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lunes, 17 de febrero de 2020

#hemeroteca #feminismo #transfobia | Contornos de un feminismo conservador

Imagen: ctxt / 8M 2017 en Madrid
Contornos de un feminismo conservador.
Las posiciones esencialistas pretenden excluir a las migrantes, a las precarias, a las racializadas, a las trans, y de tanto excluir a mujeres concretas, se quedan solas con su definición de mujer.
Josefina L. Martínez | ctxt, 2020-02-17
https://ctxt.es/es/20200203/Politica/31021/feminismo-trans-migrantes-precariedad-mujeres-historia-josefina-martinez.htm

El debate sobre el sujeto del feminismo ha estado presente en toda la historia del movimiento y en diferentes contextos se han delineado los contornos de un feminismo conservador, con una noción abstracta o esencialista de las mujeres, sin considerar las contradicciones de clase, el racismo, o la diversidad sexual. Hoy nos encontramos de nuevo con feministas que pretenden excluir a las migrantes, a las precarias, a las racializadas, a las trans, y que, de tanto excluir a mujeres concretas, se quedan solas con su definición de mujer.

¿Acaso no soy una mujer?
“¡Yo he arado, he sembrado y he cosechado en los graneros sin que ningún hombre pudiera ganarme! ¿Y acaso no soy una mujer? Podía trabajar como un hombre, y comer tanto como él cuando tenía la comida ¡y también soportar el látigo! ¿Y acaso no soy una mujer? He dado a luz a trece niños y he visto vender a la mayoría de ellos a la esclavitud. ¿Y acaso no soy una mujer?”.

Sojourner Truth, una mujer negra que había sido esclava, pronunció estas palabras en la conferencia sufragista de Ohio en 1851. Era su respuesta a quienes sostenían que las mujeres no podían votar porque eran el “sexo débil”. El discurso de Sojourner impugnaba ese modelo ya que sus brazos labraban y recibían tantos latigazos como los de sus compañeros. Pero su alegato apuntaba también a las mujeres blancas de clase media que buscaban limitar las reivindicaciones del movimiento sufragista, sin considerar los agravios de las trabajadoras y las esclavas.

En ‘Mujeres, raza y clase’, Angela Davis señala que el movimiento abolicionista de la esclavitud, el movimiento sufragista y las organizaciones sindicales tendieron a converger a comienzos del siglo XIX en Estados Unidos, algo potencialmente explosivo. Sin embargo, en tiempos de la Guerra Civil norteamericana, crecieron las posiciones excluyentes dentro del feminismo liberal hegemónico. Mientras algunos líderes del movimiento abolicionista mantuvieron posiciones misóginas, organizaciones del movimiento de mujeres como la Asociación Americana por el Sufragio de la Mujer (NAWSA) adoptaron posiciones racistas. Hasta allí podemos rastrear los antecedentes del ‘separatismo’ en el movimiento de mujeres, que devino en posiciones reaccionarias.

A finales del siglo XIX, la cuestión de clase también delimitó corrientes enfrentadas en el feminismo sufragista en Inglaterra. Las Pankhurst (Emmeline y sus dos hijas, Christabel y Sylvia) eran las figuras más representativas del sufragismo radical, que había adoptado métodos de acción directa en las calles contra la represión del Estado. Lo que se conoce menos es que la madre y la hermana mayor terminaron expulsando a Sylvia Pankhurst de la WSPU (Unión Social y Política de las Mujeres). ¿El motivo? Sylvia y sus compañeras socialistas se dedicaban a organizar a las mujeres trabajadoras de las barriadas pobres del East End de Londres. Esto no era del agrado de quienes pensaban que las protestas de las trabajadoras contra la miseria social, las huelgas por igual salario o sus reclamos en las fábricas podían alejar a los políticos moderados de la causa del voto femenino. Sylvia Pankhurst escribió más tarde, seguramente pensando en su hermana: “Algunas dicen que las mujeres trabajadoras tienen unas vidas demasiado duras y su educación es tan escasa que les impide tener una voz poderosa a la hora de ganar el voto. Las personas que piensan así han olvidado su historia”.

