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miércoles, 5 de marzo de 2025

#hemeroteca #feminismoqueer #queer | 8M 2025: por un feminismo queer

Protesta escolar en Madrid //

8M 2025: por un feminismo queer

No encajamos en vuestro mundo, ni queremos encajar. No nos dejamos callar con unas migas que se caen de vuestras mesas llenas de privilegios. Lo queer abre nuevos espacios de lo inteligible y lo vivible.
Alana Queer · Activista trans nobinarie, integrante de Sexualiarte | El Salto, 2025-03-05
https://osalto.gal/opinion/8m-2025-un-feminismo-queer

En su congreso en Sevilla en diciembre de 2024, el PSOE eliminó la ‘Q’ y el ‘+’ de las letras LGBTIQ+ en la conferencia marco del congreso. La enmienda presentada por la corriente del “feminismo tradicional” de Carmen Calvo fue votada a última hora de la tarde, cuando casi dos tercios de les delegades no estaban presentes. Como dice un artículo en eldiario.es: “La clave para que se aprobara esa enmienda, que va en contra no solo del propio camino señalado por el partido en su ponencia marco sino de la propia acción del Gobierno, fue precisamente la ausencia generalizada de delegados en la votación clave, que dejó el camino libre y sin contrapesos a las militantes organizadas y alineadas en torno a figuras como Carmen Calvo o Ángeles Álvarez”.

Así, la corriente del PSOE que se queja del “borrado de las mujeres” consiguió borrar a nosotres, las personas queer, nobinarias, no conformes con el género... a toda la diversidad más allá de lo LGBT tradicional.

Esta queerfobia no es nueva en el PSOE, y es algo específico del ‘TERFismo’ dentro del PSOE, que tiene su cruzada especial contra la teoría, el activismo y las identidades queer, señalando a todo lo queer como antifeminista, misógino y neoliberal o, en palabras de Carmen Calvo, “el Q+ responde a una teoría y a una ideología neoconservadora”. ¿De dónde saca esta conclusión sobre lo queer? Ya en verano de 2000 esta corriente del feminismo queerfóbico del PSOE publicó un “documento de debate“, oponiéndose a la Ley Trans y exponiendo su queerfobia.

Nuria Alabao dice sobre estos discursos transfóbicos: “El trasfondo sociocultural es el mismo que impulsa a la extrema derecha: una política destinada a apuntalar identidades fijas en momentos de incertidumbre máxima, donde muchas personas sienten amenazadas sus condiciones de vida por la indeterminación en muchos campos: por la situación económica, el cambio climático, la guerra, los cambios culturales o sociales”.

Según Ibai Fresnedo, militante transfeminista queer en EHGAM, en la revista Pikara, “esta exclusión va más allá de un ajuste del ideario interno del PSOE. Se trata de un ‘spoiler político’ que confirma la deriva tránsfoba y reaccionaria de este partido, que prima mantener las formas frente al statu quo y la promoción de un feminismo supremacista claramente diseñado para un sector acomodado y burgués, blanco y sexófobo. Un sector que se mira al espejo de la normatividad, mientras muchas personas en los márgenes seguimos luchando por nuestra existencia”.

Somos queer

Pero somos queer. Existimos, en los márgenes, aunque el ‘TERFismo’ del PSOE quiere borrarnos. Somos les rares, les monstrues. No encajamos en vuestro mundo, ni queremos encajar. No nos dejamos callar con unas migas que se caen de vuestras mesas llenas de privilegios.

Aunque se usa “queer” a menudos como sinónimo de LGTB, esto en realidad significa una despolitización de lo “queer”. Como dice Mary Nardini Gang en su texto Toward the queerest insurrection: “Lo queer no es una zona estable en la que habitar. Queer no es simplemente otra identidad que pueda añadirse a una lista de categorías sociales ordenadas, ni la suma cuantitativa de nuestras identidades. Es más bien la posición cualitativa de oposición a las presentaciones de estabilidad, una identidad que problematiza los límites manejables de la identidad. Queer es un territorio de tensión, definido contra la narrativa dominante del patriarcado monógamo heterosexual blanco, pero también por una afinidad con todes les marginades y oprimides. Queer es lo anormal, lo extraño, lo peligroso. Queer implica nuestra sexualidad y nuestro género, pero mucho más. Es nuestro deseo, nuestras fantasías y mucho más. Queer es la cohesión de todo lo que está en conflicto con el mundo capitalista heterosexual. Queer es el rechazo total del régimen de lo normal”.

Posiblemente es esto que da miedo a las TERF del PSOE, y por eso utilizan las estrategias de odio en contra de nosotres, quieren borrarnos. No encajamos en su visión de una “vida normal”.

