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lunes, 14 de marzo de 2016

#hemeroteca #transexualidad #menores | ‘Mi reflejo’, un documental sobre transexualidad en niños, niñas y adolescentes


Imagen: Channel Video One
‘Mi reflejo’, un documental sobre transexualidad en niños, niñas y adolescentes.
Channel Video One, 2016-03-14

http://www.channelvideoone.com/2016/03/mi-reflejo-documental-transexualidad-ninos.html

Mi reflejo' es un documental dirigido por Silvia Pedraza y Yolanda Cosgaya sobre transexualidad en niños, niñas y adolescentes, con la finalidad de dar a conocer la realidad que viven ellos y sus familias.

'Mi reflejo' nos acerca a la realidad que viven cada día muchos niños, niñas, adolescentes y jóvenes transexuales en España. Historias personales que nos cuentan ellos mismos o sus familias con la única intención de que comprendamos un poco mejor su situación y de hacer más visibles sus reivindicaciones. Mediante pinceladas de la vida de varios casos de niños, niñas y jóvenes transexuales comprenderemos mejor qué sienten, qué piensan, qué reclaman, sus miedos e inseguridades, hasta que logran reconocerse en el reflejo que ven cada mañana en el espejo.

El documental surge cuando sus directoras, como personas cisgénero, se dan cuenta de que no conocemos prácticamente nada acerca de la transexualidad y que la imagen que tenemos asociada a la T de los colectivos suele estar bastante distorsionada. Llegó a sus oídos el caso de una niña transexual cuya historia no encajaba en absoluto con la idea que tenemos de una persona transgénero, así que se pusieron a investigar un poco y lo que encontraron fue escaso, poco explicativo y no les aclaró demasiado las dudas que les habían surgido. De ahí nace 'Mi reflejo', de la necesidad de explicar de una forma clara y educativa qué es la transexualidad, pero sobre todo de las ganas de derribar tabúes y tópicos.

'Mi reflejo' cuenta con la colaboración y apoyo de diferentes asociaciones de toda España como la Fundación Daniela, Chrysallis, Transexualia, AMPGIL, Arelas o el programa PIAHT de la Comunidad de Madrid.

Sus directoras se encuentran en proceso de post-producción y necesitan ayuda para terminar el proyecto. El documental no tiene financiación pública, ni una productora, ni un gran benefactor que se haga cargo de los gastos, así que para cubrir las necesidades de producción, post-producción, licencias, edición y todo lo que requiere el documental, sus directoras han creado una campaña de crowdfunding a través de GoFundMe con el que pretenden recaudar algo de dinero a base de pequeñas donaciones de particulares.

El dinero recaudado irá para cubrir gastos del documental, una vez cubiertos estos el resto se donará a asociaciones y fundaciones que trabajen con personas transgenero.

Los niños y niñas de Euskadi, querían saber como funcionaban las cámaras, los micros y toda la tecnología que el equipo llevaba, así que decidieron ponerse a los mandos para hacer esta improvisada entrevista a las directoras después de pasar todo un día con ellos.

domingo, 21 de agosto de 2011

#hemeroteca #testimonios #homofobia | Olga Merino · Periodista y escritora: «Mi hijo sufrió acoso escolar por ser homosexual»

Imagen: El Periódico / Katy Pastor
Katy Pastor: «Mi hijo sufrió acoso escolar por ser homosexual».
Madre coraje. Su hijo le confesó que le gustaban los chicos. Hoy ella pelea por defender al colectivo. Olga Merino | El Periódico, 2011-08-21
http://www.elperiodico.com/es/noticias/opinion/hijo-sufrio-acoso-escolar-por-ser-homosexual-1124325

La noche en que se lo confesó, hace cinco años, su hijo tuvo que taparse la cabeza con la sábana. Katy Pastor (Arroyo de San Serván, Badajoz, 1958) no tardó en ponerse las pilas. Ahora, ella y su marido acogen a los progenitores que se acercan a la Associació de Mares i Pares de Gais i Lesbianes buscando ayuda.

-Qué valiente.
-Es que la visibilidad cuesta mucho. Parece que los padres tengamos vergüenza de hablar de nuestro hijo o hija homosexuales. Nos han educado para creer que la homosexualidad es algo malo.

-Todavía, a estas alturas…
-Muchos padres acaban por aceptarlo, por compartirlo, pero prefieren que no se les note en la calle. Si es un chico, que no sea amanerado; si es una chica, que no sea masculina.

-¿Cuándo se lo confesó?
-A los 14 años; pronto, por suerte. Cuando me lo dijo, el chico ya no podía más. Estaba pasándolo muy mal en el colegio. Hacía tres años que sufría acoso.

