Mostrando entradas con la etiqueta Matrimonio forzoso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Matrimonio forzoso. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de mayo de 2022

#hemeroteca #violenciamachista | Detectados cinco casos de matrimonios forzados en Euskadi desde 2015

Noticias de Gipuzkoa / Aneesa y Arooj, asesinadas en Pakistán //

Detectados cinco casos de matrimonios forzados en Euskadi desde 2015.

Euskadi es la segunda comunidad con más casos tras Catalunya donde se han detectado 27 matrimonios forzados en siete años.
EFE | Noticias de Gipuzkoa, 2022-05-25
https://www.noticiasdegipuzkoa.eus/actualidad/sociedad/2022/05/25/detectados-cinco-casos-matrimonios-forzados/1216770.html

Los distintos cuerpos policiales han detectado desde 2015 en el Estado 27 matrimonios forzados, 5 de ellos en Euskadi, la segunda comunidad con más casos por detrás de Catalunya (14).

Se trata de una realidad que vuelve a primer plano después de que dos jóvenes paquistaníes residentes en Terrassa (Barcelona), víctimas de sendas bodas concertadas, hayan sido asesinadas por miembros de su familia en Pakistán por querer divorciarse.

La comunidad en la que se han detectado más casos desde 2015 es Catalunya (14), seguida de Euskadi (5), según datos del Ministerio del Interior, a partir de la información recopilada por la Policía Nacional, Guardia Civil, Mossos d'Esquadra, Ertzaintza y Policía Foral.

En el mismo periodo las fuerzas de seguridad tuvieron conocimiento de matrimonios concertados también en Asturias, Baleares, Castilla-La Mancha, Madrid, Navarra y la Comunidad Valenciana, cada una con un caso, mientras que hubo dos que se detectaron en el extranjero.

El matrimonio forzado es considerado violencia machista
Considerado una violencia machista, el matrimonio forzado es la unión de dos personas en la que, al menos una de ellas, generalmente la mujer, no otorga su pleno y libre consentimiento y se ve obligada a casarse por la presión emocional, psicológica o incluso física de la familia.

El Código Penal establece en su artículo 172 bis penas de prisión de seis meses a tres años y seis meses o bien multas de doce a veinticuatro meses, según la gravedad de la coacción o de los medios empleados, para aquellos que obliguen a una persona a contraer matrimonio "con intimidación grave o violencia". Las condenas se agravan si las víctimas son menores de edad.

Sin cifras oficiales concretas, distintos estudios destacan la persistencia de esta práctica en familias originarias de Senegal, Nigeria, Pakistán, Marruecos y en la comunidad gitana proveniente de Rumanía.

Para la detección de este tipo de situaciones son clave las alertas de los servicios sociales y educativos para detectar alteraciones en el comportamiento. Porque no es común que sean las propias víctimas las que denuncien.

Decenas de casos detectados en los últimos años
El año pasado en Villaverde del Río (Sevilla), donde dos familias se habían puesto de acuerdo para que la hija de una de ellas, menor de edad, se casara en Zamora con un chico también menor.

La niña, de nacionalidad rumana, se lo contó a una antigua profesora con la que mantenía contacto telefónico y esta avisó a la Guardia Civil, que organizó la huida de la víctima de la casa y el traslado a un centro de protección.

También en Zamora se frustró en 2018 un plan orquestado por una pareja rumana para vender a dos hermanas de ella -de 16 y 17 años- a otras familias por 10.000 euros en cada caso. Cinco personas fueron condenadas por este caso a penas de entre uno y tres años y medio de prisión tras alcanzar un acuerdo con la Fiscalía.

En Valencia, una chica de origen paquistaní avisó a un amigo de que llevaba un mes encerrada en casa por su padre, quien quería casarla en contra de su voluntad. El progenitor fue detenido.

Catalunya, a la cabeza de casos
Según el departamento de Interior de la Generalitat de Catalunya, entre 2010 y 2019 los Mossos d'Esquadra atendieron en esa comunidad autónoma a 85 niñas y 68 mujeres por matrimonios forzados o por estar en riesgo de sufrirlos.

Solo el año pasado fueron diez las chicas atendidas, entre los 20 y los 14 años. Seis eran menores de edad.

En cuatro casos fue la propia víctima la que denunció su situación, mientras que en otros cuatro fueron los servicios sociales los que informaron a los Mossos.

En 2020 la Generalitat presentó un protocolo de prevención de esas prácticas para saber cómo detectaras, cómo intervenir y como ayudar a las víctimas, con coordinación de todos los ámbitos asistenciales; unos protocolos que quiere generalizar la ley de garantía de la libertad sexual, la conocida como ley del solo sí es sí, que llega este jueves al pleno del Congreso.

Dos hermanas catalanas asesinadas
El caso de las dos hermanas paquistaníes asesinadas, Aneesa y Arooj Abbas, de 20 y 24 años, es la expresión extrema de esas bodas concertadas. Habían sido casadas con sus primos y querían divorciarse de ellos para iniciar una nueva vida con otras parejas.

Los Mossos tomaron este martes declaración al padre y a varios familiares residentes en Terrassa para indagar si las jóvenes se fueron de Catalunya a su país de origen voluntariamente u obligadas.

Un tío y un hermano de las jóvenes, acusados del feminicidio, han confesado en Pakistán que las mataron por "honor", después de que pidieran el divorcio.

domingo, 7 de noviembre de 2021

#hemeroteca #transfobia | Sale de la UCI la joven transexual a la que presuntamente arrojaron desde la Muralla de Lugo

La Voz de Galicia / Concentración en Lugo contra la transfobia //

Sale de la UCI la joven transexual a la que presuntamente arrojaron desde la Muralla de Lugo.

Evoluciona favorablemente en planta, recuperándose de las fracturas provocadas por la caída y todavía no ha prestado declaración ante la policía.
La Voz de Galicia, 2021-11-07
https://www.lavozdegalicia.es/noticia/lugo/2021/11/05/sale-uci-joven-transexual-presuntamente-arrojaron-muralla-lugo/00031636112645045583750.htm 

La joven transexual a la que presuntamente arrojaron desde el adarve de la Muralla de Lugo ha salido de la unidad de cuidados intensivos (UCI) del Hospital Universitario Lucus Augusti (HULA) y evoluciona favorablemente en planta, según fuentes cercanas a la afectada.

Por el momento, la joven no ha prestado declaración ante la policía. La caída, que sucedió la semana pasada durante la madrugada del domingo, le provocó daños internos, sufrió una rotura de fémur, de dos vértebras y también de una muñeca. No se teme por su vida.

Sobre lo ocurrido aquella noche aún sobrevuelan muchas dudas, dado que la mujer aún no ha podido declarar. Tras las primeras pesquisas, la policía estableció que la chica fue empujada desde la muralla por un hombre que la acompañaba. Una de las claves para desentrañar este suceso será el teléfono móvil de la joven. Los investigadores se hicieron con él tras haberlo recogido la Policía Local del patio interior donde había caído la chica. Tras haber podido acceder a su contenido, vieron que esa misma noche ambos jóvenes -la chica lesionada y su presunto agresor- se habían seguido en una red social. Fue esa la primera noticia que tuvieron de quién era el sospechoso. Unos días después, el martes por la tarde, el hombre fue detenido en plena calle, en el centro de Lugo.

El principal sospechoso
Sobre el sospechoso de precipitar a la mujer al vacío, es un hombre que ya fue objeto de una investigación policial relacionada con la compra de una niña rumana para que fuese su esposa. Ocurrió en el año 2014, y la Policía Autonómica de Lugo rescató a la menor, de 12 años por aquel entonces, tras haber estado supuestamente retenida en una vivienda de la calle Yáñez Rebolo durante un mes. El chico fue acusado inicialmente de un delito de abusos sexuales, ya que la Fiscalía consideraba que las relaciones que habían mantenido no eran consentidas. Pero finalmente, aunque el juzgado consideró probado que la familia del joven había pactado la boda con la niña por 2.500 euros con una familia de Córdoba, y que los dos menores vivían juntos, no llegó a ser juzgado por los presuntos abusos sexuales.

La niña fue liberada por la Policía Autonómica y luego enviada durante diez días al centro de menores de Santo Anxo, en Rábade. Tras este período, regresó con su familia a Córdoba. Y los padres del varón -el joven ahora relacionado con este caso de la Muralla-, al enterarse de la marcha de la niña, le exigieron a los padres de la menor el dinero que habían pagado para que se casase con su hijo. La justificación de los implicados en aquel caso giraba en torno a las costumbres de su cultura, según la Policía. En la tradición gitana rumana pagar una dote para acordar matrimonios entre menores es algo habitual. El juez del caso apoyó esta versión y el joven acabó sin ser juzgado. Además, se tuvo en cuenta la similar madurez de ambos para exculpar al chico, a pesar de que él tenía 17 años y ella 12, lo cual podría considerarse como un delito de abusos en caso de haber mantenido relaciones. No lo consideró así el juez, y el chico quedó libre.

