualquier otra persona, dice eso lo que está haciendo es lo mismo que hizo la clase empresarial, a principios del siglo XIX, cuando los obreros comenzaron a organizarse en sindicatos para luchar contra las jornadas laborales inhumanas, los bajos salarios y el empleo infantil. Que los obreros se unieran para luchar por sus derechos fue recibido por los empresarios, en los años de la revolución industrial, como una amenaza a sus ingresos económicos, preocupándose ante la idea de que sus trabajadores, a los que consideraban su propiedad, se atrevieran a reclamar derechos y desafiar su autoridad.

Un individuo es más fácil de someter, de asustar, de coaccionar, que un grupo. Colectivizarse no es otra cosa que darle un peso político a nuestra unión para así, juntes, mejorar nuestra vida. Eso hizo el asociacionismo gay y lésbico en los años posteriores a las revueltas de Stonewall. Negar su existencia y su relevancia en la sociedad actual es invisibilizar una lucha histórica.

Otra cosa es que esa lucha tuviera la repercusión mediática que tiene ahora. Que hubiera jóvenes adolescentes maricas, en los años 70 y 80 en España, que supieran de la existencia de estos colectivos y decidieran unirse a su causa, que no era otra que lograr derechos y libertades para todos ellos. Yo mismo, a finales de los años 80, como chico marica de veinte años, ni siquiera tenía conciencia de la existencia de colectivos LGTB. Ni siquiera existía el concepto de comunidades LGTB porque eso llega en los años 90 al procurar hacer más inclusivo el movimiento homosexual de los 70.

En 1970, Francesc Francino y Armand de Fluviá fundan, en la clandestinidad, la agrupación AGHOIS, que dos años después pasaría a denominarse Movimiento Español de Liberación Homosexual (MELH). A mitad de los años 70 ya existían frentes de liberación en diferentes ciudades españolas, como el FAGC, EGHAM [i.e. EHGAM] o FHAR, e incluso ellos se dieron cuenta de la necesidad de colectivizarse para lograr que su voz se escuchase porque, por separado, no tenían tanta fuerza. Y se creó, en 1977, la COFLHEE, la Coordinadora de Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español. Y hasta 1992 no nace la Federación Estatal de Gais y Lesbianas, porque en ese momento aún no se habían sumado las personas trans ni las bisexuales. 

Recuerdo que, a mediados de los años 90, el diputado Jorge Trías Sagnier, que era el interlocutor del PP con las entidades activistas LGTB en la estéril negociación por una ley de parejas de hecho, le dijo a Pedro Zerolo y a Mili Hernández: “Vosotros sois cuatro y os lleváis muy bien con la prensa”. Que es como decir que sois dos maricones y una bisexual, o dos travestis y tres lesbianas, y punto. Hubo que colectivizarse, salir a las calles en el Orgullo, que vieran todos los que éramos, para que dejaran de ningunearnos.

A partir de ahí se inicia un camino en la lucha por los derechos de las comunidades LGTBIQ+ con importantes logros, como el matrimonio igualitario y la adopción, y considerables errores, como permitir que el capitalismo más voraz devore la reivindicación y convierta nuestra historia -no olvidemos nunca que cada 28 de junio estamos celebrando una revuelta contra el orden establecido- en un simulacro de fiesta de interés turístico regional.

Un sindicato, una cooperativa, una asociación, incluso un club de fans, es una manera de colectivizarse, de crear comunidad. Sentir que estás solo en el mundo es una realidad contra la que lucha esa colectivización. Hasta encontrar esa familia elegida, las personas afines con las que creas tu grupo de amigos con los que salir de fiesta, sentarte en un banco, ir al cine o montar una banda de música, es un modelo de colectivización, porque son gente que te protege y te sustenta cuando las cosas van mal. 

Y eso es algo que el liberalismo, que ya sabéis que es el hijo psicópata del capitalismo, rechaza. De ahí que sea un pensamiento filosófico, económico y político que abogue por el individualismo. Que busque cómplices que crean que su exclusivo bienestar es lo único por lo que merece la pena luchar, que su visión del mundo se reduzca a su estricta costumbre, que si ellos no han pasado hambre esa sea una prueba de que no hay hambre en el mundo, que sus privilegios sean incuestionables, que la empatía no les incumba porque eso les hace endebles y que si un fondo buitre te echa de tu casa, la culpa sea tuya por no haberte esforzado lo suficiente para poder comprarte una.

