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miércoles, 7 de abril de 2021

#hemeroteca #cine #memoria | De "rojo de mierda" a "espagnol de merde": el exilio francés de Josep Bartolí

Imagen: Público / Fotograma de 'Josep', de Aurel

De "rojo de mierda" a "espagnol de merde": el exilio francés de Josep Bartolí.

'Josep', la película de animación dirigida por el dibujante francés Aurel, indaga en la vida del exiliado republicano Josep Bartolí, también dibujante, que vivió de primera mano los abusos de las autoridades francesas tras la contienda.
Juan Losa | Público, 2021-04-07
https://www.publico.es/culturas/rojo-mierda-espagnol-merde-exilio-frances-josep-bartoli.html 

Sucede que la Historia, a veces, atraviesa de lleno una biografía. Son vidas marcadas por un tiempo convulso que, con suerte, encuentran su particular redención en el arte. La vida del dibujante comunista Josep Bartolí es una de tantas vidas sacudidas por su tiempo, pero su obra la hizo única. Un testimonio del horror a carboncillo, una muestra más de la iniquidad de la que es capaz el ser humano.

Exiliado español del franquismo que luchó contra el régimen desde Francia y cuyos pasos le llevaron a conocer a la mismísima Frida Kahlo, la vida de Josep Bartolí quedó plasmada en cientos de bosquejos. Su talento para el dibujo y su obsesión por retratar el drama de lo cotidiano, le convierten en testigo de excepción de un tiempo que ya no es, pero que tristemente aún reverbera en muchos discursos políticos.

Pero vayamos por partes. Febrero de 1939. La retirada. Más de 450.000 personas huyen de los embates franquistas por Catalunya y atraviesan los Pirineos a pie. Caminos inundados de hombres, mujeres y niños arrastrando ajuares bajo la lotería de una aviación y una marina al acecho. Anhelaban un refugio en el país vecino y se toparon con alambres de púas. Ni rastro de ‘liberté’, de ‘egalité’ o de ‘fraternité’, campos de concentración y mandobles. Aquellos exiliados venían de ser "rojos de mierda" y se convirtieron, una vez traspasada la frontera, en "espagnols de merde".

Ahora un largometraje de animación dirigido por el dibujante de prensa Aurélien Froment 'Aurel' (Ardèche, 1980) y con guion de Jean-Louis Milesi, recupera aquella afrenta histórica, lo hace a través de la figura de Josep Bartolí (Barcelona, 1910 - Nueva York, 1995) y de su relación con el personaje de Serge, gendarme con el que traba amistad y que viene a representar esa otra Francia que sí prestó ayuda a los que huían del fascismo, conscientes quizá de que pronto serían ellos los que tendrían que plantarle cara.

El periplo de Bartolí tiene tintes épicos. Tras pasar por numerosos campos de concentración −Lamanère, Argelès-sur-Mer, Saint-Cyprien, Rivesaltes y Barcarès...−, consigue escapar a París ayudado por un capitán de la armada francesa. Sin embargo, la ocupación alemana le hará huir de nuevo hasta que es detenido por la Gestapo en Vichy. Finalmente, cuando iba a ser deportado al campo de concentración de Dachau, en manos nazis, escapa de nuevo arrojándose del tren en el que iba y, después de pasar por Marsella, Túnez y Casablanca consigue poner rumbo a México en 1943.

El largometraje ‘Josep’ (disponible en Filmin) indaga, a través de los bosquejos que dejó Bartolí y que sabiamente ha reinterpretado Aurel, en el trato inhumano que recibieron los exiliados españoles por las autoridades francesas. Una supuesta 'acogida' que en realidad consistió en encierros masivos, humillación, hambre, sed y frío. Campos de concentración que nunca fueron de refugiados y que consistían en hacinar a aquellos "extranjeros indeseables" en barracones inmundos.

Un ‘tableau vivant’ hecho de miseria y desesperación que Bartolí supo captar a través de sus dibujos. En ellos, reflejó el desprecio y el recelo con el que fueron recibidos por las autoridades del país vecino, no así por parte de los ciudadanos de a pie que, a través de campañas solidarias, se volcaron en brindar a los refugiados los víveres necesarios.

Llegado a México, Bartolí entra en contacto con Diego Rivera y Frida Kahlo, con quien mantendrá un romance que se alargó en el tiempo. Seguirá pintando, lo hará sin descanso, el arte como escapatoria pero también como testimonio de la ignominia de la que somos capaces los seres humanos. En el DF publicará sus dibujos bajo el título ‘Campos de concentración (1939 - 194...)’, donde recopila algunos de sus dibujos en aquel infierno francés.

En el 46 emigrará a Nueva York donde comienza a trabajar dibujando decorados e ilustrando publicaciones de la época. Allí desarrolló buena parte de su carrera como pintor, una trayectoria ya inseparable de aquellos días a la intemperie, cuando el fascismo corría a sus anchas por toda Europa y había que tomarle las medidas, aunque apenas se dispusiera de un lápiz y una cuartilla.
 

Y TAMBIÉN...
‘Josep’, de Aurel, la obra maestra de animación de 2020.
Carlos Loureda | Fotogramas, 2020-10-27

https://www.fotogramas.es/noticias-cine/a34495029/josep-de-aurel-obra-maestra-animacion-efa-aurel-bartoli/

sábado, 23 de enero de 2021

#hemeroteca #homofobia #nazismo | Las macabras cartas inéditas de Leo Classen, el gay superviviente de un campo de exterminio nazi

Imagen: El Español / Campo de concentración de Buchenwald
 
Las macabras cartas inéditas de Leo Classen, el gay superviviente de un campo de exterminio nazi.
En 'Y Leo Classen habló', el investigador Carlos Valdivia reúne y publica por primera vez el testimonio de un médico católico y homosexual que resistió al nazismo.
Lorena G. Maldonado | El Español, 2021-01-23
https://www.elespanol.com/cultura/20210123/macabras-cartas-ineditas-leo-classen-superviviente-exterminio/553195363_0.html

“Hay experiencias que destrozan el cuerpo y el alma hasta tal punto que los sismógrafos de los sentimientos recitan sus datos y sin resistencia ni clemencia revelan a los hombres su horrible destino y los aplastan. La completa disolución y degradación de la personalidad era el objetivo de cada proyecto que aquí narraré”. Así empieza el primero de los devastadores textos inéditos de Leo Classen, superviviente homosexual de un campo de concentración nazi.

De él sabemos que nació en 1906 en una familia socialdemócrata, que fue médico y que ingresó en Sachsenhausen-Oranienburg (Brandenburgo) a los 35 años. Menciona que llevó consigo un diario desde 1939 hasta 1945, lo que lleva a pensar, a juzgar por las fechas, que antes de entrar en Sachsenhausen pasó por otro campo -de hecho, es seguro que estuvo un mes en Natzweiler-. Su voz, su palabra y su memoria, no exenta de carga poética y simbólica, son ahora rescatadas gracias a la investigación de Carlos Valdivia Biedma, que ha reunido su excepcional trabajo en ‘Y Leo Classen habló’ (Editorial Egales).

Se trata del testimonio más antiguo conocido de un triángulo rosa -así se les bautizó en medio de la barbarie-, extraído de una serie de artículos que Classen publicó más tarde, entre 1954 y 1955, en la revista de temática homoerótica Humanitas. Aquí se recogen siete piezas, que se unen a las palabras de Josef Kohout (1972), Pierre Seel (1994) y Rudolf Brazda (2010), los tres únicos homosexuales que, según sabemos hoy, sobrevivieron al exterminio nazi y compartieron su desgarro por escrito.

'La corona de espinas'
El primero de estos artículos se titula ‘La corona de espinas’ -prueba del catolicismo del autor- y arranca en 1942, cuando, “junto con otros 300 triángulos rosas, se le convoca y destina a la compañía disciplinaria encargada de trabajar en la fábrica de ladrillos”. La labor consistía en llenar vagones con arcilla y empujarlos por la ladera hasta la fábrica, desde las cinco de la mañana hasta las cinco de la tarde. Detalla el investigador que sólo era “una excusa para exterminarlos” -en dos meses, el grupo se había reducido a un tercio-, y así, además, los explotaban construyendo infraestructuras para la nueva Alemania de Hitler.

