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viernes, 25 de septiembre de 2020

#hemeroteca #homofobia #historia | Castilla y la persecución de la sodomía

'Auto de fe', Pedro Berruguete, h. 1495
Castilla y la persecución de la sodomía.

Leopold Estapé | El Obrero, 2020-09-25

https://www.elobrero.es/cultura/historia/56949-castilla-y-la-persecucion-de-la-sodomia.html

Aunque las leyes castellanas castigaban la sodomía, su aplicación práctica pudo ser inexistente, pues el primer caso de juicio conocido contra un sodomita es del año 1408.


Las Partidas de Alfonso X el Sabio contenían duras penas contra los sodomitas, pero estas apenas se pusieron en práctica, pues sus descendientes consideraban que las Partidas colocaban en entredicho sus derechos a la corona, ya que ellas establecen el derecho de representación en la sucesión al trono. Las ciudades también malfiaron de unas leyes que incrementaban el poder real.

Durante el reinado del hijo de Fernando III se otorgaron distintos fueros a varias ciudades castellanas. Un ejemplo fue el tercer fuero de Soria Al igual que las Partidas dictadas por este rey contenían importantes condenas contra los delitos de pecado nefando. La mayoría de ciudades lo vieron como una imposición destinada a quitar poder a las ciudades y al igual que sus Partidas apenas se pusieron en práctica.

«Pero que nos agravia de decir cosa que es muy sin guisa de cuidar e más de decirlo, por que ¡mal peccado! Algun onme vençido del diablo cobdiçia a otro por peccar contra natura con el, aquello que lo fizieren, luego que fueren presos, sean castrados concejeramientre, e otro día sean castrados, e después quemados» (1)

No será hasta el final del reinado de los Reyes Católicos cuando se dicten las primeras y efectivas leyes contra los llamados "sodomitasª. Mientras que en Aragón o Navarra se acudía a legislaciones anteriores o las leyes decretales del Papa, en Castilla no se tiene constancia de este hecho. 



En la Corona de Aragón las primeras ejecuciones fueron a finales del siglo XIV, en Navarra en 1346, en Castilla el primer caso juzgado fue en 1408, en Murcia. El acusado fue Alfonso Fernández Cardador, y su delito fue "cometer adulterio con un mozo", es decir no se usó el término sodomita, sino adulterio. Un breve texto en sus archivos municipales dice:



"Otrosy, en el dicho conçejo fue dicho que bien sabían en cómmo avyan acusado Alfonso Ferrandes Cardador que avía fecho adulterio con un moso e lo tenyan los alcalldes preso en la prysión e non libravan cosa alguna de ello, e lo tienen detenydo en la dicha prisión por esta rasón el dicho conçejo e ofiçiales e omes buenos de la dicha çibdat requerieron a Juan de Escorell e a Juan de Navarreda, alcalldes, que estavan absentes, que sepan verdat del dicho malefiçio que contra el dicho Alfonso Ferrandes an puesto, e si es verdat que tal caso fiso que pasen contra él commo fallaren por fuero e por derecho, e el dicho Juan de Escorell dixo que era presto de lo faser e de faser en ello lo que deva con derecho."

Las pocas sentencias contra sodomitas fueron absolutorias dada la falta de una ley que lo regulara lo que llevó a que hasta el reinado de los Reyes Católicos no existieran sentencias condenatorias. Estos en 1497 dictaron la Real Pragmática que penalizaba los actos de sodomía, ya fueran masculinos o femeninos. Esta agravaba y clarificaba las sentencias y penas decretadas contra los sodomitas. Para ellos la sodomía era un peligro para el reino y el orden natural y divino: "la ley secular como la eclesiástica unieran sus fuerzas para castigar el crimen nefando, ese que no merece tener nombre, destructor orden natural y por tanto punible por la justicia divina".

El texto se inspira en el capítulo XXI de la "Setena Partida" de Alfonso X: "De los que facen pecado de luxuria contra natura", que definía sodomítico como el "pecado contra la naturaleza y la costumbre natural cometido por hombres entre sí". Entre las muchas penas y castigos, la Pragmática señalaba la muerte en la hoguera.

Por esta causa la Inquisición no persiguió a los sodomitas en los territorios castellanos, salvo casos que consideraban herejía, o utilizaba este concepto como pretexto. En cambio, en la Corona de Aragón la persecución se frenó, por lo que en tiempos de Carlos V se autorizó al Santo Oficio a perseguir la sodomía. Las constituciones catalanas y los fueros valencianos y aragoneses hasta el reinado de Felipe II no condenaron la sodomía, aun así los jueces fueron muy poco favorables a dictar sentencias condenatorias.