-¿No le había dicho nada?
-En casa disimulaba muy bien. Lo único que hacía era que el día en que le tocaba gimnasia se ponía malísimo y lloraba. Muchas veces, yo le obligaba a ir sin saber que sufría muchísimo.

-¿Se burlaban de él?
-Durante tres años le habían arrebatado la identidad: «No me llaman Álex -me dijo-, sino el maricón». Después, en el gimnasio, le tocaban el culo y las tetas. Él lo pasaba fatal; tenía un miedo terrible.

-¿Tampoco lo habló con su hermano mayor?
-Nunca; ambos se llevan siete años de diferencia. De ser un niño educado y cariñoso, pasó a contestar mal, a dar portazos, a salir de casa sin decir siquiera adónde iba. Una noche entré en su habitación para hablar con él.

-¿Sospechaba algo?
-Primero pensé en la droga. Quizá en que se había pegado con algún compañero, pero la homosexualidad nunca se me pasó por la cabeza. Y eso que de pequeño me había pedido muñecas. Llámeme ingenua, si quiere, pero pensé que si peinaba a las muñecas era porque de mayor sería peluquero.

-¿Cómo reaccionó?
-Me quedé helada. Me desmontó. En seguida lo abracé llorando y le dije que no se preocupara. Me sentí un poco culpable por no haberme dado cuenta. Me duele porque sé que lo pasó mal y que lo va a pasar mal porque la sociedad no está preparada. Luego me explicó lo del acoso.

-Terrible.
-En la escuela, los profesores no sabían cómo llevar el tema. Esperaron a que Álex acabara el curso: fuera el niño, fuera el problema. Mi hijo estuvo después un año entero sin poder salir solo de casa y con tratamiento psicológico. La gente le daba un miedo terrible. No podía coger un tren, nada. Incluso tuvo pensamientos suicidas.

-Ustedes, los padres, se reúnen en la asociación.
-Sí, todos los miércoles, en la sede del Casal Lambda. De lo que se trata es de hablar de nuestros hijos, de los sentimientos, de las dudas, de los miedos. Ayuda mucho. Fue nuestro hijo quien nos dio el nombre de la asociación; nos vio tan perdidos el pobre…

-¿Todavía les llegan padres desorientados, angustiados?
-A veces vienen destrozados; a mí me pasó lo mismo. Incluso gente joven, supuestamente moderna. El mes pasado llegó una pareja de cuarenta y pocos, padres de un chaval gay de 16 años. Él estaba preocupadísimo porque la homosexualidad del hijo iba a privarle de la posibilidad de tener nietos de sangre. Me confesó llorando ser el típico machito motero.

-¿Está orgullosa de su hijo?
-Mucho, muchísimo. Me ha abierto un camino que desconocía. He encontrado entre los homosexuales a gente interesantísima y abierta. He aprendido un montón de cosas. A veces me digo que si no hubiese tenido un hijo homosexual me habría muerto gilipollas.

-¿Los abuelos lo saben?
-Lo saben mis suegros. A mis padres no pude decírselo; eran muy mayores los dos. Mi padre era muy machista. Cuando veía que mi hijo vestía de colorines, le decía: «¿Adónde vas así, que pareces un maricón?». Mi padre falleció el verano pasado y Álex me acompañó a Extremadura. Cuando acabó el entierro, mi hijo se quedó solo en el cementerio hablando con mi padre. Necesitaba hablar con el abuelo.

lunes, 18 de julio de 2011

hemeroteka | Las familias que no quiere la Iglesia

Imagen: Público
Las familias que no quiere la Iglesia
Parejas de lesbianas, homosexuales, transexuales y bisexuales reivindican su visibilidad y sus derechos
Anna Flotats | Público, 2011-07-18

"¡Tu madre es bollera!", le espetó una niña a otra en un colegio de Santiago de Compostela. "No, mi madre es lesbiana. Y es feliz. ¿Y la tuya?", contraatacó Helena, de 12 años, hija de una mujer que, tras divorciarse de su marido, se casó con otra mujer. "Para mí, yo sigo teniendo una familia", cuenta Guillermina Domínguez, de 58 años y casada desde hace cinco con Stela.

Estas dos mujeres conforman una de esas familias que no tienen en cuenta la Iglesia ni el Foro Español de la Familia cuando en las manifestaciones que encabezan gritan eso de " la familia sí importa". Precisamente las familias homoparentales fueron las protagonistas de muchos de los carteles y carrozas de la manifestación del Orgullo Gay, que se celebró en Madrid el día 2 de julio. "La ley del matrimonio gay y todas las leyes siempre son maravillosas, pero en la calle aún hay mucha discriminación", afirma Guillermina, que no entiende cómo "una situación de amor puede producir rechazo".

