Mostrando entradas con la etiqueta Los Javis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Los Javis. Mostrar todas las entradas

lunes, 8 de enero de 2024

#hemeroteca #trans | Alex Saint, actriz: “Me he querido morir ya varias veces. ‘Si esto es mi vida, no la quiero’. Luego pasan cosas maravillosas”

El País / Alex Saint //

Alex Saint, actriz: “Me he querido morir ya varias veces. ‘Si esto es mi vida, no la quiero’. Luego pasan cosas maravillosas”

La maquilladora de estrellas como Aitana, Ester Expósito o Dulceida se defiende ahora como intérprete en ‘Vestidas de azul’, de Atresmedia, donde los Javis la apadrinan como actriz a tener en cuenta
Tom C. Avendaño | El País, 2024-01-08
https://elpais.com/television/2024-01-08/alex-saint-si-a-ti-no-te-quiere-nadie-no-hay-amor-propio-posible.html 

Nunca pretendió ser maquilladora, nunca pretendió ser actriz y nunca pretendió ser estrella. Esto último lo pone en duda, con la voz, un poco tímida, un poco humilde, que le sale cuando se le hace hablar de su éxito. Pero Alex Saint (Orihuela, 33 años), que dejó su pueblo de 80.000 habitantes para probar con la fotografía de moda con todo lo que eso conlleva, que tardó años en iniciar su transición a mujer con todo lo que eso conlleva, tiene éxito. En 2019, su nombre empezó a sonar por su talento como maquilladora. Hoy, muchos de los rostros más vistos de España —el fenómeno pop Aitana; la ‘überinfluencer’ Dulceida; Ester Expósito, actriz de Élite y una de las españolas más conocidas en Instagram; o Pedro Almodóvar en la portada de ICON— usan y jalean sus servicios. Y eso es solo parte de la historia.

Ahora, Saint es una de las apuestas de los Javis en la nueva serie 'Vestidas de azul' (Atresplayer Premium), esta vez como actriz. El proyecto retoma la historia de ‘Veneno’ (2020), donde Saint tenía un papel pequeño como amiga de la protagonista, Valeria Vegas (Lola Rodríguez). Ese personaje se amplía ahora a lo largo de varios capítulos, con una trama propia, dura y optimista, muy en el espíritu del proyecto: homenajear las historias trans del pasado y ampliar las voces trans del presente. No ha sido fácil, ni siquiera indoloro, llegar hasta aquí pero ahora, Saint atraviesa un momento podemos llamar envidiable sin miedo a gafarlo. “He tenido suerte”, aduce como si nada, sentándose en una cafetería de la calle Barquillo.

Pregunta. A ver, suerte y buena mano.
Respuesta. Tengo el síndrome de la impostora muy dentro. Pero sí, supongo que tendré algo que gusta. Es difícil encajar que una maquilladora ahora haga una serie. Y nunca pretendí ser maquilladora.

P. ¿Qué pasó ahí?
R. Fui a Barcelona a estudiar fotografía de moda. Entonces no me gustaba cómo maquillaba nadie. Y, como soy muy controladora y perfeccionista, dije: ‘Si lo hago yo lo voy a hacer mejor’. Con el tiempo he descubierto que se trabaja mejor en equipo pero en aquella época tenía una idea muy clara de lo que quería fotografiar. Siempre chicas rubias, por cierto.

P. Como usted.
R. Intentaba verme a mí a través de la foto. Aún no había iniciado mi transición. Conocí a [la modelo] Jessica Goicoechea, ese prototipo de tía rubia megapoderosa, la mujer empoderada y fuerte que yo quería ver en las demás y en mí. Le empecé a hacer fotos y terminé siendo su mánager, su maquilladora, su estilista, todo. A partir de ahí, me llamó Dulceida para que la maquillase en los Goya, y de golpe era más maquilladora que otra cosa. En ese momento el maquillaje que yo hacía no era el típico que se hacía aquí en España.

P. ¿Cómo se hace en España?
R. Aquí las actrices siempre van muy naturales. Yo empecé a hacer ese maquillaje americano, muy elaborado pero que por los colores aparenta ser natural. Tras Dulceida, tuve un bum entre el mundo ‘influencer’. Me llamó Ester Expósito, me llamó Aitana.

P. Usted pasó a tener un nombre propio.
R. Los fans de Aitana me piden fotos, me reconocen. Gente que puede no haber conocido una persona trans en su vida ahora sabe que hay una y que maquilla a Aitana. Eso normaliza. Es mi manera de hacer activismo.

P. ¿Su transición cómo afectó este viaje?
R. La empecé bastante mayor, con 25 casi 26. Como tanta gente de nuestro colectivo, no he tenido la infancia o adolescencia que hubiera querido. Tampoco fueron malas, pero muchas de las locuras que se supone que tocan en esa época no las he vivido. Después de mi transición, que casi la sitúo a los 30, empecé a salir, conocer gente, a divertirme. Me hacía falta la euforia... Lo que pasa es que luego ya todos sabemos que después los picos llegan los valles.

P. Hizo el maquillaje de Jedet para la prueba de Veneno y los Javis le animaron a hacer su propio casting. Salió de ahí con el papel de Sacha, la amiga de la protagonista. ¿Qué tal su síndrome de la impostora ahí?
R. Es muy difícil estar mal con los Javis. Te sacan lo que ellos quieren, lo que ven en ti. Lo que pasa es que yo ahí estaba muy insegura. Era mi primera vez delante de una cámara y estaba rodando con ellos. Yo, que hacía nada estaba en Barcelona, en mi casa, con una depresión de caballo.

P. ¿Una depresión de continuidad o puntual?
R. Tengo tendencia a deprimirme. Creo que en parte es por genética y en parte las vivencias desde pequeña. Ahora se habla mucho de salud mental y de todo esto, pero yo crecí como todos, sin saber qué era ni la ansiedad, ni la terapia, ¿sabes? En mi pueblo ir al psicólogo era como... Me acuerdo ahora de una de mis mejores amigas, su madre murió cuando era pequeña, y a ella la llevaban al psicólogo y era una cosa rarísima.

P. Su personaje en ‘Vestidas de azul’ es precisamente todo salud mental. Sacha se enfrenta al calvario del passing, el ansiar una apariencia totalmente cis y no sentir que se consigue nunca. Que siempre queda un rasgo delator, una operación por delante. Que nunca es suficiente. ¿Qué le pareció cuando le presentaron la trama?
R. Mi trama la he creado yo prácticamente, no es algo que se me presentara. Los Javis me conocen y me propusieron contar esta parte de mí, la salud mental, la disforia. He tenido muchos problemas con eso. Hice la transición muy mayor y hay veces que me vi en esas. ¿Ahora dónde encajo? ¿Dónde me voy a mover, dónde voy a ligar? ¿Dónde me van a querer? ¿Dónde me van a querer en general? Es en el fondo la cuestión de cómo vas a encajar en el mundo siendo una mujer trans.

P. “Dónde me van a querer”. Ahí está todo, ¿no?
R. Para mí la vida es eso. El trabajo que tenemos, las cosas que queremos conseguir, es porque queremos sentirnos aceptados, pertenecer a algo, y eso conlleva que los demás nos quieran. Cuando hablan de amor propio pues bueno. Sin el de los demás tampoco hay amor propio posible. Si tú sientes que el entorno en el que te mueves es hostil, te genera una vida infeliz.

P. En la serie, y también en su vida, esa infelicidad se traslada al plano físico.
R. Es muy común castigarse físicamente cuando nos pasan cosas feas por dentro. Sacha todo lo achaca a que no es lo suficientemente cis, o que los demás no la van a percibir como la mujer que ella siente que es. Se compara con su novia, que es cis, y siente miedo de que la deje porque no es lo suficientemente mujer. Esa inseguridad al final destruye todo lo que tienes alrededor. Las relaciones con tus amigas, con tu pareja, el trabajo. Entras en un bucle, es algo muy oscuro. Yo he sobrevivido gracias a eso. A mis amigas, y a mi madre, y a mi familia.