Antecedentes policiales siendo mayor de edad
La policía tiene constancia de que el joven puede ser una persona potencialmente agresiva y por ello lo tienen controlado. De hecho, ya siendo mayor de edad, estuvo relacionado con algún caso de agresiones y lesiones. Precisamente por eso, la Policía Nacional terminó dando con él el pasado martes ayudándose del registro con el que cuentan en comisaría.

jueves, 29 de marzo de 2018

#hemeroteca #feminismo | Isatou Jeng: “No me he convertido en feminista. Nací feminista”

Imagen: El País / Isatou Jeng
“No me he convertido en feminista. Nací feminista”.
La activista gambiana Isatou Jeng lidera la iniciativa The Girls’ Agenda para acabar con la mutilación genital femenina y los matrimonios juveniles en su país.
Tiziana Trotta | El País, 2018-03-29
https://elpais.com/elpais/2018/03/22/planeta_futuro/1521740019_582570.html

Isatou Jeng no sabría decir cuándo se acercó al feminismo. Está convencida de que, si no hubiera logrado evitar su matrimonio con 15 años, probablemente a esta hora no estaría hablando de los derechos de las mujeres. Más bien, estaría rodeada de hijos a pesar de tener apenas 30 años. “Mi vida es un claro testimonio de discriminación, abusos, explotación y violencia. Pero es justamente todo lo vivido lo que me motiva para llevar adelante mi trabajo”, asegura la activista gambiana. La fundadora de la organización The Girls’ Agenda lucha para acabar con la mutilación genital femenina y las niñas esposas en su país, donde el 75% de las mujeres de entre 15 y 49 ha sido víctima de ablación.

“Feminismo para mí significa iguales oportunidades para chicos y chicas en todos los ámbitos, sin excepciones. Desde que era pequeña y veía cómo tenía que luchar mi madre para sacar adelante a la familia, me dije que un día contribuiría a acabar con la discriminación de la mujer”, explica desde Madrid, donde está de paso tras participar en el VIII Encuentro 'Mujeres que transforman el mundo', celebrado en Segovia entre el 16 y el 25 de marzo. “No me he convertido en feminista. Nací feminista”.

Jeng se quedó huérfana de padre con tan solo tres años. Su madre se vio obligada a volver con su anterior marido. “Él no me aceptaba como su propia hija y para mí fue un verdadero trauma crecer así”, recuerda. “Me trataba como una paria. Nunca me dio nada. Ni siquiera me llamaba por mi nombre”. No obstante, esto no fue tan duro para ella como ver a su madre día tras día levantarse a las cinco de la mañana para ir a vender verduras al mercado, trabajando de sol a sol fuera y dentro de casa. “Mi madre nunca fue a la escuela. Sin embargo, entendía la importancia de la educación y hacía todo lo posible para que sus hijos pudieran estudiar”, dice. “Nunca la trataron de manera digna, pero jamás la he oído quejarse. Crecí con la pasión por contribuir a hacer del mundo un lugar mejor, más justo para las mujeres. Afortunadamente, he acabado haciendo lo que siempre he deseado”.

A los seis meses fue víctima de ablación genital, una práctica formalmente prohibida en su país desde finales de 2015 pero que se resiste a desaparecer. “Más tarde, cuando empecé a entender qué es, cómo se realiza y qué consecuencias tiene, sentí que no era justo que me extirparan algo del cuerpo sin mi consentimiento”. Sin embargo, Jeng sabe que se trata de algo muy arraigado en la tradición y que su madre decidió cortarla al pensar que era lo justo para ella, para que fuera aceptada en la sociedad.

“En Gambia, el sexo y todo lo que rodea a los genitales son temas tabú”, señala. Y, por mucho que intentara hablar de mutilación genital con su madre, no obtenía explicaciones. Esta falta de educación sexual y el limitado acceso a contraceptivos fueron la causa de que se quedara embarazada a los 15 años. Echando la vista atrás, Jeng ya no se arrepiente de nada. “En mi país es muy duro ser una superviviente de embarazo juvenil. Incluso si eres mayor de edad, si no estás casada, eres una vergüenza para toda la familia. Mi embarazo, sin embargo, es uno de los factores que me dio la fuerza para embarcarme en esta lucha”.

“Normalmente, en Gambia, cuando pasa algo así toda la culpa se achaca exclusivamente a la chica. Pero, al contrario, mi madre siempre me apoyó y se opuso a que me casara con el padre del bebé, contrariamente a lo que intentaban imponerme los hombres de la familia”. Una vez más, su madre fue su salvación. A los seis meses, se hizo cargo de su hija para que ella pudiera mudarse con su hermana mayor y volver a la escuela, pese a la desaprobación de vecinos y familiares.

El estigma y la discriminación que acompañaron el regreso de Jeng a las aulas fueron enormes. Ella, por su parte, nunca intentó ocultar su historia delante de los demás, incluso cuando le señalaban con el dedo o le dirigían palabras ofensivas. Su empeño en los estudios le llevó a graduarse unos años después en Ciencias Políticas.

“En Gambia, licenciarse después de haber pasado por un embarazo juvenil es algo muy raro. Fue una época difícil, porque venía de una familia con pocos recursos y los estudios pueden ser muy caros. Cómo lo logramos, fue una sorpresa para todos. Fue increíble, pero en mi vocabulario no existe la palabra abandonar”, recalca.

Jeng sabe que su caso es más único que raro. Por eso decidió diseñar un proyecto piloto para ayudar a las chicas que se encuentran en su misma situación. “Quiero que las madres adolescentes vuelvan a soñar. Les damos formación en feminismo, mutilación genital, matrimonio juvenil y les preparamos para enfrentarse al estigma de la sociedad”, explica. “Comparto mi historia allá donde vaya para que vean que si yo pude, ellas también pueden”.

Casi todas las mujeres involucradas en las actividades de The Girls’ Agenda han sido víctimas de ablación. Los miembros de la organización trabajan mucho en pequeñas comunidades rurales, donde se dirigen a la gente hablando el idioma local. “Al ser algo considerado cultural, no puedes simplemente ir a ver a la gente y decirle que lo que hace está mal. Tienes que ser estratégico: hablar con ellos para que lo entiendan, para que tengan tus mismos conocimientos”, insiste la activista. “En el momento en que les cuentas cómo la mutilación ha afectado tu vida sexual y a tu salud, muchas otras mujeres salen a la luz pública y comparten su testimonio”.

El simple hecho de poder abordar en público un tema tabú como la mutilación genital femenina para Jeng es síntoma de que hay un cambio en marcha. “La gente joven se opone de manera muy firme a la ablación. Si seguimos por este camino, la próxima generación en Gambia podrá estar libre de mutilación. Este es el momento, tenemos que seguir levantando la voz”.

miércoles, 7 de febrero de 2018

#hemeroteca #matrimonioforzoso | Crece en India la plaga de secuestros de hombres solteros para forzarles al matrimonio

Imagen: El País
Crece en India la plaga de secuestros de hombres solteros para forzarles al matrimonio.
El vídeo viral de un joven obligado a contraer matrimonio a punta de pistola desvela un problema que afecta sobre todo a los más pobres.
Ángel L. Martínez Cantera | El País, 2018-02-07
https://elpais.com/internacional/2018/02/06/actualidad/1517924792_401868.html

El Estado de Bihar, en el norte de India, registró en 2017 3.404 casos de secuestros de hombres solteros a los que se les forzaba al matrimonio, según los datos desglosados por la policía estatal. Aunque es un problema que afecta normalmente a las mujeres, las prácticas arcaicas de la ‘pakdau vivah’ (secuestro para bodas, en el dialecto local de Bihar) y la ‘jabaria shaadi’ (matrimonio forzado) en hombres están muy extendidas. La pobreza, unida a tradiciones como la dote que tiene que ofrecer la familia de la esposa y la desproporción de hombres con respecto a mujeres han magnificado este fenómeno al norte del país.

"’Pakdau vivah’ está descontrolada en Bihar [...] En la mayoría de los casos, los matrimonios se formalizan a punta de pistola o mediante amenazas de muerte a sus vidas y las de sus familias", declaró un oficial de la policía estatal a la prensa local el domingo. El pasado mes enero, el caso de un ingeniero de Patna, capital del estado, llegó a las televisiones nacionales tras un vídeo viral. En éste, el joven llora desconsoladamente mientras cuenta su secuestro por un grupo de hombres armados que le obligaron a casarse, en una ceremonia que ya estaba preparada antes de su llegada.

Lejos de ser hechos aislados, las cifras del Gobierno de Bihar confirman una tendencia. En 2016, unos 3.070 jóvenes varones fueron secuestrados siguiendo la ‘pakadua vivah’, mientras que otros 2.500 fueron víctimas de la misma tradición en 2014. Una cifra mucho más elevada en comparación con las 1.337 denuncias que se registraron en 2009.

Los casos se concentran al este de Uttar Pradesh, Estado en el que se encuentra el conocido Taj Mahal, y, sobre todo, el oeste del vecino Bihar. Ambas regiones sufren los peores índices de desarrollo socioeconómico del país: escasez de infraestructuras, pobreza rampante, bajos niveles de alfabetización y corrupción endémica abonan el terreno para el arraigo de vicios sociales como la discriminación por castas y las dotes matrimoniales.

Atrapados en el subdesarrollo, pocos hogares pueden hacer frente a las exorbitantes cantidades exigidas por las familias de los novios para aceptar el matrimonio. Agobiados por la presión de casar a sus hijas, padres y allegados encuentran en la ‘pakadua vivah’ el último recurso. A la precariedad, se une la falta de chicas jóvenes con las que emparentar a los solteros.