A ella se lo advirtieron, pero decidió ser coherente con sus sentimientos y dejar de engañarse a ella misma y a sus hijas. "Un día me miré al espejo y me pregunté ‘¿quién es esta mujer?'. Me di cuenta de que no me conocía", recuerda Guillermina. En esa época llevaba 18 años casada. Atrás quedaban esos tiempos de juventud en los que ni siquiera sabía poner nombre a lo que sentía, cuando decidió hacer "lo correcto, lo sano, lo digno", cuenta esta profesora de Historia criada en una familia católica. "De repente, dejé de ser mujer, madre, amiga y profesional y me convertí únicamente en lesbiana", recuerda Guillermina .

De su decisión "personal e intransferible", siempre quiso "salvar" a sus tres hijas, que se han criado con ella y Stela durante los últimos 13 años. "Por ellas se ha hecho y se hace todo en esta casa. Son lo más importante", asevera Guillermina.

El mismo amor a los hijos fue el que hizo que Cati Pastor aprendiera, a los 47 años, "a entender a todo el mundo, a ver que no todos somos iguales", explica esta madre, cuyo hijo pequeño, Álex, le dijo con 14 años que era homosexual. "Se te desmonta el mundo. Mi marido y yo nos pasamos 15 días llorando", recuerda Cati, "sobre todo por la impotencia de no habernos dado cuenta de que Álex había sufrido tanto".
 
Aprendizaje vital
El chico, que ahora tiene 20 años, pasó tres amenazado en el colegio y si tardó en contárselo a sus padres fue por miedo al rechazo. "Me dijo que él no quería ser así y que pensaba que lo dejaríamos de querer", explica su madre, quien reconoce que no sabía realmente qué era la homosexualidad: "Llegué a preguntarle a mi hijo si quería ser una mujer".

En una búsqueda desesperada en internet, Cati dio con la Asociación de Madres y Padres de Gays y Lesbianas (AMPGIL), formada por más de 50 familias que, con la empatía como único método, convierten la desorientación de los padres en un aprendizaje vital. "Por muy modernos que seamos, el conocimiento que tenemos de la homosexualidad no nos sirve para gestionar lo que nos pasa", cuenta José Mellinas, presidente de la asociación.

"No se trata de aceptar a tu hijo, como dicen algunos, sino de compartir la vida con él", remarca Cati, quien añade que, a pesar de la ley del matrimonio gay, los homosexuales "aún no son personas libres". "Mi hijo no puede expresar sus sentimientos por la calle. Cuando va de la mano de su novio, a veces lo
insultan", explica.

Por eso, los activistas LGTB (Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales) no se cansan de repetir que tan importante como la legalidad es la visibilidad. Este es, precisamente, uno de los objetivos del colectivo, que pide al PP que retire el recurso contra el matrimonio gay interpuesto ante el Tribunal Constitucional. Más de 23.000 parejas del mismo sexo se han casado en España desde que en 2005 el Gobierno socialista aprobó la Ley del Matrimonio Homosexual.

Una sociedad sin miedo
Rubén Lodi y Gabriel Aranda, que llevan nueve años viviendo juntos, creen que esa es la clave para que "la sociedad pierda el miedo a los tipos de familia que no conoce". Ni ellos mismos los concebían años atrás, antes de que, a Rubén (31 años), por ejemplo, lo sacaran "a empujones del armario", cuenta. Este
ingeniero de telecomunicaciones, catequista en la adolescencia y ahora "agnóstico, laico y laicista", dice que no entiende a la Iglesia: "Se llena la boca hablando de amor, pero el nuestro no vale".

Esta pareja, miembro del colectivo universitario LGTB Arcópoli, tiene previsto casarse el año que viene. "Antes de que Rajoy, si gana las elecciones, tumbe la ley", apunta Gabriel, informático de 29 años. Sobre la propuesta del PP de cambiar el nombre al matrimonio gay, la pareja lo tiene claro: "Estaríamos perdiendo derechos. Una misma institución no puede llamarse de dos maneras", insiste Rubén, que equipara ese cambio a que "el voto masculino se llamara voto y el femenino, papelillo".

El matrimonio "es una cuestión de dignidad", añade Gabriel.El PP y la Iglesia han dicho en repetidas ocasiones que la familia está en peligro, pero en realidad, afirma la pareja, están en contra de que haya familias diferentes a las que ellos conciben "por pura homofobia". "Somos nosotros los que estamos en peligro", concluyen.

Fuente
Las familias que no quiere la Iglesia
Parejas de lesbianas, homosexuales, transexuales y bisexuales reivindican su visibilidad y sus derechos
Anna Flotats | Público, 2011-07-18