Quizás queer se puede utilizar mejor como verbo, como “queerear algo” o “queering algo”, en lugar de como sustantivo o adjetivo, por dos razones. La primera es que lo «queer» cuestiona la idea de una identidad esencial o estable que pueda describirse como un sustantivo, ya sea homosexual, gay o queer. Utilizar queer como verbo significa cuestionar o criticar los supuestos sobre la estabilidad del sexo, el género y la sexualidad, así como la relación entre los tres. “Queerear” algo significa aplicar una mirada queer, hacer visibles las normas invisibles que están operando, los privilegios y mecanismos de marginación y exclusión, incluso más allá de la sexualidad y el género.

Por todo esto, la ‘Q’ —lo queer— importa, porque hace visible la diversidad de identidades, cuerpos y vidas que se quedan fuera de la cisheteronormatividad y que tampoco encajan en la nueva respetabilidad LGTB (sin IQA+), la nueva “homonormatividad” respetable, con sus matrimonios igualitarios con 1,5 niñes. Queer son los cuerpos y vidas disidentes, queer significa las posibilidades políticas de los cuerpos raritos, de las performatividades cotidianas de los géneros. Queer abre nuevos espacios de lo inteligible y lo vivible. En este sentido, el activismo queer lucha por cambiar fundamentalmente a la sociedad, rechazando a la cisheteronormatividad y declarándose orgullosamente queer, rares, monstrues, no normales.

Como dice Judith Butler, “el pensamiento de una vida posible es solo una indulgencia para aquellas personas que se saben a ellas mismas como posibles. Para ellas que están aún intentando ser posibles, la posibilidad es una necesidad”. Una necesidad queer. Y no nos dejamos borrar.

Somos feministas
El documento de debate del PSOE de 2000 dice: “El activismo queer desdibuja a las mujeres como sujeto político y jurídico, poniendo en riesgo los derechos, las políticas públicas de igualdad entre mujeres y hombres y los logros del movimiento feminista”. Detrás de esta afirmación hay la idea que el único sujeto político del feminismo es “la mujer”. Ya en 2018, Laura Gaelx Montero escribió en la revista Pikara: “Pero tras el concepto de “la mujer” subyacía una forma muy determinada de entender el sujeto político del feminismo. Esa “mujer” era el supuesto universal neutro: blanca, hetero, burguesa, de mediana edad, sin discapacidad… El equivalente perfecto al universal masculino como única medida de la existencia que tanto se había criticado”.

En su último libro ‘¿Quién teme al género?’ Judith Butler dice que “la categoría de “mujer” no dice de antemano cuántas personas pueden participar en la realidad que describe, ni limita de antemano las formas que puede adoptar esa realidad”. Y señala que “el feminismo siempre ha insistido en que la esencia de la mujer es una cuestión abierta, una premisa que ha permitido a las mujeres perseguir posibilidades que tradicionalmente se negaban a su sexo”.

Más allá, podemos cuestionar la limitación del sujeto político del feminismo a “la mujer” o “las mujeres”. Entiendo al feminismo como un movimiento social que lucha por la eliminación del patriarcado, del “cisalosexualheteropatriarcado”. Es decir, un patriarcado que no solo se basa en la discriminación de la mujer, sino de todo lo que se sale de las normas patriarcales: la presunción “cis”, que el sexo asignado al nacer (una asignación que en sí misma es un acto de violencia patriarcal) tiene que coincidir con el género o la identidad de género de una persona. La sexualidad obligatoria, no solo la heterosexualidad obligatoria, como dijo Adrienne Rich, sino la sexualidad obligatoria, que significa que obligatoriamente cada persona tiene que sentir atracción sexual (ser “alosexual”). Las personas asexuales de cualquier género tampoco cumplen con esa norma patriarcal, y quizás no sorprende que un alto porcentaje de personas asexuales se identifican también fuera del binarismo de género.

Mejor hablamos de feminismos, en plural, para hacer visible esa diversidad de feminismos. No existe un único feminismo con carnet de membresía, aunque hay quienes lo reclaman (en lo general, el feminismo transexcluyente).

Silvia L. Gil dice en su contribución al libro ‘Transfeminismo o barbarie’: “Cuando se sostiene que afirmar a las diferencias es reproducir el neoliberalismo, se olvida que la revuelta feminista que vivimos en la actualidad es radicalmente heterogénea, tan heterogénea como los efectos del poder contemporáneo. Esta revuelta está hecha de una pluralidad de cuerpos que de maneras distintas a lo largo del planeta se rebelan y resisten al heteropatriarcado. Esta heterogeneidad no es una muestra de debilidad, sino exactamente lo contrario: la fuerza que ensancha y enriquece el feminismo en un momento de restricción de derechos y jerarquización de vidas”.

