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jueves, 10 de mayo de 2018

#hemeroteca #musica #glam | El pop como herramienta para explicar el mundo

Imagen: El País / Simon Reynolds
El pop como herramienta para explicar el mundo.
El influyente periodista Simon Reynolds teoriza sobre el glam en su último libro.
Xavi Sancho | El País, 2018-05-10
https://elpais.com/cultura/2018/05/10/actualidad/1525975505_690852.html

Simon Reynolds (Londres, 1963) es tal vez el periodista musical más influyente de las últimas décadas. Suyas son obras de referencia para entender lo que pasó y lo que está pasando como ‘Retromanía’ (sobre la fiebre del ‘revival’ que dominó parte de los noventa y la primera década de este siglo), ‘Energy flash’ (en torno a la electrónica y sus adyacentes), ‘Rip it up and start again’ (biblia del ‘postpunk’, la música que vino a cambiar las reglas) o ‘Como un golpe de rayo’ (su último trabajo, un tratado sobre el glam, desde David Bowie hasta las estrella contemporánea Nicki Minaj). Ayer participó en la edición madrileña del festival Primera Persona que tuvo lugar en La Casa Encendida, hoy estará en Málaga en la IV edición de ‘Málaga 451: La Noche de los Libros’ y mañana terminará su gira en el CCCB barcelonés como una de las más rutilantes estrellas de este 'Primera Persona' que, desde hace tres años, se desdobla en dos sedes. “No exagere tanto sobre mi influencia [en la teoría de la música pop] porque ahora mismo estoy enganchado a un tema de '21 Pilots' que me ha pegado mi hija y me siento como una especie de señor mayor ‘emo’”,confiesa al respecto de la música de este dúo estadounidense de rock algo pomposo que, a pesar de haberse disuelto en 2011, sigue ganando adeptos, entre ellos los vástagos de grandes críticos de rock.

“Jamás he sido de esos tipos que tratan de crear versiones minúsculas de sí mismos a través de sus hijos, pero sí es cierto que les ponía [al compositor contemporáneo Karlheinz] Stockhausen y ‘post punk’ cuando eran muy pequeños, pero no veo que haya calado”, bromea.

Sus lectores saben que en pocas disciplinas periodísticas el lector puede hacerse una idea tan clara de la personalidad del escriba como en el periodismo musical. Por eso tiene tanto sentido que Reynolds participe en un evento llamado Primera Persona. “Y eso que evito hablar mucho de mí. Odio escribir la palabra yo”, aclara.

El inglés empezó a trabajar en este negocio a mediados de los años ochenta, la que es, a su entender, la peor época de la historia de la música. Estuvo en la revista ‘Melody Maker’ cuando el pop aún se entendía como un ejercicio de arriesgada progresión, no un bálsamo regresivo. “Pero también estuve en revistas de estas que ponen a los Beatles en portada dos veces al año. No tengo nada en contra de este periodismo historicista, siempre y cuando se arme desde la investigación y no desde la mera revisión”, aclara aún dolido porque cuando dejó de trabajar en esos medios estos empezaron a poner a bandas que le gustaban, como ‘The Jam’ o ‘PIL’, en portada.

Eso, entrar en el pasado por la puerta lateral, es exactamente lo que intentó evitar en ‘Como un rayo’, el libro sobre glam escrito por este señor alto con pinta de oficinista o profesor de una universidad que paga a 90 días. “Pero yo fui glam, yo fui andrógino, lo juro”, interrumpe. “Tenía una amiga lesbiana que me pintaba los ojos, aunque me hacía unos estropicios notables. Ahora supongo que soy lo que se diría un tipo masculino”.

Más allá del interés que pueda despertar su visión sobre Marc Bolan o The Tubes, la actualidad de su último libro, publicado, como la mayor parte de los suyos, por la editorial argentina Caja Negra, reside en la conexión que hay entre la sexualidad de aquella época y el pop no binario que explica la actual. “Tienes razón, lo pensé, pero no quise ahondar mucho en eso porque me dio cierto miedo. Es obvio, a pesar de que no quisiera explicitarlo, que uno de los mayores cambios que han sucedido en la música es el pasar de que todo sea sexual a que todo tenga que ver con el género, que es algo mucho más interesante”.

Pasión por lo nuevo
Pese a ser el teórico que popularizó la etiqueta ‘retromania’, que describe la obsesión del pop con el pasado, sigue teniendo hambre de cosas nuevas y energías para tratar de entenderlas. Fan del rap y de la electrónica actuales, con todo, ha visto demasiadas escenas pasar como para dar géneros por finiquitados. “Recuerdo que a finales de los noventa, el DJ Paul Oakenfold dijo que todo serían mesas de mezclas y sintetizadores, que el rock era pasado. Al cabo de muy poco aparecieron The Strokes y se cargaron su teoría”, narra como ejemplo algo que pocos han entendido: los periodistas musicales estamos para explicar, no para adivinar.

jueves, 22 de marzo de 2018

#libros #liberacionsexual #queer | Estrategias de resistencia y ataque : pequeña historia de la resistencia feminista/queer radical desde los años 60 hasta hoy

Estrategias de resistencia y ataque : pequeña historia de la resistencia feminista/queer radical desde los años 60 hasta hoy / Alex B.
Madrid : Imperdible, 2018 [03-22].
64 p.
Extracto de: La Società Degenerata : teoria e pratica anarcoqueer / Alex B. Torino : Nautilus, 2012.
ISBN 9788469797433 / 2 €

/ ES / IT* / ENS
/ Activismo / Disidencia sexual / Feminismo / Historia - Siglo XX / Historia - Siglo XXI / LGTBI / Liberación sexual / Queer / Resistencia

“Estrategias de resistencia y ataque” nos hace un tremendo recorrido histórico y teórico por las luchas radicales e insurgentes de personas trans, maricas y bolleras en EEUU y Europa en contra de aquello que las oprime, dejando a un lado la historia oficial que las encuadra en meras disputas por el poder político, por conseguir votos o para hacer propuestas legislativas. Un excelente trabajo que evita que caiga en el olvido todo el rico entorno disidente sexual y de género que quiere acabar con el sistema en su conjunto, y que pone sobre la mesa interesantes debates teóricos sobre la comercialización, la identidad, la homonormatividad y nuestros espacios políticos de lucha.

Si lo que más horroriza al homo normalis, policía del sistema hetero-capitalista, es el tomar por el culo, esto demuestra que uno de nuestros placeres más deliciosos, el coito anal, tiene dentro una notable carga revolucionaria. Lo que de nosotras las mariconas está más criticado, contiene en sí buena parte de nuestra gaia potencialidad subversiva. Mi tesoro lo guardo en el culo, sin embargo mi culo está abierto a todo el mundo… - Mario Mieli

OTRA EDICIÓN: Coños Como Llamas, 2013
TEXTO COMPLETO | Peligrosidad Social

https://distribuidorapeligrosidadsocial.files.wordpress.com/2011/11/estrategias-de-resistencia-y-ataque.pdf

miércoles, 14 de marzo de 2018

#libros #mayodel68 | Revoluciones : cincuenta años de rebeldía (1968-2018)

Revoluciones : cincuenta años de rebeldía (1968-2018) / Joaquín Estefanía.
Barcelona : Galaxia Gutenberg, 2018 [03-14].
336 p.
Colección: Ensayo
ISBN 9788417088866 / 21,50 €

/ ES / ENS
/ 6805-50 / Historia – Siglo XX / Historia - Siglo XXI / Mayo del 68 / Memoria histórica / Movimientos sociales / Política / Sociología

El último medio siglo (1968-2018) ha sido testigo de una generación que amaneció a la madurez con la alegría revolucionaria de Mayo del 68 y que se está jubilando en pleno vigor de una revolución conservadora y de los populismos de extrema derecha que amenazan con llevarse por delante muchas de las conquistas civilizatorias de este tiempo. Esa generación es la que ha mandado. Una generación que con sus aciertos, sus contradicciones, sus arrebatos de cólera (a veces ingenuos; a veces violentos; casi siempre justos) o su resignación ha tratado de cambiar el mundo, aunque no con la profundidad y la velocidad que previeron sus protagonistas, algunos de los cuales podrían decir: «Queríamos cambiar el mundo y el mundo nos ha cambiado a nosotros». 

