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martes, 22 de mayo de 2018

#hemeroteca #libros #mujeres | Luisa Carnés, la gran olvidada del 27, colorea la figura y la obra de Rosalía de Castro

Imagen: Público / Rosalía de Castro, ilustración de Aitana Carrasco
Luisa Carnés, la gran olvidada del 27, colorea la figura y la obra de Rosalía de Castro.
La editorial asturiana Hoja de Lata publica 'Rosalía', un biografía de la poeta gallega escrita en 1945 por Luisa Carnés, narradora de mirada aguda y pluma afilada injustamente invisibilizada.
Juan Losa | Público, 2018-05-22
http://www.publico.es/culturas/luisa-carnes-gran-olvidada-27-colorea-figura-obra-rosalia-castro.html

“Cantos al mar, a los ríos, a las flores domésticas, a los sepulcros, al viento y a la lluvia. Cantos al recuerdo escondido, al dolor, a los sueños ocultos, al alma de su tierra”. Así describía la periodista Luisa Carnés, allá por el 45, la obra y la vida de otra ilustre: Rosalía de Castro. Provista de una prosa frondosa, la narradora invisible de la Generación del 27 echa mano de talento para armar, en pleno exilio, una biografía cómplice como pocas, atenta al detalle y a la magia de ese paisaje gallego que vio nacer a la gran poeta.

De una humilde casa en Padrón a ese Madrid convulso de Isabel II, la vida de Rosalía de Castro no fue fácil en la adustez castellana, mantuvo siempre su añorada tierra gallega en la retina y de esa melancolía fue impregnando sus versos. “Carnés sabe ver la esencia de la mujer libre, altruista y luchadora que fue Rosalía”, escribe María Xesús Lama, experta rosaliana y responsable del prólogo de esta bella edición ilustrada por la artista valenciana Aitana Carrasco.

Carnés pone el foco en la intimidad de sus versos, en esa capacidad de Rosalía para no necesitar de grandes epicidades a la hora de invocar la belleza de la palabra escrita. “El llamado localismo rosaliano es la raíz más honda de la universalidad poética de la autora […] Las emociones poéticas que laten en los versos de la poeta, tan limitadas al espacio breve de la aldea, de su pequeño ámbito pueblerino, son las emociones de toda la España sufrida, de todo el universo dolorido”, escribía la autora de ‘Tea Rooms. Mujeres obreras’ (1934, Hoja de Lata, 2016).

Presagiaba Carnés en su tumultuoso exilio mexicano un generoso reconocimiento para con la gallega. Uno que atendía a la necesidad de reivindicar su “lenguaje popular, sencillo, lleno de pureza y casticismo localista”, el mismo que cambiará la mirada de muchas generaciones venideras y que les “arrancará las gafas del diablo”, esas que todo lo “embellecen con falsos colores”, abundaba la periodista. Y lo cierto es que, si bien en un principio el legado de la gallega no corrió la mejor de las suertes, el tiempo terminó por darle la razón.

“La recepción primigenia fue un tanto manipulada y encorsetada, pero con el tiempo se ha ido poniendo en valor su progresismo, su lucha por el sufragio universal, su concepción de una España plural y su apoyo a la República”, apunta Lama al otro lado del teléfono. Una obra que, en palabras de la experta, evidencia que Carnés “estaba muy bien informada y tuvo la osadía de apostar por una autora que en aquel momento era poco reconocida en la Historia de nuestra literatura”.

El protofeminismo de Rosalía
Cuenta Lama que la poeta se alejó siempre de ese estereotipo de mujer recatada y sentimental, ese imaginario que enclaustra a la mujer en labores de crianza y culpas atávicas. Más bien al contrario: “Su obra supuso un grito de libertad, una deliberada denuncia de la situación de la mujer y un intento por acabar con el tópico de amor romántico”. Lean si no estas líneas de la gallega en las que carga contra la culpa: “Los remordimientos son la herencia de las mujeres débiles. Ellos corroen su existencia con el recuerdo de unos placeres que hoy compraron a costa de su felicidad y que mañana pesarán sobre su alma como soplo candente”.