Hace una semana, un estudio gubernamental subrayaba la desigualdad entre el número de hombres con respecto al de mujeres India, país donde los abortos selectivos han generado un desequilibrio demográfico: el Gobierno calcula que faltan más de 63 millones de mujeres con respecto a la que sería una tendencia natural. No es de extrañar que su ausencia se concentre en los empobrecidos Estados del norte. Según el último censo, de 2011, solo hay 751 mujeres por cada 1.000 hombres en Bihar; una de las mayores desproporciones de sexos del país.

El último informe de la Oficina Nacional de Investigación Criminal, de 2015, avala los datos ofrecidos por el Gobierno estatal. Según las estadísticas nacionales, Bihar es el Estado que más denuncias registra por secuestro de varones menores de 18 años. En 2015, el número de hombres de entre 18 y 30 años raptados en este estado fue de 1.096, lo que supone el 17% del total de secuestros de India.

La policía de Bihar dijo estar especialmente alerta para la siguiente temporada de bodas en India (‘lagan’), que comienza en febrero. Este es el mes más propicio para los casamientos, según establece el calendario de superstición hindú para el este año.

viernes, 19 de enero de 2018

#hemeroteca #ablacion | “Mis padres querían mutilarme y casarme porque necesitaban una vaca”

Imagen: El País
“Mis padres querían mutilarme y casarme porque necesitaban una vaca”
En Tanzania se practica la ablación con el pretexto de que el clítoris seguirá creciendo y matará al marido, para evitar supuestas enfermedades y por motivos económicos.
Flavia Olivia Farraces | Planeta Futuro, El País, 2018-01-19
https://elpais.com/elpais/2018/01/08/planeta_futuro/1515424791_575314.html

“Un día mis padres me dijeron: 'Te vamos a mutilar para que puedas conseguir un marido”, cuenta Janeth Ropi, de 12 años. La joven tanzana no dijo nada, pero lloró sin pausa durante todo el día. Tanto que sus padres se asustaron y creyeron que huiría. Por eso encomendaron a uno de sus cuatro hermanos varones que hiciese de centinela. Poco tiempo después llegó la 'ngariba' (mutiladora en suajili). Intentó escapar, pero su hermano y otros hombres del pueblo la atraparon. Su padre la golpeó con un cable eléctrico. Y la mutiladora se llevó para siempre su clítoris.

Janeth lo cuenta mirando hacia el suelo, musitando las palabras y esquivando los detalles dolorosos. Todo está aún muy reciente para esta joven masai. Ocurrió en noviembre de 2016. La encerraron en una habitación durante un mes mientras se recuperaba con otras dos chicas que también habían sido mutiladas. El dolor le impedía levantarse, hasta el punto de que una persona tenía que cogerla en brazos y llevarla hasta el aseo para hacer sus necesidades. Hoy todavía siente molestias cuando camina rápido. En Tanzania, la mutilación genital afecta al 15% de las mujeres, según Unicef, por lo que está considerado un país de baja prevalencia y uno de los que más ha avanzado en la lucha contra esta peligrosa práctica que puede provocar la muerte y deja una indeleble huella psicológica. Pero en la región septentrional de Manyara, de donde procede Janeth, rural y mayoritariamente poblada por la etnia masai, el porcentaje asciende al 50,8%, según las estadísticas gubernamentales del Tanzanian Demographic Health Survey.

Janeth prosigue. Días después, llegó un hombre de unos 30 años con una dote de dinero y vacas para escoger esposa entre las tres convalecientes. Cuando ella terminó de recuperarse, todavía no había elegido a ninguna. La joven juguetea con el collar, sin despegar la vista del suelo. Recuerda que ya había regresado a su hogar tras la ablación. Su casa no tenía puerta, tan solo una pila vertical de cestas tapando la entrada, que el hombre apartó fácilmente cuando se introdujo en ella por la noche. “Después de violarme, le llevó las vacas a mi madre”, explica. Ella es una de las 40 jóvenes que acoge la ONG Nafgem en el norte de Tanzania. Todas han sufrido la mutilación o escaparon de ella y permanecen con la organización hasta que sea seguro regresar con sus familias.

Una práctica secreta
El coordinador de Nafgem, Francis Selasini, explica que la ablación se sigue practicando “discretamente”, a pesar de que está prohibida por ley desde 1998. A veces como parte del bautizo o de la comunión, incluso en recién nacidas, y otras en niñas más mayores como forma de prepararlas para un matrimonio temprano. “Hay mucha ignorancia sobre sus consecuencias: cuando una niña muere desangrada tras ser mutilada, las familias no conectan ambos eventos. Creen que se trata de mal fario y se han dado casos de padres que se deshacen de los cuerpos de sus hijas abandonándolos entre los arbustos para que los coman las hienas”, apunta.

Los argumentos para mutilar a una joven son muy variados. Desde que sea aceptada socialmente hasta preservar su castidad o la creencia de que puede prevenir una infección llamada lawa-lawa que, en realidad, puede ser evitada con una mayor higiene. Otras veces, el motivo puede ser tan pragmático como la necesidad de reunir una dote para uno de los hijos, como le ocurrió a Leah Mollel, de 24 años. Sus padres le presentaron a su futuro marido, un hombre de 45 años que había ofrecido 500.000 chelines tanzanos (casi 190 euros) y diez vacas para desposarla. Su familia quería usar esa dote para que el hermano de Leah pudiera, a su vez, encontrar una esposa. Pero la razón de fondo es controlar la sexualidad de las mujeres, socavar su placer.

En algunos lugares sobreviven incluso creencias tan exóticas como que si el clítoris no se secciona, seguirá creciendo y matará al marido durante el acto sexual. La explicación que dieron sus padres a Nagalal Territho, de 22 años, es que así no se convertiría en una prostituta. La noche anterior a que eso ocurriera decidió adueñarse de su destino y huyó. Tenía miedo porque había visto morir a una amiga suya por ese motivo. “Mis padres querían mutilarme y casarme porque necesitaban una vaca”, sentencia Nagalal.

En Tanzania, las mujeres son, con frecuencia, una moneda de cambio, un medio para conseguir dinero o ganado. Pero la resuelta y enérgica Nagalal tenía muy claro que quería estudiar y hoy se prepara para ser diseñadora de moda. La lucha contra la ablación de Nafgem no acaba cuando protegen a las víctimas, sino que también implica educar a los perpetradores: las familias, los líderes de la comunidad y las mutiladoras. La psicóloga de Nafgem, Beatha Lyamuya, explica que, tras ser sometidas a la mutilación, las niñas pierden la confianza en sus progenitores y el vínculo no siempre es fácil de reparar. “Al principio los padres no comprenden que hayan hecho algo mal, pero cuando hablamos con ellos la mayoría termina disculpándose con sus hijas”, señala. Solo cuando se comprometen a no mutilarlas y a dejar que estudien, pueden volver a convivir con ellas.

El retorno de las jóvenes a sus comunidades no es sencillo. La mayoría no ve con buenos ojos a quien ha osado desafiar el ‘status quo’. “Algunos les echan la culpa de lo que ha pasado y les dicen que nadie querrá casarse con ellas”, apunta Lyamuya. Pero sus familias no se atreven a imponerles de nuevo su voluntad, porque tienen miedo de que les denuncien ante las autoridades si lo hacen. Para evitar que, como Nagalal y Leah, las jóvenes puedan huir de la mutilación, la intervención se practica cada vez más temprano, incluso a recién nacidas.

La pequeña Evaline Kaipai, de siete años, tuvo suerte de que su hermana Ruti, de 25, la ayudara a huir. Ahora Evaline está interna en un colegio, donde estudia y juega como le corresponde por su edad. Su padre nunca la llevó a la escuela porque decidió era mejor que ayudara a su madre en el hogar. Para llegar hasta el centro hay que subir por la falda del Kilimanjaro, atravesando frondosos bananos, aguacateros y cafetales. Un rincón poco accesible donde está a salvo de los que quisieron robarle la infancia.

Mutiladora, un oficio prestigioso
En Tanzania, la mutilación no se produce en un entorno clínico, como ocurre en países como Egipto, sino que corre a cargo de mujeres que, paradójicamente, también ejercen como parteras. Martha Daudi, de 66 años, es consciente ahora de los riesgos. Hace 12 años que decidió enterrar la cuchilla. Esta mujer voluminosa, sonriente y vivaracha aprendió observando a otras mutiladoras y reconoce que lo hacía por el “prestigio” del que disfrutan estas practicantes. “La gente se quedaba admirada al ver a una joven tan valiente como para practicar la mutilación”, rememora. Se ganaba muy bien la vida, explica, cobrando 30.000 chelines (poco más de 11 euros) por cada intervención. “No he pedido perdón a las jóvenes que mutilé, pero me gustaría”, reconoce.