Los feminismos queer —en plural— son parte de esos feminismos diversos. Feminismos diversos y combativos, como dice el manifiesto del 8M de Sevilla: “Queremos ir más allá del miedo infundido a los 'otros, otres y otras'. Queremos mirar a los ojos a quienes sufren opresión: mujeres, personas migradas, LGTBIQA+, con discapacidad, neurodivergentes, racializadas, pobres, sin vivienda, precarizadas, en guerra o que sufren genocidios. Mirarlas a los ojos y ver en ellas su humanidad y su valor en la construcción de un mundo mejor. Un mundo donde la otra no es amenaza, sino aliada necesaria en la construcción colectiva de nuestra utopía”.

Unos apuntes de un feminismo queer

Queer significa salirnos de las normas en todos sus aspectos, normas cisalosexualheteropatriarcales. Normas que nos hacen daño, que solo sirven para mantener al sistema heteronormativa, capitalista, colonial y capacitista.

La “amatonormatividad”, la norma que dice que las únicas relaciones validas son las de pareja, preferiblemente heterosexuales, es una de esas normas que nos hace daño. Buscamos otras formas diversas de relacionarnos. Las no monogamias éticas, la anarquía relacional, “descentrar el amor”, en palabras de Roma de las Heras, una de las autoras de la novela gráfica ‘Anarquía relacional’.

¿Lo queer quiere acabar con la familia? Sí, es necesario recuperar a la vieja demanda feminista de la abolición de la familia que ha caído en el olvido, como lo hace Sophie Lewis en su libro ‘Abolir la familia’. La abolición de la familia y del matrimonio que la sostiene —da igual si heterosexual o homosexual— es una institución patriarcal. Quiero acabar con la familia, con los privilegios del matrimonio, que debería desaparecer como institución legalmente privilegiada. Desarrollemos otras formas de crianza, de cuidados, de relacionarnos.

La familia no es un espacio seguro —no para mujeres, y tampoco para niñes—. Escribo estas palabras como superviviente. La mayoría de la violencia de género se produce en el ámbito de la familia. La mayoría de abusos sexuales a niños, niñas y niñes se producen en el ámbito de la familia, con una persona de la familia o cercana a la familia como perpetrador. Une de cada cinco niños, niñas o niñes sufre abuso sexual en su infancia, según un informe de Save The Children. Según ese informe, la mitad de les abusadores son familiares. Es decir, en una de cada diez familias hay una persona abusadora. ¿La familia como espacio seguro? Y esto todavía no incluye a otras formas de abuso – físicas, psicológicas, el abandono emocional… ¿Por qué pensamos hay niveles tan altos de problemas de salud mental en adolescentes, incluso el trauma complejo y el trauma de desarrollo? ¿Quizás tiene que ver con que la familia no es un modelo sano de crianza, ni para les niñes, ni para les progenitores?

Sophie K. Rosa dice en su libro ‘Radical Intimacy’, “la jerarquía establecida para las relaciones —en favor de la díada romántica y la forma de familia nuclear— se contrae y degrada intimidades más diversas y de camaradería. Este orden relacional puede resultar insular y alienante no sólo para las personas “solteras” —incapaces o que no desean formar una pareja romántica—, sino también para las que lo han hecho y siguen anhelando intimidad”.

Lo queer significar explorar una multitud de posibilidades de intimidad más allá de la familia, de la pareja, o de las relaciones sexo-afectivas.

Por la descertificación del sexo/género

La asignación de un sexo al nacer no es solo un acto descriptivo. Más bien, es un acto prescriptivo, con el sexo se asigna también un género binario correspondiente, con la expectativa que la criatura va a asumir ese género como propio, con todo lo que eso significa (expresión de género, comportamientos “acordes” con el género). Alok V Menon lo llama “jeroglíficos heterosexuales”, la idea de que de los genitales visibles al nacer se puede predecir la identidad futura e incluso la vida de una criatura.

La asignación de un sexo y género a nacer sitúa a la criatura ya en la jerarquía binaria de género. Al crecer, tiene que relacionarse de una manera con esa identidad y posición en la jerarquía. Puede asumirla, puede intentar subvertirla, oponerse a ella, como lo hacen las disidencias sexuales y de género.

Desde una perspectiva de un feminismo queer, la solución no es proveer más categorías (legales) de sexo/género, sino eliminar por completo esas categorías: la eliminación del sexo/género del registro civil, de certificados de nacimiento, documentos de identidad… la descertificación del sexo/género.