Bibliografía:


Poder, sexo y ley: la persecución de la sodomía en los tribunales de la Castilla de los Trastámara. Jesús Ángel Solórzano

(1) Fuero de Soria, El Obrero, 4 de septiembre de 2020. 


jueves, 23 de noviembre de 2017

#libros #mujeres #historia | Isabel la Católica : la primera gran reina de Europa

Isabel la Católica : la primera gran reina de Europa / Giles Tremlett.
Barcelona : Debate, 2017 [11-23].
640 p.
Colección: Biografías
ISBN 9788499927763 / 27,90 €

/ ES / ENS / BIO
/ Castilla / Historia - Siglo XV / Isabel I de Castilla / Mujeres – Historia / Edad Media

En 1474, una mujer culta, inteligente y fervientemente religiosa de apenas veintitrés años ascendió al trono de Castilla, el reino más poderoso y extenso de España. Tenía por delante el considerable reto de gobernar una corte dominada por hombres y reformar uno de los principales reinos europeos acosado por el crimen, la corrupción y el violento faccionalismo político. 

En esta biografía definitiva, Giles Tremlett nos presenta a una controvertida mujer que consiguió cambiar el rumbo de la historia sacando a su país del oscurantismo medieval para dotarlo de las herramientas que lo convertirían en uno de los mayores imperios donde nunca se ponía el sol. Como sostiene Tremlett, Isabel la Católica es la reina más importante de la historia de Europa, y este libro por fin la hace justicia, con sus luces y sus sombras.

jueves, 17 de diciembre de 2015

#hemeroteca #historia | La represión de la homosexualidad en la Castilla Medieval

Imagen: Cadena SER / 'Auto de Fe' de Pedro Berruguete
La represión de la homosexualidad en la Castilla Medieval.
Las relaciones homosexuales fueron condenadas en lo espiritual por la Iglesia, y reprimidas y castigadas por los tribunales castellanos a partir del siglo XIII. Con anterioridad, ni la Iglesia, ni el naciente estado monárquico de Castilla habían condenado las relaciones íntimas entre personas del mismo sexo.
Jesús Ángel Solórzano Telechea | Cadena SER, 2015-12-17
http://cadenaser.com/programa/2015/12/17/ser_historia/1450359776_571138.html

De hecho, era habitual que dos hombres compartieran sus vidas, como lo revelan los “pactos de hermanamiento”, que se asemejaban en todo a los heterosexuales, ya que se celebraban ante la presencia de un cura, de testigos, y de los símbolos cristianos. Es el caso del acuerdo de Pedro Didaz y Munio Vandilaz, que decidieron compartir sus vidas y sus propiedades en el concejo gallego de Rairiz de Veiga en 1061. Esto se explica porque los pecados de lujuria se fijaron en la época de la reforma eclesiástica entre mediados del siglo XI y el XII, cuando los reformadores promovieron un nuevo rigorismo moral, en el que el sexo y el placer estaban inspirados por el mal y, en consecuencia, eran fuente de pecado, en razón de lo cual, toda actividad sexual recaía bajo la jurisdicción de la Iglesia. La primera obra que condenó las relaciones homosexuales fue el ‘Liber Gomorrhianus’ de Pedro Damiano (1049), que un siglo más tarde sancionaría la primera colección canónica de la Iglesia, el ‘Decreto de Graciano’. Sobre la base de esta concepción teológica se fundamentó la práctica jurídica, produciéndose lo que se llama el “tránsito del pecado al delito”, pues como consecuencia de la estrecha relación entre el orden espiritual y el terrenal, la legislación penal asumió la postura de la Iglesia sobre el pecado de sodomía. Hay que decir que la represión de la homosexualidad no fue exclusiva de la Cristiandad, pues también era duramente castigada en al-Andalus, donde imperó la Sharia o ley Islámica en sus ocho siglos de existencia, aunque a veces se ha afirmado falsamente que el Islam, en especial el andalusí, fue tolerante con las relaciones homosexuales.