Ahora sus ingresos proceden de los cuencos, pendientes y pulseras, entre otras piezas de artesanía que fabrica con coloridas cuentas en un taller de Nafgem en Likramuni, a 60 kilómetros al sur de la ciudad de Moshi. Las pulseras son comercializadas en España por la ONG Mundo Cooperante, que apoya la labor de Nafgem en Tanzania. De esta forma, las mujeres encuentran incentivos económicos para dejar esta perniciosa práctica. Ana Lemri wa Miaka, de 83 años, ensarta cuentas con agilidad junto a Martha. También fue mutiladora, pero no añora su antigua vida. “A las chicas no se les permitía quejarse, se les decía que tenían que ser fuertes”, recuerda. Cuando Nafgem le explicó que su actividad podría costarle el ingreso en prisión o incluso aumentar sus posibilidades de contraer el sida al estar en contacto con sangre, decidió dejarlo.

La temporada alta de la mutilación tiene lugar durante las vacaciones de verano o de diciembre, cuando las jóvenes regresan de los colegios donde están internas y hay tiempo suficiente para organizar los preparativos. Los días previos a la mutilación suelen tener un aire de bullicio ajetreado, por lo que las jóvenes deben estar atentas para zafarse. La impunidad para mutilar a una joven en Tanzania cuesta 300.000 chelines (112 euros). Esa es la cantidad para eludir la pena de entre cinco y 15 años de cárcel que prevé la legislación para quienes mutilen o permitan que se mutile a una joven, lo que incluye no solo a las perpetradoras, sino también a las familias. Pero la norma solo se aplica a las menores de edad, dejando desprotegidas a las mujeres adultas, que también sufren esta práctica.

La amputación del clítoris es el doloroso rito de pasaje hacia la madurez. La señal de que la mujer está lista para casarse. Por eso mutilación y matrimonio infantil se dan la mano. El jefe masai de Likramuni, Salome Mollel, de 87 años, admite que como líder de la tribu, solía casar a niñas de ocho con hombres en la veintena, y a las de 12 años con varones de hasta 60. En la cultura masai, los hombres pueden tener varias mujeres, por lo que estas crías podían convertirse en segundas, terceras o cuartas esposas. “La niña tenía que cumplir con sus deberes de esposa le gustase o no. Y si se resistía a consumar el matrimonio, el marido tenía la potestad de violarla”, reconoce Mollel.

La violación dentro del matrimonio sigue siendo legal en Tanzania. Al igual que el matrimonio infantil, a partir de los 14 años con permiso de un juez o de los 15 años con consentimiento de los padres. Aunque la Corte Suprema de Tanzania anuló en julio de 2016 los artículos que permitían el matrimonio infantil, la legislación todavía no ha sido modificada. Una vez casadas, los abusos eran constantes. El marido podía humillar, ridiculizar o golpear a su joven esposa como si fuese de su propiedad. Y si la mataba, “las familias de ambos se reunían y los parientes del marido entregaban 49 vacas a los de la mujer y la deuda quedaba saldada”, detalla Mollel. Pero cada vez más mujeres se niegan a que su valor se mida en vacas.

jueves, 12 de octubre de 2017

#hemeroteca #niñas #matrimonio| Educación para combatir el matrimonio infantil

Imagen: Deia / Niña paquistaní
Educación para combatir el matrimonio infantil.
Cuatro niñas de Guatemala y Malaui, países que han prohibido este año los enlaces forzados, cuentan su lucha. “Hace unos años, el padre daba a su hija por un terreno o una vaca. Ese era el valor de la mujer”. “En mi país, el papel de la mujer es reproductivo: se deben quedar en casa y cuidar de toda la familia”.
Ana Rodrigo | deia, 2017-10-12
http://www.deia.com/2017/10/12/sociedad/euskadi/educacion-para-combatir-el-matrimonio-infantil

Estefany y Naydelin, de Guatemala, y Josephine y Ezelina, de Malaui, viajaron a España para explicar su lucha contra el matrimonio infantil en sus países, que este año lo han prohibido por ley, aunque las menores explican que lo más importante para evitarlos es hablar con los padres para que les dejen estudiar.

Las cuatro activistas reciben la ayuda de la ONG Plan Internacional, que les permite seguir estudiando y librarse de ese futuro que ya tenían escrito: casarse al cumplir los 13 o 14 años.

Ellas son el ejemplo de que las oportunidades pueden cambiar sociedades condenadas por la pobreza a perpetuar las desigualdades y la marginalidad. Y ahora, quieren ayudar a convencer a las familias y a los líderes de su comunidad de que con educación se ganan muchas batallas, contra la explotación infantil y los matrimonios forzados.

“Allá, las niñas de mi aldea prefieren casarse y no estudiar, aunque en realidad es que muchos papás no les dejan estudiar porque piensan que los varones tienen más derechos que ellas y otros les obligan a casarse. También hay maltrato y las niñas quieren irse porque creen que su vida va a ser mejor fuera de la familia”, cuenta Naydelin, que tiene 13 años y vive en una pequeña aldea de Guatemala.

En la Guatemala rural, el 23% de las mujeres se casa antes de la mayoría de edad, en matrimonios pactados, explican desde Plan Internacional, ONG que trabaja desde 2015 en una campaña para elevar la edad de casamiento de los 14 a los 18 años.

Estefany también pertenece a una familia con escasos recursos, que vive en una comunidad de 250 habitantes, “donde las familias tienen entre diez y catorce hijos, con un índice de extrema pobreza”. “Los niños no estudian, trabajan en el campo para sobrevivir”.

“La mayoría de las niñas de mi comunidad se han casado. Hace unos años el padre daba su hija a otra persona a cambio de un terreno o una vaca. Ese era el valor de la mujer, ahora ha cambiado un poco”, cuenta.

A pesar de que la escuela queda muy lejos de su casa, no fue un obstáculo para Estefany, que con mucho esfuerzo y enfrentándose incluso a su padre, completó su educación secundaria y empezó estudios en la universidad, aunque ha tenido que abandonarla para trabajar y aportar recursos a su familia. “Mi papá ha cambiado y ahora mis hermanos estudian también. Se ha dado cuenta de que el estudio es muy importante y es la base fundamental dentro de la sociedad para encontrar un empleo digno”, relata.

Matrimonios prohibidos
Malaui es, junto a Guatemala, otro de los países que este año han aprobado legislaciones prohibiendo el matrimonio de menores de 18 años, gracias a una movilización social impulsada por Plan Internacional, entre otras organizaciones, y respaldada incluso por la primera dama del país africano.

Ezelina, de 23 años, presenta un canal de televisión juvenil donde anima al empoderamiento de las niñas y fue una de las colaboradoras más activas en esa campaña contra las uniones infantiles, una costumbre muy arraigada en su comunidad donde se practica el pago de la “lobola” (el precio de la novia) con vacas, que es un importante ingreso para las familias.

“La ley ahora permite el acceso de las niñas a la educación. En mi país el papel de la mujer es reproductivo y se deben quedar en casa y cuidar de los niños y de toda la familia”, recuerda Ezelina, empeñada en eliminar esas prácticas culturales que limitan los derechos fundamentales de las niñas de su país.

Josephine, que tiene actualmente 16 años, cuenta que los niños del Comité Juvenil de su comunidad, al que pertenece, se reunieron con miembros del Gobierno de Malaui “que nos ofrecieron su ayuda y se alegraron de nuestro compromiso”.

Para celebrar este día de las niñas, más de 35 ciudades de todo el Estado iluminaron de rosa algunos de sus edificios más emblemáticos, a iniciativa de la organización de defensa de los derechos de la infancia Plan Internacional.

Y TAMBIÉN…
Beyoncé pone las letras y las niñas la voz para reclamar sus derechos en su Día Internacional.
Un recorrido por algunas iniciativas compartidas hoy en las redes sociales para exigir el fin de la violencia contra las menores.
El País, 2017-10-11

lunes, 25 de septiembre de 2017

#hemeroteca #matrimonioforzoso | La policía de Marruecos impide la boda de una menor

Imagen: El País
La policía de Marruecos impide la boda de una menor.
La difusión de fotos en redes sociales de una fiesta de compromiso con una niña de 13 años alertó a los agentes.
Francisco Peregil | El País, 2017-09-25
https://elpais.com/internacional/2017/09/25/actualidad/1506340457_002264.html

La policía marroquí interrumpió el sábado en Tetuán lo que podría haber sido una boda entre una niña de 13 años y un adulto. La familia de la niña alega que solo se trataba de una ceremonia de compromiso y que el matrimonio solo se celebrará cuando la niña cumpla los 18 años, tal como prescribe la ley. No obstante, otras fuentes aseguran que la ceremonia festiva era en realidad un matrimonio encubierto.

El Código de Familia, o Mudawana, que se implantó en Marruecos en 2004 establece que hay que tener 18 años para casarse. Pero los artículos 20 y 21 permiten a los jueces autorizar el matrimonio de menores si se presenta un examen médico y un informe social. Las organizaciones que luchan en Marruecos contra los matrimonios de menores aseguran que esos dos artículos son la rendija por la que se cuelan miles de casamientos de menores, mediante el soborno de ciertos jueces.

En el caso de Tetuán, la policía fue alertada después de que circularan en las redes sociales las fotos de la fiesta donde se veía a la niña. La noticia ha escandalizado incluso a uno los principales predicadores salafistas, Mohamed el Fizazi, quien ha declarado al sitio digital le360 que el casamiento de una niña de esa edad es totalmente inaceptable. El Fizazi añadió que las condiciones sociales no son las mismas que en la época en la que se podía casar a las niñas de esa edad. “Hoy en día, el lugar para una niña de esa edad es la escuela”, señaló.

