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sábado, 15 de marzo de 2025

#hemeroteca #gais | David Uclés, escritor: 'Si durante 40 años Franco se inventa la Historia, es lógico que luego queramos contar lo que le pasó a la República'

David Uclés //

David Uclés, escritor: 'Si durante 40 años Franco se inventa la Historia, es lógico que luego queramos contar lo que le pasó a la República'

"Si me dicen que voy a estar quince años con el libro, no lo hago", asegura el autor de 'La península de las casas vacías', que va por la decimoquinta edición
Karmentxu Marín | El Periódico, 2015-03-15
https://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20250315/david-ucles-escritor-gay-asma-115287270 

Es el escritor del momento, autor de 'La Península de las casas vacías' (Editorial Siruela), publicada hace un año, que va por la decimoquinta edición y se está traduciendo a varias lenguas. Tercera novela del autor, es una historia de la guerra civil española trufada de realismo mágico y centrada en su pueblo, Quesada, en Jaén -Jándula en la novela-. David Uclés, 35 años, traductor de profesión, pinta, canta, toca la guitarra y el piano y dice que las ganancias de este libro, que ha escrito durante tres lustros, le darán para la entrada de un piso.

P. Se apuntó nuestra cita con un boli en la palma de la mano. Veo que usa agenda digital. Digital de dedo.
[Ríe] Es que soy muy analógico. Ni WhatsApp, ni smartphone, ni Twitter ni nada. Mi agenda es de papel. Y la mano es la mejor agenda. Yo era una rara avis. He tenido un móvil de teclas hasta hace un año, que mi jefa de Prensa me dijo: Se acabó. Cógete un smartphone, hazte Twitter, hazte WhatsApp. Y soy esclavo de las tecnologías.

P. La primera impresión que da es que se lo ha pasado en grande escribiendo esta novela.
Menos mal que alguien lo resalta. Así es. Me lo he pasado muy bien. No tenía un horizonte editorial, todos me decían que no. Entonces, qué menos que jugar y divertirme. Aunque sea un tema delicado, me lo he pasado muy bien.

P. Las editoriales le decían que no.
Decían que el realismo mágico no vende, porque se ha escrito mucho sobre la Guerra Civil, porque soy joven para escribir una novela de toda la Guerra Civil. Me pedían que hiciera una autoficción. Y yo que no, que no concibo así la literatura.

P. Se olvidaban de García Márquez.
Sí. Aunque ahora está otra vez de moda por el aniversario y por la serie de televisión. No solo se olvidaban de él. También de Gunter Grass, entre otros. Decían: autoficción.

P. Pues tras su éxito…
Ahora están publicando todos realismo mágico [ríe].

P. Hace una dedicatoria que es casi como las de los Premios Goya. Sólo le falta el apuntador.
Jajaja, y la he aumentado. Para la edición catorce puse seis dedicatorias más, son veintipico. A los miembros de mi familia. Muy exagerado.

P. Se habrán quedado todos contentísimos.
Los que están vivos, que son cinco, sí.

P. ¿Y los otros?
También. A mi abuelo Luis [Odisto, el protagonista] le llevé un ejemplar a la tumba en cuanto se publicó el libro, y creo que está allí todavía. Ahora que voy a Quesada voy a ver si sigue allí. Es un nicho cerrado, no creo que hayan entrado. Lo mismo lo robo yo, porque es una primera edición, y no la tengo.

P. Es curioso: la gente que no ha vivido la posguerra huye del tema. Y usted le dedica 15 de sus 35 años.
De los 19 a los 34. Yo quise encontrar un libro que me contara toda la Guerra en un tomo. Un libro que no fuera ensayo, sino ficción. Y aquí no lo encontré. Los había en Alemania, en Polonia, en la India, con las heridas recientes del país. No se había escrito una novela que contara aquí toda la Guerra y desde el realismo mágico. Siempre era desde un realismo muy republicano. Y es lógico. Si durante cuarenta años Franco se inventa la historia es lógico que luego queramos contar lo que le pasó a la República.

P. ¿Siempre pensó que escribir esta historia le llevaría tanto tiempo?
Qué va. Si me dicen que voy a estar quince años con el libro, no lo hago. Mi horizonte era siempre: vas a publicar ya. Lo enviaba a Planeta, a Random House, a Anagrama. Y me decían que no o no me contestaban. Tuve paciencia y constancia. En todos esos años no coticé, porque no me daba tiempo a escribir y a viajar y a dar clases de alemán y francés en un colegio. Tocaba en la calle, porque soy músico también, y con eso sobrevivía. Pero todo muy inestable.

P. ¿Quería entender cómo se llegó al enfrentamiento o contarlo?
Ambas cosas van de la mano. Yo quería contar todo lo que pasó en todos los lados: la zona donde triunfó el bando nacional y la parte republicana. Quería hacer una fotografía de un instante sin juicios de valor. Que el lector, que es inteligente, haga los juicios pertinentes.

P. Resulta curioso cómo se logra echar poesía a la guerra civil. Quizá solo puede hacerlo alguien que no la ha vivido.
Lo facilita. Yo creo que el alejarte de un hecho histórico que no has vivido te facilita el contarlo.

P. Se ha centrado, como hilo conductor, en la ruina y destrozo de la familia de su protagonista, Odisto Ardolento, y de la destrucción de su entorno físico.
Contar lo universal desde lo particular y que los héroes sean anónimos me parecía interesante. Podía ser reflejo de cualquier familia, y de hecho ahora viene gente y me lo dice: ahora puedo saber por qué mi abuelo pensaba así y yo le llevaba la contra, y ahora me da pena; o he podido imaginar lo que mi abuela sufrió en el exilio gracias a tu libro.

P. A vueltas con el realismo mágico, se ha dicho que Jándula (o Quesada) es el Macondo andaluz. ¿Está bien visto?
Es el Macondo íbero, o español. Yo hice 25.000 kilómetros por la Península gracias a una beca Leonardo, y fui cogiendo las costumbres o supersticiones más extrañas, y empapándome de las diferentes idiosincrasias: cómo piensa un vasco, qué come un cántabro, qué especias echa a la comida un pacense. Y esas cosas las puse luego en la misma familia, en Jándula. Entonces para mí Jándula es un trasunto del país, no solamente es andaluz. Ese era el objetivo. Por eso en un momento determinado me detengo en un párrafo bastante generoso y explico qué es un bar. Alguien me dijo: Ya sabemos todos lo que es un bar. Y le contesté: Te equivocas. Los extranjeros no saben lo que es un bar español. Y yo quiero que este libro, si tengo la suerte de que se traduzca a otros idiomas, como ya está ocurriendo -al portugués, al italiano, al danés-, sirva como un minicosmos que resuma la idiosincrasia del pueblo íbero.

P. Pues para explicar a los daneses lo de su pueblo...
Ya [ríe], va a ser complicado. Me he metido en un berenjenal. Y como me pregunten: ¿Por qué os odiáis entre vosotros? Eso sí que no lo puedo explicar.

P. En Jándula, cuenta, las lágrimas son de colores: rojas de amor, azules de tristeza, negras de dolor, amarillas de alegría. Confiesa haber llorado escribiendo algunos pasajes del libro. ¿De qué color lloró?
Pues de todos. Se me saltaban las lágrimas de emoción, por ejemplo en la carretera que va de Girona a Francia, y sentía la alegría de los que podían sobrevivir, exiliarse. En ese caso eran amarillas. Pero luego iba al puerto de Alicante, imaginaba todos los que se suicidaron allí, que algunos tenían las cabezas juntas y se pegaban un solo tiro, y eso son lágrimas negras. Las lágrimas han sido multicolores. El libro han sido quince años sintiéndolo mucho.

P. Todo sucede en Iberia, a la que nunca llama España. ¿Es una licencia literaria, un rescate del pasado, una postura política?
Las tres cosas: la poética, la política y un deje de lectura de Saramago, que fue mi mentor. No lo conocí, pero me leí todo de él. Y me empeñé en que en mis novelas solo hablaría de Iberia, ni de España ni de Portugal. Ha pasado en las dos anteriores, en esta y en las que vendrán.

P. Uno de sus idiomas como traductor era el alemán. En Jándula no practicaría mucho.
En la carrera quería hacer árabe. Pero al meterme en Córdoba en clase me di cuenta de que el profesor era homófobo y machista. Luego se presentó en las listas de Vox. Decíamos en broma que Traducción era la carrera de las tres m: musulmanes, mujeres y maricones, porque es verdad que todos éramos una de estas cosas. Y nos fuimos de esa clase todas las mujeres y los gays. Entonces, para que fuera un reto, me fui al alemán. Me coincidió con la época de la crisis, y sabía que un profesor de alemán tendría más trabajo. Y así fue.

P. “El asma tiene la culpa de que yo sea homosexual”.
Jajaja. Iba a decir maricón. Soy gay porque el asma me impidió jugar al fútbol, porque me ahogaba. Yo pienso que gay se hace, no se nace, aunque todos mis amigos piensan que se nace. Si yo no puedo jugar al fútbol y me voy con las niñas, y a las niñas la sociedad, sobre todo en mi época, las obliga a que, siendo mujer, les gusten los hombres, por las lecturas de los príncipes y las princesas, y los padres les pregunten si tienen algún novio en el cole... Y yo me rodeaba de chicas que decían lo guapo que era algún chico... Pues al final acabó por gustarme lo que a ellas socialmente les debía gustar. Yo creo que soy gay por eso. Con un Ventolín yo no me habría hecho gay, sería hetero, jajaja.