‘Rosalía’ (Hoja de Lata, 2018) es, en ese sentido, el legado de dos avanzadas a su época. La mirada aguda y la pluma afilada de Carnés frente a la poesía lúcida, descarnada y libre de Rosalía. El periodismo autodidacta y militante de la madrileña frente a ese localismo universal de la gallega. Dos voces más que necesarias en tiempos cipotudos.

Y TAMBIÉN…

Cuando Luisa Carnés retrató a Rosalía de Castro.
Raquel C. Pico | Librópatas, 2018-05-18

http://www.libropatas.com/critica-literaria/cuando-luisa-carnes-retrato-rosalia-castro/
Rosalía retratada por Luisa Carnés.
En su rescate de la escritora olvidada, el sello asturiano Hoja de Lata ha hecho aflorar la biografía de la autora de «Follas Novas» que la madrileña escribió en el exilio mexicano.

lunes, 14 de mayo de 2018

#libros #mujeres #literatura | Rosalía

Rosalía / Luisa Carnés ; prólogo de María Xesús Lama ; ilustraciones de Aitana Carrasco.
Xixón : Hoja de Lata, 2018 [05-14].
150 p. : il.
Colección: Sensibles a las letras.
ISBN 9788416537228 / 15,90 €

/ ES / BIO
/ Literatura / Mujeres / Mujeres en la literatura / Poesía / Rosalía de Castro / Testimonios

En Padrón hay una casa humilde cuyo nombre es grato al espíritu: La Huerta de la Paz. Allí una niña enfermiza aprende a andar sobre las piedras viejas del jardín y pasa horas contemplando los aleteos de las mariposas sobre las dalias. Frente a su colegio está el cementerio de Adina, donde la pequeña se entretiene deletreando los epitafios en los días de sol.

Esa niña es Rosalía de Castro, la gran poeta gallega, y esa casa, el hogar al que siempre querrá volver, fuente de inspiración de toda su obra. Tras su infancia en Galicia, la joven Rosalía se instala en el Madrid convulso de Isabel II, donde conoce a Manuel Murguía, su futuro marido, y al dulce Gustavo Adolfo Bécquer, cuyo reflejo en los espejos del Café Suizo es todo melancolía. Después vienen los hijos, Simancas, la muerte de su adorada madre. Y esa continua añoranza de Galicia en medio de la adustez castellana.

Luisa Carnés, la narradora invisible de la Generación del 27, la autora de ‘Tea Rooms. Mujeres obreras’, escribió esta biografía en 1945, ya en su exilio mexicano. Una obra llena de encanto y de complicidad, tan rica en ambientes que más parece, en muchos momentos, un cuento gótico que un texto biográfico.

domingo, 19 de noviembre de 2017

#hemeroteca #mujeres #historia | 84º aniversario del voto femenino. Campoamor y la sororidad

Imagen: El Diario / Clara Campoamor
84º aniversario del voto femenino. Campoamor y la sororidad.
Paloma Lafuente | El Diario, 2017-11-19
http://www.eldiario.es/aragon/elprismatico/aniversario-voto-femenino-Campoamor-sororidad_6_709439060.html

He hablado mucho de ella. De Clara. De su lucha. De sus logros. De las consecuencias políticas de su empeño, de su rabia contenida, de su sufrimiento, de su dignidad. De las consecuencias personales de sus ideas. No me canso de recordarla, de reconocerla. De ella se conoce sobre todo su gran victoria en pro de la igualdad de las mujeres. La posibilidad del ejercicio de un derecho que, hasta el 19 de noviembre de 1933, sólo ostentaban los hombres en este país. El derecho a voto en unas elecciones legislativas.

Y digo que he hablado mucho de Clara, de su magnanimidad como mujer, como persona, como parlamentaria y como ciudadana. Pero también quiero mencionar el papel de sus coetáneas intelectuales, políticas y sindicalistas de esa época.