Queer tiene la interseccionalidad en sus raíces. Organizaciones como Act Up y Queer Nation rechazaron las estrategias de asimilación y respetabilidad de las organizaciones LGTB establecidas, que pretendían simplemente incluir a las personas queer en las estructuras existentes de la sociedad. Al mismo tiempo, comunidades de lesbianas chicanas o negras se rebelaron contra su «extranjería» no solo de la cultura dominante sino del propio movimiento de gays blancos y de clase media que decía representarlas. Las minorías sexuales y de género excluidas por pobres, negras, por seropositivas… se apropiaban del término y lo utilizaban como reivindicación de su ser desviades – queers. Las luchas queer siempre han incluido a las luchas de personas racializadas, migradas, pobres, diskas… E, incluso, las luchas antiespecistas. Queer se opone a las normas, a los mecanismos de marginación y exclusión, a la división en vidas vivibles y vidas desechables que ni merecen la pena de ser lloradas (pensamos en las más que 10.000 personas que murieron en el Mar Mediterráneo solo en 2024 intentando llegar a España. O en los animales no humanos).

En su último libro ‘Quién teme al género’, Judith Butler dice: “La única forma de salir de ese laberinto es unir las luchas por las libertades y los derechos de género a la crítica al capitalismo, formular las libertades por las que luchamos como colectivas, dejar que el género forma parte de una lucha más amplia por un mundo social y económico que acabe con la precariedad y proporcione atención sanitaria, vivienda y alimentos en todas las zonas del mundo”. Butler nos llama a “recordar a la gente por qué y cómo desea vivir, reclamando la vida para la izquierda, encontrando la vida en las relaciones que nos sostienen”.

Por un feminismo queer
“Necesitamos redescubrir nuestra revoltosa herencia como anarquistas queer”, dice Mary Nardini Gang en ‘Toward the Queerest Insurrection’. “Tenemos que destruir las construcciones de la normalidad, y crear en su lugar una posición basada en nuestra alienación de esta normalidad, y una posición capaz de desmantelarla. Debemos utilizar estas posiciones para instigar rupturas, no sólo con la corriente dominante asimilacionista, sino con el propio capitalismo. Estas posiciones pueden convertirse en herramientas de una fuerza social dispuesta a crear una ruptura total con este mundo. Nuestros cuerpos han nacido en conflicto con este orden social. Tenemos que profundizar ese conflicto y hacer que se extienda".

No lo podemos hacer soles. Necesitamos construir comunidad, apoyo mutuo, movimiento. Y todo esto mientras está creciendo la extrema derecha. Ante este auge del fascismo, Judith Butler dice que “podemos detener ese impulso, pero solo si intervenimos como una alianza que no destruye sus propios vínculos (...) liberar los potenciales democráticos radicales de nuestras propias alianzas en expansión puede demostrar que estamos al lado de una vida vivible, del amor con todas sus complicaciones y de la libertad, haciendo que esos ideales sean tan convincentes que nadie pueda mirar al otro lado”.

O, como dice Sophie K. Rosa, “la intimidad contiene un potencial radical porque es la esencia de estar vive”. Y nos llama, al final de su libro ‘Radical Intimacy’, a que “alimentemos, y nos alimentemos, de horizontes utópicos; unámonos para arrebatar nuestros deseos de las garras del capitalismo. Porque necesitamos lazos más fuertes, para mantenernos unides y evitar que el mundo se desmorone. Nuestro entrelazamiento mutuo debe ser cuidadoso, espacioso y flexible, sin ningún lazo demasiado apretado. En este macramé de diseño amoroso, podríamos encontrar la sabiduría, el propósito y la fuerza que necesitamos para tejer nuevos mundos”. Nuevos mundos queer.

domingo, 30 de octubre de 2022

#hemeroteca #queer #feminismo | A propósito de 'El feminismo queer es para todo el mundo'

El Diario / Judith Butler //

A propósito de 'El feminismo queer es para todo el mundo'

Quien siga creyendo que desde lo 'queer' se piensa en cerebros rosas y azules y otras leyendas tiene aquí una valiosa herramienta para solucionar ese malentendido
Alana Portero | El Diario, 2022-10-30
https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/proposito-feminismo-mundo_129_9669021.html

La verdadera trampa de la diversidad ha sido la proliferación de discursos, desde lo académico hasta lo cotidiano, que desligan las vidas diversas, disidentes, no normativas, ‘queer’ o como cada quién se sienta más cómodo llamándolas, de la experiencia universal humana. Desde las primeras articulaciones teóricas del feminismo ‘queer’, marginal, fronterizo y transversal de las Combahee River en el 74, ha existido la contrapartida reaccionaria en forma de pataleta que, históricamente, ha unido a ultraderecha y una parte muy poderosa y bien situada del feminismo institucional en un matrimonio por poderes de desprecio común que ha costado vidas. Solo enunciar la alianza Reagan/Raymond basta para ilustrarlo y provocar escalofríos.