Los guardias se entretenían con el “dispara al que escapa”: un macabro juego que consistía en ordenarle a un preso que fuese a la valla y dispararle por el pretexto de que “intentaba huir”. “Por cada prisionero muerto en este juego, el ganador -que sólo lo era si le acertaba en la cabeza- recibía cinco marcos imperiales y tres días de permiso”. Los llamaban “delincuentes sexuales”, “errores biológicos de nuestro dios”, e insistían en que ellos debían ser los primeros en “ser sacrificados”.

“El pan y la muerte fueron dos de los pilares de nuestra existencia allí. No teníamos nada más a lo que agarrarnos”, escribe Leo Classen. “Lo que había fuera, lo que una vez habíamos llamado vida, quedaba lejos, muy lejos, no como el olor de la sangre y la putrefacción, de la agonía y la maldad que nos rodeaban allí, donde nos arrastrábamos bajo la corona de espinas con huesos estridentes de una mañana gris a otra”.

Torturados y violados
En su segundo y tercer artículo se refiere a la “doble marginación dentro del campo de los triángulos rosas”: los torturaban tanto los oficiales nazis como sus propios compañeros, que también abusaban de ellos. “Se les daba menos comida, se triplicaba su trabajo y se los sometía a múltiples experimentos médicos denominados ‘acciones rosas’”, como apunta Valdivia. Aquí un extracto:

“¿Qué hay de los prisioneros que además fueron destruidos con una sádica crueldad física y mental solo porque vivían y amaban de acuerdo con la ley natural de sus inclinaciones y que por lo demás no eran ni antisociales ni criminales ni opositores políticos? Me refiero a los que llevan el triángulo de la vergüenza, que no fueron tratados ni como personas ni como animales y que fueron declarados proscritos. ¡Los homoeróticos! No estaban para nada preparados para amar a su pueblo y a su patria, pero solo podían hacerlo como miembros libres y dignos de la comunidad de los vivos.

Y no se volvió a hablar ni de la libertad ni de la dignidad humana, especialmente entre aquellos que habían sido designados sacrificios de sangre para asegurar el restablecimiento de la moralidad y la decencia (como denominaron su programa de asesinatos). Se puede matar sin crear cadáveres, y algo así le pasó a la gente homoerótica, y a esto se lo llamó corrección legal de la inferioridad biológica. ¡Esclavitud! ¡Hambre! ¡Burla! ¡Castración! Estos fueron algunos de los hitos en el sufrimiento de estos desafortunados prisioneros en prisión preventiva”.

En el cuarto artículo, Classen relata el uso de prisioneros vivos para probar remedios contra las quemaduras de fósforo: total, los triángulos rosas eran considerados “infrahombres” por los nazis, que también infligieron sobre ellos otros experimentos que se considera “incapaz de relatar” pero que sentencia con un: “¡No volvamos a matar nunca jamás!”.

Ejecuciones y silencio
El quinto artículo, titulado ‘Ecce homo o las puertas del infierno’ -de nuevo sus referencias bíblicas-, detalla cómo les afeitaron las cabezas al llegar al campo de concentración, cómo les calzaron los uniformes de rayas y les sometieron a palizas y burlas, antes de marcarlos, como a reses, con el triángulo rosa y un punto negro en el uniforme. Aquí otro extracto:

“Nos afeitaron y nos ‘guisaron’. Como cerdos en el basurero…

—Vuestros días de felicidad deben acabar —se burlaron—, y después leed las letras de bronce que cuelgan, de manera invisible pero insistente para vosotros, sobre la puerta de hierro: ‘¡Aquí vuestra voluntad será quebrantada!’.

¡Y todo acabó! Todo lo que amábamos: la libertad, la seguridad, la humanidad. ¡Acabar con los días de felicidad¡, se llama aquí. ¡Se había abierto la segunda puerta al infierno! Nos recibieron con los nudillos”.


“El sexto artículo narra la ejecución de tres triángulos rosas ajusticiados en la horca por intentar escapar: Scharley, Hans y Herbert. Aprovecha el tema para referirse al silencio guardado por otros presos, entre los que se incluye, y que considera de alguna manera cómplices de tal crimen”, contextualiza Valdivia.

“¡Tres camaradas! ¡Tres jóvenes muchachos en flor! Jóvenes que no habían hecho nada más que, como todos los hombres presos, guardar en su corazón un deseo y anhelo hasta verlo cumplirse un día: ¡huir libres! Pero ya no había libertad por la que valiera la pena huir. La muerte, la violencia y el odio estaban por todas partes. Ni siquiera más allá de los altos muros quedaba ningún refugio. Alemania se había convertido en un desierto de cuya arena caliente salían las llamas de la perdición.

(…)

Antes de permitirles morir, los cubrieron de burlas y mofas, enterrados vivos en dolor y angustia. Les provocaron sed con comida salada y los azotaron en el potro, después les ataron un gran tambor al cuello que tenían que golpear y gritar: ‘¡Hurra! ¡Hemos vuelto! ¡Hurra! ¡Hurra! ¡Hurra!’. Convertidos en estatuas de sal, hicimos una pausa silenciosa y lanzamos nuestra compasión y nuestro tormento hacia el cielo glorioso (...) El silencio se cernió sobre nosotros y oscureció el sol naciente. Cum tacent, clamant (‘Cuando callan, gritan’)... ¡sólo en ese momento conseguí entenderlo! ¡Scharley, Hans, Herbert! ¡Tres compañeros! ¡Tres amigos! ¡Tres de los nuestros! Homosexuales...”.


Estas impresionantes traducciones adquieren aún más enjundia gracias a la introducción en la que el autor de ‘Y Leo Classen habló’, Valdivia, repasa la situación del colectivo LGTBI previa a la dictadura nazi y el paso de los hombres homosexuales por los campos de concentración alemanes. Lo más escalofriante es que a día de hoy apenas se han recopilado datos y cifras sobre el número de víctimas homosexuales que cayó en manos del nazismo.

viernes, 22 de enero de 2021

#hemeroteca #homofobia #nazismo | El testimonio más antiguo de un prisionero gay en un campo de concentración nazi: torturas, castraciones y experimentos

Imagen: El Diario
El testimonio más antiguo de un prisionero gay en un campo de concentración nazi: torturas, castraciones y experimentos.
Homosexuales en campos de concentración nazis. El editor y traductor Carlos Valdivia rescata de una biblioteca alemana los textos que el superviviente Leo Classen escribió en 1955 y que ahora publica Egales.
David Noriega | El Diario, 2021-01-22

https://www.eldiario.es/cultura/testimonio-antiguo-triangulo-rosa-homosexuales-exterminio-sometio-disciplina-campo-triplicada_1_6939777.html 

Leo Classen atravesó las puertas del infierno el 15 de febrero de 1942. Bajo los pies, la pisoteada y sucia nieve del invierno en Brandemburgo. En la verja que da paso al campo de concentración de Schasenhausen, una burla: "El trabajo os hará libres". En su uniforme rayado, un triángulo rosa invertido que le identificaba como homosexual y le colocaba en el estrato más bajo entre quienes parece que ya no pueden sufrir más.

"Ahí estábamos: pobres, enfermizos y cansados. El frío sol del invierno molestaba a los ojos, que empezaron a llorar con miedo, con rabia, con vergüenza, con tristeza", escribiría Classen unos años después en una revista de temática homosexual llamada 'Humanitas'. Los textos, publicados entre 1954 y 1955 y sin apenas difusión, suponen el testimonio más antiguo de un prisionero homosexual en un campo de concentración nazi, que ahora rescata el editor y traductor Carlos Valdivia en el libro 'Y Leo Classen habló' (Editorial Egales, a la venta desde el lunes 25 de enero).

Valdivia encontró el primer rastro sobre Classen casi por casualidad, a través de un enlace de Wikipedia que, reconoce, "no suele ser la fuente más fiable". Ese breve artículo de menos de 100 palabras en el que se mencionaban siete textos, su fecha de nacimiento, el 26 de junio de 1906 y su formación en medicina, le puso sobre la pista. "Comencé a tirar del hilo y me pareció raro que solo se mencionara en una nota a pie de página. Empecé a hablar con bibliotecas alemanas y a buscar esos documentos".

Finalmente, Valdivia dio con los textos originales que se encontraban olvidados en una biblioteca de Hamburgo. "Me di cuenta de que merecían la pena. No son solo unos textos de un valor histórico incalculable, porque son inéditos y lo que cuenta es muy duro, sino que nos ofrecen mucha información sobre cómo trataban a los presos homosexuales, con castigos diferentes", explica en conversación con elDiario.es.