A cada año mágico revolucionario (1968: París, Praga, México; 1999: movimiento antiglobalización; 2011: los indignados) le ha sucedido una reacción (1979-1980: Thatcher y Reagan; 2011: los ‘neocons’; 2017: Trump) que ha pretendido siempre volver al statu quo anterior, a lo que creían un estado natural de las cosas, utilizando los principios de coerción y persuasión, el poder duro y el poder blando. Durante aquellos años mágicos, los jóvenes como categoría histórica han disputado a la clase obrera el monopolio del protagonismo redentor de los cambios que ésta tuvo durante el siglo XIX y primera parte del XX. El sentido de la historia lo daba el progreso, pero el motor de la historia no ha sido sólo la lucha de clases, sino las ansias de un grupo transversal de ciudadanos que ha reivindicado su lugar en la política, la economía y la cultura.

viernes, 29 de diciembre de 2017

#hemeroteca #nacionalismos | Por qué la historia nos recomienda tomarnos Tabarnia en serio

Imagen: El País / Vehículo sin matrícula circulando por Mitrovica Norte, parte serbia de la ciudad
Por qué la historia nos recomienda tomarnos Tabarnia en serio.
Los conflictos provocados por las independencias dentro de las independencias han sido una constante en Europa, desde Irlanda hasta los Balcanes.
Guillermo Altares | El País, 2017-12-29
https://politica.elpais.com/politica/2017/12/29/actualidad/1514549719_409900.html

La llamada Ley de Claridad del Tribunal Supremo de Canadá estableció en 2000 las condiciones que deberían darse para cualquier futuro referéndum independentista —la provincia de mayoría francófona de Quebec había celebrado dos—. Una posible consulta debe ser autorizada por el Parlamento de todo el país, no sólo de la provincia que vota; la pregunta tiene que ser clara y responderse con un sí o un no y tiene que alcanzarse una participación significativa y una mayoría suficiente (no vale con un 50,1% pelado, ni una decisión de ese calado puede tomarse si la mayoría de los posibles votantes se queda en su casa). Lo más importante es que en todo ese proceso tiene la última palabra Ottawa, es decir, todos los canadienses, no sólo la provincia que vota, y que el referéndum significaría el punto de partida para una negociación, no el final de un proceso.

Sin embargo, en el momento más encendido del desafío independentista catalán, pese a que este texto legal es corto y muy fácilmente accesible, circuló por Internet un bulo que señalaba que la Ley de Claridad también establecía que todas aquellas regiones dentro de la provincia que se independiza que no se estuviesen de acuerdo con esa decisión podrían celebrar, a su vez, sus propios referendos. Esta norma no se mete en absoluto en ese jardín, aunque sí es cierto que en su último párrafo habla de que las negociaciones deben incluir "cualquier modificación de fronteras de la provincia, los derechos, los intereses y las reivindicaciones territoriales de los pueblos autóctonos de Canadá y la protección de los derechos de las minorías". Pero no ofrece ningún detalle sobre el posible resultado, sólo abre la puerta a la posibilidad de un cambio de fronteras.

Ese juego de muñecas rusas de independencias dentro de independencias tiene sentido porque, de hecho, ha ocurrido. Por ese motivo ha tenido un impacto tan fuerte la idea de Tabarnia, una unión ficticia de las zonas de Cataluña donde la independencia es una opción minoritaria. Bastantes políticos, y hasta la Real Academia Española, han decidido tomarse en serio lo que había comenzado como una broma. La historia reciente de Europa nos demuestra que Tabarnia existe, que es un problema que se encuentra en el corazón de los conflictos más graves que ha vivido el continente en las últimas décadas.

La disolución de la URSS nos ofrece numerosos ejemplos de ‘tabarnias’: antiguas repúblicas soviéticas con minorías que decidieron crear sus propios países cuando se produjo la independencia. Ocurrió en Nagorno Karabaj (república armenia en Azerbaiyán) o en Transnistria (república de mayoría rusa en Moldavia). Un cuarto de siglo después de la disolución de la Unión Soviética, se trata de conflictos que todavía no están cerrados. En Ucrania, la línea del frente actual también separa las regiones de mayoría rusa del resto del país.

Es cierto que todas las comparaciones esconden trampas, que el desafío independentista catalán es una situación insólita dentro de la UE y que en España no existen líneas étnicas o religiosas como las que recorren el antiguo espacio soviético, aunque es indudable que el desafío independentista ha creado una profunda fractura en la sociedad catalana. Pero también es verdad que todas las independencias que no cuentan con la unanimidad, o que dejan fuera a una parte importante de la población, plantean este problema. ¿Qué ocurre cuando existe un territorio claramente homogéneo que no quiere estar en el nuevo país? Los Balcanes ofrecen dos ejemplos claros.

La guerra de Bosnia se frenó gracias a los acuerdos de Dayton, firmados en noviembre de 1995, que dividían un mismo país en dos entidades, la República Srpska (Serbia) y la Federación Croata Musulmana. Los territorios habían sido trazados por la limpieza étnica, pero la condición de la comunidad internacional fue que de ninguna manera esas entidades podían unirse a otro país (una cláusula dirigida fundamentalmente a Serbia). Sin embargo, las tensiones son crecientes. La República Srpska planea celebrar, en contra de las autoridades de Sarajevo, su Día Nacional el 9 de enero, y ha amenazado con convocar un referéndum de independencia para unirse a Serbia, una iniciativa condenada por la comunidad internacional.

En Kosovo, la situación es incluso peor. Cuando está antigua provincia serbia con un 90% de población albanesa comenzó su camino hacia la independencia, el 10% de serbios simplemente se negaron a admitirlo. Y crearon su propia Tabarnia: todo el territorio al norte del río Íbar está fuera del control de las autoridades kosovares. En la frontera, no política, ni reconocida, pero real, los ciudadanos se paran y cambian las matrículas: nadie quiere circular con una placa serbia por el resto de Kosovo, ni con una matrícula kosovar por aquel territorio que, ahora mismo, está unido de facto a Serbia. La declaración de independencia en 2008 no arregló las cosas, más bien las empeoró, por muchas garantías que las autoridades de Prístina hayan dado a los serbios.

Si nos remontamos un poco más en el tiempo, nos encontramos con el caso de Irlanda. El Reino Unido decretó en 1921 el Acta de Gobierno de Irlanda. Creó así el norte, que reunía a los seis condados de mayoría de protestante del Ulster, y el sur, con los 26 condados de mayoría católica del resto del país. Fue lo que se llamó la partición. Cuando Irlanda se independiza totalmente en 1949, Irlanda del Norte se queda como una de las naciones que constituyen el Reino Unido. Pero, a su vez, en esta región existe una minoría católica, cuyo deseo es integrarse en Irlanda (de hecho, el Ulster tiene nueve condados en total, tres de ellos católicos). El conflicto armado se prolongó hasta los Acuerdos de Viernes Santo, de 1998. El problema, eso sí, sigue abierto y mucho más con el Brexit.

España no es los Balcanes, ni la antigua URSS, ni Irlanda del Norte ni nada parecido... pero las independencias dentro de las independencias son una constante en la historia de Europa. Tabarnia es una ironía muy certera: la creación de una nueva frontera suele traer problemas... y más fronteras.

lunes, 27 de noviembre de 2017

#libros #lgtbi #historia | Lo nuestro sí que es mundial : una introducción a la historia del movimiento LGTB en España

Lo nuestro sí que es mundial : una introducción a la historia del movimiento LGTB en España / Ramón Martínez ; prólogo de Alberto Mira.
Barcelona [etc.] : Egales, 2017 [11-27].
346 p.
Colección: G
ISBN 9788417319007 / 20 €

/ ES / ENS
/ Activismo / Derechos / España / Historia – Siglo XX / Historia – Siglo XXI / LGTBI / Movimiento gay / Movimientos sociales / Testimonios

En apenas cuatro décadas el «Movimiento LGTB» ha transformado España. Un país que en 1975 se declaraba mayoritariamente favorable a la eliminación de la homosexualidad a través de leyes represivas es hoy, gracias a la reivindicación política de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales, uno de los Estados que más derechos y libertades garantiza a las personas no heterosexuales, y que en 2013 defendía en un 88% que la diversidad sexual y de género debe ser reconocida e integrada en la sociedad.

¿Cómo ha sido posible esta transformación radical? Los partidos políticos de todas las ideologías no siempre se interesaron tanto por los derechos LGTB como ahora lo hacen –o fingen hacerlo–, y durante muchos años lesbianas, gais, transexuales y bisexuales tuvieron que organizarse para conseguir, primero, la eliminación de la legislación represiva y, después, el paulatino reconocimiento de derechos que llevó hasta la consecución del Matrimonio Igualitario. Pero queda mucho trabajo por hacer hasta la erradicación de la homofobia, transfobia y bifobia, y la mejor forma de comprender el presente y elaborar una reivindicación adecuada con vistas al futuro es conocer nuestro pasado: responder a la pregunta ¿de dónde venimos? puede ofrecer las claves necesarias para afrontar otras cuestiones como quiénes somos y hacia dónde nos dirigimos.

Este libro ofrece un análisis del desarrollo histórico del «Movimiento LGTB» en el Estado español a través de numerosa documentación y bibliografía y de los testimonios de sus protagonistas; y recupera la genealogía de la lucha social de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales en defensa de sus derechos como herramienta para seguir elaborando un discurso reivindicativo que, más allá de un WorldPride, pueda seguir diciendo con la voz bien alta que lo nuestro sí que es mundial.

