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domingo, 7 de octubre de 2018

#hemeroteca #trans #testimonios | La historia del hombre que ha conseguido una calle para que Motril desagravie a 'La Juanita'

Imagen: Ideal / Antonio Bueno (c) y demás impulsores del homenaje a La Juanita en Motril
La historia del hombre que ha conseguido una calle para que Motril desagravie a 'La Juanita'.
El artista Antonio Bueno es el promotor del homenaje al primer transexual motrileño, Juan Alabarce que murió en 2009, a los 82 años, tras una vida de maltrato social.
Mercedes Navarrete | Ideal, 2018-10-07
https://www.ideal.es/granada/costa/historia-hombre-conseguido-20181007211306-nt.html

Se llamaba Juan Alabarce Maldonado, nació hombre en el Motril de 1924 y fue un valiente que se empeñó en vivir toda su vida siendo 'La Juanita'. Se sentía mujer, se vestía como una adelantada a su tiempo y jamás se escondió a pesar de que durante muchos años ser diferente en España se pagaba con palizas, burlas y humillaciones.

Un eterno clavel de la vega de Motril prendido al pelo, gorrillo de croché cogido con horquillas para cubrir su melena teñida de rubio, labios y ojos maquillados, uñas rosas, camisetas que dejaban ver el ombligo y, seguramente, unos de los primeros 'shorts' vaqueros de la historia. Así era el estilo propio de 'La Juanita', el primer transexual motrileño, que murió en 2009, a los 85 años, después de toda una vida de maltrato y rechazo social.

Varias generaciones de motrileños se reconocen hoy, no sin vergüenza y pena, en aquellos niños que, inconscientes del daño que hacían, corrían detrás de 'La Juanita' para burlarse de ella o tirarle piedras. Lo de los adultos era peor. Algunos la molieron a palos y a su paso resonaban los insultos de 'maricón'. Pero después de cada paliza, 'La Juanita' volvía a colocarse un clavel y a salir con su dignidad intacta a la calle.

Un personaje que habría sido carne de cañón en cualquier pueblo de la España en blanco y negro y que ahora Motril quiere convertir en un mito y un símbolo de una ciudad donde se respeta la libertad y la diferencia. El empresario y artista Antonio Bueno es el 'culpable' y promotor de este maravilloso movimiento de desagravio a 'La Juanita', que está calado hondo en la ciudad costera granadina. Todo comenzó el pasado mes de junio cuando Antonio movilizó a sus amigos para crear un espectáculo inspirado en 'La Juanita', al que llamó 'The show' y donde se inició la recogida de firmas para pedir la calle.

«Podía haber sido yo»
El guante lo ha recogido el Ayuntamiento que aprobó, con la unanimidad todos los grupos políticos, dedicar la calle Cervantes «a la memoria de Juan Alabarce Maldonado, mítico transexual motrileño que ha dejado una bonita lección de entereza y cariño y una gran historia». Aún no hay fecha para la inauguración de la placa pero Antonio Bueno ya está preparando un cariñoso homenaje póstumo con el visto bueno de los familiares de Juan.

«La Juanita podía haber sido yo si hubiera nacido en su tiempo. Todos los que nos sentimos libres tenemos que agradecerle que se expresara y que mostrara por primera vez que existía gente diferente. Juan abrió el camino y se lo debíamos, teníamos que decirle gracias», explica Antonio Bueno.

Pintora curiosa
La Juanita era pintora de brocha gorda, tan curiosa que no dejaba una gota en el suelo y por eso la llamaban para encalar las casas. De niño, Antonio Bueno recuerda a 'La Juanita' llegando a casa de su madre y pidiéndole alguna barra de labios. «Es un personaje que me producía fascinación por su diferencia, la seguridad que transmitía. Era muy presumida, iba mirándose en los cristales de los escaparates y caminaba con un tumbao y un estilazo que llenaba la calle... Eso era glamour», relata Antonio.

Y precisamente porque nunca pasó desapercibida, durante años en Motril circularon leyendas urbanas sobre 'La Juanita' y su parte oscura, cuando se refugió en el alcohol del rechazo social. «La machacó un pueblo que ella quería. Me admira que jamás se fuera de Motril. Años después, personas como yo nos íbamos de aquí siendo jóvenes porque no soportábamos la presión social y sin embargo él no se escondió nunca», remarca. Bueno está feliz y emocionado por el logro de la calle pero le queda la pena de que el homenaje no haya llegado en vida de 'La Juanita'. «Ay, con lo que le gustaba que le hicieran fotos», suspira.