P. ¿Cómo lo vivió?
Yo era muy inquieto. Pintaba, tenía muchos tics en los ojos, los ponía bizcos, los guiñaba, y con cinco años lloraba a mi madre y le decía: Mamá, quiero ser normal, por los ojos. Aunque no se metían conmigo por eso. Se metían porque tenía pluma. Era muy inquieto, muy creativo. Y un niño muy feliz. Leía mucho. Leí 'Guerra y paz' a los trece años, 'La náusea' a los catorce, 'La peste', de Camus, a los doce. Y era muy feliz. Mira que me pegaban por ser gay, me daban con higos chumbos, me tiraban piedras. Pero era muy feliz.

P: Pues sí que fue precoz con las lecturas.
Yo fui a un colegio de monjas, las Salesas de la Caridad, hasta los dieciséis años, porque era el que estaba más cerca de mi casa, y mis padres son católicos. No era normal que un niño con once años se interesara por la lectura. A mí lo juvenil me aburría, y yo elegía los libros en la biblioteca. Ponía: La peste, una pequeña peste en París. Y yo decía: Esto me va a gustar. La parte existencialista no la entendía, pero me acuerdo de París, con las ratas, el médico... Y me entretenía. De mi colegio estoy superorgulloso, porque me inculcaron valores muy buenos.

P. ¿Cuál es su principal miedo?
Tengo muchos. Pero el principal podría ser que me dé un ictus y no pueda mover el cuerpo, solo los ojos. Tengo una arritmia. Que me quede en una silla de ruedas. La muerte en vida.

P. ¿Le asusta la acogida que ha tenido su libro?
No. Me han dicho alguna vez que si no me preocupa que me pase como a Carmen Laforet, que escriba una obra, como 'Nada', y luego el resto no sea lo mismo. ¿Y lo complicado que es que buena parte del país lea un mismo libro y viaje a un lugar, en este caso, Jándula? Yo he conseguido eso y estoy más que feliz. Para mí es el mayor orgullo. Si luego a continuación fracaso en la literatura, no pasa nada, me voy a cantar por ahí, a Praga con el acordeón, o a Dinamarca, a hacer pan. Hay que reinventarse y jugar con la vida.

lunes, 14 de junio de 2021

#hemeroteca #memoria #archivos | La memoria histórica del anarquismo español reposa en Ámsterdam

Imagen: El País / Almudena Rubio en el Archivo IISH //

La memoria histórica del anarquismo español reposa en Ámsterdam.

El International Institute of Social History guarda el archivo de la CNT-FAI y también los de la resistencia antifranquista y la editorial Ruedo Ibérico. Entre los fondos ha aparecido la orden de viajar a Madrid recibida por el líder anarquista Durruti antes de morir y cartas de Pío Baroja.
Isabel Ferrer | El País, 2021-06-14
https://elpais.com/cultura/2021-06-14/la-memoria-historica-del-anarquismo-espanol-reposa-en-amsterdam.html

Parte de la memoria de la Guerra Civil española (1936-1939) y el anarquismo se conserva en los Países Bajos, en concreto en el International Institute of Social History (IISH), de la capital neerlandesa, fundado en 1935, y que atesora el archivo histórico de la CNT-FAI —las conocidas como 47 cajas de Ámsterdam— junto con una extensa colección sobre el activismo obrero y los movimientos sociales. Sacado de España para evitar que Franco lo reclamara durante la contienda o en años posteriores, entre los más de 20 kilómetros de estantes del instituto figura la orden de viajar a Madrid dada por el propio sindicato en 1936 al líder anarquista Buenaventura Durruti. Allí caería después en extrañas circunstancias. El IISH guarda también los archivos de la resistencia antifranquista y de la editorial Ruedo Ibérico, los de sindicalistas y feministas libertarias, cartas originales del escritor Pío Baroja, así como miles de imágenes de la contienda que se creían perdidas. Entre estas, las captadas por las fotógrafas Margaret Michaelis y Kati Horna, cuya atribución fue posible gracias a la labor de la historiadora española Almudena Rubio. Es el legado de una situación extrema puesto a disposición de los investigadores.

La nota sobre Durruti, firmada por los comités regionales de la CNT-FAI, estaba fechada el 9 de noviembre de 1936, sin sellar, y ordena “que el compañero Durruti, sin más dilación parta para Madrid (...) para intervenir decididamente en la defensa de la capital de España”. Según Almudena Rubio, que ha recuperado esta circular, es la prueba documental de que “la cúpula de la Confederación Nacional del Trabajo y la Federación Anarquista Ibérica estaba detrás de aquella decisión, mientras que Durruti quería tomar Zaragoza”, explica en una videollamada.

Añade que no todas las órdenes de la CNT-FAI iban selladas, y había un distanciamiento entre el sindicato y sus bases, “pero parece que se consideró a Durruti imprescindible para la lucha antifascista en la capital”. Al desviar al leonés de su idea original, “salían beneficiados los comunistas, que tomaban ya posiciones en Madrid, y Stalin, que estaba en contra de la revolución social perseguida por Durruti”, apunta. Los firmantes indican “las posibilidades enormes de éxito [de nuestros camaradas] si les llega nuestra ayuda”, y apelan al “anhelo del pueblo de Madrid, que nos reclama”. La realidad fue bien distinta. Durruti murió de un balazo días después de llegar y hay varias teorías sobre lo ocurrido. Su chófer, Clemente Cuyás, dijo en 1993 que había sido víctima de un disparo fortuito de su propio fusil y el sindicato exigió silencio a los testigos. Otras versiones hablan de su muerte en combate o por la bala de un traidor.

La llegada a los Países Bajos del archivo de la CNT-FAI fue convulsa. “Cuando en 1939 se vio que el bando republicano no ganaría la Guerra Civil, representantes del sindicato lo llevaron a la sucursal que tenía en París el IISH. Lo hicieron en calidad de particulares, para evitar que el nuevo Estado fascista pudiera reclamarlo después por ser de una organización española”, explica Leo Lucassen, su director de investigación, en otra videollamada.

Poco antes del estallido de la II Guerra Mundial, el archivo parisino fue trasladado al Reino Unido y regresó a Ámsterdam en 1947. Cerrado durante tres décadas, hasta la muerte de Franco, en los años ochenta fue ordenado y se hizo inventario. Lucassen subraya que la Guerra Civil española generó ideas a escala internacional cuyo efecto es indiscutible: “Prueba de ello es que entre las Brigadas Internacionales hubo centenares de holandeses comprometidos en una lucha presentada como ejemplar: entre el bien y el mal”. La vuelta a los Países Bajos de este grupo fue muy dolorosa y supuso casi su muerte civil. “Se quedaron sin pasaporte por haber luchado para una fuerza extranjera. Eran vistos como unos traidores a su patria, pero también como un icono libertador”, apunta. La nacionalidad les fue devuelta en 1970, y Ámsterdam les dedicó en 1986 un monumento en una plaza llamada Spanje (España) 1936-1939.

Las cartas de Baroja

Entre la abundante correspondencia española conservada hay tres cartas originales del escritor Pío Baroja. Incluidas en el Archivo de la Resistencia Española, que recoge documentos hasta 1974, están dirigidas a Concepción Martí Vall (Ada Martí). Era una escritora y periodista anarquista que le admiraba, aunque más tarde se distanció porque le parecía que Baroja había traicionado el carácter social de sus primeras obras. Fechadas en 1936, cuando ella tenía 21 años y él 64, parecen un intercambio entre un idealizado profesor y su alumna, y Baroja le confiesa su pasión de “vivir para escribir, escribir para vivir”. Al mismo tiempo, le dice cosas como esta: “Yo ya no necesito brújula porque estoy anclado en el puerto. Usted sí es la que debe estar atenta a la aguja de marcar”. Encontradas por la misma experta española, fuentes del Ateneu Enciclopèdic de Barcelona, que tiene una fotocopia de estas misivas, indican que desconocían la presencia de los originales en Ámsterdam.

El centro holandés acoge, por otro lado, el archivo de Ruedo Ibérico, la editorial fundada en París en 1961 por cinco refugiados españoles de la Guerra Civil. Ahí estaba el manuscrito de 'Viaje al Sur', el libro que los editores le encargaron a Juan Marsé. Supuestamente desaparecido, el escritor recordó que lo había titulado 'Andalucía, perdido amor' con el seudónimo de Manolo Reyes, y fue publicado tras su muerte, en 2020, por Lumen.