«El trabajo de Ramón Martínez traza con encomiable precisión una genealogía compleja de lo que es el movimiento. [...] El inmenso valor de Lo nuestro sí que es mundial es entrar en los callejones sin salida, en los atajos y en los terrenos pedregosos, en los errores y en los triunfos, contar cómo se ha llegado hasta aquí y rescatar una historia casi olvidada, dando nombres, resucitando voces.» -- Alberto Mira

Ramón Martínez (Madrid, 1982) es doctor en Filología por la Universidad Complutense. Como experto en literatura española y diversidad sexual y de género, ha publicado diferentes artículos de investigación e impartido numerosas conferencias. Fue finalista del IX Premio Odisea con su primera novela, “Esta noche tú decides” (2007), y es columnista de opinión habitual en ‘Cáscara amarga’. Activista LGTB y feminista, ha participado en varios colectivos. En la actualidad forma parte de Arcópoli.

martes, 20 de junio de 2017

#hemeroteca #matrimonio | El matrimonio homosexual es legal en 22 países del mundo

Imagen: Deia / Recepción LGTBI en Bilbao
El matrimonio homosexual es legal en 22 países del mundo.
Próximamente se sumará Taiwán.
EFE | Deia, 2017-06-20
http://www.deia.com/2017/06/20/sociedad/estado/el-matrimonio-homosexual-es-legal-en-22-paises-del-mundo-

El matrimonio homosexual es legal en 22 países, a los que próximamente se sumará Taiwán, que será el primer territorio asiático en permitir estas uniones.

Once países de la UE tienen reconocido ese derecho (Holanda, Bélgica, España, Suecia, Portugal, Dinamarca, Francia, Reino Unido, Luxemburgo, Irlanda y Finlandia), además de otros dos países europeos, Noruega e Islandia.

En América, reconocen el matrimonio entre personas del mismo sexo Cánada, Estados Unidos, México, Argentina, Brasil, Uruguay y Colombia. Nueva Zelanda y Sudáfrica completan la lista.

Hay, además, estados que permiten las uniones civiles de personas del mismo sexo, con derechos iguales o similares a los del matrimonio, pero sin esa denominación, como Alemania, Austria, Croacia, Estonia, Hungría, Suiza, Malta, la República Checa, Israel, Chile, Grecia o Eslovenia.

Taiwán será el último en sumarse a este grupo de países y el primero en Asia, ya que el pasado mes de mayo laCorte Suprema declaró inconstitucionales las restricciones legales a las uniones entre personas del mismo sexo y exigió su legalización en un plazo de dos años.

Holanda, con una ley aprobada en septiembre de 2000 que entró en vigor el 1 de abril de 2001, fue el primer país en dar luz verde al matrimonio homosexual, seguido de Bélgica (2003) y Cánada y España, en 2005.

España fue el cuarto país del mundo en legislar sobre el matrimonio homosexual -lo hizo dos días después que Canadá-, aunque la ley española, aprobada el 30 de junio de 2005, entró en vigor antes que la canadiense, el 3 de julio de 2005.

Sudáfrica (2006); Noruega y Suecia (2009); Portugal, Islandia y Argentina (2010) y Dinamarca (2012) siguieron en el reconocimiento de los matrimonios homosexuales, con particularidades como la de Suecia y Dinamarca, donde está también reconocido el matrimonio religioso entre parejas del mismo sexo.

Dinamarca fue, en 1989, el primer país del mundo en reconocer a las parejas del mismo sexo, pero con una ley de uniones civiles.

Ya en junio de 2012 el Parlamento aprobó una norma que reconoce el matrimonio entre personas del mismo sexo: civil y religioso.

En 2013 fue reconocido por la vía judicial en Brasil y aprobado mediante leyes en Uruguay, Nueva Zelanda y Francia, con una gran polémica en ese país.

En el caso del Reino Unido, una ley sancionada por la reina Isabel II en julio de 2013 autorizó las bodas entre personas del mismo sexo, aunque éstas no comenzaron a celebrarse hasta marzo de 2014, pero sólo en Inglaterra y Gales, dado que Irlanda del Norte y Escocia tienen las competencias transferidas.

Escocia aprobó en febrero de 2014 su propia ley, que entró en vigor a finales de ese año. El matrimonio homosexual sigue sin estar permitido en Irlanda del Norte.

A la lista de países que admiten estas uniones se sumaron en 2015 Luxemburgo, Irlanda, México y Estados Unidos y Puerto Rico.

La entrada en vigor el 1 de enero de 2015 de la ley que reconocía los matrimonios entre parejas del mismo sexo en Luxemburgo permitió al primer ministro de ese país, Xavier Bettel, contraer matrimonio en mayo con su novio. Fue el primer jefe de Gobierno europeo casado con otro hombre.

En el caso de Irlanda, fue el primer país en celebrar un referéndum sobre esta cuestión; Vencieron los partidarios del "sí" en la consulta del 23 de mayo de 2015 con un 62 por ciento de los votos.

Colombia reconoció las bodas homosexuales en 2016 y Finlandia ha sido el último país en el que ha entrado en vigor una norma de este tipo -el 1 de marzo de 2017-, si bien el matrimonio homosexual se había aprobado en noviembre de 2014.

En varios países, estos matrimonios están reconocidos mediante sentencias contra la discriminación emitidas por sus respectivos órganos del Poder Judicial, como en Brasil y Sudáfrica (el Parlamento legisló en consecuencia posteriormente).

En EEUU, el Tribunal Supremo los legalizó en todo Estados Unidos el 26 de junio de 2015, aunque antes, en 37 estados, el Distrito de Columbia -donde está la capital, Washington- y el territorio de Guam se aceptaban estas uniones, pero el fallo del Supremo obligó a los estados restantes a autorizarlas.

En el caso de México, los matrimonios entre personas del mismo sexo se celebran desde hace años en la capital y en varios estados, como Quintana Roo y Coahuila.

En 2015, la Suprema Corte consideró inconstitucionales las leyes que los prohíben y desde entonces se permiten cuando son tramitados ante un juez.

sábado, 1 de abril de 2017

#libros #musica #glam | Como un golpe de rayo : el glam y su legado, de los setenta al siglo XXI

Como un golpe de rayo : el glam y su legado, de los setenta al siglo XXI / Simon Reynolds ; traducción de Hugo Salas.
Buenos Aires : Caja Negra, 2017 [04-01].
704 p.
Colección: Synesthesia.
ISBN 9789871622542 / 31 €

/ ES / ENS
/ Androginia / Artificio / Cultura popular / David Bowie / Glam / Historia – Siglo XX / Historia – Siglo XX/ Música / Sexualidad / Sociología

Al igual que en su influyente libro sobre postpunk, en ‘Como un golpe de rayo’ Simon Reynolds hace algo más que recorrer de manera exhaustiva la historia de un género. Al abordar el glam en tanto celebración del artificio y culto a la imagen, revela de qué manera supuso una ruptura con los valores propios de rock hippie de fines de los años sesenta –la autenticidad y el compromiso político– y un primer ensayo del tipo de sensibilidad que más tarde llegaría a ser conocida como posmoderna. Estrellas como David Bowie (cuya trayectoria funciona como columna vertebral del libro), Lou Reed, Alice Cooper, Roxy Music, New York Dolls y T. Rex dejaron en evidencia con su despliegue teatral, su maquillaje andrógino y su vestuario alienígena, que el pop antes que un reflejo de la realidad es una vía de escape a través de la fantasía y el fanatismo. 

‘Como un golpe de rayo’ trata acerca del poder de la ficción y de cómo la ingeniería de la excitación, la planificación de la controversia y la manipulación se volvieron parte esencial de la maquinaria del espectáculo. Al mismo tiempo, recupera estas experiencias del pasado en tanto laboratorios de experimentación estilística y sexual, trazando un linaje que hunde sus raíces en el arte del siglo XIX, el camp y el warholismo, y que se proyecta en la obra de figuras como Prince, Madonna, Marilyn Manson, Lady Gaga y Beyoncé.

lunes, 22 de febrero de 2016

#hemeroteca #derechos | Así ha cambiado Europa su forma de pensar sobre el matrimonio homosexual desde 1989

Imagen: El País / Irlanda, Mayo 2015
Así ha cambiado Europa su forma de pensar sobre el matrimonio homosexual desde 1989.
Yahoo Noticias, 2016-02-22
https://es.noticias.yahoo.com/as%C3%AD-ha-cambiado-europa-su-forma-de-pensar-sobre-el-101157914.html

El club suma ya 28 miembros, mientras que hay otros que siguen llamando a la puerta y que quieren formar parte de la Unión Europea. Son muchos países, que comparten unos objetivos comunes y que han encontrado en los acuerdos la posibilidad de seguir progresando, especialmente en el aspecto económico y comercial.

Pero si hay lazos que unen, también hay legislaciones que separan. A menudo se distingue entre la Europa del Norte y la Europa del Sur, fundamentalmente cuando la economía está presente, pero en asuntos sociales se puede distinguir entre la Europa del Este, fundamentalmente la que durante décadas perteneció o estuvo influida por la Unión Soviética, y la Europa Occidental.

