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domingo, 11 de enero de 2026

#hemeroteca #lgtbi #memoria | Cuando la ley convirtió la diversidad en delito: la represión homófoba del franquismo y sus ecos hoy

Primera manifestación LGTBI en Sevilla, 25 de junio de 1978 //

Cuando la ley convirtió la diversidad en delito: la represión homófoba del franquismo y sus ecos hoy

De la “peligrosidad social” a los discursos que cuestionan derechos: memoria democrática para entender por qué el odio no es pasado, sino una herida aún abierta
Lucía Parro Pantoja | Diario Red, 2026-01-11
https://www.diario-red.com/articulo/memoria/cuando-ley-convirtio-diversidad-delito-represion-homofoba-franquismo-ecos-hoy/20260111060000061609.html

Durante el franquismo, ser homosexual o trans no era una identidad: era un delito.

Un delito perseguido, castigado y patologizado por el propio Estado, que convirtió la diversidad sexual y de género en sinónimo de “peligrosidad social”. No se trató de episodios marginales ni de excesos aislados, sino de una política pública sostenida, articulada mediante leyes, tribunales especiales, informes médicos y un aparato policial destinado a vigilar, clasificar y corregir.

Como ha señalado el jurista Juan María Terradillos Basoco, la homosexualidad fue definida durante décadas en el derecho español como un paradigma de peligrosidad social, una categoría que permitió excluir legalmente a un colectivo cuya única “amenaza” era vivir su sexualidad fuera de la norma impuesta (Terradillos Basoco, 2020).

Más de cuatro décadas después del final de la dictadura, aquella legislación ha desaparecido del BOE. Sin embargo, las violencias simbólicas, culturales y sociales que la sostuvieron no han desaparecido por completo del espacio público.

Hoy ya no existen tribunales especiales ni centros de internamiento para “reeducar” a homosexuales y personas trans. Pero los datos oficiales, las agresiones registradas y determinados discursos políticos muestran que el rechazo y la discriminación siguen presentes, aunque adopten nuevas formas. La diferencia es fundamental: antes el Estado perseguía activamente; hoy la violencia persiste cuando se normaliza el cuestionamiento de derechos.

Cuando la ley convirtió la orientación sexual en un peligro
La represión franquista contra las personas LGTBI se articuló a través del derecho penal y administrativo. Un primer hito fue la reforma de la Ley de Vagos y Maleantes en 1954, que incorporó explícitamente la homosexualidad como conducta peligrosa. Aquella modificación permitió imponer medidas de internamiento, vigilancia y destierro bajo la retórica de la “protección social” y la “rehabilitación”.

En 1970, en pleno tardofranquismo, se aprobó la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, que sustituyó formalmente a la anterior, pero mantuvo intacta su lógica. El historiador Víctor Mora Gaspar ha documentado cómo los debates parlamentarios de ese año consolidaron un lenguaje biopolítico que definía a los homosexuales como una amenaza para el “bien común”, fijando el marco discursivo que justificaría miles de expedientes sancionadores (Mora Gaspar, 2019).

No se trataba de castigar hechos concretos, sino de perseguir identidades. La ley permitía el internamiento en cárceles, colonias agrícolas o centros psiquiátricos, la prohibición de residir en determinados lugares y la vigilancia continuada. La homosexualidad era tratada como una desviación moral o una patología contagiosa; la transexualidad, como una anomalía médico-social que debía ser corregida.

La arbitrariedad de estas condenas ha quedado ampliamente documentada en la investigación histórica. Miguel Fernández Turuelo, en su estudio sobre los expedientes de peligrosidad social en Valladolid a principios de los años setenta, muestra cómo bastaba una denuncia vecinal, un informe policial o una simple sospecha para activar el aparato represivo, con especial dureza hacia personas de clase trabajadora y sin redes de protección social (Fernández Turuelo, 2024).

El silencio, el miedo y la vergüenza fueron parte esencial de este sistema. Como recogen tanto estudios académicos como testimonios de víctimas, la represión no terminaba en la condena judicial: continuaba en la estigmatización social, el aislamiento familiar y la imposibilidad de reconstruir una vida en libertad.