Campoamor consiguió mucho. Mucho más de lo aparente, que ya es bastante. Se enfrentó a una sociedad que nos consideraba inútiles, incapaces, sin criterio propio.

Una sociedad, unas leyes, una justicia que no nos consideraba seres humanos de pleno derecho, que nos relegaba al ámbito privado y que nos quería sumisas a una sociedad misógina y machista. Algo tan pasado y tan presente.

No todas sus compañeras apoyaron su causa. Sus cercanas cuestionaron el fondo de su reivindicación, no tenían claro que las mujeres estuvieran preparadas para votar en consonancia con lo que se jugaba en ese momento histórico. Pero ella siguió adelante. Si las mujeres habían trabajado, luchado y defendido la República, también debían poder participar de ella con pleno derecho.

Además de Victoria Kent, hubo reconocidas mujeres de la generación de Campoamor que dudaban de la libertad y la autonomía que las mujeres tenían a la hora de ejercer el voto con criterio propio, una de ella fue la escritora y militante comunista Luisa Carnés.

Luisa, de clase obrera, fue defensora de los derechos de las mujeres, pero consideraba que: “Es necesario que la mujer investigue, que hable y que haga por su propia cuenta. Que se emancipe de toda influencia; influencia que, en unos casos proviene de la voluntad del padre; en otro, del marido; del patrono de la fábrica; del jefe de la oficina…”. Recalcaba que “hay que dotar a la mujer de educación política, de la que hoy carece; cuando esta cultura la haya desligado de las influencias, el voto de la mujer tendrá verdadero valor”.

Tanto Luisa como Clara provenían de entornos obreros, de orígenes humildes. Ambas tuvieron que recorrer solas un mundo que no era el suyo y fueron muy buenas en sus profesiones: escritora y jurista. Las dos apostaban por la dignificación de la mujer, en pro de una justicia que equiparara los derechos de ambos géneros.

Con la victoria del Frente Popular, Luisa Carnés y otras muchas mujeres decidieron homenajear a Clara Campoamor, porque “ninguna más que ella supo reclamar, ejercer y obtener los derechos que le correspondían como ciudadana”.

Y es por ello, que en junio de 1936, tributan a Clara Campoamor y organizan “un homenaje por haber promovido la concesión del voto femenino y como firme defensora de los derechos de la mujer. Dicho homenaje consistió en la edición de un folleto donde aparecían las reiteradas intervenciones de la presidenta de la Unión Republicana Femenina de las Cortes Constituyentes, al discutirse la igualdad política y civil de uno y otro sexo”.[1]

Esta iniciativa fue firmada por brillantes y reconocidas mujeres. Entre muchas otras:

María Martínez Sierra, Concha Espina, María de Maetzu, Matilde de la Torre, Matilde Muñoz, Consuelo Berges, Elena Fortún, Matilde Ras, Luisa Trigo, Josefina Carabias, María Teresa de León, Nieves Pi, Magda Donato, Eulalia Vicenti, Carman Karr, Victoria Durán y Luisa Carnés.[2]

Y yo no puedo más que estar eternamente agradecida. Por su ejemplo. El de Clara, y un derecho que consiguió para todas a pesar de las duras consecuencias. Y el del resto de sus coetáneas, que no teniendo claro la prioridad del sufragio femenino supieron ser una auténtica manada y demostrar un ejercicio de sororidad con Campoamor. Sororidad que hemos ido heredando las feministas. Las de ayer y las de hoy.

Y es que hay legados tan imprescindibles, que después de 84 años, son más actuales que nunca. Gracias a todas por ser y existir. Nunca seríamos si no hubierais sido.

