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domingo, 8 de junio de 2025

#hemeroteca #lgtbi #memoria | Ekainak 10. Memoria Trans

 

Ekainak 10. Memoria Trans 
Entrevista a Julen Zabala, activista marika de Euskal Herria
Alternatiba, 2025-06-08 

Julen estructuró su militancia en EHGAM en el año 1979, meses antes de que un policía nacional asesinara en Errenteria a Francis Vadillo, una persona transformista, en una discoteca. En este vídeo, Julen nos explica los primeros pasos del activismo de la disidencia sexual y de género en Euskal Herria: cómo fueron esos primeros encuentros activistas, la organización en el primer colectivo gai de Euskal Herria, EHGAM; el asesinato de Francis como revulsivo para ocupar las calles, más tarde también las instituciones, con el objetivo de tumbar la Ley de Peligrosidad Social. También nos habla de cómo el SIDA acabó con muchas vidas, y de cómo muchas familias utilizaron la enfermedad para estigmatizar a la pareja sobreviviente y apropiarse de los bienes de las personas fallecidas. Sin lugar a dudas, una memoria que ha sido reivindicada año tras año: memoria LGTBIQ, memoria transbollomarika, memoria también de Euskal Herria. Sirva este pequeño vídeo como homenaje a todos, todas y todes les activistas marikas, bolleras, bisexuales y trans, y en especial a la Mikela, Mikel Martín, compañera de militancia en Alternatiba.

jueves, 17 de abril de 2025

#audiovisuales #lgtbi #memoria | Comienzos del Movimiento LGTBIAQ+ en España

 
Comienzos del Movimiento LGTBIAQ+ en España
Con Julen Zabala y Julen Gorosabel | NPI, TeleDonosti, 2025-04-17

¿Quieres saber cómo empezó todo? ¡Hoy viajamos al pasado para conocer los primeros pasos del movimiento LGTBIAQ+ en España! En un entorno nada fácil, valientes miembros del colectivo comenzaron una lucha que cambiaría la historia. Gracias a su valentía, hoy podemos disfrutar de los derechos que nos corresponden. Nos acompaña Julen Zabala, nuestra Wikipedia arcoíris y uno de esos activistas increíbles de los años 70 y 80. ¡No te lo puedes perder! ¡Prepárate para un viaje al pasado lleno de orgullo, lucha y mucha purpurina! – GaraziLaFantasy & TeleDonosti, Instagram, 2025-04-17

sábado, 10 de junio de 2023

#testos #lgtbi #memoria | Haciendo memoria de la lucha LGTBI+

Argia / Finalización de la mani de denuncia del asesinato de Francis, Donostia, 1979-06-12 //

Haciendo memoria de la lucha LGTBI+

Julen Zabala

El 24 de junio de 2023 el Grupo Noticias publicó en su suplemento ON el artículo titulado "Hamarkadaz hamarkada LGBTI+ kolektiboaren defentsan", sobre la evolución del activismo LGTBI+ en Euskal Herria, coincidiendo con la próxima conmemoración del 28 de junio. El autor del artículo es Andoni López Virués. Reproducimos aquí el cuestionario que me envió unos días antes para su elaboración y las respuestas tal y como se las envié el 10 de junio.

Respuestas al cuestionario enviado por Andoni López Virués, del grupo Noticias, el 7 de junio de 2023.

1. Primero de todo, ¿te podrías presentar? Julen, apellidos, en que año entraste en EHGAM, desde cuando estás dentro... Nos han dicho que eres la persona que conserva el archivo de EHGAM

Me presento: soy Julen Zabala Alonso y, aunque siempre he estado en contacto con EHGAM, hay dos periodos en los que he tenido un activismo más intenso, uno al comienzo, desde finales de los 70 hasta mediados de la siguiente década, y otro al inicio del nuevo milenio, desde el fin de los 90 y durante más de una docena de años. Y, sí, junto a otros activistas de esta última etapa, mantenemos el archivo de EHGAM, no solo la documentación física sino también la memoria de tantos años de lucha.

Desde hace un par de años EHGAM se está renovando con nueva gente, a partir de un proceso de revitalización denominado “berramesten”, dando inicio así un nuevo ciclo en este “movimiento de liberación sexual”. Quienes les hemos pasado el testigo queremos transmitirles esta memoria para que siempre tengan presente cuál ha sido nuestra pequeña historia de reivindicaciones, acciones y luchas contra cualquier discriminación y por conseguir nuestro sitio en la sociedad. Una memoria no solo histórica sino también sentimental.

2. En Estados Unidos existió Stonewall y los ataques de la policía al colectivo... pero en el estado español en general, ¿qué es lo que hace que el colectivo LGBT se organicé?

Los inicios del movimiento de liberación gay (tal y como se denominaba entonces a todo lo LGTBI+), en efecto, surgen en la revuelta de Stonewall en junio de 1969, aunque ya hubiera habido bastantes movilizaciones y acciones con anterioridad que podemos considerar de carácter homófilo. En el estado español surgieron también las primeras protestas en esa época y como reacción a la reconversión de la Ley de Vagos y Maleantes, que ya penalizaba la homosexualidad, en la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social (LPRS), que se aprobó en agosto de 1970 y que nos consideraba peligrosas sociales incluso antes de cometer el “delito” y que nos internaba en prisiones con el fin de “rehabilitar” y reinsertarnos en la sociedad cisheteropatriarcal. Así que ahí surgen, contra la LPRS y aquella represión, las primeras protestas y la organización clandestina de pequeños grupos homófilos, con Armand de Fluvià y Francesc Francino a la cabeza.

3. En Euskal Herria, como estallido del movimiento, a pesar de que EHGAM surgió dos años atrás, podemos hablar del asesinato de Francis, ¿no? ¿Qué supone ese hecho para el colectivo?

A partir de aquellas primeras protestas, se van formando y consolidando la organización de grupos y colectivos, ya a finales de 1975, nada más iniciarse la llamada “transición”, se crea el FAGC en Catalunya y enseguida el movimiento gay se va extendiendo a otros lugares. En Euskal Herria surge en 1976 EHGAM desde un encuentro casual de Antonio Kintana e Imanol Alvarez en la Feria del Libro y Disco vascos de Durango. Se organizó rápidamente en Bilbao y tuvo una presencia muy activa en las calles, reivindicando derechos y protestando contra la represión de la propia LPRS y el sistema mismo, así como denunciando, junto a otros colectivos sociales, hechos como que la prostituta María Isabel Gutiérrez Velasco apareciera calcinada en una celda de la cárcel de Basauri en noviembre de 1977. Aquellas primeras movilizaciones sufrieron gran represión y hubo redadas masivas, como la que tuvo lugar en octubre de 1978, lo que generaba nuevas protestas. La homosexualidad seguía estando penada.

El asesinato de Francis en Errenteria, el 10 de junio de 1979, supuso un nuevo hito y, además de tener una gran importancia para el grupo de EHGAM que funcionaba en aquel momento en Gipuzkoa, supuso un impulso para asentar la lucha del movimiento gay en general. De todas formas, lo que comento, en Euskal Herria ya se habían dado las primeras movilizaciones y se estaban organizando diferentes grupos, prácticamente en todos los herrialdes. El asesinato de Francis sí fue importante para que tuviera una mayor presencia de nuestras reivindicaciones y luchas en los medios de comunicación y también en el entramado político y social de entonces, que se nos empezara a tener en cuenta, podemos decir.

4. ¿Cómo son esos días posteriores al asesinato? ¿Qué decisión tomáis como colectivo?

Como digo, fue fundamental, sobre todo, para el grupo que funcionaba entonces en Gipuzkoa. Nos habíamos planteado organizar por primera vez una manifestación para conmemorar el 28-J, es decir, la jornada por la liberación gay, tal y como se denominaba entonces. La primera manifestación fue en 1977 por la Rambla barcelonesa. Al año siguiente, en 1978, ya se organizaron marchas, además de en Barcelona, en Bilbo, Madrid y Sevilla. Y, aunque nos lo habíamos planteado, no nos veíamos con fuerza como para poder organizar una manifestación. El asesinato de Francis, sin embargo, lo precipitó todo y tuvimos el valor de salir a la calle. La decisión fue muy rápida, de modo que se producen las primeras manifestaciones con visibilidad de gais y lesbianas en Gipuzkoa, primero en Errenteria y después en Donostia. El 12 de junio de 1979 queda marcado, así, en nuestro particular calendario de luchas y lo consideramos como nuestra primera marcha 28-J.

Francis supuso, para nuestro grupo, un tremendo revulsivo y nos dio gran visibilidad. Es cierto que se vivían unos momentos muy convulsos, una semana antes había sido asesinada en Tutera Gladys del Estal y el ambiente estaba más que caldeado. Que el asesino de Francis fuera un policía nacional también contribuyó a que contáramos con especial respaldo político, pues todavía no consideraban esenciales nuestras reivindicaciones. Hay que tener en cuenta también el nefasto tratamiento que dieron los medios de comunicación a la noticia, estigmatizando a Francis y casi justificando el crimen, tal y como solía recordar Mikel Martin, que fue una de las pioneras y clave en aquellas primeras movilizaciones.

Podemos decir que Francis, como se conocía artísticamente a Vicente Vadillo Santamaría, precipitó muchas cosas que, de otra forma, hubieran llegado, pero mucho más tarde. En cuanto a aquel grupo de EHGAM que funciona en Gipuzkoa lo fortaleció y cohesionó. A partir de aquel año siempre se han organizado actividades en recuerdo de Francis a lo largo del mes de junio y, cómo no, la manifestación del 28-J en Donostia.

5. ¿El desarrollo del movimiento es diferentes por territorios? Es decir, ¿hay diferencias entre Nafarroa, Bizkaia, Araba y Gipuzkoa?

Podemos decir que cada herrialde ha tenido su propia dinámica y en cada época ha tenido mayor peso uno u otro grupo. Está claro que desde los inicios hasta finales de la década de los 90 la organización más potente ha sido la de Bizkaia, que contaba con local propio, el Txokolanda, en Solokoetxe de Bilbo, y que editaba la revista Gay Hotsa, que fue fundamental para todo el colectivo. En algunos momentos los taldes de Gipuzkoa y Nafarroa han tenido también un papel más decisivo. Digamos que cada herrialde ha tenido su desarrollo, dependiendo del grupo de activistas con el que contaba en cada momento, aunque hay que señalar que el sentimiento de pertenencia a un mismo EHGAM y a una misma lucha ha sido constante.

6. ¿Cuáles son las proclamas de los primeros años del movimiento LGBT públicamente en Euskal Herria?


Las primeras reivindicaciones eran las que se recogían en la plataforma de la COFLHEE. Esta era la Coordinadora de Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español, que agrupaba a las organizaciones y colectivos que funcionaban entonces, incluyendo a EHGAM y el FAGC, los únicos grupos que todavía se mantienen. Esta plataforma se estableció en octubre de 1978 y constaba de 18 puntos reivindicativos, entre los que cabe destacar la obligación de impartir formación y educación sexual adecuada, considerando la sexualidad fuente de placer y de comunicación interpersonal y no solo como un medio de reproducción; la equiparación de la edad de consentimiento sexual con la establecida para las relaciones heteros; la igualdad entre mujeres y hombres en todos los órdenes; la supresión de toda discriminación por causa de prácticas sexuales; la condena de la injerencia de doctrinas morales de cualquier confesión religiosa en la sexualidad; el reconocimiento social del derecho a disponer del cuerpo propio, así como el derecho a mostrar públicamente su afectividad, a vestir como se quiera, a reunirse y asociarse.

También había otras reivindicaciones más coyunturales como la petición de derogación de la LPRS y otros artículos de los Códigos penal y militar que castigaban la homosexualidad o el escándalo público, vigentes en aquella época, además de la solicitud de Amnistía para quienes permanecían en las prisiones por homosexualidad o travestismo. Se incluían, además, reivindicaciones de otra índole, como los derechos al aborto o al divorcio. Además de los puntos de la COFLHEE, EHGAM añadía otras consideraciones ligadas a la realidad nacional, social y cultural de Euskal Herria, como, por ejemplo, la reivindicación del euskara.

7. A día de hoy, ¿han cambiado mucho esas proclamas? ¿Qué avances ha habido y por qué lucha ahora EHGAM?

Sí, tenemos que decir que las cosas han cambiado mucho, no hay duda. Sin embargo, todavía hay resistencias: seguimos viviendo en una sociedad muy machista y cisheteropatriarcal. Aunque parezca mentira todavía sufrimos rechazo, discriminaciones e, incluso, violencia. Ha habido avances en materia de derechos, pero la situación legal no se refleja en la realidad social. Hay que recordar que aquel primer activismo se tuvo que enfrentar a una gran crisis, la del VIH-sida, que produjo cambios radicales, añadió nuevos retos, planteamientos y reivindicaciones, nuevas formas de lucha y nuevas alianzas para combatir estigma y discriminación.

De aquella plataforma de 1978 todavía hay cuestiones en las que se ha avanzado poco: baste señalar, por ejemplo, en el acoso que sufren menores en el ámbito educativo o de socialización por su orientación o identidad sexogenéricas, o el miedo a manifestarte tal y como eres en el ámbito laboral, donde sigue marcado por prejuicios heterosexistas.

EHGAM también está comprometida contra la mercantilización de “lo gay”, la instrumentalización por parte de las instituciones políticas, el “pinkwashing” empresarial o la “homonormatividad” que se vive dentro del propio colectivo; todo ello forma parte de lo que Shangay Lily denominó, con gran acierto, “gaypitalismo”.

8. No estuviste desde el principio en EHGAM, ¿pero cómo fue la creación desde fuera? ¿cómo llegó a vuestros oídos que las personas LGBT se estaban organizando?

Conocí EHGAM a principios de 1979 y me incorporé enseguida al grupo que funcionaba en Donostia, o sea unos meses antes de que sucediera lo de Francis. En aquella época una de las mayores dificultades era conocer a alguien que fuera como tú, “diferente” a quienes tenías más cerca. En EHGAM no solo conocías a esa gente “distinta” y que además estaba no solo orgullosa de esa “diferencia” sino también dispuesta a mostrarla y defenderse en un medio tremendamente hostil en aquellos momentos. Fuimos una gente muy valiente. Uno de los grandes valores de EHGAM y del resto de grupos que funcionaron entonces fue que supieron crear una red de apoyo mutuo, de acogida, de ayuda para superar cualquier miedo y conseguir la autoaceptación lo antes posible y de la mejor manera. Aquellos grupos eran todavía alegales y, aunque tolerados, se movían en la clandestinidad; de todas formas, la prensa de la época sí les publicaba alguna nota y, con cierta dificultad, se podía contactar con los grupos que se estaban organizando.

9. ¿Cómo describirías la respuesta de la sociedad vasca hacia el movimiento LGBT en aquellos años? ¿Y la del resto de colectivos del movimiento popular vasco? ¿Ha habido cambios significativos desde entonces?

En aquellos inicios estaba todo por hacer. Lo primero fue buscar aliadas, tanto personas como organizaciones, y una labor ingente para ir convenciendo a las formaciones políticas y sociales que se consideraban progresistas de que “lo nuestro” también era imprescindible incorporarlo a sus programas y acciones. Nos costó, en general, muchísimo, pues las resistencias eran enormes y todo era muy machista, también en los partidos de izquierdas.

También en el resto de colectivos del movimiento popular vasco: nos miraban, en general, como si fuéramos bichos raros, algo extraño y, sobre todo, muy desconocido. A medida que compartíamos luchas y contaban con nuestro apoyo casi incondicional se nos iba aceptando. La mayor sintonía la teníamos con los taldes feministas, pues teníamos claro que cuanto nos oprimía era un mismo sistema machista y patriarcal. Luego también nos pasó lo mismo, tanto al activismo gay como al feminista, que las formaciones políticas consideraron que nuestras reivindicaciones no eran lo más urgente, que podían esperar hasta que se impusiera otro orden político.

La sociedad vasca era bastante conservadora y los partidos de derechas tenían la mayoría; eran tremendamente homófobos. A las derechas ni intentábamos convencerles de que por lo menos se plantearan nuestras cuestiones. Ahí sí, ahí sí que se puede ver un cambio significativo: la derecha vasca, con el tiempo, fue superando prejuicios y aceptando la igualdad de derechos, al menos formalmente.

10. ¿Podrías compartir alguna anécdota o momento destacado de tu activismo en EHGAM que haya dejado una huella en ti?

Pues un poco al hilo de estas resistencias recuerdo con orgullo que la moción que se presentó en apoyo a la legalización de EHGAM, entre otras reivindicaciones, se aprobara en Tolosa. Era el año 1979 y EHGAM desplegó una campaña presentando mociones en diferentes Ayuntamientos de Euskal Herria solicitando, en especial, el apoyo a su legalización. Era la primera vez que la política local trataba el tema de la homosexualidad. El PNV presentaba su cara más homófoba y judeocristiana y votaba en contra. En Tolosa, por un voto y para sorpresa de todo el mundo, perdieron. Podemos decir, con palabras de ahora, que fue uno de los primeros municipios que se manifestó como “gay-friendly”.

Otro de los “momentazos” que hemos vivido en el grupo de EHGAM de Gipuzkoa fue cuando el diputado general de aquel entonces [Xabier Aizarna], también del PNV, se negó a firmar una subvención que la Comisión de Salud y Servicios Sociales de la Diputación Foral nos había otorgado para organizar unas jornadas en homenaje a Francis en junio de 1981, segundo aniversario de su asesinato. Y se negaba porque se trataba, según él, de proselitismo, aunque estaba dispuesto, personalmente, a entregar el dinero que hiciera falta para quienes desearan curarse. Un viaje a Lourdes, vamos.

Pero una cosa de las que mayor huella me ha dejado es cómo nos duele cualquier sufrimiento por cuestiones de orientación o identidad sexogenéricas, sea en el lugar del mundo que sea. Hemos salido a la calle para denunciar la LGTBIfobia en Irán, en Polonia o en Uganda, lo mismo que cualquier agresión de este tipo, ya sea el asesinato de Samuel Luiz en A Coruña o las que se han dado en el entorno más cercano. Cualquier sufrimiento de este tipo lo sentimos como propio. Recuerdo, en especial, los suicidios de dos jóvenes trans, Aimar Elosegi “Moio” en Hernani en abril de 2007 y de Ekai Lersundi en Ondarroa en febrero de 2018. En ambos casos EHGAM reaccionó de inmediato y, junto a otros colectivos, no dudamos en tributarles nuestro reconocimiento, acompañar a sus familias y también denunciar el fracaso institucional y social que, lamentablemente, se dio en ambos casos.

miércoles, 16 de diciembre de 2020

#hemeroteca #lgtbi #activismo | Igualdad concede la Medalla de Oro a la Promoción de los Valores de Igualdad a Armand de Fluvià

Diario16 / Armand de Fluvià //

Igualdad concede la Medalla de Oro a la Promoción de los Valores de Igualdad a Armand de Fluvià.
Eva Maldonado | Diario16, 2020-12-16

https://diario16.com/igualdad-concede-la-medalla-de-oro-a-la-promocion-de-los-valores-de-igualdad-a-armand-de-fluvia/

El próximo martes 22 de diciembre a las 11 horas, tendrá lugar en el Saló de Cent del Ayuntamiento de Barcelona el acto de entrega por parte del Ministerio de Igualdad de la medalla de oro a la Promoción de los Valores de Igualdad a Armand de Fluvià. El acto contará con la presencia de la secretaria de Estado de Igualdad, Noelia Vera, la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y la Directora General de Diversidad Sexual y Derechos LGTBI, Boti G. Rodrigo.

Esta medalla tiene como fin reconocer la labor de aquellas personas físicas o jurídicas que se hayan distinguido de forma relevante en el ejercicio y promoción de los valores de igualdad, y en la eliminación de toda clase de discriminación basada en cualquier condición personal o social.

En 1969 el Gobierno de Franco llevó a Cortes la tramitación de la Ley sobre Peligrosidad y Rehabilitación Social, una nueva norma represora de la homosexualidad. En 1970, como reacción a esta nueva legislación, Armand de Fluvià, bajo el seudónimo de Roger de Gaimon, fundó junto a otros compañeros el Movimiento Español de Liberación Homosexual (MEHL). Con este acto clandestino se iniciaba, bajo la represión de la dictadura, la lucha del movimiento por los derechos de las personas LGTBI en España, siguiendo las estelas de los movimientos surgidos por todo el mundo tras las revueltas de Mayo del 68 y del Stonewall neoyorkino.

El MEHL se organizaba en células secretas de seis u ocho integrantes que se reunían en los pisos de algunos de estos. Una de las primeras acciones del grupo fue el envío desde París de una carta a los obispos procuradores en Cortes y a algunas revistas y diarios, con el fin de intentar paralizar la aprobación de dicha Ley. Aunque finalmente fue aprobada, se consiguió suavizar su contenido. EL MEHL publicó 18 números de un boletín que se llamó AGHOIS. Aunque era publicado en Barcelona, por motivos de seguridad, se llevaba a Francia para ser enviado por correo postal desde allí. Tras la muerte del dictador, en 1975 se dio por disuelto el MEHL y se fundó el Front d’Alliberament Gai de Catalunya (FAGC), que dos años más tarde convocaría en Barcelona la primera manifestación por la libertad sexual del Estado español.

Armand de Fluvià también se encuentra detrás de la constitución de la Coordinadora de Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español (COFLHEE), el Casal Lambda y la FELGTB. De Fluvià también fue autor de varias publicaciones entre las que cabe destacar ‘El Moviment Gai en la clandestinitat del franquisme (1970-75)’ y ‘S.I.D.A. ¿Maldición bíblica o arma letal?’ en colaboración con Alberto Cardín, así como de numeroso artículos y conferencias sobre temática homosexual.

Armand de Fluvià ha recibido numerosos premios y reconocimientos, entre los que cabe destacar la Creu de Sant Jordi (2000), la Medalla d’Honor de Barcelona (2008) o la Medalla d’Or al Mèrit Cultural del Ayuntamiento de Barcelona (2015).

La trayectoria, la implicación y el firme compromiso de Armand de Fluvià a lo largo de toda su vida con los valores de igualdad y de lucha contra la discriminación por razón de orientación sexual e identidad de género, justifican que le sea concedida por parte del Ministerio de igualdad la Medalla a la Promoción de los Valores de Igualdad. Todo ello en un momento especialmente significativo, que coincide con el 50 aniversario de la fundación del MEHL, la primera organización en España de defensa de los derechos de las personas LGTBI.

miércoles, 26 de febrero de 2020

#hemeroteca #mariconeo #activismo | Sejo Carrascosa: «No estamos cuestionando la bicha: la heterosexualidad obligatoria»

Imagen: Pikara / Sejo Carrascosa
Sejo Carrascosa: «No estamos cuestionando la bicha: la heterosexualidad obligatoria»
Sejo Carrascosa alerta sobre que, si las identidades subversivas desaparecen, políticamente estamos perdidas porque el sistema enseguida nos cooptará». En una época de explosión de las identidades, el histórico activista marica insta a «buscar estrategias conjuntas frente a un enemigo común».
Itziar Abad | Pikara, 2020-02-26
https://www.pikaramagazine.com/2020/02/no-estamos-cuestionando-la-bicha-la-heterosexualidad-obligatoria/

Sejo Carrascosa comenzó su militancia en grupos libertarios y antiautoritarios, a los que siguió la CNT. Su primera movilización fue en el instituto, contra la segregación por sexos que imponía la dictadura: «Había dos edificios: uno, para chicas y otro, para chicos. Llegó un momento en el que les dio por separarnos también en el patio. Primero fue por horas. Los chicos entrábamos a las 9:00 y las chicas a las 9:30 o viceversa. Luego pusieron un alambre, que arrancamos, y más tarde, una pared de ladrillo, cual muro de Berlín, que tiramos a patadas. Éramos de barrio, más brutos que un arado...». El activismo marica lo inició en el FLHOC (Frente de Liberación Homosexual de Castilla) hace tantos años que, por aquel entonces, Madrid, su lugar de origen, aún pertenecía a Castilla la Nueva. Actualmente, Sejo Carrascosa forma parte del colectivo gasteiztarra Lumagorri ZAT (Zisheterosexismoaren Aurkako Taldea).

¿Qué reivindicaban estos frentes de liberación?
Además del tiempo para el bocadillo, pedíamos tiempo para poder ligar o clases para aprender a darse por el culo. Queríamos potenciar las relaciones sexuales en las fábricas, porque planteábamos la homosexualidad como un espacio de liberación del capitalismo. Frente a la producción capitalista, sistema totalmente opresivo, las consignas eran gozar de nuestros cuerpos y abolir el trabajo asalariado: ‘Estamos aquí para gozar, no para currar como cerdas’. También reivindicábamos las relaciones intergeneracionales, porque considerábamos que la edad era una imposición más del sistema capitalista. A los 14 no se podía follar ni elegir con quién follabas, pero sí se podía currar. De hecho, había mucha gente trabajando a partir de esa edad para poder irse de casa de los padres. Aborrecíamos la familia tradicional que, además, era uno de los puntales de la dictadura. Los frentes de liberación formaban parte de la contracultura; no había cosa que no cuestionáramos.

¿Quiénes los componían?
En aquella época, las identidades no eran tan cerradas como ahora porque la lucha era una cuestión de liberación sexual. De forma totalmente estratégica, no reinvindicábamos las identidades homo/hetero. Así, nadie tenía que identificarse de ninguna manera. Los frentes de liberación estaban en todo el Estado y se politizaron cuando llegaron las feministas lesbianas, de la mano del marxismo y del anticapitalismo.

¿Y después del FLHOC?
Cuando te empiezas a drogar no te queda tiempo para...
 
...hacer frente al capitalismo.
¡Bastante tienes con evadirte de él! (risas)

Vuelves en el año 92, como promotor del grupo Radical Gai.
Era un domingo de rastro en Madrid. Había habido un encuentro de la Coordinadora de los Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español, que aún se mantenía como estructura. La Radi la montamos la gente más izquierdista de COGAM [el colectivo LGTB+ de Madrid], que salió de ahí porque el colectivo ya había hecho una apuesta bastante asistencialista, y yo, que era de los pocos que no venía de esa escisión. En aquella época se empezó a abrir la caja del asistencialismo: servicios, orientación, asistencia, etc., lo que exigía rebajar tus principios y, en consecuencia, una despolitización. Anduvimos un par de días buscando un nombre para el nuevo grupo. ‘La Josefin’ planteó que nos llamáramos Confecciones La Rata, por nada en particular... (risas). La Radical Gai era un espacio de supervivencia o de sociabilidad. Ya habían surgido los movimientos okupas, que suponían la autonomía de las instituciones y una crítica a la sociedad, al consumo, a la vivienda, a la convivencia… Estaba Minuesa, que era un centro okupado grande, con una imprenta enorme, donde se hacían fiestas. Nos reuníamos en la fundación anarquista Aurora Intermitente, donde tenía también su sede una agencia de noticias alternativa llamada UPA. Nos impregnábamos de todo aquello.

¿Por qué la Radical Gai resultó tan transgresora?
Modestia aparte, éramos bastante geniales tocando las pelotas. Lo primero que hicimos fue llenar Madrid de pintadas: «Maricas para ligar, maricas para luchar», porque ya existían los bares de ambiente y se había derogado la ley de peligrosidad social. Por entonces estaba al pilpil el movimiento okupa y el de objeción de conciencia, en donde algunas mujeres empezaban a cuestionar la estructura y a denunciar el machismo interno. En la Radical Gai había maricas que también eran objetores y querían ser insumisos. Ahí creamos la ‘insumisión gai’, que planteaba: «Al ejército no vamos no porque no creamos en las guerras, sino porque qué vamos a hacer allí con tantos hombres si no nos los podemos follar» (risas). Editamos un dossier muy bonito titulado ‘Levanten nalgas’. La objeción suponía radicalizarse porque la cárcel estaba de por medio. Había carnalidad en la represión. Que te metieran en la cárcel era chungo.

Practicábais la interseccionalidad avant la lettre.
Mariconizábamos todo lo que tocábamos. Interveníamos en movimientos ‘generales’ porque todos trataban el rollo marica como ‘lo vuestro’. Hacíamos muchas acciones para cuestionar la heterosexualidad, lo cual nos costó muchas amistades... «¿Qué pretendéis, que nos hagamos todos maricas?», nos preguntaban. Y nosotras: «Todos, no, pero ese de ahí...». (risas). Un día pillamos una reglamentación de Renfe que advertía a sus servicios de seguridad que tuvieran cuidado con mendigos, insumisos y homosexuales. Nos fuimos a Chamartín a montar tal show que terminamos detenidas 50 personas. Pasara lo que pasara dábamos el cante. ¿Que el grupo Cuba Dura, al que llamábamos Cuba Erecta, convocaba una mani? Pues ahí íbamos nosotras, con el panfleto «Nos da por Cuba», para denunciar el tratamiento que se daba en ese país a los gaises. ¿Que era jornada de huelga? Pues llenábamos Chueca de pintadas: «La patronal es heterosexual». Y salía el dueño de un bar: «Yo no soy heterosexual». Y nosostras: «Ya, pero eres un explotador que no pagas a los camareros». Todo lo que hacíamos suponían broncas grandes y debates perpetuos. La radicalidad nos venía del hecho de plantear respuestas concretas a cosas que pasaban. Estábamos muy politizadas, teníamos ganas y no dependíamos ya de consensos con gente asistencialista de COGAM. Todo esto sucedía en torno a Lavapiés, donde vivíamos la mayoría de activistas y donde aún no había gentrificación.

¿Y con la eclosión del VIH?
Vino la gran bronca en el activismo. Para tratar de evitar que la sociedad hiciera la ecuación ‘gaises sida’, el VIH se convirtió en un tema tabú. Sin embargo, la Radical Gai supo darle un carácter social muy grande. ¡¿Cómo no íbamos a tocar el tema?! Mis amigas lesbianas tuvieron un papel protagonista en la lucha contra el VIH que, gracias a ellas, se politizó mucho más. La cosa estaba jodida: enfermedades, hospitales, muertes... Veíamos lo rápido que moría la gente, en un periodo de entre tres y seis meses. La prueba no estaba ni mucho menos generalizada y faltaban medicamentos así que, cuando la gente entraba al hospital con algún tipo de enfermedad, muchas veces tenía ya deterioradísmo su sistema inmune. El sida se cebó en los sectores más vulnerables de la sociedad: los yonquis, los presos, las mujeres, las trabajadoras sexuales. Veníamos de épocas de heroína. Eso sirvió para que mucha gente ajena a los gaises se concienciara e involucrara en la lucha contra la infección. Vía carta y fax nos relacionábamos con los grupos Act Up! de la época: de Estados Unidos, Francia, Inglaterra y Holanda. Conocíamos sus formas de acción y queríamos que las nuestras, ante tanto sufrimiento, también fueran más allá, aunque nos detuvieran.

Si tu pluma les molesta, ¡clávasela!

Ese eslogan se nos ocurrió en la fotocopiadora, haciendo unas pegatinas antifascistas para un 20N. Reivindicábamos mucho la pluma, por ser la feminidad una de las mayores potencialidades subversivas del movimiento marica. La gran maestra Empar Pineda decía que los chicos les debían mucho a todas las maricas, que si ahora pueden llevar pendiente y demás cosas estéticas es gracias a ellas. Estaba también el movimiento de gaises, de corte más posibilista y asistencialista. Hoy en día, en el Estado español, en círculos okupas, antiespecistas y veganos hay muchos grupos maricas que reivindican la pluma. Y yo lo celebro.

En el 95 abandonaste Madrid y te instalaste en Gasteiz. Es el sexilio a la inversa...
¡Ojo con Gasteiz que aquí se mandó a hacer puñetas a la Virgen Blanca! Dos cuerdas y ¡pumba! Ahí la tienes ahora, metida en una hornacina. También eran famosas las procesiones ateas en Semana Santa. Cuando llegué, Gasteiz era un punto muy importante del movimiento autónomo y alternativo, pero todavía había mucha gente en el armario. Eso me supuso cierto choque porque yo ya venía de una visibilidad absoluta. Por ejemplo, todavía pesaba que te vieran en la prensa y los grupos que existían eran aún espacios de sociabilidad a los que se iba para conocer gente. Al no ser esto una gran ciudad, faltaban referentes. En Madrid estaba Chueca.

¿Te parece estratégico que el movimiento LGTB incida en la agenda institucional?
El movimiento LGTB no tiene una buena agenda, una que reivindique acabar con los privilegios de la heterosexualidad y romper la base social, totalmente heterocentrada y, por ende, asimétrica, machista y misógina. La heterosexualidad es una identidad tóxica y nociva, pero es muy difícil entrar a cuestionar eso. El matrimonio es una de las grandes herramientas de la heterosexualidad, un contrato para tener a la mujer ahí atada con la prole. Fíjate si papá y mamá tienen privilegios que hasta la Constitución les reconoce la libertad para educar a sus hijos, dando por descontada su capacidad para hacerlo. ¡¿Dónde se ha visto esto, por Dios?! La educación es la única forma que tiene la sociedad de salvar a esas criaturas de las creencias de sus padres. ¡Y encima les dejamos que las lleven a la escuela concertada! Las criaturas están siendo utilizadas como una especie de gran foco de censura y de políticas totalmente antisexuales y antidiversidad: «Los niños no pueden verlo».

Ni el nudismo en la playa.

Ni exposiones en un museo. ¿Cómo no van a poder ver cuerpos desnudos o gente follando, pero sí matándose entre ella? Hay ciertos temas que hemos convertido en tabú. Entonces, volviendo a que el movimiento incida en la agenda institucional, no me interesa que la incidencia consista en una gestión de la diversidad, porque va a ser liberal y sectorial. Quiero incidir con enfoques y puntos de partida que envuelvan a toda la sociedad y que tengan en cuenta los posos de exclusión que ha habido históricamente: por qué las mujeres no están en el ágora o por qué los maricones no hemos cumplido la función del hombre, tocando así el núcleo duro del sistema. La producción no es lo único que lo sostiene.

¿De qué más cosas se vale?

En estos momentos, el sistema capitalista ya no quiere a los cuerpos por productivos, sino por deseables, por exitosos en términos sociales, porque de producir se encargarán los robots y las fábricas en los países empobrecidos. ¿Y aquí a qué nos vamos a dedicar? A tener cuerpos con éxito. De ahí la gordofobia y la construcción de cuerpos no deseables, los que están fuera de los cánones estéticos, los negados, los expulsados más allá de los márgenes porque son incapaces de tener el éxito social. La productividad y el éxito son una imposición del sistema de tener que ser algo. ¿Por qué no limitarnos a vivir, que puede ser bastante enriquecedor?

Decías antes que «el matrimonio es una de las grandes herramientas de la heterosexualidad». ¿Cómo casa esto con el matrimonio igualitario?
El matrimonio igualitario consiguió que las personas no heterosexuales fueran tan vulgares y ordinarias como el resto (risas). A nivel político, supuso legitimar estructuras que van en contra de los derechos individuales. No obstante, representó un gran logro, ante un derecho conculcado, que mitigaba en cierta medida una situación lacerante como era la pandemia del VIH/sida. Ocurría que, cuando moría alguien, su familia homófoba se quedaba con todo el patrimonio y dejaba sin ninguna propiedad a su pareja, en contra de la voluntad de la propia persona fallecida, por falta de una relación contractual de por medio. Pasaba también que, si el enfermo estaba hospitalizado en un centro privado, la familia prohibía la visita de la pareja.

Vale, el movimiento LGTBI no tiene una «buena agenda» para la incidencia. ¿Qué hay de las instituciones? ¿Están a la altura?
La mercantilización y el consumo que han creado en torno a la identidad gay representa una forma de cooptación brutal. Ahora para ellas no somos más que un target económico con el que pueden lucrarse. El pride es el ejemplo más evidente de eso y también de pinkwashing: lo montan para generar unas pelas y, de paso, tienen coartada para poner a sus municipios la medallita de los derechos humanos. Estamos inmersas en un espectáculo continuo, en el que tanto dinero aportas tanto vales. Asistimos a que en las instituciones hay gente sin ninguna conciencia. Hay gaises en Ciudadanos, en Vox, en el PP... que consideran que la orientación sexual y la identidad de género pertenecen al ámbito de la intimidad. ¿Dónde queda la potencialidad subversiva?

¿Hemos perdido el norte con las identidades?
Me parece una ida de olla. Hay una cosa muy importante: la identidad es un efecto, no una causa. No debemos caer en políticas identitarias. Son el equivalente a políticas neoliberales y nos encorsetan, porque parten de un enfoque en absoluto interseccional. Podemos ser hiperidentitarias, pero el no saber jugar con las identidades nos ha llevado a rebajar la carga reivindicativa. No estamos cuestionando la bicha: la heterosexualidad obligatoria, de Adrienne Rich; o la heterosexualidad como construcción política, de Monique Wittig. Ya está bien de seguir promocionando la heterosexualidad, de hablar de diversidad por todas partes en lugar de disidencia. Si las identidades subversivas desaparecen, políticamente estamos perdidas porque el sistema enseguida nos cooptará y, a cambio, nos dará unas miguitas. «Aquí están los gaises; aquí, los judíos; aquí, los gitanos...». Debemos buscar estrategias conjuntas frente a un enemigo común, igual que hicimos en la época del sida. Entonces no caímos en el identitarismo de «hablo yo que soy el enfermo y tú te callas», sino que teníamos el convencimiento de que la lucha era de todo el mundo: «Si te mueres tú, que eres mi amigo, ¿cómo no me va a afectar?».

Y con el repunte del fascismo...
La gente no se hace una idea de lo que es eso... En el año 80, después de una mani en Argüelles, zona facha, al hijo de un ministro y a su novio les metieron un palizón que los mandaron al hospital. Hoy en día, el fascismo en Madrid vuelve a estar crecido y a gozar de mucha impunidad. Su repunte nos va a obligar a evitar de nuevo los espacios geográficos en donde se localizan los mecanismos del desprecio. Vamos a asistir otra vez a la zonificación de las ciudades, a tener que elegir una zona u otra según la seguridad que ofrezca. Es una vuelta al armario. Cerca de donde tenga la sede Vox, por ejemplo, nos andaremos con cuidado con los símbolos que llevamos, como esta chapa y esta banderita del orgullo en mi bolso.

En 'El libro del buen Vmor'. Sexualidades raras y políticas extrañas, coordinado por Fefa Vila y Javier Sáez, escribes: «Hablar del sida es encarnar la vergüenza de sentirse superviviente». Suena durísimo...
Haber sido parte de una generación que se pierde y, sin embargo, seguir vivo me sitúa en un espacio privilegiado e incómodo. ¿Por qué yo no y otra gente sí? No sé si me toca ser el testimonio, el recuerdo o, simplemente, vivir con un déficit o un vacío. Luego hay algo muy ligado al holocausto: el imperativo moral de convertirse en memoria, una forma de dejar de ser tú misma.

Una última pregunta: ¿por qué dices gaises?

Para mí esa es una forma de alejamiento y de cuestionamiento de las identidades más despolitizadas, de las que están dentro de la moda y de las políticas de consumo, de las que no buscar subvertir, sino integrarse.

viernes, 5 de julio de 2019

#hemeroteca #lgtbi #orgullo #activismo | De la clandestinidad a la cabecera del Orgullo: las históricas que abrieron las puertas del armario

Imagen: El Diario / Boti García Rodrígo
De la clandestinidad a la cabecera del Orgullo: las históricas que abrieron las puertas del armario.
Armand de Fluvià, Carla Antonelli y Boti G. Rodrigo son tres de las activistas históricas que llevarán la pancarta de cabecera este sábado en el Orgullo LGTBI. "Nos reuníamos a escondidas en pisos. Vivíamos una doble vida", cuenta Armand sobre la fundación en la clandestinidad del primer colectivo gay en España, en 1970. Con 17 años, Carla huyó de su casa para poder desarrollarse como era, una mujer. "A mí el activismo me ha dado un diccionario para entender la vida que merece ser vivida. En el activismo me reconozco en casa", dice Boti.
Marta Borraz | El Diario, 2019-07-05
https://www.eldiario.es/sociedad/Historicas-cabecera-abrir-camino-arcoiris_0_917258883.html

Cuando Armand de Fluvià fundó el primer colectivo gay de España lo tuvo que hacer en la clandestinidad y bajo pseudónimo. Unos años después, Carla Antonelli huía del pueblo que la vio nacer para poder ser quien era y Boti García Rodrigo vivía con el anhelo del activismo en el que más tarde despuntaría. Armand, Carla y Boti son tres de las activistas históricas que este sábado ocuparán la cabecera de la manifestación del Orgullo LGTBI. Los tres sujetarán la pancarta que pretende homenajear a los mayores y recordar la represión que sufrieron por sentir y ser diferentes a lo que la férrea norma marcaba.

Junto a ellas tres, dos decenas de activistas más relegarán a los partidos políticos, que tradicionalmente han ocupado ese lugar, a la cola de la marcha. El objetivo es recuperar el espíritu reivindicativo de Stonewall, la revuelta neoyorkina que en 1969 inició el Orgullo tal y como lo conocemos. Por aquel entonces, Armand de Fluvià (Barcelona, 1931) miraba con inquietud lo que estaba ocurriendo en Nueva York, donde "había un ambiente diferente" al de la oscura y represiva España franquista. Y un año después, a sus 39, fundó el Movimiento Español de Liberación Homosexual (MELH).

"Nos reuníamos a escondidas en pisos, de los que salíamos de uno en uno para no llamar la atención. Era una época en la que vivíamos una doble vida y siempre con miedo a que nos detuviera la Policía", cuenta mientras recuerda las peripecias que pasaba el grupo para imprimir la revista homosexual ‘Aghois’ y sortear la censura franquista. De mes en mes, cruzaban la frontera para llegar a la región francesa de Perpiñán, desde donde la enviaban a París para su posterior distribución en España. Entonces, el principal objetivo del MELH era la derogación de la Ley de Peligrosidad Social, usada de forma sistemática para perseguir a los LGTBI.

Carla Antonelli (Güímar, 1959), mujer trans y actual diputada del PSOE en la Asamblea de Madrid, fue víctima de esa represión legal de forma cotidiana. Con 17 años, huyó de su casa natal "porque allí era imposible desarrollarme como lo que era" y se fue a vivir a las Palmas de Gran Canaria "con 300 pesetas en el bolsillo". "Allí me di de bruces con la sociedad del momento, con las leyes que nos perseguían. Recuerdo mucho la noche de San Juan de 1977, cuando la Policía me detuvo y me dio una paliza en comisaría. Acabé en un charco de mi propia sangre y le cogí un miedo atroz a la calle. Aquello era durísimo", relata.

Mientras tanto, Fluvià seguía en la militancia activa por la liberación sexual y había impulsado, tras el MELH, la creación de varios de los llamados Frentes de Liberación Homosexual (FAC) en algunas comunidades autónomas. El de Catalunya, aún ilegal, convocó la primera manifestación por los derechos LGTBI de España, que recorrió Las Ramblas de Barcelona en 1977 para pedir la derogación de la leyes franquistas contra la homosexualidad. La marcha acabó con la represión de la Policía, que dispersó a los manifestantes con golpes y balas de goma.

Siempre dice que llegó tarde a todo –"al activismo, a la conciencia política, al feminismo"–, pero Boti G. Rodrigo (Madrid, 1945) lo hizo pisando fuerte. "Yo sufrí las normas del nacionalcatolicismo, pero era una niña tranquila y solitaria que iba a mi bola. ¿Yo me daba cuenta de que era lesbiana? No. De lo que me daba cuenta es de que era rara, y eso me decían mis mayores...", recuerda sobre su infancia. El ambiente universitario sembró en ella una semilla que ya no se fue nunca: la del activismo. "Nunca estuve dentro del armario, pero sí llegó un momento en el que notaba que necesitaba ser activa en mostrar cómo yo era. Veía el Orgullo por televisión y sentía que quería estar allí". Era el principio de los años 90.

Imagen: El Diario / Carla Antonelli
La vida activista
En aquellos años, Carla ya llevaba un tiempo viviendo en Madrid, donde había salido en varios reportajes periodísticos en defensa de los derechos de las personas trans, y militaba en el PSOE. "Nos trataban de enfermos, imagínate... .pero yo aprovechaba para visibilizar. En aquella época no había referentes", explica. En 1997 empezó a coordinar el Área Transexual del Grupo Federal GLTB del partido. Empezaba a despuntar políticamente, pero había pagado un precio por ser quien es. "Salí de mi casa y no pude regresar. Tu familia no te entiende, oyes barbaridades e incluso hermanos que te dejan de hablar hasta el día de hoy".

La mítica libreria Berkana, regentada aún a día de hoy por Mili Hernández en el corazón de Chueca (Madrid), fue el destino al que llegó Boti en busca de aire de libertad "y de otra gente que fuera como yo". "No entré directamente. Pasé varias veces por delante de la puerta hasta que me decidí. Allí estaba Mili, todavía lo recordamos y nos reímos, a la que le dije que creía que era lesbiana. Tú donde tienes que ir, me dijo, es a COGAM". Y allí se plantó. En 1995 se unió al colectivo, fundado en 1985 tras una reunión de la Coordinadora de Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español en Madrid.

Boti se curtió en COGAM, llegó a ser su presidenta –cargo que repetiría luego en la posterior Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB)– y aprendió "muchas cosas", entre ellas, "que había muchos gais y muy pocas lesbianas". "Había una misoginia bestial. Recuerdo que nosotras teníamos un grupo que nos reuníamos creo que los viernes. Bueno pues uno de estos días llegamos a la sede y nos encontramos con pintadas enormes en el pasillo que rezaban 'fuera lesbianas'. Eran mensajes claramente lesbófobos por parte de miembros del colectivo", rememora.

Imagen: El Diario / Armand de Fluvià
Lo que está por venir
Carla también relata la exclusión de las personas trans del movimiento LGTBI, que siempre ha tenido una deuda pendiente con ellas. "Éramos ninguneadas y detestadas, e incluso se opinaba que dábamos una mala imagen al colectivo. Esto viene desde Nueva York, donde el ‘Power Gay’ absorbió incluso a las lesbianas".

Son muchos los hitos personales y políticos que Armand, Carla y Boti han retenido en la mente. La derogación de la Ley de Peligrosidad Social, la legalización de los colectivos a principios de los 80, la aprobación del matrimonio igualitario en 2005 o la puesta en marcha de la ley de identidad de género dos años más tarde, citan. "Pasamos de la nacional católica España a ser un referente", resume Armand.

Boti nombra además su propia boda, "una mezcla perfecta de la teoría y la práctica, entre el amor y el activismo". "Entonces había muy pocas bodas de mujeres, así que Pedro Zerolo nos dijo: tenéis que casaros. Y eso hicimos". Entonces, el PP había presentado el recurso ante el Tribunal Constitucional contra las bodas entre las parejas del mismo sexo, que en 2012 fueron declaradas constitucionales. "Fue una alegría enorme... Recuerdo celebrándolo en la Puerta del Sol con muchísima emoción", dice Boti. Tres años antes, Carla volvía a pasear por las calles de su pueblo 33 años después para recibir un premio.

Los tres activistas históricos a los que este sábado rendirá homenaje el Orgullo LGTBI saben mucho del pasado, pero no pierden de vista lo que está por venir. "Tenemos que estar ojo avizor y muy atentos ante el auge de la extrema derecha", dice Armand a sus 87 años. "Están trabajando para hacer de este país otra vez el país en blanco y negro del que salimos... Y no lo vamos a permitir", concluye Boti.
  • Un Orgullo, un reto y una lección
  • Un Orgullo
  • Boti: El de 2005. Fue el año del matrimonio igualitario y el primero que acabó en Colón. Fue muy multitudinario.
  • Carla: Recuerdo dos. El de 1980. Hubo altercados con neonazis y ahí sentí mucho la falta de espacio en esta sociedad. Recuerdo también el primero en el que hubo carrozas, en los 90. Ahí sentí lo contrario: que las calles eran nuestras y teníamos permiso para vivir y ser.
  • Armand: El de 1977 en Nueva York. Es el que más recuerdo. Fue una experiencia extraordinaria.
  • Un reto
  • Boti: Es el momento de rearmarnos. Debemos hacer un activismo muy político y una militancia más consciente que nunca.
  • Carla: Yo lo que deseo es que el colectivo LGTBI se unifique más si cabe. Ante la extrema derecha, la unión es la herramienta indispensable para combatir a quienes nos quieren hacer repetir la Historia.
  • Armand: Debemos seguir luchando contra la LGTBIfobia en todos los sitios, sobre todo en los aparatos transmisores de la ideología dominante: los medios de comunicación y la educación.
  • Una lección activista
  • Boti: A mi el activismo me lo ha dado todo. Me ha rellenado. Me ha enseñado cuáles son las verdades por las que tenemos que luchar y me ha dado un diccionario para entender la vida que merece ser vivida. En el activismo me reconozco en casa.
  • Carla: La supervivencia. Porque, sin duda alguna, mirando hacia atrás, con todo, lo bueno y lo malo, concluyo que todo ha merecido la pena. Que lo volvería a repetir una y 10.000 veces.
  • Armand: El activismo me ha enseñado, sobre todo, que si luchas, consigues las cosas. Y si no luchas, te oprimen y te reprimen.

viernes, 28 de junio de 2019

#hemeroteca #lgtbi #orgullo #activismo | El legado de Stonewall Inn

Imagen: El País / Arcópoli en MADO 2018
El legado de Stonewall Inn.
La revuelta de 1969 fue un punto de inflexión para los grupos que defendían los derechos de gais, lesbianas y transexuales.
Enric Prat / Jordi Mir | El País, 2019-06-28
https://elpais.com/elpais/2019/06/27/opinion/1561629643_815907.html

Este año se celebra el 50º aniversario de la revuelta que se inició la madrugada del 28 de junio de 1969 en el Stonewall Inn, un bar situado en el barrio de Greenwich Village de Nueva York, que era frecuentado por gais, lesbianas, travestis y transexuales. Un pequeño espacio donde intentar convertir en libertad la represión sufrida en su sociedad. Después de una nueva redada, cuando los policías iban sacando la clientela a la calle para trasladarla a la comisaría, una multitud de personas se concentró delante del local. Los agentes se encerraron en el bar, después llegaron refuerzos policiales y se iniciaron los enfrentamientos.

En el marco de aquella lucha, en la que participaron unas dos mil personas, diversos grupos decidieron formar, en Estados Unidos, el Gay Liberation Front (GLF). Se declararía el 28 de junio Día del Orgullo, en recuerdo de la revuelta de Stonewall, y la primera manifestación del Orgullo se realizaría en Nueva York en 1970.

Stonewall representó un punto de inflexión para los grupos que defendían los derechos de las personas gais, lesbianas y transexuales. Pasaron a la ofensiva, saliendo a la calle a reclamar sus derechos y a proclamar públicamente el orgullo que sentían. La creación del GLF estimuló la constitución de grupos y frentes de liberación gais en muchos países.

La revuelta de 1969 puede ser vista como un punto de no retorno. Llegó al final de una década de gran movilización social en muchos países y tras el cambio cultural que en diferentes ámbitos desencadenó el año 1968. Se pasó de la ocultación, el miedo y la vergüenza al orgullo, a la reivindicación y a la voluntad de transformar unas sociedades autoritarias, represivas, discriminadoras y generadoras de dolor.

En España se formaron diversos grupos de liberación homosexual para responder a la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social (LPRS), aprobada por las Cortes en 1970, según la cual los homosexuales eran peligrosos sociales y serían perseguidos y sancionados. Entre ellos hay que destacar la Agrupación Homófila para la Igualdad Sexual, fundada en 1970 y que en 1971 cambiaría el nombre, adoptando el de Movimiento Español de Liberación Homosexual, y el Front d’Alliberament Gai de Catalunya (FAGC), constituido a finales de 1975.

Entre 1976 y 1977 se crearon frentes de liberación homosexual o gay en diferentes comunidades autónomas, que en 1977 constituyeron la Coordinadora de Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español. La primera manifestación del Orgullo se realizaría en Barcelona el 26 de junio de 1977. En 1978, se producirían manifestaciones multitudinarias contra esa ley en las grandes ciudades. Como resultado de esas movilizaciones, el Gobierno aprobó el 26 de diciembre de 1978 una reforma por la cual se suprimieron las alusiones a la homosexualidad que había en la LPRS.

De las décadas de 1980, 1990 y 2000 hay que resaltar la tarea pedagógica para combatir la idea errónea que había sobre el sida como una enfermedad homosexual y las actividades de prevención impulsadas por la Coordinadora Gay-Lesbiana; la campaña a favor de una ley de parejas de hecho, que conseguiría que el Parlamento de Cataluña aprobara el 30 de junio de 1998 la Ley de Uniones Estables de Parejas, y las multitudinarias movilizaciones a favor del derecho al matrimonio y a la adopción de las parejas homosexuales convocadas por la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales.

El movimiento LGTBI ha conseguido hacer efectivas algunas de sus principales reivindicaciones. Sus conquistas legales han transformado de manera profunda las formas de vida de los colectivos de lesbianas, gais, trans, bisexuales e intersexuales y han repercutido considerablemente en la sociedad. Entre las reclamaciones encaminadas a la eliminación de la discriminación legal por motivos de orientación sexual e identidad de género y a garantizar la igualdad de derechos, hay que destacar la aprobación, desde 2001, en 25 países del mundo, de leyes que permiten el matrimonio entre personas del mismo sexo y reconocen su derecho a adoptar.

Ahora bien, incluso en los países donde se ha logrado la igualdad legal siguen produciéndose situaciones de discriminación y expresiones de homofobia, lesbofobia, bifobia y transfobia. Entre los objetivos pendientes de conseguir hay que resaltar la eliminación de todo tipo de agresiones y discriminaciones, la promoción de una educación que valore la diversidad sexoafectiva existente y cuestione las identidades de género tradicionales, y una modificación de las ideas y actitudes de la ciudadanía con el propósito de que vaya desapareciendo la LGTBIfobia.

Enric Prat Carvajal es historiador y profesor de Ciencia Política en la Universitat Autònoma de Barcelona y Jordi Mir Garcia es profesor de Humanidades en la Universitat Pompeu Fabra.

miércoles, 11 de abril de 2018

#hemeroteca #archivos #lgtbi | El Archivo General de Andalucía ya cuenta con una colección para estudiar la historia del movimiento LGTB andaluz

Imagen: La Tercera Informción / Mar Cambrollé y Mateo Páez
El Archivo General de Andalucía ya cuenta con una colección para estudiar la historia del movimiento LGTB andaluz.
La histórica activista andaluza Mar Cambrollé ha cedido a perpetuidad los documentos de la lucha LGTB del tardofranquismo y la transición.
La Tercera Información, 2018-04-11
http://www.tercerainformacion.es/articulo/actualidad/2018/04/11/el-archivo-general-de-andalucia-ya-cuenta-con-una-coleccion-para-estudiar-la-historia-del-movimiento-lgtb-andaluz

El Archivo General de Andalucía ya custodia el material histórico del movimiento de lesbianas, gais, transexuales y bisexuales de Andalucía, tras la donación a perpetuidad este martes de la colección documental, propiedad de la líder transexual Mar Cambrolle, quien ha querido acreditar el trabajo activista por las libertades sexuales durante el tardofranquismo y la transición democrática, tanto de organizaciones clandestinas como de personas a título individual.

En total, se han depositado en el Archivo General de Andalucía un total de 104 documentos, compuestos principalmente por recortes de prensa, carteles, pegatinas, documentos políticos firmados por los partidos políticos y centrales sindicales de la época y octavillas sin depósito legal por la clandestinidad en la que operaba el activismo homosexual tanto en el tardofranquismo y primeros años de la transición, ya que hasta 1979 no sale la homosexualidad del Código Penal, así como material político de la primera manifestación del Orgullo LGTB que se organizó en Andalucía el 25 de junio de 1978.

Según ha acreditado el director del Archivo General de Andalucía, Mateo Páez, en el informe en el que acepta la solicitud de depósito voluntario de Mar Cambrollé, esta documentación conservada “es prácticamente la única que documenta el proceso de estas pioneras movilizaciones en pro de los derechos de las personas homosexuales en Andalucía”.

“Es un ingreso muy importante, por la categoría que representa el fondo, ya que es un colectivo muy oculto y difícil de rastrear en los archivos”, ha señalado Mateo Páez, director del Archivo General de Andalucía, ante los medios de comunicación durante el acto de firma en el que la entidad archivística ha aceptado la donación a perpetuidad de la colección de Mar Cambrollé, propietaria de la colección documental y presidenta de la Asociación de Transexuales de Andalucía, quien ha puesto a disposición de la sociedad andaluza este material “para que no se olvide la historia, no se reescriba ni se secuestre”.

Cabe destacar el papel dinamizador que jugó el entonces Movimiento Homosexual de Acción Revolucionario (MHAR) en Andalucía y también en el resto de España. Además de organizar la primera manifestación andaluza del Orgullo LGTB el 25 de junio de 1978 por las calles de Sevilla y un mitin de más de 1.000 personas en los locales de Comisiones Obreras en la capital hispalense, en Andalucía tuvo lugar el encuentro de la coordinadora estatal de las organizaciones homosexuales de distintos puntos del Estado, en el que el MHAR fue la organización anfitriona y del que salió una serie de acciones encaminadas a que desapareciera la homosexualidad del Código Penal por Adolfo Suárez tras una campaña de estas entidades, un hecho que entró en vigor en febrero de 1979, momento en el que las organizaciones de homosexuales dejaron de ser clandestinas y las personas LGTB dejaron de entrar en prisión en aplicación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social.

miércoles, 16 de agosto de 2017

#hemeroteca #lgtbi #memoria | Andalucía y la memoria homosexual

Imagen: La Voz del Sur / Manifestación por la Liberación Homosexual en Sevilla, 1978-06-25
Andalucía y la memoria homosexual.
‘Sería un error que el 40 aniversario de las manifestaciones en defensa de las personas homosexuales se convirtiera en una competición’.
Pablo Morterero | El Plural, 2017-08-16
https://www.elplural.com/autonomias/andalucia/andalucia-y-la-memoria-homosexual_107918102

1977 y, especialmente, 1978, adquiere en el imaginario LGTBI español una perspectiva épica, ya que en dichos años se celebraron las primeras manifestaciones en defensa de las personas homosexuales, que culminó con la aprobación el 26 de diciembre de 1978 del Real Decreto Ley que eliminó la homosexualidad de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social.

Este año 2017 y, especialmente, en 2018 celebramos el 40 aniversario de estas efemérides, y es una ocasión propicia para que el movimiento LGTBI español haga balance de los avances que las personas homosexuales, bisexuales y transexuales hemos alcanzado, de los debates que durante aquellos años se produjeron en torno a la liberación homosexual y también de reconocimiento de aquellos y aquellas valientes que desafiaron una durísima realidad política, legal, social y familiar para tomar y dar voz a aquellos que desde el principio de los tiempos habían sido mirados con sospecha o directamente torturados, humillados y asesinados.

Lucha individual
Por desgracia fue una lucha más individual que colectiva, por mucho que en aquellos años aparecieran las primeras organizaciones LGTBI. Iniciativas tan frágiles como la propia vida de las personas que las encabezaban, amenazadas por una ley infame, la de Peligrosidad y Rehabilitación Social, que vivían en una sociedad en la que más del 80% de sus ciudadanos consideraba que la homosexualidad debería ser eliminada, y cuya integridad física y social estaba siempre al filo de la navaja, en riesgo permanente de ser expulsados de sus trabajos, reprobados por sus familias, encarcelados o exiliados.

Por eso sería un error que esta efeméride se convierta en una competición entre los supervivientes de aquella lucha por ser considerados los primeros o los más importantes. Todos y todas las que lucharon en aquellos años por los derechos y la dignidad de las personas LGTBI deben tener nuestro reconocimiento y nuestra admiración.

La decepción
En Andalucía, la fragilidad propia de aquel movimiento, que desembocó en su agotamiento a partir de los ochenta debido la decepción de muchos por la falta de un mayor respaldo por las fuerzas de izquierda, la emigración e incluso por culpa de la terrible pandemia del SIDA a finales de la década, hace que hoy, cuarenta años después, apenas se conserven materiales de aquella épica.

Hay que apelar a la siempre voluble memoria de los protagonistas, muchos de ellos de edad avanzada, a lo poco publicado en la época por una prensa casi siempre hostil y a algunos estudios universitarios y monografías lastradas por estos mismos males.

Reconstruir la memoria
Ahora la obligación del movimiento LGTBI andaluz, y de las administraciones públicas como el Instituto Andaluz de la Memoria Democrática, es reconstruir esa memoria, ponerle cara, recuperar argumentos, rescatar experiencias vitales, no como un ejercicio hedonista o melancólico, sino como instrumento para conocer aquella historia que nos llevó a conseguir que España sea uno de los países del mundo donde mayor aceptación social existe hacia la diversidad sexual.

En Andalucía, como en el resto de España, la muerte del dictador abrió una ventana de esperanza que lamentablemente fue frustrada por unos partidos de izquierda no estuvieron a la altura de sus esperanzas. Ni siquiera la apuesta del Partido Comunista por la derogación de la Ley de Peligrosidad puede ocultar que en aquellos mismos años la formación hegemónica de la izquierda durante décadas expulsaba a militantes por su orientación sexual.

Una organización pionera
Esos dos míticos años estuvieron marcados por algunos hechos que tenemos la obligación de recordar y compartir con las nuevas generaciones. La fundación en Málaga de la primera organización gay de Andalucía, la Unión Democrática de Homosexuales (ABC, 14/01/1977) encabezada por cuatro muchachos (un estudiante de teología, un alumno de una academia de peluquería, un auxiliar administrativo y un comerciante) a principios de 1977, dio lugar a la que creo fue la primera acción reivindicativa callejera de Andalucía: el reparto de pasquines en la zona universitaria del Egido el 13 de enero de ese año.

Aquel 1977 continuó con la presentación de 6.000 firmas dirigidas al ministro de justicia de la época pidiendo la derogación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, con la participación entre otros del Movimiento de Liberación Homosexual de Granada y de la Unión Democrática de Homosexuales de Málaga, como se difundió en la rueda de prensa ofrecida el 21 de mayo en la sede del Club de Amigos de la Unesco (El País, 22/05/1977).

Y como hecho más importante de aquel año, la primera manifestación del Orgullo Gay en Barcelona, el 26 de mayo de 1977.

Málaga cede el testigo a Sevilla
Si 1977 fue el año de Málaga, en 1978 el testigo pasaría a Sevilla, donde durante su invierno tuvieron lugar dos hechos relevantes. Por un lado, la primera de las mesas redondas organizadas por el Aula de Cultura de la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla, celebrada el 1 de marzo, estuvo dedicada “a los sectores marginados de la sociedad”, en la que participaron “un homosexual, un preso y una feminista” (ABC, 22/02/1978). Por primera vez, la homosexualidad entraba en la Universidad de Sevilla como objeto de debate, aunque fuese a costa de su señalamiento como “marginación social”.

Por otro lado, en febrero de 1978 se veía en la Audiencia Provincial de Sevilla la que era la primera demanda en España para el cambio de la inscripción registral de sexo de una mujer transexual, conocida civilmente como Eduardo H.A. (la prensa de la época no facilitó su nombre real) que habiendo obtenido una sentencia favorable por parte del juez Cámara Carrillo, a pesar de la oposición del fiscal, vio recurrida la sentencia (ABC, 22/02/1978).

Un encuentro decisivo
Y fue gracias a la celebración en esta ciudad, el 7 de junio de 1978, del tercer encuentro de la coordinadora estatal de organizaciones homosexuales cuando Sevilla alcanzó el protagonismo de la lucha a nivel estatal.

Con el objetivo de conseguir que la nueva Constitución se recogiera la no discriminación de las personas por razón de su orientación sexual, junto a la habitual exigencia de derogación de la ley de Peligrosidad, y la libertad de expresión y el respeto al derecho de toda persona a vestirse y adornarse como quiera y a la libre disposición de su propio cuerpo, acudieron la Coordinadora de Colecttius d´Alliberament Gai, el Euskal Herriko Gay Askapen Mugimendua, el Frente de Liberación Homosexual de Castilla, el Frente de Liberación Homosexual Galego, el Frente Revolucionario de Liberación Sexual de Murcia, el Front D´Alliberament Gai de Catalunya y el Movimiento Homosexual de Acción Revolucionaria de Andalucía.

Somos hombres
Si en la presentación de la Asociación Democrática de Homosexuales de Málaga, los cuatro gais querían dejar claro que “a la gran mayoría [...] no nos interesa cambiar de sexo; nos aceptamos así como somos. Nos consideramos hombres” (Blanco y Negro, 26/01/1977), el titular del artículo del ABC del que daba cuenta del encuentro en Sevilla de la Coordinadora de Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español era “Los travestis piden que la Constitución reconozca sus derechos” (ABC 08/06/1978).

El 25 de junio de aquel mismo año, Sevilla y otras capitales se unieron a la celebración del Día Internacional de la Liberación Homosexual, que había iniciado Barcelona el año anterior, con un mitin en la sede de CCOO en la calle Calatrava, seguida de una manifestación que partiendo de la citada sede del Sindicato, atravesó la ciudad hasta el Prado de San Sebastián para concentrarse frente al Palacio de Justicia, con las reivindicaciones aprobadas en el encuentro estatal celebrado días antes en Sevilla.

Una bandera en la Giralda
Impactante tuvo que ser contemplar colgada desde lo alto de la Giralda la bandera del arcoíris que algunos activistas consiguieron desplegar ese día.

Finalmente, 1978 finalizó con la eliminación de la homosexualidad, entre otros estados de peligrosos, por parte del Consejo de Ministros reunido el 26 de diciembre, aun cuando se tuvo que esperar hasta el 31 de enero de 1979 para que entrara en vigor.

La desilusión hacia las fuerzas de izquierda, los propios debates del movimiento, y tal vez la sensación de que con la eliminación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social se acaba con el problema fundamental de las personas homosexuales, llevó a un brusco descenso de la acción reivindicativa, al punto de no poder celebrarse la manifestación del Orgullo de 1979, siendo sustituida por un acto al que asistieron la quinta parte de participantes respecto al acto del año anterior. Acto en el que por problemas económicos no pudo celebrarse el concierto previsto.

Escasa concurrencia
Un diario de la ciudad lo justificaba de la siguiente manera: “Al parecer, la falta de apoyo por parte de los partidos de izquierda, que en la anterior y primera celebración se adhirieron en masa, fue la principal causa de esta escasa concurrencia” (ABC, 26/06/1979).

A pesar de que la mayoría de Frentes de Liberación Homosexual españoles se disolvieron a partir de 1981, siguiendo el ejemplo del FLH de Castilla, en Sevilla el FLHA siguió activo hasta mediados de los años 80, con actividades como las Semanas del Cine Homosexual, celebradas de 1982 a 1984, o sus acciones de lucha contra la pandemia del VIH, hasta 1986.

Después, habría que esperar casi diez años para que el movimiento LGTBI sevillano recuperara su pulso con asociaciones como SOMOS o COLEGA.

Pablo Morterero es presidente de la Asociación Adriano Antínoo.


NOTA DE IGLU: Aunque en el artículo se indica que se desplegó la bandera arcoíris desde lo alto de la Giralda en 1978 no es cierto que así fuera: tal y como se puede observar en alguna imagen que se conserva de aquel hecho, se trataba de una pancarta enorme solicitando "libertad sexual"; no es posible que se utilizara la bandera arcoíris dado que todavía no era un símbolo utilizado por el activismo; es más, fue el 25 de junio de ese mismo año, 1978, la primera vez que se utilizó en un acto del Orgullo, en la ciudad de San Francisco.

#hemeroteca #memoria | Andalucía y la memoria homosexual

Imagen: El Plural / Manifestación en Barcelona, 26 Junio 1977
Andalucía y la memoria homosexual.
‘Sería un error que el 40 aniversario de las manifestaciones en defensa de las personas homosexuales se convirtiera en una competición’.
Pablo Morterero | El Plural, 2017-08-16
http://www.elplural.com/andalucia/2017/08/16/andalucia-y-la-memoria-homosexual

1977 y, especialmente, 1978, adquiere en el imaginario LGTBI español una perspectiva épica, ya que en dichos años se celebraron las primeras manifestaciones en defensa de las personas homosexuales, que culminó con la aprobación el 26 de diciembre de 1978 del Real Decreto Ley que eliminó la homosexualidad de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social.

Este año 2017 y, especialmente, en 2018 celebramos el 40 aniversario de estas efemérides, y es una ocasión propicia para que el movimiento LGTBI español haga balance de los avances que las personas homosexuales, bisexuales y transexuales hemos alcanzado, de los debates que durante aquellos años se produjeron en torno a la liberación homosexual y también de reconocimiento de aquellos y aquellas valientes que desafiaron una durísima realidad política, legal, social y familiar para tomar y dar voz a aquellos que desde el principio de los tiempos habían sido mirados con sospecha o directamente torturados, humillados y asesinados.

Lucha individual
Por desgracia fue una lucha más individual que colectiva, por mucho que en aquellos años aparecieran las primeras organizaciones LGTBI. Iniciativas tan frágiles como la propia vida de las personas que las encabezaban, amenazadas por una ley infame, la de Peligrosidad y Rehabilitación Social, que vivían en una sociedad en la que más del 80% de sus ciudadanos consideraba que la homosexualidad debería ser eliminada, y cuya integridad física y social estaba siempre al filo de la navaja, en riesgo permanente de ser expulsados de sus trabajos, reprobados por sus familias, encarcelados o exiliados.

Por eso sería un error que esta efeméride se convierta en una competición entre los supervivientes de aquella lucha por ser considerados los primeros o los más importantes. Todos y todas las que lucharon en aquellos años por los derechos y la dignidad de las personas LGTBI deben tener nuestro reconocimiento y nuestra admiración.

La decepción
En Andalucía, la fragilidad propia de aquel movimiento, que desembocó en su agotamiento a partir de los ochenta debido la decepción de muchos por la falta de un mayor respaldo por las fuerzas de izquierda, la emigración e incluso por culpa de la terrible pandemia del SIDA a finales de la década, hace que hoy, cuarenta años después, apenas se conserven materiales de aquella épica.

Hay que apelar a la siempre voluble memoria de los protagonistas, muchos de ellos de edad avanzada, a lo poco publicado en la época por una prensa casi siempre hostil y a algunos estudios universitarios y monografías lastradas por estos mismos males.

Reconstruir la memoria
Ahora la obligación del movimiento LGTBI andaluz, y de las administraciones públicas como el Instituto Andaluz de la Memoria Democrática, es reconstruir esa memoria, ponerle cara, recuperar argumentos, rescatar experiencias vitales, no como un ejercicio hedonista o melancólico, sino como instrumento para conocer aquella historia que nos llevó a conseguir que España sea uno de los países del mundo donde mayor aceptación social existe hacia la diversidad sexual.

En Andalucía, como en el resto de España, la muerte del dictador abrió una ventana de esperanza que lamentablemente fue frustrada por unos partidos de izquierda no estuvieron a la altura de sus esperanzas. Ni siquiera la apuesta del Partido Comunista por la derogación de la Ley de Peligrosidad puede ocultar que en aquellos mismos años la formación hegemónica de la izquierda durante décadas expulsaba a militantes por su orientación sexual.

Una organización pionera
Esos dos míticos años estuvieron marcados por algunos hechos que tenemos la obligación de recordar y compartir con las nuevas generaciones. La fundación en Málaga de la primera organización gay de Andalucía, la Unión Democrática de Homosexuales (ABC, 14/01/1977) encabezada por cuatro muchachos (un estudiante de teología, un alumno de una academia de peluquería, un auxiliar administrativo y un comerciante) a principios de 1977, dio lugar a la que creo fue la primera acción reivindicativa callejera de Andalucía: el reparto de pasquines en la zona universitaria del Egido el 13 de enero de ese año.

Aquel 1977 continuó con la presentación de 6.000 firmas dirigidas al ministro de justicia de la época pidiendo la derogación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, con la participación entre otros del Movimiento de Liberación Homosexual de Granada y de la Unión Democrática de Homosexuales de Málaga, como se difundió en la rueda de prensa ofrecida el 21 de mayo en la sede del Club de Amigos de la Unesco (El País, 22/05/1977).

Y como hecho más importante de aquel año, la primera manifestación del Orgullo Gay en Barcelona, el 26 de mayo de 1977.

Málaga cede el testigo a Sevilla
Si 1977 fue el año de Málaga, en 1978 el testigo pasaría a Sevilla, donde durante su invierno tuvieron lugar dos hechos relevantes. Por un lado, la primera de las mesas redondas organizadas por el Aula de Cultura de la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla, celebrada el 1 de marzo, estuvo dedicada “a los sectores marginados de la sociedad”, en la que participaron “un homosexual, un preso y una feminista” (ABC, 22/02/1978). Por primera vez, la homosexualidad entraba en la Universidad de Sevilla como objeto de debate, aunque fuese a costa de su señalamiento como “marginación social”.

Por otro lado, en febrero de 1978 se veía en la Audiencia Provincial de Sevilla la que era la primera demanda en España para el cambio de la inscripción registral de sexo de una mujer transexual, conocida civilmente como Eduardo H.A. (la prensa de la época no facilitó su nombre real) que habiendo obtenido una sentencia favorable por parte del juez Cámara Carrillo, a pesar de la oposición del fiscal, vio recurrida la sentencia (ABC, 22/02/1978).

Un encuentro decisivo
Y fue gracias a la celebración en esta ciudad, el 7 de junio de 1978, del tercer encuentro de la coordinadora estatal de organizaciones homosexuales cuando Sevilla alcanzó el protagonismo de la lucha a nivel estatal.

Con el objetivo de conseguir que la nueva Constitución se recogiera la no discriminación de las personas por razón de su orientación sexual, junto a la habitual exigencia de derogación de la ley de Peligrosidad, y la libertad de expresión y el respeto al derecho de toda persona a vestirse y adornarse como quiera y a la libre disposición de su propio cuerpo, acudieron la Coordinadora de Colecttius d´Alliberament Gai, el Euskal Herriko Gay Askapen Mugimendua, el Frente de Liberación Homosexual de Castilla, el Frente de Liberación Homosexual Galego, el Frente Revolucionario de Liberación Sexual de Murcia, el Front D´Alliberament Gai de Catalunya y el Movimiento Homosexual de Acción Revolucionaria de Andalucía.

Somos hombres
Si en la presentación de la Asociación Democrática de Homosexuales de Málaga, los cuatro gais querían dejar claro que “a la gran mayoría […] no nos interesa cambiar de sexo; nos aceptamos así como somos. Nos consideramos hombres” (Blanco y Negro, 26/01/1977), el titular del artículo del ABC del que daba cuenta del encuentro en Sevilla de la Coordinadora de Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español era “Los travestis piden que la Constitución reconozca sus derechos” (ABC 08/06/1978).

El 25 de junio de aquel mismo año, Sevilla y otras capitales se unieron a la celebración del Día Internacional de la Liberación Homosexual, que había iniciado Barcelona el año anterior, con un mitin en la sede de CCOO en la calle Calatrava, seguida de una manifestación que partiendo de la citada sede del Sindicato, atravesó la ciudad hasta el Prado de San Sebastián para concentrarse frente al Palacio de Justicia, con las reivindicaciones aprobadas en el encuentro estatal celebrado días antes en Sevilla.

Una bandera en la Giralda
Impactante tuvo que ser contemplar colgada desde lo alto de la Giralda la bandera del arcoíris que algunos activistas consiguieron desplegar ese día.

Finalmente, 1978 finalizó con la eliminación de la homosexualidad, entre otros estados de peligrosos, por parte del Consejo de Ministros reunido el 26 de diciembre, aun cuando se tuvo que esperar hasta el 31 de enero de 1979 para que entrara en vigor.

La desilusión hacia las fuerzas de izquierda, los propios debates del movimiento, y tal vez la sensación de que con la eliminación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social se acaba con el problema fundamental de las personas homosexuales, llevó a un brusco descenso de la acción reivindicativa, al punto de no poder celebrarse la manifestación del Orgullo de 1979, siendo sustituida por un acto al que asistieron la quinta parte de participantes respecto al acto del año anterior. Acto en el que por problemas económicos no pudo celebrarse el concierto previsto.

Escasa concurrencia
Un diario de la ciudad lo justificaba de la siguiente manera: “Al parecer, la falta de apoyo por parte de los partidos de izquierda, que en la anterior y primera celebración se adhirieron en masa, fue la principal causa de esta escasa concurrencia” (ABC, 26/06/1979).

A pesar de que la mayoría de Frentes de Liberación Homosexual españoles se disolvieron a partir de 1981, siguiendo el ejemplo del FLH de Castilla, en Sevilla el FLHA siguió activo hasta mediados de los años 80, con actividades como las Semanas del Cine Homosexual, celebradas de 1982 a 1984, o sus acciones de lucha contra la pandemia del VIH, hasta 1986.

Después, habría que esperar casi diez años para que el movimiento LGTBI sevillano recuperara su pulso con asociaciones como SOMOS o COLEGA.

Pablo Morterero es presidente de la Asociación Adriano Antínoo