"Se les sometió a la disciplina del campo triplicada"
Classen habla en sus artículos de las llamadas "acciones rosas": "Es decir, se agrupó a los homoeróticos en comandos de exterminio y se les sometió a la disciplina del campo triplicada, lo que significó a su vez menos comida, más trabajo y una supervisión aún más estricta". Estas acciones incluían, según este testimonio, la prohibición de entrar a la enfermería para los prisioneros homosexuales, experimentos médicos, torturas, castraciones y juegos macabros por parte de los guardias, como animarles a acercarse a la valla para dispararles bajo el pretexto de que intentaban huir. El ganador recibía cinco marcos y tres días de permiso.

Es complicado establecer una cifra aproximada de homosexuales que fueron recluidos o asesinados en campos de concentración durante el nazismo. Tras la liberación de los campos, la homosexualidad seguía estando estigmatizada y estas víctimas fueron, una vez más, las que obtuvieron peor reparación. En la exposición 'Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos', una de las más importantes sobre el Holocausto celebrada en España en los últimos años, se hablaba de "varios miles".

"Varios miles" que demuestran la falta de precisión e investigación sobre este colectivo en y después del Holocausto. Una inexactitud sobre la que Valdivia trata de arrojar luz citando diversos estudios, publicados en los últimos años, en los que se habla de 50.000 condenados y entre 5.000 o 15.000 varones presos homosexuales asesinados en campos de concentración. "El porcentaje de mortandad de los homosexuales encarcelados por los nazis era, al parecer, relativamente más alto, en los campos y tras la liberación, que el de otros grupos perseguidos", publicó el escritor e investigador Richard Plant en su libro 'The Pink Triangle'.

Si bien es cierto que las relaciones sexuales entre hombres estaban castigadas en Alemania por el artículo 175, el país y, sobre todo, Berlín, había generado a finales del XIX y principios del XX una subcultura, intelectual y reivindicativa, para el colectivo. El investigador Robert Beachy, que publicó en 2015 'Gay Berlín', un análisis de aquella época, explicaba en esta entrevista a El País que "la ley penaba los actos sexuales entre hombres, pero no prohibía los clubes, bares u otros lugares de encuentro. La policía los vigilaba, pero estaba obligada a tolerarlos. Precisamente por este acoso, los activistas empezaron a organizar protestas y esta subcultura comenzó a hacerse más visible".

La llegada de Hitler al poder en enero de 1933 ya había supuesto un tajo por la raíz a las aspiraciones de los movimientos homosexuales de la época. Una de sus primeras medidas, en febrero, fue prohibir esas asociaciones. Dos meses después, los nazis arrasaron con el Instituto para el Estudio de la Sexualidad en Berlín. Se trataba de un fondo de más de 20.000 volúmenes y 35.000 fotografías, creado por el médico y sexólogo Magnus Hirschfeld, una de las figuras claves de esa subcultura berlinesa y responsable de algunos de los primeros estudios sobre la homosexualidad. "Fue una de las grandes pérdidas del movimiento", lamenta Valdivia.

Del trabajo de Hirschfeld (1868-1935) las autoridades nazis solo conservaron aquellos documentos que podían servirles para engrosar las llamadas "listas rosas", con los nombres de homosexuales que serían purgados en los campos de concentración. Para estas listas, la policía nazi utilizó también la información de las comisarías relativa al artículo 175. En 1936, el oficial Heinrich Himmler, que llegó a presumir de haber acabado con un millón de homosexuales, creó la Oficina Central del Reich para Combatir el Aborto y la Homosexualidad.

"Sin la protección de sus compañeros"

'Y Leo Classen habló' arroja luz sobre otro hecho que escapa a la homofobia institucional y que, aunque puede imaginarse, él verbaliza así: "Poco se sabe sobre el especial odio, la persecución y la tortura intramuros a los que condenaron los presos a sus propios compañeros de celda: ¡los homosexuales!". Describe así el aislamiento dentro del campo de concentración que padecían aquellos con el triángulo rosa, burlados por oficiales y prisioneros. "El grupo de condenados estuvo privado de la protección hombro a hombro de sus compañeros", lamenta.

El de Classen, que falleció en 1972, es el testimonio más antiguo que se publica de un triángulo rosa, pero no el único. Hasta la fecha han relatado sus memorias en los campos nazis otros tres hombres, con perspectivas diferentes pero puntos en común. En 1972, Josef Kohout publicó, con la ayuda del escritor Heinz Heger, 'Los hombres del triángulo rosa: memorias de un homosexual en los campos de concentración nazis'; en 1994, Pierre Seel escribió sus memorias -las únicas de un superviviente gay francés-, junto al periodista Jean Le Bitoux; y en 2010, Rudolf Brazda, el único superviviente homosexual con una placa en su honor, publicó 'Rudolf Brazda, itinerario de un triángulo rosa', con el escritor Jean-Luc Schwab.

"Fíjate, cuatro testimonios. Son los grandes olvidados de esta recuperación de la memoria histórica", llama la atención Carlos Valdivia. Muy pocos si se compara con la exposición y el estudio de otros colectivos perseguidos durante el nazismo. "Los cuatro hacen mucho hincapié en que después del Holocausto se han estudiado muchísimas cosas, pero no a los triángulos rosas", explica. Un hecho que puede explicarse, en parte, por la homofobia, legal y social, imperante también tras la II Guerra Mundial. En Alemania, el artículo 175 no dejó de castigar las relaciones entre hombres adultos hasta 1969 y siguió en vigor hasta 1994. Como tras la liberación de los campos las relaciones entre hombres siguieron siendo delito, a algunos supervivientes homosexuales se les llegó a recomendar cambiar el color de su triángulo para optar a una pensión. Kohout, por ejemplo, no la consiguió hasta 1992.

En 2018, el presidente alemán Frank-Walter Steinmeier pidió perdón a los homosexuales por los crímenes cometidos contra ellos durante el nazismo y los años posteriores. "Les pido perdón por el dolor y por la injusticia pasados y por el largo silencio que le sucedió", reconoció ante el monumento a las víctimas homosexuales del Tercer Reich, que se había construido en el parque berlinés de Tiergarten una década antes. "Llegamos tarde", admitió.

Los movimientos de liberación LGTBI en auge, principalmente, en Estados Unidos a partir de los años 70 y 80 favorecieron la conciencia de la persecución que habían sufrido los homosexuales a lo largo de la historia. Fue entonces cuando el triángulo rosa invertido se resignificó como un símbolo del colectivo, que reclamó con más fuerza su visibilidad.

El de Classen es un testimonio crudo de la violencia y el horror que vivieron los hombres homosexuales en los campos de concentración. "No consigo recordar ningún proceso de abandono tan sombrío en el libro de la historia de la humanidad que haya dejado tal rastro de sangre y lágrimas como lo hizo aquella fábrica de ladrillos", dice en referencia a la fábrica del campo a la que se les enviaba a trabajar hasta la extenuación, a morir, como parte de la "acción rosa".

Pero, pese a ese intento por quebrar su voluntad y a que "es imposible expresar con palabras actos tan viles", se desprenden de los textos de Classen, del que se sabe poco más que su fecha de nacimiento y de defunción, reivindicaciones de las que el colectivo LGTBI lleva años haciendo bandera: "Perdóneme, querido lector, si le recuerdo una y otra vez las instituciones y los sucesos ocurridos durante el Reich de los doce años y le ruego que nunca repita, tolere o admita los métodos y las medidas aplicados durante esa época, porque tan solo mediante el conocimiento y la observación se podrá proteger el futuro para evitar la repetición y los efectos del pasado".

viernes, 8 de mayo de 2020

#hemeroteca #lgtbifobia #memoria | Mariela Castro: las UMAP fueron como una escuela al campo

Diario de Cuba / Mariela Castro //

Mariela Castro: las UMAP fueron como una escuela al campo.

La directora del CENESEX cree que los 'campos de trabajo' para homosexuales en Cuba son un asunto 'muy sobredimensionado'.
Diario de Cuba, 2020-05-08
https://diariodecuba.com/cuba/1588974952_19112.html 

Mariela Castro negó que las Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP), donde entre 1965 y 1967 el régimen cubano encarceló a decenas de miles de personas, sobre todo homosexuales, religiosos y desafectos políticos, puedan ser calificadas como "campos de concentración."