La primera legislación castellana comenzó en el ámbito urbano por medio de las cartas forales otorgadas a las villas y ciudades. El primer fuero en condenar las relaciones homosexuales fue el de Cuenca (1190), que sirvió como modelo foral de otros lugares, a los que se les concedió conforme avanzaba la reconquista, lo que permitió una gran difusión de sus preceptos penales en el sur peninsular. Este fuero establecía la pena de muerte en la hoguera para aquellos que “se viciaran por el ano”. También la legislación general del reino de Castilla condenó las relaciones homosexuales, como el ‘Fuero Juzgo’ (1241), aunque era algo “menos inclemente” que el derecho foral, pues cambió la pena de muerte por la castración, la confiscaciones de los bienes y la vergüenza pública. Una novedad de este código consistió en la extensión del castigo a todos los estamentos. ‘Las Partidas’ (1265) de Alfonso X supusieron otra vuelta de tuerca de la represión, ya que se advertía de que la sodomía traía la ‘infamia’ y el castigo de Dios no sólo para el pecador, sino a toda la comunidad del lugar donde se cometiera, lo que fijó a los homosexuales como los chivos expiatorios de las desgracias de la población. Hasta el año 1497, no volvemos encontrar la penalización de la sodomía en la documentación legislativa general del reino. Aquel año, los Reyes Católicos, preocupados porque la sodomía no recibía el suficiente castigo en sus reinos, reforzaron el sistema legal con una ‘Pragmática Real’, que insistía aun más en la cólera de Dios, pues se trataba de un pecado que provocaba la destrucción del género humano con guerras y pestes. Así, los legisladores consideraban que las relaciones ‘contra natura’ compartían una doble naturaleza, pues eran un pecado y un delito, una acción abominable que merecía el peor de los castigos. Una de las novedades de la Real Pragmática de 1497 radicó en que no especificaba con exactitud en qué consistía dicho delito, ya que se hablaba de un pecado ‘contra natura’, un crimen cometido contra el orden natural, un delito nefando, pero no se decía en qué consistía, mientras que la legislación foral y real de los siglos anteriores el delito se describía fielmente: «foder por el culo», «yacer un hombre con otro» (fueros de Úbeda, Béjar, Baeza, ‘Las Partidas’). De esta manera, también comenzaron a ser reprimidos los besos, los abrazos, los tocamientos, no sólo de los hombres, sino también de las mujeres, lo que viene a contradecir la opinión sobre la impunidad de las relaciones lésbicas en la Edad Media. Por ejemplo, Diego Jerez Provecho, vecino de Plasencia, fue acusado por el corregidor de haber tentado al mozo Domingo Hernández, a quien le había “metido la mano en la bragueta y le había pedido que le mostrase su miembro” a cambio de convidarle a almorzar. También es el caso de dos vecinas de San Sebastián, Catalina de Belunce y Mache de Oyarzun, que son las primeras lesbianas denunciadas, sometidas a tormento y condenadas en la Corona de Castilla en el año 1503, aunque los jueces de la Chancillería de Valladolid, el alto tribunal de Castilla, las declaró inocentes en vista de la falta de pruebas.

Se puede decir que la ‘Pragmática de los Reyes Católicos’ de 1497 inauguró una nueva época de represión, pero esto no es totalmente cierto, ya que existen algunos casos de sodomía juzgados con anterioridad por los alcaldes de las villas y ciudades, aunque es verdad que son muy escasos. El primer juicio que tenemos documentado en Castilla se produjo en Murcia en 1408, cuando fue apresado Alfonso Fernández Cardador por los alcaldes tras ser acusado de haber cometido «adulterio con un mozo». Sin embargo, hay que decir que, en los reinos de Aragón y Navarra, hay casos documentados desde finales del siglo XIII. En Tudela fue quemado un hombre en 1346 por sodomía.

La sodomía, dada su doble naturaleza de delito y pecado, afectaba a todos los súbditos de la Corona, incluidos los de otras religiones, así como a los extranjeros, pues era, según ley, un delito que manchaba la tierra en la que se cometía y dañaba a todos los que en ella habitaban. Es el caso de Agustín Corso, genovés, maestre de una nao que arribó a San Sebastián, y que fue acusado de haberse acostado con Antoneto, paje de la nao, a lo largo del año de 1514. El genovés se defendió diciendo que no había pasado de besarse y abrazarse, pero finalmente fue condenado a morir en la hoguera.

La acusación de haber cometido relaciones homosexuales se convirtió en un arma política entre los bandos que se disputaban el poder, tanto en el ámbito local, como en el reino, ya que la condena conllevaba la infamia del acusado y su inhabilitación para ejercer cargos públicos. Tal es el caso del rey Enrique IV, que tuvo importantes consecuencias históricas, y nos han llegado numerosos ejemplos en el ámbito local. Por ejemplo, en 1494, Bartolomé de Ávila, hijo de Martín de Ávila, jurado del concejo y vecino de Jerez de la Frontera, fue acusado de haber mantenido relaciones homosexuales por Juan de Robles, corregidor, y Gil de Ávila, alcalde, es decir, los dos cargos más importantes de la ciudad. La defensa la realizó su padre, ya que el acusado era menor de edad, pues tenía dieciocho años, quien alegó que la acusación era falsa y había sido puesta con el propósito de infamar a su familia y quitarles la juraduría.

