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martes, 26 de agosto de 2025

#hemeroteca #inmemoriam | Muere el teniente coronel Sánchez Silva, el primer mando militar abiertamente gay de España

José María Sánchez Silva en Madrid, en septiembre del 2000 //

Muere el teniente coronel Sánchez Silva, el primer mando militar abiertamente gay de España

José María Sánchez Silva protagonizó la gran salida del armario castrense hace 25 años
Mario Suárez | El País, 2025-08-26
https://elpais.com/sociedad/lgtb/2025-08-26/muere-el-teniente-coronel-sanchez-silva-el-primer-mando-militar-abiertamente-gay-de-espana.html

Protagonizó la salida del armario más importante de la historia castrense en España. En septiembre de 2000, la revista Zero publicaba una portada con este titular: “El primer militar gay”. Era José María Sánchez Silva, teniente coronel del Cuerpo Jurídico de las Fuerzas Armadas, quien hablaba abiertamente de su vida como homosexual dentro del ejército. Al mismo tiempo también lo hizo en EL PAÍS. Un acto de valentía civil y heroico en un entorno castrense que cambió mentalidades y revolucionó un Ministerio de Defensa, entonces con Federico Trillo (PP) al frente. Casi nada.

José María tenía 49 años cuando ofreció esa entrevista a la revista en la que yo trabajaba como redactor. Ver ese cuerpo frágil, esa voz solemne, esa disposición errática y esa generosidad por la redacción de la plaza Santa María Soledad Torres Acosta de Madrid era, cuanto menos, extraña en unos años en los que los gais y las lesbianas aún no podían ni casarse.

Sánchez Silva era un lector habitual de los estantes de la librería Berkana, en Chueca, cuando unos meses antes de ese verano comentó a su dueña, Mili Hernández, su condición de militar y su disposición a salir del armario. Ella llamó de inmediato al entonces redactor jefe de la revista Ricardo Llamas y a su director Miguel Ángel López, para que conocieran al militar.

Tras esa primera reunión, la vida de Sánchez Silva no sería la misma, tampoco la del ejército que representaba. “Para la comunidad LGTBIQ+, para la política, para lo que pasó después, esta es la portada más importante que ha tenido una revista en décadas”, explicó Hernández en la serie documental 'Zero, la revista que sacó del armario a un país' (2023), poniendo en valor la figura de Sánchez Silva.

El militar pasó los siguientes meses reafirmándose en sus declaraciones por diferentes medios de comunicación: “Hay casos de ataques homofóbicos directos en las Fuerzas Armadas. Pero lo habitual es que en el Ejército, la homofobia agreda indirectamente, recubierta de una exquisita legalidad”.

Era su lucha, su audaz legado que comentaba en los círculos cercanos, pero también en charlas abiertas y, por supuesto, en su puesto de trabajo. Por eso recibió amenazas, insultos y ataques los meses posteriores, llevando incluso a juicio a otro compañero por injurias en 2003.

La justicia no le acompañó, y esto acabó con la carrera de José María, que fue a la reserva voluntariamente. “Si alguien me ha odiado, que sepa, desde ahora mismo, que no ha conseguido que el odio sea recíproco”, afirmó en la icónica revista a modo de despedida.

Los últimos años de Sánchez Silva fueron discretos, de su casa en Chamberí y sus comidas en el restaurante El Yate, hasta el barrio de Chueca, adonde caminaba para comprar libros en Berkana o para tomar algo en el desaparecido Café Figueroa. Después, vuelta en taxi a casa.

Del ejército solo le quedaba el recuerdo, porque ni las medallas ni el uniforme guardó tras su salida. Era un militar de izquierdas comprometido, conocedor de que su salida del armario traería consecuencias, aunque nunca imaginó que tantas y tan abruptas.

Este lunes 25 de agosto, a las siete de la tarde, falleció en una residencia militar de Guadarrama, en Madrid, 25 años después de ese valiente hito que cambió tantas cosas, y que el asociacionismo y la comunidad LGTBIQ+ apenas reconoció en vida, algo de lo que él se quejaba constantemente.

Pidió que sus cenizas descansaran junto a la de sus padres, en Cabo Enderrocat, en Mallorca, y recibir una misa funeral en una iglesia castrense, pese a haber apostatado años antes y retractarse después de la pandemia. 

Y TAMBIÉN…

Muere el teniente co
ronel José María Sánchez Silva, el primer militar que habló públicamente de su homosexualidad
Habló de su homosexualidad en una revista para reivindicar sus derechos y años después se vio obligado a abandonar el Ejército porque cayó en el “ostracismo”
El Diario, 2025-08-06
https://www.eldiario.es/sociedad/muere-teniente-coronel-jose-maria-sanchez-silva-primer-militar-hablo-publicamente-homosexualidad_1_12556577.html

José M. Sánchez Silva · Teniente coronel en la reserva: "Tras declararme gay aguanté años de ostracismo. Abandoné"
Ana Alfageme | El País, 2005-06-20

https://elpais.com/diario/2005/06/20/sociedad/1119218402_850215.html

martes, 22 de octubre de 2024

#hemeroteca #homofobia #editoriales | Leer a cara des-cubierta

El Salto / Literatura 'gay' a la sombra //

Leer a cara des-cubierta

Roca Editorial acaba de publicar un libro de temática LGTBI... pero no quiere que lo sepas.
Ramón Martínez | La mirada rosa, El Salto, 2024-10-22
https://www.elsaltodiario.com/mirada-rosa/leer-cara-des-cubierta 

Siempre que le hablo de la portada de un libro, mi amiga Miren, en la trastienda de la fantástica librería Mujeres y Compañía donde trabaja, me recuerda con vehemencia que ese trozo de cartón que envuelve las tripas de cualquier volumen realmente se llama “cubierta”. El lado posterior, como es lógico, tiene por nombre “contracubierta”. Son datos técnicos que tal vez solo interesen a quienes acostumbramos pasearnos por los bosques de la literatura, pero hace pocos días, visitando Berkana —la otra librería donde paso varias horas a la semana—, el nombre de esa parte de los libros ha cobrado una importancia especial.

Hace tiempo era realmente complicado identificar esa literatura que hoy llamamos “LGTBI”. Cuando un libro había sido publicado por una gran editorial resultaba prácticamente imposible saber a primera vista si entre sus páginas aparecería alguna referencia a la realidad de lesbianas, gais, bisexuales, trans e intersexuales. Incluso las obras de autores visiblemente LGTBI presentaban sus tramas con un pudor extremado, de suerte que, como mucho, solo a través de ciertos códigos muy particulares podía comprenderse qué tipo de texto ofrecían.

Creo que es una experiencia compartida: hemos leído muchas novelas donde el protagonista “explora su identidad”, “descubre una forma diferente de vivir” o “debe enfrentarse a sus secretos”, que es lo que aparecía en aquellas misteriosas contracubiertas, o mejor “encubiertas”, porque con esos textos ambiguos pretendían ocultar la verdadera naturaleza del libro que abrazaban.

Con el tiempo nuevas editoriales visibles y valientes comenzaron a publicar sin esos melindres. Por fin las traseras ofrecían los argumentos con claridad y ya no era necesario aprender a leer entre líneas. La oferta literaria empezaba a parecerse a la vida real: cada vez eran menos las personas que encubrían su verdadera forma de ser y también los libros podían salir de sus armarios de cartón.

En los últimos años un gran número de editoriales generalistas se han ido sumando a publicar sin remilgos literatura LGTBI visible y “des-cubierta”, pero, aunque siempre es motivo de celebración disponer de más publicaciones sobre las cuestiones que históricamente han sido relegadas a un segundo plano o, peor aún, al espinoso campo de la denominada “subliteratura”; surge ahora el problema de que no toda visibilidad debe considerarse positiva, más aún cuando esa supuesta visibilidad no aparece por ningún sitio.

Hace unos días llegó a Berkana ‘A la sombra de un laurel de indias’, escrita por Jesús Nadador y publicada por la editorial Roca, en cuya contracubierta no aparece ni una sola mención a que la homosexualidad del hijo del protagonista es el centro de la trama. Por eso Mili Hernández, que a estas alturas ya ha tenido que aguantar demasiados silencios, decidió añadir a la estantería donde descansa el libro un pequeño cartel donde puede leerse ‘Este libro tiene temática LGTBIQ+, pero Roca Editorial no quiere que lo sepas’ y, a continuación, un resumen de cuál es el verdadero argumento de la novela.

Aún no la he leído, pero se agradece que, frente a quienes deciden invadir un género literario por intereses comerciales —pese a que les gusta tan poco como para pretender borrar sus huellas y las tramas de sus publicaciones—, haya quien siga protegiendo las lecturas de quienes siempre hemos querido leer a cara “des-cubierta”.

lunes, 4 de julio de 2022

#hemeroteca #lgtbi #memoria | Paseo para recién llegados al Orgullo por los rincones de Madrid con historia y cultura LGTB

El Diario / Homenaje a La Veneno en el parque del Oeste //

Paseo para recién llegados al Orgullo por los rincones de Madrid con historia y cultura LGTB.

Desde la placa de La Veneno, pasando por las calles que recorrieron las primeras marchas por los derechos LGTB hasta la primera librería activista, la capital cuenta con espacios transitados por esta cultura y recuerdos de lucha.
Sara Núñez | El Diario, 2022-07-04
https://www.eldiario.es/guia-ocio/paseo-recien-llegados-orgullo-rincones-madrid-historia-cultura-lgtb_1_9111042.html

“¿Esculturas de personas LGTB? ¿Homenajes? No estarían mal que las hiciesen cuando aún siguen vivas”, comentaba una madrileña sobre Cristina La Veneno y su famosa (y torturada) placa que muchos han intentado retirar del Parque del Oeste. Madrid, cuna de historia LGTB, cuenta con algunos espacios para el recuerdo y también carece de numerosos homenajes a sus luchas y su memoria histórica, a pesar de las batallas libradas en sus barrios.

Algunos rincones de la capital albergan señales de aquellas celebridades, artistas y referentes del colectivo. Las Fiestas del Orgullo son un buen momento para visitarlos, solo unos días después de la conmemoración anual de las revueltas en Stonewall y de las primeras marchas a favor de los derechos del colectivo LGTB, lideradas por Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera.