Un archivo de archivos
Fundado en 1935 por Nicolaas Posthumus (1880-1960), un profesor holandés de Historia Social y Económica, el IISH se ha convertido en un archivo de archivos —hay papeles de Marx, Engels, Bakunin o la anarquista Emma Goldman— con un millón de libros y publicaciones, 5.400 colecciones y 1,5 millones de piezas de material audiovisual. “A Posthumus le interesaban las raíces intelectuales de las ideas anarquistas y socialistas, liberales o democristianas. Hacia 1930, cuando los movimientos de la izquierda estaban amenazados en Europa por el fascismo y el nacionalsocialismo, empezó a recibir documentos de organizaciones sociales. Sacados muchas veces de forma clandestina de los países de origen, él mantuvo la independencia del nuevo centro”, señala Leo Lucassen. Con el tiempo, “colecciones enteras de publicaciones de izquierda de países latinoamericanos como Argentina y Bolivia, nos han sido confiadas”, añade. Un patrimonio que sigue llegando hoy desde otros lugares donde persisten conflictos similares.

La historiadora Rubio espera presentar una exposición en 2022 con el material de la Guerra Civil de la fotógrafa húngara Kati Horna, y de su colega de origen polaco, Margaret Michaelis, recuperado a partir de 2015. El sindicato les encargó el testimonio gráfico de la revolución social que pretendía implantar, y las fotos estaban en el archivo fotográfico de las oficinas de propaganda exterior de CNT-FAI, incluido en las cajas de Ámsterdam.

viernes, 30 de abril de 2021

#hemeroteca #memoria | La Diputación Foral de Gipuzkoa impulsa un estudio exhaustivo para identificar a los Niños y Niñas de la Guerra Civil

Imagen: Gipuzkoa Gaur / Josu Chueca, Ion Gambra y Julia Monge

La Diputación Foral de Gipuzkoa impulsa un estudio exhaustivo para identificar a los Niños y Niñas de la Guerra Civil.

Con el apoyo de la Diputación, la asociación Intxorta 1937 Kultur Elkartea desarrollará la investigación en todo el territorio.
Martín | Gipuzkoa Gaur, 2021-04-30
https://www.gipuzkoagaur.com/2021/04/30/la-diputacion-foral-de-gipuzkoa-impulsa-un-estudio-exhaustivo-para-identificar-a-los-ninos-y-ninas-de-la-guerra-civil/ 

La Asociación Cultural Intxorta 1937, con el apoyo de la Diputación Foral de Gipuzkoa, ha puesto en marcha un estudio para identificar y recuperar la memoria de los Niños y Niñas de la Guerra que conocieron el exilio mientras huían de las consecuencias de la Guerra Civil. A pesar de no haber participado directamente en la contienda, este trabajo indagará en los nombres, apellidos, fotografías y testimonios de aquellos niños y jóvenes que padecieron las dolorosas consecuencias sociales y afectivas de la guerra, con objetivo de completar “una pieza importante de la memoria histórica” del territorio.

Así lo anunciaron el director foral de Derechos Humanos y Cultura Democrática, Ion Gambra, y los miembros de la Asociación Cultural Intxorta 1937, Julia Monge y Josu Chueca, en una rueda de prensa ofrecida ayer por la mañana. La agrupación memorialista explicó que ya ha realizado un estudio sobre los Niños y Niñas de la Guerra en Debagoiena, junto con los respectivos homenajes en los municipios de la comarca, en colaboración con las instituciones locales; dicho trabajo, por lo tanto, se extenderá en los próximos dos años al conjunto del territorio. Se estima que alrededor de 5.000 niños y jóvenes de hasta 16 años nacidos en Gipuzkoa fueron enviados al exilio para protegerlos de los efectos de la Guerra Civil, principalmente a Francia, Bélgica y la Unión Soviética.

“Aunque no tomaron parte directamente en la guerra, tuvieron que sufrir sus graves consecuencias. Miedo, bombardeos, alejamiento de sus familiares y allegados y, finalmente, la necesidad de exiliarse dejando atrás a sus padres y madres. Muchos de ellos no volvieron más al País Vasco “, recordó Ion Gambra. Por ello, el director foral opina que los Niños de Guerra son “una pieza importante en la construcción de la memoria histórica de nuestro pueblo y de nuestro territorio”. “Sin duda merecen un reconocimiento, resulta fundamental que afloren, se dé a conocer esta realidad y se reconozca el sufrimiento que padecieron estas personas”, añadió.

“La memoria es un valor necesario para construir una cultura verdaderamente democrática, basada en el respeto mutuo y la convivencia pacífica, así como para que no caigamos en los errores del pasado”, señaló Gambra.

Apellidos, fotografías, testimonios
En este empeño, a través de un convenio de colaboración, la Diputación apoyará con una subvención a Intxorta 1937 Kultur Elkartea, para que la agrupación memorialista continúe con el trabajo iniciado en la comarca de Debagoiena. El objetivo será identificar a los Niños y Niñas de la Guerra nacidos en Gipuzkoa con sus nombres y apellidos y, en los casos en que sea posible, conseguir una fotografía y un breve historial de sus respectivas vidas. En la medida de lo posible, se intentará obtener fotografías de la época del exilio y, entre los aún sigan vivos, se realizarán entrevistas en profundidad.

Los y las miembros de Intxorta 1937 ya han ha estado trabajando en el centro de documentación de memoria histórica de Salamanca, en el Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares y en los archivos de Barcelona, entre otros. También se analizarán otros archivos como los que se encuentran en París.

Colaboración municipal
Además, la ayuda de los ayuntamientos del territorio también será importante para identificar y contactar con los y las Niños de la Guerra. Asimismo, coincidiendo con la finalización de la investigación, la Diputación Foral de Gipuzkoa tiene previsto organizar un acto de reconocimiento y reivindicación de la memoria de los Niños y Niñas de la Guerra.

lunes, 11 de noviembre de 2019

#hemeroteca #fotografia #memoria | Salen a la luz 5.000 fotos nunca vistas de la Guerra Civil: el tesoro que estaba en un garaje

Imagen: Público / Milicianos en el cementario de Montjuic, fotografía de Antoni Campañà
Salen a la luz 5.000 fotos nunca vistas de la Guerra Civil: el tesoro que estaba en un garaje.
Un libro recoge las instantáneas tomadas por el fotógrafo Antoni Campañà, que muestran la vida cotidiana entre 1935 y 1940.
Jose Oliva · EFE | El Español, 2019-11-11
https://www.elespanol.com/cultura/historia/20191111/salen-fotos-vistas-guerra-civil-tesoro-garaje/443705922_0.html

El hallazgo en un aparcamiento de unas "cajas rojas" con 5.000 fotografías sobre la Guerra Civil del fotógrafo Antoni Campañà ilustran ahora un libro y muestran la vida cotidiana entre 1935 y 1940. Unas fotos, según han dicho los editores, que "huyen de la épica" de otros creadores como Capa o Centelles.

El historiador de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) Arnau Gonzàlez Vilalta, editor de ‘La capsa vermella’ (‘La caja roja’, editorial Comanegra), junto con el reportero Plàcid Garcia-Planas y el fotógrafo David Ramos, ha explicado en una entrevista con Efe que "Antoni Campañà, que era sobre todo conocido por sus fotografías deportivas o turísticas, ocultó después de 1939 estas fotos en un garaje que se había construido en los años 40 en Sant Cugat.

"Nunca quiso mostrar estas fotos y, de hecho, poco antes de morir en 1989 La Caixa le dedicó una exposición y sólo enseñó entonces dos fotografías de la Guerra Civil", comenta Gonzàlez Vilalta, que asegura que "nadie, durante casi ochenta años, vio este inmenso archivo".

Treinta años después de su muerte, la familia decidió vender la casa de Sant Cugat y uno de sus nietos quiso visitar el aparcamiento por si había documentación de su abuelo y encontró las cajas rojas con placas de vidrio, copias y negativos, "un tesoro desenterrado como si fuera el sueño de un arqueólogo que se salvó ‘in extremis’" y cuya importancia acabaron constatando los editores del libro, que consideran que "es un fondo tan interesante como los de Centelles o Brangulí".

A pesar de la humedad y el moho, el material está bien conservado, y el interés de la familia, relata el historiador, es donarlo a una institución, sea un archivo o un museo, que lo "restaure, digitalice y divulgue, y no lo deje arrinconado en una estantería".

Imagen: Público / Dos mujeres tras un bombardeo en la Barceloneta
Vida cotidiana
El "olvido" con que el propio fotógrafo condenó a sus fotografías de la guerra se explica, según Gonzàlez Vilalta, porque "la experiencia del conflicto lo dejó traumatizado y nunca quiso explotar comercialmente sus fotos en el fondo por que no era un fotoperiodista".

En su doble condición de catalanista y católico, algunas fotos de Campañà (Arbucias, Girona, 1906- San Cugat del Vallés, Barcelona, 1989) fueron utilizadas por la CNT-FAI y en los años 40 por algunas publicaciones falangistas.

En algunas de sus fotos, subraya Ramos, se nota que Campañà se siente "incómodo" ante la escena que está retratando y, "más allá de fotografiar cadáveres, prefiere mostrar con su objetivo la vida cotidiana, el sufrimiento de la gente, cómo se adapta a las circunstancias, porque la vida sigue, un fondo realista, poco intoxicado por la épica".

Según Ramos, las instantáneas transmiten que "Campañà se encontró con la guerra, pero no la disfrutó como fotógrafo, se sintió incómodo", una situación que contrasta con algunas de las instantáneas tomadas antes del conflicto, en las que da rienda suelta a su afición por el teatro o el fútbol.

Pocas de sus fotos fueron publicadas, en gran medida porque no pasaban la censura, y algunas de la preguerra y la guerra se publicaron en Buenos Aires.