Imagen: Ideal / Antonio Bueno con un retrato de La Juanita
«Gracias a 'La Juanita' y a los que se expusieron, las personas como yo podemos salir hoy a la calle»
El homenaje a 'La Juanita' surgió en 'The show', una espectáculo y exposición que inició la recogida de firmas.
Mercedes Navarrete | Ideal, 2018-10-07
https://www.ideal.es/granada/costa/gracias-juanita-expusieron-20181007212037-nt.html

La fascinación que desde niño siente por el personaje de 'La Juanita' sirvió de inspiración al artista motrileño Antonio Bueno para crear 'The show', una particular exposición espectáculo en la que además de exhibir sus cuadros embarcó a todos sus amigos para crear, durante la inauguración, una 'performance' multidisciplinar llena de plumas, rock en directo y una 'troupe' de personajes que dejaron con la boca abierta a los asistentes. Durante todo el pasado mes de junio, la exposición permaneció abierta en la motrileña Casa de la Condesa y en una de sus salas se incluía un altar con una fotografía de 'La Juanita', obra de José Fernández Valdivieso y los folios con las firmas para pedir la calle.

«Tenía muchas ganas de hacerle un homenaje y explicarle a la gente quién fue Juan. Gracias a 'La Juanita' y a esa generación que abrió camino, yo puedo salir hoy a la calle. Gracias a los que se expusieron como él hoy el colectivo LGTB es libre. El show giraba entorno a la apertura de un baúl con sus cosas, fue como darle voz», relata Antonio. No vendió ni un cuadro, pero la satisfacción que se lleva no tiene precio.

Y es que, además de conseguir la calle, los componentes de 'The show' son ya una piña a nivel personal. El grupo de rock Caín, Umbriel teatro, José María Beas que prestó los muebles, los técnicos de sonido, todos los actores... Todos dijeron sí a Antonio para montar un espectáculo que quería ser un brindis a la libertad y a la buena gente. Así lo resume la diseñadora Mercedes Valera que vistió a los personajes con sus espectaculares tocados: «Nosotros le dijimos sí a Antonio y nos dejamos llevar. Nos han encantado lanzar el mensaje de que no queremos etiquetas en mi ciudad, queremos buena gente».

viernes, 11 de diciembre de 2015

#hemeroteca #trans #testimonios | El lenguaje perdido de una sonrisa ebria

Imagen: El Faro Motril / La Juanita
El lenguaje perdido de una sonrisa ebria.
Juan José Cuenca · Escritor | El Faro Motril, 2015-12-11
http://www.elfaromotril.es/2015/12/11/el-verbo-proscrito-53/

Aún recuerdo nítidamente una figura destartalada, más bien delgada, de estatura como de estatua griega esculpida y olvidada en medio de cualquier plaza, ojos con rimel frondoso, coloretes exagerados y labios resecos. Vestía ropa colorida, con sus eternos pantaloncitos cortos en verano; gorrillo de croché de un color desvaído pero digno; chaquetilla fina estampada, bolso de plástico fiel compañero de correrías y aspavientos, y chanclas ruinosas.

Dentro del bolso, como un náufrago dando tumbos en una balsa a través de un mar embravecido, una botella de vino, casi vacía la mitad de las veces, con el que espantaba fríos y miedos por las calles de un Motril provinciano, de mucha misa pero menos respeto y más yuntas que coches.

Cuando hacía aire, o se encontraba desgreñada y recostada en el quicio de una puerta o en la pared del mercado municipal y del Coliseo Viñas, después de haber apurado su botella de licor de dioses, su melenilla cana y rala que, coquetamente, trataba de arreglar y de dar una dignidad que nunca dio por perdida, prendiendo un clavel rojo que le recogía el flequillo, se alzaba salvaje, indómita, y tenía que sujetarse el gorrillo con una mano mientras dialogaba consigo misma.

Todo el mundo la quería, a su manera, aunque gustaba la gente de gastarle pequeñas bromas y de atosigarle los chiquillos persiguiéndola con chascarrillos y canciones de chanza. Lo soportaba estoicamente, con media sonrisa pintada en la boca y ojillos que aparentaban ser rencorosos. Insultaba levemente y hacía amago de escurrirse calle abajo persiguiendo a la chiquillería, para dar luego media vuelta y seguir su camino.

Las mujeres eran poco menos que enemigas o competidoras por un amor imaginario, prohibido y sentido, rivales contra las que luchar y con las que criticar las vidas de unas y otras, aunque no las conociese, aunque el alcohol difuminase la memoria y el entendimiento. Bastaba con insinuarle que menganita o fulanita estaba tratando de arrebatarle un novio o a un mozo al que ella hubiese puesto el ojo encima, para que rechinara los dientes y espetara: “Esa es una puta y cuando la coja va a mear sangre. No le va a quedar un pelo en la cabeza”. Y bastaba también que cualquier mujer le dirigiera la palabra para que ella entreviera un amago de risa o de chufla. Entonces, una sarta de improperios salía a borbotones de su boca, mientras la seguía un buen trecho.