Proponemos una ruta por varios de estos símbolos para adentrarse en la Madrid de Lorca, de la Veneno, de Esmeralda La Francesa, de la primera librería especializada en el colectivo y su cultura. Un paseo que se puede hacer todo el año, porque el colectivo existe todos los días, más allá de sus celebraciones:

Placa de La Veneno

Cristina Ortiz se convirtió en eterna y, como ella decía, “conocía mundiá”, por la visibilización que otorgó al colectivo trans durante años en los que colaboraba en programas televisivos como ‘Cruzando el Mississipi’. Su placa de homenaje, situada en el parque donde, por aquel entonces, muchas de sus compañeras y ella misma solían trabajar por las noches. Mujer trans y referente para muchas personas, fue inmortalizada con un humilde homenaje que ha pasado por diversos tropiezos: cuando no amanecía pintada con insultos y vandalizada, desaparecía directamente, luego la ponían, luego la retiraban...

Ahora sigue allí su placa, con una mampara que la protege, tal y como estuvo inaugurada en 2019 en presencia de su amiga y autora de su biografía, Valeria Vegas. Muchos suelen pasar a visitarla, recordarla y dejar flores, dibujos, velas y dedicatorias.

  • Dónde: P.º de Camoens, Parque del Oeste. Metro: Argüelles


Calle Pelayo a tacones

El barrio de Chueca es, de por sí, un lugar de encuentro para el colectivo. Se podría considerar, citando al hotel Axel de Madrid, una zona “cishetero-friendly”. Paralela a la calle Fuencarral, hay una zona que no pasa desapercibida: la calle Pelayo, el corazón de la carrera de tacones celebrada anualmente por el mes del Orgullo.

Esta carrera la protagonizan aquellas personas que se animen a recorrer Pelayo sobre un calzado en punta de 15 centímetros, conmemorando las revueltas del bar Stonewall de Nueva York.

  • Dónde: C. Pelayo. Metro: Chueca


Explanada de la Cárcel de Carabanchel: un vacío metafórico

La que fue una cárcel donde se encerró a muchas personas LGTB ahora solo queda campo, no hay ni un homenaje. Lo mismo ocurre con Esmeralda La Francesa: hay escasa información de quién fue. Solo se conoce quién dejó de ser, el momento de su muerte a manos del Estado.

Esmeralda la Francesa fue una mujer trans que, harta del acoso sufrido en la cárcel de Carabanchel, se suicidó desde su tercera planta en 1974. Durante el franquismo, la disidencia sexual fue reprimida a través de varias leyes. En 1954 se reformó la Ley de Vagos y Maleantes con el objetivo, entre otros, de perseguir y castigar cualquier práctica homosexual y, seguidamente, a partir de 1970 la Ley de Peligrosidad Social condenaba a cualquiera que fuera considerado peligroso por el régimen: la homosexualidad, venta de pornografía, prostitución, junto al vandalismo, el tráfico de drogas, entre otros.

La homosexualidad se castigaba con penas de cárcel o reclusión en campos de concentración, y ahí destacaban edificios que se convirtieron en la pesadillas de muchos como el campo de Tefía (Fuerteventura) o cárceles con módulos especiales para personas LGTBI: la Modelo de Barcelona, la Modelo de Valencia y la cárcel de Carabanchel. Esta última, cerrada en 1998, tenía una tercera planta de la quinta galería conocida como el Palomar. Esa explanada ahora está vacía, aunque hay vecinos que ya han reclamado la construcción de unas placas solares para utilizar ese vacío que queda sobre el suelo de un Estado que consintió castigos, persecuciones y asesinatos a tantas personas del colectivo.

  • Dónde: la Avenida de los Poblados. Metro: Carabanchel


Plaza de la Memoria Trans

Por la necesidad de visibilizar la lucha de las personas que son víctimas de transfobia en las calles, en los colegios, en sus propias familias y en el Estado, se acordó otorgar a la plaza una denominación más colectiva. Inaugurada el 23 de febrero de 2019, en ella se homenajea de forma genérica a todas las víctimas de la violencia trans.

  • Dónde: Plaza de la Memoria Trans. Metro: Chueca


Librería Berkana

Berkana está especializada en temática LGTBQ y lleva cerca de 30 años de actividad desde su apertura en 1993, aquel tiempo de la Madrid clandestina en la que el colectivo se daba encuentros en sótanos para resguardarse bajo la ala de la Movida.

Fue la primera librería en reunir contenido bajo este paraguas en España y América Latina, siguiendo la línea de la mítica librería Oscar Wilde Bookshop en Nueva York. Sus dos propietarias, Mili Hernández y Mar de Griñó ya sobrevivieron una vez al cierre de este lugar de encuentro de literatura, anécdotas e historias LGTB.

  • Dónde: C/ Hortaleza, 62. Metro: Chueca
  • Horario: 10.30 a 20.30 (domingos de 12.00 a 14.00)
  • Página web


Plaza de Pedro Zerolo


Antiguamente llamada Plaza de Vázquez de Mella, la de Pedro Zerolo adoptó su nuevo nombre en recuerdo al político español más activista en la defensa de los derechos LGTBI y de las personas con VIH, fallecido en 2015. Todos los años se organiza un homenaje en junio, cuando dejan un ramo de flores en la misma plaza.

Zerolo fue uno de los promotores de la ley de matrimonio homosexual y de los responsables de la ley de Identidad de Género, y ahora existe una plaza a su nombre dentro de Chueca. La entrada al aparcamiento subterráneo de la misma plaza cuenta con un gran lazo rojo, que Teresa Sapey diseñó como compromiso por la lucha contra el VIH-S.

  • Dónde: Plaza de Pedro Zerolo. Metro: Chueca


Monumento a Federico García Lorca en Villa de Vallecas

El monumento a Lorca fue realizado en el año 1986, con motivo del 50º aniversario de la muerte del poeta granadino. Lorca no fue un activista como tal ni trabajó visiblemente por los derechos LGTBI+, pero vivió como pudo su sexualidad y tuvo muchas parejas, se relacionó con varios hombres y escribió obras y cartas de contenido ‘queer’, hasta su fusilamiento a los 38 años bajo las represalias de la Guerra Civil española.

Además de su homenaje vallecano, cabe destacar la estatua del autor en la parte baja de la Plaza de Santa Ana y otra localización: la Calle de Alcalá 96, arrinconada entre la calle de Narváez y la Avenida de Felipe II. Este icono y poeta andaluz vivió en la séptima planta de este edificio entre 1933 y 1936. De los años previos que vivió en Madrid, estuvo en la Residencia de Estudiantes, desde donde inició su huida con el estallido de la Guerra Civil. Se dice que fue ahí donde empezó a escribir y leer a sus círculos, los escritos de ‘La casa de Bernarda Alba’, que se representaría en 1954, algo que su autor no pudo llegar a presenciar.

  • Dónde: Monumento a Lorca, P.º Federico García Lorca, 36. Vallecas; Antigua casa de Lorca en calle de Alcalá, 96. Metro: Goya


Cineteca del Matadero

Este centro de creación contemporánea fue inaugurado en 2006 en el antiguo matadero y mercado de ganados de la ciudad. Se trata de un recinto de gran valor patrimonial, de enorme personalidad y referente ciudadano donde hay exposiciones, encuentros, charlas, eventos, proyecciones y ciclos de diversas temáticas, entre las cuales destaca sus apuestas por las personas LGTB.

Dentro de su Cineteca, en concreto, se exponen películas de carácter independiente, por lo general, y es habitual encontrar algún que otro título sobre el colectivo. Sirvan como ejemplo dos de las últimas expuestas: ¡Dolores, guapa!, el documental sobre la presencia de la ciudadanía LGTB en la cultura cofrade de Semana Santa desde Andalucía (en este caso, de Sevilla) y su reocupación en dichos espacios; Transformistas, sobre un grupo innovador de drag queens cubanas y sus respectivas luchas diarias.

  • Dónde: Plaza de Legazpi, 8. Metro: Legazpi
  • Horarios, ciclos y más información en su página web


Calles de las primeras manifestaciones LGTB de Madrid

Casa de Campo, Santo Domingo y el Paseo del Pintor Rosales se convirtieron en escenarios históricos de las primeras marchas españolas, aunque cabe destacar que la primera manifestación del Orgullo tuvo lugar en la Barcelona de 1977.

Corría el año 1978 cuando una manifestación LGTB fue autorizada en Madrid, y desde entonces, salvo en dos fechas puntuales, la capital celebra su Orgullo. La primera salía de la Plaza de Santo Domingo hasta la de Sol, un paseo a tener en cuenta bajo este contexto. En 1979 no fue autorizada, así que solo hubo un mitin en la Casa de Campo que intentaron reventar grupos fascistas. Un año después, la manifestación tuvo lugar en el Paseo del Pintor Rosales y acudieron 600 personas, 600 individuos que caminaron bajo la presión, gritos e insultos que les acompañaron en todo el trayecto. En 1986 se programó un seminario en Chueca que permitió la posterior creación del Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Madrid (COGAM). Ya en 1996, la revista Shangay, medio dedicado al colectivo y situado actualmente en San Lorenzo 17, introdujo en la marcha la primera carroza.

Imagina Más

Más allá de rincones emblemáticos de la ciudad, cabe mencionar sus colectivos, ONG y asociaciones, que luchan por sus derechos y una mayor accesibilidad. En el caso de Imagina Más, busca facilitar el acceso de las personas al sistema sociosanitario público para cubrir sus principales necesidades, promover hábitos saludables beneficiosos para los individuos y su desarrollo personal y celebrar la diversidad dentro del reconocimiento de la dignidad del ser humano y la igualdad de derechos. Llegan a atender anualmente a una media de 2.000 personas de 30 nacionalidades, aportándoles ayuda en el ámbito de la salud sexual, diversidad e igualdad.

  • Dónde: Calle del Rosario, 17. Metro: Puerta de Toledo
  • Horario: de 10.00 a 18.00 (cerrado sábados y domingos)
  • Página web

sábado, 3 de julio de 2021

#hemeroteca #lesbianismo #lgtbi | Mili Hernández: “Ser librera ‘butch’ es lo mejorcito que he hecho en mi vida”

Imagen: El Salto / Mili Hernández //

Mili Hernández: “Ser librera ‘butch’ es lo mejorcito que he hecho en mi vida”.