Así pues, el castigo de las relaciones homosexuales en Castilla, que había comenzado en la segunda mitad del siglo XIII, llegó a su cénit a finales del siglo XV. La represión tuvo por objeto no sólo juzgar y castigar puntualmente con las penas máximas a los homosexuales, como podríamos colegir de una primera lectura de la legislación y los procesos, sino que la caza del sodomita, tanto de hombres como de mujeres, formó parte de la vida cotidiana de los centros urbanos castellanos a finales de la Edad Media, ya que se concibió tanto como un arma política, como una forma de legitimar el poder de los gobernantes en su papel de garantes del bien común.

domingo, 11 de octubre de 2015

#hemeroteca #historia | El momento más lujurioso de la historia de España

Imagen: El Mundo
El momento más lujurioso de la historia de España.
Lo dice Juan Eslava Galán, autor de 'Lujuria'. Se va a la Edad Media, con los clérigos mujeriegos, un rey impotente y el catálogo de putas de Castilla: Violante, La Mariblanca...
Juan Eslava Galán | El Mundo, 2015-10-11
http://www.elmundo.es/cronica/2015/10/11/5617f29722601de0058b459e.html

El siglo XV, otoño de la Edad Media, fue quizá la época de la historia de España más proclive al desenfreno sexual.

Los intentos del papa Gregorio VII de imponer el celibato al clero habían fracasado. El problema se arrastraba de antiguo. El concilio de Compostela (1056) había ordenado en vano que los sacerdotes y clérigos casados dejasen a sus mujeres e hicieran penitencia; el concilio de Palencia (1129) que ordenó que las mancebas de los eclesiásticos fuesen repudiadas públicamente, fue igualmente desobedecido y la misma suerte corrió el de Valladolid (1228) cuando dispuso que "denuncien por excomulgadas a todas las barraganas públicas de los dichos clérigos y beneficiados y si se moriren que las entierren en la sepultura de las bestias". Un siglo después el concilio de Toledo (1324) lamentaba que "se ha introducido la detestable costumbre de que vayan a comer a casa de Prelados y Grandes las mujeres livianas, conocidas vulgarmente con el nombre de soldaderas y otras que con su mala conversación y dichos deshonestos corrompen muchas veces las buenas costumbres".

El viajero Juan de Abbeville (1228) observó que el clérigo español era más mujeriego que sus colegas europeos. Al final las autoridades cedieron. Un privilegio de Enrique II concedía a los clérigos y prestes de Sevilla el mantenimiento de sus apaños siempre que fuera sin mengua de la castidad: "Que las dichas concubinas en adelante hicieren vida honesta, que les puedan en sus casas de ellas aparejar los manjares y enviarlos a los dichos clérigos a sus casas, y en el tiempo de enfermedad servirlos en cosas lícitas y honestas de día, salvo si el mal fuere muy grave. Y otro sí, que los clérigos y prestes puedan ayudar piadosamente a las dichas mujeres, e hijos ya nacidos, en sus menesteres".

Las canciones y serranillas de este tiempo son de una desvergüenza y procacidad notables. Un estimulante catálogo de dueñas salidas, clérigos encalabrinados, lances de alcoba y monjiles pechos insomnes caldea los aires en las canciones del pueblo. Los gustos literarios de la nobleza guerrera dirigente no eran muy distintos. El amor cortés había evolucionado hasta hacerse sexual en las novelas de caballerías. El caballero combatía llanamente, por la posesión del himen de la dama, representado por distintos fetiches ensangrentados o manchados de sudor, como esos pañuelos o cintas que la dama otorga al amado para que le traigan suerte en la pelea.

