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lunes, 17 de abril de 2017

#hemeroteca #libros #memoria | Los que teníamos 20 hace 35 años

Imagen: El Mundo / Antonio Bartrina, cantante de Malevaje
Los que teníamos 20 hace 35 años.
Germán Pose escribe la crónica de su generación con los eternamente jóvenes años 80 en el paisaje.
Javier Memba | El Mundo, 2017-04-17
http://www.elmundo.es/cultura/musica/2017/04/17/58f34f5646163ffc4a8b460f.html

En realidad, el periodista y escritor Germán Pose no quería hacer una nueva crónica de La Movida en ‘La mala fama’ (Berenice), su nuevo libro. Su propósito original fue trazar la experiencia existencial de una serie de personas, más o menos notables, nacidas todas ellas en los años 60, que confluyeron en el Madrid de los 80. Y claro, con tales antecedentes, La Movida surgió inevitable. Pero lo cierto es que incluso el bar al que alude el título, La Mala Fama, fue inaugurado en la calle del Barco en 1988, cuando La Movida ya era un recuerdo sobre el que se empezaba a escribir. Eso sí, aquellos primeros artículos estaban imbuidos por un espíritu muy diferente al encono que inspira al común de los actuales comentaristas del tema.

"Ser joven en los 80 fue gloria bendita", recuerda Antonio Bartrina, el alma de Malevaje. Protagonista indiscutible del Madrid de aquel tiempo, también es uno de los elegidos por Pose para sintetizar el recorrido que llevó a toda la generación de aquella dichosa juventud a una madurez -ya a las puertas de la senectud- no siempre tan jubilosa. Tesa Arranz -la corista de Los Zombies-, Jorge Martínez García -uno de los fundadores de Ilegales- o Johnny Cifuentes -el único miembro de la formación original de Burnning que aún sigue en la banda- son algunos de los músicos elegidos. No faltan en la selección artistas -Carlos García-Alix, Ana Matías, Mariano López Torrubia-, fotógrafos -Domingo J. Casas, Mariví Ibarrola- y escritoras -May Paredes, Silvia Grijalba...-. Más que el eclecticismo ocupacional de los elegidos, si hay algo que viene a poner de manifiesto el afán de Pose de ir más allá de La Movida es la inclusión en su texto de personajes tan alejados de las crónicas habituales de aquel Madrid como el sacerdote Enrique de Castro, párroco que desarrolló su ministerio en la Vallecas de los 80, tomada por la heroína, o el criminalista y agente de la Guardia Civil Carlos Carro Rico, ‘disc jockey’ y motorista apasionado desde las noches de La Mala Fama.

"Cada uno de ellos se explica a sí mismo su tránsito, su avatar, en un intento de dilucidar por qué les ha conducido a donde están su viaje". Recuerda Germán Pose. A tal fin, las diversas entrevistas que mantuvo con todos ellos -a los que ya estaba unido por largos años de amistad y sus correspondientes recuerdos- fueron convertidas durante la redacción del texto en ese monólogo interior que facilita el fluir de la conciencia".

El autor ha evitado deliberadamente recurrir a los nombres habituales en la bibliografía anterior del tema. "A excepción de Johnny Cifuentes, Antonio Bartrina y algún otro, mis protagonistas son grandes secundarios que también fueron testigos de los acontecimientos de la época y tienen mucho que decir sobre ellos", continúa Pose. "Sí, tener 20 años en los 80 fue una bendición, pero también un regalo envenenado que a muchos acabó por explotarle. Nos expusimos a un delirio genial y cada uno pagó su precio. La droga dejó a muchos en el camino".

Consciente de la animadversión que, de un tiempo a esta parte, genera ese capítulo de la historia del fin de siglo español en ciertos sectores, Pose -que también fue uno de los protagonistas de aquel tiempo- sostiene: "Los fiscales de la cultura de la transición intentan desprestigiar todo aquello argumentando que fue algo de subvenciones y de pijos. Se olvida así que vivimos la agonía del franquismo, que algunos pasaron por la cárcel. Fue como si, de repente, en los 80, viéramos salir el sol. Hubo mucha pose y mucho rollo. Pero también mucho talento. No creo que en las crónicas al uso de La Movida haya olvidados, lo que pasa es que hubo muchos que, con idéntico talento, no llegaron a tanto. Una historia repleta de luces y sombras, nombres y renombres que algunos se encargaron de mitificar, quizá sin mala intención. Pero sí con demasiada ligereza".