[1] El Sol (Madrid), 11 de junio de 1936, p.4: “Edición de un folleto. Homenaje a Campoamor”
[2] Tea Rooms. Mujeres Obreras, p. 233, Edit. Hoja de Lata.

domingo, 28 de mayo de 2017

#hemeroteca #mujeres #literatura | Los relatos olvidados de Luisa Carnés: exiliada republicana, escritora comprometida

Imagen: El Diario / Luisa Carnés
Los relatos olvidados de Luisa Carnés: exiliada republicana, escritora comprometida.
Luisa Carnés era una de las promesas de las letras españolas cuando estalló la Guerra Civil. La autora de ‘Tea rooms’ vuelve a las librerías con ‘Trece cuentos’ (1931-1963), una antología de su narrativa breve.
Ignasi Franch | El Diario, 2017-05-28
http://www.eldiario.es/cultura/libros/Luisa-Carnes-republicana-escritora-comprometida_0_647436302.html

Luisa Carnés (1905-1965) fue una escritora comprometida en la preguerra, cuando escribió novelas sobre mujeres obreras que percibían salarios míseros. Siguió comprometida en la posguerra, al relatar el dolor causado por la represión franquista. Y el largo exilio no hizo que bajase la voz y se acomodase a las circunstancias: tras veinticinco años en México, continuaba escribiendo por la paz y contra el consumismo escapista o la segregación racial.

A los once años, Carnés comenzó a trabajar como aprendiz de sombrerera. Sus años en empleos feminizados y precarios inspiraron las novelas ‘Natacha’ y ‘Tea rooms’. La autora bebió de influencias diversas: tras iniciarse en la literatura con los folletines y las novelas de peseta, pasó a interesarse por el reporterismo y por narradores como Dostoyevski.

La vulnerabilidad económica influyó en que tuviese una presencia intermitente en la vida cultural del país. Y la derrota republicana, unida a su muerte antes de que la dictadura flirtease con pequeños aperturismos, dificultó todavía más la difusión de la obra literaria y periodística de Carnés. La recuperación de su legado ha venido por etapas, pero se ha acelerado en los últimos tres años.

Uno de sus divulgadores más insistentes ha sido Antonio Plaza, encargado de las ediciones de dos obras de la madrileña: ‘El eslabón perdido’ y ‘De Barcelona a la Bretaña’. La filóloga Iliana Olmedo publicó un ensayo sobre la autora, ‘Itinerarios del exilio’, en 2014.

También en 2014, la Asociación de Libreros de Lance comercializó una edición facsímil de ‘Tea rooms’. Esta misma obra supondría la puerta al reencuentro con un público amplio: Hoja de Lata la reeditó en 2016 con un éxito imprevisto. La escritora Laura Freixas exclamó entonces: "¿Cómo no oímos hablar antes de Luisa Carnés?". Entre los diversos personajes de la obra, destaca la joven Matilde, una chica reservada y politizada que pronosticaba la llegada de un mundo socialista porque "legiones de hambrientos pululan por las calles del mundo capitalista".

El segundo rescate de unos cuentos olvidados

"Seguramente pocos nos hayamos detenido a pensar qué sería lo único que vendría con nosotros si tuviéramos que partir al exilio. Luisa Carnés lo tuvo claro: sus cuentos", escriben Laura Sandoval y Daniel Álvarez, editores de la antología ‘Trece cuentos’ (1931-1963). La publicación de estos relatos tiene visos de segundo rescate. La realidad social de la España republicana, que introdujo cambios pero seguía frustrando a Carnés, predomina en los primeros cuentos. Posteriormente, llega la posguerra y el exilio.

Lo material tiene mucho peso en las historias: las ganancias insuficientes de los jornaleros de la oliva, la incertidumbre vital de una presa política cuando sale de prisión, la economía de subsistencia del joven de ‘La mulata’... Las condiciones sociales y la vida personal e íntima de los personajes se entrelazan, sin imposiciones y con atención al detalle. Quedan fuera de esta antología las creaciones más tempranas de la autora, que publicó diversos relatos y un volumen de novelas cortas con solo 23 años, en 1928.