Aunque la homosexualidad dejó de ser delito en diciembre de 1978, tras la aprobación de la Constitución, la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social no fue derogada completamente hasta 1995. Esta persistencia normativa demuestra, como subraya Terradillos, la dificultad de desmontar categorías jurídicas profundamente arraigadas en el ordenamiento y en la cultura institucional (Terradillos Basoco, 2020).

Memoria, transición y heridas no cerradas

La represión contra las personas LGTBI ha ocupado durante décadas un lugar marginal en las políticas de memoria. Mientras otros crímenes del franquismo comenzaban a ser investigados, la persecución por orientación sexual e identidad de género quedó relegada al silencio.

La tesis doctoral de Jordi Terrasa Mateu ha mostrado cómo, incluso durante los primeros años de la Transición, muchos expedientados por peligrosidad social siguieron sufriendo consecuencias penales y penitenciarias, sin reconocimiento público ni reparación efectiva. La estrategia de olvido también operó aquí, invisibilizando a un colectivo que no encajaba en el relato dominante de reconciliación (Terrasa Mateu).

El punto de giro: del castigo legal al reconocimiento formal
España protagonizó, a partir de los años 2000, avances legales que la situaron como referencia internacional: la aprobación del matrimonio igualitario en 2005, el desarrollo de leyes autonómicas LGTBI y políticas públicas contra la discriminación, y el reconocimiento progresivo de derechos para las personas trans.

Sin embargo, como advierten los sociólogos Óscar Guasch y Jordi Mas, los cambios legales no eliminan automáticamente los marcos culturales heredados. La construcción médico-social de la transexualidad y la persistencia de estigmas muestran que la igualdad formal convive con resistencias simbólicas profundas y arraigadas (Guasch y Mas, 2014).

La memoria democrática no consiste solo en recordar leyes pasadas, sino en analizar qué restos del pasado siguen operando en el presente.

Los números del presente: el odio no es residual
Según los informes del Ministerio del Interior, los delitos de odio por orientación sexual e identidad de género aumentaron de forma significativa entre 2023 y 2024, consolidando una tendencia al alza.

El Observatorio contra la LGTBIfobia, impulsado por la FELGTBI+, confirma esta realidad: agresiones físicas, insultos, amenazas y acoso siguen siendo experiencias habituales. La Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea identifica además a las personas trans como el colectivo más vulnerable a la discriminación y la violencia en el contexto europeo.

En mayo de 2025, El País publicó que una de cada cinco personas LGTBI ha sufrido acoso en España; ese mismo mes, RTVE informó de que las agresiones se habían duplicado en el último año y Infobae España señaló un incremento de aproximadamente el 10 %, con especial impacto entre jóvenes y personas trans. Las cifras apuntan a un fenómeno estructural, no a casos aislados.

Samuel Luiz: cuando el odio mata

El asesinato de Samuel Luiz en A Coruña en julio de 2021 marcó un punto de inflexión en la percepción pública de la violencia homófoba en España. En enero de 2025, la Audiencia Provincial de A Coruña impuso penas de hasta 74 años de prisión a los condenados, reconociendo el carácter homófobo del crimen, y recientemente, el Tribunal Supremo ratificó esa sentencia, enfatizando que la justicia debía responder con firmeza ante la violencia motivada por odio, según informó Togayther.

Para colectivos LGTBI, la sentencia supuso un mensaje institucional claro: la homofobia mata y debe ser tratada como un delito de odio. Pero el propio caso evidencia una realidad incómoda: el reconocimiento judicial llega después de la violencia.

El discurso como campo de batalla
La violencia no se limita al plano físico. El discurso importa. En 2025, varias declaraciones de cargos públicos generaron una fuerte polémica.

Ese año, el PSOE exigió el cese de una asesora del alcalde de Badajoz (PP) por comentarios considerados homófobos; en Elche, se solicitó la reprobación de una portavoz de Vox por afirmar que “las mujeres trans no son mujeres”; y durante el Orgullo LGTBI en Castellón, cargos del mismo partido recomendaron que las familias evitaran el centro de la ciudad y “no acercaran a los niños”. Estas posiciones se inscriben en una continuidad discursiva que cuestiona la legitimidad de los derechos LGTBI, aunque ya no se exprese en términos penales.