P. A eso que ha sobrevivido, ¿cómo lo definiría?
R. A querer morirme. Literalmente. O sea, yo, muchas veces, bueno, no sé si…

P. ¿Paramos y se lo piensa?
R. No quiero pensármelo tampoco, la verdad. Es lo que yo he sentido. Me he querido morir varias veces ya a lo largo de mi vida, porque he concluido: ‘Si esto es lo que la vida me ofrece, no lo quiero. No quiero estar sufriendo’.

P. ¿Sufría por el rechazo externo o interno?
R. Llegó un momento en el que ya no sabía. Si todo el rato te están diciendo que qué asco, lo que llega a tu cabeza es eso. Que qué asco. Que nunca vas a tener una vida normal, que no eres querible, que no eres lo suficientemente deseable. A nadie le interesa tu dolor. Nadie te comprende. Los demás son cis y tú eres trans.

P. Y eso, dice, que envenena hasta a sus amigos.
R. Cuando hablo con mis amigas de las cosas que me han pasado con los chicos cis heteros, siempre aparece siempre alguna amiga cis que quiere empatizar contigo, pero te dice: ‘Ya es que esto a mí no me parece para tanto...’. Es que es exactamente no lo mismo para ti que para mí.

P. Alguien te quiere ayudar, y tú tienes que decirle: ‘Es que hay una barrerita’.
R. Incluso cuando la gente te quiere ayudar es difícil. Al final solo te va a entender otra hermana, ¿sabes? Otro hermano, otre hermane. Todo ese dolor, ¿qué haces con él? ¿Qué haces con él?

P. Una carrera como maquilladora, se ve. O una serie.
R. He sufrido mucho por este tema pero la oportunidad de hacer una serie, de estar haciendo esta entrevista, cosas que ayudan, que contribuyen, le da un sentido a ese dolor. Imagina que alguien se siente identificado con esto y lo lee en el periódico, que dice: “Joder, esta mujer trans está en la contraportada de El País contando cosas que resuenan en mí”.

P. Usted no está en la contraportada de El País por ser una persona trans. Está aquí por ser una maquilladora de primer nivel y actriz en una de las series del mes.
R. Me alivia que se enfoque así. Cuando empecé mi transición, le decía mi psicóloga: ‘¿Pero mi vida se va a reducir ahora a hablar de esto?’. En mi vida personal, el que yo sea trans ya no está tan, tan presente. En mi trabajo... Es algo que parece que llevas como en la frente. La mujer trans. En fin, tengo interiorizado que el tema, por ahora... está ahí, está ahí. Es el momento de hablar de esto y de que lo hagamos nosotras.

P. Porque las historias trans de la vida real no siempre son tan trágicas como dicen los estereotipos.
R. Es lo que quería mostrar con Sacha. El camino a encontrarte como persona, algo que se traslada no solo a una persona trans sino a cualquiera. Todos nos divorciamos, envejecemos, nos mudamos, tenemos pérdidas, todos tenemos duelos que afrontar. Y lo que sale al otro lado siempre me ha parecido mejor. Como te decía, yo me he visto diciendo: ‘De aquí no salgo, se ha terminado’. Ser un poco kamikaze y pensar: ‘’Pos’ venga, me quedo en la fiesta un rato a ver qué sale, si total ya está todo perdido, pero...’.

P. Pero pensando que cualquier día coge el abrigo y se va.
R. Y luego pasan cosas maravillosas.

P. ¿Qué aspecto tienen esas cosas maravillosas?
R. Estoy descubriendo que la felicidad es estar tranquila. He buscado la felicidad en muchos sitios, en muchas personas, en muchas aventuras, y resulta que todo es rodearte de un grupo de gente que propicie tu tranquilidad, tener una pareja que te cuide, y un proyecto de vida a largo plazo y con valores. No estoy viendo a casi nadie, me cuesta mucho socializar últimamente, y la rutina de ir a eventos o a fiestas ahora no me apetece. Tengo una vida bastante aburrida que aprecio un montón.

P. ¿La maquilladora se ha hartado de las máscaras?
R. Me he hartado de dar explicaciones, de ir a sitios que no me apetece ir, de hablar con gente que no me interesa y de estar en situaciones que veo absurdas. Me apetece estar más con mi perra, viendo una peli, con mis tres amigos que ya me entienden. La madurez a todo el mundo le lleva ahí.

sábado, 1 de julio de 2023

#hemeroteca #trans #testimonios | Nacha Sánchez, trans de ‘Vestida de azul’, vuelve a la tele con los Javis

Nacha Sánchez //
Nacha Sánchez, trans de ‘Vestida de azul’, vuelve a la tele con los Javis

Alex Ander | El Asombrario, 2023-07-01

https://elasombrario.publico.es/nacha-sanchez-trans-de-vestida-de-azul-vuelve-a-la-tele-con-los-javis/ 

‘Vestida de azul’ (1983), de Antonio Giménez-Rico, ha pasado a la historia como el primer documental español protagonizado por mujeres trans que se estrenaba en salas comerciales. De las seis protagonistas del filme, cuatro de ellas fallecieron en los siguientes años por complicaciones derivadas del sida. Una de las dos supervivientes, Josette, se retiró del espectáculo y en los años 90 regresó a su identidad masculina. La otra, Nacha Sánchez, lleva una vida tranquila en Vigo y acaba de participar en el rodaje de ‘Vestidas de azul’ (Atresplayer), la serie de los Javis que explorará la difícil situación de las mujeres trans en la España de la Transición. Hemos hablado con Nacha (Madrid, 1962): “Estoy dispuesta a aceptar todo lo que me ofrezcan, menos a hacer series sobre guarrerías y putiferios”.

‘Vestida de azul’ (1983) ha pasado a la historia como el primer documental español protagonizado por mujeres trans que se estrenaba en salas comerciales. En un primer momento, su director, Antonio Giménez-Rico, pensaba rodar una película de ficción. Sin embargo, cambió de opinión cuando empezó a documentarse para escribir el guion y comprobó la triste y brutal realidad de las personas trans de la época, quienes, en muchos casos, debido a la escasez de oportunidades laborales, se veían abocadas a la prostitución callejera (o, en el mejor de los casos, el cabaré, donde los empresarios de las salas de fiesta que las contrataban buscaban exhibirlas como fenómenos de feria).

«Esta película la hice con mucho amor», contó luego el cineasta en el libro ‘Vestidas de azul’ (Dos Bigotes). «Es un mundo que nada tiene que ver conmigo, pero no se juzga a nadie. En un principio podría haber tenido morbo, pero luego la ves y no hay morbo alguno. Se presenta una realidad, esos chicos que deciden ser chicas con todas sus complicaciones. Mi acierto fue no hacer una película moral, sino una película documental».

De las seis protagonistas del filme, que se estrenó en el Festival de Cine de San Sebastián y funcionó bastante bien en taquilla, cuatro de ellas fallecieron en los siguientes años por complicaciones derivadas del sida. Una de las dos supervivientes, Josette, que frente a la cámara protagoniza un curioso reencuentro con quien entonces era su ex mujer en la vida real, se retiró del espectáculo y en los años 90 regresó a su identidad masculina. La otra, Nacha Sánchez, lleva una vida tranquila en Vigo y acaba de participar en el rodaje de ‘Vestidas de azul’ (Atresplayer), la serie de los Javis que explorará la difícil situación de las mujeres trans en la España de la Transición. Hemos hablado con Nacha (Madrid, 1962).

¿Tuviste dudas a la hora de aceptar aparecer en la serie de los Javis?