En el caso del matrimonio homosexual y el reconocimiento de sus derechos se pueden apreciar claramente las diferencias en las últimas tres décadas, tal y como se observa en la imagen superior.

1989

Acaba de caer el Muro de Berlín y la Unión Soviética está a punto del colapso. Empieza un periodo nuevo en Europa. En ningún país se reconocen las uniones civiles entre gays, lesbianas, transexuales y bisexuales (el conocido como colectivo LGTB) hasta que en este año Dinamarca se convierte en el primero que reconoce por ley este tipo de uniones –las conocidas en España como parejas de hecho-.

1995

Han pasado 6 años y pocas cosas han cambiado en Europa en lo que se refiere a seguir el ejemplo de Dinamarca. Noruega (1993) y Suecia (1995) han aprobado una legislación similar, pero paralelamente al este de Europa se está produciendo el efecto contrario. Lituania, Bielorrusia (no pertenece a la UE) y Bulgaria limitan constitucionalmente el matrimonio a personas de distinto sexo.

2001

6 nuevos años en los que se han producido cambios radicales en Europa. Tal y como se observa en el gráfico, el color azul (que muestra los países que permiten las uniones civiles) empieza a apoderarse de la zona más occidental, mientras que el rojo (aquellos estados que por Constitución solo permiten el matrimonio heterosexual, sin dar lugar a otro tipo de uniones) se impone en el lado oriental. Portugal, Francia, Alemania o Bélgica se han unido a los primeros, mientras que Polonia o Ucrania ya forman parte de los segundos.

Precisamente en este mismo año se produjo en Holanda un hecho sin precedentes. Tras aprobar en 1998 las uniones civiles, el 1 de abril de 2001, las autoridades holandesas celebraron los primeros matrimonios entre personas del mismo sexo, convirtiéndose en el primer país del mundo en permitirlos.

2005

El 3 de julio de 2005, entraba en vigor en España la Ley 13/2005 en el Código Civil que permitía el matrimonio entre cónyuges del mismo sexo, convirtiéndose el país en el tercero del mundo en permitirlo tras Holanda y Bélgica. La ley española incluso se convertía en pionera, ya que incluía derechos de adopción conjunta, de herencia y de pensión.

2010

Poco a poco los países que hasta el momento reconocían las uniones civiles empiezan a permitir el matrimonio homosexual. Así, Suecia, Noruega, Portugal o Islandia se adhieren. En el otro extremo Serbia también limita constitucionalmente las uniones a personas de distinto sexo.

2016

El mapa muestra una imagen muy curiosa. Los países más occidentales (España, Francia, Reino Unido, Irlanda, Holanda…), así como los nórdicos (Suecia y Noruega) permiten los matrimonios entre personas del colectivo LGTB y les dan los mismos derechos que a los enlaces tradicionales; los países del centro de Europa (Alemania, República Checa, Suiza, Austria) permiten las uniones civiles; y los países más orientales (Polonia, Lituania, Bulgaria…) siguen teniendo una Constitución que prohíbe específicamente las uniones que no sean de personas de distinto sexo.

Apunte a tener en cuenta: Pese a que en los países más orientales de Europa hay movimientos que abogan por permitir el enlace homosexual, lo cierto es que socialmente este tipo de uniones no están bien vistas.

El Eurobarómetro de octubre de 2015 mostraba que en Bulgaria (17% de aprobación al matrimonio homosexual), Letonia (19%) o Rumanía (21%) la aprobación de este tipo de leyes generarían una gran controversia interna. Unos datos muy alejados por ejemplo de Suecia (90%), Dinamarca (87%) o España (84%) donde esta realidad social ya se ha normalizado casi por completo tras más de una década desde que se produjeron las leyes que permitían el matrimonio LGTB.

Y TAMBIÉN…
Los países de la UE más proclives a aceptar el matrimonio homosexual.

El 84% de los españoles cree que Europa debería permitir las bidas gais, un porcentaje de aceptación que sólo se supera en Holanda, Suecia y Dinamarca.
Juan Manuel García Campos | La Vanguardia, 2015-10-06
http://www.lavanguardia.com/vangdata/20151006/54437898165/paises-ue-mas-menos-proclives-aceptar-matrimonio-homosexual.html

martes, 5 de enero de 2016

#hemeroteca #poesia | Las reinas magas, un invento de hace 36 años

Imagen: El Español / Gloria Fuertes
Las reinas magas, un invento de hace 36 años.
Gloria Fuertes redefinió los cuentos tradicionales en una sociedad que aprendia a usar la democracia y a tener en cuenta a la mujer.
Peio H. Riaño | El Español, 2016-01-05
http://www.elespanol.com/cultura/20160105/92240784_0.html

La ilusión de varias generaciones de españoles y españolas ha pasado por la lectura de una de las obras de teatro en verso más famosas de una de las poetas más populares. ‘Las tres reinas magas’ se sigue representando en colegios, es lectura en las aulas, hay compañías que la mueven por los teatros y las bibliotecas mantienen vigente su préstamo. Hace tres décadas Gloria Fuertes (1917-1998) logró que la televisión fuera altavoz de la poesía al abrir un hueco para la lectura de sus poemas para niños. Melchora, Gaspara y Baltasara pasaron por la tele nada más aterrizar la democracia en este país: “Sopitas de leche/ con pan y escabeche/ que el niño que nace,/ verás lo que hace”, le dicen las tres mujeres, arrodilladas en el pesebre, al recién nacido.

Las madres también son reinas magas, porque los padres han ido a la guerra y alguien tiene que seguir a la estrella y adorar al niño con sus regalos. La leyenda católica se mantiene intacta, la poeta redefine los cuentos tradicionales en medio de una sociedad que estaba aprendiendo a usar la democracia y que debía tener en cuenta a la mujer en su transición hacia un estado libre. La resistencia de la obra de Gloria Fuertes a lo establecido por el régimen desveló incluso una nueva relación con dios poco habitual: “El sujeto nunca se mitifica como profeta visionario o como líder social, sino que habla desde una perspectiva mucho más individual. Todo esto diferencia la poesía de Gloria Fuertes de gran parte de la poesía escrita en España a principio de los cincuenta, y le da un carácter personal y propio”, escribe Andrew Debicki en el ensayo ‘Poesía del conocimiento. La generación española de 1956-1971’.

Muy católica a su manera: “Dios está en el mar y en el viejo que pasa,/ en la madre que pare y en la garrapata,/ en la mujer pública y en la torre de la mezquita blanca”. Y acaba: “En ti, debajo mismo de tu corbata”. Gloria Fuertes le encantaría al Papa Francisco, porque dibuja a un dios accesible, familiar, vulgar, sin fronteras. En ‘Poeta de guardia’: “Para mí Dios no es problema,/ Dios es para mí un paisaje sin niebla/ …/ para mí/ está claro”. “Aunque parezca mentira/ dios existe”.

Porque era vitalista y creía que la vida era una verbena: “La vida es el tubo de la risa” y eso impide cualquier tipo de autoridad, desde la política a la eclesiástica. Baltasara al habla: “Esto de las sardinas en lata no deja de ser una lata/ ¿Por qué no se habrá inventado ya, la tortilla de patatas?/ Y no comer tanto en este día,/ que en vez de las tres reinas magas/ vamos a parecer los gordos de la lotería...”

“Si la realidad es gris, la pongo verde”. Ella transgrede las reglas del discurso, de manera natural y directa. “Entrañablemente eficaz” dijo José Manuel Caballero Bonald de la poesía de Gloria. Habló el poeta del “cargamento de verdad” de la poesía de ella, de “la fuerza de penetración” de la palabra. Una trayectoria marcada por un testimonio vital personal y colectivo, cuyo sentido fue profundamente humano, real y alegre. Las reinas magas están de camino y comen, beben, discuten, cantan, recitan versos… “De poetas y de locos, todos tenemos un poco”, escribió en ‘Mujer de verso en pecho’.

Y siempre en femenino, porque de cualquiera de sus obras podría decirse que más que un libro es una mujer. Así lo dejó escrito ella misma en su Historia de Gloria. Entiende la poesía como una herramienta para cambiar el mundo (no como un arma cargada de futuro). La poesía es una “medicina”. “Tengo cartas de enfermos que han leído a algunos de los poetas de ahora y que, al leernos, se han sentido mejor y han vuelto a tener ganas de vivir”, dijo en entrevista con Antonio Núñez.

Odiaba la guerra, creía en la reparación de la injusticia social, en la igualdad entre hombres y mujeres, en la felicidad, denuncia al egoísta, el amor y la paz, defensa de los seres raros y fuera de la norma, creía que otro mundo era posible, tenía un “sentido de la responsabilidad humana” y sigue siendo un ejemplo para todos los niños que hacen de ella su lectura, sin poner en riesgo sus ilusiones infantiles. Ahora es Gaspara: “Comportaos muchachas,/ y preparad las gachas./ No estaría nada bien/ que lleguen las tres reinas magas/ borrachitas a Belén”.