A estas declaraciones se ha sumado una estrategia política más amplia. En octubre de 2025, Vox impulsó en el Congreso iniciativas para derogar la Ley 4/2023 de derechos LGTBI y trans, una línea de actuación que ha sido replicada en distintas comunidades autónomas. Estas propuestas han avanzado en un contexto de pactos parlamentarios y gobiernos compartidos en los que el Partido Popular ha asumido, de forma directa o indirecta, el marco de debate planteado, normalizando la idea de que los derechos LGTBI son revisables, prescindibles o ideológicos.

No se trata solo de derogar leyes, sino de deslegitimar su necesidad. Cuando se relativiza la identidad del colectivo —como hizo Santiago Abascal al diluir los símbolos del Orgullo bajo un discurso nacional homogéneo— y al mismo tiempo se cuestionan las políticas públicas específicas de protección, se reactiva una lógica histórica conocida: convertir la diversidad en problema y la igualdad en exceso.

Minimizar también es negar
No todos los discursos son abiertamente hostiles. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, afirmó en 2021 que la homofobia “está en la cabeza de la izquierda”, una declaración criticada por colectivos LGTBI por negar la existencia de una discriminación estructural. También ha llegado a expresar incomodidad con la duración del Orgullo LGTBI en Madrid, sugiriendo que se “aguanta” durante demasiado tiempo. Para las organizaciones de derechos humanos, estas posiciones refuerzan una igualdad tolerada, pero no plenamente asumida.

Un eco internacional: Trump y el retroceso de derechos
La defensa o el cuestionamiento de los derechos LGTBI no es un fenómeno exclusivo de España. En Estados Unidos, desde que Donald Trump inició su segundo mandato en enero de 2025, su administración ha puesto en marcha una serie de órdenes ejecutivas dirigidas contra derechos vinculados a género e identidad, entre ellas decretos que defienden políticas de “género binario” y excluyen el reconocimiento federal de las identidades trans, así como otras que afectan al acceso a atención sanitaria y a la participación de personas trans en el Ejército.

A esta agenda política se suma también el uso explícito de la burla como herramienta discursiva. El 7 de enero de 2026, El País informó de un acto público en el que Trump ridiculizó a personas y atletas trans, utilizando su identidad de género como motivo de mofa ante su audiencia. El episodio fue interpretado por analistas y organizaciones de derechos humanos como una normalización del escarnio desde la más alta responsabilidad institucional.

Este contexto internacional pone de manifiesto que las tensiones culturales y políticas en torno a género y sexualidad no son aisladas: forman parte de una ola global de contestación a la diversidad.

Memoria democrática: del pasado al presente
Recordar la represión franquista contra las personas LGTBI no es un ejercicio identitario ni nostálgico. Es una herramienta para comprender el presente. El franquismo no solo castigó cuerpos: produjo discursos, categorías y miedos que no desaparecen automáticamente con un cambio legal.

Hoy no existe una ley que criminalice la homosexualidad o la transexualidad. Pero cuando se cuestiona la identidad trans, se caricaturiza el Orgullo o se desmontan garantías legales, no asistimos a una repetición literal del pasado, sino a una continuidad cultural que alimenta el rechazo, el miedo y la exclusión.

La memoria democrática no consiste solo en derogar leyes injustas, sino en impedir que sus lógicas regresen bajo otros nombres. Porque el odio, cuando se normaliza, deja de parecer excepcional. Y cuando deja de parecerlo, vuelve a ser peligroso.

lunes, 5 de mayo de 2025

#hemeroteca #lgtbifobia | LGTBIfobia, impunidad y la vergonzosa inacción del Gobierno

'Aquí está la resistencia y la furia trans' //

LGTBIfobia, impunidad y la vergonzosa inacción del Gobierno

Desde 2020, con el inicio de la tramitación sobre la Ley Trans y de Derechos LGTBI, ha emergido una ofensiva mediática, política y judicial contra las personas trans
Mar Cambrollé | Diario Red, 2025-05-05
https://www.diario-red.com/opinion/mar-cambrolle/lgtbifobia-impunidad-vergonzosa-inaccion-gobierno/20250504172523046869.html

En un país que se autodenomina "referente de derechos LGTBI", los datos revelan una realidad muy distinta. Según una encuesta publicada en 2024 por la Federación Estatal LGTBI, el colectivo ha sufrido 570.000 agresiones físicas o sexuales en los últimos cinco años. Cuatro de cada diez personas LGTBIQA+ han sido agredidas. Son cifras alarmantes, pero más preocupante aún es la respuesta institucional: tibia, negligente o, directamente, inexistente.