No, ninguna. Sucedió de la mano de Valeria Vegas, con la que participé en la semana del Orgullo en Pontevedra. En un principio, los Javis no me querían, porque me quisieron dar un papel para hacer de puta en el Parque del Oeste en ‘Veneno’ y les dije que no. Cuando empezaron a buscar gente para su nueva serie, Valeria les dijo que yo debía estar en ella. Me llamó un día Javier Ambrossi y me invitó a viajar a Madrid para conocernos. Cuando me presenté allí, las guionistas me hicieron una prueba. A mí no se me da bien la lectura, pero me dijeron que tanto ellas como Valeria me querían en la serie, y que tenía que estudiar el guion, aunque luego no lo siguiera al pie de la letra. A partir de ahí, se portaron muy bien conmigo: me dieron dinero para mis gastos, me pagaron hoteles y me llamaron varias veces. En una de las llamadas, me explicaron que Penélope Guerrero iba a hacer de Nacha en la época de 'Vestida de azul'. La chica exigió conocerme antes de firmar su contrato, así que volví a Madrid para ello. Ahí ya les pregunté si realmente pensaban contratarme o solo me querían para que les diera información de cara a la escritura del guion. Al rato, el principal productor me llamó y me dijo ‘Mira, Nacha, yo no tengo un papel en la serie para ti, pero sí te ofrezco una colaboración especial y un capítulo entero’. Es cierto que yo salgo solo al final, pero realmente aparezco en toda la serie, porque esa chica que hace de mí está representando mi vida.

¿Y cómo ha sido el rodaje?

Al final han sido 15 sesiones, más tres especiales que se han grabado. Me pagaron un dinero bastante considerable y me han tratado divinamente, aunque no me ha gustado mi vestuario en la serie. Decían que, al ser la estrella de la serie, tenía asignado un color concreto. Me tocó el dorado, pero ese es un color que no me gusta para nada.

En su día fuiste amiga de Cristina la Veneno. ¿A ti te pasó como a ella, que durante su etapa como prostituta callejera se ganó el respeto de sus compañeras a base de broncas y alguna que otra hostia?

No, yo nunca me he peleado con nadie. Solamente tuve problemas con la famosa Manola, que me odiaba. El respeto no me lo gané peleando con nadie, sino ayudando a la gente, dando consejos, acogiendo en mi casa a las personas que no tenían dónde vivir… Cristina era muy agresiva. A ella vinieron a agobiarla y atosigarla porque, de la noche a la mañana, se convirtió en una bomba de tía. Encima, ella tenía un carácter muy malo. Se reía de la gente fea y se creía que era la mejor.

A raíz de su muerte, el movimiento asociativo de las personas trans empezó a reivindicar a Cristina, después de haber pasado muchos años rehuyéndola. ¿Entiendes su postura?

Hombre, muy buen ejemplo no daba. Cristina no gusta hoy a todo el mundo. La que gusta es Dana [Daniela Santiago], la actriz que hace de Cristina en ‘Veneno’. Cristina era muy buena persona, pero tenía un carácter terrible. Justo estás hablando con la única persona que nunca tuvo un problema con ella. Los primeros pendientes que tuvo se los regalé yo. Ella no bebía ni se drogaba nada entonces, fue al final de su vida cuando le dio por esas locuras.

Creo que tenías apenas 14 años cuando te escapaste de casa.


¡Tenía 13! Justo ayer lo estaba comentando con mi hermana, que también es una mujer trans y ahora cuida de mi madre, que tiene demencia senil. Mirábamos fotos antiguas y hablábamos de lo diferentes que eran mi padre y mi madre. De niña, me peleaba todos los días con él. Por las noches me escapaba, me iba de petardeo y tenía otra hermana que luego me abría la puerta. Una noche, mi padre me pilló y me pegó una paliza. Después de eso le dije: ‘Bueno, creo que me voy a ir con unos amigos míos de vacaciones’. En realidad, cogí un dinerito que tenía ahorrado y me fui a Barcelona.

¿Con qué apoyos contaste cuando empiezas en Barcelona tu proceso de transición social y modificación corporal?


Al principio fui con unas personas a un hotel y, cuando me vine a dar cuenta, todas ellas desaparecieron de allí sin pagar la cuenta. No tenía dinero, pero sí tenía algo de plata, porque entonces me gustaba mucho, así que tuve que venderla para poder pagar la cuenta del hotel. Después me tiré a la calle para ver qué hacía o qué no hacía. Ahí me encontré con una mariquita de Huelva, Toñi ‘la Pómulos’, que me vio sentada en un banco y me preguntó qué me había pasado. Me dijo que me fuera con ella a su casa, donde vivían cuatro o cinco chicos que por las noches salían a prostituirse por el Boulevard Rosa de Barcelona. Un día me fui con ellos, pero no conseguí ningún cliente vestida de hombre. Pasaron dos o tres días ayudándome y luego, una noche, me picó la curiosidad y me asomé a una calle que había por delante para ver por qué pasaban tantos coches por ahí. Me encontré en la puerta del hotel Calderón con una mujer enorme, vestida con un abrigo de piel, que empezó a hablar conmigo. Me dijo: ‘Lo que tienes que hacer si te sientes más chica que chico es esto, y si quieres venirte por aquí, te echaré una mano’.

Esa misma noche, cuando ya me iba para casa, encontré en un contenedor de basura unos zapatos y un vestido, y los cogí. Al día siguiente les dije a los chicos con los que vivía que iba a salir con ellos, pero que esta vez me iba a poner a trabajar con aquellas chicas, que yo ni sabía que eran travestis o trans. Así fue como empecé en la prostitución, con 13 o 14 años. No podía vivir del aire, y no encontré otro medio. Entonces ganaba dinero y todo era barato. Recuerdo que pagaba 80 o 90 pesetas de pensión más 150 pesetas de comida, pero que igual conseguía hacer 10.000 o 15.000 pesetas trabajando.

¿Tu familia sabía a qué te dedicabas?


Sí. Mi familia lo sabía perfectamente. No lo aceptaban, porque eso no lo acepta nadie, pero tampoco me lo criticaban. Procuraba además hacerlo discretamente y, de hecho, pasé muchos años viviendo fuera. Cuando vivía en Madrid, tenía primos taxistas que le decían a mi padre: ‘Uy, hemos visto a tu hijo vestido de mujer en la calle’, y otras cosas así, por lo que decidí quitarme de en medio. He estado viviendo en Italia, Francia, Suiza, Alemania, Austria... Me lo he recorrido todo.

¿Y dónde dirías que has sido más feliz?

Ay, no sé. Creo que aquí, en Vigo, porque es donde mejor me encuentro. En todos los sitios en los que he vivido ha habido muchas drogas, mucho alcohol y mucho vicio. En esta ciudad, a la que ya vine hace 40 años para trabajar en un espectáculo, la mentalidad de la gente es muy abierta. Los gallegos son los primeros que han viajado por el mundo y lo han visto todo.

¿Qué relación has mantenido tú con el alcohol y las drogas?

¡Yo me he drogado como loca y he bebido como loca! Pero ya hace como cinco o seis años que dejé de hacerlo. Vendí un piso que tenía en Madrid para poder operarme del pecho, porque lo tenía muy duro y resulta que por dentro estaba con necrosis. Si no me lo llego a cambiar entonces, hoy estaría muerta. El médico tuvo que arrancarme la silicona de los huesos y aquello me dejó destrozada. En ese momento decidí que no iba a volver a meterme una raya ni a beberme un whisky. Ahora, cuando bebo, me pongo malísima y me da como asco. Cuando me meto una raya, tengo la sensación de que ese pecho que el médico me arregló como pudo se me va a salir de su sitio.

Además, me he hecho mayor. Ahora soy muy casera, me gusta hacer mi comida, ir a hacer la compra y estar tranquila. Como he conseguido tener una buena pensión, tengo un dinero guardado y además hago muchas cosas, no necesito salir a la calle. Además, salir solo sirve para discutir con las demás ‘maricas’, porque el alcohol y las drogas siguen existiendo y la que no los toma se siente desplazada. Por otro lado, la prostitución callejera murió a raíz de la pandemia. Ya no hay trabajo y, sinceramente, para salir a ganar 20 euros, prefiero administrarme un poco mejor y no hacerlo.