Carlos García-Alix sostiene en estas páginas que «nuestro tiempo fue muy complicado porque era el de un régimen viejo, que se moría, y el nuevo no había aún nacido. Todo estaba por hacer». Aquella gente, que como con tanto acierto recuerda García-Alix, fue la de los últimos niños que jugaron en la calle, fue «el fin de un ciclo, restos de una serie vías de extinción». A lo que Pose añade: «No creo que entre los jóvenes de ahora sea fácil encontrar a algunos como los de entonces».

miércoles, 5 de abril de 2017

#hemeroteca #libros #memoria | Heroína, hepatitis e insatisfacción: hablan los supervivientes de La Movida

Imagen: El Español / Fabio Mcnamara y Tesa Arranz
Heroína, hepatitis e insatisfacción: hablan los supervivientes de La Movida.
'La mala fama' recoge 16 voces en primera persona que sufrieron los ochenta en sus carnes y que aún no se han recuperado del todo: de Tesa Arranz a Johnny Cifuentes. Fueron los grandes secundarios y hoy sostienen con nostalgia su trofeo de plata.
Lorena G. Maldonado | El Español, 2017-04-05
http://www.elespanol.com/cultura/musica/20170405/206229686_0.html

“Lo que más me gustaría es morirme ahora mismo, me encantaría, porque eso todavía no lo he probado, y quiero morirme por pura novedad”. Lo dice Tesa Arranz, que fue vocalista de los Zombies y musa de la Movida Madrileña. Uno mira sus fotos antiguas y ve una niña hermosa y flaquísima, con el esternón marcado y los pechos diminutos, devastada de aburrimiento. Con su discurso hilarante y lunático en la superficie y angustioso de fondo, con su insoportable ternura.

“Me muero de ganas porque se acerque un platillo volante a mi ventana y salgan sus tripulantes y me lleven con ellos. Adoro a los extraterrestres. Es un amor que se ha hecho cada vez más fuerte según ha pasado el tiempo. La verdad es que he sido una marciana toda mi vida. Este mundo siempre me ha parecido algo extraño, ajeno a todas mis emociones. A lo mejor por eso me dejé llevar de aquella manera”.

Arranz es un juguete roto que desfoga en ‘La mala fama’ (Berenice), un libro de Germán Pose que recoge dieciséis testimonios de los supervivientes de la Movida. "Son los secundarios", dice Germán Pose. "No los que estuvieron en el foco de la noticia". Johnny Cifuentes, Carlos García-Alix, Mariano Torrubia, Enrique de Castro, Mariví Ibarrola, Manolo UVI, Antonio Bartrina, Ana Matías, Domingo J. Casas, Carlos Harry, Jorge Ilegal, May Paredes, Fernando Estrella... Es una reconstrucción de los hechos, un parte -lejano- de lesiones. ¿Sirvieron para algo los ochenta? Con su reguero de muertos, con su cultura inane, con su política ilusoria de laca y purpurina. Caballo, conciertos, bacanales, hepatitis.

Da la sensación, leyendo algunas de las crónicas, de que la Movida fue una desgracia humana más que otra cosa, aunque los protagonistas la recuerden con cariño. Tienen la vida atravesada por ella, como una brochetita de carne, como un virus largo con el que convivir. Los niños grandes están heridos: unos pocos arrastran la homilía del que sabe que pudo quedarse en tierra y ahora se agarra a la vida con los dientes. Son zombies de un mito. No se han recuperado nunca. Jamás han regresado a ese fulgor, a esa importancia. Taritas de volar joven.

Retrato generacional
"Cuando me planteé hacer este libro no tenía ninguna intención de escribir sobre la Movida Madrileña", explica el periodista Germán Pose, el padre de la criatura. "Mi idea era trazar un relato de viajes sobre unos seres humanos, entre los que me incluyo, que nacimos alrededor de los sesenta en diferentes sitios de España y coincidimos en Madrid. En los ochenta nos juntamos con veinte años en un paisaje disparatado, extraño y efervescente", recuerda. "Gran parte de la energía que había en ese momento en España tomó caminos relacionados con el arte". A Pose le molesta que un fenómeno tradicionalmente mitificado como La Movida haya sido tan cuestionado en los últimos años.

"Han salido unos fiscales de la llamada C. T., cultura de la Transición, que denigran La Movida y piensan que todo fue un fraude, una cosa de pijos", resopla. ¿No lo fue? ¿Resultó necesario como movimiento o podríamos haber prescindido de ella? "No sé si sirvió para algo o no, pero hubo una historia y funcionó. De ahí salió gente como Almodóvar, Jaime Urrutia, Alaska, Auserón, Carlos Berlanga, Víctor Abundancia, Alberto García-Alix... igual no sirvió, pero el cante lo dimos", explica. "Venían del New Yorker, del Miami Herald, venían revistas alemanas".