Gloria Fuertes escribió para el pueblo, para comunicarse con él, para servirle, con palabras cotidianas y coloquiales, como si la poesía no fuera algo extraño, porque quizá no lo sea: “Arte es saber hacer algo,/no hay materiales pobres/ni palabras pobres”. Rompe todas las convenciones sobre las conductas sociales, la religión, la política, la infancia, gracias al humor, trivializando lo trascendente, restando importancia a lo que más nos pesa. Es una antisistema, como todo poeta: “Me pagan y escribo,/ me pegan y escribo,/ me dejan de mirar y escribo,/ veo a la persona que más quiero con otra y escribo,/ sola en la sala, llevo siglos, y escribo,/ hago reír y escribo./ De pronto me quiere alguien y escribo./ Me viene la indiferencia y escribo./ Lo mismo me da todo y escribo./ No me escriben y escribo./ Parece que me voy a morir y escribo”.

viernes, 20 de noviembre de 2015

#hemeroteca #derechos #historia | Una España más abierta

Imagen: El País / Madrid, 1981
Una España más abierta.
Derechos, como el del divorcio, el aborto o el matrimonio igualitario han marcado el camino.
María R. Sahuquillo | El País, 2015-11-20
http://politica.elpais.com/politica/2015/10/29/actualidad/1446140773_345729.html

Cuatro décadas de camino en democracia han alumbrado un país que no se reconoce en el espejo con aquél que dejó a su muerte, ese 20 de noviembre de 1975, el dictador Franco. Costó un poco desprenderse de los grises y las sombras de la dictadura, pero los años de camino y de conquistas sociales han alumbrado una España más abierta, más igualitaria, más educada e infinitamente más moderna.

Realidades y patrones asumidos hace 40 años parecen hoy día imposibles. A principios de los años setenta no era posible el divorcio, las mujeres no podían comprar un piso y necesitaban el refrendo del padre o del marido para cualquier gestión –bancaria, por ejemplo--; además, el concepto de ‘dote’ se recogía en algunos convenios colectivos para las mujeres que dejaban de trabajar al casarse. Por no hablar de que los anticonceptivos estaban prohibidos. Como lo estaba, totalmente, el aborto. En aquellos años, los homosexuales y las lesbianas eran considerados peligrosos y perseguidos –y muchos encarcelados-- por la ley de vagos y maleantes.

“Afortunadamente poco queda ya de todo eso. España emprendió un camino hacia una sociedad mucho más laica y más social y eso lo ha marcado todo: los patrones de convivencia, de relación, de tolerancia”, afirma Consuelo del Val Cid, decana de Sociología de la UNED. Han cambiado los modelos de familia, de educación y bienestar social. “Las políticas sociales han evolucionado de manera espectacular”, apunta Del Val.

Sin embargo, incide Del Val, no hay que bajar la guardia. “Ya lo hemos visto. Puede haber pasos atrás. Si nos descuidamos estos logros pueden peligrar. En cuanto el activismo queda en el cajón puede haber regresiones”, dice. Los intentos de los más conservadores y de la jerarquía de la iglesia católica, que tantos años paseó de la mano del dictador, para dificultar el camino hacia las conquistas sociales no han cesado.

Tres grandes conquistas sociales han marcado, por encima de muchas otras, el camino hacia la España de hoy: la ley del divorcio, la despenalización del aborto y la ley de matrimonio igualitario. Así ha sido el camino:

El derecho a acabar un matrimonio y el camino hacia la familia diversa
El 7 de septiembre de 1981, a las diez de la mañana, el magistrado José Luis Garallo, titular del Juzgado de Primera Instancia de Santander, firmó el divorcio de Julia Ibars y Vidal Gutiérrez. La pareja, sin hijos y que llevaba tiempo sin convivir, presentó la demanda de mutuo acuerdo. La suya, radiada en todos los medios de comunicación del país, fue la primera sentencia de divorcio de España desde 1938. La primera en 43 años que volvía a disfrutar de un derecho instaurado en la República y derogado por Franco. Un derecho que costó años de agrios debate, y de dura oposición de los más conservadores, restaurar.

En aquel país que dejó el dictador a su muerte, el divorcio era un derecho legislado en la práctica totalidad de los Estados europeos, con la excepción de Irlanda, Andorra, el Estado Vaticano y Malta. En España, existía la nulidad matrimonial de la Iglesia; eso sí, previo pago, lo que contribuía aún más a la desigualdad. Pero disolver un matrimonio ante los tribunales era inviable.

En 1975, el 71% de los españoles se mostraban a favor de la posibilidad de romper contratos civiles de matrimonio, según el informe Foessa (Fomento de Estudios Sociales y Sociología Aplicada, impulsada por Cáritas). En 1978, cuando ya se hablaba de divorcio y el debate había anclado en la calle, el 60% de los ciudadanos era partidario de una ley que permitiera esa opción, según el CIS. En diciembre de 1980, eran ya el 83% los españoles partidarios del divorcio.

Pero entre el llamado ‘píccolo divorcio’, a imagen del existente en Italia, que tantas trabas ponía para disolver un matrimonio, y otras legislaciones la diferencia era grande. Sobre todo en los argumentos admitidos como causa de separación. “La batalla fue para tener una ley civilizada y otra difícil”, apunta Inés Alberdi, catedrática de Sociología de la Complutense.

Finalmente, el 22 de junio de 1981, con el Gobierno de la UCD presidido por Leopoldo Sotelo, el Parlamento aprobaba el divorcio, de nuevo. Se hizo a través de un anteproyecto de ley de reforma del Código Civil en materia matrimonial. Y para acceder a él exigía una separación previa de al menos dos años para confirmar la “situación de quiebra conyugal irremediable”. "No podemos impedir que los matrimonios se rompan pero sí podemos impedir el sufrimiento de los matrimonios rotos", defendió la ley el ministro de Justicia, Francisco Fernández Ordoñez.

Desde entonces, más de 1,5 millones de parejas han disuelto sus matrimonios. Aquél derecho a no estar con la misma pareja durante toda la vida, que tan polémico fue en la España del tardofranquismo –el Obispo de Siguenza-Guadalajara llegó a decir que era “una invitación a la infidelidad”--, se ha normalizado hoy en la sociedad española.

Con el enorme cambio que supuso la aprobación del divorcio, señala Consuelo del Val Cid, decana de Sociología de la UNED, se iniciaba una España diversa. La familia, aquella formada por un hombre y una mujer unidos en el contrato ‘sagrado’ del matrimonio, pasaba (y con los años cada vez más) a convertirse en las familias; en plural. Hogares monoparentales, uniones de hecho, familias reconstituidas (formadas tras las rupturas), matrimonios entre personas del mismo sexo.

En esos primeros años de aprobación del divorcio, todavía era algo tabú, mal visto, señalado. Tres décadas después, el vuelco ideológico del país ha sido inmenso y ya pocos se sorprenden de que un matrimonio termine; de hecho, las bodas han perdido fuelle –de los 5,8 matrimonios por cada mil habitantes registrados en 1981 se ha pasado a menos de 4—. La ley, además, adaptándose a los tiempos, se ha reformado un par de veces para agilizar el trámite –con los llamados divorcios rápidos, por ejemplo, que ya no exigen esa separación previa--. Ahora, los matrimonios pueden, incluso, divorciarse ante notario.

Qué lejano suena hoy esa separación entre ‘divorcistas’ y ‘no divorcistas’ que tanto sonaba en la España postfranquista. Aquella en la que el debate sobre las disoluciones matrimoniales era encendido y virulento. Porque el camino para la aprobación de la ley no fue sencillo. El mismo Fernández Ordoñez, llegó a declarar en una entrevista a la revista Interview que el proceso había sido complicado. “La recuerdo como una de las batallas más duras de mi vida. He tenido que luchar con los grupos integristas de mi propio partido”, dijo. Las tensiones dentro de la UCD, efectivamente, fueron inmensas.

Ordoñez y el resto de partidarios de la nueva regulación –sí, los llamados divorcistas—tuvieron que enfrentarse también a los duros embates de la jerarquía de la iglesia católica. La Conferencia Episcopal, que había gozado de tanto poder durante la dictadura y bajo cuyo dictado moral se había regido durante años la sociedad española, se sentía amenazada, y emprendió una agresiva campaña contra cualquier tipo de apertura.

En noviembre de 1978, el cardenal Tarancón afirmó que, con el proyecto de permitir el divorcio, había en marcha una campaña contra la estabilidad de la familia. En febrero de 1979, el episcopado fue más allá, e hizo un llamamiento a los católicos para que, en las elecciones legislativas que se celebrarían un mes más tarde, no votaran a los partidos que apoyaban el divorcio y el aborto. Es decir, partidos como el PSOE o el PCE. El creyente, dijeron, está obligado en conciencia a obrar coherentemente con su fe cuando acude a las urnas. Sin embargo, aunque ganó las elecciones la UCD de Adolfo Suarez, no obtuvo mayoría absoluta, y el PSOE obtuvo algo más del 30% de los votos.