¿Pasaste mucho miedo durante tus comienzos en la calle?

No, porque yo entonces era tan atrevida como lo soy ahora. A mí me echaban de todos los sitios, porque no tenía tetas (me ponía unos calcetines) y no te puedes ni imaginar lo guapas que eran las transexuales que había en esa época en Barcelona. Luego, poco a poco, fui haciendo amistad con una y con otra. No he pasado miedo nunca en la calle, aunque sí me han pasado muchas cosas. Me han robado, me han puesto una pistola en la cabeza, y hasta me han llevado en el coche a un lugar en el que había tres o cuatro hombres más que han hecho conmigo lo que han querido y luego no me han pagado.

¿A qué se debe tu mote ‘la Poderosa’?

Ese mote me lo pusieron estando ya en Madrid, donde empezaron a llegar muchas chicas de las Canarias, que tienen otra forma de hablar. Cuando acabábamos de trabajar, nos íbamos a cenar o a la discoteca. Allí sacaba el dinero de mi cartera y me ponía a frotarlo mientras decía: ‘¡Qué poderío!’, y ahí es cuando las otras empezaron a llamarme ‘la Poderosa’. Luego, además, soy una tía que ha ganado mucho dinero y que ha guardado mucho también. Igual me compraba un bolso bueno y me quedaba luego sin comer. Tuve buenas joyas, buenas pieles y apartamentos divinos. Ahora no, ahora vivo de alquiler, porque cuando me operaron de la uretra tuve dificultades y necesité vender para no tener que pedir nada a nadie.

¿Cómo apareció en tu vida Antonio Giménez-Rico?

Apareció porque, cuando trabajaba como prostituta, hice un reportaje para televisión titulado 'Alma de mujer' que él vio. Me reuní con él y con otro productor, me dijeron lo que estaban preparando y les dije que sí. Luego conocí muy bien a Giménez-Rico, que conmigo fue el hijo de puta más grande del mundo. A nosotras no nos quería, para él éramos un negocio. Nunca me he llevado bien con él. Cuando presentó el libro de Valeria Vegas con ella, dijo que yo pasé de ser un ser humano tranquilito y normal a convertirme en un monstruo de la cirugía estética y de las joyas. Nunca le caí bien, porque soy muy descarada y si hay algo que no me gusta, lo digo.

Por ejemplo, en la serie que acabo de hacer, tuve que pasar 14 horas rodando una de las secuencias. Cuando me enseñaron los zapatos que tenía que llevar puestos, les dije que no rodaba así, porque necesito llevar algo con lo que me sienta cómoda. Querían que saliera al lado de las otras chicas, que miden 1,80, con unos taconcitos bajos, dando el aspecto de señora mayor que trabaja de puta callejera y está ya como acabada. Podré tener 60 años, pero me gusta ponerme zapatos con tacón de 18 centímetros y me muevo divinamente con ellos. Los de vestuario lo consultaron y lo acabaron entendiendo. Al final salgo con unos tacones que me permiten estar a la misma altura que las demás. No hay dinero suficiente para que alguien me diga lo que tengo que hacer.

¿Desconfiaste en algún momento del resultado final del documental ‘Vestida de azul’?

Sí, siempre dudé. El día que la vimos por primera vez, en San Sebastián, lloré y me asusté. Nada más empezar el documental, se nos ve pegándonos con la policía. Mi vida tenía que continuar, y yo debía seguir acudiendo a esos mismos sitios en los que había rodado el documental. Me daban miedo las represalias, que pudieran pasar por mi lado y pegarme un tiro en la cabeza por haber hecho aquello. Recuerdo que un día aparecieron dos coches llenos de gitanos que se bajaron y me preguntaron dónde estaba Tamara. Les dije que no lo sabía, y uno de ellos comentó a otro: ‘Pues córtale los huevos a este maricón’. El documental era tremendo. Tanto, que al cabo de seis meses dejó de poder verse.

‘Veneno’ cosechó un gran éxito a nivel nacional e internacional. ¿Estarías preparada para convertirte en una estrella?

Me siento preparada, pero veo un poco difícil que la serie pueda competir con ‘Veneno’. Aunque la idea de todos los productores con los que he hablado es que tiene que superarla. No sé, podría ser. A fin de cuentas, ‘Veneno’ habla de una sola vida, pero ‘Vestidas de azul’ cuenta muchas historias. Aunque ya estoy algo mayor para estas cosas, estoy dispuesta a aceptar todo lo que me ofrezcan, menos a hacer series sobre guarrerías y putiferios. Si es para hacer cosas de ese tipo, mejor que se olviden de mí.

viernes, 11 de febrero de 2022

#hemeroteca #inmemoriam | Muere de cáncer Isabel Torres, protagonista de la serie 'Veneno', a los 52 años

El Confidencial / Isabel Torres interpretando a La Veneno //

Muere de cáncer Isabel Torres, protagonista de la serie 'Veneno', a los 52 años.

En noviembre ya anunció en sus redes sociales que los médicos le habían dado dos meses de vida tras agravarse el cáncer de pulmón que sufría desde 2020.
Pablo R. Roces | El Mundo, 2022-02-11
https://www.elmundo.es/cultura/2022/02/11/62062d38fc6c83e01e8b4607.html

"He intentado desde pequeñita ser quien quería ser". Nadie podría definir mejor la trayectoria vital de Isabel Torres de lo que ella misma lo hizo en noviembre de 2021. Así han sido los 52 años de vida de la actriz principal de Veneno, que este viernes ha fallecido al no superar un cáncer de pulmón diagnosticado ya en 2018.

Hubo que esperar a 2020 y a la serie de Los Javis para Atresmedia sobre Cristina Ortiz para que el mundo -con la ficción siendo exportada a Estados Unidos- conociera verdaderamente a una mujer cuyo recorrido vital ya era extenso. "Todavía te veo en cada recuerdo, en cada mirada cómplice en el rodaje, en cada baile cuando podíamos, en cada ensayo", ha recordado este viernes Javier Ambrossi.

"Sin darme cuenta he hecho de mi vida una batalla que no sé si terminará pronto o más tarde", reconocía el pasado noviembre en ‘Sálvame Deluxe’. Duró poco, pero mucho ya había quedado. Porque Isabel Torres fue la primera mujer transexual cuyo DNI se adecuó a su género en Canarias con la aprobación del Tribunal Superior de Justicia de Canarias. Fue en 1996 cuando su verdadero nombre se estampó en su documento: Isabel Torres.

Y ahí empezó la verdadera vida de una mujer y activista por los derechos trans que un año después sería portada de Interviú; en 2005 aspiraría a ser la primera mujer trans en convertirse en la reina del Carnaval de Las Palmas, y en 2010 llegaría a presentar en Antena 3 Canarias su propio programa: ‘Nos vamos pa la playa’. "Quienes la llegamos a conocer sabemos el gran ser humano que era: amor, ternura y corazón gigante", ha destacado Carla Antonelli, primera diputada trans en España.

Y en los momentos más duros, cuando el cáncer la obligaba incluso a frenar su vida por los dolores, la asaltó la fama. Su papel de una Veneno madura en la ficción de Los Javis le valió un Premio Ondas como mejor actriz principal junto a sus compañeras Daniela Santiago y Jedet. Las tres caras de Cristina Ortiz. En femenino, que el matiz es importante.

Fue justo unos días antes de la entrega del galardón cuando la actriz y activista relataba a través de sus redes sociales que el cáncer que sufría era terminal y no podría acudir a recogerlo. "En principio, me han dado dos meses de vida, vamos a ver si los supero y, si no, qué vamos a hacer", contaba en un vídeo de Instagram. Finalmente fueron casi tres antes de que este viernes su familia informara de su muerte.