Publicidad de Seat
En el libro aparecen muchas de estas fotografías "sobrias" y "artísticas" y llenas de contrastes, como la que toma en la Diagonal en 1936 llena de jóvenes republicanos desfilando hacia el frente y en 1939 con un desfile fascista con toda su pompa de tropas nacionales, magrebíes, alemanes e italianos en el mismo espacio.

Campañà es un multinstrumentista, en palabras del historiador, pues es vendedor de cámaras, experto en revelado -reveló fotos de los grandes fotoperiodistas de la época-, fotógrafo de retratos, de deporte, de cultura popular y costumbres catalanas, fotorreportero de guerra, artista fotográfico muy reconocido a nivel internacional y autor de colecciones de postales.

Tras casarse, hizo el viaje de bodas a la Alemania nazi de 1933 y allí se impregna de la nueva visión de Rodchenko y la estética centroeuropea, que "en algunas de sus fotos de la guerra son casi calcadas a las de la revista falangista ‘Vértice’", subraya Gonzàlez.

El editor destaca la importancia de este hallazgo, pues tras la guerra, "Centelles y Brangulí sólo pudieron salvar parte de sus fondos y Campañà fue uno de los pocos que consiguió salvar todo gracias a una de esas casualidades: en 1938 era conductor y en lugar de ir al exilio dejó al oficial que llevaba en Vic y se volvió a Barcelona pensando que no había hecho nada".

Se entregó en el cuartel del Bruc y allí se encontró con José Ortiz Echagüe, fotógrafo pictorialista que lo conocía y que le avaló: a los pocos días Campañà estaba fotografiando el desfile triunfal de la Diagonal. Años después, cuando Ortiz Echagüe presidió Seat, le encargó la publicidad de los coches y la fábrica.

domingo, 10 de noviembre de 2019

#hemeroteca #memoria #franquismo | La desmemoria histórica de un pueblo que se llamó Azaña

Imagen: El País
La desmemoria histórica de un pueblo que se llamó Azaña.
La cacicada de un comandante franquista hizo perder a Numancia de la Sagra su nombre de ocho siglos.
Miguel González | El País, 2019-11-09
https://elpais.com/politica/2019/11/02/actualidad/1572728470_298464.html

El 18 de octubre de 1936, las tropas franquistas entraron en la localidad toledana de Azaña, a 40 kilómetros de Madrid. No tuvieron que pegar un solo tiro, pero los pegaron. Dejaron como un colador el cartel con el nombre del pueblo, que coincidía con el apellido del presidente de la República. Al día siguiente, el comandante Jesús Velasco reunió en el ayuntamiento a ocho vecinos, en sustitución de los concejales legítimos que se habían dado a la fuga, y puso la pistola sobre la mesa. “Recogiendo el sentir del pueblo”, según el acta del pleno, acordaron por unanimidad “solicitar de su Excelencia el Jefe del Estado [Franco] que en lo sucesivo esta villa lleve el nombre de Numancia de la Sagra [comarca esta última donde está ubicada], por el hecho trascendental de haber sido reconquistada por los gloriosos escuadrones del Regimiento de Numancia”.

No consta que nadie tuviera el ánimo de explicar al victorioso comandante que el pueblo no debía su nombre a don Manuel. Su etimología se remontaba al árabe ‘al-saniya’, en alusión a la aceña o molino de agua que aún figura en el escudo municipal. De un plumazo, ignorando la historia y las instrucciones de sus superiores, el militar franquista eliminó un topónimo de 800 años, que aparece por vez primera en un documento del rey Sancho III de 1158 y figura en escritos de Lope de Vega sobre la hija más ilustre de la localidad, sor Juana de la Cruz.

El 19 de octubre, coincidiendo con el 83 aniversario del cambio de nombre, se celebró en la antigua casa consistorial el Día de Azaña, que reunió a muchos de los más de 40 azañeros, los vecinos nacidos antes de la Guerra Civil, que todavía viven.

Clemente Serrano, de 94 años, aún recuerda la copla que se cantaba cuando él era niño: “Nuestro pueblo no quiere llamarse como ‘El Verrugas’, que se llame Numancia nos honra y nos ‘orgulla’”. Manuel Azaña nunca visitó el pueblo, pero sí conocía su existencia. Serrano cuenta que quien sería luego presidente de la IIª República asistió en 1925, como notario, a la legalización de la herencia de su padre, muerto cuatro meses antes de que él naciera.

Farmacéutico de profesión, el menor de siete hermanos, Clemente Serrano fue alcalde de la localidad durante 11 años, en la década de los noventa y principios del siglo XXI, por el PP, y se propuso recuperar el nombre tradicional porque “la historia”, repite aún hoy, “merece justicia”.

Sus compañeros de partido le dieron la espalda. Le decían que no convenía meterse en ese embrollo y que el cambio costaría mucho dinero porque habría que modificar desde las escrituras hasta los DNI, lo que no era cierto. “Yo le he elegido alcalde de Numancia, no de Azaña”, le espetó una vecina. Ya con Zapatero en La Moncloa, acudió a la Dirección General de la Memoria Histórica, donde se lavaron las manos alegando que la decisión dependía del consistorio.

Tampoco los alcaldes socialistas que le sucedieron se atrevieron a dar el paso, aunque limpiaron el callejero de la nomenclatura franquista. “Yo propuse incluir el cambio de nombre en nuestro programa electoral”, recuerda Iñaki Gauna, veterinario y exmilitante del PSOE. “Si hacemos eso no ganamos', me respondieron. Y ¿para qué queremos ganar si tenemos que renunciar a nuestro programa?”

El actual alcalde, Juan Carlos Sánchez Trujillo, del PP, alega que el pueblo “tiene otras prioridades”, como la ocupación ilegal de casas vacías, el desempleo o el transporte (el tren pasa de largo por la estación y los vecinos deben desplazarse a Illescas, a cinco kilómetros, para tomarlo). Cuando se le insiste, alega que el tema genera “crispación” entre los vecinos y que quien lo intente “se meterá en un lío”.

Incluso los defensores de Azaña reconocen que, si el cambio se sometiera a referéndum, se perdería. La localidad ha multiplicado por cinco su población en los últimos 25 años, se ha convertido en un pueblo dormitorio de Madrid y el 90% de sus habitantes no ha conocido otro nombre que Numancia de la Sagra.

La celebración del Día de Azaña es “un acto de reconocimiento a nuestros mayores”, en palabras del alcalde, la oportunidad para que se encuentren azañeros que viven fuera con los que aún siguen en el pueblo.

Para Andrés Cenamor, coordinador local de IU, es mucho más. La moción que su grupo consiguió aprobar en 2012 pedía también que se explicaran “en los colegios e institutos los motivos” del cambio de denominación del municipio y que se recurriera a historiadores para que el desprecio al pasado no sea consecuencia de la ignorancia.

Hasta ahora se ha hecho muy poco, según Cenamor: una placa en la sede del antiguo ayuntamiento y una exposición de fotos del pueblo antes de la guerra. Demasiado tarde y demasiado lento para Inés, la tía de Andrés, veterana de los azañeros a sus 96 años. “Nació en Azaña y tiene derecho a morir en Azaña”, alega su sobrino.

domingo, 18 de agosto de 2019

#hemeroteca #federicogarcialorca | Federico García Lorca, rojo y maricón

Imagen: El Salto / Federico García Lorca
Federico García Lorca, rojo y maricón.
Un día como hoy, 18 de agosto, fusilaron a Federico García Lorca. En un ejercicio de revisionismo histórico consciente, algunos especialistas lorquianos, de un tiempo a esta parte, se empeñan en desligar la implicación política y la orientación sexual del poeta, de las causas de su asesinato.
Francis Reina Corbacho | El Salto, 2019-08-18
https://www.elsaltodiario.com/guerra-civil/federico-garcia-lorca-rojo-y-maricon

Un día como hoy, 18 de agosto, fusilaron a Federico García Lorca. En un ejercicio de revisionismo histórico consciente, algunos especialistas lorquianos, de un tiempo a esta parte, se empeñan en desligar la implicación política y la orientación sexual del poeta, de las causas de su asesinato. Sin embargo, los hechos impugnan este empeño en blanquear y despolitizar el fusilamiento del poeta, tan comprometido con los parias por esa “comprensión simpática de los perseguidos. Del gitano, del negro, del judío… del morisco que todos llevamos dentro”. Veamos, más allá del contenido social de sus obras -que, de por sí constituyen un claro ejemplo de implicación política para con la sociedad de la época-, algunos ejemplos:

En el año 1924, Lorca ya había formado parte de un sector que escribió a Primo de Rivera para defender el catalán como "idioma hermano" ante las medidas dictatoriales del Gobierno: "Es el idioma la expresión más íntima y característica de la espiritualidad de un pueblo, y nosotros ante el temor de que esas disposiciones puedan haber herido la sensibilidad del pueblo catalán, siendo en el futuro un motivo de rencores imposible de salvar, queremos con un gesto afirmar a los escritores de Cataluña la seguridad de nuestra admiración y respeto por el idioma hermano".