Mili Hernández cogió un avión a Gatwick, Londres, en 1980, y allí descubrió la librería con la que empezaría a quitarse de encima una educación heterosexista, heteropatriarcal y heterotodo. En 1993 abrió Berkana, la primera librería LGBT de España. Ambas siguen en pie.
Patricia Reguero Ríos | El Salto, 2021-07-03
https://www.elsaltodiario.com/lgtbiq/mili-hernandez-ser-librera-butch-es-mejorcito-que-he-hecho-vida 

Mili Hernández (Madrid, 1959) cogió un avión a Gatwick, Londres, en 1980, y allí descubrió la librería con la que empezaría a deconstruirse para iniciar un proceso de construcción hacia lo que es hoy: “librera butch”. Tiene 61 años y hace muchos que se alejó del activismo de colectivos, de los que dice que atraviesan un momento de debilidad y falta de discursos fuertes, lastrados por su incursión en los partidos políticos deseosos de dar cobijo a “mariquitas y bolleras” después de que estos y estas demostraran en la calle su fuerza. Aun así, milita en el colectivo La Lacah, va al Orgullo oficial y al Orgullo Crítico, y hace activismo desde su trinchera, Berkana, la primera librería LGTB de España y que resiste pese a los envites que casi le obligan a echar el cierre.

Dice Wikipedia que eres “una de las lesbianas más influyentes de España”. ¿Lo eres?
No, soy visible. Soy una de las lesbianas más visibles de España y es lógico que una librera LGTBQ+ sea visible. Influyente creo que no.

Después de 28 años aquí, alguna influencia tendrás...
¿Se puede llamar influencia a hacerle la vida un poco más feliz a gays, lesbianas y personas trans? ¿Se puede puede llamar influencia a haber sido durante 28 años esta librería una especie de ONG? Si a eso se le llama influencia, sí. Pero influyente influyente… Pues yo no tengo ningún cargo político, ni me han ofrecido una dirección general, no me han ofrecido absolutamente nada en estos 28 años de existencia de la librería.

¿Ni siquiera una asesoría de Podemos?
Nada, ni una asesoría de Podemos, ni del PSOE, ni de Más Madrid. Bueno, hubo un cargo del PP que sí que me contactó para ir en sus listas. Yo estaba tomando el sol en una playa, debajo de un pino, y casi me desmayo, menos mal que estaba sentada. Y, claro, a mí me entró la risa.

¿Eso fue antes de que echaras a Ana Botella de la sede de Cogam o después?
Fue después. ¡Pero yo no la eché de la sede de Cogam! A ver. A mí me pasan cosas. Yo ya no estaba en Cogam. No era socia tampoco, porque tenía cierto enfado con Cogam. Estaba en la cama durmiendo con mi pareja y con mi gato Nicolás y tenía la costumbre de despertarme con la radio. Y salta la cadena Ser y dice: “Ana Botella visitará la sede en el día de hoy”. Salté de la cama, tiré a mi gato, agarré el teléfono y empecé a llamar.

Vine a la librería y pintamos tres pancartas. Entonces mi madre, Mar y yo nos pusimos con las pancartas a esperar a Ana Botella en la sede de Cogam. Y de pronto sale un miembro de la junta directiva por el balcón, en aquel momento la presidenta era Boti García Rodrigo, y le oigo decir: “¡Miguel, llama a la Policía, que está Mili aquí con pancartas!”. Llamaron a la Policía y vino, y allí seguíamos mi madre, Mar y yo con pancartas. Y dice la Policía: “¿Esto va a ser una manifestación”. Y le dije: “No, mire esto soy yo que estoy cabreada porque viene Ana Botella y estoy haciendo una protesta”. O sea, yo no eché a Ana Botella, nosotras hicimos una protesta legítima por algo que nos parecía bochornoso, porque Ana Botella había dado una entrevista a dos páginas en ‘El Mundo’ donde decía de todo: que no le gustaba el matrimonio, el Orgullo gay, ¡nada! ¿En qué cabeza se le ocurre a un colectivo como Cogam invitar a la señora Ana Botella a dos días de las votaciones para la alcaldía donde iba de concejala? Es una pregunta que me gustaría hacerle a Boti [García Rodrigo] algún día.

Pues otros de nuestros logros, o de esta librería, o de quien sea, fue evitar esa foto feliz. Al principio entraron toda la comitiva y muy bien, pero a la salida se montó un poco de lío. Me pasó factura, unos periodistas me insultaron, Trinidad Jiménez me dijo que era una vergüenza que una militante histórica hubiera insultado a Ana Botella… Pero yo no la insulté, en ningún momento la insulté. Tendría que ser algo que examinar el por qué los colectivos LGTB se pliegan a todas estas cosas que son fotos y a lo mejor valen para que un día que me den un carguito político. Es verdad que entonces en la junta directiva había un chico que era del PP; muy bien, pero había una presidenta y otros miembros de la junta directiva que tendrían que tener dos neuronas: no se puede visitar a una señora que te ha insultado en la prensa a visitar a un colectivo a dos días de las elecciones.

¿Qué escribiste en aquellas pancartas?
Me parece que en una: “¿Primero nos insultas y luego nos visitas?”. De esa me acuerdo perfectamente.

Más reciente es otro cartel. Lo pusiste en la puerta de esta librería y decía: “No al blanqueamiento del PP”. Este era para Isabel Díaz Ayuso, que también vino a hacerse la foto a Chueca, esta vez con motivo de las elecciones del 4M.
El cartel que pusimos fue fruto de una visita que nos quiso hacer a la librería. Yo estaba aquí una tarde con el becario, un chico del máster de estudios LGTB de la Complutense. Estábamos los dos solos y de repente entra un periodista de ‘El Mundo’ al que conozco y otro señor que por la estampa se veía que era alguien del PP. Y el periodista me dice que Ayuso está pensando visitar Chueca en plena campaña y quería venir a la librería. Y yo le digo, pero vamos a ver, no, yo no me voy a hacer la foto con Díaz Ayuso. Si quiere venir a comprar algún libro, yo se lo voy a vender, pero yo no voy a hacer ninguna declaración ni me voy a hacer ninguna foto con ella y además me parece una forma barata de provocar, como ha hecho Vox yendo a Vallecas.

Entre el cartel de 2003 y el de 2021 ha ocurrido algo que es la irrupción de Vox en la política. ¿Ha hecho Vox bueno al PP?
Vox estaba en el PP. Cuando Pedro Zerolo y yo estuvimos negociando la Ley de Parejas de Hecho en el 93, 94 y 95, antes de que se planteara la del matrimonio, nosotros nos reuníamos con todos los partidos. Y Vox estaba en el PP y muchos que pertenecen a Vox estaban en el PP. Lo que pasa es que la ultraderecha en el PP estaba medianamente controlada por una estrategia que tenía el PP, pero esa ultraderecha ya existía. Me preocupa que el PP les deje gobernar y que fije sus políticas según los preceptos de Vox, lo estamos viendo con Díaz Ayuso en la Comunidad de Madrid, pero esos discursos ya existían.

Es verdad que el colectivo LGTBQ+ en esos años hizo muy bien sus deberes, hizo una pedagogía importante de cara a la sociedad. En el 94 solo había un 24% de la sociedad española que pensaba que los gays, lesbianas y personas trans debían tener derechos, hoy en día es de un ochenta y tantos por ciento, algo hemos conseguido. A veces pienso hasta que ese discurso que tiene Vox nos beneficia, es como el discurso que tenía la Iglesia entonces, que salieron de manifestación por primera vez en su vida y no se manifestaron por el hambre en el mundo sino contra los derechos de las personas LGTBQ+. Creo que ese discurso sirve para abrir los ojos a la sociedad, pero lo que no me gusta es que el PP esté echado al monte y convoque con Vox tan relajadamente, porque sus postulados pueden dar miedo.

En tu perfil de Twitter te defines como “librera y editora, activista lesbiana”. ¿Lo primero librera?
Había que poner un orden. Creo que soy las tres cosas juntas. Ser librera en esta librería es activismo puro. El activismo no solo se hace en los colectivos. El activismo lo hacemos a nivel individual todas las personas LGTBQ+ que han sido valientes y han salido del armario, ese es el activismo que nos ha llevado a conseguir lo que hemos conseguido. No hubiéramos conseguido nada si la gente no hubiera salido a la calle, si no hubiéramos llenado las manifestaciones. Recuerdo cuando íbamos a presentar la Ley de Parejas de Hecho que un político del PP, Jorge Trías Sagnier, nos dijo: “Es que sois cuatro y os lleváis muy bien con la prensa”. Yo le dije: “¿Somos cuatro? No, somos un 10% de la sociedad, pero la gente tiene miedo y está en el armario, espere que ya verá como no somos cuatro”. Y, efectivamente, es lo que teníamos que hacer. Cuando regresé de Estados Unidos, después de 12 años en el extranjero, lo vi claro. Dije, lo que necesitamos en España es visibilidad. Yo había vivido en Londres, en Nueva York y sabía perfectamente que allí no tenían una santa ley aprobada pero tenían una aceptación social importante. La clave estaba en la visibilidad.

Cuando íbamos a ver a los políticos en el 93 y 94 nos miraban con una caras a Pedro y a mí... No conocían la terminología, no sabían quiénes éramos, confundían un gay con un travesti, a un travesti con un transexual, no sabían lo que éramos. Todo cambió cuando esta sociedad, y sobre todo esa parte de la sociedad que éramos la comunidad LGTBQ+, salimos ala calle, perdimos el miedo. Durante unos años nuestra manifestación fue la más numerosa, es que ni el 1 de Mayo ni el 8 de Marzo sacaban tanta gente a la calle. Y los políticos dijeron: “Ah”. Yo iba con el discurso aprendido de que no somos cuatro, de que Clinton ganó las elecciones por la comunidad LGTB, que era verdad, y les contaba esa película de América y entonces vinieron todos los partidos a querernos, todos a aprobarnos algo, todos a meter maricas y bolleras en sus listas.

Soy activista, soy librera. Dejé el activismo de colectivos porque no me gustaba cómo se están desarrollando, había muchos intereses políticos por parte de muchas personas y creía que eso iba a perjudicar mucho al colectivo. Y dije: mi librería está creciendo, yo voy a hacer activismo de otra manera que, además, creo que es la más sana y la más bonita. Entonces soy librera editora activista o activista editora librera, como quieras, soy las tres cosas juntas.

¿Se puede ser activista y empresaria? ¿No supone esto a veces un choque de trenes?
No. Se puede ser activista y empresaria. No me provoca un choque porque pienso que se puede ser empresaria, tener un respeto social, ser de izquierdas. Se puede ser empresaria y ser decente. A mí se me ha criticado mucho, a todos los negocios de Chueca, que lo único que queríamos era el dinero de las personas LGTBQ+. Algún día contaré lo que hemos sufrido en esta librería para sacarla adelante. Hay cosas que no quiero contar ahora, pero bueno. Uno de los socios que montó la librería conmigo decidió irse y me pidió 36 millones de pesetas por irse cuando llevaba cuatro años en la librería. Después de una dura negociación fueron 10 millones. Durante 20 años he estado pagando 10 millones de mi socio que apenas había estado cuatro años aquí y había puesto un millón para entrar. Luego vino la crisis económica, teníamos cuatro empleados, estábamos en otro local, tuvimos que deshacernos de esos empleados y a todos les pagamos su despido. Tuvimos que embarcarnos en un millón de créditos. Lo dice mi contable: teníamos que haber cerrado la librería hace mucho. Pero, ¿se puede cerrar esta librería? Esta librería le da visibilidad al colectivo LGTBQ+ aunque los colectivos no quieran. Porque también hemos tenido muchas zancadillas por parte de los colectivos. Esta librería, de momento, no se puede cerrar. Los colectivos ahora están de baja intensidad y tenemos que ser el contrapeso de estos discursos homófobos.