Este ambiente disoluto se refleja incluso en la moda. Las hermosas no desaprovechan ocasión de lucir la pechera. El alemán Münzer, de viaje por España, confiesa, entre encantado y escandalizado: "Las mujeres con excesiva bizarría van descotadas de tal modo que se les pueden ver los pezones, además todas se maquillan y perfuman". ¿Qué opinaba el rey de todo esto? El monarca era Enrique IV, un hombre que, a pesar del infamante sobrenombre con que ha pasado a la historia (el Impotente), también participaba en las alegrías de sus súbditos. Los cronistas a sueldo de su hermanastra y enemiga, Isabel de Castilla, destacan su homosexualidad y le achacan diversas perversiones sexuales: que gustaba de rodearse de mancebos dudosos y de vestir a la morisca (Alonso de Palencia) que "era hombre efeminado (...) y que era embuelto en luxurias y vicios desordenados y otras cosas feas" (Fernando del Pulgar), que no se allegaba sexualmente a la reina pero la ofrecía al valido, don Beltrán de la Cueva y otras lindezas. Más fundamento parece tener el diagnóstico del doctor Marañón según el cual el rey padecía "de displasia eunucoide con reacción acromegálica". Debía ser una impotencia intermitente o según con quién porque por otra parte existen testimonios que aseguran que se tenía pistoleadas a las putas de Segovia. Hacia 1510 un clérigo anónimo y conocedor del tema compuso ‘La Carajicomedia’, especie de catálogo de las putas de Castilla, obra de valor inestimable en la que se dan muy precisas noticias del estado de la profesión al final de la Edad Media. Entresaquemos algunos nombres:

1. María de Velasco: "No nació mayor puta, ni hechicera, ni alcahueta sin más tachas descubiertas".

2. Rabo de Acero: "Es Francisca de Laguna, natural de Segovia, hizo la carrera en Salamanca".

3. La Napolitana: "Ramera cortesana, muy nombrada persona y muy gruesa. Tenía la rabadilla muy urdida y tan grande como un canal de agua. Casó con un mozo de espuelas de la reina doña Isabel que la retiró del oficio"

4. Isabel La Guerrera: (era Isabel Guerra): "A todos da que hacer".

5. Isabel de Torres: "Tiene cátedra en Valladolid por mejor escrevir della la fui a ver y a conocer. Es mujer gruesa, de buen parecer, bien dispuesta".

6. Violante de Salamanca: "Residente en Valladolid, gana la vida sufriendo diversos encuentros en su persona. Su rufián le marcó la cara de una cuchillada y ella para evitar la segunda se cubrió la cabeza con las faldas, entonces recibió la herida en la parte expuesta: Diole un picapunto en el culo de razonable tamaño".

7. Juana de Cueto: "Muy chica de cuerpo, de muy buen gesto y gorda: tiene buenos pechos; es muy soberbia y desdeñosa a la gente pobre, pero con quien tiene oro muchas veces llega a las manos, pero continuamente ha caído la triste de espaldas en tierra. Tiene gran furiosidad en soltar de los pedos".

8. Larez: "Mujer de increíble gordura; parece una gran tinaja. Ha sido razonable puta, o al menos nunca cubrió su coño por vergüenza de ningún carajo. Se queda en Valladolid manteniendo telas a cuantos carajiventureros cenen".

9. La Gracia: "Mujer enamorada, gran labrandera; hermosa y dispuesta(...) de continuo está en su puerta labrando y por maravilla passa uno que ella no lo mire(...) publica su coño ser ospital de carajos o ostal de cojones(...) tiene gran afición con todo el brazo eclesiástico".

10. Ana de Medina: "Gentil mujer(...) mujer de buen fregado. Autores son mil legiones de carajos fríos y elados, y pertrechos que allí han recibido perfecta curación y escaldación".

11. Las Fonseca: "Hermanas naturales de Toro, residentes en Valladolid. Son gentiles mujeres, especialmente la menor que tiene por amigo al prior de la Merced que en tanto grado la quiere que las paredes del monasterio desuella para dalle".

12. La Malmaridada Peralta: "De pequeña edad y gentil disposición, la cual por sus pecados casó con hombre débil y viejo. De coño veloce, esto es, coño cruel ardiendo que siempre está muerto de hambre".

13. Isabel de Herrera: "Primera de todas las putas del universo, la flor de las mujeres enamoradas, la fragua de los carajos, la diosa de la luxuria, la madre de los huérfanos cojones".

14. La Mariblanca: "Reside en un mesón de Salamanca, al passo de la vega. Es mujer muy retraída de vergüenza, y que tiene gran abstinencia de castidad. Siendo amiga de un estudiante, una mañana, estando en la cama y aviendo él acabado de passar carrera, ella se hincó de rodillas en la cama puestas las manos contra el cielo mirando a un crucifijo y con lágrimas en los ojos, con devoción, a grandes voces dixo: "¡Señor, por los méritos de tu Santa Pasión, si merced en este mundo me has de hazer, es ésta: que en mis días no carezca de tal ombre como este!". Esta señora, al tiempo que tiene un carajo en el cuerpo, que se querría hallar en un cerro que está fuera de la ciudad media legua por dar gritos a su plazer".