Desde 2020, con el inicio de la tramitación sobre la Ley Trans y de Derechos LGTBI, ha emergido una ofensiva mediática, política y judicial contra las personas trans, con especial saña hacía las mujeres trans. Esta campaña, basada en prejuicios y bulos, ha sido amplificada por figuras con voz en las instituciones, medios conservadores, algunos de la progresía y ciertos sectores académicos. Así, se ha alimentado un clima de odio que, lejos de limitarse al discurso, ha tenido consecuencias concretas y sangrantes en las calles, transportes, centros de ocio y redes sociales.

El papel de las plataformas digitales merece una mención especial. Su pasividad ante discursos de odio no es solo alarmante, sino cómplice. El Gobierno, lejos de exigirles el cumplimiento de las leyes que prohíben la discriminación y el discurso del odio, mira hacia otro lado. ¿Hasta cuándo podrán operar impunemente en un país donde se proclama la igualdad como valor constitucional?

A este contexto se suma otro problema grave: el miedo a denunciar. Solo dos de cada diez personas agredidas acuden a la policía. El 80% restante guarda silencio, arrastrando vergüenza, desconfianza institucional y la sensación de que “no servirá de nada”. Este altísimo índice de infradenuncias implica que muchas agresiones quedan fuera del radar estadístico, sin investigación, sanción, ni justicia.

La doble vara de medir en el sistema judicial resulta especialmente indignante. En 2019 la Federación Plataforma Trans, la Conselleria D’igualtat de Catalunya y el Observatori contra l’LGTBI-fóbia de Catalunya, presentaron denuncias por declaraciones gravemente difamatorias de Lidia Falcón, quien llegó a afirmar que los gays son pederastas y que las personas trans fomentan la pederastia y los vientres de alquiler. A pesar de su enorme repercusión en redes, todas las denuncias fueron archivadas por la Fiscalía de Madrid. Librándola de enfrentarse a un posible delito de odio.

En cambio, en 2021, una chica trans anónima, con escasa visibilidad, escribió un tuit, que apenas obtuvo siete "me gusta" y ha acabado sentada en el banquillo. Este 9 de mayo tiene lugar el juicio oral donde se enfrenta a cinco años de prisión y a una indemnización de 50.000 euros, con Lidia Falcón como denunciante y testigos alineados con el discurso anti derechos trans. ¿Cómo se explica esta asimetría si no es por el sesgo ideológico que aún domina parte de nuestra judicatura?

Mientras tanto, la violencia no cesa. Esta misma semana, dos chicos gays fueron brutalmente agredidos en Torremolinos al grito de “maricones”, paralelamente el día anterior conocíamos a través de la prensa que un juez ha archivado la causa contra los promotores de una manifestación neonazi en Madrid, que donde se corearon consignas como “Hitler tenía razón” o “maricas sidosos”, que mantenía como imputados al líder de la formación ultra España 2000, José Luis Roberto, y al exjefe de Ultra Sur Alberto Ayala. Todo esto, en un país con una Ley de Memoria Democrática.

También, con estupefacción, esta semana hemos recibido la noticia de que el “bloque progresista” del Tribunal Constitucional, se alinea mayoritariamente con las tesis del bloque conservador, negándose a avalar el derecho de la libre autodeterminación del género en las personas trans, algo ya recogido en todos los estándares europeos y organismos internacionales, como condición ‘sine qua non’ imprescindible en el camino hacia la igualdad de las personas trans y cuestionando la identidad de las mujeres trans, para desposeerlas de los derechos inherentes a todas las mujeres. Un retroceso alarmante y sin precedentes en la historia de nuestra democracia.