Lo que aparecía primero como una diferencia sobre cuál era el sujeto del movimiento –las mujeres de clase media alta o las trabajadoras precarias– llevaría a profundas divergencias en las posiciones acerca del Estado y la guerra imperialista. Mientras Sylvia Pankhurst encabezó el movimiento de protesta de las mujeres obreras contra la guerra y apoyó la revolución rusa, Christabel y Emmeline promovieron campañas nacionalistas reaccionarias a favor del alistamiento en el ejército y en defensa del Estado imperialista. Una anécdota ilustra este giro conservador: como muestra de su patriotismo, rebautizaron el periódico de la WSPU, ‘The Suffragette’, que pasó a llamarse ‘Brittannia’.

Lo personal es político, pero la biología no es destino
Con la Segunda Ola del feminismo a fines de los sesenta se renovaron los debates al calor de las confluencias, desencuentros e intersecciones con el movimiento por los derechos civiles y el poder negro, los colectivos LGTB, las luchas antiimperialistas, las rebeliones obreras y las revueltas estudiantiles.

El feminismo logró instalar en el debate público la idea de que lo personal es político, desnaturalizando el orden sexual y visibilizando el trabajo de las mujeres en el hogar. En medio de una ebullición política de carácter antisistémico y antiestatal, la definición del patriarcado como exclusivo sistema o eje de dominación que afectaba a las mujeres, tal como definía el feminismo radical, fue cuestionado por múltiples feminismos. El feminismo socialista, los feminismos negros, el feminismo lésbico, los feminismos antimperialistas y otras corrientes disputaron sobre el sujeto del feminismo y las vías de emancipación.

Pero llegados los años ochenta, se producirá un nuevo giro conservador. Con el neoliberalismo se institucionaliza un feminismo liberal que prioriza el empoderamiento individual mientras ganan peso lo que algunas autoras denominan el feminismo cultural y el feminismo punitivo. Estas corrientes van a focalizar la opresión de las mujeres exclusivamente en el ámbito de la sexualidad, construyendo una falsa polaridad entre una sexualidad masculina esencialmente agresiva y depredadora frente a una supuesta naturaleza femenina asexuada y emocional, que condena a las mujeres a la victimización. Mediante un desplazamiento hacia planteamientos esencialistas y biologicistas, algunas feministas terminarán pensando la liberación femenina en oposición a la liberación sexual. El punitivismo, las campañas antipornografía y las mociones para engordar el código penal de feministas como Andrea Dworkin y Catharine MacKinnon pasan a ocupar un lugar central, mientras el movimiento abandona las calles para centrarse en los tribunales. Paradójicamente, estos planteamientos tendían a confluir con los valores que promovía la New Right norteamericana en su lucha contra el feminismo, el aborto y los derechos de la diversidad sexual.

En ese contexto, se publica en 1979 el libro de Janice G. Raymond, ‘El imperio transexual: la creación de la mujer-varón’. Esta exmonja católica desarrolla una visión transfóbica que ha hecho escuela hasta hoy, llegando a afirmar que “los transexuales violan el cuerpo de la mujer al reducir la verdadera forma femenina a un mero artefacto”.

¿Nos encontramos hoy ante un nuevo giro conservador en algunos sectores del movimiento de mujeres? Cuando leemos columnas de reconocidas feministas que lamentan que el 8M tome las reivindicaciones de las mujeres migrantes, de las trabajadoras, la diversidad sexual y las mujeres trans, todo indica que lo estamos presenciando. Cuando el debate acerca de la abolición de la prostitución se transforma en punta de lanza para polarizar y romper espacios de autoorganización, sin considerar que existen múltiples posiciones en el movimiento de mujeres, que no se reducen a dos campos enfrentados, esta intuición se comprueba. Y cuando desde el nuevo Gobierno se promueve incrementar las penas del código penal para delitos de violencia de género, pero no se piensa derogar la ley de extranjería, ni cerrar los CIEs, ni terminar con las reformas laborales que precarizan a las mujeres, o separar la Iglesia del Estado, solo se refuerzan los contornos de este giro conservador.