Pensar que formar parte de una comunidad es asumir un pensamiento único es un grave error. De hecho, somos varias comunidades, con realidades muy diversas, incluso dentro de cada comunidad, con las que a veces se discute al confrontar los distintos puntos de vista. Pero también sabemos que solo el colectivo, la comunidad, el grupo, podrá salvarnos. Porque el individualismo responde a la idea de que solo se progresa desde la competencia, despreciando el interés colectivo. Y dos maricones y una bisexual serían invisibles si no tuvieran alrededor a millones de maricones, lesbianas, bisexuales, personas trans, haciendo piña.

martes, 28 de abril de 2026

#hemeroteca #testimonios | Fangoria: "No somos referentes de nada. No existía lo LGTBI, no había siglas, éramos un maricón y una bisexual, y ya está"

Fangoria posa para 20 Minutos //

Fangoria: "No somos referentes de nada. No existía lo LGTBI, no había siglas, éramos un maricón y una bisexual, y ya está"

El grupo lanza 'La verdad o la imaginación', su primer disco en una década, más conceptual y con un sonido 'eurodance' "más pop, bailable y melódico". 
Daniel Mateo | 20 Minutos, 2026-04-28 
https://www.20minutos.es/musica/entrevista-fangoria-disco-verdad-imaginacion_6961806_0.html

Alaska y Nacho Canut nunca han sido muy amigos de la verdad absoluta, pero esta vez, como Fangoria, dan un paso más y nos proponen un juego, elegir entre la verdad y la imaginación dentro de los límites de la realidad. Ellos lo tienen claro.

¿La verdad o la imaginación por no decir la verdad o la mentira?

Alaska: No, es diferente. Tú dices que cualquiera puede decir que no es mentira, que es imaginación. Nacho Canut: Bueno, te lo puede decir como excusa. 'Ay, me lo he imaginado'. A: Ya, pero una cosa es imaginarte algo y crear un mundo imaginario y otra mentir para que el otro te crea.

¿Ustedes son más de verdad o de imaginación?

A: A ver, somos personas, vivimos en este mundo. La verdad es lo que es. N.C.: Lo que hay que saber es diferenciarlas. Hay que saber cuándo es verdad y cuándo es imaginación. A: Cosa bastante difícil (ríe). Tendemos a pensar que en estos tiempos, obviamente, con las tecnologías y con todo, es mucho más fácil colar la mentira o la media verdad, pero no, eso ha sido siempre así, siempre. Eso es una cuestión de la humanidad.

¿Son malos tiempos para la verdad?

A: Hoy en día la tecnología te ayuda a construir esa mentira, pero la mentira la crea la persona. Yo ahora te puedo contar una historia divina de cómo es todo y te lo estoy contando como verdad, y así queda publicada, y, dentro de 100 años, alguien va a la hemeroteca y ya no hay nadie para desmentirme, para decir: 'oye, no, es la Gran Vía no estaba toda pintada de amarillo. ¿Qué está diciendo esta?'. Y eso ha quedado ahí como un dato. Lo único que ha ocurrido ahora es que la tecnología ayuda a esas personas que quieren mentir o que quieren crear una realidad que no existe. Ya está. Pero el que ha tenido imaginación, la ha tenido siempre.

¿A favor o en contra de la IA?

N.C.: Ni a favor ni en contra. A: Yo entiendo el miedo, porque si cualquier, iba a decir bobo, pero no tiene por qué ser bobo, puede mejorar una fotografía en casa... Pero a ver, es normal, los avances tecnológicos son lo que son. N.C.: Sí, lo que pasa es que se supone que este avance tecnológico es el primero que va a pensar él mismo y sin pensar en nosotros, que es la diferencia con una lavadora. Entonces, no podemos saber cómo va a ser.

Con todo, ¿se quedan con esta época o preferirían vivir en otra?

A: ¿Yo? Con la actual, la verdad. N.C.: Sí, también. A: A ver, a mí me encantaría vivir los años 50 en Estados Unidos o en la Inglaterra de 1890, porque tengo esas referencias y no lo he vivido. Yo lo que no quiero es volver a lo que he vivido. Ya lo he vivido. Nosotros no queremos estar en otro momento que en el que estamos.

Es un disco que habla de las relaciones, también personales. ¿Atraviesan su peor momento?