Con el Ondas en su casa, eso sí. En su intervención en Telecinco en noviembre, la última pública de Torres, el secretario general de los Premios, Jaume Serra, entró en directo a través de una pantalla para que el caballo dorado llegara a manos de la actriz. "No sé si me lo van a dejar llevar en el avión, pero yo me lo llevo", aseguraba entre lágrimas. "Yo creo que ha sido una de las maneras más originales de entregar un Premio Ondas", concluía.

Ese era el Premio Ondas para aquellas mujeres trans que estuvieron antes, cuando el debate ni siquiera era público. El de aquellas a las que ‘Veneno’, a través de Isabel Torres convertida en Cristina Ortiz, fue rescatando del olvido. Para el recuerdo aquella conversación de Torres con Lola Ortiz.

-Valeria, ¿Es bonita mi vida?
-Es preciosa
-Pues léemela otra vez.

La suya también se podría leer una y otra vez.

Y TAMBIÉN…
El impactante mensaje de Isabel Torres ('Veneno'): "Me han dado dos meses de vida".

La actriz canaria ha publicado un vídeo en el que se despide de todos sus seguidores tras comunicar que su estado de salud ha empeorado notablemente en los últimos meses.
Xabier Migelez | El Confidencial, 2021-11-15
https://www.elconfidencial.com/television/series-tv/2021-11-15/isabel-torres-actriz-veneno-despedida-cancer-pulmon_3324425/

miércoles, 30 de septiembre de 2020

#hemeroteca #trans | La Veneno no es un ejemplo para las personas trans

Imagen: La Voz del Sur / Fotograma de la serie 'Veneno'
La Veneno no es un ejemplo para las personas trans.
Raúl Solís | La Voz del Sur, 2020-09-30
https://www.lavozdelsur.es/opinion/veneno-no-es-ejemplo-personas-trans_250044_102.html

Estoy viendo la serie ‘Veneno’ y, antes que nada, admito que me está gustando mucho, que la estoy disfrutando y que estoy empatizando con Veneno, que al fin y al cabo es el objetivo de la producción de Los Javis. Me está gustando que se esté reflejando que ninguna mujer, ni trans ni cis, nace para puta, que nadie acaba en la prostitución porque quiere, sino que la sociedad las obliga levantándole un muro de exclusión laboral que es insalvable por subvertir las normas patriarcales del género.

Sin embargo, se repite en mí un malestar cada vez que termina un capítulo que tengo la necesidad de expresar, sin que ello signifique una crítica a la serie de Los Javis, gracias a la cual se va a dar visibilidad a la realidad trans. Veneno no es ningún ejemplo para las mujeres trans. Es más, espero que las chicas trans jóvenes vean en Veneno un ejemplo de cómo no afrontar sus vidas. Convertir a Veneno en una heroína, como se pretende, es hacer recaer en las mujeres trans todo el peso y la responsabilidad en la consecución de sus derechos y dignidad humana. Veneno no es un ejemplo de nada, pero tampoco es una heroína. Simplemente fue una superviviente que lo hizo lo mejor que pudo.

Veneno no hizo nada rompedor. Es más, todo lo que hizo fue tan aplaudido porque sirvió para perpetuar los clichés y prejuicios que la sociedad española tenía de las mujeres trans hace 20 años. Rompedor hubiese sido que con el dinero que ganó en televisión hubiese creado una fundación para favorecer la igualdad de las personas trans y luchar por sus derechos, que por entonces ni siquiera existía la posibilidad de cambiar el nombre en un DNI, ponerse a estudiar lo que de joven no le permitieron o invertir todo el dinero que ganó en un proyecto de futuro.

Rompedor hubiese sido crear una red de camaradería en el Parque del Oeste, no arrancarle el pezón de una teta a otra prostituta con la que rivalizó con ella por el espacio. Rompedor hubiese sido transformar toda la rabia acumulada por su infancia trágica en solidaridad, empatía y hermanamiento con sus iguales, no ir armada con una hoz en el bolso.

La serie Veneno da la impresión de que las mujeres trans sólo se pueden salvar desde la violencia, la exaltación de lo burdo, la hipersexualización y el individualismo. En una sociedad donde hubiese triunfado el modelo Veneno, las personas trans seguirían siendo miradas como un circo y no tendrían ni uno solo de los pocos derechos que tienen en la actualidad. Veneno entretuvo, pero no cambió en un milímetro la realidad de las personas trans. Es más, podríamos decir que el modelo Veneno ha servido para perpetuar la marginalidad que sufre el colectivo trans. Entre Veneno y Bibiana Fernández hay una amplia gama de mujeres trans que nunca han formado parte de la representatividad de lo trans.

Veneno gusta y queda bien en pantalla porque está completamente despolitizada, hipersexualizada, convertida en una caricatura perfecta de lo que le agrada al discurso dominante y que ha servido históricamente para encasillar a las personas transexuales. Precisamente por esta razón, porque es un cliché que legitima la imagen marginal que la sociedad tiene de las mujeres trans, Veneno es fácil de convertirla en una marca comercial que incluso puede gustarle a quienes niegan los derechos trans.

La vida individual de cada uno es muy importante para cambiar la realidad individual, pero lo que cambia el mundo es hacer piña, agruparnos, juntarnos, tener conciencia de que somos desiguales y enfrentarnos al poder que nos explota, oprime o domina de forma colectiva. La Veneno vivió como pudo, seguro que lo hizo lo mejor que pudo, y su vida merece ser contada para que este país sepa, sobre todo ahora que vuelven los discursos transfóbicos, todo lo que han sufrido las personas transexuales por conquistar su derecho a ser, pero Veneno no es un ejemplo de nada, salvo de sobrevivir a un mundo hostil.

Si en este país las personas trans tienen derechos –pocos— es porque ha habido mujeres y hombres trans que se han comportado en sentido contrario de lo que la transfobia esperaba de ellos y ellas y porque ha habido gente que de forma generosa se ha politizado. Las vidas de estas mujeres trans no caben en una serie, pero es gracias a su lucha colectiva y no a su vida individual por lo que las nuevas generaciones trans van a ser más felices que lo fue Veneno.

sábado, 28 de marzo de 2020

#hemeroteca #televisión #trans | ‘Veneno’: Una biografía luminosa de las sombras

Imagen: El País / Fotograma de 'Veneno'

‘Veneno’: Una biografía luminosa de las sombras.

Atresplayer Premium estrena este domingo el primer episodio de la serie de Javier Calvo y Javier Ambrossi, en la que se acercan a la cultura popular sin cinismo.
Guillermo Alonso | El País, 2020-03-28
https://elpais.com/television/2020-03-27/veneno-una-biografia-luminosa-de-las-sombras.html 

El anuncio de que el dúo de Javier Calvo y Javier Ambrossi iba a contar la vida de Cristina Ortiz, La Veneno, en una miniserie (‘Veneno’, cuyo primer capítulo llega a Atresplayer Premium el domingo 29, el resto de la serie tendrá que esperar a después del estado de alarma) fue tan sorprendente como previsible. Por un lado, La Veneno está en el lado opuesto al universo de estos creadores. Ella era autodesprecio, marginalidad y bravura; ellos, orden, brillo y afectividad. Por otro lado, tenía sentido: la muerte de Cristina en 2016 la convirtió en una diosa pagana y Calvo y Ambrossi son el máximo exponente de ese paganismo de nuevo cuño en el que cualquier cosa (‘Médico de Familia’, Amaia o un torrezno) es susceptible de elevarse a la categoría de icono instantáneo. Su acercamiento a esa modernidad, curiosamente, resulta bastante conservador: travestis, prostitutas, gordas, chonis y macarras buscan, al final, la redención, el perdón, el conocimiento. Quieren ser personajes de Gregg Araki, pero pasan por el mismo arco dramático que los de Doris Day. No es necesariamente malo, vaya: se llama estilo y ese es el suyo.