La percepción de la sociedad sobre los matrimonios de menores cambió a raíz de un documental emitido en 2010 por la primera cadena de televisión, titulado “El otro Marruecos”. Los ministerios de Justicia y del Interior y varios ayuntamientos de zonas rurales tomaron cartas en el asunto para impedir los enlaces de niñas. Pero las ONG que luchan contra estos matrimonios, como la fundación Ytto, aseguran que el Estado no vela por la aplicación de la ley ni detiene a los padres y representantes de las autoridades que infringen las leyes.

En 2014 se registraron en Marruecos 45.000 casamientos de menores. Pero esa cifra, según indicó a este diario el pasado marzo Najat Ikhich, presidenta de la fundación Ytto, solo refleja un tercio de la realidad. “Entre esas 45.000 solo aparecen las que se registran en los tribunales. No constan los matrimonios rechazados por los jueces y que después se casan solo con el permiso del imán en las mezquitas de aldeas que se han convertido en feudos del oscurantismo”, indicó Ikhich.

jueves, 27 de julio de 2017

#hemeroteca #violenciamachista | Túnez aprueba una ley histórica contra la violencia de género

Imagen: El País / Manifestación contra la discriminación de mujeres en Túnez, 2016
Túnez aprueba una ley histórica contra la violencia de género.
La nueva norma, que castiga "todas las violencias contras las mujeres", es pionera en el mundo árabe.
Ricard González | El País, 2017-07-27
https://elpais.com/internacional/2017/07/27/actualidad/1501155621_681399.html

Túnez ha dado un paso histórico para el avance de los derechos de la mujer. El Parlamento tunecino aprobó el miércoles por la noche una ley para prevenir y castigar “todas las violencias contra las mujeres”, una legislación pionera en toda la región. Entre las principales novedades, la nueva norma suprime el infame artículo 227 bis del Código Penal, que permitía al violador de una menor evitar una pena de cárcel si se casaba con la víctima. Ahora, quien mantenga relaciones sexuales con una menor de 16 años se puede enfrentar a 20 años de cárcel o incluso a cadena perpetua, en función del contexto; serán cinco años de detención si la joven tiene entre 16 y 18 años. La nueva ley incluye también el delito de acoso sexual —un enorme problema en Túnez—, incluido el verbal, para el que disponen multas de unos 1.000 dinares (unos 350 euros).

Aunque la Constitución democrática de 2014, aprobada después de la revolución, insta al Estado a proteger a las mujeres que sufren maltrato, se había avanzado poco en este terreno. Según los estudios, la violencia contra la mujer, sobre todo en el seno de la familia, es una enorme lacra en este país magrebí. Por esta razón, la aprobación de una ley integral contra la violencia de género constituía una vieja demanda de las asociaciones feministas tunecinas. “Es un momento muy emocionante y estamos orgullosos de Túnez , de haber podido unirnos alrededor de un proyecto histórico”, declaró la ministra de la Mujer, Naziha Laabidi.

La promulgación de la ley no ha sido fácil. El proceso ha requerido más de tres años de deliberaciones y la redacción de numerosos borradores. Sin embargo, la nueva legislación, que entrara en vigor dentro de seis meses, contó con el voto favorable de los 147 diputados presentes en el hemiciclo, incluidos los representantes del partido islamista moderado Ennahda, primera fuerza del Parlamento.

El texto recoge importantes avances en diversos ámbitos y satisface las ambiciones de las organizaciones de la sociedad civil. En el ámbito de la explotación de las menores, por ejemplo, las personas que utilicen en el servicio doméstico a niñas menores de edad se enfrentarán a penas de prisión de entre tres y seis meses. Uno de los aspectos que suscitó un más largo debate en el hemiciclo el pasado miércoles fue la cuestión de la edad de madurez sexual. Finalmente, se amplió de los 13 años de la legislación actual a los 18 años.

“Estamos muy contentas. Contar con una ley que castiga todas las violencias, incluidas la políticas, económicas y psicológicas, es un progreso enorme”, explica Monia Ben Jamai, presidenta de la Association Tunisienne de Femmes Democrates, la histórica entidad de defensa de los derechos de la mujer. “El borrador incluye algunas contradicciones en la parte penal que intentaremos arreglar más adelante”, apostilla.

De acuerdo con un completo estudio estatal realizado en 2010, más de la mitad de las tunecinas declara haber sido víctima de agresiones físicas. En la mayoría de casos, el autor es un familiar o bien la pareja. “La ley obliga al Estado a luchar contra la violencia doméstica y le obliga a proporcionar refugio a las mujeres maltratadas. A partir de ahora, aunque la mujer retire la demanda, cosa que sucede a menudo, la fiscalía deberá proseguir con el caso”, comenta Ben Jamai, que se felicita porque el Estado se ha comprometido a formar a sus funcionarios, desde médicos a policías, para que apliquen la nueva norma. De hecho, prohíbe de forma específica que los agentes se nieguen a registrar una denuncia de violencia de género.

En 1956, poco después de que el país magrebí obtuviera su independencia, la situación legal de la mujer tunecina avanzó con un paso de gigante gracias a la promulgación de un nuevo Código de la Familia inspirado en el vigente en Francia. Sin embargo, la mentalidad de la sociedad tunecina, conservadora y patriarcal, no evolucionó a tal velocidad. Todavía hoy, la mujer continúa padeciendo la discriminación en muchos ámbitos, como el laboral.

Frente a este problema, la nueva legislación, inspirada en la Ley Integral contra la Violencia de Género española de 2004, representa una poderosa herramienta. Al establecer "la igualdad entre los géneros", cuya promoción se incluirá en los currículos escolares, la norma permite denunciar a una empresa que remunere de forma diferente a sus empleados en función de su género. La onda sísmica de la Revolución tunecina, cuna de las llamadas Primaveras Árabes, ya sacude incluso los pilares más íntimos de esta sociedad.

martes, 20 de junio de 2017

#hemeroteca #mujeres #poblacionrefugiada | Cada vez más niñas esposas en el campo de refugiados sirios de Zaatari

Imagen: El País / Omayma al Hushan (d) en el campo de Zaatari, Jordania
Cada vez más niñas esposas en el campo de refugiados sirios de Zaatari.
Las menores son casadas con hombres hasta 15 años mayores que ellas, suelen dejar la escuela y a menudo sufren violencia de género.
Emanuela Zuccalà | Planeta Futuro, El País, 2017-06-20
http://elpais.com/elpais/2017/06/18/planeta_futuro/1497806409_860363.html

En el distrito seis del campo de refugiados jordano de Zaatari, la familia de Hamda ha reconstruido su propio universo en el interior de un recinto de chapa metálica. A la entrada, el aroma de un rosal casi aturde los sentidos. Los hombres fuman dentro de la tienda. Las mujeres están reunidas en un contenedor blanco amueblado con almohadones y alfombras de colores vivos. Sirven el té y ríen entre ellas mientras cinco niños sucios de polvo corretean. Hamda es la anfitriona; tiene 49 años y es madre de nueve críos. En 2014, padres, hijos, nueras, yernos y nietos huyeron de la zona rural de los alrededores de Damasco para reencontrarse en Zaatari. Es como una ciudad artificial construida en 2012 en el desierto del norte de Jordania que actualmente acoge a unos 80.000 sirios y se ha convertido en el segundo campo de refugiados más grande del mundo después de Dabaab, en Kenia. “Aquí no estamos bien, pero sí mejor que en Siria bajo las bombas”, dice Hamda con la sonrisa de las personas optimistas.

Amal, la penúltima de sus hijas, sostiene en brazos a un bebé regordete envuelto en una manta blanca bordada. Se llama Mohamed, tiene nueve días y el cabello negro y espeso para su edad. “¿Que cuántos años tengo? 20”, dice la joven echándose a reír y haciendo reír también a las demás mujeres. “No, es broma. Tengo 16”, corrige con voz infantil. Lleva las uñas pintadas de rojo, los párpados cubiertos de ‘kohl’ y un ‘hiyab’ oscuro con puntitos brillantes, como un cielo nocturno salpicado de estrellas. Cuenta que su marido tiene 20 años, que también es un refugiado sirio, pero que vive en la ciudad de Zarqa, 50 kilómetros al sur del campo. “Sus padres viven en Zaatari. Él venía a verlos, y así nos conocimos. Tiene trabajo y vive bien, pero mientras nuestro hijo Mohamed sea pequeño me quedaré aquí, donde tengo la ayuda de mi familia”, dice Amal.

“Casarla era la única manera de que tuviese un futuro”, interviene su madre, Hamda. “Yo también me casé muy joven, con 14 años”. La mujer se apresura a asegurar que el matrimonio de su hija se ha registrado como corresponde, y seguramente es verdad. En el reino hachemí, la edad mínima para casarse son los 18 años, pero los tribunales islámicos pueden conceder dispensas hasta los 16. Sin embargo, el problema es otro. Casarse siendo menor de edad es una costumbre en retroceso entre la población jordana. En cambio, entre los refugiados sirios acogidos en el país cada vez es más frecuente. Se calcula que suman en total alrededor de un millón y medio de refugiados sirios, de los cuales solo 657.000 están inscritos oficialmente en el registro del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). El resto son como fantasmas, sin documentos y con empleos en negro y el 86% vive por debajo del umbral de la pobreza.