En febrero de 1981, cuando el proyecto ya estaba sobre la mesa a falta de la luz verde del Congreso, otro documento de la Conferencia Episcopal Española afirmaba: “Si el proyecto de ley [de divorcio] llegara a promulgarse tal y como está formulado, quedaría seriamente comprometido el futuro de la familia en España y gravemente dañado el bien común de nuestra sociedad”.

Pero pese a los ataques, el proyecto se aprobó. Y no se cumplieron los vaticinios de quienes decían que se iban a producir 400.000 divorcios de golpe. “Poco a poco todo el mundo lo aceptó. Lo más chocante es que luego muchos conservadores que hicieron posible para evitar la ley se divorciaron. Ejemplo de ello es la familia de Franco. La hipocresía fue enorme”, apunta Alberdi.

Pero si la llamada ley del divorcio tuvo un simbolismo especial y supuso un gran cambio en la sociedad española, fue otra reforma legal la que inauguró esa apertura oceánica, señala Alberdi. En mayo de 1981, se reformo otro punto del Código Civil en materia de filiación, patria potestad y régimen económico del matrimonio. Un cambio, apunta la socióloga, que consagraba la igualdad total de hombres y mujeres –que ya dictaba la Constitución-- dentro del matrimonio y la de todos los hijos ante la ley. Esta medida acabó con la situación de predomino de y superioridad del marido y padre, y se equiparó a todos los hijos, sin importar su origen.

“Dejó de haber ‘hijos naturales’ que, además del estigma social, no tenían derecho sucesorio y no podían investigar quién era su padre. Estos cambios son los que han cocinado una transformación paulatina pero importantísima, porque han igualado la situación de las familias y construyendo nuevas fórmulas de igualdad”, sostiene.

Hoy, son ya uno de cada tres los hijos que nacen fuera del matrimonio, frente a los apenas 4.4% de 1981. La diversidad familiar es una realidad. Carmen Santos es un ejemplo de ello. Tiene 44 años y una hija de siete. Decidió tenerla sola, y el núcleo que forma junto a ella es una de las 1,7 familias monoparentales que hay en España, según la Encuesta Continua de Hogares del INE (de 2014). Como ella, este tipo de hogares está dirigido mayoritariamente por mujeres (85%). Las uniones entre hombre y mujer siguen siendo mayoritarias, pero ya no pasan tanto por el altar; y menos consagran su vínculo afectivo ante la iglesia. Si a principios de los ochenta sólo el 5,6% de las bodas eran civiles, ahora son más del 60%. Además, cada año se celebran en torno a 3.000 matrimonios entre personas del mismo sexo y las familias reconstituidas son ya casi un 7% del total de hogares.

Del aborto clandestino a la maternidad libremente decidida
Aquel vuelo de Madrid a Londres iba lleno de mujeres. Alguna, acompañada de su pareja o quizá de su hermana, pero la mayoría viajaban solas. Eran unos muy tardíos años setenta o primeros de los ochenta del siglo pasado, en España el aborto estaba prohibido y muchas de esas mujeres iban a la capital británica a interrumpir su embarazo. En ese avión, acompañando a una amiga, también volaba una jovencísima Delia Blanco. “Nos habíamos enterado de la posibilidad de abortar en el extranjero a través de una organización de mujeres, y habíamos hecho lo imposible por reunir el dinero”, cuenta Blanco. Recuerda el nerviosismo de muchas por la intervención, porque estaban solas, porque era la primera vez que salían, no ya del país, sino de su ciudad, de su casa.

Pero en la España de la época, el aborto estaba penado con hasta 12 años de cárcel y las mujeres con un embarazo no deseado se veían obligadas a recurrir a arriesgadas intervenciones clandestinas o, quienes podían pagárselo, a viajar a Londres o a Ámsterdam, donde la legislación sí las amparaba. Pero hasta allí, rememora Blanco, que en esa época empezaba a militar en los movimientos feministas y que hoy es diputada del partido socialista, sólo llegaban quienes tenían contactos y podían pagarlo. “El proceso era caro, entre el viaje y la clínica podía suponer unas 20.000 pesetas de la época; el equivalente al sueldo medio de un mes”, rememora Justa Montero, cofundadora a mediados de la década de los setenta de la comisión Pro Derecho al aborto.

“Así, muchísimas mujeres acudían a aborteras o empleaban métodos ‘caseros’, como introducirse en la vagina detergente, alcohol… agujas de coser. La ilegalidad nunca freno los abortos”, dice Montero. En esos años se practicaban alrededor de 300.000 intervenciones clandestinas al año, según cálculos de la época del Tribunal supremo. Prácticas que se saldaban con unas 3.000 muertas al año. Solo se contemplaba como eximente la interrupción de un embarazo no deseado para preservar la honra de la mujer y de la familia. Y había mujeres en la cárcel por haber abortado.

Pero desde los viajes a Londres y las agujas de coser, el cambio en la sociedad ha sido espectacular. En la España de 2015, pese a la continua oposición de los más conservadores, el derecho a una maternidad libremente decidida se ha consolidado. Desde julio de 2010, las mujeres no tienen que justificar su decisión para abortar hasta la semana 14 de gestación. Y, tras ese plazo, pueden seguir recurriendo a esta prestación sanitaria gratuita si cumplen una serie de supuestos médicos.

El camino desde la criminalización hasta la cristalización del derecho al aborto, no obstante, ha sido largo. Pese a que tras la muerte de Franco, paulatinamente, los movimientos de mujeres empezaron a reclamar la interrupción voluntaria del embarazo, tuvieron que pasar casi diez años desde la muerte del dictador para que se abriese el primer resquicio de cambio. En 1983, un año después de la llegada al poder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), el Gobierno, pese al profundo debate interno, aprobó la despenalización del aborto.

Inmediatamente, el Grupo Popular —que junto a la jerarquía católica llevaba años alertando del “desastroso” devenir de España a causa del aborto o del divorcio— presentó un recurso contra la ley ante el Constitucional, que la suspendió hasta 1985. Ese año, el Alto Tribunal dictaminó que los derechos de la mujer “no pueden tener primacía absoluta sobre la vida del ‘nasciturus’”. Y que solo puede primar el derecho a la mujer a acceder a un aborto si se da alguno de los tres supuestos marcados por la ley: violación, malformación del feto o riesgo para la salud física o psíquica de la mujer. El Gobierno se vio obligado entonces a hacer unos retoques a su ley, pero en 1985, con los mimbres marcados por el Constitucional, la interrupción voluntaria del embarazo se despenalizó en España en esos tres supuestos.

“La sentencia supuso que el aborto dejaba de ser un delito, pero solo en esos supuestos que debían ser confirmados por un médico. El 90% de las mujeres alegaban problemas de salud mental y las intervenciones se hacían, pero con una inseguridad absoluta tanto para las mujeres como para los profesionales sanitarios”, remarca Empar Pineda, histórica feminista y durante muchos años portavoz de la clínica Isadora de Madrid. “No había ninguna libertad de elección, la ley era pésima, pero fue lo menos malo que se pudo lograr, teniendo en cuenta el lastre histórico, social y político del país”, afirma Pineda.

Pese a algunos intentos de modernizarla y sacar adelante una regulación más permisiva, la ley que despenalizaba el aborto se mantuvo sin que se tocara una coma durante 15 años. En ese tiempo, pese a los continuos embates de la derecha más conservadora, ni siquiera el Gobierno popular de José María Aznar (1996-2004) se decidió a emprender una reforma a la baja. Era complicado, España se situaba en ese entonces como uno de los países más restrictivos de la Unión Europea. Durante el Gobierno de Aznar, se realizaron en España más de 500.000 abortos; una realidad que le costó al PP durísimas críticas de la jerarquía católica.

En 2007, los signos de que la ley del aborto estaba caduca empezaron a hacerse cada vez más visibles. Ese año, esa inseguridad jurídica que resalta Pineda se hizo mucho más patente cuando la policía entró en varias clínicas de Madrid y Barcelona para requisar los expedientes de mujeres que habían interrumpido su embarazo. En algunos casos, recuerda Luisa Torres, trabajadora social y portavoz en ese tiempo de la histórica clínica Dator de Madrid, se presentaron en casa de algunas de ellas. “Vivimos una campaña de acoso contra los derechos de las mujeres brutal”, critica Torres.

El escándalo de las clínicas de aborto, y la evidencia de inseguridad y del riesgo para la privacidad de los historiales clínicos que evidenció, reactivó las movilizaciones feministas, que exigían sacar el aborto del Código Penal. Y tras el caso, y la presión de las organizaciones de mujeres y de profesionales sanitarios, el Gobierno socialista empezó a diseñar una ley más moderna, similar a las vigentes en el resto de países de la Unión Europea.