Nunca hizo daño a nadie. Se quedaba mirando al vacío, el rímel algo corrido ya, la botella agotada y el cuerpo con el cansancio de mil derrotas en la espalda, sentada en el tranco de una puerta cualquiera, dialogando con sus fantasmas. Me llamaba poderosamente la atención cada vez que la veía, en su mundo, con sus anhelos, una caricatura de mujer entrada en años ya, misteriosa y a la vez prohibida. Siempre sola. Me la imaginaba en un hogar secreto y hacía cábalas para adivinar en qué estaría ocupando sus pensamientos en ese momento. Jamás reparó en mí, quizás porque yo solo la observaba en silencio, muy callado, sin insultarla ni picarla para que se dignara a dirigirme unos cuantos improperios.

Me fascinaba todo en ella: sus aires de libertad absoluta, su verborrea ácida y audaz y su gorrillo de croché impertérrito, dando calor a su calavera. Alguna vez, pocas, se hacía acompañar por algún perrillo tan desamparado como ella, con el que compartía soledades, hambre y miserias. Lo mismo la veías deambulando por la playa, contoneándose vistosamente como un pavo real, que te la encontrabas en cualquier esquina de la ciudad como parte indivisible del mobiliario urbano.

Aquellos años 60, 70 y 80 del siglo pasado fueron años convulsos en nuestro Motril de provincias que, en un goteo incesante, pugnaba por abrirse más de mente y de piernas. Aún colearían tímidos aunque arraigados ramalazos pueblerinos (aquellos que todavía persisten en algunos reductos, marginados en las cloacas de la incultura y la desvergüenza) que, por muy extraño e incoherente que resulte, siempre respetaron a la Juanita. Juanita Banana (se le cantaba como estribillo jocoso por aquella canción de Luís Aguilé), la de cancioncillas picantes y cojoneras, la diva de pueblo con ínfulas de bailarina del ‘Folies Bergere’, la eterna maniquí con modelos imposibles desfilando a deshoras en la pasarela imaginaria de los arrabales.

Y como todo acaba y se va reduciendo a poco más que una ceniza inconsistente de recuerdos enrevesados y arcaicos, agotando el tiempo inmisericorde vidas y hojas en el otoño, llegó un día que, después de mil avatares y sonrisas descolocadas, la Juanita dejó de estar. Simplemente se la dejó de ver por las calles de Motril o el Puerto, tampoco por la carretera de la Celulosa que era su paso diario. Terminó sus días ingresada en una residencia, más parecida a un viejito desvalido y escuálido, sin rastro de maquillaje o de la indumentaria que la hacía tan reconocible, con el pelo muy corto, blanco y mortecino, y su eterna sonrisa pintada en los labios. Tenía 80 años. Buena edad le regaló la vida después de tanto sufrimiento y sinsabores al primer transexual que conoció Motril. Un Motril que la quiso a su manera, pero que también la negó y la marginó muchísimas veces.

En la memoria de infinidad de motrileños quedará para siempre la Juanita, su gorrillo de croché y su cantar triste y acorralado.

Descanse, por siempre en paz, Juan Alabarce Maldonado.

domingo, 11 de mayo de 2008

#hemeroteca #trans #testimonios | 'La Juanita' vive para desmentir su leyenda

Imagen: Ideal / La Juanita

'La Juanita' vive para desmentir su leyenda.

Ideal localiza al entrañable personaje motrileño Juan Alabarce Maldonado, de 85 años, en una residencia de El Padul.
Fermín Anguita | Ideal, 2008-05-11
https://www.ideal.es/granada/20080511/costa/juanita-vive-para-desmentir-20080511.html 

Varias generaciones de motrileños fueron, alguna vez, niños y jóvenes que corrieron detrás de 'La Juanita'. Sus chanzas, sus cantes, su contoneo alegre y vivaracho, además del rosario de chismes y el repertorio con el que jaleaba a todo aquel que le prestase atención, llegaron a ser casi la banda sonora de largas tardes y noches de verano a la puerta de muchas casas, durante más de medio siglo.

Fue todo un personaje, casi un símbolo, de una ciudad que sirvió de escenario al melodrama de un hombre que actuó como mujer, que se adelantó treinta años a su tiempo. Pero esa ciudad no fue del todo justa y humana con 'La Juanita', con Juan Alabarce Maldonado. Su verdadero nombre, aquel con el que el Motril de los cincuenta y sesenta le conocía y le llamaba para pintar o encalar alguna estancia de la calle de las Cruces y de otras populosas calles.