Mientras la crisis de Siria ha entrado en su séptimo año sin que se vislumbre el final (hay 6,5 millones de desplazados internos y cinco millones de refugiados, la mayoría acogidos en Turquía, Líbano y Jordania), las organizaciones de ayuda humanitaria observan un desalentador efecto colateral del desarraigo forzoso: el aumento del número de esposas y madres entre las sirias menores de edad instaladas en el reino hashemí. En 2014, Unicef daba a conocer que el 31,7% de estas menores había contraído matrimonio, lo cual representa un aumento exponencial de 19 puntos con respecto al 12% de 2011 y un porcentaje muy superior al de la Siria anterior a la guerra, en la que la tasa de matrimonios precoces no sobrepasaba el 13%.

Y no solo eso. “Respecto al informe de Unicef de 2014, el número de niñas casadas sigue aumentando”, puntualiza Melanie Megevand, especialista en protección y empoderamiento de las mujeres refugiadas en Jordania de la ONG estadounidense Comité Internacional de Rescate (IRC, por sus siglas en inglés). “Además, la edad del matrimonio es cada vez más temprana. En la actualidad, las refugiadas sirias llegan a casarse a los 13 años, mientras que la edad de los maridos, que en estos momentos son entre 10 y 15 años mayores que ellas, es cada vez más alta. Estas chicas abandonan los estudios, con el consiguiente aumento del analfabetismo”, añade Megevand.

En la geometría inmensa y deprimente de Zaatari hay unas 2.800 adolescentes de entre 11 y 17 años, el 7,1% de la población femenina del campo. A pesar de ello, en la clínica de salud reproductiva del Fondo de Población de Naciones Unidas, la doctora Rima Diab cuenta que el 10% de los embarazos controlados por ellos corresponden a menores de edad. “Llegan embarazadas o casadas”, afirma. “Es difícil prevenir estas cosas”. En uno de los contenedores de la clínica, cuatro mujeres que acaban de dar a luz amamantan a sus recién nacidos. Heba, de 19 años, ha traído al mundo a su segunda hija, Silin. “La primera también nació aquí, cuando yo tenía 17 años”, susurra.

“En los últimos cinco años tenemos constancia de unos 4.000 matrimonios de sirias menores de edad contraídos en Jordania, y eso contando solamente los registrados”, informa Hiba Obeidat, periodista de Balad Radio y de la revista digital ‘AmmanNet’, que investiga desde hace tiempo el asunto de las niñas esposas. “Es verdad que en algunas zonas de Siria es normal casarse antes de los 18 años, pero, en el contexto de los refugiados, hay otros factores. Las familias piensan que no tienen más remedio que casar a las hijas para protegerlas de la precariedad en la que viven y resolver los problemas económicos familiares, ya que el marido paga una dote a los padres de la esposa”. Por ejemplo, en Zaatari, Amal reconoce que recibió 1.000 dinares jordanos de su marido, es decir, unos 1.300 euros.

Un problema añadido es que muchos matrimonios precoces no se registran, sino que solo se celebran con la intervención de un imán complaciente, según aseguran las organizaciones de cooperación. Si no tienen los documentos en regla, las mujeres quedan privadas de muchos derechos. “La mayoría de los refugiados proceden de zonas rurales de Siria, están poco alfabetizados y muchas veces ni siquiera saben que el matrimonio hay que registrarlo”, dice la abogada Samar Muhareb, directora de la asociación jordana Ardd, que proporciona apoyo legal a los refugiados.

“En el origen del problema hay un asunto que nunca se ha resuelto”, precisa Muhared. “Jordania no ratificó la Convención de Ginebra de 1951 sobre la acogida de refugiados, así que estos no gozan en ningún caso de esa condición. Nuestras leyes se refieren a ellos como visitantes o huéspedes, y eso los priva de muchos derechos y complica la asistencia y su vida en nuestro país", añade la letrada, que detalla que a veces es más fácil conseguir documentos falsos, incluidos los necesarios para la boda, que enfrentarse a la burocracia jordana. "Esta situación acaba creando enormes problemas en asuntos como el divorcio, la custodia de los hijos y la herencia”, asegura.

“Con la llegada de los primeros refugiados procedentes de Siria también hemos visto surgir un mercado de adolescentes”, añade Adnan Abu Alhaija, director del Instituto de Salud Familiar de la Fundación Noor al-Husein, que se encarga de prestar servicios médicos gratuitos a los refugiados y de darles asesoramiento sobre temas de familia en diversos puntos de Jordania. “Venían hombres adinerados de los países del Golfo a casarse con sirias adolescentes. Celebraban la boda solo en la mezquita y no registraban el matrimonio ante las autoridades civiles. Al cabo de tres meses, desaparecían, a veces dejando a las mujeres embarazadas. En ausencia del padre, ellas no podían inscribir el matrimonio ni registrar al hijo, así que se encontraban con un problema", señala Alhaija, que asegura que la prostitución ha aumentado entre las jóvenes sirias. "Son mujeres que no tienen elección para sobrevivir y que son presa fácil de los delincuentes que manejan el negocio del sexo. Fuera de las mezquitas y de los hospitales aparecen muchos recién nacidos abandonados", dice.

Matteo Paoltroni, responsable de la delegación jordana de Echo, la Oficina de Ayuda Humanitaria de la Comisión Europea (que desde 2011 ha destinado 657 millones de euros a los refugiados en el reino hashemí), no oculta su preocupación. “La situación de los sirios se está deteriorando, sobre todo en Zaatari”, señala. “Nadie quiere estar en un campo de refugiados, pero mucha gente no se puede permitir pagar un alquiler en la ciudad. Así que, por desgracia, es fácil entrar en una espiral de frustración que lleva, entre otras cosas, a sacar a los niños del colegio para ponerlos a trabajar y casar a las hijas antes de tiempo para que la familia pueda sobrevivir. A estos jóvenes se les llama ya 'La generación perdida'”.

Otro asunto urgente entre las familias sirias refugiadas en Jordania es la violencia de género. Desde 2012, el Comité Internacional de Rescate se ha encontrado con 4.633 casos de víctimas de abusos por parte del marido entre las 13.000 sirias que han recibido ayuda psicológica en las clínicas de la organización en Ramtha y Mafraq. En 2016, el 70% de los casos de maltrato de los que tuvo conocimiento el personal del IRC se produjeron en familias sirias. “Esta violencia va estrechamente unida al matrimonio precoz”, afirma Megevand.

“En la cultura siria, el matrimonio no es cosa solo del marido y la esposa, sino también de sus familias y de toda la comunidad. En época de paz, el apoyo de la comunidad sirve para vigilar las tensiones y atenuarlas. En cambio, ahora, con la gente desarraigada y empobrecida, todos los mecanismos de protección desaparecen. Los niveles de estrés causados por la guerra y la huida agudizan las tensiones entre las personas dentro y fuera de casa", ilustra Megevand, que además indica que la chica apartada de la familia para casarse se encuentra en un ambiente ajeno, en compañía de un hombre que a menudo no forma parte de su comunidad.

"La joven se encuentra más aislada, más sometida a las normas de sus suegros, más expuesta al maltrato, porque, al ser demasiado joven, no satisface las expectativas depositadas en su papel de esposa. Por otra parte, al casarse a una edad tan temprana, las chicas sufren la violencia más tiempo que una mujer adulta”, enumera la especialista del IRC, que matiza que no se debe acusar a los padres de actuar de mala fe, sino que hay que observar el fenómeno desde una perspectiva "mucho más compleja", como la pérdida de dignidad por la que están pasando las familias sirias. ¿Qué hacer, pues, para poner fin a esta peligrosa tendencia? “Proyectos de prevención”, responde Megevand. “Es importante que las jóvenes tengan acceso a los servicios, que se relacionen entre ellas, que vuelvan a estudiar aunque estén casadas”, propone.

En las oficinas del Comité Internacional de Rescate en Mafraq, la ciudad jordana más próxima al campo de Zaatari, mujeres sirias de todas las edades asisten a cursos de formación profesional y reciben apoyo psicológico. “Hay muchos casos de niñas casadas”, admite Nuura, refugiada que huyó de Homs en 2014 y tiene 31 años y cuatro hijos. En Jordania tuvo el valor de divorciarse de un marido que le pegaba. Marah, en cambio, tiene 21 años. Añora Damasco y estudia diseño gráfico en su país de acogida. Es alta y guapa, lleva las cejas perfectamente delineadas y un ligero toque de pintalabios. “Mi padre ha conseguido llegar a Alemania”, cuenta. “Dos de mis hermanas y un hermano podrán reunirse con él porque todavía son menores de edad, pero mi hermana y yo no tenemos más remedio que quedarnos aquí con mi madre. Todo el mundo nos dice que nos casemos como única solución para sentirnos protegidas. Mi hermana se lo está pensando, pero yo no quiero. Quiero estudiar, trabajar y ser independiente. No creo en el matrimonio como un remedio mágico que salva a la mujer de la crueldad de la vida”, considera Marah.

domingo, 16 de abril de 2017

#hemeroteca #homofobia | Las bodas del disimulo que esconden la homosexualidad en China

Imagen: DocsBarcelona / Fotograma de 'Inside the Chinese Closet', de Sophia Luvara
Las bodas del disimulo que esconden la homosexualidad en China.
Paka Díaz | El Mundo, 2017-04-16
http://www.elmundo.es/yodona/lifestyle/2017/04/16/58eba4e922601d7d758b45cd.html

En un piso de Shanghái, varios jóvenes de entre 20 y 30 años cuchichean y se colocan una pegatina que los numera. Uno de ellos, que forma parte de la organización, trata de poner orden. "Contadnos vuestras historias. ¿Por qué habéis venido al mercado de matrimonios?". El número 15 se presenta: "Hola. Porque tengo que casarme. Mis padres quieren un nieto. Sobre todo mi padre...". Los asistentes le lanzan sonrisas de comprensión y asienten. Ellos son gais. Ellas, lesbianas. Todos se encuentran en una situación similar. Este 'mercado matrimonial' sirve para ponerlos en contacto y que puedan arreglar una unión enfocada a evitar la fuerte presión de sus progenitores. La escena forma parte de 'Dentro del armario', el documental de la directora italiana Sophia Luvara estrenado en el festival DocsBarcelona y que puede verse en la plataforma digital Filmin. La película narra las relaciones de jóvenes de la comunidad LGTB china con sus familias.