Los últimos cuentos se distancian de cualquier conexión biográfica obvia con la autora, más allá de su militancia izquierdista. ‘Momento de la madre sembradora’ es, más que una narración, un alegato que llama a la acción de las mujeres para luchar por una vida de paz. "Mucho ha avanzado la ciencia de vivir, pero más ha avanzado la ciencia de matar", escribe. ‘Aquelarre’ critica al escapismo y la cultura de masas. Y ‘El señor y la señora Smith’ trata de la segregación racial en Estados Unidos.

Historias de peces fuera del agua

En los cuentos de Carnés, el mundo no es un lugar acogedor. Algunos de los personajes recuerdan a la Matilde de ‘Tea rooms’: peces fuera del agua que analizan de manera clarividente su entorno, pero aún así siguen sin poder (o querer) encajar. [‘Olivos’] está protagonizado por un joven que, ante la incomodidad general, insiste en exigir que el cacique local aumente la paga de sus jornaleros. ‘En casa’ trata de una represaliada republicana que, al salir de prisión, se reencuentra con un mundo que ya no es el suyo.

En muchas de sus historias, Carnés apuesta por una literatura que combina la empatía y la identificación con la crítica. Raramente contemplamos a personajes que siguen el molde de la narrativa heroica, pero sí conocemos a personas que intentan seguir sus convicciones a pesar de las dificultades. En otros casos, se censura a unos protagonistas que se dejan arrastrar. Un ejemplo es el joven de ‘La mulata’, abandonado a un enamoramiento destructivo. Sobre este último, Carnés escribe: "No era necesario que confesara que siempre careció de voluntad, que siempre fue como una brizna de algas que el mar arroja a la playa y el viento seca y esparce".

En diversas narraciones, la autora insiste explícitamente en unos ideales abstractos de libertad, igualdad y fraternidad. Pero no propone recetas cerradas sobre las maneras correctas de vivir y de sentir. La denuncia del machismo, de toda una arquitectura social que conduce a la dependencia de las mujeres, es una constante. A menudo, aparece el motivo de la solidaridad femenina, pero no se perciben trazas de idealización. En ‘Sin brújula’, por ejemplo, la escritora censura la insensibilidad de unas madres ante la agonía de un niño enfermo: temen que pueda contagiar a sus hijos. Carnés parece identificarse esta vez con el personaje masculino, un marino veterano, desorientado y generoso.

La autora también se muestra recelosa del matrimonio como camino cierto, como destino natural de las personas de su sexo. ‘Una mujer fea’ es una historia de boda terrible, donde una especie de amor sumiso, incondicional, conduce a la degradación. ‘El señor y la señora Smith’, en cambio, habla de un amor tierno que consuela a dos solitarios en circunstancias difíciles.

Salvo en la mirada hostil e indignada de ‘Aquelarre’, la tesis no suele imponerse al factor humano. O, al menos, se plantea una tesis suficientemente abierta como para alejarse del riesgo de utilizar a los personajes como títeres de un ideario. Absténganse de leer a Carnés quienes piensen que la literatura con dimensión social es sistemáticamente acartonada y pobre: ‘Tea rooms’ y ‘Trece cuentos’ (1931-1963) podrían socavar sus convicciones.

jueves, 29 de septiembre de 2016

#hemeroteca #mujeres | Luisa Carnés cuenta los brioches

Luisa Carnés cuenta los brioches.
'Tea Rooms' recupera la mirada lúcida de una de las más importantes narradoras de la generación del 27, voz imprescindible de la novela social de la preguerra.
Marta Sanz | El País, 2016-09-29
http://cultura.elpais.com/cultura/2016/09/23/babelia/1474641997_033382.html