La cultura de la deshumanización funciona casi siempre. Se ha probado con éxito desde las primeras experiencias coloniales, Goebbles la llevó a la cima del horror con su propaganda antisemita y personajes siniestros como Steve Bannon la han adaptado al presente y sus medios de comunicación inmediata. En cada gesto airado de alguien que ocupa una posición de poder respecto a las exigencias en voz alta de una persona subalterna, que diría Spivak, hay un terror al desorden capitalista, blanco y de clase parecido al que supondría que los animales empezasen a hablar. Siglos de jerarquización violenta de las relaciones entre seres vivos hasta que se han hecho víscera operan en estas reacciones terribles.

Es extraño leer hoy a eminentes psicólogos, profesoras, periodistas y otras gentes a las que se presupone cierto entendimiento de la realidad humana sorprenderse ante las vidas trans, la disconformidad de género o la realidad de las distintas formas de relacionarse más allá de la monogamia, la heterosexualidad o el modelo de familia tradicional. Esa idea de que quienes, más o menos, encajan bajo el paraguas de lo ‘queer’ son seres humanos que han brotado de las crecidas del río de la posmodernidad es un insulto a la esencia humana misma, sea esta la que sea. Negar una realidad humana o describirla mucho más compleja de lo que es para hacerla inabordable es una táctica mezquina que desgraciadamente funciona. Las personas ‘queer’ han existido siempre y toda negación de esta verdad histórica es un tipo de agresión.

El feminismo ‘queer’ es para todo el mundo
A menudo se mencionan en estos cenáculos obsoletos las complejidades de las teorías ‘queer’ como galimatías posmodernos inextricables y desconectados de la realidad material, para unos la obrera, para otros la burguesa. Esa misma crítica se hizo hace tiempo desde dentro de los activismos y las teorías ‘queer’. De las muchas y legítimas críticas que pueden hacerse a estas corrientes, la falta de revisión, de una mirada crítica hacia dentro, no es una que se sostenga lo más mínimo.

El último ensayo de la profesora de sociología de la UCM, escritora y activista, Gracia Trujillo: ‘El feminismo queer es para todo el mundo’, publicado por Libros de la Catarata en enero de este 2022, pone sobre la mesa este mapeo de contradicciones de los feminismos ‘queer’, además de repasar su historia, su genealogía y su relación con los feminismos tradicionales.

Nada en el texto amplía la cesura entre lo ‘queer’ y lo excluyente -llamemos a las cosas por su nombre-. Sin renunciar a una posición decididamente acogedora, trata de señalar los objetivos comunes y lo consigue con una tormenta de referencias perfectamente ordenadas que enriquecen el texto y con reflexiones desde lo periférico que, además de precisas e inteligentes, están llenas de ternura. Algo muy importante que aporta Trujillo en este libro es una definición de los contornos de lo ‘queer’ -indefinible por naturaleza y vocación- que barre con las ideas preconcebidas, los prejuicios y las malas intenciones.

La primera crítica a las identidades como colinas en las que morir por una simple definición se da en el activismo ‘queer’ desde su mismo origen. Toda esa narrativa de la identidad por encima de lo común que se da desde la ultraderecha o desde lo excluyente es un invento o una mala lectura con las peores intenciones. A destacar en este sentido el capítulo siete del libro en el que se aborda lo identitario y se relaciona con la educación. Quizá la aportación más valiosa de este trabajo de Gracia Trujillo sea la relativa al ámbito educativo. Quien siga creyendo que desde lo ‘queer’ se piensa en cerebros rosas y azules y otras leyendas tiene aquí una valiosa herramienta para solucionar ese malentendido.

Lo complejo y lo humano

Lo que llamamos ‘queer’, y que en este artículo se está usando como paraguas dialéctico para facilitar la lectura, es un conjunto de experiencias y testimonios en disputa que no acaban de caberle a la perfección a ninguna de las personas que lo forman. Esa indefinición, ese continuo cuestionamiento que Gracia Trujillo explica muy bien, es la única ‘definición’ posible del activismo y de los trabajos teóricos agrupados en el término ‘queer’. Son experiencias que vienen de la calle, de lo molesto, de lo que no queda apropiado en las orlas y en las conferencias. Los feminismos negros, chicanos, latinos, indios; el trabajo sexual, la pluma desmedida, las vidas seropositivas, lo marica, lo bollero, lo ‘bicioso’; hunde sus raíces en lo colonial, en la explotación, en la letra escarlata y la patologización. Es la voz de la histeria, de la desmesura, de la familia elegida y de la colaboración entre desechos de la sociedad patriarcal. No hay traje que ajuste realidades tan diferentes excepto el de la colaboración y el apoyo mutuo. La paciencia con la que Trujillo explica esto en su texto es muy clarificadora. Lo ‘queer’ es el resultante de una forma de entender las redes de apoyo entre parias y sus teorías son el intento de vindicación de las nadie frente a las atalayas del privilegio y la endogamia académica.