El 'xinghun', o matrimonio cooperativo, es una especie de alianza entre gais y lesbianas para dar nietos a sus padres y conseguir que les dejen en paz. Si llegan a un acuerdo, se casarán y tendrán uno o dos hijos por inseminación artificial. Transcurrido un tiempo, lo habitual es que se divorcien. Todo se arregla por contrato: la duración del matrimonio, el número de hijos e incluso las veces que tendrán que asistir a reuniones con la familia política para dejarse ver en un afán de normalidad que cierre la boca de familiares, vecinos y conocidos.

Este tipo de unión es tan popular que ya hay aplicaciones como iHomo, una app para bodas de conveniencia desarrollada por una pareja de lesbianas deseosas de ayudar a otros en su situación. Una solución que consideran la opción menos mala, mejor que engañar a una pareja haciéndose pasar por heterosexuales.

Según un estudio de la Universidad de Qingdao, unos 16 millones de mujeres chinas se han casado con hombres homosexuales, de los cuales el 90% no ha salido del armario, lo que supone el 3% del total de uniones en el país. El número de lesbianas en la misma situación es incierto.

Un estudio de Naciones Unidas indica que proclamar la propia homosexualidad en China supone enfrentarse a serias dificultades. "Si sales del armario te enfrentarás a más abusos y violencia. Reconocer tu sexualidad tiene un alto riesgo aquí", explica la catedrática de la Universidad de Pekín Wu Lijuan. El panorama, sobre todo en cuanto a las relaciones de familia y el trabajo, es complicado para la comunidad LGTB en el país.

Andy es un arquitecto de unos 30 años, tiene un buen trabajo y muchos amigos. Tras pensarlo bastante, decidió salir del armario y contarle a su familia que era gay. Cuando lo recuerda, baja su dulce voz hasta casi un susurro. "Mi padre nunca llora. Pero cuando se lo dije lo hacía sin parar. Luego me llamó por teléfono y me explicó que debía encontrar a una chica lesbiana y casarme con ella. Cuanto antes", le cuenta a una amiga. "Porque no lo ha aceptado... Él entró en el armario cuando tu saliste de él", dice ella. Andy es uno de los protagonistas del documental 'Dentro del armario'.

La presión a la que los padres someten a sus hijos para que les den un nieto es extrema. No hay concesiones. En China la descendencia tiene una suma importancia por la política del hijo único que redujo drásticamente a las familias. Derogada en 2015, ahora es posible tener dos niños, pero la presión para que estos, todavía únicos en la mayoría de los casos, perpetúen la saga se mantiene. Además, las relaciones con los padres son muy distintas a las de los países occidentales. "Allí los progenitores tratan de controlar la vida de sus hijos, que les guardan un tremendo respeto y obediencia", explica Luvara.

Más que como algo relativo al corazón, los jóvenes asumen el matrimonio cooperativo como un trabajo que les toca hacer. La cineasta explica que mientras rodaba el documental vio parejas que llegaban a pasar mucho tiempo juntos, así como otras que concebían un hijo con inseminación artificial y se divorciaban deprisa. Pero explica que resulta duro. No se trata solo de tener un bebé, sino que las familias deben ver cómo los novios pasan tiempo con ellos, comen juntos, disfrutan de las fiestas... Lo normal en una pareja, solo que ellos no tienen ningún vínculo emocional, y tampoco desean sentirlo, con la familia política.

Para las lesbianas, la situación es aún más dura. De ellas se espera que den a luz al menos una vez. No hacerlo es casi una blasfemia en la sociedad china. La mayoría de ocasiones acaban obligadas a casarse. Como en una pesadilla, viven vidas de mentira, obligadas a tener sexo con un marido al que no aman ni desean.

Para conocer las relaciones familiares de Cherry, la lesbiana protagonista de 'Dentro del armario', el equipo se trasladó a la zona costera donde viven sus padres. Aunque siempre les había lanzado indirectas sobre sus preferencias sexuales, no ha salido del armario y se vio en la obligación de aceptar un matrimonio falso. Sin embargo, se ha negado a concebir un bebé. Sus padres siguen presionándola para que les dé un nieto.

De hecho, uno de los momentos más brutales del documental es cuando su madre le sugiere que vaya a comprar un niño al hospital. Lo dice con tranquilidad, como si fuera una práctica habitual. Aquello supuso una amarga sorpresa para Luvara y su equipo. Durante el rodaje no entendían lo que decían porque el traductor no conocía el dialecto local. "Cuando llegó el texto en inglés fue un 'shock'. Ni siquiera sabía si era un delito incluirlo en el filme o si podían acabar en la cárcel. Por suerte, la familia decidió no hacerlo, así que no hubo problema, pero me impresionó la normalidad con la que se asume la compraventa de niños. Incluso el Gobierno lo sabe y organiza campañas para concienciar de que es una práctica ilegal", explica Luvara, que añade: "Y, como se sigue dando mucha más importancia a los varones, en el mercado negro las niñas son más baratas".

En teoría, en las zonas profundas de China del interior o la costa, la situación empeora para el colectivo homosexual. Sin embargo, el rodaje en Shanghái descubrió al equipo que en las grandes ciudades también se piensa que la homosexualidad es una enfermedad. En el documental aparece una escena con un psicólogo que afirma "curarla". Durante el rodaje, Luvara conoció a personas LGTB que habían pasado largas temporadas en hospitales psiquiátricos, recibiendo tratamientos durísimos, medicinas que los mantenían como a zombis e incluso descargas eléctricas que 'ayudaban' en esas curas. "Se cree que tienen una enfermedad mental o que son unos delincuentes", explicaba la directora ejecutiva del centro LGTB de Pekín, Xin Ying, en la presentación del informe de la ONU sobre la situación de esta comunidad en China en 2016. En él se señalaba que solo el 5% de estas personas se atreve a "vivir su diversidad de manera abierta". Aunque piense que la situación está mejorando, Xin Ying reconoce la existencia en el país de más de 90 de las llamadas 'clínicas de conversión' sexual que prometen solucionar la homosexualidad.

El colectivo LGTB está consiguiendo, no obstante, vencer en algunas batallas, como la de Qiu Bai, una estudiante lesbiana que ha logrado que la máxima instancia judicial china, el Alto Tribunal Popular, admita a trámite su denuncia al Ministerio de Educación chino con el fin de que retire algunos libros de texto discriminatorios que enseñan a los estudiantes que la homosexualidad es un "trastorno psicológico". Otros tribunales también han aceptado tratar la discriminación a transexuales o la legalización del matrimonio homosexual. Además, el Gobierno acaba de incorporar al currículo escolar la enseñanza de la diversidad sexual y la identidad de género, otro importante paso adelante.

Mientras, la vida sigue para los protagonistas de 'Dentro del armario'. Cherry vive con su novia en Shanghái y Andy también tiene novio y va a tener un bebé en Estados Unidos con un vientre de alquiler; está al comienzo del proceso. Apenas ha habido cambios para ellos, ya que acordaron que la película nunca se estrenase en China, algo en lo que ponen un cuidado extremo desde la productora. Conseguir que Cherry y Andy aceptaran salir en el documental costó a la directora casi dos años. "Creo que aceptaron porque en el fondo, en su subconsciente, deseaban de algún modo salir del armario y hablar con libertad", explica Sophia Luvara. Esa misma libertad que la sociedad de su país aún les niega.

martes, 7 de febrero de 2017

#hemeroteca #transfobia | Un juez prohíbe a una mujer transgénero ver a sus hijos judíos ultraortodoxos

Imagen: Google Imágenes
Un juez prohíbe a una mujer transgénero ver a sus hijos judíos ultraortodoxos.
El fallo se argumenta en que el contacto con el padre provocaría la marginación de los niños en su comunidad.
Pablo Guimón | Mungo Global, El País, 2017-02-07
http://internacional.elpais.com/internacional/2017/02/06/mundo_global/1486402042_290514.html

Un juez británico ha negado a una mujer transgénero el contacto directo con sus cinco hijos argumentando que permitírselo provocaría que los pequeños y su madre fueran marginados en la comunidad de judíos ultraortodoxos en la que viven. La mujer, que luchaba por poder ver a sus hijos desde que abandonó su hogar en 2015, solo podrá escribirles cuatro cartas al año a cada uno. El juez aseguró haber tomado la decisión “con gran dolor y sabiendo el sufrimiento que causará”, pero considera que hay una posibilidad real de que “los niños y su madre sean marginados o excluidos en su comunidad ultraortodoxa”.