15. La Pedrosa: "Reside en Salamanca, es mujer gruesa, gran nalguda(...) estando hodiendo está como rabiosa, ando bocados do puede, y a las veces muerde las sábanas o manta o almohadas y atapase las narices y oídos por no resollar".

Ese mundo cambió bruscamente a la llegada de la piadosísima y honesta Isabel la Católica, y no digamos cuando poco después los reinos españoles pasaron a los piadosos Austrias y a ser el nuevo depositario de la promesa divina sobre el pueblo escogido... Pero fue bello mientras duró.

martes, 30 de junio de 2015

#libros #mujeres #historia | Violencia contra las mujeres en la Castilla del final de la Edad Media

Violencia contra las mujeres en la Castilla del final de la Edad Media / Sabina Alvarez Bezos.
Valladolid : Universidad de Valladolid, 2015 [06].
286 p.
ISBN 9788484488217

/ ES / ENS / Tesis / UVA
/ Castilla / Edad Media / Legislación / Mujeres / Mujeres – Historia / Testimonios / Violencia familiar / Violencia machista

Nombres de mujer dormidos durante siglos en los legajos de los archivos estatales. Ana Jiménez, María de Vargas, Catalina Rodríguez, Inés de Levia, Leonor González de Ávila, Mencía de la Vega, Mencía de Guzmán, Beatriz Delgadillo, Catalina de la Hoz, Isabel Ruiz, Aldonza Torres y muchas más. Si bien pertenecían a diferentes estamentos, las unía un mismo destino y una misma lucha contra la violencia que sufrieron durante sus vidas por parte de los hombres con los que convivieron: sus padres, sus maridos, sus hijos, sus vecinos, los clérigos más próximos, sus criados o sus señores. A ellas las hermana también su tesón para salir de la sinrazón del maltrato, el asesinato o la humillación. Lucharon para alcanzar justicia y, en no pocas ocasiones, como podremos comprobar tras la lectura del libro, vencieron, convirtiéndose de esta manera en protagonistas de su propia historia. Este trabajo quiere ser un merecido homenaje a aquellas mujeres rescatadas ahora de los documentos y que con su lucha abrieron caminos de igualdad.

Esta tesis estudia la violencia ejercida contra las mujeres en la Castilla del fin de la Edad Media. Su objetivo es demostrar, a través de las fuentes documentales, cómo la mujer no sólo ha sido víctima de los malos tratos a lo largo del tiempo sino que también ha sido protagonista activa de su propia historia. Con este fin, nos propusimos investigar lo que sucedía realmente en la baja Edad Media con las mujeres que sufrían violencia por parte de los varones, cuál era su actitud ante la agresión masculina, qué medios legales tenían a su alcance para protegerse y qué consecuencias se derivaban de estas actuaciones. Con este estudio queremos reivindicar el papel de la mujer medieval en las circunstancias más adversas.

DOCUMENTACIÓN
La mujer y la desigualdad en la historia, tema de los dos primeros libros de la 'colección igualdad' de la UVA.

Se centran en los instrumentos legales que tenían para protegerse en la Edad Media.
El Norte de Castilla, 2015-07-13
http://www.elnortedecastilla.es/valladolid/201507/13/mujer-desigualdad-historia-tema-20150713133330.html
La UVA presenta dos libros que reconocen el papel activo de las mujeres en la historia.
Son las primeras entregas de la 'Colección Igualdad', dirigida por las profesoras de la UVa María Isabel del Val y Rocío Anguita.
Diario de Valladolid, 2015-07-13
http://www.diariodevalladolid.es/noticias/valladolid/uva-presenta-dos-libros-reconocen-papel-activo-mujeres-historia_23838.html
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Y TAMBIÉN…
Violencia contra las mujeres en la Castilla del final de la Edad Media : documentos para el estudio de las mujeres como protagonistas de su historia / María Sabina Álvarez Bezos ; dirigida por María Isabel del Val Valdivieso.
Tesis Universidad de Valladolid, Departamento Historia Antigua y Medieval. Fecha defensa: 2013-12-04.
TEXTO COMPLETO | UVaDOC

http://uvadoc.uva.es/handle/10324/4413

viernes, 5 de junio de 2015

#hemeroteca #historia | La Farsa de Ávila: Enrique «El Impotente» es humillado y acusado de homosexual