Ahora es cuando más se necesitaban unos colectivos fuertes y con unos discursos inteligentes: eso no existe. Desde que se aprobó el acceso al matrimonio para gays y lesbianas los colectivos tienen un perfil bajo, como que nos desinflamos, ya lo hemos conseguido. Y no, necesitamos unos colectivos fuertes y también necesitamos un empresariado que no sea solamente el de la noche. Necesitamos un empresariado que se dirija al público LGTBQ+ que tenga algo más que decir. Y yo no tengo la culpa de haber montado esta librería hace cerca de 28 años. Yo tenía muy claro por qué quería montar esta librería.

Dices que hace falta otro empresariado. ¿Te refieres a uno diferente del que representa Aegal?
Claro. Existe otro empresario diferente al que representa Aegal y la noche. O existía, porque es verdad que con la crisis económica y la del covid han ido desapareciendo muchos negocios y creo que casi nos hemos quedado solos ahora mismo como negocio de día. También hay cafés, quizá su activismo no es tan grande pero hacen activismo al estar presentes y que los gays y las lesbianas tengan un espacio para socializar. Los negocios dirigidos al público LGTBQ+ no solamente generan un negocio de ‘toma cocacola 2,50’ o ‘toma libro 20 euros’ sino que tienen una función de visibilizar y ser espacios de libertad donde la gente pueda sentirse segura y socializar. Eso es importantísimo.

Tenemos que mirar a la comunidad LGTBQ+, no desde la actualidad, sino desde hace años, de dónde venimos. Venimos de nuestras casas, de estar en el armario con un montón de miedos, con un montón de homofobia interiorizada, una autoestima completamente jodida. Y hemos hecho todos y todas un largo camino y hemos llegado aquí. Mirándolo desde aquí puede que digas “por qué es necesario un café para público LGTB cuando hay muchos cafés”. Pues sí, pero a lo mejor no te puedes dar con toda la tranquilidad del mundo un beso con tu pareja en otro tipo de café.

Cuando me preguntan por qué una librería LGTB digo, primero, porque me da la gana, a una librería especializada en medicina nunca le preguntan el por qué. Y, segundo, porque esta librería es una herramienta para la comunidad LGTBQ+. Durante muchos años, la única herramienta que hemos tenido han sido los libros —hasta que surgieron las series, las películas, ‘podcast’, internet y todo lo que ha venido con las redes sociales—. Yo, cuando era una tierna adolescente y quise saber lo que me pasaba, ponerle nombre, lo primero que hice fue buscar algo en algún libro. Eran los años 70, finales de los 70. Yo no encontraba nada.

¿Dónde buscabas?
En la Casa del Libro, sección de sociología y psicología, y en una enciclopedia que tenían mis padres de sexualidad que escondían en su armario. Ahí buscaba yo lo que me pasaba para ponerle nombre, eran las únicas herramientas que podía tener. Había dos canales de televisión, no existía internet, y yo no sabía ni lo que era una lesbiana. Luego ya cuando empecé a saber lo que era dije: "¡Madre mía! ¡Mari Trini, Martina Navratilova y yo, las únicas lesbianas!”.

Venimos de ahí. Yo me logré deconstruir y construir mi autoestima ya en los años 80 cuando emigré. Me largué a Londres de ‘au pair’ porque España no estaba en el mercado común y era la única manera de salir de España. Y llegué a una familia de ‘hasidis’ [judíos jasídicos] en Golders Green que fue el primer ‘shock’.

Este negocio, la librería que abrió en Nueva York, Oscar Wilde, la que abrió en Londres, Gay’s The Word, esas librerías ayudaron a construir un colectivo y una comunidad y un activismo. Las librerías estuvieron presentes, tanto Oscar Wilde en Christopher Street en el village y Gay’s The Word. Pues yo quería hacer lo mismo y esta librería es eso, le guste o no a la gente, porque hay muchos activistas a quienes no les ha gustado la presencia de Berkana nunca.

Cuando abrimos en los 90, en los 2000, venían a comprar la literatura que hemos hecho y publicado en la editorial Egales. Venían señoras de 50 o 60 años y nos decían “gracias porque esto es lo más cercano que hemos tenido a una relación sentimental, vivo en un pueblo de Soria cuidando a mis padres, soy lesbiana y nunca he tenido una relación y esto me trae cierta felicidad”. Ese día supe que lo estábamos haciendo bien.

¿Cuando alquilaste el primer local en el 93, primero unos meses en la calle Palma y luego en la plaza de Chueca, y pusiste sus estanterías… ¿Tenías libros para llenar esas estanterías?
Pues mira, no. Yo regreso por amor, tenía 33 años, regreso empoderada de EE UU, donde ya participaba del activismo, aquello era la bomba, y digo venga, local, venga, libros. Y te pones a buscar libros en catálogos. Porque las librerías que han vuelto ahora lo tienen muy fácil, entran en la página web de Berkana y lo tienen todo, pero entonces no existía internet. Yo sabía que Anagrama y Tusquets eran editoriales que publicaban autores LGTB, y dije vamos a empezar por ahí. Cuando abrimos y venían los comerciales y yo les decía que iba a ser especializada en literatura homosexual, lésbica... lo de ‘queer’ no existía todavía. Y me miraban con una cara... Años más tarde, varios de ellos me comentaron que hicieron apuestas conmigo a que iba a durar dos meses. No tenían ni idea, no sabían lo que era eso. Poquito a poquito estudiando los catálogos fuimos sacando los autores. Yo había leído autores en Inglaterra y EE UU y me hice una lista de autores gays y autoras lesbianas y luego buscábamos en los catálogos si estaban traducidos.

Entonces había libros pero tampoco teníamos lectores y lectoras. Pero bueno, lo de los libros decidimos que tenía cierta solución, porque mis amigas y luego socias regresaron a España y abrieron una librería en Barcelona, la librería Cómplices, y juntas montamos la editorial Egales. Y yo, que lo único que quería ser era una lesbiana ‘butch’ librera y un poco ‘butch’ ya era, pues quería una librería pero no una editorial. Mis socias tampoco se habían planteado lo de la editorial. Y nos tocó montar una editorial porque fuimos editoras por necesidad, no por vocación.

Los primeros lectores y lectoras que entraron por la puerta de la librería Bekana nos pedían un tipo de literatura muy concreto. Y, ¿de dónde sacábamos una historia de amor de dos chicos jóvenes que se lleven bien, que sufran un poco pero no mucho y además haya un poco de acción? ¡Terenci Moix tiene algo, o Eduardo Mendicutti, pero de dónde lo sacamos! O las lesbianas, que no teníamos nada... Teníamos a Virgina Wolf o a Esther Tusquets leyendo entre líneas y además los libros eran todos tormentosos, y ellas querían historias de amor llenas de referentes, con una voz narrativa lésbica. Nos pusimos manos a la obra, y como no teníamos ni idea pensamos en los libros que habíamos leído en Inglaterra y en EE UU, y estos libros son de Naiat Press, de Millivres Press.

Nos pusimos en contacto con esta gente ¡por fax! A lo mejor cometimos errores. El movimiento feminista más puro, por decirlo así, no me ha perdonado nunca esta colección de narrativa femenina porque me han acusado de reproducir los estereotipos heteromachistas y patriarcales y todo lo demás. Durante muchos años hubo momentos en que me avergoncé de publicar este tipo de literatura, y un día dije, ¿por qué me tengo que avergonzar?

Y hay pequeñas cosas que me dicen que lo hemos hecho bien. Cuando venían las mujeres lesbianas en los 90, en los 2000, a comprar la literatura que hemos hecho y publicado en la editorial Egales. Venían señoras de 50 o 60 años y nos decían “gracias porque esto es lo más cercano que hemos tenido a una relación sentimental, vivo en un pueblo de Soria cuidando a mis padres, soy lesbiana, nunca he tenido una relación y esto me trae cierta felicidad”. Ese día supe que lo estábamos haciendo bien. Seguimos, hemos cumplido 35 años y tenemos más de 400 títulos.

No teníamos clientes no teníamos libros, pero lo hicimos, lo construimos todo desde cero, lo construimos cuatro mujeres, cuatro mujeres lesbianas, que eso tampoco se dice. Somos cuatro lesbianas que en el 93 volvimos aquí y lo pusimos todo patas arriba.

¿Quién eras cuando cogiste ese avión a Gatwick?
Cuando cogí ese avión a Gatwick era una mujer que había recibido una educación heterosexual, heteropatriarcal, heterosexista y heterotodo. A mí en el colegio nadie me había enseñado a amar a las mujeres. No tenía herramientas, no existían los colectivos, no existían los bares de lesbianas. Yo me voy a Gatwick y era una mujer heterosexual. Llegué a Londres y empecé a indagar un poquito, y voy a conocer la librería Gay’s The Word. Me fui a esa librería y allí encontré esas novelas que me enseñaron a amar a las mujeres, y me hicieron sentir que yo podía amar a las mujeres, y que algún día amaría a alguna, porque te haces un montón de preguntas, te preguntas si algún día conocerás a una mujer, o qué harás cuando la conozcas.

Te vas deconstruyendo, y ya cuando llegué a Nueva York me decía: “Mili, tú eres lesbiana. ¿Sabes lo que significa eso? ¿Que estás sola en el mundo?”. La persona que volvió en el 93 era otra. Una mujer que estaba afuera del armario, que no se cuestionaba volver al armario en ningún momento y que además sabía perfectamente lo que quería, que era hacer lo que yo había visto, y era consciente de lo que podía significar para la comunidad LGTBQ+ abrir una librería así.