En junio de 2010, entraba en vigor la ley de salud sexual y reproductiva. Inmediatamente recurrida por el Partido Popular ante el Constitucional y virulentamente atacada por los sectores más conservadores. En 2012, meses después de la llegada de Mariano Rajoy y del PP al Gobierno, su ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, empezó a esbozar una reforma de la ley del aborto que dificultaba el acceso a la prestación. La nueva norma se presentó en 2013, y, efectivamente, trasladaba a España casi 25 años antes. El proyecto de ley permitía el aborto solo en dos casos: violación y riesgo grave para la salud de la mujer, y endurecía las condiciones de alegar ese caso. El proyecto Ruiz-Gallardón no recogía, por ejemplo, la opción de abortar por anomalías fetales muy graves, incurables o mortales.

La intención del Gobierno de Rajoy encendió una movilización ciudadana sin precedentes. A las organizaciones feministas y de mujeres se sumaron otras entidades que salieron a la calle en manifestaciones masivas, como la del ‘tren de la libertad’, en febrero de 2014. Ese día, miles de personas salieron a la calle para reclamar el derecho de la mujer a decidir libremente sobre su cuerpo, sobre su maternidad. Un derecho que ya se había consolidado en España.

Ya en 1981, el 57% de los españoles se mostraba de acuerdo con que se despenalizara el aborto, según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). En 1985, año en el que se despenalizó finalmente es porcentaje había aumentado hasta el 65%. En 2013, en pleno debate sobre el endurecimiento de la ley planteado por el Gobierno de Mariano Rajoy, los partidarios de que la mujer decida libremente son el 75% de los ciudadanos. Y un 57% de los votantes del Partido Popular, según sondeos de la consultora Metroscopia.

La movilización social y la presión en sus propias filas convirtieron la reforma de la ley del aborto en el gran fracaso de la legislatura del Partido Popular. Y el 23 de septiembre, el presidente del Mariano Rajoy anunció su intención de retirar la polémica reforma. El gran fiasco se llevaba por delante, horas más tarde, al diseñador de la reforma, Alberto Ruiz-Gallardón –que había iniciado la legislatura con la fama de ser uno de los más progresistas del Gabinete Rajoy-- presentó su dimisión como ministro, también dejó su escaño y todos los cargos del partido.

La reforma ha quedado en el cajón. Y el PP aún espera el dictamen del Constitucional. “Si ha habido un cambio que no podemos olvidar”, incide no obstante Luisa Torres. Desde hace unos meses, se ha recuperado la obligatoriedad del consentimiento paterno para todas las menores. Hasta entonces, con la ley socialista, las chicas de 16 y 17 años no lo necesitaban; sólo debían informar en casa de su decisión, un paso que podían saltarse si contarlo les suponía un conflicto grave.

Derecho igualitario al amor
En 1974, un año antes de la desaparición del dictador, María D. fue condenada a una pena de “reeducación” por ser lesbiana. Se había dejado ver con varias novias, y en aquellos tiempos en los que los homosexuales y las lesbianas eran considerados peligrosos y se les perseguía y represaliaba por la ley de vagos y maleantes, eso le costó caro. María tenía 17 años y se la sentenció por ser “una homosexual rebelde a su familia”, según argumentó el juez. Sus padres tenían contactos, y la chica terminó pagando la pena mínima: cuatro meses, que cumplió en una cárcel para mujeres de Alcázar de San Juan.

Como María, hasta el 31 de enero 1979 que se derogó esa ley –también llamada más adelante ley de peligrosidad social--, fueron condenadas cerca de 4.000 personas por ser homosexuales, según los cálculos de la Asociación de ex Presos Sociales. Aunque esta entidad cree que pudieron ser más: sus historiales están repartidos en instituciones policiales y penitenciarias, y no siempre se alegaba el delito de homosexualidad para condenarlos.

Una realidad que hoy, a Silvia Lorenzo y Celina Sellés les parece impensable en España. Estas dos jóvenes de 19 y 20 años son pareja desde hace tres, y aseguran que piensan casarse algún día. En la España de hoy, Lorenzo y Sellés, estudiantes de Ciencias Políticas, pueden hacerlo. La ley se lo permite desde 2005. Ese año, el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero sacó adelante una ley que otorgaba igualdad de derechos total a las parejas del mismo sexo: igualdad para casarse, para adoptar, para amar.

Con ella, España se convirtió en el cuarto país en aprobar el matrimonio igualitario, tras Holanda, Bélgica y Canadá. Una norma que ha dado respuesta a una realidad social y que ha amparado a los nuevos modelos de familia. Modelos que hoy, en 2015, décadas después de esa ley de vagos y maleantes ya no son tan nuevos. En ese tiempo, unas 32.000 parejas formadas por personas del mismo sexo han formalizado su matrimonio.

El 30 de junio de 2005, con el respaldo de 187 diputados, el Congreso aprobó la ley que autoriza los matrimonios entre personas del mismo sexo. Una norma que solo tuvo el rechazo de diputados del Partido Popular (PP) y de Unió, y que un par de décadas antes habría sido absolutamente impensable. El cambio legal, en realidad, no era muy complejo. Se modificó el artículo 44 del Código Civil para, tras donde decía “el hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio conforme a las disposiciones de este Código", añadir: “el matrimonio tendrá los mismos requisitos y efectos cuando ambos contrayentes sean del mismo o diferente sexo". Algo aparentemente sencillo, pero con un enorme trasfondo de derechos.

“El avance social con el matrimonio homosexual es un reconocimiento a todos los modelos de familia. En ese momento se dejó de ser ciudadano de segunda por amor y, con la ampliación de los derechos civiles de estas personas, se pasó también a reconocer y a amparar a los hijos de las familias homosexuales”, apunta la diputada socialista Carmen Montón, ponente de la ley. Esa, recuerda, fue su primera intervención en el Congreso de los Diputados. Las primeras palabras de Montón, que hoy es consejera de Sanidad de la Comunidad Valenciana.

Beatriz Gimeno, que estaba en la presidencia de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transexuales (FELGTB) en ese momento, estuvo presente ese día en el Congreso, en la tribuna de invitados, compartiendo el momento junto a otra decena de activistas. “Tuvimos la sensación de que en todos aquellos años de lucha habíamos cambiado la mentalidad de la gente, y habíamos logrado que el matrimonio igualitario fuera algo de orgullo nacional. Se logró que fuese una cuestión de derechos humanos que suponía una sociedad más justa”, dice. Gimeno —que hoy es diputada por Podemos en la Asamblea de Madrid— cuenta que tras la votación, ya en la calle, decenas de personas se acercaban para felicitar a los activistas. “Nos besaban, nos paraban, nos pitaban con los coches. Gente de todo tipo que se sentía orgullosa de lo que había ocurrido”, dice.

Ese día, en el Congreso, el presidente Zapatero –que había acudido acompañado de diez ministros-- aseguró en su intervención que la ley suponía "un paso más en el camino de la libertad y tolerancia". "No estamos legislando para gentes remotas. Estamos ampliando las oportunidades de felicidad para nuestros vecinos, compañeros de trabajo, amigos y familiares. Y a la vez estamos construyendo un país más decente. Porque una sociedad decente es aquella que no humilla a sus miembros", dijo.

Pero ese “paso más”, que tantos baches había atravesado, tuvo que pasar por encima de muchos más. El mismo día de su aprobación, el líder del Partido Popular, Mariano Rajoy anunció –como se anticipaba—que su formación estudiaría presentar un recurso de Inconstitucionalidad. Lo hizo. El 30 de septiembre de 2005, el PP recurrió la ley ante el Tribunal Constitucional. Y la oposición al matrimonio igualitario continuaba.

Las críticas más duras procedieron del Vaticano y de la Conferencia Episcopal Española. Desde Roma la ley fue considerada "radicalmente injusta" y "contra natura". Los obispos españoles llamaron nuevamente a "oponerse por todos los medios legítimos" a la reforma y "abstenerse de toda complicidad con la injusticia". Unos diez días antes de histórico pleno del Congreso, unas 180.000 personas se manifestaron en Madrid contra la inminente legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo. A la marcha, convocada por la organización ultraconservadora Foro Español de la Familia acudieron 19 obispos, encabezados por el cardenal Antonio María Rouco, y una representación del PP. Asistieron su secretario general en ese entonces, Ángel Acebes, la responsable de Política Social, Ana Pastor, el de Política Económica, Miguel Arias Cañete; también los diputados Jaime Mayor Oreja o Federico Trillo, todos tras la una pancarta que decía ‘Por el derecho a una madre y a un padre’.

Pero manifestaciones aparte, ese mismo 2005, el 11 de julio, Emilio Menéndez y Carlos Baturín hicieron historia. La pareja, que llevaba 30 años, cuatro meses y 24 días juntos, se convirtió en la primera del mismo sexo en casarse en España. Lo hicieron en Madrid, en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Tres cantos. Después llegarían José e Ignacio. Luisa y María, Beatriz y Cecilia.