En una comparecencia en vivo en el programa de YouTube ‘La tarde se mueve’, que conduce el periodista procastrista Edmundo García desde Miami, la hija de Raúl Castro y directora del estatal Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) señaló que ese es un asunto "muy sobredimensionado y muy distorsionado."

"Lo que se había creado era lo que es ahora el EJT (Ejército Juvenil del Trabajo). La idea de las Fuerzas Armadas era crear un Servicio Militar sobre todo con campesinos para apoyar la producción de alimentos. Por eso decían: en lo que se preparan para defender el país, que también apoyen la producción de alimentos que el país necesitaba. Había personas que estaban totalmente distanciadas de los problemas del país y no querían poner su granito de arena, y eran momentos muy difíciles", comentó.

"La manera de recoger a las personas fue terrible", criticó Castro, en referencia a los operativos violentos por los que muchas personas fueron detenidas y trasladadas a las UMAP. "Eso fue un trabajo que se hacía desde el Ministerio del Interior (MININT), no era compatible con lo que habían decidido las Fuerzas Armadas", justificó.

No obstante, según Castro, la experiencia de los campos de trabajo depende de las vivencia de cada persona que los vivió. "En las UMAP había directivos que no eran homofóbicos, y que trataron bien a su gente, y que fueron comprensivos", dijo.

Pero, según su parecer, "me hubiera gustado que existieran de otra manera."

"Nosotros íbamos a la escuela al campo. ¿Ir a la escuela al campo eran campos de concentración? Mira que aprendimos mucho y nos divertimos mucho y lo cuestionábamos todo. Si la pasábamos de lo más bien...", aseguró.

Castro comentó que las denuncias sobre lo que sucedía en las UMAP llegaron al Partido Comunista y de ahí a las Fuerzas Armadas a través de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y de la Casa de las Américas. Por ello, dijo, se comenzó una investigación que acabó con su cierre.

Según la también diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), tras el triunfo la revolución cubana en 1959, la reivindicación de los derechos de los homosexuales no fue contemplada "porque era un tema que no se discutía políticamente en aquellos tiempos" debido a los prejuicios con que lo abordaban las ciencias y las religiones.

"Cuando triunfa la revolución ese era el pensamiento científico dominante. (...) No podemos pretender que los dirigentes lo sepan todo", argumentó.

De acuerdo con Mariela Castro, si bien "ha habido prácticas que reprobamos", el pensamiento de Fidel Castro evolucionó en sus consideraciones sobre el tema.

Para ella, lo más recomendables es "no estar escudriñando en la basura con malas intenciones."

domingo, 15 de diciembre de 2019

#hemeroteca #homofobia #franquismo #memoria | Los mitos y realidades de Tefía, la prisión de vagos y maleantes de Fuerteventura durante el franquismo

Imagen: El Diario / Misa en el exterior de la Colonia Afrícola de Tefía
Los mitos y realidades de Tefía, la prisión de vagos y maleantes de Fuerteventura durante el franquismo.
Sobre la Colonia Agricola de Tefía se han creado una serie de ideas erróneas, basadas en interpretaciones equivocadas, datos exagerados y alguna invención que, en aras de la verdad histórica, hay que aclarar.
Víctor M. Ramírez | El Diario, 2019-12-15
https://www.eldiario.es/canariasahora/sociedad/realidades-Tefia-maleantes-Fuerteventura-franquismo_0_973952604.html

En el año 1953 se crea, con sede en Las Palmas de Gran Canaria, el Juzgado Especial de Vagos y Maleantes del Archipiélago Canario con el objetivo de juzgar y aplicar las medidas de seguridad previstas en la Ley de Vagos y Maleantes a aquellas personas consideradas peligrosas sociales en virtud de la misma. Esta ley, aprobada en el año 1933, tenía como objetivo rehabilitar a personas cuyas conductas tuvieran inclinaciones delictivas. No obstante, la norma se aplicó con frecuencia como instrumento de represión y control social y político, uso este último que el régimen franquista dio a la ley sin complejos hasta su derogación y su sustitución por la Ley de Peligrosidad Social de 1970. En el año 1954, se creó la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, con el fin de aplicar el oportuno tratamiento de vagos y maleantes, según la propia Orden de constitución. La Colonia estuvo ubicada en las instalaciones, en ese momento abandonadas, del antiguo aeropuerto de Fuerteventura, en el pueblo de Tefía, ubicado en el centro de la isla majorera, a 20 kilómetros de Puerto del Rosario.

Sobre la Colonia Agricola de Tefía se han creado una serie de ideas erróneas, basadas en interpretaciones equivocadas, datos exagerados y alguna invención que, en aras de la verdad histórica, hay que aclarar, hecho que me propongo con este artículo.

Si Tefía se ha hecho conocida ha sido gracias a la difusión que de su existencia realizó el escritor Miguel Ángel Sosa y su novela 'Viaje al centro de la Infamia', en la que narra con escalofriante crudeza las experiencias de algunos presos de ese centro. El libro estuvo inspirado por los testimonios de dos homosexuales, Juan Curbelo y Octavio García, que contaron a Sosa la dura experiencia de haber estado recluidos en la colonia en los años 50 por haber sido considerados peligrosos sociales por su disidencia sexual. Aunque Sosa explicó en su momento, de manera clara, muchos de los errores que ahora intentamos disipar, algunos mitos creados en los últimos años alrededor de la Colonia se han ido reproduciendo de diversa manera en textos periodísticos, obras artísticas e incluso en más de una obra académica. Vamos a intentar desenredar algunos de esos mitos.

Tefía ¿un centro para recluir homosexuales?

Uno de los principales errores que se cometen al hablar de la Colonia de Tefía es considerar que el centro se creó para recluir en él exclusivamente a homosexuales. En Tefía fueron internados no solo homosexuales sino también condenados por otras categorías de las previstas en la Ley de Vagos y Maleantes. Esta conclusión es obvia a partir de varias premisas, la primera es la fecha de la aprobación de la Orden que crea la Colonia Agrícola, 30 de enero de 1954, ya que la homosexualidad no era una categoría de peligrosidad social en ese momento, ya que la reforma de la Ley de Vagos para incluirla como tal fue de 15 de julio de ese mismo año y, por tanto, posteriormente a la creación de la Colonia. Asimismo, la Orden de 30 de enero indica expresamente que se instituye una Colonia Agrícola para el tratamiento de Vagos y Maleantes, en Tefía, sin indicar expresamente una categoría específica, mucho menos la de homosexuales en tanto, en esa fecha, ni siquiera existía. Una última prueba que ratifica lo anteriormente dicho es el estudio de los expedientes de vagos y maleantes que hemos analizado y que obran en el Archivo Histórico Provincial Joaquín Blanco de Las Palmas de Gran Canaria. En dichos expedientes encontramos diversas categorías de peligrosos sociales, así como, presos comunes e incluso, según algunos testimonios, presos políticos.

¿Fueron tan duras las condiciones de reclusión como cuentan?

En este punto nos debemos atener a los testimonios de quienes estuvieron presos en la Colonia, Juan Curbelo y Octavio García. La crudeza de sus recuerdos y la vívida memoria que mantenían de su experiencia no nos permite dudar lo más mínimo de su veracidad. Los presos de Tefía estuvieron sometidos a duros trabajos forzados, a un riguroso régimen disciplinario por el que cualquier mínima infracción era objeto de una duras sanciones, entre las que se incluían terribles palizas. Asimismo, la escasa alimentación que se les suministraba les hacía pasar un hambre atroz, hasta el punto de buscar comida en las basuras o, incluso, de prostituirse con algún funcionario a cambio de comida, como cuenta Juan Curbelo. Sin embargo, según expone Octavio Garcia, este duro régimen no se mantuvo durante toda la existencia de la Colonia. Octavio recuerda cómo, tiempo después de finalizar su encierro se encontró con algún otro preso que estuvo en Tefía con posterioridad a él. Así lo exponía:

"Yo cuento lo mío, mi época. Después los chicos cuando nombraron a este director nuevo (...) Don Prudencio, que era buena persona, era humano, Dios lo bendiga (...). Ese señor dicen que abrió el economato, quitó todos los castigos, todos los castigos los quitó. Las comidas, hacían las perolas de comida, el que quería dos platos le daban dos platos, el que quería tres, tres, daba el pan. Lo que era nuestro, de los presos. Ya yo había salido, afortunadamente".