Mientras organizaciones ultraderechistas celebran el cumpleaños de Hitler en territorio español, el “Gobierno de progreso” permanece en silencio. Esta inacción no es inocua: está siendo funcional a los intereses de la ultraderecha. Está permitiendo que discursos de odio se legitimen, que agresores queden impunes y que las víctimas se queden sin amparo.

La realidad es clara: bajo el paraguas del “Gobierno de progreso”, muchas personas LGTBIQA+ están siendo abandonadas. En lugar de justicia, reciben indiferencia. En lugar de protección, silencio. Es hora de dejar de fingir que los derechos están garantizados y empezar a exigir una respuesta firme, comprometida y valiente frente al odio. Porque la equidistancia, cuando se trata de derechos humanos, siempre favorece al opresor.

El silencio nos apalea, porque hay golpes que no hacen ruido, que no llevan puños, ni gritos, que no sangran, pero duelen igual. Son los que vienen desde arriba: desde la indiferencia institucional, desde los despachos que cierran los ojos, desde la toga que elige no mirar. Y luego están los otros, los que sí suenan: los de las calles, los insultos a pleno pulmón, las agresiones que se repiten, los cuerpos heridos al grito de “maricones y travelos”. Entre unos y otros, el colectivo LGTBIQA+ sigue resistiendo, pero cada vez más solo.

lunes, 24 de marzo de 2025

#hemeroteca #politica | La trampa de Daniel Bernabé

Daniel Bernabé //

La trampa de Daniel Bernabé

Es la trampa del capitalismo, amigos. Y de esa trampa no se vuelve siendo de izquierdas
Raúl Solís | Diario Red, 2025-03-24
https://www.diario-red.com/opinion/raul-solis/trampa-daniel-bernabe/20250323184314044566.html

Allá por 2018, Daniel Bernabé publicó un magnífico libro titulado ‘La trampa de la diversidad’ donde, básicamente, venía a decir que la izquierda o lo que quedaba de izquierdas había abandonado a la clase trabajadora en pos de las políticas de representación. Aunque su libro fue muy criticado por algunos sectores de los activismos, a mi juicio acertó en su tesis: los partidos progresistas que habían empobrecido a los sectores populares usaban las políticas de representación para ocultar su pacto con las élites económicas. O lo que es lo mismo, mientras se aprobaban leyes de matrimonio igualitario era imposible casarse porque la vivienda se había convertido en un objeto especulativo.

En su libro, Bernabé criticaba, aunque sin decirlo abiertamente -el ‘show business’ tiene esas claves-, al partido que mejor ha representado esta forma de hacer política jugando con la diversidad, siempre y cuando ésta no pusiera en cuestión los privilegios del poder concentrado. En ‘La trampa de la diversidad’, Bernabé le puso un espejo al PSOE y sirvió para criticar las décadas de arduo trabajo por convencer a los sectores populares de que su realidad era totalmente ajena a sus necesidades materiales.

Otra de las ideas que Bernabé desarrolló en su ensayo era que el neoliberalismo lo ha convertido todo en negocio y que los activismos y los discursos se acaban convirtiendo en productos susceptibles de ponerles precio, comercializados y asumidos por el capitalismo. Bernabé criticaba que el compromiso militante mutara en un acto de consumo, que los partidos o las causan sean productos y que las ideas o relatos ideológicos funcionen como una mercancía masturbatoria que no le cambia la vida a nadie, salvo a los sujetos que portan las banderas.

Piruetas de la vida. Daniel Bernabé, después de años abriendo caminos nuevos en El País o en la Cadena Ser, ha caído en su propia trampa, que no es la de la diversidad que criticaba en su libro, sino la de que el capitalismo es capaz de convertirlo todo en negocio, en producto o mercancía si al frente se encuentra con sujetos sin compromiso con lo colectivo.

El joven idealista de Fuenlabrada ha fichado por el PSOE para escribir discursos que nunca tomarán tierra, pero que al presidente del Gobierno le servirán para parecer que es de izquierdas sin tomar una medida de izquierdas. La trampa de la diversidad, amigos.