La complejidad teórica de las aportaciones académicas ‘queer’ -que la tienen-, los términos que suelen usarse como burla para desacreditar lo que se ha hecho desde la intelectualidad ‘queer’, no es más que la reafirmación de que academia pretende ser solo una y que la generación de conocimiento también es una cuestión de clase y privilegios.

Usar a Judith Butler como chivo expiatorio de lo posmoderno, de la palabrería que nadie entiende y darle categoría de charlatana a ella y al resto de autoras ‘queer’, es la forma que tiene el orden de decir que nada que venga del arroyo, del puterío, del mariconeo, de un hatajo de bolleras merece la pena ser escuchado, aunque se haga bajo las normas dialécticas de la respetabilidad, del academicismo más puro y sea una licenciada en Yale de clase alta quien lo diga.

martes, 5 de julio de 2022

#hemeroteca #queer | “En lo queer hay una estela de insumisión, y sobre todo de coalición con otras luchas”

Nortes / Gracia Trujillo en Gijón //

“En lo queer hay una estela de insumisión, y sobre todo de coalición con otras luchas”.

Gracia Trujillo, profesora de Sociología y activista feminista queer, presentó en La Revoltosa su último libro, 'El feminismo queer es para todo el mundo', a propósito de la Escuela de Pensamiento Feminista de AMA.
Iván Gómez Beltrán | Nortes, 2022-07-05
https://www.nortes.me/2022/07/05/en-lo-queer-hay-una-estela-de-insumision-y-sobre-todo-de-coalicion-con-otras-luchas/

Gracia Trujillo es profesora de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid y activista feminista queer. Participó durante una década en la Asamblea Transmaricabollo de Sol tras el 15M, y ha inaugurado recientemente la tercera edición de la Escuela de Pensamiento Feminista de la Asamblea Moza d’Asturies, donde presentó su último ensayo, ‘El feminismo queer es para todo el mundo’ (Los libros de la catarata, 2022), que tuvo lugar en La Revoltosa, en Xixón.

P. Leyendo tu libro se percibe la intención de construir un relato en clave pedagógica. Respecto a lo ‘queer’ esto es fundamental para que las personas que no estén familiarizadas con el concepto puedan acercarse a él desde una perspectiva más amable que la ofrecida por otros discursos academicistas.


La cuestión pedagógica creo que es fundamental y, de hecho, el título es un homenaje a bell hooks. Para mí también era muy importante hacer referencia a su trabajo porque una de las cosas sobre las que más ha insistido es en hacer mucha pedagogía con lo que ha escrito. Es una activista y teórica afroamericana que hasta que tristemente falleció en diciembre del año pasado, hizo una verdadera labor de transmisión del conocimiento. Para ella la pedagogía tenía una dimensión muy importante y sabía de la importancia de hacerse entender. Mi libro tiene toda esa intención, en el sentido de ser útil y pedagógico sin, por supuesto, pretender que la gente piense como yo o de sentar cátedra. Sin embargo, lo que si busco es ofrecer otras narrativas, herramientas e ideas para conocer otros discursos y poder situarse.

P. Sé que es una pregunta compleja, pero ¿cómo podría definirse lo ‘queer’?


Una de las partes que más me costó del libro fue el comienzo porque buscaba un tono que fuera cercano para la persona que lo lee a la par que no resultase repetitivo para aquellas personas que conocen los activismos y herramientas ‘queer’. Hace poco estuve en Badajoz presentando el libro y me preguntaron precisamente por el significado de lo ‘queer’. Justo en ese momento se celebraba el Festival de los Palomos Cojos que es una resignificación de la injuria que había utilizado un alcalde del PP hacía tiempo. Y aún más, en ese mismo festival esa noche actuaba Putochinomaricón. Entonces les contesté haciendo referencia a estos dos ejemplos y a cómo lo ‘queer’ es esta idea de la diferencia, otredad, del estigma y de algo que intentamos darle la vuelta. Es la afirmación: sí, somos maricones, bolleras, trans, bi...