En 1928, escribió Romance de la Guardia Civil española, que le costaría una denuncia años más tarde. El poema, defensa del pueblo gitano y denuncia de la persecución criminal a un pueblo, definía así a los guardias civiles:“Tienen, por eso no lloran, de plomo las calaveras. Con el alma de charol, vienen por la carretera (...) Jorobados y nocturnos, por donde animan ordenan, silencios de goma oscura y miedos de fina arena”. Lorca, insisto, acabó denunciado por ello en 1936. No fue el único poema donde Lorca criticó el abuso de poder, en Reyerta, describe a la Guardia Civil como meras comparsas de la (in)justicia. En Romance sonámbulo: “Guardias civiles borrachos, en la puerta golpeaban”. En Prendimiento aparecen como máquinas de destrucción y muerte, símbolo de fuerza bárbara, “que arrasa las torres de canela y las inocentes alegrías”.

Mucho más conocidas, en 1932, destacan La Barraca y sus Misiones Pedagógicas en el marco de la II República. Escuelas ambulantes para fomentar la cultura en los pueblos de España. Música, literatura, teatro, poesía, con el granadino a la cabeza y la financiación del Ministerio de Educación que dirigía el socialista Fernando de los Ríos, amigo íntimo del poeta.

En el 33, más manifiestos, esta vez contra las encarcelaciones de los poetas alemanes, en mitad de la efervescencia del nazismo, alineándose al lado de los que no han "cometido más delito que defender al proletariado y unirse a él".

En junio del 36, Lorca reconocía en una entrevista a Luis Bagaría -cofundador de la española Asociación de Amigos de la Unión Soviética [1933] en la cual participó adhiriéndose a sus manifiestos- que Granada tenía la "peor burguesía de España". También aprovechó para sincerar su odio "al que es español por ser español nada más. Yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista abstracta por el solo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos".

En julio del mismo año, también en clave internacional, clamaba contra la dictadura de Salazar, a través de otro manifiesto político, criticando que "llenando de trabajadores y de hombres de izquierda las cárceles, no consigue destruir los motivos de la protesta popular". Por si fueran pocos ejemplos, ya en los meses previos al alzamiento franquista, Lorca se sincera con un gran amigo: "El Frente Popular se disgrega y el fascismo toma cuerpo (...), yo soy del partido de los pobres".

Parece evidente el compromiso político del poeta universal. Sin embargo, algunos ponen en cuestión el mismo de igual forma que discuten la relevancia de su homosexualidad para explicar su final. Pongamos algunos ejemplos de la homofobia incuestionable contra Federico, (otra) causa insoslayable de su asesinato.

9 de agosto, 1936. Una amiga de la familia, en 1966, confesó lo que ocurrió aquella tarde, estando el poeta en busca y captura por los sublevados: "A Federico le dijeron allí dentro "maricón", le dijeron de tó. Y le tiraron por la escalera y le pegaron (...) Yo estaba dentro (...) y le dijeron "maricón". Al padre no le hicieron ná. Fue al hijo". Es cuando Lorca pide auxilio a los Rosales. Se queda en su casa, supuestamente protegido. Pocos saben que Benet, un barbero falangista, reveló que "a Lorca le torturaron, sobre todo en el culo; le llamaban maricón y ahí le golpearon. Apenas si podía andar".

Madrugada del 18 de agosto. Hoy, en 1936. El final que todos tristemente conocemos. José Luis Trescastro, militante de Acción Popular, esa misma mañana, lo anunciaba con alegría por Granada: "Acabamos de matar a Federico García Lorca. Yo le metí dos tiros en el culo por maricón”. Tiempo más tarde, seguía vanagloriándose: “Yo he sido uno de los que hemos sacado a Lorca de la casa de los Rosales. Es que estábamos hartos ya de maricones en Granada".

El Lorca "socialista", "amigo de Fernando de los Ríos", "masón", y ejecutor de "prácticas de homosexualismo y aberración", tal y como señalaba un informe policial fechado el 9 de julio de 1965, había sido asesinado. Informe donde el poeta estaba conceptuado como "socialista por la tendencia de sus manifestaciones y por lo vinculado que estaba a Fernando de los Ríos, como también por sus estrechas relaciones con otros gerifaltes de igual signo político".

Sin duda, su compromiso político, social, cultural y su condición sexual fueron claves para entender el motivo de su fusilamiento. Bastaba ver, antes del asesinato, cómo trataba la prensa fascista a Lorca. Por ejemplo, Gracia y Justicia, órgano extremista del humorismo nacional, fundada en 1931 por Manuel Delgado Barreto, director de La Nación, difundía titulares como “Federico García Lorca o cualquiera se equivoca”. Lorca, por su homosexualidad. La revista ultraderechista El Duende, en su caso, acusó a La Barraca de ser “una pandilla de sodomitas”, denunciando que “También el Estado da dinero para La Barraca (...) ¡Qué vergüenza y qué asco!”. En junio de 1934, el órgano falangista FE recoge el testigo y acusa a La Barraca de estar pervirtiendo a los honrados campesinos españoles con “costumbres corrompidas propias de países extranjeros”, con “su promiscuidad vergonzosa” y su obediencia a los dictados del “marxismo judío”.

Pararé aquí. Hay muchas más evidencias igual de incontestables, sólo hay que buscar y, sobre todo, no querer tapar bajo el manto de las mentiras premeditadas la verdad irrebatible de que Lorca fue asesinado por motivos ideológicos y políticos, lo que, sumado a su condición sexual y a las rencillas familiares, hicieron del poeta crisol de todo lo que el franquismo quería destruir: disidencia, homosexualidad, cultura, libertad. Por cierto, sus verdugos murieron en paz. Algunos incluso ascendieron de rango y fueron condecorados con honores por sus servicios. Franco goza de un monumento en su honor sostenido con dinero público, franquistas tienen calles y Lorca sigue en una cuneta.

A mi juicio, Lorca fue asesinado por llorar cuando le daba la gana. Por ser un niño vencido en el colegio y el vals de la rosa herida. Por gemir como un pájaro con el sexo atravesado por una aguja, enemigo del sátiro, enemigo de la vid y amante de los cuerpos bajo la burda tela. Por tener la barba llena de mariposas. Por bordar en la bandera de la libertad el amor más grande de su vida. Hoy, 83 años después, su mirada verde, el forcejeo aniquilante entre el ser y la externa presión del parecer y aquel matiz que no era la verdad de su corazón son legado. Su trágico final, impulso. Le pese a quien le pese.

jueves, 15 de agosto de 2019

#hemeroteca #memoria #franquismo | La masacre de la plaza de toros de Badajoz y el empeño por vaciar la memoria

Imagen. El Salto / 'Eclíptica', de Blanca Muñoz
La masacre de la plaza de toros de Badajoz y el empeño por vaciar la memoria.
El coso taurino se derribó en 1998 bajo la presidencia de Rodríguez Ibarra y ante los impactos de las ejecuciones en la tapia del cementerio se construyó un cerramiento.
Félix Población | El Salto, 2019-08-15
https://www.elsaltodiario.com/los-nombres-de-la-memoria/la-masacre-de-la-plaza-de-toros-de-badajoz-y-el-empeno-por-vaciar-de-la-memoria

"El 14 de agosto se han cumplido 83 años del inicio de la matanza de Badajoz por la Columna de la Muerte, al mando del teniente coronel Yagüe, de infausta memoria. 83 años del día más nefasto de la reciente historia de Badajoz, a partir del cual comenzó un período de violencia criminal que se llevó por delante a miles de personas, y que marcó para siempre la vida de esta ciudad. La masacre que se desarrolló a partir del 14 de agosto de 1936 fue una de las primeras evidencias ante el mundo de la política de exterminio del adversario, programada por los militares golpistas". (Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura).

Conté hace un par de meses, con motivo de la presentación de mi libro ‘La memoria nombrada’ en Badajoz por invitación de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura (ARMHEX), que al pasar por donde está ubicado el monumental Palacio de Congresos de la ciudad, un amigo me ilustró acerca de la identidad de una estructura tubular que se encuentra al lado del edificio, obra de la artista Blanca Muñoz y que responde al título de Eclíptica. Tal monumento proyecta en el suelo, al parecer, una sombra en forma de flor a determinada hora del 14 de agosto, fecha del inicio de la llamada Batalla de Badajoz, que acabó con una gran masacre en la plaza de toros de la ciudad, lugar en el que ahora se encuentra el citado Palacio de Congresos.

Como entonces escribí, con motivo de mi visita, no hay junto a la obra -que entonces estaba siendo reparada de algún acto vandálico- ningún rótulo que la identifique como homenaje a la memoria de las numerosas víctimas asesinadas en el coso taurino hace 83 años. Me quedé, por lo tanto, sin leer el contenido de esa placa, dado que se encontraba en el interior del Palacio de Congresos, sin posibilidad de que el viandante foráneo reconozca la significación de la Eclíptica. Pendiente de que me enviaran la fotografía correspondiente, compruebo mediante la misma que son dos las placas. Una reseña la inauguración de dicho edificio el 27 de abril de 2006 bajo la presidencia de Juan Carlos Rodríguez Ibarra. La redacción de la segunda es todo lo cínica, equidistante y enterradora de la memora histórica que revelan estas líneas: "sobre el olvido no puede construirse una sociedad justa, libre, fraternal...en memoria de quienes perdieron la vida en los terribles días de la guerra civil española".