Aun así, este 8M volvemos a movilizarnos, porque las trabajadoras, las migrantes, las trans y las mujeres precarias también decimos: ¿acaso yo no soy una mujer?

miércoles, 7 de febrero de 2018

#hemeroteca #sufragismo | El derecho al voto de las británicas cumple 100 años

Imagen: Noticias de Gipuzkoa / Mujeres laboristas celebran los 100 años del voto femenino en Gran Bretaña
El derecho al voto de las británicas cumple 100 años.
La sufragista Emily Davison se arrojó bajo el caballo de Jorge V.
Guillermo Ximenis · EFE | Noticias de Gipuzkoa, 2018-02-07
http://www.noticiasdegipuzkoa.com/2018/02/07/sociedad/el-derecho-al-voto-de-las-britanicas-cumple-100-anos

El Reino Unido conmemoró ayer los 100 años desde que las mujeres británicas conquistaron el derecho al voto, tras una larga campaña de desobediencia en la que las sufragistas protagonizaron huelgas de hambre, provocaron incendios y se encadenaron frente al palacio de Buckingham.

El Parlamento británico aprobó el 6 de febrero de 1918 una ley que otorgaba el derecho al sufragio a las mujeres mayores de 30 años, que en aquel momento eran más de ocho millones en un país inmerso todavía en la Primera Guerra Mundial.

El éxito de las sufragistas británicas se enmarca en un movimiento social más amplio que ya había llevado a reconocer el voto femenino en Nueva Zelanda (1893), Australia (1902), Finlandia (1906), Noruega (1913) y la Unión Soviética (1917), y sería posteriormente imitado en Alemania (1918), Estados Unidos (1920) y España (1931).

Los primeros grupos favorables al sufragio de la mujer se formaron en el Reino Unido a finales de la década de 1860, pero no adquirieron relevancia hasta que la activista Emmeline Pankhurst fundó en 1903 el Sindicato de las Mujeres.

En los primeros años del siglo XX, tan solo el Partido Laborista, una joven organización fundada en 1900, estaba a favor de otorgar el derecho al voto a las mujeres en el Reino Unido, mientras que el Partido Liberal y el Partido Conservador se oponían, explicó Sarah Richardson, investigadora de Política e Historia de Género en la Universidad de Warwick.

"Los conservadores estaban, en general, en contra de cualquier extensión del derecho a voto. Entre los liberales, aunque muchos de ellos apoyaban una ampliación de la democracia, cundía la preocupación de que las mujeres votarían de forma abrumadora a los conservadores", indicó Richardson.

El grupo liderado por Pankhurst renunció a las medidas de presión política que habían utilizado hasta entonces sus compañeras, basadas en tratar de convencer con cartas y argumentos a los diputados, e inició una campaña radical bajo el lema 'Hechos, no palabras'.

Años después, las sufragistas quemaron el contenido de cientos de buzones de correos, rompieron las ventanas de miles de comercios y cortaron cables telefónicos. También llamaron a los ciudadanos a invadir la Cámara de los Comunes y lograron reunir frente al palacio de Westminster a cerca de 60.000 personas en octubre de 1908.

La ausencia de resultados tangibles a favor de su causa las llevó a partir de 1913 a radicalizar sus acciones y colocaron diversas bombas que provocaron daños materiales. El acto de militancia más conocido fue el de la activista Emily Davison, que se convirtió en una mártir del movimiento al arrojarse bajo el caballo del rey Jorge V durante una carrera en el hipódromo de Epsom Downs, un atropello que le provocó la muerte pocos días después.

Y TAMBIÉN…
Se cumplen 100 años desde que las sufragistas conquistaron el derecho al voto en el Reino Unido.
Protagonizaron huelgas de hambre, provocaron incendios y se encadenaron frente al palacio de Buckingham.
EFE | Noticias de Gipuzkoa, 2018-02-06
http://www.noticiasdegipuzkoa.com/2018/02/06/mundo/se-cumplen-100-anos-desde-que-las-sufragistas-conquistaron-el-derecho-al-voto

martes, 6 de febrero de 2018

#hemeroteca #sufragismo | Sufragistas: cien años de la victoria de las guerreras por el voto de la mujer