Calvo y Ambrossi han sido de los primeros que se han acercado a la cultura popular española contemporánea sin ápice de cinismo (incluso Almodóvar, alguien tan pegado a lo popular en sus películas del pasado, ha tratado la televisión en sus películas con distancia condescendiente). Por ejemplo, cuando la trama de ‘Veneno’ se desarrolla en 1996, mientras Cristina es descubierta por ‘Esta noche cruzamos el Mississippi’, la redacción del programa de Pepe Navarro es rodada —qué buena esa secuencia de Lola Dueñas llegando al plató— como si fuese la de ‘The Washington Post’. Esa épica puede ser exagerada, pero también bienvenida: celebremos que estén haciendo entretenimiento gente que sabe que el entretenimiento es una cosa muy importante.

La otra línea argumental del primer episodio salta a 2006, diez años después, cuando la vida de La Veneno ha dado un giro radical y se ha convertido en un despojo que vive de prestado en la casa valenciana de su amiga Paca la Piraña (que, haciendo de sí misma, es la gran revelación de todo esto). Allí es descubierta por Valeria, que es autora de las memorias en las que se basa la serie y a la vez personaje principal de la misma. Valeria (Vegas), fascinada desde pequeña con La Veneno, sigue su consejo a la hora de iniciar su propia transición. En cualquier otra serie el espectador se preguntaría preocupado si una exprostituta y expresidiaria es la persona ideal para aconsejar a una adolescente confundida. En esta, no hay que temer: todo el mundo es bueno.

No aparece demasiado La Veneno joven en este primer episodio y eso contribuye a retratarla como una superheroína que viene y va de entre las sombras (preciosos esos momentos en los que su halo angelical es, en realidad, la luz del coche de un cliente que espera a recibir una felación a cambio de 5.000 pesetas). No es el caso de La Veneno mayor, que sí aparece y regala los mejores momentos del episodio. Si en la subtrama de 1996 Cristina rechaza la fama, en la de 2006 la añora con urgencia e invita a merendar a la única fan que llama a su puerta.

A veces, la serie parece esa Veneno mayor: se la ve desesperada por meternos en su casa y ofrecernos magdalenas. Los seguidores de Calvo y Ambrossi los aceptarán encantados. El resto mirará con recelo ese estilo diabético que se convierte a menudo en una plantilla: cada diez minutos un personaje vive una revelación mientras suena un piano suave y una voz se empeña en verbalizar el entrelineado que llevamos viendo una hora. Con ustedes, lo mejor y lo peor de ‘Paquita Salas’, un producto que es en sus mejores momentos una adaptación cariñosa y divertida y en los peores una maraña de luces de neón fagocitando un contenedor.

Es magnífico que esta serie exista y que vaya a ser vista por mucha gente joven. A los otros, a los cascarrabias, permítasenos fantasear con lo que podrían haber hecho Eloy de la Iglesia, Carlos Saura o Bigas Luna con el mismo material.

sábado, 21 de marzo de 2020

#hemeroteca #trans #testimonios | La Veneno vuelve a la tele

Imagen: El País / Cristina Ortiz 'La Veneno'
La Veneno vuelve a la tele.
Eran los noventa y aquella mujer soez y orgullosa era puro descaro. Ahora, Los Javis recuerdan ahora la vida de Cristina Ortiz, el primer rostro trans para millones de espectadores.
Tom C. Avendaño | EPS, El País, 2020-03-21
https://elpais.com/elpais/2020/03/18/eps/1584529029_763824.html

“En memoria de Cristina Ortiz, La Veneno, valiente mujer transexual visible en los noventa (1964-2016)”. Ahí estaba el lugar en la posteridad de la difunta trans más famosa de España. Una placa conmemorativa que el Ayuntamiento de Madrid instaló el 9 de abril de 2019 en la fuente de Juan de Villanueva, en el parque del Oeste, donde ella trabajó durante años. La primera a la memoria de una persona transexual. A la semana siguiente había desaparecido. El Ayuntamiento la ha tenido que reponer ya varias veces.

El 29 de marzo habrá más que una placa. Atresmedia estrenará 'Veneno', una serie creada por Javier Ambrossi y Javier Calvo en la que se cuenta esa vida, la de la trágica, ordinaria y heroica Veneno en todo su malhablado esplendor. Es todo un ejercicio en ambición. Sus creadores pasan del plató lleno de amigos de ‘Paquita Salas’ (Netflix), su anterior serie, a una gran producción con 132 actores, 200 figurantes por capítulo y 150 técnicos. Para Atresmedia es la apuesta del año, el primer gran proyecto de su nueva plataforma de pago Atresplayer Premium. En ocho caros capítulos se verán los orígenes del personaje en las calles de Andalucía y Madrid; su forja en el salvaje ‘prime time’ de los noventa, junto a Pepe Navarro, y su caída en desgracia en la cárcel antes de morir de forma prematura hace tres años. Una actriz trans la interpreta en cada fase: Jedet, la cantante y escritora; Daniela Santiago, descubierta en un casting abierto por Eva Leira y Yolanda Serrano (las legendarias directoras de casting que hallaron a Dani Rovira o Bárbara Lennie), e Isabel Torres, presentadora canaria. Es un despliegue de oportunidades sin precedentes para actrices trans; también están en muchos puestos del proyecto. La puerta grande está abierta. La Veneno vuelve a la televisión.

“Es una historia sobre la importancia de los otros para construirnos a nosotros”, anuncia Javier Ambrossi en una pausa del rodaje, rodeado de figurantes con medias de rejilla y escotes liberales. Están recreando el parque del Oeste, el lugar donde está la placa. Ese matiz importa: en 'Veneno' se mira a la protagonista, pero también a los que la miraban a ella. “La base es la relación de La Veneno con Valeria Vegas, la periodista con la que escribió su biografía [‘¡Digo! Ni puta ni santa’, publicada en 2016]”. Valeria ve a Cristina como un referente. Para millones de espectadores, aquella mujer basta, soez y orgullosa de sí misma que se colaba en sus televisiones fue el primer rostro trans de sus vidas. Ahora volverá a las pantallas, convertida en mito ya desde la infancia. “No solo hay que hacer homenajes a la gente que es perfecta”, alerta Ambrossi. “Todos tenemos sombras”.

***

El primer “¡maricón!” no le dolió. José Antonio Ortiz López (Cristina usaba el masculino para hablar de su infancia) lo oyó con cuatro años, en 1968, mientras meaba en la puerta de su casa, en el barrio de Matagatos de Adra, un pueblo de Almería que hoy no llega a los 25.000 habitantes. No entendió qué era aquello que le decía el hijo de una vecina. Luego sí. “Maricón” se convirtió en el apellido de aquel niño afeminado con querencia por la ropa y el maquillaje de su madre. Ella, María Jesús Rodríguez Rivera, era la primera en llamárselo. Y en pegarle con una goma del butano, meterle la cabeza en el lavabo lleno de agua o mandarlo a la calle los días de lluvia. “Era la persona a la que más miedo he tenido en mi vida”, recuerda Cristina en sus memorias. “Teníamos en casa una escalera con una barandilla y hasta pensé en ahorcarme, pero no por el hecho de ser maricón, sino por el desprecio de mis padres”. Descubrió que “Maricón” es una palabra que corta por dos lados: por uno, pone en tu contra algo que amas; por otro, el más afilado, te impone tu lugar en la sociedad. Te convierte en ‘el otro’.

A los 13 años, Joselito dejó el colegio y durante una temporada recogió habichuelas para tener dinero. A los 15 se fue al pueblo de al lado, San Pedro de Alcántara. “No entiendo cómo quieren que le tenga cariño a mi pueblo”, escribe en su libro. Conforme avanzaba la adolescencia, se iba haciendo más evidente que lo de maricón era solo una parte de lo que le hacía diferente. Había más. “Por las noches le pedía a Dios que quería convertirme en una masa de harina y luego amanecer con un cuerpo de mujer con coño”, escribe. En España, en un pueblo, en los setenta, sin información a mano, no era fácil entender una pulsión transexual. Joselito la descubrió por partes. A los 16, en una discoteca gay de Torremolinos, tuvo una revelación: “Me quedé asombrada de ver unas mujeres espectaculares con los pechos al aire. Mi amigo Alfonso me dijo que eran travestis y me di cuenta de que quería ser como ellas”. A los 18, cuando estudiaba peluquería en Granada, le invitaron a actuar: se hizo un vestido con dos mantones de Manila brillantes, se puso una peluca y un cinturón, y cantó ‘Juntos’, de Paloma San Basilio.