Los matrimonios se sucedían, también las iniciativas de los más conservadores para hacer retroceder la igualdad de derechos. En febrero de 2007, el Congreso rechazó una iniciativa popular para prohibir las bodas gais, presentada por el Foro de la Familia. Que las parejas gais se casaran, dijo entonces el portavoz del Foro, Benigno Blanco, causa “daño a la familia”.

Fueron muchos, antes y después de la aprobación de la ley los que se oponían a la palabra matrimonio. Tampoco dentro de los movimientos asociativos LGTB hubo consenso en esto. Algunas ciudades y comunidades –empezando por Vitoria-- habían aprobado leyes de uniones civiles, que amparaban también a las personas el mismo sexo, y muchos, al considerar que España no estaba preparada para un paso mayor, apostaron por este sistema. Para pelear por la máxima, nació la FELGTB. Fue la federación quien negoció con Rodríguez Zapatero cuando entonces parecía poco probable que fuese a ganar las elecciones. Y lograron que introdujera la medida en su agenda.

“Sus opositores intentaron, para descafeinar la medida, que se llamara de muchas maneras, pero para nosotros tanto el simbolismo de que se llamara matrimonio, como su nivel práctico, era fundamental”, señala Montón que junto a Miguel Ángel Fernández, David Jiménez y Pedro Zerolo –uno de los principales valedores de la ley—estuvo en el grupo que preparó la letra pequeña de la medida.

El carpetazo judicial al asunto llegó el 6 de noviembre de 2012. Ese día, un jueves, el Tribunal Constitucional blindó la Ley aprobada en 2005 por el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero. Con ocho magistrados a favor (siete progresistas y un conservador, Francisco Pérez de los Cobos) y tres en contra –todos ellos elegidos a propuesta del PP-- se resolvió que la norma es plenamente constitucional. Los jueces habían tardado siete años en resolver el recurso. En ese tiempo se habían celebrado 22.000 matrimonios entre personas del mismo sexo.

“Con mucha pedagogía, aguantamos el tirón de la manifestación a la que acudieron los obispos y el PP. En tiempo nos ha dado la razón. Ahora se ve con toda normalidad. También nos ha dado la razón con que quien se oponían están siendo protagonistas del derecho, o brindando por él”, dice Montón. El pasado 18 de septiembre, Mariano Rajoy, uno de los firmantes del recurso de anticonstitucionalidad, y otros miembros de la cúpula de la formación política asistieron como invitados a la boda del vicesecretario sectorial del partido, Javier Maroto, y su pareja, Josema Rodríguez. Un gesto para enterrar definitivamente aquel recurso fracasado.

En 2005, más de la mitad de los españoles (56%) apoyaba el matrimonio igualitario, el 21% se oponía y un 11% se mostraba en desacuerdo con el término, según un sondeo de Metroscopia. Una década después, un 68% está de acuerdo en que la unión entre parejas del mismo sexo se llame matrimonio, según otra encuesta realizada también por Metroscopia en junio.

En unos años, en sólo un poco más de una generación, los gais, lesbianas, bisexuales y transexuales han pasado de considerarse ante el Estado como vagos y maleantes, a tener igualdad de derechos legales como ciudadanos, a poder constituir una familia igual que los heterosexuales. La reforma normativa que permitía el matrimonio igualitario marcó un punto culminante en la lucha por los derechos de los homosexuales, pero no el fin de la batalla. Cada año se registran en España unos 600 delitos de odio motivados por la orientación u orientación sexual. “La igualdad legal es el suelo sobre el que te apoyas, pero nunca el techo. Esto no acaba aquí, porque para que haya igualdad social se requiere un cambio cultural profundo, y eso lleva años. Aún queda mucha homofobia, LGTB-fobia”, dice Gimeno. 

Servicios sociales por derecho
Del sistema de beneficencia del nacionalcatolicismo, España pasó, con la Constitución de 1978, al concepto de asistencia social. Un cambio muy significativo que dio lugar a la creación de un sistema público de servicios sociales, que se ha convertido en el cuarto pilar del Estado del Bienestar, explica Ana Lima, presidenta del Consejo General de Trabajo Social. “La concepción de los servicios sociales como un derecho transformó las grandes instituciones de la caridad y la beneficencia y generó la creación de la red básica de servicios sociales actual”, cuenta. Así, en la década de los ochenta, los asilos se convirtieron en residencias de mayores, los orfanatos pasaron a ser centros de infancia… Una España cada vez más social.

Uno de los hitos de ese cuarto pilar del Estado de bienestar fue la ley de Dependencia, que abrió camino hacia la universalización de una parte fundamental de los servicios sociales. En noviembre de 2006, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero aprobó una norma que reconoce el derecho de los ciudadanos a recibir una atención por parte del Estado cuando no puedan valerse por sí mismos, bien por sufrir una enfermedad o accidente invalidante o al llegar a la vejez.

Con la ley de Depencia, explica Lima, se inicia un proceso de aprobación de leyes autonómicas que se dirigen hacia la universalización de un sistema de protección social, fundamental para el país. La ley, sin embargo, no ha funcionado como se esperaba. El proyecto estuvo infradotado económicamente y su encaje por autonomías ha provocado una España desigual. Además, el paquete para Dependencia se ha visto afectado gravemente por la tijera de la recesión.

Lima alerta de que ese pilar de servicios sociales se ha visto gravemente afectado por los recortes presupuestarios de los últimos años. Pide una reforma Constitucional para que se reconozcan los servicios sociales como derecho fundamental.

 
La paciencia.
Laura Nuño


Cuatro décadas han transcurrido desde que Naciones Unidas declarara el año 1975 “Año Internacional de la Mujer”. Un hito histórico que propició la convocatoria, ese mismo año, de dos encuentros internacionales. Al primero, la Conferencia Mundial de Mujeres de México, asistieron las delegaciones oficiales y, en el caso español, la interlocución recayó en la Sección Femenina. El segundo, celebrado en Berlín y promovido por asociaciones no gubernamentales, contó con la participación de feministas españolas antifranquistas opuestas al mandato de sumisión, dependencia y maternidad obligada.

A finales de año, dos semanas después de la muerte del dictador, se celebraron en Madrid las Primeras Jornadas Nacionales por la Liberación de la Mujer; encuentro que evidenció la capacidad de respuesta y la nutrida composición del movimiento feminista. A pesar de ello, la Ponencia responsable de la elaboración del anteproyecto de Constitución no contó con ninguna mujer y el texto constitucional, si bien reconoció la igualdad entre mujeres y hombres, ignoró las demandas del movimiento feminista (como la despenalización del aborto, el divorcio, la coeducación o la eliminación de la corona agnaticia). Se nos pidió paciencia.

Sin duda, en estas cuatro décadas hemos dejado atrás los mandatos de la Sección Femenina y ha cambiado sustancialmente el status jurídico y social de las mujeres españolas. Un cambio que, pese a su enorme trascendencia, no responde todavía a la transformación identitaria que éstas han experimentado, ni al mandato constitucional de igualdad material.

Precisamente porque salíamos de las catacumbas y había mucho por hacer, la evolución en materia de igualdad ha sido un proceso más veloz que el observado en nuestro entorno más inmediato. Como el avance ha sido más rápido, la reacción ante la supuesta ruptura del orden natural de la jerarquía sexual o, simplemente, ante la pérdida de privilegios ha sido también más intensa. Una reacción que ha contado con el respaldo del imaginario cultural de lo latino-mediterráneo y con la arenga del discurso apocalíptico de una poderosa jerarquía católica local con pretensiones legislativas. Se nos pide paciencia.

Muchos han sido los avances, pero también ha habido retrocesos. Este mismo verano, tanto el Comité de la CEDAW como el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, han mostrado su preocupación ante el “riesgo de regresión” de los derechos y libertades de las mujeres. No en vano, desde el año 2010, según el Foro Económico Mundial, hemos retrocedido 18 puestos en el ranking mundial relativo a la brecha de género. Ante semejante retroceso y mientras las políticas de igualdad se deslegitiman sin pudor, se nos sigue pidiendo paciencia.

Mucho se ha avanzado, pero hay muchas promesas incumplidas y demandas ignoradas. El cuidado descuidado por las instituciones se sigue endosando a las mujeres. La perspectiva de género y el impacto de género de las políticas públicas tienen una presencia cosmética. La brecha salarial y la precarización del trabajo femenino persisten.

Rara es la semana que no se produce un asesinato por violencia de género mientras se extiende el mito de las denuncias falsas. Quizás sea conveniente recordar que éstas representan, en la estimación más elevada, el 0,01% de las denuncias; idéntica proporción que la inversión que los Presupuestos Generales del Estado de 2016 destinarán a políticas de igualdad y violencia de género. El 7 de noviembre el movimiento feminista estatal exigió en una manifestación multitudinaria que la violencia machista sea considerada, por fin, una cuestión de estado. ¿Se atreverán a pedirnos más paciencia?

Laura Nuño dirige el Observatorio de Igualdad de Género de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid