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sábado, 18 de abril de 2020

#hemeroteca #saludpublica #arquitectura | Beatriz Colomina lo contó primero: cuando las grandes crisis sanitarias transforman la arquitectura

Imagen: Valencia Plaza
Beatriz Colomina lo contó primero: cuando las grandes crisis sanitarias transforman la arquitectura.
Criada a las faldas de la Escuela de Arquitectura de València, Colomina es el gran referente mundial en el vínculo teórico entre arquitectura y salud.
Vicent Molins | Valencia Plaza, 2020-04-18
https://valenciaplaza.com/beatriz-colomina-lo-conto-primero-cuando-las-grandes-crisis-sanitarias-transforman-la-arquitectura

Beatriz Colomina es hoy la gran referente en el mundo por su teorización del contacto entre arquitectura y salud, en una vía interconectada: cómo la salud cambió las costuras de la arquitectura, cómo la arquitectura propulsó la prevención sanitaria. Colomina, primero en Columbia, luego en Princeton, localizó como pocos los puntos de conexión que hacen que habitemos como lo hacemos. Desprovista de obsesión por lo estético o figurativo, ha volcado su mirada en lo más revolucionario: la vida real de aquellos lugares donde pretendemos vivir.

Pero -inciso va- antes de Beatriz estuvo Miguel, su padre. Miguel Colomina definió gran parte de la arquitectura en València en la segunda mitad del siglo XX. Fue director de la Escuela de Arquitectura de València. Fue premio extraordinario a su trayectoria por el Colegio de Arquitectos. Influido por Coderch, Khan, Wright o Le Corbusier, algunos de los mayores elogios le vinieron por su vivienda unifamiliar en Xàbia, en 1963, edificios de viviendas en Cirilo Amorós, 1966, y en la calle Doctor Albiñana de València, 1972.

Justo el abrumador reconocimiento a su padre colaboró a que Beatriz Colomina rastreara su espacio más allá de València. “Todo el mundo allí sabía quién era. Y también quién era yo”, comentó Colomina para El País. “Siempre se gana saliendo. Ha habido dos momentos cruciales en mi vida: cuando decidí estudiar en Barcelona en lugar de en Valencia, donde vivía, y cuando me fui a Nueva York. Esos cambios me hicieron ver la vida de otra manera. No me puedo entender a mí misma sin pensar en esas dos transformaciones”.

Ahora los textos de Beatriz Colomina se revisitan, forman parte de esa gran vela de conocimiento que se iza en busca de la certidumbre. Fundadora y directora del programa Medios y Modernidad en la Escuela de Arquitectura de Princeton, ella, de alguna manera, lo vio primero. Vio cómo la salud, y por tanto la enfermedad, siempre habían estado ahí, propulsando los cambios principales, colándose entre nuestros principios, influyendo desde el principio de los días. Solo el deslumbramiento que provoca el avance desmemoriado hace que la enfermedad se extravíe de nuestros planes. Al entrar en contacto con Susan Sontag entendió la relevancia de su mensaje en el libro ‘La enfermedad y sus metáforas’ -seguido por ‘El sida y sus metáforas’-. Despertó en Colomina todo un horizonte nuevo. “El modo más sano de estar enfermo es huyendo de la metáfora”, señala Sontag, incidiendo en la romantización literaria de la tuberculosis frente a la oscuridad y la habladuría soterrada en torno al cáncer.

Fue la tuberculosis la que infringió, sostiene Colomina, uno de los mayores cambios en las reglas de la arquitectura moderna. “No se puede entender sin la tuberculosis. La hemos estudiado desde todos los puntos de vista: el industrial, el estético... Y nos hemos olvidado de lo más obvio: la vida real. Lo que los arquitectos modernos ofrecían era casi como una receta de salud igual a la que proponían los manuales médicos para tratar la tuberculosis: el aire libre, las terrazas, el sol, la blancura, la higiene... La tuberculosis dominó la primera mitad del siglo XX. Es normal que no solo estuviera en la literatura, sino también en la arquitectura. No hablo de la arquitectura sanitaria. Es la arquitectura moderna la que internaliza este trauma inmenso que era la tuberculosis y trata de ayudar. Se vuelve curativa”, adelantaba Colomina en El País Semanal en 2013.

Si en el siglo XIX los hospitales eran lugares abyectos -indica Colomina-, la realidad comenzó a cambiar cuando las mayores rentas se pusieron a frecuentar los sanatorios con los que calmar sus nervios. El sanatorium de Purkersdorf, en Viena, fue uno de los primeros. Fue entonces cuando esos destinos de salud se convertían en “espacios de deseo”. En ‘X-Ray Architecture’, Beatriz Colomina corrobora cómo los centros sanitarios se convirtieron en el modelo para la vida cotidiana.

Y si la tuberculosis agitó las normas, su técnica de diagnóstico, los rayos X, ejemplifican el impacto de la enfermedad en los edificios: los rayos X permitían ver el interior del cuerpo mientras que la arquitectura moderna, como respuesta, buscaba mostrar el interior de los edificios a través de las fachadas de cristal.

El afán médico por la higiene, la ventilación, la cercanía a la naturaleza, definiría la formación arquitectónica de los hoteles y del turismo de masas, primero en un entorno alpino y más tarde cerca del sol y playa. La aparición de la estreptomicina se demostró mucho más provechosa, pero la influencia en la manera de habitar ya no tenía vuelta atrás.

El sanatorio antituberculoso Paimio, de Alvar Aalto, entre los bosques de pinos finlandeses, suele ser buena muestra de aquel momento. La enfermedad del propio arquitecto Aalto fue determinante para que concibiera sus edificios desde otra perspectiva. Beatriz Colomina se refiere a ello estos días. “Dijo que la arquitectura siempre se concibe para personas sanas, que están en pie, y sin embargo debemos diseñar para las personas en posición más débil. Esto fue revelador para mí”, comenta Colomina para la publicación arquitectónica Pin-Up. “Hoy, con nuestra creciente conciencia de la cuestión de la discapacidad, se agregan rampas y otros dispositivos como una ocurrencia tardía, pero a menudo los edificios no funcionan para todos. Pero lo que Aalto estaba diciendo es el camino que no se tomó en arquitectura: que si siempre diseñamos para aquellos en la posición más débil, todos los demás estarán bien”.

Beatriz Colomina, preguntada por lo inevitable -los efectos transformadores de la nueva crisis sanitaria- apunta: “se parece más a las epidemias de cólera del siglo XIX que asolaron ciudades de todo el mundo oleada tras oleada y provocaron enormes cambios en la infraestructura y el diseño urbano. La pregunta para nosotros es cómo el coronavirus cambiará la arquitectura y la ciudad (...) los arquitectos estaban muy involucrados en el diseño de la salud, colaborando activamente con médicos y científicos. ¡Tenemos que despertar y hacerlo de nuevo!”.

‘X-Ray Architecture’ o ‘La domesticidad en guerra’ son dos de los libros que acompañan bien la lectura de este tiempo. Escritos por quien se marchó de València para encontrarse.

martes, 2 de julio de 2019

#hemeroteca #arquitectura #enfermedades | Cómo la tuberculosis y los rayos X cambiaron la arquitectura y nuestras ciudades

Imagen: El País / Sanatorio en Paimio diseñado por Alvar Aalto
Cómo la tuberculosis y los rayos X cambiaron la arquitectura y nuestras ciudades.
La obsesión por evitar el polvo y la nueva visión que iluminaron los avances en técnicas diagnósticas renovaron las normas constructivas. Hoy, enfermedades como las alergias o el autismo configuran nuevas formas de crear edificios.
Ianko López | Icon Design, 2019-07-02
https://elpais.com/elpais/2019/07/02/icon_design/1562053428_488068.html

La relación entre la enfermedad y la arquitectura puede no resultar evidente, y sin embargo está ahí. Para la arquitecta y teórica Beatriz Colomina (Madrid, 1952) es incluso el tema sobre el que han girado la mayor parte de sus investigaciones durante las últimas cuatro décadas. En 1980, y tras haber estudiado arquitectura en Barcelona, llegó como ‘fellow’ al New York Instiute for the Humanities, donde coincidió con compañeros tan prestigiosos como la escritora Susan Sontag. Hacía un par de años que se había publicado un libro de esta última, ‘Illness as Metaphor’ (Picador USA, 1978), donde se cuestionaba y exploraba el entramado simbólico asociado a distintas enfermedades (ella misma estaba tratándose de un cáncer de mama mientras lo escribía, aunque esta circunstancia no se citaba en el texto), entre ellas la tuberculosis, tradicionalmente considerada una "enfermedad creativa".

"Aquel libro me causó una gran impresión", explica Beatriz Colomina a ICON Design. "Y de repente empecé a ver la arquitectura moderna desde el punto de vista de la enfermedad, incluyendo todas las patologías, reales o imaginarias". Agorafobia, claustrofobia, desórdenes nerviosos en general... y, sobre todo, la tuberculosis.

En su libro ‘X-Ray Architecture’ (Lars Müller Publishers, 2019), publicado en inglés, condensa la relación particularmente intensa entre esta última dolencia y la arquitectura moderna. Colomina explica aquí cómo en el siglo XIX y principios del siglo XX se extendió en la sociedad occidental una obsesión por la tuberculosis y por los medios para combatirla —la higiene extrema, la adecuada ventilación, la aversión al polvo, las paredes blancas—, que habrían determinado los derroteros del Movimiento Moderno de Arquitectura.

Así, se remite a un edificio totémico de la modernidad nórdica, el sanatorio para tuberculosos en Paimio de Alvar Aalto, proyectado en 1929, donde incluso las uniones entre los muros y el suelo son redondeadas para evitar la acumulación del polvo, considerado letal para los enfermos (al describir cómo los cadáveres de los enfermos menos afortunados eran hurtados al ojo del resto de los pacientes y después rápidamente desalojados, Colomina obtiene uno de los fragmentos más fascinantes de su análisis).

Pero el libro no se limita a glosar casos tan evidentes como este: también dedica un buen número de páginas a desarrollar el caso de Le Corbusier, cuyas viviendas orientadas al sol, con amplias terrazas y azoteas en los que practicar la "vida sana" —irónicamente, Colomina advierte de que, al parecer, el riesgo de desarrollar cáncer de piel no entraba en sus cálculos—, y elevadas sobre pilotes para despegarse del contacto con la tierra insalubre, serían consecuencia de esta misma obsesión con la infección pulmonar. Se recuerda asimismo cómo en su ensayo ‘Vers une architecture’ (1923) el arquitecto suizo ya había denunciado las casas tradicionales como agentes debilitantes del organismo.

Por cierto, Colomina tampoco teme explorar las vinculaciones entre Le Corbusier y el fascismo a partir de su relación con el doctor Pierre Winter, que le introdujo en el culto a la actividad física al aire libre como medio para librarse de la fatiga y el estrés. Además de amar la práctica deportiva, Winter era seguidor de Georges Valois, el autoproclamado Mussolini francés que fundó el partido ultraderechista Le Faisceau en 1925. "El impulso totalitario está por todas partes en la obra de Le Corbusier", afirma Colomina. "Era muy controlador, y para él la salud era una excusa para crear nuevas reglas. En cuanto a Winter, él llega a escribir del plan de Le Corbusier para París que solo un fuerte programa de urbanismo, el de un gobierno fascista, es capaz de adaptar la ciudad moderna a las necesidades de todos".

Visión de rayos X: cuando el interior deja de ser oculto
Tan interesante o más que todas estas vinculaciones es la que Colomina establece entre la arquitectura y los rayos X en su aplicación al diagnóstico médico, un descubrimiento de finales del siglo XIX que revolucionó el modo en que el ser humano contemplaba la realidad, cambiando para siempre las nociones de lo interior y lo exterior, de lo visible y lo invisible, que de pronto quedaban invertidas. Las célebres y muy influyentes casas de cristal de Richard Neutra o Mies Van der Rohe se habrían hecho eco de esta nueva cosmovisión, en la que la transparencia de los muros permitía contemplar desde el exterior las entrañas de la vida doméstica, antes ocultas.

Este paradigma aún perdura, y no solo por la vigencia de los muros de cristal en distintas tipologías arquitectónicas. Basta con pararnos a pensar en momentos de nuestra vida cotidiana que ya damos por hecho, como cuando debemos coger un avión o un tren, o simplemente acceder a algunos edificios institucionales. "¿Cuántas veces al día somos escaneados?", se pregunta Colomina. "El de los rayos X no es un capítulo cerrado, e incluso quizá se haya intensificado".

Pero cada época tiene su enfermedad característica, y del mismo modo que hace más de un siglo advino el imperio de la tuberculosis, nuestros tiempos están marcados entre otros fenómenos por la infección por VIH. De hecho es importante recordar que, poco después de que Susan Sontag publicara el ensayo que sirvió de inspiración para la línea de investigación de Beatriz Colomina, estallaba oficialmente la crisis del sida. Y la arquitectura tampoco ha sido inmune a sus efectos, como admite la arquitecta española: "Cada enfermedad cambia el paisaje de la arquitectura. Uno de mis estudiantes de doctorado, Ivan López Munuera, está estudiando el impacto arquitectónico y urbanístico del sida. Y hoy tenemos otro tipo de enfermedades con efectos diferentes: piensa en la epidemia de alergias, o en el autismo. La arquitectura no puede permanecer igual".

miércoles, 10 de abril de 2019

#books #architecture #health | X-Ray Architecture

X-Ray Architecture / Beatriz Colomina.
Zürich : Lars Müller, 2019 [04-10].
200 p. : il.
ISBN 9783037784433 / 35 €

/ EN / ENS
/ Arquitectura / Enfermedades / Higiene / Historia / Salud / Salud pública / Tuberculosis / Urbanismo

‘X-Ray Architecture’ explores the enormous impact of medical discourse and imaging technologies on the formation, representation and reception of twentieth-century architecture. It challenges the normal understanding of modern architecture by proposing that it was shaped by the dominant medical obsession of its time: tuberculosis and its primary diagnostic tool, the X-ray.

Modern architecture and the X-ray were born around the same time and evolved in parallel. While the X-ray exposed the inside of the body to the public eye, the modern building unveiled its interior, dramatically inverting the relationship between private and public. Architects presented their buildings as a kind of medical instrument for protecting and enhancing the body and psyche.

Beatriz Colomina traces the psychopathologies of twentieth-century architecture—from the trauma of tuberculosis to more recent disorders such as burn-out syndrome and ADHD—and the huge transformations of privacy and publicity instigated by diagnostic tools from X-Rays to MRIs and beyond. She suggests that if we want to talk about the state of architecture today, we should look to the dominant obsessions with illness and the latest techniques of imaging the body—and ask what effects they have on the way we conceive architecture.

Beatriz Colomina is an architecture theorist, historian, curator, and professor at the Princeton University School of Architecture. One of her research focuses are sexual fantasies in association with architecture.

domingo, 6 de noviembre de 2016

#hemeroteca #arquitectura | Beatriz Colomina: "La cama se convertirá en la nueva oficina"

Imagen: El Periódico / Beatriz Colomina en una copia de la cama de Hugh Hefner
Beatriz Colomina: "La cama se convertirá en la nueva oficina".
La historiadora de la arquitectura, profesora en Princeton (Nueva Jersey), da otra perspectiva del pasado –"Gaudí es todo sexualidad"– y anticipa el mundo que viene. Excepto para los fabricantes de móviles y de colchones, todo da un poco de grima.
Núria Navarro | El Periódico, 2016-11-06
http://www.elperiodico.com/es/noticias/ocio-y-cultura/cama-sera-nueva-oficina-5602190

Beatriz Colomina, uno de los cerebros que se fugaron a EEUU y –desgraciadamente– no ha vuelto más que de paso, dice que "si miras a las cosas mucho tiempo, ves lo extraño en lo que crees conocer". Eso ha hecho con la historia de la arquitectura. Mirarla desde diferentes ángulos. El de la enfermedad –"la arquitectura moderna no se puede entender sin la tuberculosis"–, el de los medios de comunicación –"el tema principal de la arquitectura de la modernidad es su imagen en los medios"–, el de la sexualidad y ahora el de las redes.

¿De veras tienen relación arquitectura moderna y sexualidad?
No existe arquitectura sin sexualidad, ni sexo sin arquitectura.

Caramba.
La arquitectura moderna, que la representamos de manera tan racional y funcional, en realidad está llena de perversiones. Está interesada en la sexualidad, la violencia, las filosofías esotéricas, lo oculto, la farmacología, la vida extraterrestre, el fetiche. Siempre ha sido así.

Cuente, cuente.
Por ejemplo, todos los historiadores tratan de ocultar que Adolf Loos [1870-1933], considerado como uno de los arquitectos más correctos del movimiento moderno, se mudó de Viena a París porque le acusaron de pederastia. ¿Y quién puede pensar en el holandés Rem Koolhaas –autor de la sede de la televisión china en Pekín– sin pensar en la sexualidad? Para la Trienal de Milán [1985] plantó una escultura de la primera 'bodybuilder' de Los Ángeles en una interpretación del Pabellón de Mies de Barcelona.

¿Qué me dice de Gaudí?
¡Gaudí es todo sexualidad!

Pero si era un soltero ascético y ultracatólico, un santo laico.
A mayor represión, más salen los uniformes y otras excentricidades. El arquitecto y diseñador italiano Carlo Mollino [1905-1973], fascinado por Gaudí, montó la Casa Miller inspirándose en la Casa Milà, un escenario para sus fantasías sexuales.

Las mujeres ocupan un papel secundario en las fantasías.
Las mujeres siempre han estado muy presentes en la arquitectura, pero como fantasmas. Tenemos más influencia que si estuviéramos. Se sabe que Koolhaas sin Madelon [Vriesendorp] no hubiera sido nunca nada. Y no se puede entender a Le Corbusier sin la colaboración con Charlotte Perriand, ni a Mies van der Rohe sin la de Lilly Reich.

Eso era antes de que aparecieran los móviles, las redes sociales. ¿Se avecinan cambios?
Estamos entrando en una revolución de la misma envergadura que la de principios del siglo XX. El 'smartphone' ya nos ha convertido en otra especie. Y no es algo exclusivo del primer mundo. Lo emplean los masai para consultar el precio del grano (hay más teléfonos en África que personas). ¿Sabe qué es lo primero que preguntan la mayoría de los refugiados sirios al llegar a Europa?

¿Dónde pueden dormir, por ejemplo?
¡Dónde pueden cargar el móvil! El móvil es un nuevo tipo de habitación. Te protege. Da luz. Es donde guardas las fotografías. Te conecta a los tuyos. El teléfono se ha convertido en el refugio, que ya no tiene nada que ver con las paredes.

¿Qué tipo de espacio doméstico saldrá de todo esto?
Con la industrialización se separó el lugar del trabajo –la fábrica o la oficina– del de la vivienda. Ese es el tipo de ciudad en la que vivimos todavía. Pero con la llegada de los móviles, la idea de un horario de 9 a 5 ya es cosa del pasado. Ahora estás disponible las 24 horas, vivimos en el '24/7'. El 'Wall Street Journal' dijo que el 80% de los jóvenes profesionales en Nueva York trabajaban habitualmente desde la cama.

¿El 80% dice?
La cama se ha convertido en el espacio de trabajo. De alguna manera Hugh Hefner, el patrón de 'Playboy', se anticipó. El magnate casi no ha abandonado su cama redonda desde 1960, cuando se instaló en la Mansión Playboy de Chicago y la convirtió en el epicentro de un imperio global que ha dirigido en pijama y batín de seda.

Colchonero, una profesión con futuro.
Eso parece. La cama se convertirá en la nueva oficina de este siglo.

¿Bromea?
En absoluto. La era postindustrial devuelve el trabajo a la casa, y en particular, a la cama. El capitalismo representa el fin de la posibilidad de dormir. Coloniza cada minuto de nuestras vidas para que produzcamos y consumamos. Eso transforma la arquitectura porque definitivamente cambia la temporalidad y el espacio. Viviremos en un continuo, que es otra forma de explotación. ¿Qué forma tiene esta prisión en la que dejan de diferenciarse la noche y el día, el trabajo y el ocio?

¿La cama?
Exacto. Pese a que crees estar en ella viendo sitios para obtener el mejor precio de un viaje al Caribe, estás trabajando. Produces data. Todos trabajamos para ellos. Los refugiados mismos contribuyen a esta nueva economía.

Una lógica perversa.
Para entenderla es inspirador el 'snapchat', una red social en la que el archivo desaparece del dispositivo del destinatario entre uno y 10 segundos después. O que un niño de 5 años sea capaz de diseñar su propio avatar y diseñar su página en Facebook. Todos nos vamos a construir a nosotros mismos en este espacio. Existiremos como personas físicas, pero también en nuestros avatares, en lo que querríamos ser.

Suena poco apetecible.
No hay vuelta atrás. Nos enfrentamos a una situación que puede significar el final del trabajo tal y como lo entendíamos para mucha gente.

¿Entonces?
Hay visiones terroríficas, pero también iniciativas como la de Suiza, que plantó las urnas para saber qué pensaban sus ciudadanos sobre la renta básica universal (ganó el "no", pero es positivo que se planteara la pregunta). También la incubadora californiana Y Combinator ha repartido a 100 familias de Oakland un ingreso de entre 1.000 y 2.000 dólares mensuales durante un periodo de entre seis a 12 meses para ver qué pasa cuando no dependes del trabajo para vivir.

¿Pura jauja?
No esté tan segura. Habrá que esperar a los resultados.

¿Qué tiene que decir la arquitectura de todo esto?
Mucho.

La mitad de los profesionales no tienen trabajo.
En un momento tan difícil como el actual, los arquitectos pueden diseñar la mejor tienda de campaña para el refugiado, sí. O poner un parche aquí y otro, allá. Pero lo más importante es que no solo resuelven cosas, sino que imaginan e incluso filosofan. Es el momento de pensar. Siempre se piensa mejor cuando hay crisis que cuando no.

De eso no se come.
Deben pensar alternativas de futuro junto a las oenegés y las asociaciones de derechos humanos.

¿En qué sentido?
En Londres existe un grupo llamado Forensic Architecture que aporta pruebas a la justicia internacional, a organizaciones políticas y a Naciones Unidas. Por ejemplo, la reconstrucción digital de la cárcel siria de Saydnaya, cerca de Damasco, a partir del relato de los sonidos escuchados por los internos a través de cañerías y muros. El fin es llevar a los responsables de las torturas ante un tribunal.

Mientras, en su país adoptivo, Donald Trump podría ganar.
Yo vivo en Nueva York, 'cerca de EEUU'.

Ahí tiene el republicano un ático. ¿Opinión de experta?
Es una especie de pesadilla kitch. Todo lleno de oro, diamantes y mármoles. Es el escenario de la ostentación banal.

Puede que a los políticos no les interese la arquitectura.
A Clinton no le interesó, pero sí a Obama. Para su biblioteca y museo de Chicago –el futuro Centro Presidencial Obama–, se entrevistó con arquitectos buenísimos como Renzo Piano, Diller Scofidio, el estudio Snøhetta o el africano David Adjaye. Al final ha dejado el proyecto en manos de la pareja Tod Williams y Billie Tsien.

Y si no es indiscreción, ¿cómo es la casa de una teórica de la materia?
Es un loft en el Soho, un espacio industrial que fue una imprenta. Mi marido y yo pensamos que nos daría buenas vibraciones para escribir. Me gusta mucho ir de una punta a otra. Es como caminar en un paisaje.
  • Claves biográficas
  • Nació en Madrid, en 1950. Hija del director de la Escuela de Arquitectura de Valencia, eligió cursar Arquitectura en Barcelona. Se trasladó a Nueva York en 1982, y en 1988 empezó a dar clases en Princeton, donde fundó el programa en ‘Medios y Modernidad’.
  • Acaba de comisariar la Bienal de Estambul y es autora de los libros ‘Privacidad y publicidad’ y ‘La domesticidad en guerra’.
  • Ha inaugurado la exposición ‘1.000 m2 de deseo ’ en el CCCB con la conferencia titulada 'Las perversiones de la arquitectura moderna'.

martes, 25 de octubre de 2016

#hemeroteca #sexualidad #arquitectura | Sexo y arquitectura, una expo para quedar exhausto

Imagen: El Periódico / Diseño de Rudolf Michael Schindler
Sexo y arquitectura, una expo para quedar exhausto.
El CCCB inaugura un recorrido por la historia de la arquitectura lúbrica desde la Francia libertina hasta la actualidad.
Carles Cols | El Periódico, 2016-10-25
http://www.elperiodico.com/es/noticias/barcelona/sexo-arquitectura-una-expo-para-quedar-exhausto-5587452

París era en el siglo XVIII la capital más libertina de Europa. También, conforme avanzaba la centuria, era un caldero intelectual en el que despuntaban propuestas para edificar una nueva sociedad, como los falansterios de Fourier, por los que los estudiantes de secundaria actualmente pasan de puntillas en las clases de historia. Una lástima. Aquel licencioso siglo XVIII francés es el del real marqués de Sade y de los ficticios y no menos depravados vizconde de Valmont y marquesa de Merteuil y sus amistades peligrosas. Pero puestos a buscar una imagen icónica y menos común de aquella etapa, puede que nada mejor que el Oikema, la casa del placer que sobre plano concibió el arquitecto, urbanista y visionario Claude-Nicolas Ledoux. Si la planta de una iglesia es una cruz, la del edificio que proyectó Ledoux era, inequívocamente, un falo testiculado.

Estos preliminares viene al caso porque el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) abre hasta el próximo 19 de marzo 1.000 metros cuadrados dedicados al deseo, bajo el título inequívoco de ‘Arquitectura y sexualidad’, un viaje en el tiempo desde los espacios concebidos expresamente para el goce antes y durante la revolución francesa hasta la actualidad, hasta los cines porno, los espacios burbuja de los años 60 que dieron pie a la psicodélica ‘Barbarella’, con Jane Fonda condenada a morir de una sobredosis de orgasmos, las habitaciones oscuras de las noches homosexuales de Barcelona, el sexo virtual y, sobre todo, porque merece un capítulo aparte, Playboy. La exposición del CCCB no es una sino varias expos primorosamente cosidas. Tanto es así que ‘Arquitectura y sexualidad’ no tiene una comisaria, sino dos, AdélaIde de Caters y Rosa Ferré, y además una batería de responsables de cada sección, entre las que merece una mención especial Beatriz Colomina, tal vez una de las mayores expertas del mundo en Playboy, profesora en Princeton que sostiene, con fundamento, que lo más importante de la revista que en 1953 fundó Hugh Hefner son los artículos de fondo. En resumen, una expo para quedar exhausto.

"Lúdica, seria y juguetona"
Como director del centro cultural, Vicenç Villatoro explica que el CCCB aborda por primera vez el sexo como materia de debate y análisis “porque no se entiende la sociedad actual si no se habla también de sexo”. No es, queda todo el mundo avisado, una exposición destinada a la lubricidad. El único espacio vetado a los menores de 18 años es una recreación de un cine porno. El resto es un relato antítesis de los frívolo, profusamente documentado y denso, pero también, explica Villatoro, “lúdico, nada aburrido y juguetón”. Como ejemplo de ese último calificativo sirve a la perfección una réplica del orgón, un artilugio patentado en 1940 por el sexólogo austriaco, discípulo de Freud y víctima de la caza de brujas del macarthismo Wilhelm Reich. Era (y es, porque el CCCB exhibe uno) una cabina, más pequeña que una telefónica, confeccionada con más de 20 capas de materiales orgánicos e inorgánicos y que, según Wilhem, mejoraba la salud, sobre todo la sexual. A cualquier fiel al cine de Woody Allen le recordará el orgasmatrón de ‘El dormilón’. Al CCCB, también. Por eso la pieza se acompaña de un video en bucle de esa divertida escena de la película.

El relato de la exposición es, efectivamente, profundo, pero merecería incluso la pena solo por la gran cantidad de piezas originales cedidas por otros centros culturales, como el MoMA, la Bibliothèque Nationale de France, la Biblioteca Nacional de España, además de libros raros y grabados procedentes de colecciones particulares. Sorprende y da envidia lo que la gente puede tener en casa. Por ejemplo, ‘El triunfo del falo’, un conjunto de tres grabados cedidos por la enigmática Colección Mony Vibescu.

Sade, cómo no
El CCCB dedica una buena parte de los 1.000 metros cuadrados de la exposición a proyectos arquitectónicos reales (fueran o no ejecutados), pero abre una puerta también a la arquitectura ficticia contenida en la literatura de aquel rijoso final del siglo XVIII, como aquella “mazmorra abovedada” en cuyo interior “se hallaba todo lo que el arte más cruel o la barbarie más refinada pueden inventar en cuanto a atrocidad”, según palabras del propio Sade, que concluía tan inquietante párrafo con un giro narrativo magistral: “Y allí, ¡qué tranquilidad!”.

El CCCB, en definitiva, propone una excursión al oceánico mundo del sexo de un modo inusual, pero con el convencimiento de que tendrá tirón. Lo explica bien una de las dos comisarias, Rosa Ferré, cuando subraya que en la cama nunca se está solo. Cuando se acuesta una sola persona en ella, son dos, y cuando parece una pareja, en realidad es un trío. “Se cuela siempre entre las sábanas un tercer personaje, la fantasía”.

martes, 1 de mayo de 2007

libro | La domesticidad en guerra

La domesticidad en guerra / Beatriz Colomina.
Barcelona : Actar, 2007 [05]
1v. (pag.var.) : il.
ISBN 8496540103

Materias:
Arquitectura y sociedad - Estados Unidos.
Arquitectura doméstica - Estados Unidos.
Arquitectura - Siglo XX - Estados Unidos.
Biblioteca A-72.036(73) DOM

La arquitectura moderna aparece de manera simultánea a la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, sus lazos con las cuestiones bélicas son más profundos, intrínsecos. La arquitectura moderna toma prestadas -más bien recicla- las técnicas, los materiales y los sistemas desarrollados por el ejército. En aquella época, la nueva forma de domesticidad resulta ser un arma poderosa. Imágenes habilidosamente diseñadas de felicidad doméstica fueron lanzadas por todo el mundo como parte de una campaña de propaganda cuidadosamente orquestada. Los edificios se convirtieron en imágenes y las imágenes a su vez en una suerte de edificios, ocupados como cualquier otro espacio arquitectónico. La importancia de los arquitectos como Charles y Ray Eames reside en su particular sensibilidad frente a esta transformación. La domesticidad asediada es la marca de fábrica de los años de la posguerra y también el tema central de este estudio arqueológico. El libro de Colomina explora este fenómeno único desde ángulos diversos para construir una imagen polifacética de los tiempos, un retrato de ese estado de ánimo que nos sigue obsesionando.