Según Octavio, el cambio del director de la Colonia hizo que la nueva dirección suavizara el régimen disciplinario de manera importante. En todo caso, el tipo de trabajo a los que forzaron a los recluidos, el nivel de maltrato, el hambre y, en general, las duras condiciones del encierro fueron muy específicas del centro majorero y, según los testimonios, no tuvieron tan rígido carácter en el resto de centros de reclusión canarios, sin quitar por ello importancia al hecho de ser condenados simplemente por su homosexualidad.

¿Colonia Agrícola o Campo de Concentración?

En numerosas ocasiones se habla de la Colonia Agrícola como un campo de concentración, a menudo comparándola con los centros de reclusión del nazismo. Si nos atenemos estrictamente al concepto de Campo de Concentración como aquel establecimiento instalación en la que son recluidas personas por pertenecer a un determinado colectivo (grupo étnico, religioso, político, sexual, etc.) y no por haber cometido algún crimen o delito, difícilmente podemos aplicar este concepto a la Colonia Agrícola. En sentido estricto, las colonias agrícolas eran uno de los tipos de instalaciones previstas en la Ley de Vagos y Maleantes de 1933 que, junto con los establecimientos de trabajo y otro tipo de centros, estaban destinadas a la rehabilitación de los peligrosos sociales mediante el aprendizaje de tareas agrícolas, en el primer caso, o de diversos artes y oficios en el segundo, según establecía el Reglamento de la ley. A la confusión también ayuda el hecho de que también desde el régimen franquista fuera usual utilizar la expresión “campo de concentración” al referirse a la instalación de Tefía, tanto en artículos de prensa como en documentos oficiales que constan en los expedientes de vagos y maleantes.

Sin embargo, en la práctica, la colonia de Tefía se convirtió en un auténtico campo de trabajos forzados y la dura experiencia de Octavio García y de Juan Curbelo les llevó a comparar el centro con los campos de concentración nazis. Aquello era un campo de concentración. Ponlo así, contaba Curbelo en una de las entrevistas a la prensa. Asimismo, Octavio confesaba a Miguel Ángel Sosa en sus conversaciones: "He visto hacer de todo, lo más horrendo que te puedas imaginar...: hambre, palos patadas, vejaciones... El mismo trato que recibieron los judios en los campos de concentración... Solo faltaban las cámaras de gas. Solo eso. Sigo sin conseguir quitarme de la cabeza todo aquel horror..."

Sin lugar a dudas, la dureza de las condiciones en que vivieron los presos durante los primeros años de funcionamiento del centro de Fuerteventura soportan de manera clara esa comparación con los campos de concentración del nazismo.

¿Cuántos homosexuales fueron recluidos en Tefía?

En algunos textos se habla de decenas o de cientos de homosexuales los que cumplieron medidas de seguridad en la Colonia Agrícola. Sin embargo, estas cifras son notablemente exageradas. La colonia estuvo abierta entre los años 1953 y 1966. Es difícil de concretar el número exacto de presos que cumplieron medidas de seguridad o condenas en la colonia majorera. Habría que analizar todos y cada uno de los expedientes de vagos y maleantes de ese periodo para determinarlo claramente, cosa que aún no se ha realizado. Por otro lado, las estadísticas de las Memorias de la Dirección General de Prisiones no recogen todos los años el número exacto de reclusos de Tefía, pues en algunas de ellas este dato no aparece.

Pero de las cifras de altas de presos en el centro y de las medias anuales que se recogen en dichas memorias, podemos deducir que, durante los años de funcionamiento, la colonia agrícola acogió entre 300 y 350 presos. Sin embargo, solo 20 de ellos lo fueron por su disidencia sexual, según los expedientes de vagos y maleantes analizados, un número notablemente inferior al resto de reclusos. Obviamente, el número de expedientes abiertos por homosexualidad durante la vigencia de la ley fue superior. Durante la investigación en el Archivo Histórico, se revisaron un total de 1096 expedientes pertenecientes a los legajos comprendidos entre los años 1954 y 1970. De ellos 192 expedientes fueron abiertos en virtud de la presunta homosexualidad del procesado, de los cuales 68 fueron considerados peligrosos sociales por su homosexualidad y condenados a las correspondientes medidas de seguridad y 120 fueron absueltos. En cuatro expedientes no se llegó a la sentencia por diferentes motivos.

Por lo tanto, en Tefía fueron recluidos algo menos del treinta por ciento de los condenados por el juzgado especial del archipiélago canario por su homosexualidad, y un porcentaje mucho menor del total condenado en la colonia agrícola. El resto fue recluido en las prisiones de Tenerife, La Palma y Gran Canaria.

¿Fue la colonia dirigida por un sacerdote?

En sus declaraciones, Octavio García se refiere al director de la colonia como un ex-carmelita descalzo llamado Prudencio de la Casa de Dios, al que atribuye las terribles condiciones durante el tiempo en el que estuvo recluido. Esto ha llevado a considerar que la colonia estuvo dirigida por un sacerdote, hecho del todo incierto. Es posible, si nos atenemos a las declaraciones de Octavio, que efectivamente esta persona fuera un ex-carmelita y, por tanto, en el momento de ejercer las funciones de dirección estuviera fuera del ámbito religioso. Hemos intentado confirmar este dato a través de los archivos de la Orden de los Carmelitas Descalzos en Italia desde donde, mediante correo electrónico, se nos aconsejó que nos pusiéramos en contacto con la Provincia Ibérica, ya que ellos conservan los catálogos con todos los datos de los frailes de la Provincia. Tras remitir sendas solicitudes de información a dicho contacto, a través de la página web y de correo electrónico, nunca recibimos respuesta.

Sin embargo, sí podemos acreditar que Prudencio de la Casa de Dios, antes de incorporarse al cuerpo de funcionarios de prisiones, fue militar de graduación. Así, en el Boletín Oficial del Estado de 24 de junio de 1937 se publica su ascenso a Alférez, destinado en agosto de ese año al Regimiento de Infantería de Toledo. En julio de 1938 es ascendido a Teniente. Tras la guerra civil, en el año 1940, es nombrado con carácter provisional oficial del Cuerpo de Prisiones.

Del análisis de los expedientes de vagos y maleantes podemos deducir que Prudencio de la Casa estuvo destinado en Tefía al menos entre los años 1955 y 1959. En enero de este último año es nombrado administrador de la Central del Puerto de Santa María. Durante su destino en Tefía ocupó los cargos de administrador, entre los años 1955 y 1957 y, a partir de julio de este último año, el de director de la colonia hasta el año 1959. Asimismo, la casualidad hizo que otro Prudencio –Prudencio Lafuente–, fuera director durante los tres primeros años de funcionamiento de dicha instalación - probablemente de febrero de 1954 a julio de 1957–.

Todos estos datos nos vienen a aportar la siguiente información. La primera que Prudencio de la Casa de Dios no era sacerdote cuando realizaba sus funciones en Tefía, sino Oficial de Cuerpo de Prisiones. Y por otro lado, nos pone en duda sobre quién pudo ser el responsable de la dureza del régimen de Tefía durante la reclusión de Octavio García en este centro (entre marzo de 1956 y abril de 1957) y de Juan Curbelo (septiembre de 1955 y mayo de 1958), puesto que durante el encierro del primero, Juan de la Casa fue administrador y sólo durante los últimos diez meses de la reclusión de Curbelo actuó como director.

Nos encontramos aquí, por tanto, con cierta incongruencia entre el relato de los testimonios, específicamente el de Octavio García, que da a entender que durante su reclusión, entre los meses de marzo de 1956 y abril de 1957, la dirección de Tefía estaba en manos de Prudencio de la Casa cuando de los expedientes se infiere que durante ese tiempo el director del centro fue Prudencio Lafuente, y el primero ejercía las funciones de administrador.

Octavio García ofreció su testimonio cuando habían transcurrido más de cincuenta años de los hechos por lo que es posible que hubiera confundido nombres o cargos. De esta manera podemos plantear dos hipótesis, la primera que la personalidad y el poder de Prudencio de la Casa de Dios, aun siendo administrador, fueran lo suficientemente destacables como para imponer tan riguroso sistema en la colonia y marcar tan negativamente el recuerdo de los reclusos. Y la segunda, que quien realmente impuso una disciplina tan severa fuera Prudencio Lafuente, por entonces director, y este régimen fuera suavizado por Prudencio de la Casa al sustituirlo en el año 1957, cuando Octavio ya había sido liberado. El fallecimiento de los testigos hace imposible confirmar alguna de las hipótesis.