¿Qué relación tenías entonces con la palabra lesbiana?
En aquel entonces, ninguna. Cuando era adolescente y tenía 13 o 14 años, ya sabía que no me gustaban los chicos y cuando tenía 15 o 16 me enamoraba de mi profesora de gimnasia en el instituto. Ella tenía que pasar por mi calle en su dos caballos para ir al instituto y yo me hacía la tonta y me paraba como si estuviera esperando el autobús y siempre me llevaba. No sabía. Pero en cuanto fui consciente de que lo que me pasaba era que yo era lesbiana… lesbiana, bollera, tortillera, camionera, lo que les de la gana, ninguna palabra me ofende. Para no sonar prepotente tengo que decir que es porque esto ocurrió en los años en los que viví en Londres y Nueva York y me pude deshacer de esa educación recibida y me pude construir como mujer lesbiana, creo que aquí no hubiera sido tan fácil.

¿En ese avión de vuelta no tenías miedo de que volver significara armarizarte otra vez?
No, el único miedo que tenía era el de buscar trabajo en empresas, si no funcionaba la librería y tener que ir vestida con traje de falda y chaqueta y con tacón y pelo largo. Además nada más llegar monté la librería y me fui a Cogam. Miguel Ángel Sánchez, que era el presidente de Cogam entonces, nos dio la bienvenida, nos explicó qué era Cogam. Y eran dos oficinas en la calle Montera, en un portal oscuro. Y ahí me quedé porque no tenían mujeres. Miguel Ángel Sánchez estaba a punto de firmar el primer convenio con la Comunidad de Madrid, un convenio fijo, necesitaba mujeres en Cogam porque la consejera de Asuntos Sociales, que era del PSOE, con Leguina en el Gobierno, le había exigido a Cogam que se hiciera mixto. De eso me enteré después. Y ahí empezó mi carrera de fondo como activista desde Cogam. Luego fui presidenta de la FELGTB justo antes que Pedro Zerolo, portavoz de Cogam.

De Cogam has dicho que te parece una organización domesticada...
Porque están domesticados. Ahora no lo sé, quizá menos, pero durante muchos años estuvieron domesticados, tanto la FELGTB como Cogam tenían una dirección general del Gobierno socialista durante muchos años. Ojo que estás hablando con una persona que ha votado socialismo, izquierda más radical, izquierda siempre. Pero durante muchos años estaban controlados, duele decirlo, por Pedro Zerolo, que estaba en el PSOE y era quien dirigía la política de la FELGTB.

Hablas en pasado, ¿ya no es así?
Es que ahora ni existen. El perfil de la FELGTB es muy bajo porque hay una crisis de activismo terrible. Primero porque el activismo nunca ha sido capaz de pasar el testigo, nunca ha sido capaz de preparar a gente joven que pueda hacerse cargo. Lo que no puede ser es que haya colectivos donde los presidentes sigan siendo los mismos de mi época. Hay que renovarse y dar el testigo a la gente joven para que puedan iniciar ese otro proceso. Porque, además, es difícil enfrentarse a los jóvenes y ahora hay todo este debate donde los jóvenes dicen que no tenemos ni idea. El activismo ha cambiado, se hace en las redes sociales, nos hemos quedado anticuados. Ahora están de perfil bajo, tienen problemas porque hay sectores del activismo más cercanos a Podemos, otros más cercanos al PSOE y con la ley trans se ha montado el pollo.

Antes los partidos políticos no tenían área LGTBQ+, no sabían ni lo que era eso. Les hemos hecho el trabajo. Han visto que esto de las mariquitas y bolleras está muy de moda, y fíjate las manifestaciones, mira Chueca que sale en los periódicos, y esto lo ven y empezaron a montar área en cada partido y ahí empezamos ya con la política. Y el área LGTBQ+ de Podemos no es como el área LGTBQ+ del PSOE y ahí empezamos con las peleas. Y para que esa áreas no tengan tanto peso necesitamos un activismo fuerte, no unido a ningún partido, con una sola visión que es la de mejorar la vida de gays, lesbianas y transexuales y olvidarte de su política.

En tu etapa en COGAM impulsaste un cambio en la manifestación del Orgullo para hacerla más visible: “Desde COGAM cambiamos un poco el modelo de manifestación, que luego se ha pasado tres pueblos”, dices en una entrevista. ¿En qué se ha pasado?
En aquella época entramos mucha gente nueva a los colectivos que habíamos estado años fuera y vimos que hacía falta visibilidad y tomar las calles. La mani que teníamos en aquel momento —que se celebraba un 28 de junio fuera martes o miércoles— éramos cuatro locas gritando “¡en los armarios también hay maricones!”. A mí me encantaba, yo soy un poco radical aunque opinen lo contrario, pero eso no nos iba atraer a la gente que estaba en sus casas diciendo salgo o no salgo.

Y pasó una cosa. Se celebró en el 94 el 25 aniversario de Stonewall. Y cada país podía llevar una representación y, sin saber eso, se me ocurrió hacer un viaje a Nueva York. Conseguimos un viaje baratísimo para un grupo de 17 personas clientes de la librería. El día que llegamos yo fui al centro gay y fui a que me dieran la programación para toda la gente, planos, bares. Y entonces me dijeron que cada país podía llevar una delegación y tenían una bandera y un cartel. Dos fueron a por la bandera y de pronto le veo venir y veo una bandera muy oscura, y digo “¡ay dios la bandera del aguilucho!”. Se nos ocurrió enrollarla sobre el mástil y ponerle unos alfileres. Lo malo es que no teníamos pancarta, y se me ocurrió la noche anterior romper la funda de una almohada y con un rotulador pusimos “gays, lesbianas y transexuales por nuestros derechos”. Y allí nos colocamos y empezó a entrar gente, Jordi Petit, Isabel Castro, que habían ido también, nos convertimos en el país más aplaudido de toda la mani, cantando Manolo Escobar, Rocío Jurado.

A raíz de esa manifestación, dije “esto hay que hacerlo en España” y propuse a Cogam cambiar la manifestación a sábado y hacerla un poco más lúdico festiva, no tan lúdico festiva como se ha hecho y no dejando entrar a todo el mundo por el afán de cobrar 4.000 euros por una carroza, sino un poco más lúdica para atraer a ese público que tenía miedo, que no es activista y no podemos obligar a ir a una manifestaciones a gritar cuatro cosas. Porque la visibilidad ha sido fundamental. Me costó convencer a la junta directiva de Cogam, no lo veían. La manifestación era consensuada con los colectivos de Madrid, aquello fue difícil. Sobre todo las feministas lesbianas, eran muy tradicionales. Una me decía en la primera mani Alcalá- Sol: “¿Dónde están los autobuses que nos prometiste de Guadalajara y de Toledo?” Porque uno de mis argumentos era que si lo hacíamos el sábado por la tarde la gente de fuera de Madrid podría venir.

La primera vez fue terrible. Habíamos hecho 200 pancartas de mano, porque convencimos a los hombres y mujeres que tenían miedo de que les sacara la prensa, iban con gafas y gorras y la pancarta por si acaso se acercaba una cámara. Y, por primera vez, vino una furgoneta con música: pillamos una megafonía e hicimos unos casetes y así poníamos a los Pet Shop Boys, Alaska, y de vez en cuando gritábamos “por nuestros derechos” y luego poníamos a los Pet Shop Boys y todo el mundo se venía arriba. Y en el 95 esa fue la manifestación, 7.000 personas, ojo. A la segunda, en el 96, ya empezaron a venir las primeras carrozas. Yo estaba muy nerviosa, era muy arriesgado, podía ser un fracaso, pero no lo fue y ese día supe que iba a ser imparable.

En las primeras fiestas en Chueca los empresarios no hacían nada, no ofrecían nada, íbamos a pedirles para pegar carteles y pegar pancartas, éramos un montón de voluntarios poniendo nuestro esfuerzos. Los empresarios de aquí, los que luego fundaron Aegal, no participaron en las primeras manifestaciones. Luego cuando la cosa cambió, cuando Alfonso Llopart y Pedro Zerolo montaron Aegal. A mí me pidieron que fuera miembro de Aegal, fui a una reunión y se pasaron cuatro horas hablando de las botellas de ginebra que se habían perdido en la Casa de Campo, y yo dije qué coño hago aquí, y por eso no participo.

Creo que fue un éxito cambiar la manifestación de fecha. De hecho, yo les decía a aquellas feministas lesbianas reticentes a cambiarla que iban a venir autobuses de Toledo y Guadalajara. Y han venido aviones de Alemania y EE UU, o sea que la visión que yo tenía de lo que iba a pasar se ha cumplido, y estoy orgullosa aunque mucha gente me dice que me gusta presumir de esto. No, no me gusta presumir de esto, me gusta contar la historia como fue, y la historia fue así. El movimiento LGTB tenía que ser valiente y ser visible, y teníamos que cambiar cosas y se cambiaron. ¿Que yo fuera una de las artífices de cambiar cosas? Pues mira.

¿En qué momento se pasa tres pueblos?
Se pasa tres pueblos cuando en la manifestación del orgullo gay se prima más a los negocios y sus carrozas que a la manifestación activista. Además hay dinero de por medio, a estas carrozas no las dejan ir a la manifestación gratis. Y además los empresarios de la noche tienen un interés económico que solo es económico. Aquí en Chueca hubo un momento en que las calles se plagaban de barras por las cuales los negocios tenían que pagar. Eso se convirtió en un negocio, y no en una fiesta espontánea como era al principio.

¿Por qué una asociación de empresarios —de la noche principalmente— son los interlocutores con las administraciones públicas para organizar el orgullo? Porque los colectivos lo han querido. Pero, ¿por qué lo han querido?, porque dentro de Aegal estaba Pedro Zerolo, Alfonso Llopart y un montón más de gente. No solamente yo digo que nos hemos pasado tres pueblos, mucha gente ha escrito artículos críticos con el modelo del orgullo. ¿Que nos ha servido? También. Voy a ser más positiva, nos ha ayudado mucho, ha atraído a mucha gente y hemos convencido a esos políticos que no se enteran de nada de que somos un montón y tenemos derecho a voto. Pero me hubiera gustado que se hubiera hecho de otra forma, y se podía haber hecho de otra forma.

Pese a esta crítica, tu sí participas en el orgullo...
Yo he participado en la manifestación, y últimamente vamos con La Lacah, nuestro colectivo, un grupo de gente del mundo de la cultura, que nos llamamos la Liga Artístico Cultural Antihomofobia, es la tercera manifestación a la que vamos como colectivo sin estatutos y sin un duro. Reivindicamos la cultura y sacamos a nuestros amigos Oscar Wilde, Terenci Moix, Glorias Fuertes. Queremos reivindicar la cultura LGTB que nos ha traído aquí. Participamos, y también participamos en el orgullo crítico, pero a nivel individual. Hacemos una feria LGTBQ+, porque creo que las fiestas del orgullo tienen que ser todo y no solo chunda chunda que está muy bien.