P. Otra cuestión que se muestra a lo largo del libro es la importancia de la construcción de genealogías de los movimientos ‘queer’. Concretamente hablas de como lo ‘queer’ surge como una desidentificación con un activismo más moderado, buscando enfatizar su carácter anticapitalista, interseccional y autónomo. En relación con esto te refieres a cómo los colectivos LGTBIA+, durante su proceso de institucionalización, han ido absorbiendo parte de las reivindicaciones que eran propias de los activismos ‘queer’. ¿Consideras que este flujo de conocimiento ha sido bidireccional?

Hay una obra que contesta muy bien a estas cuestiones que es el libro de Leandro Colling: ‘Que otros sean lo normal: Tensiones entre el movimiento LGTB y el activismo queer’ (Egales, 2019). Esta investigación aborda cuatro contextos geográficos diferentes: Chile, Argentina, Portugal y España, donde compara y analiza precisamente estas tensiones. Una de las cosas que plantea y con la que estoy de acuerdo es que el activismo LGTB se ha ido contagiando de todas estas constelaciones de grupos autónomos, de calle, ‘queer’ o transfeministas. Por ejemplo, una de estas transmisiones ha sido la crítica a los binarismos sexo/género, al marco de la heteronormatividad y, ya desde el arranque de los noventa, la batalla cultural contra la homofobia, lesbofobia, transfobia y bifobia. Aun así, creo que ha habido más contagio de lo ‘queer’ a lo LGTB por las propias limitaciones de este activismo. Cuando estás en un espacio moderado necesitas consensuar y dibujar un discurso que guste a las instituciones para que puedas conseguir avances legales. Esto no ocurre de la misma manera con lo ‘queer’ ya que se basa en la autonomía política y por ello tiene otros intereses al margen de los avances legales y las subvenciones para realizar proyectos. Por supuesto, sin desmerecer la importancia de estos avances legales. Creo que ambas corrientes han ido sumando y a mi modo de ver es necesario batallar en todos los lugares y con todas las estrategias posibles.

P. En el libro también hablas del origen del movimiento ‘queer’ en España con la Radical Gai y la LSD. ¿Qué crees que aportaron estos movimientos en los años noventa?

En los noventa se aportaron muchas cosas, sobre todo otros discursos y estrategias políticas a los que circulaban. De hecho, a pesar de que en ese momento no se hablaba tanto de micropolíticas lo que hacíamos era precisamente esto: activismo en los barrios, en los centros sociales... Tampoco hablábamos de interseccionalidad, pero nuestra práctica política era interseccional porque estábamos constantemente pensando en esas luchas hermanas y en esos sujetos que estaban en los márgenes. Buscábamos constantemente pensar en coaliciones con las personas migrantes, racializadas, las chicas jóvenes, gitanas, etc. Creo que fue una auténtica revolución en términos de discursos y representaciones. Nosotras, por ejemplo, que ya estábamos presentes en los activismos feministas y lesbianos, vivimos como una bomba la irrupción de lo ‘queer’ en el sentido de que fue un revulsivo muy importante. Esta es una idea clave del libro ya que estas nuevas ideas y prácticas hicieron que muchas nos sintiéramos identificadas con unos discursos e imágenes que hablaban ya de sexualidad, de nuestros cuerpos, placeres, de que las lesbianas también podíamos contagiarnos de sida, etc.

P. ¿Ves diferencias con el activismo ‘queer’ actual?


Han pasado unos cuantos años y el contexto no es el mismo, pero aun así creo que hay una estela de radicalidad, planteada en el libro, no solo desde los noventa, sino anteriormente en los setenta. Una estela de insumisión, de algo que no se repliega fácilmente, de trabajo en la calle y sobre todo de coalición con otras luchas. Creo que estos aspectos se mantienen. Por ejemplo, con toda la cuestión transfeminista, lo que se produjo en la década de los noventa en los grupos ‘queer’ es que las demandas y representaciones de las personas trans se ponían en primera línea de batalla. Pero, aún más, la cuestión transfeminista dio una vuelta de tuerca a la necesidad de que los feminismos fueran transgresores y transformadores. Por supuesto, en los últimos años se han ido abriendo temas muy complejos que entonces no abordábamos tanto, por ejemplo, las cuestiones del poliamor, anarquía relacional, la gordofobia o incluso las demandas de las personas racializadas que nos han marcado un cambio también importante y necesario. Ha habido elementos comunes, pero se han ido sumando otros a lo largo de los últimos años.

P. En una entrevista que has realizado recientemente comentabas que era necesario activar el diálogo entre las feministas ya que recientemente se ha convertido en un terreno hostil, casi de conquista de la producción de un relato único y verdadero. ¿Por qué crees que se ha producido este recrudecimiento de las disputas feministas que ya se venían dando desde hace algunas décadas pero que ahora se ha convertido en un combate más que un debate?