Imagen: ABC
La Farsa de Ávila: Enrique «El Impotente» es humillado y acusado de homosexual
El 5 de junio de hace justo 550 años, parte de la nobleza castellana celebró al pie de las murallas de Ávila la escenificación de su ruptura con el Rey. En un trono real se depositó un muñeco, relleno de paja y lana, con las facciones del Monarca, que fue objeto de insultos, humillaciones e incluso golpes
César Cervera | ABC, 2015-06-05
http://www.abc.es/espana/20150605/abci-farsa-avila-enrique-impotente-201506031849.html

El 5 de junio de hace justo 550 años, parte de la nobleza castellana celebró al pie de las murallas de Ávila la escenificación de su ruptura con el Rey. En un trono real se depositó un muñeco, relleno de paja y lana, con las facciones del Monarca, que fue objeto de insultos, humillaciones e incluso golpes

La revoltosa nobleza castellana desafió una y otra vez la paciencia del Rey Enrique «El Impotente», quien, incapaz de hacer valer su autoridad y de defender la legitimidad de su única hija, Juana la Beltraneja, se convirtió por momentos en un pelele al servicio de los pocos nobles que permanecieron de su lado en pro del beneficio de sus bolsillos. El 5 de junio de 1465, al pie de las murallas de Ávila, el Rey castellano hizo las veces literalmente de pelele, cuando un grupo de grandes nobles depusieron a Enrique IV de Castilla escenificando a través de un muñeco la humillación. La nobleza proclamó Rey en su lugar a su medio-hermano el Infante Alfonso, el cual, sin embargo, no llegó a cumplir la mayoría de edad al fallecer en extrañas circunstancias pocos años después. El testigo de su causa fue recogido por su hermana Isabel «La Católica», que se caracterizó precisamente por rebajar el poder de la aristocracia castellana para evitar desafíos tan gruesos como el ocurrido en «La Farsa de Ávila».

El reinado de Enrique IV, la ley del más fuerte
Las dos décadas del reinado de Enrique IV (1454-1474), donde muchos nobles hicieron y deshicieron a sus anchas, fueron cantadas por los cronistas como uno de los más calamitosos de todos los que el reino español sufrió a lo largo de su historia. La ausencia de autoridad y justicia en Castilla, puesto que la mayoría de nobles no reconocía ni respetaba a los privados del Monarca –seleccionados de entre los escalones de la nobleza media– provocó el levantamiento de ejércitos privados por todo el territorio. Como explica el hispanista William S. Maltby en su libro «El Gran Duque de Alba» (revisando los antepasados del tercer duque de la familia), «la supervivencia durante el reinado de Enrique IV dependía de expandir las rentas y el número de hombres a igual ritmo que el más rapaz de los compañeros».

A la incapacidad para imponer su autoridad, Enrique IV debió sumar sus problemas para dar un heredero al Reino. Puesto que el Rey había tenido graves dificultades para engendrar un hijo a su primera esposa –e iba por el mismo camino en el séptimo año de su segundo matrimonio–, el nacimiento de una heredera el 28 de febrero de 1462 despertó toda clase de suspicacias. La niña nacida fue considerada como el fruto de una relación extraconyugal de la Reina con Beltrán de la Cueva, el favorito del Rey, el cual no solo estaba enterado del asunto sino que supuestamente lo había incentivado para acallar por fin las acusaciones sobre su impotencia.

En este contexto de incertidumbre y con la perspectiva de que el Rey beneficiaba solo a integrantes de la nobleza media, algunos miembros de la alta nobleza decidieron tomar partido por los hermanastros del Rey, el Infante Alfonso y la futura Isabel «La Católica». Ambos eran fruto del segundo matrimonio del padre de Enrique «El Impotente», Juan II de Castilla. Su mera sombra motivó que el Rey los alejara de la Corte para no ver cuestionada su autoridad. Tras pasar su infancia en la villa de Arévalo, donde ambos niños tuvieron que presenciar los ataques de locura de su madre Isabel de Portugal, fueron requeridos a trasladarse a Segovia en 1461. Ahora, el Rey no quería perder de vista a sus hermanastros hasta que naciera un heredero capaz de sepultar las especulaciones.

Finalmente, Enrique IV tuvo que reconocer como heredero a su medio hermano Alfonso ante las presiones de la aristocracia. Sin embargo, tras la Sentencia arbitral de Medina del Campo (16 de enero de 1465), desfavorable a los intereses del Monarca, Enrique IV dio marcha atrás en los planes sucesorios y decidió hacer frente a lo que ya era una rebelión abierta. El desafío de los hermanos Juan Pacheco y Rodrigo Girón, en estrecha colaboración con su tío el arzobispo de Toledo, Alonso Carrillo, se escenificó públicamente el 5 de junio de 1465, cuando fue construido un cadalso de madera y situado fuera del recinto amurallado de Ávila. En un trono real se depositó un muñeco, relleno de paja y lana, vestido de negro (el color de la vestimenta más habitual del Rey Enrique) y con su correspondiente corona y cetro. Se dice, además, que la cara del pelele fue creada por un alfarero a imitación de las facciones del Monarca.