Es difícil pero te voy a pedir una respuesta breve: ¿Cómo calificas la relación entre feminismo y movimiento LGTBIQ+?
Todo el mundo ha dicho que del feminismo ha nacido el movimiento LGTBQ+. Mentira. El feminismo no nos quería mucho a las feministas lesbianas, no nos quería nada. A las mujeres feministas las molestábamos en sus reuniones. El movimiento LGTBQ+ ha surgido de los propios gays y lesbianas que estábamos hartos y hartas, que durante muchos años nuestra lucha ha sido muy similar y hemos tenido unas relaciones amigables…. ¿Que ahora hay un follón terrible? También. Pero lo de ahora creo que es más bien un ataque de cuernos de un montón de feministas que han perdido el poder político, que antes lo tenían desde el Ministerio de Igualdad, el Instituto de la Mujer, otros organismos, y ahora lo tiene Podemos.

¿Qué querías ser de pequeña?
De pequeña no quería ser librera ‘butch’ porque no sabía lo que era todavía. Quería ser médico. En sueños, no me veía casada, mataba a mis maridos, tenía hijos y les ponía los nombres de mis gatos.

Pero luego quisiste ser librera ‘butch’ y lo has conseguido, ¿cómo te va?
He de reconocer que la vida no ha sido fácil, pero el ser librera ‘butch’ es lo mejorcito que he hecho en mi vida, de hecho me va a costar retirarme. Primero porque no puedo, pero además esto es algo más que una profesión, esto pesa mucho y no sé cómo me voy a sentir el día que pase el testigo.

Tienes 61 años y hablas de pasar el testigo, ¿Berkana no cierra cuando te jubiles?
Estoy haciendo todo lo posible para que Berkana continúe abierta sin mí.

miércoles, 30 de junio de 2021

#hemeroteca #lgtbi #literatura | La literatura LGTBI para niños y adolescentes triunfa pese a la amenaza del 'pin parental'

'Género queer', de Maia Kobabe //

La literatura LGTBI para niños y adolescentes triunfa pese a la amenaza del 'pin parental'.

Los cuentos y novelas arcoíris llegan a las librerías como nunca antes, pero sus responsables no pierden de vista que están en la diana de la ultraderecha. Los educadores señalan un reto pendiente: que esos títulos lleguen a los colegios y las bibliotecas para garantizar el acceso a ellos de todos los niños.
Clara Morales | InfoLibre, 2021-06-30  

“Vox pregunta a Educación cuántos colegios se han adherido al programa de adoctrinamiento de diversidad sexual y LGTBI”. La noticia, extraída de la web del partido de ultraderecha, se podría traducir de la siguiente manera: Vox pregunta a Educación cuántos colegios se han adherido al programa Escuelas Seguras, que pretende crear una red de centros educativos contra el acoso por ser LGTBI. La iniciativa parte de la FELGTB, la federación de asociaciones en defensa del colectivo, e invita a que los colegios e institutos que así lo consideren firmen un compromiso que contiene preceptos como abordar el ‘bullying’ por ser homosexual, bisexual o trans, integrar a las familias diversas en los eventos del centro o incluir en la biblioteca del centro libros y materiales pedagógicos en los que el colectivo esté presente. Y así es como un cuento en el que un niño tiene dos mamás o una novela protagonizada por una chica trans se convierten en un “programa de adoctrinamiento”. Si la literatura LGTBI ha estado sometida a la censura durante buena parte de la historia, la literatura infantil y juvenil LGTBI es señalada hoy por parte del espectro político como un peligro.

Y sin embargo, brilla el sol. En la librería especializada Berkana, en Chueca (Madrid), la sección infantil no para de crecer. “Al principio había poquitos”, dice el librero Carlos Valdivia, “y se han multiplicado, como ha pasado con la literatura feminista”. Solamente hay que mirar a su estantería infantil y juvenil, dice, continuamente desbordada por las novedades. En las baldas esperan 'Titiritesa', de Xerardo Quintiá y Maurizio A. C. Quarello, sobre una princesa cuyos padres insisten en casar con un príncipe; '¡Vivan las uñas de colores!', de Luis Amavisca y Alicia Acota, donde Juan no entiende por qué los demás niños se ríen de su esmalte; o 'Monstruo Rosa', un personaje cansado de ser juzgado por ser diferente que decide emprender un viaje para encontrar un lugar donde nadie le mire raro. Berkana piensa lanzar pronto una guía de lectura, con recomendaciones para distintas edades, con el fin de orientar a las bibliotecas públicas, colegios e institutos que a menudo se dirigen a ellos para pedirles orientación. “Cada vez hay más colegios y bibliotecas que, en muchos casos porque en el equipo hay alguien del colectivo o gente muy concienciada, nos piden un listado”, apunta el librero. “Aunque deberían ser más, porque la educación pública y las bibliotecas públicas son la única manera de que muchos niños accedan a ciertos contenidos”.

Juan Naranjo, profesor de secundaria y autor de Mariquita, está también lejos del derrotismo. Cuando mira a la literatura juvenil (la que, por cercanía con sus alumnos, más controla) disponible en su adolescencia y la que hay en la actualidad, ve mundos absolutamente distintos. “No había representación LGTBI dirigida a los adolescentes y las adolescentes, directamente, entonces a poco que se hubiera avanzado habría sido un avance grande. Pero es que el avance ha sido realmente significativo”. Mucha gente, en la industria editorial, se ha dado cuenta de que “no todos los adolescentes son iguales” y que representar esa diversidad podía tener consecuencias positivas en las personas que, al fin, pudieran verse reflejadas en sus lecturas... pero también en la balanza comercial. En 2019, último año del que se tienen datos, la literatura infantil y juvenil recaudó en España más de 312 millones de euros, el 13% de la facturación total del sector y un 3% más que el año anterior. “Se ha visto la necesidad y además la oportunidad”, apunta, “y es algo que tenemos que seguir trabajando y pidiendo. Los éxitos editoriales respaldan que esto no es un capricho de cuatro tiquismiquis”. Entre los disponibles, él recomienda títulos como 'Rojo, blanco y sangre azul', de Casey McQuiston; el cómic 'Género queer', de Maia Kobabe, o 'El beso número 8', de Colleen AF Venable y la ilustradora Ellen T. Crenshaw.

Esta tendencia incluye auténticos fenómenos: desde su publicación en 2013, ‘Monstruo Rosa’ acumula 20 ediciones, más de 120.000 ejemplares y la traducción a 15 idiomas. “Y eso que es un libro para niños, que no manejan las cifras de la literatura para adultos”, dice Raquel Garrido, su editora en Apila. Incluso para los parámetros de la ficción ‘de adultos’, esas cifras constituyen un fenómeno indudable. Garrido cree que una de las claves del libro es, primero, su calidad (fue el primer álbum de Olga de Dios, hoy una ilustradora reputada), y, segundo, el gran número de personas que se pueden sentir identificadas con la historia. No es que su contenido sea ambiguo: el subtexto LGTBI está claro y hay una aparición estelar de un arcoíris muy elocuente. Pero es un libro, explica Raquel Garrido, que no está pensado ‘para algo’. “Hoy hay muchos libros que están diseñados con un objetivo concreto: para hablar a los niños del respeto al medio ambiente, para que los niños coman verduras... Son libros ‘para eso’, no para disfrutar de la lectura”. El de Olga de Dios, dice, no es así. Y tampoco lo es 'Raro', de Canizales, donde un personaje aparentemente gris se alarma ante lo extravagantes que son sus vecinos... para acabar descubriendo que él tampoco es tan normal. Todos los (numerosos) comentarios que les han llegado de colegios y bibliotecas son positivos.

Las consecuencias de estos avances no son menores. Naranjo imagina qué habría supuesto para él haber contado, de pequeño, con los libros a los que tienen acceso sus alumnos. “No es solo la sensación de soledad, de ¿seré yo el único del mundo que se sienta así?, sino la homofobia interiorizada, del qué puedo hacer yo para dejar de sentirme así y para que el mundo deje de percibirme de esta manera”. Ambas cosas, dice, son “producto del desconocimiento, de la falta de referentes”. Contra ellas, “la visibilidad: en las series, por las calles, pero también en las bibliotecas y en las clases”. Pero Consol Aguilar, formadora de maestros en la Universitat Jaume I, especializada en literatura infantil y juvenil, género e identidades diversas, recuerda que esto no va solo de la experiencia individual de los alumnos LGTBI, sino de los valores colectivos. “Los referentes que les demos a los niños sobre la sociedad que queremos construir son aquellos con los que van a crecer, con los que se van a formar y los que van a hacer que avancemos hacia tal o cuál tipo de sociedad”, defiende. Por eso ella insiste en este “no es un problema que tenga que ver con el colectivo LGTBI, sino con los derechos humanos”.

Por eso Aguilar se resiste a caer en el triunfalismo. Ve y celebra el avance experimentado en las últimas décadas, pero no cree que esté todo hecho. “El corpus de libros que hay es magnífico, tenemos libros para trabajar estos temas desde niñas y niños muy pequeñitos hasta los cursos de bachillerato. El problema”, apunta, “no es que no exista esta literatura, sino que el profesorado a menudo la desconoce y que, a mí me lo han comentado, a veces tienen miedo”. El desconocimiento hace que los maestros no aborden en el aula temas como la diversidad afectiva o el género. El miedo hace que los consideren asuntos peliagudos que pueden acarrearles problemas con algunos padres. El problema es que ese desconocimiento y ese miedo hacen que no se aplique correctamente la legislación: la ley estatal que regula la educación pública incluye entre sus principios “el respeto a la diversidad afectivo-sexual” y “la educación afectivo-sexual, adaptada al nivel madurativo”. “Se ha demostrado que en el contenido curricular de la formación de maestros y maestras todo esto está muy ausente”, lamenta Aguilar. “Si los propios maestros y maestras no tienen esa formación y no conocen esos libros, es complicado que luego lo introduzcan en sus bibliotecas de aula y en los planes de lectura de sus centros”. El miedo, apunta, es lo que alimenta el cacareado “pin parental”, particularmente el de los padres, temerosos de que sus niños aprendan ideas nocivas en el colegio. Para disiparlo, la pedagoga anima a los profesores a reunirse con los padres, a hablar con ellos, a atender sus dudas y sus inquietudes. Cualquier estrategia, excepto la de dar un paso atrás.