¿Condenados sin juicio?

Más allá de su reclusión en Tefía u otra prisión, es habitual, y así lo manifiestan muchas de las personas procesadas, creer que la aplicación de la Ley de Vagos y Maleantes se realizaba sin juicio, es decir, sin la aplicación del procedimiento judicial previsto en la legislación correspondiente. En este sentido hay que anotar que tanto la Ley de 1931, en su Título II, como su Reglamento de desarrollo, regulaban el procedimiento judicial destinado a indagar y hacer constar el estado peligroso de vagos y maleantes, según el artículo 78 de la norma reglamentaria. Durante la tramitación de dicho procedimiento, el encausado tenía legalmente derecho a proponer pruebas en su descargo y a designar Procurador que lo represente y Letrado que lo defienda o pedir al Juez que nombre uno de oficio, según el artículo 13 de la ley.

Del examen de los expedientes del juzgado canario se observa que, efectivamente, los procesos están documentados, incluyendo en ellos tanto las declaraciones que se toman a los inculpados como su firma en las diligencias en las que se les informa de su derecho a designar abogado y procurador. Asimismo se les permitía designar representación procesal y presentar escritos de alegaciones y proponer pruebas documental y testifical en su descargo. Una vez dictada sentencia, era posible interponer el correspondiente recurso ante la Audiencia Provincial. No obstante, el hecho de que no existiera juicio oral, sino que el expediente se tramitara fundamentalmente por escrito, produjo la sensación generalizada de que no se les había realizado juicio alguno.

Por otro lado, encontramos un número notable de procesados que no hicieron uso de tales posibilidades de defensa –elección de abogado o solicitud de uno de oficio, presentación de alegaciones o prueba– y en otros expedientes no se garantizaron plenamente de los derechos procesales. Sin extendernos en exceso, en estos expedientes podemos encontrar que la reforma de la Ley de Vagos y Maleantes de 1954 se aplicó en los primeros expedientes de manera retroactiva, a personas que fueron detenidas antes de su entrada en vigor, e incluso antes de que la misma ley estuviera vigente. También existen expedientes en los que no se concedió abogado de oficio a algunos procesados que lo solicitaron.

A todo lo anterior debemos añadir los abusos sexuales y malos tratos en las instalaciones policiales y las torturas con los que, en ocasiones, se intentaba extraer información de los procesados durante su estancia en comisaría o la policía armada. La conjunción de estas circunstancias nos ofrece un panorama en el que, a pesar de la tramitación del procedimiento judicial, de estos es fácil deducir en muchos casos la vulneración de los derechos de los inculpados, una situación de notable inseguridad jurídica y la ausencia del respeto a los más elementales derechos humanos.

Más allá de mitos y exageraciones, la realidad de Tefía nos remite a un momento de extrema represión hacia quienes osaban retar al sistema cis-heterosexista del nacional-catolicismo franquista. La Colonia Agrícola de Tefía se ha convertido en un necesario símbolo de esta represión, un espacio que se debe convertir en lugar de encuentro, reflexión y memoria que permita que generaciones futuras conozcan la historia de una comunidad secularmente marginada y cuyas vidas merecen el adecuado reconocimiento.

Víctor M. Ramírez Pérez es activista LGTB e investigador de la memoria histórica de la comunidad del colectivo en Canarias. Acaba de publicar el libro ‘Peligrosas y revolucionarias. Las disidencias sexuales en Canarias durante el franquismo y la transición’, editado por Tamaimos.

viernes, 29 de noviembre de 2019

#hemeroteca #homofobia #franquismo #memoria | Los campos de concentración que Franco abrió en los 50 para "reformar" al colectivo homosexual en Canarias

Imagen: Público / Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía en la actualidad
Los campos de concentración que Franco abrió en los 50 para "reformar" al colectivo homosexual en Canarias.
El Auschwitz de Fuerteventura estaba en Tefía. Durante la represión franquista se confinaron en esta colonia agrícola, entre 1955 y 1966, un centenar de presos que sufrieron todo tipo de vejaciones y torturas. Su historia es inédita. Octavio García cuenta el infierno vivido como uno de los últimos supervivientes.
María Serrano Velázquez | Público, 2019-11-29
https://www.publico.es/sociedad/franco-canarias-campos-concentracion-franco-abrio-50-reformar-colectivo-homosexual-canarias.html

En el archivo histórico provincial de Las Palmas queda intacta la sentencia que llevó hasta el “terrorífico” campo de concentración de Tefía (Fuerteventura) a Octavio García Hernández, con tan solo 24 años, el 12 de septiembre de 1955.

Antoni Ruiz, presidente de la asociación Ex-Presos Sociales, recuerda a ‘Público’ sus días en aquel infierno. Lo llamaban Auschwitz por las terribles condiciones de vida que se vivieron en aquel campo de concentración, conocido como colonia penitenciaria y que abrió sus puertas en enero de 1955.

De todas las conversaciones mantenidas con Octavio, Antoni relata cómo hablaba de aquellos días de terror, de incertidumbre, en un campo que no tenía ni muros. “El propio mar hacía de frontera natural para que nunca salieran de allí y así que creyeran que aquel hacinamiento podría durar mucho tiempo”, aclara a Público.

El joven Octavio García, era uno de los supervivientes que se mantenían con vida de aquellos años en el campo de Tefía. Y en su sentencia (aún bajo secreto de sumario) reza “el traslado a la colonia agrícola” por un tiempo indeterminado. El expedientado era acusado de homosexual, lo que caía de lleno en la “causa de peligrosidad 2º de la ley de vagos y maleantes del 4 de agosto de 1933, y que se adicionaba a la establecida por el régimen de Franco del 4 de julio de 1954”.

Ruiz relata cómo por una causa injusta y falsa este joven canario es acusado de pederastia, siendo “obligado a permanecer en un colonia de trabajo forzado”, como Tefía, un tiempo mínimo de un año y un máximo de tres. Entre el centenar de presos que se hacinaba en aquel paraje casi desierto había incluso algunos presos comunes y presos políticos en una etapa ya tardía de la represión.

Un campo de trabajo forzado en medio de un desierto
La Colonia de Tefía sería instalada en unos terrenos de la Legión que habían sido antes aeródromo del Ministerio del Aire durante la guerra civil. Bajo una orden ministerial de 1954, homosexuales y transexuales fueron confinados en los denominados "centros de trabajo" y "colonias agrícolas penitenciarias”. La Colonia Agrícola-Penitenciaria de Tefía, como sería denominada por el régimen, fue establecida sobre terrenos pedregosos e improductivos donde los presos picaban piedra hasta la extenuación, sin descanso y ante la humillación constante por su orientación sexual.

El periodista Fernando Olmeda, autor del libro ‘El látigo y la pluma’ (editorial Oberón) relata a ‘Público’ que la colonia de Tefía surge en un contexto muy concreto con “la modificación de la Ley de Vagos y Maleantes que incrementa la acción represiva (detenciones, encarcelamientos)”. La creación de la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía responde a ese endurecimiento.

“Aquella represión desmedida respondía a coordenadas intrínsecas de la alianza nacional católica del régimen de Franco, que identificó al franquismo: arbitrariedad e impunidad, crueldad gratuita, poder omnímodo sobre la vida de terceros, en este caso los homosexuales”, concluye Olmeda.

El investigador Felipe Gómez narra en su libro ‘El derecho a la memoria’ cómo la razón de aquel hacinamiento del colectivo en Tefía era el encarcelamiento para una posterior reforma. “Hay informes que no han salido a la luz de cómo los detenidos eran obligados a trabajar hasta la extenuación, sin ningún interés por su bienestar, por no mencionar su interés en su reforma y los continuos maltratos por parte de los funcionarios de prisiones”.

El infierno de Octavio: 16 meses interno y sin juicio
El Ministerio fiscal pediría para Octavio García, en su expediente número 79 de 1955 del Juzgado Especial de Vagos y Maleantes, que en aquel campo no se pudiera relacionar con nadie. Que tendría que quedar incomunicado. El fiscal pide explícitamente “absoluta separación de los demás”.