Hay otro libro, ‘Atraco a la memoria’, en el que, a modo de entrevista, el historiador Juan Andrade repasa con Julio Anguita su biografía política. En uno de los capítulos, Anguita recuerda que el odio de la progresía a la izquierda se fraguó en 1980, cuando surgió la crisis en el PCE de los renovadores, que no fue más que el paso del PCE al PSOE de un buen número de militantes que vieron que en el partido del puño y la rosa era más fácil obtener escaño que en el de la hoz y el martillo.

Desde los 80, el PSOE ha encontrado siempre a sus renovadores para atomizar y lanzar la idea de que no se pueden cambiar las cartas que el franquismo repartió en la mal llamada Transición. En los 90, a los renovadores se llamaron Nueva Izquierda y el diablo se llamaba Julio Anguita. En los 2000 no hubo necesidad de crear ninguna escisión porque, cuando atábamos los perros con longanizas, la izquierda está bien controlada en un rincón del tablero en el que Gaspar Llamazares no incomodaba los privilegios de nadie.

Luego llegó 2015 y Podemos metió a 69 diputados en el Congreso y puso nerviosos a los gerontócratas del régimen. Como la potencia era enorme y desconocida hasta el momento, hormonaron mediáticamente a Iñigo Errejón. La operación no salió como estaba prevista y se repitió con Yolanda Díaz y Sumar. Ahí estaba Daniel Bernabé en Matadero el día de la presentación por todo lo alto de Sumar. De hecho, se llegó a hablar de que formaría parte del equipo del Ministerio de Trabajo.

Compuesto y sin cargo, se tuvo que conformar con seguir siendo Chico Prisa. Todo cambió cuando Sumar cayó en desgracia en las europeas y el nuevo intento por cargarse a la izquierda que no se subordina al PSOE se avecinaba nuevamente fallido. Entonces, el de Fuenlabrada empezó a recitar los argumentarios de Ferraz con una dicción y pasión inmejorables delante de Ángels Barceló. De ir a manifestaciones contra la OTAN a defender el aumento del gasto militar de Donald Trump. La fe del converso.

Como en los 80 o en los 90, el PSOE ha empezado a guiñarle el ojo a Sumar. Siempre empieza por sus intelectuales orgánicos y sus ventrílocuos mediáticos. Bernabé ha caído en su propia trampa. ¡Él que criticaba la posmodernidad en su ensayo! Nada más posmoderno que ser protagonista de tu misma narración. El joven idealista de Fuenlabrada que, gracias a su amigo Antonio Maestre, empezó a escribir piezas para La Marea como freelance, ha sido fichado con la misma facilidad que se compra un producto o transporta una mercancía en el modelo del libre mercado. Es la trampa del capitalismo, amigos. Y de esa trampa no se vuelve siendo de izquierdas.

Y TAMBIÉN...
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El periodista Daniel Bernabé ficha por el Gobierno y se incorporará a la Secretaría de Estado de Comunicación

Según ha sabido Diario Red, el autor de “La trampa de la diversidad” será miembro en abril de la Secretaría de Estado de Comunicación (SEC)
Nacho Ramos | Diario Red, 2025-03-22
https://www.diario-red.com/articulo/espana/periodista-daniel-bernabe-ficha-gobierno-incorporara-secretaria-estado-comunicacion/20250322060000044447.html

miércoles, 25 de diciembre de 2024

#hemeroteca #antiqueer | LGTBIQ+, ‘pedosexuales’ e ‘individualistas’ según una exedil del PSOE

LGTBIQ+, ‘pedosexuales’ e ‘individualistas’ según una exedil del PSOE
Dulce Gallego, de la Federación Socialista Asturiana, ha vinculado la “Q” y el “+” del colectivo con la pedofilia y una ‘doctrina del individualismo exacerbado’ que ‘ataca a las mujeres’
Andrés Prieto | Diario Red, 2024-12-25
https://www.diario.red/articulo/actualidad/lgtbiq-pedosexuales-individualistas-exedil-psoe/20241224175700040355.html

Dulce Gallego //
A inicios de este mes el 41º Congreso Federal del PSOE aprobaba la enmienda propuesta por sectores transexcluyentes para dejar de reconocer las siglas “Q” y “+” como parte del colectivo, que quedaba reducido a “LGBTI”. Con ello, el partido ha invisibilizado identidades disidentes como personas no binarias o transexuales, a quienes también se decidió excluir de las categorías deportivas femeninas. Diversas agrupaciones como Plataforma Trans o No Binaries España advirtieron contra los efectos de esta decisión, Mar Cambrollé, presidenta de la primera, afirmó que “legitima la discriminación y la desigualdad de trato” y supone un “ataque criminal a parte del colectivo”.