La editora de Apila cree que en España está tan consolidado “el respeto a la diversidad y al colectivo LGTBI” que es impensable imaginar un futuro en el que no existan libros como ‘Monstruo Rosa’. Pero sería peligroso, apuntan varios entrevistados, que el acceso a estos libros quedara a la discreción de los padres, ya sea por sus convicciones o por su poder adquisitivo. Inculcar el “respeto a la diversidad”, recuerda Juan Naranjo, no es una ‘opción’ de los profesores, sino un ‘deber’, de la misma forma que la ley educativa señala la necesidad de educar en la igualdad entre hombres y mujeres, en el ecologismo o en el “espíritu crítico”. El profesor señala que el “deber de las instituciones educativas”, en las que incluye desde el colegio hasta las casas de cultura, es el de “dar a conocer y fomentar la diversidad en todos sus aspectos”. Eso tan rimbombante se puede traducir en algo muy sencillo: “Simplemente mostrar que esos libros existen, que esos libros se tienen, ponerlos a disposición de los chicos y las chicas que puedan estar interesados, y que por una vez a lo mejor puedan leer una historia en la que el protagonista se parezca un poquito a ellos”. ¿Y si Vox u otro partido se interpone? Habla Carlos Valdivia, de Berkana: “No dejaremos que nadie nos amedrente, hay que plantar cara y ya nos encargaremos de hacer algo, docentes, asociaciones y familias”. 
 
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viernes, 16 de abril de 2021

#hemeroteca #lgtbi #lgtbifobia #politica | Mercaderes en el templo

Imagen: El Salto / El propio Ramon captó a IDA en Chueca

Mercaderes en el templo.

El pasado lunes, a la hora de la siesta, Isabel Díaz Ayuso paseó por las calles del barrio de Chueca en busca del “voto rosa” sin demasiados inconvenientes, algo que en su día habría sido impensable.
Ramón Martínez | El Salto, 2021-04-16
https://www.elsaltodiario.com/mirada-rosa/mercaderes-templo-ayuso-pp-chueca 

Las ideas y los espacios han tenido siempre una relación complicada. Se confunden, se superponen, se toman unos como representantes de otras y más de una vez aquellas parecen quedar asociadas a unas localizaciones muy precisas. Además, ideas y espacios suelen servir como símbolo donde reconocer un determinado grupo de personas. En la ciudad de Madrid, por ejemplo, Vallecas es la izquierda, la izquierda son —¿fueron?— las personas más humildes, obreros y obreras, y todas ellas, además, se supone que son quienes viven en Vallecas.

Lo mismo sucede con el barrio de Chueca: es el espacio que se asocia a lesbianas, gais, bisexuales y trans, a sus intereses y a las ideas que los defienden. Chueca es ese lugar, aunque a estas alturas sea dudoso que la asociación siga funcionando como lo hizo años atrás. Pero, aunque el vínculo se establezca en ocasiones de forma errónea y acabe caducando con el paso del tiempo, ideas, espacios y personas se relacionan de esa forma tan compleja porque esos códigos, esas asociaciones cómodas, son útiles para nuestra comprensión del mundo. Y lo son más que nunca durante una campaña electoral.

El pasado lunes, a la hora de la siesta, Isabel Díaz Ayuso paseó por las calles del barrio de Chueca. Sucede en todos los procesos electorales: la asociación entre una zona y quienes se supone que más la transitan también sirve a los partidos políticos para ir allí a buscar su apoyo. Quien desee aquello que una vez se llamó el “voto rosa” debe peregrinar hasta el barrio, hacerse una bonita foto frente a la parada del metro, charlar con viandantes y visitar algunos comercios. Debe sonreír en todo momento, parecer increíblemente tolerante y tratar de que apenas se perciba la extraña sensación de no saber a ciencia cierta qué está haciendo allí. Hemos visto una y otra vez a los partidos progresistas participar en estas particulares romerías. También vimos a Ciudadanos, cuando se esforzaba más en aparentar una ideología progresista. Y ahora los populares han querido sumarse a la procesión.

No es la primera incursión de los populares en una zona que tradicionalmente se ha relacionado con el colectivo LGTB: ya en 2003 Ana Botella visitó la sede de COGAM antes de ser elegida concelaja en el ayuntamiento de Madrid. Pero la artífice del símil de las peras y las manzanas no pudo hacerse la foto tolerante de su campaña con la tranquilidad esperada: un grupo de personas, capitaneado por Mili Hernández, se presentó ante las puertas del colectivo con carteles que denunciaban la hipocresía de la candidata.

Han pasado muchos años y este pasado lunes Ayuso ha dado su paseo sin demasiados inconvenientes. Algunas voces preguntaron por la Sanidad Pública, otras la llamaron hipócrita y solo en un local, la librería Berkana donde sigue trabajando Mili, se pudo ver un cartel que reclamaba un claro “No al blanqueamiento de la LGTBfobia del PP”. El resto fueron algunas pocas fotos y una indiferencia general.

Las asociaciones entre personas, espacios e ideas ya no son como fueron en otro tiempo. Tampoco lo son las asociaciones que trabajan por nuestros derechos. Cada vez es más evidente que Chueca ha cambiado, que las personas que en su día nos reconocíamos en ese espacio ahora somos diferentes —mayores— y que nuevas personas con nuestras mismas características buscan otros lugares con los que identificarse. Además, al mismo tiempo que se debilitaba ese hilo que asocia personas, espacios e ideas, también nuestras propias reivindicaciones fueron desdibujándose. Las asociaciones que las formulaban fueron perdiendo discurso, fuerza, creatividad y, sobre todo, gente.

En su día habría sido impensable que alguien que pacta sus políticas con la ultraderecha y que no tiene reparos en plantear la posibilidad de la censura parental a la sensibilización contra el odio en las aulas paseara con tanta tranquilidad por el que era nuestro barrio. En su día el espacio, las personas que lo componían y las ideas que defendían y las defendían estaban fuertemente vinculadas. No era suficiente que la candidata en cuestión afirmara, como hizo Ayuso, que «a mí me da igual cómo configure cada uno su vida en su cama», porque ese mensaje se reconocía como un eslogan vacío de contenido, cuando no veladamente intolerante. Pero ahora sí. Ahora cualquier mensaje facilón parece convencer a mucha, a demasiada gente.

Parece que de aquella Chueca comprometida —más o menos real, más o menos soñada—, ya solo queda Berkana, rodeada de tiendas de zapatos, terrazas y alguna que otra travesti que no piensa dos veces antes de hacerse una foto y reírle a Ayuso sus “chuminadas”.

A finales de junio, el movimiento de lesbianas, gais, trans y bisexuales de Madrid celebra la marcha del Orgullo. Una cita que sirvió para conquistar derechos a partir de los 90 pero que ha sido despojada de su carácter reivindicativo en favor de un cóctel de ruido y desfase.

Y el gran problema es que, aunque durante un momento algunos gritos y carteles hayan empañado un poco la tan deseada foto de la candidata, no podemos obviar que hemos perdido un espacio. Antes de conseguir garantías de libertad en cualquier lugar, para esa nueva generación que busca otros barrios, quizá sus propios barrios, como Vallecas; es posible que nos hayamos quedado sin ningún espacio que podamos reconocer como propio.

En las redes decimos que es necesario expulsar a los mercaderes del templo, pero quizá no queramos ser conscientes de que aquella santa zona es cada vez menos sagrada o, peor aún, que en realidad siempre fue propiedad de esos mercaderes y que la idea de que nos pertenecía no fue nunca nada más que un sueño.

martes, 13 de abril de 2021

#hemeroteca #lgtbifobia #politica | Ayuso intenta hacerse un 'pinkwashing' en Chueca y el colectivo responde: "No al blanqueamiento del PP"

Berkana también contra el 'pin parental'
Ayuso intenta hacerse un 'pinkwashing' en Chueca y el colectivo responde: "No al blanqueamiento del PP".

La presidenta madrileña opta por la reelección y ha intentado captar el voto LGTBI, a pesar de sus múltiples declaraciones homófobas.
Los Replicantes, 2021-04-13
https://www.losreplicantes.com/articulos/ayuso-pinkwashing-chueca-blanqueamiento-pp/

Isabel Díaz Ayuso se ha paseado por el madrileño barrio de Chueca, en calidad de candidata del Partido Popular a la reelección como presidenta de la Comunidad de Madrid, en lo que ha sido calificado como un auténtico 'pinkwashing', una estrategia para que todos olvidemos el pasado homófobo del PP, de la propia Ayuso y, sobre todo, las concesiones a Vox en Murcia (y posiblemente que se prepararán en Madrid) en materias como el veto parental.

Llama la atención que Ayuso se acerque ahora al colectivo LGTBI cuando en la pasada campaña renegaba del Orgullo LGTBI. Quizás los análisis de las encuestas que apuntan a que su candidatura corre cierto peligro de 'morir de éxito' por absorber a Cs y Vox, de manera que necesita urgentemente abrir una vía por el centro si quiere ensanchar su base, hayan pesado en este movimiento que ha dejado atónitos a propios y extraños.

Entre las 'perlas' de Ayuso a ese colectivo al que ahora le pide el voto se encuentran reducir la importancia de las agresiones que sufre en la capital (prácticamente una diaria, según las estadísticas oficiales del Observatorio Regional, dependiente de la Administración madrileña) a simples "incidentes puntuales". O asegurar que el activismo LGTBI "crea víctimas como modo de vida". También ningunear la bandera arcoíris durante el Orgullo, que su predecesora, Cristina Cifuentes, sí colocaba en el balcón. Y, entre otras, también recomendar "leer al 100%" un artículo que asegura que "el homosexual es un 'ser monstruoso'". Todas las perlas se pueden consultar en este artículo.

"No al blanqueamiento de la LGTBIfobia del PP"
Uno de los gestos más aplaudidos en las redes sociales ha sido protagonizado por uno de los locales más históricos de Chueca, la librería Berkana. Sus dueñas han colocado varios carteles en la puerta "por si nos visitaba". En ellos, se muestran claramente en contra de la campaña que está intentando ejecutar Ayuso en El Barrio: "No al blanqueamiento de la LGTBIfobia del PP" o "Madrid sin Pin Parental". Su dueña, Mili Hernández, lo ha compartido en redes sociales.

También ha recibido simpatías
Ayuso también ha recibido simpatías durante su paseo por el barrio de Chueca. El más sonado lo ha protagonizado la 'drag queen' Chumina Power, una artista muy conocida en el mundo de la noche madrileña.

En este caso, Ayuso ha hablado con Chumina Power y ha asegurado que sigue sus publicaciones humorísticas en Tik Tok, además de comentar sus medidas para la contención de la pandemia, una de las más laxas y que han permitido la apertura de interiores, dejando a Madrid con las cifras de afectados por la crisis sanitaria más altas de España. En una entrevista con el diario La Razón, ha afirmado: "Jamás he votado a la derecha, pero me estoy planteando votar a Ayuso".