Con el paso de los años, y con ausencias desgarradoras en su vida, deambuló (ya solitaria) por un mundo imaginario en el que los vecinos -sobre todo de los barrios- le prestaban atención y compañía Solo quería eso, compañía y que alguien de vez en cuando le diese comida, una botella de vino, que fue su más fiel y perenne amiga, y aquel clavel anónimo que siempre adornó una melena escuálida, sucia y de incipiente calvicie que coronaba aquel gorrito amarillo de croché.

Ideal reivindicó, hace unos meses, la impronta de 'La Juanita' como señuelo de un Motril extinto que aún la busca por los barrios de la playa cuando va llegando el verano. Un año dejó de aparecer y cuando toda la ciudad afirmaba a ciencia cierta que 'La Juanita' se había marchado para siempre, tal vez dormida en la eternidad de aquellos tubos de hormigón de la playa, ella se reivindica a sí misma y nos sorprende cantando -algunas noches- desde la placidez y la humanidad que la rodea en la residencia 'Fuente de la Salud' de El Padul, donde Ideal la ha encontrado por fin y a donde llegó en condiciones penosas y lamentables el 9 de diciembre del año 2003. «Fue un caso de auténtica urgencia social», explica María Luisa, auxiliar de enfermería y una de las extraordinarias profesionales que cuidan de Juan y otros ancianos en la residencia gestionada por la Fundación Geron. Pero su llegada pronto se convirtió en algo excepcional que cautivó a toda la residencia. De hecho, María Jesús -su actual directora- sonríe con cariño cuando recuerda cómo en los primeros tiempos 'La Juanita' no salía de su habitación sin pintarse y acicalarse cada mañana: «Aún hoy conserva esa coquetería que le caracterizó, pues no podemos privarle de esos calcetines rosas que lleva puestos». La directora explica además que, desde aquellos días, todos allí entendieron que debían dar a Juan ese margen de libertad personal al que estaba acostumbrado (en Navidad, incluso, le regalaron algún cosmético), pues en el respeto a ello su estancia allí ha sido apacible y confortable para quien no conoció más que sonrisas pero también mucha miseria.

Años de hambre
Es más, las enfermeras cuentan sus ocurrencias que revelan una existencia agridulce en un Motril que fue su vida. «Al principio, cuando se valía por si mismo y bajaba al comedor siempre escondía comida en su bolso», explica María Luisa al relatar un gesto habitual que delataba años de hambrunas y mal comer. Ahora la cosa es muy distinta, sonríen al contarlo la enfermera Carmen o la auxiliar Rebeca «pues come poco, pero nunca rechaza los dulces».

Difícilmente pocas personas pueden apuntarse en la lista tantas desgracias como las sufridas por 'La Juanita'. Obviaremos muchas, pero se enfrentó a burlas, atropellos, palizas y, en época relativamente reciente, un tumor, rotura de la cadera y el ACV que le tiene totalmente limitado en movimientos y con una mano paralizada. Su mirada no está perdida, pues entiende, comprende y siente. Su mirada rezuma dignidad y piensa en un ayer en el que fue reina de tantas cosas y de nada a la vez. Su pelo blanco, en un amago de melenita, revela aún las huellas del coqueto y continuo mesado de cabellos. Aún conserva ese gesto tan suyo de cubrirse la boca con la mano doblada Y así se mantiene asintiendo cada vez que se le pregunta por las Explanadas, por 'sla Alsina' de la playa o por Santa Adela.

El reencuentro con 'La Juanita' es difícil de explicar. No es un anciano decrépito, sino un abuelo entrañable que acurrucadito como un niño pequeño, recogido y en una actitud de permanente timidez impresiona al personal del centro. Eso sí, de vez en cuando le entran arrebatos y se enfada con ellas o con quien le pregunta, como nosotros. «¿Quién te daba ese gorro tan bonito, Juan?». «¡Las mujeeeeres!» casi grita desde su sillón con ese deje desvaído y femenino con el coronaba sus ocurrentes frases.

El gorro, la camiseta de tirantes, pantalón corto y chanclas. En cualquier rincón de Motril y su playa nos dará la sensación de que estamos a punto de verla, porque 'La Juanita' volvía con el verano para cantarle a sus amores imposibles, desde las esquinas de su soledad. Vive aún y sueña con un Motril que ya no existe, pero ¡vive! para desmentir su propia leyenda de un final absurdo en un tubo de hormigón junto a las arenas de poniente.