A: Habrá de todo. N.C.: Estamos en un país en el que hemos tenido una Guerra Civil. Peor que eso no hay nada, y no estamos en ese momento. Entonces, no, no atraviesan un mal momento. Yo creo que al revés, atraviesan un momento que todo el mundo está dialogando continuamente, y yo creo que eso es bueno. A: Bueno, no sé si diálogo es la palabra... N.C.: Bueno, pero ahí está. Ahora mismo Trump ha dicho: 'nos vamos a reunir'. Siempre está reuniéndose. ¡Reunirse es bueno! Entonces, yo creo estamos en un momento de diálogo, otra cosa es que no se entiendan entre ellos. A: Además, no creo que haya momentos para eso. Creo que la humanidad es como es, y a veces se amplifican más unas cosas que otras por los medios de comunicación o por las tecnologías que tenemos. Antes no teníamos un unas redes sociales continuas que mostraban la verdad o la mentira de la vida de cada uno.

Alaska, usted asegura que, en la época de La Movida, a su generación, que hacía pop, se la despreciaba, que es de lo que se quejó Almodóvar respecto a Sabina.

A: No hay que darle importancia, porque (Sabina) es muy libre de escribir lo que piense, pero es verdad que, más o menos, era un sentir general de las personas de su edad, de la generación anterior a nosotros. Nos miraban con condescendencia. Éramos demasiado frívolos, demasiado coloristas, demasiado poco comprometidos. Entonces, el que hacía un cine de otra forma y el que hacía moda de otra forma... Caíamos todos. N.C.: Claro, es lo nuevo que venía... A: Sí, es es normal y, así como está narrado, lo vivimos. A día de hoy no tiene ninguna importancia, pero así era. N.C.: Cuando decíamos que nos gustaba Boney M. y tal, era como: '¿cómo os va a gustar Boney M? ¡No tenéis cabeza!'. A: Sí, era así, y eso lo notabas en las entrevistas, quiero decir, a los propios entrevistadores, que eran de esa generación y que lo que les gustaba en el arte eran los abstractos de Cuenca, nuestros amigos figurativos les parecía que dibujaban cómics, ¿me entiendes? Era todo así.

¿Poco comprometidos? ¿Consideran que ustedes no tenían compromiso social?

N.C.: Nosotros vivíamos en ese momento y hacíamos lo que hacíamos, pero no lo veíamos como un compromiso. A: O sea, yo lo hacía por mí, no lo hacía por ti. Si me he pegado con alguien por llamar maricón a mi amigo, no lo he hecho por ti, ni por aquel, ni por aquella, lo he hecho por mí. No lo iba a hacer para salvar el mundo, lo iba a hacer para salvar mi mundo, o sea que ya está. N.C.: Es que los términos que utilizábamos no son los de ahora. Entonces, es muy difícil explicar nada. El idioma ha cambiado. Entonces, ¿compromiso? Es que no existía nada de eso. A: ¿Era yo una niña empoderada con 14 años? Era la más, pero yo no lo veía así. N.C.: Si venían los guerrilleros de Cristo Rey y nos pegaban, tú te defendías, pero no era un compromiso con nadie ni con nada. Era diferente, pero no lo podemos explicar, no tenemos palabras para que la gente de ahora lo entienda. Hay una barrera que no nos permite cruzar la comunicación.

¿Quizá por eso siempre se han sentido unas raras, también en La Movida?

A: Mira, una persona nos acaba de enseñar la primera actuación de Fangoria en Televisión Española. ¡Somos unas marcianas! En el año 90, todo electrónico, solos los dos, yo dando vueltas... ¡Debió ser una marcianada vernos! Lo siento, somos así. N.C.: Es que hacer eso en el año 90... Nunca nos hemos sentido parte de nada absoluto, pero en los 80 tampoco. No era algo que fuera con nosotros. Estábamos ahí, nuestros amigos tenían también grupos y tal, pero no era algo de lo que nosotros nos sintiéramos parte. A: No. Somos poco gregarios. Cero gregarios.

Tampoco se consideran un referente LGTBI, un colectivo del que han dicho que, últimamente, reciben los mayores ataques. ¿Ya han hecho las paces?