Las voces protagonistas aquí no lo fueron en los ochenta, pero lo vieron, lo olieron, lo lamieron todo: estaban allí para vomitar en los baños, para sacar los pies del tiesto en casa -como Johnny Cifuentes, el burning al que su padre jamás volvió a hablar cuando le dijo que dejaba el curro del taxi-, para liarse entre ellos con hambre endogámica y adolescente o para componer bellezas, como Jorge Ilegal, que dice sentirse mucho más heredero de Juvenal, Marcial o Quevedo que de Jimmy Hendrix o Bob Dylan, "con el que no tengo mucho que ver".

Droga y conciencia social
Hay prismas de la misma verdad. Tesa Arranz desgrana tríos, mezclas de cocaína y heroína, depresiones y sueños de experiencias extraterrestres. Cuenta que cuando se quedó embarazada, su novio, Eduardo, "que estaba pirado, metido en una secta y que se veía reflejado en la Biblia" la dejó porque se habían muerto cuatro gallinas que había en la casa y la acusó a ella de asesinato "por mis malas vibraciones".

Ella es sin duda el personaje más fascinante del libro: atroz, demente y dulcísima. Entran ganas de abrazarla hasta que se duerma y abandone un rato esa enferma insatisfacción vital. "Ahora Luis López Carrasco ha hecho una película de Tesa a partir de su testimonio en el libro. Se llama ‘Aliens’", sonríe Germán Pose. "Es un disparate... pero un disparate con genio, pellizco, gracia y una ternura invencible".

El relato de Carlos García-Alix es delicioso. Se aleja de la Movida superficial y ahonda en la social, en la activista, en la política. Describe su barrio obrero y deprimido, "uno de los más rebeldes y castigados por las bombas de la guerra": "Para mayor ofensa de los que habitaban esa zona, gente que había luchado a sangre contra los nacionales en ese lugar clave de Cuatro Caminos, llamaron a esa calle General Moscardó, y en las inmediaciones estaban las calles del General Varela, General Yagüe y Comandante Zorita. Para rematar la faena teníamos al fondo el Paseo del Generalísimo", recuerda. "El ayuntamiento nos tenía olvidados, no nos cuidaba nada, nos dejaba pudrirnos, como una sucia venganza por la resistencia en los tiempos de guerra".

El crío que venía de los Maristas de León empezó a juntarse a los quince años con las Juventudes del FRAP, las Comunistas y la Joven Guardia Roja. Escapaba a menudo de la policía, hasta que acabó preso en la cárcel de Carabanchel. "Estuve poco, un par de meses".

La Transición más honda es la menos Movida
Esa es la Transición más interesante, más honda; la menos Movida. También la del cura Enrique de Castro, la de los años de "vino, rosas y plomo", como dice Pose. Era hijo de un general franquista, venía de estudiar en Comillas y tejió lentito un relato social que hoy cuenta y que resulta imprescindible. Dice que en los ochenta llegó a fumar dando misa. Allí olía a porro que daba gusto. Vio la muerte y el horror en Vallecas, acogió en su casa a los chavales desamparados y aguantó temporales de todos los colores.

"Carlos Harry es un guardián de la noche esencial, Silvia Grijalba y su diálogo con Leonard Cohen, Fernando Estrella... me cuesta mucho elegir una voz, todas son excitantes", sostiene el autor, que en ningún momento del libro participa y deja hablar a los chicos que ya se han hecho mayores. Le pregunto quiénes han sobrevivido mejor y quiénes peor a La Movida, y él cree que "todos han sobrevivido bien" y que "ninguno ha sacralizado ese momento", pero lo que se respira en la obra es otra cosa. Una nostalgia insufrible. Un anclaje. Ninguno volvió a tener ese eco, esa pequeña importancia. "Todos tenemos nuestros achaques, pero los veo a todos con una furia tremenda por seguir vivos".

lunes, 3 de abril de 2017

#hemeroteca #libros #memoria | Movida madrileña: poco heroísmo y mucho hedonismo

Imagen: El País
Movida madrileña: poco heroísmo y mucho hedonismo.
Frente al estigma conservador y la nueva saña de los fiscales de la cultura de la Transición, se publica el libro 'La mala fama'.
Diego A. Manrique | El País, 2017-04-03
http://cultura.elpais.com/cultura/2017/04/02/actualidad/1491151225_604835.html

Desde hace unos años, la llamada Movida ha vuelto a ser campo de batalla. Ya lo fue cuando el PP conquistó el poder y aplicó su lanzallamas; inolvidable aquel dictamen de Álvarez del Manzano: “nada, de la movida no ha quedado nada”. Ahora el tiroteo viene del otro extremo: los fiscales de la CT (Cultura de la Transición) se aplican al vituperio con idéntica saña.