Sin duda, una visita cargada de polémica.

domingo, 11 de abril de 2021

#hemeroteca #lgtbi #politica | El comunismo en España significa libertad

Imagen: Twitter / Puesto 'lgtbi' del PP en Chueca

El comunismo en España significa libertad.

El liberalismo es tolerancia, federalismo, libertades, protección de las minorías y defensa de la democracia, justo el legado de los comunistas españoles.
Raúl Solís | La Última Hora, 2021-04-11
https://laultimahora.es/el-comunismo-en-espana-significa-libertad/ 

Ni corto ni perezoso, el PP de Ayuso decidió el sábado poner una mesa de propaganda electoral en Chueca que engalanó con diversas banderas del colectivo LGTB. La del Orgullo, la transexual y la bisexual. Ni más ni menos que la puso en la calle Fuencarral, centro neurálgico de este barrio que la comunidad LGTB tomó como propio en los años 90, levantando un elegante barrio, con negocios y vida propia, en lo que era una zona abandonada de la capital.

Entre esa gente que levantó a pulso el barrio está Mili Hernández, propietaria de la Librería Berkana, situada en la calle Hortaleza, un templo de libertad y de referentes culturales que ha ido educando a un colectivo que ha crecido sin ejemplos, sin pares, sin referencias, sin caminos en los que guiarse para vivir en libertad en medio de una sociedad que condenó y condena la realidad de las personas homosexuales, bisexuales o transexuales.

La propietaria de Berkana escribió en redes sociales que el equipo de prensa de Ayuso había visitado la librería no para comprar libros ni para interesarse por el sector de las librerías que no ha recibido ni un céntimo en ayudas públicas de la Comunidad de Madrid, sino para preguntar si la candidata del PP sería bien recibida en ese establecimiento durante una visita que realizaría por Chueca en clave electoral.

Mili Hernández, que ha sido siempre un faro de libertad en Chueca y dondequiera que haya estado, informó educadamente a los hombres de prensa del PP que no, que su establecimiento está en contra de la homofobia y transfobia que representa Ayuso, que pretende lavar con una visita de una hora al barrio y la posterior publicación de un vídeo en redes sociales.

La mesa de propaganda electoral de Ayuso, con el lema “comunismo o libertad”, no tiene otro objetivo que apropiarse de la épica de Chueca y del colectivo LGTBI que ha conseguido todos los avances sociales en contra de la España en blanco y negro que tan bien representa el PP, que incluso tuvo varios años recurrido al Constitucional el matrimonio igualitario aprobado en nuestro país en 2005.

En este país nuestro, donde la ausencia de educación democrática ha permitido que los herederos de la dictadura se apropien de la palabra libertad y que el estigma recaiga sobre la palabra comunismo, a pesar de que estuvimos 40 años bajo el yugo de una dictadura fascista, no está de más hacer un ejercicio de memoria y afirmar taxativamente que el comunismo en España significa libertad. No es comunismo o libertad, sino comunismo y libertad.

Fueron los comunistas españoles quienes impulsaron en el Congreso, en febrero de 1978, la despenalización de la homosexualidad. Es decir, que los homosexuales saliesen y dejasen de entrar en las cárceles por las leyes que levantaron en este país los padres y abuelos ideológicos de Ayuso.

Fue el Partido Comunista de España quien dio cobertura legal, apoyo logístico y puso a sus militantes en los servicios de seguridad de las primeras manifestaciones del Orgullo LGTB celebradas en España, la primera en Barcelona en 1977 y luego, en 1978, en Sevilla, Valencia, Madrid o Bilbao. En todas estas manifestaciones hubo detenidos y violencia policial contra las personas LGTBI ejecutada por los padres y abuelos ideológicos de Ayuso.

Una vez despenalizada la homosexualidad, las personas LGTB, sobre todo las mujeres transexuales, siguieron siendo detenidas en aplicación del delito de escándalo público, por andar o vestir de forma provocativa. Hasta 1989, bien entrada la democracia. Ese delito de escándalo público fue sacado del Código Penal gracias a un diputado comunista, Nicolás Sartorius, entonces ya adscrito a Izquierda Unida.

En 1994, Izquierda Unida se convierte en el primer partido político español en tener en su seno un grupo sectorial de defensa de los derechos humanos de lesbianas, gais, transexuales y bisexuales. El Área de Libertad de Expresión Afectivo Sexual (Aleas) se convierte en un vivero de ideas, argumentos e iniciativas y también en un puente de comunicación con los propios colectivos LGTBI que por estos años están empezando a retomar el vuelo después de la tragedia del sida que diezmó a la población LGTBI y a su movimiento social.

En 2002, Marisa Castro, reconocida feminista y diputada de IU en el Congreso, registró la primera propuesta de ley de matrimonio igualitario que no pudo ser aprobada por los votos en contra de la mayoría absoluta del PP de José María Aznar, los abuelos y padres ideológicos de Ayuso.

En 2014, España aprobó la primera ley autonómica de transexualidad que contemplaba la autodeterminación del género. Es decir, nadie tiene que decirle a una persona trans quién es ni tratarla como enferma mental. La ley trans de Andalucía, que ha servido después para aprobar las diez leyes autonómicas más y que está muy presente en el borrador de la ley estatal que aún no ha sido aprobada, contó con el impulso de Alba Doblas, una militante del Partido Comunista de Andalucía y entonces diputada de IU en el Parlamento andaluz.

A propósito de la ley trans estatal, es Unidas Podemos, la coalición a la que Ayuso cree insultar llamándola comunista, quien ha sabido recoger las demandas y anhelos de libertad del colectivo trans que sigue viviendo en los márgenes de nuestra sociedad después de más de 40 años de democracia. Un borrador de ley que cuenta con la negativa de PP y Vox, el partido de Ayuso y la ultraderecha con la que ésta quiere conformar gobierno si los resultados electorales lo hacen posible.

No sólo en lo que se refiere a libertades del colectivo LGTBI estuvieron primero los comunistas españoles. En el aborto, en el divorcio, en la posibilidad de realizar bodas civiles, en los anticonceptivos, en la objeción de conciencia, en la libertad de reunión, en el derecho a manifestación y de información, en la libertad de prensa y también en la libertad de empresa o de cátedra, cuando las turbas ultraderechistas se concentraban delante de las clínicas abortistas de titularidad privada o arremetían contra profesores universitarios, estuvieron siempre los comunistas levantando su bandera de libertad. Cuando Manuel Fraga, exministro de Franco y exfundador del PP, secuestraba revistas y periódicos porque eran más libres de lo que podía digerir el tardofranquismo, los comunistas españoles estuvieron defendiendo la libertad de esas publicaciones y sus periodistas.

En este país si tenemos democracia es gracias a los comunistas españoles que pusieron el cuerpo contra la dictadura y dedicaron los mejores años de su vida a luchar por la libertad y la democracia, frente a los padres y abuelos ideológicos de la ultraderecha que asesinaron a los sindicalistas de CCOO en Atocha que defendían la libertad de los trabajadores más humildes de las garras de la dictadura.

Lo que Ayuso defiende no es libertad, sino que los que lo tienen todo tengan derecho a poner de rodillas a los que tienen poco o nada. A Ayuso le pega más la palabra dictadura, que es la herencia que sus padres y abuelos ideológicos han aportado a España. No sólo es que los derechos LGTBI en España hayan sido impulsados por los comunistas, siempre de la mano del movimiento social, es que la derecha ha votado en contra de todas y cada una de las libertades individuales que la sociedad española ha ido conquistando hasta nuestros días.

La última oportunidad que ha tenido el PP de demostrar su liberalismo ha sido con la eutanasia, aprobada en marzo, que también lleva el voto en contra del partido de Ayuso y de Vox. Ayuso representa a la España que lleva estando en contra de la modernización y democratización del país desde que los liberales españoles lo intentaron por primera vez en el siglo XIX. El liberalismo es tolerancia, federalismo, libertades, protección de las minorías y defensa de la democracia, justo el legado de los comunistas españoles. Ayuso es heredera de Fernando VII, no de los liberales españoles.
 

NOTA DE IGLU: Carla Toscano, diputada de Vox, puso en su cuenta de Twitter una imagen del puesto del PP en Chueca con el siguiente texto: "Mesa informativa del PP con la bandera LGTBI, la bandera transgénero y la bandera bisexual. Encuentren las diferencias con una mesa de Podemos." Sin palabras.

domingo, 16 de diciembre de 2018

#hemeroteca #lgtbi #cultura | Berkana: 25 años difundiendo la cultura LGTBQ desde Chueca

Imagen: Somos Chueca / Celebración de los 25 años de Berkana, Madrid
Berkana: 25 años difundiendo la cultura LGTBQ desde Chueca.
Un aniversario posible gracias a la colaboración colectiva, que respondió en masa para evitar su cierre en 2017.
Somos Chueca, 2018-12-16
https://somoschueca.elperiodico.com/berkana-25-anos-difundiendo-cultura-lgtbq-desde-chueca/

Ayer nuestras vecinas de la Librería Berkana celebraban en el sótano de A Punto sus 25 años de “resistencia”, como lo define Mili, una de sus propietarias. Ella, junto a Mar, fueron auténticas pioneras en inundar Chueca con los colores del arcoíris y en hacer visible la realidad del colectivo LGBTQ a plena luz del día.

El lugar elegido para la celebración no ha sido casual. Ese era el local en el que estaba Berkana antes de su ubicación actual en el número 62 de la calle Hortaleza, pared con pared. Así que les pareció que regresar a ese sótano en el que tantos buenos momentos había vivido era el mejor homenaje para sus cinco lustros de historia.

Un aniversario que ha sido posible gracias a la colaboración colectiva. El año pasado el negocio vivió un momento muy delicado. En marzo lanzaban una llamada desesperada para evitar el cierre de Berkana, que tuvo una espectacular acogida que les proporcionó el suficiente oxígeno para continuar con su importante labor.

Pero definir Berkana como una simple librería en la que encontrar libros de temática LGTBQ (lésbica, gay, transexual, bisexual y queer) es quedarse cortos. Berkana es cultura, pero también activismo. Un centro de encuentro para personas de cualquier orientación sexual y género.

Uno de los primeros negocios LGTBQ fuera del ocio nocturno que ayudaron a la construcción del barrio de Chueca que hoy conocemos y que continúa reclamando la visibilidad del colectivo y a diversidad.

¡Muchas felicidades, Berkana!