A: No nos consideramos referentes de nada, pero claro, nosotros éramos eso. No existía lo LGTBI, éramos un maricón y una bisexual, y ya está. N.C.: Éramos homosexuales y era lo más natural para nosotros. Había gente por la calle que te llamaba maricón, y tú respondías: '¡Hijo de puta!'. A: Claro, para nosotros es natural porque era nuestro mundo. Eso que ahora tiene siglas, para nosotros era nuestro mundo. N.C.: No había siglas, no había nada. Éramos... no sé, es difícil explicarlo. Yo no me tengo que reconciliar con nadie, porque nunca me he peleado con nadie. Oiga, que yo lo único que soy es un hombre que le gustan los hombres, y no pasa nada. Y me gusta el helado de fresa y me gusta la música 'heavy'. Pero yo no me considero parte de nada. Yo soy un ser humano, me considero parte de la humanidad, y ya está. Y no quiero líos con nadie. Pero es verdad que esa esa comunidad, que supongo que existirá, nos ha llamado de todo como comunidad. A: No se puede generalizar, lo que pasa es que siempre nos fijamos en el más ruidoso.

Y, sin generalizar, ¿cómo ven a los jóvenes de ahora?

A: Es que el término 'jóvenes' no existe. Siempre habrá jóvenes que lo que quieren es tener un trabajo estable, casarse, tener un hijo; jóvenes que quieren vivir dando saltos por la vida y no tener una profesión; jóvenes que quieren hacer cosas creativas... N.C.: Jóvenes que quieren tomar drogas; jóvenes que quieren no trabajar nunca... A: Siempre habrá muchos tipos de juventud dentro de cada generación. N.C.: Igual que nuestra generación, la gente de nuestra edad no todos son como nosotros, ni piensan lo mismo. A: A ver, básicamente, nadie era como nosotros. N.C.: Por eso no se puede generalizar nunca.

Musicalmente, ¿Fangoria ha sabido evolucionar con los tiempos?

N.C.: Yo creo que no ha ido con los tiempos, ha ido con nosotros, con lo que nos va interesando. A: Si fuéramos con los tiempos, no haríamos un disco ultraeuropeo. N.C.: Claro, porque en este momento todo es lo latino. A: ¡Y en los 90! N.C.: Te recuerdo que en los 80 tú hiciste un dueto con Latinos Unidos. A: Sí, hicimos una de salsa. Pero en los 90, te recuerdo, cuando éramos DJ y nos sacaban de la cabina, nos decían: 'muchas gracias, muy bonito todo, que entre el DJ de la sala para que se llene la pista'. Y ponían a los artistas latinos de ese momento, que eran los que triunfaban. N.C.: No, nunca nos hemos sentido parte de nada y evolucionamos según la técnica y según la tecnología. No con lo artístico, sino con lo tecnológico. A: Y eso no quiere decir que no estemos completamente abiertos a todo. De Karol G a Paco Amoroso... N.C.: Vamos, me encanta el reguetón, pero no siento la necesidad hacer reguetón. A: Nosotros no tenemos prejuicios.

¿Ni siquiera con los debates culturales que, cada cierto tiempo, aparecen?

A: No. Ni siquiera por las intromisiones. No creemos en la intromisión, creemos que todo el mundo tiene derecho a hacer discos, libros o lo que quiera y que no hay ningún debate. N.C.: Pero bueno, que si hay debate no pasa nada. A: Lo que pasa es que tú eres muy naíf, porque la gente no debate, la gente quiere imponer lo suyo. Punto. Y eso no es debatir. N.C.: Nadie tiene que pedir perdón por pensar diferente a ti. Esto de tener que pedir perdón. ¿Perdón por pensar? ¡Que horror! ¿Perdón por opinar? Pero, ¿desde cuándo? No, nosotros no estamos hechos para el debate ahora mismo, porque aceptamos todos los puntos de vista.

'Me voy', su actual 'single', habla de las despedidas. ¿Estamos preparados para decir adiós?

A: Nunca estás preparado, salvo que sea una decisión. Y cuando es una decisión y la tomas, qué maravilla. N.C.: Ya, pero ¿y si te después cambias de opinión? A: Pues a mí no me ha pasado nunca. ¿A ti te pasa? N.C.: No, pero te puede pasar. Pero te puede pasar. Y cuando lo estás pensando: 'me voy a despedir, pero y si...'. A: Ah, no, qué horror. Es que tardamos mucho en tomar la decisión.

Olvido, Nacho Canut y Mario Vaquerizo son los hombres de tu vida. ¿Ha sido fácil?