En ambos casos, el nivel argumental es bajo. El entonces alcalde de Madrid aseguraba no recordar “un solo libro, un solo cuadro, un solo disco” (al menos, no presumía de haber pisado el Rock-Ola). Hoy, todo vale: recuerdos nebulosos, leyendas urbanas, incluso los pudores. En un libro reciente, supuestamente de crítica musical, las objeciones eran morales: resulta que aquellos ‘movidos’ se dedicaban al sexo y a las drogas.

¡Caramba! Pues va a ser verdad. Sale ahora ‘La mala fama’ (Editorial Berenice), donde Germán Pose reconstruye los asombrosos monólogos de 16 protagonistas de los ochenta. Una memoria oral que ratifica que se fornicaba mucho y se tomaba de todo.

Se trata de una formidable panorámica generacional. Pose ha evitado a esas primeras figuras de cuyas andanzas tenemos cumplida noticia. Su selección está escorada hacía el clan del cuero negro; en general, son peatones de la movida que comparten antipatía por los ganadores (abundantes recriminaciones a Almodóvar) y suspiran por los caídos (Antonio Vega, Antonio Flores).

Algunos, es cierto, estuvieron en el machito. Tesa Arranz conoció brevemente el estrellato, como animadora de los Zombies. Fernando Estrella, del grupo Peor Impossible, reinó en las barras de locales de moda y cuidó de famosos en pisos francos de camellos. May Paredes fue cortejada por un ‘rock star’ estadounidense que consiguió que abrieran el Museo del Louvre para una visita privada; no se sintió impresionada y, muy madrileña, se quejó de que allí no se permitiera fumar.

Los personajes que desfilan por este libro han vivido. Han vivido mucho, han vivido duro. Son gladiadores, gente brava que no esperó a que los padres de la patria detallaran las libertades: se las tomaron, sin pedir permiso. Irrumpieron cuando el país estaba noqueado por amenazas de golpe de estado y cotidianos actos de terror; aprovecharon el desconcierto social y la dedicación de la Policía a otros menesteres.

Si algo tienen en común es la habilidad para seguir una vocación, para establecer un modus vivendi, para dejarse arrastrar por el frenesí del momento: cuenta Manolo UVI que iba para futbolista cuando escuchó a los Sex Pistols por la radio. Las únicas referencias políticas vienen de Carlos García-Alix, activista que conoció la cárcel.

Aparte del testimonio del cura Enrique de Castro, en ‘La mala fama’ hay poco heroísmo y sí mucho hedonismo. Abundan las ‘cabras locas’, una descripción que se repite en más de un soliloquio. A la larga, demostraron extraordinaria capacidad de adaptación: uno de los entrevistados, pinchadiscos, termina ingresando –esto va a encantar a los inquisidores de la CT- en la Guardia Civil. Lo avisaron los veteranos: “en peores garitas haremos guardia”.

viernes, 31 de marzo de 2017

#libros #memoria | La mala fama

La mala fama / Germán Pose.
Córdoba : Ed. Berenice, 2017 [03-31].
235 p.
ISBN 9788416750269 / 19,95 €

/ ES / ENS
/ Crónicas / Historia – Siglo XX / La Movida / Madrid / Memoria colectiva / Testimonios

‘La Mala Fama’ es un viaje en el que los personajes que desfilan derraman en carne viva la pasión, gloria, fracaso, dolor y el delirio que se cruzó en sus vidas en aquellos años ochenta que marcaron el despegue de una supuesta modernidad de España. Es un relato turbulento en el que el autor cede la primera persona a los protagonistas de aquella época, como Tesa Arranz (la musa de la Movida y corista de Los Zombies), Jorge Ilegal, Johnny Cifuentes, May Paredes, Carlos García-Alix, Fernando Estrella, el sacerdote «vallecano» Enrique de Castro, Antonio Bartrina, Domingo J. Casas… Algunas de las figuras que se retratan en el libro no han estado en el primer foco de la noticia, pero todos han sido testigos directos de una historia repleta de luces y sombras, nombres y renombres, que algunos se encargaron de mitificar, quizá sin mala intención pero sí con excesiva ligereza. Tener 20 años en los ochenta fue gloria bendita, pero también un regalo envenenado que a muchos les reventó en mitad del viaje. Al final, se trata de un relato generacional y necesario de aquellos que sobrevivieron a ese período que recibió el nombre de La Movida, irrepetible y fugaz y al que tantas veces se ha invocado sin cargar la suerte como es debido.