Fue en el transcurso del gobierno regional del señor Rodríguez Ibarra, ciertamente dilatado en la historia reciente de Extremadura, cuando se derribó la vieja plaza de toros, escenario de la tragedia, algo que con toda seguridad hubiera sido imposible en una ciudad como Guernica. Esta, gracias a la obra de Pablo Picasso que lleva su nombre, ocupa desde siempre primerísimo lugar como enclave simbólico de la represión franquista, con el concurso en este caso primordial de los aviones de la Legión Cóndor hitleriana, afanosa por experimentar sobre la población civil de España la temible arma de guerra que emplearía a fondo en la segunda Guerra Mundial.

Para algunos de los que con mayor o menor acierto nos dedicamos a investigar en nuestra memoria democrática desde hace bastantes años, no es Guernica sino la plaza de toros de Badajoz o la propia ciudad extremeña en su conjunto las que ocupan sin duda ese primer lugar, refrendado por el hecho de que en esa provincia también se perpetró una de las más sangrientas campañas de represión de todo el país por parte de los militares facciosos, la llamada Columna de la Muerte. A la ciudad de Badajoz o a su plaza de toros le faltó la paleta de un afamado pintor de renombre internacional que pintara su tragedia y lograra el gran predicamento mundial que obtuvo y mantiene la singular obra de Picasso. En el muro del cementerio pacense quedaron también los impactos de los fusilamientos, pero el Ayuntamiento del Partido Popular levantó hace años un cerramiento para ocultar esa memoria.

El profesor José Luis Gutiérrez Casalá, contrastando las listas de fallecidos con los registros civiles y eclesiales, documenta en una tesis publicada al respecto un total 12.971 víctimas mortales en la provincia, de las que 1.937 serían responsabilidad del gobierno republicano o de quienes lo apoyaban, y 11.034 corresponderían a las tropas sublevadas contra la legalidad constitucional de ese gobierno. Entre estas últimas, 6.367 fueron eliminadas por ajuste de cuentas, 1.084 tras un consejo de guerra y 3.587 fueron fusiladas, según la información recogida de listas documentadas municipio a municipio. Badajoz tenía en 1930 algo más de 40.000 habitantes. Si el número de ejecutados se cifrara en torno a 4.000, sería el 10 por ciento de la población.

Que la plaza de toros de Badajoz, todo un símbolo de una acción criminal masiva perpetrada en periodo de guerra, haya sido erradicada del plano urbano por el gobierno presidido por un militante del Partido Socialista Obrero Español, cuando tantos de sus compañeros fueron asesinados en ese lugar, deberá contar para siempre como una lacra en el currículum político del entonces presidente de la Junta de Extremadura. Tal memoricidio no tuvo lugar en los primeros años de la Transición, entre el azote homicida de un terrorismo a dos bandas y las amenazas y los intentos golpistas de un episodio esperpéntico como el del 23 de febrero de 1981 (del que algún día sabremos la verdad), sino en 1998, transcurridos veinte años desde la aprobación de la Constitución vigente, cuando todavía la memoria histórica no había aflorado como reivindicación necesaria en el devenir del ya avanzado régimen de 1978.

En lugar de un gran archivo regional o nacional sobre el golpe militar, la represión franquista y la guerra -como escribió en su día el historiador Francisco Espinosa-, cuya creación fue una de las reivindicaciones del movimiento pro memoria para cultivo de la investigación histórica, se edificó en los terrenos de la plaza taurina un Palacio de Congresos que bien podía haber sido ubicado en cualquier otro lugar de la ciudad. De la memoria democrática que podría haber permanecido señalada en el corazón de Badajoz, únicamente quedan las voces y banderas del homenaje que anualmente llevan adelante en fecha como la de hoy una serie de colectivos republicanos y algunos partidos políticos, además de esa sutilísima Eclípitica de Blanca Muñoz, de muy licuescente y astral significación, y esa borrosa placa vergonzante y equidistante en el interior del nuevo edificio, alejada de la propia obra a la que debería complementar de modo informativo y claramente identificativo de las víctimas republicanas.

Tal parece que, derribada la vieja plaza de toros y privando de identidad y significación el lugar de la memoria que el viejo coso taurino debería representar, lo que sus responsables políticos han pretendido -desde el mismo gobierno regional del Partido Socialista- es enterrar precisamente esa significación memorialista, del mismo modo que siguen enterrados sin identidad en fosas y cunetas miles de los ciudadanos que fueron asesinados por los mismos verdugos que llevaron adelante la masacre de Badajoz.

Queden para la memoria de todos los demócratas que no quieran hacer de la memoria histórica olvido o una tan cínica y equidistante manipulación como la que revela el texto de la placa de la Junta de Extremadura, la documentación que arrojaron las primeras crónicas presenciales de los corresponsales extranjeros, cuando en Badajoz se vivió aquella terrible batalla, seguida de la más cruel represión llevada a cabo en menos tiempo en la historia de este país por quienes lo gobernaron durante casi cuatro décadas, forjadores durante ese tiempo de un régimen dictatorial condenado en todas las instancias internacionales:

El periodista Jay Allen, del Chicago Tribune, contó 1.200 asesinados solo el día 15 de agosto, entre los que se encontraban el alcalde de Badajoz, Sinforiano Madroñero, y el diputado socialista Nicolás de Pablo. El día 25 publicó: “…les llevan al ruedo, hay ametralladoras esperándoles, la sangre subía un palmo del suelo…1.800 hombres- mujeres también- fueron abatidos en 12 horas”. Jacques Berthet, corresponsal del Journal de Genève (actual Le Temps): “...alrededor de 1.200 personas han sido fusiladas, las aceras de la Comandancia Militar empapadas de sangre, arrestos, ejecuciones en masa en la plaza de toros…” Le Populaire: “...17 de agosto, continúan las ejecuciones en masa en Badajoz, sobrepasando los 1.500, entre ellos militares republicanos, el coronel Cantero, el comandante Alonso, el capitán Almendro, el teniente Vega, suboficiales, soldados. Mario Neves, Diario de Lisboa: “…En las avenidas principales, larga hilera de cadáveres insepultos, los legionarios y los moros encargados de las ejecuciones quieren que sirvan de ejemplo”. Yagüe lo confirmó al corresponsal del New York Herald, John Whitaker: "Por supuesto que los matamos. ¿Qué esperaba usted? ¿Qué iba a llevar 4.000 prisioneros rojos conmigo, teniendo mi columna que avanzar contrarreloj? ¿O iba a soltarlos en la retaguardia y dejar que Badajoz fuera roja otra vez?” En el libro La columna de la muerte, el historiador extremeño Francisco Espinosa documenta 1.389 ejecuciones, y constata hasta 3.800. Según Paul Preston, autor de 'El holocausto español', podrían ser 2.500 las víctimas mortales.

Acabo con algunos versos. Los de mi admirado poeta astur-leonés Antonio Gamoneda, calificando a Extremadura como país del dolor: "No cesará la alondra/ ensangrentada en su furioso canto./ Hoy es el día del jamás y el nunca,/ ah país del dolor, Extremadura". Y los que encabezan el poema ‘Badajoz fantasma’, del que es autor el poeta extremeño Alejandro Caldito: "En Badajoz agosto tiene treinta días. Hace ochenta años que le robaron un día. Le quitaron el número catorce. Sembraron huesos y los regaron de sangre para que les brotara olvido. Y brotó. A Badajoz le sobran fantasmas. Los tiene de todos los tamaños y edades. Vinieron a ocupar el vacío de memoria".

sábado, 22 de junio de 2019

#hemeroteca #memoria | Un sonajero une a una madre fusilada y su hijo 83 años después

Imagen: El País / Martin de la Torre
Un sonajero une a una madre fusilada y su hijo 83 años después.
Es un objeto "único" entre todas las fosas de la Guerra Civil, dicen los antropólogos.
Nuño Domínguez | El País, 2019-06-22
https://elpais.com/elpais/2019/06/20/ciencia/1561045798_414205.html

Hace 83 años, una madre de cuatro hijos llamada Catalina Muñoz Arranz estaba frente al pelotón de fusilamiento. En uno de sus bolsillos conservaba un sonajero de colores chillones que hacía tan solo unos días había estado en las manos de Martín, su hijo más pequeño, de ocho meses. A Catalina la fusilaron al alba del 22 de septiembre de 1936 y la enterraron con el juguete de su hijo. Ayer, 83 años después, Martín recobró aquel juguete y, con él, la historia de su madre, de la que no tenía recuerdos.

“Si mi madre estuviese aquí le diría que la quiero y que me da mucha alegría”, dijo Martín el viernes sentado en el salón de su casa de Cevico de la Torre (Palencia), el mismo pueblo en que vivió su madre y en el que él ha pasado casi toda la vida sin apenas hablar de lo que sucedió para no herir los sentimientos de su padre. La familia nunca supo dónde habían enterrado a Catalina y la familia solo ahora ha conocido la historia del sonajero. Martín sostenía entre sus manos el juguete y apenas encontraba palabras para expresar sus sentimientos. “Qué tiempos aquellos”, alcanza a decir, y añade, a preguntas de su hija, Martina, que nada de lo que sucedió debía haber pasado.