N.C.: Hombre, para mí la relación profesional es la más fácil de mantener, porque es una cosa profesional. Lo otro yo creo que es más difícil. A: Ya, pero en nuestro caso tiene mucho mérito porque mezclamos relación personal, que es también sentimental, con el trabajo y nos va bien. Juntos no los soporto mucho, porque son como una piña y me ponen muy nerviosa. N.C.: Claro, es lo malo de los tríos, que si dos se juntan, el otro... A: Claro, los tríos no funcionan (ríe).

jueves, 14 de noviembre de 2019

#hemeroteca #musica | Nacho Canut: “Absolutamente todos los estilos musicales tienen algo aprovechable”

Imagen: El País / Nacho Canut, visto por Setanta
Nacho Canut: “Absolutamente todos los estilos musicales tienen algo aprovechable”.
Fangoria publica ‘Extrapolaciones y dos respuestas’, segunda parte de su disco de versiones para conmemorar su 30º aniversario.
Babelia | El País, 2019-11-14
https://elpais.com/cultura/2019/11/08/babelia/1573218941_459751.html

Junto a la incombustible Alaska, Nacho Canut (Valencia, 62 años) forma parte de la escena de baile más recomendable desde hace 30 años. Para conmemorar el aniversario, Fangoria ha publicado este año dos discos con versiones de canciones que los han marcado. 'Extrapolaciones y dos preguntas 1989-2000' salió en febrero. Ayer se lanzó ‘Extrapolaciones y dos respuestas 2001-2009’.

¿Qué le hizo querer ser músico?
En realidad fue una coincidencia entre conocer a las personas adecuadas en el momento adecuado y el no tener ninguna ambición profesional clara.

¿De no ser músico, qué le hubiera gustado ser?
No me imagino siendo otra cosa que lo que soy, que no creo que sea exactamente “músico”.

¿La última canción que le ha impresionado?
‘Midnight Hour’, de Skrillex, ­Boys Noize & Ty Dolla Sign.

¿Qué canción de sus dos discos de versiones le hubiera gustado componer?
‘Supervaga’, de Chico y Chica.

Defina en una palabra a Hidrogenesse, La Casa Azul, Astrud, Family, Los Planetas y Dorian.
Hidrogenesse: genialidad. La Casa Azul: perfección. Astrud: admiración. Family: únicos. Los Planetas: impresionantes. Dorian: profesionalidad.

¿Qué se pierde la gente que no escucha a Fangoria? ¿Y a Camela?

Pues se pierde maneras diferentes de enfocar la música popular.

¿En qué ha cambiado Fangoria en estos 30 años?

Más bien ha cambiado lo que rodea a Fangoria.

¿Qué estilo musical no puede soportar?
Absolutamente todos tienen algo aprovechable.

Recomiende un libro sobre música. Y una película.
‘Please Kill Me’, de Legs McNeil y Gillian McCain. Y ‘El fantasma del paraíso’, de Brian de Palma.

Si tuviese que usar una canción como autorretrato, ¿cuál sería?

‘Being Boring’, de los Pet Shop Boys.

domingo, 28 de octubre de 2018

#hemeroteca #neoliberalismo | Alaska y Mario Vaquerizo no son lo que parecen: 40 años tomando el pelo a España

Imagen: El Confidencial / Mario y Alaska
Alaska y Mario Vaquerizo no son lo que parecen: 40 años tomando el pelo a España.
Víctor Lenore publica el libro 'Espectros de la movida. Por qué odiar los años ochenta'. Adelantamos el capítulo sobre la deriva de dos iconos del lado más frívolo del movimiento.
Víctor Lenore | El Confidencial, 2018-10-28
https://www.elconfidencial.com/cultura/2018-10-28/alaska-mario-vaquerizo-lenore-espectros-movida_1635777/

La figura cultural que mejor encarna los valores ochenteros es Mario Vaquerizo, histrión catódico obsesionado desde la adolescencia por los ochenta. Su actividad –en realidad– consiste en ser él mismo, alguien que no hace nada y, a la vez, se siente capaz de trabajar de todo. Ejerce de tertuliano, presentador, escritor y líder de las Nancys Rubias, un grupo donde canta en 'playback'. La industria publicitaria adora a Vaquerizo; por eso, es omnipresente en las pausas televisivas, ya sea en spots de cerveza, patatas fritas, teléfonos móviles o franquicias de repuestos para coches.