En 1991, cuando con 27 años se acababa de mudar a Madrid y trabajaba en la cocina del hospital 12 de Octubre, tuvo otra revelación. Vio a una mujer rubia por la calle. Le preguntó qué era. Respuesta: una mujer. “Me dijo todas las hormonas que me tenía que poner (...). A mí me faltó tiempo para ir a la farmacia y ponerme las hormonas a carro, sin parar. Eso era alegría para el cuerpo”. Ya no respondería por Joselito.

***

Jedet interpreta a La Veneno más joven. Ella tiene 27 años: buena parte de la vida de su personaje la conoce solo de oídas. “Para mí La Veneno siempre ha estado ahí. Como Marilyn Monroe”, aclara. Ella ve a La Veneno de la forma en la que nos la presenta la serie: como un referente histórico. Alguien en quien fijarse para entender la experiencia trans. “Cuando era pequeña recuerdo que me acostaba rezando: ‘Ojalá, ojalá, mañana me levante y sea niña’. No sabía si era posible”, cuenta Jedet.

A esta gerundense, famosa gracias a YouTube, Instagram y Twitter y por varios ‘hits’ de música underground, la posibilidad de interpretar a Cristina le llegó al poco de iniciar su transición. Tuvo que ajustar el proceso al papel. “Paré las cirugías. Me cortaron el pelo, que parece una tontería, pero en esos momentos el pelo te da mucha seguridad. Lo tenía por aquí”, señala la mandíbula por debajo de la oreja, “y me veía muy femenina. Me tuvieron que hacer ras y hala, vuelta al corto. Perdí 15 kilos para parecerme más al personaje. Me quitaron los labios, que es algo muy doloroso físicamente. Te inyectan una cosa que te los quema. Me lo hicieron tres veces”. Jedet ha venido a la entrevista con su madre. La señala. “Hoy me decía: ‘A veces me preocupo pensando que esto te está afectando para mal’. Verte en las circunstancias difíciles del personaje. Le dije: ‘No, ella me está ayudando. Tuvo una vida muy dura, pero nadie la paró. Nunca fue una víctima’. Ella me da mucha fuerza”.

***

Cristina López Ortiz entró en la prostitución “con una cinta enroscada en la cabeza, una faldita de flores y una camiseta a juego de mangas de murciégalo, con unos zuecos rojos”. Era una tarde de finales de mayo de 1993. Su primer cliente le dio 2.000 pesetas. Las hormonas —que seguía tomando como el primer día: sin consultar con un médico— la iban transformando poco a poco. Luego llegaría la operación de pechos: “Me acuerdo perfectamente que entré en el quirófano muerta de contenta, cantando ‘El porompompero’”. La transformación estaba avanzada. Cristina se sentía reluciente. Pero había pasado del primer acto de la discriminación transexual, la social y familiar, de cabeza al segundo: la laboral. Ahí estaba, sin el trabajo del 12 de Octubre, entre los árboles del parque del Oeste, con decenas de otras prostitutas, peleando por ganarse el pan.

Esa pelea podía ser literal. Las compañeras se daban codazos, y más, entre ellas; los chulos llevaban cadenas, y de vez en cuando llegaban los cabezas rapadas a repartir palizas. Aquí el carácter que había afilado con los abusones de Adra se volvió más significativo que las tetas nuevas, el pelo rubio y el cuerpazo que estaba echando. Ese mal genio le valió su mote: La Veneno. Pero La Veneno no era solo una lengua viperina. “Como puta he sido muy lista, esa es la rabia que me tenían las demás”. Ella podía escoger a sus clientes y sacarles hasta 100.000 pesetas (600 euros). Aquellas grescas eran lo que buscaban las cámaras de ‘Esta noche cruzamos el Mississippi’, un programa ‘late night’ que presentaba Pepe Navarro en Telecinco. Se encontraron algo distinto. A una mujer de piel de rayos UVA, peluca caoba y vestida de rojo que se movía por el parque como si fuera su finca. “Eres una mujer de verdad”, le dijo la reportera. “Yo soy un semáforo y tengo un tiburón”, contestó La Veneno.

Navarro vio aquella grabación poco antes de que se emitiese. “Paré la imagen de repente”, recuerda hoy el presentador. “Le dije a mi equipo: ‘La quiero. Buscádmela”. La Veneno acababa de entrar en la televisión y en la historia.

“Conocí a Cristina por esa época, en el ambiente de Chueca, cuando vine a Madrid desde Málaga a trabajar en la noche, a los 17 años, para bailar o de camarera. A mí me abrió puertas. Nos las abrió a muchas, solo por estar en televisión. Sacó la valentía que reprimíamos”. Daniela Santiago, de 38 años, interpreta a La Veneno “empoderada”, como la llama. Es su primer trabajo como actriz, tras años bailando en discotecas y haciendo de modelo. Lo normal hasta hace poco es que no hubiera otra opción para gente como ella. Calvo y Ambrossi hicieron un casting abierto para encontrar caras desconocidas para el proyecto: la primera gran convocatoria televisiva para el talento trans español. Santiago se lanzó. “Visualizo lo que ella era, lo que ella me transmitía desde la televisión, e intento hacerlo igual. Sin imitarla, no soy imitadora profesional. Es que yo también soy así”.

***

La discoteca madrileña Joy Eslava se cerró al público una noche de 1996. Se celebraba la abarrotada presentación en sociedad de La Veneno, el nuevo fenómeno de la televisión. Su presencia en ‘Esta noche cruzamos el Mississippi’ ya era algo habitual y cada vez que aparecía daba una campanada de audiencias. La Veneno y su carácter encajaban perfectamente en la selva en la que se había convertido la televisión española con la llegada de las cadenas privadas, un purgatorio de marginados, teorías de la conspiración y gritos. “Pepe Navarro instauró el todo vale, el rebuscar en el estercolero personajes, ‘freaks’ y vergüenzas”, dice la periodista y analista de televisión Mariola Cubells. “Puso fin al lenguaje amable y guiones comedidos de la televisión pública. Empezaba la era del colaborador malhablado, la voz más alta, la palabra más gruesa, los tacos y los insultos. La calle en la tele. El público se lo comía sin pensar y sin entender lo que estaba viendo”.

Y se comía sobre todo a Cristina, que creó un mundo propio, con sus berrinches y su ‘tiburón’. “Era puro magnetismo”, dice Pepe Navarro. “La televisión exige algo que muy pocos tienen: la comunicación innata, que tu mera presencia, sin decir nada, llene la pantalla. Eso no se puede entrenar. Puedes depurar una técnica, pero Messi no se construyó: nació. Con Cristina era lo mismo”. La nueva famosa de España dejó la calle a petición del presentador: cobraba millones por aparecer en televisión y discotecas. Grabó un ‘single’, ‘Veneno pa tu piel’. Hizo un tour por Almería. En Adra no pudo bajarse del coche porque la gente se agolpaba a su alrededor. En Motril la recibió el alcalde y la hizo saludar desde el balcón. “Solo se me pasó una cosa por la mente: ‘¡Ay, Dios mío, si Franco levantara la cabeza!”, recordaría ella después.