García fue llevado sin previo juicio a la colonia canaria. Aquel expediente, al que ha tenido acceso Público, “le prohibía residir en el lugar o territorio que el tribunal designara y la obligación de declarar el domicilio durante un año” tras su salida del campo.

En su testimonio sobre aquellos días recordaba como los vecinos de la isla los miraban como si fueran “casi terroristas”. Octavio declara que eran tratados como “ganado” y no olvida cuando llegaron escoltados por la Guardia Civil a una especie de espigón. “Nos tenían a pleno sol para ponernos en evidencia. Nos echaban un toldo y en un camión nos llevaron tapados para que no viéramos el camino si queríamos escaparnos”.

Cuando llegaron a Tefía había en el campo de trabajo unos 50 presos. “Vino un funcionario que le llamaban la Viga, un tío altísimo de un metro ochenta, que nos decía que éramos maricones y nos iba a quitar esa enfermedad y eso era una cosa nuestra, innata”, recuerda Octavio.

La rutina era de instrucción militar. “Nos levantaban a las seis de la mañana para hacer la cama; pero en aquel paraje no había cama, había petate a ras del suelo. Se escuchaba el viento por la noche con una manta muy fina y unos uniformes grises con los que nos identificaban los guardias”.

Octavio García estuvo afincado 16 meses en Tefía. “Estar allí tanto tiempo te estropea la mente. Aquello solo era cargar piedras y agua. Hombres de 80 kilos que llegaban a pesar treinta kilos y si te equivocabas en la marcha te daban con una fusta que los funcionarios llevaban en la mano”.

Octavio no olvidaría los días que vivió junto a su compañero más joven, Juan Curbelo Oramas, que estuvo durante tres años picando piedra en la colonia, unido a castigos y muchas palizas.

En su libro 'Redada de violetas. La represión de los homosexuales durante el franquismo', el periodista e historiador Arturo Arnalte relata cómo Curbelo llegó a Fuerteventura con la cabeza rapada. “Lo mandaron a la isla”, ya que antes del boom turístico era un paraje para desterrar y alejar a los que no eran adeptos al régimen.

El director del campo, sacerdote castrense de Vitoria
Los que vivieron en aquellas condiciones recuerdan cómo un sacerdote vasco era quien controlaba la organización y el orden de aquella colonia agrícola. Un sacerdote que, detalla Arnalte, “era capaz de esconder las cartas de los familiares y tener durante más tiempo recluido a los condenados” en su internamiento en Tefía por el juzgado de Vagos y Maleantes.

Octavio rememora que no había agua corriente. “Con agua de pozo estancada nos teníamos que duchar solo un día a la semana”. Tampoco olvida cómo iban andando para ir a misa hasta un pueblo muy cercano donde los vecinos no entendían “si eran delincuentes comunes, ni por qué aquellos jóvenes se encontraban hacinados y encerrados en tales condiciones”.

La colonia duró muchos más años de lo previsto. En 1966 se decreta su cierre, aunque siguieron enviando a los homosexuales a la cárcel. Las conocidas galerías de invertidos se ubicaban en cárceles como la de Huelva o la de Badajoz “gracias a la Ley de Vagos y Maleantes que en 1970 fue sustituida por la de Peligrosidad Social”.

Fernando Olmeda señala que las penalidades sufridas por quienes tuvieron la desgracia de pasar por allí “son suficientemente elocuentes”. La dictadura convirtió “al diferente en peligroso. De aquí que, de maleantes, pasaron a ser peligrosos, y de ahí la aprobación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social años después".

Los violetas, como la prensa y los propios guardias los llamaban despectivamente, guardan una historia silenciada de aquella represión que está llegando hoy a la sociedad, a través de otros formatos, incluso de cómic. Las viñetas de 'El Violeta' escrito por Marina Cochet, Jesús Sepúlveda y Antonio Santos (editorial Drakul) refleja la historia de Bruno Llopis, un joven homosexual que es detenido en plena dictadura y encerrado. Antoni Ruiz señala cómo en sus páginas queda latente la historia de Octavio y sus días en Tefía para “no olvidar ese episodio tan oscuro y reciente de nuestra historia”.

En 2004, el Cabildo de Fuerteventura quiso dar un homenaje a aquellos presos que lograron soportar las vejaciones y torturas de Tefía. Se instaló una placa en memoria de quienes fueron recluidos en la colonia. Cuatro años más tarde, el Gobierno de Canarias celebró en aquel espacio, hoy albergue juvenil, el primer acto constitucional el Día Internacional contra la homofobia para no olvidar a aquellos presos, ni tampoco sus historias.

jueves, 28 de noviembre de 2019

#hemeroteca #franquismo #ideologiadeodio | El fascismo no es respetable. (Acunando al patriarcado)

Imagen: Nueva Tribuna
El fascismo no es respetable. (Acunando al patriarcado).
Teresa Galeote | Nueva Tribuna, 2019-11-28
https://www.nuevatribuna.es/opinion/teresa-galeote/fascismo-es-respetable-acunando-patriarcado/20191128105400168609.html

En 1947, Antonio Vallejo Nágera es nombrado por las instituciones franquistas profesor de Psiquiatría en la Universidad de Madrid, cargo que desempeñó hasta 1959, siendo el primer catedrático numerario de dicha especialidad en la Universidad española. El psiquiatra dotó de base científica la política franquista al afirmar que el “marxismo” era una enfermedad incurable. Amparándose en tal pensamiento, se justificaron los robos de bebés para apartarlos de tan terrible lacra y educarlos en los cánones que el régimen impuso.

El psiquiatra del régimen franquista afirmaba que la tríada “Dios, Patria y Familia”, principal valor de la raza hispana, se había degenerado y que el pensamiento marxista de la lucha de clase había pervertido a la sociedad. Vallejo Nágera se centraba en la influencia de la cultura obrerista que se estaba implantado, la cual desembocaba en una enfermedad social:

“Las epidemias de San Vito se han visto sustituidas por otras epidemias que causan numerosas víctimas, por haberse traducido en lucha de clases. Han desaparecido de la conciencia colectiva las constelaciones. Dios, patria y familia que tanto influyen en la sensibilidad del pueblo”.

“El fenotipo amojamado, anguloso, sobrio, austero, se transformaba en otro redondeado, ventrudo, sensual, venal y arribista, hoy predominante. Tiene tan estrecha relación la figura corporal con la psicología del individuo que hemos de entristecernos de la pululación de Sanchos y penuria de Quijotes”.

En la revista 'Acción española' del año 1936, el psiquiatra afirmaba lo siguiente: “En las clases bajas populares predominan los deficientes mentales y los incultos más que en otros estratos sociales superiores”.

Enrique González Duro sostuvo que Vallejo Nágera se proponía restaurar la inquisición, porque el psiquiatra sostenía que el español tenía sangre inquisitorial y era preciso recuperarla por el bien de España.

“Corre sangre de inquisidores por nuestras venas y en nuestros genes paternos y maternos están incrustados cromosomas inquisitoriales”.

Consideraba que las ideas que habían invadido el país, durante la República, eran antipatrióticas, extranjeras y corruptoras de los valores hispánicos. Sus ideas fueron bien vistas por el gobierno, ya que en 1938 se encargó al psiquiatra el estudio definitivo que dotaría de carácter científico la represión que se ejercía contra las personas leales a la República. Para dicho estudio, Vallejo Nágera creó el Gabinete de Investigaciones Psicológicas, un organismo que estaba bajo la jerarquía de la dirección de campos de concentración de prisioneros. La institución creada era una copia del Instituto Alemán que difundió las ideas nazis sobre la eugenesia.

Desde el Instituto, el psiquiatra desarrolló una de sus teorías, la cual consideraba a los marxistas y los individuos de los estratos sociales más bajos gentes a erradicar para mejorar la raza hispánica. Según él, ésta debía elevarse a sus momentos más gloriosos. Querían experimentar con hombres y mujeres de las prisiones y campos de concentración para identificar y destruir el mal marxista. El estudio se realizó en el campo de concentración de San Pedro de Cardeña (Burgos). En dicho campo existían 3.000 soldados republicanos y más de 600 brigadistas internacionales; el estudio fue recogido en el trabajo, 'Psiquismo del fanatismo marxista'. El doctor Vallejo Nágera y otros como él inyectaban a su pacientes cardiazol, un fármaco que llevaba al borde la muerte, provocaba también el coma hipoglucémico, el choque acetilcolínico, la carbonarcosis, el bombeo espinal, además de realizar lobotomías.