“Este sonajero es un objeto excepcional, primero porque ayudó a identificar el cadáver de Catalina, porque se sabía que tenía un hijo de ocho meses, y segundo porque no se ha encontrado ningún otro en ninguna fosa de la Guerra Civil”, resalta Almudena García-Rubio, antropóloga de la Sociedad de Ciencias Aranzadi. “Es un objeto muy simbólico, los colores vivos junto a los huesos color tierra recuerdan una maternidad que se truncó y que en parte representa todo lo que pasó en la Guerra”, añade la científica.

En 2011, esta antropóloga se encontraba excavando las sepulturas de decenas de asesinados por el bando sublevado enterrados en el cementerio viejo de la capital palentina. Los huesos de los represaliados aparecieron debajo de columpios y juegos infantiles, pues sobre las tumbas se construyó un parque público, La Carcavilla. Ponciano Quintero, uno de los voluntarios de la excavación, fue el primero en ver asomar un objeto que parecía sacado de otra época, rosa, amarillo, verde, con forma de flor, un juguete infantil al lado de un cadáver acribillado. García-Rubio excavó con cuidado el objeto y lo llevó a un etnólogo que confirmó que podía perfectamente ser de 1936. “Debido al aplastamiento por la presión de la tierra, le falta la canica o bolita que, batiéndolo, producía el sonido característico de estos objetos”, señaló el etnógrafo en su informe.

Este viernes, García Rubio sacó los restos de Catalina de su caja e intentó recomponer su cráneo, quebrado por los disparos. El objetivo es poder unir la parte posterior de la calavera con los huesos del rostro. Esto, junto con una fotografía de juventud de Lucía, la hija de Catalina que tenía 11 años cuando detuvieron a su madre en 1936 y que es la única que tiene algún recuerdo de ella —”tenía mucho genio, como yo”, dice—, va a servir para realizar una reconstrucción del rostro de Catalina y suplir así la falta de fotos de la fallecida, que obsesiona a Martín y al resto de la familia.

Para entender por qué mataron a Catalina el 22 de septiembre de 1936 hay que retroceder hasta el 3 de mayo de ese año. “Pasadas las 10 de la noche, Máximo Inclán y un amigo, ambos falangistas, volvían en su carro hacia su pueblo después de haber pasado la tarde en las fiestas de Cevico, donde Inclán tiene una novia de nombre Luisa Merino”, explica Pablo García Colmenares, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Valladolid . "Un grupo de vecinos del pueblo les espera a la salida, los paran y empieza el enfrentamiento entre los falangistas y los miembros de la Casa del Pueblo. Inclán y su acompañante sacan pistolas y hay disparos. Inclán acaba recibiendo varias puñaladas y se refugia en la casa de un vecino de su novia, donde muere. Su compañero, también herido, consigue escapar a otro pueblo y denunciar la agresión”, relata el historiador, que también es vocal de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Palencia (ARMH). “Unos días después detienen a Tomás de la Torre, marido de Catalina. Los hechos probados de la sentencia, del 4 de julio, atribuyen el asesinato a Tomás, que es condenado a 17 años de cárcel. Esa sentencia probablemente le salvó la vida, pues estar en la cárcel le libró de ser ajusticiado o paseado una vez que empezó la Guerra”, añade.

A Catalina la detuvieron en agosto, ya en plena Guerra Civil. Según recuerda su hija Lucía, de 94 años, Catalina iba corriendo con Martín en brazos y se cayó en una zanja cuando la intentaron detener. Al niño no le pasó nada. Catalina se lo dio a unas vecinas y se la llevaron presa. Lucía recuerda que su madre llevaba un pañuelo de pico negro y un delantal con bolsillo. El alcalde de Cevico y otros testigos acusaron a Martina de ir a manifestaciones y defender ideas de izquierdas. También se la acusa de lavar sangre de la ropa de su marido tras el asesinato de Inclán. Ella niega todo menos que fue a manifestaciones. A Catalina ya no la juzga un juez dentro de un sistema democrático, sino un consejo de Guerra en una provincia, Palencia, donde no hubo combates por la guerra, solo represión, pues el levantamiento franquista triunfó desde el primer día. El sumario del juicio recoge un momento escalofriante. En un principio se pide para Catalina cadena perpetua por rebelión militar. Unos días después, sin mediar argumentación, la condenan a muerte.

Cuando desenterraron a Catalina en 2011 la tierra en torno a su cadáver sin ataúd conservaba manchas de cal viva. Ella es la única mujer víctima de la represión franquista juzgada en todo Palencia, al resto las asesinaron sin juicio. Gracias a eso existe un registro del cementerio que identificaba el lugar de su sepultura, con lo que se pudo identificar el cadáver sin recurrir al ADN de los familiares. Catalina medía 1,54 y presentaba heridas de bala en cráneo, vértebras cervicales, clavícula y costillas, dice el informe forense. Junto a sus restos se hallaron botones de nácar, corchetes, y las suelas de goma de sus zapatos del número 36 perfectamente conservadas. El sonajero estaba situado junto a la cadera izquierda, como si efectivamente lo llevara en el bolsillo del mandil.

Martín no recuerda nada de su madre ni de aquel juguete. A él lo crió una tía en Cevico. Cuando el padre de Martín salió de la cárcel se fue a trabajar a Bilbao. Muchos años después, ya jubilado, volvió a Cevico y vivió allí los últimos ocho años de su vida. Nunca hablaron de lo sucedido y Martín no le preguntó nada sobre su madre por no despertarle recuerdos dolorosos. En la familia apenas se habló de este tema y nunca se enteraron de que habían desenterrado a Catalina en 2011.

“El corazón se me encogió cuando supe la noticia de dónde estaba enterrada mi abuela, fue un momento de alegría y tristeza a la vez”, explica Martina, hija de Martín, de 56 años, para quien la recuperación de la historia de su abuela ha sido incluso más emocionante que para su padre. Tras conocer la historia de Catalina y el sonajero en mayo, ella y sus primas, hijas de Lucía, reclamaron los restos. Hoy, tras un homenaje a Catalina organizado por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Palencia y la Sociedad Aranzadi que se celebra en el parque de La Carcavilla a mediodía, los restos serán enterrados en Cevico de la Torre junto a los de su marido Tomás. Martina quiere conservar el sonajero en una urna para que sus hijos y nietos, si los llega a tener, conozcan su historia.
Imagen: El País / Martina de la Torre Atienza con sus xadres, Martín y Francisca
Y TAMBIÉN...
Un sonajero une a una fusilada por el franquismo con su familia 83 años después.
Catalina Muño escondió en un bolsillo antes de morir el juguete de su hijo, clave para el reencuentro.
Atlas, 2019-06-22
http://www.atlas-news.com/agencia-internet/sociedad/sonajero-fusilada-franquismo-familia-despues_3_1637266280.html
La madre que llevó un sonajero a su fusilamiento.
Catalina Muñoz fue ejecutada en septiembre de 1936 y enterrada con el juguete de su hijo de nueve meses, quien ha conocido su historia 83 años después.
Nuño Domínguez | El País, 2019-05-10
https://elpais.com/elpais/2019/05/07/ciencia/1557240719_368278.html

jueves, 30 de mayo de 2019

#libros #arte #mujeres #memoria | Las artistas del exilio republicano español : el refugio latinoamericano

Las artistas del exilio republicano español : el refugio latinoamericano / Carmen Gaitán Salinas.
Madrid : Cátedra, 2019 [05-30].
360 p.
Colección: Arte Grandes temas
ISBN 9788437640198 / 25 €

/ ES / ENS
/ América Latina / Diáspora / Exilio / Guerra Civil / Memoria histórica / Mujeres – Historia / Mujeres en el arte / Testimonios

Con el estallido de la Guerra Civil española, Latinoamérica se convirtió en el principal refugio de los exiliados que huían del horror que asolaba el país. Entre ellos se hallaban las artistas republicanas españolas y sobre ellas versa este libro. En sus páginas encontramos creadoras como Maruja Mallo, Remedios Varo, Roser Bru o Marta Palau, junto a otras como Elvira Gascón, Manuela Ballester, Victorina Durán o Mary Martín. A través del estudio de las condiciones socioculturales en que las mujeres desarrollaron su actividad artística y las complejidades que estos procesos conllevaron para ellas, este trabajo propone nuevos relatos que enriquezcan los discursos sobre nuestra historia artística reciente y los estudios en torno a la diáspora republicana. Dentro de sus producciones, a menudo fuera de los parámetros impuestos por las bellas artes, se dan cita la ilustración de revistas y libros, el diseño de moda, la decoración y la docencia del arte, pero también el muralismo y la escenografía, la pintura y el grabado. Aunque compartieron la misma causa política, estas artistas tuvieron trayectorias muy diversas que conformaron diferentes maneras de ver el exilio, la familia, el arte y, en definitiva, la vida.

sábado, 27 de abril de 2019

#hemeroteca #mujeres #memoria | Cuando se quemaban libros también se asesinó a la bibliotecaria Juana Capdevielle

Imagen: El Salto / Juana Capdevielle (i) en el Ateneo de Madrid
Cuando se quemaban libros también se asesinó a la bibliotecaria Juana Capdevielle.
La primera jefa de biblioteca de la universidad española, que estaba embarazada, fue asesinada en una cuneta el mismo día que fusilaron a García Lorca en Granada.
Félix Población | El Salto, 2019-04-27
https://www.elsaltodiario.com/los-nombres-de-la-memoria/cuando-se-quemaban-libros-tambien-se-asesino-a-la-bibliotecaria-juana-capdevielle

Recientemente se celebró un año más la llamada Fiesta del Libro, que en Cataluña se acompaña de rosas, y la ocasión se presta a rememorar la importancia que el libro, la escuela y las bibliotecas tuvieron durante la República. También se presta para recordar que procedemos de una larga autarquía cuya primera y marcial andadura, al paso alegre de la paz, no sólo consistió en llevar a cabo una en extremo cruel y vengativa oleada de represión con numerosas ejecuciones, encarcelamientos y destierros de todos aquellos ciudadanos comprometidos en la defensa de la segunda República, sino en quemar miles de libros que se consideraban peligrosos para la salud y pervivencia del nuevo Estado nacional-católico.