Es que ojalá fuera un debate. Realmente yo hecho mucho de menos que nos sentemos y pongamos las ideas en común y que pensemos juntas muchas cuestiones. Es más bien un combate, además uno de carácter muy desigual ya que hay un sector que, por lo general, se encuentra en las instituciones y que tiene más poder y desde ahí está ahora mismo enrocándose para defender esas posiciones. Es una guerra abierta a los feminismos de calle, anticapitalistas, antirracistas y autónomos que ya desde 2018 vimos claramente que tenían esta capacidad de movilizar a mucha gente en la calle. Estos son unos feminismos que ya no se pueden controlar ni en la calle ni en términos del discurso, cosa que hace unos años sí se podía hacer. Lo que sucede entonces es que está habiendo una reacción por parte de este sector feminista al que le está incomodando no solo que haya una serie de discursos que no son los hegemónicos, sino la sensación de pérdida de control.

P. Esta polarización estaba ya presente hace unas décadas.

Mi impresión es que se ha polarizado mucho el conflicto haciéndose más violento, pero creo que muchas de nosotras le venimos siguiendo la pista desde hace más tiempo a este sector feminista. Un sector abolicionista de la prostitución, bastante intransigente en sus posicionamientos, con el que venimos batallando y señalándole que hay que escuchar y que no podemos hablar en nombre de otras compañeras y mucho menos imponer una visión feminista bajo el argumento de que es EL feminismo.

P. ¿Cómo se articula un diálogo para poder avanzar hacia algún espacio común en el que construir estrategias políticas emancipadoras?

Yo creo que hay un sector con el que ya no podemos dialogar, porque creo que lo que se plantea desde este es ya un discurso de odio y esto es intolerable. No podemos hacer nada desde esta posición más que denunciarlo. Pero sí creo que hay mucha otra gente con la que es posible dialogar. Tenemos que pensar en cómo hacemos para crear espacios para conversar y poner las ideas en común. Hay que buscar espacios de entendimiento desde los que podamos negociar los disensos que tenemos entre los feminismos. También creo que lo que nos está condicionando es que salimos de una pandemia que nos ha dejado muy atomizadas, poco organizadas políticamente y ahora tenemos el reto de reorganizarnos en lo colectivo para volver a activar la reflexión común. De hecho, en las presentaciones del libro, que me están resultando muy interesantes para escuchar a la gente y ver qué piensa del qué podemos hacer, el otro día me comentaban que tendríamos que comenzar por mirarnos a las que estamos intentando conversar para así reconocernos, para ver quién está dispuesta a hablar. Lo de tender puentes no sería tanto pensando en el diálogo con un sector lejano, sino para pensar en nosotras mismas y empezar a valorar cómo hacemos para entendernos y retomar los diálogos.

lunes, 31 de enero de 2022

#libros #queer | El feminismo queer es para todo el mundo

El feminismo queer es para todo el mundo / Gracia Trujillo.

Madrid : Los Libros de la Catarata, 2022 [01-31].
128 p.
Serie: Mayor ; 872.

/ ES / ENS / Libros / Queer / Feminismo / Feminismo queer / Identidades / Interseccionalidad
📘 Ed. impresa: ISBN 9788413523958 / 14,00 €
Cita APA-7: Trujillo, Gracia (2022). El feminismo queer es para todo el mundo. Los Libros de la Catarata.

[.es] Los debates sobre “lo queer” recuperan su actualidad debido a la oposición, por un lado, de un amplio sector del feminismo y, por otro, de los partidos conservadores. ¿Qué es “lo queer”? ¿Cuáles son sus orígenes y herramientas teóricas? ¿Cuáles son sus discrepancias con un sector del feminismo que lo considera un caballo de Troya dentro del movimiento? En un momento en que estos debates parecían haber pasado, la reacción del llamado sector trans-excluyente y la ultraderecha los han traído de vuelta, alimentando no pocos malentendidos. “Lo queer” no es un producto neoliberal ni las personas queer eligen su sexo/género/identidad así, sin más. Las teorías queer aportan muchas claves para entender de forma más fluida cuestiones relativas a los géneros, las sexualidades, identidades y corporalidades, más allá de los binarismos. Además, tienen en cuenta cómo se entrecruzan el género, la clase, la sexualidad, la edad, la capacidad, la raza, la etnia, el estatus migratorio... cuestiones clave para cuestionar los propios privilegios de blanquitud, clase o ciudadanía, entre otros. Gracia Trujillo reivindica también que las pedagogías queer lleguen al ámbito educativo, que se conozcan y valoren los recorridos activistas, las coaliciones entre la lucha feminista y la de los colectivos LGTBI+ y queer. Recuperar estos pactos, centrarse más en objetivos comunes y menos en identidades, adquiere ahora especial relevancia.