Imagen: El Periódico / La concejala Elaine Pantling recuerda a la sufragista Alice Hawkin
Sufragistas: cien años de la victoria de las guerreras por el voto de la mujer.
El 6 de febrero de 1918 el Parlamento británico reconoció el derecho al voto a las mujeres mayores de 30 años.
Begoña Arce | El Periódico, 2018-02-06
http://www.elperiodico.com/es/internacional/20180206/cien-anos-de-la-victoria-de-las-guerreras-sufragistas-por-el-voto-femenino-6604508

Fue la victoria de un grupo de revolucionarias y cambió la condición femenina para siempre. La batalla por el derecho al voto de las mujeres en el Reino Unido, de unas militantes dispuestas a pagar el precio más alto por acabar con aquel ultraje. Centenares de pioneras por la igualdad ante la ley fueron perseguidas, insultadas, encarceladas, estigmatizadas. En prisión protagonizaron largas huelgas de hambre. Una de ellas, Emily Wilding Davison, lo pagó con su vida, cuando se arrojó al paso del caballo del rey Jorge V en el Derby de Epsom. El martes se cumplieron 100 años del triunfo de las sufragistas y los ojos del mundo se vuelven hacía aquellas británicas valientes y decididas, precursoras de las feministas del siglo XX.

Actos, no palabras
La de las sufragistas fue una larga lucha. La primera petición ante el Parlamento británico reclamando el voto femenino se había presentado en 1832, pero no se logró hasta casi un siglo más tarde. El movimiento nació en Manchester, a partir de la organización Unión Social y Política de Mujeres, creada en 1903 por Emmeline Pankhurst. Militante por el voto desde los 14 años, viuda de un abogado que apoyaba la causa, madre de cinco hijos, la activista acabó 11 veces en la cárcel y otras tantas fue liberada. Aunque, como ella, las impulsoras del movimiento sufragista pertenecían mayoritariamente a la burguesía, Pankhurst logró movilizar a las trabajadoras de las fábricas textiles en el norte del país y del foco de miseria que era el este de Londres.

La reclamación del voto femenino había sido ignorada y ridiculizada por los políticos y era motivo de mofa y sarcasmos en la opinión pública. El grupo creyó que hacían falta medios contundentes y el uso de la violencia para lograr el objetivo. Su eslogan fue: 'Actos y no palabras'. A diferencia de otras organizaciones pacifistas, optaron por campañas de choque que dejaron estupefacta a una sociedad dominada por los valores tradicionales victorianos, donde las mujeres solo podían ser esposas y madres.

Manifestaciones y bombas
En sus manifestaciones las sufragistas se encadenaban a las verjas de edificios públicos como el palacio de Buckingham, provocaban incendios, rompían escaparates y peleaban con la policía, que a rastras las llevaban al calabozo. Aquellas mujeres no dudaron en colocar bombas o sabotear las redes de tendido eléctrico. En 1913 llegaron a atacar con un explosivo el domicilio del primer ministro de la época, David Lloyd George. En la cárcel, las militantes en huelga de hambre fueron alimentadas a la fuerza. Al comienzo de la primera guerra mundial, Pankhurst pidió a las simpatizantes que suspendieran sus ataques para colaborar en los esfuerzos en la lucha nacional contra el enemigo. El papel fundamental jugado por las mujeres durante el conflicto contribuyó decisivamente a que finalmente obtuvieran el voto el 6 de febrero de 1918.

Punto de no retorno
Con la llamada ley de representación popular, 8 millones de mujeres con más de 30 años engrosaron los registros electorales. Pasarían aún 10 años hasta que todas las británicas lograran exactamente los mismos derechos de voto que los hombres. Pankhurst ya había muerto para entonces y poco a poco la sociedad ha ido concediéndole el reconocimiento que merece. En 1999 la revista 'Time' la situó entre las personalidades más influyentes del siglo XX. “Ella modeló una cierta idea de la mujer contemporánea: cambió el orden social hasta el punto de no retorno”, señalaba la revista.

La casa de Pankhust en Manchester es hoy un museo y la ciudad le erigirá una estatua a finales de este año. Hay también una campaña reclamando que se anulen los antecedentes penales de las sufragistas. “El problema no eran ellas saltándose las leyes, era las leyes las que restringían nuestra democracia”, ha declarado a la BBC Helen Pankhurst, recordando a su ilustre bisabuela.