Luisa Carnés nació en Madrid (1905) y murió en México DF (1964). De clase media empobrecida, se puso a trabajar en una sombrerería a los 11 años. Fue autodidacta: observaba la realidad y leía folletones, ‘Los hermanos Karamazov’ por entregas, Tolstói, Gorki, clásicos de la literatura española… De aquellos trabajos y días, pasados por el filtro de los autores rusos, surgieron ‘Peregrinos del calvario’ (1923) y ‘Natacha’ (1928). Luisa se hizo mecanógrafa en una editorial donde conoció a su primer marido; disfrutó de notoriedad como escritora. Después cerraron la editorial y emigraron a Algeciras, pero ella regresó a Madrid, donde trabajó en un salón de té. Siguió escribiendo novelas y cuentos y colaboró con diferentes medios periodísticos. Estalló la guerra, firmó teatro de combate en defensa de la República y estrenó con Alberti. Militó en el PCE. Se exilió a México y allí murió en un accidente de coche del que salieron ilesos marido e hijo. Luego desapareció, como muchas otras mujeres y hombres —especialmente mujeres— del imaginario cultural porque todos sabemos quiénes escriben la historia… Esta podría ser una visión acelerada de la biografía de Luisa Carnés, a quien se ha considerado “la más importante narradora del 27” o representante de la “novela social de preguerra” como Sender, César M. Arconada o Carranque de Ríos. Carnés denunció las desigualdades económicas y sociales del sistema capitalista, y se concentró en la emancipación de las mujeres a través de la lucha colectiva y la cultura; en la necesidad de que las obreras se desvincu­laran de padres, maridos, patrones y confesores, para transgredir un modelo de vida abocado a una domesticidad matrimonial o prostibularia, que a menudo se confunden. Carnés apoyó a Clara Campoamor en su defensa del sufragio femenino. Otras voces se sumaron: María Martínez Sierra, Concha Espina, Elena Fortún, María Teresa León…

De todas estas vicisitudes biográficas da cuenta Antonio Plaza en el epílogo de ‘Tea Rooms. Mujeres obreras’, una singularísima novela-reportaje a la que Carnés traslada su experiencia como empleada de un salón de té. Una voz en tercera persona focaliza la figura de Matilde, una obrera a quien el pensamiento le duele y recorre Madrid buscando empleo. La ciudad se describe con enumeraciones sensoriales que son interrumpidas por fragmentos en estilo directo, interferencias de la publicidad o la propaganda. Sobrecoge lo mucho y lo nada que hemos cambiado: ya no se fríen buñuelos en la Puerta del Sol y los turistas se hacen fotos con Minnie Mouse, pero aún existen los mendigos, los parados, las mujeres especialmente golpeadas por la crisis e invisibilizadas por la cultura. Las vertiginosas descripciones remiten a las dotes de observación de la escritora y a esos chaplinianos tiempos modernos donde las prácticas capitalistas automatizan las conductas mientras la realidad se divide entre ricos, pobres y engreídas clases medias sin conciencia de sus precariedades.

Carnés, encubierta tras la lúcida mirada de Matilde, sabe que está en el bando de los perdedores incluso antes de haber perdido una guerra. El estilo capta lo que la escritora piensa del mundo: roto, voraginoso, lleno de ruido… La visión de la pobreza no es idílica ni buenista, sino violenta, corruptora y sucia. Sin embargo, no se deposita en el individuo toda la responsabilidad de sus buenas o malas acciones. Porque Carnés no es católica: reivindica la utopía comunista subrayando el significado de la solidaridad. Tampoco ve con buenos ojos a quienes rentabilizan el relato de la pobreza, la apología del origen humilde. De esa lección deberíamos aprender los escritores de la crisis, que a veces transformamos la lacra social en eslogan.

Carnés utiliza la literatura como arma cargada de futuro sabiendo que en su destreza para controlar la clave retórica reside su eficacia. Literaria y política. Es precioso el pasaje donde cuenta por qué las mujeres pobres no se alegran con la llegada del verano mientras la fina desnudez de las mujeres pudientes se exhibe en playas cosmopolitas. En la novela se evidencia el peso literario de lo concreto: las horas de jornada laboral, la cantidad de brioches, las exactas 10 pesetas del salario, la insistencia en el número en los tiempos de escasez.