En septiembre de 1997, Pepe Navarro se pasó a Antena 3 con ‘La sonrisa del pelícano’, más de lo mismo. Llamó a Cristina, que ya estaba trabajando para la cadena, en la serie ‘En plena forma’, donde hacía de profesora de aeróbic y posterior amante de Alfredo Landa. ‘El pelícano’ apenas aguantó dos meses en pantalla. Antena 3 declaró que violaba su código deontológico. Las llamadas a Cristina se hicieron más infrecuentes. Descubrió que sus managers llevaban años estafándola, aprovechándose de su costumbre de firmar papeles sin leerlos. Del primero, Javier Somavilla, contó: “Me dijo que mi caché era de 1,8 millones de pesetas, pero realmente él pedía un millón más”. Tras la televisión, le ofrecieron unos millones por rodar un par de películas porno. Aceptó.

***

A Cristina los hombres le gustaban problemáticos. Andrea Petruzzelli lo era. A este italiano sin oficio ni beneficio lo conoció en Madrid una noche de los noventa; al día siguiente se había instalado en su casa; al año ya tenían una rutina de ataques de celos y reconciliaciones, siempre según la biografía. La fama lo agravó todo. Harto de depender de los ingresos de Cristina, Andrea ideó un plan: asegurar la casa por varias compañías y prenderle fuego. Lo primero lo hizo Cristina, que insiste que firmaba papeles sin leer. Lo otro lo hizo él. En abril de 2003 Cristina ingresó en la cárcel de Aranjuez condenada por estafa.

Era una cárcel de hombres. Ella era una mujer, pero no tenía la reasignación de género registrada de forma oficial. Fue violada, golpeada y enterrada con ansiolíticos. Otra vez el ambiente cerrado y los abusones; otra vez los gritos de maricón, maricón, maricón… “Algunos funcionarios de la prisión me abrían a las dos de la madrugada las puertas de la celda. Me hacían cosas que no puedo contar aquí. Cuatro jefes de servicio me ataron con esposas a una cama y me pegaron una paliza. Me dejaron el cuerpo lleno de cardenales”, contaría luego a la revista de cotilleos ‘QMD’. “He llorado lágrimas de sangre”.

Salió de allí tres años después, deprimida, insomne y desfigurada. Había entrado con 68 kilos y salió con casi 150. Fue a cuanto plató la invitara y contaba que uno de los poderosos hombres con los que había estado había mandado que la aislaran en la cárcel. “No puedo nombrar a este señor en la vida. Es un señor con mucho poder y mucho mando en España. Cada vez que se acostaba conmigo me daba un millón de pesetas”, decía. Escribió sus memorias con Valeria Vegas en 2007: nadie se las quiso publicar. Su siguiente novio se fue con los 60.000 euros que tenía ahorrados. Ella se quedó con una pensión no contributiva de 300.

Pasó los siguientes 10 años en discotecas, de ‘vedette’ —como en Málaga, antes de la fama y de la caída—. Una nueva generación LGTBI, más libre y desacomplejada que la anterior, una que se había criado con ella, se la encontraba en las pistas de baile. Le aplaudían. “Fue de las pocas que se sentó delante de una cámara y dijo: ‘Yo soy transexual, salgo en la tele, tengo un tiburón y me comporto como me da la gana”, recuerda la canaria Isabel Torres, de 49 años, quien encarna a La Veneno en estos últimos días. Esta serie, cree, tendrá un efecto parecido. “Cualquier familia puede tener un caso de transexualidad. Quizá esta serie les aporte algo”.

El 9 de noviembre de 2016, el novio de Cristina se la encontró muerta en casa, con el cuerpo lleno de alcohol y ansiolíticos. Tenía 56 años. El Instituto Anatómico Forense dictaminó que había muerto por una caída en el baño. La mitad de sus cenizas volvió a Adra. La otra está en el parque del Oeste.

viernes, 4 de octubre de 2019

#hemeroteca #homofobia #serofobia | Duras críticas al cómico David Suárez tras meterse con Los Javis en Twitter

'Tanta tolerancia...' de David Suárez
Duras críticas al cómico David Suárez tras meterse con Los Javis en Twitter.
El humorista fue despedido de Los 40 en abril por burlarse de las personas con síndrome de Dow.
Tresb | F5, El Mundo, 2019-10-04
https://www.elmundo.es/f5/descubre/2019/10/04/5d970475fc6c8379428b4634.html

El cómico David Suárez se ha vuelto a convertir en noticia tras el aluvión de críticas que ha recibido en Twitter después de una de sus últimas publicaciones. El pasado mes de abril fue despedido de Los 40 por burlarse de las personas con síndrome de Down en un tuit que, además de su puesto de trabajo, le costó varias denuncias.

Este jueves 3 de octubre escribió un mensaje en el que se mete con la pareja formada por Javier Ambrossi y Javier Calvo, sobre los que dijo: "Los Javis son la prueba de que por mucho que lo intentes, por mucho que pongas de tu parte, es imposible morirte de sida a día de hoy".

Reacciones en las redes
Una vez más, el tuit no ha pasado desapercibido y ha generado una oleada de respuestas criticando a su autor. Uno de los aludidos, Javier Calvo, respondió de manera sarcástica a su provocación: "Gais y sida, muy buena, 'crack'".

Entre los numerosos comentarios que se pueden leer en contra de David Suárez está el de Jordi Cruz, el que fuera presentador de Art Attack: "No es lo mío meterme en estos líos. Pero oye... Tu tuit es muy miserable". El actor Alberto Velasco (‘Vis a vis’) le contestó usando la palabra "gentuza" como 'hashtag': "Bien de homofobia, querido... qué asquito damos, ¿eh?"

Otras personas arremetieron contra el cómico con dureza. "El sida está casi tan erradicado como tus ofertas de empleo", le espetó un tuitero. Otra le comentó que había perdido el norte: "No tienes respeto por nada. Ojalá dentro de poco dejes de tener el más mínimo público que te ría la poca gracia que tienes".

Muchos usuarios expresaron que, pese a estar a favor del humor negro y en contra de ponerle límites, su mensaje no tenía ninguna gracia. Un admirador del cómico le indicó: "Quizás tienes que empezar a plantearte nuevas formas de recursos humorísticos".

Las polémicas de David Suárez
La polémica que protagonizó David Suárez en abril hizo que se quedara sin su puesto como colaborador de Dani Mateo en ‘Yu, no te pierdas nada’, que por entonces se emitía en Los 40. El afectado escribió en un comunicado posterior: "Por este chiste he perdido mi trabajo, he recibido cientos de amenazas, he traído dolor a mi familia y me he generado en unos días más enemigos que en toda mi vida". Señaló a las marcas como las culpables de poner límites al humor.

Anteriormente había pasado por Late Motiv, el espacio conducido por Andreu Buenafuente en Movistar+, pero también fue despedido. En su última intervención en el programa, se dirigió así al presentador: "Creo que sufres un caso de SARM: Síndrome del Anciano Rico Maricón".

David Suárez está de gira con el espectáculo ‘Tanta tolerancia me está ofendiendo’. El humorista comparte vídeos en YouTube y abrió una cuenta en Patreon, para que sus fans puedan donarle dinero. En esta plataforma de micromecenazgo indica: "Es el único sitio del que no me han despedido todavía".

Y TAMBIÉN…
El Ayuntamiento de Elche cancela la actuación de David Suárez por sus polémicos tuits.

El humorista ya fue despedido de LOS40 por un tuit en el que se burlaba de las personas con Síndrome de Down.
La Vanguardia, 2019-10-04
https://www.lavanguardia.com/cribeo/fast-news/20191004/47795482026/ayuntamiento-elche-cancela-actuacion-david-suarez-tuits-polemicos.html
David Suárez: ¿Martir de la libertad de expresión o humorista insolente?
Sin haber cumplido todavía los treinta, el humorista David Suárez ya ha perdido dos veces su trabajo por la crudeza de sus chistes.
Play Televisión | ABC, 2019-04-26
https://www.abc.es/play/television/noticias/abci-david-suarez-martir-libertad-expresion-o-humorista-insolente-201904260115_noticia.html