Su filosofía vital puede consultarse en el libro 'Vaquerizismos', donde ofrece una remezcla 'kitsch' del pensamiento warholiano. Con su esquizofrenia habitual, se declara «alérgico a los dogmas», pero, a la vez, presenta un listado de mandamientos donde llama la atención el decimotercero, donde proclama «Serás consumista» (que Vaquerizo no considere esto como un dogma ayuda a hacernos una idea de su posición política y rigor argumental). "Son muchos los que se han dedicado a meternos miedo, el agobio de no gastar, de ahorrar con la única finalidad de querer anularnos, de convertirnos en personas tristes, temerosas por el futuro que se nos viene encima, encerrados todo el día en casa. Eso no se puede consentir", denuncia en su texto. Estamos ante una gran definición de los años ochenta: la plena identificación del consumo con el placer (incluso con la felicidad).

En el libro, Vaquerizo ilumina involuntariamente conexiones que no resultan tan sencillas de hacer; por ejemplo, explica su devoción por programas como 'Crónicas marcianas', donde Javier Sardá ejercía de jefe de pista de un circo posmodermo rebosante de frikis, debates políticos descerebrados y exhibicionismo travesti. A lo largo de las páginas Vaquerizo despliega sus delirios ideológicos, declarándose a favor de Esperanza Aguirre pero en contra de privatizar la sanidad y afirmando que admira al locutor derechista Federico Jiménez Losantos, pero también al movimiento popular 15M. Como 'fashion victim' declarada, disfruta del "lado kitsch y folclórico de Franco" y de los estilismos de Carmen Polo, Imelda Marcos y Farah Diba. Cumple todos los requisitos del esperpento.

Por supuesto, el pensamiento posmoderno no se define sólo por lo que defiende sino por lo que omite: en su libro no se habla de desahucios ni de rescates bancarios con dinero público ni de la creciente desigualdad provocada por la clase dominante. Resumiendo: no habla nunca de nada que pueda molestar a alguien con poder. Puede sonar exagerado analizar en serio un libro de Vaquerizo, pero su éxito como icono cultural demuestra que hay un porcentaje apreciable de la población que sintoniza con ese estilo alegre y descerebrado de relacionarse con la realidad. Cuando el personaje se viene arriba, llega a decir que «la filosofía de Warhol debería estudiarse en las escuelas». Recuerda un poco a Mugatu, el malo de 'Zoolander', que aspira a una sociedad totalitaria donde se impongan los valores del mundo 'fashion' (un proyecto que no anda tan lejos de realizarse como pueda parecer).

La presencia de Vaquerizo está muy cotizada en espacios de máxima audiencia como Sálvame, El Hormiguero y Levántate All Stars. En realidad, figuras como Antonio de Felipe, Amy Martin y el líder de las Nancys Rubias siempre me hacen recordar una frase de Koma, rapero francés del grupo Sacred Conexxion, procedente del barrio parisino marginado de Barbès. Es corta y contundente: "El sistema ama a la gente que no tiene nada que decir". La industria cultural necesita a 'artistas' inofensivos para llenar las infinitas horas de programación de los medios. Si no disponen de este tipo de personajes, corren el riesgo de que se les cuele alguien proponiendo alternativas o cuestionando cualquier asunto relevante sobre la vida social del país. Mario Vaquerizo, máximo icono de las estrellas «petardas», cumple a las mil maravillas esa función de "hablar sin decir nada". Como explica el escritor reaccionario Juan Manuel de Prada, en el mundo en que vivimos la mejor forma de ser inicuo consiste en ser inocuo.

Las cosas de Alaska
Otro ejemplo son Alaska y Nacho Canut. Procedentes de familias pudientes, Fangoria nunca tuvieron que hacer los tirabuzones políticos de Loquillo, un arribista de barrio centrado en mantener su estatus. Alaska y Canut siempre han demostrado una tremenda coherencia en sus declaraciones, abiertamente prosistema. De hecho, su particular sentido común coincide 100 por 100 con los dogmas neoliberales. En febrero de 2016, desataron una polémica en redes sociales por unas declaraciones donde culpaban de los desahucios a las propias víctimas, ignorando la corrupción del sistema bancario en complicidad con los políticos. Transcribo el fragmento de la entrevista:

Nacho Canut.— Estamos en una época de victimismo y la gente tiene que aprender a ser responsable de sus actos y de sus decisiones económicas y no económicas. Si has decidido meterte en una hipoteca, lo has decidido tú y ¿ahora quieres que el Gobierno venga a sacarte? En fin. Hay que ser responsable.