La novela-reportaje como género sintetiza la observación naturalista de la experiencia laboral auténtica, los diálogos de magnetofón con sus entrañables laísmos madrileños, con la esperanza utópica del lenguaje de vanguardia, las girándulas de Guillermo de Torre, los poemas de grúas de Salvat-Papasseit, el cubismo, la máquina y la reducción metonímica de la persona a su traje que tan atinadamente resume esa denuncia de la deshumanización, la razón físico-matemática y la lógica economicista, que está en la raíz de las poéticas del 27. También como los autores del 27, en Carnés se percibe cierta influencia cinéfila que cuaja en una crítica —alienación de las obreras fascinadas por los actores que van al Tea Room— y un procedimiento: la cámara congela con rapidez opresiva al hombre travestido, la mantenida por un viejo, la encargada, la adaptable Antonia, la beatona, Marta y sus hurtos, Laurita y su ingenuidad de novela que la convertirá en carnero sacrificial… Poliedro dramático de mujeres que tienen todas las de perder. Las cosas terribles suceden con la naturalidad con la que suceden las cosas terribles en las sociedades inhumanas: abortos practicados con la varilla de un paraguas roñoso, mujeres prostituidas, obreros muertos, despidos… ‘Tea Rooms’ se cierra con un interrogante: “¿Cuándo será oída su voz?”. Carnés se refiere a la emanci­pación proletaria. Los lectores sospechamos que, habida cuenta de los últimos acontecimientos nacionales e internacionales, nunca hemos dejado de estar sordos.

lunes, 30 de mayo de 2016

#libros #literatura #mujeres | Tea Rooms : mujeres obreras


Tea Rooms : mujeres obreras / Luisa Carnés ; epílogo de Antonio Plaza.
Gijón : La Hoja de Plata, 2016 [05-30].
256 p.
ISBN 9788416537112 / 18,90 €

/ ES / NOV
/ Capitalismo / Crónicas / Literatura / Madrid / Mujeres / Mujeres – Historia / Mujeres – Trabajo / Historia – Siglo XX / Testimonios

Corren los años treinta en Madrid y las trabajadoras de un distinguido salón de té cercano a la Puerta del Sol ajustan sus uniformes para comenzar una nueva jornada laboral. Antonia es la más veterana, aunque nunca nadie le ha reconocido su competencia. A la pequeña Marta la miseria la ha vuelto decidida y osada. Paca, treintañera y beata, pasa sus horas de ocio en un convento y Laurita, la ahijada del dueño, se tiene por una «chica moderna». Únicamente Matilde tiene ese «espíritu revoltoso» que se plantea una existencia diferente. Todas trabajan por un salario de hambre y una absoluta falta de expectativas. Están acostumbradas a callar: frente al jefe, frente al marido, frente al padre. Su vida se traduce en esta reflexión de Matilde: «Diez horas de trabajo, cansancio, tres pesetas».

Autora ‘sinsombrero’ de la Generación del 27, Luisa Carnés escribió esta portentosa novela social rompiendo los esquemas narrativos de la época. Una voz fundamental para acercarnos a la realidad de las mujeres españolas de comienzos del siglo xx.

Luisa Carnés (Madrid, 1905-México D.F., 1964) fue una novelista y periodista española, autora ‘invisibilizada’ de la Generación del 27. Nació en el seno de una familia obrera en el madrileño barrio de Las Letras. A los once años entró a trabajar en un taller de sombrerería y en 1928 vio publicada su primera obra, ‘Peregrinos de calvario’, una colección de narraciones breves. De lo vivido en su nuevo trabajo como camarera en un salón de té saldría ‘Tea Rooms. Mujeres obreras’ (1934), recibida calurosamente por la crítica, que destacó de ella su carácter innovador y su fuerza narrativa. De formación autodidacta, Carnés consiguió con esta novela una calurosa acogida por parte de la crítica y el público. Su carrera, como la de tantas otras, se vio truncada por el golpe militar del 18 de julio de 1936, que desencadenó la guerra civil. Tras la derrota del bando republicano se exilió en México, donde murió prematuramente en el más completo de los olvidos para la historia de la literatura española.