En la Revista Semana Médica Española, 1939. Afirmaba:

“La inferioridad mental de los partidarios de la igualdad social y política o desafectos. La perversidad de los regímenes democráticos favorecedores del resentimiento promociona a los fracasados sociales con políticas públicas, a diferencia de lo que sucede con los regímenes aristocráticos donde sólo triunfan socialmente los mejores".

Para él, el ideario marxista y la igualdad social favorecía a los inferiores mentales, incapaces de ideales espirituales y a quienes solo les satisface las apetencias animales. Y en aras a fomentar a los mejores, todo hombre debía estar dispuesto a procrear la raza:

“Constituye un deber de todo buen ciudadano, consciente de la responsabilidad moral de su destino histórico crear una familia, si tiene capacidad y salud para ello. Es el solterón, por regla general, un mal patriota y un mal ciudadano, o un enfermo. Piensen los solterones seriamente sus deberes para con Dios, la Patria y el Estado y confirmarán el precedente aserto [...] El ciudadano modelo de la Nueva España será casado y prolífico.”. Vallejo Nágera, 'Política racial del nuevo estado', Editorial Española 1938, p. 55

Sobre la mujer
Antonio Vallejo Nágera consideraba que las mujeres eran fundamentales para el estudio que él pretendía y, por ello, en mayo de 1939, sometió a 50 presas republicanas a un experimento racial; eligió a mujeres de la prisión provincial de Málaga, de distintas edades. Sus investigaciones le permitieron degradar la figura de aquellas mujeres republicanas, que tachaba en sus estudios como un "ser degenerado, lleno de ferocidad y de rasgos criminales", tesis que publicaría años más tarde en la Revista Española de Medicina y Cirugía para dejar constancia de la temible influencia del "gen rojo" y la necesidad de extirparlo. No se conoce la identidad de aquellas mujeres que estuvieron expuestas durante un tiempo a tan humillantes pruebas. El psiquiatra redactó un amplio informe de sus víctimas. Aquellas "mujeres marxistas" eran cincuenta: 33 condenadas a muerte, 10 a reclusión perpetua y las 7 restantes tenían penas de entre 10 y 15 años. Hasta les robó el nombre. Ningún archivo pone nombres y apellidos a las presas malagueñas, aunque se conoce cómo el temido psiquiatra las consideraba peligrosas en diferentes niveles de grupos, considerando a las marxistas las más degenerada. Entre las conclusiones, Nágera afirmó que "la mujer roja y la mujer en general tenía rasgos físicos de extraordinaria inferioridad con respecto al hombre".

Esperanza Bosch, autora de 'La psicología de las mujeres republicanas según el Dr. Antonio Vallejo Nágera' declara en su estudio que el psiquiatra estaba convencido de que las mujeres tenían un virus que era necesario extirpar y que ser de izquierdas tenía una inconfundible relación con la perversión humana. Las mujeres republicanas sufrieron una espuria denigración en la posguerra, por parte de la dictadura franquista. Esperanza Bosch afirma: "A estas mujeres les quitaron a sus hijos para destruir sus mentes y anular sus voluntades". Aquellas cincuenta presas fueron el primer material de un estudio sistemático sobre las teorías nazis, que el Franquismo asumió y practicó.

El psiquiatra afirmaba que el psiquismo femenino tiene muchos puntos con el psiquismo infantil y con el instinto del animal, y que ese instinto primario despierta en el sexo femenino la crueldad, ya que ésta tiene una gran carencia de inteligencia. El psiquiatra, además de buscar el llamado “gen rojo”, definía a la mujer como un ser inferior al servicio de la maternidad; escribió numerosas páginas que intentaban demostrar la inferioridad de las mujeres. Entre otras perlas misóginas, afirmó lo siguiente:

"A la mujer se le atrofia la inteligencia como las alas a las mariposas de la isla de Kerguelen, ya que su misión en el mundo no es la de luchar en la vida, sino acunar la descendencia de quien tiene que luchar por ella".

Mirta Núñez, profesora y ex-directora de la Cátedra de Memoria Histórica, de la Universidad Complutense de Madrid, asegura que el principal objetivo era vejar a la mujer que había transgredido los límites de la feminidad tradicional durante la República. De algún modo, esta humillación quería provocar que la vergüenza a la que habían sido sometidas delante de sus vecinos les forzara a regresar al hogar y al ámbito familiar, de donde nunca debieron salir. Igualmente, las presas políticas que habían hecho de enlaces en los partidos o habían combatido como milicianas en el bando republicano, fueron severamente castigadas por “adhesión a la rebelión militar”. Pero además, sobre ellas recaía la losa de ser consideradas traidoras de su género. Toda una visión sostenida en las “investigaciones científicas” del psiquiatra y militar Antonio Vallejo-Nágera, que ha pasado a la historia por sus estudios misóginos sobre la mujer republicana. Fue uno de los impulsores de la segregación entre hijos y madres rojas, con el objetivo de evitar que los pequeños “se contagiaran” de su ideología. “De ahí procede todo el problema de los niños robados”, afirma Mirta Núñez.

No hay que olvidar que las órdenes religiosas entraron de lleno en la dictadura para encargarse de la administración y vigilancia de las presas. Las monjas coaccionaban a las encarceladas para que regresaran al seno de la Iglesia y cumplieran con todos los ritos. En 1940, 22 congregaciones se repartían la gestión de las prisiones en España, entre ellas las Hijas de la Caridad, que lo hicieron en Las Cortes de Barcelona. El gobierno y la Iglesia querían “recristianizar” a la sociedad que se había alejado de la moral católica.

El hacinamiento y el tratamiento que recibieron varias de las mujeres que pasaron por allí, bien podía ser calificado como, “almacén de reclusas”. Algunas recuerdan haber dormido junto a otras seis mujeres en celdas acondicionadas para dos personas. La falta de higiene, las malas condiciones sanitarias, el hambre y la expansión de enfermedades se aliaban allí con la angustia de escuchar cada noche los disparos que en el cercano cementerio del Este acababan con la vida de hombres y mujeres a los que Franco considera enemigos.

Las mujeres abarrotaron las cárceles, sobre todo en los primeros años de posguerra. La madrileña cárcel de Las Ventas, creada por Victoria Kent, primera Directora General de Prisiones de la historia de España, con el objetivo de modernizar y dignificar las condiciones de las reclusas, se vio desbordada con 3.500, cuando estaba pensada para 500 reclusas.

Juan Antonio Vallejo Nágera, muere en Madrid, el 25 de febrero de 1960, pero su pensamiento fascista contra las mujeres está aún presente.

jueves, 14 de marzo de 2019

#libros #franquismo | Los campos de concentración de Franco

Los campos de concentración de Franco / Carlos Hernández de Miguel.
Barcelona : Ediciones B, 2019 [03-14].
560 p.
ISBN 9788466664783 / 24.90 €

/ ES / ENS
/ Campos de concentración / España / Franquismo / Guerra Civil / Historia – Siglo XX / Prisiones / Represión

Los campos de concentración fueron la primera pata de un sistema represivo, un holocausto ideológico, que convirtió a toda España en una inmensa cárcel repleta de fosas. En ellos, presos políticos y prisioneros de guerra fueron asesinados, murieron de hambre y enfermedades, padecieron todo tipo de torturas y humillaciones. Los datos son necesarios y las pruebas documentales resultan fundamentales, pero nada tiene verdadero sentido si no somos capaces de entender que detrás de cada cifra, de cada listado, de cada campo de concentración franquista hubo miles y miles de hombres, de mujeres, de familias...

«Escalofriante relato. Una obra de obligada lectura que desnuda las mentiras del franquismo, documentada de forma esplendida y minuciosa.» Baltasar Garzón

«Una investigación tan heroica como necesaria. El nuevo libro de Carlos Hernández de Miguel me ha conmovido hasta las raíces.» Ian Gibson

«Los campos fueron parte de una compleja estrategia del terror dentro de un proyecto ideológico muy amplio para aniquilar la cultura política y moral de la España Republicana. Este tema tan crucial para la recuperación de la memoria histórica en España ha encontrado en Carlos Hernández de Miguel su cronista ideal. Nos ofrece una historia dolorosa pero necesaria, basada en una investigación exhaustiva y presentada en una prosa lúcida, del sufrimiento impuesto sobre miles de españoles y sus familias por Franco y sus seguidores.» Paul Preston