Alaska.— Deberíamos empezar a pensar que no tenemos en la vida nada seguro.

Nacho Canut.— El trabajo no es para siempre. Si quieres tener cuatro hijos, tenlos, pero después no digas que no tienes dinero porque lo has decidido tú. La gente tiene que empezar a pensar y no mirar siempre al Gobierno cuando les conviene.

La Plataforma de Afectados por la Hipoteca organizó un escrache en una de sus firmas de discos, pero el dúo electrónico nunca se disculpó por las declaraciones ni tampoco las matizó de ninguna manera. Esa actitud los honra en cierta manera, ya que lo que dijeron es lo que siempre han pensado y expresado. La demanda que más rechazo causa a Fangoria es que alguien cuestione el «paraíso» que conocemos como sociedad de consumo.

Habrá quien piense que estamos cuestionando a Fangoria por las ideas que despliegan fuera del escenario, pero son un fiel reflejo de las desarrollan dentro de su proyecto musical. La entrevista de la que sale el fragmento citado sobre las hipotecas tenía como motivo la promoción de su disco 'Canciones para robots románticos'. ¿Qué asuntos trataban las letras? El álbum describe una utopía tecnocrática (distopía, dirán otros) donde la política y los sentimientos humanos no tienen cabida. Seleccionamos unas cuantas respuestas para que se hagan una idea. Alaska abre fuego: "Hoy siguen mandando los sentimientos, las decisiones políticamente correctas que no son las racionales que tomaría un robot: 'Lo siento mucho, pero en este autobús no cabe una persona más'. No puedes entrar y se acabó. Pero es que es una señora con un carrito... Y ahí es donde entramos nosotros".

Sigue Nacho Canut: "¿Crisis de emigrantes? Te dicen que va a venir un millón. Pues en este país no caben y se van a ese otro país porque es el que puede recibirlos. Ese tipo de decisiones frías". Luego Alaska hace una precisión relevante: "Incluso el título encierra una trampa. Es muy visual, pero está mal. Un robot romántico está estropeado. Nosotros no lo queremos, lo resetearíamos". Y cerramos con Canut: "Si fuera un robot te diría: “Usted a este ministerio porque está capacitado para esto, y este partido ahora no y este sí, y no me hablen de izquierdas ni derechas. El problema es que cuando entramos en las ideologías nos enfrentamos a la cultura y a la tradición, que si mi abuelo fue comunista, el mío luchó con Franco... ¿Ustedes quieren que España se gobierne? Pues es imposible que lo hagan seres humanos. Por eso deberíamos dejarle a un robot tomar estas decisiones frías". Si los nuevos partidos de derecha necesitan banda sonora, ya saben dónde pueden buscar.

En este punto, quizá algunos estén recordando los lazos de amistad que unen a Alaska con Esperanza Aguirre (líder del PP madrileño durante décadas) o las colaboraciones en el programa de radio del derechista Federico Jiménez Losantos. No acuso a la cantante de nada, pero tiene sentido preguntarse por qué Olvido Gara (su nombre real) es un personaje tan atractivo para la derecha española. ¿Lo más probable? Tanto al PP como a los gurús mediáticos reaccionarios les conviene un icono moderno para sacudirse cierta imagen rancia, la conexión con los valores del franquismo y un argumentario neoliberal, difícilmente defendible en tiempos de extrema desigualdad. Tanto por su 'look' como por su discurso, Alaska es una coartada perfecta, ni hecha de encargo. Y no estoy diciendo que lo haya buscado, sino que estamos ante una alianza natural.

La circunstancia fortuita de que Alaska pasase su adolescencia rodeada de 'petardos', punkis y politoxicómanos puede habernos despistado, pero sus valores vitales nunca se salieron de los dogmas de la España más tradicional y autoritaria. Jamás le han preocupado ninguno de los problemas sociales que arrastra el país, desde la creciente desigualdad hasta la crisis de la vivienda. Cuando llegó al Ayuntamiento Manuela Carmena, una jueza con querencias izquierdistas, pidió públicamente que no interfiriese en las actividades de los empresarios privados de la noche; básicamente, que no hiciese política. El discurso de Alaska siempre fue una mezcla de las posiciones de la CEOE, el culebrón Dinastía y Cuarto Milenio. Se trata de un personaje tan estereotipado como Bertín Osborne (de ahí seguramente su triunfo en los medios).