La pregunta a la que debía dar respuesta el juez era clara: ¿Debe permitirse a una mujer transgénero ver a sus hijos, que viven en una comunidad ultraortodoxa, ante la amenaza de ostracismo a la familia? La respuesta del juez, en un fallo de 41 páginas, ha sorprendido a muchos. “He llegado a la poco agradable conclusión de que la probabilidad de que los niños y la madre fueran marginados o excluidos por la comunidad ultraortodoxa es tan real, y las consecuencias tan graves, que este único factor, a pesar de las muchas desventajas, debe prevalecer sobre las muchas ventajas del contacto”, escribe el juez.

Colisionaban en el caso varios derechos aparentemente incompatibles: el de los niños, de entre dos y 12 años, a disfrutar del contacto con sus dos progenitores; el de los colectivos religiosos a vivir según sus creencias; el de las personas transgénero a recibir un trato igual. “Estos niños están atrapados entre dos maneras de vivir aparentemente incompatibles. Ambas minorías gozan de la protección de la ley: por un lado, el derecho a la libertad religiosa; por el otro, el derecho [del padre transgénero] a un trato igual”, dice una sentencia que ofrece un insólita mirilla para asomarse a una sociedad extremadamente cerrada.

La mujer, treintañera, a la que la sentencia identifica solo como J, para proteger la intimidad de los hijos, creció en una comunidad jaredí en el norte de Manchester. Se trata de una rama del judaísmo ultraortodoxo en la que la ley judía rige muchos aspectos de la vida diaria. Los jaredíes, término que podría traducirse como “aquellos que tiemblan ante a palabra de dios”, hablan yidis y viven en comunidades muy cerradas donde no está permitido el acceso a la televisión ni a Internet. Los hombres llevan trajes oscuros y sombreros negros, y llevan barbas largas y los característicos peyot, mechones largos que caen a los lados de la cabeza. Las mujeres visten sobrias, con faldas largas, y el pelo cubierto, igual que las piernas y los brazos.

En ese entorno, J empezó a cuestionarse su sexualidad cuando tenía seis años. Bajo el estricto atuendo se ocultaba un tormento interior que desembocó en ideas de suicidio, como reconoció en una entrevista (también identificado solo con una inicial) en ‘The Jewish Chronicle’ en 2015.

En 2001 sus padres le organizaron un matrimonio arreglado, como mandan las costumbres jaredíes. J trataba de reprimir sus sentimientos entregándose a la devoción religiosa. Su esposa pensaba que la profunda tristeza de J, que siempre fue un buen padre para sus hijos, se debía a una crisis de fe.

Finalmente, J recurrió a un grupo de apoyo para personas LGBT y encontró la fuerza para abandonar la comunidad. No informó a su esposa hasta que ya se había ido y solo contó sus intenciones a su hijo de 12 años, cinco días antes de partir. Los motivos de la huida de J salieron a la luz una semana después de su marcha. El shock provocó que su esposa se recluyera en su casa durante tres meses y tuviera que recurrir a ayuda psicológica para tratar de comprender la decisión de su marido.

J aceptó el ostracismo al que fue sometido por su comunidad, pero se moría de ganas de ver a sus hijos. Tras una serie de fracasados intentos de hacerlo, decidió recurrir a los tribunales. Declaró ante el juez que aceptaría cualesquiera condiciones de los contactos, incluso mostrarse, en los primeros encuentros, lo más parecido que pudiera a un hombre. Al fin y al cabo, tal como señaló el juez, J pasaba de ser el varón de una familia en una estricta comunidad religiosa a una mujer soltera en la sociedad exterior.

Cualquier contacto, alegó la madre de los niños, provocaría la marginación de los niños y su exclusión de celebraciones familiares y sociales. Los temores de la madre fueron confirmados ante el juez por un rabino. En la ley judía, igual que en la inglesa, señaló el rabino, “los intereses de los niños son supremos”.

Fue uno de los hijos de J el que prestó el último testimonio en el juicio. Tener contacto con su padre le llevaría a sufrir abusos y perder a sus amigos, le dijo al juez. “Si le importo, [mi padre] me dejará en paz”, concluyó. Peritos expertos en psicología infantil aseguraron que “la identidad de los pequeños estaba completamente vertebrada en su lugar en la comunidad”.

El juez enumeró una serie de argumentos a favor del contacto directo, entre ellos el de que “una experiencia con el mundo más amplio” podría “abrirles la puerta [a los niños] para tomar decisiones vitales por ellos mismos a medida que maduran”. Pero al final prevaleció el principal argumento en contra: no exponerlos a la marginación por parte de su comunidad. “El contacto plantea el riesgo claro de que los niños y su madre se conviertan en las próximas víctimas de la colisión entre dos mundos inconexos”, dice el juez. “Su padre ya ha experimentado las consecuencias de dicha colisión, y nadie sabe mejor que ella cuán dolorosas pueden estas ser”.

domingo, 5 de febrero de 2017

#hemeroteca #ablacion | Dialla Diarra: Un sueño, una lucha

Imagen: El Diario / Mujeres africanas
Dialla Diarra: Un sueño, una lucha.
Cerca de Bamako, la capital Mali, se encuentra un pueblo pequeño y aislado llamado “Damina”. Allí nació Dialla Diarra, una de las mujeres más luchadoras que he conocido.
Elisabet Matamala | El Diario, 2017-02-05
http://www.eldiario.es/desigualdadblog/Dialla-Diarra-sueno-lucha_6_608649148.html

A pesar de una infancia dura, Dialla tuvo la suerte de ser educada por su tío, quien le enseño todo lo que sabía como si fuera su propio “hijo”. A los trece años Dialla se casó. Fue un matrimonio concertado. Aun así, Dialla y su marido tuvieron la suerte de enamorarse. Un año después, ambos se fueron a Europa para empezar una nueva y mejor vida.

De ese día ya han pasado veinticuatro años, y quince de la muerte del marido de Dialla, quien falleció de accidente. A partir de ese momento, Dialla ha destinado su vida a luchar para cumplir el sueño de su marido: que las niñas y niños de origen africano tuvieran la oportunidad de estudiar. Con ese objetivo en mente, Dialla fundó la asociación 'Legki Yakaru' (“mujeres de hoy” en sarankule).

'Legki Yakaru' lleva hoy más de diez años trabajando con la comunidad africana, empoderando a mujeres y a niñas y luchando contra aquellas prácticas que suponen una clara vulneración de sus derechos. La mutilación genital femenina (MGF) es un ejemplo de ello. A pesar de todas las conferencias en las que Dialla ha participado (UNAF, Universitat Pompeu Fabra, mesas redondas, etc.), el Proyecto Heal (2016) ha sido la iniciativa que ha impulsado el trabajo de la entidad en la lucha contra la MGF.

Este proyecto, que forma parte del 'Programa Doméstico' de Oxfam Intermón, tiene dos objetivos: ‘informar y formar’. ‘Informar’ a la comunidad africana creando espacios de debate donde se pueda hablar sobre la MGF, la sexualidad y la salud abiertamente, sin que estos temas sean tabú. Y ‘formar’ a profesionales en los ámbitos de la sanidad, educación y cooperación. 'Legki Yakaru' lleva tiempo reivindicando la urgente necesidad de que estos profesionales sean capaces de detectar posibles casos de MGF, gestionarlos e incluso prevenirlos. Sin embargo, la formación sobre la MGF no debe empezar en la universidad, sino mucho antes: en la escuela. Las niñas de familias africanas nacidas en Europa, o bien suelen tener muy poca información sobre la MGF, o bien la desconocen. Sus familias no hablan del tema. Tampoco la escuela.

Cuando esas niñas son enviadas a África para casarse, interrumpiendo además sus estudios, a veces las familias de sus maridos no las aceptan si no están mutiladas. Como consecuencia, estas niñas pueden ser forzadas a someterse a la MGF. Pero lo peor de esa práctica no es el intenso dolor del momento, sino las consecuencias. Consecuencias que durarán toda la vida.

A través del 'Proyecto Heal', 'Legki Yakaru' pretende conectar entidades de Europa y de África para que cuando se envíe una niña a casarse, haya siempre alguien que la proteja. Cuando las niñas y los niños de familias africanas de Banyoles buscan protección, no recurren a su familia, sino a Dialla. Por eso en Banyoles se la conoce como “mama Dialla”.

El 6 de febrero de 2017, día mundial contra la mutilación genital femenina, conviene recordar más que nunca, que esta lucha es una defensa por los derechos de las mujeres, y por los derechos humanos.

Elisabet Matamala es colaboradora de la Asociación Legki Yakaru. Ha contribuido al desarrollo del Proyecto Heal, dedicado a la mutilación genital femenina. Trabaja en el campo de las Relaciones Internacionales.