Las consecuencias de esta decisión no se han hecho esperar. A finales de diciembre, el periódico asturiano ‘El Comercio’ publicaba un artículo firmado por Dulce Gallego en calidad de exedil del Ayuntamiento de Gijón por el PSOE entre 1999 y 2011, lugar donde trabajó en el área de Desarrollo Local en Políticas de Igualdad hasta 2007. En dicha pieza, titulada A vueltas con la letra Q y el signo +, Gallego equiparaba el efecto de la filosofía queer con los discursos ultraderechistas que niegan la violencia de género tachando ambos como ataques simétricos al feminismo y también denunciaba que el signo + “es un saco donde cabe todo, entre ellos, aquellos que se denominan pedosexuales (…) ¿Qué hay detrás? Algo denominado pedofilia”.

“Por la mañana uno puede sentirse muy mujer y a lo largo del día ir modificando”. Según la exconcejala, este y otros principios de la Q, “lo queer, una filosofía que a algunos les parece muy moderna”, “invalida las leyes aprobadas para defender y proteger los derechos de igualdad de las mujeres que tanto costó conseguir”. Argumentos como este parecen haberse asentado ya en la actuación del PSOE gijonés, que recientemente tumbó, junto con Vox, una declaración institucional condenando las agresiones homófobas por la mera razón de haberse redactado incluyendo la “Q”, razón que pesó más que las imágenes de una también reciente agresión homófoba en la ciudad.

Desde la agrupación Xente Gai Astur (XEGA) han condenado el artículo calificándolo como “el mismo discurso al que la ultraderecha nos tiene tan acostumbradas y que esgrimen en todos los espacios públicos”. En el mismo comunicado, XEGA se ha visto obligado a recordar una vez más que la pedofilia “NO es una orientación sexual” y por lo tanto nunca ha formado parte de las siglas “ni lo hará nunca”. También piden a la Federación Socialista Asturiana que “se pronuncie de manera clara y contundente” y “aclare qué postura en relación con los derechos LGBTIAQ+ va a adquirir teniendo en cuenta lo ocurrido”.

Ni la FSA ni el PSOE a nivel nacional han aclarado aún posturas al respecto, de modo que todavía está por ver si este tipo de actuaciones y comentarios hacia las personas trans y no binarias demostradas en el ámbito local se convertirán en una línea general del partido. Por el momento, sólo disponemos de otro artículo publicado en La Nueva España por la vicesecretaria general del PSOE de Gijón, Begoña Fernández, en apoyo a su compañera.

En esta segunda pieza titulada Quitar la Q para no cancelar la opinión no se hace mención alguna a la “pedosexualidad”, pero sí se acusa a XEGA y a los defensores de la “Q” de “aplicar la cultura de la cancelación” a la vez que se opone nuevamente la teoría queer al feminismo de la manera que sigue: “El feminismo planteó la liberación sexual de las mujeres (...) Frente a esto, las teorías queer plantean que la paternidad es un derecho y por ello defienden la regulación de los vientres de alquiler ampliando, no las libertades, sino el derecho a comerciar con mujeres y bebés”.

Tanto en el artículo de Gallego como el de Fernández se presume de pertenecer al partido “que más ha legislado en defensa de los derechos LGBTI”, en palabras de la segunda. Frente a esta conclusión fruto de una caricatura de lo queer puede resultar ilustrativo oponer las declaraciones de Cambrollé para ‘El Salto’ en las que defendía que “la crítica a los roles de género binarios, sexistas y heterosexistas que hace el movimiento queer ha aportado mucho más al feminismo que los planteamientos de las transodiantes”, y añadía que el sector del feminismo en el que podríamos englobar los argumentarios de las políticas gijonesas “sólo quiere dividir la fuerza revolucionaria del feminismo señalando al colectivo queer como el eje del mal, al igual que hace el fascismo”.