Los insultos al muñeco del Rey

En palabras del cronista Galíndez de Carvajal, «se procedió a la lectura de los agravios por él (Enrique IV) hechos en el reino; leyeron muchos más defectos y yerros grandes por él cometidos, que eran la causa de su disposición y la extrema necesidad en que todo el reino estaba para hacer la dicha disposición, la cual hacían con grande pesar y mucho contra su voluntad». Entre lo que los nobles consideraban defectos, estaba la acusación de que era impotente, homosexual, cornudo, corrupto, amigo de los moros y de que su única hija, Juana «La Beltraneja», era fruto de otro hombre.

Ciertamente, Enrique IV fue acusado en repetidas ocasiones durante su reinado de homosexual y de instigar con gusto las relaciones extramatrimoniales de su segunda esposa. El objetivo era deslegitimar su reinado y dinamitar los derechos de su única hija. Pero lejos de las intoxicaciones políticas de entonces, el prestigioso médico Gregorio Marañón creyó encontrar la solución al misterio cuatro siglos después: el Rey sufrió una displasia eunucoide –definida hoy en día como una endocrinopatía– o bien los efectos asociados a un tumor hipofisario (la parte del cerebro que regula el equilibrio de la mayoría de hormonas). En ambos casos, la impotencia del Rey encontraba por fin una explicación científica y no descartaba que fuera fértil, lo cual legitimaría a su hija Juana.

Tras los insultos, los nobles congregados en Ávila despojaron al pelele de Enrique las distinciones regias: el arzobispo de Toledo le quitó la corona (símbolo de la dignidad real), Juan Pacheco le despojó del cetro (símbolo de la administración de justicia), y el conde de Plasencia le arrebató la espada (símbolo de la defensa del reino). Finalmente, otro de los cabecillas de la rebelión, el Conde de Benavente, derribó y pisoteó el muñeco del Rey al grito de: «¡A tierra puto!». A continuación, el Infante Alfonso «El Inocente», de unos 12 años de edad, fue proclamado Rey de Castilla entre el clamor habitual de las entronizaciones castellanas: «¡Castilla, Castilla por el Rey don Alfonso!».

La proclamación del nuevo Rey dividió a la nobleza en dos bandos aparentemente irreconciliables: los que apoyaban la insurrección (además de los ya citados, el duque de Medina Sidonia y la familia de los Enríquez) y los fieles al Monarca legítimo (donde destacaba la familia Mendoza y el ambicioso Primer Duque de Alba). Durante tres años se dio la situación en Castilla de la coexistencia de dos Reyes con sus respectivas Cortes y con las ciudades divididas en su afiliación. La situación creada por la Farsa de Ávila, mucho más cruenta si cabe que los sucesos del reinado de Juan II, se mantuvo vigente, entre treguas y enfrentamientos, hasta la celebración de la segunda batalla de Olmedo (1467) y la muerte del Rey Alfonso (1468), supuestamente envenenado, tras lo cual los cabecillas de la insurrección, principalmente Juan Pacheco, no tuvieron reparos en trabajar a favor de corriente y volver a mostrar lealtad al Rey Enrique.

La negativa de Isabel «La Católica» a proclamarse Reina mientras Enrique IV estuviera vivo fue lo que realmente enfrió el conflicto. Por el contrario, consiguió que su hermanastro le otorgase el título de Princesa de Asturias, en una discutida ceremonia que tuvo lugar en los Toros de Guisando, el 19 de septiembre de 1468, conocida como la Concordia de Guisando. Isabel se constituyó así como heredera a la Corona, por delante de Juana, su sobrina y ahijada de bautismo. No obstante, la razón esgrimida para dejar a la Infanta Juana de lado no era su condición de hija de otro hombre, sino la dudosa legalidad del matrimonio de Enrique con su madre y el mal comportamiento reciente de ésta, a la que se acusa de infidelidad durante su cautiverio. Y aunque el pacto fue posteriormente incumplido por ambas partes, las dudas del Monarca dividieron aún más a la nobleza castellana, que a la muerte de «El Impotente» se pusieron de forma mayoritaria del lado de Isabel y Fernando durante la Guerra de Sucesión Castellana, acaecida entre 1475 y 1479.