A imagen y semejanza de lo ocurrido en la Alemania nazi, aliada de Franco en la Guerra de España, en nuestro país hubo quemas de libros a cargo de las tropas golpistas en muchas de las ciudades ocupadas. Recomiendo a este propósito el interesante artículo de Francesc Tur ‘El bibliocausto en la España de Franco (1936-1939)’. Cuenta Tur que la primera quema pública de libros tuvo lugar en La Coruña el 19 de agosto de 1936. Ardieron en varias hogueras prendidas en la dársena del puerto, frente al Club Náutico. Se trataba de la biblioteca personal de quien había sido fugaz presidente del Consejo de Ministros ese año, Santiago Casares Quiroga, y de la biblioteca del centro de estudios sociales Germinal. Se calcula que más de un millar de volúmenes fueron pasto de las llamas. La selección había sido obra, como en El Quijote, de un cura apellidado Maseda y la gacetilla periodística fue redactada de este modo en el diario El Ideal Gallego: “A orillas del mar, para que el mar se lleve los restos de tanta podredumbre y de tanta miseria, la Falange está quemando montones de libros y folletos de criminal propaganda comunista y antiespañola y de repugnante literatura pornográfica".

Pero no sólo se quemaron libros nocivos para la salud e integridad del viejo régimen. También fueron asesinadas, y precisamente en Galicia, algunas de aquellas personas que llevaron a cabo una importante labor social y educativa al frente de editoriales y bibliotecas, como son los casos del director de la editorial gallega Nos, Anxel Gasol, y el de Juana María Capdevielle San Martín (Madrid, 1905-Rábade, Lugo, 1936), una joven pedagoga y bibliotecaria cuyo nombre tiene una especial significación, pues se trata de la primera mujer que fue jefa de una biblioteca en la universidad española, en concreto, de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Madrid. Accedió al cargo en 1933, compatibilizando esa función, además, con una labor no menos destacada como jefa técnica de una de las más importantes bibliotecas del país, la del ateneo de Madrid.

Cuenta Clara Herrera Tejada en ‘Juana Capdevielle, bibliotecaria del Ateneo de Madrid (1933-1936)’ que por los años treinta la biblioteca de ese centro era un hervidero de ideas y de jóvenes ávidos de conocimiento. En un artículo firmado en la revista Crónica el 1 de julio de 1934 por la periodista Josefina Carabias se refiere al ambiente femenino que se respiraba en aquellos salones, en los que suponíamos mucho más consistente la presencia y prestancia masculinas: "Hoy en día en el ateneo se ven casi tantas mujeres como hombres -escribe Carabias-. Las jóvenes estudiantes están en mayoría, y las viejas sabihondas que alternaban con Unamuno han desaparecido por completo".

El 6 de diciembre de ese mismo año, en el diario Ahora se publica un artículo del ateneísta José Pérez Bojart en el que aparece una fotografía de "la bella y culta bibliotecaria" trabajando en su despacho. El autor define a Juana Capdevielle como una bibliotecaria "asectaria, amplia e integral, en que la han nutrido su espíritu todos los izquierdistas y derechistas españoles que tienen algo en la cabeza".

También sabemos, a modo de muestra fehaciente de la actividad cultural que fomentaba la joven bibliotecaria en la prestigiosa institución madrileña, que por petición expresa de Capdevielle el grupo de teatro ambulante La Barraca, tan querido y unido a la memoria de Federico García Lorca, realizó en el ateneo la última representación antes de la Guerra Civil de la obra de Lope de Vega ‘El caballero de Olmedo’, en la primavera de 1936, según hace constar la actriz María de Carmen García Lasgoyti en el libro de Luis Sáenz sobre La Barraca. Es una pena que de aquella representación no queden testimonios documentales en los archivos del centro, del que se hizo socio y voraz lector de su biblioteca García Lorca a su llegada a Madrid, según cuenta en una carta a sus padres en 1919. El poeta sería elegido en 1934 vicepresidente de la Sección de Literatura, por lo que cabe colegir su amistad con Juana.

Fue en ese ambiente de gran pujanza cultural e intelectual donde Capdevielle conoció al que luego sería su marido, Francisco Pérez Carballo, militante de Izquierda Republicana y socio del ateneo madrileño desde 1926, en el que llegaría a ocupar importantes cargos. Fue en la biblioteca de ese centro donde estudió la carrera universitaria y preparó sus oposiciones para oficial letrado del Congreso de los Diputados. Juana y Francisco se casaron en marzo de 1935, siendo ya oficial letrado de las Cortes de la República, cargo que dejaría al ser nombrado en abril de ese mismo año gobernador civil de La Coruña, por lo que su esposa pidió un permiso de tres meses sin sueldo para trasladarse a la capital gallega.

Una vez en marcha el golpe militar en julio de 1936 y habiendo caído de inmediato Galicia en manos de los facciosos, el marido de Juana quiso que se refugiara en la casa de unos conocidos mientras él permanecía en la sede del gobierno civil. Al cabo de unos días, al no tener noticias suyas, Juana llamó al gobierno civil para saber el paradero de su marido, según cuenta Clara Herrera en la aludida comunicación. Obtuvo como única respuesta que se la recogería para ser conducida a su lado. De este modo fue detenida y encarcelada, sabiendo entonces que su marido había sido fusilado el 24 de julio en Punta Herminia, cerca de la Torre de Hércules. Antes de ser asesinado a lo veinticinco años de edad, Francisco tuvo tiempo para escribir una breve carta de despedida a su esposa, en la que le decía que era lo más hermoso que tenía en la vida y que mientras pudiera pensar, pensaría en ella. En los primeros días de agosto fue liberada con la prohibición de que siguiera residiendo en A Coruña. Fue recogida en Culleredo en casa del diputado de Izquierda Republicana Victorino Veiga y allí recibió la orden de deportación que no le dio tiempo a cumplir. La noche del 17 de agosto fue a buscarla la Guardia Civil para correr la misma fatal suerte que su marido. Fue asesinada a los treinta años en el kilómetro 526 de la carretera N-VI, cerca de Rábade.

Ese mismo día había sido fusilado en Granada su amigo Federico García Lorca, con quien compartió los años en que el ateneo de Madrid fue un hervidero de ideas y La Barraca dio su última función. Es seguro que el poeta se espantaría de dolor y rabia ante el cadáver de Juana, en cuyo vientre se gestaba una nueva vida, como la de aquella República a la que no dejaron crecer.

jueves, 14 de marzo de 2019

#libros #franquismo | Los campos de concentración de Franco

Los campos de concentración de Franco / Carlos Hernández de Miguel.
Barcelona : Ediciones B, 2019 [03-14].
560 p.
ISBN 9788466664783 / 24.90 €

/ ES / ENS
/ Campos de concentración / España / Franquismo / Guerra Civil / Historia – Siglo XX / Prisiones / Represión

Los campos de concentración fueron la primera pata de un sistema represivo, un holocausto ideológico, que convirtió a toda España en una inmensa cárcel repleta de fosas. En ellos, presos políticos y prisioneros de guerra fueron asesinados, murieron de hambre y enfermedades, padecieron todo tipo de torturas y humillaciones. Los datos son necesarios y las pruebas documentales resultan fundamentales, pero nada tiene verdadero sentido si no somos capaces de entender que detrás de cada cifra, de cada listado, de cada campo de concentración franquista hubo miles y miles de hombres, de mujeres, de familias...

«Escalofriante relato. Una obra de obligada lectura que desnuda las mentiras del franquismo, documentada de forma esplendida y minuciosa.» Baltasar Garzón

«Una investigación tan heroica como necesaria. El nuevo libro de Carlos Hernández de Miguel me ha conmovido hasta las raíces.» Ian Gibson

«Los campos fueron parte de una compleja estrategia del terror dentro de un proyecto ideológico muy amplio para aniquilar la cultura política y moral de la España Republicana. Este tema tan crucial para la recuperación de la memoria histórica en España ha encontrado en Carlos Hernández de Miguel su cronista ideal. Nos ofrece una historia dolorosa pero necesaria, basada en una investigación exhaustiva y presentada en una prosa lúcida, del sufrimiento impuesto sobre miles de españoles y sus familias por Franco y sus seguidores.» Paul Preston